Project Gutenberg's El tesoro misterioso, by William Tufnell Le Queux

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org


Title: El tesoro misterioso

Author: William Tufnell Le Queux

Release Date: August 28, 2009 [EBook #29830]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL TESORO MISTERIOSO ***




Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
Proofreading Team at http://www.pgdp.net









BIBLIOTECA DE LA NACIN

GUILLERMO LE QUEUX

EL

TESORO MISTERIOSO

BUENOS AIRES

1909




INDICE


I.--El desconocido de Manchester

II.--Donde aparecen ciertos hechos misteriosos

III.--En el que se refiere una historia extraa

IV.--En el que se cruza por un terreno peligroso

V.--En el cual el misterio aumenta considerablemente

VI.--En el que figuran tres aes maysculas

VII.--El misterioso extranjero

VIII.--En el que se habla la verdad

IX.--La casa del silencio

X.--El hombre de los secretos

XI.--En el que se explica el peligro de Mabel Blair

XII.--El seor Ricardo Dawson

XIII.--Se revela el secreto de Burton Blair

XIV.--La opinin de un perito

XV.--Ciertas cosas que descubrimos en Mayvill

XVI.--En el que se confirman dos hechos curiosos

XVII.--Que se refiere puramente a un desconocido

XVIII.--Las encrucijadas de Owston

XIX.--En el que se encuentra un rastro

XX.--La lectura del registro

XXI.--Peor que la muerte.

XXII.--El misterio de una aventura nocturna

XXIII.--Que es en muchos conceptos asombroso

XXIV.--Terrible revelacin

XXV.--El nombre sagrado

XXVI.--Frente a frente

XXVII.--Las instrucciones de su Eminencia

XXVIII.--Descripcin de un descubrimiento asombroso

XXIX.--En el que se refiere una historia extraa

XXX.--El mvil y la moral

Conclusin




_DEL AUTOR AL LECTOR_


_En estos tiempos modernos, de agitada precipitacin y grandes
combinaciones, cuando el origen de familia no tiene valor alguno, las
fortunas se hacen en un da, y las reputaciones se pierden en una hora,
los secretos de los hombres son, algunas veces, muy extraos. Uno de
stos es el que revelo en este libro; uno que ser, aseguro
anticipadamente, enigmtico y sorprendente para el lector._

_El misterio ha sido tomado de la vida diaria, y hasta hoy la verdad
concerniente a l ha sido considerada estrictamente confidencial por las
personas mencionadas aqu, aun cuando ahora me han permitido que haga
pblicas estas notables circunstancias._

WILLIAM LE QUEUX




EL TESORO MISTERIOSO




I

EL DESCONOCIDO DE MANCHESTER


--Muerto! Y se ha llevado su secreto a la tumba!

--Jams!

--Pero se lo ha llevado. Mira! Tiene la quijada cada. No ves el
cambio, hombre!

--Entonces, ha cumplido su amenaza, despus de todo!

--La ha cumplido! Hemos sido unos tontos, Reginaldo... verdaderamente
tontos!--murmur.

--As parece. Confieso que yo esperaba confiadamente que nos dira la
verdad cuando comprendiese que le haba llegado el fin.

--Ah! t no lo conocas como yo--observ con amargura.--Tena una
voluntad de hierro y un nervio de acero.

--Combinados con una constitucin de caballo, porque, si no, hara mucho
tiempo que se hubiera muerto. Pero hemos sido engaados...
completamente engaados por un moribundo. Nos ha desafiado, y hasta el
ltimo momento se ha burlado de nosotros.

--Blair no era un tonto. Saba lo que el conocimiento de esa verdad
significaba para nosotros: una enorme fortuna. Lo que ha hecho,
sencillamente, es guardar su secreto.

--Y dejarnos sin un centavo. Aunque hemos perdido miles, Gilberto, no
puedo menos de admirar su tenaz determinacin. Recuerdo que ha tenido
que atravesar por momentos aciagos, y ha sido un buen amigo, pero muy
bueno, con nosotros; por lo tanto, creo que no debemos abusar de l, aun
cuando nos cause mucho sentimiento el hecho de que no nos haya dejado su
secreto.

--Ah, si esos labios blancos pudiesen hablar! Una sola palabra, y los
dos seramos hombres ricos--exclam con pena, contemplando la cara
plida del muerto, con sus ojos cerrados y su barba afeitada, que yaca
sobre la almohada.

--Desde un principio su intencin fue ocultar su secreto--observ,
cruzando los brazos, mi amigo Reginaldo Seton, que estaba de pie al otro
lado de la cama.--No a todos los hombres les es dado hacer un
descubrimiento como el suyo. Aos ocup para resolver el problema,
cualquiera que fuese; pero no podemos dudar, ni por un momento, que
consigui su objeto.

--Y el beneficio que sac fue de ms de un milln de libras
esterlinas--agregu yo.

--Ms bien dos, calculando por lo bajo. Recuerda que, cuando por primera
vez lo conocimos, pasaba las mayores estrecheces de dinero... y ahora?
En la semana pasada solamente, regal veinte mil libras al fondo del
Hospital. Y todo esto lo debe a haber podido resolver el enigma que hace
tiempo nosotros nos esforzamos por descubrir. No, Gilberto, no ha
procedido bien con nosotros. Debes acordarte que fuimos nosotros quienes
le ayudamos, lo enderezamos, y, en fin, hicimos todo lo que pudimos por
l, y en vez de revelarnos la clave del secreto que descubri, y lo
coloc entre los hombres ms ricos de Londres, se ha negado a hacerlo, a
pesar de que saba que iba a morir. Le prestamos dinero cuando su
situacin era precaria, le costeamos la educacin de Mabel cuando l no
tena con qu pagarla y...

--Y l nos pag hasta el ltimo centavo... con intereses--le
interrump.--Vamos; dejmonos de discutir aqu su proceder. El secreto
se ha perdido para siempre: eso basta.--Y cubr con la sbana la cara
del pobre muerto; el semblante de Burton Blair, el hombre que, durante
los ltimos cinco aos, haba sido uno de los misterios de Londres.

Una vida extraa y aventurera, una carrera ms notable quiz que muchas
de esas que forjan los novelistas, se haba cortado repentinamente,
mientras el secreto del origen de su enorme fortuna (secreto que ambos
habamos anhelado compartir durante los ltimos cinco aos, porque en
cierto grado tenemos justos ttulos para participar de sus ventajas)
haba desaparecido junto con l para nunca ms volver.

La pieza en que estbamos era un pequeo dormitorio, bien amueblado,
del Queen's Hotel, de Manchester. La ventana daba sobre la obscura
fachada del Hospital, y el ruido y bullicio del trfico de Piccadilly
ascendan hasta la habitacin del muerto. Su historia era ciertamente
una de las ms extraas que hombre alguno haya referido. Su misterio,
como lo veremos, era verdaderamente pasmoso.

La luz de aquella tarde triste de febrero desapareca con rapidez, y al
darnos vuelta lentamente para bajar e informar al gerente del
establecimiento del fin desgraciado que haba tenido un pasajero, not
que en un rincn estaba la maleta del muerto, y las llaves colocadas en
sus cerraduras.

--Mejor es que tomemos posesin de ellas--observ, cerrando la maleta y
poniendo en mi bolsillo el pequeo manojo de llaves.--Sus albaceas las
necesitarn.

Luego, cerramos la puerta, y dirigindonos a la oficina, comunicamos la
desagradable noticia de la muerte ocurrida en el hotel.

El gerente estaba preparado, sin embargo, pues, media hora antes, el
mdico le haba manifestado que el desconocido no tena remedio. Desde
el principio su enfermedad haba sido un caso sin esperanza.

He aqu, en breves palabras, lo que haba sucedido: Burton Blair se
haba despedido de su hija Mabel, partiendo en la maana del da
anterior de su mansin de la plaza Grosvenor, para ir a tomar el expreso
de las diez y media que de Euston sala para Manchester, donde tena que
arreglar algunos negocios particulares, segn haba dicho. Antes que el
tren llegara a Crewe, se sinti mal repentinamente, y uno de los
sirvientes del coche-restaurant lo encontr desmayado en uno de los
compartimientos de primera.

Le dieron brandy y algunas otras bebidas reconfortantes, que le hicieron
revivir lo bastante para llegar hasta Manchester, donde le ayudaron a
bajar del tren en London Road, y dos mozos de cordel lo subieron despus
a un _cab_ y lo acompaaron al hotel.

Una vez all, al acostarlo, volvi a caer en un estado de completo
desvanecimiento. Se llam a un mdico, pero no pudo emitir ningn
diagnstico sobre la enfermedad, contentndose con decir que el paciente
tena gravemente afectado el corazn, y que, en vista de eso, el
desenlace sera fatal y rpido.

A las dos de la maana del da siguiente, Blair, que no haba dado su
nombre ni haba manifestado quin era, a la gente del hotel, pidi que
telegrafiaran a Seton y a m, lo que dio por resultado que ambos, llenos
de ansiedad y de sorpresa, nos pusiramos en viaje para Manchester,
adonde llegamos una hora antes del desenlace final, encontrndonos con
que nuestro amigo estaba en un estado desesperante.

Al entrar en la pieza nos encontramos con el mdico, un tal doctor
Glenn, hombre joven y ms bien agradable, que estaba asistindolo. Blair
se hallaba en ese momento completamente consciente, y escuch la opinin
mdica sin alterarse.

En verdad, pareca que acoga con gusto la muerte en vez de temerla,
pues cuando oy que se encontraba en tan crtica situacin, una dbil
sonrisa se dibuj en su plida cara arrugada, y observ:

--Todos tenemos que morir; as, pues, lo mismo da que sea hoy que
maana.--Luego, volvindose a m, aadi:--Ha sido mucha bondad en
usted, Gilberto, venir expresamente a despedirse--y alarg su delgada
mano fra, busc la ma y la estrech fuertemente, mientras sus ojos se
clavaban en m con esa extraa mirada fija que slo aparece en los ojos
de un hombre cuando se encuentra al borde de la tumba.

--Es el deber de un amigo, Burton--respond con profunda
solemnidad.--Pero todava puede tener esperanza; los mdicos se
equivocan a menudo. No tiene usted, acaso, una esplndida constitucin?

--Desde que era muy chico no recuerdo haber estado casi un solo da
enfermo--contest el millonario en voz baja y dbil;--pero este ataque
me ha vencido completamente.

Tratamos de cerciorarnos con exactitud de cmo se haba enfermado, pero
ni Reginaldo ni el doctor pudieron sacar nada en claro.

--Perd el conocimiento de pronto, y no recuerdo nada ms--fue todo lo
que el moribundo dijo.--Pero--aadi, volvindose otra vez a m,--no
avisen a Mabel hasta que todo haya terminado. Pobre criatura! Mi nica
pena al irme de este mundo, es tener que dejarla. Ustedes dos fueron en
los aos pasados sumamente buenos con ella; no es verdad que ahora no
la abandonarn?--implor, hablando lentamente y con grandsima
dificultad, mientras sus ojos brillaban llenos de lgrimas.

--Ciertamente que no, viejo amigo--contest yo.--Vindose sola,
necesitar de alguien que la aconseje y se ocupe de sus intereses.

--Los pillos de los abogados se encargarn de eso--exclam con una
extraa dureza en su voz, como si no hubiera tenido estimacin alguna
por sus abogados.--No, quiero que usted vele por ella, que se cuide de
que ningn hombre la haga su esposa por amor a su dinero, me comprende?
Docenas de individuos andan en este momento detrs de ella, lo s, pero
preferira antes verla muerta que casada con uno de ellos. Debe casarse
por amor... s, por amor, me oye? Promtame, Gilberto, que la
proteger, que velar por su suerte, quiere?

Reteniendo todava su mano entre las mas, le promet cumplir lo que me
peda.

Estas fueron las ltimas palabras que pronunci. Sus plidos labios se
contrajeron de nuevo, pero no brot de ellos ningn sonido. Sus ojos
vidriosos estaban fijos en m con una mirada terrible y dura, como si
hubiera estado esforzndose por decirme algo.

Tal vez me estaba revelando el gran secreto, el secreto de cmo haba
resuelto el misterio de hacer fortuna y de poseer ms de un milln de
libras esterlinas, o tal vez me hablaba de Mabel. Pero nosotros no
pudimos saber lo que fue. Su lengua se negaba a articular una palabra
ms; el silencio de la muerte habase apoderado de l.

As desapareci de este mundo, y as fue cmo yo me encontr ligado a
una promesa que tena la intencin de cumplir, aun cuando l no nos
haba revelado su secreto, como nosotros confiadamente lo habamos
esperado. Cuando nos mand llamar, habamos credo que, dndose cuenta
de su estado agonizante, lo haca para darnos a conocer ese misterioso
medio que nos hara ms ricos de lo que jams habamos soado. Pero en
este caso el desengao haba sido cruelsimo. Durante cinco aos, lo
confieso, habamos esperado confiados en que algn da repartira con
nosotros parte de su fortuna en compensacin de los servicios que le
habamos hecho en lo pasado. Sin embargo, pareca ahora que framente
haba despreciado la deuda de gratitud que tena para con nosotros, y al
mismo tiempo me haba impuesto a m una obligacin no muy fcil de
cumplir: la tutela de Mabel, su nica hija.




II

DONDE APARECEN CIERTOS HECHOS MISTERIOSOS


Debo declarar que, teniendo en cuenta todas las misteriosas y curiosas
circunstancias de lo pasado, la situacin, para m, estaba muy lejos de
ser satisfactoria.

Al encaminarnos juntos aquella noche fra por la calle Market
discutiendo el asunto, porque habamos preferido salir a quedarnos en el
saln del hotel, a Reginaldo se le vino a la imaginacin la idea de que
tal vez entre los objetos pertenecientes al muerto estuviese el secreto
escrito y sellado.

Pero en este caso, salvo que estuviera dirigido a nosotros, sera
abierto por las personas que el moribundo haba designado con el
calificativo de los pillos de los abogados, y, segn todas las
probabilidades, ellos sabran sacarle para s todo el provecho posible.

Sus abogados eran, como nosotros lo sabamos, los seores Leighton,
Brown & Leighton, firma eminentemente honorable de Bedford Row; por lo
tanto, les dirigimos un telegrama desde la oficina central,
informndolos de la muerte repentina de su cliente, y pidindoles que
uno de ellos viniera en el acto a Manchester, para que estuviese
presente en las indagaciones que se iban a efectuar, por haber declarado
el doctor Glenn que seran necesarias. Como el muerto haba manifestado
el deseo de que, por entonces, Mabel ignorase la realidad, no le
avisamos el trgico y doloroso suceso.

La curiosidad nos hizo volver pronto al hotel y subir a la habitacin
del muerto, para examinar el contenido de su maleta y pequea valija,
pero, fuera de sus ropas, un libro de cheques y unas diez libras
esterlinas en oro, no encontramos nada. Sin embargo, no creo estar
equivocado al afirmar que ambos habamos tenido la esperanza de
encontrar la clave del notable secreto que de una manera desconocida
haba conseguido, aun cuando no era creble que un objeto tan valioso lo
hubiera tenido en su equipaje.

En el bolsillo de una pequea cartera de apuntes, que formaba parte de
lo que haba en la maleta, descubr varias cartas, todas las cuales
examin y vi que no eran de importancia, salvo una, sucia y mal escrita
en incorrecto italiano, que contena algunas frases que despertaron mi
curiosidad.

Verdaderamente, tan extrao era el tenor en que estaba escrita esa
carta, que, con aprobacin de Reginaldo, resolv guardarla y hacer
algunas averiguaciones.

Muchas cosas y hechos secretos haban rodeado la vida de Burton Blair,
los cuales durante aos nos haban intrigado, y en consecuencia,
estbamos dispuestos, si era posible, a aclarar el extrao misterio que
lo haba envuelto en vida, a pesar de haberse llevado a la tumba el
secreto de su enorme fortuna.

Nosotros ramos los nicos en el mundo que conocamos la existencia del
secreto, pero ignorbamos la clave necesaria para poder abrir esa fuente
de inagotables riquezas. Para todos era un misterio indescifrable el
medio de que se haba valido para hacer esa enorme fortuna, y hasta su
hija Mabel no lo conoca.

En la City y en sociedad crean algunos que posea grandes sumas
invertidas en minas, y que era un feliz especulador en acciones,
mientras otros declaraban que era dueo, por lo menos, del terreno, o,
mejor dicho, de toda la planta urbana de dos grandes ciudades de los
Estados Unidos, afirmando algunos, con ms aplomo, que el origen de su
fortuna provena de concesiones que haba conseguido del Gobierno
otomano.

Todos, sin embargo, se equivocaban en sus suposiciones. Burton Blair no
posea un acre de tierra, no tena un solo cheln invertido en compaa
alguna, no se interesaba, ni estaba comprometido en concesiones de
ningn Gobierno o empresas industriales. No. El origen de la gran
fortuna que en el espacio de cinco aos lo haba puesto en condiciones
de comprar, decorar y amueblar de una manera regia, una de las ms
esplndidas mansiones de la plaza Grosvenor, mantener tres de los ms
costosos Panhards (los automviles eran su pasin favorita), y poseer
esa magnfica morada antigua de tipo jacobiano, conocida con el nombre
de Mayvill Court, en Herefordshire, era completamente desconocido para
todo el mundo y proceda de donde nadie sospechaba siquiera. Sus
millones eran ciertamente muy misteriosos.

--Me asombrara de que se sacara algo en claro de las averiguaciones que
se van a hacer--exclam Reginaldo, algunas horas ms
tarde.--Indudablemente sus abogados tampoco saben nada.

--Puede ser que haya dejado algunos papeles que revelen la
verdad--contest.--Los hombres que en vida son silenciosos y reservados,
a menudo suelen confiar sus secretos al papel.

--No creo que Burton lo haya hecho.

--Recuerda que puede haberlo hecho en beneficio de Mabel.

--Ah! por Job!--murmur mi amigo,--no haba pensado en eso. Si deseaba
que fuera para ella, debe haber dejado su secreto en manos de alguna
persona en quien confiara implcitamente. Sin embargo, l confiaba en
nosotros... hasta cierto punto. Somos los nicos que tenemos algn
conocimiento verdadero del estado de sus asuntos.--Y mi amigo Reginaldo,
rubio, de piernas largas y seis pies de alto, el tipo perfecto del
ingls muscular y flexible, aun cuando estaba dedicado al comercio de
frivolidades y monadas femeninas, se call lanzando un sordo gruido de
disgusto, y encendi cuidadosamente un nuevo cigarro.

Pasamos una noche triste vagando por las principales calles de
Manchester, sintiendo que con la muerte de Burton Blair habamos perdido
un amigo sincero; pero, cuando a la maana siguiente nos encontramos en
el hall del Queen's Hotel con Herberto Leighton, el abogado, y tuvimos
una larga consulta con l, el misterio que rodeaba al muerto, aument
considerablemente.

--Ustedes dos conocan muy bien a mi difunto cliente--observ el
abogado, despus de algunos preliminares.--Saben si existe alguna
persona a quien pudiera ser de provecho su muerte repentina?

--Esa es una pregunta extraa--dije yo.--Por qu?

--Es que tengo motivos para creer--explic con cierta vacilacin aquel
hombre moreno y de facciones afiladas,--que ha sido vctima de una
infamia.

--De una infamia!--exclam atnito.--Usted no cree seguramente que ha
sido asesinado, no es verdad? Eso no puede ser, estimado amigo. Se
enferm en el tren, y ha muerto aqu en nuestra presencia.

El abogado, cuya fisonoma haba tomado un aspecto ms grave an, se
encogi de hombros sencillamente, y dijo:

--Debemos, por cierto, aguardar el resultado de la investigacin, pero
tengo la creencia, por ciertos informes que poseo, de que Burton Blair
no ha fallecido de muerte natural.

Aquella misma noche, el coroner (mdico de polica) efectu su
investigacin en una pieza privada del hotel, y, en conformidad con la
opinin de los dos mdicos que haban comprobado la defuncin y hecho la
autopsia en la maana de ese mismo da, declar que la muerte se deba
nicamente a causas naturales. Se descubri que Burton Blair haba
padecido de debilidad natural al corazn, y que el desenlace fatal haba
sido acelerado por el movimiento del tren.

No haba absolutamente nada que pudiera inducir a sospechar que se
hubiese cometido un crimen; por lo tanto, el jurado pronunci el
veredicto, de acuerdo con la prueba pericial, de que la muerte era
debida a causas naturales, y concedi permiso para trasladar el cadver
a Londres, donde deba ser sepultado.

Una hora despus de terminada la investigacin llam aparte al seor
Leighton, y le dije:

--Como usted sabe, desde hace varios aos he sido uno de los ntimos
amigos de Blair, y, naturalmente, estoy muy interesado en saber qu
razones ha tenido usted para sospechar que se ha cometido una infamia.

--Mis sospechas eran bien fundadas--fue su contestacin, algo
enigmtica.

--En qu se fundaban?

--En el hecho de que mi cliente fue amenazado, y que, a pesar de no
haberlo comunicado a nadie ms que a m y rerse de las precauciones que
yo le indiqu, viva constantemente temeroso de ser asesinado.

--Extrao!--exclam.--Muy extrao!

Nada le dije de esa notable carta que haba encontrado en el equipaje
del muerto. Si lo que l deca era verdaderamente cierto, entonces en la
muerte de Burton Blair se encerraba un secreto de los ms
extraordinarios, reflejo fiel del de su extraa, romntica y misteriosa
vida; secreto que era inescrutable, pero absolutamente sin igual.

Pienso que ser necesario explicar las curiosas circunstancias que nos
pusieron en contacto con Burton Blair, y describir los hechos
misteriosos que se produjeron despus que hicimos relacin. Es tan
notable esta historia desde el principio hasta el fin, que muchos de los
que la lean se sentirn inclinados a dudar de mi veracidad. A stos,
antes de empezar, les indicar que pueden hacer averiguaciones en
Londres, en ese pequeo mundo de aventureros, especuladores,
prestamistas y perdedores de dinero, conocido con el nombre de la City,
donde estoy seguro que no tendrn dificultad alguna en obtener an ms
detalles interesantes sobre el hombre de los misteriosos millones a que
en parte se refiere esta narracin.

Y, ciertamente, los hechos fieles concernientes a l se ver que forman,
no vacilo en decirlo, uno de los ms notables romances de la vida
moderna.




III

EN EL QUE SE REFIERE UNA HISTORIA EXTRAA


Con el fin de explicar la verdad sencilla y llanamente, debo, en primer
lugar, decir que yo, Gilberto Greenwood, era un hombre de escasos
recursos, a quien una ta, asctica y de la iglesia bautista, pero
poseedora de una pequea fortuna, le haba dejado una renta vitalicia;
mientras mi amigo Reginaldo Seton, a quien conoca desde nio, cuando
juntos habamos estado en Charterhouse, era hijo de Jorge Seton, dueo
de un negocio de encajes de la calle Cannon y concejal de la
Municipalidad de Londres, el que muri dejando a Reginaldo de
veinticinco aos, con una pesada carga de deudas y un negocio anticuado
y noble, pero que iba decayendo rpidamente. Sin embargo, como Reginaldo
se haba formado en una fbrica de Nottingham, conociendo el comercio de
encajes, continu valientemente los pasos de su padre, y, debido a su
dedicacin al negocio, consigui desenvolverse lo bastante bien para
evitar presentarse en quiebra ante los tribunales, y pudo asegurarse
una renta anual de algunos cientos de libras.

Ambos ramos solteros, y compartamos las confortables habitaciones que
habamos tomado en la manzana de casas, divididas en pisos,
recientemente construidas en la calle Great Russell; y como ramos
aficionados a la caza de zorros, el nico deporte que podamos
concedernos como goce, tambin alquilbamos juntos una casa anticuada y
barata, en una aldea rural, conocida con el nombre de Helpstone, a
ochenta millas de Londres, situada en la posesin de los Fitzwilliams.
All solamos ir todos los inviernos a pasar generalmente dos das de la
semana.

Como ninguno de nosotros dispona de muchos recursos, tenamos, como
puede imaginarse, que hacer bastantes economas, porque la caza de
zorros es una distraccin costosa para un hombre pobre.

Sin embargo, poseamos afortunadamente un par de buenos caballos cada
uno, y apretando un poquito en una cosa y otro poquito en otra, podamos
darnos el goce de esas excitantes carreras a travs del campo, en las
cuales la sangre se pone en movimiento y bulle de agitacin a la vez que
rejuvenece a todos los que toman parte en ellas.

Reginaldo vease obligado algunas veces a quedarse en la ciudad por las
exigencias de su negocio; de modo que frecuentemente resida solo en la
vieja casa revestida de verde hiedra, teniendo a mi lado a Glave, mi
sirviente, para que me atendiera.

Era una tarde de enero, terriblemente fra; Reginaldo estaba ausente en
Londres, y yo, que haba pasado todo el da cazando, volva a caballo
completamente desfallecido. El encuentro de la partida esa maana haba
sido en Kat's Cabin, Huntingdonshire, y despus de dos buenas carreras
me hall ms all de Stilton, a dieciocho millas de mi casa.

Sin embargo, el rastro haba sido excelente, y habamos gozado de un
deporte muy bueno. Una vez que termin la cacera, tom un buen trago de
mi frasco y part a travs del campo, en medio de la obscuridad que
empezaba a tender su manto.

Felizmente pude vadear el ro a la altura del molino Water Newton, lo
que me economiz la larga vuelta por Wansford, y cuando me encontr a
una milla de casa, dej que mi caballo marchara al paso, como siempre lo
haca, para que pudiera tranquilizarse antes de llegar a su caballeriza.
Ya las sombras de la tarde iban convirtindose en profunda obscuridad, y
el fuerte viento me cortaba las carnes como cuchillo al pasar las
encrucijadas que hay a media milla de la aldea de Helpstone, cuando de
repente surgi de junto del alto seto de acebos la figura de un hombre
corpulento, y una voz profunda exclam:

--Disculpe, seor, pero soy un forastero en estos lugares, y tengo a mi
hija desmayada. Hay por aqu cerca alguna casa?

Entonces, al acercarme, vi arrinconada contra un montn de piedras, a un
lado del camino, la delgada figura dbil de una nia como de diecisis
aos, envuelta en una capa gruesa y de color obscuro, mientras, a la luz
de los ltimos destellos del da, distingu que el individuo que me
hablaba era un hombre de aspecto tosco, barba negra, lenguaje bastante
correcto y como de unos cuarenta y cinco aos, ms o menos, vestido con
un traje usado de sarga azul y un gorro con visera, que le daba cierto
aire de marino. Su cara era curtida y con algunas cicatrices, mientras
sus anchas y enrgicas quijadas demostraban fuerza de carcter y tenaz
determinacin.

--Se ha enfermado su hija?--le pregunt cuando la hube examinado bien.

--Hemos caminado mucho hoy, y creo que est rendida. Hace como media
hora que sinti un desvanecimiento, y al sentarse perdi el conocimiento
y qued insensible.

--No debe permanecer aqu--observ cuando me hube dado cuenta de que el
padre y la hija eran unos vagabundos.--Es tan grande el fro, que se
helar completamente. Mi casa est un poco ms all. Voy en el acto y
volver con una persona que ayude a llevarla.

El hombre empez a agradecerme, pero yo espole mi caballo, y pronto
estuve en el patio de la cuadra. Llam a Glave y le orden que me
acompaara al sitio donde haban quedado mis dos caminantes.

Un cuarto de hora despus colocbamos a la pobre nia desmayada sobre un
canap en mi confortable y abrigado gabinete; le hacamos beber a la
fuerza un poco de brandy, y al fin abra sus ojos, llenos de asombro,
mirando con infantil temor lo que la rodeaba, que era para ella
completamente desconocido.

Su mirada se encontr con la ma, entonces vi que su rostro era de una
belleza extraordinaria, de ese tipo moreno medio trgico, y que sus ojos
resaltaban ms brillantes por la palidez mortal de su cara.

Las facciones eran bien modeladas, hermosas y finas en todas sus lneas,
y cuando se dirigi a su padre, para preguntarle qu haba sucedido,
not que no era una simple criatura hija de los caminos, sino, al
contrario, una nia sumamente inteligente, bien amanerada y de buena
educacin.

Su padre, en pocas palabras, le explic nuestro inesperado encuentro y
mi hospitalidad; entonces ella me sonri dulcemente y pronunci algunas
palabras de agradecimiento.

--Debe haber sido el intenso fro, me parece--aadi.--Me sent de
pronto entumecida, mi cabeza empez a girar y no pude tenerme en pie.
Pero realmente es mucha bondad en usted. Cunto siento hayamos tenido
que molestarle de esta manera.

Le asegur que mi nico deseo era verla completamente restablecida, y,
mientras hablaba, no pude dejar de reconocer que su belleza era notable.
Aun cuando muy nia, pues su figura no haba acabado de desarrollarse
completamente, su cara era, sin embargo, una de las ms perfectas que he
visto.

Desde el primer momento que mis ojos la vieron, me pareci
indescriptiblemente encantadora. Era evidente que se encontraba sin
fuerzas, como lo demostraba el modo penoso e inquieto con que se mova
en el canap. Su pobre falda negra y sus gruesas botas estaban llenas de
barro y gastadas por las caminatas, y comprend, por la manera cmo
despej su frente y ech abajo la desordenada masa de sus cabellos, que
le dola la cabeza.

Glave, que no se hallaba de muy buen humor por la presencia de esos dos
vagabundos desconocidos, entr y me anunci que la comida estaba
servida; pero ella, firmemente, aun cuando con dulzura y gracia, rehus
mi invitacin a comer, diciendo que, si yo se lo permita, prefera ms
bien quedarse all delante del fuego media hora ms.

En vista de esto, le envi un plato de sopa caliente por la anciana
seora Axford, nuestra cocinera, mientras su padre, despus de lavarse
las manos y arreglarse un poco, me acompa al comedor.

Pareca medio muerto de hambre, y al principio se mostr taciturno y
reservado; pero luego, cuando hubo apreciado lo bastante mi carcter, me
dijo que se llamaba Burton Blair, que haca diez aos que haba perdido
a su esposa, durante su ausencia en el extranjero, y que la pequea
Mabel era su nica hija. Como su aspecto lo demostraba, la mayor parte
de su vida la haba pasado en el mar, y tena su certificado de capitn
de buque menor, pero ltimamente haba residido en tierra.

--Hace ya tres aos que estoy aqu--continu,--y puedo asegurarle que
han sido bastante duros. Pobre Mabel! Es un verdadero tesoro, como lo
era su pobre y querida madre. Hace tres aos que padece hambres y penas,
y, sin embargo, jams se ha quejado. Ya conoce mi carcter, sabe que
cuando Burton Blair resuelve hacer una cosa por Job! la hace--y apret
fuertemente sus enrgicas quijadas, mientras en sus ojos se reflej una
mirada de decisin y persistencia tenaz, la ms terrible que he visto en
un hombre.

--Pero por qu razn, seor Blair, ha abandonado usted el mar para
perecer de necesidad en la tierra?--le pregunt, pues la curiosidad
habase despertado en m.

--Porque... porque tengo una razn... una razn muy poderosa--fue su
contestacin vacilante.--Usted me ve esta noche sin hogar y hambriento
(ri amargamente Burton Blair), pero tal vez maana podr ser un
millonario.

Y su cara asumi una misteriosa expresin, inescrutable como la de una
esfinge, que me dej penosamente confundido.

Muchas y muchas veces desde entonces he recordado esas extraas palabras
profticas que pronunci sentado en mi mesa, cuando no era ms que un
pobre vagabundo de los caminos, muerto de fro, hambriento, sucio, mal
vestido y exhausto, pero que abrigaba la firme creencia, por absurdo que
parezca, de que antes de mucho tiempo poseera millones.

Recuerdo bien cmo me sonre al or su vaga afirmacin. Todo hombre que
desciende mucho en la escala social, se aferra a la dbil creencia de
que su suerte cambiar, y que, debido a algn capricho de la fortuna,
volver sonriente a subir a su antiguo nivel. La esperanza jams muere
dentro del pecho del hombre arruinado.

Valindome de ciertas preguntas prudentes, trat de conseguir mayores
informes sobre la esperanza que abrigaba de llegar a tener fortuna,
pero no quiso decirme nada, absolutamente nada.

Despus que comi bien, acept un cigarro, tom su caf con brandy, y
fum con la tranquilidad del hombre satisfecho, que no tiene un solo
pensamiento que lo aflija ni ninguna preocupacin en el mundo, o, mejor
dicho, como un hombre que sabe exactamente lo que el destino le tiene
reservado.

As, desde el principio, Burton Blair fue un misterio. Cuando volvimos
adonde estaba Mabel, la encontramos durmiendo tranquilamente, postrada
por la fatiga. Entonces persuad a su padre de que se quedara en mi casa
aquella noche, con el fin de que la pobre nia pudiese descansar, y,
como consintiera, nos volvimos al comedor, donde nos sentamos a fumar y
permanecimos varias horas conversando.

Me refiri la historia de sus crueles aos pasados en el mar, las
extraas aventuras que le haban sucedido en pases salvajes, cmo
escap de una muerte segura en las manos de una tribu de nativos en
Camarones, y cmo, por espacio de tres aos, haba sido capitn de un
vapor de ro en el Congo, representando en esas regiones el papel de un
_pioneer_ de la civilizacin.

Sus conmovedoras aventuras las relataba tranquila y naturalmente, sin
fanfarronadas ni demostraciones de alarde, y su manera sencilla y
verdadera me demostr que era uno de esos hombres que aman la vida de
aventuras por sus vicisitudes y peligros.

--Y ahora ando detrs de los molinetes de Inglaterra--aadi
riendo.--Usted debe pensar, no hay duda, que todo esto es muy extrao;
pero, hablndole con sinceridad, seor Greenwood, le dir que me ocupo
activamente en una investigacin muy curiosa, cuyo feliz resultado me
har algn da poseedor de una fortuna que ni en mis sueos ms
extravagantes me forj jams. Vea!--exclam de pronto, con una mirada
de extraa fiereza en sus grandes ojos obscuros, al desabotonarse
rpidamente su saco azul y sacar de debajo de l un pedazo cuadrado y
chato de gamuza muy usada y manchada, dentro de la cual pareca que se
encerraba algn precioso documento u otro objeto de valor.--Mire! Mi
secreto est aqu. Algn da descubrir la clave; puede ser maana,
pasado, o tal vez en el ao prximo, pero al fin se producir. Cundo?
eso es absolutamente indiferente y sin valor. El resultado ser el
mismo. Mis aos de continuo viaje e investigacin se vern premiados,
ser rico, y el mundo quedar maravillado.--Y, rindose satisfecho, casi
triunfante, volvi a guardar en su pecho, con todo cuidado, su precioso
tesoro; luego se puso de pie y qued parado dando la espalda al fuego,
en la actitud de un hombre que confa completamente en lo que est
escrito en el libro del destino.

Aquella escena de media noche, con todos sus romnticos y extraos
detalles, aquel episodio de lo pasado, cuando el fatigado caminante y su
hija haban sido mis huspedes por vez primera, y todos sus recuerdos
acudieron a mi memoria la tarde fra y brillante en que descend de un
coche, al siguiente da de la investigacin verificada en Manchester,
delante de la gran mansin blanca de la plaza Grosvenor, y supe por
Carter, el solemne sirviente, que la seorita Mabel estaba en casa.

Aquella esplndida morada, con sus exquisitas decoraciones, mobiliario
verdaderamente de estilo Luis XIV, sus valiosas pinturas y magnficos
ejemplares de esculturas del siglo diecisiete, morada de una persona
para quien no significaban nada todo ese lujo y todo ese gasto, era
seguramente un testimonio suficiente de que el pobre y mal trado
vagabundo que haba pronunciado esas misteriosas palabras en mi pequeo
comedor cinco aos antes, no haba sido un charlatn o un necio
fanfarrn.

El secreto encerrado dentro de esa sucia bolsita de gamuza, cualquiera
que hubiese sido, le haba producido ms de un milln de libras
esterlinas, y segua siempre produciendo enormes sumas, hasta que la
muerte haba venido a poner fin repentinamente a su explotacin. El
misterio de todo aquello no tena solucin; el enigma era completo e
indescifrable.

Estas y otras reflexiones cruzaron por mi mente al subir detrs del
lacayo la ancha escalera de mrmol y ser introducido en el gran saln
oro y blanco, cuyas paredes estaban tapizadas por entrepaos de seda
color rosa plido, mientras sus cuatro grandes ventanas tenan vista
sobre la plaza.

Todas esas pinturas inapreciables, esos hermosos muebles, gabinetes e
incomparables _bric-a-brac_, haban sido comprados con el producto del
misterioso secreto; de ese secreto que en el corto espacio de cinco aos
haba transformado en millonario al vagabundo extenuado y sin hogar.

Contemplando distradamente la melanclica plaza con sus rboles sin
hojas, quedeme parado sin saber cmo hara para comunicar de la mejor
manera posible la triste nueva de que era portador, cuando o a mi
espalda un suave frou-frou de una falda de seda, y, dndome vuelta
prontamente, me encontr delante de la hija del muerto, cuyo aspecto era
ahora, a la edad de veintitrs aos, mucho ms dulce, bello, gracioso y
femenino, que cuando por vez primera nos habamos conocido, tiempo ha,
de una manera extraa y en medio de un camino.

Su negro traje, su figura temblorosa y sus plidas mejillas, humedecidas
por las lgrimas, me indicaron que esta joven, por quien tena que
velar, conoca ya la penosa y triste realidad. Se par delante de m,
resaltando an ms su hermosa y trgica presencia, con su pequea y
blanca mano nerviosamente apoyada en el respaldo de una de las doradas
sillas del saln, como buscando sostn en medio de su dolor.

--Lo s!--exclam con voz cortada, cosa desconocida en ella, y sus ojos
fijos en m.--S para qu ha venido a verme, seor Greenwood. Hace una
hora que lo he sabido por el seor Leighton, que ha estado aqu. Ah, mi
pobre padre querido!--suspir, y las palabras se anudaban en su garganta
al correrle las lgrimas.--Para qu ira a Manchester? Sus enemigos han
triunfado, como yo lo tema desde hace tiempo. Sin embargo, l no
pensaba mal de nadie, ni crea en la perversidad de ningn hombre, pues
tena un corazn muy generoso. Siempre se neg a escuchar mis
advertencias, y se rea de todas mis aprensiones. Pero ay! la terrible
realidad es ya un hecho. Mi pobre padre!--tartamude, con su bello
rostro blanco hasta los labios.--Est muerto... y su secreto ha
desaparecido!




IV

EN EL QUE SE CRUZA POR UN TERRENO PELIGROSO


--Sospecha usted, Mabel, que su pap ha sido vctima de una mala
accin?--le pregunt a la plida y enervada joven que estaba de pie
delante de m.

--S, lo sospecho--fue su contestacin clara y sin vacilacin.--Usted
conoce su historia, seor Greenwood; usted sabe que l llevaba a todas
partes un objeto guardado en una bolsita de gamuza, objeto que era su
ms precioso tesoro. El seor Leighton me ha dicho que se ha perdido.

--Desgraciadamente es as--repliqu.--Los tres la hemos buscado entre
sus ropas y dems equipaje; hemos hecho averiguaciones e interrogado al
sirviente del coche-restaurant que lo encontr sin conocimiento en el
tren, a los mozos de cordel que lo llevaron hasta el hotel, y, en fin, a
todo aquel que poda saber algo, pero no ha sido posible encontrar el
menor rastro del objeto buscado.

--Porque ha sido robado deliberadamente--observ.

--Entonces usted abriga la creencia de que ha sido asesinado para
ocultar el robo.

Movi la cabeza afirmativamente, con su cara siempre plida y rgida.

--Pero recuerde, Mabel, que no existe prueba alguna de que se haya
cometido un crimen. Ambos mdicos, dos de los mejores de Manchester, han
declarado que la muerte se ha producido debido a causas enteramente
naturales.

--A m no me importa nada de lo que ellos digan. La bolsita que mi pobre
padre cosi con sus propias manos, que durante todos estos aos pasados
guard tan cuidadosamente, y que por algn motivo extrao no quiso
depositarla en ningn banco o en una segura caja de hierro, ha
desaparecido. Sus enemigos se han posesionado de ella, como yo tena la
certeza de que lo haran.

--Recuerde que l me mostr esa bolsita de gamuza, la primera noche que
nos conocimos--le dije.--Me declar entonces que lo que en ella se
encerraba le dara fortuna... y ciertamente que ha sido as--aad,
paseando la mirada por el magnfico saln.

--Le dio riquezas, pero no felicidad, seor Greenwood--respondi
tranquilamente.--Esa bolsita, cuyo contenido jams vi, ni supe lo que
era, la llev siempre consigo, ya en su bolsillo, ya pendiente del
cuello, desde que vino a su poder, muchos aos ha. En todos sus trajes
tena un bolsillo especial para guardarla, y de noche la colocaba en un
cinturn, hecho tambin especialmente para el objeto, que usaba bien
ajustado a la cintura. Creo que la consideraba como una especie de
hechizo, o talismn, que, adems de ser la fuente de su gran fortuna, lo
preservaba de todas las desgracias y males. La razn de esto no puedo
decirla, porque no la conozco.

--Nunca se cercior usted de qu ndole era el objeto que l
consideraba tan precioso?

--Trat muchas veces de hacerlo, pero nunca quiso revelrmelo. Era su
secreto me deca, y no aada una palabra ms.

Reginaldo y yo habamos tratado innumerables veces de saber lo que
encerraba esa misteriosa bolsita, pero no habamos tenido mejor xito
que la encantadora joven que estaba de pie delante de m. Burton Blair
era un hombre raro, tanto en actos como en palabras, muy reservado en
sus asuntos particulares, y, sin embargo, aunque parezca bastante
extrao, cuando la prosperidad le sonri, convirtiose en un prncipe de
bondad y de nobleza.

--Pero quines eran sus enemigos?--le inquir.

--Ah! eso tambin lo ignoro completamente--respondi.--Como usted lo
sabe, durante los dos ltimos aos se ha visto rodeado por aventureros y
parsitos de todas clases, como les sucede siempre a los hombres ricos,
a los cuales, Ford, su secretario, ha conseguido mantener a buena
distancia. Puede ser que les fuera conocida la existencia de ese
precioso objeto, y que mi pobre padre haya sido vctima de alguna trama
infame. A lo menos esa es mi firme idea.

--Entonces, si es as, hay que informar a la polica--exclam.--La
bolsita de gamuza que l me mostr la noche de nuestro primer encuentro,
se ha perdido, y aun cuando todos la hemos buscado con el mayor empeo
y cuidado, ha sido intil. Sin embargo, qu beneficio podr reportar a
la persona que la posea, si le falta la clave de lo que en ella se
encierra?

--Pero no estaba tambin esa clave, sea lo que fuere, en manos de mi
padre?--pregunt Mabel Blair.--No fue el descubrimiento de esa misma
clave lo que nos dio todo esto que poseemos?--repiti, con esa
encantadora dulzura femenina que era su ms atrayente caracterstica.

--Exactamente. Pero su pap, que era tan prudente y sagaz, no deba
llevar consigo ambas cosas: el problema y la clave! No puedo creer que
cometiese semejante necedad.

--Ni yo tampoco. Aun cuando era su nica hija, y la depositaria de toda
la historia de su vida, haba una cosa que me ocultaba persistentemente,
y era la ndole de su secreto. Algunas veces he abrigado la sospecha de
que tal vez no era muy honorable; que probablemente sera uno de esos
que un padre no se atreve a revelar a su hija. Y, sin embargo, nadie lo
ha acusado jams ni le ha echado en cara un acto doloso o deshonesto.
Otras veces me pareca notar en su fisonoma y maneras un sello de
verdadero misterio, que me haca pensar que el origen de nuestra fortuna
ilimitada era extrao y romntico, y que si el mundo tena conocimiento
de l, lo considerara como una cosa increble. Una noche que estbamos
sentados aqu despus de la comida, y mientras fumaba, se entretuvo en
hablarme de mi pobre madre, que muri en unas habitaciones de una
obscura calle de Manchester, cuando l estaba ausente en un viaje por la
costa occidental de Africa; pero en el correr de la conversacin declar
que, si Londres llegaba a conocer alguna vez el origen de sus riquezas,
se quedara asombrado. Pero--aadi--es un secreto que tengo la firme
intencin de llevrmelo a la tumba.

Muy extrao era, pero estas mismas palabras me las haba dicho dos aos
antes, estando sentado delante del fuego en nuestras habitaciones de la
calle Great Russell, al hacerle yo alusin a su maravillosa suerte.
Estaba muerto, y una de dos, o haba cumplido su amenaza de destruir
toda prueba de su secreto, encerrado en la usada bolsilla de gamuza, o
le haba sido hbilmente robado.

La curiosa y mal escrita carta que haba encontrado en el equipaje de mi
amigo, a la vez que me haba llenado de confusin, haba hecho nacer en
m ciertas sospechas que hasta ese momento no haba abrigado. No le dije
nada de esto a Mabel, porque no deseaba causarle mayores penas ni
ansiedades. Desde que nos habamos conocido la primera vez, y durante
todos los aos transcurridos, siempre habamos sido buenos amigos. Aun
cuando Reginaldo era quince aos mayor que ella, y yo trece, creo que a
los dos nos consideraba como si hubiramos sido sus hermanos mayores.

Nuestra amistad haba principiado desde el da que encontramos a Burton
Blair murindose de hambre y vagando por los caminos, y nos unimos para
costear, con nuestros modestos recursos, su educacin y la pusimos en
una escuela de Bournemouth para que se acabara de perfeccionar.

Resolvimos que era completamente imposible permitir que una nia tan
joven y delicada anduviera vagando por toda Inglaterra sin objeto
determinado, en busca de algn vago informe secreto que pareca ser el
fin de su errante padre; por lo tanto, despus de aquella noche en que
nos conocimos por vez primera en Helpstone, Burton Blair y su hija
permanecieron una semana como nuestros huspedes, y al cabo de muchas
consultas y pequeas economas, conseguimos poner a Mabel en la escuela,
servicio que despus ella nos agradeci con la ms noble sinceridad.

Pobre criatura, cuando el destino nos hizo encontrarla, estaba
completamente debilitada y exhausta. La pobreza ya haba impreso su
marca indeleble en su dulce rostro, y su belleza empezaba a marchitarse
bajo el peso de los sufrimientos, decepciones y viajes errantes, cuando
tan felizmente la descubrimos y nos fue posible arrancarla de esa vida
de privaciones, dolorosas caminatas y fatigas, a travs de interminables
caminos.

Contra lo que nosotros esperbamos, transcurri bastante tiempo antes
que pudiramos conseguir que Blair consintiese en que su hija volviera
al colegio, porque, en verdad, tanto el padre como la hija se amaban
entraablemente y estaban muy apegados. Sin embargo, al fin triunfamos,
y cuando el tosco y barbudo caminante lleg a ver realizados sus deseos,
no se olvid de agradecernos de una manera muy positiva lo que por ellos
habamos hecho. Realmente, nuestra desahogada posicin actual se la
debamos a l, porque no slo le haba regalado a Reginaldo un generoso
cheque que lo puso en condiciones de pagar todas las deudas que pesaban
sobre su negocio de encajes de la calle Cannon, sino que a m me haba
enviado, haca tres aos, con motivo de ser el da de mi cumpleaos,
dentro de una modesta caja de plata, una letra contra sus banqueros, por
una buena cantidad, lo cual me proporcion, desde entonces, una pequea
renta anual muy confortable.

Burton Blair nunca olvid a sus amigos... ni tampoco perdon una mala
accin que se cometiera con l. Mabel era su dolo, la nica y verdadera
depositaria de sus secretos, y pareca todava ms extrao que ella no
supiera absolutamente nada sobre la misteriosa fuente de donde surgan
sus colosales entradas.

Permanecimos sentados ms de una hora en ese gran saln, cuyo mismo
esplendor respiraba misterio. La seora Percival, la agradable dama
patrocinadora y compaera de Mabel, viuda de cierta edad de un cirujano
naval, entr donde estbamos nosotros, pero pronto se retir,
completamente trastornada, al tener conocimiento del trgico suceso.

Cuando le comuniqu a Mabel la promesa que le haba hecho a su padre,
sus plidas mejillas se cubrieron de un leve carmn.

--Ciertamente, es mucha bondad la suya, seor Greenwood, molestarse por
mis asuntos--me dijo, mirndome y bajando luego sus ojos
modestamente.--Supongo que en adelante tendr que considerarlo como mi
tutor--y riose ligeramente, dando vuelta a su anillo en derredor de su
dedo.

--No como a su tutor legal--contest.--Los abogados de su pap sern, no
hay duda, quienes ocuparn ese puesto, pero s, ms bien, como su
protector y amigo.

--Ah!--respondi tristemente,--creo que necesitar ambas cosas, ahora
que ya no existe mi pobre padre.

--Hace ya ms de cinco aos que soy su amigo, Mabel, y, por lo tanto,
confo en que me permitir cumplir la promesa que hice a su
pap--exclam, ponindome de pie delante de ella y hablndole con
profunda solemnidad.--Sin embargo, desde el principio debemos
entendernos de una manera clara y formal. Por consiguiente, permtame,
Mabel, que le hable en este momento con toda la mayor ingenuidad
posible, como un hombre lo debe hacer con una mujer que es su verdadera
amiga. Es usted joven, Mabel, y... vamos, usted lo sabe, muy... muy
bella...

--No, seor Greenwood, le aseguro que hace usted muy mal en decir
eso--me interrumpi, sonrojndose al escuchar mi cumplimiento.--Estoy
convencida de que...

--Esccheme, le ruego--continu con fingida severidad.--Es usted joven,
muy bella y rica; posee, por lo tanto, los tres atributos necesarios que
hacen que una mujer sea preferida en nuestra actual poca moderna, ya
que ahora se estiman en tan poca cosa el amor y los sentimientos. Bien
entonces; las personas que observen nuestra ntima amistad declararn,
no hay duda, con mala intencin, que estoy tratando de casarme con usted
por su dinero. Estoy seguro de que el mundo dir esto, pero yo quiero
que usted me prometa refutar en el acto semejante afirmacin. Deseo que
usted y yo seamos amigos firmes y sinceros, como lo hemos sido siempre,
sin el ms ligero pensamiento de afecto recproco. Puedo admirarla, como
siempre la he admirado, lo declaro ahora, pero todo amor de mi parte
hacia usted est completamente descartado, teniendo presente que soy un
hombre de recursos limitados. Comprenda bien, Mabel, que no deseo hacer
mritos por lo pasado, ahora que su padre no existe y se encuentra usted
sola. Comprenda tambin, desde el principio, que al tenderle mi mano lo
hago como amigo sincero, lo mismo que lo hara con Reginaldo, mi antiguo
condiscpulo y mejor amigo, y que, en adelante, defender sus intereses
como si fuesen los mos propios.--Y, entonces, le tend mi mano.

Durante un momento vacil, porque mis palabras, al parecer, le haban
producido la ms profunda impresin.

--Muy bien--dijo tartamudeando, y me mir a la cara un segundo.--Es un
convenio, si as lo quiere usted.

--Deseo, Mabel, cumplir la promesa que le hice a su padre. Como usted
sabe, tengo para con l una gran deuda de gratitud por su generosidad, y
anhelo, por consiguiente, como prueba de mi agradecimiento, ocupar su
lugar y proteger a su hija, proteger a usted, Mabel.

--Pero no somos, acaso, nosotros dos, mi padre y yo, los que estamos,
en primer trmino, endeudados con usted?--exclam.--Si no hubiera sido
por la benevolencia del seor Seton y de usted, yo habra seguido
vagando, tal vez, hasta morir en algn camino.

--Y qu es lo que su pap buscaba?--le pregunt.--Seguramente, l se lo
debi decir.

--No, nunca me lo dijo. Ignoro la razn que tuvo para andar tres aos
recorriendo toda Inglaterra. Tena un fin expreso, no hay duda, que al
cabo realiz, pero jams me revel lo que era.

--Supongo que deba ser algo que se relacionara con el objeto que
llevaba siempre consigo, no es verdad?

--Creo que s--fue su contestacin. Luego aadi, volviendo a sus
observaciones anteriores.--Por qu habla usted de su deuda para con l,
seor Seton, cuando yo bien s que usted, con el fin de poder pagar la
pensin de mi colegio en Bournemouth, vendi su mejor caballo, y no
pudo, por consiguiente, gozar de sus caceras esa temporada? Se priv
usted del nico placer que tena, para que yo pudiera estar en las
mejores condiciones posibles.

--Le prohbo que vuelva a mencionar eso--le dije rpidamente.--Recuerde
ahora que somos amigos, y que entre amigos no puede haber cuestiones de
deudas.

--Entonces no debe usted hacer alusin a los pequeos servicios que mi
padre le hizo--respondi riendo.--Vamos, voy a ser ingobernable, si
usted no sabe cumplir la parte que le toca en el convenio!

Y as fue cmo nos vimos obligados, desde ese momento, a renunciar a
todo, y volver a reanudar nuestra amistad sobre una base firme y
perfectamente bien definida.

Sin embargo, qu extrao era! La belleza de Mabel Blair, al
contemplarla de pie, delante de m, en aquella magnfica mansin, que
ahora le perteneca exclusivamente, era, no hay duda, capaz de
trastornar la cabeza de cualquier hombre que no fuese un juez severo o
un cardenal catlico; muy diferente, por cierto, de la pobre nia,
desmayada y sin fuerzas, que por primera vez vi cada, junto al camino,
en medio del triste crepsculo invernal.




V

EN EL CUAL EL MISTERIO AUMENTA CONSIDERABLEMENTE


La desaparicin o prdida del precioso objeto, documento o lo que fuese,
encerrado dentro de la bolsita de gamuza, que el muerto haba conservado
tan cuidadosamente durante tantos aos, era ahora, por s sola, una
circunstancia muy sospechosa, mientras las vagas pero firmes aprensiones
de Mabel, que no quera o no poda definir, haban despertado en m
nuevos recelos sobre la muerte de Burton Blair, recelos que me hacan
pensar que haba sido vctima de una infamia.

En el acto que me desped de ella, me encamin a Bedford Row, donde tuve
otra consulta con Leighton, al cual le expliqu mis serios temores.

