The Project Gutenberg EBook of Derroteros y Viages  la Ciudad Encantada
by Pedro de Angelis (Editor)

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Title: Derroteros y Viages  la Ciudad Encantada

Author: Pedro de Angelis (Editor)

Release Date: September 14, 2004 [EBook #13458]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DERROTEROS Y VIAGES ***




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        DERROTEROS Y VIAGES

        A LA

        Ciudad Encantada,  de los Csares.

        QUE

        SE CREIA EXISTIESE EN LA CORDILLERA,

        AL SUD

        DE VALDIVIA.


        Primera Edicion.

        BUENOS-AIRES.

        IMPRENTA DEL ESTADO, 1836.





        DISCURSO PRELIMINAR

        A LAS

        NOTICIAS Y DERROTEROS

        DE LA

        CIUDAD DE LOS CESARES.


Pocas pginas ofrece la histria, de un carcter tan singular como las
que le preparamos en las noticias relativas  la _Ciudad de los
Csares_. Sin mas datos que los que engendraba la ignorancia en unas
pocas cabezas exaltadas, se exploraron con una afanosa diligencia los
puntos mas inaccesibles de la gran Cordillera, para descubrir los
vestigios de una poblacion misteriosa, que todos describian, y nadie
habia podido alcanzar.

En aquel siglo de ilusiones, en que muchas se habian realizado, la
imaginacion vagaba sin freno en el campo interminable de las quimeras, y
entre las privaciones y los peligros, se alimentaban los hombres de lo
que mas simpatizaba con sus ideas,  halagaba sus esperanzas. El
espectculo inesperado de tantas riquezas, amontonadas en los templos y
palacios de los Incas, aviv los deseos y pervirti el juicio de esos
felices aventureros, que no contentos con los frutos opimos de sus
victorias, se prometian multiplicarlos, ensanchando la esfera de sus
conquistas.

El contraste entre la abundancia de los metales preciosos en Amrica, y
su escasez, tan comun en aquel tiempo en Europa, y mas especialmente en
Espaa, explica esta sed inextinguible de oro en los que marchaban bajo
los pendones de Cortes y Pizarro. La disciplina militar no era entonces
tan severa que enfrenase la licencia del soldado, y escarmentase la
prevaricacion de los gefes. Nervio principal del poder de los reyes, y
ciegos instrumentos de sus venganzas, los egrcitos disfrutaban de la
impunidad con que suele recompensarse esta clase de servicios, y ninguna
barrera era capaz de contener el brazo de esos indmitos satlites del
despotismo. Si hay quien lo dude, contemple la suerte de Roma, profanada
por los soldados de un general de Carlos V, casi en la misma poca en
que sus demas caudillos anegaban en sangre  regiones enteras del Nuevo
Mundo.

Ninguna de las pasiones nobles, que suelen agitar el corazon de un
guerrero, templ esa srdida ambicion de riquezas, que cegaba los
hombres, y los hacia insensibles  los mismos males que sufrian. Los
planes que se frustraban eran facilmente reemplazados por otros no menos
efmeros y fantsticos; y las ltimas empresas sobrepujaban casi siempre
en temeridad  las que las habian precedido. No contentos con lo mucho
que habian disipado, buscaban nuevos recursos para fomentar su natural
propension  los gustos frvolos, cuando no era  los vicios ruinosos.

Bajo el imperio de estas ilusiones, acogian todas las esperanzas,
prestaban el oido  todas las sugestiones, y estaban siempre dispuestos
 arrostrar los mayores peligros, cuando se les presentaban en un camino
que podia conducirlos  la fortuna. Es opinion general de los escritores
que han tratado del descubrimiento del Rio de la Plata, que lo que mas
influy en atraerle un nmero considerable y escogido de conquistadores,
fu el nombre. Ni el fin trgico de Solis, ni el nmero y la ferocidad
de los indgenas, ni el hambre que habia diezmado  una porcion de sus
propios compatriotas, fueron bastantes  retraerlos de un pas que los
brindaba con fciles adquisiciones. Pero pronto reconocian su error, y
el vcio que dejaba este desengao hubiera sido abrumante, si no
hubiesen tenido  su disposicion un _Dorado_ y los _Csares_ para
llenarlo.

Estas dos voces, que son ahora sin sentido para nosotros, fueron
entonces el alma de muchas y ruinosas empresas. Los gobiernos de Lima,
Buenos Aires y Chile, distrayndose de las atenciones que los rodeaban,
tendian la vista hcia estas poblaciones misteriosas, reiterando sus
conatos para alcanzarlas; y las noticias que circulaban sobre su
existencia, eran tan circunstanciadas y concordes, que arrancaban el
convencimiento. Se empez por repetir lo que otros decian, y se acab
por hablar como testigos oculares.

De los Csares sobre todo se discurria con la mayor precision y
evidencia. Eran ciudades opulentas, fundadas, segun opinaban algunos,
por los espaoles que se salvaron de Osorno y de los demas pueblos que
destruyeron los Araucanos en 1599;  segun otros, por los restos de las
tripulaciones de los buques naufragados en el estrecho de Magallanes.
"La ciudad principal, (puesto que se contaban hasta tres) estaba en
medio de la laguna de _Payegu_, cerca de un estero llamado _Llanquec_,
muy correntoso y profundo. Tenia murallas con fosos, rebellines y una
sola entrada, protegida por un puente levadizo y artilleria. Sus
edificios eran suntuosos, casi todos de piedra labrada, y bien techados
al modo de Espaa. Nada igualaba la magnificencia de sus templos,
cubiertos de plata maciza; y de este mismo metal eran sus ollas,
cuchillos, y hasta las rejas de arado. Para formarse una idea de sus
riquezas, baste saber que los habitantes se sentaban en sus casas en
asientos de oro! Gastaban casaca de pao azul, chupa amarilla, calzones
de _buch_,  bombachos, con zapatos grandes, y un sombrero chico de
tres picos. Eran blancos y rubios, con ojos azules y barba cerrada.
Hablaban, un idioma ininteligible  los espaoles y  los indios; pero
las marcas de que se servian para herrar su ganado eran como las de
Espaa, y sus rodeos considerables. Se ocupaban en la labranza, y lo que
mas sembraban era _aj_, de que hacian un _vasto comercio_ con sus
vecinos. Acostumbran tener un sentinela en un cerro inmediato para
impedir el paso  los extraos; poniendo todo su cuidado en ocultar su
paradero, y en mantenerse en un completo aislamiento. A pesar de todas
estas precauciones, no habian podido lograr su objeto, y algunos indios
y espaoles se habian acercado  la ciudad hasta oir el taido de las
campanas!"

Estas y otras declaraciones que hacian, _bajo de juramento_, los
individuos llamados  ilustrar  los gobiernos sobre la _Gran Noticia_,
(tal era entonces el nombre que se daba  este pretendido
descubrimiento) excitaron el celo de las autoridades, y la mas viva
curiosidad del pblico. Este fervor, y los proyectos de expediciones que
le fueron consiguientes, empezaron con el siglo XVII, y continuaron
hasta el ao de 1781, en que la Corte de Espaa encarg al Gobierno de
Chile de tomar en consideracion las propuestas del capitan D. Manuel
Josef de Orejuela, que solicitaba auxilios de tropa y dinero para
emprender la conquista de los _Csares_. Con este motivo se pasaron al
Fiscal de aquel reino nueve volmenes de autos, que se conservaban en
los archivos, para que aconsejase las medidas que le pareciesen mas
conducentes  llenar los objetos consultados. Este magistrado procedi
en su exmen con los principios del criterio legal, que no duda de lo
que se apoya en declaraciones _juradas, explcitas, concordes_ y
_terminantes_. Las objeciones que se hacian contra estos asertos le
parecieron cavilaciones de hombres acostumbrados  dudar de las cosas
mas evidentes. Puso en cotejo la incredulidad con que se oyeron los
vaticinios de Colon sobre la existencia de un nuevo mundo; los muchos 
importantes descubrimientos debidos  las solas indicaciones de los
indios, y busc en la historia de los naufrgios clebres una
explicacion fcil al orgen de estas poblaciones ocultas.

Hay errores que merecen ser escusados, y en los que pueden incidir los
espritus mas rectos y juiciosos: tal nos parece el del Fiscal de Chile.
Su convencimiento es completo: no solo creia en los Csares, sino que se
esforzaba  que todos les creyesen.--_Con semejantes atestaciones_,
exclamaba en su entusiasmo, _parece que ya no debe dudarse de la
existencia de aquellas poblaciones_. Y realmente cuan peligroso seria
en un juez un sistema de investigacion llevado hasta la incredulidad y
el escepticismo! Cuan insuperables serian las trabas que opondria al
curso de la justicia una conciencia _incontentable_, que desconfiase de
la razon, y protestase contra sus fallos!...

No eran hombres vulgares los PP. Mascardi, Cardiel y Lozano, y todos
ellos participaron de este engao, trabajando con ahinco para
generalizarlo. Uno de ellos fu vctima de su celo apostlico:--los
otros estaban dispuestos  imitarle, por la persuasion en que estaban
de hallar un pueblo, falto de los auxilios de la religion, aunque
viviese en la comodidad y la abundancia.

Sin embargo, esta justificacion de un error que ya no es posible
disfrazar, debo esparcir dudas sobre muchos hechos histricos, por mas
autnticos y calificados que sean. Hay pocas en que la razon se ofusca
al contemplar objetos nuevos  inusitados; y expuesto el hombre mas
juicioso  una serie continua de impresiones violentas, deja de
analizarlas, y baja insensiblemente al nivel de las inteligencias
vulgares, que todo lo ponderan y admiran. Para cumplir con el precepto
del sbio, _nil admirari_, se necesita estar en el pleno egercicio de
sus facultades, y haber contraido cierto hbito de dominar sus sentidos,
siempre propensos  fascinar, y  engaarse. Cuan distantes estaban los
conquistadores de Amrica de este estado de sosiego! Para ellos todo era
motivo de arrebato. El espectculo de un nuevo mundo, de pueblos nuevos,
de nuevas costumbres, y mas que todo, esas fuentes inagotables de
riquezas, que brotaban por todas partes con mas prontitud que el mismo
deseo de poseerlas, mantenian  los hombres en una dulce y perpetua
extasis. Sin tomar el opio como los musulmanes, probaban las mismas
sensaciones, y les costaba trabajo arrancarse de ellas.

Con estas disposiciones se forjaron tantas mentiras, y se formaron
espedientes para acreditarlas. Los casos mas inversimiles, los sucesos
mas extraos, las declaraciones evidentemente falsas y absurdas,
encontraban siempre testigos, y un _escribano_ para certificarlas. El
que quisiera recopilar estos embustes, formaria una obra voluminosa, y
talvez divertida. Garcilaso, el menos crdulo de sus contemporneos, no
ha podido sustraerse de este embeleso; ya exagerando la sabiduria de las
antiguas instituciones del Per; ya sus tesoros, ya la fecundidad de su
territorio. Le habian quedado algunas dudas sobre la magnitud
extraordinaria de un _rbano_ del valle de Cuap, del que habia oido
hablar vagamente, y se encontr en Crdoba con un caballero espaol, que
acompaaba al Gobernador de Chile cuando se trat de reconocer y
_probar_ este hecho. Este espaol le dijo, "_ f de caballero
hijodalgo_, no solo v cinco caballos atados  las ramas del rbano,
sino que com de l, y lo hall muy tierno."

Con este motivo le habl tambien de un _melon_ del mismo valle de Ica,
que pesaba cuatro arrobas y tres libras, y del que se tom f y
testimonio _ante escribano_!--De este modo cundia el fraude por obra de
aquellos mismos que debian atajarlo, y se sorprendia la conciencia
pblica hasta en los documentos autnticos.

La poca instruccion que reinaba en las clases privilegiadas, favorecia
estas imposturas, y hacia mas dificil su manifestacion. La geografia,
que debi haber adelantado en proporcion de los descubrimientos, quedaba
estacionaria; y solo al cabo de muchos aos se pens en reconocer lo que
habia sido ocupado. De conformidad  los primeros informes sobre la
localidad de los Csares, los gegrafos los habian colocado en una abra
de la Cordillera Nevada, entre los 45 y 50 grados de latitud austral: y
no obstante, habia gefes que preguntaban por la _Gran Noticia_  los
indios Chiquitos, y otros que la buscaban en las riberas del Atlantico!
La gravedad con que el Fiscal de Chile funda su dictmen en 1782, prueba
que hasta entonces conserv todo su crdito esta patraa.

La solicitud del capitan Orejuela, que di mrito  este informe, puede
haber sido dictada por un exceso de candor,  por un clculo de malicia.
En ambos casos tiene el mrito de haber dejado concentrado en un solo
foco las varias opiniones que se han vertido sobre este asunto, y cuya
lectura es mas que suficiente para clasificarlas.

De los distintos papeles  que se refiere el Fiscal de Chile, hemos
extractado lo que nos ha parecido mas conducente  formar el juicio del
pblico, relegando al olvido muchos pequeos detalles que nada hubieran
aadido  su convencimiento.--Estos documentos nos han sido franqueados,
parte por el Sr. Coronel D. Jos Maria Cabrer, y parte por el Sr. Dr. D.
Saturnino Segurola, cuya liberalidad y benevolencia solo podemos
retribuir con este testimonio estril de nuestro agradecimiento.

_Buenos Aires, 28 de Enero de 1336_.

PEDRO DE ANGELIS




DERROTERO

_De un viage desde Buenos Aires  los Csares, por el Tandil y el
Volcan, rumbo de sud-oeste, comunicado  la corte de Madrid, en 1707,
por Silvestre Antonio de Roxas, que vivi muchos aos entre los indios
Peguenches_.


Los Indios de esta tierra se diferencian algo en la lengua de los Pampas
del Tandil  del Volcan. Dirigindose al sud-oeste hasta la sierra
Guamini, que dista de Buenos Aires ciento y sesenta leguas, se
atraviesan sesenta leguas de bosques, en que habitan los indios
Mayuluches, gente muy belicosa, y crecida, pero amiga de los espaoles.

Al salir de dichos bosques se siguen treinta leguas de travesa, sin
pasto ni agua, y se lleva desde el Guamini el rumbo del poniente. Al fin
de dicha travesa se llega  un rio muy caudaloso y hondo, llamado de
las Barrancas: tiene pasos conocidos por donde se puede vadear.

De dicho rio se siguen cincuenta leguas al poniente, de tierras
estriles y medanosas, hasta el rio Tunuyan. Entre los dos rios habitan
los indios Picunches, que son muchos, y no se extienden sino entre ambos
rios.

De dicho rio Tunuyan, que es muy grande, se siguen treinta leguas de
travesa, por mdanos speros, hasta descubrir un cerro muy alto,
llamado Payen. Aqu habitan los indios Chiquillanes. Dicho cerro es
nevado, y tiene al rededor otros cerrillos colorados de vetas de oro muy
fino; y al pi del cerro grande uno pequeo, con panizos como de azogue,
y es de minerales de cristal fino. Por lo dicho resultan, hasta el pi
de la Cordillera, 330 leguas de camino: y las habr  causa de los
rodeos precisos para hallar las aguadas y pasos de los rios. Pero por un
camino directo no puede haber tantas, si se considera que desde Buenos
Aires  Mendoza hay menos de 300 leguas, abriendo algo mas el rumbo
desde aqu casi al poniente con muchas sinuosidades; y el Payen, segun
el rumbo de la Cordillera, queda al sur de Mendoza.




_Prosigue el derrotero al sur, costeando la Cordillera hasta el valle de
los Csares_.


Caminando diez leguas, se llega al rio llamado San Pedro, y en medio de
este camino,  las cinco leguas, est otro rio y cerro, llamado
Diamantino, que tiene metales de plata y muchos diamantes. Aqu habitan
los indios llamados Diamantinos, que son en corto nmero.

Cuatro leguas mas al sur, hcia el rio llamado de los Ciegos, por unos
indios que cegaron all en un temporal de nieve, habita multitud de
indios, llamados Peguenches. Usan lanza y alfange, y suelen ir 
comerciar con los Csares espaoles.

Por el mismo rumbo del sur,  las treinta leguas, se llega  los indios
Puelches, que son hombres corpulentos, con ojos pequeos. Estos Puelches
son pocos, parciales de los espaoles, y cristianos reducidos en
doctrina, pertenecientes al Obispo de Chile.[1]

[Nota 1: _Pocos aos despues que anduvo el autor en aquella tierra, los
indios Puelches se amotinaron, y mataron al doctrinero Jesuita. No se
sabe si fueron muchos los culpados, pero sabiendo que entraba gente de
Chilo  castigarlos, desampararon su reduccion, y se huyeron: de modo
que la expedicion de Chilo no tuvo mas efecto que haber averiguado
dicha huida_.]

En la tierra de estos Puelches hay un rio hondo y grande, que tiene
lavadero de oro. Caminando otras cuatro leguas hay un rio llamado de
Azufre, porque sale de un cerro  volcan, y contiene azufre.

Por el mismo rumbo,  las treinta leguas, se halla un rio muy grande y
manso, que sale  un valle muy espacioso y alegre, en que habitan los
indios Csares. Son muy corpulentos, y estos son los verdaderos Csares.

Es gente mansa y pacfica; usa flechas,  arpones grandes, y hondas,
que disparan con mucha violencia: hay en su tierra muchedumbre de
guanacos que cazan para comer. Tienen muchos metales de plata, y solo
usan del plomo romo, por lo suave y fcil de fundir. En dicho valle hay
un cerro que tiene mucha piedra iman.

Desde dicho valle, costeando el rio,  las seis leguas se llega  un
pontezuelo,  donde vienen los Csares espaoles que habitan de la otra
banda, con sus embarcaciones pequeas (por no tener otras),  comerciar
con los indios. Tres leguas mas abajo est el paso, por donde se vadea
el rio  caballo en tiempo de cuaresma, que lo demas del ao viene muy
crecido.

En la otra banda de este rio grande est la ciudad de los Csares
espaoles, en un llano poblado, mas  lo largo que al cuadro, al modo de
la planta de Buenos Aires. Tiene hermosos edificios de templos, y casas
de piedra labrada y bien techadas al modo de Espaa: en las mas de ellas
tienen indios para su servicio y de sus haciendas. Los indios son
cristianos, que han sido reducidos por los dichos espaoles. A las
partes del norte y poniente, tienen la Cordillera Nevada, donde trabajan
muchos minerales de oro y plata, y tambien cobre: por el sud-oeste y
poniente, hcia la Cordillera, sus campos, con estancias de muchos
ganados mayores y menores, y muchas chcaras, donde recogen con
abundancia granos y hortalizas; adornadas de cedros, lamos, naranjos,
robles y palmas, con muchedumbre de frutas muy sabrosas. Carecen de vino
y aceite, porque no han tenido plantas para vias y olivares. A la parte
de sur, como  dos leguas est la mar, que los proven de pescado y
marisco. El temperamento es el mejor de todas las Indias; tan sano y
fresco, que la gente muere de pura vejez. No se conocen all las mas de
las enfermedades que hay en otras partes; solo faltan espaoles para
poblar y desentraar tanta riqueza. Nadie debe creer exageracion lo que
se refiere, por ser la pura verdad, como que lo anduve y toqu con mis
manos.

(Firmado.)--_Silvestre Antonio de Roxas._

Dicho Silvestre se embarc para Buenos Aires en los navios de D. Jos
Ibarra, el ao de 1714. La copia de su carta  memorial est autorizada
por D. Francisco Castejon, secretario de Su Magestad en la Junta de
guerra del Per, con fecha de 18 de Mayo de 1716, para remitirla al
Presidente de Chile, de rden del Rey.

Los mas tienen por falso lo que contiene dicho informe. No me empeo en
justificarlo; pero me inclino  que es cierto lo principal, de haber
tal ciudad de espaoles, mas hcia Buenos Aires,  el estrecho de
Magallanes, y lo fundo en las razones siguientes.

La primera es, que el autor, despues de referir al Rey su historia,
asegurando que los Peguenches lo cautivaron en la campaa de Buenos
Aires, yendo  una vaqueria con un D. Francisco Ladron de Guevara, 
quien y  su comitiva mataron dichos indios, aade, que el haber salido
de entre ellos, estimulado de su conciencia para morir entre cristianos,
y restituirse  su patria, dejando las delicias del cacicazgo, fu
tambien para informar de dicha ciudad al Rey Nuestro Seor, lastimndose
mucho de la poca diligencia que para su descubrimiento hicieron en los
tiempos pasados los Ministros,  quienes los Reyes, sus antecesores, le
habian encargado.

Silvestre Antonio de Roxas no es nombre supuesto; porque D. Gaspar
Izquierdo afirma que lo conoci en Cadiz, en tiempo que le comunic en
substancia lo mismo; y se lamentaba del poco caso que se habia hecho de
materia tan importante. Que el dicho Roxas, aunque fu pobre de Buenos
Aires, con dinero que hered de un hijo suyo en Sevilla, habia comprado
armas con que armar una compaa de soldados de  caballo para el dicho
descubrimiento, y las volvi  vender.

Que no era imaginario dicho informe, se deduce de que su copia simple me
la prest en Chile D. Nicolas del Puerto, general que fu de Chilo:
quien me afirm, que, en virtud de este informe, se escribi  los
Csares, el ao de 1719, por un Sr. Oidor, de quien era amanuense dicho
D. Nicolas, y por rden de aquella Real Audiencia, una carta que un
indio ofreci levar, y volver con la respuesta. Esta carta yo la v,
cuando el tal indio estuvo en esta ciudad de Buenos Aires  pedir  su
Seoria algun socorro de caballos, que no se les dieron, y solo se le
ofreci regalarle si conseguia carta de los Csares, y la traia  su
Seoria antes de llevarla  Chile.

Que el dicho indio fuese embustero, es posible; pero D. Nicolas del
Puerto cree que lo mataron los indios Puelches,  otros; porque en la
entrada que se hizo de Chilo por el alzamiento de dichos Puelches,
pareci en poder de un indio no conocido, la carta referida, que l
reconoci en Chilo por ser de su letra. Tambien me inform dicho D.
Nicolas del Puerto, que en ocasion de hallarse en Chilo, y en el
estrecho de Magallanes, en un brazo de mar que entra tierra adentro,
sacando los espaoles de un navio que se le perdi, un indio de aquella
tierra,  quien tom aficion, le comunic, con gran encargo del secreto,
que por esta parte de la Cordillera habia un pueblo de espaoles; pero
que los indios no querian que se supiera, y que si sabian que l lo
habia descubierto  algun espaol, lo matarian sin duda.

Dicho D. Nicolas del Puerto me hizo relacion de que este indio
aseguraba, que aquel brazo de mar se juntaba  otro, que cree ser el
estrecho de Magallanes, por donde facilmente se podia navegar  dicho
pueblo de espaoles.

Aade el mismo D. Nicolas, que los vecinos de Chilo desean hacer el
descubrimiento, sin embargo de lo necesario que seria rodear en la
Cordillera para hallar un camino; pero que solo lo impide su mucha
pobreza; y que le parece que se empearian en 2  3000 pesos, si se les
anticipran para los avios del viage.

