The Project Gutenberg EBook of El libro de las mil noches y una noche; t. 1, by 
Anonymous

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Title: El libro de las mil noches y una noche; t. 1

Author: Anonymous

Commentator: Enrique Gmez Carrillo

Translator: Joseph Charles Mardrus
              Vicente Blasco Ibez

Release Date: November 5, 2014 [EBook #47287]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE; T. 1 ***




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                         [imagen: LIBROS

                               CLEBRES

                               ESPAOLES

                                   Y

                             EXTRANJEROS]

                 Director literario: V. Blasco Ibez




                      LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE


_Tomo I._--Historias del rey Schahriar y su hermano el rey Schazamn,
del mercader y el efrit, del pescador y el efrit, del mandadero y las
tres doncellas, y de la mujer despedazada, de las tres manzanas y del
negro Rihn.

_Tomo II._--Historias del visir Nureddin, de su hermano y de Hassn
Badreddin, y del jorobado, el sastre, el corredor nazareno, el
intendente y el mdico judio.

_Tomo III._--Historias de Dulce-Amiga y de Ghanem ben-Ayub y de su
hermana.

_Tomo IV._--Historia del rey Omar Al-Nemn y de sus dos maravillosos
hijos.

_Tomo V._--Fin de la historia del rey Omar Al-Nemn.

_Tomo VI._--Historias de los animales y las aves, de Al ben-Bekar y la
bella Schamsennahar, y de Kamaralzamn y la princesa Budur.

_Tomo VII._--Historias de Feliz-Bello y Feliz-Bella, de Grano-de-Belleza
y de la docta Simpata.

_Tomo VIII._--Aventuras del poeta Abu-Nowas. Historias de Sindbad el
marino y de la bella Zumurrud.

_Tomo IX._--Historias de las seis jvenes de distintos colores, de la
ciudad de bronce, de Ibn Al-Mansur, de Wardn el carnicero y de la
princesa subterrnea.

_Tomo X._--El falso califa. Historias de Rosa-en-el-cliz, del caballo
de bano y de los artificios de Dalila la Taimada.

_Tomo XI._--Historias de Juder el pescador y de Abu-Kir y Abu-Sir.

_Tomo XII._--Ancdotas morales del jardn encantado. Historias de
Abdalah de la Tierra y de Abdalah del Mar, del joven amarillo, y de
Flor-de-Granada y de Sonrisa-de-Luna. La velada de invierno. El Felah de
Egipto y sus hijos blancos.

_Tomo XIII._--Historia de Califa y del califa. Aventuras de Hassn
Al-Bassri.

_Tomo XIV._--El divn de las gentes alegres y despreocupadas. Historia
del dormido despierto. Los amores de Zein-Al-Mawassif. Historias del
joven holgazn y del joven Nur y de la franca heroica.

_Tomo XV._--Consejos de la Generosidad y de la Experiencia. Historias
del espejo de las vrgenes y de Aladino y la lmpara mgica.

_Tomo XVI._--La parbola de la verdadera ciencia. Farizada la de sonrisa
de rosa. Historias de Kamar y de la pierna de carnero. Las llaves del
destino.

_Tomo XVII._--El divn de los fciles donaires y de la alegre sabidura.
Historias de la princesa Nuernnahar y de la bella gennia y de
Sarta-de-perlas.

_Tomo XVIII._--Las dos vidas del sultn Mahmud. El tesoro sin fondo. El
adulterino simptico. Palabras bajo las noventa y nueve cabezas
cortadas. La malicia de las esposas.

_Tomo XIX._--Historia de Al Bab y de los cuarenta ladrones. Los
encuentros de Al-Rachid en el puente de Bagdad. Historia de la princesa
Suleika.

_Tomo XX._--Los ocios encantadores de la adolescencia desocupada.
Historia del libro mgico.

_Tomo XXI._--Historia esplndida del principe Diamante. El maestro de
las divisas y de las risas. Historia de Obra Maestra de los Corazones.

_Tomo XXII._--Historias de Baibars, de la rosa marina y la joven de
China, y del pastel hilado con miel de abejas.

_Tomo XXIII._--Los tragaluces del Saber y de la Historia. El fin de
Giafar. Historia del principe Jazmn y de la princesa Almendra.
Conclusin.

[imagen: EL LIBRO DE LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE]

Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)





                        [imagen: EL LIBRO
                           DE LAS MIL NOCHES
                              Y UNA NOCHE

             TRADUCCIN DIRECTA Y LITERAL DEL RABE POR EL

                         DOCTOR J. C. MARDRUS

               Versin espaola de VICENTE BLASCO IBAEZ

                     PRLOGO DE E. GMEZ CARRILLO

                             TOMO PRIMERO

           Historias: Del rey Schahriar y su hermano el rey
              Schahzaman.--Del mercader y el efrit.--Del
            pescador y el efrit.--Del mandadero y las tres
              doncellas.--De la mujer despedazada, de las
                   tres manzanas y del negro Rihn.

                               PROMETEO
                       Germanas, 33.--VALENCIA
                         (Published in Spain)]


ES PROPIEDAD. DERECHOS
EXCLUSIVOS DE TRADUCCIN
AL ESPAOL.


                             A LA MEMORIA

                          DEL PENSADOR POETA

                           STFANE MALLARM

                            [imagen]

                         Esta obra por entero
                          que L tanto amaba.

                              Enero 1899.

[imagen]

[imagen]




LA OBRA DE MARDRUS

POR E. GMEZ CARRILLO


He aqu LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE, que ya no son aquellos buenos
cuentos de nios, arreglados por Galland, en los cuales los visires
llevaban cuellos de encaje  lo Luis XIV y las sultanas se arreglaban la
cabellera cual Madame de Maitenn, sino otros cuentos ms serios, ms
crueles y ms intensos, traducidos literalmente del rabe por el doctor
Mardrus y puestos en castellano por uno de nuestros grandes escritores.
Vosotros los que no habis ledo sino el antiguo arreglo--nos aseguran
los entusiastas de la literalidad--no conocis estas mgicas historias.
Pero los entusiastas de la tradicin clsica contestan: En la versin
nueva hay ms detalles, ms literatura, ms pecado y ms lujo, es
cierto. Lo que no hay es ms poesa y ms prodigio. Por cantar ms, los
rboles no cantan mejor, y por hablar con superior elocuencia, el agua
no habla con mayor gracia. Todo lo estupendo que aqu vemos, las
pedreras animadas, las rocas que oyen, los odres llenos de ladrones,
los muros que se abren, los pjaros que dan consejos, las princesas que
se transforman, los leones domsticos, los dolos que se hacen
invisibles, todo lo _ferique_, en fin, estaba ya en el viejo  ingenuo
libro. Lo nico que el doctor Mardrus ha aumentado es la parte humana;
es decir, la pasin, los refinamientos y el dolor. La nueva Schahrazada
es ms artista. Tambin es ms psicloga. Con detalles infinitos,
explica las sensaciones de los mercaderes sanguinarios durante las
noches de rapto y las locuras de los sultanes en los das de orga. Pero
no agrega un solo metro al asalto del caballo de bronce, ni hace mayores
las alas del guila Rock, ni da mejores talismanes  los prncipes
amorosos, ni pone ms pinges riquezas en las cavernas de la montaa. Y
esto es lo que nos interesa.

Los que hablan as se equivocan. Las _noches_ de Galland eran obrillas
para nios. Las _noches_ de Mardrus son todo un mundo, son todo el
Oriente, con sus fantasas exuberantes, con sus locuras luminosas, con
sus orgas sanguinarias, con sus pompas inverosmiles... Leyndolas he
respirado el perfume de los jazmines de Persia y de las rosas de
Babilonia, mezclado con el aroma de los besos morenos... Leyndolas he
visto el extrao desfile de califas y de mendigos, de verdugos, de
cortesanos, de bandoleros, de santos, de jorobados, de tuertos y de
sultanes, que atraviesa las rutas asoleadas, entre trapos de mil
colores, haciendo gestos inverosmiles. Y como si todo hubiera sido un
sueo de opio, ahora me encuentro aturdido, sin poderme dar cuenta
exacta de lo que en mi mente es recuerdo de escenas admiradas en Ceyln,
en Damasco, en El Cairo, en Aden, en Beirut, y lo que slo he visto
entre las pginas mardrusianas. Porque es tal la naturalidad, , mejor
dicho, la realidad de los relatos de Schahrazada, que verdaderamente
puede asegurarse que no hay en la literatura del mundo entero una obra
que as nos obsesione y nos sorprenda con su vida inesperada y
extraordinaria. Y pensar que al abrir la obra de Mardrus figurme que
iba sencillamente  encontrarme con _Las mil y una noches_ de Galland,
que todos conocemos, un poco ms completas sin duda, pero siempre con un
aejo saborcillo de discreta galantera extica! Entre esta traduccin
nueva y la traduccin clsica--pens--debe de haber la misma diferencia
que entre la _Biblia_ de San Jernimo y la del rabino Zadock Khan, 
entre la _Ilada_ de Hermosilla y la de Leconte de Lisie. Pero apenas
hube terminado el primer captulo, comprend que acababa de penetrar en
un jardn antes nunca visto.

Al trasladar al francs los cuentos rabes, el escritor del siglo XVII
no se content, como Racine, con poner casacones versallescos y pelucas
cortesanas  los hroes del libro original, sino que les cambi sus
almas salvajes por almas elegantes. De lo que es la palpitacin
formidable de la vida hizo unos cuantos aplogos morales. As puede
decirse que quien no ha ledo la obra del doctor Mardrus no conoce ni
vagamente las historias que hicieron olvidar durante tres aos al rey de
la India sus crueles designios. El ttulo mismo no es idntico en las
dos versiones. Y no hay que decir, como algunos crticos castizos, que
al traducir literalmente LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE slo ha cometido
Mardrus un pleonasmo indigno de nuestras lenguas latinas. Ajustndose
desde la cubierta al original, y dejando al rtulo exterior su carcter
extico, lo que de fijo se ha propuesto es demostrar que su respeto del
texto es absoluto[1]. Que eso os choca?... Pues abrid la obra y
comenzad la lectura. Al cabo de unas cuantas pginas, el filtro oriental
habr obrado en vuestras imaginaciones, y os figuraris que estis
oyendo  la hija del visir en persona. Ah, traductores, traductores, he
ah el gran modelo, he aqu la pauta impecable de vuestro arte! Todos
los detalles y todos los ritmos, todas las expresiones caractersticas y
todas las violencias de lenguaje, todos los madrigales sutiles y todos
los refranes populacheros estn ah. Ah estn los seres viviendo su
propia vida en su propia atmsfera. Ah est el alma del rabe, en fin.
En un prlogo dirigido  sus amigos, el doctor Mardrus explica
poticamente su severo mtodo.

Yo ofrezco--dice--, desnudas, vrgenes, intactas y sencillas, para mis
delicias y el placer de mis amigos, estas noches rabes, vividas,
soadas y traducidas sobre su tierra natal y sobre el agua. Ellas me
fueron dulces durante los ocios en remotos mares, bajo un cielo ahora
lejano. Por eso las doy. Sencillas, sonrientes y llenas de ingenuidad,
como la musulmana Schahrazada, su madre suculenta que las di  luz en
el misterio; fermentando con emocin en los brazos de un prncipe
sublime (lbrico y feroz), bajo la mirada enternecida de Alah, clemente
y misericordioso. Al venir al mundo fueron delicadamente mecidas por las
manos de la lustral Doniazada, su buena ta, que grab sus nombres sobre
hojas de oro coloreadas de hmedas pedreras y las cuid bajo el
terciopelo de sus pupilas hasta la adolescencia dura, para esparcirlas
despus, voluptuosas y libres, sobre el mundo oriental, eternizado por
su sonrisa. Yo os las entrego tales como son, en su frescor de carne y
de roca. Slo existe un mtodo honrado y lgico de traduccin: la
literalidad, una literalidad impersonal, apenas atenuada por un leve
parpadeo y una ligera sonrisa del traductor. Ella crea, sugestiva, la
ms grande potencia literaria. Ella produce el placer de la evocacin.
Ella es la garanta de la verdad...

Ya lo os. Explicando su mtodo personal, el ilustre escritor rabe
(porque Mardrus naci en Siria) viene  dar  Europa la ms admirable y
la ms til enseanza. Pero lo malo es que, para seguir su ejemplo
fecundo, no basta con saber muy bien la lengua de que se traduce y la
lengua en que se traduce. Algo ms es necesario, y este algo es la
maravillosa comprensin de la poesa extranjera en lo que tiene de ms
peculiar y de ms fresco. Adems, es indispensable una libertad de
lenguaje que no es frecuente.

Hay en los libros de los pases orientales cosas que nuestra decencia
europea no admite y que es preciso velar, dicen los acadmicos.

En realidad, nadie tiene derecho  escamotear una sola frase, por ruda
que sea,  un autor extico. Que las palabras escabrosas os chocan?
Que no os atrevis  llamar al pan pan y al sexo sexo?... Pues cerrad
el libro y dejad en paz su poesa. En este punto, el buen seor Galland
debe de haber tenido sorpresas muy desagradables durante su
larga labor de adaptador, porque si hay cuentos que contienen
desvergenzas--adorables y lozanas desvergenzas--, son los de LAS MIL
NOCHES Y UNA NOCHE, al lado de los cuales el _Decamern,_ de Boccaccio,
y el _Heptomern,_ de la reina de Navarra, y hasta las _Damas galantes,_
de Brantme, resultan simples discreteos de seoritas libertinas.
Interrogado por un _reporter_ cuando publicaba los primeros captulos de
su traduccin en las revistas, el doctor Mardrus explic con llaneza su
manera de obrar y de pensar en tal particular. He aqu sus palabras:

Los pueblos primitivos llaman las cosas por su nombre, y no encuentran
nunca condenable lo que es natural, ni licenciosa la expresin de lo
natural. (Entiendo por pueblos primitivos todos aqullos que an no
tienen una mancha en la carne  en el espritu y que vinieron al mundo
bajo la sonrisa de la Belleza...) Adems, la literatura rabe ignora
totalmente ese producto odioso de la vejez espiritual: la intencin
pornogrfica. Los rabes ven todas las cosas bajo el aspecto hilarante.
Su sentido ertico slo conduce  la alegra. Y ellos ren de todo
corazn, como nios, all donde un puritano gemira de escndalo.

Oyendo esto, el _reporter,_ que estaba enterado por los profesores de la
escuela de lenguas orientales de la imposibilidad de decir en una
literatura culta las enormidades que se encuentran en los textos
rabes, murmur:

--Hay quienes apuestan que no se atrever usted  conservar su
literalidad hasta el fin.

--Ya lo ver usted--termin Mardrus, sonriendo.

Y, en efecto, hemos visto que, con su ingenua valenta, ha llegado  la
ltima pgina maravillosa sin velar un solo cuadro libre, sin desteir
una sola expresin atrevida, sin atenuar una sola situacin ertica.
As, la leyenda de que el libro que antes se consideraba como un
entretenimiento de nios es una obra atrevida comienza  formarse, y
acabar, sin duda, por impedir que la gente timorata lo lea. Pero esto,
lejos de apenarnos  los que consideramos _Las mil noches y una noche_
como la mayor maravilla del ingenio humano, debe regocijarnos
ntimamente. Porque, en realidad, un poema como ste no es para todo el
mundo. Desde luego, no es para la burguesa. Ni es tampoco para las
seoritas educadas en los conventos. No es, en suma, sino para aqullos
que son capaces de comprender el alma del rabe.

Y sabis lo que es el rabe, vosotros que lo veis en las vietas de _El
ltimo Abencerraje?_ El divino Mardrus os lo dice en estas lneas:

El rabe, ante una msica compuesta de notas de caas y flautas, ante
un lamento de _kanoon,_ un canto de muecn  de almea, un cuento subido
de color, un poema de aliteraciones en cascadas, un perfume sutil de
jazmn, una danza de flor movida por la brisa, un vuelo de pjaro  la
desnudez de mbar y perla de una abultada cortesana de formas ondulosas
y ojos de estrella, responde en sordina   toda voz con un ah! ah!...
largo, sabiamente modulado, exttico, arquitectnico. Y esto se debe 
que el rabe no es ms que un instintivo, pero afinado, exquisito. Ama
la lnea pura y la adivina con su imaginacin cuando es irreal. Pero es
parco en palabras y suea... suea.

Ahora que ya sabis lo que vais en l  hallar, abrid el libro...

E. GMEZ CARRILLO

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LOS EDITORES AL PBLICO


Ningn libro tan conocido y menos conocido que esta famosa coleccin de
novelas, monumento literario del pueblo rabe.

Con el ttulo de _Las mil y una noches_ circula desde hace siglos un
libro que todos aceptan como una obra completa, y nada es menos cierto.
_Las mil y una noches_ publicadas hasta el presente se componen de unos
cuantos cuentos nada ms, entresacados de la monumental obra rabe y
traducidos tmidamente para que puedan servir de libro de recreo  los
nios, por sus relatos maravillosos. Novelas humanas, exuberantes de
pasin, fueron convertidas por el traductor del siglo XVII en infantiles
relatos.

La grande obra imaginativa de los cuentistas semitas ha permanecido
ignorada hasta nuestros das. Es el doctor Mardrus el que por primera
vez la di  conocer--hace ocho aos--al pblico de Europa[2] con una
traduccin completa y fiel de las ALF LAILAH OUA LAILAH (MIL NOCHES Y
UNA NOCHE), que hoy damos al pblico en lengua espaola.

El lector encontrar las famosas novelas, palabra por palabra, tal como
las crearon sus autores. El texto rabe ha cambiado simplemente de
caracteres: su alma es la misma.


ORGENES Y FECHAS

LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE es una coleccin de cuentos populares. Dos
documentos, el uno[3] del siglo IX y el otro[4] del siglo X, establecen
que este monumento de la literatura imaginativa rabe ha tenido por
modelo una coleccin persa titulada HAZAR AFSANAH. De este libro, hoy
perdido, ha sido tomado el argumento de LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE, 
sea el artificio de la sultana Schahrazada, as como una parte de sus
historias. Los cuentistas populares que ejercitaron su inventiva y su
facundia sobre estos temas los fueron transformando  gusto de la
religin, las costumbres y el espritu rabes, as como  gusto de su
fantasa. Otras leyendas que no eran de origen persa y otras puramente
rabes se fueron incrustando con el tiempo en el repertorio de los
cuentistas. El mundo musulmn sunnita todo entero, desde Damasco al
Cairo y de Bagdad  Marruecos, se reflej al fin en el espejo de LAS
MIL NOCHES Y UNA NOCHE. Estamos, pues, en presencia, no de una obra
consciente, de una obra de arte propiamente dicha, sino de una obra cuya
formacin lenta se aprecia por conjeturas diversas y que se expande en
pleno _folklore_ islamita. Obra puramente rabe sin embargo,  pesar de
su origen prsico, y que, traducida en persa, turco  indostnico, se
esparci por todo el Oriente.

Querer asignar  la forma definitiva de muchas de estas historias un
origen, una fecha, fundndose en consideraciones lingsticas, es
empresa difcil, pues se trata de un libro que no tiene autor conocido,
y copiado y recopiado por escribas dispuestos  hacer intervenir su
dialecto natal en el dialecto de los manuscritos que les servan de
originales, acab por ser un receptculo confuso de todas las formas del
rabe. Por varias consideraciones sacadas principalmente de la historia
comparada de la civilizacin, la crtica actual parece haber llegado 
imponer cierta cronologa  esta masa de cuentos. He aqu lo que la
crtica supone:

Son tal vez en su mayor parte del siglo X los trece cuentos que se
encuentran en casi todos los textos (en el sentido filolgico de la
palabra) de las ALF LAILAH OUA LAILAH;  saber: Historias. I. Del rey
Schahriar y de su hermano el rey Schahzaman (que es la que sirve de
Introduccin); II. Del mercader y el efrit; III. Del pescador y el
efrit; IV. Del mandadero y las tres doncellas; V. De la mujer
despedazada, de las tres manzanas y del negro Rihn; VI. Del visir
Nureddin...; VII. Del sastre, el jorobado, etc.; VIII. De Nar Al-Din y
Anis Al-Djalis; IX. De Ghamin ben Ayoub; X. De Ali ben Bakkar y Shams
Al-Nahar; XI. De Kamar Al-Zaman; XII. Del caballo de bano, y XIII. De
Djoulnar, hijo del mar.

La historia de Sindbad el Marino y la del rey Djiliad son, segn dicha
crtica, anteriores al siglo X. La gran masa de los cuentos restantes se
sitan entre los siglos X y XVI. La historia de Kamar Al-Zaman y la de
Maarouf son del XVI.


MANUSCRITOS Y EDICIONES RABES

Existen como textos de las ALF LAILAH OUA LAILAH varias ediciones
impresas y manuscritos. Estos manuscritos concuerdan mal entre ellos.
Unos son fragmentarios; otros ms completos, pero sin llegar 
comprender la obra entera, y todos ellos difieren en cuanto  redaccin,
extensin y unidad de la fbula.

Antes del siglo XIX no haba aparecido ninguna edicin crtica ni en
Europa ni en Oriente. Las principales ediciones que se han publicado 
partir de 1814 son:

1. La edicin (inacabada) del jeque El Yemeni, publicada en Calcuta:
dos volmenes, 1814-1818;

2. La edicin Habicht, publicada en Breslau: doce volmenes, 1825-1843;

3. La edicin Mac Noghten, publicada en Calcuta: cuatro volmenes,
1830-1842;

4. La edicin de Boulak, publicada en El Cairo: dos volmenes, 1835;

5. Las ediciones de Ezbkieh, publicadas en El Cairo;

6. La edicin de los padres jesutas de Beirut: cuatro volmenes;

7. La edicin de Bombay: cuatro volmenes.

Todas estas ediciones, aunque algunas de ellas son notables por su
mrito, resultan incompletas, pues no contienen la totalidad de los
cuentos rabes, como en la obra de Mardrus.

La edicin de los jesutas de Beirut merece especial mencin por las
considerables amputaciones del texto, dislocado y expurgado para hacer
desaparecer todas las licencias imaginativas, escenas escabrosas y
libertades verbales de los cuentistas rabes.


LAS TRADUCCIONES EUROPEAS

La ms antigua  importante fu la que hizo Galland, y que se public en
Pars (1704-1717). Este libro, con el ttulo de LAS MIL Y UNA NOCHES, es
el nico que hasta nuestros das ha conocido el gran pblico.

La obra de Galland es un ejemplo curioso de la deformacin que puede
sufrir un texto pasando por el cerebro de un literato del siglo de Luis
XIV. Esta adaptacin, hecha para uso de la corte, fu expurgada de todo
atrevimiento y meticulosamente filtrada para que no quedase en ella ni
una partcula de la sal original.

Considerada simplemente como adaptacin, es escandalosamente incompleta,
pues comprende apenas LA CUARTA PARTE de los cuentos originales. LOS
CUENTOS QUE FORMAN LAS OTRAS TRES PARTES DE EL LIBRO DE LAS MIL NOCHES
Y UNA NOCHE QUE AHORA DAMOS AL PUBLICO, NO HAN SIDO HASTA EL PRESENTE
CONOCIDOS.

Adems, los deformes cuentos de la adaptacin de Galland fueron por ste
amputados y expurgados de todos los versos, poemas y citas de poetas.
Los sultanes y visires, as como las beldades de la Arabia y la India,
se expresan lo mismo que los cortesanos y damas de peluca blanca en los
palacios de Versalles y Marly. En una palabra: esta adaptacin
incompleta y deforme, que durante dos siglos ha mantenido al pblico en
una mentira digna de menos fortuna, nada tiene que ver con el verdadero
texto de los cuentos rabes.