--Como ya le dije, seor Greenwood--exclam el abogado cuando hube
terminado, recostndose en su silla y mirndome gravemente a travs de
sus anteojos,--creo que mi cliente no ha fallecido de muerte natural. En
su vida ha habido algn misterio, alguna extraa circunstancia romntica
que, desgraciadamente, nunca crey conveniente confirmela. Posea un
secreto, segn me dijo, y, debido al conocimiento de ese secreto,
obtuvo su gran fortuna. Hace media hora que he hecho un clculo
aproximado del valor actual de sus bienes, y, por lo bajo, creo que la
suma pasar de dos y medio millones de esterlinas. Pero decirle, en
confianza, que el total de esta fortuna pasa derecho a su hija,
exceptuando varios legados, entre los cuales estn incluidas diez mil
libras para el seor Seton y otras diez mil para usted; dos mil para la
seora Percival, y algunas pequeas sumas para los sirvientes.
Pero--aadi,--hay una clusula en el testamento muy enigmtica, y que
le afecta a usted ntimamente. Como ambos tenemos sospechas de que se ha
cometido un acto infame, pienso que puedo mostrrsela ahora mismo, sin
aguardar el entierro de mi infortunado cliente, y la lectura formal de
su testamento.

Se levant, y de una gran caja negra de papeles, con la siguiente
inscripcin: Burton Blair, Esquire, sac el testamento del muerto, y,
abrindolo, me mostr la siguiente clusula:

(10) Dono y lego a Gilberto Greenwood, de Los Cedros, Helpstone, la
bolsita de gamuza que se encontrar en mi persona en el momento de mi
muerte, con el objeto de que pueda sacar provecho de lo que hay dentro
de ella, y como compensacin de ciertos servicios valiosos que me hizo.
Pero es preciso que recuerde siempre esta rima:

    _Henry the Eighth was a knave to his queens,_
    _He'd one short of seven--and nine or ten scenes!_

y que sepa ocultar muy bien el secreto a todos los hombres, exactamente
como yo lo he hecho.

Era todo. Una clusula extraa, ciertamente! Burton Blair, despus de
todo, me haba legado su secreto; el secreto que le haba dado su
colosal fortuna! Sin embargo, haba desaparecido... robado,
probablemente, por sus enemigos.

--Es una copla curiosa--sonri el abogado.--Pero el pobre Blair tena,
segn creo, poca cultura literaria. Posea mayores conocimientos marinos
que poticos. Empero, despus de todo, la situacin es bien molesta e
intrigada para usted, el secreto del origen de la enorme fortuna de mi
cliente le ha sido legado, y, ahora, se encuentra con que le ha sido
robado de esta extraa manera.

--Pienso que sera mejor consultar a la polica, y explicar nuestras
sospechas--dije con amarga pena al ver que la bolsita de gamuza haba
cado en otras manos.

--Estoy completamente de acuerdo con usted, seor Greenwood. Iremos
juntos a la Scotland Yard y solicitaremos que inicien las pesquisas
necesarias. Si, en efecto, el seor Blair ha sido asesinado, entonces el
crimen se ha cometido de la manera ms secreta y notable, para decir lo
menos posible. Pero hay otra clusula en el testamento, que es algo
inquietante, y que se relaciona con su hija Mabel.

El testador ha designado como su secretario y administrador de sus
bienes, a una persona desconocida para m, de quien nunca he odo
hablar: a un tal Paolo Melandrini, italiano, que, segn parece, vive en
Florencia.

--Qu!--grit, atnito.--A un italiano para secretario de Mabel!
Quin es ese hombre?

--Una persona que no conozco, como ya he dicho, cuyo nombre, en verdad,
nunca se lo o mencionar a mi cliente. Cuando hice el testamento, no
hizo ms que dictrmelo para que yo lo escribiese.

--Pero eso es absurdo!--exclam.--Ciertamente que no es posible permita
usted que un extranjero desconocido, que bien puede ser un aventurero
por todo lo que sabemos, tenga completo contralor sobre sus bienes.

--Temo que no se pueda evitar--replic Leighton, gravemente.--Aqu est
escrito, y nos veremos obligados a comunicarle a este hombre, sea quien
sea, su nombramiento, con un sueldo de cinco mil libras anuales.

--Y tendr, en efecto, completo poder sobre sus asuntos?

--Absolutamente. Para decir verdad, ella hereda toda la fortuna con la
condicin de que acepte a este individuo como su secretario y consejero
confidencial.

--Blair deba estar loco!--exclam.--Conoce Mabel a este misterioso
italiano?

--No ha odo nunca nada sobre l.

--En ese caso, pienso que antes de informarlo de la muerte del pobre
Blair y de la buena fortuna que le aguarda, debemos, por lo menos,
descubrir quin es l. De cualquier modo, podemos vigilarlo
cuidadosamente, una vez que est en su puesto, y ver que no malgaste el
dinero de Mabel.

El abogado suspir, limpi lentamente sus anteojos, y observ:

--Tendr en sus manos la administracin de todo, y, por lo tanto, ser
difcil saber lo que desaparece, o cunto guarda en su bolsillo.

--Pero, qu motivo pudo tener Blair, o qu se posesion de l, para
haber dictado semejante clusula? Usted no le hizo notar la locura que
cometa?

--S, se lo hice notar.

--Y qu le dijo?

--Reflexion un momento, pens mis palabras, suspir, y luego me
contest: Es imperativo, Leighton. No tengo otra alternativa. Por eso
he sospechado que procedi as bajo presin.

--Cree usted que este extranjero estaba en condiciones de exigrselo?

El abogado sacudi afirmativamente la cabeza. Era evidente que l
opinaba que exista una razn secreta para introducir en la casa de
Mabel a este desconocido, razn slo conocida por Burton Blair y este
individuo. Me pareci extrao que Mabel no me lo hubiera dicho, pero
quiz habra vacilado al manifestarle yo la promesa que le habra hecho
a su padre, y en vista de eso, no se habra animado a herir mis
sentimientos. La situacin se haca, cada hora que pasaba, ms
misteriosa y complicada.

Yo estaba, sin embargo, decidido a efectuar dos cosas: primero,
recuperar el objeto ms precioso del millonario, el cual me lo haba
legado junto con la orden expresa de recordar esa copla extraordinaria,
que se haba impreso en mi mente; y segundo, hacer averiguaciones
secretas sobre este extranjero desconocido, que tan repentinamente
haba aparecido tomando parte en el asunto.

Aquella misma tarde, a eso de las seis, habindome reunido con
Reginaldo, pues as lo habamos convenido, en el estudio del seor
Leighton, los tres subimos a un coche y nos dirigimos a la Scotland
Yard, donde tuvimos una larga conferencia con uno de los oficiales
superiores de la polica, a quien explicamos las circunstancias y
nuestras sospechas de que se hubiera cometido un crimen.

--Voy a ordenar, por cierto, que se hagan averiguaciones en Manchester y
en otras partes--contest al fin,--pero como el testimonio mdico ha
demostrado tan concluyentemente que ese caballero ha muerto por causas
naturales, no me es posible abrigar muchas esperanzas de que nuestro
departamento policial de detectives o el de Manchester pueda ayudarles.
Los motivos que alegan ustedes para suponer que ha sido vctima de un
acto infame, son muy vagos, como deben ustedes mismos reconocerlo, y,
segn mi entender, la nica base verdadera que tienen para estas
sospechas es el robo de ese documento, objeto o lo que sea, que llevaba
consigo. Sin embargo, no se mata a un hombre, por lo general, a la plena
luz del da, con el fin de cometer un robo, que cualquier ratero hbil
lo puede hacer sin recurrir a ese medio. Adems, si sus enemigos o
rivales saban lo que era o conocan la costumbre que tena de llevarlo
siempre consigo, habran podido apoderarse de l fcilmente sin
asesinarlo.

--Pero l estaba en posesin de cierto secreto--observ el abogado.

--De qu ndole era el secreto?

--Desgraciadamente, no tengo la menor idea sobre ello. Nadie lo conoce.
Todo lo que sabemos es que su posesin lo sac de la pobreza y lo
enriqueci, y que haba una persona, por lo menos, que estaba ansiosa
por conseguir poseerlo.

--Naturalmente--observ el anciano director auxiliar de la oficina de
investigaciones criminales.--Pero quin es esa persona?

--Tengo la desgracia de no saberlo. Mi cliente me lo manifest har un
ao, pero no me indic ningn nombre.

--Entonces, no abriga usted sospechas sobre alguien, sea quien sea?

--A nadie puedo sealar. La bolsita de gamuza, dentro de la cual estaba
el documento u objeto, ha sido robada, y este hecho ha despertado
nuestros recelos.

El enjuto y grave empleado movi la cabeza muy dudosamente.

--Esa no es bastante base para fundar una sospecha de asesinato,
especialmente cuando hay que tener en cuenta que poseemos todos los
testimonios de la pesquisa que se ha efectuado, de la autopsia y del
veredicto unnime del jurado de los coroner. No, caballeros--aadi,--no
encuentro un fundamento serio para abrigar sospechas verdaderas. Despus
de todo, puede ser que el documento no haya sido robado. Parece que el
seor Blair era de un carcter algo excntrico, como muchos hombres que
repentinamente surgen y se elevan en el mundo, y es posible lo haya
ocultado en algn punto seguro. Para m, esto me parece que es lo ms
probable, especialmente cuando l haba expresado el temor de que sus
enemigos trataran de apoderarse de l.

--Pero, si hay sospecha de crimen, es deber de la polica investigarlo,
ciertamente!--exclam yo, con algn resentimiento.

--Convencido. Pero dnde est la sospecha? Ni los mdicos, ni el
coroner, ni la polica local, ni el jurado, abrigan la menor duda de que
no ha muerto por causas naturales--arguy.--En este caso, la polica de
Manchester no tena derecho ni necesidad de intervenir en el asunto.

--Pero ha habido un robo.

--Qu prueba tienen ustedes de eso?--pregunt, levantando sus cejas
encanecidas y golpeando la mesa con su pluma.--Si pueden ustedes
demostrarme que se ha cometido un robo, entonces pondr en movimiento
las varias influencias bajo mi mando. Por el contrario, ustedes slo
sospechan que esa bolsita, cuyo contenido se ignora, ha sido robada. Sin
embargo, puede ser que est oculta en algn punto difcil de descubrir,
pero, no obstante, bien segura. Como ustedes tres, empero, sostienen que
el desgraciado caballero ha sido asesinado con el fin de apoderarse de
este misterioso y pequeo objeto, que l guardaba con tanto cuidado, me
comunicar con la polica de la ciudad de Manchester y le pedir que
hagan todas las averiguaciones que le sea posible. Ms que eso,
caballeros--aadi suavemente,--temo que mi departamento no pueda
ayudarles.

--Entonces, todo lo que me queda que responder--observ el seor
Leighton, duramente,--es que est completamente justificada la opinin
pblica sobre la futilidad de esta rama de la polica, para el
descubrimiento de los crmenes, y no dejar de llamar la atencin del
pblico en este asunto por medio de la prensa. Es, sencillamente, una
vergenza.

--Yo, seor, procedo segn mis instrucciones, como tambin en
conformidad con lo que usted mismo me ha manifestado--respondi.--Le
aseguro a usted que, si yo ordenase que se hiciesen investigaciones en
todos los casos en que se sospecha o se afirma que se han cometido
homicidios, necesitara una fuerza de detectives tan grande como la del
ejrcito ingls. No pasa un da sin que reciba docenas de visitantes
secretos y de cartas annimas, todas ellas comunicando supuestos
asesinatos, en que, generalmente, se mencionan personas por quienes
tienen algn motivo de antipata. Dieciocho aos al frente de este
departamento pienso que me han enseado a saber distinguir los casos que
merecen ser investigados, y el de ustedes no lo es.

Todo argumento prob ser intil. El funcionario policial tena la
conviccin de que Burton Blair no haba sido vctima de un crimen, y,
por lo tanto, no podamos esperar ninguna ayuda de l. Con marcado
disgusto nos levantamos y salimos de la Scotland Yard, volviendo a
Whitehall.

--Es un escndalo!--declar enojado Reginaldo.--El pobre Blair ha sido
asesinado, todo parece indicarlo, y la polica, sin embargo, no quiere
levantar ni un dedo para ayudarnos a conocer la verdad, porque un mdico
ha descubierto que el corazn era su punto dbil. Es fijar un premio al
crimen--aadi, cerrando los puos ferozmente.--Voy a referirle todo el
asunto a mi amigo Mill, el miembro del Parlamento por Derbyshire del
Oeste, y pedirle que haga una interpelacin en la Cmara de los Comunes.
Veremos qu dice a esto el nuevo secretario del interior! Ser una
pldora bien desagradable para l, no lo dudo.

--Oh! ya tendr preparada alguna disculpa oficial escrita a mquina, no
tema usted--ri Leighton.--Si ellos no quieren ayudarnos, nosotros
debemos hacer las investigaciones por nuestra cuenta.

El abogado se despidi de nosotros en la plaza Trafalgar, conviniendo en
reunirse con nosotros en la de Grosvenor, despus del funeral, para leer
formalmente el testamento delante de la hija del muerto y de su
compaera, la seora Percival.

--Y, despus--aadi,--tendremos que dar pasos activos para descubrir a
este misterioso individuo que en lo porvenir deber manejar su fortuna.

--Yo ser quien me encargue de las averiguaciones--dije.--Felizmente,
hablo el italiano, y, por consiguiente, antes de comunicarle la muerte
de Blair, ir a Florencia y me cerciorar de quin es este hombre.

En verdad, abrigaba la sospecha de que la carta que haba tomado de
entre los papeles del muerto, la cual la haba guardado secretamente
para m, haba sido escrita por este individuo, Paolo Melandrini. Aun
cuando no tena direccin ni firma, y estaba escrita con un carcter de
letra pesado y falto de educacin, era, evidentemente, la carta de un
toscano, pues descubr en ella cierta ortografa fontica, que es
puramente florentina. La extraa comunicacin deca lo siguiente:

Su carta me lleg esta maana. El ceco (ciego) est en Pars, de paso
para Londres. Lo acompaa la nia, y es evidente que algo saben. Por lo
tanto, tenga mucho cuidado. El y sus ingeniosos amigos tratarn,
probablemente, de jugarle una mala partida.

Yo estoy todava en mi puesto, pero el agua ha subido tres metros,
debido a las grandes lluvias que se han producido. Sin embargo, la
explotacin ha sido buena, as es que espero verme con usted, a la hora
de las vsperas, en San Frediano, en la tarde del da 6 del prximo.
Tengo algo muy importante que decirle. Recuerde que el ceco tiene
malas intenciones, y proceda en conformidad a ellas. Addio.

Innumerables veces traduje, palabra por palabra, esta curiosa misiva. Me
pareca llena de un significado y doble sentido ocultos.

Lo ms probable era que la persona conocida con el sobrenombre de el
ciego, que era el enemigo de Blair, segn se adivinaba por la carta,
haba conseguido apoderarse de la preciosa bolsita de gamuza, que, por
derecho, me perteneca ahora, como tambin del misterioso secreto que
encerraba.




VI

EN EL QUE FIGURAN TRES AES MAYSCULAS


El acto que se llev a cabo la siguiente tarde en la biblioteca de la
mansin de la plaza Grosvenor fue, como puede suponerse, muy triste y
penoso.

Mabel Blair, vestida de luto, con sus ojos llenos de lgrimas,
permaneci sentada y silenciosa mientras el abogado ley secamente el
testamento, clusula por clusula.

No hizo ni un comentario, cuando ni siquiera proclam la designacin que
haba hecho el muerto, nombrando al italiano desconocido para
administrador de la fortuna de su hija.

--Pero quin es ese hombre, me hace el favor de decir?--pregunt la
seora Percival, con su voz tranquila y educada.--Jams o al seor
Blair hablar de esa persona.

--Ni yo tampoco--declar Leighton, que haba suspendido un momento para
arreglarse bien los anteojos, y despus prosigui la lectura del
documento hasta el fin.

Todos nos alegramos cuando termin la grave ceremonia. En seguida, Mabel
me indic, en voz baja, que deseaba verse a solas conmigo en el saln de
la maana; y cuando estuvimos los dos all y hube cerrado la puerta, me
dijo:

--Anoche he estado registrando la pequea caja de hierro que hay en el
dormitorio de mi padre, donde algunas veces guardaba sus papeles
particulares, cartas confidenciales y otras cosas. Encontr una cantidad
de cartas de mi pobre madre, que le haba escrito haca aos, cuando
andaba navegando, pero nada ms, salvo esto.--Y sac de su bolsillo una
pequea carta de juego, manchada y arrugada, un as de copas, sobre la
cual haba escritas ciertas maysculas cabalsticas, en tres columnas.

Con el fin de que mis lectores puedan darse clara cuenta del arreglo y
posicin en que estaban las letras, creo conveniente reproducirla aqu.

    +-----------------------+
    |                       |
    |                       |
    |                       |
    |                       |
    |  A                 A  |
    |  O    (imagen)     O  |
    |  N     (de un)     I  |
    |  O    (corazn)    I  |
    |  S                 N  |
    |           T           |
    |           G           |
    |           K           |
    |           A           |
    |                       |
    |                       |
    +-----------------------+

--Es curioso!--observ, dndole vuelta en mi mano ansiosamente.--Ha
tratado usted de descubrir qu significado encierran estas palabras?

--S, pero creo que son cifradas. Notar usted que las dos columnas
superiores empiezan con A, y que la de abajo termina con la misma letra.
La carta es el as de copas, y, en todos estos puntos, descubro algn
significado oculto.

--No hay duda--respond.--Pero se ha fijado usted si estaba guardada
cuidadosamente?

--S, estaba dentro de un sobre de hilo, bien sellado, y con un letrero
de mi padre, que deca: Burton Blair, privado. Qu poda significar?

--Ah! yo tambin cavilo en lo mismo--exclam, reflexionando
profundamente en el asunto y contemplando an las tres columnas de
catorce letras. Trat de descifrar aquel enigma por los mtodos de uso
general y conocidos, pero no pude sacar nada inteligible. Aqu se
encerraban algunas palabras ocultas, y siendo completamente
indescifrables, me producan ansiedad y me daban mucho que pensar. La
razn por qu Blair haba conservado esa carta con tan profunda reserva,
era un misterio, por no decir otra cosa.

Sospech que en ella deba haber algn hilo oculto de su secreto, pero
no pude adivinar de qu naturaleza sera.

Despus que discutimos largamente el asunto, sin llegar a ninguna
conclusin satisfactoria, le aconsej que hiciera un viaje al extranjero
con la seora Percival, por unas pocas semanas, para que cambiara de
ambiente y se esforzara en olvidar su inesperada desgracia, pero
sacudi la cabeza, murmurando:

--No, prefiero quedarme aqu. La prdida de mi querido padre me ser tan
dolorosa aqu como en el extranjero.

--Pero debe tratar de olvidar--insist con profunda simpata en
presencia de su pena.--Nosotros estamos haciendo los mayores esfuerzos
para descubrir el misterio que rodeaba las acciones de su padre y las
causas que han producido su muerte. Esta noche parto para Italia, con el
objeto de hacer averiguaciones secretas sobre este individuo que ha sido
nombrado su secretario.

--Ah! s--suspir.--Qu motivo podr haber tenido mi padre para poner
mis asuntos en manos de un extranjero? Quin ser este hombre?

--Probablemente, debe ser algn antiguo amigo de su pap--le indiqu.

--No--contest.--Yo conozco a todos sus amigos. Slo tuvo un secreto
para m, el del origen de su fortuna. Siempre se neg a decrmelo.

--Parto directamente para Florencia, y ver de descubrir todo lo que
pueda antes que los abogados le notifiquen a este misterioso individuo
el fallecimiento de su pap--le dije.--Puede ser que consiga saber algo
que nos sea de mucho beneficio en el porvenir.

--Ah! es usted muy bueno, seor Greenwood--replic, levantando sus
hermosos ojos y mirndome con una expresin de profunda gratitud. Debo
confesar que la idea de tener que verme ntimamente ligada a un
desconocido, y que este desconocido es un extranjero, me produce un
gran temor y recelo.

--Pero tal vez sea joven y buen mozo el verdadero Paolo del romance... y
usted su Francesca--le indiqu sonriendo.

Sus dulces labios se entreabrieron ligeramente, pero sacudi la cabeza,
suspirando al contestar:

--Hgame el favor de no anticipar nada sobre eso. Confo y espero que
sea viejo y muy feo.

--De modo que no pueda despertar mis celos, no es verdad?--exclam
riendo.--Le aseguro, Mabel, que si nuestra amistad no estuviese apoyada
sobre bases tan bien definidas, me permitira representar el papel de
amante. Usted sabe que yo...

--Vamos, djese de necedades--interrumpi, levantando su pequeo dedo
con fingida reprobacin.--Recuerde lo que dijo ayer.

--Dije lo que pensaba y tengo intencin de hacer.

--Y lo mismo hice yo. Hablndole con franqueza, le dir que me gusta
considerarlo como si fuese mi hermano mayor--declar.--Creo que nunca
amar a nadie--aadi, pensativamente, mirando el brillante fuego de la
chimenea.

--No, no; no diga eso, Mabel. Algn da encontrar a un hombre de su
misma condicin, lo amar, se casar con l y ser feliz--le observ,
con mi mano apoyada en su hombro.--Recuerde que con su fortuna puede
elegir la flor del mercado matrimonial.

--Algn joven aristcrata empobrecido, quiere usted significar? No,
gracias. He tenido oportunidad de conocer a un buen nmero de ellos,
pero su afecto simulado ha sido siempre demasiado dbil. La mayora de
ellos queran mi dinero para poder levantar los gravmenes de sus
posesiones. No, preferira, ms bien, a un hombre pobre... aun cuando es
seguro que nunca me casar... nunca, jams.

Permanec callado un momento; luego le dije con torpeza:

--Yo siempre pens que se casara usted con el joven lord Newborough.
Parecan muy buenos amigos.

--Lo ramos... hasta que l me propuso casamiento.

Y mirome a la cara con esa franca y serena mirada de sus esplndidos
ojos, en los cuales se reflejaba una expresin llena de asombro, casi
como los de una criatura.

Su carcter era extraamente complejo. Cuando era una nia alta y de
figura sinuosa, en los primeros das de nuestra amistad, conoc que era
altiva, de elevados pensamientos y tenaz, pero, al mismo tiempo, de una
ndole dulce y afectuosa, que la haca atrayente y simptica para todos
aquellos que la conocan y tenan contacto con ella. Su natural era tan
tranquilo y suave, que el amor en ella pareca un impulso inconsciente.

A menudo haba pensado que era demasiado buena, demasiado dulce y
demasiado bella, para ser lanzada en medio de los zarzales del mundo,
verse expuesta a caer y herirse con las espinas de la vida. El mundo es
tan cruel y despiadado y est tan lleno de trampas para la juventud
incauta de la alta sociedad, como para la de las clases bajas. Por lo
tanto, era mi deber, si me hallaba dispuesto a cumplir mi promesa hecha
al hombre que descansaba silencioso en su tumba, protegerla de los mil y
un engaos de aquellos que se esforzaran en tratar de aprovecharse de
su sexo e inexperiencia.

Sus privaciones y vida de sufrimientos cuando nia, mientras su padre se
encontraba ausente en el mar, y esos meses de fatiga y caminatas en
busca de los molinetes de Inglaterra, haban hecho su efecto en ella.
Para Mabel, el amor casi no era una pasin o sentimiento, sino ms bien
un encanto ilusorio, un sueo que un hechizo de hadas destrua o
afirmaba a su capricho. Era tan exquisitamente delicado su carcter,
como lo era su rostro, que pareca que hasta el ms leve contacto lo
profanara. Como las notas de una dulce y melanclica msica que llega
notando en las alas de la noche y del silencio, y que ms bien sentimos
que omos; como la suave exhalacin de la violeta que fenece sobre el
sentido que hechiza; como el copo de nieve que se disuelve en el aire
antes que lo haya empaado la tierra; como la ligera marea separada de
la fuerte ola que una rfaga la destruye, tal era su naturaleza,
rebosante de esa modestia, gracia y ternura, sin las cuales una mujer no
es mujer.

Mientras la vea all de pie delante de m, delicada y frgil figura
vestida de riguroso luto, con su mano entre las mas, agradecindome la
investigacin que iba a emprender en favor de ella, y desendome _bon
voyage_, me estremec al pensar qu sera de ella vindose arrojada en
medio de una suerte adversa y cruel, de todas las corrupciones y lobos
hambrientos de la sociedad, tal vez sin energa para resistir, sin
voluntad para proceder, o sin fuerza para sufrir.

Sola y desamparada en semejante caso, el fin tena que ser
inevitablemente desastroso.

Me desped de Mabel, alejndome con el sentimiento de que, amndola como
confieso que la amaba, sin embargo era indigno de ella. Ciertamente,
estaba jugando una partida peligrosa!

Desde aquella noche de invierno en que nos conocimos en Helpstone, haba
concebido un afecto poderoso, sincero y creciente por ella; pero ahora
que era duea de grandes riquezas, me daba cuenta de que haba dos
barreras que se oponan a nuestro casamiento: la diferencia de edades y
el hecho de ser yo un hombre pobre. En verdad, ella jams haba
desplegado para cautivarme ninguna de las coqueteras femeninas, ni
nunca me haba dado el menor motivo o pretexto que me hiciese pensar que
yo la haba conquistado. Haba hablado con franqueza y sinceridad: ella
me consideraba como si hubiese sido su hermano mayor; eso era todo.

Aquella misma noche, mientras me paseaba por la cubierta del vapor que
atravesaba el canal en medio de un fuerte viento de invierno,
contemplando la luz giratoria de la baha de Calais, que a cada momento
se distingua mejor, mis pensamientos estaban dedicados a ella.

El amor es el maestro, la pena es el domesticador, y el tiempo es el
mdico del corazn humano. Mientras las mquinas se movan, el viento
ruga y el agitado mar se sacuda violentamente, yo me paseaba de
arriba abajo, cavilando, confundido en la carta de juego que llevaba en
mi bolsillo, y reflexionando en todo lo que haba sucedido. Las frtiles
fantasas de la juventud, las visiones de esperanzas ha tiempo
fenecidas, las sombras de alegra no producidas, los vivos colores de la
aurora de la existencia; en fin, todo lo que mi memoria haba atesorado,
desfilaron por delante de m, pero ya no existan dentro de mi corazn.

Record esa verdad de Rochefoucauld: Il est difficile de dfinir
l'amour: ce qu'on en peut dire est que, dans l'me, c'est une passion de
rgner, dans les esprits, c'est une sympathie; et dans le corps, ce
n'est qu'une envie cache et dlicat de possder ce que l'on aime, aprs
beaucoup de mystres. S, yo la amaba con todo mi corazn, con toda mi
alma, pero reconoca que no me era permitido hacerlo. Mi deber, el deber
que haba prometido cumplir al moribundo cuya vida haba sido un romance
secreto, era asumir el carcter de protector de Mabel, y no convertirme
en su amante y as sacar provecho de su fortuna. Blair me haba legado
su secreto, con el fin, no hay duda, de ponerme en condiciones de no
andar a la caza de riquezas, y como se haba extraviado, era mi deber no
ahorrar esfuerzo alguno para recuperarlo.

Con estos sentimientos, firmemente arraigados en el fondo de mi corazn
entr en el _wagonlit_ en Calais, empezando la primera etapa de mi viaje
a travs de Europa desde el canal hasta el Mediterrneo.

Tres das despus me paseaba por la va Fornabuoni, en Florencia, por
esa calle de palacios medioevales, bancos y consulados, que durante
tantos inviernos me ha sido tan familiar, hasta que prefer las partidas
de caza en Inglaterra a los rayos solares del Lung'Arno y el Cascine.

Esa brillante maana de febrero, al recorrer la larga y tortuosa arteria
nombrada, llena de ociosos florentinos y de ricos extranjeros que haban
salido de paseo, vi a varios caballeros y seoras de mi relacin. Lo de
Doney y Giacosa, los puntos favoritos de reunin para los hombres,
estaban atestados de ricos holgazanes tomando coktails, o ese agradable
_petit verre_ conocido en la va Fornabuoni con el nombre de _piccolo_,
mientras los canastos de los vendedores de flores transmitan un suave y
agradable matiz al sombro, severo y colosal palacio de Strozzi.

Las banderas de diferentes naciones que flameaban en los consulados,
sobresaliendo entre todas las del siempre popular Mayor, me recordaron
que era la fiesta de Santa Margarita.

En los aos pasados, cuando sola vivir en pensin con dos oficiales
de artillera de ejrcito italiano y un holands, estudiante de arte, en
el ltimo piso de uno de esos grandes y viejos palacios de la calle dei
Banchi, la va Fornabuoni era el lugar elegido para mi paseo matinal,
porque all se encuentra uno con todo el mundo: las damas ocupadas en
sus compras en las tiendas o de paso para las bibliotecas y libreras;
los hombres charlando en las aceras, hbito que pronto adquieren todos
los ingleses que establecen su residencia en Italia.

Era asombroso ver cuntas caras conocidas encontr esa maana; pares
ingleses y sus esposas, miembros del parlamento, magnates financieros,
tiburones de la City, grandes fabricantes y turistas de todas las
nacionalidades y condiciones.

Su alteza el Conde de Turn, que volva de los ejercicios, pas a
caballo riendo con su edecn y saludando a todos aquellos que conoca.
La mayora de las mujeres vestan sus ms elegantes toilettes con
pieles, porque soplaba un viento fro venido del Arno; la esencia de las
flores vagaba en el ambiente, y las risas e incesante charla resonaban
por todos lados, porque la antigua ciudad de rojas azoteas estaba llena
de alegra. Tal vez no hay en el mundo una ciudad tan llena de encantos,
ni tampoco de mayores contrastes, que la vieja y extraa Florencia, con
su maravillosa Catedral, su antiguo puente, con sus hileras de joyeras,
sus magnficas iglesias, sus pesados palacios y sus obscuras calles,
silenciosas y medioevales, algunas de las cuales poco han cambiado desde
la poca en que Giotto y el Dante las cruzaban. El tiempo ha asentado
muy levemente su mano sobre la ciudad de las flores, pero cuando lo ha
hecho ha sido alternado lo existente hasta quedar desconocido, y la
extravagante modernidad de ciertas calles y plazas de la actualidad
disgusta ciertamente a aquellos que, como yo, han conocido a la vieja
ciudad antes de que se construyera la plaza Vittorio, siempre la plaza
Vittorio, sinnimo de vandalismo, y cuando exista an el antiguo
Ghetto, pintoresco aunque sucio.

Dos hombres, ambos italianos, se detuvieron al verme pasar, para
saludarme y desearme _ben tornalo_. Uno era un abogado, cuya esposa
tena fama de ser una de las mujeres ms bonitas de la ciudad, en la
cual, aunque parezca extrao, el tipo ms notable de belleza es el de
cabellos rubios. El otro era el caballero Alimari, secretario del cnsul
general ingls, o el Mayor, como lo denominaban todos.

Haca dos horas que haba llegado a Florencia, y despus de darme un
bao en el Saboya, sal con el objeto de descontar un cheque en casa de
French, antes de empezar mis investigaciones.

El encuentro con Alimari, sin embargo, hizo que me detuviera un momento
en mi camino, y despus que me manifest el placer que le produca mi
vuelta, le pregunt:

--Conoce usted, por casualidad, a una persona de apellido Melandrini,
Paolo Melandrini? Su direccin es va San Cristfano, nmero 8.

Me mir de un modo extrao con sus ojos vivos, despus se pas la mano
por su obscura barba, y al fin contest en ingls, con un leve acento
extranjero:

--La direccin no parece muy atrayente, seor Greenwood. No tengo el
placer de conocer a ese caballero, pero la calle San Cristfano es una
de las ms peores y pobres de Florencia, detrs, exactamente, de Santa
Croce, yendo por la va Ghibellina. Pero, no le aconsejara que fuera de
noche a ese barrio, porque hay all algunos tipos muy malos.

--El hecho es--expliqu,--que he venido expresamente a cerciorarme de
algunos datos referentes a ese individuo.

--Entonces, no lo haga usted en persona--fue el consejo de mi
amigo.--Emplee a alguno que sea florentino. Si se trata de un caso de
averiguaciones confidenciales o secretas, ciertamente, tendr mucho ms
xito que el que usted pueda alcanzar. En el acto que ponga usted los
pies en esa calle, se sabr en todas las casas de vecindad que un ingls
anda haciendo preguntas. Y--aadi con una sonrisa significativa,--en la
va San Cristfano se ofenden si les dirigen preguntas.




VII

EL MISTERIOSO EXTRANJERO


Conoc que su consejo era bueno, y en el correr de la conversacin,
mientras tombamos un _piccolo_ en casa de Giacoso, me indic que deba
ocupar a un tal Carlini, hombre muy astuto aunque viejo y feo, quien se
haba encargado algunas veces de ciertas investigaciones privadas del
consulado ingls.

Una hora despus el viejo se presentaba en el Saboya. Era un hombre
pequeo, encorvado, de cabeza blanca, miserablemente vestido, con un
sombrero blando, grasiento, de color gris, echado a un lado; un
verdadero florentino tpico del pueblo. En los mercados lo conocan con
el nombre de Babbo Carlini, segn supe despus, y las cocineras y
sirvientas encontraban placer en hacerlo el blanco de sus travesuras y
bromas.

Todos crean que era un poco tonto, y l haca por robustecer esas
ideas, porque le daba mayores facilidades para sus investigaciones
secretas, pues la polica acostumbraba emplearlo en los casos graves, y
muchos criminales haban sido aprehendidos debido a su astucia.

En mi dormitorio, solo con l, le expliqu, en italiano, la misin que
deseaba llevase a cabo.

--S, _signore_--era toda su respuesta, cada vez que yo haca una pausa.

Sus botines estaban en un estado lastimoso, todos rotos, y le haca
inmensa falta una muda de ropa limpia; pero, sin embargo, de uno de los
bolsillos asomaba un paquetito de _toscani_, esos cigarros largos,
delgados y de a un penique, que tan predilectos son para el paladar
italiano.

--Recuerde--le dije al viejo--que usted debe encontrar, si es posible,
un medio de hacer relacin con Paolo Melandrini, obtener de l mismo
todos los datos que pueda sobre su persona, y arreglar las cosas de modo
que yo pueda, lo ms pronto posible, verlo sin que l me vea. Este
asunto--aad--es estrictamente privado, y lo tomo a usted a mi servicio
por el trmino de una semana, con el sueldo de doscientas cincuenta
liras. Aqu tiene cien para que pague sus gastos generales.

Tom los verdes billetes de banco con sus manos como garras, y
murmurando _Tanti grazie, signore_, los guard en el bolsillo interior
de su miserable chaqueta.

--No debe permitir, ni por un momento, que ese individuo sospeche que se
estn haciendo averiguaciones concernientes a l, y recuerde bien que no
debe saber que hay en Florencia un ingls que pregunta por l, porque si
esto sucede, entonces en el acto sus sospechas se despertarn. Tenga
mucho cuidado con todo lo que diga y haga, y venga esta noche a
informarme. A qu hora nos veremos?

--Tarde--gru el viejo.--Puede ser que sea un obrero, y, en ese caso,
no podr saber nada de l hasta la noche. A las once vendr al hotel.--Y
se retir, dejando la atmsfera impregnada de un olor fuerte a tabaco y
ajos en estado de descomposicin.

Empec a reflexionar qu pensara de m la gente del hotel cuando vieran
la clase de visitante que reciba, porque el Saboya es uno de los ms
elegantes de Florencia; pero pronto se disiparon mis recelos, porque al
salir, o exclamar, en italiano, al portero del hall:

--Hola, Babbo! Algn nuevo remiendo?

El viejo no hizo ms que una mueca de satisfaccin, y, dando otro
gruido, sali a la calle, baada de sol.

El da fue largo y lleno de ansiedad para m. Anduve vagando por el
Ponte Vecchio y a la luz opaca y mstica de la Santissima Anunzziata;
por la tarde fui a visitar a varios amigos, y a la noche com en casa de
Doney, pues prefer cenar aqu antes que en la apretada _table d'hte_
del Saboya, lleno de ingleses y americanos.

A las once esper en el hall del hotel al viejo Carlini, y cuando lleg,
le hice subir, lleno de ansiedad, a mi pieza.

--He estado todo el da haciendo averiguaciones--principi, hablando en
su lengua florentina, ligeramente ceceosa,--pero he descubierto muy
poco. El individuo que usted necesita, _signore_, parece ser un
misterio.

--As lo esperaba--respond.--Qu ha sabido respecto a l?

--Lo conocen en la va San Cristfano. Tiene un pequeo departamento en
el tercer piso del nmero 8, al que slo va de tiempo en tiempo. En
vista de esto, trat, entonces, de interrogar a la cuidadora, que es una
anciana de ochenta aos. Haba averiguado que Melandrini estaba ausente,
y viendo algunas piezas de ropa puestas a secar en una ventana, me
present como agente de polica para notificar que era una contravencin
colgar ropa en la parte exterior de las casas, contravencin que se
castigaba con una multa de dos liras. Despus me preocup de obtener
algunos datos sobre su _padrone_. La anciana me dijo todo lo que saba,
que no es mucho. Tiene la costumbre de llegar inesperadamente, por lo
general de noche, y permanece uno o dos das, pero jams sale a la calle
en plena luz del da. No sabe dnde vive cuando est ausente. Con
frecuencia llegan cartas para l con estampillas inglesas, y ella se las
guarda. Me mostr una que ha llegado hace diez das y la tiene, en
espera de su dueo.

--Podra ser de Blair?--pens yo para m.

--Qu clase de letra era la del sobre?--le pregunt.

--De tipo ingls, gruesa y pesada. Not que la palabra _signore_ est
mal escrita.

La letra de Blair era gruesa, porque, generalmente, escriba con pluma
de ave. Tuve ansias de poderla ver.

--Entonces, la vieja sirvienta no tiene la menor idea de cul es su
verdadera direccin?

--Absolutamente ninguna. Le ha advertido que si van a buscarlo, conteste
que no tiene fijeza en sus movimientos, y que todo asunto o mensaje
deben dejrselo por escrito.

--Qu aspecto tiene el departamento?

--Est muy pobremente amueblado, sumamente sucio y abandonado. La
anciana es casi ciega y sin fuerzas.

--Dice la vieja que es un caballero su _padrone_?

--No la he podido preguntar cmo es, pero, por averiguaciones que he
hecho en otras partes, he sabido que es un individuo que muy
probablemente tiene asuntos con la polica o con algo parecido. El dueo
de una taberna que hay en la esquina de la calle, me dijo, en confianza,
que har unos seis meses que dos hombres, sin duda alguna agentes de
polica, anduvieron haciendo investigaciones muy activas respecto a este
individuo, y que, durante un mes, establecieron vigilancia sobre la
casa, pero l no ha aparecido ms desde ese tiempo. Me lo ha pintado
como un hombre de regular edad, con barba, muy reticente, que usa
anteojos, habla con leve acento extranjero y rara vez entra en una
taberna o pasa un rato en el da con sus vecinos. Sin embargo, es
evidente que tiene recursos, porque, en varias ocasiones, al saber la
miseria o desgracias de algunas de las familias que viven en esa calle,
las ha visitado silenciosamente y dispensado su caridad de una manera
generosa. Es a esto, segn parece, a lo que debe el respeto que ha
inspirado, mientras, por otra parte, ha tratado intencionalmente de
rodear de misterio su identidad.

--Con algn objeto ha de ser, no hay duda--observ.

--Ciertamente--fue la respuesta de aquel viejo extrao.--Todas mis
averiguaciones tienden a demostrar que es un hombre de secretos, y que
est ocultando su verdadera identidad.

--Puede ser que esas habitaciones no las tenga ms que para la direccin
de las cartas--le indiqu.

--Sabe, _signore_, que es la misma opinin que yo tengo?--me
dijo.--Puede ser que resida en otra parte de Florencia, dado lo que
sabemos.

--Pues debes descubrirlo. Es imprescindible que yo sepa todo lo
concerniente a l antes que me vaya de aqu; por consiguiente, voy a
ayudarte a vigilar su vuelta.

Babbo sacudi la cabeza y empez a jugar con su cigarro, que estaba
ansioso poder fumar.

--No, _signore_. Usted no debe presentarse en la calle de San
Cristfano, porque en el acto notaran su aparicin. Djeme todo el
asunto a m solo, _signore_. Voy a tomar una persona que me ayude, y
espero que los dos podremos, antes de mucho tiempo, encontrar a este
misterioso individuo y seguirle la pista.

Recordando la curiosa carta en italiano que haba tomado de entre los
papeles del muerto, le pregunt al viejo si conoca algn punto llamado
San Frediano--el lugar sealado para la cita entre el hombre que haba
escrito la carta y mi pobre amigo fallecido.

--Ciertamente--replic.--Detrs del Crmine est el mercado de San
Frediano, y en Lucca hay la iglesia de San Frediano, tambin.

--En Lucca!--repet.--Ah! pero Lucca no es Florencia.

Sin embargo, record de pronto que la carta fijaba claramente la hora de
las vsperas para la entrevista. Por lo tanto, el lugar convenido deba
ser, ciertamente, una iglesia.

--No conoce alguna otra iglesia de San Frediano?--le pregunt.

--Slo la de Lucca.

Era evidente, entonces, que la entrevista deba verificarse en ese
punto, el 6 de marzo, dado que no haba otro templo de ese nombre. Si
mientras tanto no poda conseguir mayores datos sobre Paolo Melandrini,
estaba decidido a acudir a la cita y vigilar al que estuviese all.

Le di permiso a Carlini para que fumara, y, sentado en un silln bajo,
pronto el viejo me llen la pieza con el fuerte humo y olor de su
cigarro barato, a la vez que me refera los ms minuciosos detalles de
todo lo que haba conseguido saber en ese miserable barrio florentino.

El lazo secreto que haba unido a Burton Blair con este misterioso
italiano, era un problema que no poda resolverse. Era notorio que
exista algn motivo poderoso para que l lo hubiera nombrado
administrador de la fortuna de Mabel, y, sin embargo, todo aquello era
un completo enigma, exactamente como el origen misterioso de donde el
millonario haba obtenido su enorme riqueza.

Cualquier cosa que fuera lo que descubrisemos, saba que tena que ser
alguna extraa revelacin, porque, desde el primer momento que me
encontr con el caminante y su hija, vi que estaban rodeados de un
ambiente de notable romance y misterio, que, con la muerte de ese
robusto hombre, poseedor del secreto, era ahora mayor an, y mucho ms
inexplicable.

No pude dejar de abrigar fuertes sospechas de que Melandrini, cuyos
movimientos eran tan misteriosos y llenos de recelo, deba haber tenido
alguna parte en el robo hecho a Blair de esa pequea y curiosa bolsita
que me haba legado en su testamento.

Esta era una extraa fantasa que me haba forjado, pero que, a pesar de
todos los esfuerzos que haca, no poda desechar de mi mente. Tan
errantes parecan los movimientos de aquel hombre desconocido, que era
posible que hubiera estado en Inglaterra cuando la muerte de Blair; si
era as, entonces, mayores tenan que ser las sospechas que recayeran
sobre l.

Ansiaba febrilmente volverme a Londres, pero no poda hacerlo hasta no
terminar por completo mis investigaciones. Pas una semana entera, y
Carlini, con su hijo poltico como auxiliar en el asunto, joven de
cabellos negros y de la clase baja, estableci vigilancia, da y noche,
sobre la casa del nmero 8, pero fue intil. Paolo Melandrini no
apareci a reclamar la carta llegada de Inglaterra, que lo estaba
esperando.

Una noche, Carlini me trajo la carta para que la viera, pues haba
conseguido que la vieja sirvienta se la diera, mediante un prudente
soborno de veinte francos. En mi pieza pusimos a calentar una pava, con
el vapor despegamos el sobre y sacamos la hoja de papel que haba
dentro.

Era de Blair. Estaba escrita en ingls, fechada dieciocho das atrs en
Londres, plaza Grosvenor, y deca lo siguiente:

       *       *       *       *       *

Me ver con usted, si en efecto lo desea. Llevar los papeles y
confiar a usted la misin de emplear personas que sepan guardar
silencio. Dirija su contestacin a la direccin siguiente: Seor Juan
Marshall.--Birmingham.--_B. B._

       *       *       *       *       *

El misterio aumentaba. Por qu Blair deseaba emplear personas que
supieran guardar silencio? De qu ndole era el trabajo que necesitaba
tanto secreto?

Evidentemente, Blair tomaba todas las precauciones posibles para recibir
las cartas del italiano, indicndole que se las dirigiese, bajo
diferentes nombres, a los hoteles adonde iba por una noche, y all las
reclamaba.

Mabel habame hablado a menudo de las frecuentes ausencias de su padre,
ausencias que duraban algunas veces una, dos y hasta tres semanas, y en
que no se saba su destino ni dejaba su direccin. Ahora haban quedado
aclarados sus extraos viajes errantes.

Consumido por la mayor ansiedad, esper da tras da, pasando horas
enteras tratando de descifrar el enigma enloquecedor de la carta de
juego que tena en mi poder, hasta que, en la maana del 6 de marzo, en
presencia de que Carlini no tena xito en Florencia, me fui con l a la
vieja ciudad de Lucca, adonde llegamos por la va de Pistoya, a las dos
de la tarde.

En el hotel Universo me dieron, para alojarme, ese inmenso dormitorio
con esas maravillosas pinturas al fresco, que fue ocupado por Ruskin
durante tanto tiempo, y antes que el Ave Mara resonara a travs de las
colinas y planicies, me separ de Babbo y encamineme, como turista, a la
magnfica iglesia medioeval, cuya obscuridad slo la atenuaban las velas
que ardan en los altares laterales y delante de la imagen de Nuestra
Seora.

Cuando entr, estaban en el momento de las vsperas, y el silencio de
muerte que reinaba en el inmenso interior del templo, era slo
interrumpido por el murmullo bajo del reverente sacerdote.

Haba una docena de personas en la iglesia, todas mujeres, salvo uno--un
hombre que, de pie detrs de una de las columnas circulares, esperaba
all, pacientemente, mientras las dems estaban de rodillas.

Diose vuelta rpidamente luego que oy resonar sobre el mrmol mis pasos
ligeros, y entonces pude verlo cara a cara.

Contuve la respiracin, y luego qued como clavado en el sitio,
completamente azorado y plido.

El misterio era enormemente ms profundo de lo que yo me haba
imaginado. La realidad que se me presentaba ahora, era como para atontar
y hacer vacilar.




VIII

EN EL QUE SE HABLA LA VERDAD


La hermosa iglesia antigua, con sus pesados dorados, sus altares
relucientes y sus magnficas pinturas al fresco, estaba tan en
tinieblas, que, al principio, recin entrado de la calle, no pude
distinguir nada bien, pero as que mis ojos se fueron acostumbrando a la
sombra luz, vi, a unas pocas yardas de donde yo estaba, un rostro que
me era familiar, una cara que me hizo quedar con la respiracin en
suspenso y me llen de inquietud.

De pie all, detrs de esas pocas mujeres arrodilladas, con la dbil luz
oscilante de las velas de los altares iluminando suficientemente su
rostro, estaba aquel hombre con su cabeza inclinada reverentemente, y,
sin embargo, sus obscuros ojos como cuentas parecan lanzar miradas
escudriadoras a todos lados.

Por sus facciones, facciones duras, ms bien siniestras, y su barba
canosa y enmaraada que conoca por haberla visto una vez en Inglaterra,
comprend que ese era el hombre con quien Burton Blair deba haber
celebrado la entrevista secreta; pero, contrario a lo que yo esperaba,
me hall que vesta el tosco hbito carmes y el grueso cordn del monje
capuchino, presentando una figura triste y silenciosa en su actitud de
pie y con los brazos cruzados, mientras el sacerdote, en su esplndida
vestidura, murmuraba las oraciones.

En medio de aquella silenciosa semiobscuridad sent caer sobre mis
hombros un fro helado, sepulcral. El suave perfume del incienso pareca
aumentar, con ese ambiente de increble magnificencia, de melanclica
soledad encantada, de opulencia extraamente desproporcionada con la
pobreza y suciedad que reinaba en la plaza exterior. Ms all de donde
estaba el silencioso monje, cuyos penetrantes ojos misteriosos estaban
fijos en m de una manera tan inquisitiva, se vean lejanos puntos
obscuros, atravesados de trecho en trecho por rayos de luces
multicolores que penetraban por alguna gran ventana, y mucho ms all
colgaba del alto y abovedado techo la roja luz tenue de la lmpara del
santuario.

Las columnas, junto de una de las cuales estaba yo de pie, se elevaban
hasta arriba, apiadas como altos rboles del bosque, dando pruebas del
paciente trabajo de toda una generacin de hombres; todas ellas talladas
en la piedra viva, infinitamente durables, a pesar de la delicadeza de
la obra, y transmitidas a nosotros a travs de lejanos siglos de
existencia.

El monje, ese hombre cuya cara barbuda haba visto en Inglaterra una
vez, se haba arrodillado, y estaba murmurando sus oraciones y pasando
las cuentas del enorme rosario que colgaba de su cintura.

Una mujer vestida de negro, con la cabeza cubierta con la _santuzza_
negra que usan las mujeres de Lucca, haba entrado sin hacer ruido, y
estaba arrodillada a unos pocos pasos de m. Oprima contra su pecho a
una miserable criatura de pocos meses, en cuya carita arrugada la muerte
ya haba impreso su marca. Rezaba con fervor por ella, mientras los
cirios iban gastndose gradualmente, los pobres cirios que esta
desgraciada mujer haba colocado delante de la humilde imagen de San
Antonio. El contraste entre la prodigiosa opulencia del templo y los
harapos de la pobre suplicante; entre la persistente durabilidad de
aquellos miles de santos con vestiduras de oro, y la fragilidad de ese
pequeo ser sin esperanza, era cruel y aplastador.

La mujer segua arrodillada, repitiendo en vano y obstinadamente sus
oraciones. Me mir, con sus ojos llenos de afliccin, adivinando la
compasin que haba despertado en m; luego volvi su mirada hacia el
capuchino, hacia ese hombre de cara dura y barba canosa que posea la
clave del secreto de Burton Blair.

Yo permaneca de pie detrs de la pesada columna, inclinado
reverentemente, pero alerta. La pobre mujer, despus de una rpida
mirada por todo aquel esplendor que la rodeaba, volvi, con mayor
ansiedad que antes, sus ojos hacia m... s, hacia m, que era un
extranjero desconocido. Y pens: le escucharn sus plegarias esas
magnficas imgenes divinas? Ah! no lo saba.

Yo, en su lugar, habra preferido llevar a la pobre criatura a uno de
esos nichos que hay en los caminos, donde reina soberana la Virgen de
los Contadini. Las madonnas y santos de Ghirlandago, Civitali y Della
Qurica, que moran en esa esplndida iglesia antigua, parecen seres
ceremoniosos, insensibilizados por la pompa secular. Por extrao que
parezca, yo no poda creer que se ocuparan de esa pobre mujer, o de su
hijo deforme y moribundo.

Las vsperas terminaron. Las figuras obscuras que haban estado en
oracin, se levantaron, atravesaron el piso de mrmol hasta la puerta y
desaparecieron, mientras las luces eran rpidamente apagadas. La mujer,
con su hijo agonizante, qued perdida en medio de las tinieblas.

Deseando que el capuchino pasase por junto a m, con el objeto de
poderlo ver mejor, me dej estar en la iglesia. Le hablara, o
permanecera silencioso y hara que Babbo lo vigilase?

Se aproxim lentamente hacia m, con sus grandes manos metidas en sus
anchas mangas de su hbito carmes, vestidura que slo una vez cada diez
aos la renuevan los de su orden, y que usan constantemente, estn en
pie o en cama.

Me haba parado delante de la antigua tumba de Santa Tita, la patrona de
Lucca, a la cual menciona el Dante en su _Infierno_. En la pequea
capilla arda una sola luz en una gran lmpara antigua de oro, puesta
all por los orgullosos hijos de la ciudad tres siglos atrs, cuando
temieron la invasin de la peste negra. Al darme vuelta, vi que, aun
cuando me observaba atentamente, pareca estar esperando todava al
hombre que ay! ya no exista.

Ahora que con mejor luz poda ver bien sus facciones, no vacil en
confirmar mi anterior sospecha: era el mismo hombre que un ao antes
haba conocido en la mesa de Burton Blair, en su mansin de la plaza
Grosvenor.

Recordaba muy bien la ocasin. Era en junio, en el perodo lgido de la
_season_ londinense, y Blair me haba invitado, en compaa de varios
amigos solteros, a comer en su casa y despus a ir al teatro Imperio. El
hombre que haba encontrado vestido de religioso, con sandalias usadas,
se haba presentado entonces de una manera muy diferente, como un
verdadero hombre de mundo, en situacin prspera, con un hermoso
diamante en la pechera de su camisa y en traje de comida, de corte
especialmente elegante. Burton nos lo haba presentado como el seor
Salvi, el renombrado ingeniero, y se haba sentado en la mesa enfrente
de m, conversando en excelente ingls con todos.

Me impresion como un hombre que haba viajado mucho, especialmente por
el Extremo Oriente, y, por ciertos conceptos que emiti, saqu la
conclusin de que, como Burton Blair, haba pasado varios aos en el
mar, y que era un amigo de los antiguos tiempos, anteriores al gran
secreto que tan provechoso le haba sido. Los dems convidados eran
todos conocidos y de mi relacin; dos de ellos financistas de la City,
cuyos nombres eran bien familiares entre los _habitus_ del Stock
Exchange; el tercero, heredero de un condado, del cual ya est en
posesin, y el cuarto, sir Carlos Webb, un elegante joven, de tipo
moderno, perteneciente al Cuerpo de Guardias.

Despus de gozar con la exquisita comida que se nos sirvi, preparada
por el famoso _chef_ francs de Burton Blair, partimos en coche al
teatro Imperio, y despus de pasar un par de horas en el Grosvenor Club,
concluimos la noche en el de Bachelors (solteros), del cual era miembro
sir Carlos.

Mientras estaba all parado en la penumbra silenciosa de la majestuosa
iglesia, mirando aquella obscura figura misteriosa que se paseaba
pacientemente a lo largo de la nave, esperando al que no vendra nunca
ms, record lo que en esa lejana noche, haba despertado en m un
extrao sentimiento de disgusto contra l. En breves palabras referir
el incidente.