Las tradiciones que hay en Chile, de lo que declararon all dos hombres
que salieron de dicho pueblo,  los 30 aos de fundado, acreditan que no
es fbula, y se conforman con el derrotero de Silvestre Antonio de
Roxas. Porque dicen, que habindose perdido el navo en la altura de 50
grados, salieron  tierra con lo que pudieron salvar y cargar; y
caminaron seis  ocho dias al nord-este, hasta un parage, donde se
asentaron y poblaron, por haber sugetado all, y renddoseles mas de
tres mil indios con sus familias.

Y suponindose, por via de argumento, que declinaron uno y medio grados
del polo, quedaron en 48-1/2 de la equinoccial. Buenos Aires est en 34
grados, 36' y 39", la diferencia es 13 grados 53' y 21", que por ser el
rumbo de nord-este al sud-oeste, con poca diferencia, viene como un
tercio, y habria de distancia 31 grados, leguas poco mas  menos. Si se
atiende  las 48 leguas que Silvestre Antonio de Roxas pone desde el
Payen hasta los Csares, caminando de norte  sur, con los 33 grados que
refiere hay de Buenos Aires al Payen, no se diferencia mucho de lo que
tendr la mitad del camino, y de lo que aumenta el rumbo del poniente:
porque lo demas que cae en las pampas, alejndose del sud-oeste, que es
como quien endereza al mismo estrecho, queda del camino de dicho
derrotero cerca de la mar, otro tanto cuanto hay por el cabo de San
Antonio en la boca del Rio de la Plata.

Tambien se ignora si despues mudaron dichos dos hombres su poblacion mas
al nordeste, porque entonces quedarian mas cerca de Buenos Aires de lo
que estaban al principio.

Tambien se conforma la distancia que hay desde Mendoza hasta el cerro
de Payen, con el viage que hizo al descubrimiento de dicho cerro, el ao
de 1701, D. Nicolas Francisco de Retoa; siendo corregidor de Mendoza;
que los que fueron con l regulaban en menos de 150 leguas algunos, y
otros en mas; estando cono est Mendoza al norte de los Csares, distar
250 leguas de ellos.

En dicho ao de 1701, entrando D. Juan de Mayorga  recoger ganado desde
la Punta del sur, estando muy tierra adentro, se infiere llegaria hasta
cerca de 100 leguas de los Csares. Aseguran en Mendoza, que fu 
buscarle un indio de aquellas cercanias, trayndole dos caballos
ensillados  la gineta, y dijo eran de dos caballeros que habian salido
de los Csares en busca de espaoles, y que los indios de la faccion, de
que era cacique, inadvertidamente los habian muerto.

Fuera de otras noticias confusas, que mal explicadas de unos en otros
indios, han llegado en varios tiempos  Buenos Aires, este ao de 1740,
examin con industria  un indio de los de la Cordillera de Chile,
llamado Francisco,  quien los indios, que ac llamamos Csares, habian
traido muy muchacho por esclavo. Preguntndole si era de las naciones
Peguenches  Puelches,  de qu nacion; contest, que lo sacaron de su
tierra tan nio, que no se acuerda; sino que es muy tierra adentro, mas
all de los Peguenches y Puelches, haciendo la sea, como que es  la
parte del sueste de los Puelches, y adentro de la Cordillera, que mira 
Chilo, aunque no sabe dar razon de dicho Chilo.

Pero, preguntado si cerca de su tierra est la de los indios que llaman
Csares; respondi, que estaban cerca de all; pero mas cerca de Buenos
Aires. Y preguntado, si en su tierra oy decir que cerca de los indios
Csares habia una poblacion de espaoles; contest, en propios trminos,
que era cierto que habia espaoles, pero que estaban mas ac de los
indios Csares, hcia la mar, y que la gente de aquellos parages,
inmediatos  los Csares, tienen vacas y caballos, como los espaoles de
por ac. Aadi dicho indio, que los indios de aquellas partes no
quieren que se oiga que hay tales espaoles.

Esto indio lo conoc mucho, por haberme servido en el viage  Chile, 
fines del ao de 1738. Es de natural silencioso y sencillo, verdico en
su proceder, y cuando diese tales respuestas de invencion suya, mal
podria acaso acertar en circunstancias concordantes con la relacion del
dicho Silvestre Antonio de Roxas; ni este, si fuese tan embustero, que
hubiese en su fantasia fabricado su relacion tan adecuada  las
tradiciones y  la razon que d el dicho indio Francisco.

Se ha reparado en que Silvestre Antonio de Roxas no expresa en su
informe qu modo de cristiandad, uso de sacramentos, y gobierno
eclesistico tienen los espaoles Csares, ni qu repblica y leyes
civiles observan; el vestuario y las armas que usan; obrages y otras
circunstancias que calla; ni lo que discurren de los otros espaoles de
estas partes, de que talvez tendrn noticias tan dudosas y confusas como
nosotros de ellos. Pero este reparo no me hace fuerza, considerando que
dicho Roxas entraria por algun acaso  la tierra y ciudad de los
Csares, como indio Peguenche, disimulado de los otros indios, y atendi
solo  lo visible, sin detenerse en tales particularidades; y por la
relacion tan sencilla que hace en su informe, se advierte que su cuidado
se redujo  informar  Su Magestad ser cierto que habia tal ciudad de
los Csares espaoles.

Muchos,  los mas creen imposible que sea cierta dicha relacion,
arguyendo que de serlo hubieran salido dichos Csares en busca de otros
espaoles; pero se les responde que no es de maravillar esta omision en
ellos, cuando la nuestra es mayor en no haberlos procurado buscar,
sabiendo que hay distancia cierta hasta la costa del mar, que corre
desde el estrecho de Magallanes hasta la Bahia de San Julian, en cuyo
intermedio es preciso que estn, si no es fabulosa su existencia: y que
es de persuadirse que los indios sus comarcanos les ponderarian que es
imposible llegar por entre naciones brbaras, y caminos inaccesibles, 
abrir comunicaciones con los demas espaoles de estos reynos: porque la
poltica de los indios, aunque brbaros, ser engaarlos, para que no
haya motivo de que los espaoles los conquisten, y descubran las
riquezas de que no quieren usar; lo que observan rigurosamente, solo por
ocultarlas  los espaoles: por conocer que ni dominacion, ni comercio
han sido la epidemia de infinidad de indios que habitaban antes las
tierras, que al presente tienen pobladas los espaoles.

Tambien puede haber entre los tales Csares espaoles la poltica
natural de no descubrirse  quienes los domine, para que no alteren el
modo de gobierno, y leyes municipales entre si acordadas, con que puede
ser esten bien hallados: pues la parcialidad entre ellos dominante, mas
querr carecer de las tilidades que les podia proporcionar la sugecion
al Rey de Espaa, que decaer de la autoridad, que pueden pensar
establecida en su descendencia.

Ni fuera temerario creer, que como lo hicieron los pocos que empezaron 
restaurar de los moros el reyno de Aragon, hayan dichos espaoles
Csares fundado alguna, aunque muy pequea monarquia, con tales fueros y
libertades de los subditos, y limitaciones de la soberania, que
aborrescan absolutamente en comun la novedad del gobierno, y de las
leyes  que no estan acostumbrados.

Y suponiendo que aunque haya 350 leguas por mar de aqu al paraje que
seala dicho derrotero, se podria  poca costa descubrir con un navio, y
una falua en menos de tres meses de ida y vuelta, y salir de tantas
dudas, no deja de ser notable el descuido que hay en esto: y aun cuando
no fuese cierta la noticia de dichos Csares, podrian  la venida
descubrir con una buena chalupa, las ensenadas y puertos que hay desde
el Cabo de San Antonio al estrecho de Magallanes, y s los dos grandes
rios de las Barrancas y Tonuyan son navegables tierra adentro, con otras
circunstancias que pueden ser muy importantes al servicio del Rey, y
seguridad de esta parte de Amrica: porque sin duda Su Magestad enviaria
providencias para asegurar que en ningun tiempo cayesen en poder de
extrangeros los puertos de San Julian, y otros que se descubriesen &a.




CARTA

_Del Padre Jesuita Jos Cardiel, escrita al Seor Gobernador y Capitan
General de Buenos Aires, sobre los descubrimientos de las tierras
patagnicas, en lo que toca  los Csares_ (11 de Agosto de 1746.)


SEOR GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL,

Me alegrar que V.S. se halle con la cabal salud que mi deseo le
solicita para universal bien de estas provincias.

Estando en esta nuestra estancia de Areco, retirado de la mision de
espaoles, que no pude proseguir mas que por 15 dias,  causa de la
defensa  guerra contra los indios, be recibido respuesta de mi
Provincial  la carta que le escrib recien llegado del viage del mar,
envindole el diario del viage, y pidindole que informase al Consejo
Real sobre el celoso y eficaz porte de V.S. acerca de dicho viage.
Contiene la respuesta tres puntos: en el primero me dice estas formales
palabras:--"Har lo que dice el Sr. Gobernador, de escribir al Consejo,
como Su Seoria lo merece, por su celo y eficacia en servicio de Dios, y
del Rey; que quiz si no hubiese sido por l, nada se hubiera hecho. Yo
me alegrra mucho de poder servir  V.S. en cosas de mayor monta; pues
ademas de otros ttulos milita en mi el de paisano."

En el segundo me pide, que ruegue  V.S. me d una certificacion firmada
de los gastos que los tres Padres hemos hecho en el viage, porque as
conviene. Ruego  V.S., me haga este favor, como de su benevolencia lo
espero: podr venir esta certificacion con l que lleva esta carta,
envindola para eso al Colegio.

En el tercero me dice, atendiendo  mis deseos, que, "luego que halle
coyuntura emprender el viage del Volcan, que es sierra distante de
Buenos Aires como cien leguas al sud-oeste; para ver si all hay forma y
parage  propsito para formar un pueblo de indios serranos, que los
Padres del de los Pampas tienen apalabrados; y penetrar desde all  los
clebres Patagones y Csares, hasta el estrecho de Magallanes. Porque
habindose frustrado esta empresa por mar, por lo inhabitable de sus
costas, como hemos visto, dice que no halla otro modo para esta tan
famosa mision, por tantos aos pretendida por el nimo real, y del
nuestro, sino principiando por dichos serranos, y prosiguiendo por sus
inmediaciones  los inmediatos." Larga y tarda empresa, por cierto, si
as se toma: mas pronta y eficz la espero yo por la actividad, y celo
cristiano y real de V.S., especialmente si V.S. considera bien lo que
aqu dice.

Sabido es que el Papa, como Vicario de Cristo en la tierra, entreg al
Rey Catlico la Amrica con sus islas, hacindole tutor de todos sus
habitadores, para que como tal procurase su reduccion al cristianismo,
con su poder, y con el egemplo de sus vasallos. Penetrado Su Magestad de
esta obligacion, no cesa, por espacio de tres siglos, de hacer lo
posible en cumplirla, ya despachando continuas cdulas  los Vireyes y
Gobernadores, exhortndoles  lo mismo, y prometindoles favores  los
que se esmerasen en este tan cristiano celo; ya premiando colmadamente 
los que en este punto se han adelantado, como se puede ver en las
historias de este Nuevo Mundo; ya enviando continuamente ministros
evanglicos  su costa, y sealando en casi todas las provincias buen
nmero de soldados que les sirvan de escolta en sus ministerios. Pues
ademas de los muchos que tiene pagados para esto en Filipinas, Marianas
y Mgico, en solo la provincia del Nuevo Reino, que comprende solamente
desde Panam hasta el reino de Quito, tiene pagados exclusivamente para
este intento cuatrocientos soldados, con sus cabos respectivos, y con
sueldo mayor que el de Buenos Aires: y en Buenos Aires tiene pagados
para lo mismo cincuenta con su capitan; especificando que hayan de ser
para escolta de los Padres Jesuitas de la mision de Magallanes y
Patagones, que es de aqu al Estrecho. Todos estos soldados, de todas
estas provincias, son para solos los misioneros Jesuitas, y no de otra
religion. Los cincuenta de esta ciudad de Buenos Aires los seal Su
Magestad desde el ao de 1684, de que no dejar de haber cdula en ese
archivo; y manda Su Magestad que vayan siempre  obediencia de los
misioneros. As lo refiere D. Francisco Xavier Xarque, Dean de
Albarracin, en la historia que escribi de los misioneros del Paraguay,
y lo mismo manda que se efecte en las demas provincias.

Acerca de estas tierras de Magallanes, ha puesto Su Magestad especial
empeo; pues habr poco mas de cuarenta aos, que envio una mision
entera para estas tierras, y en ella venian padres escogidos, de tierras
frias, para que mejor pudiesen aguantar los frios de hcia el Estrecho.
Una Condesa se hizo protectora especial de esta mision, di varias
alhajas para ella, que estan todavia depositadas; y el altar porttil,
que en este viage martimo hemos llevado, es uno de estos dones.
Comenzse  disponer el viage, sealronse soldados, buscbanse viveres,
y cuando no faltaba mas que caminar, lo deshizo todo el enemigo comun,
por intereses particulares de algunos. No era vizcaino el Gobernador,
ni tenia brios, eficacia, ni empeo de tal; que si los tuviera, poco
hubiera podido Satans.

Hasta ahora han estado todas esas miserables naciones en manos del
demonio, cayendo cada dia al infierno. Qu corazon cristiano lo podria
sufrir, y siendo prximos nuestros redimidos con la sangre de un mismo
Rey y Seor? Basta un rastro de cristiandad, sin ser necesario ser
recoleto, para mover  compasion  cualquiera, hacindole poner los
medios posibles para ello; especialmente  los que tienen autoridad y
poder para hacerlo. Nuestros padres, as de Chile, que es otra
provincia, como de aqu, han empleado varios arbitrios; pero como para
ello es menester el brazo seglar, y este ha faltado, tambien han faltado
ellos.

Acerca de estas tierras hay mas especiales motivos, que acerca de otras,
para procurar su conquista, as espiritual como temporal: porque ademas
de haber, tierra adentro, naciones de indios labradores, segun se tiene
noticia de los de  caballo comarcanos, y tambien de  pi; estas dos
calidades de ser labradores, y de  pi, son, segun nos muestra la
experiencia, mas favorables para recibir el Evangelio, que si fuesen de
 caballo,  vagabundos sin sementeras, que es casi imposible el
convertirlos.

Ademas de esto digo, que hay graves fundamentos para creer que hay
tambien poblaciones de espaolea, y quizas con algunas minas de oro y
plata, lo cual ha dudo motivo  la decantada ciudad de los Csares.

Los fundamentos son estos: el suplemento  la historia de Espaa por
Mariana, y los mapas modernos dicen, que el ao de 1523, entraron por el
estrecho de Magallanes, cuatro navios espaoles: los tres se perdieron
en el Estrecho, y el cuarto pas  Lima. En 1526, fu la flota de
Molucas: pereci en el Estrecho la capitana, y las demas pasaron 
dichas islas. En 1535, entraron en dicho estrecho algunos navios,
amotinse all el equipage, y los hicieron naufragar. En 1539, entraron
otros tres navios: el primero naufrag, el otro volvi de arribada, y el
tercero pas. Despues, (no dicen en que ao) D. Pedro Sarmiento lleg al
Estrecho con cuatro navios para poblar, y hacer escala de los demas,
como ahora pretendiamos nosotros. Antes del Estrecho,  la entrada,
form una poblacion con el nombre de Jesus; y en ella dej 150 hombres
de guarnicion. Mas adelante, en el centro del Estrecho, ech los
fundamentos para una ciudad, con el nombre de San Felipe. Todos dicen,
que en varios parages del Estrecho hay lea y agua dulce, y por eso
haria all esas dos poblaciones; las cuales cosas no se encontraron en
las costas, antes del Estrecho en los puertos que hay: que si se
encontraron con pastos y tierra de sembrar, yo juzgo que hubieran
sembrado los espaoles.

Pobl, pues, Sarmiento estos dos parages, y  poco tiempo, por las
muchas calamidades, frio, hambre, y no venirle socorro, se volvi 
Espaa. Esto dice dicho suplemento y los mapas. Qu se hizo, pues, de
toda esta gente, que en tantos navios se perdi? Se ahog toda? No por
cierto, porque el Estrecho es muy angosto en partes: dicen aun los
modernos que es de sola media legua, y por esto es cosa fcil el
salvarse los naufragantes. Cuentan que de tres navios, habindose
perdido los dos, y volviendo el uno, vi este  toda la gente en la
orilla; que aunque le pedian que los llevase, no se atrevi  ello por
falta de vveres y de buque, y con toda la gente de los demas navios
perdidos sucederia lo mismo. Presmese, pues, que toda esta gente habr
emparentado con los indios, y tendrn sus poblaciones  trescientas 
cuatrocientas leguas de aqu.

El que no se haya descubierto en tanto tiempo, no me hace fuerza; pues
las Batuecas, en medio de Espaa tan poblada por todas partes, estuvo
tantos centenares de aos,  sin descubrirse  con muy poca  dudosa
noticia de que hubiese tal gente. Y pocos aos ha, en medio del reyno de
Mgico, mucho mas poblado de cristianos que estas partes, se descubri
una nacion hasta poltica, de quien existian varias dudas de si la
habria  no. Y mas arriba de la Nueva Viscaya y del Nuevo Mgico, en
donde los mapas antiguos ponen la gran ciudad de Quiriza, de quien se
decian tantas  mas ponderaciones que las que se hacen de los Csares, y
 cuya empresa  conquista fueron tropas espaolas, y se volvian
cansados de la dificultad, diciendo que estaba encantada (vulgaridad que
dicen luego para cohonestar su falta de empeo y constancia), se
descubri la nacion de los Pitos, gente efectiva, que vive en ciudades
con edificios altos de suelos, y este es el encanto. Con que habiendo
aqu mas dificultades que en lo dicho, no debe hacer fuerza el que hasta
ahora no se haya descubierto. Ni tampoco me hace fuerza lo que dicen
algunos, que si hubiera tales Csares  poblaciones, era imposible que
alguno de ellos no hubiera venido ac: porque si ninguno de estas partes
ha penetrado mas que doscientas leguas de aqu hasta el rio del Sauce,
por las dificultades que se han ofrecido qu estrao es que ellos,
teniendo menos medios, y quizs sin caballos, no hayan podido penetrar
hasta nosotros?

Pero vamos adelante, mostrando mas fundamentos. En la vida del santo
Padre Nicolas Mascardi se dice, que siendo Rector del Colegio de Chilo,
ahora 60  70 aos, viendo que en el archivo de una ciudad de Chile
habia una relacion de dos espaoles, en que decian que habian salido
huyendo del Estrecho por un homicidio que habia sucedido en una
poblacion de espaoles que en dicho parage habia, formada de la gente
que se perdi en no navo que naufrag, y cotejando con esta relacion
las noticias que daban los indios, se determin  ir en busca de ellos.
Encontr en el camino una nacion de indios, harto docil, que le pidi el
bautismo. Pas hcia el oriente. Sali al camino un cacique, que le di
una ropilla de grana, un peso de fierro, y un cuchillo con especiales
labores en el puo, y le dijo: has de saber, que tantas dormidas de aqu
(as cuentan las jornadas), hay una ciudad de espaoles. Yo soy amigo de
los de esta ciudad. Por la voz que corre de indios  indios, han sabido,
que un sacerdote de los cristianos, anda por estas tierras: desean mucho
que vayas all; y para que creas que es verdad, me han dado estas seas.
El padre no pudo penetrar all, ni ellos pudieron juntarse con el padre
por los indios enemigos. Envi dichas seas  Chile, y all conocieron
el cuchillo por su especial cabo, y dijeron que era del hijo del capitan
tal (que no me acuerdo del nombre), que aos habia te habia perdido con
su navio en el Estrecho. Pas adelante, donde le dijeron otros indios,
que de otra ciudad habian salido en su busca dos espaoles vestidos de
blanco, que era el trage que all todos usaban; y que llegando  una
gran laguna, no pudieron pasar, y se volvieron. Tampoco pudo penetrar
ac el padre. Dijeronle que mas adelante habia un muchacho, que habia
estado algun tiempo en una de esas ciudades, y que sabia la lengua de
los cristianos: lleg all el padre, di con el muchacho, y vi que
sabia espaol, aunque pronunciaba mal. Prosigui en busca de esta
ciudad, y otros indios mas brbaros lo mataron: aunque otros dicen que
los mismos que lo guiaban por codicia de los abalorios que llevaba para
ganar la voluntad de los que encontraba. Eran su escolta y su guia unos
pobres indios traidores, como lo son de gnio. Despues de la muerte de
este padre, por las noticias que de l se adquirieron, result el venir
la mision de que hablo arriba.

Hay mas: un cristiano espaol  mixto, hizo una relacion, que anda por
Buenos Aires, en que dice en suma, que llevndole cautivo,  de otra
forma, lleg  una de estas ciudades, de que cuenta grandezas, y que en
cierto parage antes de llegar, habia un cerro de diamantes, y otro en
otro parage de oro. Un corregidor del Per, llamado Quiros  Quiroga,
cuenta en suma en su relacion, que siendo de diez aos, estando en
Amberes, se embarc en un navio, y que caminando por las costas de
Magallanes, mucho antes del Estrecho, y metindose con la lancha por un
riacho, saltando  tierra, dieron con l, el piloto, y todos los de la
lancha, unos hombres que los llevaron por tierra, y que llegaron  una
gran laguna; que all los metieron en una embarcacion, y aportaron  una
isla en medio de ella, en donde habia una gran ciudad  iglesia, donde
estuvieron tres dias; que no entendian la lengua; y que al partir les
dieron dos cajoncitos de perlas, que se cogian en aquella laguna. Que
por seas, y por nombrar Rey y Papa, entendieron que les decian que era
para ellos: que el piloto como herege se las llev para s: que
cresciendo, y siendo ya mozo, di cuenta de todo al consejo, prometiendo
sealar la costa del riacho, por donde entraron: que le sealaron cuatro
navios; y que suscitndose en este tiempo la guerra del Emperador y
Felipe V., se deshizo el viage, por lo cual pretendi un corregimiento,
que consigui en el Per. Estas y otras muchas cosas dice en su
relacion; y se asegura que muri poco h.