De las ediciones posteriormente publicadas en Europa nada hemos de
decir. Son reimpresiones de la obra de Galland, indigna de su notoriedad
y traducida sin embargo  todos los idiomas.


EL DOCTOR MARDRUS Y SU OBRA

El doctor J. C. Mardrus es quien acometi hace algunos aos la empresa
de dar  conocer al pblico europeo, con toda su frescura original, la
magna obra del Oriente. Mardrus es rabe de nacimiento y francs de
nacionalidad. Naci en Siria, hijo de una noble familia de musulmanes
del Cucaso que por haberse opuesto  la dominacin rusa tuvieron que
trasladarse  Egipto. Muchos de los cuentos que aos despus haba de
fijar para siempre con su pluma de traductor artista los escuch de nio
en el regazo de las domsticas mahometanas  en las calles estrechas y
sombreadas del Cairo. Despus de haber estudiado la Medicina y viajado
mucho por los mares Prsico  Indico como mdico de navo, sinti el
propsito de condensar para siempre la grande obra literaria de su raza,
conocida slo en fragmentos y con irritantes amputaciones. A esta
empresa enorme ha dedicado gran parte de su vida, escribiendo los
relatos odos en las plazas del Cairo, los cafs de Damasco y de Bagdad
 los aduares del Yemen, joyas literarias mantenidas nicamente por la
tradicin oral y que podan perderse. Como los poemas de los rapsodas
que despus figuraron bajo el nombre de Homero; como el Romancero del
Cid y como todas las epopeyas populares, el gran poema rabe es de
diversos autores, segn ya hemos dicho, y distintos pueblos han
colaborado en l  travs de los siglos. Los cuentos sobrevivan
sueltos, guardados por la memoria de los cuentistas populares y la pluma
de los escribas pblicos. El doctor Mardrus tuvo que peregrinar por todo
el Oriente (Egipto, Asia Menor, Persia, Indostn), anotando viejos
relatos y adquiriendo manuscritos, hasta completar en sus menores
detalles la clebre obra. La frescura original, la ingenuidad de los
primeros autores, han sido respetadas por Mardrus, pero realzndolas y
adornndolas con su maestra de artista moderno. El doctor Mardrus es un
notable escritor, y la celebridad literaria le acompaa doblemente en su
hogar, pues est casado con la exquisita novelista francesa Luca
Delarue-Mardrus.

Para su trabajo le han servido de base las ediciones egipcias ms ricas
en expresiones de rabe popular, pero las ha enriquecido
considerablemente con nuevos cuentos y escenas sacados de la tradicin
oral y de los valiosos manuscritos adquiridos en sus viajes.


AL PBLICO

Ahora slo nos resta desear al lector que experimente el mismo placer
que el gran novelista Stendhal, el cual deseaba olvidar dos cosas: _Don
Quijote_ y los maravillosos relatos de LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE, para
experimentar todos los aos la voluptuosidad de leerlos por primera vez.

Debemos hacer al pblico una leal declaracin.

Este libro no es para nios y mujeres. La moral de los rabes es
distinta de la nuestra: sus costumbres son otras. Su carcter primitivo
les hace ver como cosas naturales lo que para otros pueblos es motivo de
escndalo. El amor lo cubren de pocos velos, y su vida social est
basada en la poligamia.

Adems, este libro es un libro antiguo, y los escrpulos morales cambian
con los siglos. Sirva de ejemplo nuestra propia literatura, en la que
los ms grandes autores del Siglo de Oro aparecen usando con naturalidad
palabras que hoy se consideran inmorales y nadie se atreve  repetir.

       *       *       *       *       *

Y empieza, lector,  recrearte en este incomparable poema novelesco, que
unas veces hace reir y otras conmueve: armonioso conjunto de aventuras
caballerescas, aventuras de amor y aventuras burlescas; escenas de
erotismo, escenas de muerte, sublimes abnegaciones, vicios orientales,
desordenadas fantasas y sutiles burlas del cuentista rabe para los
seres celestes que intervienen en sus relatos deslumbradores.

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UNA PALABRA DEL TRADUCTOR A SUS AMIGOS


    YO OFREZCO,
                _desnudas, vrgenes,
    intactas y sencillas_,
                _para mis delicias y el
    placer de mis amigos_,

        ESTAS NOCHES RABES
    _vividas, soadas y traducidas
    sobre su tierra natal y sobre el
    agua._

_Ellas me fueron dulces durante los ocios en remotos mares, bajo un
cielo ahora lejano.

Por eso las doy.

Sencillas, sonrientes y llenas de ingenuidad, como la musulmana
Schahrazada, su madre suculenta que las di  luz en el misterio;
fermentando con emocin en los brazos de un prncipe sublime--lbrico y
feroz--, bajo la mirada enternecida de Alah, clemente y
misericordioso._

_Al venir al mundo fueron delicadamente mecidas por las manos de la
lustral Doniazada, su buena ta, que grab sus nombres sobre hojas de
oro coloreadas de hmedas pedreras y las cuid bajo el terciopelo de
sus pupilas hasta la adolescencia dura, para esparcirlas despus,
voluptuosas y libres, sobre el mundo oriental, eternizado por su
sonrisa._

_Yo os las entrego tales como son, en su frescor de carne y de roca._

_Slo existe un mtodo honrado y lgico de traduccin: la literalidad,
una literalidad impersonal, apenas atenuada por un leve parpadeo y una
ligera sonrisa del traductor. Ella crea, sugestiva, la ms grande
potencia literaria. Ella produce el placer de la evocacin. Ella es la
garanta de la verdad. Ella es firme  inmutable, en su desnudez de
piedra. Ella cautiva el aroma primitivo y lo cristaliza. Ella separa y
desata. Ella fija._

_La literalidad encadena el espritu divagador y lo doma, al mismo
tiempo que detiene la infernal facilidad de la pluma. Yo me felicito de
que as sea; porque, dnde encontrar un traductor de genio simple,
annimo, libre de la necia mana de su renombre?..._

_Las dificultades del idioma original, tan duras para el traductor
acadmico, que ve en las obras la letra antes que el espritu, se
convierten entre los dedos del amoroso del balbuceo oriental en
espirales tan bellas, que muchas veces no se atreve  desenlazarlas por
miedo  que pierdan su originalidad._

_En cuanto  la acogida que tendrn estas joyas orientales!... El
Occidente, amanerado y empalidecido por la asfixia de sus
convencionalismos verbales, tal vez fingir susto y asombro al oir el
franco lenguaje--gorjeo simple, sonoro y juvenil--de estas muchachas
sanas y morenas, nacidas en las tiendas del desierto, que ya no
existen._

_Entienden poco de malicia las hures._

_Y los pueblos primitivos, dice el Sabio, llaman las cosas por su nombre
y no encuentran nunca condenable lo que es natural, ni licenciosa la
expresin de lo natural. (Entiendo por pueblos primitivos todos aquellos
que an no tienen una mancha en la carne  en el espritu, y que
vinieron al mundo bajo la sonrisa de la Belleza.)_

_Adems, la literatura rabe ignora totalmente ese producto odioso de la
vejez espiritual: la intencin pornogrfica. Los rabes ven todas las
cosas bajo el aspecto hilarante. Su sentido ertico slo conduce  la
alegra. Y ren de todo corazn, como nios, all donde un puritano
gemira de escndalo._

_Todo artista que ha vagabundeado por Oriente y cultivado con amor los
bancos calados de los adorables cafs populares en las verdaderas
ciudades musulmanas y rabes: el viejo Cairo con sus calles llenas de
sombra, siempre frescas; los zocos de Damasco, Sana del Yemen, Mascata 
Bagdad; todo aquel que ha dormido en la estera inmaculada del beduino de
Palmira, que ha partido el pan y saboreado la sal fraternalmente en la
soledad gloriosa del desierto con Ibn-Rachid, el suntuoso, tipo neto del
rabe autntico,  que ha gustado la exquisitez de una charla de
simplicidad antigua con el puro descendiente del Profeta, el cherif
Hussein ben Ali ben Aoun, emir de la Meca santa, ha podido notar la
expresin de las pintorescas fisonomas reunidas. Un sentimiento nico
domina  toda la asistencia: una hilaridad loca. Ella flamea con vitales
estallidos ante las palabras gruesas y libres del heroico cuentista
pblico que en el centro del caf  de la plaza gesticula, mima, se
pasea  brinca para dar mayor expresin  su relato en medio de los
espectadores risueos... Y se apodera de vosotros la general embriaguez
suscitada por las palabras y los sonidos imitativos, el humo del tabaco
que hace soar, la esencia afrodisaca que parece flotante en el
espacio, el sub olor discreto del haschich, ltimo regalo de Alah  los
hombres... Y os sents navegantes areos en la frescura de la noche._

_All nadie aplaude. Ese gesto brbaro, inarmnico y feroz, vestigio
indiscutible de razas ancestrales y antropfagas que danzaban en torno
del poste de colores de la vctima, y del cual ha hecho Europa un signo
de la horrible alegra burguesa amontonada bajo el gas  la electricidad
de las salas pblicas, es completamente desconocido._

_El rabe, ante una msica compuesta de notas de caas y flautas, ante
un lamento de_ kanoon, _un canto de muecn  de almea, un cuento subido
de color, un poema de aliteraciones en cascadas, un perfume sutil de
jazmn, una danza de flor movida por la brisa, un vuelo de pjaro  la
desnudez de mbar y perla de una abultada cortesana de formas ondulosas
y ojos de estrella, responde en sordina   toda voz con un ah!
ah!... largo, sabiamente modulado, exttico, arquitectnico._

_Y esto se debe  que el rabe no es mas que un instintivo, pero
afinado, exquisito. Ama la lnea pura y la adivina con su imaginacin
cuando es irreal._

_Pero es parco en palabras y suea... suea._

       *       *       *       *       *

_Y ahora, amigos mos..._

_Yo os prometo, sin miedo de mentir, que el teln va  levantarse sobre
la ms asombrosa, la ms complicada y la ms esplndida visin que haya
alumbrado jams sobre la nieve del papel el frgil til del cuentista._

DOCTOR J. C. MARDRUS

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ESTE PRIMER VOLUMEN LO DEDICO A MI AMIGO

PAUL VALERY

A CAUSA DE E. T.

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AQUELLO QUE QUIERA ALAH!

EN EL NOMBRE DE ALAH
EL CLEMENTE,
EL MISERICORDIOSO!

LA ALABANZA A ALAH, AMO DEL UNIVERSO! Y LA PLEGARIA Y LA PAZ PARA EL
PRNCIPE DE LOS ENVIADOS, NUESTRO SEOR Y SOBERANO MOHAMED! Y, PARA
TODOS LOS SUYOS, LA PLEGARIA Y LA PAZ SIEMPRE UNIDAS ESENCIALMENTE HASTA
EL DA DE LA RECOMPENSA.

Y DESPUS!... QUE LAS LEYENDAS DE LOS ANTIGUOS SEAN UNA LECCIN PARA
LOS MODERNOS, A FIN DE QUE EL HOMBRE APRENDA EN LOS SUCESOS QUE OCURREN
A OTROS QUE NO SON L. ENTONCES RESPETAR Y COMPARAR CON ATENCIN LAS
PALABRAS DE LOS PUEBLOS PASADOS Y LO QUE A L LE OCURRA, Y SE REPRIMIR.

POR ESTO GLORIA A QUIEN GUARDA LOS RELATOS DE LOS PRIMEROS COMO LECCIN
DEDICADA A LOS LTIMOS!

DE ESTAS LECCIONES HAN SIDO ENTRESACADOS LOS CUENTOS QUE SE LLAMAN MIL
NOCHES Y UNA NOCHE, Y TODO LO QUE HAY EN ELLOS DE COSAS EXTRAORDINARIAS
Y DE MXIMAS.

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

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HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO El REY SCHAHZAMAN


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Cuntase--pero Alah es ms sabio, ms prudente, ms poderoso y ms
benfico--que en lo que transcurri en la antigedad del tiempo y en lo
pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas
de la India y de la China[5]. Era dueo de ejrcitos y seor de
auxiliares, de servidores y de un squito numeroso. Tena dos hijos, y
ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor vala ms an que el menor.
El mayor rein en los pases, gobern con justicia entre los hombres, y
por eso le queran los habitantes del pas y del reino. Llambase el rey
Schahriar[6]. Su hermano, llamado Schahzaman[7], era el rey de
Samarcanda Al-Ajam.

Siguiendo las cosas el mismo curso, residieron cada uno en su pas, y
gobernaron con justicia  sus ovejas durante veinte aos. Y llegaron
ambos hasta el lmite del desarrollo y el florecimiento.

No dejaron de ser as, hasta que el mayor sinti vehementes deseos de
ver  su hermano. Entonces orden  su visir que partiese y volviese con
l. El visir contest: Escucho y obedezco.

Parti, pues, y lleg felizmente por la gracia de Alah; entr en casa de
Schahzaman, le transmiti la paz[8], le dijo que el rey Schahriar
deseaba ardientemente verle, y que el objeto de su viaje era invitarle 
visitar  su hermano. El rey Schahzaman contest: Escucho y obedezco.
Dispuso los preparativos de la partida, mandando sacar las tiendas, sus
camellos y sus mulos, y que saliesen sus servidores y sus auxiliares.
Nombr  su visir gobernador del reino, y sali en demanda de las
comarcas de su hermano.

Pero  medianoche record una cosa que haba olvidado; volvi  su
palacio apresuradamente, y encontr  su esposa tendida en el lecho
abrazada con un negro, esclavo entre los esclavos. Al ver tal cosa, el
mundo se oscureci ante sus ojos. Y se dijo: Si ha sobrevenido tal
aventura cuando apenas acabo de dejar la ciudad, cul sera la conducta
de esta libertina si me ausentase algn tiempo para estar con mi
hermano? Desenvain inmediatamente el alfanje, y acometiendo  ambos,
les dej muertos sobre los tapices del lecho. Volvi  salir, sin perder
una hora ni un instante, y orden la marcha de la comitiva. Y viaj de
noche, hasta avistar la ciudad de su hermano.

Entonces ste se alegr de su proximidad, sali  su encuentro, y al
recibirlo, le dese la paz. Se regocij hasta los mayores lmites del
contento, mand adornar en honor suyo la ciudad, y se puso  hablarle
lleno de efusin. Pero el rey Schahzaman recordaba la aventura de su
esposa, y una nube de tristeza le velaba la faz. Su tez se haba puesto
plida y su cuerpo se haba debilitado. Al verle de tal modo, el rey
Schahriar crey en su alma que aquello se deba  haberse alejado de su
reino y de su pas, y lo dejaba estar sin preguntarle nada. Al fin, un
da, le dijo: Hermano, tu cuerpo enflaquece y tu cara amarillea. Y el
otro respondi: Ay, hermano, tengo en mi interior como una llaga en
carne viva! Pero no le revel lo que le haba ocurrido con su esposa.
El rey Schahriar le dijo: Quisiera que me acompaases  cazar  pie y 
caballo, pues as tal vez se esparciera tu espritu. El rey Schahzaman
no quiso aceptar, y su hermano se fu solo  la cacera.

Haba en el palacio unas ventanas que daban al jardn, y habindose
asomado  una de ellas el rey Schahzaman, vi cmo se abra una puerta
para dar salida  veinte esclavas y veinte esclavos, entre los cuales
avanzaba la mujer del rey Schahriar en todo el esplendor de su belleza.
Llegados  un estanque, se desnudaron y se mezclaron todos. Y
sbitamente la mujer del rey grit: Oh Massaud! Y en seguida acudi
hacia ella un robusto esclavo negro, que la abraz. Ella se abraz
tambin  l, y entonces el negro la ech al suelo, boca arriba, y la
goz. A tal seal, todos los dems esclavos hicieron lo mismo con las
mujeres. Y as siguieron largo tiempo, sin acabar con sus besos,
abrazos, copulaciones y cosas semejantes hasta cerca del amanecer.

Al ver aquello, pens el hermano del rey: Por Alah! Ms ligera es mi
calamidad que esta otra. Inmediatamente, dejando que se desvaneciese
su afliccin, se dijo: En verdad, esto es ms enorme que cuanto me
ocurri  m! Y desde aquel momento volvi  comer y beber cuanto pudo.

A todo esto, el rey, su hermano, volvi de su excursin, y ambos se
desearon la paz ntimamente. Luego el rey Schahriar observ que su
hermano el rey Schahzaman acababa de recobrar el buen color, pues su
semblante haba adquirido nueva vida, y advirti tambin que coma con
toda su alma despus de haberse alimentado parcamente en los primeros
das. Se asombr de ello, y dijo: Hermano, poco ha te vea amarillo de
tez y ahora has recuperado los colores. Cuntame qu te pasa. El rey le
dijo: Te contar la causa de mi anterior palidez, pero dispnsame de
referirte el motivo de haber recobrado los colores. El rey replic:
Para entendernos, relata primeramente la causa de tu prdida de color y
tu debilidad. Y se explic de este modo: Sabrs, hermano, que cuando
enviaste tu visir para requerir mi presencia, hice mis preparativos de
marcha, y sal de la ciudad. Pero despus me acord de la joya que te
destinaba y que te di al llegar  tu palacio. Volv, pues, y encontr 
mi mujer acostada con un esclavo negro, durmiendo en los tapices de mi
cama. Los mat  los dos, y vine hacia ti, muy atormentado por el
recuerdo de tal aventura. Este fu el motivo de mi primera palidez y de
mi enflaquecimiento. En cuanto  la causa de haber recobrado mi buen
color, dispnsame de mencionarla.

Cuando su hermano oy estas palabras, le dijo: Por Alah te conjuro 
que me cuentes la causa de haber recobrado tus colores. Entonces el rey
Schahzaman le refiri cuanto haba visto. Y el rey Schahriar dijo:
Ante todo, es necesario que mis ojos vean semejante cosa. Su hermano
le respondi: Finge que vas de caza, pero escndete en mis aposentos, y
sers testigo del espectculo: tus ojos lo comprobarn.

Inmediatamente, el rey mand que el pregonero divulgase la orden de
marcha. Los soldados salieron con sus tiendas fuera de la ciudad. El rey
march tambin, se ocult en su tienda y dijo  sus jvenes esclavos:
Que nadie entre! Luego se disfraz, sali  hurtadillas y se dirigi
al palacio. Lleg  los aposentos de su hermano, y se asom  la ventana
que daba al jardn. Apenas haba pasado una hora, cuando salieron las
esclavas, rodeando  su seora, y tras ellas los esclavos. E hicieron
cuanto haba contado Schahzaman, pasando en tales juegos hasta el
asr[9].

Cuando vi estas cosas el rey Schahriar, la razn se ausent de su
cabeza, y dijo  su hermano: Marchemos para saber cul es nuestro
destino en el camino de Alah, porque nada de comn debemos tener con la
realeza hasta encontrar  alguien que haya sufrido una aventura
semejante  la nuestra. Si no, la muerte sera preferible  nuestra
vida. Su hermano le contest lo que era apropiado, y ambos salieron por
una puerta secreta del palacio. Y no cesaron de caminar da y noche,
hasta que por fin llegaron  un rbol, en medio de una solitaria
pradera, junto al mar salado. En aquella pradera haba un manantial de
agua dulce. Bebieron de ella y se sentaron  descansar.

Apenas haba transcurrido una hora del da, cuando el mar empez 
agitarse. De pronto brot de l una negra columna de humo, que lleg
hasta el cielo y se dirigi despus hacia la pradera. Los reyes,
asustados, se subieron  la cima del rbol, que era muy alto, y se
pusieron  mirar lo que tal cosa pudiera ser. Y he aqu que la columna
de humo se convirti en un _efrit_[10] de elevada estatura, poderoso de
hombros y robusto de pecho. Llevaba un arca sobre la cabeza. Puso el pie
en el suelo, y se dirigi hacia el rbol y se sent debajo de l.
Levant entonces la tapa del arca, sac de ella una caja, la abri, y
apareci en seguida una encantadora joven, de esplndida hermosura,
luminosa lo mismo que el sol, como dijo el poeta:

     _Antorcha en las tinieblas, ella aparece y es el da! Ella
     aparece y con su luz se iluminan las auroras!

     Los soles irradian con su claridad y las lunas con las sonrisas de
     sus ojos!

     Que los velos de su misterio se rasguen,  inmediatamente las
     criaturas se prosternan encantadas  sus pies!

     Y ante los dulces relmpagos de su mirada, el roco de las
     lgrimas de pasin humedece todos los prpados!_

Despus que el efrit hubo contemplado  la hermosa joven, le dijo: Oh
soberana de las sederas! Oh t,  quien rapt el mismo da de tu boda!
Quisiera dormir un poco. Y el efrit coloc la cabeza en las rodillas de
la joven y se durmi.

Entonces la joven levant la cabeza hacia la copa del rbol y vi
ocultos en las ramas  los dos reyes. En seguida apart de sus rodillas
la cabeza del efrit, la puso en el suelo, y les dijo por seas: Bajad,
y no tengis miedo de este efrit. Por seas, le respondieron: Por
Alah sobre ti! Dispnsanos de lance tan peligroso! Ella les dijo:
Por Alah sobre vosotros! Bajad en seguida, si no queris que avise al
efrit, que os dar la peor muerte. Entonces, asustados, bajaron basta
donde estaba ella, que se levant para decirles: Traspasadme con
vuestra lanza de un golpe duro y violento; si no, avisar al efrit.
Schahriar, movido de espanto, dijo  Schahzaman: Hermano, s el primero
en hacer lo que sta manda. El otro repuso: No lo har sin que antes
me des el ejemplo t, que eres mayor. Y ambos empezaron  invitarse
mutuamente, hacindose con los ojos seas de copulacin. Pero ella les
dijo: Para qu tanto guiar los ojos? Si no vens y me obedecis,
llamo inmediatamente al efrit. Entonces, por miedo al efrit hicieron
con ella lo que les haba pedido. Cuando los hubo agotado, les dijo:
Qu expertos sois los dos! Sac del bolsillo un saquito y del saquito
un collar compuesto de quinientas setenta sortijas con sellos, y les
pregunt: Sabis lo que es esto? Ellos contestaron: No lo sabemos.
Entonces les explic la joven: Los dueos de estos anillos me han
posedo todos junto  los cuernos insensibles de este efrit. De suerte
que me vais  dar vuestros anillos. Lo hicieron as, sacndoselos de
los dedos, y ella entonces les dijo: Sabed que este efrit me rob la
noche de mi boda; me encerr en esa caja, meti la caja en el arca, le
ech siete candados y la arrastr al fondo del mar, all donde se
combaten las olas. Pero no saba que cuando desea alguna cosa una mujer
no hay quien la venza. Ya lo dijo el poeta:

     _Amigo: no te fes de la mujer; rete de sus promesas! Su buen 
     mal humor depende de los caprichos de su vulva!_

     _Prodigan amor falso cuando la perfidia las llena y forma como la
     trama de sus vestidos!_

     _Recuerda respetuosamente las palabras de Yusuf! Y no olvides que
     Eblis hizo que expulsaran  Adn por causa de la mujer!_

     _No te confes, amigo! Es intil! Maana, en aquella que creas
     ms segura, suceder al amor puro una pasin loca!_

     _Y no digas: Si me enamoro, evitar las locuras de los
     enamorados! No lo digas! Sera verdaderamente un prodigio nico
     ver salir  un hombre sano y salvo de la seduccin de las mujeres!_

Los dos hermanos, al oir estas palabras, se maravillaron hasta ms no
poder y se dijeron uno  otro: Si ste es un efrit, y  pesar de su
podero le han ocurrido cosas ms enormes que  nosotros, esta aventura
debe consolarnos. Inmediatamente se despidieron de la joven y
regresaron cada uno  su ciudad.