Despus de salir del Imperio, nos paramos en la plaza Leicester para
subir a los coches que habamos tomado, cuando o al italiano que le
deca a Blair en su idioma: No me gusta ese amigo vuestro, ese que se
llama Greenwood. Es demasiado curioso e inquisitivo. Mi amigo se ri al
or esto, y le contest: Ah, caro mo, no lo conocis. Es mi mejor
amigo. El italiano replic gruendo: Me ha estado haciendo preguntas
de importancia toda la noche, y le he tenido que mentir. De nuevo Blair
se ri, murmurando: No es la primera vez que habis tenido que cometer
ese pecado. No, replic el otro en voz baja, con la intencin de que
yo no lo oyera, pero, si me presentis a vuestros amigos, tened cuidado
de que no sean tan astutos o tan inquisitivos como este Greenwood. Podr
ser un buen sujeto, pero, aun cuando lo sea, no debe conocer,
ciertamente, nuestro secreto. Si lo llegase a saber, eso puede
significar la ruina para nosotros, recordad!

Y luego, antes de que Blair pudiera contestarle, subi a un _hansom_ que
en ese mismo momento habase aproximado y detenido junto de la acera.

Desde entonces haba alimentado una manifiesta antipata contra ese
hombre que me haba sido presentado con el nombre de Salvi, no porque yo
mire con recelo y prevencin a todo extranjero, como lo hacen algunos
ingleses que participan tan neciamente de ese prejuicio insular, sino
porque se haba esforzado en prevenir a Blair contra m. Sin embargo, al
cabo de una semana el incidente habase borrado de mi memoria y no me
haba vuelto a acordar ms de l, hasta que este inesperado y extrao
encuentro lo haba renovado.

Sera posible que este monje, de cara bronceada por el sol, fuera el
mismo hombre que tena alquilado ese pequeo departamento en Florencia,
y cuyas apariciones eran tan misteriosas y subrepticias? Tal vez s,
porque todo ese secreto de que rodeaba su domicilio, poda atribuirse al
hecho de que a un capuchino no le es permitido poseer casa alguna fuera
de su convento.

Esas visitas a Florencia, de tarde en tarde, era probable que las
hiciera cuando lo mandaban a recorrer la campia para recoger las
donaciones y limosnas de los _contadini_, que se destinan para los
pobres de la ciudad.

En toda la provincia de Toscana, ya sea en la choza del pobre, ya en el
palacio de un prncipe, el paciente, humilde y caritativo fraile
capuchino es bien acogido; en la casa de todo _contadino_ est siempre
preparado para l un pedazo de pan y una botella de vino, y en las
villas y palacios de los ricos encuentran siempre un lugar en la sala de
los sirvientes. Sera imposible calcular cuntos italianos pobres se
salvan anualmente de perecer de hambre por la sopa y el pan que todos
los das reciben en la puerta de todo monasterio capuchino. Basta decir
que esta orden de hbito carmes y de casquete negro es la ms grande y
sincera amiga que tiene la clase ms necesitada y pobre.

Indudablemente, Babbo Carlini me deba estar esperando afuera, sentado
en las gradas de la iglesia. Reconocera en este monje, reflexionaba
yo, la descripcin que haba conseguido de Paolo Melandrini, el
desconocido que deba ocupar el puesto de secretario y consejero de
Mabel Blair?

Las ltimas personas que haban quedado rezando en la antigua capilla
del Santsimo Sacramento, se haban ido, resonando sus pisadas sobre las
baldosas hasta que hubieron desaparecido, y yo me encontr solo con la
figura silenciosa y casi exttica del hombre a cuyo lado, un ao antes,
haba estado de pie en el Grand Circle del teatro Imperio, mirando y
criticando una danza.

Me dirigira a l y le recordara nuestro conocimiento? Su abierta
manifestacin contra m me haca vacilar. Era evidente que haba
abrigado dudas sobre mi persona aquella noche de la comida en la plaza
Grosvenor; por lo tanto, en las actuales circunstancias sus sospechas
aumentaran, no haba duda. Lo encarara audazmente y de este modo le
demostrara mi intrepidez, como tambin le hara saber que estaba al
tanto de sus subterfugios? O me retirara y vigilara sus movimientos?

Decid al fin hacer lo primero, por dos razones. En primer lugar, porque
tena confianza de que me hubiera reconocido como amigo de Burton; y en
segundo lugar, porque, teniendo que habrselas con un hombre de esa
clase, es siempre ms ventajoso y da mejor resultado proceder de una
manera franca y declarar el conocimiento de las cosas, que ocultar
cuidadosamente hechos como los que yo saba. Si le estableca
vigilancia, sus sospechas seran mayores, mientras si proceda
abiertamente, poda conseguir desarmarlo.

Girando sobre mis talones, me dirig directamente adonde se haba parado
a esperar pacientemente la llegada de Blair, segn pareca.

--Perdone, _signore_--exclam en italiano,--pero creo, si no estoy en un
error, que nos hemos conocido... en Londres, hace un ao... no es
verdad?

--Ah!--replic, dulcificando su cara con una sonrisa al tenderme su
mano grande y endurecida,--he estado cavilando todo este tiempo, seor
Greenwood, si me reconocera en este traje. Me alegro mucho, muy mucho,
de poder renovar nuestra relacin.

Y dio mayor nfasis a sus palabras, significativas o fingidas, con un
fuerte y estrecho apretn de manos.

Le expres la sorpresa que me causaba encontrar al hombre de mundo y
viajero, convertido en un monje morador de un claustro, a lo que
respetuosamente me respondi en voz baja, pues estbamos dentro de un
recinto sagrado:

--Despus le dir a usted todo. No es tan notable ni sorprendente como
sin duda le parece a usted. Le aseguro, en mi condicin de capuchino,
que mi vida tranquila y meditativa es mucho ms preferible que la del
hombre de mundo que, como usted, se ve obligado a llevar la existencia
febricitante de la poca moderna, en que se aprecia como meritorio al
afortunado sin conciencia ni escrpulos y se consideran el ms grande
pecado las desgracias de la vida de uno cuando llegan a descubrirse.

--S, comprendo bien lo que usted me dice--repliqu, sorprendido sin
embargo de su afirmacin y cavilando si, despus de todo, no estara
tratando simplemente de engaarme.--La vida del claustro debe ser de
infinita calma y dulzura. Pero si no me equivoco--aad,--est usted
aqu en espera de nuestro comn amigo, Burton Blair, con quien tena
concertada una entrevista.

Levant ligeramente sus negras cejas, y podra haber jurado que mis
palabras lo sobresaltaron; pero, sin embargo, ocult con el mayor
cuidado la sorpresa que le causaron, y me respondi en un tono natural y
tranquilo:

--As es. Estoy aqu para verlo.

--Entonces, siento tenerle que decir que no lo volver a ver nunca
ms--le dije en voz baja y con toda gravedad.

--Por qu?--tartamude, abriendo desmesuradamente sus negros ojos
llenos de estupor.

--Porque--contest,--porque el pobre Burton Blair ha muerto... y su
secreto ha sido robado.

--Qu!--grit, con una mirada de terror y una voz tan fuerte, que su
exclamacin repercuti bajo el alto y abovedado techo.--Blair muerto...
y el secreto robado! Dios! es imposible... imposible!




IX

LA CASA DEL SILENCIO


El efecto de mis palabras sobre el corpulento capuchino, cuya figura
pareca casi gigantesca, debido al grosor de su poco artstico hbito,
fue tan curioso como inesperado.

El anuncio de la muerte de Blair pareci dejarlo totalmente enervado.
Pareca que haba estado all esperando, en cumplimiento al compromiso
hecho, completamente ignorante del fin prematuro cabido en suerte al
hombre con quien lo haba ligado tan ntima y secreta amistad.

--Cunteme... cunteme cmo ha sido--tartamude en italiano,--y su metal
de voz era casi un murmullo, como si hubiese temido que algn curioso
pudiera estar escondido en aquella soledad tenebrosa.

En pocas palabras le expliqu lo sucedido, y l me escuch en silencio.
Luego que hube terminado, murmur algo, se persign, y, como nos
despertaron los pasos que se aproximaban del sacristn, salimos afuera y
nos dirigimos hacia la ancha plaza, que ya estaba envuelta en una
semiobscuridad.

El viejo Carlini, que estaba sentado en un banco acabando de fumar un
cigarro, nos vio en el acto que aparecimos, y yo not que abri los ojos
llenos de asombro, pero, fuera de eso, no manifest sospecha ni hizo el
menor movimiento.

--_Poverino! Poverino!_--repeta el monje al caminar lentamente
costeando las viejas murallas de la en un tiempo orgullosa
ciudad.--Pensar que nuestro pobre amigo Burton ha muerto tan
repentinamente... y sin decir una palabra!

--No exactamente una palabra--le dije:--Antes de morir dio varias
instrucciones y dej algunos encargos, entre los cuales est el haber
puesto a su hija Mabel bajo mi cuidado.

--Ah, la pequea Mabel--suspir.--Ya hace ciertamente diez aos desde
que la vi en Manchester. Era entonces una criatura como de once aos,
alta, de cabellos negros, bonita, muy parecida a su madre... pobre
mujer!

--Conoci usted a su madre?--le pregunt con cierta sorpresa.

Movi afirmativamente la cabeza, pero se neg a dar mayores informes.

Cuando nos encaminbamos hacia el Ponto Santa Mara, la puerta de la
ciudad, donde los empleados de uniforme del _dazio_ estaban sin hacer
nada pero listos para cobrar el impuesto sobre todo artculo de consumo,
aun cuando fuese bien insignificante, que entrara por all, se volvi de
pronto a m y me inquiri:

--Cmo ha sabido que yo tena combinada una cita para esta noche con
nuestro amigo?

--Por la carta que le escribi usted, y que se encontr en su valija
despus de su muerte--respond con franqueza.

Lanz un gruido de evidente satisfaccin. Yo supuse, en verdad, que
deba estar receloso de que Burton antes de morir me hubiera dado a
conocer algunos detalles de su vida. Record en ese momento el curioso
enigma cifrado que se encerraba en la carta de juego, pero no hice la
menor alusin sobre ello.

--Ah! ya veo!--exclam al punto.

Pero si esa pequea bolsita, o lo que fuera, que siempre llevaba
consigo, oculta entre sus ropas o suspendida alrededor de su cuello, se
ha perdido, no significa que ha habido en esto una tragedia, es decir,
un robo y un asesinato?

--Hay marcadas sospechas--contest,--aun cuando, segn los mdicos, ha
muerto debido a causas puramente naturales.

--Ah! no creo!--exclam el monje, cerrando los puos fieramente. Uno
de ellos ha conseguido al fin robar esa bolsita que l guard siempre
con tanto cuidado, y estoy convencido de que se ha cometido el asesinato
para ocultar el robo.

--Uno de cules?--pregunt ansiosamente.

--Uno de sus enemigos.

--Pero saba usted lo que contena esa bolsita?

--Jams me lo quiso decir--fue la respuesta del capuchino, mirndome de
lleno a la cara.--Slo me dijo que su secreto estaba encerrado dentro de
ella... y tengo motivos para creer que as era.

--Pero usted conoca su secreto?--le interrogu, con los ojos fijos en
l.

Not por el cambio que se produjo en su semblante, moreno, cunto lo
haba alarmado mi pregunta.

Ya no poda negar completamente su ignorancia, pero, no haba duda,
estaba buscando algn medio de engaarme.

--Slo s lo que me explic de suyo--respondi.--Y no fue mucho, porque,
como usted lo sabe, era un hombre muy reticente. Me refiri, hace mucho
tiempo, sin embargo, las circunstancias un tanto romnticas en que lo
conoci a usted, qu buen amigo fue con l antes que la suerte le
sonriera, y cmo usted y su amigo (he olvidado su nombre) pusieron a
Mabel en el colegio en Bournemouth, arrancndola de esa vida de fatiga y
caminatas errantes que Burton haba emprendido.

--Pero por qu andaba vagando de esa manera por los caminos?--le
pregunt.--Para m ha sido siempre un enigma.

--Y para m tambin. Creo que se ocupaba en buscar la clave del secreto
que llevaba consigo, el secreto que le ha legado a usted, segn me ha
dicho.

--No le record a usted nada ms?--inquir, recordando que este hombre
deba haber sido amigo antiguo de Blair, por las observaciones que haba
hecho sobre Mabel, cuando era nia.

--Nada ms. Su secreto le perteneci siempre, y no lo revel a nadie,
pues tema ser traicionado.

--Pero ahora que est en otras manos, qu es lo que usted
presupone?--le dije, caminando siempre a su lado, porque ya habamos
salido de la ciudad e bamos por ese ancho camino sucio que conduce al
puente Mariano y contina ascendiendo hacia las montaas, en una
extensin de quince millas, hasta ese frondoso y bastante alegre punto
de verano, bien conocido de todos los italianos y algunos ingleses, que
se llama los Baos de Lucca.

--Por lo que supe en Londres cuando tuvimos ocasin de
conocernos--contest mi compaero, muy gravemente,--presupongo que el
secreto del pobre Blair ha sido robado de una manera muy ingeniosa, y
que la persona en cuyo poder est ahora, sabr sacar buen provecho de
l.

--En perjuicio de su hija Mabel?

--Ciertamente. Ella deber ser la principal vctima, la que tenga ms
que perder--contest, con una especie de suspiro.

--Ah, si l hubiera confiado a alguien sus asuntos, podra, conociendo
la verdad, combatir esa astuta conspiracin! Pero parece que todos, como
en efecto sucede, estamos en la ms completa obscuridad. Aun sus
abogados nada saben!

--Y usted, a quin el secreto ha sido legado, lo ha
perdido!--aadi.--S, seor, la situacin es, ciertamente, muy crtica.

--En este asunto seor Salvi--le dije,--como amigos del pobre Blair,
debemos esforzarnos en hacer todo lo que podamos para descubrir y
castigar a sus enemigos. Dgame, por lo tanto conoce usted el origen de
la vasta fortuna de nuestro desgraciado amigo?

--Aqu no soy el seor Salvi--fue la rplica tranquila del monje.--Me
conocen como fray Antonio de Arezz, o, ms breve, fray Antonio. El
nombre de Salvi me lo dio el pobre Blair, que no quiso introducir entre
sus amigos mundanos a un monje capuchino. En cuanto al origen de su
fortuna, creo que conozco la verdad.

--Entonces dgamela, dgamela!--grit lleno de ansiedad.--Puede ser que
nos d el hilo para saber quines son esas personas que han conspirado
con tanto xito contra l.

De nuevo el monje volvi hacia m sus penetrantes ojos obscuros, esos
ojos que en las tenues tinieblas de San Frediano parecan tan llenos de
fuego y tambin de misterio.

--No--contest, en un tono duro y decisivo.--No tengo permiso para decir
nada. El ha muerto, dejemos descansar su memoria.

--Pero por qu?--inquir.--En estas circunstancias de graves sospechas,
y en que el secreto, que por derecho me pertenece, ha sido robado, es
deber de usted seguramente explicar lo que sabe, con el fin de que
podamos obtener un hilo que nos gue. Recuerde tambin que el porvenir
de su hija depende del descubrimiento de la verdad.

--No puedo decirle nada--repiti.--Mis labios estn sellados por mucho
que lo sienta.

--Por qu?

--Por un juramento que hice hace aos, antes de entrar en la orden de
capuchinos--respondi. Luego, despus de una pausa, aadi, con un
suspiro:--Todo es muy extrao... mucho ms extrao de lo que ningn
hombre ha soado, tal vez... pero no puedo decirle nada, seor
Greenwood, absolutamente nada.

Me qued silencioso. Sus palabras haban sido demasiado mortificantes y
enigmticas, como tambin decepcionantes. Todava no haba podido saber
si en realidad era mi enemigo o amigo.

En ciertos momentos pareca sencillo, franco y sincero, como lo son
todos los de su orden religiosa; pero en otros pareca haber dentro de
l esa notable astucia, hbil diplomacia y penetrante doble vista del
jesuita.

El hecho mismo de que Burton Blair, habindome ocultado su amistad--si
es que exista amistad--con este vigoroso monje, de cara bronceada y
arrugada, me haca abrigar contra l una especie de vaga desconfianza.
Y, sin embargo, cuando recordaba el tono de la carta que le haba
escrito a Blair, cmo poda dudar de que su amistad, aun cuando
secreta, no fuese real y sincera? No obstante, volvan a mi memoria
aquellas palabras que le haba alcanzado a or en la plaza Leicester,
las cuales renovaban en m las dudas y cavilaciones.

Caminaba al lado de este hombre, sin preocuparme adonde nos dirigamos.
Estbamos ya en medio de la campia. La inmovilidad de todo, el silencio
que reinaba y el brillo luminoso de los ltimos tintes de aquella puesta
de sol de invierno, comunicaban cierta melancola a los grises montes
toscanos cubiertos de olivos. Esa tranquilidad, ese sosiego inmenso que
se expanda sobre todo, esa inalterable calma de la atmsfera, esas
luces inmviles y esas grandes sombras, producan en uno la impresin
de una pausa en el movimiento vertiginoso de siglos, de una espera
intensa, de un momento de reflexin, o ms bien quiz, una mirada de
melancola hacia el lejano pasado, cuando los astros, seres humanos,
razas y religiones no existan.

Delante de nosotros, al dar vuelta una curva del camino, vi elevarse en
alto sobre la ladera de una colina, medio oculto por los verdes y grises
rboles, un enorme y blanco monasterio antiguo.

Era el Convento de los Capuchinos, su hogar, me dijo fray Antonio.

Me par un momento, y contempl el blanco edificio, casi sin ventanas,
quemado por el calor y los rayos solares de trescientos veranos,
levantndose como un baluarte--como en un tiempo lo fue--contra el fondo
de los purpreos Apeninos. Escuch el sonido de la vieja campana que
emita sus llamamientos con la misma nota antigua, con la misma voz
vieja de los siglos pasados. Fue entonces, en ese momento, cuando el
encanto de Lucca y sus hermosos alrededores se grabaron en mi espritu.
Sent, por la primera vez, que brotaba de todas partes una atmsfera de
soledad y separacin del resto del mundo; un ambiente de misterio,
esencia viviente de lo que es aquel lugar, fcil de destruir ay! pero
que todas las cosas la exhalan an porque estn impregnadas de l:
ciertamente, es el alma agonizante de la en un tiempo brillante Toscana.

Y all, a mi lado, aplastando todos mis pensamientos, como la sombra de
una esfinge gigante se expande y alarga sobre las arenas del desierto,
estaba de pie ese corpulento monje, de tez bronceada, pies descalzos,
hbito de un carmes desteido, su cintura ajustada por un cordel de
camo, y con un semblante de misterio, mientras dentro de su corazn se
encerraba el gran secreto que haba sido legado a m y que ocultaba el
origen de la fortuna de Burton.

--El pobre Blair ha muerto!--repeta incesantemente, como si todava
hubiera dudado de que su amigo no exista ya y le fuera imposible
creerlo. Sin embargo, yo tardaba en convencerme de su sinceridad, porque
bien poda estarme engaando, despus de todo.

Como me invitara, lo acompa a subir el tortuoso y escarpado camino
hasta que llegamos a la pesada puerta del monasterio, a la cual llam.
Reson un fuerte y solemne campanazo, y unos segundos despus se abri
la pequea ventana de reja, apareciendo detrs la cara del hermano
portero, de blanca barba, que nos hizo entrar en el acto.

Me condujo a lo largo del silencioso claustro, en medio del cual haba
un maravilloso pozo medioeval de hierro forjado, y despus por
interminables corredores de piedra, cada uno alumbrado por una sola
lmpara de kerosene, lo que haca parecer ms sombra y melanclica la
casa.

De la capilla, que estaba en el extremo del gran edificio, llegaba el
murmullo del canto que en voz baja entonaban los monjes; pero ms all
reinaba el silencio de una tumba. Figuras obscuras y espectrales pasaban
sin hacer ruido por junto de nosotros y parecan desaparecer era la
obscuridad; la puerta del refectorio estaba abierta, y a la luz opaca
que proyectaban dos o tres lmparas, pude distinguir magnficas
esculturas, esplndidas pinturas al fresco y las dos largas filas de
bancos de roble, ennegrecidos por el tiempo, en que se sientan a comer
los hermanos capuchinos.

De pronto mi gua se par delante de una puerta, la que abri con su
llave, y me encontr dentro de una diminuta y desnuda celda, sin
alfombra, cuyo mobiliario se compona de una cama de ruedas, una silla,
una mesa-escritorio y un estante de libros bien provisto. En la pared
haba un gran crucifijo de madera, delante del cual se persign al
entrar.

--Esta es mi casa--explic en ingls.--No muy lujosa, es cierto, pero no
la cambiara por ningn palacio del mundo. Aqu todos somos hermanos, y
el superior es nuestro padre que provee a todas nuestras necesidades
humanas, incluyendo el rap que consumimos. Aqu no hay celos, no hay
rivalidades, no hay calumnias ni disputas. Todos somos iguales, todos
estamos perfectamente contentos, porque todos hemos aprendido esa
dificilsima leccin de amor fraternal.

Y acerc la nica silla que haba para que me sentara, pues estaba
sudoroso y cansado despus de esa larga caminata y escarpada ascensin
desde la ciudad al convento.

--Es una vida muy dura, ciertamente--observ.

--Al principio, s. Tiene uno que ser fuerte de mente y de cuerpo, para
poder pasar con xito el perodo de prueba--respondi.

Pero despus la vida del capuchino es indudablemente una de las ms
deliciosas de la tierra, unidos como estamos para hacer el bien y
ejercer la caridad en nombre de San Antonio. Pero--aadi, con una
sonrisa,--yo no lo he trado aqu, seor, para tratar de convertirlo de
su fe protestante a la nuestra. Le ped que me acompaara, porque me ha
comunicado usted un hecho que encierra un profundo y notable misterio.
Me ha puesto en conocimiento de la muerte de Burton Blair, el hombre que
fue mi amigo, y que por propio inters deba venir a verme esta noche en
San Frediano. Existan razones particulares, las razones ms poderosas
que un hombre puede tener, para que hubiera cumplido su promesa y
hubiese acudido a la cita. Pero no lo ha hecho. Sus enemigos se lo han
impedido, y le han robado su secreto!

Mientras hablaba, anduvo buscando algo en un cajoncito de la pequea
mesa-escritorio, y por fin sac un objeto, aadiendo con profunda
solemnidad:

--Usted conoca a Blair ntimamente, ms ntimamente que yo, tal vez, en
estos ltimos aos. Conoca a sus enemigos como tambin a sus amigos.
Dgame, ha tenido oportunidad de ver alguna vez el original de cada uno
de estos hombres?

Y me puso ante los ojos dos retratos.

Uno de ellos me era completamente desconocido, pero el otro lo reconoc
en el acto.

--Este es mi viejo amigo Reginaldo Seton--exclam,--que tambin era
amigo de Blair.

--No--declar el monje, en un tono duro y significativo,--no su amigo,
seor... su ms terrible enemigo.




X

EL HOMBRE DE LOS SECRETOS


--No comprendo lo que quiere usted decir--le dije,--resentido de ver la
acusacin que haca a mi ms ntimo amigo.--Seton ha sido mejor amigo
que yo para con el pobre Blair.

Fray Antonio se sonri de un modo extrao y misterioso, como slo el
sutil italiano puede hacerlo. Pareci compadecerse de mi ignorancia, y
tuvo deseos de burlarse de mi fe en la sinceridad de Seton.

--Yo s--ri;--yo s casi tanto como usted por una parte, mientras que
por la otra mis conocimientos se extienden algo ms all que los suyos.
Todo lo que puedo decirle, es que he observado, y, por lo tanto, he
sacado mis conclusiones.

--De que Seton no era su amigo?

--S, de que Seton no era su amigo--repiti lenta y muy claramente.

--Pero por cierto que usted no le hace una acusacin
directa--exclam.--Seguramente, usted no cree que l es el responsable
de esta tragedia, si es que ha habido una tragedia en esta muerte, no?

--Yo no formulo una acusacin directa--fue su ambigua respuesta.

El tiempo revelar la verdad, no hay duda.

Ansiaba poderle preguntar abiertamente si algunas veces no se haca
pasar con el nombre de Paolo Melandrini; sin embargo, tema hacerlo, por
recelo de despertar sus indebidas sospechas.

--El tiempo ser el nico que podr revelar que Reginaldo Seton fue uno
de los mejores amigos del muerto--dije pensativamente.

--Al parecer, s--fue la dudosa contestacin del capuchino.

--Un enemigo tan mortal como el Ceco?--le interrogu, mirndole a la
cara mientras tanto.

--El Ceco!--tartamude, lleno de sorpresa por mi audaz
pregunta.--Quin le ha hablado de l? Qu sabe usted respecto a ese
hombre?

El monje se haba olvidado evidentemente de lo que le haba escrito en
la carta a Blair.

--S que est en Londres--repliqu, tomando por gua sus propias
palabras.

La nia le acompaa--aad,--a pesar de serme completamente desconocida
la identidad de la persona a que me refera.

--Y bien?--preguntome.

--Y si estn en Londres, no es seguramente con buenas intenciones.

--Ah!--exclam.--Blair le ha dicho a usted algo... le ha manifestado
sus recelos?

--Ahora, al ltimo, se haba apoderado de l el temor de que lo
asesinaran secretamente el da menos pensado--contest.--Sin duda
alguna, le tema al Ceco.

--Y ciertamente que tena razn de temerle--exclam fray Antonio, con
sus obscuros ojos brillantes, vueltos hacia los mos en medio de la
semiobscuridad.--El Ceco no es un individuo fcil de manejar.

--Pero con qu fin ha ido a Londres?--le pregunt.--Acaso ha ido con
malas intenciones?

--El corpulento monje se encogi de hombros, y respondi:

--Dick Dawson no ha sido nunca hombre de muy buen genio. Evidentemente
algo debe haber descubierto, y ha jurado vengarse.

Sus observaciones me haban dado a conocer un dato importantsimo: que
el hombre conocido en Italia con el sobrenombre de el ciego, era un
ingls llamado Dick Dawson, un aventurero, muy probablemente.

--Entonces, sospecha usted que haya sido cmplice en el robo del
secreto?--le indiqu.

--Como la pequea bolsita de gamuza ha desaparecido, me inclino a pensar
que debe haber pasado a sus manos.

--Y la nia?

--Dolly, su hija, lo ayudar en todo, eso es seguro. Es tan astuta como
su padre, y posee una notable habilidad femenina; es una joven
peligrosa, por no decir otra cosa. Yo previne a Blair de que tuviera
cuidado de los dos--aadi,--recordando de pronto, segn parece, su
carta.--Pero me alegro que haya usted reconocido a uno de estos dos
individuos cuyas fotografas le he mostrado. Ha dicho usted que se llama
Seton, no es as? Bien entonces, si es su amigo, le aconsejo que est
siempre alerta. Est usted seguro de que no ha visto jams a este otro
hombre? qu no conoce a este amigo de Seton?--me interrog muy
encarecidamente.

Tom en mi mano el retrato y me acerqu adonde estaba la opaca lmpara
de kerosene. Lo examin muy atentamente y me fij en todos sus detalles.
Era un hombre de cara larga, calvo, barba entera, cuello muy alto,
levita negra y un elegante moo de corbata. El adorno que tena sobre la
pechera de su camisa, era un tanto peculiar, pues pareca una pequea
cruz de alguna orden extranjera de caballera, y produca ms bien un
efecto delicado y novedoso. Los ojos eran los de un hombre astuto, vivo
y penetrante, mientras las mejillas hundidas daban a su rostro un
aspecto notable y ligeramente macilento.

Era una fisonoma que, segn mis recuerdos, no la haba visto nunca,
pero, sin embargo, sus peculiaridades eran tales, que en el acto se
grab indeleblemente en mi memoria.

Le manifest que me era imposible saber quin era, a lo cual replic l,
insistiendo:

--Cuando regrese, vigile los movimientos de su titulado amigo Seton, y
entonces puede ser que tenga oportunidad de conocer a su amigo, cuyo
retrato le he mostrado. Una vez que esto suceda, escrbame, y djemelo a
mi cargo.

Guard de nuevo la fotografa en el cajoncito de su mesa, pero, al
hacerlo, mis ojos alcanzaron a distinguir dentro una carta de juego, el
siete de bastos, con algunas letras escritas en ella de la misma manera
o muy similares a las que haba en la carta que yo tena guardada en mi
bolsillo. Le hice alusin, pero se sonri simplemente y cerr en el acto
el cajn.

Sin embargo, el hecho de encontrarse el enigma cifrado en su poder, era
ciertamente algo ms que extrao.

--Suele usted ausentarse de su casa?--le pregunt al fin, recordando
cmo lo haba conocido en la mesa de Blair, con motivo de la comida en
su casa de la plaza Grosvenor, pero no muy satisfecho del descubrimiento
de la carta con las curiosas inscripciones enigmticas.

--Rara vez... muy rara vez--respondi.--Es sumamente difcil conseguir
permiso, y cuando se obtiene, es con el fin nico de visitar a la
familia.

Si hay algn monasterio cerca del lugar adonde nos trasladamos, debemos
pedir que se nos conceda una cama en l, antes que permanecer en una
casa particular. Las reglas le parecen duras--aadi sonriendo;--pero le
aseguro que para nosotros no lo son, ni sufrimos absolutamente nada.
Todas ellas son benficas para la felicidad y el bienestar del hombre.

De nuevo trat de hacer recaer la conversacin en lo que me interesaba,
esforzndome en conseguir algunos datos sobre el secreto misterioso del
muerto, que estaba convencido de que le era conocido. Pero fue intil.
No quera decirme nada.

Todo lo que me manifest fue que la razn de esa entrevista que deba
haber tenido lugar esa noche en Lucca, era muy poderosa, y que si el
millonario no hubiera muerto, indudablemente habra acudido a ella.

--Tena por costumbre verse conmigo de tiempo en tiempo, ya en la
iglesia de San Frediano, o en otros puntos de Lucca, como tambin en
Pescia o Pistoya--aadi el monje.--De cuando en cuando, varibamos el
sitio de reunin.

--Y esto explica, por cierto, sus misteriosas ausencias--observ yo,
recordando que sus movimientos haban sido con frecuencia muy errantes,
de modo que hasta Mabel haba ignorado su direccin. Se supona
generalmente que haba partido a Escocia o al norte de Inglaterra; pues
nadie se imagin nunca que sus repentinos viajes fueran tan lejanos, y
que se encontrara, cuando menos se pensaba, en la Italia central.

Los informes del monje demostraban tambin que Blair haba tenido algn
motivo muy poderoso para celebrar estas secretas entrevistas. Fray
Antonio, su amigo ignorado, haba sido indudablemente el ms ntimo y de
mayor confianza.

--Por qu razn nos haba ocultado a todos, hasta a la misma Mabel,
esta extraa y misteriosa amistad?

Mir fijamente la severa cara del monje italiano, tostada por el sol, y
trat de penetrar el misterio escrito en ella, pero fue en vano. No hay
hombre en el mundo que sepa guardar tan bien un secreto como el
sacerdote confesor, o el humilde fraile, cuya morada es su pobre celda.

--Y cul es su intencin, despus de lo que ha sucedido con el pobre
Blair?--le pregunt al fin.

--Mi intencin, como la suya, es descubrir la verdad--replic.--Ser una
cosa difcil, no hay duda, pero tengo confianza de que al fin
triunfaremos, y que usted recuperar el secreto perdido.

--Pero no podrn utilizarlo mientras tanto los enemigos de
Blair?--interrogu.

--Ah! eso no podremos impedirlo, por cierto--contest fray
Antonio.--Nosotros debemos preocuparnos del porvenir, y dejar que el
presente se cuide solo. Usted, en Londres, har todo lo que sea posible
para descubrir si Blair fue vctima de una infamia y quines fueron los
autores de ella, mientras yo, aqu en Italia, tratar de saber si ha
existido, fuera del robo del secreto, algn otro mvil.

--Pero si la bolsita de gamuza hubiera sido robada, no cree usted que
Blair la habra extraado? Estuvo completamente consciente durante
varias horas antes de morir.

--Se poda haber olvidado de ella. La memoria de los hombres decae a
menudo en las ltimas horas que preceden a la muerte.

       *       *       *       *       *

La noche haba extendido su negro manto antes que la campana con su gran
badajo de madera, la misma que serva para despertar a los monjes a las
dos de la maana, hora en que se levantan a orar, resonase a lo largo
del claustro, como recordndome que deba retirarme de aquella
silenciosa morada, donde era un extrao.

Fray Antonio se levant, encendi una gran linterna vieja de bronce, y
me gui a travs de los solitarios y tranquilos corredores, de la
pequea plaza y de la ladera de la colina hasta el camino real, que en
medio de la obscuridad resaltaba blanco y recto.

Luego, despus de haberme encaminado, tom mi mano entre sus grandes
palmas speras y encallecidas, debido al duro trabajo en su pedazo de
jardn, y me dijo:

--Confe en m, que yo har todo lo que me sea posible. Yo conoca al
pobre Blair; s, lo conoca mejor que usted, seor Greenwood. Tambin
conoca algo de su notable secreto, s cuan extrao es lo sucedido, y
qu misteriosas son todas las circunstancias. Mientras usted vuelve a
Londres y prosigue sus investigaciones, yo trabajar aqu, haciendo las
mas. Voy a hacerle una indicacin, sin embargo, y es la siguiente: si
llega a conocer a Dick Dawson, haga amistad con l y con Dolly. Son una
pareja extraa, el padre y la hija, pero la amistad con ambos puede
serle de provecho.

--Qu!--exclam.--Amistad con el hombre que ha confesado usted que es
uno de los ms crueles enemigos que tuvo Blair?

--Y por qu no? No es un rasgo de diplomacia ser bien recibido en el
campo enemigo? Recuerde que es usted el que ms arriesga en este asunto,
pues en l se juega el secreto que le ha sido legado--el secreto de los
millones de Burton Blair!

--Y tengo la intencin de recuperarlo--declar con firmeza.

--Yo espero que lo conseguir, seor--exclam en una voz que me pareci
llena de doble significado.--Espero que lo conseguir--replic de nuevo.

Despidindose luego con un _Adio, e buona fortuna_, fray Antonio, el
hombre de los secretos, se dio vuelta y se alej, dejndome parado en el
obscuro camino real.

No haba avanzado unas cincuenta yardas, cuando de en medio de la sombra
de algunos arbustos que haba a un lado, apareci una pequea figura
negra, y por la voz que me salud, conoc que era el viejo Babbo, a
quien no esperaba, pues haba credo que se hubiera cansado de
aguardarme. Pero comprend que nos haba seguido y que al vernos entrar
en el monasterio, se haba puesto a esperar mi vuelta con toda
paciencia.

--Ha descubierto el seor lo que deseaba?--me pregunt el viejo
italiano, prontamente.

--Algo, no todo--fue mi rplica.--Ha visto a ese monje con quien he
estado?

--S. Mientras usted estaba en el convento, yo he hecho algunas
averiguaciones, y he sabido que el capuchino ms popular de todo Lucca,
es fray Antonio, y que sus actos de caridad son bien conocidos. Es l
quien anda mendigando de puerta en puerta, por toda la ciudad, para
conseguir los cntimos y las liras que hacen que los pobres tengan
diariamente su ropa y pan. Es fama que era muy rico, y que al entrar en
el convento de los capuchinos don a la orden sus riquezas. Tambin se
sabe que tiene un amigo que quiere mucho, un ingls conocido por la
gente de la ciudad, con el sobrenombre de el Ceco, porque tiene un ojo
casi perdido.

--El Ceco!--grit.--Qu ha descubierto respecto de ste?

--La duea de una pequea quesera que hay junto de la puerta por donde
salimos de la ciudad, es muy comunicativa. Como todas las de su clase,
parece que admira grandemente a nuestro amigo el capuchino. Me ha
hablado de las frecuentes visitas de este ingls tuerto, que ha residido
tanto tiempo en Italia, que puede casi pasar por italiano. Parece que el
Ceco, tiene la costumbre de parar en la vieja posada de la Croce di
Malta, viniendo acompaado algunas veces de su hija, una joven muy
linda.

--De dnde suelen venir?

--Oh! todava no he podido averiguar eso--contest Babbo.--Sin embargo,
parece que las constantes visitas de el Ceco al monasterio capuchino,
han despertado el inters pblico. La gente dice que ahora fray Antonio
no es tan activo como antes para buscar dinero para los pobres, pues
est demasiado ocupado con su amigo ingls.

--Y la nia?

--Debe ser de una belleza notable, porque tiene fama hasta en Lucca, que
es una ciudad de nias bonitas--contest el viejo, haciendo una
mueca.--Habla el toscano perfectamente, y puede hacerse pasar con
facilidad por italiana, as dicen. Su espalda no es tiesa como la de
esos otros ingleses que uno ve en la va Tornabuoni, si el seor me
perdona la crtica--aadi disculpndose.

Estos informes que probaban que Dick Dawson, contra quien el monje haba
puesto en guardia a Burton Blair, era en efecto el amigo del capuchino,
hacan que la situacin fuera ms enigmtica y complicada.

Reconoc que en esas frecuentes visitas y conferencias deba haberse
tramado el complot secreto contra mi pobre amigo, conspiracin que haba
sido llevada a cabo con xito, segn pareca.

La joven Dolly nunca haba ido al monasterio, pero era evidente que
haba estado en Lucca, como cmplice de la trama para obtener el valioso
secreto de Burton Blair, el secreto que hoy me perteneca por la ley.

En vista de esto, resolvimos hacer algunas averiguaciones en la Croce di
Malta, esa antigua y vieja posada situada en una estrecha calle lateral,
peculiarmente italiana, y que prefiere que se la designe an con el
nombre de _albergo_, en vez del moderno de hotel.

Dick Dawson, conocido como el Ceco, se encontraba indudablemente en
Londres, pero contando con la ayuda y connivencia del ingenioso y astuto
hombre de los secretos, que tan hbilmente haba tratado de entablar
conmigo una falsa amistad.

--Sera, en efecto, este hombre, que bajo el pobrsimo hbito de
religioso encubra sus malos actos, responsable de la muerte del
desgraciado Blair y de la misteriosa desaparicin de ese pequeo y
extrao objeto, que era su ms preciado tesoro?

No s por qu, tena el convencimiento de que esta sospecha era una
realidad.




XI

EN EL QUE SE EXPLICA EL PELIGRO DE MABEL BLAIR


De las averiguaciones que a la maana siguiente hizo el viejo Babbo en
la Cruz de Malta, result evidente que el seor Ricardo Dawson, fuese
quien fuese, vena a Lucca constantemente, y siempre con el fin de
visitar y consultar al popular monje capuchino.

Algunas veces el ingls tuerto que hablaba el italiano tan bien, iba al
monasterio y permaneca all varias horas, y otras fray Antonio vena a
la posada y se encerraba con el husped en el mayor secreto.

El ceco, as llamado por su ojo defectuoso, aparentemente era un
hombre de recursos, porque sus propinas a los mozos y mucamas eran
siempre generosas, y cuando estaban all hospedados, tanto l como su
hija, ordenaban lo mejor que poda procurarse. Venan de Florencia,
pensaba el _padrone_, pero de esto no estaba seguro. Las cartas y
telegramas que sola recibir, pidindole que les reservara habitaciones,
llegaban fechadas en diferentes ciudades de Francia o Italia, lo cual
pareca demostrar que constantemente viajaban.

Estos fueron todos los informes que pudimos obtener. La identidad del
misterioso Paolo Melandrini permaneca an sin descubrirse. El principal
objeto que me haba trado a Italia no haba sido llenado, pero, sin
embargo, estaba satisfecho de haber descubierto al fin a dos de los ms
ntimos y a la vez secretos amigos del pobre Blair.

Pero por qu este misterio? Cuando recordaba cun estrecha haba sido
nuestra amistad, me quedaba sorprendido, y hasta un poco disgustado, de
ver que me haba ocultado la existencia de estos dos hombres. Por mucho
que sintiera tener que pensar mal de un amigo muerto, no poda evitar
que me asaltara la sospecha de que su relacin con estos individuos
formaba parte de su secreto, y que este ltimo era algo deshonroso.

Poco despus de medioda, guard mis cosas dentro de mi valija, e
impelido por un poderoso deseo de regresar para poder defender los
intereses de Mabel Blair, abandon Lucca, partiendo para Londres. Babbo
me acompa hasta Pisa, donde cambiamos de trenes; l para retornar a
Florencia y yo para tomar el coche-dormitorio del expreso que corre de
Roma a Calais.

Mientras estaba parado en la plataforma de la estacin de Pisa, el viejo
harapiento, que haca ms de media hora que se haba puesto pensativo,
exclam de pronto:

--Se me ha ocurrido una idea extraa, seor. Usted recordar que supe en
la va San Cristfano que el seor Malandrini usaba anteojos con arcos
de oro. No ser, acaso probable, que los use en Florencia para ocultar
el defecto que tiene en la vista?

--Yo tambin creo lo mismo!--respond.--Me parece que ha adivinado!
Pero, por otro lado, ni su sirvienta ni sus vecinos sospechan que sea
extranjero.

--Habla muy bien el italiano--convino el viejo,--pero dicen que tiene un
leve acento.

--Vuelva en el acto a la va San Cristfano--le dije, excitado por su
ltima teora--y haga mayores averiguaciones sobre la vista y los
anteojos de este misterioso individuo. La anciana que est al cargo de
sus habitaciones lo ha de haber visto sin anteojos, no hay duda, y le
podr decir lo que hay de verdad.

--S, seor--me contest. Y luego yo le di escrita mi direccin en
Londres, adonde deba despacharme un telegrama, si sus sospechas se
confirmaban.

Diez minutos despus, el ruidoso expreso de Calais a Roma, el limitado
tren compuesto de tres vagones-cama, coche-restaurant y coche de
equipajes, entraba en la gran estacin abovedada, y, despidindome del
ridculo viejo Babbo, suba al tren y me era sealado mi compartimiento
hasta Calais.

Describir el largo y tedioso viaje de vuelta del Mediterrneo al Canal,
oyendo siempre el crujido de las ruedas, y con la misma monotona,
interrumpida nicamente por el anuncio de que la comida estaba servida,
es intil. Todos aquellos que lean esta extraa historia del secreto de
un hombre, que hayan viajado de ida y vuelta por ese camino de hierro
que va a Roma, saben bien qu molesto y pesado se hace cuando uno se
transforma en constante viajero entre Inglaterra e Italia.

Basta decir que treinta y seis horas despus de haber subido al expreso
en Pisa, atravesaba la plataforma de la estacin Charing Cross, entraba
en un _hansom_ y parta para la calle Great Russell. Reginaldo no haba
vuelto an de su negocio, pero, sobre mi mesa, entre una cantidad de
cartas, encontr un telegrama de Babbo, en italiano, que deca:

Melandrini tiene echado a perder el ojo izquierdo. Es el mismo hombre;
no hay duda ninguna sobre eso.--_Carlini_.

El individuo que estaba destinado a ser el secretario y consejero de
Mabel Blair, era el enemigo ms terrible de su difunto padre, el ingls,
Dick Dawson.

Permanec de pie mirando el telegrama, completamente azorado.

La extraa copla que el muerto haba dejado escrita en su testamento,
recomendndome que la recordase, lata incesantemente en mi cabeza:

    _King Henry the Eighth was a knave to his queens,_
    _He'd one short of seven--and nine or ten scenes!_

Qu significado oculto poda encerrar? Los hechos histricos de los
casamientos y divorcios del Rey Enrique VIII, eran tan conocidos para m
como lo son para todo nio ingls del Reino Unido que haya llegado al
cuarto grado. Sin embargo, algn motivo deba haber tenido Blair,
ciertamente, para haber puesto esta extraa rima en su testamento; tal
vez era la clave de algo, pero de qu sera?

Despus de hacerme una rpida _toilette_ y cepillarme bien, porque
estaba muy sucio y fatigado por el largo viaje, tom un coche y me
dirig a la plaza Grosvenor, donde encontr a Mabel vestida
delicadamente de negro, sentada leyendo en su confortable y bonita
habitacin particular, que su padre, dos aos antes, la haba hecho
decorar y amueblar lujosamente y con todo gusto como su _boudoir_.

Se puso de pie en el acto que me vio, y me salud con apresuramiento
cuando el sirviente anunci mi presencia.

--Otra vez est de vuelta, seor Greenwood--exclam.--Oh, cunto me
alegro! He extraado mucho no haber sabido nada de usted. Dnde ha
estado?

--En Italia--repliqu, sacndome el sobretodo por indicacin de ella, y
sentndome despus a su lado en un silla baja.--He estado haciendo
ciertas averiguaciones.

--Y qu ha descubierto?

--Varios datos que tienden ms bien a aumentar que a aclarar el misterio
que rodeaba a su pobre padre.

Not que su rostro estaba ms plido que cuando me haba ausentado de
Londres, y que pareca enervada y extraamente ansiosa. Le pregunt por
qu no haba ido a pasar una temporada en Brighton o en algn otro
punto de la costa Sud, como le haba indicado antes, pero me replic que
haba preferido quedarse en su casa, y que, hablando francamente, haba
estado esperando con impaciencia mi llegada.

Le expliqu, en breves palabras, lo que haba descubierto en Italia,
refirindole mi encuentro con el monje capuchino y nuestra curiosa
conversacin.

--Jams le o hablar de l a mi padre--me dijo.--Qu clase de hombre
es?

Se lo describ lo mejor que pude, y le cont cmo lo haba conocido en
una comida dada en su casa, durante su ausencia en Escocia con la seora
Percival.

--Yo pensaba que un monje, una vez que entraba en una orden religiosa,
no poda volver a usar el traje de la vida seglar--observ.

--No puede hacerlo, ciertamente--respond.--Ese mismo hecho aumenta las
sospechas que abrigo contra l, unido a las palabras que le alcanc a
or fuera del teatro Imperio.

Y entonces le refer el incidente, exactamente como lo he hecho en un
captulo anterior.

Permaneci un momento silenciosa, con su delicada barba fina apoyada
sobre la palma de su mano, contemplando pensativamente el fuego. Luego,
por fin, me pregunt:

--Y qu ha sabido respecto a este misterioso italiano en cuyas manos me
ha dejado mi padre? Lo ha conocido usted?

--No, no lo he visto, Mabel--contest.--Pero he descubierto que es un
ingls de regular edad y no italiano, como habamos pensado. Creo que no
me pondr celoso por las atenciones que tenga con usted, pues adolece de
un defecto fsico. Slo tiene un ojo.

--Slo tiene un ojo!--repiti tartamudeando, cubrindose su rostro de
una instantnea palidez mortal, al ponerse de un salto en pie:--Un
hombre que slo tiene un ojo... e ingls! Usted no quiere referirse,
ciertamente--grit--a ese individuo que se llama Dawson, Dick Dawson?

--Paolo Melandrini y Dick Dawson son una misma y sola persona--respond
con franqueza, completamente azorado al ver el efecto aterrador que
haban tenido sobre ella mis palabras.

--Pero no es posible que mi padre me haya dejado en las manos de ese
demonio, de ese individuo cuyo solo nombre es sinnimo de todo lo que
implica brutalidad, astucia y maldad. No puede ser cierto... debe haber
algn error, seor Greenwood... debe haberlo! Ah! usted no conoce como
yo la reputacin de ese ingls tuerto, porque si la conociera,
preferira antes verme muerta que asociada a l. Debe salvarme!--grit
aterrorizada, estallando en un torrente de lgrimas.--Usted ha prometido
ser mi amigo. Debe salvarme, debe salvarme de ese hombre... s, de ese
hombre cuyo simple contacto esparce la muerte!

Apenas hubo pronunciado estas palabras, vacil, tendi aturdidamente sus
finas manos blancas, y hubiera cado al suelo sin sentido, si yo no
hubiese dado un salto adelante y la hubiera tomado en mis brazos.

--Quin poda ser este Dick Dawson--cavilaba yo--para que tanto terror
y odio le produjera; este hombre tuerto que evidentemente estaba ligado
con el misterioso pasado de su padre?




XII

EL SEOR RICARDO DAWSON


Confieso que deseaba con ansias ver aparecer a este ingls tuerto, a
quien Mabel Blair tena un terror pnico, para poder juzgarlo.

Lo que hasta entonces haba conseguido saber sobre l no era muy
satisfactorio. Pareca evidente que, en combinacin con el monje, posea
el secreto del pasado del muerto, y quiz Mabel tema alguna
desagradable revelacin que se relacionara con los actos de su padre y
con el origen de su fortuna. Este fue el pensamiento que se me ocurri
cuando estaba ayudando a aplicar algunos remedios y reconfortantes a la
insensible nia, pues haba dado la voz de alarma al verla caer
desmayada, acudiendo, en el acto, su fiel compaera, la seora Percival.

Mientras permaneci sin conocimiento, con su cabeza recostada sobre un
almohadn de seda lila, la seora Percival estuvo arrodillada a su lado,
y pienso que me miraba con considerable recelo, pues, ignorando lo
sucedido, crea que yo era el causante. Me inquiri con cierta dureza
por el motivo de aquel inesperado desmayo de Mabel, pero yo le contest
sencillamente que haba sido una descomposicin repentina, y que la
atribua al calor sofocante de la habitacin. Cuando volvi en s, le
pidi a la seora Percival y a Bowers, su doncella, que nos dejaran
solos, y, cuando la puerta se cerr, me pregunt, plida y ansiosa:

--Cundo va a venir aqu ese hombre?

--Cuando el seor Leighton ponga en su conocimiento la clusula
consignada en el testamento de su pap.

--El podr venir--dijo con toda firmeza,--pero antes que cruce este
umbral, yo habr abandonado la casa. El puede proceder como le parezca
bien, pero yo no residir bajo el mismo techo que l, ni tendr
comunicacin alguna con l, sea lo que fuere.

--Comprendo sus sentimientos, Mabel--exclam,--pero cree usted que es
prudente seguir esa lnea de conducta? No ser mejor esperar a vigilar
los movimientos del individuo?

--Ah! pero usted no lo conoce!--grit.--Usted no sospecha lo que yo
s que es la verdad fiel!

--Y qu es eso?

--No--respondi en una voz baja y ronca,--no puedo decrselo. No pasar
mucho tiempo sin que la descubra, y entonces, no se sorprender de que
yo aborrezca hasta el nombre de ese sujeto.

--Pero qu motivo ha podido tener su pap para insertar semejante
clusula en su testamento?

--Porque se ha visto obligado--replic enronquecida.--No pudo evitarlo.

--Y si se hubiera negado... si se hubiera negado a dejarla en las manos
de semejante persona... qu habra sucedido entonces?

--Su ruina hubiese sido inevitable--contest.--Todo lo sospech en el
momento que supe que un hombre misterioso y desconocido haba sido
designado secretario y administrador de todos mis asuntos.

Sus descubrimientos en Italia han venido a confirmar mis recelos.

--Pero usted va a seguir m consejo, Mabel. Al principio, por lo menos,
debe armarse de paciencia y sufrirlo--insist, cavilando, entretanto, si
su odio se debera a que tal vez saba que era el asesino de su padre.
Su antipata contra l era violenta, pero no pude descubrir qu razn
tena para ello.

Sacudi la cabeza al or mi argumento, y me dijo:

--Siento no ser suficientemente diplomtica para poder ocultar de ese
modo mi antipata. Nosotras las mujeres somos hbiles en muchas cosas,
pero siempre damos a conocer irremediablemente lo que nos disgusta.

--Ser muy sensible--le observ--tratarlo con manifiesta hostilidad,
porque puede hacer fracasar todas nuestras futuras oportunidades de
xito para descubrir la verdad respecto a la muerte de su pap y del
robo de su secreto. El mejor consejo que puedo darle es que guarde
absoluto silencio, aparente indiferencia, pero est siempre en guardia y
alerta. Ms tarde o ms temprano, este hombre, si, en efecto, es su
enemigo, se descubrir l mismo. Entonces ser tiempo suficiente para
que nosotros procedamos firmemente, y, al fin, usted triunfar. Por mi
parte, considero que cuanto ms pronto le avise Leighton a este
individuo su nombramiento, ser mejor.

--Pero no hay medio de poder evitar esto?--grit, aterrada.--La muerte
de mi pobre padre es, ciertamente, demasiado dolorosa sin necesidad de
que venga esta segunda desgracia a aumentar la afliccin!

Me hablaba con la misma franqueza que lo hubiera hecho con un hermano, y
comprend, por su modo vehemente, ahora que sus sospechas se haban
confirmado, cun grande y completa era su desesperacin. En medio de
todo el lujo y esplendor de aquella regia mansin, ella surga como una
figura plida y abandonada, con su tierno corazn juvenil destrozado por
la pena de la muerte de su padre y por un terror que no se atreva a
declarar.

Un antiguo proverbio, repetido con harta frecuencia, dice que la fortuna
no trae felicidad, y, ciertamente, que a menudo hay ms tranquilidad de
nimo y goce puro de la vida en una cabaa que en un palacio. El pobre
tiene inclinacin a mirar con envidia al rico; sin embargo, debe
recordarse que muchos hombres y mujeres que van cmodamente arrellanados
en sus lujosos carruajes y servidos por sirvientes de librea, contemplan
con anhelo a esos humildes trabajadores de las calles, bien convencidos
de que esos millones de seres que ellos designan con el trmino de las
masas, son, en verdad, mucho ms felices que ellos. Muchas mujeres de
ttulo, decepcionadas y cansadas del mundo, a menudo jvenes y bellas,
cambiaran contentas sus posiciones con las hijas del pueblo, cuya
existencia, aun cuando de duro trabajo, est, sin embargo, llena de
inocentes placeres y de tanta felicidad como es posible obtener en
nuestro mundo de lucha. Esta afirmacin podr parecer extraa, pero
declaro que es verdadera. La posicin del oro puede dar lujo y fama;
puede poner a los hombres y mujeres en condiciones de eclipsar a sus
semejantes, como tambin puede conquistarles honores, estimacin y hasta
popularidad. Pero de qu sirve todo esto? Pedidle la opinin al gran
propietario, al rico y al millonario, y, si hablan con sinceridad, os
dirn, en confianza, que no son tan felices como parecen, ni gozan tanto
de la vida como el modesto hombre de recursos independientes, que se ve
sometido a una diminucin por el impuesto sobre la renta.