Adese  esto lo que cuenta una cautiva, que llevada  muy distantes
tierras, hcia el sud-oeste, encontr unas casas, y en ellas gente
blanca y rubia; y que estando ella muy alegre, juzgando ser gente
espaola, se le ahog todo el contento, viendo que no les entendia
palabra. Ademas de esto los indios estan continuamente diciendo, que hay
tales poblaciones, y muchos de ellos convienen en que, en medio de una
gran laguna hay una gran isla, y en ella desde la orilla se v una gran
poblacion, en la cual descuella mucho una casa muy grande, que piensan
ser iglesia; y que otra pequea est siempre echando humo, y que desde
la orilla se oyen tocar campanas: y dicen que desde el volcan (de que
habl arriba)  donde dice, mi Provincial "que yo vaya" hay solamente
seis dias de camino, al andar de ellos, que es lijero. Estos y otros
fundamentos hay para creer que haya dichas poblaciones en este vasto
espacio de 400 leguas. Creo que estas noticias estan mezcladas con
muchas fabulas, mas habindose perdido tantos navios, no puede menos de
haber algo de lo que se dice, y que por algo se dijo, pues que _no hay
mentira que no sea hija de algo_. Lo de no entenderse la lengua es muy
factible; siendo aquella poblacion del espaol corregidor, y la otra de
la cautiva, de gente olandesa,  inglesa; que tambien dicen que se han
perdido en el Estrecho navios olandeses. La historia de Chile por el
padre Ovalle trae algunos naufragios de ellos; y tambien puede ser que
algunos espaoles con el mucho tiempo, hayan perdido la lengua espaola,
usando la que aprendieron de sus madres indias, con quienes se casaron
los primeros. Cuantos hay en el Paraguay, que no saben la lengua
espaola? Y si se conservran los primeros espaoles que se casaron con
las indias, sin que ningun europeo fuera all, no se usra, ni se sabria
ya otra lengua que la del indio, y aun con tanta mezcla de europeos, que
cada dia van all, la lengua que comunmente se usa, es la de los indios
Guarans, como en Viscaya la vascongada? Oh cuanto me alegrra que
V.S., sin hacer caso de algunos que quieren pasar por crticos y
discretos, hacindose incrdulos  todo, pusiese todo empeo en
averiguar este punto, consiguiendo con su eficacia lo que otros no han
podido! Cuan deveras le serviria  V.S. en cosa que puede ser de tanto
servicio de Dios, y del Rey! De Dios, pues si encontrramos espaoles,
estos, sin sacerdotes tantos aos, estarn con muchos errores en la F y
las costumbres, como el pueblo de las 400 casas, que dice el clerigo
agradecido Ordoez, que encontr hcia Filipinas, de un navio que habia
naufragado 70 aos antes, que tenian su cabildo  iglesia,  donde iban
 rezar todos los dias de fiesta en lugar de misa, por no tener
sacerdotes. Pero cada uno estaba casado con tres  cuatro indias,
diciendo que para multiplicarse, y poderse as defender de los indios
enemigos, les era aquello lcito (qu de telogos hace la depravada
naturaleza!), y tenian otros varios errores. Sin hablar de la docilidad
de los indios para el cristianismo, que en tanta variedad de naciones
puede encontrar.

Este descubrimiento se podr hacer con 300 paisanos de esta gente
estanciera, sin gastos reales; llevando cada uno 5  6 caballos, y otras
tantas vacas, pues esta gente no gasta pan ni biscocho. Con caballos y
vacas todo tienen, y con solo darles plvora y bala, de 6  7 libras de
cada cosa, (pues muchos usan lanza) estaba hecho el gasto. Porque acha,
barretas, azadas, palas para hacer pozos  falta de agua, empalizadas
para defensa de enemigos, &c; todos llevarian de sus casas, y cueros
para pasar rios. Si yo, que soy conocido por estas partes, viniera 
cada partido, y juntndome cada sargento mayor su gente, les hiciera una
exhortacion, animndolos  la empresa, ponindoles delante los grandes
bienes que de ella se seguirian al servicio de Dios, del Rey, y aun el
suyo propio, por lo que se podria hallar de preciosidades  trueque de
cuentas de vidrio y otros abalorios, como las lograron los que
descubrieron  Mgico y al Per, y en caso de no hallarse esto, que los
tendria V.S. muy en la memoria para sus aumentos; y mas si con esto se
les leyese un papel en que V.S. les hiciese estas debidas promesas: si
esto se hiciese, es factible, que sin mas aparato ni gastos, se
conseguiria el intento. El viage deberia hacerse por Setiembre, porque
de aqu hasta el rio del Sauce, por el verano, suele haber falta de
agua, y aun de pastos. Desde ah hasta el Estrecho, dicen les indios que
en todas partes hay agua y pastos. Habria de durar seis  ocho meses, si
se registrra bien todo: y para tantos meses eran menester cinco reses
para cada uno, y con cabos que fuesen de empeo (que si no son
escogidos, luego se cansarian), todo se conseguiria, y V.S., ademas del
prmio que se le guardaria para la otra vida, lo tendria grande del Rey
Nuestro Sr. Nosotros ac no buscamos sino la honra y servicio de Dios,
de aquel gran Seor,  quien no correspondemos, sino haciendo mucho por
Su Magestad, y con solo su honra y gloria estamos contentos.

Si  V.S. no le agrada este proyecto,  si no tuviere efecto el juntar
la gente de este modo, puede V.S. discurrir otro con gastos reales,  
costa de particulares, que quieran entrar en la empresa. En todo estoy 
las rdenes de V.S., que Dios guarde los aos de mi deseo.--Estancia de
Areco, y Agosto 11 de 1746.--B.L.M. de V.S. su mas afecto servidor y
Capellan--

JOSE CARDIEL.




CAPITULO

_De una carta del P. Pedro Lozano al P. Juan Alzola, sobre los Csares,
que dicen estn poblados en el estrecho de Magallanes_.


Bien s que en esta materia no faltan fundamentos que absolverian mi
juicio de la nota de temerario; pues aqu me ha dicho el Sr. Rector, que
en tu tiempo pas por Crdoba un flamenco que habia salido de los
Csares para Chile, porque habindose perdido su navio, fu  dar 
aquella tierra, de donde lo llev D. Jos Garro  Europa. Otros mozos se
perdieron en la vaqueria, y fueron  dar  aquella laguna, en cuya
orilla oyeron campanas. El ao de 512, salieron, segun creo, por la
Concepcion, algunos de dichos Csares, de los cuales uno entr en Chile
en la Compaia; y aun en Chile parece se ha tenido por muy cierto que
hay dichos Csares; pues aun el venerable padre Antonio Ruiz de Montoya,
en un memorial que present  Felipe IV, despues de haber estado cuatro
aos en Madrid, y en el que responde  nueve calumnias contra esta
provincia, rebatiendo la segunda, de que los padres ponen mal  los
espaoles con los indios, en uno de los prrafos en favor de los Padres,
dice as:--_A los Csares pretendieron conquistar los espaoles.
Entraron con grandioso aparato por sus tierras; pero escarmentados en
los indios de Chile sus vecinos, no quisieron recibir el yugo. Y no hubo
all religioso de la Compaia, que les hablase mal  indujese  no
recibir  los que pretendian conquistarles_. Tengo en mi poder dicho
memorial, que es de 11 hojas de  folio. Y el ao de 1673, entr desde
Chilo el venerable padre Nicolas Mascardi, en busca de ellos; pero le
martirizaron en el camino, y un papel que habr 6 aos me di el padre
Rillo, dice as:--"El ao de 1711, por invierno, cuando est cerrada la
Cordillera, sali  la ciudad de Chilo, que cae de la otra parte de la
Cordillera hcia el estrecho de Magallanes, uno de los Csares
espaoles, quien hizo relacion, de como en un ngulo de la Cordillera,
que cae de esta banda, estn situadas tres ciudades de espaoles, de los
navios que se perdieron en dicho estrecho de Magallanes, viniendo 
poblar estas Indias en tiempo de Carlos V; que por eso los llaman
_Csares_;" (relacion que di un espaol antiguado), las cuales tres
ciudades quiso llamar  una, y la mas populosa, los Hoyos, la otra el
Muelle, y la tercera los Sauces. Distan segun los cosmgrafos, y por
relacion del dicho, 160 leguas de la ciudad de Mendoza, 140 de la de San
Juan Luis de Loyola, 190 de la de San Juan, 286 de Buenos Aires. De
Chillan ciudad de la otra banda, de la Cordillera 130 leguas, y 10 de
Calbuco, lugar de los Aucaes Chilenos. De manera que dichos Csares,
segun esta nueva relacion, caen tierra adentro, en el centro de la
serrania, distante de la costa de Magallanes lo que dichas ciudades, de
la provincia de Cuyo, poco mas  menos, segun ellas distan de la dicha
costa. Por la parte del norte, donde est Mendoza, circunda  dichos
Csares una laguna de muchas leguas, la que les sirve de fortificacion y
muro contra las invasiones de los indios caribes, como son los Puelches,
Muyuluques y otras naciones. Con algunas tienen contratadas
embarcaciones, cambiando  los indios mieses, trigos, legumbres, y
ropas, por vacas que pasan embarcadas por la laguna. No tienen otro
metal que el de la plata, de que gozan en abundancia, y de l fabrican
rejas de arado, cuchillos, ollas, &a. Este hombre Csar sali  una
nacion de indios, que llaman, _Cumas de Chilo_, y de all lo dirigieron
 dicha ciudad. Sali  pi, que no usan caballos, como las demas
naciones de indios de aquellas serranias. Entrse en la compaia de
dichos, en la provincia de Chile, y hoy es coadyutor. En este mismo ao
de 1711, el General D. Juan de Mayorga, vecino de Mendoza, sin tener
noticia de la salida de dicho Csar, por estar cerrada la Cordillera,
hizo y junt gente en dichas tres ciudades de la provincia de Cuyo, por
mandado del Gobernador y Presidente de Chile, D. Juan Francisco Uztariz,
y entr por el mes de Setiembre de dicho ao  descubrir dichos Csares,
con una guia espaola, que los indios habian cautivado en las vaquerias;
y habiendo este tenido noticia cierta de los Csares, por haberlos visto
de lejos (aunque no se comunic con ellos, porque los indios lo
impedian), huido de su poder, di esta noticia  dicho General Mayorga,
quien pidi licencia  su Presidente para esta entrada. Y habiendo
entrado, como llevo dicho, y dado la primera batalla  los indios, en el
camino (donde tom 200 piezas de las familias de los indios, mat hasta
30 indios guerreros, y apres algunos), se le amotin la gente espaola,
diciendo, que los iba  entregar  la muerte, y hacerlos despojos de los
brbaros, y con esto se volvi sin efecto. Y habiendo dado tormento  un
indio gandul de los apresados, para que confesase lo que sabia de los
Csares, dijo, que sabia eran espaoles, y que as los llamaban ellos: y
por ser de esta parcialidad, que los habia visto, y que siete caciques
con siete parcialidades estaban esperando  dicho General y su gente,
mas ac de la sierra, para matarle con todos los suyos, debajo de
palabra de amistad. Hasta aqu dicho papel, que, como dije, me di el
secretario Rillo, y que parece sea de letra del clebre padre Lezana.
Pero sea de quien se fuere, lo cierto es, que, aunque no tan menudo en
lo que refiere, discrepa poco en la substancia del de Villaruinas. Y que
no se hayan hallado en tanto tiempo los Csares, no es prueba de que no
los hay, como no lo fuera de que no habia Canrias, porque no se
hubiesen descubierto hasta los aos de 1200; ni que no habia Indias, el
no haberse descubierto hasta los tiempos de Fernando el Catlico; ni que
no habia Batuecos, el no haberse descubierto hasta el reynado de Felipe
II., y esto estando en el rion de Espaa. Con todo eso yo no lo creo,
solo envi dicho papel, como antes dije  Vuestra Seoria Reverendsima,
para que se entretuviese en el viage, para lo cual cualquier patraa
sirve; pero esta no deja de tener su apariencia de verdad.

PEDRO LOZANO.




DERROTERO

_Desde la ciudad de Buenos Aires hasta la de los Csares, que por otro
nombre llaman la_ Ciudad Encantada, _por el P. Tomas Falkner, jesuita_.
(1760.)


Llegando  la ciudad de la Santsima Trinidad, puerto de Santa Maria de
Buenos Aires, y provincia del Rio de la Plata, se saldr de ella, y se
caminar por el camino abierto que hay de las carretas, que es el que
traginan los de Buenos Aires  la sierra del Tandil. Hay de esta sierra
en adelante indios que llaman Pampas: es un gentio que corre todas las
campaas, los cuales suelen hacer algunas hostilidades en las gentes que
salen  los campos  vaquear, y hacer faenas de sebo y grasa.

Distante de esta sierra, como cosa de 80 leguas, tirando para el
poniente, se hallar otra sierra que llaman Guamini, que est por un
lado distante del mar cosa de dos leguas: tiene esta sierra por la parte
del norte una laguna de aguas permanentes muy grande, llamada _Guamini_,
de donde toma el nombre la misma sierra. En esta laguna se suelen juntar
hasta seiscientos, y ochocientos indios Pampas, de diferentes naciones,
y solamente en el tiempo de cosecha de la algarroba, para hacer sus
paces unos con otros, poniendo sus ranchos al rededor de la laguna, para
entrar con tiempo al monte, que dista de all como cosa de cuatro leguas
poco mas; en cuyo monte hay mucha cantidad de algarroba, de donde se
proveen para su mantenimiento, y para hacer la chicha para todo el ao,
que es la bebida usual que ellos estilan.

Desde esta laguna hasta pasar  la otra parte del monte, hay de
travesa, por una parte, setenta leguas, en parte mas, y en parte menos:
con la advertencia de que en medio de este monte habitan otros indios
llamados _Mayuluches_, y sern como cuatro  cinco mil por todos; los
cuales salen  correr las campaas por la parte del poniente; y es gente
muy belicosa, domstica y amigos de los espaoles.

Saliendo de este monte, tirando siempre hcia el poniente, se pasa por
unas campaas dilatadas, cuya travesa es de treinta leguas, sin que se
halle una gota de agua, por ser la tierra muy arenosa y estril de todo
pasto, donde apenas se encuentra tal cual rbol. Pasado dicha travesa,
se halla un rio muy grande y hondo, que sale de la Cordillera grande de
Chile, y v dando vueltas, atravesando dichas campaas. Este rio es
profundo, y lleno de barrancas muy speras en algunas partes, y por esta
causa tiene sus pasos sealados, por donde se pueda vadear; que por eso
es llamado rio de las _Barrancas_.

Pasado este rio, prosiguiendo por las dichas campaas estriles, siempre
siguiendo el mismo rumbo, se encuentra otro rio llamado Tunuyn,
distante uno de otro cincuenta leguas por algunas partes. Entre estos
dos rios habitan otros indios llamados Picuncties; son en gran nmero,
los mas bravos que hay en todas las campaas, 7 no se extienden  mas
que entre los dos rios.

Saliendo de este rio, _y_ siguiendo siempre el rumbo del poniente, se
entra por una campaa llena de mdanos muy fragosos y speros, tierra
muy seca _y_ estril. Caminando por entre los mdanos, como cosa de
treinta leguas, se descubre, mirando al poniente, un cerro grande
nevado, muy alto, en forma de columna, llamado el cerro de Payen. En
dicho cerro estn los indios Chiquillanes; que son muy domsticos y
familiares con los espaoles, y llegarn al nmero de dos  tres mil
indios. Tiene este cerro grande muchos cerros colorados al rededor, los
cuales son todos de metales de oro muy rico, y al pi de este cerro
grande, hay otro pequeo, que es de azogue, el cual se presenta como de
un cristal muy fino.

Desde este cerro grande se dirige el rumbo al sur, y  cosa de cinco
leguas se encuentra un rio, llamado el Rio Diamante: dicho as porque
nace de un cerro negro, pasado de plata; y con muchos diamantes. Mas
adelante de este cerro negro, como cosa de cinco leguas, se encuentra
otro rio, llamado de San Pedro. Entre estos dos rios, esto es, entre el
Diamante y el de San Pedro, habitan unos indios llamados Diamantinos,
gente de que los mas de ellos son cristianos, que se huyeron de los
pueblos espaoles, por las violencias de los encomenderos. Son estos
indios muy labradores, y sern en nmero de 400. Este rio de San Pedro
es muy temido de toda clase de indios, por lo fragoso que es, y porque
solo tiene unos pocos pasos, por cuanto lo mas del ao est crecido.

Prosiguiendo siempre el mismo rumbo hcia el sur,  distancia de cuatro
leguas, se encuentra otro riachuelo, que llaman Estero: llmase tambien
el riachuelo de los Ciegos, por haber habitado all en tiempos antiguos
unos indios que se cegaron de resultas de un temporal grande que huvo de
nieve. En este riachuelo  estero habita una multitud de indios, que
llaman Peguenches, cuyas armas son lanzas y alfanjes, que usan tambien
todos los demas. Estos indios Peguenches corren hasta la Cordillera
Nevada, por la parte del poniente, y por la parte del sur comercian con
los Csares  espaoles.

Caminando siempre por el mismo rumbo, cosa de treinta leguas mas 
menos, se encuentran otros indios, llamados Puelches. Estos indios son
muy altos y corpulentos, y tienen los ojos muy pequeos: son tan pocos,
que no llegan  seiscientos, y son tambien muy parciales y amigos de los
espaoles, con quienes desean tener siempre trato. Esta gente est  la
boca de un valle muy grande, de donde sale un rio muy caudoloso, llamado
el rio Hondo, el cual es criadero. Dicho rio Hondo nace de la falda de
unos cerros colorados muy ricos, pasados de oro, y mucho cobre campanil,
que es la madre de dicho oro en grano. Estos indios tienen su Cura 
Prroco, el cual depende del Obispo de Chile, siendo los mas de ellos
cristianos.

Prosiguiendo siempre al propio rumbo del sur, se encuentra, como 
distancia de tres leguas, otro rio que llaman el Rio del Azufre, por
tenerlo en abundancia; y este rio, nace de la raiz de un volcan.
Caminando el mismo rumbo, como cosa de treinta leguas  algo mas, se
encuentra otro rio grande, muy ancho, y muy apacible en sus corrientes;
y este rio nace en la Cordillera de un valle grande espacioso, y muy
alegre, en donde estn y habitan los indios Csares. Es una gente muy
crecida y agigantada, tanto, que por el tamao del cuerpo no pueden
andar  caballo sino  pi. Estos indios son los verdaderos Csares; que
los que vulgarmente llaman as, no son sino espaoles, que anduvieron
perdidos en aquella costa, y que habitan junto al rio que sale del
valle, en las inmediaciones de los indios Csares; y por la cercania que
tienen  esta nacion, les dan vulgarmente el mismo nombre, no porque en
la realidad lo sean. Estos indios Csares es gente mansa y apacible: las
armas que usan son flechas grandes,  arpones, con que se guarecen y
matan la caza, que son los guanacos que hay abundantes en aquellas
tierras. Tambien usan estos indios de la honda con que tiran una piedra
con gran violencia; y estos indios son los que trabajan en los metales
de plomo romo, y lo funden  fuego; y el modo que tienen de fundir as
los metales como el plomo, es diferente del nuestro, porque nosotros
los espaoles lo fundimos en hornillos, y ellos lo funden en otra
fbrica que llaman _guayras_.

En el dicho valle grande y espacioso, donde habitan estos indios
Csares, hay un cerro grande muy alto y derecho, y al pi de este cerro,
se encuentra un cerrillo negro muy relumbrante, que parece tener metal
de plata, y es de piedra iman muy fina, y hay piedras del tamao de tres
cuartas; y si se buscase, se hallarian mas grandes; que es cosa de
admiracion. Estos indios no trabajan sino en este metal, por ser suave y
blando, y no explotan los otros metales ricos de plata: lo uno, porque
no los saben fabricar, y lo otro porque no hay azogue, y por esta causa
no hacen aprecio de metales mas ricos, aunque hay muchsimos.

Saliendo de adentro del dicho valle, por la orilla del rio grande, como
cosa de 6 leguas abajo, se halla el paso,  portezuela por donde llegan
los espaoles que habitan de la otra parte del rio, con sus
embarcaciones pequeas, que no tienen otras; y como cosa de tres leguas
mas abajo, se halla el paso por donde vadean los de  caballo, por el
tiempo de cuaresma, como tengo referido, por estar lo mas del ao muy
crecido el dicho rio.


       *       *       *       *       *

_Descripcion de la ciudad de los Espaoles._

Esta ciudad, que llaman la _Ciudad Encantada_, est en la otra parte de
dicho rio grande que he referido, poblada en un llano, y fabricada mas 
lo largo que en cuadro, casi en la misma planta que la de Buenos Aires.
Tiene esta ciudad muy hermosos edificios de templos, y casas de piedra
labrada, y bien tejadas al uso de nuestra Espaa. En las mas de ellas
tienen los espaoles indios cristianos para la asistencia de sus casas y
haciendas,  quienes los propios espaoles, con su educacion han
reducido  nuestra Sta. F Catlica. Tiene dicha ciudad, por la parte
del poniente y del norte, la Cordillera Nevada, en la cual han abierto
dichos espaoles muchsimos minerales de oro y de cobre, y estan
continuamente explotando dichos metales.

Tambien tiene esta ciudad, por la parte del sur hasta el oriente,
dilatadas campaas, donde tienen los vecinos y habitadores sus estancias
de ganados mayores y menores, que son muchsimos; y heredades para su
recreo, con mucha abundancia de todo gnero de granos y hortaliza:
adornadas dichas heredades, con sus alamedas de diferentes rboles
frutales, que cada una de ellas es un paraiso. Solo carecen de vias y
olivares, por no tener sarmiento para plantarlos.

Tambien tienen por la parte del sur los habitadores de esta ciudad, cosa
de dos leguas poco mas, la mar vecina, de donde se proveen de rico
pescado y marisco para el mantenimiento de todo el invierno. Y
finalmente, por no ser molesto en esta descripcion, digo que es el mejor
temperamento, y mas benvolo que se halla en toda la Amrica, porque
parece un segundo paraiso terrenal, segun la abundancia de sus
arboledas, ya de cipreses, cedros, pinos de dos gneros; ya de naranjos,
robles y palmas, y abundancia de diferentes frutas muy sabrosa: y es
tierra tan sana que la gente muere de puro vieja, y no de enfermedades,
porque el clima de aquella tierra no consiente achaque ninguno, por ser
la tierra muy fresca, por la vecindad que tiene de las sierras nevadas.
Solo falta gente espaola para poblarla, y desentraar tanta riqueza,
que est oculta en aquel pas; por lo que ninguno se admire de cuantos 
sus manos llegase este manifiesto, porque todo lo que aqu v referido,
no es ponderacion, ni exageracion alguna, sino la pura verdad de lo que
hay y es, como que yo mismo lo he andado, lo he visto y tocado por mis
manos. Tiene de jurisdiccion dicha ciudad 260 leguas, mas que menos &a.




RELACION

_De las noticias adquiridas sobre una ciudad grande de espaoles, que
hay entre los indios, al sud de Valdivia,  incognita hasta el presente,
por el capitan D. Ignacio Pinuer._ (1774.)


Habiendo, desde mis primeros aos, girado el poco comercio que ofrecen
los indios comarcanos, y las jurisdicciones de esta plaza, me fu
internando, y haciendo capaz de los caminos y territorios de los indios,
y especialmente de sus efectos, como es constante  todos los de esta
plaza. Con este motivo tenia con ellos conversaciones pblicas y
secretas, confiandome sus mas reconditos secretos, y contndome sus mas
antiguos monumentos y hechos inmemoriales. Mas entre las varias cosas
ocultas que me fiaban, procur adquirir noticias, que ya, como sueo 
imaginadas, oia en esta entre mis mayores; y hacindome como que de
cierto lo sabia, procuraba introducirme en todas, para lograr lo que
deseaba. Tuve la suerte muchas ocasiones, que los sugetos de mayor
suposicion entre ellos, me revelasen un punto tan guardado y encargado
de todos sus ascendientes; porque aseguraban que de l pendia la
conservacion de su libertad.