       *       *       *       *       *

En cuanto el rey Schahriar entr en su palacio, mand degollar  su
esposa, as como  los esclavos y esclavas. Despus orden  su visir
que cada noche le llevase una joven que fuese virgen. Y cada noche
arrebataba  una su virginidad. Y cuando la noche haba transcurrido
mandaba que la matasen. As estuvo haciendo durante tres aos, y todo
eran lamentos y voces de horror. Los hombres huan con las hijas que les
quedaban. En la ciudad no haba ya ninguna doncella que pudiese servir
para los asaltos de este cabalgador.

En esta situacin, el rey mand al visir que, como de costumbre, le
trajese una joven. El visir, por ms que busc, no pudo encontrar
ninguna, y regres muy triste  su casa, con el alma transida de miedo
ante el furor del rey. Pero este visir tena dos hijas de gran
hermosura, que posean todos los encantos, todas las perfecciones y eran
de una delicadeza exquisita. La mayor se llamaba Schahrazada, y el
nombre de la menor era Doniazada[11].

La mayor, Schahrazada, haba ledo los libros, los anales, las leyendas
de los reyes antiguos y las historias de los pueblos pasados. Dicen que
posea tambin mil libros de crnicas referentes  los pueblos de las
edades remotas,  los reyes de la antigedad y sus poetas. Y era muy
elocuente y daba gusto oirla.

Al ver  su padre, le habl as: Por qu te veo tan cambiado,
soportando un peso abrumador de pesadumbres y aflicciones?... Sabe,
padre, que el poeta dice: Oh t que te apenas, consulate!... Nada es
duradero, toda alegra se desvanece y todo pesar se olvida.

Cuando oy estas palabras el visir, cont  su hija cuanto haba
ocurrido, desde el principio al fin, concerniente al rey. Entonces le
dijo Schahrazada: Por Alah, padre, csame con el rey, porque si no me
mata, ser la causa del rescate de las hijas de los muslemine[12] y
podr salvarlas de entre las manos del rey. Entonces el visir contest:
Por Alah sobre ti! No te expongas nunca  tal peligro. Pero
Schahrazada repuso: Es imprescindible que as lo haga. Entonces le
dijo su padre: Cuidado no te ocurra lo que les ocurri al asno y al
buey con el labrador. Escucha su historia:




Fbula del asno, el buey y el labrador


Has de saber, hija ma, que hubo un comerciante dueo de grandes
riquezas y de mucho ganado. Estaba casado y con hijos. Alah, el
Altsimo, le di igualmente el conocimiento de los lenguajes de los
animales y el canto de los pjaros. Habitaba este comerciante en un pas
frtil,  orillas de un ro. En su morada haba un asno y un buey.

Cierto da lleg el buey al lugar ocupado por el asno y vi aquel sitio
barrido y regado. En el pesebre haba cebada y paja bien cribadas, y el
jumento estaba echado, descansando. Cuando el amo lo montaba, era slo
para algn trayecto corto y por asunto urgente, y el asno volva pronto
 descansar. Ese da el comerciante oy que el buey deca al pollino:
Come  gusto y que te sea sano, de provecho y de buena digestin. Yo
estoy rendido y t descansado, despus de comer cebada bien cribada! Si
el amo te monta alguna que otra vez, pronto vuelve  traerte. En cambio,
yo me reviento arando y con el trabajo del molino. El asno le aconsej:
Cuando salgas al campo y te echen el yugo, tmbate y no te menees
aunque te den de palos. Y si te levantan, vulvete  echar otra vez. Y
si entonces te vuelven al establo y te ponen habas, no las comas,
fngete enfermo. Haz por no comer ni beber en unos das, y de ese modo
descansars de la fatiga del trabajo.

Pero el comerciante segua presente, oyendo todo lo que hablaban.

Se acerc el mayoral al buey para darle forraje y le vi comer muy poca
cosa. Por la maana, al llevarlo al trabajo, lo encontr enfermo.
Entonces el amo dijo al mayoral: Coge al asno y que are todo el da en
lugar del buey. Y el hombre unci al asno en vez del buey y le hizo
arar todo el da.

Al anochecer, cuando el asno regres al establo, el buey le di las
gracias por sus bondades, que le haban proporcionado el descanso de
todo el da; pero el asno no le contest. Estaba muy arrepentido.

Al otro da el asno estuvo arando tambin durante toda la jornada y
regres con el pescuezo desollado, rendido de fatiga. El buey, al verle
en tal estado, le di las gracias de nuevo y lo colm de alabanzas. El
asno le dijo: Bien tranquilo estaba yo antes. Ya ves cmo me ha
perjudicado el hacer beneficio  los dems. Y en seguida aadi: Voy 
darte un buen consejo de todos modos. He odo decir al amo que te
entregarn al matarife si no te levantas, y harn un tapete para la mesa
con tu piel. Te lo digo para que te salves, pues sentira que te
ocurriese algo.

El buey, cuando oy estas palabras del asno, le di las gracias
nuevamente, y le dijo: Maana reanudar mi trabajo. Y se puso  comer,
se trag todo el forraje y hasta lami el recipiente con su lengua.

Pero el amo les haba odo hablar.

En cuanto amaneci, fu con su esposa hacia el establo de los bueyes y
las vacas, y se sentaron  la puerta. Vino el mayoral y sac al buey,
que en cuanto vi  su amo empez  menear la cola,  ventosear
ruidosamente y  galopar en todas direcciones como si estuviese loco.
Entonces le entr tal risa al comerciante, que se cay de espaldas. Su
mujer le pregunt: De qu te res? Y l dijo: De una cosa que he
visto y odo; pero no la puedo descubrir porque me va en ello la vida.
La mujer insisti: Pues has de contrmela, aunque te cueste morir. Y
l dijo: Me callo, porque temo  la muerte. Ella repuso: Entonces es
que te res de m. Y desde aquel da no dej de hostigarle tenazmente,
hasta que le puso en una gran perplejidad. Entonces el comerciante mand
llamar  sus hijos, as como al kad[13] y  unos testigos. Quiso hacer
testamento antes de revelar el secreto  su mujer, pues amaba  su
esposa entraablemente porque era la hija de su to paterno[14], madre
de sus hijos, y haba vivido con ella ciento veinte aos de su edad.
Hizo llamar tambin  todos los parientes de su esposa y  los
habitantes del barrio y refiri  todos lo ocurrido, diciendo que
morira en cuanto revelase el secreto. Entonces toda la gente dijo  la
mujer: Por Alah sobre ti! No te ocupes ms del asunto, pues va 
perecer tu marido, el padre de tus hijos. Pero ella replic: Aunque le
cueste la vida, no le dejar en paz hasta que me haya dicho su secreto.
Entonces ya no le rogaron ms. El comerciante se apart de ellos y se
dirigi al estanque de la huerta para hacer sus abluciones y volver
inmediatamente  revelar su secreto y morir.

Pero haba all un gallo lleno de vigor, capaz de dejar satisfechas 
cincuenta gallinas, y junto  l hallbase un perro. Y el comerciante
oy que el perro increpaba al gallo de este modo: No te avergenza el
estar tan alegre cuando va  morir nuestro amo? Y el gallo pregunt:
Por qu causa va  morir?

Entonces el perro cont toda la historia, y el gallo repuso: Por Alah!
Poco talento tiene nuestro amo. Cincuenta esposas tengo yo, y  todas s
manejrmelas perfectamente, regaando  unas y contentando  otras. En
cambio, l slo tiene una y no sabe entenderse con ella! El medio es
bien sencillo: bastara con cortar unas cuantas varas de morera, entrar
en el camarn de su esposa y darle hasta que sucumbiera  se
arrepintiese. No volvera  importunarle con preguntas. As dijo el
gallo, y cuando el comerciante oy sus palabras se ilumin su razn, y
resolvi dar una paliza  su mujer.

     El visir interrumpi aqu su relato para decir  su hija
     Schahrazada: Acaso el rey haga contigo lo que el comerciante con
     su mujer. Y Schahrazada pregunt: Pero qu hizo? Entonces el
     visir prosigui de este modo:

Entr el comerciante llevando ocultas las varas de morera que acababa de
cortar, y llam aparte  su esposa: Ven  nuestro gabinete para que te
diga mi secreto. La mujer le sigui; el comerciante se encerr con ella
y empez  sacudirla varazos, hasta que ella acab por decir: Me
arrepiento, me arrepiento! Y besaba las manos y los pies de su marido.
Estaba arrepentida de veras. Salieron entonces, y la concurrencia se
alegr muchsimo, regocijndose tambin los parientes. Y todos vivieron
muy felices hasta la muerte.

     Dijo. Y cuando Schahrazada, hija del visir, hubo odo este relato,
     insisti nuevamente en su ruego: Padre, de todos modos, quiero que
     hagas lo que te he pedido. Entonces el visir, sin replicar nada,
     mand que preparasen el ajuar de su hija, y march  comunicar la
     nueva al rey Schahriar.

     Mientras tanto, Schahrazada deca  su hermana Doniazada: Te
     mandar llamar cuando est en el palacio, y as que llegues y veas
     que el rey ha terminado su cosa conmigo, me dirs: Hermana, cuenta
     alguna historia maravillosa que nos haga pasar la noche. Entonces
     yo narrar cuentos que, si quiere Alah, sern la causa de la
     emancipacin de las hijas de los musulmanes.

     Fu  buscarla despus el visir, y se dirigi con ella hacia la
     morada del rey. El rey se alegr muchsimo al ver  Schahrazada, y
     pregunt  su padre: Es sta lo que yo necesito? Y el visir dijo
     respetuosamente: S, lo es.

     Pero cuando el rey quiso acercarse  la joven, sta se ech 
     llorar. Y el rey le dijo: Qu te pasa? Y ella contest: Oh rey
     poderoso, tengo una hermanita, de la cual quisiera despedirme! El
     rey mand buscar  la hermana, y apenas vino se abraz 
     Schahrazada, y acab por acomodarse cerca del lecho.

     Entonces el rey se levant, y cogiendo  Schahrazada, le arrebat
     la virginidad.

     Despus empezaron  conversar.

     Doniazada dijo entonces  Schahrazada: Hermana, por Alah sobre
     ti! cuntanos una historia que nos haga pasar la noche. Y
     Schahrazada contest: De buena gana, y como un debido homenaje, si
     es que me lo permite este rey tan generoso, dotado de tan buenas
     maneras. El rey, al oir estas palabras, como no tuviese ningn
     sueo, se prest de buen grado  escuchar la narracin de
     Schahrazada.

Y Schahrazada, aquella primera noche, empez su relato con la historia
que sigue:

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PRIMERA NOCHE




HISTORIA DEL MERCADER Y EL EFRIT


Schahrazada dijo:

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He llegado  saber, oh rey afortunado! que hubo un mercader entre los
mercaderes, dueo de numerosas riquezas y de negocios comerciales en
todos los pases.

Un da mont  caballo y sali para ciertas comarcas  las cuales le
llamaban sus negocios. Como el calor era sofocante, se sent debajo de
un rbol, y echando mano al saco de provisiones, sac unos dtiles, y
cuando los hubo comido tir  lo lejos los huesos. Pero de pronto se le
apareci un efrit de enorme estatura, que, blandiendo una espada, lleg
hasta el mercader y le dijo: Levntate para que yo te mate como has
matado  mi hijo. El mercader repuso: Pero cmo he matado yo  tu
hijo? Y contest el efrit: Al arrojar los huesos, dieron en el pecho
 mi hijo y lo mataron. Entonces dijo el mercader: Considera oh gran
efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Tengo muchas
riquezas, tengo hijos y esposa, y adems guardo en mi casa depsitos que
me confiaron. Permteme volver para repartir lo de cada uno, y te vendr
 buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que
volver en seguida  tu lado. Y t entonces hars de m lo que quieras.
Alah es fiador de mis palabras.

El efrit, teniendo confianza en l, dej partir al mercader.

Y el mercader volvi  su tierra, arregl sus asuntos, y di  cada cual
lo que le corresponda. Despus cont  su mujer y  sus hijos lo que le
haba ocurrido, y se echaron todos  llorar: los parientes, las mujeres,
los hijos. Despus el mercader hizo testamento y estuvo con su familia
hasta el fin del ao. Al llegar este trmino se resolvi  partir, y
tomando su sudario bajo el sobaco, dijo adis  sus parientes y vecinos,
y se fu muy contra su gusto. Los suyos se lamentaban, dando grandes
gritos de dolor.

En cuanto al mercader, sigui su camino hasta que lleg al jardn en
cuestin, y el da en que lleg era el primer da del ao nuevo. Y
mientras estaba sentado, llorando su desgracia, he aqu que un jeque[15]
se dirigi hacia l, llevando una gacela encadenada. Salud al
mercader, le dese una vida prspera, y le dijo: Por qu razn ests
parado y solo en este lugar tan frecuentado por los efrits?

Entonces le cont el mercader lo que le haba ocurrido con el efrit y la
causa de haberse detenido en aquel sitio. Y el jeque dueo de la gacela
se asombr grandemente, y dijo: Por Alah! oh hermano! tu fe es una
gran fe, y tu historia es tan prodigiosa, que si se escribiera con una
aguja en el ngulo interior de un ojo, sera motivo de reflexin para el
que sabe reflexionar respetuosamente. Despus, sentndose  su lado,
prosigui: Por Alah! oh mi hermano! no te dejar hasta que veamos lo
que te ocurre con el efrit. Y all se qued, efectivamente, conversando
con l, y hasta pudo ayudarle cuando se desmay de terror, presa de una
afliccin muy honda y de crueles pensamientos. Segua all el dueo de
la gacela, cuando lleg un segundo jeque, que se dirigi  ellos con dos
lebreles negros. Se acerc, les dese la paz y les pregunt la causa de
haberse parado en aquel lugar frecuentado por los efrits. Entonces ellos
le refirieron la historia desde el principio hasta el fin. Y apenas se
haba sentado, cuando un tercer jeque se dirigi hacia ellos, llevando
una mula color de estornino. Les dese la paz y les pregunt por qu
estaban sentados en aquel sitio. Y los otros le contaron la historia
desde el principio hasta el fin. Pero no es de ninguna utilidad
repetirla.

A todo esto, se levant un violento torbellino de polvo en el centro de
aquella pradera. Descarg una tormenta, se disip despus el polvo y
apareci el efrit con un alfanje muy afilado en una mano y brotndole
chispas de los ojos. Se acerc al grupo, y dijo cogiendo al mercader:
Ven para que yo te mate como mataste  aquel hijo mo, que era el
aliento de mi vida y el fuego de mi corazn. Entonces se ech  llorar
el mercader, y los tres jeques empezaron tambin  llorar,  gemir y 
suspirar.

Pero el primero de ellos, el dueo de la gacela, acab por tomar nimos,
y besando la mano del efrit, le dijo: Oh efrit, jefe de los efrits y
de su corona! Si te cuento lo que me ocurri con esta gacela y te
maravilla mi historia, me recompensars con el tercio de la sangre de
este mercader? Y el efrit dijo: Verdaderamente que s, venerable
jeque. Si me cuentas la historia y yo la encuentro extraordinaria, te
conceder el tercio de esta sangre.

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Cuento del primer jeque

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El primer jeque dijo:

Sabe, oh gran efrit! que esta gacela era la hija de mi to[16], carne
de mi carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todava muy
joven, nos casamos, y vivimos juntos cerca de treinta aos. Pero Alah no
me concedi tener de ella ningn hijo. Por eso tom una concubina, que,
gracias  Alah, me di un hijo varn, ms hermoso que la luna cuando
sale. Tena unos ojos magnficos, sus cejas se juntaban y sus miembros
eran perfectos. Creci poco  poco, hasta llegar  los quince aos. En
aquella poca tuve que marchar  una poblacin lejana, donde reclamaba
mi presencia un gran negocio de comercio.

La hija de mi to,  sea esta gacela, estaba iniciada desde su infancia
en la brujera y el arte de los encantamientos. Con la ciencia de su
magia transform  mi hijo en ternerillo, y  su madre, la esclava, en
una vaca, y los entreg al mayoral de nuestro ganado.

Despus de bastante tiempo, regres del viaje; pregunt por mi hijo y
por mi esclava, y la hija de mi to me dijo: Tu esclava ha muerto, y tu
hijo se escap y no sabemos de l. Entonces, durante un ao estuve bajo
el peso de la afliccin de mi corazn y el llanto de mis ojos.

Llegada la fiesta anual del da de los Sacrificios, orden al mayoral
que me reservara una de las mejores vacas, y me trajo la ms gorda de
todas, que era mi esclava encantada por esta gacela. Remangado mi brazo,
levant los faldones de la tnica, y ya me dispona al sacrificio,
cuchillo en mano, cuando de pronto la vaca prorrumpi en lamentos y
derramaba lgrimas abundantes. Entonces me detuve, y la entregu al
mayoral para que la sacrificase; pero al desollarla no se le encontr ni
carne ni grasa, pues slo tena los huesos y el pellejo. Me arrepent de
haberla matado, pero de qu serva ya el arrepentimiento? Se la di al
mayoral, y le dije: Treme un becerro bien gordo. Y me trajo  mi hijo
convertido en ternero.

Cuando el ternero me vi, rompi la cuerda, se me acerc corriendo, y se
revolc  mis pies, pero con qu lamentos! con qu llantos! Entonces
tuve piedad de l, y le dije al mayoral: Treme otra vaca, y deja con
vida este ternero.

     En este punto de su narracin, vi Schahrazada que iba  amanecer,
     y se call discretamente, sin aprovecharse ms del permiso.
     Entonces su hermana Doniazada le dijo: Oh hermana ma! Cun
     dulces y cun sabrosas son tus palabras llenas de delicia!
     Schahrazada contest: Pues nada son comparadas con lo que os
     podra contar la noche prxima, si vivo todava y el rey quiere
     conservarme. Y el rey dijo para s: Por Alah! No la matar hasta
     que haya odo la continuacin de su historia.

     Despus, el rey y Schahrazada pasaron toda la noche abrazados.
     Luego march el rey  presidir su tribunal. Y vi llegar al visir,
     que llevaba debajo del brazo un sudario para Schahrazada,  la cual
     crea muerta. Pero nada le dijo de esto el rey, y sigui
     administrando justicia, designando  unos para los empleos,
     destituyendo  otros, hasta que acab el da. Y el visir se fu
     perplejo, en el colmo del asombro, al saber que su hija viva.

     Cuando hubo terminado el divn[17], el rey Schahriar volvi  su
     palacio.


_PERO CUANDO LLEG LA 2. NOCHE_

     Doniazada dijo  su hermana Schahrazada: Oh hermana ma! Te ruego
     que acabes la historia del mercader y el efrit. Y Schahrazada
     respondi: De todo corazn y como debido homenaje, siempre que el
     rey me lo permita. Y el rey orden: Puedes hablar.

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado, dotado de ideas justas y rectas!
que cuando el mercader vi llorar al ternero, se enterneci su corazn,
y dijo al mayoral: Deja ese ternero con el ganado.

Y  todo esto, el efrit se asombraba prodigiosamente de esta historia
asombrosa. Y el jeque dueo de la gacela prosigui de este modo:

Oh seor de los reyes de los efrits! todo esto aconteci. La hija de
mi to, esta gacela, hallbase all mirando, y deca: Debemos
sacrificar ese ternero tan gordo. Pero yo, por lstima, no poda
decidirme, y mand al mayoral que de nuevo se lo llevara, obedecindome
l.

Al segundo da, estaba yo sentado, cuando se me acerc el pastor y me
dijo: Oh amo mo! Voy  enterarte de algo que te alegrar. Esta buena
nueva bien merece una gratificacin. Y yo le contest: Cuenta con
ella. Y me dijo: Oh mercader ilustre! Mi hija es bruja, pues aprendi
la brujera de una vieja que viva con nosotros. Ayer, cuando me diste
el ternero, entr con l en la habitacin de mi hija, y ella, apenas lo
vi, cubrise con el velo la cara, echndose  llorar y despus  reir.
Luego me dijo: Padre, tan poco valgo para ti que dejas entrar hombres
en mi aposento? Yo repuse: Pero dnde estn esos hombres? Y por qu
lloras y res as? Y ella me dijo: El ternero que traes contigo es
hijo de nuestro amo el mercader, pero est encantado. Y es su madrastra
la que lo ha encantado, y  su madre con l. Me he redo al verle bajo
esa forma de becerro. Y si he llorado es  causa de la madre del
becerro, que fu sacrificada por el padre. Estas palabras de mi hija me
sorprendieron mucho, y aguardar con impaciencia que volviese la maana
para venir  enterarte de todo.

Cuando o, oh poderoso efrit!--prosigui el jeque--lo que me deca el
mayoral, sal con l  toda prisa, y sin haber bebido vino creame
embriagado por el inmenso jbilo y por la gran felicidad que senta al
recobrar  mi hijo. Cuando llegu  casa del mayoral, la joven me dese
la paz y me bes la mano, y luego se me acerc el ternero, revolcndose
 mis pies. Pregunt entonces  la hija del mayoral: Es cierto lo que
afirmas de este ternero? Y ella dijo: Cierto, sin duda alguna. Es tu
hijo, la llama de tu corazn. Y le supliqu: Oh gentil y caritativa
joven! si desencantas  mi hijo, te dar cuantos ganados y fincas tengo
al cuidado de tu padre. Sonri al oir estas palabras, y dijo: Slo
aceptar la riqueza con dos condiciones: la primera, que me casar con
tu hijo, y la segunda, que me dejars encantar y aprisionar  quien yo
desee. De lo contrario, no respondo de mi eficacia contra las perfidias
de tu mujer.

Cuando yo o, oh poderoso efrit! las palabras de la hija del mayoral,
le dije: Sea, y por aadidura tendrs las riquezas que tu padre me
administra. En cuanto  la hija de mi to, te permito que dispongas de
su sangre.

Apenas escuch ella mis palabras, cogi una cacerola de cobre,
llenndola de agua y pronunciando sus conjuros mgicos. Despus roci
con el lquido al ternero, y le dijo: Si Alah te cre ternero, sigue
ternero, sin cambiar de forma; pero si ests encantado, recobra tu
figura primera con el permiso de Alah el Altsimo.

E inmediatamente el ternero empez  agitarse y volvi  adquirir la
forma humana. Entonces, arrojndome en sus brazos, le bes. Y luego le
dije: Por Alah sobre ti! Cuntame lo que la hija de mi to hizo
contigo y con tu madre. Y me cont cuanto les haba ocurrido. Y yo
dije entonces: Ah, hijo mo! Alah, dueo de los destinos, reservaba 
alguien para salvarte y salvar tus derechos.

Despus de esto, oh buen efrit! cas  mi hijo con la hija del mayoral.
Y ella, merced  su ciencia de brujera, encant  la hija de mi to,
transformndola en esta gacela que t ves. Al pasar por aqu encontrme
con estas buenas gentes, les pregunt qu hacan, y por ellas supe lo
ocurrido  este mercader, y hube de sentarme para ver lo que pudiese
sobrevenir. Y esta es mi historia.

       *       *       *       *       *

Entonces exclam el efrit: Historia realmente muy asombrosa. Por eso te
concedo como gracia el tercio de la sangre que pides.