Mientras estaba all sentado con la hija del muerto, esforzndome en
convencerla de que recibiera sin marcada hostilidad al misterioso
individuo, no poda dejar de notar el vvido contraste entre el lujo de
todo lo que la rodeaba y la pesada carga de tribulaciones de su corazn.

Apunt la idea de vender la casa, y retirarse a Mayvill, para vivir all
en el campo tranquilamente con la seora Percival, pero yo insist en
que esperara, al menos por ahora. Daba lstima pensar que las
esplndidas colecciones de pinturas pertenecientes a Burton Blair, todas
ellas obras notables de los maestros antiguos, las hermosas tapiceras
que haca pocos aos haba comprado en Espaa y la incomparable
coleccin de maylicas, cayeran bajo el martillo de un rematador. Entre
los diferentes tesoros que haba en el comedor, se ostentaba el cuadro
de la Sagrada Familia, de Andrea del Sarto, el cual haba costado a
Blair diecisis mil quinientas libras esterlinas en casa de Christie, y
que era considerado como uno de los ms bellos originales de ese gran
maestro. Adems, el mobiliario estilo Renacimiento italiano, la vajilla
de porcelana antigua de Montelupo y Sayona y de magnfica plata vieja
inglesa, constituan una fortuna, y seguiran siendo propiedad de Mabel,
con gran satisfaccin para m, como que todo le haba sido legado a
ella.

--S, ya s--respondi al or mis argumentos.--Todo es mo salvo esa
bolsita que encierra el secreto, la cual es suya, y que,
desgraciadamente, se ha perdido.

--Usted debe ayudarme a recuperarla--insist.--Est en nuestros mutuos
intereses hacerlo as.

--Por cierto que le ayudar en todo lo que me sea posible, seor
Greenwood--respondi.--Despus que parti usted para Italia, yo hice
registrar la casa de arriba abajo, y yo misma examin los cajones donde
guardaba mi padre su correspondencia, sus otras dos cajas de hierro y
ciertos puntos donde algunas veces sola ocultar sus papeles privados,
con el fin de descubrir si, temiendo alguna tentativa que pudieran haber
efectuado para robar la bolsita, la haba dejado en casa. Pero todo ha
sido en vano. Ciertamente, en esta casa no est.

Le agradec sus esfuerzos, sabiendo que haba procedido con toda
energa en beneficio mo; pero, convencido de que era intil todo
registro que se hiciera dentro de la casa, y que si el secreto se
recuperaba alguna vez, sera descubrindolo en las manos de uno u otro
de los enemigos de Blair.

Permanecimos juntos largo rato discutiendo la situacin. La razn de su
odio a Dawson no quera decirla, pero esto no me causaba sorpresa
alguna, porque en su actitud vea el deseo de ocultar algn secreto del
pasado de su padre. Empero, despus de mucha persuasin, consegu que
consintiera en que se le avisara al hombre misterioso el puesto que
deba ocupar, y que lo recibiera sin dar a conocer el menor signo de
disgusto o antipata.

Esto lo consider un triunfo de mi habilidad diplomtica, porque, hasta
cierto punto, posea sobre ella una completa influencia, como que haba
sido su mejor amigo durante esos das tristes y penosos de sus aos
pasados. Pero cuando ya se trataba de un asunto que envolva el honor de
su padre, era enteramente impotente y nada consegua. Era una nia de
firme individualidad propia, y, como todas las que poseen esta cualidad,
tena el don de rpida penetracin, y peculiarmente expuesta a los
prejuicios, debido a su alto sentimiento del honor.

Halag mi amor propio declarando que ella habra deseado que yo hubiera
sido nombrado su secretario, a lo cual le contest agradeciendo su
cumplido, pero afirmando que semejante cosa no hubiese sido nunca
posible.

--Por qu?--me interrog.

--Porque usted me ha dicho que el tal Dawson viene aqu a ocupar ese
puesto por derecho propio. Su padre se vio obligado, bajo coaccin, a
poner esa desgraciada clusula en su testamento, lo cual significa que
le tema.

--Si--suspir en voz baja.--Usted tiene razn, seor Greenwood. Est
absolutamente en lo justo. Ese hombre tena en sus manos la vida de mi
padre.

Esta ltima observacin me pareci muy extraa. Habra sido culpable
Burton Blair de algn crimen desconocido, que le haca tener miedo a
este misterioso ingls tuerto? Tal vez s. Quiz Dick Dawson, que
durante aos haba residido en la Italia rural hacindose pasar como
italiano, era el nico testigo sobreviviente de algn acto deshonroso
que Blair haba cometido, y que, en la poca de su prosperidad, habra
deseado borrar, con cuyo fin hubiera dado contento un milln de oro. Tal
fue, en verdad, una de las muchas ideas que surgieron en mi mente,
viendo el misterio que rodeaba ese terror que produca en Mabel el solo
nombre de Dawson. Sin embargo, cuando recordaba la bondadosa y firme
honestidad de Burton Blair, su sinceridad, sus elevados pensamientos y
sus actos annimos de beneficencia por puro amor a la caridad, haca a
un lado todas esas sospechas y resolva respetar la memoria del muerto.

A la noche siguiente, antes de las nueve, mientras Reginaldo y yo
estbamos tomando el caf y conversando en nuestro confortable
comedorcito de la calle Great Russell, Glave, nuestro sirviente llam a
la puerta, entr y me entreg una tarjeta.

Salt de mi asiento, como si hubiera recibido una descarga elctrica.

--Esto s que es gracioso, viejo--grit, volvindome a mi amigo.--Aqu
tenemos a Dawson en persona.

--Dawson!--tartamude el hombre contra quien me haba prevenido el
monje.--Hagmosle entrar. Pero, por Job! debemos tener cuidado de lo
que digamos, porque, si todo lo que se dice de l es cierto, debe ser
extraordinariamente perspicaz.

--Djamele a m--le dije. Y luego aad, volvindome a Glave:

--Haga pasar adelante a ese caballero.

Y ambos quedamos en anhelante expectativa aguardando la aparicin del
hombre que conoca la verdad del bien oculto pasado de Burton Blair, y
el cual, por alguna razn misteriosa, se haba encubierto durante largo
tiempo bajo el disfraz de italiano.

Un momento despus fue introducido a nuestra presencia, y, saludndonos,
exclam, con una sonrisa:

--Supongo, caballeros, que tengo que presentarme yo mismo. Me llamo
Dawson, Ricardo Dawson.

--Y yo soy Gilberto Greenwood--dije con cierta frialdad.--Mi amigo, aqu
presente, se llama Reginaldo Seton.

--De ambos o hablar a nuestro mutuo amigo, Burton Blair, hoy, por
desgracia, fallecido--exclam; y lentamente se sent en la gran silla de
brazos de mi abuelo, mientras yo quedeme de pie sobre el tapiz de la
chimenea, dando la espalda al fuego para poder verlo mejor.

Vesta un traje de tarde bien hecho y un sobretodo negro, pero en su
tipo no haba ningn rasgo que indicara que era un hombre de carcter.
De mediana estatura, de una edad regular, como de cincuenta aos, a mi
juicio, con anteojos redondos, arcos de oro y grueso cristal de roca, a
travs de los cuales pareca guiarnos como un profesor alemn, su
aspecto general era el de un hombre serio y observador.

Bajo una masa de cabellos griscastaos apareca su arrugada frente y un
par de ojos azules hundidos, uno de los cuales contemplaba el mundo con
especulativo asombro, mientras el otro era opaco, nebuloso y sin vista.
Sus extraas cejas venan a juntarse sobre su nariz algo carnosa, y su
barba y bigote tenan ya un color gris. De las mangas de su sobretodo
salan sus manos de dedos pequeos y morenos, que retorcan y golpeaban
con nerviosa persistencia, y de un modo que indicaba la alta tensin de
aquel hombre, los brazos tapizados de la silla en que estaba sentado
delante de nosotros.

--La razn que he tenido para venir a molestarlos a esta hora--dijo como
disculpndose, pero con una misteriosa sonrisa en sus gruesos
labios,--es que he llegado a Londres esta misma noche, y acabo de saber
que, por su testamento, mi amigo Burton Blair ha dejado en mis manos la
administracin de los asuntos de su hija.

--Oh!--exclam fingiendo sorpresa, como si aquello hubiera sido nuevo
para m.--Y quin ha dicho eso?

--Tengo informaciones privadas--repuso evasivamente.--Pero antes de
entrar a proceder, he pensado que era mejor que viniera a verme con
ustedes, para que nos podamos entender bien desde el principio.

S que ustedes dos han sido amigos muy buenos e ntimos de Blair,
mientras yo, debido a ciertas circunstancias curiosas, me he visto
obligado, hasta hoy, a permanecer enteramente en el fondo del escenario,
como su amigo secreto. Tambin estoy bien al tanto de las circunstancias
en que se conocieron y de la bondad y caridad de ustedes para con mi
amigo muerto y su hija; en una palabra, l me lo cont todo, porque no
tena secretos para m. Sin embargo, ustedes, por su parte--continu,
mirndonos con su solo ojo azul,--deben haber considerado su repentina
fortuna como un completo misterio.

--As ha sido, ciertamente--observ.

--Ah!--exclam con rapidez en un tono de mal oculta
satisfaccin.--Entonces l no les ha revelado nada!

En el acto comprend que, inadvertidamente, le haba dicho a aquel
hombre lo que justamente ms deseaba saber.




XIII

SE REVELA EL SECRETO DE BURTON BLAIR


--Cualquier cosa que Burton Blair me haya dicho ha sido en la ms
estricta confianza--exclam, ofendido por el entrometimiento de aquel
individuo, pero, sin embargo, contento interiormente de haber tenido la
oportunidad de conocerlo y poder tratar de cerciorarme de sus
intenciones.

--Por cierto--respondi Dawson con una sonrisa, mientras su nico ojo me
miraba parpadeando a travs de sus anteojos, arcos de oro.--Pero su
amistad y gratitud nunca hicieron que llegase al grado de revelarle su
secreto. No. Si usted me disculpa y permite, seor Greenwood, le dir
que pienso que es intil estemos combatiendo de esta manera, teniendo en
vista que yo s mucho ms de Burton Blair y de su vida pasada, que lo
que usted sabe.

--Aceptado--le dije.--Blair fue siempre muy reticente. Se consagr a
resolver un misterio y consigui su objeto.

--Y con eso gan una fortuna de ms de dos millones de libras
esterlinas, que todava las gentes consideran un misterio. Sin embargo,
no hay misterio en esos montones de cauciones que estn depositadas en
sus Bancos, como no lo hubo en el dinero con que las compr--ri.--Fue
en buenos billetes del Banco de Inglaterra y en slidas monedas de oro
del reino. Pero ya el pobre no existe; todo ha acabado--aadi con un
aire algo pensativo.

--Pero su secreto existe an--observ Reginaldo.--El lo ha legado a mi
amigo.

--Qu!--estall el tuerto, dndose vuelta hacia m con verdadero
espanto.--Le ha dejado a usted su secreto?

Pareca completamente trastornado por las palabras de Reginaldo, y not
el brillo perverso de su mirada.

--Me lo ha dejado. El secreto es mo ahora--repuse, aun cuando no le
dije que la misteriosa bolsita de gamuza se haba extraviado.

--Pero no sabe usted, hombre, lo que eso implica?--grit, ponindose de
pie delante de m y entrelazando y retorciendo sus delgados dedos
nerviosa y agitadamente.

--No, no lo s--contest riendo, pues trataba de aparentar que tomaba
sus palabras con ligereza.--Me ha dejado como legado la bolsita que
llevaba siempre consigo, junto con ciertas instrucciones interesantes
que me esforzar en cumplir.

--Muy bien--gru.--Proceda como le parezca ms conveniente; pero
prefiero que haya usted quedado dueo del secreto y no yo, eso es todo.

Su disgusto y terror aparentemente no conocan lmites. Luch por
ocultar sus sentimientos, pero todo esfuerzo fue en vano. Era evidente
que exista alguna razn muy poderosa para tratar de impedir que el
secreto viniera a mis manos; pero su creencia de que la bolsita ya
estaba en mi poder destrua mi sospecha de que este misterioso hombre
estaba ligado a la muerte extraa de Burton Blair.

--Crame, seor Dawson--le dije, con la mayor calma,--no abrigo temor
alguno del resultado de la bondadosa generosidad de mi amigo. En verdad,
no veo qu motivo pueda haber para abrigar ningn recelo. Blair
descubri un misterio que, a fuerza de paciencia y esfuerzos casi
sobrehumanos, consigui resolver, y presumo que, guiado, probablemente,
por un sentimiento de gratitud por la pequea ayuda que mi amigo y yo
pudimos hacerle, ha dejado su secreto bajo mi custodia.

El hombre permaneci silencioso durante unos minutos con su nico ojo
fijo en m, inmvil e irritado.

--Ah!--exclam al fin con impaciencia.--Veo que lo ignora usted todo
completamente. Tal vez es mejor que siga as.--Luego aadi:--Hablemos
ahora de otro asunto, del porvenir.

--Y qu tiene el porvenir?--le interrogu.

--He sido nombrado secretario de Mabel Blair y administrador de sus
bienes.

--Y yo le promet en su lecho de muerte a Burton Blair defender y
proteger los intereses de su hija--le dije, en una voz tranquila y fra.

--Puedo, entonces, preguntarle, ya que tratamos el asunto, si abriga
usted intenciones matrimoniales respecto a ella?

--No, no debe usted preguntarme nada de eso--grit enfurecido.--Su
pregunta es una injuriosa impertinencia, seor.

--Vamos, vamos, Gilberto--interrumpi Reginaldo.--No hay necesidad de
promover una disputa.

--No, por cierto--declar con aire imperioso el seor Ricardo
Dawson.--La pregunta es bien sencilla, y como futuro administrador de la
fortuna de la joven, tengo perfecto derecho de hacerla.
Entiendo--aadi,--que se ha convertido en una nia muy atrayente y
amable.

--Me niego a responder a su pregunta--manifest con vehemencia.--Yo
tambin podra preguntarle por qu razn ha estado usted todos estos
aos pasados viviendo ocultamente en Italia o por qu reciba su
correspondencia dirigida a una casa de una calle secundaria de
Florencia.

Su rostro perdi sus bros, sus cejas se contrajeron ligeramente, y not
que mi observacin le haba causado cierto recelo.

--Oh! Y cmo sabe usted que he vivido en Italia?

Pero con el fin de extraviarlo y confundirlo, me sonre misteriosamente
y respond:

--El hombre que posee el secreto de Burton Blair tambin conoce ciertos
secretos concernientes a sus amigos.--Luego aad intencionadamente:--El
Ceco es bien conocido en Florencia y en Lucca.

Su cara se puso blanca, sus delgados dedos nervudos se agitaron de nuevo
y la contorsin que estremeci las comisuras de su boca, demostraron
cun profunda e intensa haba sido la impresin que le haba producido
la mencin de su sobrenombre.

--Ah!--exclam.--Blair me ha traicionado, entonces me ha jurado en
falso, despus de todo. Eso les dijo a ustedes, eh? Muy bien!--Y se
ri con la extraa risa hueca del hombre que contempla la venganza.--Muy
bien, caballeros. Veo que en este asunto, mi posicin es la de un
intruso.

--Hablndole con franqueza, seor, le dir que justamente es
as--intervino Reginaldo.--Era usted desconocido hasta que se ley el
testamento del muerto, y no creo anticiparme en afirmar que la seorita
Blair tendr cierta inquietud de verse obligada a ocupar a un extrao.

--Un extrao!--ri con altanero sarcasmo.--Dick Dawson un extrao! No,
seor, usted ver que para ella no soy un extrao. Por otra parte,
pienso que tambin tendr oportunidad de saber que la joven acoger bien
mi intencin en vez de desagradarle. Esperen y vern--aadi, con un
tono sumamente confiado.--Maana tengo intencin de ir a la oficina del
seor Leighton, y hacerme cargo de mis obligaciones como secretario de
la hija del difunto millonario Burton Blair--y acentuando las ltimas
palabras, se ri de nuevo en nuestras caras desafiadoramente.

No era un caballero. En el momento en que entr en la pieza lo conoc.
Su aspecto externo era el de un hombre que ha tenido contacto con gente
respetable, pero era slo un barniz superficial, pues cuando perda la
calma y se agitaba, demostraba que era tan rudo como el tosco hombre de
mar que tan repentinamente haba expirado. Su acento era
pronunciadamente londinense, a pesar de que se deca que, como haba
residido tantos aos en Italia, se haba convertido casi en un italiano.
Un hijo verdaderamente de Londres no puede nunca ocultar sus _enes_
nasales aun cuando haya pasado su vida en el ms lejano confn del
mundo. Ambos nos habamos dado cuenta rpidamente de que el desconocido,
aun cuando de contextura ms bien delgada, era extraordinariamente
muscular. Y este era el hombre que celebraba esas frecuentes entrevistas
secretas con Fray Antonio, el grave monje capuchino.

Haba demostrado que no nos tena miedo, por la manera audaz con que
haba venido a vernos, y la franqueza con que nos haba hablado. Se
conoci que tena plena confianza en su posicin, y que interiormente se
rea de nuestra ignorancia.

--Hablan ustedes de m, caballeros, como de un extrao y
desconocido--exclam, abotonndose su sobretodo despus de una corta
pausa y tomando su bastn.--Supongo que lo ser esta noche... pero
maana no lo ser ya. Espero que muy pronto aprenderemos a conocernos
mejor; entonces es posible que confen en m un poco ms de lo que han
hecho esta noche. Recuerden que durante muchos aos he sido el amigo ms
ntimo del muerto.

En la punta de la lengua tuve la observacin de que el motivo que haba
tenido el pobre Burton para poner en su testamento esa extraa clusula,
era el temor que l le inspiraba, y que la haba insertado bajo
coaccin; pero felizmente me domin, y con cierta cortesa le dije
buenas noches.

--Que me ahorquen, Gilberto--grit Reginaldo, cuando el tuerto se hubo
retirado.--La situacin a cada momento se hace ms interesante y
complicada. Es evidente que Leighton va a tener que habrselas con un
cliente duro.

--S--suspir.--El tiene la mejor parte de todos nosotros, porque se ve
claro que Blair lo tena al tanto de todo, pues era de su completa
confianza.

--Es mi opinin, Greenwood, que Blair nos ha tratado
ruinmente!--estall mi amigo, eligiendo un nuevo cigarro, y mordindole
la punta con enojo.

--Recuerda que me ha dejado su secreto.

--Puede ser que lo haya destruido despus de haber hecho el
testamento--apunt Reginaldo.

--No; o debe estar escondido, o ha sido robado, eso es lo que no ha
podido aclararse. Por mi parte, considero que gradualmente va
disipndose la idea que abrigamos de que se haba cometido un asesinato.
Si l hubiese sospechado que haba sido vctima de una infamia,
seguramente nos habra indicado algo antes de morir. De eso estoy
completamente convencido.

--Es muy probable--observ con cierta duda, sin embargo.--Pero lo que
tenemos ahora que descubrir es si existe an esa bolsita que l siempre
llevaba consigo.

--Es evidente que el tal Dawson se encontraba en Inglaterra antes de la
muerte del pobre Blair. Puede ser que haya pasado a su poder--indiqu
yo.

--De todos modos, es muy probable que trate de apoderarse de
ella--convino Reginaldo.--Debemos saber con fijeza dnde estaba y qu
hizo el da en que Blair perdi tan misteriosamente el conocimiento en
el tren. No me gusta el individuo, aparte de su _alias_ y secreta
amistad con Blair. Su intencin es mala, viejo, bien mala. La he visto
brillar en el nico ojo que tiene. Recuerda lo que dijo sobre que Blair
lo haba traicionado. Me parece que abriga la idea de vengarse en la
pobre Mabel.

--Mejor es que no trate de ofenderla--exclam ferozmente.--Tengo que
cumplir la promesa que le hice al pobre Burton, y la cumplir. S, juro
por Dios que lo har! al pie de la letra. Buen cuidado tendr de que no
caiga en las manos de ese aventurero.

--Ella le teme anticipadamente. Por qu ser?

--Por desgracia, no quiere decrmelo. Es posible que este hombre est en
posesin de algn secreto deshonroso del muerto, cuyo conocimiento, si
se hiciera pblico, podra dar por resultado el descrdito de Mabel y su
expulsin de la buena sociedad.

Seton gru, se recost en el respaldo de su silla y qued contemplando
el fuego pensativamente.

--Por Job!--exclam, despus de una breve pausa.--Si ser eso as?

A la maana siguiente, mientras estbamos almorzando, lleg un muchacho
mensajero con una tarjeta de Mabel, en la que me peda que fuese en el
acto a su casa. Sin perder un minuto, por lo tanto, tom de un sorbo mi
caf, me puse apresuradamente el sobretodo y un cuarto de hora despus
entraba en la alegre sala de maana de la mansin de la plaza Grosvenor,
donde la hija del muerto, con su cara encendida por la agitacin, me
esperaba.

--Qu es lo que hay?--le pregunt al tomarle la mano, temeroso de que
el hombre que ella detestaba hubiese venido ya a verla.

--Nada grave--me contest riendo.--Es que tengo una nueva muy buena para
usted.

--Para m? qu es?

Sin contestarme, coloc sobre la mesa una pequea y lisa cigarrera de
plata, que en un ngulo de la tapa tena las iniciales B. B., monograma
que se vea grabado en toda la vajilla de Blair, en sus carruajes,
arneses y dems objetos propios.

--Vea lo que hay dentro de ella--exclam, sealndome la caja que tena
por delante, y sonriendo dulcemente con profunda satisfaccin.

La tom ansiosamente, levant la tapa y mir lo que haba en su seno.

--Qu!--grit, casi fuera de m de alegra.--No puede ser cierto!

--S--ri ella.--Lo es.

Y despus con dedos temblorosos, saqu del interior de la caja el
precioso objeto que me haba sido legado, la pequea bolsita usada de
gamuza del tamao de la palma de la mano de un hombre, a la cual estaba
unida una delgada pero muy fuerte cadena de oro para poderla colgar del
cuello.

--La encontr esta maana por casualidad, exactamente como est, en un
cajoncito secreto de un viejo escritorio que hay en la pieza de vestir
de mi padre--explic.--El que la debi colocar all por precaucin antes
de partir para Escocia.

La conservaba en mi mano completamente atnito, pero, no obstante, con
el ms profundo deleite.

El hecho de que Blair se hubiera separado de ella, dejndola guardada
en esa caja, antes que arriesgarse a llevarla consigo durante ese viaje
al Norte, no probaba que haba temido ser vctima de un ataque para
conseguir su posesin? Sin embargo, el pequeo y curioso objeto, que en
tan extraas condiciones me haba sido legado, estaba ahora en mi mano,
y era una bolsita plana, cuidadosamente cosida, de piel de gamuza,
ennegrecida por el uso y el tiempo, como de media pulgada de grueso, y
que encerraba algo duro y liso.

Dentro de ella se ocultaba el gran secreto, cuyo conocimiento haba
transformado en millonario a Burton Blair, el pobre marino sin hogar. Lo
que era, ni Mabel ni yo pudimos ni por un momento imaginarnos.

Ambos estbamos sin aliento, igualmente ansiosos de cerciorarnos de la
realidad. No hay duda, jams hombre alguno se vio en su vida delante de
un problema ms interesante o enigmtico.

En silencio tom un par de pequeas tijeras de hacer ojales de encima de
la mesita-escritorio que haba junto de la ventana, y me las entreg.

Luego, temblndome la mano de agitacin, introduje la punta en el
extremo de la bolsita y la cort largo a largo, pero lo que cay sobre
la alfombra un momento despus nos arranc dos fuertes exclamaciones de
sorpresa.

La posesin ms valiosa de Burton Blair, el gran secreto que durante
todos esos aos pasados y en sus viajes errantes haba llevado siempre
consigo, al fin descubierto, result ser verdaderamente pasmoso.




XIV

LA OPININ DE UN PERITO


Sobre la alfombra, a nuestros pies, yaca desparramado un paquete de muy
pequeas cartas de juego, ms bien sucias, que haba cado de la
bolsita, y el cual contemplbamos los dos de pie con sorpresa y
desengao.

Por mi parte, yo haba esperado encontrar dentro de esa bolsa-tesoro de
gamuza algo de ms valor que esos pedazos de cartn duro, manoseados y
bastante gastados, pero nuestra curiosidad se despert instantneamente
cuando me agach, alc una de ellas y descubr ciertas letras escritas
con tinta obscura medio borrada, similares a las que haba en la carta
que tena ya en mi poder.

Result ser un diez de oros, y con el fin de que los lectores puedan
darse una idea clara de cmo estaban arregladas las letras, reproduzco
una copia de ella enfrente.

--Qu extrao!--exclam Mabel, tomando la carta y examinndola
atentamente.--Debe ser algn enigma cifrado, igual al otro que encontr
dentro de un sobre sellado en la caja de hierro.

--No hay duda--dije yo, al notar, mientras estaba agachado, recogiendo
el resto del paquete,--que todas ellas, tanto por el anverso como por el
reverso, tenan catorce o quince letras escritas, en tres columnas,
todas, por cierto, enteramente ininteligibles.

Las cont. Formaban un paquete de treinta y una cartas, faltando el as
de copas, que habamos encontrado antes. Debido a haberlas llevado
siempre consigo, el roce constante y durante tanto tiempo, haba gastado
las puntas y los filos, mientras el lustre haba desaparecido haca ya
mucho.


      +-------------------------+
      |   /\               /\   |
      |  /  \             /  \  |
      | /    \           /    \ |
      | \ O  /    /\     \ T  / |
      |  \  /    /  \     \  /  |
      |   \/    /    \     \/   |
      |         \ S  /          |
      |   /\     \  /     /\    |
      |  /  \     \/     /  \   |
      | /    \          /    \  |
      | \ C  /     P    \ O  /  |
      |  \  /            \  /   |
      |   \/       J      \/    |
      |                         |
      |            E            |
      |   /\              /\    |
      |  /  \      L     /  \   |
      | /    \          /    \  |
      | \ O  /     /\   \ L  /  |
      |  \  /     /  \   \  /   |
      |   \/     /    \   \/    |
      |          \ O  /         |
      |   /\      \  /    /\    |
      |  /  \      \/    /  \   |
      | /    \          /    \  |
      | \ J  /     N    \ N  /  |
      |  \  /            \  /   |
      |   \/              \/    |
      +-------------------------+


Ayudado por Mabel, las extend todas sobre la mesa, verdaderamente
atontado por aquellas columnas de letras que demostraban que algn
profundo secreto encerraban, pero que nos fue completamente imposible
descifrar.

En el anverso del as de bastos haba tres columnas paralelas, de cinco
letras cada una, colocadas en esta forma:

      E H N

      W E D

      T O L

      I E H

      W H R

Luego, di vuelta al rey de espadas, y en el reverso encontr slo estas
catorce letras:

      Q W F

      T S W

      J H U

      O F E

      Y E

--Qu significar todo esto?--exclam, examinando cuidadosamente, a la
luz, los caracteres escritos. Las letras eran maysculas, y tan torpe e
inseguramente trazadas como las del as de copas; no hay duda, deban
haber sido hechas por una mano sin educacin. Las A denotaban una forma
de letra extranjera ms que inglesa, y el hecho de que algunas cartas
estaban escritas por el anverso y otras por el reverso, pareca indicar
que haba algn significado oculto. Fuese lo que fuese, aquello se
presentaba como un problema enigmtico e intrincado.

--Es muy curioso, ciertamente--observ Mabel, despus de haber estado un
rato tratando en vano de juntar algunas palabras inteligibles con las
letras en columnas, valindose del mtodo fcil de clculo.--No tena la
menor idea de que mi padre hubiese llevado oculto de este modo su
secreto.

--S--dije,--es verdaderamente asombroso. No hay duda, su secreto est
escrito aqu, y lo sabramos, si poseyramos la clave. Pero es probable
que sus enemigos conozcan su existencia, o si no, l no lo hubiese
dejado guardado aqu al partir para Manchester. Puede ser que Dawson lo
sepa.

--Es muy probable--contest ella.--Era el hombre de relacin ms ntima
de mi padre.

--Su amigo, dice l que era.

--Amigo!--grit ofendida.--No, su enemigo.

--Y, por lo tanto, su pap le tema, no es as? Fue esa razn la que lo
indujo a insertar en su testamento esa imprudente clusula.

Entonces le refer la visita que la noche anterior nos haba hecho
Dawson, todo lo que nos haba dicho y la atrevida actitud desafiadora
que haba adoptado con nosotros.

Suspir, pero no pronunci una sola palabra. Not que mientras yo
hablaba su semblante se haba puesto algo ms plido, pero permaneci
callada, como si hubiese temido hablar, por recelo de que
inadvertidamente fuese a manifestar lo que tena intencin de que
permaneciese siendo un secreto.

Mi pensamiento absorbente en aquel momento era, sin embargo, la
aclaracin del problema que se encontraba oculto dentro de esas treinta
y dos cartas, bien manoseadas, que estaban delante de m. El secreto de
Burton Blair, cuyo conocimiento le haba producido su fortuna de
millones, se encerraba all, y ahora que por legado me perteneca,
estaba en mis intereses hacer toda clase de esfuerzos para conseguir
descubrir la verdad exacta. Record el inmenso cuidado que haba tenido
con esa bolsita que yaca vaca sobre la mesa, y la negligente confianza
con que me la haba mostrado esa noche en que no era ms que un
vagabundo sin hogar que andaba recorriendo los caminos en busca de los
molinetes.

Mientras la tena en su mano mostrndomela, haba visto brillar sus ojos
con una luz viva de esperanza y anticipacin. Algn da sera un hombre
rico, me haba profetizado, y yo, en mi ignorancia, haba credo
entonces que era un soador, un iluso. Pero al mirar en torno de esa
pieza en que estaba ahora de pie y ver ostentndose obras de Murillo y
del Tintoretto, que cada una de ellas constitua una pequea fortuna, me
vi obligado a confesar que haba cometido un error y que mi desconfianza
haba sido injusta.

Y ahora el secreto escrito sobre ese pequeo paquete de cartas, de
aspecto tan insignificante, era mo... con tal que pudiera descifrarlo!

Era imposible que pudiese haber una situacin ms enigmtica y
mortificante para un pobre hombre como yo. El hombre a quien en un
tiempo haba podido proteger, me haba dejado, como prueba de
reconocimiento, el secreto del origen de su enorme riqueza, pero tan
bien oculto, que ni Mabel ni yo podamos descifrarlo.

--Qu va a hacer?--me interrog al fin, despus de haber permanecido
diez minutos en silencio examinando las cartas.--No habr en Londres
algn perito que pueda encontrar la clave? Es probable que esas personas
que se dedican al arte de la criptografa puedan ayudarnos.

--No hay duda--respond,--pero en ese caso, si consiguieran hacerlo,
descubriran el secreto para ellos.

--Ah, no haba pensado en eso!

--Las instrucciones que ha dejado su pap en el testamento, son muy
explcitas y terminantes, recomienda la mayor reserva en el asunto.

--Pero la posesin de estas cartas sin la clave no es, ciertamente, de
mucho beneficio--arguy.--No podra consultar a alguna persona experta,
y cerciorarse por qu medios sera posible descifrar esta clave de
enigmas?

--Podr hacer averiguaciones en un sentido general--repliqu,--pero
colocar ciegamente el paquete de cartas en las manos de un perito,
sera, me temo, entregar a otros la posesin ms reservada de su pap.
Puede ser que haya aqu escrito algn dato que no sea conveniente ni
agradable que el mundo lo sepa.

--Ah!--exclam, alzando rpidamente la vista y mirndome.--Algunos
datos concernientes a su pasado, quiere usted decir. S. Tiene razn,
seor Greenwood. Debemos ser muy prudentes y saber guardar bien el
secreto de estas cartas, especialmente si, como usted lo ha indicado,
Dawson conoce los medios de poder hacer inteligible este enigma.

--El secreto me ha sido legado, y, por lo tanto, voy a tomar posesin de
ellas--le dije.--Har, tambin, algunas averiguaciones, y me cerciorar
por qu medios se pueden poner estas cifras en un ingls comprensible.

Pens en ese momento en un seor Bayle, profesor de un colegio
preparatorio situado en Leicester, que era un verdadero perito en estas
cuestiones de cifras, claves y anagramas, y resolv no perder tiempo en
ir all y conocer su opinin.

A medioda tom el tren en St. Pancras, y a eso de las dos y media me
encontraba sentado con l en su pieza particular del colegio. Era un
hombre de regular edad, completamente afeitado y de rpida inteligencia,
que con frecuencia haba ganado premios en los varios certmenes de
competencia ofrecidos por diferentes peridicos; hombre que pareca
haber aprendido de memoria el _Diccionario de citas familiares_, de
Bartlett, y cuyo ingenio y habilidad para descifrar enigmas era
incomparable. Mientras fumbamos, le expliqu el punto sobre el cual
deseaba me diese su opinin.

--Puedo ver las cartas?--me pregunt, sacando la pipa de su boca y
mirndome con cierta sorpresa, segn me pareci.

Mi primer impulso fue negarme a mostrrselas, pero despus record que
era uno de los ms grandes peritos que haba en estas materias, y, por
consecuencia, saqu el pequeo paquete del sobre en que lo haba
puesto.

--Ah!--exclam en el momento que las tuvo en su mano y las recorri
rpidamente.--Este es el ms complicado y difcil de los enigmas
cifrados, seor Greenwood. Estuvo en boga durante el siglo XVII en
Espaa e Italia, y despus en Inglaterra, pero en los ltimos cien aos,
o ms, parece que ha cado en desuso, debido, probablemente, a su gran
dificultad.

Con el mayor cuidado coloc en filas sobre la mesa todas las cartas, y
se entreg a largos y complicados clculos entre las pesadas bocanadas
de humo que despeda su pipa.

--No!--exclam al fin.--No es lo que yo esperaba. Por medio del sistema
de deducciones no conseguir nunca la solucin. Podr tratar de
descifrarlo durante cien aos, pero ser en vano, s no descubre la
clave. Hay, en verdad, tanto ingenio en esta clase de cifra, que un
escritor del siglo pasado calcul que en un paquete de cartas cifradas
como stas, existen, por lo menos, cincuenta y dos millones de posibles
arreglos y combinaciones.

--Pero cmo est escrita la cifra?--pregunt muy interesado, aun cuando
abatido al ver que no poda ayudarme.

--Del siguiente modo--replic.--El autor del secreto decide lo que
quiere dejar registrado, y entonces arregla las treinta y dos cartas en
el orden que desea. Despus escribe las primeras treinta y dos letras de
su registro, recuerdo, o lo que sea, en el anverso o reverso de las
treinta y dos cartas, una letra en cada una consecutivamente, empezando
por la primera columna, y siguiendo luego por las columnas segunda y
tercera, por su orden, hasta que pone la ltima letra de la cifra. Se
suelen tambin colocar en el lugar de los espacios ciertas letras, y
algunas veces el enigma se hace todava ms difcil de descifrar para el
que por casualidad encuentra las cartas, cuando se las baraja de una
manera especialmente arreglada al llegar a la mitad de lo que se est
escribiendo.

--Muy ingenioso!--observ, completamente confundido por la
extraordinaria complicacin del secreto de Burton Blair.--Y, sin
embargo, las letras estn escritas con tanta claridad!

--As es--ri el profesor.--A simple vista parece el ms sencillo de
todos los mtodos de cifras, y, no obstante, es completamente
ininteligible, salvo que se conozca la frmula exacta en que est
escrita. Cuando se consigue eso, la solucin es fcil. Se arreglan las
cartas en el orden que estuvieron cuando fueron escritas, y tomando una
letra de cada carta sucesiva, se deletrea el enigma, leyendo hasta abajo
una columna tras otra y pasando por alto las letras colocadas en el
lugar de los espacios.

--Ah!--exclam ansiosamente.--Cunto deseo conocer la clave!

--Entonces es un secreto muy importante?--pregunt Bayle.

--Sumamente importante--respond.--Es un asunto reservado que ha sido
puesto en mis manos, y que estoy obligado a resolver.

--Me temo que nunca pueda conseguirlo, salvo que exista la clave, como
ya le he dicho. Es demasiado difcil para que yo trate de hacerlo. Las
complicaciones, que parecen de construccin tan sencilla, protegen
eficazmente el secreto de toda solucin posible y lo garanten de
cualquier peligro. Por lo tanto, todos los esfuerzos que se hagan para
descifrarlo sin conocer el orden en que estuvieron las cartas, ser
necesariamente intil.

Volvi a colocarlas dentro del sobre y me las entreg, sintiendo no
poderme ayudar en nada.

--Podr intentar descifrarlo todos los das durante aos y
aos--declar,--y no conseguir aproximarse a la verdadera solucin.
Est demasiado bien protegido para poderlo resolver por casualidad, y
es, en verdad, la cifra ms ingeniosa y segura que haya ideado el
ingenio de un hombre.

Me qued un rato ms y tom una taza de t con l; pero a las cuatro y
media entraba en el expreso y parta para Londres, decepcionado de mi
viaje completamente estril. Dado lo que me haba explicado, el secreto
se haca ms impenetrable e inescrutable que nunca.




XV

CIERTAS COSAS QUE DESCUBRIMOS EN MAYVILL


--La seorita Blair, seor--me anunci Glave al da siguiente, un poco
antes de las doce. Me encontraba solo en mi pieza particular, fumando y
completamente confundido en la empresa de resolver el problema de las
cartas del muerto.

De un salto me puse en pie para recibir a Mabel, que estaba encantadora
y muy elegante con sus ricas y abrigadas pieles.

--Supongo que si la seora Percival supiera que he venido sola aqu, me
dara una grave conferencia sobre la impropiedad de venir a visitar a un
hombre en sus habitaciones--me dijo riendo, despus que la salud y
cerr la puerta.

--Casi se puede decir que es la primera vez que me ha honrado con una
visita, no es as? Y me parece que no necesita inquietarse mucho por lo
que piense la seora Percival.

--Oh! cada da est ms rgida--refunfu Mabel.--No debo ir aqu, ni
tampoco all; se asusta de que hable con este hombre o con aquel otro, y
as todo por el mismo estilo. Verdaderamente, me voy cansando de esto,
le aseguro--declar, sentndose en la silla que yo acababa de desocupar,
desprendiendo el cuello de su pesada capa de pieles y acercando su
precioso pie al fuego de la chimenea.

--Pero ha sido para usted una amiga muy buena--le argument.--Segn lo
que yo he podido ver, ha sido la ms cmoda de las damas de compaa.

--La verdaderamente modelo es aquella que desaparece por completo cinco
minutos despus que ha entrado en la habitacin--manifest Mabel.--Y es
justo que le conceda a la seora Percival lo que le corresponde, porque
ella nunca se ha prendido de m en los bailes y reuniones, siempre me ha
dejado en libertad, y si me ha encontrado sentada en algn punto
retirado y obscuro, ha tenido a mano un pretexto para dirigirme a otra
parte. S--suspir,--supongo que no debo quejarme cuando recuerdo esas
viejas regaonas en cuyo poder estn otras nias. Por ejemplo, lady
Anetta Gordon y Violeta Drummond, dos preciosas nias que se han
estrenado en esta ltima _season_, sufren verdaderas torturas con esas
viejas brujas que las acompaan a todas partes. Ambas me han contado que
no pueden levantar los ojos para mirar a un hombre, sin que al da
siguiente tengan que soportar una dura conferencia sobre las maneras
corteses y la modestia propia de una nia.

--En verdad, no creo tenga, hasta ahora, muchos motivos por qu
lamentarse. Su pobre padre era muy indulgente con usted, y estoy seguro
de que la seora Percival, aun cuando algunas veces pueda parecer un
poco rgida, slo lo hace por su bien--le dije con toda franqueza, de
pie sobre el tapiz de la estufa y contemplando su hermosa figura.

--Oh! ya s que en su concepto soy una nia muy voluntariosa--exclam,
con una sonrisa.--Siempre sola usted decir eso cuando estaba en el
colegio.

--Lo era, hablndole con sinceridad--contest abiertamente.

--Por cierto. Ustedes los hombres nunca tienen indulgencia con una nia,
ni le conceden nada. Son dueos de su libertad cuando visten por primera
vez sus pantalones largos, mientras que a nosotras, las pobres nias, no
nos dejan solas ni libres un segundo, ni dentro ni fuera de la casa. No
importa que seamos tan feas como una bruja o tan bellas como Venus,
tenemos que estar amarradas a alguna mujer de edad, que muy
frecuentemente sucede que es tan aficionada a un flirteo moderado como
la ingenua joven que est a su cargo. Disclpeme, seor Greenwood, que
le hable tan cndidamente, pero mi opinin es que los mtodos modernos
de la sociedad son todos fingidos y engaadores.

--Parece que hoy no est usted con muy buen humor--observ, sin poder
dejar de sonrerme.

--No, no lo estoy--confes.--La seora Percival est hacindose muy
pesada. Deseo ir esta tarde a Mayvill, y ella no me quiere dejar ir
sola.

--Por qu desea, con tanto empeo, ir sola?

Se sonroj ligeramente, y por un momento pareci desconcertada.

--Oh! no tengo tanto empeo en ir sola--replic tratando de
convencerme.--Lo que yo objeto es la necedad de quererme impedir que
viaje sola como cualquiera otra joven lo hace. Si una doncella tiene la
libertad de hacer sola un viaje por ferrocarril, por qu no puedo yo
hacerlo tambin?

--Porque usted tiene que respetar las conveniencias de sociedad, y una
sirvienta no necesita eso.

--Pues entonces prefiero el lote que le ha tocado a sta en
suerte--declar de una manera que me hizo comprender que algo la deba
haber incomodado.

Yo, por mi parte, hubiera sentido muchsimo que la seora Percival le
hubiera consentido ir sola a Herefordshire, pero era evidente que tena
alguna razn secreta para no querer que su respetable compaera fuera
con ella.

--Qu podra ser?--cavilaba yo.

Le pregunt la razn que tena para desear ir a Mayvill hasta sin una
doncella, pero se excus diciendo que quera ver si estaban bien
cuidados los otros cuatro caballos de caza por el encargado del stud,
como tambin para hacer un registro completo en el estudio de su padre,
por si quedaban all papeles importantes o ntimos. Ella tena las
llaves en su poder, y deseaba hacer esto antes de que ese hombre odioso
ocupase su puesto.

Esta indicacin, inventada evidentemente como excusa, me pareci que
deba efectuarse sin ms demora; pero era tan claro que deseaba ir sola,
que al principio vacil ofrecerle mi compaa. Nuestra amistad era de un
carcter tan ntimo y estrecho, que poda, por cierto, hacerle esa
proposicin sin salirme de los limites propios; sin embargo, resolv
tratar de saber primero el motivo tan poderoso que tena para desear
viajar sola.

Pero Mabel era una mujer inteligente, y no tena intencin de decrmelo.
Se conoca que la dominaba un deseo secreto de ir sola a esa esplndida
mansin de campo que era ahora de su propiedad, y que no quera que la
seora Percival la acompaase.

--Si va a registrar la biblioteca, no sera mejor, Mabel, que yo la
acompaase y ayudara?--le indiqu al fin.--Esto es, por cierto, si usted
me lo permite--aad disculpndome.

Qued silenciosa un momento, como quien est ideando un medio de
resolver un dilema; despus me respondi:

--Si quiere usted venir, para m ser un verdadero placer. S, debe
ayudarme, porque puede ser que descubramos la clave del enigma cifrado
de las cartas. Mi pobre padre, medio mes antes de morir, estuvo all
unos tres das.

--Y cundo partiremos?

--A las tres y media, de la estacin Paddington. Ser cmodo para
usted? Vendr conmigo y ser mi husped.

Y se ri picarescamente al ver cmo se rompan las conveniencias, y no
se tena en cuenta el probable disgusto que le causara a la seora
Percival.

--Muy bien--asent; y diez minutos despus la acompaaba hasta abajo y
le haca subir, sonriendo dulcemente, en su elegante victoria, cuyo
cochero y lacayo vestan ahora de luto.

No es verdad que suponen ustedes que estaba jugando una peligrossima
partida? Y era as, en efecto, como despus tendrn ocasin de verlo.

A la hora sealada me reun con Mabel en Paddington, y dejando a un lado
sus tristes meditaciones y desgracia, emprendimos el viaje hasta la
estacin Dunmore, ms all de Hereford. Una vez aqu, subimos al coche
que nos esperaba, y despus de andar casi tres millas, bajamos delante
de la esplndida mansin antigua que dos aos antes haba comprado
Burton Blair, porque el paraje se prestaba admirablemente para las
partidas de caza y para la pesca con caa.

Irguindose en medio de su hermoso parque, a mitad de camino entre
King's Pyon y Dilwyn, Mayvill Court era, y lo es todava, uno de los
puntos de campo dignos de verse. Era una mansin ideal hereditaria. La
gran casa antigua, con sus elevadas torres cuadradas, su entrada estilo
rey Jacobo, su puerta cochera, los hermosos bojs de fantsticas formas y
el reloj de sol de su primoroso jardn anticuado, posea un delicioso
encanto de que pocas mansiones antiguas podan jactarse; y, adems, en
su perfecto estado de conservacin, sin ninguna alteracin ni en sus ms
pequeos detalles, se encerraba otro interesante rasgo de su atraccin.

Por espacio de casi trescientos aos haba estado en poder de sus
primitivos dueos, los Baddesley, hasta que Blair la haba comprado,
incluyendo el mobiliario, las pinturas, armaduras, y, en fin, todo lo
que en ella haba.

Eran ya cerca de las nueve cuando la seora Gibbons, la anciana ama de
llaves, nos recibi, con los ojos llenos de lgrimas por la muerte de su
seor, y entramos en el gran hall revestido con entrepaos de roble, en
el cual se vean la espada y el retrato del valeroso caballero, capitn
Enrique Baddesley, de quien todava se recordaba all una romntica
historia.

Habiendo escapado difcilmente con vida del campo de batalla, el capitn
espole su corcel y se encamin a su hogar, seguido muy de cerca por
algunos soldados de Cromwell. Su esposa, dama de gran valor, tuvo apenas
tiempo de esconderlo en la cmara secreta antes de que llegara el
enemigo a registrar la casa. Sin acobardarse mucho, ella misma les ayud
y personalmente los gui por toda la mansin. Como suceda en muchos
otros casos, haba que pasar por el dormitorio principal para poder
entrar en la pieza secreta, y cuando los soldados penetraron en el
primero para inspeccionarlo, sus sospechas se despertaron. Por lo tanto,
decidieron quedarse all a pasar la noche.

La esposa del perseguido les mand una abundante cena y un poco de vino,
mezclado convenientemente con una buena dosis de droga, que dio por
resultado que los desagradables huspedes se durmieran profundamente, y
que el valiente capitn, antes de que hubiesen desaparecido los efectos
del vino, se encontrase muy lejos de su alcance.

Desde aquel da la vieja mansin haba permanecido absolutamente como
era, sin sufrir la menor alteracin, con su hilera de obscuros y
envejecidos retratos de familia en el gran hall, su amueblado estilo rey
Jacobo y sus antiguos yelmos y lanzas que haban sufrido los golpes y
choques de la batalla de Naseby. La noche era terriblemente fra. En la
gran chimenea abierta ardan enormes trozos de lea, y mientras
estbamos de pie delante del fuego, calentndonos despus del viaje, la
seora Gibbons, que haba sido informada de nuestra visita por un
telegrama despachado con tiempo, nos anunci que haba preparado para
nosotros una buena cena, por que saba que no bamos a poder llegar a la
hora de la comida.

Ella y su esposo le manifestaron a Mabel su ms profundo pesar por su
reciente desgracia.

Despus de quitarnos nuestros abrigos, pasamos al pequeo comedor, donde
Gibbons y un sirviente, de librea, nos atendieron y sirvieron la cena,
con toda esa majestad antigua caracterstica en aquella esplndida
mansin que tantos siglos contaba de existencia.

Gibbons y su esposa, viejos servidores de los antiguos dueos, estaban
algo sorprendidos, segn me pareci, de ver que yo solo haba venido en
compaa de su joven ama, a pesar de que Mabel les haba explicado que
deseaba hacer un examen de todos los objetos pertenecientes a su padre
que haba en la biblioteca, y que por esa razn me haba invitado para
que la acompaara.

Sin embargo, debo, por mi parte, confesar que yo no haba sacado an
ninguna conclusin respecto al mvil verdadero de aquella visita; a
pesar de que estaba convencido de que haba en ello algn motivo
ulterior, que no poda, empero, ni sospechar.

Despus de cenar, la seora Gibbons condujo a mi linda compaera a su
pieza, mientras Gibbons me mostr la que haba preparado para m. Era
una gran habitacin situada en el primer piso, cuyas ventanas daban
amplia vista sobre los ondulados prados que se extendan hasta Wormsley
Hill y Sarnesfield. Ya en varias ocasiones anteriores haba ocupado esta
misma pieza, y la conoca bien, con su gran cama antigua, tallada, de
cuatro pilares, sus anticuados tapices y colgaduras, cmodas y
guardarropas de estilo rey Jacobo y su cielo raso de roble bruido.

Despus de hacerme una ligera _toilette_, volv a reunirme en la
biblioteca con mi elegante y delicada joven huspeda. Era una gran pieza
larga y antigua, donde arda un brillante fuego, y las lmparas estaban
suavemente sombreadas con pantallas de seda amarilla. De un extremo a
otro se vean las hileras de libros con sus lomos grises, los que
probablemente haca medio siglo que no haban sido tocados.

Despus que Mabel me permiti fumar un cigarrillo y le dijo a Gibbons
que deseaba que nadie la viniese a molestar durante una hora o ms, se
levant y cerr con llave la puerta, para que pudiramos emprender el
trabajo de investigacin sin que sufriramos interrupcin alguna.

--No s si descubriremos algo que sea de inters--dijo, volviendo sus
hermosos ojos hacia m, dominada por una agitacin que no pudo reprimir
al dirigirse al gran escritorio y sacar de su bolsillo las llaves de su
padre.--Supongo que esta tarea le incumbe al seor
Leighton--aadi,--pero prefiero que usted y yo echemos una mirada a los
asuntos de mi padre, antes que venga el abogado a examinarlos con sus
ojos escudriadores.

Pareca que abrigaba cierta esperanza de encontrar algo que deseaba
ocultar al abogado.

El escritorio del muerto era un pesado mueble anticuado, de roble
tallado, y al abrir ella el primer cajn y sacar lo que contena,
acerqu dos sillas y me puse a ayudarle, con el fin de hacer un examen
metdico y completo. Los papeles eran, en su mayora, cartas de amigos y
correspondencia con abogados y comisionistas de la City, que le hablaban
sobre sus diferentes inversiones de dinero. Pude darme cuenta, por
algunas que le, de cun enormes haban sido los beneficios que haba
obtenido de ciertas negociaciones verificadas en Sud Africa, mientras en
otras se hacan alusiones a asuntos que para m eran sumamente
enigmticos.

La ansiosa actitud de Mabel era la de una persona que busca un documento
que cree que all est. Apenas se tomaba el trabajo de leer las cartas;
no haca ms que examinarlas rpidamente y ponerlas a un lado. As
fuimos registrando un cajn tras otro hasta que vi en su mano un gran
sobre azul, sellado con lacre negro, y que tena el siguiente letrero,
escrito por su padre:

Para que sea abierto por Mabel despus de mi muerte.--_Burton Blair._

--Ah!--murmur casi sin resuello,--qu contendr esto?--E
impacientemente, rompi los sellos y sac una gran hoja de papel escrita
con letra muy junta, a la cual estaban ligados con un broche varios
otros papeles.

Tambin cay algo ms del sobre, que yo recog, y con gran sorpresa me
encontr con que era una instantnea muy gastada y rajada, pero que se
conservaba por estar adherida a un pedazo de lienzo. Representaba un
paisaje de encrucijadas en una regin campestre llana y ms bien
desolada, con una casita solitaria, que probablemente haba sido en un
tiempo una casa de portazgo, de altas chimeneas, situada sobre la orilla
del camino real, teniendo al costado un pequeo jardincillo rodeado de
reja. Delante de la puerta se vea un prtico rstico cubierto de rosas
trepadoras, y fuera, sobre un lado del camino, un viejo silln Windsor,
que pareca que acababa de quedar desocupado.

Mientras examinaba la fotografa junto de la luz, la hija del muerto
lea rpidamente el documento que su padre haba escrito.

De pronto lanz un grito de espanto, como horrorizada por algn
descubrimiento que haba hecho, y, sobresaltado, me di vuelta para
mirarla. Su rostro haba cambiado completamente; hasta los labios tena
blancos.

--No!--tartamude enronquecida.--No... no puedo creerlo... no quiero
creerlo!

Otra vez mir el papel que tena en la mano para releer esas fatdicas
lneas.

--Qu es lo que hay?--inquir ansiosamente.--Puedo saberlo?--Y me
acerqu adonde ella estaba.

--No--respondi con firmeza, colocando el documento detrs.--No! Ni
usted debe conocer esto!--Y con una rapidez pasmosa lo hizo pedazos,
arrojando los fragmentos al fuego antes que yo pudiera salvarlos.

Las llamas se elevaron, y un momento despus, la confesin del muerto,
si tal cosa era, qued consumida por ellas y desapareci para siempre,
mientras su hija estaba de pie, macilenta, rgida y plida como una
muerta.




XVI

EN EL QUE SE CONFIRMAN DOS HECHOS CURIOSOS


Aquella accin sbita e inesperada de Mabel me sorprendi y disgust,
porque yo haba credo que nuestra amistad era de una naturaleza tan
ntima y estrecha, que me hubiera permitido, por lo menos, dar una
mirada a lo que haba escrito su padre.

Sin embargo, cuando reflexion un momento despus que el sobre haba
sido especialmente dirigido a ella, comprend que su contenido haba
sido destinado expresamente para que slo sus ojos lo vieran.

--Ha descubierto algo que la ha trastornado?--le pregunt, mirando
fijamente su cara plida y arrugada.--Espero que no sea nada muy
desconcertador.

Contuvo la respiracin un momento, con su mano puesta instintivamente
sobre su pecho, como si hubiera querido tranquilizar los fuertes y
violentos latidos de su corazn.