Esta es la existencia de una ciudad grande de espaoles: mas no
satisfecho con solo lo que estos me decian, seguia el empeo de indagar
la verdad. Para ello cotejaba el dicho de los unos con los informes de
los otros, y hallndolos iguales, se me aumentaba el deseo de saber 
punto fijo el estado de aquella ciudad  reino (como ellos lo nombran),
y tom el medio de contarles lo mismo que ellos sabian, fingindoles que
aquellas noticias las tenia yo y todos los espaoles por la ciudad de
Buenos Aires, comunicadas por los indios Pampas, picados de haber tenido
una sangrienta guerra con los mismos Guilliches. Pero que los de
Valdivia nos desentendamos de ellas, temiendo que el Rey intentase
sacar aquellos rebeldes, en cuyo caso experimentaramos las
incomodidades que acarrea una guerra. Con oir estas y otras expresiones,
ya me aseguraban la existencia de los _Aucahuincas_ (as los nominan),
el modo y trato de ellos: bien que siempre les causaba novedad, como los
Peguenches, siendo tan acrrimos enemigos de los espaoles, diesen una
noticia tan encargada entre ellos para el sigilo; y esto dorado con
algunas razones, producidas en lo inculto de sus ingenios:  lo que
regularmente les contestaba que de un enemigo vil mayores cosas se
podian esperar, aunque no era de las menores el tratarlos de traidores,
y de que como ladrones tenian sitiados y ocultos hasta entonces aquellos
espaoles, privando  su Rey de aquel vasto dominio. Este es el arte con
que los he desentraado, y asegurndome de las exquisitas noticias que
pueden desearse para la mayor empresa, sin que por medio de
gratificacion, ni embriaguez, ya medio rematados, ni otro alguno, jamas
lograse de ellos cosa  mi intento, antes s una gran cautela en todas
las conferencias que sobre el particular tenia con ellos, cuidaba de
encargarles el secreto, que les convenia guardar, pues sus antepasados,
como hombres de experiencia y capacidad, sabian bien los motivos de
conservarlo. Y si sucedia, como acaeci muchas veces, llevar en mi
compaia alguno  algunos espaoles, me separaba de ellos para hablar de
estos asuntos, procurando salir al campo,   un rincon de la casa con
el indio,  quien le prevenia que callase, si llegaba algun conmpaero
mio, pues no convenia fiar  todos aquel asunto, porque como no eran
prcticos en los ritos de la tierra, saldrian hablando y alborotando.
Este rgimen, y la cautela de no mostrar deseos de saber, sino solo
hablar como por pasatiempo de lo que ambos sabamos, he usado con los
indios sobre treinta aos, teniendo la ventaja de hablar su natural
lengua, por cuyo motivo egerzo hoy por este gobierno (despues de otros
empleos militares), el de lengua general de esta plaza, en donde  todos
les consta la estimacion que hacen de mi aquellos naturales. As adquir
las evidentes noticias que expongo al Monarca,   quien hace su
inmediata persona, diciendo:--

Que en aquel general alzamiento, en que fueron, (segun antiguas
noticias), perdidas  desoladas siete ciudades, la de Osorno, una de las
mas principales y famosas de aquellos tiempos, no fu jamas rendida por
los indios; porque aunque es cierto, que la noche en que fueron atacadas
todas, segun estaba dispuesto, le acometieron innumerables indios con
ferocidad, hallaron mucha resistencia en aquellos valerosos espaoles,
que llevaron el prmio de su atrevida osadia, quedando bastantes muertos
en el ataque, con poca prdida de los nuestros. Pero sin embargo
determinaron los indios sitiar la ciudad, robando cuanto ganado habia en
los contornos de ella, y frecuentando sus asaltos, en los que siempre
quedaron con la peor parte. Pero, pasados seis  mas meses, consiguieron
por medio de la hambre ponerlos en la ltima necesidad; tanto que por no
rendirse, llegaron  comerse unos  otros: y noticiosos los indios de
este aprieto, los contemplaron caidos de nimo, por lo que resolvieron
atacarlos con la ayuda de los que acababan de llegar victoriosos de esta
plaza; y en efecto hicieron el ltimo esfuerzo, envistindola con tanta
fiereza que fu asombro. Pero el valor de los espaoles, con el auxilio
de Dios, logr vencerlos, matando cuantos osaron subir por los muros,
donde pelearon las mugeres con igual nobleza de nimo que los hombres; y
aunque vencidos los indios, siempre permanecieron  la vista de la
ciudad, juzgando que precisamente los habia de rendir el hambre, como
tan cruel enemigo. Pero los espaoles, cada vez con mas espritu, se
abastecieron de cadveres de indios, y reforzados con aquella carne
humana, y desesperados ya de otro recurso, determinaron abandonar la
ciudad, y ganar una pennsula fuerte por naturaleza que distaba pocas
leguas al sur, (cuyo nmero fijo no he podido averiguar, pero s que son
pocas) en donde tenian sus haciendas varias personas de la misma Osorno,
de muchas vacas, carneros, granos, &a. Salieron con sus familias, lo mas
precioso que pudieron cargar; con las armas en las manos marcharon,
defendindose de sus enemigos, y sin mayor dao llegaron  la pennsula,
la que procuraron reforzarla, y despues de algunos dias de descanso,
hicieron una salida, vengaron en los enemigos su agravio, pues dejaron
el campo cubierto de cadveres, volviendo  la isla no solo con porcion
de ganado, sino con cuanto los indios poseian, y continuaron
fortalecindola.

Consta la magnitud de esta pennsula, segun la explicacion de los
indios, como de treinta leguas de longitud y seis  ocho de latitud. Su
situacion est en una hermosa laguna, que tiene su principio del volcan
de Osorno, y  quien igualmente d agua otro volcan, que llaman de
Guancqu; pues aunque este est distante del otro, por el pi de la
Cordillera se desata en un rio pequeo que camina hcia el sur, y se
incorpora en esta laguna, con cuyo socorro se hace formidable. Ella est
al pi de la Cordillera, y dista del volcan de Osorno siete  ocho
leguas poco mas  menos; y es madre del rio Bueno. Es tan grande, que
ninguno de los indios d noticia de su trmino; es profunda, y muy
abundante de peces: en ella tienen los espaoles muchas canoas para el
ejercicio de la pesca, y para la comunicacion de tres islas mas
pequeas, que hay en medio de dicha laguna  mar, como los indios le
llaman. Esta no abraza el contorno de la isla, si solo la mayor parte de
ella, sirvindole de total muro, un lodazal tan grande y profundo, de
tal manera que un perro (como los indios se explican) que intenta
pasarlo, no es capaz de desprenderse de l. Tampoco este lodazal hace
total crculo  la isla; pues por el principal extremo, que es al norte,
hay de tierra firme entre la laguna y el pantano hasta veinte y mas
cuadras (segun dicen los indios), y es la entrada de esta grande
poblacion  ciudad, siendo la parte por donde se halla fortificado de un
profundo foso de agua, y de un antemural rebellin; y ultimamente de una
muralla de piedra, pero baja. El foso tiene puente levadizo entre uno y
otro muro: grandes y fuertes puertas; y un baluarte, en donde hacen
centinela los soldados. Segun los indios, el puente se levanta todas las
noches.

Las armas que usan son, lanzas, espadas y puales, pero no he podido
averiguar si son de fierro. Para defensa de la ciudad tienen artilleria,
lo que se sabe fijamente, porque  tiempos del ao la disparan: no
tienen fusiles, para su personal defensa usan coletos. Tambien usan
otras armas, que los indios llaman laques, y son dos piedras amarradas
cada una en el extremo de un ltigo, en cuyo manejo son diestrsimos, y
por esto muy temidos de los indios.

La forma  construccion que tiene la ciudad no he podido indagarlo,
porque dicen los indios, que nunca les permiten entrar, pero que las mas
de las casas son de pared y teja, las que se ven de afuera por su
magnitud y grandeza.

Ignoro igualmente el comercio interior, y si usan de moneda  no; pero
para el menage y adorno de sus casas, acostumbran plata labrada en
abundancia. No tienen ail, ni abalorios, por cuyo motivo dicen los
indios que son pobres. Hacen tambien el comercio de ganados de que
tienen grandsimas tropas fuera de la isla, al cuidado de mayordomos, y
aun de los mismos indios. Ponderando estos la grandeza de que usan,
dicen que solo se sientan en sus casas en asientos de oro y plata
(expresion de los espaoles que salen fuera). Tambien han tenido
comercio de sal, esto es, hasta ahora poco la han comprado  los
Peguenches, que por aquella parte  menudo pasan la Cordillera, y son
muy amigos de estos; como as mismo lo han tenido con los indios
nuestros, que llamamos Guilliches, pero ya les ha dado Dios con
abundancia un cerro, y proveen  sus indios comarcanos.

Segun exponen los indios, usan sombrero, chapa larga, camisa, calzones
bombachos, y zapatos muy grandes. Los que andan entre los indios
regularmente estan vestidos de coletos, y siempre traen armas.

Los indios no saben si usan capa, porque solo los ven fuera del muro 
caballo; se visten de varios colores; son blancos, barba cerrada, y por
lo comun de estatura mas que regular.

Por lo que respecta al nmero de ellos claro est es muy dificil
saberlo, aun estando dentro de la ciudad: no por eso dej de preguntar
repetidas veces  varios indios, los que respondieron, considerase si
serian muchos, cuando eran _inmortales_, pues en aquella tierra no
morian los espaoles.

Con este motivo me informaron de que no cabiendo ya en la isla el mucho
gentio, se habian pasado muchas familias, de algunos aos  esta parte,
al otro lado de la laguna, esto es, al este, donde han formado otra
nueva ciudad. Est  las orillas de la misma laguna, frente de la
capital; srvele de muro por un lado la laguna, y por el otro est
rodeada de un gran foso, ignoro si es de agua, con su rebellin, y puerta
fuerte, y puente levadizo como la otra. La comunicacion de las dos est
por mar, por lo que tienen abundancia de embarcaciones. Tambien tienen
artilleria, y el que en esta manda, est sugeto al rey de la capital.
Nada puedo decir con respecto al rden interior de gobierno de aquel Rey
de la capital; pero s por varias expresiones de los indios, que es muy
tirano: lo que confirma la noticia siguiente.

Habiendo salido de Chilo un chilote en el mes de Octubre de 1773 (no s
con que destino) lleg  avistar la principal ciudad de aquellos
espaoles, pasando por medio de los indios, suplicndoles tuviesen
caridad de l, pues se veia all sin saber  donde. Al llegar la noche
toc las puertas de la ciudad (siempre las tienen cerradas) asomse un
soldado, y hacindole las regulares preguntas, de quien vive, &a.
respondi era chilote, y que all habia llegado perdido, y que se
hallaba sin saber qu tierra era aquella. A lo que en lengua de indio
respondi el soldado, se admiraba de que los indios le hubiesen dejado
pasar vivo, pero ya que logr esa dicha se retirase prontamente antes
que algun otro le viese, ( todos se prohibia llegar all)  el se viese
precisado  dar parte  su Rey, quien si lo supiera (as lo relat el
chilote  los indios) mandaria buscarlo por cuantos caminos habia para
quitarle la vida, pues era hombre muy tirano, y que con su gobierno
ambicioso tenia  la plebe en la mayor consternacion, y esta es voz
comun de los indios. Volviendo al chilote que escap del rigor de aquel
tirano, y ya entre los indios, algunos de ellos se ofrecieron 
acompaarle, pero en la primera montaa, le quitaron la vida: cuya
noticia se me trajo por indios de mucha verdad del fuerte de San
Fernando,  orillas del rio Bueno, luego que sucedi; y esto tiene  los
indios llenos de temor. Este suceso del chilote ha dado motivo entre
aquellos espaoles (persudome es la plebe) para el empeo de poner
seales en el cerro, que llaman de los Cochinos, que es donde se divisa
la ciudad principal y laguna, nico y mas inmediato para llegar 
aquella tierra como lo expondr. En este sitio acaece, en lo que no hay
duda, que los espaoles ponen una espada con zapatos; los indios la
quitan, y ponen un machete. Los espaoles ponen una cruz; vienen los
indios quitan la cruz, y ponen una lanza, toda de palo. Los espaoles
ponen redondas piedras como balas; y despues de estas amenazas de unos y
otros, estan constantemente hallando los indios en aquel propio sitio
del cerro, varios papeles,  cartas puestas en una estaca, cosa que
tiene  los indios consternados, pues ni se atreven  quitarlos, ni se
apartan de all, mantenindose en continua vigilancia, temerosos que
algun papel de estos salga entra ellos, y d en manos de nosotros. Esta
noticia y la del chilote, se han divulgado por toda la tierra adentro,
y, como digo, se hallan cuidadosos.

Para mas asegurarse de nosotros, aquel Rey tiene trato anualmente con
los indios de su jurisdiccion que son muchos, y para explicar su crecido
nmero dicen estos que parecen llovidos, aunque no muy valientes; 
quienes tiene tan gratos por estar precisamente  sus rdenes. Tiene
caciques al modo nuestro, y uno superior entre ellos con quien tiene mas
estrecha amistad. Con estos hace sus juntas, convocando tambien  los
Peguenches, con quien conserva gran familiaridad; y as suelen hallarse
multitud de vocales en las juntas que hace. El punto de que con mayor
esfuerzo se trata con todos aquellos indios, es sobre que no permitan
llegar ninguno de afuera por los caminos que tenemos para all, ni por
la Cordillera inmediata  ellos, y que si alguno lo intentase, que lo
maten, sin la menor conmiseracion. Lo que hace creer se hallan contentos
en su retiro aquellos espaoles, supongo sern los superiores, y que
aquellos signos de papeles, &a. sern de la plebe, que, oprimida, desea
sacudir el yugo.

Sin embargo cuando por rden de Nuestro Exmo. Seor Virey, D. Manuel de
Amat, Capitan General entonces de este reyno de Chile, se emprendi
aquella famosa salida para los llanos, que fu terror de los indios, s
de cierto, por varios de estos que me lo aseguraron, fu pblico en esta
plaza, que estando disponiendose los nuestros para ella, lleg la
noticia  aquellos espaoles, con la que ordenaron salir  encontrarse
con nosotros, no s con que fin. Estando en estas disposiciones, lleg
nuestro campo  orillas de rio Bueno, en donde la noche de su llegada
tuvo aquel tan notorio ataque, que habiendo oido los espaoles de la
laguna en el silencio de la noche,  la inmediacion de la ciudad, los
tiros de los pedreros y esmeriles, salieron  los dos  tres dias con
300 hombres, segun los indios se explican y tiraron derechos para rio
Bueno. Al segundo dia de su marcha supieron la retirada de los nuestros
por los mismos indios, pero con todo no desistieron del empeo de
caminar; en cuya vista los indios aquella noche hicieron su consejo, y
resolvieron atacarlos  la maana, y si posible fuese acabarlos: con
efecto presentaron la batalla en la que pelearon unos y otros con grande
valor, y que dur algunas horas, pues disputaban con iguales armas:
murieron un sin nmero de indios y bastantes espaoles, pero qued el
campo por estos, aunque con la muerte de su esforzado capitan. La
noticia de esta pelea procuraron obscurecerla, encomendando con pena de
la vida su sigilo, para que no llegra  nosotros.

El camino de menos rios, aunque mas dilatado, para aquellas dos
ciudades, es el que llamamos de los Llanos, por donde march nuestra
tropa hasta el rio Bueno. Este camino consta de una montaa como de
catorce leguas de largo, principia en el rio de Anquechilla, en donde
tenemos nuestra continua centinela para los indios, y termina en
Guequeciona: de ah hasta el rio Bueno no se ofrece montaa ni loma, y
s arroyos pequeos. De Anquechilla al rio Bueno, se regulan seis dias
de camino. Este rio es ancho, profundo y sin corriente: de ah para la
ciudad de los espaoles es todo llano, hasta llegar al cerro ya dicho de
los Cochinos. Este es un bajo, en el que hay muchos cochinos alzados, de
los que se aprovechan los espaoles, y tambien los indios. Al pi de
este cerro, por la banda de la ciudad, hay dos riachuelos, ambos de
vado; el primero llamado Yoyelque, y el segundo Daulluco: este es el mas
cercano  la ciudad, que dista como cuatro leguas, tomando el camino de
un pedregal grande, siempre  orillas de la laguna, hasta llegar  la
primera fortaleza de foso.

El segundo camino es el que llamamos de Guinchilca,  Ranco: este es mas
derecho, pero de muchos rios y arroyos, pues saliendo de la plaza hay el
Guaquelque,  Cuicuitelfu, Collitelfu, Guinchilca (se pasan cuatro
veces, pero todos son de vado) y rio Bueno. Saliendo de Valdivia, hay
como veinte leguas de montaa, y termina esta en Guinchilca, en la que
hay tres rios de los dichos. El camino de la dicha montaa es ancho y
llano, con algunos malos pasos, fciles de componer. Lo mas fragoso de
l se puede andar por el rio, hasta un lugar de indios, llamado
Calle-calle. Antes de llegar al rio Bueno se ofrece una montaa baja,
poco espesa, y de pocas leguas, al fin de la cual se d con el Rio
Bueno. De ah  poca distancia, siguiendo el camino de los espaoles
hasta el fuerte de Osorno, caminando al sur, de all al este, cosa de
una jornada, est la ciudad de Osorno, pero en seguida de dicho fuerte
al sur,  muy corto trecho, se d con la gran laguna de Ranco que es el
asilo de los espaoles, y sigue  orillas de ella por el pedregal. Este
camino es de carretas, y no hay la pension de trepar cerro alguno, desde
Guinchilca  la ciudad: por l se manejaban antiguamente los de Osorno.
En la distancia que hay de Guinchilca  aquel pueblo, se presentan
varias ruinas de fuertes pequeos, que segun la tradicion de los indios
eran escala  jornadas, que hacian los que de esta plaza iban  aquella
ciudad. Esta es toda la serie de noticias, que de aquella incognita
ciudad he adquirido,  costa de incesantes trabajos, de cuya existencia
no me queda duda y en todo tiempo me obligo  mostrar el camino, 
caminos que conducen  ella: lo que aseguro por Dios Nuestro Seor, y
esta seal de la cruz, y mi palabra de honor. Y para mayor prueba de la
verdad, expongo  continuacion los principales sugetos  caciques,
despues de otros muchos de menos suposicion, que me han asegurado, con
algunas noticias mas que pongo, dadas por varios que no cito,
concordando unos con otros en el modo de decir y explicar lo que de
aquella ciudad saben.

El cacique Mariman me asegur haber divisado la ciudad desde el cerro de
los Cochinos, que se halla en la laguna de Ranco, y que sabia eran los
espaoles de Osorno, que nunca fueron vencidos, que son muchos, y muy
valientes. Sabe que por falta de viveres desampararon su tierra, despues
de haber comido gente muerta, y ganaron aquella isla, en donde
encontraron mucho ganado y grano de las haciendas que all tenian varios
espaoles acaudalados de la misma Osorno: que la causa de guardar tanto
sigilo era porque no los tuviesemos tributarios como en los tiempos
antiguos: que estan inmediatos  la Cordillera. Que la ciudad desierta
est prxima  los espaoles, y aun se mantiene murada, que solo han
caido las puertas, y de las torres las medias naranjas; que hay otro
fuerte de la citada ciudad, mirado con pocas ruinas. Hasta hoy es una
isla que hace la misma gran laguna de Ranco al principio de ella, de
donde no divisan la poblacion de espaoles. Que este fuerte nadie lo
habitaba: las armas que usan eran espadas y lanzas: que tienen
artilleria, porque hacen  tiempos las descargas.

Dos indios de las cercanias de aquellos espaoles me exponen igualmente,
aadiendo tienen amistad con los indios inmediatos, con quienes hacen
sus juntas.

Por el indio Quaiquil supe igualmente, y aadi los habia visto: eran
corpulentos, blancos y rubios; que la entrada en la isla es por una
garganta corta de tierra, que tiene un foso, muralla, puente levadizo, y
muchas embarcaciones: que usan espada y lanza, tienen artilleria,
lienzos y plata, y mucho ganado mayor y menor. Segun compend, su
vestuario es musgo, y  lo antiguo; que cuando la funcion de los Llanos,
habian salido  encontrarse con nosotros, pero que los indios les dieron
guerra, y que se mand guardar secreto con pena de la vida.

El cacique Carriblanca, al ao de la funcion de los Llanos, habiendo yo
pasado  su tierra, se vali de m para que le consiguiese la entrada en
esta plaza (estaba privado  los de su jurisdiccion), para comunicar al
Sr. Gobernador ciertos asuntos; y hacindole cargo del motivo que tenia
para no dar paso  la ciudad de los espaoles alzados, y porque guardaba
secreto en una cosa tan sabida, me respondi, que desde sus antepasados
tenia obligacion de guardar sigilo, y de negar el camino como dueo de
l. Pero que si ya lo habian declarado otros, mal podia negarlo l, y me
di las mismas seas que los otros, aadiendo que del rio Bueno  los
espaoles hay dia y medio de caminos y que le dijese  mi Gobernador que
en el caso de querer reconocerlos, no fuesen tan pocos como el ao
antecedente, sino que pasase de mil hombres la tropa, pues eran muchos
los indios que habia. Todo lo que hice presente al Gobernador D. Tomas
Carminate, quien respondi que nada creia de aquello, y que el comisario
le decia no convenia viniese  Valdivia dicho cacique; y con mi
respuesta que esperaba, dej de venir.

En el mismo mes, conversando con Pascual, cacique del otro lado del rio
Bueno, delante de Tomas Silva, vecino de esta plaza, me di las mismas
seas que los anteriores; y expuso que cerca de su casa hay un cerro
bajo  loma, de donde no solo se divisa la ciudad, sino hasta la ropa
blanca que lavan, y bajado este cerro, habr cuatro leguas de distancia
por el pedregal  orilla de la laguna.

El mismo Pascual,  mediados de este ao de 1773, hablando con Gregorio
Solis, vecino de esta plaza, le cont la serie de seales que he dicho,
mostrandole desde su casa el sitio donde las ponen, y aadi, como que
le consultaba, qu prmio le pareceria que le daria nuestro Rey, en el
caso de descubrir el camino de la ciudad? Que ya consideraba lo harian
rico, y capitan de sus tierras, pero que aquello era conversacion. Esta
Solia era hombre de verdad, y muy conocido entre ellos.

El capitanejo Necultripay me comunic haber estado en varias ocasiones 
lo de estos espaoles, acompaado de los indios imediatos  los dichos.
Le supliqu me llevase una carta, y me respondi no podia, por los
motivos de brugeria, que ya dije; y tambien por ser costumbre entre
ellos ir acompaados entre aquellos indios, los que si lo entendieran,
le quitarian la vida. Pero que si el Gobernador resolvia reconocerlos,
iria de guia, y en su defecto  nadie se lo dijese, que l se ofrecia,
porque perderia la vida. Noticia que expuse  D. Felix Berroeta,
Gobernador de esta, quien la agradeci mucho, y me encarg continuase
con toda eficacia la correspondencia con estos indios, ofrecindome para
el fin del descubrimiento, si era necesario, su caudal. Pero con su
muerte se frustraron nuestras ideas. Despues de algun tiempo la misma
noticia expuse  D. Juan Gartan Gobernador de esta, quien sin examinar
las circunstancias, me dijo que todo lo tenia por fbula. En cuanto 
las armas, situacion, caudales y vestimenta, coinciden las seales del
capitanejo con las precedentes. A los pocos dias me v con el hijo del
citado capitanejo, que me expuso lo mismo que su padre, sin haber estado
presente cuando su declaracion.