En este momento se acerc el segundo jeque, el de los lebreles negros, y
dijo:




Cuento del segundo jeque

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Sabe, oh seor de los reyes de los efrits! que estos dos perros son
mis hermanos mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre, nos
dej en herencia tres mil dinares[18]. Yo, con mi parte, abr una tienda
y me puse  vender y comprar. Uno de mis hermanos, comerciante tambin,
se dedic  viajar con las caravanas, y estuvo ausente un ao. Cuando
regres no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: Oh
hermano mo! no te haba aconsejado que no viajaras? Y echndose 
llorar, me contest: Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo
dispuso as. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que
nada tengo ahora. Le llev conmigo  la tienda, lo acompa luego al
hammam[19] y le regal un magnfico traje de la mejor clase. Despus nos
sentamos  comer, y le dije: Hermano, voy  hacer la cuenta de lo que
produce mi tienda en un ao, sin tocar al capital, y nos partiremos las
ganancias. Y, efectivamente, hice la cuenta, y hall un beneficio anual
de mil dinares. Entonces di gracias  Alah, que es poderoso y grande, y
divid la ganancia luego entre mi hermano y yo. Y as vivimos juntos
das y das.

Pero de nuevo mis hermanos desearon marcharse, y pretendan que yo les
acompaase. No acept y les dije: Qu habis ganado con viajar, para
que as pueda yo tentarme de imitaros? Entonces empezaron  dirigirme
reconvenciones, pero sin ningn fruto, pues no les hice caso, y seguimos
comerciando en nuestras tiendas otro ao. Otra vez volvieron 
proponerme el viaje, oponindome yo tambin, y as pasaron seis aos
ms. Al fin acabaron por convencerme, y les dije: Hermanos, contemos
el dinero que tenemos. Contamos, y dimos con un total de seis mil
dinares. Entonces les dije: Enterremos la mitad, para poderla utilizar
si nos ocurriese una desgracia, y tomemos mil dinares cada uno para
comerciar al por menor. Y contestaron: Alah favorezca la idea! Cog
el dinero y lo divid en dos partes iguales; enterr tres mil dinares y
los otros tres mil los repart juiciosamente entre nosotros tres.
Despus compramos varias mercaderas, fletamos un barco, llevamos  l
todos nuestros efectos, y partimos.

Dur un mes entero el viaje, y llegamos  una ciudad, donde vendimos las
mercaderas con una ganancia de diez dinares por dinar. Luego
abandonamos la plaza.

Al llegar  orillas del mar encontramos  una mujer pobremente vestida,
con ropas viejas y radas. Se me acerc, me bes la mano, y me dijo:
Seor, me puedes socorrer? Quieres favorecerme? Yo, en cambio, sabr
agradecer tus bondades. Y le dije: Te socorrer; mas no te creas
obligada  la gratitud. Y ella me respondi: Seor, entonces csate
conmigo, llvame  tu pas y te consagrar mi alma. Favorceme, que yo
soy de las que saben el valor de un beneficio. No te avergences de mi
humilde condicin. Al oir estas palabras, sent piedad hacia ella, pues
nada hay que no se haga mediante la voluntad de Alah, que es grande y
poderoso. Me la llev, la vest con ricos trajes, hice tender magnficas
alfombras en el barco para ella y le dispens una hospitalaria acogida
llena de cordialidad. Despus zarpamos.

Mi corazn lleg  amarla con un gran amor, y no la abandon ni de da
ni de noche. Y como de los tres hermanos era yo el nico que poda
gozarla, estos hermanos mos sintieron celos, adems de envidiarme por
mis riquezas y por la calidad de mis mercaderas. Dirigan vidas
miradas sobre cuanto posea yo, y se concertaron para matarme y
repartirse mi dinero, porque el Cheitn[20] sin duda les hizo ver su
mala accin con los ms bellos colores.

Un da, cuando estaba yo durmiendo con mi esposa, llegaron hasta
nosotros y nos cogieron, echndonos al mar. Mi esposa se despert en el
agua, y de sbito cambi de forma, convirtindose en efrita[21]. Me tom
sobre sus hombros y me deposit en una isla. Despus desapareci durante
toda la noche, regresando al amanecer, y me dijo: No reconoces  tu
esposa? Te he salvado de la muerte con ayuda del Altsimo. Porque has
de saber que soy una efrita. Y desde el instante en que te vi, te am mi
corazn, simplemente porque Alah lo ha querido, y yo soy una creyente en
Alah y en su Profeta, al cual Alah bendiga y preserve. Cuando me he
acercado  ti en la pobre condicin en que me hallaba, t te aviniste de
todos modos  casarte conmigo. Y yo, en justa gratitud, he impedido que
perezcas ahogado. En cuanto  tus hermanos, siento el mayor furor contra
ellos y es preciso que los mate.

Asombrado de sus palabras, le di las gracias por su accin, y le dije:
No puedo consentir la prdida de mis hermanos. Luego le cont todo lo
ocurrido con ellos, desde el principio hasta el fin, y me dijo entonces:
Esta noche volar hacia la nave que los conduce, y la har zozobrar
para que sucumban. Yo repliqu: Por Alah sobre ti! No hagas eso,
recuerda que el Maestro de los Proverbios dice: Oh t, compasivo del
delincuente! Piensa que para el criminal es bastante castigo su mismo
crimen, y adems, considera que son mis hermanos. Pero ella insisti:
Tengo que matarlos sin remedio. Y en vano implor su indulgencia.
Despus se ech  volar llevndome en sus hombros, y me dej en la
azotea de mi casa.

Abr entonces las puertas y saqu los tres mil dinares del escondrijo.
Luego abr mi tienda, y despus de hacer las visitas necesarias y los
saludos de costumbre, compr nuevos gneros.

Llegada la noche, cerr la tienda, y al entrar en mis habitaciones
encontr estos dos lebreles que estaban atados en un rincn. Al verme se
levantaron, rompieron  llorar y se agarraron  mis ropas. Entonces
acudi mi mujer, y me dijo: Son tus hermanos. Y yo le dije: Quin
los ha puesto en esta forma? Y ella contest: Yo misma. He rogado  mi
hermana, ms versada que yo en artes de encantamiento, que los pusiera
en ese estado. Diez aos permanecern as.

Por eso, oh efrit poderoso! me ves aqu, pues voy en busca de mi
cuada,  la que deseo suplicar los desencante, porque van ya
transcurridos diez aos. Al llegar me encontr con este buen hombre, y
cuando supe su aventura, no quise marcharme hasta averiguar lo que
sobreviniese entre t y l. Y este es mi cuento.

       *       *       *       *       *

El efrit dijo: Es realmente un cuento asombroso, por lo que te concedo
otro tercio de la sangre destinada  rescatar el crimen.

       *       *       *       *       *

Entonces se adelant el tercer jeque, dueo de la mula, y dijo al efrit:
Te contar una historia ms maravillosa que las de estos dos. Y t me
recompensars con el resto de la sangre. El efrit contest: Que as
sea.

Y el tercer jeque dijo:




Cuento del tercer jeque


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Oh sultn, jefe de los efrits! Esta mula que ves aqu era mi esposa.
Una vez sal de viaje y estuve ausente todo un ao. Terminados mis
negocios, volv de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la
encontr acostada sobre los tapices de la cama con un esclavo negro.
Estaban conversando, y se besaban, hacindose zalameras, riendo y
excitndose con juegos. Al verme ella, se levant sbitamente y se
abalanz  m con una vasija de agua en la mano; murmur algunas
palabras luego, y me dijo arrojndome el agua: Sal de tu propia forma
y reviste la de un perro! Inmediatamente me convert en perro, y mi
esposa me ech de casa. Anduve vagando, hasta llegar  una carnicera,
donde me puse  roer huesos. Al verme el carnicero, me cogi y me llev
con l.

Apenas penetramos en el cuarto de su hija, sta se cubri con el velo y
recrimin  su padre: Te parece bien lo que has hecho? Traes  un
hombre y lo entras en mi habitacin. Y repuso el padre: Pero dnde
est ese hombre? Ella contest: Ese perro es un hombre. Lo ha
encantado una mujer; pero yo soy capaz de desencantarlo. Y su padre le
dijo: Por Alah sobre ti! Devulvele su forma, hija ma. Ella cogi
una vasija con agua, y despus de murmurar un conjuro, me ech unas
gotas y dijo: Sal de esa forma y recobra la primitiva! Entonces volv
 mi forma humana, bes la mano de la joven, y le dije: Quisiera que
encantases  mi mujer, como ella me encant. Me di entonces un frasco
con agua, y me dijo: Si encuentras dormida  tu mujer rocala con esta
agua y se convertir en lo que quieras. Efectivamente, la encontr
dormida, le ech el agua, y dije: Sal de esa forma y toma la de una
mula! Y al instante se transform en una mula, y es la misma que aqu
ves, sultn de reyes de los efrits.

       *       *       *       *       *

El efrit se volvi entonces hacia la mula, y le dijo: Es verdad todo
eso? Y la mula movi la cabeza como afirmando: S, s; todo es
verdad.

Esta historia consigui satisfacer al efrit, que, lleno de emocin y
placer, hizo gracia al anciano del ltimo tercio de la sangre.

     En aquel momento Schahrazada vi aparecer la maana, y
     discretamente dej de hablar, sin aprovecharse ms del permiso.
     Entonces su hermana Doniazada dijo: Ah, hermana ma! Cun
     dulces, cun amables y cun deliciosas son en su frescura tus
     palabras! Y Schahrazada contest: Nada es eso comparado con lo
     que te contar la noche prxima, si vivo an y el rey quiere
     conservarme. Y el rey se dijo: Por Alah! No la matar hasta que
     le haya odo la continuacin de su relato, que es asombroso.

     Despus el rey y Schahrazada pasaron enlazados la noche hasta por
     la maana. Entonces el rey march  la sala de justicia. Entraron
     el visir y los oficiales y se llen el divn de gente. Y el rey
     juzg, nombr, destituy, despach sus asuntos y di rdenes hasta
     el fin del da. Luego se levant el divn y el rey volvi 
     palacio.


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_PERO CUANDO LLEG LA 3. NOCHE_

     Doniazada dijo: Hermana ma, te suplico que termines tu relato. Y
     Schahrazada contest: Con toda la generosidad y simpata de mi
     corazn. Y prosigui despus:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando el tercer jeque cont
al efrit el ms asombroso de los tres cuentos, el efrit se maravill
mucho, y emocionado y placentero, dijo: Concedo el resto de la sangre
por que haba de redimirse el crimen, y dejo en libertad al mercader.

Entonces el mercader, contentsimo, sali al encuentro de los jeques y
les di miles de gracias. Ellos,  su vez, le felicitaron por el
indulto.

Y cada cual regres  su pas.

     Pero--aadi Schahrazada--es ms asombrosa la historia del
     pescador.

     Y el rey dijo  Schahrazada: Qu historia del pescador es sa?

     Y Schahrazada dijo:

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HISTORIA DEL PESCADOR Y EL EFRIT


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He llegado  saber, oh rey afortunado! que haba un pescador, hombre de
edad avanzada, casado, con tres hijos y muy pobre.

Tena por costumbre echar las redes slo cuatro veces al da y nada ms.
Un da entre los das,  las doce de la maana, fu  orillas del mar,
dej en el suelo la cesta, ech la red, y estuvo esperando hasta que
llegara al fondo. Entonces junt las cuerdas y not que la red pesaba
mucho y no poda con ella. Llev el cabo  tierra y lo at  un poste.
Despus se desnud y entr en el mar, maniobrando en torno de la red, y
no par hasta que la hubo sacado. Vistise entonces muy alegre, y
acercndose  la red, encontr un borrico muerto. Al verlo, exclam
desconsolado: Todo el poder y la fuerza estn en Alah, el Altsimo y
el Omnipotente! Luego dijo: En verdad que este donativo de Alah es
asombroso. Y recit los siguientes versos:

     _Oh buzo que giras ciegamente en las tinieblas de la noche y de la
     perdicin! Abandona esos penosos trabajos; la fortuna no gusta del
     movimiento!_

Sac la red, exprimindola el agua, y cuando hubo acabado de exprimirla,
la tendi nuevamente. Despus, internndose en el agua, exclam: En el
nombre de Alah! Y arroj la red de nuevo, aguardando que llegara al
fondo. Quiso entonces sacarla, pero not que pesaba ms que antes y que
estaba ms adherida, por lo cual la crey repleta de una buena pesca; y
arrojndose otra vez al agua, la sac al fin con gran trabajo,
llevndola  la orilla, y encontr una enorme tinaja llena de arena y
barro. Al verla, se lament mucho y recit estos versos:

     _Cesad, vicisitudes de la suerte, y apiadaos de los hombres!_

     _Qu tristeza! Sobre la tierra ninguna recompensa es igual al
     mrito, ni digna del esfuerzo realizado por alcanzarla!_

     _Salgo de casa  veces para buscar candorosamente la fortuna, y me
     enteran de que la fortuna hace mucho tiempo que muri!_

     _Es as, oh fortuna! como dejas  los sabios en la sombra, para
     que los necios gobiernen el mundo?_

Y luego, arrojando la tinaja lejos de l, pidi perdn  Alah por su
momento de rebelda y lanz la red por tercera vez, y al sacarla la
encontr llena de trozos de cacharros y vidrios. Al ver esto, recit
todava unos versos de un poeta:

     _Oh poeta! Nunca soplar hacia ti el viento de la fortuna!
     Ignoras, hombre ingenuo, que ni tu pluma de caa ni las lneas
     armoniosas de la escritura han de enriquecerte jams?_

Y alzando la frente al cielo, exclam: Alah! T sabes que yo no echo
la red ms que cuatro veces por da, y ya van tres! Despus invoc
nuevamente el nombre de Alah y lanz la red, aguardando que tocase al
fondo. Esta vez,  pesar de todos sus esfuerzos, tampoco consegua
sacarla, pues  cada tirn se enganchaba ms en las rocas del fondo.
Entonces dijo: No hay fuerza ni poder ms que en Alah! Se desnud,
metindose en el agua y maniobrando en torno de la red, hasta que la
desprendi y la llev  tierra. Al abrirla encontr un enorme jarrn de
cobre dorado, lleno  intacto. La boca estaba cerrada con un plomo que
ostentaba el sello de nuestro seor Soleimn[22], hijo de Daud. El
pescador se puso muy alegre al verlo, y se dijo: He aqu un objeto que
vender en el zoco[23] de los caldereros, porque bien vale sus diez
dinares de oro. Intent mover el jarrn, pero hallndolo muy pesado, se
dijo para s: Tengo que abrirlo sin remedio; meter en el saco lo que
contenga y luego lo vender en el zoco de los caldereros. Sac el
cuchillo y empez  maniobrar, hasta que levant el plomo. Entonces
sacudi el jarrn, queriendo inclinarlo para verter el contenido en el
suelo. Pero nada sali del vaso, aparte de una humareda que subi hasta
lo azul del cielo y se extendi por la superficie de la tierra. Y el
pescador no volva de su asombro. Una vez que hubo salido todo el humo,
comenz  condensarse en torbellinos, y al fin se convirti en un efrit
cuya frente llegaba  las nubes, mientras sus pies se hundan en el
polvo. La cabeza del efrit era como una cpula; sus manos semejaban
rastrillos; sus piernas eran mstiles; su boca, una caverna; sus
dientes, piedras; su nariz, una alcarraza; sus ojos, dos antorchas, y su
cabellera apareca revuelta y empolvada. Al ver  este efrit, el
pescador qued mudo de espanto, temblndole las carnes, encajados los
dientes, la boca seca, y los ojos se le cegaron  la luz.

Cuando vi al pescador, el efrit dijo: No hay ms Dios que Alah, y
Soleimn es el profeta de Alah! Y dirigindose hacia el pescador,
prosigui de este modo: Oh t, gran Soleimn, profeta de Alah, no me
mates; te obedecer siempre, y nunca me rebelar contra tus mandatos!
Entonces exclam el pescador: Oh gigante audaz y rebelde, t te
atreves  decir que Soleimn es el profeta de Alah! Soleimn muri hace
mil ochocientos aos, y nosotros estamos al fin de los tiempos. Pero
qu historia vienes  contarme? Cul es el motivo de que estuvieras en
este jarrn?

Entonces el efrit dijo: No hay ms Dios que Alah. Pero permite, oh
pescador! que te anuncie una buena noticia. Y el pescador repuso: Qu
noticia es esa? Y contest el efrit: Tu muerte. Vas  morir ahora
mismo, y de la manera ms terrible. Y replic el pescador: Oh jefe de
los efrits! mereces por esa noticia que el cielo te retire su ayuda!
Pueda l alejarte de nosotros! Pero por qu deseas mi muerte? qu
hice para merecerla? Te he sacado de esa vasija, te he salvado de una
larga permanencia en el mar, y te he trado  la tierra. Entonces el
efrit dijo: Piensa y elige la especie de muerte que prefieras; morirs
del modo que gustes. Y el pescador dijo: Cul es mi crimen para
merecer tal castigo? Y respondi el efrit: Oye mi historia, pescador.
Y el pescador dijo: Habla y abrevia tu relato, porque de impaciente que
se halla mi alma, se me est saliendo por el pie. Y dijo el efrit:

Sabe que yo soy un efrit rebelde. Me rebel contra Soleimn, hijo de
Daud. Mi nombre es Sakhr El-Genni. Y Soleimn envi hacia m  su visir
Assef, hijo de Barkhia, que me cogi  pesar de mi resistencia y me
llev  manos de Soleimn. Y mi nariz en aquel momento se puso bien
humilde. Al verme Soleimn hizo su conjuro  Alah y me mand que
abrazase su religin y me sometiese  su obediencia. Pero yo me negu.
Entonces mand traer ese jarrn, me aprision en l y lo sell con
plomo, imprimiendo el nombre del Altsimo. Despus orden  los efrits
fieles que me llevaran en hombros y me arrojasen en medio del mar.
Permanec cien aos en el fondo del agua, y deca de todo corazn:
Enriquecer eternamente al que logre libertarme. Pero pasaron los cien
aos y nadie me libert. Durante los otros cien aos me deca:
Descubrir y dar los tesoros de la tierra  quien me liberte. Pero
nadie me libr. Y pasaron cuatrocientos aos, y me dije: Conceder tres
cosas  quien me liberte. Y nadie me libr tampoco. Entonces,
terriblemente encolerizado, dije con toda el alma: Ahora matar  quien
me libre, pero le dejar antes elegir, concedindole la clase de muerte
que prefiera. Entonces t, oh pescador! viniste  librarme, y por eso
te permito que escojas la clase de muerte.

El pescador, al oir estas palabras del efrit, dijo: Por Alah que la
oportunidad es prodigiosa! Y haba de ser yo quien te libertase!
Indltame, efrit, que Alah te recompensar! En cambio, si me matas,
buscar quien te haga perecer. Entonces el efrit le dijo: Pero si yo
quiero matarte precisamente porque me has libertado! Y el pescador le
contest: Oh jeque de los efrits, as es como devuelves el mal por el
bien! A fe que no miente el proverbio! Y recit estos versos:

     _Quieres probar la amargura de las cosas? S bueno y servicial!_

     _Los malvados desconocen la gratitud!_

     _Prubalo, si quieres, y tu suerte ser la de la pobre Magir,
     madre de Amer!_

Pero el efrit le dijo: Ya hemos hablado bastante. Sabe que sin remedio
te he de matar. Entonces pens el pescador: Yo no soy ms que un
hombre y l un efrit, pero Alah me ha dado una razn bien despierta.
Acudir  una astucia para perderlo. Ver hasta dnde llega su malicia.
Y entonces dijo al efrit: Has decidido realmente mi muerte? Y el
efrit contest: No lo dudes. Entonces dijo: Por el nombre del
Altsimo, que est grabado en el sello de Soleimn, te conjuro  que
respondas con verdad  mi pregunta. Cuando el efrit oy el nombre del
Altsimo, respondi muy conmovido: Pregunta, que yo contestar la
verdad. Entonces dijo el pescador: Cmo has podido entrar por entero
en este jarrn donde apenas cabe tu pie  tu mano? El efrit dijo:
Dudas acaso de ello? El pescador respondi: Efectivamente, no lo
creer jams mientras no vea con mis propios ojos que te metes en l.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


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_PERO CUANDO LLEG LA 4. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando el pescador dijo al
efrit que no le creera como no lo viese con sus propios ojos, el efrit
comenz  agitarse, convirtindose nuevamente en humareda que suba
hasta el firmamento. Despus se condens, y empez  entrar en el jarrn
poco  poco, hasta el fin. Entonces el pescador cogi rpidamente la
tapadera de plomo con el sello de Soleimn, y obstruy la boca del
jarrn. Despus, llamando al efrit, le dijo: Elige y piensa la clase de
muerte que ms te convenga; si no, te echar al mar, y me har una casa
junto  la orilla,  impedir  todo el mundo que pesque, diciendo:
All hay un efrit, y si lo libran quiere matar  los que le liberten.
Luego enumer todas las variedades de muertes para facilitar la
eleccin. Al oirle, el efrit intent salir, pero no pudo, y vi que
estaba encarcelado y tena encima el sello de Soleimn, convencindose
entonces de que el pescador le haba encerrado en un calabozo contra el
cual no pueden prevalecer ni los ms dbiles ni los ms fuertes de los
efrits. Y comprendiendo que el pescador le llevara hacia el mar,
suplic: No me lleves! no me lleves! Y el pescador dijo: No hay
remedio. Entonces, dulcificando su lenguaje, exclam el efrit: Ah
pescador! Qu vas  hacer conmigo? El otro dijo: Echarte al mar, que
si has estado en l mil ochocientos aos, no saldrs esta vez hasta el
da del Juicio. No te rogu yo que me dejaras la vida para que Alah te
la conservase  ti y no me mataras para que Alah no te matase? Obrando
infamemente, rechazaste mi plegaria. Por eso Alah te ha puesto en mis
manos, y no me remuerde el haberte engaado. Entonces dijo el efrit:
breme el jarrn y te colmar de beneficios. El pescador respondi:
Mientes, oh maldito! Entre t y yo pasa exactamente lo que ocurri
entre el visir del rey Yunn y el mdico Ruyn.

Y el efrit dijo: Quines eran el visir del rey Yunn y el mdico
Ruyn?... Qu historia es esa?


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Historia del visir del rey Yunn y del mdico Ruyn


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El pescador dijo:

Sabrs, oh efrit! que, en la antigedad del tiempo y en lo pasado de
la edad, hubo en la ciudad de Fars, en el pas de los ruman[24], un rey
llamado Yunn. Era rico y poderoso, seor de ejrcitos, dueo de
fuerzas considerables y de aliados de todas las especies de hombres.
Pero su cuerpo padeca una lepra que desesperaba  los mdicos y  los
sabios. Ni drogas, ni pldoras, ni pomadas le hacan efecto alguno, y
ningn sabio pudo encontrar un eficaz remedio para la espantosa
dolencia. Pero cierto da lleg  la capital del rey Yunn un mdico
anciano, de renombre, llamado Ruyn. Haba estudiado los libros griegos,
persas, romanos, rabes y sirios, as como la medicina y la astronoma,
cuyos principios y reglas no ignoraba, lo mismo que sus buenos y malos
efectos. Conoca las virtudes de las plantas grasas y secas, y tambin
sus buenos y malos efectos. Por ltimo, haba profundizado la filosofa
y todas las ciencias mdicas y otras muchas adems. Cuando este mdico
lleg  la ciudad y permaneci en ella algunos das, supo la historia
del rey y de la lepra que le martirizaba por la voluntad de Alah,
enterndose del fracaso absoluto de todos los mdicos y sabios. Al tener
de ello noticia, pas muy preocupado la noche. Pero no bien despert por
la maana (al brillar la luz del da y saludar el sol al mundo,
magnfica decoracin del ptimo) se puso su mejor traje y fu  ver al
rey Yunn. Bes la tierra entre las manos del rey[25]  hizo votos por
la duracin eterna de su podero y de las gracias de Alah y de todas las
mejores cosas. Despus le enter de quin era, y le dijo: He averiguado
la enfermedad que atormenta tu cuerpo y he sabido que un gran nmero de
mdicos no ha podido encontrar el medio de curarla. Voy, oh rey! 
aplicarte mi tratamiento, sin hacerte beber medicinas ni untarte con
pomadas. Al oirlo, el rey Yunn se asombr mucho, y le dijo: Por
Alah! que si me curas te enriquecer hasta los hijos de tus hijos, te
conceder todos tus deseos y sers mi compaero y amigo. En seguida le
di un hermoso traje y otros presentes, y aadi: Es cierto que me
curars de esta enfermedad sin medicamentos ni pomadas? Y respondi el
otro: S, ciertamente. Te curar sin fatiga ni pena para tu cuerpo. El
rey le dijo, cada vez ms asombrado: Oh gran mdico! Qu da y qu
momento vern realizarse lo que acabas de prometer? Apresrate 
hacerlo, hijo mo. Y el mdico contest: Escucho y obedezco.