--Ah! desgraciadamente lo es--replic.--Ahora conozco la verdad, la
verdad terrible... espantosa.

Y, sin aadir una palabra ms, se cubri el rostro con sus manos y
estall en un mar de lgrimas.

Estuve en el acto a su lado tratando de consolarla, pero pronto me di
cuenta de la impresin profunda de horror y espanto que haban producido
en ella esas palabras escritas por su padre. Su dolor era inmenso; todo
su ser estaba embargado por una pena inconsolable.

El silencio que reinaba en aquella pieza larga y anticuada, era
interrumpido slo por sus amargos sollozos y por el solemne tic-tac del
gran reloj antiguo que haba en el extremo ms lejano de la habitacin.
Mi mano se apoyaba tiernamente sobre el hombro de la pobre nia, pero
transcurri un largo rato antes de que pudiera conseguir que enjugase
sus lgrimas.

Cuando lo hizo, vi por su semblante, que haba cambiado y era otra
mujer.

Volvi junto a la mesa-escritorio y alz el sobre, leyendo por segunda
vez la inscripcin que Blair haba escrito sobre l, y luego sus ojos se
fijaron en la fotografa de la casa solitaria situada cerca de las
encrucijadas.

--Qu!--exclam, sobresaltada,--dnde ha encontrado esto?

Le expliqu que haba cado del sobre; entonces la tom y la mir un
largo rato. Despus, dndola vuelta, descubri algo que yo no haba
notado: escritas dbilmente con lpiz y medio borradas, se lean las
siguientes palabras: Encrucijadas de Owston, 9 millas ms all de
Doncaster, sobre el camino Selby.--_B. B._

--Sabe usted lo que es esto?

--No, no tengo la menor idea--respond.--Debe ser algo que su pap
cuidaba mucho. Parece muy gastada, como si alguien la hubiera llevado
guardada en el bolsillo.

--Bien, entonces yo se lo dir--me dijo.--No tena idea de que an la
conservara, pero creo que la ha guardado como un recuerdo de esos
fatigosos viajes a pie del lejano pasado. Esta fotografa representa el
sitio que andaba buscando por toda Inglaterra--aadi, conservndola
todava en su mano.--No tena ms que esta instantnea por gua, y, por
lo tanto, nos vimos obligados a recorrer de arriba abajo todos los
caminos reales del pas, con el fin de encontrar el punto buscado. No
fue hasta casi un ao despus que usted y el seor Seton tuvieron la
generosidad de ponerme en la escuela, en Bournemouth, cuando mi padre
consigui descubrir lo que haba andado buscando durante tres largos
aos, pues l sigui solo sus fatigosas excursiones. Una noche de verano
consigui, por fin, identificar las encrucijadas de Owston, y encontr
viviendo en la casa a la persona que haba buscado tan empeosamente y
con tanto sacrificio.

--Es curioso--exclam yo.--Cunteme ms al respecto.

--Nada ms hay que contar, salvo que, debido al descubrimiento de la
casa, obtuvo la clave del secreto; a lo menos, eso es lo que yo le he
entendido siempre que ha hablado de esto--contest.--Ah! recuerdo bien
aquellas interminables y cansadoras caminatas cuando nia; cmo
recorramos esos largos, blancos e inacabables caminos, con sol y con
lluvia, envidiando a la gente que iba en coches y en carros, a hombres y
mujeres que andaban en bicicletas, y, sin embargo, mi valor se sostena
siempre con las palabras de aliento de mi padre y su declaracin de que
algn da habamos de poseer una gran fortuna. Esta fotografa la
llevaba constantemente consigo, y en casi todas las encrucijadas la
sacaba, examinaba el paisaje y lo comparaba, sin saber, por cierto, si
la vieja casa haba sido derribada despus de sacada la instantnea.

--No le dijo nunca la razn que tena para desear tan empeosamente
visitar esa casa?

--Sola decirme que el sujeto que viva en ella, el mismo que tena por
costumbre sentarse en las tardes de verano en la silla colocada en el
exterior de la casa, era su amigo, aun cuando haca mucho tiempo que no
se vean y ste ignoraba si mi padre viva an. Creo que haban sido
amigos en el extranjero, cuando mi padre haba andado navegando.

--Y la razn que tena su pap para estos constantes viajes errantes
era identificar dicho paraje?--exclam, contento de haber aclarado al
fin un punto, que, durante cinco aos o ms, haba sido un verdadero
misterio.

--S. Un mes despus que hubo conseguido su anhelado objeto, vino a
Bournemouth a verme, y me dijo en confianza que su dorado sueo de
poseer una gran fortuna estaba prximo a realizarse. Haba resuelto el
problema, y dentro de una o dos semanas esperaba tener abundantes
recursos. Casi inmediatamente despus de esto desapareci, y estuvo
ausente un mes, como usted recordar. Al cabo de ese tiempo volvi rico;
tan rico, que usted y el seor Seton se quedaron enteramente
confundidos. No recuerda usted esa noche que estbamos en Helpstone,
cuando sal por una semana de la escuela para estar con mi padre, porque
acababa de volver de su viaje? Nos habamos reunido todos despus de la
comida y mi pobre padre record la vez aquella en que tambin all mismo
nos habamos congregado con otro objeto, cuando me enferm en el camino
y fui trada a la casa de ustedes. Y no recuerda que el seor Seton
pareci poner en duda la afirmacin de mi padre, que declar tener ya
una fortuna de cincuenta mil libras?

--Lo recuerdo--repliqu, al encontrarse sus hermosos ojos puros con los
mos.--Recuerdo bien cmo su padre nos dej completamente confundidos
cuando baj y trajo su libro de cuentas de un banquero, que probaba
tener un balance a su favor de cincuenta y cuatro mil libras esterlinas.
Despus de esto fue para nosotros un misterio ms grande que nunca. Pero
dgame--aad en voz baja y ansiosa,--qu ha sido lo que ha descubierto
esta noche que tanto la ha impresionado?

--Casi he encontrado la prueba de un hecho que durante aos he temido
que fuera cierto; un hecho que no slo afecta la memoria de mi pobre
padre, sino que tambin me afecta a m. Estoy en peligro... s, en
peligro personal.

--Cmo?--le pregunt rpidamente, sin comprender el significado de sus
palabras.--Recuerde que yo le promet a su padre ser su protector.

--Lo s, lo s. Es mucha bondad la suya--dijo, mirndome agradecida con
esos maravillosos ojos que siempre me haban tenido fascinado por el
hechizo de su belleza.--Pero--aadi, sacudiendo tristemente su
cabeza,--me temo que en esto sea usted impotente. Si el golpe cae, como
tiene que suceder ms tarde o ms temprano, ser aplastada y quedar
perdida. No hay poder que pueda entonces salvarme; ni aun su fiel y
noble amistad me servir.

--Ciertamente, Mabel, que habla usted de una manera muy extraa. No la
entiendo.

--As lo creo--fue su contestacin breve.--Usted no lo sabe todo. Si lo
supiera, comprendera cun arriesgada es mi posicin y qu grande es el
peligro que me amenaza.

Estaba de pie, inmvil como una estatua, su mano apoyada en un ngulo
del escritorio y sus ojos fijos en el alegre fuego.

--Si el peligro es tan grande y verdadero, creo que debo saberlo. Estar
prevenido es estar preparado!--le observ decisivamente.

--Es bien real y grande, pero como la confesin de mi padre ha sido slo
para m, no puedo revelarla. Su secreto es mo.

--Ciertamente--respond, aceptando su resolucin, la cual era natural,
dadas las circunstancias. No poda revelar las confidencias de su
difunto padre.

Sin embargo, si lo hubiera hecho, cun diferente hubiese sido el curso
de los acontecimientos! Indudablemente, la historia de Burton Blair era
una de las ms extraas y romnticas que haba sido dado a un hombre
referir, y las extraas circunstancias que ocurrieron despus de su
muerte, fueron, ciertamente, ms notables y enigmticas an. Todo el
asunto, desde el principio hasta el fin, era un enigma completo.

Ms tarde, cuando Mabel se hubo tranquilizado algo ms, concluimos
nuestro trabajo de investigacin, pero descubrimos muy poca cosa de
inters fuera de varias cartas en italiano, sin fecha ni firma, a pesar
de que eran, evidentemente, de puo y letra de Dick Dawson, el amigo...
o enemigo, del millonario. Leyndolas, encontr que era la
correspondencia de una relacin ntima, que participaba de la fortuna de
Blair y le ayudaba secretamente en la adquisicin de sus riquezas. Se
mencionaba mucho en ellas el secreto, y descubr tambin repetidas
advertencias sobre que no deba revelar nada del particular a Reginaldo
ni a m.

En una carta hall este prrafo en italiano:

Su hija se est transformando en una verdadera dama. Espero que algn
da ser condesa, o tal vez duquesa. S, por su parte, que Mabel, a su
vez, est convirtindose en una muy linda joven; y pienso que usted
debera, dados su posicin y nombre, hacerle contraer un buen enlace.
Pero conozco cun anticuadas son sus ideas al respecto, pues es usted de
los que creen que una mujer debe casarse slo por amor.

La lectura de estas cartas dej impreso vvidamente en m un hecho
decisivo, y fue: que si el tal Dawson participaba secretamente de la
fortuna de Blair, no tena necesidad ciertamente de obtener su secreto
por medios infames, puesto que lo conoca.

El reloj de la caballeriza dio las doce antes que Mabel llamara a la
seora Gibbons, y el esposo de sta viniese tambin en seguida,
trayndome un reconfortante whisky y un poco de agua caliente.

Mi pequea y linda compaera me estrech alegremente la mano, desendome
buenas noches, y despus se retir, acompaada por el ama de llaves,
mientras Gibbons se qued mezclando mi bebida.

--Triste cosa, seor, lo que le ha sucedido a nuestro pobre amo--se
arriesg a decir el bien enseado servidor, que toda su vida la haba
pasado al servicio de los anteriores propietarios.--Me temo que la pobre
y joven seorita sienta demasiado el peso de su desgracia.

--Lo siente demasiado, Gibbons--respond, tomando un cigarrillo y
quedndome de pie con la espalda hacia el fuego.--Era una hija muy
amante y dedicada a su padre.

--Ahora es la duea de todo, segn nos ha dicho el seor Ford cuando
estuvo aqu, hace unos tres das.

--S, todo es de ella--le dije;--y espero que usted y su esposa la
servirn tan fielmente y tan bien como lo han hecho con su padre.

--Trataremos de hacerlo, seor--fue la respuesta del grave servidor, de
cabello gris.--Todos la quieren mucho a la seorita, que es hoy nuestra
joven ama. Es muy buena con todos los sirvientes.

Luego, como yo permaneciera silencioso, coloc preparada sobre la mesa
mi luz, me hizo un saludo y diome las buenas noches.

Cerr la puerta al salir, y entonces qued solo en esa gran pieza
antigua y silenciosa, donde las movibles llamas proyectaban extraas
sombras y luces en los puntos obscuros, y el viejo y alto reloj
Chippendale marchaba tan solemnemente como lo haba hecho durante un
siglo.

Despus de tomar mi bebida caliente, me acerqu de nuevo al escritorio
de mi amigo muerto, y lo examin cuidadosamente para ver si tena
algunos cajones secretos. Lo somet a un registro metdico, pero como no
pude encontrar ninguna cavidad insospechada o botn oculto, despus de
echar una ltima mirada a esa fotografa que haba hecho andar a Blair
vagando extenuado durante meses y aos para identificarla, apagu las
lmparas y cruzando el gran hall antiguo, con sus armaduras de pie que
parecan conjurar visiones de caballeros espectrales, sub a mi pieza.

El brillante fuego le daba a la vieja estancia, con sus colgaduras
fnebres, un aspecto alegre y confortable que contrastaba con la fuerte
helada exterior, y no teniendo deseos de dormir todava, me ech en una
silla de brazos y senteme a reflexionar profundamente.

De nuevo el reloj de la caballeriza dio la hora, la media, y creo que
despus deb dormitar un rato, porque me despert sbitamente al sentir
unos leves pasos furtivos sobre el bruido piso de roble delante de mi
puerta. Escuch, y o distintamente que alguien se deslizaba suavemente
y bajaba por la gran escalera, que cruja muy despacio.

El extrao aspecto de aquella vieja mansin y sus muchas histricas
tradiciones produjeron en m algunos recelos, segn parece, pues me
encontr pensando en robos, ladrones y visitantes nocturnos. Otra vez me
puse a escuchar con toda atencin. Quiz no era ms que un sirviente,
despus de todo! Sin embargo, cuando mir mi cronmetro y vi que faltaba
un cuarto para las dos, en el acto qued descartada de mi mente la idea
de que los sirvientes no estuvieran ya descansando.

De pronto, en la pieza que quedaba debajo de la ma, o claramente un
ruido lento, spero y desapacible. Luego, todo volvi a quedar en
silencio.

Sin embargo, como unos tres minutos despus, me pareci or un vago
murmullo de voces, y entonces, apagando rpidamente la luz, corr una de
las pesadas cortinas de mi habitacin, y mir hacia afuera, viendo, con
gran sorpresa, dos figuras que cruzaban el prado dirigindose hacia el
bosque de arbustos.

La luna estaba algo oculta por las nubes, pero a la luz opaca y nebulosa
que esparca, pude distinguir que aquellas dos figuras eran un hombre y
una mujer. A l me fue imposible reconocerlo de espaldas; pero el porte
y el modo de caminar de su compaera, al encaminarse con paso apresurado
hacia el sombro crculo de obscuros y desnudos rboles, me eran muy
familiares.

Aquella era Mabel Blair. El secreto estaba descubierto. Su repentino
deseo de venir a Mayvill haba sido con el fin de celebrar una
entrevista a media noche.




XVII

QUE SE REFIERE PURAMENTE A UN DESCONOCIDO


Sin un momento de vacilacin me puse mi sobretodo, cubr mi cabeza con
un gorro de golf y baj a la pieza que quedaba debajo de la ma, donde
encontr abierta una de las grandes ventanas, y por ella sal
rpidamente al enarenado camino.

Tena la intencin de descubrir el motivo de esta entrevista nocturna y
la identidad de su compaero, que deba ser evidentemente algn novio
secreto cuya existencia nos haba ocultado a todos. Pero, seguirla
derecho a travs del prado iluminado por los rayos de la luna, era
hacerse descubrir en el acto. Por lo tanto, me vi obligado a dar una
vuelta circular y tortuosa, buscando siempre el amparo de las sombras,
hasta que al fin llegu al bosque de arbustos, donde me par y me puse a
escuchar ansiosamente.

All no se oa ms que el suave crujido de las ramas y el triste gemido
del viento. Un lejano tren cruzaba el valle, y en algn lugar de la
aldea prxima ladraba un perro. No pude, sin embargo, distinguir voces
humanas. Lentamente me abr paso a travs de las hojas cadas hasta que
hube orillado todo el bosque, y entonces saqu la consecuencia de que
deban haberlo cruzado por alguna senda extraviada y luego haber
penetrado en el parque.

Mi marcha se haca ms difcil, porque la luna no estaba lo
suficientemente cubierta por las nubes para que mis movimientos hubieran
quedado protegidos por las sombras, y tema dar a conocer mi presencia
si sala a campo abierto.

Pero el proceder de Mabel de venir aqu a verse con este hombre, fuera
quien fuera, me llenaba de confusin y embarazo. Por qu no se vea en
Londres con l?--cavilaba yo.--Sera tan poco presentable este novio,
que su aparicin en Londres fuese cosa imposible? No es raro ni tampoco
una novedad que una nia de buena cuna se enamore del hijo de un
labrador, como no lo es que un caballero ame a una campesina.

Muchas nias bonitas de Londres sienten en la actualidad una secreta
admiracin por algn joven gan o un caballerizo buen mozo de la
posesin de su padre, encerrndose la gravedad de este amor no declarado
en la completa imposibilidad de su realizacin.

Siendo todo ojos y odos, continu mi marcha, sacando la mayor ventaja
posible de la sombra, pero pareca que haba tomado una direccin
diferente de la que yo haba credo, dado que haban partido casi cinco
minutos antes que yo.

Al fin consegu llegar a la relativa obscuridad que proyectaba la vieja
avenida de hayas que conduca directamente a la casa del guarda sobre
el camino de Dilwyn, y prosegu a lo largo de ella como cerca de media
milla, cuando de pronto mi corazn salt de alegra, porque delante de
m distingu a los dos que iban a la par conversando animadamente.

Mis celos e ira se despertaron en el acto al ver aquello, y temiendo que
pudieran or mis pasos sobre el camino cubierto de dura nieve, me
deslic detrs de los rboles y tom por encima del csped del parque,
consiguiendo pronto aproximarme casi a la par de ellos sin hacer ruido
ni atraer su atencin.

Cuando llegaron al viejo puente de piedra a travs del ro, que formaba
la salida del lago, se pararon, y yo, ocultndome detrs de un rbol,
pude entonces, a la luz de la luna, que felizmente haba adquirido mayor
brillo, ver bien las facciones del misterioso compaero de Mabel. Juzgu
que deba tener alrededor de veintiocho aos, y me pareci un hombre
vulgar, mal educado, de nariz chata y ancha y cabellos amarillos, cuya
figura pesada, apoyado como estaba contra el bajo parapeto, era
indudablemente la de un agricultor. Su cara era de facciones duras y
prematuramente curtida, mientras el corte de su traje era de ese tipo
marcado de confeccin hecha en la sastrera-emporio de las ciudades
provincianas. El sombrero duro de fieltro lo tena un poco inclinado a
un lado, como acostumbran llevarlo en sus paseos de domingo los dandys
de barrio y los mozos campesinos.

Por lo que pude observar, me pareci que la trataba con extraordinario
desdn y gran familiaridad, hablndole de t y encendiendo en su
presencia un cigarrillo ordinario, mientras ella, por su parte, no
pareca estar muy tranquila, como si hubiera asistido, ms bien
obligada, que por su gusto.

Se haba abrigado confortablemente con una gruesa capa de lana y una
bien ajustada gorra con visera, la cual, trada sobre la frente y los
ojos, medio ocultaba sus facciones.

--Realmente, Herberto, no puedo comprender el objeto que persigues--la
o argumentarle.--De qu beneficio posible te puede ser semejante
accin?

--De mucho--contest el hombre, aadiendo en una voz grosera y ruda, que
llevaba impresa la inenarrable marca del lenguaje inculto del
paisano.--Lo que digo lo har. T sabes bien eso, no es as?

--Por cierto--contest.--Pero por qu me tratas de esta manera? Piensa
en el peligro a que me expongo viniendo a verte aqu de noche. Qu
pensara la gente si lo supiera?

--Qu me importa a m de lo que pueda pensar la gente!--exclam con
indiferencia.--T has conseguido, no hay duda, guardar las
apariencias... pero yo no, felizmente.

--Pero no es verdad que no hars lo que dices en tono de amenaza?--le
pregunt, en una voz de verdadero tenor.--Recuerda que nuestros secretos
son mutuos. Yo jams te he descubierto... ni poco ni mucho.

--No lo has hecho, porque sabas cul sera el resultado, en ese
caso--ri con desprecio.--Nunca he confiado en la palabra de una
mujer... aseguro que nunca. Ahora que ha muerto el viejo, eres rica, y
yo quiero dinero--aadi decisivamente.

--Pero todava no tengo nada--replic.

--Y cundo vas a tenerlo?

--No s. Antes hay que cumplir con todas las formalidades legales; as
me lo ha dicho el seor Greenwood.

--Oh! maldito sea Greenwood!--estall el sujeto.--Dicen que siempre
est en Londres contigo; pdele a l, entonces, que te haga dar por los
abogados un poco de dinero. Puedes manifestarle que ests apurada, pues
tienes que pagar unas cuentas, o alguna otra cosa por el estilo.
Cualquier mentira ser buena para l.

--Imposible, Herberto--contest, tratando de mantenerse serena.--Debes
tener paciencia y esperar.

--Oh, s, ya s!--grit.--Dime que soy bueno y fiel como un perro y
todas esas cosas; pero debes saber que para m no es esa clase de
juego... me entiendes? No tengo dinero, y debo... mejor dicho, preciso
alguno ahora... en el acto... esta misma noche.

--Te digo que no tengo nada--declar.

--Pero tienes una buena cantidad de joyas, vajilla de plata y otras
chucheras. Dame algo de eso, que yo maana puedo venderlo fcilmente en
Hereford. Dnde tienes ese brazalete de diamantes, el que me mostrate,
que te regal el viejo en tu ltimo cumpleaos?

--Aqu--replic, y, alzando su mueca, mostr la hermosa joya de
diamantes y zafires que su padre le haba obsequiado, de un valor, por
lo muy bajo, de doscientas libras esterlinas.

--Dame esto, entonces--exclam.--Me durar un da o dos hasta que me
consigas dinero.

Ella vacil, dando a conocer que no estaba dispuesta a acceder a
semejante peticin, y ms especialmente cuando el brazalete era el
regalo ltimo que le haba hecho su padre. Sin embargo, al repetir aquel
hombre su exigencia en un tono ms amenazador, qued de manifiesto que
su influencia era suprema, y que en sus manos sin escrpulos se vea tan
desamparada como una pobre criatura.

La situacin fue para m una verdadera revelacin. Slo pude sospechar
que era el resultado de un inocente flirteo antes de que la fortuna la
hubiera sonredo, lo cual haba hecho que se desarrollara en aquel
hombre vulgar una gran arrogancia, tratando de imponerse sobre su buen
natural; y despus, viendo que era generosa y tierna, haba asumido esta
actitud de dominio sobre sus actos. Es muy difcil poder seguir el curso
de los pensamientos y modo de ser del campesino.

En la Inglaterra rural de hoy en da existe muy poca gratitud sincera de
los pobres hacia los ricos, y llega a tal grado, que en los distritos de
campo, casi no se aprecia el don de la caridad, mientras la gente rica
se va cansando de sus esfuerzos por agradar o mejorar la condicin del
pueblo. El campesino moderno, aun cuando muy honrado en sus tratos
y negocios con los de su clase, no puede resistir a la tentacin de ser
inmoral cuando vende sus productos o su trabajo al hombre de fortuna.
Parece que forma parte de su religin sacar, sea por medios lcitos o
ilcitos, todo lo que pueda, del caballero, y luego injuriarlo en la
cervecera de la aldea y burlarse de l, presentndolo como un tonto que
se deja engaar de esa manera. Por mucho que sienta tener que
declararlo, sin embargo, todo esto es una amarga y evidente verdad, pues
la inmoralidad y el engao son en la actualidad los dos rasgos ms
notables de la vida en las aldeas inglesas.

Estaba parado, inmvil y atnito, escuchando esa extraa conversacin
entre la hija del millonario y su amante secreto.

La arrogancia de aquel hombre me haca hervir la sangre. Ms de una
docena de veces, cuando la despreciaba insultndola, o luego la adulaba,
para despus amenazarla, y por fin aparentaba un afecto repelente, me
sent impelido por el deseo de abalanzarme sobre l y darle una buena y
sana leccin. Pero contuve mi mano, debido a que reconoc que en este
asunto, en vista de su gravedad, slo podra ayudar a Mabel
permaneciendo escondido y utilizando lo que saba en favor de ella.

Sin duda Mabel se haba credo, en su inexperiencia juvenil, enamorada
de ese hombre, pero ahora el horror de la situacin se le presentaba en
toda su vvida realidad y se vea envuelta y pillada sin esperanza.
Probablemente haba acudido a la cita alimentando la vana ilusin de ver
si poda desembarazarse de su peligrosa posicin; pero el hombre a quien
llamaba Herberto descubri pronto que l era el dueo de todos los
honores en la partida empeada.

--Vamos--le dijo al fin, en su grosero lenguaje,--si es verdad que no
tienes dinero, dame el brazalete y asunto concluido. No creo que
queramos pasar aqu toda la noche esperando, pues tengo que estar maana
temprano en Hereford. Cuanto menos se hable, ser mejor.

La vi temblar de terror, blanca hasta los labios, encogindose como para
evitar su contacto.

--Ah! Herberto, es demasiada crueldad la tuya--dijo
llorando,--demasiada crueldad... despus de todo lo que he hecho para
ayudarte. No tienes lstima, no tienes... compasin?

--No, no tengo ninguna--aull.--Quiero dinero, y debo obtenerlo. Me
tienes que pagar mil libras en el trmino de una semana... has odo?

--Pero cmo puedo hacer eso? Espera y ms tarde te dar esa suma, te lo
prometo.

--Te digo que no voy a dejarme engaar ms--grit furioso.--He
manifestado que quiero el dinero, porque de otro modo, voy a hacer
pblico todo. Entonces adonde vas a ir a parar, eh?--Y se ri de una
manera dura y triunfante, mientras ella retroceda plida, aterrada y
sin aliento.

Apret los puos de ira, y hasta hoy me asombro cmo pude dominarme para
no saltar de mi escondite y arrojar por el suelo a ese impudente
campesino. Hubiera sido capaz en aquel momento de dejarlo muerto en el
sitio.

--Ah!--grit ella, con sus manos juntas, tendidas hacia l en actitud
de splica,--seguramente que no tienes la intencin de hacer lo que
dices, no es posible que pienses en semejante cosa, no; no puedes
hacerlo! Me librars, me ahorrars ese sufrimiento, no es cierto?
Promtemelo!

--No, no te lo ahorrar, salvo que me pagues bien--fue su brutal
respuesta.

--Lo har, s, lo har--le asegur en voz enronquecida, en una voz de
una mujer eminentemente desesperada, aterrorizada, temerosa de ver
descubierto algn terrible secreto suyo.

--Ah!--exclam con desprecio, encogiendo el labio,--una vez me trataste
con desdn, porque te considerabas una gran dama, pero yo voy ahora a
vengarme, como vas a verlo. Eres en este momento duea de una gran
fortuna, y te declaro abiertamente que tengo intencin de que la
repartas conmigo. Procede como te parezca mejor, pero recuerda lo que
significar para ti el negarte a hacerlo: la exposicin!

--Ah!--grit ella desesperadamente,--esta noche te has revelado bajo
tu verdadera faz! Bruto! me perderas, sin el menor remordimiento!

--Porque, querida nia, no me ests jugando limpio--fue su contestacin
arrogante y fra.--Has pensado que te habas librado para siempre de m
muy ingeniosamente, hasta que esta noche me he vuelto a presentar aqu,
como ves, pronto, vamos... dispuesto a ser pensionado, le llamaremos
as? No creas que tengo el nimo de permitir que me engaes esta vez;
por lo tanto, dame el brazalete como primer pago, y no hablemos ms. Y
le tir un manotn al brazo, que ella evit, haciendo un rpido
movimiento.

--No acepto--exclam con una repentina y feroz determinacin.--Ahora te
conozco! Eres brutal e inhumano, sin una pizca de amor o estimacin...
un hombre de esos que por conseguir dinero es capaz de arrastrar al
suicidio a una pobre mujer. Ahora que has salido libre de la crcel
tienes intencin de vivir sobre m: tu carta con esa proposicin es
suficiente prueba. Pero esta noche te declaro aqu que no conseguirs de
m ni un penique ms de la suma que se te paga ahora todos los meses.

--Para sellar mis labios--interrumpi.--Y vi en sus negros ojos un
relmpago maligno, criminal.

--No necesitas tenerlos sellados ms tiempo--replic de un modo
abiertamente desafiador.--Yo misma voy a manifestar la verdad, y poner
as fin a este brillante plan tuyo de chantaje. De consiguiente, creo
que me has entendido ahora--aadi firmemente, con un valor que era
admirable.

Rein silencio entre ellos durante un momento, interrumpido slo por el
extrao grito de una lechuza.

--Entonces, esta es absolutamente tu decisin?--pregunt en voz dura, y
not que su rostro estaba blanco de ira y disgusto al reconocer que, si
ella manifestaba la verdad y haca frente a las consecuencias de su
propia exposicin, fuera ella lo que fuese, su poder sobre la joven
quedara destruido.

--Mi resolucin est tomada. No temo ninguna revelacin que puedas hacer
concerniente a m.

--De todos modos, dame ese brazalete--exigi salvajemente, apretando
los dientes, agarrndola por un brazo y tratando a la fuerza de
desprender el broche de la joya.

--Sultame!--grit.--Bruto! Sultame! Vas a robarme, despus de
haberme insultado?

--Robarte!--murmur, con una perversa expresin de odio desenfrenado en
su grosera cara plida.--Robarte!--silb pronunciando un sucio
juramento,--ms que eso voy a hacer! Voy a ponerte donde tu maldita
lengua no vuelva a moverse ms, y donde no podrs decir la verdad!

Y desgraciadamente, antes que yo pudiera conocer sus designios la tom
por las muecas y, con un movimiento rpido, la oblig a retroceder tan
violentamente contra el bajo parapeto del puente, que durante un momento
estuvieron unidos en un abrazo de muerte.

Mabel grit aterrada, al darse cuenta de sus intenciones, pero un
instante despus, con una vil imprecacin, arrojola de espaldas por
sobre la muralla, cayendo ruidosamente y desamparada al fondo de las
profundas y obscuras aguas.

En el acto me abalanc a salvarla, mientras el criminal hua, pero ay!
era demasiado tarde, porque vi espantado, al escudriar ansiosamente la
obscuridad de aquel abismo, que la masa flotante de hielo la haba
cubierto, y haba desaparecido completamente de la vista.




XVIII

LAS ENCRUCIJADAS DE OWSTON


El ruido de los pasos rpidos del asesino, al escapar por la sombra
avenida en direccin al camino, sacome del desaliento en que estaba y me
produjo una viva sensacin de mi responsabilidad en presencia de
aquello, y en el acto me quit el sobretodo y el saco, parndome despus
a mirar lleno de ansiedad la negra obscuridad de debajo del puente.

Aquellos segundos me parecieron horas, hasta que de pronto alcanc a ver
en medio del ro un bulto blanco, y sin un momento de vacilacin me
lanc al agua en su busca.

La impresin del agua fue muy dura, pero, felizmente, soy un fuerte
nadador, y ni el intenso fro ni la fuerza de la corriente tuvieron
mucho poder para impedir mi avance hacia donde estaba el cuerpo de la
inconsciente nia. Despus que la tom, sin embargo, tuve que luchar
terriblemente para evitar que me arrastrara hacia la curva, donde yo
saba que el ro, unido a otro su afluente, se ensanchaba, y donde las
probabilidades de efectuar el salvamento hubieran sido muy dbiles.

Durante algunos minutos luch con todas mis fuerzas para conseguir
mantener sobre la superficie la cabeza de la pobre nia inconsciente,
sin embargo, era tan poderosa la corriente, con sus masas de hielo
flotante, que toda resistencia pareca imposible, y ambos fuimos
arrastrados cierta distancia ro abajo, hasta que al fin, llamando en mi
auxilio mis ltimas fuerzas, consegu salir del peligro con mi
insensible carga y llegar a un banco de arena, donde pude sosteniendo
una fiera lucha, saltar a tierra y arrastrar a la pobre nia sobre la
orilla helada.

Muchos aos antes haba asistido por un tiempo a un curso de primeros
auxilios, y record en aquel momento las instrucciones que haba
recibido entonces y me puse en el acto a trabajar para producir una
respiracin artificial. Era un trabajo pesado para hacerlo solo, con mis
ropas mojadas adheridas a mi cuerpo, heladas y duras por el fro
terrible; pero persever sin embargo, decidido, si posible era, a
volverla a la vida, y esto lo consegu felizmente media hora despus.

Al principio no pudo pronunciar una palabra, y yo no la interrogu. Me
bastaba saber que todava estaba viva, porque cuando la traje a tierra
cre que ya era intil todo auxilio humano, y que el cobarde atentado de
su vulgar amante haba tenido xito. Tiritaba y se estremeca de la
cabeza a los pies, pues el viento de la noche cortaba como un cuchillo,
y, al fin, por indicacin ma, se puso de pie y, apoyndose pesadamente
sobre mi brazo trat de caminar. La tentativa fue muy dbil primero,
pero luego aceler algo el paso, y, sin mencionar ninguno de los dos lo
que haba sucedido, la conduje por la larga avenida hasta la casa. Una
vez dentro, me manifest que era innecesario llamar a la seora Gibbons,
y en voz muy baja me implor que callase todo lo que haba presenciado.
Tom mi mano entre las suyas y la retuvo.

--Quiero que olvide usted, si es su voluntad hacerlo, todo lo que ha
pasado--exclam, profundamente ansiosa.--Ya que me sigui usted y oy lo
sucedido entre nosotros, quiero que considere que esas palabras no han
sido jams pronunciadas. Quiero que... que...--tartamude, y luego se
call sin concluir la frase.

--Qu es lo que desea que haga?--le pregunt despus de un breve
momento de penoso silencio.

--Quiero que me mire usted todava con alguna estimacin, como siempre
lo ha hecho--murmur, baada en lgrimas,--porque no me gusta pensar que
haya descendido en su aprecio. Recuerde que soy una mujer... y los
impulsos e indiscreciones de una mujer pueden perdonarse.

--Usted no ha perdido absolutamente nada de mi estimacin, Mabel--le
asegur.--Lo nico que siento es que ese bribn haya cometido con usted
ese terrible y ultrajante atentado. Pero ha sido una felicidad que la
haya seguido, aun cuando creo que debo disculparme por haber asumido el
carcter de espa.

--Me ha salvado la vida--contest en un murmullo, al estrecharme la mano
con afecto como dndome las gracias. Luego se desliz veloz y
silenciosamente por la gran escalera y perdiose de vista.

A la maana siguiente se present en el comedor a la hora del almuerzo,
sin que al parecer se notaran casi los estragos producidos por su
peligrosa escapada de la muerte, siendo tal vez las nicas huellas
visibles dos negros y grandes crculos alrededor de sus ojos, que daban
a conocer su terrible ansiedad y su insomnio. Pero sin embargo charl
alegremente, como si no hubiera tenido ninguna preocupacin en el mundo
por qu afligirse. Mientras Gibbons estuvo sirvindonos, no pudo hablar
con confianza, pero cuando sus ojos se fijaban en mi, su mirada estaba
llena de expresin significativa.

Al fin, cuando terminamos, y juntos atravesamos el gran hall para volver
a la biblioteca, le dije:

--Va a permitir que el desgraciado incidente de anoche pase
inadvertido? Si lo hace, me temo que ese hombre pueda cometer otro
atentado contra su vida. Ser ciertamente mucho mejor que sepa, una vez
por todas, que yo he sido testigo de su infame cobarda.

--No--respondi en voz baja y dolorida.--Le ruego que no discutamos eso.
Debe pasar inadvertido.

--Por qu?

--Porque, si yo tratara de hacerlo castigar, l podra declarar algo...
algo que deseo que permanezca siendo un secreto.

Yo saba eso, y record cada palabra de aquella acalorada conversacin
nocturna. El bribn conoca algn secreto suyo, el cual tema ella que
fuera revelado, pues deba ser deprimente y perjudicial.

Desde el principio hasta el fin era ciertamente un enigma de lo ms
notable y extrao! Desde la noche de invierno cuando la encontr cada a
la orilla del camino real en Helpstone, hasta este mismo momento, se
haban ido sucediendo y amontonando misterios sobre misterios, secretos
sobre secretos, hasta que, con la muerte de Blair y el paquete de
pequeas cartas que tan curiosamente me haba legado, el problema haba
asumido gigantescas proporciones.

--Ese hombre la hubiera asesinado, Mabel--exclam.--Le tiene miedo?

--S, le tengo--contest sencillamente, con su mirada fija a travs del
prado y del lejano parque, y suspir.

--Pero no debera usted ahora asumir la defensiva en vista de que ese
hombre ha intentado deliberadamente quitarle la vida?--le
argument.--Su villana accin de anoche ha sido verdaderamente
criminal!

--Lo ha sido--dijo con una voz hueca y confusa, volviendo sus ojos hacia
m.--No tena la menor idea de su intencin. Confieso que he venido
aqu, porque me oblig a que viniera a tener una entrevista con l. Ha
sabido la muerte de mi padre y comprende ahora que puede obtener dinero
de m; que tendr por fuerza que ceder a sus exigencias.

--Pero creo que me podr decir su nombre, por lo menos--exclam.

--Herberto Hales--contest, no sin alguna vacilacin. Despus
aadi:--Pero deseo, seor Greenwood, que me haga el favor de no
mencionar otra vez este penoso asunto. Usted no sabe cmo me trastorna
cuanto depende del silencio de este hombre?

Se lo promet, aun cuando antes hice los mayores esfuerzos para tratar
de inducirla a que me diera algn indicio sobre la naturaleza del
secreto que posea este grosero campesino. Pero fue inflexible y se neg
a decirme nada.

Que el secreto era algo que la afectaba a ella o a su honor, pareca
evidente, porque cada vez que yo le indicaba que sera bueno obligar a
ese hombre a que se enfrentara cara a cara con ella, se estremeca de
terror a la sola idea de la espantosa revelacin que en venganza poda
hacer.

Cavilaba si ese documento, dedicado a ella solamente, escrito por el que
no exista ya, y que haba destruido la noche anterior, no tendra
alguna conexin con el secreto de Herberto Hales. En verdad, cualquiera
que fuese la ndole de lo que ese hombre saba, el hecho es que era tan
poderoso su secreto, que la obligaba a venir de Londres para arreglar
con l, si era posible, las condiciones.

Felizmente, empero, todos los moradores de Mayvill ignoraban por
completo los acontecimientos de la noche anterior, y cuando a medioda
abandonamos la mansin, de regreso para Londres, Gibbons y su esposa nos
despidieron en la puerta y nos desearon feliz viaje.

El mayordomo y su esposa crean, por cierto, que el objeto de nuestra
rpida visita haba sido registrar los efectos del muerto, y con la
curiosidad natural de los sirvientes, ambos estaban deseosos de saber si
habamos descubierto algo de inters, aunque no podan interrogarnos
directamente. La curiosidad aumenta cuanto mayor es la fidelidad y
confianza que se tiene en un sirviente, hasta que este servidor, fiel y
reservado generalmente, sabe tanto y conoce tan bien los asuntos de su
amo o ama como ellos mismos. Burton Blair haba tenido particular
predileccin por el matrimonio Gibbons, y casi pareca que stos se
consideraban menospreciados porque no se les informaba de todas las
disposiciones del testamento de su difunto amo.

Nosotros slo les participamos el legado de doscientas libras para cada
uno que les haba hecho Blair, lo cual les caus el ms profundo placer.

Despus de dejar a Mabel en la plaza Grosvenor y de despedirme de ella,
me volv inmediatamente a la calle Great Russell, y me hall con que
Reginaldo acababa de volver de su negocio de la calle Cannon.

Procediendo en conformidad a la splica de mi dulce y encantadora
amiguita, no le dije nada sobre el desagradable y excitante incidente de
la noche anterior. Todo lo que le cont fue el examen que habamos hecho
del escritorio de Blair y lo que habamos descubierto en l.

--Debemos ir y ver esa casa de las Encrucijadas, creo yo--exclam cuando
hubo visto la fotografa.--De King's Cross a Doncaster es un viaje
rpido; podemos ir y volver maana mismo. Me interesa conocer la casa
que anduvo Blair buscando por toda Inglaterra y por cuyo motivo, vag
meses y aos hasta descubrirla. Esta fotografa debi venir a su
poder--aadi entregndomela,--sin ningn nombre o indicio de su
ubicacin.

Estuve conforme con que debamos ir y ver por nuestros propios ojos la
misteriosa casa; por lo tanto, despus de pasar una noche tranquila y
agradable en el Devonshire, partimos al da siguiente para Yorkshire en
el primer tren matinal. Cuando llegamos a la estacin de Doncaster, a la
cual nos dirigimos desde Londres sin parar, tomamos una volanta y nos
encaminamos por el ancho camino real, cubierto de nieve, que atraviesa
por Benttey, recorriendo unas seis millas o ms, hasta que, despus de
orillar el parque de Owston, nos encontramos de pronto sobre las
Encrucijadas, donde se levantaba la solitaria y vieja casa, tal como la
fotografa la representaba.

Era un edificio antiguo y extrao, parecido a esas viejas casas de
portazgo que se ven en los grabados de la antigedad, slo que le
faltaba la vieja barra de hierro. Sin embargo, se conservaban todava
los postes del portn, y como durante la noche haba cado una sbana de
nieve, el aspecto que presentaba el paraje, era verdaderamente invernal
y pintoresco. La vieja casa, con sus anchas chimeneas despidiendo humo,
pareca que haba sido ensanchada despus de sacada la fotografa,
porque en el ngulo derecho se levantaba una nueva ala de ladrillo
colorado, que la transformaba en una morada confortable.

No obstante, al aproximarnos ms a ella, vindola surgir de la blanca
planicie cubierta de nieve, sentimos que respiraba silenciosamente el
ambiente de esa poca olvidada, cuando las mensajeras de York y Londres
pasaban por all, los enmascarados caballeros de los caminos estaban
escondidos en el bosque sombro de abetos que se extenda ms all de
los abiertos terrenos comunales de Kirkhouse Green, y los postillones no
se cansaban de alabar aquellos maravillosos y clebres quesos en la
vieja posada Bell, en Stilton.

Nuestro cochero pas de largo, y como a un cuarto de milla del punto le
hicimos parar, bajamos y retrocedimos a pie, ordenndole que nos
esperara.

Llamamos a la puerta y nos abri una anciana con gorra y adornos de
cintas. Reginaldo, que asumi la parte de interlocutor, pidiole disculpa
y le manifest que habamos ido pasando; pero que, habiendo notado por
su exterior que era evidentemente una antigua casa de portazgo, no
habamos podido resistir al deseo de llamar y pedir que se nos
permitiera verla por dentro.

--Sean ustedes bien venidos, caballeros--contest la mujer, en su
grosero dialecto de Yorkshire.--Es una casa vieja y les aseguro que han
venido muchas personas a visitarla en los aos que llevo de estar en
ella.

A travs de la pieza se vean las negras y viejas vigas con dos siglos
de existencia, mientras en un rincn estaba la anticuada chimenea que
presentaba un aspecto confortable y atrayente con su asiento de roble
bien lustrado, y la gran olla hirviendo sobre el alegre fuego. El
mobiliario haba cambiado poco del que exista en aquella antigua poca
de los coches y mensajeras, pero el ambiente general que reinaba, era
de abundancia y comodidad.

--Hace mucho tiempo que vive usted aqu?--pregunt Reginaldo, despus
que examinamos lo que nos rodeaba y vimos la ventanita triangular en el
rincn de la chimenea, desde donde el guardin del portazgo poda
antiguamente dominar con la vista muchas millas a lo largo del camino
carretero que se extenda a travs de los brezales.

--El prximo da de San Miguel har veintitrs aos que estoy aqu.

--Y su esposo?

--Oh! aqu est--ri la mujer, llamndolo luego:

--Ven, Enrique, dnde ests?--y despus aadi:--No se ha ausentado ni
un da de aqu, desde que volvi a la patria hace dieciocho aos y dej
el mar. Ambos somos muy apegados a esta vieja morada. Un poco solitario,
podra decir la gente refirindose al paraje, pero a slo una milla est
Burghwallis.

Cuando le omos mencionar que su esposo haba vuelto del mar, los dos
pusimos toda atencin a sus palabras. Aqu era donde resida,
evidentemente, el hombre que Burton Blair haba buscado de una punta a
la otra de Inglaterra.




XIX

EN EL QUE SE ENCUENTRA UN RASTRO


Se abri una puerta y avanz un hombre alto, flaco, viejo, de blancos
cabellos y barba gris puntiaguda. Se conoca que se haba retirado al
llegar nosotros para cambiarse el saco, porque traa puesta una chaqueta
azul plegada que tena muy poco uso, pero cuyo cuello estaba torcido,
demostrando que acababa en ese momento de ponrsela.

Su cara vease surcada profundamente de grandes y rectas arrugas a
travs de su frente; era la fisonoma de un hombre que durante aos
haba estado expuesto a los rigores e inclemencias del viento y del
tiempo de diferentes climas.

Despus de saludarnos, se ri alegremente cuando le explicamos nuestra
admiracin por las casas viejas. Les dijimos que ramos de Londres, y
que las casas de portazgos, por su relacin con el antiguo medio de
locomocin en lo pasado, siempre nos encantaban.

--S, eran das muy agitados aqullos--dijo en una voz ms bien fina
para aquel aspecto tan tosco.--Hoy el automvil ha ocupado el lugar de
la pintoresca diligencia y sus parejas de caballos, y pasan por aqu
bebindose los vientos a toda hora del da y de la noche, haciendo
resonar sus cornetas. Imaginarse semejante cosa en el mismo punto donde
Claudio Duval[*] par al Duque de Northumberland y galantemente escolt
despus a lady Mara Percy hasta Selby.

[*Clebre salteador de caminos, de nacionalidad francesa, pero que fue
joven a Inglaterra.]

El viejo pareca deplorar la desaparicin de la buena poca pasada,
porque era uno de esos hombres que son conocidos como de la vieja
escuela, lleno de estrechos prejuicios contra toda nueva idea, ya fuera
de medicina, religin o poltica, y declar que, cuando l era joven,
los hombres eran hombres y saban sostener lo suyo con xito en
competencia con el extranjero, ya fuese en la paz del comercio o en el
choque de las armas.

Nos dijo que su apellido era Hales, lo cual me produjo la mayor
sorpresa, pues era el mismo del novio secreto de Mabel, y en el correr
de la conversacin supimos que haba estado un buen nmero de aos en el
mar, principalmente en viajes comerciales por el Atlntico y por el
Mediterrneo.

--Pero ahora parece que est usted muy confortable--observ,
sonriendo;--tiene una casa cmoda y atrayente, una buena esposa y todo
lo que puede hacerlo feliz.

--Dice usted bien--contest, tomando una larga pipa de arcilla de sobre
el morillo de la abierta chimenea.--Un hombre no necesita nada ms.
Estoy demasiado contento y deseara que todo el mundo en Yorkshire
estuviera tan confortable como yo en este tiempo tan duro.

La anciana pareja pareca sentirse halagada por nuestra visita, y nos
ofrecieron bondadosamente un vaso de cerveza fuerte.

--Es cerveza casera--declar la seora Hales.--Las personas como
nosotros no pueden darse el lujo de tener vino, pero prubenla
ustedes--insisti, y como nos vimos instados, tuvimos el gusto de
encontrar una excusa para prolongar nuestra visita.

La anciana se fue a la cocina para traer vasos, y aprovechando esta
circunstancia, Reginaldo se puso de pie, cerr rpidamente la puerta, y,
volvindose a Hales, le dijo en voz baja:

--Queremos conversar reservadamente con usted unos cinco minutos.
Reconoce usted sto?--aadi, sacando la fotografa y ponindosela por
delante al anciano.

--Es mi casa!--exclam sorprendido.--Pero qu hay con eso?

--Nada, salvo que debe usted contestar a mis preguntas. Son de la mayor
importancia, y el objeto real de nuestra venida ha sido para poder
hacrselas. Primero, ha conocido usted un hombre llamado Blair, Burton
Blair?

--Burton Blair?--repiti el anciano, apoyando sus manos en los brazos
de su silla al inclinarse hacia adelante ansiosamente.--S; por qu?

--Ese hombre descubri un secreto, verdad?

--S, por mi intermedio... e hizo millones debido a eso, segn dicen.

--Cundo fue la ltima vez que lo vio?

--Har cinco o seis aos.

--Cundo al fin descubri que viva usted aqu?

--Eso es. Anduvo recorriendo todos los caminos de Inglaterra para
encontrarme.

--Fue usted quien le dio esta fotografa?

--No, creo que la debi robar.

--Dnde lo conoci usted por primera vez?

--A bordo del Mary Clowle, en el puerto de Amberes. Era marino, como yo.
Pero por qu quiere usted saber todo esto?

--Porque--contest Reginaldo,--Burton Blair ha muerto, y su secreto ha
sido legado a mi amigo, el seor Gilberto Greenwood, aqu presente.

--Burton Blair ha muerto!--exclam, ponindose de un salto en pie, como
si hubiera recibido una descarga elctrica.--Burton ha muerto! Lo sabe
Dick Dawson?

--S, y est en Londres--repliqu.

--Ah!--exclam con impaciencia, como si todos sus planes se hubieran
trastornado por el conocimiento anticipado que tena Dawson de la
noticia.--Quin se lo ha dicho? Cmo demonios lo ha sabido?

Tuve que confesar mi ignorancia al respecto, pero, en contestacin a su
pregunta, deplor el fin trgico e imprevisto de nuestro amigo, y le
manifest cmo haba quedado en posesin del paquete de naipes, en los
cuales estaba escrito el enigma cifrado.

--Tiene usted una idea de lo que en realidad era su secreto?--pregunt
el viejo enjuto.--Quiero decir, sabe usted de dnde provena su gran
fortuna?

--Nada s, absolutamente nada. Tal vez usted pueda decirnos algo, no es
verdad?

--No--dijo,--no puedo. De pronto se hizo rico, aun cuando un mes o dos
antes haba andado vagando y murindose de necesidad. Me encontr, y yo
le di ciertos informes, los cuales me recompens muy bien despus.
Fueron estos informes, segn me dijo, los que formaron la clave para el
secreto.

--Nada tenan que ver con este paquete de cartas y la cifra?--le
interrogu impacientemente.

--No s, pues jams he visto las cartas de que usted hace mencin.
Cuando lleg aqu una noche fra, estaba exhausto, muerto de hambre y
completamente abatido. Le hice comer, le di una cama para que descansara
y le dije todo lo que quera saber. A la maana siguiente, con dinero
que yo le prest, tom el tren para Londres, y cuando volv a saber algo
de l, fue por una carta en que me comunicaba que haba pagado a mi
orden al Banco del condado, en York, mil libras esterlinas, como
habamos convenido que sera la suma que me pagara por mis informes. Y
les aseguro, caballeros, que nadie se qued ms sorprendido que yo,
cuando al da siguiente recib una carta del Banco confirmando la de l.
Despus deposit en el mismo Banco todos los aos, el primero de enero,
una suma igual, como un pequeo regalo, segn l deca.

--Entonces, usted no lo volvi a ver ms despus de esa noche en que
consigui al fin encontrarlo?

--No, ni una sola vez--contest Hales, dirigindose luego a su esposa
que acababa de entrar, para decirle que estaba ocupado con nosotros en
una conversacin reservada y pedirle que nos dejara solos, lo cual hizo
inmediatamente.--Burton Blair era un hombre de carcter
original--continu, volvindose a m,--y siempre lo fue. No hubo nunca
mejor marino que comiera carne de buey salada, que l. Era un esplndido
navegante y verdaderamente intrpido. Conoca tan bien el Mediterrneo
como otros hombres conocen la calle Cable, en Whitechaple, y su vida
haba estado llena de aventuras. Pero en tierra era un loco atolondrado.
Recuerdo con cunta dificultad escapamos una vez con vida de una pequea
ciudad de la costa de Argelia. Movido por un impulso travieso, le
levant el velo a una nia rabe que encontramos en el camino, y cuando
ella grit pidiendo auxilio, nosotros apenas tuvimos tiempo de escapar
corriendo velozmente, les aseguro--y se ri con ganas al recordar sus
travesuras en tierra.--Pero los dos pasamos momentos duros en Camarones
y en los Andes. Yo era mayor que l y cuando lo conoc por primera vez
no pude menos de rerme de lo que crea era ignorancia suya. Pero pronto
me di cuenta que l haba sacado doble provecho que yo de sus viajes y
aventuras en el corto tiempo que llevaba de navegacin, pues tena una
hbil destreza para desertar e internarse en los puntos que deseaba,
siempre que se le ofreca una oportunidad. Pele en media docena de
revoluciones en los pases de Centro y Sud Amrica y sola decirnos
que, en cierta ocasin, los rebeldes de Guatemala lo haban elegido su
ministro de comercio.

--S--confirm yo--era un hombre muy notable en muchos conceptos con una
historia muy notable tambin. Desde el principio hasta el fin su vida
era un misterio, y es ese misterio el que trato ahora, despus de su
muerte, de descubrir.

--Ah! Pero temo que sea una tarea muy difcil la suya--respondi su
viejo amigo, sacudiendo la cabeza.--Blair era en todo sumamente
reservado. No permiti jams que su mano derecha supiera lo que su
izquierda haca. Nunca podr usted conseguir conocer a fondo toda su
viveza e ingenio, o sus motivos. Y no puede usted adivinar la razn que
ha tenido para dejarle su secreto?--aadi, como si hubiese sido un
pensamiento repentino.

--Lo ha hecho slo por gratitud. Pude en cierta ocasin prestarle una
pequea ayuda.

--Lo s. Me cont todo lo sucedido, dicindome cmo ustedes dos haban
puesto en el colegio a su hija para que terminara su educacin.
Pero--continu,--Blair ha tenido algn motivo para dejarle a usted esa
cifra ininteligible; puede estar seguro. El saba muy bien que jams
obtendra solo su solucin.

--Por qu?

--Porque otros, antes que usted, lo han intentado y fracasaron.

--Quines son ellos?--inquir, con gran sorpresa.

--Uno es Dick Dawson. Si lo hubiera conseguido, habra ocupado el lugar
de Blair, transformndose en millonario. Lo que hay es que no ha sido
perspicaz, y el secreto pas a nuestro amigo.

--Entonces, usted no cree que yo pueda descubrir alguna vez la solucin
del enigma cifrado?

--No--contest el anciano, con mucha franqueza,--no lo creo, ni se lo
predigo tampoco. Y qu es de su hija?--aadi.--Me parece que se
llamaba Mabel, no es as?

--Est en Londres y ha heredado toda la fortuna--respond. Al or esto,
la cara arrugada del viejo se ilumin con una severa sonrisa, y observ:

--No hay duda, har una esplndida conquista matrimonial. Ah! si usted
pudiera conseguir que le dijera todo lo que sabe, lo pondra en posesin
del secreto de su padre.

--Qu! acaso ella lo conoce?--exclam.--Est usted seguro de eso?

--Lo estoy; ella sabe la verdad. Pregnteselo.

--Lo har--declar yo.--Pero no puede usted decirnos qu clase de
informes le dio a Blair esa noche que al fin lo volvi a encontrar?--le
pregunt persuasivamente.

--No--replic en un tono decisivo,--fue un asunto reservado, y debe
seguir sindolo. Mis servicios fueron recompensados, y en cuanto a m me
concierne, yo me he lavado las manos y nada tengo que hacer de l.