Contra, indio de respeto entre ellos, me declar igualmente que los
antecedentes, y que no los ha tratado, mas sabe que hay mucha gente, y
de valor, que nunca los han vencido, y sabe son los de Osorno.

Cumilaf, l del otro lado del rio Bueno, me asegur vivia inmediato 
los espaoles de la laguna, que son acaudalados de plata y ganado; pero
pobres en fierro y ail, y que tampoco tiene abalorios, dando las
propias seas en situacion, armas y caminos.

Guisieyau, expone lo mismo, y aade ha estado dos veces en aquella
ciudad: la una vez entr  comprarles ag con los indios inmediatos, y
me mostr un caballo que le habia vendido por un sable, y la marca que
tenia est en cifra.

Amotripay y sus hijos lo mismo declararon, sin temor alguno: son indios
de respeto entre ellos; viven de la otra parte del rio Bueno..

Lancopaguy, lo mismo, y muy por menor de la situacion, armas caudales y
caminos.

Gedacoy, igualmente, aadiendo era mejor camino el de Ranco por ser mas
llano, aunque, de mas rios, y todos convienen en esto. Tambien me dijo
que la causa de no dar paso los indios por aquel camino, ni admitir
conchabados es, porque no vean las ciudades, y tengan noticia por all
de aquellos espaoles.

Calfuy da noticia hasta del nombre de los caciques, amigos de los
espaoles.

Rupayan d cuenta de la situacion, armas, caudales, y de haber
encontrado sal.

Artillanca manifiesta lo mismo.

Antipan se esplaya mas sobre las circunstancias de la laguna y
fortaleza de la primera ciudad, y situacion de la segunda, y las islas
que hay dentro de la laguna.

Paqui dice que sabe estan los espaoles en aquella isla, y d muchos
detalles, los que concuerdan con las exposiciones precedentes.


Todos los citados son entre ellos personas de suposicion, para formar
total concepto de la verdad que expresan, especialmente combinandose sus
declaraciones, como tambien las de otros indios pobres, y de poca
autoridad. Y para que en todo tiempo conste esta informacion de la
incognita ciudad de Osorno, ademas del juramento que tengo hecho, me
sugeto  la pena que se me quiera imponer, en el caso de no ser cierta
la existencia de estos espaoles, en el lugar que nomino. Y por ser as,
lo firmo en la plaza de Valdivia  tres dias del mes de Enero de 1774.

IGNACIO PINUER.




COPIA.

_De la carta escrita por D. Agustin de Jauregui, Presidente de Chile, al
Exmo. Sr. Virey del Per._


EXMO. SEOR,--

D. Ignacio Pinuer, capitan graduado, y lengua general de la plaza y
ciudad de Valdivia, me remiti una relacion jurada y circunstanciada de
las noticias que tenia de personas que en ella cita, de existir  la
orilla de la laguna Ranco, madre del rio Bueno, distante poco mas 
menos de cuarenta leguas de aquella plaza, y tres  cuatro de la antigua
desolada ciudad de Osorno, hcia el sur, dos poblaciones de espaoles,
cuyos causantes insina haber sido originados de la expresada ciudad, y
que en el alzamiento general del siglo pasado en que destruyeron los
indios siete ciudades, se mantuvo esta sitiada mucho tiempo de los
brbaros; pero que al fin consiguieron salir libres, y ocultarse en
aquellas inmediaciones en donde se situaron, aprovechndose de las
proporciones que ofrece el parage en que se hallan, resguardados de la
misma laguna, y de un lodazal impenetrable; sin quedar mas que un
estrecho camino que sirve de entrada y salida, de muy fcil defensa; 
que han aadido fosos, y rebellines con puente levadizo, libres por esta
industria de ser invadidos de los infieles comarcanos, sobre quienes
parece que en la actualidad tienen adquirido dominio y subordinacion,
concurriendo  las juntas  que los citan con la obligacion de guardar
secreto de su permanencia en aquel oculto destino: que tienen murallas y
casas de juncos, alguna artilleria y buenas armas. Inmediatamente libr
providencia, para que el Gobernador de aquella plaza hiciese con toda
cautela y reserva informacion de los hechos expuestos, examinando con la
solemnidad del juramento al autor de las noticias referidas, y  los
demas que expresaban ser sabedores de ellas. Y supuesto su allanamiento
de acreditar la verdad por los medios que proponia, que lo auxiliase en
lo posible y preciso: advirtindole que para asegurar el asenso  su
informe, procurase traer algunas prendas de las particulares que tengan,
 de que usen aquellos espaoles. Antes de que llegase  manos del
referido Gobernador esta providencia, recib las que habia dado sobre el
mismo asunto, en virtud del aviso de D. Juan Enriques, cadete de
aquella guarnicion, que concordaban en substancia con lo que dijo
Pinuer, acompandolas con carta de 28 de Febrero de este ao, en que se
incluye una copia que dirigi por el mismo cadete  los que tuviesen el
mando de las antedichas poblaciones,  efecto de que supiesen lo
inmediatos que estamos los de su nacion, y el deseo de descubrirlos y
sacarlos de aquel cautiverio, y la felicidad que les proporcionaba la
Divina Providencia para el mas claro conocimiento de nuestra sagrada
religion, incitndoles  la comunicacion. Igualmente se comprenden las
formalidades legalizadas, y las declaraciones del cadete Enriques y de
su ordenanza Baltazar Ramirez, soldado de aquella plaza, de haber
llegado  casa del cacique, nombrado Lipique, que vive en la entrada del
Rancon,  distancia de veinte y cuatro leguas de la plaza. Que all
entreg la carta al soldado Ramrez; que ste pas con ella disfrazado
de indio  la del cacique, llamado Limay, ocho leguas mas adentro, y que
de all di la carta al indio, nombrado Quaripangui, para entregarla 
los espaoles que distan diez leguas hcia la Cordillera: obligandose,
en fuerza de lo que se le gratificaba,  volver con la respuesta dentro
de un mes, aadiendo el soldado haberse visto en grande peligro,  causa
de un grande trozo de indios que llegaron  lo del citado cacique Limay,
con el fin de quitarle la vida, porque sabian ser su solicitud el
descubrimiento de los espaoles, segun lo que habia dicho otro soldado,
nombrado Marcelo Silva, al cacique Pallaturreo, y otros, y que todos
estaban alborotados con este motivo.--El Gobernador concluye diciendo,
que siempre ser necesaria la fuerza, por el empeo con que los indios
los ocultan; y aunque por ahora no hay mayor fundamento para asentir 
dichas noticias, ni hacer por ellas novedad, llevar adelante las
providencias que faciliten mejor, y dn una idea mas fundada de lo que
haya en realidad. Persuadindole desde luego que,  ser ciertas estas
poblaciones, sern de las que se solicitaban con el nombre de los
Csares, por conformarse las tradiciones de su ubicacion con las
noticias referidas, de cuya resulta dar puntual noticia  V.E. en la
primera ocasion que se presente.--Nuestro Seor guarde  V.E. muchos
aos. Santiago 29 de Marzo de 1774. Exmo Seor: B.L.M. de V.E., su mas
rendido servidor.--

D. AGUSTN DE JAUREGUI.

Exmo. Seor, D. Manuel de Amat.




NUEVO

_Descubrimiento preparado por el Gobernador de Valdivia el ao de 1777._


Salieron del fuerte de Rio Bueno dos cadetes, un sargento, el
condestable y seis soldados, acompaados de varios caciques de indios; y
dirigindose hcia el este,  cosa de 34 leguas dieron con la laguna de
Puyechu, donde formaron una canoa y pasaron algunos  la otra banda de
dicha laguna, que tendr como 4 leguas de diametro, y 25 de
circunferencia, con nueve islas inhabitadas; la que reconocieron. De
este parage caminando al sur,  cosa de seis leguas de distancia,
hallaron otra laguna, llamada Llavequegue, donde fabricaron otra canoa,
en la cual se embarcaron siete para reconocerla, y costendola por la
banda del este, al cabo de tres dias llegaron  su fin, al pi de la
Cordillera, donde descubrieron un volcan al est-nord-este, cuyo nombre
ignoran. Y no hallando mas que tremendos riscos y montaas, volvieron al
alojamiento de Llavequegue  Llauquehue, y despues al Puyechu,  donde
llegaron siete dias despues que los demas.

En este parage, instando de nuevo  los indios que los guiasen al
descubrimiento, quedaron de acuerdo en que seguirian el viage dentro de
tres dias. Al cabo de este tiempo, salieron divididos en dos partidas;
siguieron viage por tierra  pi, con sus bastimentos y municiones  las
espaldas, ocho soldados con su sargento, y llegaron  la orilla de la
laguna de Llavequegue; y hallando la canoa en el mismo sitio en que la
habian dejado, pasaron al dia siguiente  una punta opuesta, y en el
otro navegaron cosa de dos leguas, hasta un arenal donde desembarcaron.
Los indios, acompaados de la otra partida, siguieron adelante, abriendo
camino por montaas y cordilleras en todo aquel dia, y al siguiente se
unieron, y todos juntos pasaron un fuerte temporal, que dur tres dias y
cuatro noches; y pasado este, siguieron el dos dias mas de camino, y en
el primero, hallndose en un alto de la Cordillera, descubrieron el
estremo de una laguna grande, y una tierra baja muy dilatada.

Caminando mas adelante, se echaron los indios en tierra, diciendo que
no podian mas, y viendo que ni por ruegos ni ofertas, pudieron
conseguir que prosiguiesen adelante, subieron  un rbol de mas de
treinta varas de alto, de donde descubrieron una laguna grande de tierra
llana y dilatada con una isla en medio, que despues dijeron los indios,
ser esta la laguna Puraya, y que la isla que tenia se llama Jolten,
habitada de indios y espaoles. Habrian caminado en los tres dias como
doce leguas, segun su cmputo, desde la laguna Llauquehuc hasta este
parage, de donde marcaron la laguna de Puraya al sueste; y hallndose
sin guia, bastimentos, ni fuerza, determinaron volver al fuerte de Rio
Bueno.

En la ltima entrada, acompaados de varios indios, pasaron la laguna de
Puechu, y la de Llauquehuc, donde hallaron sus canoas; y usando de
ellas como antes, por la misma derrota llegaron  las seales que les
di el indio Turin, que fueron un pedregal y riachuelo, en cuyo arenal
quedaron cinco con cuatro indios por cansados, aburridos y escasos de
viveres. Pero siguiendo adelante los demas, declararon unnimes, que
despues de reconocido el pedregal y riachuelo, no habiendo ya montaa
que romper, subieron al volcan de Purarauque, que se forma de pampa de
piedra menuda, quemada como escria, y subiendo hasta la mitad de su
altura, ya tocando la nieve, hicieron alto para pasar la noche. Que al
dia siguiente oyeron tiros de artilleria, y saliendo de all  reconocer
con la vista lo que alcanzasen, faldearon el cerro por la izquierda, y
guiados por la sea, descubrieron la pampa grande del otro lado con el
riachuelo, y una laguna que estaba entre riscos al pi del volcan; pero
desfallecidos, por no haber comido dos dias, y lastimados los pies de
tanto andar, pues juzgan que anduvieron mas de veinte leguas, en los
nueve dias, hasta Puechu, y de all todos juntos al Rio Bueno.

Generalmente convienen, segun las relaciones de los indios, en que hay
tales espaoles, diciendo algunos que son ingleses, diferenciando
algunos en las poblaciones, pero concordes en que son muchos, y en que
se defendern, porque son muy guapos: y los distinguen en dos naciones
diversas, expresando que los Morohuincas estan muy lejos  retirados,
fortalecidos en sitio superior, y unidos con los Peguenches,  quienes
hacen sus parlamentos, y aun dicen que tienen noticia que les entran
embarcaciones. A otros llaman Aucahuincas, que dicen estan junto  la
laguna de Puraya: que estos son de Osorno, y que tienen guerra con los
Morohuincas.




DECLARACION _Del capitan D. Fermin Villagran, sobre la ciudad de los
Csares. (1781.)_


Yo el Capitan de dragones de este Real Ejrcito, y Comandante de dicha
plaza, D. Jos Maria Prieto: habiendo tenido rden verbal del Coronel de
caballeria, Maestro de Campo, General y Gobernador de esta frontera D.
Ambrosio de O'Higgins, para tomar declaracion al capitan de la reduccion
de Maguegua, D. Fermin Villagran, sobre noticias que ha adquirido en su
dicha reduccion, por un indio Guilliche, de un establecimiento de
espaoles, situado en un parage llamado _Muileu_, le hice comparecer
ante m, y le mand hacer la seal de la cruz, bajo la cual prometi
decir verdad, y lo que sabe sobre este asunto, con toda individualidad
en cuanto fuese preguntado: y habindolo sido sobre qu es lo que sabe
del citado indio; dijo:--Que habiendo pasado  su reduccion  dejar al
cacique Loncomilla, de resultas de habar bajado ste  ver al Sr.
Maestre de Campo de esta plaza, deseoso de averiguar el paradero de
ciertas cautivas espaolas que tenia noticia paraban entre los
Guilliches, habl con un indio de esta nacion, llamado Gechapague, 
quien pregunt por dichas cautivas, y le respondi, que all en su lugar
no habia ninguna. Replic el capitan que sabia haberlas all  en otro,
y respondi el Guilliche, que en otro lugar de mas adentro las habia, y
que stas ya los espaoles las estaban comprando. Y preguntndole 
dicho indio, qu espaoles las compraban? Respondi que eran unos que
estaban en un parage nombrado _Milec_. Y preguntndole  dicho indio,
qu  donde era ese parage? Respondi, que  donde entra en el mar el
rio de _Meuquen_  _Neuquen_,  la otra parte de la Cordillera. Y
preguntndole, como habian llegado all aquellos espaoles? Respondi,
que en cuatro  cinco embarcaciones. Y preguntndole, qu nmero de
gentes espaolas habia en aquel lugar? Respondi, que habria mil
presonas. Mas tambien le pregunt dicho capitan al citado indio, que de
qu armas usaban aquellos espaoles? Y respondi, que tenian caones de
artilleria muy grandes, y que tenian bastantes. Y preguntndole asimismo
de qu vestuario usaban? Respondi, que de pao. Y preguntndole, que
como,  de que se mantenian all dichos espaoles? Respondi, que luego
que llegaron, habian padecido muchas necesidades, y que en el dia se
bastimentaban por los indios con vacas y caballos que les llevaban 
vender; y que los dichos espaoles, tambien salian de diez en diez 
tratar con ellos, y hacer este conchabo. Y aadi dicho indio, que los
dichos espaoles decian, que aquel establecimiento distaba de su tierra
ocho dias de navegacion; y que lo que lleva declarado, no solo lo supo
por el indio referido, sino por otros tres mas, quienes le relacionaron
lo mismo. Y sindolo leida esta declaracion, dijo: no tener mas que
decir, aadir ni quitar  lo que lleva declarado; y que esta es la
verdad, s cargo del juramento lo que lleva hecho. En el que se afirm y
ratific, y firm junto con migo en dicha plaza, mes y ao.

_Fermin Villagran.--Jos Maria Prieto._




INFORME

_Y dictmen del Fiscal de Chile sobre las ciudades de los Csares, y los
arbitrios que se deberian emplear para descubrirlas. (1782.)_


El Fiscal de Su Magestad en lo criminal, en consecuencia y cumplimiento
del superior decreto de V.S., de 16 de Abril ltimo, ha reconocido los
nueve cuadernos de autos que se han formado sobre descubrir las
poblaciones de espaoles y extrangeros, que se presume hay en las
alturas y parte meridional de este reyno; y as mismo el que se cri el
ao de 1763,  instancia del Gobernador y vecinos de la provincia de
Chilo, sobre la apertura del camino de Osorno y rio Bueno. Y en
inteligencia de cuanto de ellos resulta, dice:--Que, aunque enterado de
la arduidad del asunto, que comprende este espediente, ha procurado
despacharlo con la brevedad posible, le ha sido forzoso retardar su
respuesta hasta hoy, as porque le ha sido indispensable hacer detenidas
reflexiones en cada uno de los diez procesos  que est reducido, como
porque el despacho diario de los negocios concernientes  su ministerio
le han embarazado mucha parte del tiempo que ha corrido desde el citado
dia 16 de Abril hasta el presente. En esta atencion, y cumpliendo con la
superior rden de V.S. contenida en el enunciado decreto, espondr lo
que le ocurra  cerca de las expediciones proyectadas en estos mismos
autos.

1. El objeto que las ha motivado es descubrir si en las alturas que en
este reyno se miran, desde los 40 grados hasta el estrecho de Magallanes
y cabo de Hornos, hay alguna  algunas poblaciones de espaoles 
colonias de extrangeros, como por tradicion de largos tiempos se nos ha
anunciado. Y en realidad, atendidas las actuaciones que formaliz el
coronel D. Joaquin de Espinosa, mientras tuvo  su cargo el gobierno de
la plaza; y presidio de Valdivia, parece no deba dudarse de la
existencia de tales poblaciones  colonias, para cuyo esclarecimiento y
evidencia hasta reconocer el dicho uniforme, y la atestacion antigua y
moderna de los caciques y principales indios que han trabado amistad con
los espaoles de la mencionada plaza.

2. En el primer cuaderno de las enunciadas actuaciones se reconocen
cuatro declaraciones, tomadas al capitan graduado D. Ignacio Pinuer,
comisario de naciones de aquella jurisdiccion; y en todas ellas asegura
bajo de juramento, que con motivo de la amistad estrecha que de muchos
tiempos  esta parte ha profesado con los caciques  indios de aquellos
contornos, y de la relacion de parentezco con que les ha tratado, le han
comunicado, que de la antigua ciudad de Osorno, al tiempo que fu
invadida por los indios, se retiraron despues de un largo sitio algunas
familias tierra adentro, y se situaron en un parage que era hacienda de
los mimos espaoles de Osorno. Que habindose defendido all mucho
tiempo, dieron contra los indios, y juntaron muchos ganados de los suyos
que se llevaron  su fuerte: y que en ese mismo parage se mantienen
hasta hoy, el cual dista de Osorno como cinco  seis leguas, porque hay
un pedregal grande que dar vuelta. Que se han mantenido en ese sitio 
fuerza de valor: que los indios les han hecho muchas entradas, y no los
han podido vencer: que para salir les impide ser una sola la entrada, en
la que hay un cerro donde tienen un sentinela los indios para avisar si
alguno sale, y atajarlo, como ha sucedido con algunos: que son muchos
los que lo han intentado, y han sido muertos por los indios, por lo que
solo se mantienen defendiendo las entradas. Que es cierto tienen dos
poblaciones; la principal en una isla en donde ya no cabian, por lo que
se han pasado  la tierra firme en frente, desde la que se comunican por
agua; porque donde est la ciudad principal, es en medio de una laguna,
y solo tiene entrada  la tierra por un _chapad_,  pantano, en que
tienen puente levadizo. Que sabe tienen artilleria, aunque pequea, y
usan de las armas de lanza y espada: que es mucho el nmero de gente, y
visten camisa, y segun explican los indios, calzon de buch y chupan,
porque no saben explicarse. Que tienen casas de teja y paja, fosos y
revellines: que tienen siembras de ag, que es con lo que comercian con
los indios, quienes les llevan sal de la que sacan de Valdivia: que
tambien les llevan achas y cosas de fierro, por vacas y caballos que
tienen muchos. Que hablan lengua espaola, pero que, aunque los indios
les han llevado indio ladino, no les entienden bien. Que tambien hablan
lengua ndica; y que usan marcas, yerros espaoles en las vacas y
caballos las cuales ha visto el mismo Pinuer. Finalmente testifica que
tambien sabe, que estos no son los que llaman _Csares_, porque hay
otras poblaciones de espaoles hcia el Estrecho, que segun dicen los
indios son de navios perdidos. Que su conocimiento y trato con ellos, de
40 aos  esta parte, sus entradas  la tierra, y el llamarlos
parientes, y amigos con alguna sagacidad que ha puesto para saber este
asunto, le ha hecho noticioso de que es cierto lo expuesto, y de que
existen tales poblaciones, porque lo ha oido decir  indios principales
caciques de razon, y lo ha confrontado con lo mismo que ha oido  otros,
y todos concuerdan en una misma cosa. Que el haberlo ocultado los
indios es, porque de padres  hijos se han juramentado el callarlo, y es
rito  ley ya entre ellos; y aun por esta razon se han mantenido
alzados, sin nuestra comunicacion, todos los de la otra banda. Que sabe
que este juramento y sigilo ha sido, porque tienen por abuso decirse
unos  otros, que si los descubrian los harian esclavos los espaoles, y
los sugetarian  encomiendas: por cuya causa al que han sabido
formalmente que le ha descubierto le han quitado la vida. Que el saberlo
el declarante es porque, habindose dado muchos aos h por pariente de
dos caciques de los alzados, del otro lado del rio Bueno, nombrados,
Amotipay y Necultipay, estos con gran secreto se lo contaban, y por
haber Amotipay venido  verle,  su regreso le dieron veneno los indios,
y que Necultipay ofreci al declarante llevarlo  la ciudad, pero que no
se verific por haber fallecido, dejndolo por heredero de sus tierras.
Que hoy dia ya se habla de esto con menos reparo entre los indios,
porque dicen que se ha publicado; y que ahora tres aos se hizo una gran
junta de los indios alzados, y en ella ofrecieron primero morir que
rendirse, ni desamparar sus tierras, porque tenian noticias de que los
espaoles de Chilo, salian en solicitud de estos otros espaoles, y
poblar primero  Osorno. Y en otro lugar confirmando estas mismas
noticias, dice: que hcia el cabo de Hornos, hay otra poblacion, que
discurren los indios ha resultado, y aun aseguran que proceden, de
navios extrangeros perdidos, y que hay tres ciudades grandes y otras
pequeas; lo que le ha asegurado el indio que las ha visto. Y mas
adelante, que ser necesaria tropa para hacer este descubrimiento,
porque no duda que se ha de oponer mucha indiada, que es gente
aguerrida, y que conoce sus terrenos. Que hay muchos retazos de monte y
rio, y la distancia ser de cerca de 40 leguas: y que todo se ha de
vencer  fuerza de armas; pues, aunque no hagan frente formal los
indios, harn emboscadas y avances de noche,  la multitud puede
obligarles  presentar batalla formal: y as, que considera ser
convenientes mil hombres, atendiendo tambien  no saberse con
certidumbre si estos espaoles querrn entregarse  mantenerse all con
el dominio que han establecido.