Entonces sali del palacio y alquil una casa, donde instal sus libros,
sus remedios y sus plantas aromticas. Despus hizo extractos de sus
medicamentos y de sus simples, y con estos extractos construy un mazo
corto y encorvado, cuyo mango horad, y tambin hizo una pelota, todo
esto lo mejor que pudo. Terminado completamente su trabajo, al segundo
da fu  palacio, entr en la cmara del rey y bes la tierra entre sus
manos. Despus le prescribi que fuera  caballo al meidn[26] y jugara
con la bola y el mazo.

Acompaaron al rey sus emires, sus chambelanes, sus visires y los jefes
del reino. Apenas haba llegado al meidn, se le acerc el mdico y le
entreg el mazo, dicindole: Empalo de este modo y da con toda tu
fuerza en la pelota. Y haz de manera que llegues  sudar. De ese modo el
remedio penetrar en la palma de la mano y circular por todo tu cuerpo.
Cuando transpires y el remedio haya tenido tiempo de obrar, regresa  tu
palacio, ve en seguida  baarte al hammam, y quedars curado. Ahora, la
paz sea contigo.

El rey Yunn cogi el mazo que le alargaba el mdico, empundolo con
fuerza. Intrpidos jinetes montaron  caballo y le echaron la pelota.
Entonces empez  galopar detrs de ella para alcanzarla y golpearla,
siempre con el mazo bien cogido. Y no dej de golpear hasta que
transpir bien por la palma de la mano y por todo el cuerpo, dando lugar
 que la medicina obrase sobre el organismo. Cuando el mdico Ruyn vi
que el remedio haba circulado suficientemente, mand al rey que
volviera  palacio para baarse en el hammam. Y el rey march en seguida
y dispuso que le prepararan el hammam. Se lo prepararon con gran prisa,
y los esclavos apresurronse tambin  disponerle la ropa. Entonces el
rey entr en el hammam y tom el bao, se visti de nuevo y sali del
hammam para montar  caballo, volver  palacio y echarse  dormir.

Y hasta aqu lo referente al rey Yunn. En cuanto al mdico Ruyn, ste
regres  su casa, se acost, y al despertar por la maana fu 
palacio, pidi permiso al rey para entrar, lo que ste le concedi,
entr, bes la tierra entre sus manos y empez por declamar gravemente
algunas estrofas:

     _Si la elocuencia te eligiese como padre, reflorecera! Y no
     sabra elegir ya  otro mas que  ti!_

     _Oh rostro radiante, cuya claridad borrara la llama de un tizn
     encendido!_

     _Ojal ese glorioso semblante siga con la luz de su frescura y
     alcance  ver cmo las arrugas surcan la cara del tiempo!_

     _Me has cubierto con los beneficios de tu generosidad, como la
     nube bienhechora cubre la colina!_

     _Tus altas hazaas te han hecho alcanzar las cimas de la gloria, y
     eres el amado del Destino, que ya no puede negarte nada!_

Recitados los versos, el rey se puso de pie, y cordialmente tendi sus
brazos al mdico. Luego le sent  su lado, y le regal magnficos
trajes de honor.

Porque, efectivamente, al salir del hammam, el rey se haba mirado el
cuerpo, sin encontrar rastro de lepra, y vi su piel tan pura como la
plata virgen. Entonces se dilat con gran jbilo su pecho. Y al otro
da, al levantarse por la maana, entr en el divn; se sent en el
trono y comparecieron los chambelanes y grandes del reino, as como el
mdico Ruyn. Por esto, al verle, el rey se levant apresuradamente y
le hizo sentar  su lado. Sirvieron  ambos manjares y bebidas durante
todo el da. Y al anochecer, el rey entreg al mdico dos mil dinares,
sin contar los trajes de honor y magnficos presentes, y le hizo montar
su propio corcel. Y entonces el mdico se despidi y regres  su casa.

El rey no dejaba de admirar el arte del mdico ni de decir: Me ha
curado por el exterior de mi cuerpo sin untarme con pomadas. Oh Alah!
Qu ciencia tan sublime! Fuerza es colmar de beneficios  este hombre y
tenerle para siempre como compaero y amigo afectuoso. Y el rey Yunn
se acost, muy alegre de verse con el cuerpo sano y libre de su
enfermedad.

Cuando al otro da se levant el rey y se sent en el trono, los jefes
de la nacin pusironse de pie, y los emires y visires se sentaron  su
derecha y  su izquierda. Entonces mand llamar al mdico Ruyn, que
acudi y bes la tierra entre sus manos. El rey se levant en honor
suyo, le hizo sentar  su lado, comi en su compaa, le dese larga
vida y le di magnficas telas y otros presentes, sin dejar de conversar
con l hasta el anochecer, y mand le entregaran  modo de remuneracin
cinco trajes de honor y mil dinares. Y as regres el mdico  su casa,
haciendo votos por el rey.

Al levantarse por la maana, sali el rey y entr en el divn, donde le
rodearon los emires, los visires y los chambelanes. Y entre los visires
haba uno de cara siniestra, repulsiva, terrible, srdidamente avaro,
envidioso y saturado de celos y de odio. Cuando este visir vi que el
rey colocaba  su lado al mdico Ruyn y le otorgaba tantos beneficios,
le tuvo envidia y resolvi secretamente perderlo. El proverbio lo dice:
El envidioso ataca  todo el mundo. En el corazn del envidioso est
emboscada la persecucin, y la desarrolla si dispone de fuerza  la
conserva latente la debilidad. El visir se acerc al rey Yunn, bes la
tierra entre sus manos, y dijo: Oh rey del siglo y del tiempo, que
envuelves  los hombres en tus beneficios! Tengo para ti un consejo de
gran importancia, que no podra ocultarte sin ser un mal hijo. Si me
mandas que te lo revele, te lo revelar. Turbado entonces el rey por
las palabras del visir, le dijo: Qu consejo es el tuyo? El otro
respondi: Oh rey glorioso! los antiguos han dicho: Quien no mire el
fin y las consecuencias, no tendr  la Fortuna por amiga, y justamente
acabo de ver al rey obrar con poco juicio otorgando sus bondades  su
enemigo, al que desea el aniquilamiento de su reino, colmndole de
favores, abrumndole con generosidades. Y yo, por esta causa, siento
grandes temores por el rey. Al oir esto, el rey se turb
extremadamente, cambi de color, y dijo: Quin es el que supones
enemigo mo y colmado por m de favores? Y el visir respondi: Oh
rey! Si ests dormido, despierta, porque aludo al mdico Ruyn. El rey
dijo: Ese es buen amigo mo, y para m el ms querido de los hombres,
pues me ha curado con una cosa que yo he tenido en la mano y me ha
librado de mi enfermedad, que haba desesperado  los mdicos.
Ciertamente que no hay otro como l en este siglo, en el mundo entero,
lo mismo en Occidente que en Oriente. Cmo te atreves  hablarme as de
l? Desde ahora le voy  sealar un sueldo de mil dinares al mes. Y
aunque le diera la mitad de mi reino, poco sera para lo que merece.
Creo que me dices todo eso por envidia, como se cuenta en la historia,
que he sabido, del rey Sindabad.

     En este momento la aurora sorprendi  Schahrazada, que interrumpi
     su narracin.

     Entonces Doniazada le dijo: Ah, hermana ma! Cun dulces, cun
     puras y cun deliciosas son tus palabras! Y Schahrazada dijo:
     Qu es eso comparado con lo que os contar  la noche prxima, si
     vivo todava y el rey tiene  bien conservarme? Entonces el rey
     dijo para s: Por Alah! No la matar sin haber odo antes la
     continuacin de su historia, que es verdaderamente maravillosa.

     Luego pasaron ambos la noche enlazados hasta por la maana. Y el
     rey fu al divn, y juzg, otorg empleos, destituy y despach los
     asuntos pendientes hasta acabarse el da. Despus se levant el
     divn y el rey entr en su palacio. Y cuando se aproxim la noche
     hizo su cosa acostumbrada con Schahrazada, la hija del visir.


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_PERO CUANDO LLEG LA 5. NOCHE_

     Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el rey Yunn dijo  su
visir: Visir, has dejado entrar en ti la envidia contra el mdico, y
quieres que yo lo mate para que luego me arrepienta, como se arrepinti
el rey Sindabad despus de haber matado al halcn. El visir pregunt:
Y cmo ocurri eso?

Entonces el rey Yunn cont:




El halcn del rey Sindabad

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Dicen que entre los reyes de Fars hubo uno muy aficionado 
diversiones,  paseos por los jardines y  toda especie de caceras.
Tena un halcn adiestrado por l mismo, y no lo dejaba de da ni de
noche, pues hasta por la noche lo tena sujeto al puo. Cuando iba de
caza lo llevaba consigo, y le haba colgado del cuello un vasito de oro,
en el cual le daba de beber. Un da estaba el rey sentado en su palacio,
y vi de pronto venir al wekil[27] que estaba encargado de las aves de
caza, y le dijo: Oh rey de los siglos! Lleg la poca de ir de caza.
Entonces el rey hizo sus preparativos y se puso el halcn en el puo.
Salieron despus y llegaron  un valle, donde armaron las redes de caza.
Y de pronto cay una gacela en las redes. Entonces dijo el rey: Matar
 aquel por cuyo lado pase la gacela. Empezaron  estrechar la red en
torno de la gacela, que se aproxim al rey y se enderez sobre las patas
como si quisiera besar la tierra delante del rey. Entonces el rey
comenz  dar palmadas para hacer huir  la gacela, pero sta brinc y
pas por encima de su cabeza y se intern tierra adentro. El rey se
volvi entonces hacia los guardas, y vi que guiaban los ojos
maliciosamente. Al presenciar tal cosa, le dijo al visir: Por qu se
hacen esas seas mis soldados? Y el visir contest: Dicen que has
jurado matar  aquel por cuya proximidad pasase la gacela. Y el rey
exclam: Por mi vida! Hay que perseguir y alcanzar  esa gacela! Y
se puso  galopar, siguiendo el rastro, y pudo alcanzarla. El halcn le
di con el pico en los ojos de tal manera, que la ceg y la hizo sentir
vrtigos. Entonces el rey empu su maza, golpeando con ella  la gacela
hasta hacerla caer desplomada. En seguida descabalg, degollndola y
desollndola, y colg del arzn de la silla los despojos. Haca bastante
calor, y aquel lugar era desierto, rido y careca de agua. El rey tena
sed y tambin el caballo. Y el rey se volvi y vi un rbol del cual
brotaba agua como manteca. El rey llevaba la mano cubierta con un
guante de piel; cogi el vasito del cuello del halcn, lo llen de
aquella agua, y lo coloc delante del ave, pero sta di con la pata al
vaso y lo volc. El rey cogi el vaso por segunda vez, lo llen, y como
segua creyendo que el halcn tena sed, se lo puso delante, pero el
halcn le di con la pata por segunda vez y lo volc. Y el rey se
encoleriz contra el halcn, y cogi por tercera vez el vaso, pero se lo
present al caballo, y el halcn derrib el vaso con el ala. Entonces
dijo el rey: Alah te sepulte, oh la ms nefasta de las aves de mal
agero! No me has dejado beber, ni has bebido t, ni has dejado que beba
el caballo. Y di con su espada al halcn y le cort las alas. Entonces
el halcn, irguiendo la cabeza, le dijo por seas: Mira lo que hay en
el rbol. Y el rey levant los ojos y vi en el rbol una serpiente, y
el lquido que corra era su veneno. Entonces el rey se arrepinti de
haberle cortado las alas al halcn. Despus se levant, mont  caballo,
se fu, llevndose la gacela, y lleg  su palacio. Le di la gacela al
cocinero, y le dijo: Tmala y gusala. Luego se sent en su trono, sin
soltar al halcn. Pero el halcn, tras una especie de estertor, muri.
El rey, al ver esto, prorrumpi en gritos de dolor y amargura por haber
matado al halcn que le haba salvado de la muerte.

Tal es la historia del rey Sindabad!

       *       *       *       *       *

Cuando el visir hubo odo el relato del rey Yunn, le dijo: Oh gran
rey lleno de dignidad! qu dao he hecho yo cuyos funestos efectos
hayas t podido ver? Obro as por compasin hacia tu persona. Y ya vers
como digo la verdad. Si me haces caso podrs salvarte, y si no,
perecers como pereci un visir astuto que enga al hijo de un rey
entre los reyes.




Historia del prncipe y la vampiro


El rey de que se trata tena un hijo aficionadsimo  la caza con
galgos, y tena tambin un visir. El rey mand al visir que acompaara 
su hijo all donde fuese. Un da entre los das, el hijo sali  cazar
con galgos, y con l sali el visir. Y ambos vieron un animal
monstruoso. Y el visir dijo al hijo del rey: Anda contra esa fiera!
Persguela! Y el prncipe se puso  perseguir  la fiera, hasta que
todos le perdieron de vista. Y de pronto la fiera desapareci en el
desierto. Y el prncipe permaneca perplejo, sin saber hacia dnde ir,
cuando vi en lo ms alto del camino una joven esclava que estaba
llorando. El prncipe le pregunt: Quin eres? Y ella respondi: Soy
la hija de un rey de reyes de la India. Iba con la caravana por el
desierto, sent ganas de dormir, y me ca de la cabalgadura sin darme
cuenta. Entonces me encontr sola y abandonada. A estas palabras,
sinti lstima el prncipe y emprendi la marcha con la joven,
llevndola  la grupa de su mismo caballo. Al pasar frente  un
bosquecillo, la esclava le dijo: Oh seor, deseara evacuar una
necesidad! Entonces el prncipe la desmont junto al bosquecillo, y
viendo que tardaba mucho, march detrs de ella sin que la esclava
pudiera enterarse. La esclava era una vampiro, y estaba diciendo  sus
hijos: Hijos mos, os traigo un joven muy robusto! Y ellos dijeron:
Trenoslo, madre, para que lo devoremos! Cuando lo oy el prncipe,
ya no pudo dudar de su prxima muerte, y las carnes le temblaban de
terror mientras volva al camino. Cuando sali la vampiro de su cubil,
al ver al prncipe temblar como un cobarde, le pregunt: Por qu
tienes miedo? Y l dijo: Hay un enemigo que me inspira temor. Y
prosigui la vampiro: Me has dicho que eres un prncipe... Y respondi
l: As es la verdad. Y ella le dijo: Entonces, por qu no das algn
dinero  tu enemigo para satisfacerle? El prncipe replic: No se
satisface con dinero. Slo se contenta con el alma. Por eso tengo miedo,
como vctima de una injusticia. Y la vampiro le dijo: Si te persiguen,
como afirmas, pide contra tu enemigo la ayuda de Alah, y l te librar
de sus maleficios y de los maleficios de aquellos de quienes tienes
miedo. Entonces el prncipe levant la cabeza al cielo y dijo: Oh t,
que atiendes al oprimido que te implora, hazme triunfar de mi enemigo, y
aljale de m, pues tienes poder para cuanto deseas! Cuando la vampiro
oy estas palabras, desapareci. Y el prncipe pudo regresar al lado de
su padre, y le di cuenta del mal consejo del visir. Y el rey mand
matar al visir.

       *       *       *       *       *

En seguida el visir del rey Yunn prosigui de este modo:

Y t, oh rey, si te fas de ese mdico, cuenta que te matar con la
peor de las muertes! Aunque le hayas colmado de favores y le hayas hecho
tu amigo, est preparando tu muerte. Sabes por qu te cur de tu
enfermedad por el exterior de tu cuerpo, mediante una cosa que tuviste
en la mano? No crees que es sencillamente para causar tu prdida con
una segunda cosa que te mandar tambin coger? Entonces el rey Yunn
dijo: Dices la verdad. Hgase segn tu opinin, oh visir bien
aconsejado! Porque es muy probable que ese mdico haya venido
ocultamente como un espa para ser mi perdicin. Si me ha curado con una
cosa que he tenido en la mano, muy bien podra perderme con otra que,
por ejemplo, me diera  oler. Y luego el rey Yunn dijo  su visir:
Oh visir! qu debemos hacer con l? Y el visir respondi: Hay que
mandar inmediatamente que le traigan, y cuando se presente aqu
degollarlo, y as te librars de sus maleficios, y quedars desahogado y
tranquilo. Hazle traicin antes que l te la haga  ti! Y el rey Yunn
dijo: Verdad dices, oh visir! Despus el rey mand llamar al mdico,
que se present alegre, ignorando lo que haba resuelto el Clemente. El
poeta lo dice en sus versos:

     _Oh t que temes los embates del Destino, tranquilzate! No sabes
     que todo est en las manos de Aquel que ha formado la tierra?_

     _Porque lo que est escrito, escrito est y no se borra nunca! Y
     lo que no est escrito no hay por qu temerlo!_

     _Y t, Seor! Podr dejar pasar un da sin cantar tus alabanzas?
     Para quin reservara, si no, el don maravilloso de mi estilo
     rimado y mi lengua de poeta?_

     _Cada nuevo don que recibo de tus manos oh Seor! es ms hermoso
     que el precedente, y se anticipa  mis deseos!_

     _Por eso, cmo no cantar tu gloria, toda tu gloria, y alabarte en
     mi alma y en pblico?_

     _Pero he de confesar que nunca tendrn mis labios elocuencia
     bastante ni mi pecho fuerza suficiente para cantar y para llevar
     los beneficios de que me has colmado!_

     _Oh t que dudas, confa tus asuntos  las manos de Alah, el nico
     Sabio! Y as que lo hagas, tu corazn nada tendr que temer por
     parte de los hombres!_

     _Sabe tambin que nada se hace por tu voluntad, sino por la
     voluntad del Sabio de los Sabios!_

     _No desesperes, pues, nunca, y olvida todas las tristezas y todas
     las zozobras! No sabes que las zozobras destruyen el corazn ms
     firme y ms fuerte?_

     _Abandnaselo todo! Nuestros proyectos no son mas que proyectos
     de esclavos impotentes ante el nico Ordenador! Djate llevar!
     As disfrutars de una paz duradera!_

Cuando se present el mdico Ruyn, el rey le dijo: Sabes por qu te
he hecho venir  mi presencia? Y el mdico contest: Nadie sabe lo
desconocido, ms que Alah el Altsimo. Y el rey le dijo: Te he mandado
llamar para matarte y arrancarte el alma. Y el mdico Ruyn, al oir
estas palabras, se sinti asombrado, con el ms prodigioso asombro, y
dijo: Oh rey! por qu me has de matar? qu falta he cometido? Y el
rey contest: Dicen que eres un espa y que viniste para matarme. Por
eso te voy  matar, antes de que me mates. Despus el rey llam al
portaalfanje y le dijo: Corta la cabeza  ese traidor y lbranos de
sus maleficios! Y el mdico le dijo: Consrvame la vida, y Alah te la
conservar. No me mates, si no, Alah te matar tambin.

       *       *       *       *       *

Despus reiter la splica, como yo lo hice dirigindome  ti, oh
efrit! sin que me hicieras caso, pues, por el contrario, persististe en
desear mi muerte.

       *       *       *       *       *

Y en seguida el rey Yunn dijo al mdico: No podr vivir confiado ni
estar tranquilo como no te mate. Porque si me has curado con una cosa
que tuve en la mano, creo que me matars con otra cosa que me des  oler
 de cualquier otro modo. Y dijo el mdico: Oh rey! sta es tu
recompensa? as devuelves mal por bien? Pero el rey insisti: No hay
ms remedio que darte la muerte sin demora. Y cuando el mdico se
convenci de que el rey quera matarle sin remedio, llor y se afligi
al recordar los favores que haba hecho  quienes no los merecan. Ya lo
dice el poeta:

     _La joven y loca Maimuna es verdaderamente bien pobre de espritu!
     Pero su padre, en cambio, es un hombre de gran corazn y
     considerado entre los mejores!_

     _Miradle, pues! Nunca anda sin su farol en la mano, y as evita
     el lodo de los caminos, el polvo de las carreteras y los resbalones
     peligrosos!..._

En seguida se adelant el portaalfanje, vend los ojos al mdico, y
sacando la espada, dijo al rey: Con tu venia. Pero el mdico segua
llorando y suplicando al rey: Consrvame la vida, y Alah te la
conservar. No me mates,  Alah te matar  ti. Y recit estos versos
de un poeta:

     _Mis consejos no tuvieron ningn xito, mientras que los consejos
     de los ignorantes conseguan su propsito! No recog ms que
     desprecios!_

     _Por esto, si logro vivir, me guardar mucho de aconsejar! Y si
     muero, mi ejemplo servir  los dems para que enmudezca su
     lengua!_

Y dijo despus al rey: Esta es tu recompensa? He aqu que me tratas
como hizo un cocodrilo. Entonces pregunt el rey: Qu historia es esa
de un cocodrilo? Y el mdico dijo: Oh seor! No es posible contarla
en este estado. Por Alah sobre ti! Consrvame la vida, y Alah te la
conservar. Y despus comenz  derramar copiosas lgrimas. Entonces
algunos de los favoritos del rey se levantaron y dijeron: Oh rey!
Concdenos la sangre de este mdico, pues nunca le hemos visto obrar en
contra tuya; al contrario, le vimos librarte de aquella enfermedad que
haba resistido  los mdicos y  los sabios. El rey les contest:
Ignoris la causa de que mate  este mdico; si lo dejo con vida, mi
perdicin es segura, porque si me cur de la enfermedad con una cosa que
tuve en la mano, muy bien podra matarme dndome  oler cualquier otra.
Tengo mucho miedo de que me asesine para cobrar el precio de mi muerte,
pues debe ser un espa que ha venido  matarme. Su muerte es necesaria;
slo as podr perder mis temores. Entonces el mdico implor otra vez:
Consrvame la vida, para que Alah te la conserve; y no me mates, para
que no te mate Alah.