--Pero usted puede decirme algo respecto a esta extraa pesquisa de
Blair; algo, quiero decir, que pueda ponerme en la senda de la solucin
del secreto.

--El secreto de cmo obtuvo su fortuna, dice usted, eh?

--Por cierto.

--Ah! mi estimado seor, eso no lo descubrir nunca, fjese bien, aun
cuando llegue a vivir hasta los cien aos. Burton Blair se cuid bien de
ocultar eso a todo el mundo.

--Y estuvo muy bien ayudado por hombres como usted--le dije, con un
tanto de impertinencia,--me temo.

--Tal vez, tal vez, s--replic rpidamente, con su cara enrojecida.--Le
promet guardar silencio y he cumplido mi promesa, porque la posicin
desahogada y confortable de que gozo ahora, la debo nicamente a su
generosidad.

--Un millonario puede hacer cualquier cosa, ciertamente. Su dinero le
asegura sus amigos.

--Amigos, s--respondi el anciano, gravemente;--pero no felicidad. El
pobre Burton Blair era uno de los hombres ms desgraciados, estoy bien
seguro de eso.

Yo saba que hablaba la verdad. El millonario me haba confesado muchas
veces, en confianza, que haba sido mucho ms feliz en sus das de
penurias y atolondradas aventuras allende los mares, que ahora que era
propietario de la gran mansin de West End y de la primera posesin
rural del condado de Herefordshire.

--Atencin--exclam Hales, de pronto, paseando su mirada penetrante de
Reginaldo a m y sucesivamente,--voy a hacerles una advertencia--y baj
la voz hasta convertirse casi en un dbil murmullo.--Ustedes dicen que
Dick Dawson ha vuelto. Tengan cuidado con l! Pueden apostar su
cabeza, seguros de que ese hombre tiene malas intenciones! Tengan,
tambin, mucho cuidado de su hija; ella sabe ms de lo que ustedes
piensan.

--Nosotros abrigamos una ligera sospecha de que Blair no ha muerto de
causas naturales--observ.

--Tienen ustedes recelos?--exclam, sobresaltado.--Por qu creen eso?

--Las circunstancias han sido tan notables, que nos han hecho entrar en
dudas--repliqu, y entonces pas a explicarle el trgico fin de nuestro
amigo y todo lo sucedido, como ya he tenido ocasin de referirlo.

--No sospechan ustedes nada de Dick Dawson?--pregunt ansiosamente el
anciano.

--Por qu? Tena algn motivo para desear verse libre de nuestro
amigo?

--Ah! Yo no s. Dick es un cliente muy entretenido. Siempre lo tuvo
bajo su dominio a Blair. Formaban una pareja muy notable; el uno
surgiendo como millonario, y el otro viviendo en el extranjero, creo que
en Italia, en el mayor secreto y retiro.

--Dawson deba tener algn motivo muy poderoso para permanecer tan
oculto--observ.

--Porque se vea obligado a estarlo--contest Hales, con un movimiento
misterioso de cabeza.--Existan razones para que l no asomase a la luz
su rostro. Yo mismo me quedo asombrado de ver cmo se ha atrevido ahora
a mostrarse.

--Qu!--grit ansiosamente,--acaso lo necesita la polica?

--Me imagino que no recibira con agrado la visita de cualquiera de esos
caballeros escudriadores de la Scotland Yard--contest el anciano,
despus de cierta vacilacin.--Recuerden ustedes que yo no hago ninguna
acusacin, absolutamente ninguna. Sin embargo, si intenta cometer alguna
mala accin, pueden ustedes mencionarle, como de paso, que Enrique Hales
vive todava, y est pensando en venir a Londres para hacerle una visita
matinal. Observen entonces el efecto que estas palabras producirn en
l--y el anciano se ri, aadiendo:--Ah! seor Pjaro Dawson, me
imagino que todava tiene que arreglar sus cuentas conmigo.

--Entonces nos ayudar usted?--exclam con vehemencia.--Puede usted
salvar a Mabel Blair si quiere?

--Har todo lo que pueda--fue la respuesta de Hales,--porque reconozco
que se est tramando por alguna parte una ingeniossima
conspiracin.--Luego, despus de una corta pausa, durante la cual
rellen de tabaco su pipa, y con sus ojos fijos en m pensativamente,
aadi:--Hace un momento que ha dicho usted que Blair le ha legado su
secreto, pero no me ha explicado los trminos exactos de su testamento.
No deca nada sobre eso?

--En la clusula en que me hace la donacin, hay una extraa copla que
dice:

    _King Henry the Eighth_
    _was a Knave to his queens,_
    _He'd one short of seven_
    _and nine or ten scenes!_

e insiste tambin en que oculte el secreto a todos los hombres,
exactamente como l lo ha hecho. Pero, estando cifrado el
secreto--aad,--me ser imposible conocerlo.

--Y no tiene la clave?--sonri el viejo marino, de rostro endurecido
por las inclemencias del mar.

--Ninguna... salvo que la clave est oculta dentro de esa
rima!--exclam, ocurrindoseme, por primera vez, este extrao y rpido
pensamiento. Y de nuevo repet en alta voz la copla. S, todas las
cartas de juego que hay en ese paquete de naipes, estn mencionadas en
ella:

    _King (rey), eight (ocho), Knave (sota),_
    _Queen (reina), seven (siete),_
    _nine (nueve), ten (diez)._

Mi corazn dio un salto. Sera posible que arreglando las cartas en el
orden siguiente pudiera leerse el registro?

Si era eso as, entonces el extrao secreto de Burton Blair era mo al
fin!

Manifest mi sorprendente y sbita idea, y la cara tostada del anciano
se ilumin con una sonrisa triunfante, exclamando:

--Arregle las cartas y haga la prueba.




XX

LA LECTURA DEL REGISTRO


El sobre que encerraba en su seno las treinta y dos cartas, estaba en mi
bolsillo, junto con la fotografa pegada al lienzo; por lo tanto,
despej la cuadrada y vieja mesa de roble, las saqu ansiosamente y las
coloqu encima de ella, mientras Reginaldo y el anciano me miraban
faltos de aliento.

--El primero mencionado en la rima es el rey--dije.--Pongamos los cuatro
reyes juntos.

Una vez arreglados, coloqu los cuatro ochos, las cuatro sotas, las
reinas, ases, nueves y dieces, en el orden que llevaban en la poesa.

Reginaldo fue ms rpido que yo en leer la primera columna y declar que
era un enredo enteramente ininteligible. Luego le yo, y, profundamente
decepcionado, me vi obligado a confesar que, despus de todo, all no se
encontraba la clave.

Sin embargo, record lo que mi amigo de Leicester me haba explicado,
advirtiendo cmo poda encontrarse en la primera letra de cada carta,
leyendo consecutivamente una tras otra en todo el paquete, y trat,
repetidas veces, de arreglarlas de una manera inteligible, pero no tuve
ningn xito. La cifra segua tan confusa y enigmtica como siempre.

Noches enteras haba pasado con Reginaldo, tratando, en vano, de
descubrir algo, pero siempre haba sido intil, pues no habamos podido
nunca descifrar ni una sola palabra.

Cambi las letras de arriba a abajo, pero el resultado fue el mismo.

--No--observ el anciano Hales,--todava no ha conseguido encontrar lo
que buscaba; pero estoy seguro, sin embargo, de que anda cerca. Esa
copla da la clave, usted me lo ha hecho notar.

--Sinceramente creo que es as, pero la cuestin es descubrir el arreglo
conveniente de las cartas--declar agitado y sin aliento.

--Justamente--observ Reginaldo con tristeza.--En eso est la
ingeniosidad de la cifra. Es tan sencilla, y, sin embargo, tan
extraordinariamente complicada a su vez, que las posibles combinaciones
que pueden hacerse con ella ascienden a millones. Piensa en ello!

--Pero tenemos la rima, la cual, distintamente, nos indica su
arreglo.--Y volv a repetir la copla.--Es bastante claro, y debamos
haberlo visto desde un principio--respond.

--Entonces, pruebe con el rey de un palo, con el ocho de otro, la sota
de otro... y as con los dems--indic Hales, agachndose con vivo
inters sobre las pequeas cartas.

Sin prdida de tiempo segu su consejo, y cuidadosamente volv a
colocarlas de la manera que haba dicho. Pero de nuevo el resultado fue
ininteligible, pues no fue ms que un grupo de letras enigmticas
engaadoras y decepcionantes.

Record lo que mi amigo, perito en la materia, me haba dicho, y mi
corazn se abati profundamente.

--No conoce usted, en efecto, los medios por los que puede resolverse
el problema?--le pregunt al anciano seor Hales, pues se haba
apoderado de m en ese momento la sospecha de que l los conoca bien.

--Le aseguro que no puedo decirle nada--fue su rpida rplica,--porque
no los conozco. Sin embargo, a m me parece que esa copla forma, de
alguna manera, la clave. Intente otro arreglo de las cartas.

--Cul? Qu otro puedo probar?--pregunt confundido, pero l slo
sacudi la cabeza.

Reginaldo, con papel y lpiz en la mano, estaba tratando de descifrar y
hacer comprensibles las letras por medios que varias veces haba
intentado yo, a saber: substituyendo la A por la B, la C por la D, y as
todas las dems. Despus prob aadir dos letras, luego tres, y ms an,
con el fin de descubrir la clave, pero, como ya me haba sucedido antes
a m, su trabajo fue enteramente perdido.

Mientras tanto, el anciano, que pareca manejar las cartas con
demasiado inters, estaba, lo vi, tratando de volverlas a arreglar l
solo, colocando su dedo sobre una, luego sobre otra y despus sobre una
tercera, como si hubiera sabido el arreglo concreto de ellas, y leyendo
para s el registro.

Tal vez era posible que estuviera en posesin de la clave del problema
que tenamos all desplegado, y que se estuviese enterando del secreto
de Burton Blair, mientras nosotros permanecamos ignorndolo!

De pronto, el anciano y enjuto marino se enderez, y, mirndome,
exclam, con una sonrisa de triunfo:

--Mire, seor Greenwood; aqu hay cuatro palos, no es verdad? Haga la
prueba por orden alfabtico: los bastos, copas, espadas y oros. Primero
tome todos los bastos y arrglelos as: rey, ocho, sota, reina, as,
siete, nueve, diez; luego las copas, y despus los otros dos palos. Una
vez terminado el arreglo vea lo que puede sacar de eso.

Ayudado por Reginaldo, proced de nuevo a colocar sobre la mesa las
cartas como me haba indicado, y las arregl, segn la extraa rima, en
cuatro columnas de ocho cartas cada una, por orden alfabtico.

--Al fin!--grit Reginaldo, casi fuera de s de gozo.--Al fin! Ya la
tenemos, viejo! Mira! Lee la primera letra de cada carta hasta abajo,
una columna despus de otra. Qu es lo que deletreas?

Los tres estbamos sin poder respirar, y aparentemente el ms agitado de
todos era el viejo Hales, o, tal vez, nos haba estado extraviando y
fingiendo ignorancia. Haba arreglado solo la primera fila, la de
bastos, pero ya se lea lo siguiente:

      Rey   BONTDRNNCROAUIT

      Ocho  EITYGOJTAENNWNH

      Sota  TNHJENTYNDJOIDE

      Reina WTESJTHFDTOLLTC

      As    EWJIWHEOEHNDLHR

      Siete EHLXHEFUFEEEFEO

      Nueve NEEPEFIRERWOIOS

      Diez  TRFARIFJNEINNLS

--La primera columna empieza con la palabra _Between_ (Entre!)--grit,
contemplando atnito lo primero comprensible que haba descubierto.

--S, y yo veo otras palabras en las dems columnas!--exclam
Reginaldo, arrebatndome, lleno de agitacin, algunas de las cartas que
yo tena, y ayudndome a arreglar las otras filas.

Aquellos instantes han sido los ms agitados, nerviosos y solemnes de mi
vida. El gran secreto que haba producido toda su fabulosa riqueza a
Burton Blair, iba a quedar revelado para nosotros.

Poda convertirme en un millonario, como haba sucedido con su difunto
dueo!

Una vez arregladas todas las cartas en el orden correspondiente: las
ocho de copas, las ocho de espadas y las ocho de oros debajo de las ocho
de bastos, tom un lpiz y escrib la primera letra de cada carta.

--S!--grit, casi fuera de mi razn y presa de la mayor
excitacin,--el arreglo es perfecto. El secreto de Burton Blair est
descubierto!

--Es una especie de registro!--exclam Reginaldo.

Y empieza con las palabras: Entre el _Ponte del Divolo_... Este nombre
es italiano, y supongo que querr decir: Puente del Diablo!

--El Puente del Diablo es un antiguo puente medioeval que hay cerca de
Lucca--expliqu rpidamente, y luego record la cara grave del monje
capuchino, que viva en el silencioso monasterio prximo a dicho paraje.
Pero en ese momento toda mi atencin estaba dedicada a aclarar el
enigma, y no tena tiempo para reflexionar. La letra Y estaba colocada
en algunos puntos en lugar del espacio, con el fin aparentemente de
confundir, y as ocultar el secreto de cualquiera solucin probable o
casual.

Al fin, despus de un cuarto de hora casi, porque algunas de las letras
estaban bastante borradas, descubr que el registro cifrado que haba
estado escribiendo era un extrao documento que contena lo siguiente:

Entre el Puente del Diablo y la punta donde el Serchio se une al Lima,
sobre la orilla izquierda, a cuatrocientos cincuenta y seis pasos desde
la base del puente donde el sol brilla slo una hora el cinco de abril y
dos horas el cinco de mayo, a medioda, descended veinticuatro
escalones, detrs de los cuales puede un hombre defenderse de
cuatrocientos. Hay dos grandes rocas, una a cada lado. En una de ellas
se encontrar grabada una vieja E. Bajad a la mano derecha y hallaris
lo que buscis. Pero primero encontrad al anciano que vive en la casa de
las Encrucijadas.

--Qu significar todo esto?--observ Reginaldo, y, volvindose al
seor Hales, aadi:--La ltima parte se refiere a usted.--El anciano se
ri intencionalmente, y comprendimos que saba ms de los asuntos de
Blair, que lo que quera confesar.

--Significa que en ese estrecho y romntico valle de Serchio se halla
escondido algn secreto, y estas son las instrucciones para
descubrirlo--dije.--Conozco el tortuoso ro y el punto exacto donde, a
travs de los siglos, el agua ha conseguido abrirse paso sobre un lecho
rocalloso y profundo lleno de peascos gigantescos, saltos torrentosos y
hondas lagunas. Sobre este puente se cuentan muchas extraas historias
del diablo, asegurndose que fue l en persona quien lo construy, con
la condicin de tomar para s el primer ser viviente que pasase por l,
y que fue un perro. En realidad--aad,--el paraje es uno de los ms
agrestes y romnticos de toda la campia toscana. Es extrao, tambin,
que a slo tres millas del lugar indicado viva en el monasterio
capuchino fray Antonio.

--Quin es fray Antonio?--pregunt Hales, quien contemplaba an las
cartas con toda atencin.

Le expliqu, y el anciano se sonri, pero yo conoc que en la
descripcin del monje haba reconocido a uno de los amigos de Blair, de
los aos pasados.

--Quin habr escrito este registro?--le interrogu.--Blair no ha sido,
eso es evidente.

--No--fue su contestacin.--Ahora que legalmente le pertenece, por
donacin de nuestro amigo, y que ha conseguido descifrarlo, puedo,
tambin, contarle algo ms sobre eso.

--S, hgalo--gritamos ansiosamente los dos.

--Bien entonces; voy a referir cmo fue--explic el enjuto anciano,
apresando el tabaco en su larga pipa.--Hace varios aos que era yo
primer piloto del buque Annie Curtis, de la matrcula de Liverpool,
ocupado en el comercio de frutas del Mediterrneo y que regularmente
haca sus viajes entre Npoles, Esmirna, Barcelona, Argelia y Liverpool.
Nuestra tripulacin era mixta, pues se compona de ingleses, espaoles e
italianos, y entre estos ltimos haba un viejo llamado Bruno. Era un
individuo misterioso, originario de la Calabria, y entre los dems
tripulantes se susurraba que haba sido el jefe de una clebre partida
de bandidos, que haba sembrado el terror en la parte ms al Sud de
Italia, la cual haba sido recientemente exterminada por los
carabineros. Los otros italianos lo conocan por el sobrenombre de
Baffitone, que, segn creo, quiere decir Bigotudo.

Era muy trabajador, casi no beba, y, al parecer, era bastante educado,
porque hablaba y escriba bien el ingls, y, adems, siempre estaba
atormentando a los dems para que le hicieran enigmas y cifras, a cuya
solucin se dedicaba en sus momentos de ocio. Un da, que era la
conmemoracin de una fiesta religiosa, lo cual fue motivo de excusa
para los italianos, pues lo aprovecharon como festivo, lo encontr en el
castillo de proa escribiendo algo en un pequeo paquete de cartas. Trat
de ocultarme lo que estaba haciendo; pero, despertada mi curiosidad,
not en el acto cmo las haba arreglado, y ese hecho mismo me demostr
qu cifra tan notablemente ingeniosa haba descubierto.

El anciano se call un momento, como si vacilara referirnos toda la
verdad del asunto. Al fin, despus de encender su pipa con una astilla,
reanud su relacin, diciendo:

--Abandon el mar, volv aqu al lado de mi esposa y pasaron seis aos
sin que supiera nada del italiano, hasta que un da, con aspecto de un
hombre de recursos y vestido con un traje nuevo y sombrero duro, tambin
nuevo, se present a verme. Todava estaba en el Annie Curtis, pero
como la barca se hallaba en dique seco, l, segn me dijo, haba querido
bajar a tierra para andar de jarana. Permaneci aqu dos das, y con su
pequea mquina fotogrfica, adquisicin muy reciente, evidentemente,
anduvo sacando toda clase de vistas, incluyendo la de esta casa.

Antes de ausentarse me hizo depositario de sus secretos y me declar que
lo que a bordo de la barca se haba sospechado era cierto, pues no era
otro que el clebre Poldo Pensi, el bandido cuya osada y ferocidad
haban sido aos antes narradas en verso y prosa en Italia. Sin embargo,
desde que su partida haba sido totalmente destruida, habase reformado,
y en vez de sacar provecho de ciertos datos que haba adquirido durante
su vida de bandolero, trabajaba para ganarse su subsistencia a bordo de
un buque ingls. Los datos, segn me dijo, los haba obtenido de un
cierto Cardenal Sannini, del Vaticano, a quien l tuvo secuestrado para
conseguir un buen rescate, y eran de una ndole tal, que poda
convertirse en hombre de fortuna el da que quisiera serlo; pero, dado
que el Gobierno de su pas haba ofrecido un gran premio por su captura,
haba resuelto ocultar su identidad y recorrer los mares. Tambin me
manifest la noche antes de irse, aqu en esta pieza, donde estbamos
sentados fumando, que el secreto estaba archivado en forma de registro
cifrado, pero de una naturaleza tal, que ninguno que lo descubriera
podra leerlo sin poseer la clave de la cifra.

--Entonces fue aqu, en estas cartas, donde le dej estampado el
secreto!--grit, interrumpindolo.

--Justamente. El secreto del Cardenal Sannini, obtenido por el famoso
bandido Poldo Pensi, cuya terrible partida de bandoleros devast media
Italia hace veinticinco aos, y que oblig al mismo Papa Po IX a
pagarle tributo, est escrito aqu, como usted lo acaba de descifrar.

--Y Pensi ha muerto?--pregunt.

--Oh! s. Muri y fue enterrado en el mar, cerca del puerto de Lisboa,
antes de que Burton Blair tomara posesin de las cartas. El secreto,
segn mis seguros informes, le fue arrancado a la fuerza al Cardenal
Sannini, que, al atravesar la desierta e inhospitalaria regin entre
Reggio y Gerace, fue preso por Pensi y su gavilla, llevado a su
baluarte, pequea aldea de la montaa, como a tres millas de Micastro,
y all retenido prisionero, para exigir un gran rescate a la Santa Sede.
Por ciertas razones ignoradas, parece que el astuto y anciano Cardenal
no deseaba que el Vaticano tuviera conocimiento de su captura; por lo
tanto, impuso como condicin de su libertad que revelara un secreto
notabilsimo, el secreto escrito en estas cartas, lo cual hizo, y Pensi
lo puso entonces en libertad, cumpliendo el compromiso.

--Pero Sannini era uno de los cardenales ms altamente colocados en
Roma--exclam.--A la muerte de Po IX se crey que sera nombrado su
sucesor en el Pontificado.

--Es cierto--observ el anciano, que pareca muy versado en toda la
historia moderna de San Pedro, en Roma.--El secreto divulgado por el
Cardenal, es, indudablemente, de inmenso valor, y si procedi as, fue
para salvar su reputacin, segn creo, por lo que me dijo el bandido
italiano, pues ellos haban descubierto que se encontraba en el extremo
Sud de la pennsula, contrariando las rdenes del Papa, que lo haba
mandado en opuesta direccin, y el objeto de stos haba sido promover
una agitacin religiosa, mal intencionada, contra Po IX. De aqu que
Sannini, en quien tanto confiaba Su Santidad, viose obligado a todo
costo a ocultar la noticia de su captura, la cual deba permanecer
absolutamente ignorada. Pensi me refiri cmo, antes de soltar al
Cardenal, se traslad, con el mayor sigilo, a cierto paraje de la
provincia toscana y se cercior de que el secreto que haba revelado el
gran eclesistico era una realidad. Despus de eso fue puesto en
libertad, y, con una escolta que lo garantiera, march hasta Cosenza,
donde tom el tren para Roma.

--Pero cmo vino el secreto a poder de Burton Blair?--pregunt
ansiosamente.

--Ah!--observ el viejo, mostrando las palmas de sus manos morenas y
endurecidas,--esa es la cuestin. Sobre esas mismas cartas que usted
tiene, s que Poldo Pensi, el exbandido de Calabria, inscribi en ingls
las instrucciones del Cardenal. En efecto, notar usted que la redaccin
revela que su autor ha sido un extranjero. Esas letras maysculas, casi
borradas, fueron trazadas por l a bordo del Annie Curtis, y conserv
seguro su secreto hasta su muerte. Lo que l me refiri
confidencialmente, no lo manifest jams a nadie hasta... vamos, hasta
que Burton Blair me oblig a hacerlo esa noche en que reconoci esta
casa por la fotografa sacada por Poldo, y me encontr de nuevo.

--Lo oblig!--exclam Reginaldo.--Cmo?




XXI

PEOR QUE LA MUERTE


El alto y enjuto anciano me mir con sus ojos pardos y movi la cabeza.

--Burton Blair saba demasiado--contest evasivamente.--Segn parece,
despus que yo me retir lleg a ocupar el puesto de primer piloto, y
Poldo, el hombre que haba tenido en sus manos, para conseguir buenos
rescates, a duques, cardenales y otros grandes hombres, trabaj a sus
rdenes pacientemente. Algn tiempo despus, Poldo cay enfermo de un
grave ataque de fiebre y muri, pero, aun cuando es bastante extrao, le
dej, as lo aseguraba Blair, el paquete de cartas con el secreto.

Dick Dawson, sin embargo, que estaba tambin en el buque como
contramaestre, y que la mitad de su vida la ha pasado en bergantines
italianos, en el Adritico, declara que esta historia es falsa, y que
Blair rob la bolsita que encerraba las cartas de debajo de la almohada
de Poldo, media hora antes de que ste muriera.

Sea esto verdad o mentira, sin embargo, los hechos quedan en pie, y
son: que Poldo debi dejar escapar en medio del delirio de la fiebre
parte de su secreto, y que Blair vino a ser el dueo de las pequeas
cartas. Tres semanas despus de la muerte del italiano, Blair, al
desembarcar en Liverpool, llevando consigo las cartas y la instantnea,
emprendi ese largusimo y fatigoso viaje por todos los caminos de
Inglaterra, con el fin de encontrarme y conocer por mi intermedio la
clave del secreto del famoso bandido, la cual yo posea.

--Y cundo consigui encontrarlo, qu sucedi?

--Afirm solemnemente que Bruno se las haba dado como un regalo de
moribundo, y que la razn que tena para buscarme era porque el viejo
bandido, antes de morir, pidi ver la fotografa que estaba en su cofre
de a bordo, y contemplndola un largo rato, le dijo en italiano,
reflexivamente: En esta casa vive el nico hombre que conoce mi
secreto.

Esa fue la razn que evidentemente tuvo Blair para posesionarse de la
fotografa, despus de la muerte del italiano.

Cuando lleg aqu, me mostr el paquete de cartas, y me prometi mil
libras esterlinas si le revelaba las confidencias del italiano. Como
ste haba fallecido, no hall razn por qu negarme, y en cambio de la
promesa del pago de dicha suma, le dije lo que quera saber, y entre
otras cosas, le expliqu el arreglo de las cartas, de modo que pudo
descifrarlas. La clave de la cifra la haba descubierto ese da de
fiesta que encontr a Poldo en el castillo de proa escribiendo un
mensaje sobre las cartas, evidentemente dedicado para el Cardenal
residente en Roma, porque despus he sabido que el bandido y el
eclesistico, antes de la muerte de este ltimo, mantenan frecuente
pero secreta comunicacin.

--Pero el tal Dawson debe haber sacado enorme beneficio de la revelacin
hecha por Blair--observ.--Parece que han sido amigos muy ntimos.

--Por cierto que ha sacado provecho--respondi Hales.

Blair, en posesin de este notable secreto, tena un terror mortal a
Dick, que poda declarar, como ya lo haba hecho, que se le haba robado
al moribundo. Saba muy bien que Dawson era un marino sin escrpulos,
del peor tipo que puede haber; por lo tanto, consider muy prudente,
supongo yo, entrar en sociedad con l y que le ayudase a explotar el
secreto. Pero el pobre Blair debe haber estado siempre en las manos de
Dawson, aun cuando es evidente que sus ganancias fueron enormes. Las de
Dick no han sido menores, a pesar de que ste ha vivido, al parecer, en
el ms absoluto retiro y obscuridad.

--Dawson tena miedo de venir a Inglaterra--observ Reginaldo.

--S--contest el anciano.--Hace algunos aos que hubo en Liverpool un
feo incidente, y esa es la razn que ha tenido.

--Pero no existe ninguna prueba negativa de que el bandido reformado no
le haya regalado el paquete de naipes a Blair?--pregunt enrgicamente.

--Ninguna. Por mi parte creo que Poldo se lo debi dar a Blair y
recomendarle que volviera a tierra y me buscase, porque l haba sido
bueno y haba tenido para con l muchas pequeas finezas durante
repetidas enfermedades. Poldo, al abandonar sus malas hazaas, se haba
hecho muy religioso y sola asistir a las misiones para los hombres de
mar cuando estaba en tierra, como tambin Blair era, segn ustedes
saben, un hombre muy temeroso de Dios para ser marino. Cuando recuerdo
todas las circunstancias, pienso que era muy natural que Poldo entregase
el secreto del Cardenal, muerto, en manos de su mejor amigo.

--El lugar indicado es cerca de Lucca, en Toscana--observ.--Usted dice
que el tal Poldo Pensi ha estado all y ha hecho averiguaciones. Qu
fue lo que encontr?

--Lo que el Cardenal le haba dicho que encontrara. Pero jams me
explic lo que era. Todo lo que lleg a manifestarme era que el secreto
convertira a su dueo en un hombre muy rico, lo que ciertamente ha
sucedido en el caso de Blair.

--La conexin que parece existir entre el difunto Cardenal Sannini y
fray Antonio, el capuchino de Lucca, es extraa--observ.--Estar el
monje en posesin del secreto? cavilo yo. No hay duda de que l tiene
algo que ver con este asunto, como lo demuestran sus constantes
consultas con Dawson.

--Es indudable--dijo Reginaldo, dando vuelta a las cartas sin
objeto.--Ahora tenemos que descubrir la posicin exacta de estos dos
hombres, y, al mismo tiempo, impedir que el tal Dawson consiga tomar
demasiada posesin de la fortuna de Mabel Blair.

--Eso djemelo a m--exclam reservadamente.--Por ahora nuestra lnea de
conducta es bien clara. Debemos investigar el paraje que queda a orillas
del Serchio y descubrir lo que est all escondido.--Despus,
volvindose a Hales, aadi:--En el registro he notado que ordena
claramente: Buscad primero al anciano que vive en la casa de las
Encrucijadas. Qu significa esto? Por qu se indica esa direccin?

--Porque creo que cuando el registro fue estampado en estas
cartas--contest,--yo era la nica persona que saba algo respecto al
secreto del Cardenal; la nica, fuera del interesado, que posea la
clave de la cifra.

--Pero al principio aparent usted no conocerla--observ yo, mirando
todava con cierto recelo al anciano.

--Porque no estaba seguro de si procedan ustedes de buena fe--dijo
rindose con toda franqueza.--Me tomaron de sorpresa, y no tena
intencin de expandirme prematuramente.

--Pero nos ha referido usted todo lo que sabe realmente?--exclam
Reginaldo.

--S, no s nada ms--replic.--En cuanto a lo que hay en el punto que
indica el registro, lo ignoro por completo. Recuerden que Blair me pag
lo justo, y aun ms de lo estipulado; pero, como ustedes lo saben bien,
era un hombre sumamente reservado en todo lo concerniente a sus asuntos,
y me dej sin saber nada.

--Y no puede darnos ms informes sobre este tuerto que parece que ha
sido socio de Blair en la extraordinaria empresa misteriosa?

--Nada ms tengo que decir, salvo que es una relacin muy poco
apetecible. Fue Poldo quien le puso el apodo de el Ceco.

--Y el monje que se llama fray Antonio?

--Jams he odo hablar de esa persona; nada s de l.

En la punta de la lengua tuve la pregunta de si tena un hijo y si su
nombre era Herberto, recordando aquella trgica escena nocturna en el
parque de la mansin de Mayvill. Sin embargo, supe, por fortuna,
contenerme y guardar silencio, prefiriendo ocultar lo que saba y
esperar el desenvolvimiento de los hechos y de aquella extraordinaria
situacin.

Sin embargo, mi corazn rebosaba de indignacin y unos feroces y locos
celos lo roan. Mabel, la dulce y bondadosa nia que yo tanto amaba, y
cuyo porvenir haba sido depositado en mis manos, haba cometido el
grave y triste error, como otras tantas nias, de enamorarse de un
hombre vulgar, torpe y muy inferior a ella. El amor en una cabaa, sobre
el que tanto omos, es muy bueno en teora, como lo es el engao de que
se puede tener el corazn alegre aun cuando el bolsillo est vaco; pero
en estos tiempos modernos la mujer habituada a las comodidades y al lujo
no puede nunca ser feliz en la modesta casa de cuatro piezas, as como
no lo es el hombre que se casa valientemente por amor y renuncia a su
herencia.

No. Cada vez que recordaba las amenazas y menosprecios de ese joven
rufin, su arrogancia y su estallido final de pasin criminal, que tan
cerca haba estado de terminar con la vida de mi bien amada, mi sangre
herva de ira y se encenda mi clera. El bribn haba escapado, pero
dentro de mi ser juraba que no quedara impune.

Y, sin embargo, cuando rememoraba bien toda la escena, pareca que Mabel
estaba completa e irresistiblemente bajo el poder de ese hombre, a pesar
que haba intentado desafiarlo.

Permanecimos con Hales y su esposa una hora ms, aun cuando pocos datos
nuevos obtuvimos, a excepcin de algunas palabras que la anciana dej
escapar. Me cercior de que tenan en efecto un hijo y que se llamaba
Herberto, pero que no era de muy buena conducta.

--Estaba ocupado en las caballerizas de Belvoir--explic su madre cuando
yo la interrogu sobre l.--Pero hace como dos aos que sali de all, y
desde entonces no lo hemos vuelto a ver. Algunas veces nos escribe de
diferentes puntos y parece que prospera.

El tal individuo era, por lo tanto, como yo lo haba supuesto por su
aspecto, un cuidador de caballos, un caballerizo o algo por el estilo.

Eran casi las siete y media cuando llegamos de vuelta a King's Cross, y
despus de una ligera comida en un pequeo restaurant italiano que haba
enfrente de la estacin, tomamos un coche y nos encaminamos a la plaza
Grosvenor, con el objeto de comunicarle a Mabel nuestro xito en la
solucin del enigma.

Carter, que fue quien nos hizo entrar, nos conoca tan bien, que no hizo
ms que conducirnos directamente arriba y hacernos pasar al saln, tan
artsticamente iluminado con sus luces elctricas sombreadas con la
mayor delicadeza y hbilmente colocadas en todos los rincones
imaginables. Sobre la mesa haba una gran ponchera antigua, llena de
esplndidas rosas Gloise de Dijn, que el jefe de los jardineros enviaba
todos los das, junto con la fruta, de la posesin de Mayvill. Su
arreglo se deba, como yo bien lo saba, a las delicadas manos de la
mujer que durante aos haba aprendido a admirar y a amar secretamente.
Encima de una mesa lateral haba una hermosa fotografa del pobre Burton
Blair colocada en un pesado marco de plata, y en una esquina su hija
haba prendido un moito de crespn como homenaje a la memoria del
muerto. La gran casa estaba llena de esos delicados rasgos femeninos que
revelaban la dulce simpata de su carcter y la plcida tranquilidad de
su vida.

De pronto la puerta se abri, y ambos nos pusimos de pie; pero en vez de
la linda joven chispeante y de corazn noble, con voz musical y
semblante alegre y franco, entr el hombre barbudo, de anteojos, arcos
de oro, que en un tiempo haba sido contramaestre del buque _Annie
Curtis_, de Liverpool, y despus el socio secreto de Burton Blair.

--Buenas noches, caballeros--exclam, saludando con ese aparente y
forzado barniz de cortesa que adoptaba algunas veces.--Tengo mucho
placer en agasajar a ustedes en la casa de mi difunto amigo. Como
notarn ustedes, he establecido mi residencia aqu en conformidad a los
trminos del testamento del pobre Blair, y aprovecho con agrado esta
nueva oportunidad que se me presenta, de volver a encontrarme con
ustedes.

La fina impudencia de este hombre nos tom de sorpresa. Pareca estar
sumamente confiado y seguro de que su posicin era inatacable e
invencible.

--Hemos venido a ver a la seorita Blair--expliqu.--No sabamos que iba
usted a fijar tan pronto su residencia aqu.

--Oh! es mejor--afirm.--Los grandes intereses de Blair requieren
inmediata atencin, pues hay muchos asuntos ligados estrechamente con
ellos que no se pueden abandonar--y mientras hablaba, la puerta se abri
de nuevo y penetr una joven de unos veintisis aos, de cabellos
obscuros y estatura regular, vestida con un traje negro escotado, algo
ostentoso, pero cuyo rostro era ms bien vulgar, aun cuando un tanto
imponente.

--Mi hija Dolly--explic el tuerto Dawson.--Permtanme ustedes que los
presente,--y ambos le hicimos un saludo fro, porque nos chocaba
sobremanera el modo de los dos, pues pareca que se haban establecido
all y tomado en sus manos el manejo de la casa.

--Supongo que la seora Percival todava permanece aqu, no es
verdad?--inquir despus de un momento, al recuperar mi calma y
tranquilizarme de la impresin que me haba hecho el encontrar al
aventurero y a su hija en posesin completa de esa esplndida mansin
que medio Londres admiraba y la otra mitad envidiaba; la mansin que
haba aparecido tantas veces descripta y fotografiada en los _magazines_
y peridicos de las damas.

--S, la seora Percival est en su gabinete privado. Hace cinco minutos
que la dej all. Mabel, segn parece, sali esta maana a las once y
aun no ha vuelto.

--No ha vuelto!--exclam azorado.--Por qu?

--La seora Percival parece que est trastornada. Creo que abriga
temores de que la haya sucedido alguna cosa.

Sin pronunciar ni escuchar una palabra ms, baj corriendo la ancha
escalera con su balaustrada de cristal, llam a la puerta de la pieza
que haba sido reservada para la seora Percival, dime a conocer, y en
el acto fui recibido.

Apenas me vio la respetable y repulida viuda, se puso de pie y exclam
terriblemente angustiada:

--Oh, seor Greenwood, seor Greenwood! Qu podemos hacer? Cmo vamos
a tratar a esta gente detestable? La pobre Mabel sali esta maana y se
dirigi en el _brugham_ a la estacin Euston. All le entreg esta
carta a Peters, dirigida para usted, y luego despach el carruaje. Qu
significar todo esto?

Tom la misiva que me entregaba, y temblando la abr, encontrando,
escritas apresuradamente con lpiz sobre una hoja de papel de esquela,
estas pocas lneas:

Estimado seor Greenwood: Indudablemente le causar a usted inmensa
sorpresa saber que he abandonado para siempre mi casa. Bien s que
usted abriga por m tan alta consideracin y estima como yo por usted;
pero, como mi secreto al fin va a ser conocido, no puedo permanecer
haciendo acto de presencia y verme obligada a enfrentarme con usted, que
es de todos los hombres al que menos me atrevo a encarar.

Esa gente me perseguir hasta la muerte; por lo tanto, prefiero vivir
oculta lejos del alcance de sus burlas y de su venganza, antes que
quedarme para ser el blanco de sus desprecios y tengan as la
oportunidad de sealarme con su dedo burln y desdeoso.

El secreto de mi padre jams podr ser suyo, porque sus enemigos son
demasiado ingeniosos y astutos. Han tomado toda clase de precauciones
para tenerlo bien asegurado contra sus esfuerzos y empeos. De
consiguiente, le aconsejo, como verdadera amiga, que es intil trate de
luchar contra la tempestad. Todo es en vano!

Exponerme a la situacin es peor para m que la muerte! Crame que
slo la desesperacin ha podido arrastrarme a dar este paso, porque los
cobardes enemigos de mi padre y mos han triunfado.

Le pido al mismo tiempo olvide completamente que ha existido en el
mundo una persona del nombre de la desesperada, afligida e
infortunada--_Mabel Blair_.

Qued parado, con la carta abierta en la mano, manchada en lgrimas,
absolutamente mudo y desconsolado.




XXII

EL MISTERIO DE UNA AVENTURA NOCTURNA


--Exponerme a la situacin es peor para m que la muerte--deca en su
carta.--Qu podra significar eso?

La seora Percival adivin por la expresin de mi semblante la gravedad
de aquella carta, y, ponindose rpidamente de pie, acercose a m,
coloc su mano con cario sobre mi hombro, y me pregunt:

--Qu sucede, seor Greenwood, no puedo saberlo?

En contestacin le di la carta. La ley velozmente, y despus dej
escapar un grito de espanto, comprendiendo que la hija de Burton Blair
haba huido del hogar. Era evidente que ella le tema a Dawson,
habindose dejado dominar por la creencia aterradora de que su secreto,
sea lo que fuere, se hara pblico ahora, y haba huido, segn parece,
por no volver a encontrarse frente a frente conmigo. Pero por qu? De
qu naturaleza podra ser su secreto para que tanto la avergonzara y la
obligara a esconderse?

La seora Percival hizo llamar a Crump, el cochero, que haba llevado en
el _brugham_ a su joven ama hasta la estacin de Euston, y lo
interrog.

--La seorita Mabel orden el cup, seora, unos momentos antes de las
once--contest el hombre, saludando.--Llev su valija de cocodrilo,
pero, anoche despach por Carter Patterson un gran bal lleno de ropa
usada, as le dijo la seorita a su doncella. Yo la llev a Euston, all
baj y entr en la boletera. Me hizo esperar como cinco minutos,
apareciendo despus con un mozo de cordel que tom su valija, y luego
ella me entreg la carta dirigida al seor Greenwood para que se la
diera a usted, ordenndome que me retirara. Entonces me volv a casa,
seora.

--No hay duda, ha partido para el Norte--observ cuando Crump se retir
y la puerta se cerr detrs de l.--Casi parece que su huida hubiese
sido premeditada. Anoche mand su equipaje.

Pensaba en ese momento en el arrogante y atrevido caballerizo, en ese
impudente joven Hales, y cavilaba si sus renovadas amenazas no habran
conseguido que ella accediera a tener otra entrevista con l. Si eso era
as, entonces el peligro era terriblemente extraordinario.

--La debemos encontrar--dijo con toda resolucin la seora
Percival.--Ah!--suspir,--no s, realmente, lo que ir a suceder,
porque la casa est ahora en poder de este hombre odioso y de su hija, y
l es un tipo de lo ms grosero y mal educado. Se dirige a los
sirvientes con toda familiaridad, exactamente como si fuesen sus
iguales; y hace un momento que cumpliment a una de las mucamas por su
buena presencia! Esto es terrible, seor Greenwood, terrible--exclam la
viuda, inmensamente chocada.--Es la exhibicin ms vergonzosa de su
mala educacin! Yo no puedo permanecer ms tiempo aqu, ciertamente,
ahora que Mabel ha credo conveniente abandonar la casa sin siquiera
consultarme. Esta tarde vino lady Rainham, pero yo tuve que aparentar
que no estaba. Qu puedo decirles a las gentes en estas circunstancias
tan angustiosas?

Comprend cun escandalizada estaba la estimable compaera de Mabel,
porque era una viuda sumamente estricta, cuya misma existencia dependa
de la etiqueta rigurosa y de las tradiciones de su honorable familia.
Cordial y afable con sus iguales, era, sin embargo, muy fra e
inflexible con sus inferiores teniendo el hbito de mirarlos a travs de
sus anteojos cuadrados de arcos de oro, y examinarlos como si hubiesen
sido extraos seres de diferente carne y sangre. Era esta ltima
idiosincrasia lo que siempre molestaba a Mabel, la cual profesaba esa
creencia, tan femenina, de que uno debe ser bondadoso con los inferiores
y slo fro y duro con los enemigos. Sin embargo, bajo el ala protectora
y la altiva tutora de la seora Percival, Mabel haba penetrado en el
mejor y ms elegante crculo social, cuyas puertas estn siempre
abiertas para la hija del millonario, y haba dejado bien sentada su
reputacin como una de las debutantes ms encantadoras de su _season_.

Cmo ha cambiado la sociedad en estos ltimos diez aos! En la
actualidad, la llave de oro es el brete ssamo de las puertas de la
sangre ms azul de Inglaterra.

Ya no existen los viejos crculos exclusivistas, o, si hay algunos, han
quedado obscurecidos y no tienen importancia. Las damas asisten a los
salones-conciertos y se jactan de concurrir a los clubs nocturnos. Las
comidas en los restaurants, que antes eran consideradas como un motivo
de rebajamiento, son hoy un gran atractivo. Hace una generacin que una
dama de alta alcurnia objetaba razonablemente diciendo que no saba al
lado de quin poda sentarse; pero, en la actualidad, como suceda en el
teatro antes de la poca de Garrick, la fama poco honorable de una parte
de los concurrentes constituye un incentivo. Cuanto ms flagrante es el
escndalo respecto a alguna impropiedad bien dorada, mayor es el
aliciente de comer en su compaa, y, si es posible, a su lado. Tal es
hoy la tendencia y el modo de ser de la sociedad de Londres!

Por espacio de un cuarto de hora, mientras Reginaldo estaba ocupado con
los Dawson, _pre et fille_, permanec en consulta con la viuda,
tratando de ver si consegua algn indicio sobre el paradero de Mabel.
La seora Percival pensaba que, ms pronto de lo que creamos, nos hara
saber dnde estaba oculta; pero yo, conociendo tan bien la firmeza de su
carcter, no participaba de su opinin. Su carta era la de una mujer que
haba tomado una resolucin y estaba dispuesta a sostenerla, costara lo
que costara. Tema enfrentarse conmigo, y por esa razn, no hay duda,
ocultara su resistencia. En casa de Cottus tena a su nombre cuenta
separada, as es que por falta de fondos no se vera obligada a revelar
su actual paradero.

Ford, el secretario del muerto, hombre joven, como de treinta aos,
alto, atltico, completamente afeitado, asom la cabeza, pero como nos
encontrara conversando, se retir en el acto. La seora Percival ya lo
haba interrogado, pero ignoraba completamente para dnde haba partido
Mabel.

El tal Dawson haba usurpado en la casa la posicin de Ford, y este
ltimo, lleno de resentimiento, estaba en constante acecho de sus actos
y movimientos y dominado de los mayores recelos, como todos lo
estbamos.

Reginaldo vino por fin a reunirse conmigo, y entr exclamando: Este
hombre es un tipo de lo ms original que puede darse, por no decir otra
cosa. Conque a m me ha invitado a tomar whisky con soda... en la casa
de Blair! Considera la huida de Mabel como una broma, habla de ella en
tono de chanza, asegurando que pronto estar de vuelta, pues no puede
permanecer mucho tiempo ausente, y que l la har volver en el momento
que lo quiera o que necesite su presencia aqu. En una palabra, habla
ese tipo como si Mabel fuera de cera en sus manos, y l pudiera hacer lo
que le plazca con ella.

--Financieramente la puede arruinar, eso es cierto--observ
suspirando.--Pero lee esto, viejo--y le di la extraa carta de Mabel.

--Buen Dios!--tartamude cuando la hubo ledo,--tiene un terror mortal
a esta gente, no puede dudarse. Para escapar de ellos y de ti, ha
huido... a Liverpool, para luego embarcarse con rumbo a Amrica, quiz.
Recuerda que en su niez ha viajado mucho, y, por lo tanto, conoce las
rutas.

--La debemos encontrar, Reginaldo--declar decisivamente.

--Pero lo peor es que ha resuelto dar este paso por escapar de ti--me
contest.--Parece que tiene alguna razn poderosa para proceder as.

--Razn que slo ella conoce--observ con melancola.--Es, ciertamente,
un contratiempo que Mabel haya desaparecido, por su propia voluntad, de
esta manera, justamente cuando habamos conseguido conocer con exactitud
el secreto del Cardenal, origen de la fortuna de Blair. Recuerda todo lo
que tenemos en juego y arriesgamos. No conocemos quines son nuestros
amigos o nuestros enemigos. Tenemos que ir los dos a Italia y descubrir
el punto indicado en ese registro cifrado, porque, si no lo hacemos,
otros se anticiparn, y puede ser que lleguemos demasiado tarde.

Convino conmigo en que, pertenecindome el secreto por haberme sido
legado, deba dar inmediatamente los pasos necesarios para hacer valer
mis derechos. No pudimos dejar de comprender que Dawson, como socio de
Blair y partcipe de su enorme riqueza, deba conocer muy bien el
secreto y haber dado ya los pasos convenientes para ocultarme a m, su
legtimo dueo, la verdad. Haba que tenerlo muy en cuenta, pues era un
hombre siniestro, poseedor de la astucia ms insidiosa y del ingenio ms
diablico en el arte de los subterfugios. Los informes recogidos en
todas partes sobre l, demostraban que ste era su carcter. Posea esa
manera tranquila y fra del hombre que ha vivido a fuerza de aguzar su
ingenio, y en este asunto pareca que su ingeniosidad, aguzada an ms
por su vida aventurera, iba a tener que enfrentarse y luchar con la ma.

La inesperada resolucin y repentina desaparicin de Mabel eran de
enloquecer, y el misterio de su carta, inescrutable. Si, en realidad,
tema que pudiera ser revelado algn hecho vergonzoso y desagradable,
deba haber tenido suficiente confianza en m y haberme hecho su
confidente. Yo la amaba, aun cuando jams le haba declarado mi pasin;
por consiguiente, ignorando la realidad, ella me haba tratado como
amigo sincero, segn haba sido mi deseo. Sin embargo, por qu no haba
buscado mi ayuda? Las mujeres son seres tan extraos, despus de
todo!--reflexionaba yo.--Tal vez amaba a ese rstico hombre!

Pas una semana ansiosa, febril, y Mabel no daba seales de vida. Una
noche dej a Reginaldo en el Devonshire, a eso de las once y media, y me
encamin a travs de las calles hmedas y nebulosas de Londres hasta que
llegu adonde el bullicio del trfico cesaba, los coches arrastrbanse
lentamente y slo pasaban de cuando en cuando, y las hmedas y fangosas
calzadas y aceras quedaron a disposicin del polica y del pobre y
tembloroso vagabundo sin hogar.

En medio de la densa neblina anduve embargado en profunda meditacin, y
cada vez ms y ms preocupado por aquel notable encadenamiento de
circunstancias que hora por hora pareca enredarse ms.

Haba caminado siempre adelante, sin parar ni ocuparme en qu direccin
me llevaban mis pies, pasando a lo largo de Knightsbridge, orillando el
Parque y los jardines de Kensington, y cruzaba en ese momento la esquina
del camino de Earl's Court, cuando una feliz circunstancia me despert
de mi profundo sueo, y por la primera vez tuve conocimiento de que era
seguido. S, senta distintamente pasos detrs de m, que se apresuraban
cuando yo me apresuraba, y aflojaban cuando yo aflojaba. Cruc el
camino, y delante de la elevada y larga muralla del Holland Park, me
par y di vuelta.

Mi perseguidor avanz unos pocos pasos, pero se detuvo sbitamente, y
slo pude distinguir, a la luz del dbil farol que penetraba a travs de
la neblina londinense, una figura alta y descompuesta por la niebla
enceguecedora.

Sin embargo, no fue bastante densa para impedirme encontrar mi camino,
porque conoca muy bien esa parte de Londres. No era muy agradable,
ciertamente, verse seguido con tanta persistencia a semejante hora.
Sospech que algn vagabundo o ladrn que haba pasado junto a m, haba
notado mi distraccin y olvido de lo que me rodeaba, y se haba vuelto
para seguirme con mala intencin.

Segu de nuevo adelante, sin retroceder, pero apenas lo hice, sent los
pasos ligeros y suaves, como un eco de los mos, que furtivamente
resonaban detrs de m. Haba odo contar curiosas historias sobre
locos que rondan de noche las calles de Londres y siguen, sin objeto, a
los transentes, siendo sta una de las diferentes clases de insanidad
bien conocida por los alienistas.

De nuevo cruc el camino, pas a travs de la plaza Edwarde, volviendo
as sobre mis pasos, y tom en direccin a la calle High, pero el
misterioso individuo me segua con igual persistencia. Confieso que
experiment cierta inquietud, vindome en medio de esa espesa neblina,
que en esa parte habase puesto tan densa hasta el grado de obscurecer
completamente los faroles.

De pronto, al dar vuelta a la esquina para penetrar en los jardines de
Lexham, en un punto donde la neblina haba cubierto todo con su negro
manto, sent que alguien me asaltaba repentinamente, y, al mismo tiempo,
una aguda sensacin penetrante detrs del hombro derecho.

El ataque fue tan recio, que lanc un grito, dndome vuelta en el acto
para enfrentarme con mi asaltante, pero tan gil haba sido ste, que
antes que pudiera hacerlo, me esquiv el cuerpo y huy.

O sus pasos al retroceder corriendo por el camino de Earl's Court, y
entonces grit llamando a la polica. Pero nadie me respondi. El dolor
de mi hombro se haca a cada momento ms incmodo y mortificante. El
desconocido me haba herido con un cuchillo, y la sangre brotaba, porque
la senta, hmeda y pegajosa, caer sobre mi mano.

Volv a gritar: Polica, polica! hasta que, por fin, o una voz que me
respondi en medio de la neblina y me encamin en su direccin. Despus
de algunos otros gritos descubr al vigilante y le refer mi extraa
aventura.

Acerc a mi espalda su linterna sorda y exclam:

--Es indudable, seor; le han dado una pualada! Qu clase de hombre
era?

--No lo pude ver bien ninguna vez--fue mi torpe contestacin.--Se
mantuvo siempre a buena distancia, y nicamente se aproxim en un punto
demasiado obscuro para poder distinguir sus facciones.

--No he visto a nadie, a excepcin de un clrigo que encontr hace un
momento por el camino de Earl's Court; por lo menos, si no era clrigo,
vi que llevaba un sombrero de anchas alas parecido a los que stos usan.
Pero no pude verle la cara.

--Un clrigo!--exclam tartamudeando.--Cree usted que podr haber sido
algn sacerdote catlico?--porque mis pensamientos se haban concentrado
en ese instante en fray Antonio, que era, evidentemente, el guardin del
secreto del Cardenal.

--Ah! no puedo afirmarlo. No pude ver sus facciones. Slo not su
sombrero.

--Me siento muy dbil--le dije, al apoderarse de m un fuerte
desvanecimiento y languidez.--Deseara que me trajera un coche. Piense
que lo mejor que puedo hacer es irme directamente a mi casa, que est en
la calle Great Russell.

--Es un viaje muy largo. No sera ms conveniente que fuera primero al
Hospital West London?--indic el vigilante.

--No--repliqu decidido.--Quiero irme a casa y llamar a mi mdico.

Luego, me sent en el umbral de una puerta que quedaba al terminar los
jardines de Lexham y esper la llegada del vehculo, pues el vigilante
haba ido al camino Old Brompton en busca de un _hanson_.

--Haba sido atacado por algn manitico homicida que me haba seguido
todo el trayecto andado, o difcilmente haba escapado de ser vctima de
un infame asesinato? Tales eran mis cavilaciones mientras permaneca
all sentado aguardando. La ltima suposicin era, para m,
decididamente, la ms factible. Exista una razn poderosa para que se
deseara mi muerte. Blair me haba legado el gran secreto y yo acababa de
conseguir descifrar el enigma que encerraban las cartas.

Este hecho deba haber llegado, probablemente, a conocimiento de
nuestros enemigos; de ah este cobarde atentado contra mi vida.

Sin embargo, semejante contingencia era aterradora, porque, si realmente
era sabido que haba descifrado el registro, entonces nuestros enemigos
daran, ciertamente, todos los pasos necesarios en Italia para impedir
que descubriramos el secreto que yaca en ese punto de las orillas del
tortuoso, agreste y desierto ro Serchio.

Al fin lleg el _hanson_, y, deslizando una buena propina en la mano del
polica, entr en aqul y partimos, lentamente, a travs de la niebla,
casi al paso, tal era la dificultad de poder marchar. Haba colocado
sobre el lado derecho de la espalda mi bufanda de seda, para restaar la
sangre que manaba de mi herida.