3. Lo mismo, aunque con menos puntualidad, testifican Gregorio Solis,
Marcelo Silva, el cadete D. Juan Henriques, Francisco Aguto capitan de
Amigos, de la reduccion de Calle-calle, el lengua general D. Juan de
Castro, Casimiro Mena, Baltazar Ramirez: y el Reverendo Padre lector Fr.
Buenaventura de Zarate, guardian del convento de D. Francisco de la Isla
de Macera, declara, que habiendo tenido en su servicio, por espacio de 6
aos,  un indio cristiano, llamado Nicolas Confianza, muy ladino y
enterado de nuestra religion  idioma, siendo ya de edad de 60 aos,
cay enfermo, y estando desauciado, y disponindose para morir, le dijo:
que queria hacer por escrito una declaracion que hallaba por muy
conveniente al servicio de Dios, porque tenia mucho temor de ir  su
divina presencia, sin manifestar lo que sabia. Que habindole tomado
como pudo su dicho, declar: que siendo moceton, hizo una muerte en
Calle-calle, jurisdiccion de Valdivia, con cuyo motivo se fu fugitivo 
los Llanos, y de all al otro lado del rio Bueno, donde lo ampar un
cacique tio suyo; haciendo de l mucha confianza para sus tratos y
conchabos. Que con esta ocasion le enviaba hcia la ciudad de los
espaoles que hay, procedidos de los de Osorno, junto  la Cordillera, 
que viese  otro cacique que servia de sentinela  dichos espaoles. Que
era cierto que estaban all fundados y establecidos con ciudades
fortificadas, y una noche oy hablar dos de ellos con el cacique donde
estaba alojado, sobre un conchabo de lo que llevaba dicho indio, que
eran achas y sal: que los espaoles traian ag, lienzo y bayeta, con lo
que cange,  conchav, y el lienzo era como el de Chilo. Que es
verdadera la existencia de estos espaoles, y que el castellano que
hablan no es muy claro: y por ltimo que decia esto, estando ya para
morir, y conocia el trance en que se hallaba, y la cuenta que habia de
dar  Dios. Que este indio era muy racional y cristiano, por lo que el
padre declarante asegura, que no solo en esta ocasion, sino en otras
muchas conversaciones antes de este lance, siempre le habia referido lo
mismo, con cuyo respecto dice, que tiene satisfaccion de la verdad de
cuanto el indio le decia.

4. A fojas 49 del mismo cuaderno 1. se reconoce la declaracion que se
tom al indio Santiago Pagniqu, morador y vecino de Ranco, y en ella se
v que por el riesgo  que se exponia de que lo matasen sus
compatriotas, en caso de saber que l habia declarado lo que ellos tanto
ocultaban, expres con lgrimas en los ojos, que sabe real y
verdaderamente que estan los espaoles en la laguna de Puyequ, pasado
la que se repecha un risco, y hay un estero que llaman Llauqueco, muy
correntoso y profundo, y es en donde los indios tienen su sentinela,
para no dejar entrar ni salir  ningun espaol, de una parte ni otra.
Que para dar la vuelta  entrar donde estn los espaoles, hay mucha
risqueria, pero que del cerro de Llauqueco se divisa la poblacion, y
algunas colorean como tejas. Que hay muchos espaoles, y que se visten
de lienzo, porque siembran mucho lino, y tienen pao muzgo y colorado
que tien con _relvun_. Que tienen iglesia, lo que sabe por otro que
estuvo all seis dias en tiempo que hicieron una procesion, y que la
tienen cubierta de plata, que parece una ascua. Que  este indio lo
llev  escondidas un cacique que mandaba el sentinela, y le encarg que
no le viesen, porque le quitarian la vida aquellos espaoles. Que desde
que naci sabe que estan ah esos espaoles; y desde Valdivia all hay
cinco dias de camino, con otras particularidades que refiere; entre las
que expresa los rios y esteros caudalosos que hay que pasar, y los
indios que guardan la entrada.

5. El cacique nombrado Artillanca, que lo es de la reduccion de
Guinchilca, declara  fojas 50 que estan all aquellos espaoles, en la
laguna de Puyequ: que l tiene conocimiento de muchos aos  esta
parte, y desde que tiene uso de razon, sabe que all estan acimentados.
Que todos los indios con quienes ha comunicado, y particularmente sus
padres y abuelos, siempre le han contado lo mismo, adquirido de aquellos
indios que tratan con los espaoles. Que estos son muchsimos, y tienen
su Rey, pero que segun sabe de cierto, ellos no han querido salir,
porque ahora aos hicieron un parlamento, y digeron en l que tenian
todo lo que habia menester, y no querian sugetarse al Rey de Espaa. Que
ahora tiempo tuvieron estos espaoles una campaa con los indios
fronterizos, en la que mataron  seis caciques principales y 
muchsimos indios. Que despues ac no han tenido guerra, pero que tienen
muy cuidado el camino, para que no se salga, ni entre  su poblacion; y
que donde est el sentinela hay una angostura, en donde los espaoles
suelen poner una cruz; pero los indios la quitan y les ponen una macana
con sangre. Que tienen iglesia grande en su poblacion, y mucha plata y
oro que all sacan. Que visten de muzgo y colorado, son muy guerreros,
tienen ganados y siembran mucho. Que si los nuestros quisieran ir all,
hallarian mucha oposicion, porque hay muchos indios alzados que lo
impiden. Que el camino mas derecho para ir  estas poblaciones es el de
los Llanos, mejor que por Guinchilca; y que aunque en tiempo del
Gobernador D. Juan Navarro, se le pregunt sobre este asunto, lo ocult,
porque ha tenido miedo si decia algo, de que lo matasen sus contrarios.
Pero que ahora estaba tan agradecido del cortejo que le habia hecho D.
Joaquin de Espinosa, y tan satisfecho de su amistad, que no habia podido
callarle nada, y as le habia abierto su pecho, para decirle la verdad
de todo lo que sabe.

6.. A fojas 89 declara el cacique Llancapichun, de la reduccion de
Ranco, con el indio Santiago Pagniqu, que es cierto y evidente que se
hallan all aquellas gentes espaolas en el otro lado de una laguna
grande, nombrada de Puyegu: que es mucha la gente que hay, toda blanca,
como nosotros: que usan de los mismos vestidos, que tienen casas,
murallas, y embarcaciones con que se manejan en la laguna, y salen 
pescar. Que tienen tambien armas de fuego; y que no solo hay esta
poblacion sino otra mas adentro: que ellos estn prontos  guiar  los
nuestros, si quieren pasar all, pues ya conocen que queremos buscar 
los de nuestra sangre. Que tenian parlado ellos sobre el asunto con los
indios Puelches, de las inmediaciones de sus tierras, y les habian
ofrecido ayudar  los espaoles si entraban  sacar  los otros. Que se
oponen  esta entrada muchos indios que hay hasta llegar  la laguna,
que son los que siempre han defendido la entrada y salida de aquellas
gentes. Que desde la casa de Llancapichun, hasta llegar  la orilla de
la laguna, desde donde se divisan los espaoles que se buscan, hay
veinte y cuatro horas de camino montuoso, con algunas angosturas y
cerrillos. Que hay dos rios que pasar, cuyo trnsito puede facilitarse
con armar embarcaciones, que es muy fcil  los nuestros: y que as
estaban ya prontos  guiarnos, esperando solo la determinacion del
Gobernador,  quien ocurririan siempre que sus contrarios les quisiesen
insultar, por haber declarado estas noticias.

7. A fojas 26 del cuaderno segundo depusieron los caciques de Rio
Bueno, Queupul, Neyguir, Payllalao, Teuqueen y Millagueir, que era
cierto que estaban all tales espaoles, obligndose  ensear la
poblacion y  poner  los nuestros con el cacique Cailef en parage
donde la divisasen, y lo mismo aseguraron  Francisco Agurto, Blas Soto,
Miguel Espino y Tomas Encinas, los caciques Antili, Guayquipagni,
Tagollanca, Leficura, Carianc, y otros seis mas, segun consta de la
carta de fojas 35 de este propio cuaderno segundo, cuyas noticias
confirmaron al cadete D. Manuel de la Guarda: aadiendo el apronto de
sus lanzas, y que era preciso para ir sin susto, que la marcha para el
descubrimiento debia ser por el mes de Setiembre, y antes de que se
abriese la Cordillera, para no tener as temor de que los Peguenches y
Puelches saliesen  impedirles el paso.

8. Francisco Agurto declara nuevamente  fojas 49, que con motivo de
haber sido uno de los que fueron al otro lado del Rio Bueno en la
escolta que se di al cacique Queupul, como parcial nuestro, consigui
hablar sobre la existencia de los espaoles, nominados _Csares_, con
varios indios,  quienes por haber hallado muy adictos al Gobernador y 
los espaoles, pudo ya sin cautela tocarles este asunto de ellos,
siempre cautelosamente promovido. Que de estas conversaciones result
que el cacique Neucupangui, que tiene su habitacion y terreno adelante
de Rio Bueno hcia las cordilleras, le comunicase que los espaoles que
buscbamos, estaban  este lado de la Cordillera; pero que fuera de
estos habia al otro lado,  orillas del mar, otros _Huincas_, 
espaoles muy blancos, que eran muchos, y se hallan all poblados de
navos perdidos; que eran muy valientes, tenian murallas, y no se darian
por bien. Que eran muy ricos, y tenian comercio, porque entraban
embarcaciones en su puerto. Que esta gente se comunicaba con otros
llamados _Csares_, por un camino de risqueria, que solo  pi se podia,
andar, en que tardaban dos dias. Que toda esta declaracion la oy el
declarante, igualmente de otro cacique, llamado Imilguir, tambien de
tierra adentro, y que no duda de su certidumbre por la ingenuidad con
que le hablaban en este particular, pues dicindoles el que
declara:--"esos sern los de Chilo," respondieron:--"esos estn por ah
abajo, que no ignoramos nosotros para dar esta noticia": lo mismo que
repite este declarante  fojas 78, contando los pasages que le
ocurrieron al entrar  la laguna de Puyegu.

9. A fojas 15 dice la india Maria, natural de Naguelguap, que su madre
tenia amistad con unos espaoles que se hallaban inmediatos  su tierra,
y que con el motivo de haber caido enferma, la llev  una islita, en
donde habia un religioso y una seora de edad: que el religioso tenia
los hbitos como los de San Francisco, y la quizo bautizar, y ponerle
por nombre _Teresa_. Que dicho religioso estaba en la isla como
misionero, y  ella ocurrian  rezar algunos indios. Que inmediato  la
isla hay una poblacion, situada de la otra banda de la laguna de
Puyegu, en la cual hay algunos indios y muchos espaoles, los que
habitan en unos altos, sin permitir entrar  los indios. Y  distancia
de un dia de camino, hay otra poblacion, cuyos dueos tienen muchas
armas de fuego, y hablan distinta lengua que los primeros, los cuales
tienen muy pocas armas de fuego, y s muchas lanzas. Que mantienen
continua guerra con los de la segunda poblacion por causa de sus
ganados; y que los primeros, segun lo que la madre de la declarante le
tiene dicho, usan del vestuario como nosotros, y por zapatos, _sumeles_.
Que tienen comercio con los otros, de quienes se proveen de lienzos,
ail y chaquiras, y que tienen una especie de lana que se cria en
rboles, la que traen de la otra banda de la Cordillera, hacia el Cabo
de Hornos, conchavndola  los indios. Tambien que aquellos espaoles
solicitan saber de nosotros, pero que los indios les infunden temor,
diciendo: _que somos muy temerarios y tiranos_, y que por un rio grande
que es de mares, se comunican los de una poblacion con otra, por unas
barcas grandes.

10. A presencia de semejantes atestaciones, parece que no debe ya
dudarse de la existencia de aquellas poblaciones, bien sean de
espaoles,  bien sean de extrangeros, que segun el uniforme dicho de
los indios, hay en la una y otra banda de la Cordillera hcia la parte
del sur, y en la altura del estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos:
porque aunque no puede negarse que han producido con alguna variedad sus
asertos y noticias, en cuanto  la situacion de tales poblaciones, esto
puede provenir de varias causas y motivos. El primero de la misma
naturaleza de los indios, que siendo sumamente recelosos del espaol,
muy tmidos y observantes de sus ritos como leyes inviolables, segun lo
advierte Francisco Agurto,  fojas 98 vuelta, y en su declaracion de
fojas 96, no es inverosimil persuadirse, que ya que descubren el
secreto, para ellos misterioso, y de la mayor gravedad, varien en una 
otra circunstancia. El segundo, de que los intrpretes  lenguaraces no
hayan entendido bien lo que ellos han querido decir, explicando los
lugares de la situacion. Y el tercero, de que los mismos indios por su
rudeza no hayan sabido explicar este punto. Y as debe atenderse
principalmente  la substancia de lo que declaran acerca de la efectiva
existencia de dichas poblaciones, mayormente estando todos contestes en
cuanto  este punto, sin que lo contrario arguya el xito de las
expediciones hechas  costa del coronel D. Joaquin de Espinosa, de que
d puntual razon el Reverendo Padre Fray Benito Delgado, en su carta de
fojas 99 del 5. cuaderno, y  fojas 127 los cadetes D. Miguel, y D.
Manuel de la Guarda, D. Joaquin, y D. Juan Angel Cosio, el sargento
Gregorio Pinuer, el condestable Pedro Alvarez, los cabos Teodoro Negron,
y Feliciano Flores, y los soldados Francisco Agurto, Baltazar Ramirez,
Miguel Espino, Tomas Encinas, Andres Olguin, y Domingo Monte-alegre.
Pues, confesando que no pasaron  mucha distancia de las lagunas de
Poyequ y Llauquigue, ni llegaron  la otra laguna de Puraylla, que
divisaron desde un alto de la Cordillera, donde vieron algunos humos, y
que oyeron unos tiros, como de esmeril  pedrero, los que pudieron ser
efecto de los volcanes inmediatos, no debe tenerse esto por documento
suficiente que califique absolutamente la falsedad del comun y general
aserto de los indios, y mucho menos cuando los caciques, en el acto
mismo de reconocer estos espaoles las precitadas lagunas, ratificaron
las mismas noticias aseverando que los Moro-huincas de la segunda
poblacion son ingleses, y que son muy guapos, que estan muy lejos, y muy
fortificados, como se v  fojas 35 y fojas 36 de dicho 5. cuaderno.

11. Si V.S. recuerda las memorias de las pocas anteriores, hallar que
nuestra nacion espaola no tuvo mejores ni iguales fundamentos para
haber hecho los descubrimientos que admira todo el orbe. Despues que el
almirante D. Cristoval Colon, obtuvo las noticias que le comunic el
Piloto Alonso Sanchez de Huelva, de la nueva tierra que habia visto,
juzgndolas por sueo los de su propia repblica, y las coronas de
Portugal, Francia  Inglaterra,  quienes convid con ellas:--despues
que habiendo vencido inmensos trabajos, logr descubrir la isla nombrada
Guanani, que ultimamente se llam de San Salvador, no tuvo otro
comprobante de la existencia de las demas que hall, que el dicho y
aserto de los indios. Cuando Barco Nuez de Balboa descubri la tierra,
en que se fund la villa de Santa Maria, la antigua del Daryen, no tuvo
otro antecedente para saber de la situacion del mar del sur, y de las
tierras del Per que el dicho de un hijo del cacique Careta, apuntndole
con el dedo hcia el medio dia. El marquez D. Francisco Pizarro,
habiendo navegado hasta la tierra del Tumbez, no tuvo otro fundamento
para creer la existencia del Cuzco, su riqueza y poderoso imperio, que
el dicho de los mismos indios Tumbezes. Y en fin el Adelantado D. Diego
de Almagro, para haber tomado  su cargo el descubrimiento y conquista
de este reyno de Chile, no tuvo mas fundamento que las noticias que le
comunicaron en el Cuzco los indios de aquella jurisdiccion, igualmente
que el Inca Mango sucesor de los dos hermanos Guacan y Atahualpa. Con
que se concluye, que el simple dicho y aserto de los indios, por los
efectos que en todos tiempos ha causado, no debe despreciarse
enteramente, y mucho menos cuando es uniforme y conteste entre los
mismos que lo producen.

12. Bien es, que el demasiado deseo de nuestros espaoles por las
riquezas y metales preciosos, ha llegado  fabricar en sus ideas algunos
paises  poblaciones imaginarias en estas Amricas, cuya fantasa se ha
apoyado con el embuste de los indios, que por apartar de s  los
nuestros, han procurado empearlos en el descubrimiento y conquista de
algun pais riqusimo, que fingian hcia tal  tal parte: como sucede en
el Per, donde corre la opinion de que entre aquel reyno, y el Brasil
hay un dilatado y poderoso imperio,  quien llaman el _Gran Paytit_,
donde dicen se retir con inmensas riquezas el resto de los Incas,
cuando se conquist el Per por los espaoles, sustituyendo el nuevo
imperio en lugar del que habian perdido: sobre cuyo descubrimiento y
hallazgo se han dedicado muchos con esmero, y gastado crecidas
cantidades, sin otro fruto que el desengao. En la provincia de la
Guayana, que est al sur de Caracas, se dice as mismo que hay un
pueblo,  quien llaman _el Dorado_, por ser tan rico, que las tejas de
las casas son de oro; y al norte del nuevo Mjico, que hay un pais
denominado la _Gran Quivira_, reducido  un imperio floridsimo, que se
form de las ruinas del Mejicano, retirndose all cierto principe de la
sangre real de Montezuma. Y aunque sobre descubrir esta Gran Quivira, no
se han impendido gastos algunos, pero s se han erogado muchos sobre el
Dorado, sin que se haya conseguido otro favorable efecto, que el que han
tenido las expediciones del _Gran Paytit_. Y teniendo presente estos
acaecimientos, algunos crticos han colocado las poblaciones de los
espaoles, que llaman _Csares_, entre los paises imaginarios, fundando
su opinion en los antedichos egemplares, y en que no han podido ser
hallados, sin embargo de la solicitud con que muchas veces han sido
buscados: como entre otros sucedi con el Padre Nicolas Mascardi, de la
Compaia de Jesus, apostol de las Indias de Chilo, que habiendo entrado
tierra adentro en demanda de estas poblaciones, el ao de 1673, solo
consigui morir  manos de los indios Poyas.

13. Mas aqu tenemos otros fundamentos slidos, que hacen verosimil la
existencia de los espaoles,  que el vulgo ha querido denominar los
_Csares_, porque los indios que la han declarado uniformemente, nada
han dicho de ponderacion que pueda mover la codicia, pues han asegurado
que tienen lino, que tienen casas de paja y totora, que tienen
artilleria menuda, pocas armas de fuego, y muchas lanzas, con otras
particularidades que no militan en el imperio del _Paytit_, y poblacion
del _Dorado y Gran Guivira_. Han expresado que semejantes poblaciones de
espaoles proceden de los que se salvaron en el asedio de las siete
ciudades, acaecido en el ao de 1599; y siendo todo esto muy verosmil,
como tambien que puedan ser de los que habitan la ciudad de las Infantas
que se desapareci en aquel tiempo, sin que se pudiere saber el fin que
tuvo, ni donde estuvo situada, no hay desde luego razon, para que,
inclinndonos  la opinion de los crticos, creamos que son fingidas 
imaginarias tales poblaciones. A lo que se agrega otra reflexion, que
nace del naufragio que han padecido algunas naves en el estrecho de
Magallanes. Segun nos cuentan las historias, entre las armadas que se
han perdido en ese estrecho, una fu la de cuatro navios que despach el
Obispo de Placencia para poblar las islas Malucas; los cuales habiendo
llegado con buen tiempo al Estrecho, hallndose veinte leguas dentro de
l, se levant por la proa un viento tan rcio, que no pudiendo volver
atrs ni tener por donde correr, dieron los tres de ellos en tierra, y
se perdieron; pero no la gente, que esta se salv. La cuarta nave tuvo
mejor suerte, porque corriendo fortuna, pudo desembocar otra vez al mar
del norte, y sosegada la tempestad, volvi  envestir al Estrecho, y
lleg al parage donde se habian perdido las compaeras, hallando en
aquellas riberas la gente que se habia salvado en tierra: los que viendo
la nave, comenzaron  hacerle seas, y  gritar  los que iban dentro,
pidindoles que los recibiesen: pero que no lo hicieron, porque los
bastimentos que habian quedado eran tan pocos, que temian no bastasen
aun para los del navio.

14. Ahora pues, como no se sabe con certidumbre qu se haya hecho de
estos hombres, y se dice, por otra parte, que en la realidad hay gente
de Europa poblada hcia el Estrecho de nuestro continente, no es dificil
persuadirnos que, vindose perdidos, se entrasen tierra adentro, y
emparentando con alguna nacion de indios de los que all existen, se
hayan ido multiplicando de manera, que se hayan dejado sentir de las
naciones mas vecinas, y de estas pasado  otras las noticias, que
siempre han corrido muy vivas, de que en efecto hay tales gentes en
aquel parage,  quienes llaman _Csares_: sin duda por la tradicion de
que, reinando el emperador Carlos V., sali un navio cargado de familias
para poblar este sitio, y varando en la costa el bajel, entraron ellos
tierra adentro, y formaron la citada poblacion. Consideraciones todas
por que los gegrafos la han situado en una abra de la Cordillera
Nevada, entre los 45 y 50 grados de latitud.

15. Cuando no hubiesen otras razones que fundasen la necesidad de
indagar la real y verdadera existencia de estas poblaciones, serian sin
disputa, en concepto del Fiscal, un poderoso motivo, para que por todos
los medios posibles se procurase salir de toda duda y equivocacion; pero
habiendo sospechas vehementsimas, que casi hacen evidente el
establecimiento de naciones extrangeras en los terrenos que hay del
estrecho de Magallanes para el norte, tampoco hay arbitrio para que
dejen de verificarse las expediciones que propuso el coronel D. Joaquin
de Espinosa, en su carta de 4 de Marzo de 1778, que se halla  fojas 143
del cuaderno 5.

16. Sobre las noticias que de ellos han dado los indios, y quedan ya
apuntadas, concurre la notable circunstancia de haber sido siempre este
fertilsimo reyno el objeto de la envidia de las naciones, extrangeras,
especialmente de la inglesa. Prueba de ello es el continuo desvelo con
que esta potencia se ha dedicado  indagar la situacion de los puertos,
costas y ensenadas de nuestra Amrica meridional, y los viages que
prcticaron al mar pacfico los piratas Francisco Drake, el ao de 1579,
entrando al puerto de Valparaiso; Tomas Candish,  Cavendish, el de
1587, dejndose ver en la isla de Santa Maria y Valparaiso; Ricardo
Achines en el de 1593; Oliver de Noort el de 1599; Jorge Spilberg en el
de 1615, con seis navios; Jacobo Lemaire, Guillermo Schouten y Guillermo
Fiten el de 1616; Henrique Beaut, que el de 1633 con una escuadra
considerable sali de Pernambuco, y entr en el mar del sur; por el
estrecho de Lemaire. Era su nimo tomar el presidio de Valdivia, y
fundar all una colonia: pero habiendo desembarcado su gente, y
empezdose  fortificar en aquel sitio, el Gobernador de la plaza y su
guarnicion, ayudados de los indios, los desalojaron  cuchilladas,
obligndoles  abandonar el puesto. Henrique Morgan, el de 1669, Carlos
Henrique Clarke, el de 1670; y el de 1680, Bartolom Charps, Juan
Guarlen, y Eduardo Valmen saquearon los puertos y lugares abiertos de
las costas del Per y Chile. Y en el presente siglo, Tomas Colb, el ao
de 1708; Juan Chilperton el de 1720; Eduardo Wernon el de 1740; y el de
1741 el vice Almirante ingls, Jorge Anson; y en fin el viage del
comandante Byron, hecho al rededor del mundo, y la descripcion puntual
que de rden del almirantazgo egecut del Estrecho, mencionando sus
bahias, puertos, rios y ensenadas, el ao de 1764.