Pero oh efrit! cuando el mdico se convenci de que el rey le quera
matar sin remedio, dijo: Oh rey! Si mi muerte es realmente necesaria,
djame ir  mi casa para despachar mis asuntos, encargar  mis parientes
y vecinos que cuiden de enterrarme, y sobre todo para regalar mis libros
de medicina. A fe que tengo un libro que es verdaderamente el extracto
de los extractos y la rareza de las rarezas, que quiero legarte como un
obsequio para que lo conserves cuidadosamente en tu armario. Entonces
el rey pregunt al mdico: Qu libro es se? Y contest el mdico:
Contiene cosas inestimables; el menor de los secretos que revela es el
siguiente: Cuando me corten la cabeza, abre el libro, cuenta tres hojas
y vulvelas; lee en seguida tres renglones de la pgina de la izquierda,
y entonces la cabeza cortada te hablar y contestar  todas las
preguntas que le dirijas. Al oir estas palabras, el rey se asombr
hasta el lmite del asombro, y estremecindose de alegra y de emocin,
dijo: Oh mdico! Hasta cortndote la cabeza hablars? Y el mdico
respondi: S, en verdad, oh rey! Es, efectivamente, una cosa
prodigiosa. Entonces el rey le permiti que saliera, aunque escoltado
por guardianes, y el mdico lleg  su casa, y despach sus asuntos
aquel da, y al siguiente da tambin. Y el rey subi al divn, y
acudieron los emires, los visires, los chambelanes, los nawabs[28] y
todos los jefes del reino, y el divn pareca un jardn lleno de flores.
Entonces entr el mdico en el divn y se coloc de pie ante el rey, con
un libro muy viejo y una cajita de colirio llena de unos polvos. Despus
se sent y dijo: Que me traigan una bandeja. Le llevaron una bandeja,
y verti los polvos, y los extendi por la superficie. Y dijo entonces:
Oh rey! coge ese libro, pero no lo abras antes de cortarme la cabeza.
Cuando la hayas cortado colcala en la bandeja y manda que la aprieten
bien contra los polvos para restaar la sangre. Despus abrirs el
libro. Pero el rey, lleno de impaciencia, no le escuchaba ya; cogi el
libro y lo abri, encontrando las hojas pegadas unas  otras. Entonces,
metiendo su dedo en la boca, lo moj con su saliva y logr despegar la
primera hoja. Lo mismo tuvo que hacer con la segunda y la tercera hoja,
y cada vez se abran las hojas con ms dificultad. De este modo abri el
rey seis hojas, y trat de leerlas, pero no pudo encontrar ninguna clase
de escritura. Y el rey dijo: Oh mdico, no hay nada escrito! Y el
mdico respondi: Sigue volviendo ms hojas del mismo modo. Y el rey
sigui volviendo ms hojas.

Pero apenas haban pasado algunos instantes, circul el veneno por el
organismo del rey en el momento y en la hora misma, pues el libro estaba
envenenado. Y entonces sufri el rey horribles convulsiones, y exclam:
El veneno circula! Y despus el mdico Ruyn comenz  improvisar
versos, diciendo:

     _Esos jueces! Han juzgado, pero excedindose en sus derechos y
     contra toda justicia!_ _Y sin embargo, oh Seor! la justicia
     existe!_

     _A su vez fueron juzgados! Si hubieran sido ntegros y buenos, se
     les habra perdonado!_ _Pero oprimieron, y la suerte les ha
     oprimido y les ha abrumado con las peores tribulaciones!_

     _Ahora son motivo de burla y de piedad para el transente! Esa es
     la ley! Esto  cambio de aquello! Y el Destino se ha cumplido con
     toda lgica!_

Cuando Ruyn el mdico acababa su recitado, cay muerto el rey.

       *       *       *       *       *

Sabe ahora, oh efrit! que si el rey Yunn hubiera conservado al mdico
Ruyn, Alah  su vez le habra conservado. Pero al negarse, decidi su
propia muerte.

Y si t, oh efrit! hubieses querido conservarme, Alah te habra
conservado.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente. Y su hermana Doniazada le dijo:
     Qu deliciosas son tus palabras! Y Schahrazada contest: Nada
     es eso comparado con lo que os contar la noche prxima, si vivo
     todava y el rey tiene  bien conservarme. Y pasaron aquella noche
     en la dicha completa y en la felicidad hasta por la maana. Despus
     el rey se dirigi al divn. Y cuando termin el divn, volvi  su
     palacio y se reuni con los suyos.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 6. NOCHE_

Schahrazada dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando el pescador dijo al
efrit: Si me hubieras conservado, yo te habra conservado, pero no has
querido ms que mi muerte, y te har morir prisionero en este jarrn y
te arrojar  ese mar, entonces el efrit clam y dijo: Por Alah sobre
ti! oh pescador, no lo hagas! Y consrvame generosamente, sin
reconvenirme por mi accin, pues si yo fu criminal, t debes ser
benfico, y los proverbios conocidos dicen: Oh t que haces bien 
quien mal hizo, perdona sin restricciones el crimen del malhechor! Y
t, oh pescador! no hagas conmigo lo que hizo Umama con tica. El
pescador dijo: Y qu caso fu se? Y respondi el efrit: No es
ocasin para contarlo estando encarcelado. Cuando t me dejes salir, yo
te contar ese caso. Pero el pescador dijo: Oh, eso nunca! Es
absolutamente necesario que yo te eche al mar, sin que tengas medio de
salir. Cuando yo supliqu y te imploraba, t deseabas mi muerte, sin que
hubiera cometido ninguna falta contra ti, ni bajeza alguna, sino
nicamente favorecerte, sacndote de ese calabozo. He comprendido, por
tu conducta conmigo, que eres de mala raza. Pero has de saber que voy 
echarte al mar, y enterar de lo ocurrido  todos los que intenten
sacarte, y as te arrojarn de nuevo, y entonces permanecers en ese mar
hasta el fin de los tiempos para disfrutar todos los suplicios. El
efrit le contest: Sultame, que ha llegado el momento de contarte la
historia. Adems, te prometo no hacerte jams ningn dao, y te ser muy
til en un asunto que te enriquecer para siempre. Entonces el pescador
se fij bien en esta promesa de que, si libertaba al efrit, no slo no
le hara jams ningn dao, sino que le favorecera en un buen negocio.
Y cuando se asegur firmemente de su fe y de su promesa, y le tom
juramento por el nombre de Alah Todopoderoso, el pescador abri el
jarrn. Entonces el humo empez  subir, hasta que sali completamente,
y se convirti en un efrit, cuyo rostro era espantosamente horrible. El
efrit di un puntapi al jarrn y lo tir al mar. Cuando el pescador vi
que el jarrn iba camino al mar, di por segura su propia perdicin, y
orinndose encima, dijo: Verdaderamente, no es esto una buena seal.
Despus intent tranquilizarse y dijo: Oh efrit! Alah Todopoderoso ha
dicho: Hay que cumplir los juramentos, porque se os exigir cuenta de
ellos. Y t prometiste y juraste que no me haras traicin. Y si me la
hicieses, Alah te castigar, porque es celoso, es paciente y no olvida.
Y yo te digo lo que el mdico Ruyn al rey Yunn: Consrvame, y Alah te
conservar. Al oir estas palabras, el efrit rompi  rer, y echando 
andar delante de l, dijo: Oh pescador, sgueme! Y el pescador ech 
andar detrs de l, aunque sin mucha confianza en su salvacin. Y as
salieron completamente de la ciudad, y se perdieron de vista, y subieron
 una montaa, y bajaron  una vasta llanura, en medio de la cual haba
un lago. Entonces el efrit se detuvo, y mand al pescador que echara la
red y pescase. Y el pescador mir  travs del agua, y vi peces blancos
y peces rojos, azules y amarillos. Al verlos se maravill el pescador;
despus ech su red, y cuando la hubo sacado encontr en ella cuatro
peces, cada uno de color distinto. Y se alegr mucho, y el efrit le
dijo: Ve con esos peces al palacio del sultn, ofrceselos y te dar
con qu enriquecerte. Y mientras tanto, por Alah! disclpame mis
rudezas, pues olvid los buenos modales con mi larga estancia en el
fondo del mar, donde me he pasado mil ochocientos aos sin ver el mundo
ni la superficie de la tierra. En cuanto  ti, vendrs todos los das 
pescar  este sitio, pero nada ms que una vez. Y ahora, que Alah te
guarde con su proteccin. Y el efrit golpe con sus dos pies en tierra,
y la tierra se abri y le trag.

Entonces el pescador volvi  la ciudad, muy maravillado de lo que le
haba ocurrido con el efrit. Despus cogi los peces y los llev  su
casa, y en seguida, cogiendo una olla de barro, la llen de agua y
coloc en ella los peces, que comenzaron  nadar en el agua contenida en
la olla. Despus se puso esta olla en la cabeza y se encamin al
palacio del rey, segn el efrit le haba ordenado. Cuando el pescador se
present al rey y le ofreci los peces, el rey se asombr hasta el
lmite del asombro al ver aquellos peces que le ofreca el pescador,
porque nunca los haba visto en su vida, ni de aquella especie ni de
aquella calidad, y dispuso: Que entreguen esos peces  nuestra cocinera
negra. Porque esta esclava se la haba regalado, haca tres das
solamente, el rey de los Rum, y an no haba tenido ocasin de lucirse
en su arte de la cocina. As es que el visir le mand que friera los
peces, y le dijo: Oh buena negra! Me encarga el rey que te diga: Si
te guardo como un tesoro, oh gota de mis ojos! es porque te reservo
para el da del ataque[29]. De modo que demustranos hoy tu arte de
cocinera y lo bueno de tus platos. Dicho esto, volvi el visir despus
de hacer sus encargos, y el rey le orden que diera al pescador
cuatrocientos dinares. Habindoselos dado el visir, los guard el
pescador en una halda de su tnica, y volvi  su casa, cerca de su
esposa, lleno de alegra y de expansin. Despus compr  sus hijos todo
lo que podan necesitar. Y hasta aqu es lo que le ocurri al pescador.

En cuanto  la negra, cogi los peces, los limpi y los puso en la
sartn. Despus dej que se frieran bien por un lado y los volvi en
seguida del otro. Pero entonces, sbitamente, se abri la pared de la
cocina, y por all se filtr en la cocina una joven de esbelto talle,
mejillas redondas y tersas, prpados pintados con khol negro, rostro
gentil y cuerpo graciosamente inclinado. Llevaba en la cabeza un velo de
seda azul, pendientes en las orejas, brazaletes en las muecas, y en los
dedos sortijas con piedras preciosas. Tena en la mano una varita de
bamb. Se acerc, y metiendo la varita en la sartn, dijo: Oh peces!
segus sosteniendo vuestra promesa? Al ver aquello, la esclava se
desmay, y la joven repiti su pregunta por segunda y tercera vez.
Entonces todos los peces levantaron la cabeza desde el fondo de la
sartn, y dijeron: Oh, s!... Oh, s!... Y entonaron  coro la
siguiente estrofa:

     _Si t vuelves sobre tus pasos, nosotros te imitaremos! Si t
     cumples tu promesa, nosotros cumpliremos la nuestra! Pero si
     quisieras escaparte, no hemos de cejar hasta que te declares
     vencida!_

Al oir estas palabras, la joven derrib la sartn y sali por el mismo
sitio por donde haba entrado, y el muro de la cocina se cerr de nuevo.

Cuando la esclava volvi de su desmayo, vi que se haban quemado los
cuatro peces y estaban negros como el carbn. Y comenz  decir:
Pobres pescados! pobres pescados! Y mientras segua lamentndose, he
aqu que se present el visir, asomndose por detrs de su cabeza, y le
dijo: Llvale los peces al sultn. Y la esclava se ech  llorar, y
le cont al visir la historia de lo que haba ocurrido, y el visir se
qued muy maravillado, y dijo: Eso es verdaderamente una historia muy
rara. Y mand buscar al pescador, y en cuanto se present el pescador,
le dijo: Es absolutamente indispensable que vuelvas con cuatro peces
como los que trajiste la primera vez. Y el pescador se dirigi hacia el
lago, ech su red y la sac conteniendo cuatro peces, que cogi y llev
al visir. Y el visir fu  entregrselos  la negra, y le dijo:
Levntate! Vas  freirlos en mi presencia, para que yo vea qu asunto
es este! Y la negra se levant, prepar los peces, y los puso al fuego
en la sartn. Y apenas haban pasado unos minutos, he aqu que se hendi
la pared, y apareci la joven, vestida siempre con las mismas vestiduras
y llevando siempre la varita en la mano. Meti la varita en la sartn, y
dijo: Oh peces! oh peces! segus cumpliendo vuestra antigua
promesa? Y los peces levantaron la cabeza y cantaron  coro esta
estancia:

     _Si t vuelves sobre tus pasos, nosotros te imitaremos! Si t
     cumples tu juramento, nosotros cumpliremos el nuestro! Pero si
     reniegas de tus compromisos, gritaremos de tal modo que nos
     resarciremos!_

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


_PERO CUANDO LLEG LA 7. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando los peces empezaron 
hablar, la joven volc la sartn con la varita, y sali por donde haba
entrado, cerrndose la pared de nuevo. Entonces el visir se levant y
dijo: Esta es una cosa que verdaderamente no podra ocultar al rey.
Despus march en busca del rey y le refiri lo que haba pasado en su
presencia. Y el rey dijo: Tengo que ver eso con mis propios ojos. Y
mand llamar al pescador y le orden que volviera con cuatro peces
iguales  los primeros, para lo cual le di tres das de plazo. Pero el
pescador march en seguida al lago, y trajo inmediatamente los cuatro
peces. Entonces el rey dispuso que le dieran cuatrocientos dinares, y
volvindose hacia el visir, le dijo: Prepara t mismo delante de m
esos pescados. Y el visir contest: Escucho y obedezco. Y entonces
mand llevar la sartn delante del rey, y se puso  freir los peces,
despus de haberlos limpiado bien, y en cuanto estuvieron fritos por un
lado, los volvi del otro. Y de pronto se abri la pared de la cocina y
sali un negro semejante  un bfalo entre los bfalos,   un gigante
de la tribu de Had, y llevaba en la mano una rama verde, y dijo con voz
clara y terrible: Oh peces! oh peces! Segus sosteniendo vuestra
antigua promesa? Y los peces levantaron la cabeza desde el fondo de la
sartn, y dijeron: Cierto que s, cierto que s. Y declamaron  coro
estos versos:

     _Si t vuelves hacia atrs, nosotros volveremos! Si t cumples tu
     promesa, nosotros cumpliremos la nuestra! Pero si te resistes,
     gritaremos tanto que acabars por ceder!_

Despus el negro se acerc  la sartn, la volc con la rama, y los
peces se abrasaron, convirtindose en carbn. El negro se fu entonces
por el mismo sitio por donde haba entrado. Y cuando hubo desaparecido
de la vista de todos, dijo el rey: Es ste un asunto sobre el cual,
verdaderamente, no podramos guardar silencio. Adems, no hay duda que
estos peces deben tener una historia muy extraa. Y entonces mand
llamar al pescador, y cuando se present el pescador, le dijo: De
dnde proceden estos peces? El pescador contest: De un estanque
situado entre cuatro colinas, detrs de la montaa que domina tu
ciudad. Y el rey, volvindose hacia el pescador, le dijo: Cuntos
das se tarda en llegar  ese sitio? Y dijo el pescador: Oh sultn,
seor nuestro! Basta con media hora. El sultn qued sorprendidsimo, y
mand  sus soldados que marchasen inmediatamente con el pescador. Y el
pescador iba muy contrariado, maldiciendo en secreto al efrit. Y el rey
y todos partieron y subieron  una montaa, y bajaron hasta una vasta
llanura que en su vida haban visto anteriormente. Y el sultn y los
soldados se asombraron de esta extensin desierta, situada entre cuatro
montaas, y de aquel estanque en que jugaban peces de cuatro colores:
rojos, blancos, azules y amarillos. Y el rey se detuvo y pregunt  los
soldados y  cuantos estaban presentes: Hay alguno de vosotros que
haya visto anteriormente ese lago en este lugar? Y todos respondieron:
Oh, no! Y el rey dijo: Por Alah! No volver jams  mi capital ni
me sentar en el trono de mi reino sin averiguar la verdad sobre este
lago y los peces que encierra. Y mand  los soldados que cercaran las
montaas, y los soldados as lo hicieron. Entonces el rey llam  su
visir. Porque este visir era hombre sabio, elocuente, versado en todas
las ciencias. Cuando se present entre las manos del rey, ste le dijo:
Tengo intencin de hacer una cosa, y voy  enterarte de ella. Deseo
aislarme completamente esta noche y marchar yo solo  descubrir el
misterio de este lago y sus peces. Por consiguiente, te quedars  la
puerta de mi tienda, y dirs  los emires, visires y chambelanes: El
sultn est indispuesto y me ha mandado que no deje pasar  nadie. Y 
ninguno revelars mi intencin. De este modo el visir no poda
desobedecer. Entonces el rey se disfraz, y cindose su espada, se
escabull de entre su gente sin que nadie lo viese. Y estuvo andando
toda la noche sin detenerse hasta la maana, en que el calor, demasiado
excesivo, le oblig  descansar. Despus anduvo durante todo el resto
del da y durante la segunda noche hasta la maana siguiente. Y he aqu
que vi  lo lejos una cosa negra, y se alegr de ello y dijo: Es
probable que encuentre all  alguien que me contar la historia del
lago y sus peces. Y al acercarse  esta cosa negra vi que aquello era
un palacio enteramente construdo con piedras negras, reforzado con
grandes chapas de hierro, y que una de las hojas de la puerta estaba
abierta y la otra cerrada. Entonces se alegr mucho, y parndose ante la
puerta, llam suavemente; pero como no le contestasen, llam por segunda
y por tercera vez. Despus, y como seguan sin contestar, llam una
cuarta vez, pero con gran violencia, y nadie contest tampoco. Entonces
se dijo: No hay duda, este palacio est desierto. Y en seguida,
tomando nimos, penetr por la puerta del palacio y lleg  un pasillo,
y all dijo en alta voz: Ah del palacio! Soy un extranjero, un
caminante, que pide provisiones para continuar su viaje. Despus
reiter su demanda por segunda y tercera vez, y como no le contestasen,
afirm su corazn y fortific su alma, y sigui por aquel corredor hasta
el centro del palacio. Y no encontr  nadie. Pero vi que todo el
palacio estaba suntuosamente revestido de tapices y que en el centro de
un patio interior haba un estanque coronado por cuatro leones de oro
rojo, de cuyas fauces brotaba un chorro de agua que semejaba de perlas y
pedrera. En torno veanse numerosos pjaros, pero no podan volar fuera
del palacio por impedrselo una gran red tendida por encima de todo. Y
el rey se maravill al ver aquellas cosas, aunque afligindose por no
encontrar  alguien que le pudiese revelar el enigma del lago, de los
peces, de las montaas y del palacio. Despus se sent entre dos
puertas, y medit profundamente. Pero de pronto oy una queja muy dbil
que pareca brotar de un corazn dolorido, y oy una voz dulce que
cantaba quedamente estos versos:

     _Mis sufrimientos ay! no he podido ocultarlos, y mi mal de amores
     fu revelado!... Y ahora el sueo se aparta de mis ojos para
     convertirse en insomnio constante!_

     _Oh amor! Viniste al oir mi voz, pero cunta tortura dejaste en
     mis pensamientos!_

     _Ten piedad de m! Djame gustar del reposo! Y sobre todo, no
     vayas  visitar  Aqulla que es toda mi alma, para hacerla
     padecer! Porque Ella es mi consuelo en las penas y peligros!_

Cuando el rey oy estas quejas amargas, se levant y se dirigi hacia el
lugar de donde procedan. Lleg hasta una puerta cubierta por un tapiz.
Levant el tapiz, y en un gran saln vi un joven que estaba reclinado
en un gran lecho. Este joven era muy hermoso; su frente pareca una
flor, sus mejillas igual que la rosa, y en medio de una de ellas tena
un lunar como una gota de mbar negro. Ya lo dijo el poeta:

_El joven es esbelto y gentil! Sus cabellos de tinieblas son tan
negros que forman la noche! Su frente es tan blanca que ilumina la
noche! Nunca los ojos de los hombres presenciaron una fiesta como el
espectculo de sus gracias!_

_Le conocers entre todos los jvenes por el lunar que tiene en la rosa
de su mejilla, precisamente debajo de uno de sus ojos!_

Al verle, el rey, muy complacido, le dijo: La paz sea contigo! Y el
joven sigui echado en la cama, vistiendo un traje de seda bordado de
oro. Con un acento de tristeza que pareca extenderse por toda su
persona, devolvi el saludo al rey y dijo: Oh seor! Perdona que no me
pueda levantar! Pero el rey contest: Oh joven! Entrame de la
historia de ese lago y de sus peces de colores, as como del misterio de
este palacio y de la causa de tu soledad y de tus lgrimas. Al oirlo,
el joven derram nuevas lgrimas, que corran  lo largo de sus
mejillas, y el rey se asombr y le dijo: Oh joven! qu es lo que te
hace llorar? Y el joven respondi: Cmo no he de llorar, si me veo en
este estado? Y el joven, alargando las manos hacia el borde de su
tnica, la levant. Y entonces el rey vi que toda la mitad inferior
del joven era de mrmol, y la otra mitad, desde el ombligo hasta el
cabello de la cabeza, era de un hombre. Y el joven dijo al rey: Sabe
oh seor! que la historia de los peces es una cosa tan extraordinaria,
que si se escribiera con una aguja en el ngulo interior del ojo,  fin
de que todo el mundo la viera, sera una gran leccin para el observador
cuidadoso.

Y el joven cont la historia que sigue:




Historia del joven encantado y de los peces

[imagen]


Sabe, oh seor! que mi padre era rey de esta ciudad. Se llamaba
Mahmud, y era rey de las Islas Negras y de estas cuatro montaas. Mi
padre rein sesenta aos, y despus se extingui en la misericordia del
Retribuidor. Despus de su muerte, fu yo sultn y me cas con la hija
de mi to. Me quera con amor tan poderoso, que si por casualidad tena
que separarme de ella, no coma ni beba hasta mi regreso. Y as sigui
bajo mi proteccin durante cinco aos, hasta que fu un da al hammam,
despus de haber mandado al cocinero que preparase los manjares para
nuestra cena. Entr en el palacio, y reclinndome en el lugar de
costumbre, mand  dos esclavas que me hicieran aire con los abanicos.
Una se puso  mi cabeza y otra  mis pies. Pero pensando en la ausencia
de mi esposa, se apoder de m el insomnio, y no pude conciliar el
sueo, porque si mis ojos se cerraban, mi alma permaneca en vela! O
entonces  la esclava que estaba detrs de mi cabeza hablar de este modo
 la que estaba  mis pies: Oh Masauda! Qu desventurada juventud la
de nuestro dueo! Qu tristeza para l tener una esposa como nuestra
ama, tan prfida y tan criminal! Y la otra respondi: Maldiga Alah 
las mujeres adlteras! Porque esa infame nunca podr tener un hombre
mejor que nuestro dueo, y sin embargo se pasa las noches en el lecho de
unos y otros. Y la primera esclava dijo: Nuestro dueo debe de ser muy
impasible cuando no hace caso de las acciones de esa mujer. Y repuso la
otra: Pero qu dices? Puede sospechar siquiera nuestro amo lo que
hace ella? Crees que la dejara en libertad de obrar as? Has de saber
que esa prfida pone siempre algo en la copa en que bebe nuestro amo
todas las noches antes de acostarse. Le echa banj[30] y le hace dormir
con eso. En tal estado, no puede saber lo que ocurre, ni adnde va ella,
ni lo que hace. Entonces, despus de darle  beber el banj, se viste y
se va, dejndole solo, y no vuelve hasta el amanecer. Cuando regresa, le
quema una cosa debajo de la nariz para que la huela, y as despierta
nuestro amo de su sueo.