Tan pronto casi como penetr en el _hanson_ sent fuertes vahdos y una
extraa sensacin de entorpecimiento que me suba por las piernas. Al
mismo tiempo se apoder de m una curiosa repugnancia, y, aun cuando
felizmente pude detener el derrame de sangre, lo que tenda a demostrar
que la herida no era, despus de todo, tan seria, mis manos empezaron a
encogerse de una manera extraa, a la vez que mis carrillos se vieron
atacados de un dolor peculiar, muy semejante al que se sufre cuando
empieza un ataque de neuralgia.

Me senta terriblemente enfermo y sin fuerzas. El cochero, que haba
sido informado de mi herida por el vigilante, abri la puertecita de la
cubierta para preguntarme cmo estaba, pero yo apenas pude articular
unas pocas palabras. Si la herida era slo superficial, ciertamente el
efecto que produca en m era extrao.

De las muchas luces nebulosas que vi en la esquina de Hyde Park, tengo
un recuerdo claro; pero despus de eso mis sentidos parecieron quedar
atontados por la neblina y por el dolor que sufra, y no recuerdo nada
ms de lo que sucedi, hasta que de nuevo abr penosamente los ojos y me
encontr en mi cama, brillando a travs de la ventana la hermosa luz del
da, y vi a mi lado a Reginaldo y a nuestro antiguo amigo Toms Walker,
cirujano de la calle Reina Ana, de pie, observndome con profunda
gravedad, que en aquel momento me pareci humorstica.

Sin embargo, debo confesar que haba muy poca gracia en la situacin.




XXIII

QUE ES EN MUCHOS CONCEPTOS ASOMBROSO


Walker estaba confundido, verdaderamente confundido. Mientras haba
estado yo inconsciente, l me haba curado la herida, despus de haberla
examinado, supongo, e inyectado varios antispticos. Haba mandado
llamar tambin, para consultar, a sir Carlos Hoare, el muy distinguido
cirujano del Hospital de Charing Cross, y ambos haban estado
grandemente confundidos en presencia de mis sntomas.

Cuando, una hora despus, me sent suficientemente fuerte para poder
hablar, Walker me tom la mueca y me pregunt lo que me haba sucedido.

Despus que le hube explicado, todo lo mejor que pude, me dijo:

--Lo nico que puedo decirle, mi querido amigo, es que ha estado tan
cerca de la muerte como ninguna otra persona que yo haya asistido. Ha
sido el suyo un caso de los ms expuestos que pueden darse. Cuando
Seton me llam la primera vez y lo vi, cre que todo haba terminado. Su
herida es bien pequea, ms bien dicho, superficial, y, sin embargo, su
estado de decaimiento y postracin ha sido de los ms extraordinarios;
adems, hay ciertos sntomas tan misteriosos, que a sir Carlos y a m
nos han llenado de confusin.

--Qu arma ha usado ese hombre? No ha sido un pual comn, ciertamente.
Ha sido, no hay duda, una daga de hoja larga y delgada, un estilete, muy
probablemente. He encontrado en la parte exterior de la herida, sobre la
tela de su sobretodo, algo as como grasa, o, ms bien dicho, gordura
animal. Voy a hacer analizar un poco, y sabe lo que espero encontrar en
ella?

--No; qu?

--Veneno--fue su contestacin.--Sir Carlos est conforme con mi
suposicin de que usted ha sido herido con uno de esos pequeos y
antiguos puales con hojas perforadas, que tanto se usaron en Italia
durante el siglo XV.

--En Italia!--grit, despertando en m al solo nombre de ese pas la
sospecha de que el atentado deba haber sido cometido por Dawson o por
su ntimo amigo, el monje de Lucca.

--S; sir Carlos, que, como probablemente usted lo sabe, posee una gran
coleccin de armas antiguas, me ha dicho que en la Florencia medioeval
acostumbraban impregnar la gordura animal con algn veneno muy poderoso
y luego frotaban con esa mezcla la hoja perforada. Al herir a la vctima
y retirar despus el arma de la herida, quedaba en su seno una parte de
la materia grasa envenenada, la cual produca un resultado fatal.

--Pero usted, ciertamente, no anticipa que estoy envenenado--exclam
tartamudeando.

--Est envenenado, no hay duda. Su herida no corresponde a su prolongada
insensibilidad ni tampoco a esas extraas y lvidas manchas que tiene en
el cuerpo. Mire el revs de sus manos!

Hice lo que me deca y me qued horrorizado de encontrar en las dos unas
manchas pequeas, obscuras, color cobre, que se extendan tambin por
las muecas y los brazos.

--No se alarme mucho, Greenwood--ri el amable y buen doctor;--ya he
conseguido dar vuelta a la peligrosa curva, y todava no le ha llegado
el tiempo de morirse. La escapada ha sido casi un milagro, porque el
arma era de lo ms mortfero que pueda imaginarse; pero, felizmente,
llevaba usted puesto un grueso sobretodo, adems de otras piezas de ropa
pesadas, todas las cuales le chuparon la mayor parte de la sustancia
venenosa antes de que pudiese penetrar a la carne. Y le aseguro que ha
sido una suerte para usted, porque, si este ataque hubiese tenido lugar
en verano, cuando las ropas son ligeras, no habra habido la menor
esperanza de salvacin.

--Pero quin ha sido el autor de este atentado?--exclam, enloquecido,
con mis ojos clavados en esas feas manchas que cubran mi piel, prueba
evidente de que dentro de mi naturaleza se haba introducido un veneno
terrible.

--Alguien que le tendr un odio implacable, me imagino--ri el
cirujano, que era mi amigo desde haca varios aos y que tena por
costumbre asistir algunas veces a las partidas de caza con los
Fitzwilliams.--Pero, vamos, viejo compaero, algrese; uno o dos das
tendr que pasar con leche y caldo, dejar curarse la herida y permanecer
muy tranquilo. Ya ver cmo pronto vuelve a recuperar su salud.

--Todo eso est muy bueno--respond impacientemente,--pero yo tena un
mundo de cosas que hacer, y algunos asuntos privados que atender.

--Tendr que dejarlos descansar por un da o dos, ciertamente.

--S--insisti Reginaldo;--debes estar tranquilo, Gilberto. Estoy
demasiado contento de que no haya sido tan grave como al principio
cremos. Cuando el cochero te trajo a casa y Glave corri a buscar a
Walker, yo me imagin que moriras antes de que llegase. No senta
palpitar tu corazn, y estabas completamente helado.

--No adivino quin puede ser el infame que me ha herido!--grit.--Por
Jacob! que si lo pillo, me parece que all mismo le retuerzo su precioso
cuello.

--Con qu fin te incomodas, cuando pronto vas a mejorar?--pregunt
Reginaldo filosficamente.

Pero yo permanec callado, reflexionando en la opinin de sir Carlos
Hoare, de que la daga empleada para el crimen frustrado, haba sido una
vieja arma florentina, envenenada. Este mismo hecho me haca sospechar
que el cobarde atentado llevado contra mi persona, haba sido obra de
mis enemigos.

Nosotros, por cierto, no le dijimos nada a Walker sobre nuestra curiosa
investigacin, porque considerbamos en ese momento que el asunto era
estrictamente confidencial. El hablaba de mi herida de un modo jocoso,
declarando que muy pronto recuperara mi salud, si es que tena un poco
de paciencia.

Despus que se retir, poco antes de medioda, Reginaldo se sent al
lado de mi cama, y gravemente nos pusimos a discutir la situacin. Las
dos cuestiones ms apremiantes en ese momento eran, primero, descubrir
el paradero de mi bien amada, y, segundo, ir a Italia a investigar el
secreto del Cardenal.

Los das iban transcurriendo pesados, largos y cansados, das sombros
de principios de primavera, durante los cuales me revolva en la cama,
impaciente, desesperado e impotente. Ansiaba poderme levantar y actuar
con actividad, pero Walker me lo prohiba. En cambio me traa libros y
diarios, y ordenaba tranquilidad y absoluto descanso.

Aunque Reginaldo y yo tenamos siempre nuestro pequeo pabelln de caza
en Helpstone, despus de la muerte de Blair no habamos ido ni una sola
vez. Adems, aquella estacin haba sido de extraordinario movimiento en
el comercio de encajes, y Reginaldo pareca ms esclavo que nunca de su
casa de negocio.

Por consiguiente, permaneca solo la mayor parte del da, teniendo a
Glave para que cuidase y supliese mis necesidades. De cuando en cuando
venan a verme algunos amigos, conversando y fumando un rato conmigo.

As pas el mes de marzo, siendo mi convalecencia mucho ms lenta de lo
que Walker haba pensado al principio. En el anlisis se haba
descubierto un daossimo veneno irritante mezclado con la grasa, y
parece que mi naturaleza haba absorbido ms de lo que en un principio
se crey, de aqu mi tardo restablecimiento.

La seora Percival, que, debido a nuestro insistente consejo, todava
resida en la mansin de la plaza Grosvenor, me visitaba algunas veces,
trayndome frutas y flores de los invernculos de Mayvill, pero nada
saba sobre Mabel. Esta ltima haba desaparecido tan completamente como
si la tierra se hubiera abierto y tragdola. Deseaba con ansia abandonar
la casa de Blair, ahora que estaba ocupada por los usurpadores, pero
nosotros la habamos llenado de halagos, con el fin de que permaneciese
y pudiese moderar algo los actos de Dawson y su hija. A Ford le haban
causado tanta exasperacin las maneras de aquel hombre, que, al quinto
da del nuevo _rgimen_, haba protestado, lo cual dio por resultado que
Dawson, tranquilamente, colocara dentro de un sobre el importe de un ao
de sueldo, y en el acto lo dispensara de sus servicios para en adelante,
cosa que haba tenido intencin de hacer desde un principio, no hay
duda.

Sin embargo, el exsecretario privado nos ayudaba, y en ese momento
estaba empeado en hacer toda clase de averiguaciones para cerciorarse
dnde estaba su joven ama.

--La casa est completamente al revs, todo en ella est
trastornado--declar un da la seora Percival, mientras me
visitaba.--Los sirvientes se hallan rebelados, y la pobre Noble, el ama
de llaves, pasa, le aseguro, por momentos terribles. Carter y ocho
sirvientes ms le han notificado ayer que se retiran de la casa. Este
tal Dawson es el tipo ms acabado de la mala educacin y psimos
modales; sin embargo, le he alcanzado a or que le deca a su hija, hace
dos das, que estaba pensando seriamente en manifestarse a favor de la
reforma y entrar en el Parlamento. Ah! qu dira la pobre Mabel si
supiese semejante cosa? La hija, Dolly, como l la llama, esa muchacha
vulgar, se ha establecido en el _boudoir_ de Mabel, y est por hacerle
renovar la decoracin, pues quiere que sea de color amarillo, para que
venga bien a su tez, segn creo. Dado lo que dice el seor Leighton,
parece que la fortuna del pobre seor Blair debe pasar enteramente a ser
manejada por este individuo.

--Es una vergenza, una abominable vergenza!--grit
encolerizado.--Sabemos que este hombre es un aventurero, y, sin embargo,
somos completamente impotentes para poder proceder--aad con amargura.

--Pobre Mabel!--suspir la viuda, que realmente era muy apegada a
ella.--Sabe, seor Greenwood--dijo, con un inesperado tono de
confianza,--que ms de una vez, despus de la muerte de su padre, he
pensado que ella est en posesin de la verdad; que conoce la razn de
este extrao lazo de amistad que una al seor Blair con este hombre sin
conciencia, a quien tanto poder sobre ella y su fortuna le ha sido
otorgado. Muchas confesiones reservadas me ha hecho, y creo que, si
ahora quisiera manifestarnos la realidad, podramos vernos libres de
este demonio. Por qu no lo hace... para salvarse?

--Porque actualmente le teme--contest en voz dura, desesperado.--Posee
cierto secreto que la hace vivir en constante terror. Ese es el motivo,
creo yo, de su sbita desaparicin y del abandono de su propio hogar. Ha
dejado a ese hombre en posesin completa e incontestable de todo.

No haba olvidado la arrogancia y la confianza en s mismo, de que haba
hecho gala esa noche que por primera vez fue a vernos.

--Pero, seor Greenwood, tendr usted, ahora, la bondad de disculparme
por lo que voy a decirle?--pregunt la seora Percival, despus de una
breve pausa y mirndome fijamente a la cara.--Tal vez no tenga derecho
de mezclarme de este modo en sus asuntos ms ntimos, pero confo que
usted me perdonar cuando reflexione que si me atrevo a hacerlo, es por
ella, por esa pobre nia.

--Y bien!--exclam, algo sorprendido de su inesperado cambio.
Generalmente era en extremo altiva y fra, crtica terrible que tena en
la punta de los dedos los nombres de las primas, tas y sobrinos de todo
el mundo.

--La verdad es sta--prosigui.--Usted podra inducirla a que nos
manifestase la realidad, tal es mi creencia, porque es la nica persona
que tiene alguna influencia sobre ella ahora que su padre no existe, y,
permtame que se lo diga, tengo razones para saber que ella siente por
usted una estimacin muy grande.

--S--observ, no pudiendo contener un suspiro,--somos amigos... buenos
amigos.

--Ms que eso--declar la seora Percival.--Mabel lo ama a usted.

--Me ama!--grit, dando un salto y sostenindome sobre un codo.--No,
pienso que debe estar usted en error. Ella me considera ms bien como un
hermano que como un amante, y ha aprendido, segn creo, desde el primer
da que nos conocimos en tan romnticas condiciones, a mirarme como una
especie de protector.--No--aad, moviendo la cabeza,--existen ciertos
obstculos que deben impedirle poder amarme, la diferencia de nuestras
edades, de posicin y todo lo dems.

--Ah! est usted completamente equivocado--exclam la viuda, con toda
franqueza.--Su padre le dej a usted su secreto, segn tuve ocasin de
saber, para que sacase todo el mayor provecho posible, como l lo haba
hecho, y porque adivinaba la direccin que iba tomando el camino de
Mabel.

--Cmo sabe usted esto, seora Percival?--la pregunt, medio inclinado
a dudar de ella.

--Porque el seor Blair, antes de hacer su testamento, se confi en m y
me pregunt con franqueza si alguna vez su hija me haba hablado de
usted de alguna manera significativa que me hubiese hecho sospechar
algo. Le confes la verdad de lo que al respecto saba, exactamente
como acabo de referrselo a usted. Mabel lo ama... Lo ama tiernamente.

--Entonces le debo a usted en gran parte el que el pobre Blair me haya
legado su secreto--observ, aadiendo algunas palabras de agradecimiento
y embargndome luego en profunda meditacin sobre lo que acababa de
revelarme.

--No hice ms que cumplir con mi deber para con ambos ustedes--fue su
respuesta.--Ella lo ama, como ya se lo he dicho, y, por lo tanto, estoy
convencida de que con poca persuasin usted podra conseguir que nos
dijese la verdad respecto a Dawson. Ella ha huido, es cierto, pero ms
por temor de lo que pueda usted pensar de ella cuando su secreto se
divulgue, que por horror a este hombre. Recuerde--aadi,--que Mabel lo
ama apasionadamente, como muchas veces me lo ha confesado, pero por
alguna razn extraordinaria, que permanece siendo un misterio, ella se
esfuerza en reprimir su cario. Teme, creo yo, que de su parte slo haya
amistad, que sea usted un soltero decidido, demasiado recalcitrante,
para que pueda abrigar por ella ningn pensamiento de cario.

--Oh, seora Percival!--exclam, dominado por un sbito estallido de
pasin--le aseguro... le confieso que siempre he amado a Mabel... que
ahora la amo tierna, apasionadamente, con todo ese vehemente ardor que
un hombre slo siente una vez en su vida. Ella me ha juzgado mal. He
sido yo el culpable, porque he estado ciego, he procedido neciamente y
jams he ledo el secreto de su corazn.

--Entonces es preciso que ella sepa esto inmediatamente--contest llena
de simpata la respetable seora.--Debemos, cueste lo que cueste,
encontrarla, y decirle todo. S, hay que tener una reunin, y ella, por
su parte, debe confesarle a usted sus sentimientos. S muy bien cun
profundamente lo ama--aadi,--s cunto lo admira y cmo, en la soledad
de su habitacin, ha llorado muchas veces amarga y largamente, porque
crea que era usted indiferente y ciego a la ardiente pasin de su
noble, sincero e inocente corazn.

--Pero cmo era posible hacer eso ahora? El paradero de mi bien amada
era un misterio para todos nosotros, nadie lo conoca. Haba
desaparecido completamente, con el objeto de eludir la terrible
revelacin que tanto horror le causaba y que ella tema ver divulgada de
un momento a otro.

Mientras yo segua dbil e imposibilitado, Ford y Reginaldo en los das
subsiguientes se ocuparon con toda actividad de sus investigaciones,
pero todo fue en vano. Apel a Leighton, el abogado, y le ped su
opinin, pero lo nico que se le ocurri fue insertar avisos; sin
embargo, ambos estuvimos conformes en que ese medio no era conveniente
ni adaptable para ella.

Aun cuando pueda parecer extraa, Dorotea Dawson, o Dolly, como la
llamaba su padre, la joven de cara morena, manifestaba tambin la ms
viva ansiedad por Mabel. Su madre haba sido italiana, y ella hablaba el
ingls con un leve acento extranjero, como que haba vivido siempre en
Italia, segn deca. Vino a visitarme una vez, para expresarme su
sentimiento por mi enfermedad. Su aparente aspecto vulgar se deba
nicamente a su nacionalidad mixta, y aun cuando era una joven muy
astuta, que posea toda la sutil perspicacia del italiano, Reginaldo
haba descubierto que era una compaera viva y entretenida.

Sin embargo, todos mis pensamientos estaban concentrados en un dulce
amor perdido, y en ese arrogante y vulgar individuo que, con sus
amenazas y desprecios, la tena sometida a su irresistible y oculto
poder.

Por qu haba huido aterrorizada de m? Por qu se haba cometido ese
cobarde e ingenioso atentado contra mi vida?

Haba resuelto el secreto del enigma cifrado slo para hundirme ms
profundamente todava en un hondo abismo de dudas, desesperacin y
misterio, pues lo que me reservaba el libro cerrado del porvenir era,
como lo vern ustedes, enloquecedor y pasmoso.

Cuando la luz se hizo, result la realidad de una manera terrible, dura
e incontestable, pero, sin embargo, fue tan asombrosa y extraa, que la
fe en ella vacil y la duda pareci ocupar su lugar.




XXIV

TERRIBLE REVELACIN


Transcurrieron varias semanas tristes y pesadas antes que me sintiese
suficientemente mejorado para salir, y al fin, acompaado por Reginaldo,
hice mi primer paseo en coche.

Estbamos a mediados de abril, el tiempo era todava bastante fro, y el
brillante mundo londinense no haba vuelto an de pasar el invierno en
Monte Carlo, Cairo o Roma.

Cada ao la sociedad se convierte en golondrina, volando hacia el Sud en
el primer da fro de otoo, para volver ms tarde a la ciudad, y cada
_season_ de Londres parece ms prolongada que la anterior.

Por Piccadilly nos encaminamos a la esquina de Hyde Park, y luego, dando
vueltas a Constitution Hill, tomamos por la Pall Mall. Una vez aqu,
apoderose de m el vehemente deseo de descansar un rato y gozar del aire
de St. James Park; por lo tanto bajamos del coche, pagamos el pasaje al
conductor, y apoyado en el brazo de Reginaldo, lentamente emprendimos
la marcha por las enarenadas sendas del paseo hasta que encontramos un
asiento conveniente.

El esplendor y la belleza de St. James Park, aun en un da de abril,
constituyen siempre un goce para los verdaderos londinenses. Muchas
veces me he asombrado de ver qu poca gente aprovecha de sus ventajas.
Los maravillosos rboles, el delicioso lago con su sbana de agua
plateada, todos los encantos y bellezas de los paisajes rurales
ingleses, y luego esa sensacin que se experimenta al darse cuenta de
que lo rodean los grandes palacios, departamentos y oficinas del
gobierno de nuestro gran imperio; o, en otras palabras, ese silencio de
que se goza en su seno entremezclado con la vida exterior febril y
tumultuosa, hacen que el parque de St. James sea uno de los ms
encantadores retiros de Inglaterra.

Reginaldo y yo nos repetimos varias veces esto mismo, y despus, bajo la
deliciosa influencia de aquel medio ambiente, lleg el momento de las
reflexiones y reminiscencias, hasta que por ltimo se sucedieron esos
grandes silencios que se producen entre los amigos, y que son los
mejores smbolos de su completa armona de sentimiento e ideas.

Mientras permanecamos sentados meditando, advert que estbamos
justamente en el punto por donde es ms seguro ver pasar, a esa hora, a
las figuras polticas ms prominentes del da, ya para sus diferentes
oficinas, o ya en camino al parlamento, donde iba a abrirse la sesin.
En rpida sucesin pasaron hacia la puerta Storey un ministro del
gabinete, dos pares del partido liberal, un conservador y un
subsecretario.

Reginaldo, que tanto inters tomaba en la poltica, y a menudo haba
ocupado un asiento en la galera de las cmaras, me mostraba los
polticos que iban pasando; pero mis pensamientos estaban en otra parte,
haban volado hacia donde se hallaba mi amor perdido. Ahora que la
seora Percival me haba revelado cules eran los verdaderos
sentimientos de Mabel, comprenda qu necio haba sido en tratar de
fingir indiferencia hacia ella, aparentando todo lo contrario de lo que
en realidad exista en mi corazn. Haba sido un gran tonto, y lo estaba
pagando cruelmente.

Durante las semanas que haba estado confinado en mi dormitorio, haba
conseguido hacerme de un buen nmero de libros, y descubierto ciertos
hechos y datos concernientes al difunto cardenal que en cambio de su
libertad haba tenido que revelar su secreto.

Andrea Sannini, segn parece, era natural de Perugia, lleg a arzobispo
de Bolonia, y luego se le otorg el capelo cardenalicio. Po IX, de
quien era gran favorito, lo design para varias misiones delicadas ante
diferentes potencias, y como demostr en su calidad de diplomtico
poseer una notable penetracin y viveza, el Papa lo hizo tesorero
general, como tambin director de los museos y galeras de fama
universal del Vaticano. Fue una de las figuras ms distinguidas y
poderosas del Colegio de cardenales, segn parece, y con motivo de la
entrada de las tropas italianas en la Ciudad eterna el ao 1870,
adquiri una extraordinaria prominencia por la parte que tom en ella. A
la muerte de Po IX, ocho aos despus, se crey que sera designado
como su sucesor, pero la eleccin recay en su colega, el cardenal
Pecci, que pas a ser el Papa Len XIII.

Estaba preocupado en todos estos datos que haba conseguido despus de
muchsimo trabajo y pesada lectura, cuando Reginaldo exclam de pronto,
en voz baja:

--Mira, all viene la hija de Dawson acompaada por un hombre!

Mir rpidamente en la direccin indicada y vi, cruzando el puente que
atraviesa el lago y aproximndose hacia donde nosotros estbamos, una
figura de mujer bien vestida, con una chaqueta elegante de pieles y una
preciosa cofia, y a su lado un hombre alto y delgado, de traje negro.

Dolly Dawson caminaba tranquilamente, conversando y riendo, mientras l
de cuando en cuando se inclinaba a su odo y le haca algunas
observaciones. Al levantar la cabeza y extender la mirada a travs del
lago, vi asomar sobre su sobretodo un cuello clerical y un pedacito de
tela prpura. Aquel hombre era evidentemente algn cannigo u otra
dignidad de la iglesia catlica.

Sera como de unos cincuenta y cinco aos, de cabellos grises, bien
afeitado y llevaba puesto un sombrero de copa de una forma algo
eclesistica; era en conjunto un hombre de aspecto ms bien agradable, a
pesar de sus delgados labios sensitivos y de su cara de una palidez
asctica.

En el acto se me ocurri que deban haberse reunido clandestinamente y
andaban por all para evitar que en la calle los pudieran reconocer. El
sacerdote pareca tratarla con estudiada cortesa, y not sus ligeras
gesticulaciones al hablar, lo cual me hizo creer que era extranjero.

Le transmit mi pensamiento a Reginaldo, y ste me contest:

--Hay que vigilarlos, viejo. No nos deben ver aqu. Deseara que se
dirigiesen por el lado contrario.

Los seguimos con la vista durante un momento, temerosos de que, habiendo
cruzado el puente, se dieran vuelta hacia donde nosotros estbamos, pero
felizmente no lo hicieron, pues tomaron a la derecha costeando la orilla
del lago.

--Si ese sacerdote es italiano, entonces debe haber venido expresamente
de Italia para entrevistarse con ella--observ.--Porque desde el momento
que haba hablado con fray Antonio, pareca existir una curiosa conexin
entre el secreto del cardenal fallecido y la iglesia de Roma.

--Es preciso averigemos y sepamos lo que hay de verdad--observ
Reginaldo.--Pero t no debes permanecer ms tiempo aqu. Se est
poniendo demasiado fro para ti--aadi, ponindose de pie de un
salto.--Mientras t te vuelves a casa, yo los seguir.

--No--le dije.--Caminar un poco contigo. Estoy interesado en este
juego,--y levantndome tambin, introduje mi brazo en el suyo y emprend
la marcha apoyado en mi bastn.

Caminaban muy juntos, embargados en una animada conversacin. Por las
rpidas gesticulaciones del sacerdote, la manera cmo sacuda, primero,
sus dedos apretados, y luego alzaba su mano abierta y tocaba su
antebrazo izquierdo, podra haber afirmado que estaba hablando de algn
secreto, cuyo poseedor haba desaparecido. Si uno conoce bien el
italiano, puede seguir hasta cierto punto el tema de la conversacin por
los gestos, pues cada uno de stos tiene su significado particular.

Andando con la mayor rapidez que me fue posible, conseguimos poco a poco
acercarnos, porque haban acortado el paso e iban con relativa lentitud.
El sacerdote llevaba la palabra y hablaba con vehemencia, como tratando
de persuadir a la hija del contramaestre del Annie Curtis, para que
procediese en el sentido que le indicaba.

Ella pareca pensativa, silenciosa e indecisa. Una vez se encogi de
hombros, y se retir de l, dndose vuelta como en actitud de desafo,
pero en el acto el astuto sacerdote fue todo sonrisas y disculpas.
Hablaban, no haba duda, en italiano, para que as los transentes no
pudieran entender su conversacin. Not que sus ropas eran de corte
marcadamente extranjero y que sus zapatos eran bajos, aun cuando les
haba quitado las brillantes hebillas de acero.

En el momento que aparecieron cruzando el puente, ella vena rindose
alegremente de alguna observacin de su compaero, pero ahora toda su
alegra pareca haber desaparecido por completo y haberse dado cuenta
del verdadero objeto de la misin de aquel extranjero. La senda que
haban seguido conduca a la Horse Guard's Parade, y comprendiendo un
momento despus que mi debilidad no me permitira caminar ms, me vi
obligado a volverme hacia las gradas de la columna de York, dejando solo
a Reginaldo para que observase todo cuanto pudiese.

Volv a casa completamente exhausto y helado, pues, a pesar de haber
llevado puesto mi gran sobretodo de lana, que usaba para los paseos en
coche cuando estaba en Helpstone, no haba podido evitar que se colara
el viento fro y cortante. Permanec dos horas completas sentado junto
al fuego para reparar lo perdido, hasta que al fin volvi mi amigo.

--Los he seguido por todas partes--explic, dejndose caer en un silln
que haba enfrente de m.--Es evidente que l la ha amenazado, y ella le
tiene miedo. Cuando llegaron a Horse Guard's Parade, doblaron otra vez
por Birdcage Walk y luego cruzaron el parque Green. Despus la ha
acompaado en coche a una de las tiendas de Fuller en la calle Regent.
Parece que el sacerdote tiene un terror pnico a ser conocido, y antes
de abandonar el parque Green, levant el cuello de su sobretodo, para
ocultar ese pedacito de prpura que asomaba.

--Has descubierto su nombre?

--Lo segu hasta el Saboya, que es donde para. All ha registrado su
nombre como monsignore Galli, de Rimini.

Nuestras informaciones al respecto acababan aqu. Bastaban, sin embargo,
para demostrar que el sacerdote estaba en Londres con un propsito fijo,
probablemente para persuadir a la hija de el Ceco de que le diera
ciertos informes que deseaba conocer vehementemente, y que tena la
intencin de obtener por medio de ciertos datos importantes que posea.

Pasaron varios das lluviosos y sombros, y Bloomsbury presentaba su
aspecto ms melanclico. No haba podido descubrir la menor huella de mi
amor desaparecido, ni conseguir ningn otro dato de monsignore, el
sacerdote de blancos cabellos. Parece que ste haba abandonado el
Saboya a la tarde siguiente, retornando, no hay duda, al Continente,
pero ignorbamos si haba tenido o no xito en su misin.

Dolly Dawson, con quien Reginaldo haba entablado una especie de
agradable amistad, ms con el propsito de poderla observar e interrogar
que por otra cosa, vino a vernos para informarse de mi salud y saber si
habamos conseguido alguna noticia sobre el paradero de Mabel. Su
padre--nos dijo,--habase ausentado por varios das de Londres, y ella
iba a partir para Brighton, a visitar una ta.

Sera posible que Dawson, habiendo tenido conocimiento de mi buen
resultado en la solucin del enigma cifrado, hubiera partido para Italia
con el fin de salvar el secreto del cardenal y arrebatrnoslo? Hora por
hora anhelaba recuperar todas mis fuerzas para poder partir hacia el
sitio sealado a orillas del Serchio, pero me encontraba detenido dentro
de aquellas estrechas habitaciones por mi terrible debilidad.

Pasaron cuatro largas y espantosas semanas de martirio, hasta que lleg
mediados de mayo, y pude tener suficientes fuerzas para salir solo a
caminar y dar unos cortos paseos por la calle Oxford y sus alrededores.
El testamento de Burton Blair haba sido ya aprobado, y Leighton nos
manifest, en las varias veces que nos visit, el descuido, e
indiferencia con que el tal Dawson manejaba los bienes.

Que el aventurero estaba en comunicacin secreta con Mabel lo probaba el
hecho de que ciertos cheques firmados por ella haban pasado por sus
manos para ir al Banco; sin embargo, aun cuando parezca muy extrao,
aparentaba completa ignorancia al respecto y declaraba no saber dnde se
encontraba.

Dawson estaba ya de vuelta en la mansin de la plaza Grosvenor, cuando
un da, a eso de las doce, Glave hizo pasar a mi presencia a Carter.

Conoc por su semblante la agitacin que lo dominaba, y apenas entr,
despus de saludarme respetuosamente, exclam:

--He conseguido descubrir la direccin de la seorita Mabel, seor!
Desde que ella abandon la casa no he perdido de vista las cartas
enviadas al correo, como el seor Ford me haba indicado que lo hiciera;
pero el seor Dawson no le ha escrito nunca hasta esta maana, que por
casualidad, creo yo, envi una carta al correo dirigida a ella, entre un
nmero de otras que entreg al mensajero. Est en Mill House, Church
Enstone, cerca de Chipping Norton.

Lleno de alegra, di un salto y me puse en pie; le agradec la noticia,
orden a Glave que le diera de beber y part de Londres para Owfordshire
por el tren de la una y media.

Antes de las cinco hall a Mill House, casa sombra y anticuada, que
quedaba detrs de un alto seto de bojes que haba en la calle de la
aldea en Church Enstone, sobre el camino real de Aylesburg a Stratford.
Delante de la casa se extenda un pequeo prado, alegre y brillante con
sus canteras de tulipanes y fragantes narcisos.

Una criada de burdo lenguaje me abri la puerta e hzome pasar a una
pieza baja, pequea y anticuada, donde sorprend a mi amada sentada en
una gran silla de brazos, en actitud triste, leyendo.

--Seor Greenwood!--tartamude, levantndose rpidamente, plida y sin
aliento--usted! usted aqu!

--S--contest, cuando la sirvienta hubo cerrado la puerta y quedamos
solos.--Al fin la he encontrado, Mabel... al fin!--Y, avanzando, tom
tiernamente sus dos manecitas entre las mas. Despus, dominado por el
xtasis de aquel momento de placer, la mir de fijo a los ojos,
exclamando:--Ha tratado de huir de m, pero hoy la he vuelto a
encontrar. He venido, Mabel, a confesarle con franqueza, a decirle... a
decirle, mi queridsima Mabel, que... que la amo!

--Que me ama!--grit, espantada, dando un salto atrs, y apartndome de
su lado con sus dos blancas y pequeas manos.--No! No!--gimi.--Usted
no debe... no puede amarme. Es imposible!

--Por qu?--le pregunt rpidamente.--La he amado desde aquella primera
noche que nos conocimos. Ciertamente que usted debe haber descubierto
hace mucho tiempo el secreto de mi corazn.

--S--tartamude,--lo he conocido. Pero ay! es demasiado tarde...
demasiado tarde!

--Demasiado tarde?--exclam.--Por qu?

Qued callada. Su semblante cubriose de una repentina palidez mortal y
hasta sus labios se pusieron blancos: luego la vi temblar de pies a
cabeza.

Repet mi pregunta gravemente, con mis ojos fijos en ella.

--Porque--contest al fin lentamente, en una voz trmula y tan baja, que
apenas pude or las fatales palabras que pronunci--porque ya estoy
casada!

--Casada!--exclam tartamudeando y quedndome rgido.--Y su esposo!
Cmo se llama?

--No adivina usted?--me pregunt.--No lo sospecha? El hombre que ya ha
tenido oportunidad de conocer: Herberto Hales.

Sus ojos estaban bajos como avergonzados, mientras su barba fina
descansaba abatida sobre su pecho jadeante.




XXV

EL NOMBRE SAGRADO


Qu poda yo decir? Qu habran dicho ustedes?

Me qued silencioso. No supe qu palabras emitir. Ese joven
caballerizo, ese bribn, hijo del respetable y anciano marino que pasaba
las tardes de sus plcidos das sentado a la puerta de su casa de las
Encrucijadas, era, en efecto, el esposo de la hija del millonario!
Pareca completamente increble, sin embargo, al recordar aquella escena
de media noche en el parque de Mayvill; en el acto reconoc cun
impotente y desamparada se hallaba en las manos de ese vulgar y
arrogante gan, de ese infame campesino, que, en un momento de loco
frenes, haba cometido aquel desesperado y furioso atentado contra la
vida de Mabel.

Reconoc tambin que haca mucho tiempo que el amor, si es que existi
alguna vez, haba desaparecido entre ellos, y que la nica idea que
dominaba en el pensamiento de ese hombre, era sacar provecho de su unin
con ella, abusar y explotarla vilmente, como tantas mujeres ricas y de
elevada posicin son en este mismo momento vctimas de iguales
infortunios en Inglaterra. Como un relmpago acudi a mi mente el
recuerdo de su negativa de perseguir y castigar a este hombre infame
por el cobarde atentado contra su vida, y la razn se manifest entonces
clara y concluyente.

Era su esposa!

El solo pensamiento me produjo un espasmo de celos, dolor y odio, porque
la amaba con toda la pasin sincera y honrada de que es capaz un hombre
de bien. Desde que la seora Percival me haba revelado la realidad,
slo haba vivido para ella, pensando en volverla a encontrar y
declararle francamente mi amor.

--Es esto cierto?--le pregunt al fin en una voz cuya aspereza no pude
reprimir. Tom su mano fra e inerte entre las mas y contempl su
hermosa cabeza cada.

--Ay de m! desgraciadamente lo es--fue su dbil contestacin.--Es mi
esposo; por consiguiente, todo amor entre nosotros est
excluido--aadi.--Ha sido usted siempre mi amigo, seor Greenwood, pero
ahora que me ha obligado a confesarle la realidad, nuestra amistad ha
terminado.

--Y su esposo est aqu con usted?

--Ha estado--respondi,--pero se ha ido.

--Supongo que abandon usted Londres secretamente para reunirse a l,
no es as?--observ con amargura y acritud.

--Porque me lo pidi. Deseaba verme.

--Para obtener dinero a fuerza de amenazas, como intent hacerlo esa
noche memorable en Mayvill?

La plida y abatida nia movi afirmativamente la cabeza.

--He venido a vivir en esta casa, pero pagando--explic.--Isabel Wood,
una antigua condiscpula, vive aqu con su madre. Las dos creen que he
hecho un casamiento secreto, contrariando a los mos, para lo cual he
tenido que fugarme del hogar, y en estos dos ltimos aos han sido
extraordinariamente bondadosas conmigo.

--Entonces hace dos aos que est usted casada!--exclam lleno de
sorpresa y confusin, verdaderamente asombrado de ver la manera cmo
haba sido engaado.

--S, hace casi dos aos. Nos casamos en Wymondham, en el condado de
Norfolk.

--Cunteme toda la historia, Mabel--la inst, despus de una pausa
prolongada, esforzndome por conservar una fingida calma exterior, que
no coincida ciertamente con mis sentimientos ms ntimos y profundos.

Su pecho se levantaba y bajaba jadeante debajo de sus encajes y
chiffons, sus grandes ojos maravillosos brillaban llenos de lgrimas.
Durante largos cinco minutos permaneci dominada por la emocin y sin
poder articular una palabra. Al fin, en una voz baja, enronquecida,
dijo:

--No s lo que pensar usted de m, seor Greenwood. Estoy avergonzada
de m misma, y de la manera cmo lo he engaado. Mi nica disculpa puede
concentrarse en estas dos palabras: era imperativo. Me cas obligada por
una terrible cadena de circunstancias, que usted slo comprender cuando
la luz se haga, cuando conozca toda la verdad.--Y volvi a quedar
callada.

--Pero no me la dir usted ahora?--insist.--Como su mejor amigo, como
el hombre que la ha amado sinceramente, creo que tengo derecho a
conocerla.

Movi la cabeza con amarga tristeza, y, mirndome a travs de sus
lgrimas, respondi brevemente:

--Ya se la he dicho. Estoy casada. Slo puedo pedirle perdn por haberlo
engaado y manifestarle que me he visto obligada a hacerlo.

--Quiere usted decir que se ha visto precisada a casarse con l?
obligada por quin?

--Por l--tartamude.--Hace dos aos que una maana sal sola de Londres
y me reun con l en Wymondham, donde previamente haba estado parando
por espacio de quince das, mientras mi padre estaba pescando. Herberto
me recibi en la estacin, y nos casamos secretamente, actuando como
padrinos dos hombres desconocidos, elegidos a la ventura. Despus de
celebrada la ceremonia, nos separamos. Me saqu el anillo y volvime
a casa. Esa noche dbamos una comida, y entre los comensales estaba
usted, lord Newborough y lady Rainham; despus concurrimos al Haymarket.
No lo recuerda? Cuando estbamos sentados en el palco, me pregunt por
qu me encontraba tan triste y pensativa, y yo me disculp dicindole
que tena un fuerte dolor de cabeza. Ah! si hubiera usted sabido!

--Recuerdo esa noche perfectamente--le dije, compadecindola.--Fue
aqulla entonces la noche de su casamiento? Pero cmo la oblig a que
se casara con l? Las razones que lo impulsaron, son demasiado claras,
por cierto. Quera sacar ventaja, no hay duda, ya fuera por el hecho de
que usted no podra consentir que se supiera que era la esposa de un
hombre vulgar, de un cuidador de caballos, o ya porque tena la
intencin de entrar en posesin de su dinero a la muerte de su padre.
Ciertamente que no es el suyo el primer casamiento de esta clase que se
ha celebrado--aad, con un sentimiento de espanto y confusin.

En el mismo momento en que mis esperanzas haban llegado al ms alto
grado y parecan prximas a ver realizados sus ensueos, debido a la
declaracin de la seora Percival, haba cado el golpe terrible sobre
ellas, y comprend en el acto que era imposible todo amor entre
nosotros. Mabel, la mujer a quien haba amado con tanta pasin y
ternura, era la esposa de un rstico campesino bruto que con sus
amenazas la martirizaba hasta la locura, y que, como ya lo haba
demostrado, no vacilara ante nada con el fin de conseguir sus
despreciables fines.

El estado de mi nimo y sentimientos era indescriptible. No tengo
palabras para poder dar una idea adecuada de las emociones encontradas
que destrozaban mi corazn, ni cmo lo torturaban cruelmente. Hasta ese
momento haba estado bajo mi proteccin, pero, ahora que ya saba que
era la esposa de otro, no tena derecho para ejercer contralor sobre sus
actos, no tena derecho para admirarla, ni tampoco lo tena para amarla.

Ah! si alguna vez se ha sentido un hombre desesperado, abatido y
desengaado; si ha comprendido cun intil y sin objeto ha sido su vida
triste y solitaria, ese hombre he sido yo.

Intent persuadirla de que me contara cmo ese rstico campesino la
haba obligado a que se casara con l, pero las palabras se anudaron en
mi garganta y la emocin me ahog. Las lgrimas debieron agolparse en
mis ojos, supongo, porque con un impulso de sbita simpata, una
explosin de ternura femenina que vibraba tan fuertemente dentro de su
noble ser, coloc su mano cariosamente sobre mi hombro y dijo, en una
voz tranquila, serena y baja:

--No podemos revocar lo pasado, para qu entonces pensar en ello?
Proceda como le ped en mi carta que lo hiciera. Perdneme y olvide.
Djeme con mis penas. Ahora s que me ha amado, pero es...

No pudo terminar la frase, porque se ba en lgrimas.

--S lo que quiere usted decir--le dije confundido.--Demasiado tarde...
s, demasiado tarde. Nuestras dos existencias han sido destruidas por mi
necedad... porque le ocult lo que como hombre sincero y honrado deba
habrselo dicho hace ya mucho tiempo.

--No, no, Gilberto--grit, llamndome por mi nombre por la primera
vez,--no digo eso. La culpa no es suya, sino ma... ma--y se cubri la
cara con las manos y solloz fuerte y melanclicamente.

--Dnde est su marido... o ms bien dicho, ese hombre que intent
matarla?--le pregunt fieramente pocos minutos despus.

--En algn punto del Norte, segn creo.

--Y cundo estuvo aqu con usted?

--Hace una semana que vino y permaneci un par de horas.

--Pero no es posible que siga abusando de usted de este modo! Si no
puedo seguir siendo su amante, puedo, sin embargo, ser siempre su
campen, Mabel!--grit lleno de decisin.--En adelante tendr que
arreglrselas conmigo.

--Ah, no!--tartamude, volvindose hacia m con recelo y temor.--No
debe usted hacer nada. De otra manera podra l...

--Qu podra l hacer?

Qued callada, contemplando por la abierta ventana, sin objeto ni
inters, los anchos prados que se extendan delante de su vista,
nebulosos y silenciosos en medio de la obscuridad del crepsculo.

--Puede--dijo en voz baja y cortada,--puede decir al mundo la verdad!

--Qu verdad?

--La que l sabe... por medio de la cual me oblig a ser su esposa,--y
se llev la mano al pecho, como para detener los terribles latidos de su
tierno corazn.

Intent persuadirla de que me revelara el secreto, que confiara en m
sus cuitas, dado que era su ms fiel y sincero amigo, pero se neg.

--No--exclam en voz cortada,--no me lo pregunte, Gilberto, ahora que
puedo permitirme llamarle as, pues de todos los hombres es a usted al
que no puedo decrselo. A m slo me resta callar... y sufrir.

Su cara estaba plida, muy plida, y por la expresin de ella conoc
que su resolucin era irrevocable.

A pesar de la confianza y estimacin que me tena, comprend que no
habra poder en el mundo que la indujera a revelarme esa terrible
verdad.

--Pero usted sabe la razn que tuvo su padre para designar a su amigo
Dawson administrador de su fortuna--le dije.--Tena confianza en que con
una palabra suya se conseguira hacerle retirarse del puesto que hoy
ocupa. No es posible que aparente usted ignorar el misterioso motivo que
tuvo su padre para proceder as.

--Ya se lo he dicho. Mi pobre padre tambin procedi bajo presin. El
seor Leighton lo sabe tambin.

--Y conoce usted la razn?

Movi la cabeza afirmativamente.

--Entonces puede usted contrarrestar los planes de ese hombre?

--S, podra--contest lentamente,--si me atreviera a hacerlo.

--Qu teme?

--Temo lo que mi padre tema--respondi.

--Y qu era eso?

--Que cumpliera cierta amenaza que muchas veces haba hecho a mi padre,
y ms tarde a m. El da que abandon mi hogar me amenaz tambin...
desafindome a que pronunciara una sola palabra.

S, ese tuerto tena sobre ella un poder absoluto, como se haba jactado
delante de la seora Percival. Tambin conoca ese hombre el secreto del
cardenal, mientras yo lo ignoraba.

Permanecimos sentados en esa pequea y anticuada habitacin hasta que el
crepsculo se convirti en noche profunda, y ella se levant penosamente
y encendi la lmpara. A la luz not, sobresaltado, cmo haba cambiado
su dulce rostro. Sus mejillas estaban plidas y marchitas, sus ojos
hinchados y enrojecidos, y todo su semblante denotaba una ansiedad
profunda, terrible, ardiente, un terror pnico de lo desconocido que el
porvenir le reservaba.

Ciertamente, su posicin era extraa, casi inconcebible: una linda
joven, con una fortuna de ms de dos millones de libras depositada en
poder de sus banqueros, y sin embargo perseguida, rondada por sus
crueles enemigos que buscaban su ruina, degradacin y muerte.

La revelacin de su casamiento me haba dado un golpe terrible, como
para hacerme tambalear. Ya no poda ser para ella ms que un simple
amigo como cualquier otro hombre; todos los pensamientos de amor estaban
excluidos, toda esperanza de felicidad abandonada. Jams la haba yo
pretendido por su fortuna, eso puedo confesarlo honradamente. La haba
amado slo por lo que ella vala en s, porque era dulce y pura, porque
conoca que su corazn era leal y sincero; que en carcter, fuerza de
voluntad, gracia y belleza, era incomparable.

Durante un largo rato retuve su mano entre las mas, sintiendo cierta
satisfaccin, supongo, en repetir de esta manera lo que tantas veces
haba hecho en otro tiempo, ahora que ya tena que despedirme para
siempre de todas mis esperanzas y aspiraciones.

Ella permaneca sentada en silencio, dejando escapar profundos suspiros
de dolor mientras yo hablaba, refirindole esa extraa aventura nocturna
de las calles de Kensington, y cun cerca haba estado de la muerte.

--Entonces, sabiendo que ha conseguido usted leer el secreto escrito en
esas cartas, han intentado sellar sus labios para siempre--exclam al
fin, en una voz dura y mecnica, casi como si hubiera estado hablando
consigo misma.--Ah! no se lo previne en mi carta? no le he dicho que
el secreto est tan bien e ingeniosamente guardado, que no conseguir
nunca saberlo o sacar provecho de l?

--Pero tengo la intencin de perseverar en la solucin del misterio de
la fortuna de su padre--declar, siempre, con su mano entre las mas,
dndole mi adis triste y amargo.--El me dej su secreto, y yo he
decidido partir maana para Italia, a buscar el punto indicado y conocer
la verdad.

--Entonces, es mejor que se economice esa molestia, seor--exclam una
voz de hombre vulgar y sin ninguna educacin, que al orla me sobresalt
y, al darme vuelta rpidamente, vi que la puerta se haba abierto sin
ruido, y en el dintel, contemplndonos con aparente satisfaccin, estaba
de pie el hombre que se interpona entre mi bien amado y yo: el
campesino rstico y brutal que la reclamaba con el derecho de darle el
nombre sagrado de esposa!




XXVI

FRENTE A FRENTE


--Me gustara saber qu tiene usted que hacer aqu?--preguntome aquel
vulgar individuo, de facciones groseras, cuyo chato sombrero gris y
calzones cortos le daban un aspecto marcadamente de mozo de cuadra. Y se
qued de pie en el umbral de la puerta, cruzando los brazos
desafiadoramente y mirndome a la cara.

--El asunto que me ha trado aqu, slo a m atae--contest, hacindole
frente con repugnancia.

--Si le incumbe a mi esposa, yo tengo derecho de saberlo--insisti.

--Su esposa!--grit, avanzando hacia l y dominando con dificultad el
poderoso impulso que senta de golpear y arrojar al suelo a ese joven
rufin.--No la llame su esposa, hombre! Llmela por su verdadero
nombre: su vctima!

--Me dice usted eso como insulto?--dijo rpidamente, ponindose blanca
su cara de sbita ira. Mabel, al ver su actitud amenazadora, de un salto
se interpuso entre nosotros y me suplic que conservara mi calma.

--Hay algunos hombres para quienes no pueden ser insulto las palabras,
por duras que sean--contest violentndome,--y usted es uno de ellos.

--Qu quiere usted decir?--grit.--Desea usted pelear?--y avanz con
los puos cerrados.

--No deseo pelear--fue mi rpida respuesta.--Lo nico que le ordeno es
que deje en paz a esta dama. Puede legalmente ser su esposa, pero yo
asumir el papel de su protector.

--Oh!--exclam, encogiendo el labio con burla.--Querra saber con qu
derecho interviene usted entre nosotros?

--Con el derecho que todo hombre tiene de proteger a una mujer
desamparada y perseguida--contest con toda firmeza.--Le conozco, y
estoy bien al tanto de su ignominioso pasado. Ya que se atreve a
desafiarme, tendr acaso que recordarle un incidente que parece haber
olvidado muy cmodamente? No recuerda de cierta noche, no muy lejana,
en el parque de Mayvill, cuando intent usted cometer un crimen infame y
brutal, no recuerda?

Dio un salto sobresaltado, luego me mir iracundo, brillando en sus ojos
el fuego del odio criminal.

--Ella se lo ha dicho! Maldita sea! Me ha vendido!--exclam lanzando
a su temblorosa y aterrada mujer una mirada de profundo desdn.

--No, ella no me lo ha dicho--respond.--Por casualidad me toc ser
testigo de su cobarde atentado. Yo fui quien la sac con vida del ro
helado, adonde usted la arroj criminalmente. Por ese acto que cometi
entonces, va a responderme ahora.

--Qu es lo que quiere usted significar?--pregunt, y por las lneas de
su semblante conoc que mi actitud y palabras le haban producido una
inmensa inquietud.

--Quiero significar que no es a usted a quien le toca atreverse a
desafiar, teniendo en vista el hecho de que, si no hubiera sido por la
feliz circunstancia de haberme encontrado presente esa noche en el
parque, hoy sera usted un asesino convicto.

Al or las ltimas palabras, se contrajo aterrado. Como todos los de su
clase, era arrogante y tirano con el dbil, pero tan fcil de dominar
con firmeza como un perro que se somete a la voz de su amo.

--Y ahora--continu,--puedo aadir tambin que esa misma noche en que
casi mat a esta pobre nia que es su vctima, o sus exigencias. Es
usted un vil explotador, el tipo ms despreciable y ruin del criminal, y
parece haber olvidado que para delitos como los suyos hay leyes severas
que castigan.

Usted exige dinero valindose de amenaza, y en presencia de una negativa
comete un atentado desesperado contra la vida de su esposa. Las pruebas
que yo podra presentar contra usted en el tribunal de Asises, lo haran
condenar a trabajos forzados por un trmino de aos, me comprende? Voy,
por lo tanto, a hacer un convenio con usted: si me promete no molestar
ms a su esposa, yo guardar silencio.

--Y me hace el favor de decirme quin demonios es usted para que me
hable de esta manera... vamos, como un capelln de crcel en su visita
semanal a las celdas!

--Mejor es que sepa contener su lengua, hombre, y reflexione bien en mis
palabras,--le dije.--No soy persona de entrar en argumentos. Procedo.

--Pues, proceda como mejor le plazca. Yo har lo que crea ms
conveniente, me oye?

--Y desafiar el peligro? Se expondr a todo? Muy
bien--repliqu.--Usted conoce lo peor: el presidio.

--Y usted no--ri.--Si as no fuera, no hablara como un verdadero
idiota. Mabel es mi esposa, y nada tiene usted que hacer en el asunto,
de manera que ya con esto es suficiente--aadi insolentemente.--En vez
de tratar de amenazarme, soy yo quien tiene derecho de preguntarle por
qu le encuentro a usted aqu... con ella.

--Voy a decrselo!--grit encolerizado, ardindome las manos de deseo
de darle a ese imprudente bribn una buena y merecida leccin.--Estoy
aqu para protegerla, porque temo por su vida. Y permanecer aqu hasta
que usted se vaya.

--Pero yo soy su marido, y por consiguiente me quedar--exclam el
individuo, completamente inalterable.

--Entonces ella se ir conmigo--exclam con decisin.

--Yo no permitir eso.

--Usted proceder como yo lo crea conveniente--le dije. Despus,
volvindome a Mabel, que haba permanecido callada, temblando y plida,
por temor de que nos furamos a las manos, aad:--Pngase su saco y
sombrero en el acto, porque se debe volver a Londres, conmigo.

--No lo har!--grit, sin ceder.--Si mis maldiciones y juramentos
consiguen irritarla, los tendr gruesos y en abundancia.

--Mabel--le dije, sin poner atencin en las palabras del rufin, pero
retrocediendo para permitirle que pasara,--pngase su saco, hgame el
favor. Afuera me espera una volanta.

El bribn intent hacer un movimiento para impedirle salir de la
habitacin, pero en el acto mi mano cay pesadamente sobre su hombro, y
en mi cara ley mi determinacin.

--Usted se arrepentir de esto!--silb amenazadoramente, pronunciando
entre dientes una maldicin.--Ya s lo que anda usted buscando...
pero--y se ri,--pero jams obtendr el secreto que le dio los millones
a Blair. Usted cree tener en su mano el hilo que le descubrir el
misterio, pero pronto se dar cuenta de su error.

--Y cul es mi error?

--No asociarse a m, en vez de insultarme.

--No tengo necesidad de la ayuda de un hombre que atenta contra la vida
de una pobre mujer desamparada--le respond.--Tenga presente que en
adelante debe permanecer alejado de ella, o por Job! le aseguro que sin
ms ac ni ms all, pedir la cooperacin de la polica, y su historia
pasada demostrar la perversidad de su carcter.

--Haga lo que guste--ri de nuevo desafiadoramente.--Entregndome a la
polica le har a ella el peor de los males. Si duda de lo que digo,
pregnteselo. Tenga cuidado de cmo procede antes de ponerse en ridculo
y hacerla vctima a ella.

Y con esta vana y spera insolencia se dej caer en el silln y coloc
sus pies sobre el enrejado de la chimenea, asumiendo una actitud
indolente y encendiendo tranquilamente un cigarro ordinario y de
desagradable olor.