17. Estas consideraciones, unidas  las que con maduro acuerdo hace el
capitan D. Manuel Josef de Orejuela en las tres representaciones que ha
exhibido con fechas de 21 de Noviembre de 1781, 18 de Febrero, y 12 de
Abril del corriente ao, califican en tanto grado la sospecha de que los
ingleses se hayan poblado y fortalecido en algunos de puertos que hay
desde la bahia de San Julian para el sur hasta el Cabo de Hornos, que
apenas habr hombre prudente que, reflexionando con detenida meditacion
la materia, dude de semejantes establecimientos. Pero como es este un
punto de los mas graves  interesantes al Estado, es forzoso que el
distinguido celo de V.S. para remover todo escrpulo de duda, no omita
diligencia, por leve que sea,  fin de esclarecer estas sospechas. Y
supuesto que el capitan Orejuela, en el captulo 12 de su representacion
de fojas 5 del 9. cuaderno, expresa haber reconocido cierta declaracion
tomada al Reverendo Padre Prior del convento de San Juan de Dios del
presidio de Valdivia, en que aseguraba que, habiendo salido de Cdiz el
ao de 750, en el navo _el Amable Maria_, en la altura de 50 grados de
latitud al sur, descubri en uno de los cerros de aquel estrecho, que
tenian  la vista, un hombre embozado en una capa azul, con sombrero
negro redondo; y una muger igualmente vestida de azul, que se reconocia
serlo por la ropa talar, acompaados de un perro grande blanco y negro;
 quien habiendo llamado  la voz con seas, no respondieron palabra: y
otra de los Reverendos Padres Misioneros venidos en el _Toscano_, en que
constaba, que  la altura de 37 grados de latitud, por la parte del sur,
encontraron una embarcacion inglesa de dos palos, que dijo se entretenia
en la pesca de ballena, y los obsequi con un barril de aceite de ella,
en correspondencia de otro de aguardiente, con que el capitan espaol
los cortej; seria muy oportuno y conveniente, que una vez que no se
encuentran en estos autos semejantes declaraciones, se sirva mandar
V.S., que informe el citado Padre Prior del convento de San Juan de Dios
de Valdivia, y los religiosos misioneros venidos en el _Toscano_, sobre
los pasages mencionados; y que expresando el capitan Orejuela, cual es
la persona que le ha comunicado las noticias que refiere en los
captulos 32, 33 y 36 de su representacion de fojas 5, se le tome
igualmente su declaracion jurada al tenor de los hechos relacionados en
los captulos 33, 36 y 37.

18. Convendr as mismo se tome igualmente declaracion al caballero
francs Mr. Romanet, que se dice hallarse hoy en Buenos Aires, empleado
en nuestra marina real, y destinado entre otros oficiales de este cuerpo
 la division de los lmites con Portugal, para que exponga con la
debida claridad, si es cierto que cuando acompa  Mr. de Bougainville
en el viage que hizo al rededor del mundo, al desembocar el estrecho de
Magallanes, por donde pasaron al mar del sur, vieron un _sloop_  corta
distancia; el cual, sin embargo de hallarse bien cerca de tierra,
inmediatamente vir de bordo, y gir para ella; por lo que al instante
lo perdi de vista la fragata francesa. Y en esta atencion puede V.S.,
siendo servido, pasar el correspondiente oficio al Exmo Sr. Virey de
Buenos Aires,  efecto de que S.E. disponga lo que tenga  bien sobre
esta importante diligencia, y que remita dicha declaracion  V.S. para
que se agregue  los autos.

19. Y por lo que respecta  los medios y arbitrios que propone el
nominado capitan para la mejor defensa de este reino, especialmente en
cuanto  que la escuadra, que ha despachado Su Magestad para el seguro
de estos mares, se destine  guardar la plaza de Valdivia, dndose  su
Comandante la comision de inspeccionar aquella fortaleza y artilleria, y
 esta Capitana General las facultades del Exmo. Sr. Virey, para que,
en el caso de ser preciso variar las rdenes que se comunican  los
comandantes, pueda resolver y mandar cuanto convenga al real servicio
puede V.S., siendo servido, consultarlo con S.E., remitindole
testimonio ntegro de este cuaderno 9, en que se incluyen las tres
representaciones hechas por el capitan D. Manuel de Orejuela,  fin de
que la consumada prctica y pericia de S.E. en el arte de la guerra
disponga lo que tuviere por conveniente; pues el Fiscal cree que el
nico seguro medio de guardar este reino es el de que se acceda  las
propuestas que sobre este punto hace el precitado D. Manuel: por lo que
desde ahora pide y suplica  V.S. se sirva hacer formal instancia en
aquella superioridad,  efecto de que cuanto antes se d este destino 
la escuadra real en la plaza mencionada.

20. Con lo expuesto hasta aqu, ha evacuado el Fiscal su respuesta en
rden  los puntos concernientes  poblaciones de espaoles y
establecimientos de extrangeros en nuestro continente, y as concluir
su discurso acerca de estos mismos puntos, con expresar  V.S. la
substancia y concepto que ha formado de lo que el indio guilliche
Guechapague y los caciques Curical, Guillapangui y Quiaguirr
comunicaron al capitan de la reduccion de Maquegua, D. Fermin Villagran,
y ha expuesto en las declaraciones que de rden del Maestre de Campo,
General de la ciudad de la Concepcion, se le recibieron, y constan 
fojas 99 y 102, del citado cuaderno 9.

21. En una y otra expresa Villagran haberle asegurado los antedichos
caciques  indios, que habia una poblacion de espaoles, que estaban
comprando  las cautivas, los cuales se han situado  la orilla del rio
Miule, cuyo trage es de pao azul, y otros de amarillo; el sombrero
chico y apuntado de tres picos, y mantienen comercio con el cacique
Curihuent, que dista de ellos dos leguas, y que en distancia de seis,
tierra adentro de la desembocadura de dicho rio en la mar, est la nueva
poblacion muy bien fortificada con su estacada, y mucha artilleria
gruesa. Y aunque D. Manuel de Orejuela, en vista de esta declaracion,
procura fundar que es de ingleses este nuevo establecimiento, el Fiscal
cree y conceptua que no es as, sino que esas son nuestras nuevas
poblaciones, que de rden de S.M. se han verificado en la Bahia sin
Fondo, como el Exmo. Seor Virey de Buenos Aires lo anuncia  V.S. en su
carta, fecha en Montevideo,  seis de Mayo de este ao. Manifestar la
razon en que funda su dictmen, y quedar la materia tan clara como la
luz del dia.

22. Segun el mapa geogrfico de la Amrica Meridional, dispuesto y
grabado por D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, impreso en Madrid el
ao de 1775, el rio Mianl, Leub  Sanquel, que los indios llaman
Miule  Neuquen, es el mismo rio que nosotros le llamamos Negro, el
cual toma su orgen de las lagunas de Guanachi, desde donde corre norte
sur, hasta la altura de 38  39 grados de latitud, y desde ah sigue del
occidente al oriente con alguna oblicuidad, hasta desembocar en el mar,
donde se forma la Bahia sin Fondo. Con que si esto es as, y constante
que las nuevas poblaciones de espaoles se hallan situadas en la
expresada bahia, en que el rio de Miule desemboca al mar, es evidente
la verdad con que hablaron los caciques  indios Guilliches al capitan
Villagran, y que no debe por esa parte recelarse establecimiento de
extrangeros, quedando as enteramente desvanecido el concepto que acerca
de este punto ha formado el capitan Orejuela.

23. Pero como subsisten vigorosas las demas razones y fundamentos que
forman una mas que semiplena probanza de la realidad del establecimiento
de nuestros enemigos en aquellos propios terrenos, por eso, con
justsima razon el poderoso invicto Monarca, que felizmente nos
gobierna, tuvo  bien expedir la real rden de 29 de Diciembre de 1778,
en que,  consecuencia de las actuaciones que promovi el distinguido y
ardiente celo del Coronel D. Joaquin de Espinosa, se sirvi adoptar las
oportunas y bien fundadas reflexiones que le hizo esta Capitana
General, en apoyo de la propuesta que el Coronel D. Joaquin explic en
su carta de fojas 143, del cuaderno 5, dejando  la discrecion de este
Superior Gobierno el arreglo de las expediciones que han de egecutarse,
con el importantsimo objeto de descubrir semejantes establecimientos, y
salir de una vez de dudas y equivocaciones: graduando el tiempo en que
convenga se verifiquen con la menos costa que sea posible: formando 
este efecto las instrucciones que hayan de observarse, y cuidando de
precaver en ellas todos los riesgos que las pueda empear en la prdida
de gentes, sin una necesidad muy urgente, y que no pueda remediarse 
alcanzarse, por razon de haber de hacer sus marchas por parages
desconocidos. En la inteligencia de que, el Seor Capitan General de
este reyno ha de entenderse en derechura con el Exmo. Seor Virey del
Per, para cuanto le ocurra sobre este particular:  cuyo fin le ha
prevenido S.M. preste los auxilios de tropa y demas que sea conveniente
para la consecucion de esta empresa.

24. Esta real resolucion, y las que le contienen en las rdenes de 2 de
Diciembre de 1774, 10 de Agosto de 75, 18 de Julio de 78, y 29 de
Diciembre de 78, que se contienen en el 7. cuaderno, manifiestan la
decidida real voluntad, acerca del efectivo envio de las expediciones
proyectadas por el Coronel D. Joaquin de Espinosa, en su citada carta de
fojas 143 del 5. cuaderno. Y en esta virtud, lo que hoy nicamente
resta, y de que se debe tratar, es del tiempo en que convendr
egecusarse estas expediciones, y del modo y circunstancias que deban
observarse antes, y en el acto de su verificativo.

25. El Exmo. Sr. D. Agustin de Jauregui, siendo Gobernador y Capitan
General de este reino, inteligenciado de la juiciosa conducta del
Coronel D. Joaquin, y del mrito que sobre este particular tenia
contraido, puso al cargo y mando de este oficial las operaciones
referidas, y le orden en carta de 20 de Agosto de 1779, que para
formalizar las correspondientes instrucciones, con total arreglo  las
soberanas intenciones de S.M., y al religioso espritu que manifiesta la
misma real rden de 29 de Diciembre, le previno, que con la posible
anticipacion y reserva le expusiese cuanto considerase preciso y
necesario para habilitar dichas expediciones, de modo que, por falta de
vveres, bagages, armas, municiones y pertrechos no tengan que padecer
necesidades, peligros, ni atraso en las marchas  su destino: lo que
podria facilitarse de estos auxilios y provisiones en la plaza de
Valdivia y su jurisdiccion; y lo que habia de llevarse en el navo del
situado, as de esta capital como de la de Lima. En el concepto de que
habian de ser dos las expediciones: las que,  un tiempo determinado,
debian salir una por Chilo, y otra por Valdivia. Le previno tambien que
le informase si le ocurria reparo, en que de las cuatro compaas que
habian de venir del Callao, se remitiesen dos  Chilo, para que  su
abrigo puedan venir las milicias que destinare el Gobernador de aquella
provincia  reunirse con las que saliesen de esta otra plaza, y la tropa
que las habia de acompaar; y as mismo, si habria caballeras
bastantes, para las remontas que se consideran precisas, haciendo
atencion al nmero de que se hubiese de componer la expedicion.

26. Previno S.E. igualmente al coronel D. Joaquin, le informase, qu
tiempo le parecia el mas,  propsito para la salida,  efecto de
adelantar las rdenes correspondientes al mas breve apronto de las
provisiones de boca y guerra, y de todos los tiles que comprendiese
necesitarse, como el de los agasajos que mas apetzcan los naturales del
trnsito, dndole razon de unos y otros. Y considerando lo que importa
conferir tambien la materia con el Gobernador de Chilo, antes de
ocurrir al Exmo. Sr. Virey del Per, por los auxilios de tropa y demas
que fuese preciso, le dirigi un pliego rotulado  dicho Gobernador,
para que lo remitiese  Chilo, en alguna piragua,  embarcacion de
particulares; con rden de que la comprase de cuenta de Su Magestad, si
fuese capaz de poderse continuar en ella la correspondencia con aquella
provincia, y en l de que no la hubiese, que dispusiese la construccion
de una, adecuada al fin enunciado: hacindole otras prevenciones
conducentes  procurar la mayor seguridad de la expedicion, y el acierto
de la ruta que se ha de elegir, y  facilitar el debido cumplimiento de
la real rden de Su Magestad, con la prontitud deseada. Y sin embargo de
ser necesarsima la decision de estos puntos, no se encuentra en los
autos razon ni carta alguna del coronel D. Joaquin, en que explique su
dictmen en cuanto  ellos; ni tampoco la respuesta que debi dar el
Gobernador de esta provincia de Chilo, en consecuencia del pliego que
se le dirigi por la via de Valdivia.

27. En las cartas de fojas 83 y 84 del 7. cuaderno, fechas  12 de
Junio de 1780, expresa el Exmo. Sr. D. Agustin de Jauregui, siendo aun
Presidente de esta Real Audiencia, quedar en su poder la que en
contestacion de la suya de 14 de Febrero escribi al coronel D. Joaquin
el Gobernador de Chilo D. Antonio Martinez y la Espada, con fecha de 27
de Marzo, la misma que con otra de 15 de Abril le dirigi dicho Coronel,
consultndole los medios que le ocurrian para facilitar la expedicion
por la parte sola de Valdivia, atendida la imposibilidad que ponia el
mencionado Gobernador, de no ser factible se hiciese salida de aquella
provincia para Osorno, por los motivos que expuso: aadiendo en la de
fojas 84, quedaba tambien en su poder la razon que con la citada carta
de 15 de Abril se incluy, de lo que  D. Joaquin le habia parecido
aadir  la anterior, remitida para la expedicion proyectada, y que todo
se agregaria al expediente de la materia para tenerlo presente cuando
hubiesen de darse las ltimas providencias, con arreglo  lo resuelto
por Su Magestad. Y segun lo que estas dos cartas ministran, se
comprende, que _de facto_ el coronel D. Joaquin de Espinosa evacu el
informe de aquellos puntas que se le previnieron en la de 20 de Agosto
de 79,   lo menos que expuso su dictmen sobre algunos de ellos: y
pues conducen en gran manera para que V.S. pueda tomar sus medidas en
este grave y delicado asunto, parece corresponde se sirva mandar, que
as en la Secretara de cmara de esta Capitana General, como en la
escribana de este Superior Gobierno, se busquen y soliciten esos
documentos, para que se agreguen  los autos de la materia. Y en el caso
de que no se encuentren, que se escriba una carta rden al teniente D.
Marcelo de Arteaga, albacea del coronel D. Joaquin, previnindole
solicite entre los papeles de este oficial el borrador de la carta de
15 de Abril de 780, escrita  esta Capitana General, y el de la razon
con que la acompa; y sacando copia puntual de uno y otro, la remita 
manos de V.S., para los fines que convengan al real servicio.

28. Bien es que el capitan D. Manuel de Orejuela tiene absueltos todos
esos puntos en sus enunciadas representaciones, en que ha expuesto
parecerle conveniente, que se haga una sola salida por Chilo con mil
hombres de tropa arreglada, y quinientos mas para allanar los caminos, y
conducir los bagages, pertrechos de guerra, y demas que ocurra en tan
vasta empresa: refiriendo el nmero y clase de armas, y los otros
preparativos de guerra y boca que conceptua indispensables. Y por el
mismo caso de estar opuestos los dictmenes, pues el coronel D. Joaquin
en su citada carta de fojas 149 del quinto cuaderno, propuso que era
suficiente el nmero de cuatrocientos hombres de armas, as para allanar
el antiguo camino de Osorno  Chilo, como para verificar los
descubrimientos que se apetecen, hacindose  un mismo tiempo dos
entradas por Valdivia y por Chilo, es forzoso que V.S. reconozca todos
los papeles y cartas, que sobre esto hubiese escrito el coronel D.
Joaquin, mayormente estando tambien opuesto el dictmen del Gobernador
de Chilo D. Antonio Martinez y la Espada, segun se enuncia en la citada
carta de fojas 83 del cuaderno septimo.

29. Entre los muchos y buenos arbitrios que propone D. Manuel Orejuela,
parece al Fiscal muy oportunos y convenientes dos. El primero, l de
llevar la expedicion las canoas de viento, necesarias para el trnsito
de los rios y lagunas que se ofrecen en el camino, fabricndose de
pieles de lobos marinos,  poca costa, en que pueden cargarse de 15  18
quintales, y conducirse cuatro hombres,  mas del que fuere 
regresarla. Y el segundo, el que se traslade toda la gente y guarnicion
que hoy existe en la isla de Juan Fernandez, y se reuna en la plaza de
Valdivia: pues siendo esta la llave de todo el reyno,  ella se debe
aplicar todo el cuidado, y la mayor fuerza, siendo escusada la del
presidio de Juan Fernandez, porque esta isla estar bastantemente
guardada, siempre que se d rden  los navios de la carrera que la
reconozcan en los viages que hicieren de Valparaiso al Callao, y tengan
cuidado de avisar, lo que en ella notasen,  este Superior Gobierno y al
de Lima. Cuyo pensamiento, apoyado con el ejemplar de la traslacion
hecha de la poblacion que habia en las Islas Malvinas  la bahia de San
Julian, es un argumento eficaz de la conveniencia, y aun necesidad que
hay de que se verifique la traslacion que propone D. Manuel de Orejuela.
Sobre que V.S. con sus superiores luces resolver lo que le parezca mas
acertado y conveniente al real servicio, graduando los demas arbitrios
que insina, segun lo exigieren las actuales circunstancias, y las que
puedan ocurrir, para el mejor acierto de las expediciones proyectadas.

30. Ya que con haber fallecido el coronel D. Joaquin Espinosa, no han
podido tener efecto todas las diligencias prevenidas por el Exmo. Sr. D.
Agustin de Jauregui, en su carta de 20 de Agosto de 1779, concernientes
no solo  conservar la amistad contraida con los caciques de
Quinlchilca, Ranco y Rio Bueno, sino  adelantarla, y adelantar tambien,
si fuere posible, las noticias de la verdadera situacion de los
establecimientos que se pretenden descubrir, y la de los caminos mas
cmodos para llegar  sus poblaciones, seria desde luego muy conveniente
que el notorio celo de V.S. confiriese esta comision al sargento mayor,
D. Lucas de Molina,   otro oficial de honor de la plaza de Valdivia,
que hubiere manifestado deseo positivo de lograr el hallazgo de tales
poblaciones: ordenando al Gobernador de la plaza, que lejos de poner
embarazo en la prctica de estas diligencias, tan interesantes al
estado, contribuya por su parte, cuanto le sea posible, dando al
comisionado los auxilios que pidiere y necesitare para el desempeo de
su comision.

31. En esta virtud puede V.S., siendo servido, mandar que el comisionado
haga presente  los caciques amigos, por medio de Francisco Agurto,
Baltazar Ramirez,  otros emisarios de su confianza, el deseo de verles
y manifestarles el agrado que han causado al Rey,  V.S., y al
Gobernador de la plaza, las expresiones y operaciones, con que en el
tiempo del Gobierno de D. Joaquin de Espinosa, dieron pruebas de su
lealtad y verdadera amistad con los espaoles; y que con este motivo
procuren adelantar las noticias de los parages en que realmente existen
los establecimientos de espaoles y extrangeros, si los hubiere, y la de
los caminos mas cmodos para llegar  sus poblaciones: aprovechando las
ocasiones que se les presenten de contraer nuevas amistades, y de
ponerlos en estado de que ellos mismos rueguen por el descubrimiento de
dichas poblaciones, y ofrecindoles que, mediante su generosidad, sern
bien regalados ellos, sus mugeres  hijos. Que persuadan tambien  los
caciques amigos que procuren convidar  los caciques vecinos,  que
hagan el mismo allanamiento y propuesta, y de este modo consigan irse
internando hasta donde puedan, y purificar las noticias que vayan
adquiriendo, hacindose al propio tiempo capaces de los caminos y
parages por donde pueda seguir la expedicion con mayor comodidad y
seguridad, y arreglarle los alojamientos, encargando para ello  estos
emisarios que demarquen con cautela los sitios y distancias, y que se
informen por donde se iba antes  Chilo, con respecto  ser uno de los
principales objetos de las expediciones proyectadas, franquear la
comunicacion con aquella provincia; y que importa muchsimo saber con
fijeza cual sea el antiguo camino,  el parage por donde sea mas pronto
y seguro el trnsito  ella.

32. Del propio modo puede V.S. prevenir al comisionado, que en atencion
 haber declarado Domingo Monte-Alegre, natural de Chilo, que el
cacique Tanarailla, distante tres leguas del fuerte de Rio Bueno, le
comunic que un chilate se hallaba cautivo abajo de Osorno en los
Juncos, en un parage nombrado Poyigu, que este sabe donde estn los
espaoles, y que el cacique le ofreci lo llevaria, s quisiese,  que
hablase con l,  cuya propuesta asinti, pero que no lo ha vuelto 
ver; proponga al mismo Monte-Alegre si se allana  reconvenir al
cacique, para que lo lleve  hablar con su paisano, procurando se
verifique la entrada de este espaol, si es que no se encuentra en ello
riesgo de su vida, pues si es cierta la relacion del cacique, no hay
duda que el cautivo, no solo dar razon del sitio en que existen los
espaoles y extrangeros, sino tambien del camino de Chilo, y si le
cautivaron los mismos indios Juncos,  los de otras naciones mas
avanzadas  aquella provincia, como de lo demas que tenga visto 
sabido, con motivo de haber vivido entre aquellos brbaros.

33. As mismo ser conducente, qu l comisionado haga que Francisco
Agurto procure que el cacique Manquemilla le cumpla la oferta que le
hizo, de que haria llamar  su sobrino Antuala, que vive en las
inmediaciones de la laguna de Puraylla, para que hablase con l, segun
se expresa en las actuaciones remitidas por el coronel D. Joaquin de
Espinosa, de resultas de la expedicion que hizo  su costa, y corren
desde fojas 125, hasta fojas 140 del cuaderno 5. Pues cuando no se
adelante la adquisicion de mas claras luces de la ubicacion de los
establecimientos que se buscan, se consiguir que la expedicion pueda
seguir sin mayor riesgo, y por caminos rectos  menos speros, hasta la
citada laguna de Puraylla,  hasta donde alcance la correspondencia de
Antuala con los caciques  indios de mas adentro. Advirtindoles tambien
que tengan particular cuidado de averiguar, si los indios intermedios
son muchos  no, para que V.S. en esa inteligencia, pueda determinar la
fuerza que parezca suficiente: y en fin, que el comisionado empee su
celo y capacidad, en que los emisarios  exploradores, bien instruidos
de sus prevenciones, adelanten cuanto sea posible en esta importancia.