En el momento que o, oh seor! lo que decan las esclavas, se cambi
en tinieblas la luz de mis ojos. Y deseaba ardientemente que viniera la
noche para encontrarme de nuevo con la hija de mi to. Por fin volvi
del hammam. Y entonces se puso la mesa, y estuvimos comiendo durante una
hora, dndonos mutuamente de beber, como de costumbre. Despus ped el
vino que sola beber todas las noches antes de acostarme, y ella me
acerc la copa. Pero yo me guard muy bien de beber, y fing que la
llevaba  los labios, como de costumbre, pero lo derram rpidamente por
la abertura de mi tnica, y en la misma hora y en el mismo instante me
ech en la cama, hacindome el dormido. Y ella dijo entonces: Duerme!
Y as no te despiertes nunca ms! Por Alah, te detesto! Y detesto
hasta tu imagen, y mi alma est harta de tu trato. Despus se levant,
se puso su mejor vestido, se perfum, se ci una espada, y abriendo la
puerta del palacio se march. En seguida me levant yo tambin, y la fu
siguiendo hasta que hubo salido del palacio. Y atraves todos los zocos,
y lleg por fin hasta las puertas de la ciudad, que estaban cerradas.
Entonces habl  las puertas en un lenguaje que no entend, y los
cerrojos cayeron y las puertas se abrieron, y ella sali. Y yo ech 
andar detrs de ella, sin que lo notase, hasta que lleg  unas colinas
formadas por los amontonamientos de escombros, y  una torre coronada
por una cpula y construda de ladrillos. Ella entr por la puerta, y
yo me sub  lo alto de la cpula, donde haba una terraza, y desde all
me puse  vigilarla. Y he aqu que ella entr en la habitacin de un
negro muy negro. Este negro era horrible, tena el labio superior como
la tapadera de una marmita, y el inferior como la marmita misma, ambos
tan colgantes, que podan escoger los guijarros entre la arena. Estaba
podrido de enfermedades y tendido sobre un montn de caas de azcar. Al
verle, la hija de mi to bes la tierra entre sus manos, y l levant la
cabeza hacia ella, y le dijo: Desdichas sobre ti! Cmo has tardado
tanto? He convidado  los negros, que se han bebido el vino y se han
entrelazado ya con sus queridas. Y yo no he querido beber por causa
tuya. Ella contest: Oh dueo mo, querido de mi corazn! no sabes
que estoy casada con el hijo de mi to, que detesto hasta su imagen y
que me horroriza estar con l? Si no fuese por el temor de hacerte dao,
hace tiempo que habra derrudo toda la ciudad, en la que slo se oira
la voz de la corneja y el mochuelo, y adems habra transportado las
ruinas al otro lado del Cucaso. Y contest el negro: Mientes,
infame! Juro por el honor y por las cualidades viriles de los negros, y
por nuestra infinita superioridad sobre los blancos, que como vuelvas 
retrasarte otra vez,  partir de este da, repudiar tu trato y no
pondr mi cuerpo encima del tuyo. Oh prfida traidora! De seguro que te
has retrasado para saciar en otra parte tus deseos de hembra. Qu
basura! Eres la ms despreciable de las mujeres blancas! Despus la
cogi debajo de l. Y lleg entre ellos aquello que lleg.

As narraba el prncipe dirigindose al rey. Y prosigui de este modo:

Cuando o toda aquella conversacin y vi con mis propios ojos eso que
sigui entre ambos, el mundo se convirti en tinieblas para m y no supe
ni dnde estaba. En seguida la hija de mi to rompi  llorar y 
lamentarse humildemente entre las manos del negro, y le deca: Oh
amante mo, orgullo de mi corazn! No tengo  nadie mas que  ti! Si
me despidieses me morira! Oh amor mo! Luz de mis ojos! Y no ces en
su llanto ni en sus splicas hasta que la hubo perdonado. Entonces,
llena de alegra, se levant, se quit todos los vestidos, incluso el
calzn, y se qued completamente desnuda. Y dijo despus: Amo mo,
tienes con qu alimentar  tu esclava? Y contest el negro: Levanta
la tapadera de la cacerola, all encontrars un guisado de huesos de
ratones, que ha de satisfacerte. En ese jarro que ves ah hay buza[31] y
la puedes beber. Y ella comi y bebi, y fu  lavarse las manos.
Despus se acost sobre el montn de caas, y completamente desnuda se
acurruc contra el negro, cubrindose con unos harapos infectos.

Al ver todas estas cosas que haca la hija de mi to, no pude contenerme
ms, y bajando de la cpula y precipitndome en la habitacin, cog la
espada que llevaba la hija de mi to, resuelto  matar  ambos. Y
comenc por herir primeramente al negro, dndole un tajo en el cuello, y
cre que haba perecido...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aproximarse la
     maana, y se call discretamente. Y cuando luci la maana,
     Schahriar entr en la sala de justicia, y el divn estuvo lleno
     hasta el fin del da. Despus el rey volvi  palacio, y Doniazada
     dijo  su hermana: Te ruego que prosigas tu relato. Y ella
     respondi: De todo corazn, y como homenaje debido.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 8. NOCHE_

Schahrazada dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el joven encantado dijo al
rey:

Al herir al negro para cortarle la cabeza, cort efectivamente su piel
y su carne, y cre que lo haba matado, porque lanz un estertor
horrible. Y  partir de este momento, nada s sobre lo que ocurri. Pero
al da siguiente vi que la hija de mi to se haba cortado el pelo y se
haba vestido de luto. Despus me dijo: Oh hijo de mi to! No censures
lo que hago, porque acabo de saber que se ha muerto mi madre, que  mi
padre lo han matado en la guerra santa, que uno de mis hermanos ha
fallecido de picadura de escorpin y que el otro ha quedado enterrado
bajo las ruinas de un edificio; de modo que tengo motivos para llorar y
afligirme. Fingiendo que la crea, le dije: Haz lo que creas ms
conveniente, pues no he de prohibrtelo. Y permaneci encerrada con su
luto, sus lgrimas y sus accesos de dolor durante todo un ao, desde su
comienzo hasta el otro comienzo. Y transcurrido el ao, me dijo: Deseo
construir para m una tumba en este palacio; all podr aislarme con mi
soledad y mis lgrimas, y la llamar la Casa de los Duelos. Yo le dije:
Haz lo que tengas por conveniente. Y se mand construir esta Casa de
los Duelos, coronada por una cpula, y conteniendo un subterrneo como
una tumba. Despus transport all al negro, que no haba muerto, pues
slo haba quedado muy enfermo y muy dbil, aunque en realidad ya no le
poda servir de nada  la hija de mi to. Pero esto no le impeda estar
bebiendo  todas horas vino y buza. Y desde el da en que le her no
poda hablar y segua viviendo, pues no le haba llegado todava su
hora. Ella iba  verle todos los das, entrando en la cpula, y senta 
su lado accesos de llanto y de locura, y le daba bebidas y condimentos.
As hizo, por la maana y por la noche, durante todo otro ao. Yo tuve
paciencia durante este tiempo; pero un da, entrando de improviso en su
habitacin, la o llorar y araarse la cara, y decir amargamente estos
versos:

     _Partiste, oh muy amado mo! y he abandonado  los hombres y vivo
     en la soledad, porque mi corazn no puede amar nada desde que
     partiste, oh muy amado mo!_

     _Si vuelves  pasar cerca de tu muy amada, recoge por favor sus
     despojos mortales, en recuerdo de su vida terrena, y dales el
     reposo de la tumba donde t quieras, pero cerca de ti, si vuelves 
     pasar cerca de tu muy amada!_

     _Que tu voz se acuerde de mi nombre de otro tiempo para hablarme
     en la tumba! Oh, pero en mi tumba slo oirs el triste sonido de
     mis huesos al chocar unos con otros!_

Cuando hubo terminado su lamentacin, desenvain la espada, y le dije:
Oh traidora! slo hablan as las infames que reniegan de sus amores y
pisotean el cario. Y levantando el brazo, me dispona  herirla,
cuando ella, descubriendo entonces que haba sido yo quien hiri al
negro, se puso de pie, pronunci unas palabras misteriosas, y dijo: Por
la virtud de mi magia, que Alah te convierta mitad piedra y mitad
hombre.  inmediatamente, seor, qued como me ves. Y ya no puedo
valerme ni hacer un movimiento, de suerte que no estoy ni muerto ni
vivo. Despus de ponerme en tal estado, encant las cuatro islas de mi
reino, convirtindolas en montaas, con ese lago en medio de ellas, y 
mis sbditos los transform en peces. Pero hay ms. Todos los das me
tortura azotndome con una correa, dndome cien latigazos, hasta que me
hace sangrar. Y despus me pone sobre las carnes una camisa de crin,
cubrindola con la ropa.

El joven se ech entonces  llorar y recit estos versos:

     _Aguardando tu sentencia y tu justicia, oh mi Seor! sufro
     pacientemente, pues tal es tu voluntad!_

     _Pero me ahogan mis desgracias! Y slo puedo recurrir  ti, oh
     Seor! oh Alah, adorado por nuestro bendito Profeta!_

El rey dijo entonces al joven: Has aadido una pena  mis penas; pero
dime: dnde est esa mujer? Y respondi el mancebo: En la tumba,
donde est el negro, debajo de la cpula. Todos los das viene  esta
habitacin, me desnuda, y me da cien latigazos, y yo lloro y grito, sin
poder hacer un movimiento para defenderme. Despus de martirizarme, se
va junto al negro, llevndole vinos y licores hervidos. Entonces
exclam el rey: Oh excelente joven! Por Alah! voy  hacerte un favor
tan memorable, que despus de mi muerte pasar al dominio de la
Historia. Y ya no aadi ms, y sigui la conversacin hasta que se
acerc la noche. Despus se levant el rey y aguard que llegase la hora
nocturna de las brujas. Entonces se desnud, volvi  ceirse la
espada, y se fu hacia el sitio donde se encontraba el negro. Haba all
velas y farolillos colgados, y tambin perfumes, incienso y distintas
pomadas. Se fu derechamente al negro, le hiri, le atraves, y le hizo
vomitar el alma. En seguida se lo ech  hombros, y lo arroj al fondo
de un pozo que haba en el jardn. Despus volvi  la cpula, se visti
con las ropas del negro, y se pase durante un instante  todo lo largo
del subterrneo, tremolando en su mano la espada completamente desnuda.

Transcurrida una hora, la desvergonzada bruja lleg  la habitacin del
joven. Apenas hubo entrado, desnud al hijo de su to, cogi el ltigo y
empez  pegarle. Entonces l gritaba: No me hagas sufrir ms!
Bastante terrible es mi desgracia! Ten piedad de m! Ella respondi:
La tuviste de m? Respetaste  mi amante? As, pues, toma, toma!
Despus le puso la tnica de crin, colocndole la otra ropa por encima,
 inmediatamente march al aposento del negro, llevndole la copa de
vino y la taza de plantas hervidas. Y al entrar debajo de la cpula, se
puso  llorar  implor: Oh dueo mo, hblame, hazme oir tu voz! Y
recit dolorosamente estos versos:

     _Oh corazn mo! ha de durar mucho esta separacin tan
     angustiosa? El amor con que me traspasaste es un tormento que
     supera mis fuerzas! Hasta cundo seguirs huyendo de m? Si slo
     queras mi dolor y mi amargura, ya sers feliz, pues bien se han
     cumplido tus deseos!_

Despus rompi en sollozos y volvi  implorar: Oh dueo mo! Hblame,
que yo te oiga. Entonces el supuesto negro torci la lengua y empez 
imitar el habla de los negros: No hay fuerza ni poder sin la ayuda de
Alah! La bruja, al oir hablar al negro despus de tanto tiempo, di un
grito de jbilo y cay desvanecida, pero pronto volvi en s, y dijo:
Es que mi dueo est curado? Entonces el rey, fingiendo la voz y
hacindola muy dbil, dijo: Oh miserable libertina! No mereces que te
hable. Y ella dijo: Pero por qu? Y l contest: Porque siempre
ests castigando  tu marido, y l da voces, y esto me quita el sueo
toda la noche hasta la maana. De otro modo, ya habra yo recobrado las
fuerzas. Eso precisamente me impide contestarte. Y ella dijo: Pues ya
que t me lo mandas, lo librar del estado en que se encuentra. Y l
contest: S, lbralo, y recobraremos la tranquilidad. Y dijo la
bruja: Escucho y obedezco. Despus sali de la cpula, march al
palacio, cogi una taza de cobre llena de agua, pronunci unas palabras
mgicas, y el agua empez  hervir como hierve en la marmita. Entonces
ech un poco de esta agua al joven, y dijo: Por la fuerza de mi
conjuro, te mando que salgas de esa forma y recuperes la primitiva! Y
el joven se sacudi todo l, se puso de pie, y exclam muy dichoso al
verse libre: No hay ms Dios que Alah, y Mohamed es el profeta de
Alah! Sean con l la bendicin y la paz de Alah! Y ella dijo: Vete, y
no vuelvas por aqu, porque te matar! Y se lo grit en la cara.
Entonces el joven se fu de entre sus manos. Y he aqu todo lo referente
 l.

En cuanto  la bruja, volvi en seguida  la cpula, descendi al
subterrneo, y dijo: Oh dueo mo! levntate, que te vea yo. Y el rey
contest muy dbilmente: An no has hecho nada. Queda otra cosa para
que recobre la tranquilidad. No has suprimido la causa principal de mis
males. Y ella dijo: Oh amado mo! cul es esa causa principal? Y el
rey contest: Esos peces del lago, los habitantes de la antigua ciudad
y de las cuatro islas, no dejan de sacar la cabeza del agua, 
medianoche, para lanzar imprecaciones contra ti y contra m. Y se es el
motivo de que no recobre yo las fuerzas. Librtalos, pues. Entonces
podrs venir  darme la mano y ayudarme  levantar, porque seguramente
habr vuelto  la salud.

Cuando la bruja oy estas palabras, que crea del negro, exclam muy
alegre: Oh dueo mo! pongo tu voluntad sobre mi cabeza y sobre mis
ojos. E invocando el nombre de Bismillah, se levant muy dichosa, ech
 correr, lleg al lago, cogi un poco de agua, y...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 9. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando la bruja cogi un
poco de agua y pronunci unas palabras misteriosas, los peces empezaron
 agitarse, irguiendo la cabeza, y acabaron por convertirse en hijos de
Adn, y en la hora y en el instante se desat la magia que sujetaba 
los habitantes de la ciudad. Y la ciudad se convirti en una poblacin
floreciente, con magnficos zocos bien construidos, y cada habitante se
puso  ejercer su oficio. Y las montaas volvieron  ser islas como en
otro tiempo. Y hete aqu todo lo que hubo respecto  esto. Por lo que se
refiere  la bruja, sta volvi junto al rey, y como le segua tomando
por el negro, le dijo: Oh querido mo! Dame tu mano generosa para
besarla. Y el rey le respondi en voz baja: Acrcate ms  m. Y ella
se aproxim. Y el rey cogi de pronto su buena espada, y le atraves el
pecho con tal fuerza, que la punta le sali por la espalda. Despus,
dando un tajo, la parti en dos mitades.

Hecho esto, sali en busca del joven encantado, que le esperaba de pie.
Entonces le felicit por su desencantamiento, y el joven le bes la
mano y le di efusivamente las gracias. Y le dijo el rey: Quieres
marchar  tu ciudad,  acompaarme  la ma? Y el joven contest: Oh
rey de los tiempos! sabes cunta distancia hay de aqu  tu ciudad? Y
dijo el rey: Dos das y medio. Entonces le dijo el joven: Oh rey! si
ests durmiendo, despierta. Para ir  tu capital emplears, con la
voluntad de Alah, todo un ao. Si llegaste aqu en dos das y medio, fu
porque esta poblacin estaba encantada. Y cuenta, oh rey! que no he de
apartarme de ti ni siquiera el instante que dura un parpadeo. El rey se
alegr al oirlo, y dijo: Bendigamos  Alah, que ha dispuesto te
encontrase en mi camino! Desde hoy sers mi hijo, ya que Alah no me los
ha querido dar hasta ahora. Y se echaron uno en brazos del otro, y se
alegraron hasta el lmite de la alegra.

Dirigironse entonces al palacio del rey que haba estado encantado. Y
el joven anunci  los notables de su reino que iba  partir para la
santa peregrinacin  la Meca. Y hechos los preparativos necesarios,
partieron l y el rey, cuyo corazn anhelaba el regreso  su pas, del
que estaba ausente haca un ao. Marcharon, pues, llevando cincuenta
mamalik[32] cargados de regalos. Y no dejaron de viajar da y noche
durante un ao entero, hasta que avistaron la ciudad. El visir sali con
los soldados al encuentro del rey, muy satisfecho de su regreso, pues
haba llegado  temer no verle ms. Y los soldados se acercaron, y
besaron la tierra entre sus manos, y le desearon la bienvenida. Y entr
en el palacio y se sent en su trono. Despus llam al visir y le puso
al corriente de cuanto le haba ocurrido. Cuando el visir supo la
historia del joven, le di la enhorabuena por su desencantamiento y su
salvacin.

Mientras tanto, el rey gratific  muchas personas, y despus dijo al
visir: Que venga aquel pescador que en otro tiempo me trajo los peces.
Y el visir mand llamar al pescador que haba sido causa del
desencantamiento de los habitantes de la ciudad. Y cuando se present le
orden el rey que se acercase, y le regal trajes de honor,
preguntndole acerca de su manera de vivir y si tena hijos. Y el
pescador dijo que tena un hijo y dos hijas. Entonces el rey se cas con
una de sus hijas, y el joven se cas con la otra. Despus el rey
conserv al pescador  su lado y le nombr tesorero general. En seguida
envi  su visir  la ciudad del joven, situada en las Islas Negras, y
le nombr sultn de aquellas islas, escoltndole los cincuenta mamalik
con numerosos trajes de honor para todos aquellos emires. El visir, al
despedirse, bes ambas manos del sultn y sali para su destino. Y el
rey y el joven siguieron juntos, muy felices con sus esposas, las dos
hijas del pescador, gozando una vida de venturosa tranquilidad y cordial
esparcimiento. En cuanto al pescador, nombrado tesorero general, se
enriqueci mucho y lleg  ser el hombre ms rico de su tiempo. Y todos
los das vea  sus hijas, que eran esposas de reyes. Y en tal estado,
despus de numerosos aos completos, fu  visitarles la Separadora de
los amigos, la Inevitable, la Silenciosa, la Inexorable! Y ellos
murieron!

     Pero no creis que esta historia--prosigui Schahrazada--sea ms
     maravillosa que la del mandadero.

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HISTORIA DEL MANDADERO Y LAS TRES DONCELLAS


[imagen] Haba en la ciudad de Bagdad un hombre que era soltero y
adems mozo de cordel.

Un da entre los das, mientras estaba en el zoco, indolentemente
apoyado en su espuerta, se par delante de l una mujer con un ancho
manto de tela de Mosul, en seda sembrada de lentejuelas de oro y forro
de brocado. Levant un poco el velillo de la cara y aparecieron por
debajo dos ojos negros, con largas pestaas, y qu prpados! Era
esbelta, sus manos y sus pies muy pequeos, y reuna, en fin, un
conjunto de perfectas cualidades. Y dijo con su voz llena de dulzura:
Oh mandadero! coge la espuerta y sgueme. Y el mandadero,
sorprendidsimo, no supo si haba odo bien, pero cogi la espuerta y
sigui  la joven, hasta que se detuvo  la puerta de una casa. Llam y
sali un nusran[33], que por un dinar le di una medida de aceitunas, y
ella las puso en la espuerta, diciendo al mozo: Lleva eso y sgueme. Y
el mandadero exclam: Por Alah! Bendito da! Y cogi otra vez la
espuerta y sigui  la joven. Y he aqu que se par sta en la frutera
y compr manzanas de Siria, membrillos osman, melocotones de Omn,
jazmines de Alepo, nenfares de Damasco, cohombros del Nilo, limones de
Egipto, cidras sultan, bayas de mirto, flores de alhea, anmonas rojas
de color de sangre, violetas, flores de granado y narcisos. Y lo meti
todo en la espuerta del mandadero, y le dijo: Llvalo. Y l lo llev y
la sigui, hasta que llegaron  la carnicera, donde dijo la joven:
Corta diez artal de carne[34]. Y el carnicero corto los diez artal, y
ella los envolvi en hojas de banano, los meti en la espuerta, y dijo:
Llvalo, oh mandadero! Y l lo llev as y la sigui, hasta encontrar
un vendedor de almendras, al cual compr la joven toda clase de
almendras, diciendo al mozo: Llvalo y sgueme. Y carg otra vez con
la espuerta y la sigui, hasta llegar  la tienda de un confitero, y
all compr ella una bandeja y la cubri de cuanto haba en la
confitera: enrejados de azcar con manteca, pastas aterciopeladas
perfumadas con almizcle y deliciosamente rellenas, bizcochos llamados
_sabun_, pastelillos, tortas de limn, confituras sabrosas, dulces
llamados _muchabac_, bocadillos huecos llamados _lucmet-el-kad_, otros
cuyo nombre es _assabihzeinab_, hechos con manteca, miel y leche.
Despus coloc todas aquellas golosinas en la bandeja, y la bandeja
encima de la espuerta. Entonces el mandadero dijo: Si me hubieras
avisado, habra alquilado una mula para cargar tanta cosa. Y la joven
sonri al oirlo. Despus se detuvo en casa de un destilador y compr
diez clases de aguas: de rosas, de azahar y otras muchas, y varias
bebidas embriagadoras, como asimismo un hisopo para aspersiones de agua
de rosas almizclada, granos de incienso macho, palo de loe, mbar gris
y almizcle, y finalmente velas de cera de Alejandra. Todo lo meti en
la espuerta, y dijo al mozo: Lleva la espuerta y sgueme. Y el mozo la
sigui, llevando siempre la espuerta, hasta que la joven lleg  un
palacio, todo de mrmol, con un gran patio que daba al jardn de la
parte de atrs. Todo era muy lujoso, y el prtico tena dos hojas de
bano adornadas con chapas de oro rojo.

La joven llam, y las dos hojas de la puerta se abrieron. El mandadero
vi entonces que haba abierto la puerta otra joven, cuyo talle,
elegante y gracioso, era un verdadero modelo, especialmente por sus
pechos redondos y salientes, su gentil apostura, su belleza, y todas las
perfecciones de su talle y de todo lo dems. Su frente era blanca como
la primera luz de la luna nueva, sus ojos como los ojos de las gacelas,
sus cejas como la luna creciente del Ramadn, sus mejillas como
anmonas, su boca como el sello de Soleimn, su rostro como la luna
llena al salir, sus dos pechos como granadas gemelas. En cuanto  su
vientre juvenil, elstico y flexible, se ocultaba bajo la ropa como una
carta preciada bajo el rollo que la envuelve.

Por eso,  su vista, not el mozo que se le iba el juicio y que la
espuerta se le vena al suelo. Y dijo para s: Por Alah! En mi vida
he tenido un da tan bendito como el de hoy!

Entonces esta joven tan admirable dijo  su hermana la proveedora y al
mandadero: Entrad, y que la acogida aqu sea para vosotros tan amplia
como agradable!