--No tema, ser uno solo el que saldr perdiendo--respond
significativamente.--Y ese ser usted.

--Est bien--exclam,--ya veremos.

Sal de la pieza y me reun a Mabel, que me esperaba vestida en el
vestbulo. Despus de despedirse rpidamente de Isabel Wood, su antigua
condiscpula, la saqu de all, la hice subir a la volanta y con ella me
volv a Chipping Norton.

Aun cuando, reflexionando con espritu ms sereno, no poda comprender
la posicin exacta que ocupaba este joven rufin que se llamaba Herberto
Hales, o el significado verdadero de sus ominosas palabras finales de
franco desafo, haba conseguido, por lo pronto, arrebatar a mi amada de
las garras de ese impudente, descorazonado y arrogante bruto y
explotador, pero no me atreva a prever por cunto tiempo sera. Mi
posicin era insegura e incierta, como que no poda afrontar
abiertamente la situacin. Amaba a Mabel, pero no tena derecho a
hacerlo. Era, desgraciadamente, la esposa, ay! la vctima, mejor dicho,
de un hombre de tipo vulgar e instintos criminales.

Nuestro viaje hasta la estacin de Paddington fue sin novedad, y en el
ms completo silencio casi. Nuestros corazones, que palpitaban
tristemente, rebosaban de pena y dolor, sin alientos para poder
pronunciar las ms simples palabras. Una barrera insuperable se haba
interpuesto entre nosotros; ambos estbamos abatidos y enfermos de
pesar. El pasado, lleno de esperanzas, haba terminado; tenamos por
delante el porvenir sombro, melanclico y desesperante.

Cuando llegamos a Londres, me manifest el deseo de ver a la seora
Percival, y como se negara a volver a vivir bajo el mismo techo con
Dawson, la conduje al York Hotel, en la calle Albemarle; despus, en el
mismo coche, me encamin a la plaza Grosvenor, informando a la seora
Percival dnde estaba mi amada.

La viuda no perdi un minuto en ir a su lado, y, a media noche,
acompaado por Reginaldo, fui otra vez al hotel, porque quera darle
ciertas instrucciones sobre su esposo, recomendndole que se negara a
verlo, si llegaba a encontrarla, y tambin despedirme de ella, pues a
las nueve de la maana siguiente partamos de Charing Cross, con rumbo a
Italia.

Haba resuelto, con Reginaldo, que no debamos perder un momento ms de
tiempo, ahora que me senta suficientemente mejorado y fuerte para
viajar, y que era preciso marchar para Toscana, con el fin de averiguar
la realidad de aquel misterioso registro cifrado.

Se despidi cariosamente de los dos, e insisti en que no nos
afligiramos ms por ella, a pesar de lo cual no pudimos dejar de notar
cun grande era su ansiedad respecto al resultado de mi desafo a su
infame marido. Nos dese buena suerte, rapidez en la peligrosa empresa
que bamos a emprender, xito completo y pronto y feliz retorno a la
patria.




XXVII

LAS INSTRUCCIONES DE SU EMINENCIA


El verde y tortuoso valle de Serchio presentaba su ms alegre y bello
aspecto en el mes de mayo, la poca de las flores en la vieja Italia.
Alejado, bien alejado, de las grandes rutas por donde en invierno cruzan
los numerosos turistas ingleses, americanos y alemanes, solitario e
inexplorado, visitado slo por los sencillos _contadini_ de las
montaas, el rumoroso ro serpentea formando tortuosas curvas y
caprichosos recodos, alrededor de ngulos puntiagudos, y bajo inmensos
rboles con sus copas inclinadas, en torno de grandes peascos y piedras
enormes, gastadas y suavizadas por la accin del agua a travs de los
siglos.

En estos parajes solitarios del ro, cuando se lanza impetuosamente
desde los gigantescos Apeninos hacia el mar, moran, tranquilos y
contentos, sin que el ser humano perturbe su plcida existencia, el
brillante martn pescador y la majestuosa garza, sintindose dueos
absolutos de l.

Cuando echamos a andar, habiendo dejado el coche que nos haba llevado
de Lucca al extrao puente medioeval llamado Puente del Diablo, la
pintoresca, serena y solitaria belleza campestre del paisaje nos
impresion. El silencio era profundo, no se oa el menor ruido, a
excepcin del zumbido de los millares de insectos que pululaban al sol,
y el suave rumor musical del agua, que en ese paraje se desliza
tranquila sobre su lecho rocalloso.

Mi primer impulso cuando llegamos al Universo, en Lucca, fue subir al
Monasterio y visitar a fray Antonio. Sin embargo, me pareca tan ntima
su relacin con el socio de Blair, el excontramaestre Dawson, que
resolvimos explorar primero el punto sealado y hacer algunas
observaciones. Por lo tanto, a las ocho de esa maana subimos a uno de
esos viejos y polvorientos coches toscanos de camino, cuyos caballos
llevan de adorno ruidosas campanillas, y cerca del medioda nos
encontramos en la orilla izquierda del ro, contando los cuatrocientos
cincuenta y seis pasos, como indicaba el registro secreto inscripto en
las cartas.

Le ordenamos a nuestro conductor que se volviera a esperarnos en la
pequea posada, o bodegn, que haba junto al camino y por delante del
cual acabbamos de pasar; y para evitar que nos observara de lejos,
porque sabamos que tratara de espiar furtivamente nuestros
movimientos, nos vimos obligados, en vista de no haber una senda, a dar
una vuelta por el centro de un bosquecillo, saliendo de nuevo a la
orilla del ro un poco ms arriba.

Cuando estuvimos junto al agua, de pie en medio de los altos matorrales
que crecan sobre las mrgenes, slo pudimos volver la mirada hacia el
puente y calcular que estbamos como a unos cien pasos de l.

Despus, marchando adelante en fila, nos abrimos camino con dificultad a
travs de las altas malezas, pastizales, gigantes helechos y enmaraadas
trepadoras, avanzando lentamente hacia el puente sealado. En ciertos
parajes los rboles entrelazaban sus copas, y el brillante sol penetraba
por entre el follaje, yendo a reflejarse sus rayos sobre las rumorosas y
agitadas aguas, produciendo un lindo efecto.

Segn el registro, el lugar deba quedar en campo abierto, puesto que el
sol brillaba sobre l durante una hora del medioda, el cinco de abril y
dos horas el cinco de mayo. Estbamos en ese momento a diecinueve de
mayo, y, por lo tanto, la duracin del sol sera, calculando
aproximadamente, como de un cuarto de hora ms.

En ciertos sitios el ro quedaba despejado y libre para recibir el sol,
mientras en otros la luz no deba poder penetrar nunca all, pues sus
orillas eran tan altas y encajonadas que lo impedan. De las grietas de
las rocas surgan pinos de montaa y otros rboles que haban echado
races y crecido enormemente, doblndose sobre el ro hasta casi tocar
el agua con sus ramas; de consiguiente, nuestro avance era cada vez ms
lento y difcil, por las escabrosidades de la ribera, la enmaraada
vegetacin silvestre y los pastizales.

Un hecho estaba demostrado: haca mucho que nadie se haba aproximado al
punto indicado, porque no encontramos la menor huella que diera a
conocer que las plantas de algunos intrusos hubiesen hollado una hoja o
destruido una sola varita.

Al fin, despus que subimos a lo largo de un escarpado peasco que
descenda abruptamente al agua, y hubimos calculado que nos hallbamos a
cuatrocientos veinte pasos del viejo puente, dimos vuelta de pronto a un
recodo del ro y salimos a un espacio en donde ste se ensanchaba, aun
cuando siempre se deslizaba a cien pies o ms de profundidad, de modo
que corra despejado con un ancho de cuarenta yardas, por lo menos,
mirando hacia el firmamento.

--Aqu debe ser!--grit con ansiosa anticipacin, parndome e
inspeccionando rpidamente el paraje.--En las instrucciones dice que hay
que bajar veinticuatro escalones. Supongo que debe querer significar
escalones hechos en la roca; es preciso que los encontremos.

Y ambos empezamos a buscarlos con todo inters, pero no pudimos
descubrir ninguna huella en medio de aquella enmaraada vegetacin.

--El registro dice que hay que descender hasta el punto detrs del cual
un hombre puede defenderse de cuatrocientos--exclam Reginaldo, leyendo
una copia del original que sac del bolsillo.--Esto parece indicar que
la entrada est en alguna estrecha grieta entre dos rocas. No ves t
algo parecido?

Mir con ansiedad en derredor, pero me vi obligado a confesar que no
distingua nada que coincidiera con la descripcin.

Tan abrupto era el obscuro peasco de piedra caliza que bajaba hasta el
agua, que me aproxim a su borde con gran precaucin, y despus,
echndome de bruces, me arrastr y mir por sobre su peligrosa orilla.
Al hacerlo, se afloj un enorme pedazo de roca y cay al ro con gran
estrpito.

Observ todo con mucho cuidado, pero no pude ver nada, absolutamente
nada, que estuviera en conformidad con lo que el antiguo bandido Poldo
Pensi haba dejado registrado.

Durante media hora larga anduvimos escudriando en vano, hasta que
comprendimos, alarmados, que, como no habamos medido con exactitud los
pasos sealados desde el Puente del Diablo, no estbamos en el punto
preciso. Retrocedimos el camino andado, lenta y trabajosamente,
volviendo a tener que pasar por entre las malezas casi impenetrables,
desgarrando nuestras ropas e hirindonos, y una vez que llegamos al
puente, que era el punto de partida, emprendimos de nuevo la marcha.

Tan equivocado haba sido nuestro clculo, que a los trescientos ochenta
y siete pasos de la segunda exploracin pasamos por el lugar que con
tanta minuciosidad habamos escudriado momentos antes, y continuando
nuestro camino, siempre adelante, nos paramos al llegar a los
cuatrocientos cincuenta y seis pasos, sobre la cima de un alto campo muy
similar al otro, aun cuando ms agreste y todava ms inaccesible.

--Aqu no parece haber nada--observ Reginaldo, cuya cara estaba toda
lastimada por las malezas espinosas y chorreaba sangre.

Mir en contorno y tuve, con disgusto, que ratificar sus palabras. Los
rboles eran grandes y sombros donde estbamos parados, inclinndose
algunos de ellos sobre la profunda quebrada por donde el ro
serpenteaba. Cautelosamente nos arrastramos de bruces hasta el borde de
la roca, usando esta precaucin, porque no sabamos si la orilla estaba
podrida, e inspeccionamos el punto con mirada penetrante.

--Mira!--grit mi amigo sealando un lugar que haba hacia el fondo del
peasco, a mitad de camino del profundo ro, despus que daba la abrupta
vuelta,--all hay unos escalones y una senda estrecha que conduce ms
abajo. Y qu es aquello?




XXVIII

DESCRIPCIN DE UN DESCUBRIMIENTO ASOMBROSO


Mir y vi, sobre una especie de plataforma natural hecha en la roca, una
pequea choza de piedra, cuyo obscuro techo de teja contemplbamos desde
la altura.

--S--exclam,--all estn los veinticuatro escalones de que habla el
registro, no hay duda. Vivir alguien dentro de esa choza?

--Bajemos e investiguemos--indic Reginaldo ansiosamente, y pocos
minutos despus descubramos una estrecha huella que conduca del bosque
de castaos directamente a los toscos escalones, los cuales bajaban
hasta una angosta abertura entre dos rocas. Sobre la que quedaba a la
derecha vimos, profundamente grabada en la piedra, una anticuada E
mayscula, como de un pie de largo, y pasando por junto de ella, nos
encontramos con un cangiln peligroso y lleno de escabrosidades, que,
haciendo ziszases, conduca a la pequea choza. La puerta cerrada y la
ventanita de hierro de aquella solitaria cabaa despertaron nuestra
curiosidad.

Un momento despus, sin embargo, el misterio qued descubierto. El
frente de la choza era ojival, y sobre la clave haba una pequea cruz
de piedra.

Era una celda de ermitao, como tantos otros sitios antiguos de retiro y
contemplacin que hay en la vieja Italia, y acto continuo, al pasar por
delante de las rocas y descender cautelosamente por la senda, abriose la
puerta, y sali de la ermita un monje, en el que reconoc, con gran
sorpresa ma, al corpulento y barbudo capuchino, fray Antonio.

--Caballeros--exclam en italiano, saludndonos,--ste es un inesperado
encuentro, ciertamente.--y nos seal el banco de piedra que haba fuera
de la pequea y baja choza, el cual not que estaba hbilmente oculto
por los grandes rboles, cuyas copas se inclinaban sobre el ro, de
manera que quedaba invisible de ambas mrgenes del Serchio.

Cuando nos sentamos aceptando su invitacin, l recogi su desteido
hbito carmes y se sent a nuestro lado.

Le manifest la sorpresa que me causaba encontrarlo all, pero l se
sonri, y dijo:

--Est usted decepcionado por no haber descubierto otra cosa?

--Esperamos conocer el secreto del cardenal Sannini--fue mi franca
respuesta, sabiendo bien que l estaba en posesin de la verdad, y
sospechando que, junto con el ingls tuerto, haba sido tambin socio de
Blair.

Las facciones, toscas y tostadas por el sol, del monje asumieron una
expresin enigmtica y confusa, porque comprendi que algo habamos
conseguido saber, pero sin embargo vacil interrogarnos por temor de
descubrirse a s mismo. Los capuchinos, como los jesuitas, son
admirables diplomticos. Indudablemente la fascinacin personal que
ejerca el monje, se deba en parte a su esplndida presencia. Su cara
era hermosa, despejada, con facciones bien delineadas y enrgicas,
dulcificadas por unos ojos en que pareca brillar la luz de la perpetua
juventud, con una cndida expresin modesta.

--Entonces ha recuperado usted el registro--observ al fin, mirndome
fijamente a la cara.

--S, y como lo he ledo--contest,--he venido aqu a investigarlo y
reclamar el secreto que me ha sido legado.

Respir con fuerza, nos mir un momento a los dos, y sus negras cejas
cargadas se contrajeron. Haca calor donde estbamos sentados, porque el
brillante sol italiano caa de plano sobre nosotros; por lo tanto, sin
responderme, se levant y nos invit a entrar en su pequea celda
fresca, pieza cuadrada y desnuda, con piso de tabla, cuyo mobiliario se
compona de una cama de madera, baja y anticuada, con un pedazo de una
vieja colcha obscura por cobertor, un _priedieu_ Renacimiento, de roble
antiguo tallado, ennegrecido por el uso y el tiempo, una silla, una
lmpara de colgar, y en la pared un gran crucifijo.

--Y el seor Dawson?--pregunt al fin, cuando Reginaldo se hubo sentado
en la orilla de la cama y yo en la silla.--Qu es lo que l dice?

--No tengo necesidad de pedirle su opinin--repliqu rpidamente.--Por
la ley el secreto del cardenal es mo, y nadie puede disputrmelo.

--Salvo su actual poseedor--fue su tranquila observacin.

--Su actual poseedor no tiene derecho sobre l. Burton Blair me lo ha
regalado, y por consiguiente es mo--declar.

--Yo no disputo eso--contest el monje.--Pero como guardin del secreto
del cardenal, tengo derecho de saber cmo ha venido a sus manos el
registro inscripto en las cartas, y cmo ha conseguido usted la clave de
la cifra.

Le refer exactamente todo lo que deseaba saber, y cuando se hubo
cerciorado, exclam:

--Ha conseguido usted triunfar ciertamente en lo que yo le predije que
fracasara, y su presencia aqu me llena de sorpresa. Aparentemente ha
vencido todos los obstculos que se le han presentado, y hoy viene a
reclamar de m lo que por derecho es suyo, sin duda alguna.

Pareca hablar con sinceridad, pero debo confesar que yo no tena
confianza en l y que todava abrigaba recelos.

--Antes de que pasemos adelante, sin embargo--continu, de pie, con sus
manos metidas dentro de las anchas mangas de su hbito,--voy a
preguntarle si tiene usted la intencin de observar los mismos mtodos
que puso en prctica el seor Blair, el cual adjudicaba una octava parte
del dinero derivado del secreto a nuestra orden de capuchinos.

--Ciertamente que s--repliqu, algo sorprendido.--Mi deseo es respetar
en todos conceptos las obligaciones de mi difunto amigo.

--Esa es una promesa que hace usted--dijo con cierta ansiedad.--Es
preciso que la haga solemnemente... vamos, que jure. Quiere repetirla?
Levante su mano--Y seal el gran crucifijo que haba en la blanca
pared.

Levant mi mano y exclam:

--Juro proceder como Burton Blair ha procedido.

--Muy bien--replic el monje, al parecer satisfecho de que era un hombre
de honor.--Supongo entonces que ha llegado el momento de revelarle el
secreto, aunque no dudo que le causar indecible sorpresa. Piense,
seor, que es usted todava un hombre relativamente pobre, pero que
dentro de media hora ser ms rico de lo que se ha forjado en sus ms
extravagantes sueos... que tendr millones, como sucedi con Burton
Blair.

Le atenda atnito, dando apenas crdito a lo que mis odos escuchaban.
Sin embargo, para qu me serva poseer riquezas fabulosas, ahora que
haba perdido a mi amor?

De una pequea alacena sac una vieja linterna herrumbrosa, y la
encendi cuidadosamente, mientras nosotros dos la mirbamos llenos de
inters y faltos de aliento. Despus ech llave a la puerta y la asegur
con una barra de hierro, cerr los postigos de la ventana, y quedamos en
tinieblas.

Iramos a ver acaso alguna ilusin sobrenatural? Quedamos de pie
esperando, vidos y extticos, sin darnos cuenta ni adivinar lo que iba
a suceder.

Un momento despus corri su pesada cama, retirndola del rincn donde
estaba, y vimos en el suelo, hbilmente oculta, una especie de puerta,
que al abrirla dej al descubierto un pozo profundo y obscuro.

--Tengan cuidado--nos advirti,--porque los escalones son algo
escabrosos y difciles en ciertas partes,--y sosteniendo la linterna en
alto, desapareci pronto de la vista, dejndonos detrs para que lo
siguiramos por esos toscos escalones hechos en la piedra viva y luego
en la slida roca, escalones hmedos y pegajosos donde el agua se
filtraba y caa en sonoras gotas.

--Agchense!--orden nuestro gua, y vimos el dbil bulto de su luz
iluminando nuestro camino a lo largo de una senda estrecha y tortuosa,
que se extenda hasta el mismo corazn del enorme peasco. Por ciertos
puntos cruzbamos entre lodazales de barro y moho pegajoso, mientras el
aire all detenido despeda un olor desagradable, sucio y malsano.

De pronto salimos a un gran espacio abierto cuyas dimensiones no pudimos
calcular a la dbil luz de aquella pobre linterna.

--Estas cavernas se dilatan millas--explic el monje.--Las galeras
corren en todas direcciones y van directamente a parar debajo de la
ciudad de Lucca y hacia el Arno. Jams han sido exploradas. Escuchen!

En medio de la extraa obscuridad omos el distante rugido de lejanas
aguas que caan estrepitosamente.

--Ese es el ro subterrneo, el ro que separa el secreto de todos los
hombres, a excepcin de usted--dijo.--Despus sigui adelante, siempre
a lo largo de un costado de la gigantesca caverna que cruzbamos, y
nosotros lo seguimos, acercndonos cada vez ms a esas ruidosas aguas,
hasta que al fin nos orden pasar, y se puso a examinar las toscas y
escabrosas murallas sobre las cuales resplandecan grandes estalactitas
brillantes. Por fin encontr una gran seal blanca, igual a la letra E
que haba grabada en la roca a un lado de la entrada del enorme peasco,
y puso en el suelo su linterna.

--No avancen un paso ms--exclam.--Entonces hizo salir de un hueco,
donde pareca estar bien escondido, un largo y tosco puente, que
consista en un solo tabln, con dbiles barandillas a ambos lados. Lo
empuj hacia adelante mientras yo sostena en alto la luz, hasta que
lleg al borde del profundo abismo, y lo atraves, para que pudiramos
pasar.

Cuando estuvimos en medio de l, levant ms la linterna, y nos
estremecimos al ver, all en el fondo, como a cien pies de nosotros, una
especie de caada, por la cual corran impetuosas masas de agua negra,
rugiendo furibundas al perderse en las entraas de la tierra, y formando
una terrible trampa para aquellos que se aventuraran a explorar aquel
extrao, curioso y hmedo lugar.

Despus que pasamos el puente, volvimos a orillar una nueva muralla
rocallosa que haba a la derecha, atravesamos luego un tnel largo y
angosto, y al fin salimos a otro espacio abierto, cuyas dimensiones
tampoco nos fue posible calcular.

El monje coloc entonces su linterna en un nicho, en cuyo seno haba
varias velas puestas sobre toscas tablas y aseguradas entre tres
clavos. Cuando las encendi y nuestros ojos se acostumbraron a la luz,
vimos que estbamos en una especie de pieza, no muy grande, pero s
larga, angosta y ms seca que las otras partes de la caverna.

--Mire!--exclam el capuchino, haciendo un movimiento con la
mano.--Aqu est todo, seor Greenwood, y todo es suyo.

Entonces comprend, azorado y atnito, que alrededor de las murallas de
esa pieza haba, formando altas pilas, unos sobre otros, una inmensidad
de sacos de cuero llenos hasta casi reventar. Toqu una pila que haba
al alcance de mi mano, y vi que lo que dentro se encerraba, era duro y
angular y no ceda a la presin. Tambin haba varios cofres pequeos y
anticuados, que, por su seguro aspecto, con sus fajas de hierro
herrumbroso y tachonados de clavos, deban contener, pens yo, las
misteriosas riquezas que haban convertido en millonario a Burton Blair,
cuando pocos das antes era un pobre caminante sin hogar.

--Qu!--grit azorado;--este es un inmenso tesoro escondido!

--S--contest fray Antonio en su voz baja, profunda.--El tesoro
escondido del Vaticano. Vea--aadi,--todo est aqu, a excepcin de la
parte que sac el seor Blair,--y abriendo uno de los macizos cofres,
sostuvo en alto la linterna y despleg ante mis ojos una coleccin tan
variada de clices, patenas y custodias de oro, vestiduras recubiertas
de joyas y pedrera y magnficas alhajas, como nunca antes haba visto
igual.

Reginaldo y yo nos habamos quedado completamente confundidos y mudos en
presencia de aquello. Al principio cre que estaba viviendo en un mundo
encantado de leyendas y romances, pero cuando un momento despus el
spero capuchino me record lo pasado, mi asombro fue ilimitado.

El secreto de Burton Blair estaba descubierto... y era mo!

--Ah!--exclam el monje, riendo;--esta revelacin lo ha dejado
ofuscado, no hay duda. Pero no le promet que dentro de media hora
sera usted varias veces millonario?

--S, pero refirame la historia de toda esta gran riqueza--le dije con
instancia, porque haba cortado uno o dos de los sacos de cuero y
descubierto que cada uno de ellos rebosaba de oro y piedras preciosas,
incrustadas en su mayora en crucifijos y ornamentos eclesisticos.




XXIX

EN EL QUE SE REFIERE UNA HISTORIA EXTRAA


--Creo justo que conozca ahora la verdad, aun cuando se han hecho los
mayores esfuerzos para ocultrsela--observ el monje, como hablando
consigo mismo.--Bien, hela aqu. Usted, como protestante, tal vez sabe
que los tesoros encerrados en el Vaticano, en Roma, son los ms grandes
del mundo, y tambin que cada Papa, con motivo de su jubileo o de algn
otro notable aniversario, recibe un enorme nmero de regalos, mientras
la iglesia de San Pedro, por su parte, constantemente recibe numerosos
ornamentos y joyas como ofertas votivas. Todo esto se guarda en el
tesoro del Vaticano, y constituye una coleccin de riquezas no igualadas
por todos los millones de los modernos millonarios.

A principios del ao 1870 el Papa Po IX recibi, por medio de las
maravillosas vas diplomticas que posee nuestra Santa Iglesia, informes
secretos anuncindole que las tropas italianas tenan la intencin de
bombardear y entrar a Roma, como tambin saquear el palacio del
Vaticano. Su Santidad confi sus temores al gran cardenal Sannini, su
favorito, que era entonces el tesorero general. Este saba que exista
aqu un seguro escondite, pues haba vivido en este distrito siendo
joven campesino; por lo tanto consigui, en los meses de junio, julio y
agosto de 1870, trasladar secretamente una gran cantidad del tesoro del
Vaticano y guardarlo en este lugar, con el fin de salvarlo de las manos
del enemigo.

Conforme a los temores de Su Santidad, el 20 de septiembre las tropas
italianas, despus de cinco das de bombardeo, entraron a Roma, pero,
felizmente, no llevaron un recio ataque al Vaticano. Desde entonces
permanece aqu el tesoro arrancado de su seno. El cardenal Sannini fue,
segn parece, traidor a la Iglesia, pues aun cuando indujo a Po IX a
que permitiera sacar el tesoro secretamente, jams le dijo el punto
exacto donde estaba oculto; y es extrao que los dos guardias suizos que
le ayudaron en su obra al cardenal, y que, fuera de l, eran los nicos
poseedores del secreto, desaparecieran tan completamente. Es muy
probable, pienso yo, que hayan sido precipitados al fondo de ese ro
subterrneo que acabamos de cruzar. La pequea entrada a estas galeras
estaba antes oculta por slo malezas y zarzas, pero despus que el
tesoro qued guardado aqu, Su Eminencia descubri que el paraje era muy
adaptable para construir una ermita, e hizo construir esta pequea choza
que han visto ustedes sobre la pequea abertura de la roca, al costado
del enorme peasco, con el objeto de ocultarla. Para que los albailes
no descubrieran la entrada, cerr primero, con sus propias manos, el
agujero.

Por espacio de varios meses, durante la lucha entre el Gobierno italiano
y la Santa Sede, abandon su vestidura purprea y llev una vida de
ermitao en esta celda, pero no tuvo otro objeto al hacer esto que
cuidar el enorme tesoro tan hbilmente asegurado. Como usted sabe, fue,
en cierta ocasin capturado por el terrible Poldo Pensi, tan temido en
la Calabria, y obligado, con el fin de salvar su vida y reputacin, a
descubrir la existencia de su tesoro. Pensi, en vista de esto, vino aqu
secretamente, vio el tesoro, pero como era en extremo supersticioso,
cual lo son todos los de su condicin, no se atrevi a tocar ni un solo
objeto. Busc un hombre que en un tiempo haba formado parte de su
partida y que despus entr, arrepentido, en nuestro Monasterio, un tal
fray Horacio, y le entreg la ermita para que la cuidara, pero sin
decirle nada sobre el tnel secreto y sus cavernas subterrneas. Sannini
y el Papa murieron, mientras fray Horacio, ignorando por completo el
hecho de que resida sobre una verdadera mina de fabulosa riqueza,
continu viviendo aqu por espacio de diecisis aos, hasta que muri, y
yo le suced en la ocupacin de la celda, donde paso casi seis meses
todos los aos en meditacin y orando.

Mientras tanto, el secreto de Su Eminencia, inscripto en la cifra
secreta usada por el Vaticano en el siglo XVII, pas, segn parece, de
las manos de Poldo Pensi a las de Burton Blair, su compaero de mar e
ntimo amigo.

Hace unos cinco aos, ms o menos, que yo supe esto por primera vez. Mi
tranquilidad se vio turbada un da por la visita de dos ingleses, Blair
y Dawson, los cuales me contaron una historia extraa sobre el secreto
que les haba sido dado, pero al principio yo no quise creer que hubiera
nada de cierto en este cuento del tesoro escondido. Sin embargo,
investigamos, y despus de una exploracin muy larga, difcil y
peligrosa, conseguimos descubrir la realidad.

--Entonces Dawson particip del secreto, como tambin de los
beneficios?--observ atnito ante la asombrosa verdad.

--S, nosotros tres ramos los nicos que conocamos el secreto, y
entonces convinimos en que Blair tendra la mayor parte, dado que el
exbandido se lo haba regalado a l, mientras Dawson, a quien Pensi,
segn parece, dio a conocer algunos datos concernientes al tesoro, antes
de morir, participara de una cuarta parte del producto anual, y yo,
nombrado guardin de la casa del tesoro, de una octava, o, mejor dicho,
mi comunidad, para cuyo beneficio era. No se me pagara directamente a
m, porque eso habra despertado sospechas, sino al vicario general de
la Orden de Capuchinos, residente en Roma, siendo los encargados de esta
misin los banqueros de Blair, de Londres.

Este convenio ha sido cumplido durante cinco aos. Una vez cada seis
meses entrbamos en este sitio todos juntos y elegamos una cierta
cantidad de joyas y otros artculos de valor, los cuales eran enviados,
por diferentes vas, a los puntos convenientes: las joyas a Amsterdam,
para ser vendidas, y los dems artculos a las grandes casas de remates
de Pars, Bruselas y Londres, mientras otros objetos iban a parar a las
manos de famosos comerciantes y coleccionistas de antigedades.

Como puede usted ver, esta coleccin de joyas es inacabable. Tres rubes
solamente produjeron, el ao pasado, en Pars, la cantidad de sesenta y
cinco mil libras esterlinas, mientras que algunas de las esmeraldas se
han vendido por sumas enormes. Sin embargo, tan ingeniosamente
arreglaron los seores Dawson y Blair las diferentes vas por las cuales
colocaban las alhajas en el mercado universal, que nadie abrig jams la
menor sospecha.

--Pero todo esto, hablando con honradez, pertenece a la Iglesia de
Roma--observ Reginaldo.

--No--contest el gran monje, hablando en ingls;--segn el cardenal
Sannini, Su Santidad, despus de la paz con Italia, se lo regal como
prueba de consideracin, y teniendo en cuenta tambin que, con la
ocupacin de Roma por las tropas italianas, sera difcil, sin excitar
grandes sospechas, volver a traer al tesoro del Vaticano la gran
coleccin de joyas.

--Entonces todo esto es mo!--exclam no pudiendo todava dar completo
crdito a la verdad.

--Todo--respondi el capuchino,--salvo la parte ma, o, ms bien dicho,
de mi Orden, para distribuirla entre los pobres, como pago de su misin
protectora aqu, y la del seor Dawson, tambin, junto... con alguna
concesin de recompensa,--y se dio vuelta hacia Reginaldo--a vuestro
amigo, aqu presente. Por lo menos, es lo que yo supongo. En cierta
ocasin lo puse en guardia contra l--aadi,--pero fue debido a lo que
me dijo Dawson, que no eran sino mentiras.

--Ya he jurado proceder con vuestra Orden como lo hizo Burton Blair. En
cuanto a lo que se refiere a Dawson, ese es otro asunto distinto; pero
mi amigo Seton no ser, tenedlo por seguro, olvidado, ni vos tampoco
personalmente, como fiel poseedor del secreto.

--Toda recompensa o regalo que se me pueda hacer es para mi Orden--fue
la tranquila respuesta del varonil monje.--A nosotros nos est prohibido
poseer dinero, pues nuestras pequeas necesidades personales son
suplidas por el padre superior, y de las riquezas de este mundo nada
deseamos, salvo aquello necesario para socorrer a los pobres y aliviar a
los afligidos.

--No tema usted--le dije riendo,--tendr una suma para ese objeto.

Despus, como el aire, agotado por las luces, pareca ponerse cada vez
ms impuro, decidimos volvernos a la celda tan hbilmente construida en
la entrada de la estrecha galera exterior.

Habamos llegado a la orilla de ese terrible abismo, donde en lo
profundo ruga el agua en impetuosa corriente, y ya haba yo cruzado el
estrecho puente y pisado la orilla opuesta, cuando, inesperadamente, un
par de brazos frreos me oprimieron en la obscuridad, y casi antes de
que pudiera lanzar un grito, fui empujado con violencia hacia el borde
del espantoso precipicio.

Las manos que me haban aprisionado apretbanme con dedos de acero en la
garganta y brazo, y tan repentino fue el ataque, que al principio cre
que era una broma de Reginaldo, pues era ste muy amigo de chanzas
cuando estaba de buen humor.

--Dios mo!--le o gritar un segundo despus, al iluminar la oscilante
luz de la linterna el rostro de mi asaltante.--Es Dawson!

La conciencia de la terrible realidad y el sentirme aferrado por mi peor
enemigo, el cual, no hay duda, nos haba seguido, pues conoca bien el
paraje, despert en m una fuerza sobrehumana, y me empe en una
terrible lucha de muerte con mi adversario. Antes que mis dos compaeros
pudieran acudir en mi auxilio, los dos nos debatamos, cuerpo a cuerpo,
en medio de la profunda obscuridad, sobre el mismo borde del abismo, a
cuyo seno era su intencin arrojarme para que pereciera como los dos
guardias suizos, los cuales debieron ser impelidos al fondo del
precipicio por el astuto cardenal.

Comprend su criminal designio, pero no tan pronto que no tuviera l
tiempo de murmurar jadeante, lanzando un terrible juramento:

--Esta vez no se escapar! El golpe que le di en medio de la neblina no
produjo el efecto deseado; pero aqu, una vez cado abajo, no podr
volver a meterse en mis asuntos. Abajo con usted!

Sent disminuirse mis fuerzas al hacerme retroceder unos pocos pasos
ms, dndonos el abrazo de muerte. En las tinieblas sentime asido
por uno de mis compaeros y salvado, pero en ese mismo momento haba
recurrido a una vieja treta escolar, y girando sbitamente, de modo que
mi adversario viniera a quedar en mi lugar, lo empuj hacia atrs,
soltndome, al mismo tiempo, de sus garras.

Fue todo obra de un segundo. A la luz oscilante de la lmpara lo vi
vacilar, quererse asir enloquecido del vaco, y con un espantoso grito
de ira y desesperacin, caer al fondo de aquel negro abismo, donde las
impetuosas aguas lo arrastraran hacia regiones subterrneas,
desconocidas e inexploradas.

Sin duda alguna, mi escapada de la muerte ha sido la ms difcil y
terrible que haya un hombre conocido, y despus de aquel esfuerzo
violento qued all parado, sin aliento, jadeante y atontado, hasta que
Reginaldo me tom de un brazo y me sac de aquella obscura caverna, en
medio de un silencio ms impresionante que todas las palabras.




XXX

EL MVIL Y LA MORAL


A la noche siguiente nos despedimos del vigoroso monje capuchino en la
plataforma de la estacin de Lucca, y subimos al tren, en el cual
debamos recorrer la primera parte de nuestro viaje de vuelta a
Inglaterra. El tena que retornar en el acto a su celda de ermitao,
situada sobre el tortuoso Serchio, y seguir siendo, como lo haba sido
antes, el guardin silencioso del gran secreto que, de haber sido
revelado, hubiera asombrado al mundo.

La ansiedad nos consuma, pues no sabamos lo que le habra sucedido a
Mabel. Sin embargo, con la conciencia de que la maligna y venenosa
influencia del aventurero Dawson haba desaparecido, volvimos a la
patria algo ms tranquilos.

Era tan rico como no lo haba soado nunca, pues en medio de mis ms
locas fantasas no me haba imaginado semejante prodigio; sin embargo,
la esperanza de que Mabel llegara a ser mi esposa, ilusin que haba
sido mi ideal, el verdadero deseo de mi existencia, haba quedado
destruida, y durante esas largas horas de viaje, melanclicas y
silenciosas, mientras el coche-dormitorio del expreso avanzaba hacia el
Norte atravesando las planicies de la Lombarda y luego la Suiza y la
Francia, mis desesperados pensamientos estaban concentrados en ella y en
su porvenir.

Un coche nos llev directamente de Charing Cross a la calle Great
Russell, donde encontr una esquela de Mabel fechada en la mansin de la
plaza Grosvenor, pidindome fuera all en el acto que volviramos de
nuestro viaje. Apenas me lav y arregl un poco, lo hice, y Carter me
condujo, sin ceremonia alguna e inmediatamente, al gran saln blanco y
oro que tan familiar me era.

Un momento despus entr ella, encantadora y bella en su traje de luto,
con una dulce sonrisa en sus labios y su mano tendida hacia m, llena de
gusto y placer al volverme a ver. Su cara me pareci que expresaba una
viva ansiedad, y la palidez de sus mejillas demostraba cun cruelmente
haba sido destrozado su corazn por el terror y las penas.

--S, Mabel, otra vez estamos de vuelta--le dije, estrechando su mano
entre las mas y mirndola a los ojos.--He descubierto el secreto de su
padre!

--Qu?--grit con ansiosa sorpresa,--lo ha descubierto? Dgame lo que
es... dgamelo--insisti sin aliento.

Primero obtuve de ella la promesa de guardar el ms absoluto silencio
sobre lo que le revelase, y luego le refer nuestra visita a la celda
del ermitao, el recibimiento que nos haba hecho fray Antonio y
nuestros descubrimientos.

Ella escuch, con el ms grande asombro, toda la historia del tesoro
oculto del Vaticano, hasta que lleg el momento de describirle el
atentado de Dawson contra mi vida y su trgico fin; entonces exclam con
vehemencia:

--Si ese hombre est muerto... realmente muerto... yo, entonces, estoy
libre!

--Cmo? Explquese!--le dije.

--Ahora que las circunstancias se han combinado para libertarme de este
modo, voy a confesarle todo--respondi despus de una breve pausa. Su
cara habase puesto carmes, y, mirando hacia la puerta, se cercior
primero de que estaba cerrada. Luego, en una voz profunda e intensa,
fijando en m sus maravillosos ojos, empez:

--He sido vctima de un complot infame y vil, y usted podr juzgar,
cuando conozca toda la verdad, cunto he sufrido, y si no he procedido
guiada por un alto sentimiento de deber y de rectitud. Como usted ver,
la conspiracin fraguada contra m no tiene igual por lo ingeniosa y
realmente astuta.

Acabo de conseguir descubrir la verdad y conocer el mvil profundamente
escondido detrs de todo ello.

Mi primer encuentro con Herberto Hales fue aparentemente casual y tuvo
lugar en la calle Widemarsh, en Hereford. Era entonces una nia de
colegio que estaba terminando mis estudios, y tan llena de ideas
romnticas sobre los hombres como les sucede a todas las nias en esa
edad. Lo vea a menudo, y aun cuando saba que llevaba una vida
precaria cuidando caballos de carrera, le dej que me festejara. Al
principio, lo confieso, me enamor de l, cosa que no pas inadvertida
para Herberto Hales, y durante ese verano en Mayvill, al caer la noche,
tuve muchas entrevistas secretas con l en el parque.

Haca ya como tres meses que nos conocamos, cuando una noche me indic
que debamos casarnos; pero, como yo haba descubierto, entretanto, que
su amor por m era slo fingido, me negu. Noche tras noche nos seguimos
viendo, pero yo firmemente rehusaba casarme con l, hasta que, en una de
ellas, se dio a conocer bajo su verdadera faz, dicindome, con gran
espanto mo, que l estaba bien al tanto de la historia de la vida de mi
padre, y despus hizo alusin a la existencia de un hecho deshonroso en
que, segn l, haba tomado parte. Me refiri que mi padre, con el fin
de posesionarse del secreto que le dio luego la fortuna, haba asesinado
al marinero italiano Pensi, a bordo del Annie Curtis, cuando se
alejaron de la costa de Espaa. Yo me negu a escuchar tan terrible
acusacin, pero mi sorpresa fue grande al ver que me hizo tener una
entrevista con el amigo de mi padre, el tal Dawson, en la que ste
declar que l haba sido testigo del hecho.

Cuando nos quedamos solos esa misma noche y nos pasebamos por una senda
extraviada del parque, me manifest claramente sus intenciones, y me
impuso la obligacin de aceptarlo como esposo, obligndome a que me
casara secretamente, sin que mi padre lo supiera. Me amenazaba con
poner en conocimiento de la polica el pretendido crimen, si no aceptaba
sus condiciones.

--Bribn! Infame!--grit indignado.

--Me hizo notar marcadamente--continu,--cmo Dawson, el ms ntimo
amigo de mi padre, haba sido testigo del crimen, y me encontr tan
completamente perdida en sus poco escrupulosas manos, como tambin vi
comprometida la reputacin del autor de mis das, que, despus de una
semana de intil resistencia, me vi obligada a aceptar las condiciones
impuestas y consentir en ese odioso casamiento. Desde ese momento, aun
cuando en el acto que concluy la ceremonia nupcial, me volv a casa,
qued completamente bajo su poder, y a cada nueva exigencia tena que
darle dinero, dinero que arrancaba por medio de amenazas. Despus que
consigui asegurarme como su vctima, se revelaron casi instantneamente
sus verdaderos instintos, que eran los de un hombre que vive a fuerza de
sus infamias y para quien el corazn de una mujer no tiene valor alguno,
y desde entonces hasta ahora, aunque el mundo crea que era soltera, y
asista como nia a todas las fiestas y reuniones del ms brillante
crculo de Londres, he vivido, sin embargo, constantemente presa de un
terror pnico del hombre que por la ley era mi esposo.

Se call para poder respirar y tomar aliento, y not que hasta sus
labios estaban blancos y temblaba de pies a cabeza.

--Felizmente--continu al fin,--pudo usted salvarme; de otro modo, el
complot habra tenido xito en todos conceptos.

Hasta ayer ignoraba por completo el verdadero mvil que haba existido
para obligarme a este casamiento, pero, ahora que lo he descubierto, veo
cun hbil y astuta ha sido la mente que lo ingeni. Herberto me busc
desde un principio, segn parece, porque haba odo al anciano seor
Hales hacer una observacin casual sobre la misteriosa y gran fortuna de
mi padre. Como era un aventurero, calcul que poda contraer enlace
conmigo, teniendo en cuenta que era la nica heredera de esas grandes
riquezas.

Haca un mes que nos conocamos, cuando, inesperadamente, lleg Dawson
de Italia, parando con nosotros en Mayvill, durante unos pocos das, y
una tarde que andaba cazando pichones silvestres, nos vio paseando
juntos por la orilla del bosque que rodea el parque.

En el acto que nos vio, traz su diablico plan, y al da siguiente se
entreg a hacer investigaciones sobre Hales, y cuando se hubo cerciorado
del carcter y condiciones del individuo, se vio con l e hizo un
curioso pacto, dando por resultado que, si Dawson arreglaba los asuntos
de tal manera que se efectuara un casamiento secreto entre Hales y yo,
recibira, en caso de la muerte de mi padre la suma de dos mil libras al
ao, en lugar de presentarse reclamando derechos en los bienes dejados a
favor de su esposa.

Le hizo notar a Hales que por medio del casamiento secreto conmigo,
tendra una fuente de constantes recursos, como que yo no me negara a
satisfacer sus exigencias de dinero, porque, si yo revelaba el secreto
de nuestra unin para acabar de una vez con sus exigencias, l,
entonces, podra ocupar en el acto su lugar verdadero como esposo legal
de la hija del millonario.

Despus de combinado este plan, le refiri a Hales muchos hechos ciertos
sobre la vida de mi padre en el mar, con el fin de confundirme y
engaarme mejor, pero agreg esa acusacin falsa que yo, al verla
corroborada por l, tuve la desgracia de creer, es decir, que mi padre
haba cometido un asesinato para obtener ese pequeo paquete de cartas
con el secreto cifrado. Dawson, que rpidamente conoci la clase de
hombre que era Hales, le ayud ocultamente a tenerme bajo su poder, cosa
que yo ignoraba por cierto. El mvil que tuvo para hacer este
casamiento, en tan terribles circunstancias para m, fue de largo
alcance y previsin. Comprendi que, si me una al hombre que amaba, mi
esposo, a la muerte de mi padre, se preocupara de asegurar mis derechos
como heredera y cuidar de mis intereses, mientras que, siendo la esposa
de Hales, yo me aterrara a la sola idea de que se pudiera saber mi
_msalliance_ matrimonial, y, como a su vez lo tena completamente
dominado por este convenio, l obtendra, al fin, el objeto que
persegua: la posesin de toda la fortuna de mi padre.

Saba muy bien, por cierto, que siendo uno de los conocedores del
secreto, el cual sabemos hoy que lo constituye el tesoro del Vaticano,
era indispensable que mi padre dejara en sus manos la administracin de
mis bienes, y, por lo tanto, tom todas las precauciones para asegurar,
a su muerte, la completa posesin de ellos. La manera ingeniosa de que
se vali para informar secretamente a Hales de ciertos datos que crea
que slo mi padre y yo conocamos, el modo perspicaz y sutil cmo
corrobor su propia invencin, afirmando que mi padre era culpable de un
crimen, y la reserva y sigilo con que ayud a Hales para que se casara
conmigo ejerciendo presin en mi nimo, han sido verdaderas maravillas,
segn veo ahora, de una hbil conspiracin infame. Yo tema, no, estaba
convencida de que el terrible secreto de mi padre que conoca Hales, era
una espantosa verdad, y slo anteayer he conseguido, con la ayuda del
anciano seor Hales, descubrir, en una calle del bajo de Grimsby, a un
hombre de apellido Palmer, exmarinero del buque Annie Curtis, el cual
estuvo presente cuando muri el italiano. Me ha dicho que la acusacin
contra mi padre es absolutamente falsa; que, al contrario, fue el ms
bondadoso y mejor amigo de ese hombre, y que, en reconocimiento de esto,
el italiano le regal la pequea bolsita de gamuza con las cartas
cifradas. Mis recelos y temores de que el secreto haba sido obtenido
por medios infames, han quedado, al fin, enteramente disipados; y la
mancha que pesaba sobre la memoria de mi pobre padre ha desaparecido.

--Y el misterio de su muerte?--le dije, asombrado de esta notable
revelacin de estratagemas y de engaos.

--Ah!--suspir,--he cambiado de opinin. Muri de causas naturales,
pero justamente en el momento en que se iba a llevar a cabo un atentado
secreto contra su vida. Herberto Hales, a quien mi padre no conoci, y
Dawson, se embarcaron en el mismo tren en que l parti para Manchester,
y no tengo la menor duda de que tenan intencin, si la oportunidad se
les presentaba, de herirlo con el mismo cuchillo fatal con que ms tarde
se llev a cabo el atentado contra usted. La muerte, sin embargo, les
arrebat su vctima.

--Pero, qu es de ese bribn que la cruel suerte le depar como esposo?

--El Juicio Divino lo ha juzgado--fue su contestacin casi mecnica.

--Qu!--balbuc lleno de ansiedad.--Ha muerto?

--La noche que usted parti de Londres tuvo una cuestin con Dawson, y
otra vez el tuerto demostr su notable astucia, porque, con el fin de
librarse de Hales y hacer desaparecer los hechos deshonrosos que ste
conoca, parece que inform confidencialmente a la polica de un robo
cometido despus de las carreras en Kempton Park, hace cerca de un ao y
que dio por resultado la muerte del damnificado, pues para robarle una
gran suma de dinero que llevaba consigo, fue gravemente herido. Dos
detectives se trasladaron a las habitaciones de Hales, en la calle Lomer
Seymour, como a las dos de la maana, pero l, comprendiendo que Dawson
haba cumplido su amenaza, se encerr y asegur bien las puertas.
Cuando, al fin, consiguieron echar una abajo, lo encontraron tendido en
el suelo, completamente muerto, con un revlver a un lado.

--Entonces, es usted libre, Mabel, libre para casarse conmigo!--grit,
casi fuera de m de alegra.

Ella baj la cabeza y contest, en una voz apenas perceptible:

--No, Gilberto, no lo merezco; soy indigna de eso. Lo he engaado.

--Lo pasado ha pasado, y est todo olvidado--exclam, tomando su mano y
agachndome hasta que mis ardientes y apasionados labios tocaron los
suyos.--Es usted ma... slo ma, Mabel!--grit.--Esto es, por cierto,
si se atreve a depositar su porvenir en mis manos.

--Si me atrevo!--repiti, sonrindose a travs de las lgrimas, que
llenaban sus ojos.--No he confiado en usted en estos cinco aos? No ha
sido usted, acaso, mi mejor amigo desde la noche en que por primera vez
nos conocimos, hasta este momento?

--Pero siente usted por m, queridsima Mabel, suficiente
estimacin?--le pregunt, profundamente conmovido por sus
palabras.--Quiero decir, me ama?

--S, Gilberto, le amo--balbuci, bajando los ojos modestamente.--Es al
nico hombre que he amado en toda mi vida.

Entonces la estrech contra mi pecho, y en esos momentos de xtasis le
repet a mi amada la vieja historia de amor tantas veces referida, y que
todo hombre en el mundo repite a la elegida de su corazn, a la mujer
ante quien se postra en adoracin.

--Y qu ms necesito decir? Una deliciosa sensacin de placer haca
palpitar mi corazn. Era ma, ma para siempre! Estaba convencido de
que durante todos los terribles sufrimientos por que haba pasado, me
haba sido siempre sincera y leal. Ella, pobrecita! haba sido, como su
padre, la inocente vctima del ingenioso aventurero Dawson y del joven
bribn y sin escrpulos que haba sido su instrumento, los cuales la
haban persuadido, por medio de engaos y de amenazas, a que consintiera
en ese fatal casamiento, con el fin de poseer, despus, toda la enorme
fortuna de Blair.

La suerte, sin embargo, les fue adversa, y en vez de triunfar, su propia
avaricia e ingenio les dio por resultado verse derrotados, y, al mismo
tiempo, me coloc a m en la posicin que ellos haban tenido la
intencin de ocupar.




CONCLUSIN


Mabel y yo estamos ya casados, y no hay, ciertamente, en todo Londres,
una pareja tan verdaderamente feliz como nosotros.

Despus de las tempestades y embates de la vida nos ha sido concedida
una tranquilidad plcida y dichosa. El fiel Ford ha vuelto a nuestro
lado, como mi secretario, y frecuentemente nos burlamos de Reginaldo,
que ha vendido su negocio de encajes, por su profunda admiracin por
Dolly Dawson, la que, a pesar de ser hija de un aventurero, es una nia
muy encantadora y modesta, me veo obligado a confesarlo, y estoy seguro
de que ser una excelente compaera para mi antiguo condiscpulo y viejo
amigo.

El otro da le pregunt, con la mayor reserva, a la seora Percival, que
reside con nosotros en Mayvill, si crea que Mabel tomara a mal que l
se declarara a Dolly. Se ve, pues, que sus pensamientos se encaminan,
evidentemente, a las sendas matrimoniales.

El anciano Hales vive siempre en las Encrucijadas de Owston, y hace
poco que vino a Londres, acompaado de su esposa, a hacernos una larga
visita.

En cuanto al secreto del cardenal, hasta hoy no se ha traslucido nada,
el pblico no lo conoce, pues est demasiado bien guardado por nosotros.

Delante de la entrada del gran depsito de las fabulosas riquezas vive
an el grave monje de barba negra, hbito desteido y usado, fray
Antonio, el amigo de los pobres de Lucca, dividiendo su vida solitaria
entre la meditacin y atender las necesidades de los desamparados de la
fortuna de esa populosa ciudad que se levanta en el verde valle toscano.

La iglesia de Roma tiene buena memoria. Durante aos ha dado toda clase
de pasos, segn parece, para ver de descubrir y recuperar el gran tesoro
que Po IX le dio a Sannini, su favorito. La presencia de monseor
Galli, de Rimini, su entrevista clandestina con Dolly, fue, como hemos
sabido despus por propia confesin de ella, para ver de cerciorarse de
algunos datos concernientes a los ltimos actos y movimientos de su
padre, pues se haba sabido que pocos meses antes haba vendido en
Pars, a un comerciante en el ramo, el histrico crucifijo de piedras
preciosas usado por Clemente VIII, que fue depositado en el tesoro del
Vaticano despus de su muerte, el ao 1665.

Muchos hombres de la City estn al tanto de la gran fortuna que ha
venido a mis manos, y es probable que muchos de los que lean esta
historia conozcan tambin la blanca fachada de una de las grandes
mansiones de la plaza Grosvenor; pero, ciertamente, nadie conoce los
extraos hechos que por primera vez he estampado en letras de molde.

Hace como un mes que me hallaba sentado en la silenciosa y pequea celda
que tan hbilmente oculta la vasta riqueza de la cual soy hoy el nico
dueo y que me ha colocado entre los millonarios de Inglaterra,
relatndole a fray Antonio los detalles de la trgica historia de Mabel
y cun cruelmente haba sido vctima de tanta infamia, y al hacerlo, di
rienda suelta a mis pensamientos, expresndome con franqueza sobre la
accin cobarde del hombre que se haba hundido en las profundidades del
ro subterrneo; pero el bondadoso monje, de rostro curtido y arrugado,
levant su mano, y, sealndome el gran crucifijo que haba colgado en
la pared me dijo con su voz tranquila:

--No, no, seor Greenwood. El odio ni la malicia no deben albergarse en
el corazn del hombre honrado. Recordemos ms bien esas palabras
divinas: Perdnanos nuestras deudas as como nosotros perdonamos a
nuestros deudores. Cmo nosotros perdonamos! Por lo tanto, perdonemos
al ingls tuerto, al hombre que tanto mal hizo, pero que ya no existe.

FIN





End of Project Gutenberg's El tesoro misterioso, by William Tufnell Le Queux

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL TESORO MISTERIOSO ***

***** This file should be named 29830-8.txt or 29830-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        http://www.gutenberg.org/2/9/8/3/29830/

Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
Proofreading Team at http://www.pgdp.net


Updated editions will replace the previous one--the old editions
will be renamed.

Creating the works from public domain print editions means that no
one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
(and you!) can copy and distribute it in the United States without
permission and without paying copyright royalties.  Special rules,
set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark.  Project
Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
charge for the eBooks, unless you receive specific permission.  If you
do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
rules is very easy.  You may use this eBook for nearly any purpose
such as creation of derivative works, reports, performances and
research.  They may be modified and printed and given away--you may do
practically ANYTHING with public domain eBooks.  Redistribution is
subject to the trademark license, especially commercial
redistribution.



*** START: FULL LICENSE ***

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
Gutenberg-tm License (available with this file or online at
http://gutenberg.org/license).


Section 1.  General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
electronic works

1.A.  By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement.  If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
permission of the copyright holder found at the beginning of this work.

1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5.  Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
word processing or hypertext form.  However, if you provide access to or
distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
form.  Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8.  You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
that

- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
     address specified in Section 4, "Information about donations to
     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
     you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
     does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
     License.  You must require such a user to return or
     destroy all copies of the works possessed in a physical medium
     and discontinue all use of and all access to other copies of
     Project Gutenberg-tm works.

- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
refund.  If you received the work electronically, the person or entity
providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