34. Las mismas reales rdenes estn respirando la suavidad con qu S.M.
quiere se verifiquen estas expediciones, y por eso el principal cuidado
qu en ellas se ha de tener, es y debe ser, evitar el recelo y
desagrado de los indios, y de todo punto el uso de las armas,  menos
que no haya otro recurso para defender las vidas, repeliendo la fuerza
con una defensa natural; y conseguir por medios suaves la internacion,
hasta que no quede duda de s hay  no los establecimientos que se
solicita descubrir: asegurndoles de la buena f con que se camina, y
captndoles la voluntad, para que espontneamente se reduzcan  nuestra
amistad y pidan el establecimiento de misiones en sus tierras; y lograr
con este antecedente la oportunidad de proponerles, ser para ello
preciso que queden espaoles que acompaen  los misioneros, y los
defiendan de los rebeldes  enemigos de los mismos indios.

Para consolidar la amistad con ellos, se les puede hacer presente la que
los de la frontera de la Concepcion tienen trababa con nosotros: el amor
y caridad con que les mira nuestro Soberano, la misma que profesa 
todos los indios en general. Que no quiere, ni apetece otra cosa que el
bien espiritual y temporal de todos ellos; que  este fin ha destinado
en esta capital un hermoso colegio, en que sus hijos sean doctrinados y
enseados, costeando la real hacienda los maestros necesarios, para que
se hagan tan sbios  instruidos como los mismos espaoles; y que en esa
atencion se les proponga deliberen enviar los suyos  este colegio,
asegurndoles que sern bien tratados, queridos y regalados; cuyas
insinuaciones no solo convendr que las expresen  los caciques de
aquella jurisdiccion los emisarios  exploradores sobredichos, sino
tambien el comisionado, el Gobernador de plaza, y aun el oficial 
oficiales  quienes se hubiere de encomendar el mando de las
expediciones, el tiempo y cuando hubiese de llegar y pasar por sus
terrenos.

35. Y ya que ha llegado el caso de hablar del modo y arbitrios que
pueden presentarse para el logro de que estos naturales, abdicando de s
aquella ferocidad que les acompaa, y aquel odio y rencor implacable que
han concebido contra la nacion espaola, no dejara el Fiscal de apuntar
uno que le ocurre, y le parece concerniente y oportuno. Las mismas
actuaciones, que comprenden estos autos, estan acreditando que los
indios de la jurisdiccion de Valdivia, y todos los de esta nacion en
general, lo que aborrecen entraablemente es considerar que puede llegar
el caso de que los espaoles los reduzcan  servidumbre,  sugeten 
encomiendas, como lo practicaban y practicaron luego que fundaron las
ciudades de Osorno, Imperial, Villa Rica, Angl, Valdivia, Infantas y
Loyola, cuya total destruccion provino del deseo que asistia  los
subyugados de verse libres de esta especie de esclavitud. En las propias
actuaciones habr notado V.S. que aun subsiste en el nimo de los
indios, muy vivo el recelo de caer en ese infortunio, y que por eso han
soltado una que otra expresion relativa  estos puntos, ya diciendo que
los espaoles son muy temerarios y tiranos, y ya que los han de hacer
esclavos,  sugetarlos  encomiendas, si se juntan con los Aucahuincas
que se salvaron del asedio de la ciudad de Osorno.

36. No es este tema nuevo en los indios de Chile, sino muy antiguo, y
viene de muy atras. Prueba de ello son los pasages ocurridos al Padre
Luis de Valdivia, el ao de 1613, con los caciques  indios de la
frontera de la Concepcion. Viendo la Magestad de nuestro Catlico Rey D.
Felipe III., lo poco que aprovechaban los medios de la fuerza y del
rigor para sugetar  los indios chilenos, que tan soberbios  insolentes
se hallaban con las victorias que habian tenido, y con la toma y ruina
de las ciudades que nos destruyeron, se dign resolver, que totalmente
se mudase de estilo en esta conquista, y que dejando del todo la guerra
ofensiva, se redujese solo  la ofensiva: considerando que por este
medio se reducirian los indios mas facilmente  la F, y la recibirian
con mas amor y aplicacion, vindose libres del tumulto, y ruido de las
armas, para lo cual se vali de la prudencia, celo y eficacia del citado
Padre Luis de Valdivia, religioso de la extinguida compaia de Jesus,
eligiendo por Gobernador  D. Alonso de Rivera, que  la sazn lo era
del Tucuman, y antes lo habia sido de Chile. Luego que este religioso
lleg  la Concepcion, empez  tratar con los indios de guerra, de los
medios de la paz que de parte del Rey les ofrecia, dando principio por
las naciones cercanas, que eran las de Arauco, Tucapel y Catiray, 
quienes envi los mensageros que tuvo por convenientes. Noticiosos los
indios de esta novedad, resolvieron se hiciese una junta con el Padre
Luis en Nanc, lugar que est en medio de todo Catiray, para que all se
tratase del negocio propuesto, y de los conciertos de paz y amistad que
deseaban;  cuyo fin se habian congregado diez parcialidades.

37. Habiendo el Padre resuelto su salida, y llegado al lugar en que le
esperaban los caciques, se echaron sobre sus brazos, mostrando gran
contento de su llegada  aquellas tierras, y tomndole de la mano
Guayquimilla, que era el mas principal de ellos, se la bes en nombre de
todos los demas, y le hizo un elegante razonamiento, diciendo que "de su
alegre venida no solamente estaba regocijada la gente  quien llevaba
tan grande bien, pero que los mismos brutos animales, las yerbas, las
flores, las fuentes y los arroyos saltaban de placer y contento."
Despues de estas primeras cortesias, se sentaron  razonar y discurrir
sobre las materias de las paces; y entre otras razones, dijo uno de los
tres caciques:--Padre, todos los indios principales desean la paz,
aunque el pueblo y los soldados no se pueden persuadir de que los
espaoles la quieren y la desean. A que replicndole el Padre: como
podia ser eso, cuando el Rey lo habia enviado solo  ese fin, por el
cual se habia arrojado  los peligros de tantos males, hasta llegar 
sus tierras; y que eso mismo, y no otra cosa, pretendian el Sr.
Gobernador, los Maestres de campo y capitanes? Respondi el
cacique:--"No dudo de eso que dices; lo que se duda es que los espaoles
quieran paz, que sea paz. Bien sabemos que gustarn de la que llaman
ellos paz, y yo no la tengo por tal, que es que nosotros nos rindamos, y
nos sugetemos  ellos, y les sirvamos como  nuestros amos y seores; y
esto no es paz, sino ocasion de las inquietudes, perturbaciones y
guerras, que hemos tenido hasta aqu. Paz es la que tienen los espaoles
entre si, y la que tienen los indios entre nosotros, gozando cada uno de
su libertad, y de lo que tiene, sin que ninguno se lo quite, ni quiera
mandarle, ni tenerlo debajo. Esto llamamos paz, y esta la abrazarmos
muy de corazon. Pero si no tratas de esta paz, y quieres la que los
espaoles llaman paz, no vers que la admitamos mientras el sol gire por
el cielo."

38. Vea ahora V.S. si es nuevo en los indios el sistema de resistir toda
especie de servidumbre y sugecion al espaol. Ninguna otra cosa
aborrecen mas, que el hecho de privarles de la natural libertad con que
todos nacemos, y as quieren gozar de la misma que disfrutan los
espaoles entre s, y los mismos indios unos con otros. Por lo que
parece al Fiscal que el remedio eficaz, de que los naturales de la
jurisdiccion de Valdivia, y demas que residen tierra adentro hasta el
estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos, se reduzcan, ser proponerles
que gozarn de una total libertad, sin que jamas llegue el caso de que
se les reduzca  esclavitud  encomiendas; y que tampoco se les
pensionar con tributos, ni otros pechos, aunque sea dispensado la
disposicion de la ley 9, tt. 4, lib. 4 de las Recopiladas de estos
reynos: previnindoseles que sern tratados como los mismos espaoles,
sin diferencia alguna, pues son vasallos de un propio soberano, cuya
real benignidad ha tenido  bien adoptarlos por tales, y recibirlos bajo
de su poderosa proteccion y amparo.

39. Ni este pensamiento puede oponerse en manera alguna  la poltica
que hasta aqu se ha observado con esta nacion, porque atendiendo  que
los del reyno del Per reconocian  los Incas por sus soberanos y reyes,
y les pagaban sus contribuciones en prueba del vasallage que les
rendian, como no ha sucedido esto as con los del reyno de Chile que
residen tierra adentro, no parece disconforme que, aunque  aquellos se
le pensionase con el tributo que seala la ley, se dispense con esta
semejante contribucion, una vez que, segun nos cuentan las historias,
los emperadores peruanos, no llegaron, ni pudieron pasar con su
conquista, de la tierra de los Promocaes, y rio caudaloso de Maule, que
divide la provincia de este nombre de la de Cauquenes, por la ferocidad
y braveza de los que habitan en esa parte hcia el sur; quedando el rio
sealado por trminos del imperio, de rden de Yupanqui, dcimo Inca de
aquella dinasta. Con que, si es constante que los indios no reducidos,
que son los que hay desde el caudaloso rio Bio-bio, para el sur, hasta
el estrecho y costas patagnicas, no reconocen otro soberano ni rey (
excepcion de algunos amigos de la frontera), que  sus caciques
particulares, sin retribuirles pension alguna en seal de vasallage, no
sera desde luego extrao que se les tratase de la paz y amistad con los
espaoles, con el pacto de las insinuadas excepciones; practicndose lo
mismo con los de la frontera de este reyno,  fin de que se vayan
domesticando, y viendo que nuestras ofertas son ciertas, y nuestra
amistad sincera, se procuren espaolizar, casndose indios con
espaolas, y espaoles con indias,  cuyo propsito sera oportuno
autorizar  los de una y otra nacion.

40. Los felices principios, que por efecto de la Providencia,
facilitaron la adquisicion del terreno en que hoy se halla situado el
fuerte de Rio Bueno, y establecida la mision que con instancia pidieron
sus caciques, en la cual se han percibido ya los frutos que manifiesta
el plano de fojas 47 del octavo cuaderno, dan sin duda fundada esperanza
de que no acaso se han logrado estas ventajas en cerca de siglo y medio
que no se oia la voz del evangelio en aquellas tierras, y de que el
Altsimo quiere ya dispensar los arbitrios de que nuestra sagrada
religion se plantifique en un terreno, cuyos habitadores se han mostrado
hasta aqu contrarios nuestros; y prometen al mismo tiempo unos
agigantados progresos en la importante empresa de descubrir las
poblaciones que han motivado la resolucion de las expediciones de que se
trata; y as seria desde luego reprensible delante de Dios y del mundo,
sacar del seno de la barbarie la semilla de la verdadera doctrina que
acaba de sembrarse con arreglo  los dogmas de la religion, y  las
soberanas y muy piadosas intenciones de nuestros Catlicos Monarcas, que
solo han anhelado con religioso celo las conquistas espirituales; lo que
forzosamente sucederia si se adhiriese  las repetidas instancias que ha
hecho el actual Gobernador D. Pedro Gregorio de Echenique, sobre que se
quite y destruya el mencionado fuerte, sin mas fundamento que los
recelos y desconfianzas que le asisten de la infidelidad de los indios
que le pidieron, haciendo con esto retroceder el estandarte de la f,
cuando todos estamos constituidos en la gloriosa obligacion de llevarlo,
y propender  que se conduzca hasta las extremidades de la tierra. Por
estas justas consideraciones que trascienden  las utilidades del
estado, no debe mirarse con indiferencia lo que se ha ganado sin
violencia, por lo que es indispensable aplicar el hombro  mantener
aquel puesto, y sin perjuicio de una prudente economia, sostener, aunque
sea  mas costa, la guarnicion que en l se halla, y aun aumentarla,
segun se reconozca por los informes del comandante y del Padre
Misionero, de la disposicion de nimo de los caciques; previnindoseles
con anticipacion y sagacidad, que en prueba del aprecio que ha hecho Su
Magestad de la voluntaria oblacion que le hicieron de aquel terreno, se
ha dispuesto remitir algun nmero mas de hombres que los defiendan de
sus contrarios.

41. El actual Gobernador, no acomodndose  lo que su antecesor practic
en desempeo de su cargo, funda su instancia para la destruccion del
fuerte antedicho, no solo en sus recelos y desconfianza de los indios,
sino tambien que estos continuan en su idolatria y vicio de poligamia,
igualmente que en los pocos  ningunos progresos que ha hecho la mision
all establecida. Y aunque acerca de esto ltimo nada tiene que decir el
Fiscal, sino poner  la vista de V.S. el plan presentado  fojas 47, por
el Reverendo Padre procurador general de estas misiones: pero en cuanto
 lo demas, no puede menos que recordarle la memoria de lo que dispone
la ley 2, ttulo 4, libro 4 de las Recopiladas de estos reinos. En ella
ver V.S. cuanta es la prudencia que se previene para semejantes casos,
y cuanto conviene la suavidad, y el que no se quiten  los indios las
mugeres, ni los dolos,  fin de que no se escandalicen.

42. Y no solo convendr que se mantenga este fuerte en Rio Bueno, sino
tambien que se construyan otros dos  tres, con cuyo respeto se sostenga
el que existe fabricado  instancia de los mismos caciques, bien sea en
la inmediaciones de Osorno,  no muy lejos de la provincia de Chilo,
como lo propone el sargento mayor D. Lucas de Molina, en el informe que
di con fecha de 30 de Marzo de 79, y consta  fojas 10 del octavo
cuaderno,  en los parages que se consideren  propsito: reencargndose
muy particularmente al actual Gobernador la subsistencia, amparo y
refaccion del que se halla construido en Rio Bueno, por las ventajas que
promete igual avanzado establecimiento de nuestros espaoles.

43. Y descendiendo al punto del allanamiento del antiguo camino de
Osorno, para facilitar la comunicacion de la plaza de Valdivia con la
provincia de Chilo, y de la reedificacion de la ciudad perdida del
mismo nombre de Osorno,  que tambien se dirigen las expediciones
proyectadas, halla el Fiscal, que lejos de perjudicar en lo mas leve 
los indios, les traen, por el contrario, evidentes ventajas y
utilidades. Ellas son bastantemente visibles, y no pueden esconderse aun
al mas intonso, porque no es posible haya prudente  quien se ofresca el
pensamiento de que conviene  estos infieles continuar en su
infidelidad, y vivir despojados de todos los beneficios que trae consigo
la sociedad, y la vida civil y cristiana. Si se mantienen en el estado
mismo que ahora se v,  mas de no gozar de los benficos efectos de una
instruccion poltica, pierden de contado aun la esperanza de la vida
eterna, que es lo mas precioso y apetecible. Con que debe concluirse,
que si alguna razon de conveniencia hay en la apertura del mencionado
camino, y reedificacion de la antigua ciudad de Osorno, es muy
principalmente aplicable  los indios que residen en aquella
jurisdiccion.

44. Bien ve el Fiscal que nada de esto podr verificarse, sin una
vigorosa oposicion de los mismos indios, que, llevados de aquel rencor
que profesan  nuestra nacion, y del concepto que han formado de que los
espaoles, si vuelven  poblar sus tierras, los han de reducir 
servidumbre  encomiendas, como antes lo hacian, lo resistan. Pero si
con anticipacion se les advierte que iguales resoluciones y
establecimientos se dirigen  su propio bien, por guardarlos de que les
insulten los enemigos de la corona de Espaa; y que quedarn gozando de
su propia libertad, sin que espaol alguno les pueda obligar  servir,
ni impedirles su libre albedrio, con las otras insinuaciones que quedan
referidas en los prrafos 35, 39 y 40, le parece que no ser tanta la
oposicion, pues al cabo tienen alguna luz de razon, con que no pueden
dejar de distinguir la realidad de su propia conveniencia.

45. Y cuando estas insinuaciones no les moviesen al voluntario
allanamiento, siempre seria justo se verificase la apertura del camino y
reedificacion de la ciudad, porque nuestros catlicos monarcas tienen
legtimamente fundado su supremo dominio, aun en las tierras que se
hallan ocupadas y pobladas por los indios; pues siendo ellos tan
brbaros, incultos y agrestes, que apenas merecen el nombre de hombres;
y necesitando por lo mismo de quien, tomando su gobierno, amparo y
enseanza  su cargo, los reduzca  vida humana, civil, sociable y
poltica, para que con esto se hagan capaces de poder recibir la f y
religion cristiana, una vez que nuestros mismos soberanos han tomado
sobre s este cargo, no debe dudarse de la legitimidad con que se
intenta la sobredicha reedificacion, con ese laudable objeto, aun
prescindiendo de los otros muchos ttulos que legalizan aquel supremo
dominio, y no refiere ahora el Fiscal, por ser constantes  V.S., y
notorio  todo el mundo,  pesar de la envidia de los extrangeros y
hereges que han querido disputarlos.

46. Y si la egecucion de uno y otro proyecto es til y ventajosa  los
indios, segun va fundado, no lo es menos para la nacion espaola, y para
el estado todo, pues sus resortes son necesariamente la mayor seguridad
del reyno, sus plazas y fortificaciones, y el remedio de que las de
Valdivia y Chilo se provean de cuanto necesitan para subsistir,
siguindose de aqu los ahorros de la real hacienda, y el aumento de
ella, con adelantarse los comercios.

47. Sobre estos dos puntos tiene ya V.S. mucho avanzado, porque en el
expediente formado sobre la apertura del antedicho camino de Osorno,
aparece la empeosa instancia que el ao de 763 hizo el vecindario de la
provincia de Chilo, ofrecindose allanarlo y romperlo  su costa, con
tal que se les diese el auxilio de la tropa necesaria. Con esto hay ya
un principio de mucha consideracion, para verificar el proyecto, que
siendo tan importante y til al estado, igualmente que  la poblacion de
Chilo, debe llevarse  puro y debido efecto, tenindose presente el
informe que el Gobernador y Cabildo hizo sobre este asunto en 6 de
Febrero de 1753, y corre desde fojas 26 hasta fojas 33 del precitado
cuaderno, sealado con el nmero 98.

48. All se asienta, que ser mejor y muy ventajoso se reedifique la
ciudad en la costa, con el fin de que, en el caso de ser insultada por
los enemigos de tierra, pueda, con facilidad ser socorrida de la
provincia de Chilo en piraguas, y de la plaza de Valdivia en sus
lanchas: y desde luego este pensamiento est conforme con lo que dispone
la ley 2, ttulo 5, libro 4 de las Recopiladas de estos reynos, en que
se previene, que las tierras que se hubieren de poblar, tengan buenas
entradas y salidas, por mar y tierra, de buenos caminos y navegacion,
para que se pueda entrar y salir facilmente, comerciar y gobernar,
socorrer y defender; pues estando tierra adentro, se haria mas difcil,
por ser mas forzoso  los socorros abrir camino con las armas, y mucho
aumento de estas para la seguridad de las escoltas y bageles que
quedasen en el puerto aguardando las resultas. Y sobre el reparo que
pudiera hacerse, de que estando la poblacion en la costa se expondria 
los insultos del enemigo de Europa, responde muy bien el Cabildo: esto
es, si donde hubiere de hacerse hay puerto capaz de fondear navos, por
la misma razon conviene que all est la ciudad, para guardarlo y
defenderlo, y no dar lugar  que el enemigo se apodere de l: y si no lo
hay, est desde luego libre la poblacion de este recelo, pues eso mismo
ser causa de que no se arrime  la costa; mayormente reinando en ella
en los mejores tiempos del ao la travesa que les obligar hacerse  la
mar,   perder sus embarcaciones. Por cuyas razones contempla, y con
bastante fundamento, que la poblacion se haga y verifique en la costa,
en que ademas sus vecinos podrn disfrutar del beneficio del pege y
marisco.

49. Del mismo modo parece oportuna la construccion de un fuerte  la
entrada del camino por la parte de los indios Juncos, el cual ha de ser
la puerta y seguridad del de aquella provincia, por donde todos han de
pasar, y los socorros y escoltas; y hacer mansion segura para seguir
jornada, as los que salgan de la provincia para la ciudad, como los que
vayan de ella  la provincia. Y tambien es indispensable que se fabrique
otro fuerte en el parage donde se fundase la ciudad, para que  su
abrigo est y duerma el vecindario con el correspondiente seguro, 
igualmente otros que se consideren precisos, conforme  lo dispuesto por
la ley 7. del precitado ttulo y libro, segun el conocimiento que se
adquiera de aquellos terrenos, con la idea de que sea perpetua la
poblacion, y el camino expresado. A cuyo propsito debern los fuertes
proveerse de la correspondiente tropa y armas;  que podr contribuir en
gran manera la guarnicion destinada  la isla de Juan Fernandez, en el
caso de que se disponga su translacion, como oportunamente lo ha
propuesto el capitan D. Manuel de Orejuela, cuyas producciones en cuanto
 estos puntos, reproduce el Fiscal enteramente, para que V.S. haga de
ellas el uso que su perspicaz penetracion y consumada pericia militar
tuviese, por mas acertado y conveniente. Aadiendo que desde ahora
contradice una y muchas veces el que los espaoles, que hubiesen de
entrar  abrir el camino y poblar la ciudad de Osorno, hagan  los
indios el mas leve dao, ni les tomen cosa ninguna de sus bienes,
haciendas, ganados ni frutos, sin que primero se les pague, y d
satisfaccion equivalente: procurando que las compras y rescates sean 
su voluntad y entera libertad; y pide que sean castigados aquellos que
les hicieren mal tratamiento  dao, como expresamente lo previene la
ley 8. del antedicho ttulo y libro de las Recopiladas de estos reinos.

50. Conoce el Fiscal que las circunstancias actuales de la presente
guerra con la nacion britnica, lo exhausto del real erario, la
necesidad de mantener reforzadas las plazas y presidios de este reino, y
las inquietudes de l del Per, de donde deben venir los
correspondientes auxilios, pueden entorpecer la ejecucion de las
expediciones proyectadas: pero si V.S. reflexiona, que aun despues de
declarada la guerra se expidi el real rden, fecho en San Ildefonso, 
6 de Setiembre de 1779, que se halla  fojas 3 del expediente seguido
por el capitan D. Manuel de Orejuela, sobre la asignacion y goce de su
sueldo, en que se le mand saliese inmediatamente de la corte, y se
pusiese en marcha para esta ciudad  cumplir la comision conferida 
esta Capitana General, ver que la real voluntad es, que se verifiquen
dichas expediciones, aun en estas propias circunstancias, aunque sin
noticias de las citadas revoluciones del Per, que han inferido tan
crecidos gastos  la real hacienda. Sin embargo de lo cual, como sobre
este asunto debe V.S. entenderse con el Exmo. Sr. Virey, en conformidad
de la enunciada real rden de 29 de Diciembre de 1779, puede, siendo
servido, hacerle la correspondiente consulta, y proceder de acuerdo con
S.E. en la deliberacion de este importante y grave negocio; que, en
sentir del Fiscal, seria mas fcil y expedible si pudiesen verificarse
las reales intenciones, y la solicitud de los establecimientos que se
desean descubrir, por medio de algunas embarcaciones pequeas que
navegasen por alguno de los rios que desembocan en el mar y costas de
Chilo. Sobre todo, V.S. con sus acendradas luces, resolver lo que le
parezca mas acertado y conforme  las soberanas intenciones de Su
Magestad. Santiago, 31 de Julio de 1782.

DR. PEREZ DE URIONDO.











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Encantada, by Pedro de Angelis (Editor)

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