Y entraron, y acabaron por llegar  una sala espaciosa que daba al
patio, adornada con brocados de seda y oro, llena de lujosos muebles con
incrustaciones de oro, jarrones, asientos esculpidos, cortinas y unos
roperos cuidadosamente cerrados. En medio de la sala haba un lecho de
mrmol incrustado con perlas y esplendorosa pedrera, cubierto con un
dosel de raso rojo. Sobre l estaba extendido un mosquitero de fina
gasa, tambin roja, y en el lecho haba una joven de maravillosa
hermosura, con ojos babilnicos, un talle esbelto como la letra _aleph_,
y un rostro tan bello, que poda envidiarlo el sol luminoso. Era una
estrella brillante, una noble hermosura de Arabia, como dijo el poeta:

     _El que mida tu talle, oh joven! y lo compare por su esbeltez con
     la delicadeza de una rama flexible, juzga con error  pesar de su
     talento! Porque tu talle no tiene igual, ni tu cuerpo un hermano!_

     _Porque la rama slo es linda en el rbol y estando desnuda!
     Mientras que t eres hermosa de todos modos, y las ropas que te
     cubren son nicamente una delicia ms!_

Entonces la joven se levant, y llegando junto  sus hermanas, les dijo:
Por qu permanecis quietas? Quitad la carga de la cabeza de ese
hombre. Entonces entre las tres le aliviaron del peso. Vaciaron la
espuerta, pusieron cada cosa en su sitio, y entregando dos dinares al
mandadero, le dijeron: Oh mandadero! vuelve la cara y vete
inmediatamente. Pero el mozo miraba  las jvenes, encantado de tanta
belleza y tanta perfeccin, y pensaba que en su vida haba visto nada
semejante. Sin embargo, chocbale que no hubiese ningn hombre en la
casa. En seguida se fij en lo que all haba de bebidas, frutas, flores
olorosas y otras cosas buenas, y admirado hasta el lmite de la
admiracin, no tena maldita la gana de marcharse.

Entonces la mayor de las jvenes le dijo: Por qu no te vas? Es que
te parece poco el salario? Y se volvi hacia su hermana, la que haba
hecho las compras, y le dijo: Dale otro dinar. Pero el mandadero
replic: Por Alah, seoras mas! Mi salario suele ser la centsima
parte de un dinar, por lo cual no me ha parecido escasa la paga. Pero
mi corazn est pendiente de vosotras. Y me pregunto cul puede ser
vuestra vida, ya que vivs en esta soledad y no hay hombre que os haga
compaa. No sabis que un minarete slo vale algo con la condicin de
ser uno de los cuatro de la mezquita? Pero oh seoras mas! no sois ms
que tres, y os falta el cuarto. Ya sabis que la dicha de las mujeres
nunca es perfecta si no se unen con los hombres. Y, como dice el poeta,
un acorde no ser jams armonioso como no se reunan cuatro instrumentos:
el arpa, el lad, la ctara y la flauta. Vosotras, oh seoras mas!
slo sois tres, y os falta el cuarto instrumento: la flauta. Yo ser la
flauta, y me conducir como hombre prudente, lleno de sagacidad 
inteligencia, artista hbil que sabe guardar un secreto!

Y las jvenes le dijeron: Oh mandadero! no sabes t que somos
vrgenes? Por eso tenemos miedo de fiarnos de algo. Porque hemos ledo
lo que dicen los poetas: Desconfa de toda confidencia, pues un secreto
revelado es secreto perdido.

Pero el mandadero exclam: Juro por vuestra vida, oh seoras mas!
que yo soy un hombre prudente, seguro y leal! He ledo libros y he
estudiado crnicas. Slo cuento cosas agradables, callndome
cuidadosamente las cosas tristes. Obro en toda ocasin segn dice el
poeta:

     _Slo el hombre bien dotado sabe callar el secreto!_ _Slo los
     mejores entre los hombres saben cumplir sus promesas!_

     _Yo encierro los secretos en una casa de slidos candados, donde
     la llave se ha perdido y la puerta est sellada!_

Y escuchando los versos del mandadero, muchas otras estrofas que recit
y sus improvisaciones rimadas, las tres jvenes se tranquilizaron; pero
para no ceder en seguida, le dijeron: Sabe, oh mandadero! que en este
palacio hemos gastado el dinero en enormes cantidades. Llevas t encima
con qu indemnizarnos? Slo te podremos invitar con la condicin de que
gastes mucho oro. Acaso no es tu deseo permanecer con nosotras,
acompaarnos  beber, y singularmente hacernos velar toda la noche,
hasta que la aurora bae nuestros rostros? Y la mayor de las doncellas
aadi: Amor sin dinero no puede servir de buen contrapeso en el
platillo de la balanza. Y la que haba abierto la puerta dijo: Si no
tienes nada, vete sin nada. Pero en aquel momento intervino la
proveedora, y dijo: Oh hermanas mas! Dejemos eso, por Alah! pues
este muchacho en nada ha de amenguarnos el da. Adems, cualquier otro
hombre no habra tenido con nosotras tanto comedimiento. Y cuando le
toque pagar  l, yo lo abonar en su lugar.

Entonces el mandadero se regocij en extremo, y dijo  la que le haba
defendido: Por Alah! A ti te debo la primer ganancia del da. Y
dijeron las tres: Qudate, oh buen mandadero! y te tendremos sobre
nuestra cabeza y nuestros ojos. Y en seguida la proveedora se levant y
se ajust el cinturn. Luego dispuso los frascos, clarific el vino por
decantacin, prepar el lugar en que haban de reunirse cerca del
estanque, y llev all cuanto podan necesitar. Despus ofreci el vino
y todo el mundo se sent, y el mandadero en medio de ellas, en el
vrtigo, pues se figuraba estar soando.

Y he aqu que la proveedora ofreci la vasija del vino y llenaron la
copa y la bebieron, y as por segunda y por tercera vez. Despus la
proveedora la llen de nuevo y la present  sus hermanas, y luego al
mandadero. Y el mandadero, extasiado, improvis esta composicin rimada:

     _Bebe este vino! l es la causa de toda nuestra alegra! l da
     al que lo bebe fuerzas y salud! l es el nico remedio que cura
     todos los males! _

     _Nadie bebe el vino, origen de toda alegra, sin sentir las
     emociones ms gratas! La embriaguez es lo nico que puede
     saturarnos de voluptuosidad! _

Despus bes las manos  las tres doncellas, y vaci la copa. En
seguida, aproximndose  la mayor, le dijo: Oh seora ma! Soy tu
esclavo, tu cosa y tu propiedad! Y recit estas estrofas en honor
suyo:

     _A tu puerta espera de pie un esclavo de tus ojos, acaso el ms
     humilde de tus esclavos!_

     _Pero conoce  su duea! El sabe cunta es su generosidad y sus
     beneficios! Y sobre todo, sabe cmo se lo ha de agradecer! _

Entonces ella le dijo, ofrecindole la copa: Bebe, oh amigo mo! y que
la bebida te aproveche y la digieras bien. Que ella te d fuerzas para
el camino de la verdadera salud.

Y el mandadero cogi la copa, bes la mano  la joven, y una voz dulce y
modulada cant quedamente estos versos:

     _Yo ofrezco  mi amiga[35] un vino resplandeciente como sus
     mejillas, mejillas tan luminosas, que slo la claridad de una llama
     podra compararse con su esplndida vida!_

     _Ella se digna aceptarlo, pero me dice, muy risuea: Cmo quieres
     que beba mis propias mejillas? Y yo le digo: Bebe, oh llama de
     mi corazn! Este licor son mis lgrimas, su color rojo mi sangre,
     y su mezcla en la copa es toda mi alma!_

Entonces la joven cogi la copa de manos del mandadero, se la llev 
los labios y despus fu  sentarse junto  sus hermanas. Y todos
empezaron  cantar,  danzar y  jugar con las flores exquisitas. Y
mientras tanto, el mozo las abrazaba y las besaba. Y una le diriga
chanzas, otra lo atraa hacia ella, y la otra le golpeaba con las
flores. Y siguieron bebiendo, hasta que el vino se les subi  la
cabeza. Cuando el vino rein por completo, la joven que haba abierto la
puerta se levant, se quit toda la ropa y se qued desnuda. Y de un
salto ech su alma en el estanque[36], se puso  jugar con el agua, se
llen de ella la boca y roci ruidosamente al mandadero. Esto no le
estorbaba para que el agua corriese por todos sus miembros y por entre
sus muslos juveniles. Despus sali del estanque, se ech sobre el pecho
del mandadero, y tendindose luego boca arriba, dijo sealando  la cosa
situada entre sus muslos:

Oh mi querido! Sabes cmo se llama esto? Y contest el mozo:
Ah!... ah!... Ordinariamente, suele llamarse la casa de la
misericordia. Pero ella exclam: Yu! yu! No te da vergenza tu
ignorancia? Y le cogi del pescuezo y empez  darle golpes. Entonces
dijo l: Basta! basta! Se llama la vulva. Y repiti ella: Tampoco
es as. Y el mandadero dijo: Pues tu pedazo de atrs. Y ella repiti:
Otra cosa. Y dijo l: Es tu zngano. Pero ella, al oirlo, golpe al
joven con tal fuerza, que le ara la piel. Y entonces l dijo: Pues
dime cmo se llama. Y ella contest: La albahaca de los puentes. Y
exclam el mozo: Ya era hora! Alabado sea Alah! y l te guarde, oh
mi albahaca de los puentes!

Despus volvi  circular la copa y la subcopa. En seguida la segunda
joven se desnud y se meti en el estanque,  hizo lo mismo que su
hermana. Sali despus, se ech en el regazo del mozo, y sealando con
el dedo hacia sus muslos y  la cosa situada entre los muslos, pregunt:
Cul es el nombre de esto, luz de mis ojos? Y l dijo: Tu grieta.
Pero ella exclam: Qu palabras tan abominables dice este hombre! Y
le abofete con tal furia, que retembl toda la sala. Y despus dijo l:
Entonces ser la albahaca de los puentes. Pero ella replic: No es
eso, no es eso! Y volvi  darle golpes. Entonces pregunt el mozo:
Pues cul es su nombre? Y contest ella: El ssamo descortezado. Y
l exclam: Para ti sean, oh el ms descortezado de entre los
ssamos! las mejores bendiciones!

Despus se levant la tercera joven, se desnud y se meti en el
estanque, donde hizo como sus hermanas, y luego se visti, y fu 
tenderse entre las piernas del mandadero, y le dijo, sealando hacia sus
partes delicadas: Adivina su nombre. Entonces l le dijo: Se llama
esto, se llama lo otro. Y enumerando con los dedos, deca: El
estornino mudo, el conejo sin orejas, el polluelo sin voz, el padre de
la blancura, la fuente de las gracias. Y por fin, en vista de sus
protestas, acab por preguntarle, para que no le pegara ms: Pues cul
es su nombre? Y ella contest: El khan[37] de Aby-Mansur.

Entonces el mandadero se levant, se despoj de sus vestidos y se meti
en el agua. Y su espalda sobrenadaba majestuosa en la superficie! Se
lav todo el cuerpo, como se haban lavado las doncellas, y despus
sali del bao y fu  echarse en el regazo de la ms joven, apoy los
pies en el regazo de la otra hermana, y sealando  su virilidad,
pregunt  la mayor de todas: Sabes oh soberana ma! cul es su
nombre? Al oir estas palabras, las tres se echaron  reir tan  gusto,
que cayeron sobre sus posaderas, y exclamaron: Tu zib! Y l dijo: No
es eso, no es eso. Y les di  cada una un mordisco. Entonces dijeron:
Tu herramienta! Y l contest: Tampoco es eso. Y  cada una les di
un pellizco en un seno. Y ellas, asombradas, replicaron: S que es tu
herramienta, porque est ardiente; si que es tu zib, porque se mueve. Y
el mozo segua negando con un movimiento de cabeza, y luego las besaba,
las morda, las pellizcaba y las abrazaba, y ellas rean  ms no poder,
hasta que acabaron por decirle: Cmo se llama, pues? Entonces l
medit un momento, se mir entre los muslos, gui los ojos, y sealando
 su zib, dijo: Oh seoras mas! vais  oir lo que acaba de decirme
este nio: Me llaman el macho poderoso y sin castrar, que pace la
albahaca de los puentes, se deleita con raciones de ssamo descortezado
y se alberga en la posada de Aby-Mansur.

Y se rieron las tres tan descompasadamente al oirle, que de nuevo
doblaron sobre sus partes traseras. Despus siguieron bebiendo en la
misma copa hasta que comenz  anochecer. Las jvenes dijeron entonces
al mandadero: Ahora vuelve la cara y vete, y as veremos la anchura de
tus hombros. Pero el mozo exclam: Por Alah, seoras mas! Ms fcil
sera  mi alma salir del cuerpo, que  m dejar esta casa! Juntemos
esta noche con el da, y maana podr cada uno ir en busca de su destino
por el camino de Alah! Entonces intervino nuevamente la joven
proveedora: Hermanas, por vuestra vida, invitmosle  pasar la noche
con nosotras y nos reiremos mucho con l, porque es una mala persona sin
pudor, y adems muy gracioso. Y dijeron entonces al mandadero: Puedes
pasar aqu la noche, con la condicin de estar bajo nuestro dominio y no
pedir ninguna explicacin sobre lo que veas ni sobre cuanto ocurra. Y
l respondi: As sea, oh seoras mas! Y ellas aadieron: Levntate
y lee lo que est escrito encima de la puerta. Y l se levant, y
encima de la puerta vi las siguientes palabras, escritas con letras de
oro: _No hables nunca de lo que no te importe, si no, oirs cosas que no
te gusten_.

Y el mandadero dijo: Oh seoras mas, os pongo por testigo de que no
he de hablar de lo que no me importe.

En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la maana, y
se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 10. NOCHE_

     Doniazada dijo: Oh hermana ma, acaba la relacin! Y Schahrazada
     contest: Con mucho agrado, y como un deber de generosidad. Y
     prosigui:

He llegado  saber, oh rey poderoso! que cuando el mandadero hizo su
promesa  las jvenes, se levant la proveedora, coloc los manjares
delante de los comensales, y todos comieron muy regaladamente. Despus
de esto encendieron las velas, quemaron maderas olorosas  incienso, y
volvieron  beber y comer todas las golosinas compradas en el zoco,
sobre todo el mandadero, que al mismo tiempo deca versos, cerrando los
ojos mientras recitaba y moviendo la cabeza. Y de pronto se oyeron
fuertes golpes en la puerta, lo que no les perturb en sus placeres,
pero al fin la menor de las jvenes se levant, fu  la puerta, y luego
volvi y dijo: Bien llena va  estar nuestra mesa esta noche, pues
acabo de encontrar junto  la puerta  tres ahjam[38] con las barbas
afeitadas y tuertos del ojo izquierdo. Es una coincidencia asombrosa.
He visto inmediatamente que eran extranjeros, y deben venir del pas de
los Rum. Cada uno es diferente, pero los tres son tan ridculos de
fisonoma, que hacen reir. Si los hicisemos entrar nos divertiramos
con ellos. Y sus hermanas aceptaron. Diles que pueden entrar, pero
entrales de que no deben hablar de lo que no les importe, si no quieren
oir cosas desagradables. Y la joven corri  la puerta, muy alegre, y
volvi trayendo  los tres tuertos. Llevaban las mejillas afeitadas, con
unos bigotes retorcidos y tiesos, y todo indicaba que pertenecan  la
cofrada de mendicantes llamados saalik[39].

Apenas entraron, desearon la paz  la concurrencia, y las jvenes se
quedaron de pie y los invitaron  sentarse. Una vez sentados, los saalik
miraron al mandadero, y suponiendo que perteneca  su cofrada,
dijeron: Es un saaluk como nosotros, y podr hacernos amistosa
compaa. Pero el mozo, que los haba odo, se levant de sbito, los
mir airadamente y exclam: Dejadme en paz, que para nada necesito
vuestro afecto. Y empezad por cumplir lo que veris escrito encima de
esa puerta. Las doncellas estallaron de risa al oir estas palabras, y
se decan: Vamos  divertirnos con este mozo y los saalik. Despus
ofrecieron manjares  los saalik, que los comieron muy gustosamente. Y
la ms joven les ofreci de beber, y los saalik bebieron uno tras otro.
Y cuando la copa estuvo en circulacin, dijo el mandadero: Hermanos
nuestros, llevis en el saco alguna historia  alguna maravillosa
aventura con que divertirnos? Estas palabras los estimularon, y
pidieron que les trajesen instrumentos. Y entonces la ms joven les
trajo inmediatamente un pandero de Mosul adornado con cascabeles, un
lad de Irak y una flauta de Persia. Y los tres saalik se pusieron de
pie, y uno cogi el pandero, otro el lad y el tercero la flauta. Y los
tres empezaron  tocar, y las doncellas los acompaaban con sus cantos.
Y el mandadero se mora de gusto, admirando la hermosa voz de aquellas
mujeres.

En este momento volvieron  llamar  la puerta. Y como de costumbre,
acudi  abrir la ms joven de las tres doncellas.

Y he aqu el motivo de que hubiesen llamado:

Aquella noche, el califa Harn Al-Rachid haba salido  recorrer la
ciudad, para ver y escuchar por s mismo cuanto ocurriese. Le acompaaba
su visir Giafar-Al-Barmaki[40] y el portaalfanje Masrur, ejecutor de sus
justicias. El califa, en estos casos, acostumbraba  disfrazarse de
mercader.

Y paseando por las calles haba llegado frente  aquella casa y haba
odo los instrumentos y los ecos de la fiesta. Y el califa dijo al visir
Giafar: Quiero que entremos en esta casa, para saber qu son esas
voces. Y el visir Giafar replic: Acaso sea un atajo de borrachos, y
convendra precavernos por si nos hiciesen alguna mala partida. Pero el
califa dijo: Es mi voluntad entrar ah. Quiero que busques la forma de
entrar y sorprenderlos. Al oir esta orden, el visir contest: Escucho
y obedezco. Y Giafar avanz y llam  la puerta. Y al momento fu 
abrir la ms joven de las tres hermanas.

Cuando la joven hubo abierto la puerta, el visir le dijo: Oh seora
ma! somos mercaderes de Tabaria[41]. Hace diez das llegamos  Bagdad
con nuestros gneros, y habitamos en el khan de los mercaderes. Uno de
los comerciantes del khan nos ha convidado  su casa y nos ha dado de
comer. Despus de la comida, que ha durado una hora, nos ha dejado en
libertad de marcharnos. Hemos salido, pero ya era de noche, y como somos
extranjeros, hemos perdido el camino del khan, y ahora nos dirigimos
fervorosamente  vuestra generosidad para que nos permitis entrar y
pasar la noche aqu. Y Alah os tendr en cuenta esta buena obra!

Entonces la joven los mir, le pareci que en efecto tenan maneras de
mercaderes y un aspecto muy respetable, por lo cual fu  buscar  sus
dos hermanas para pedirles parecer. Y ellas le dijeron: Djales
entrar. Entonces fu  abrirles la puerta, y le preguntaron: Podemos
entrar, con vuestro permiso? Y ella contest: Entrad. Y entraron el
califa, el visir y el portaalfanje, y al verlos, las jvenes se pusieron
de pie y les dijeron: Sed bien venidos, y que la acogida en esta casa
os sea tan amplia como amistosa! Sentaos, oh huspedes nuestros! Slo
tenemos que imponeros una condicin: _No hablis de lo que no os
importe, si no queris oir cosas que no os gusten_. Y ellos
respondieron: Ciertamente que s. Y se sentaron, y fueron invitados 
beber y  que circulase entre ellos la copa. Despus el califa mir 
los tres saalik, y se asombr mucho al ver que los tres estaban tuertos
del ojo izquierdo. Y mir en seguida  las jvenes, y al advertir su
hermosura y su gracia, qued an ms perplejo y sorprendido. Las
doncellas siguieron conversando con los convidados, invitndoles  beber
con ellas, y luego presentaron un vino exquisito al califa, pero ste lo
rechaz, diciendo: Soy un buen hadj[42]. Entonces la ms joven se
levant y coloc delante de l una mesita con incrustaciones finas,
encima de la cual puso una taza de porcelana de China, y ech en ella
agua de la fuente, que enfri con un pedazo de hielo, y lo mezcl todo
con azcar y agua de rosas, y despus se lo present al califa. Y l
acept, y le di las gracias, diciendo para s: Maana tengo que
recompensarla por su accin y por todo el bien que hace.

Las doncellas siguieron cumpliendo sus deberes de hospitalidad y
sirviendo de beber. Pero cuando el vino produjo sus efectos, la mayor
de las tres hermanas se levant, cogi de la mano  la proveedora y le
dijo: Oh hermana ma! levntate y cumplamos nuestro deber. Y su
hermana le contest: Me tienes  tus rdenes. Entonces la ms pequea
se levant tambin, y dijo  los saalik que se apartaran del centro de
la sala y que fuesen  colocarse junto  las puertas. Quit cuanto haba
en medio del saln y lo limpi. Las otras dos hermanas llamaron al
mandadero, y le dijeron: Por Alah! Cun poco nos ayudas! Cuenta que
no eres un extrao, sino de la casa. Y entonces el mozo se levant, se
remang la tnica, y apretndose el cinturn, dijo: Mandad y
obedecer. Y ellas contestaron: Aguarda en tu sitio. Y  los pocos
momentos le dijo la proveedora: Sgueme, que podrs ayudarme.

Y la sigui fuera de la sala, y vi dos perras de la especie de las
perras negras, que llevaban cadenas al cuello. El mandadero las cogi y
las llev al centro de la sala. Entonces la mayor de las hermanas se
remang el brazo, cogi un ltigo, y dijo al mozo: Trae aqu una de
esas perras. Y el mandadero, tirando de la cadena del animal, le oblig
 acercarse, y la perra se ech  llorar y levant la cabeza hacia la
joven. Pero sta, sin cuidarse, de ello, la tumb  sus pies y empez 
darle latigazos en la cabeza, y la perra chillaba y lloraba, y la joven
no la dej de azotar hasta que se le cans el brazo. Entonces tir el
ltigo, cogi  la perra en brazos, la estrech contra su pecho, le
sec las lgrimas y la bes en la cabeza, que le tena cogida entre sus
manos. Despus dijo al mandadero: Llvatela y treme la otra. Y el
mandadero trajo la otra, y la joven la trat lo mismo que  la primera.

Entonces el califa sinti que su corazn se llenaba de lstima y que el
pecho se le oprima de tristeza, y gui el ojo al visir Giafar para que
interrogase sobre aquello  la joven, pero el visir le respondi por
seas que lo mejor era callarse.

En seguida la mayor de las doncellas se dirigi  sus hermanas y les
dijo: Hagamos lo que es nuestra costumbre. Y las otras contestaron:
Obedecemos. Y entonces se subi al lecho, chapeado de plata y oro, y
dijo  las otras dos: Veamos ahora lo que sabis. Y la ms pequea se
subi al lecho, mientras que la otra se march  sus habitaciones y
volvi trayendo una bolsa de raso con flecos de seda verde; se detuvo
delante de las jvenes, abri la bolsa y extrajo de ella un lad.
Despus se lo entreg  su hermana pequea, que lo templ y se puso 
taerlo, cantando estas estrofas con una voz sollozante y conmovida:

     _Por piedad! Devolved  mis prpados el sueo que de ellos ha
     huido! Decidme dnde ha ido  parar mi razn!_

     _Cuando permit que el amor penetrase en mi morada, se enoj
     conmigo el sueo y me abandon!_

     _Y me preguntaban: Qu has hecho para verte as, t que eres de
     los que recorren el camino recto y seguro? Dinos quin te ha
     extraviado de ese modo!_

     _Y les dije: No ser yo, sino ella, quien os responda! Yo slo
     puedo deciros que mi sangre, toda mi sangre, le pertenece! Y
     siempre he de preferir verterla por ella  conservarla torpemente
     en m!_

     _He elegido una mujer para poner en ella mis pensamientos, mis
     pensamientos que reflejan su imagen! Si expulsara esa imagen, se
     consumiran mis entraas con un fuego devorador!_

     _Si la vierais, me disculparais! Porque el mismo Alah cincel
     esa joya con el licor de la vida; y con lo que qued de ese licor
     fabric la granada y las perlas!_

     _Y me dicen: Pero encuentras en el objeto amado otra cosa que
     lgrimas, penas y escasos placeres?_

     _No sabes que al mirarte en el agua lmpida slo vers tu sombra?
     Bebes de un manantial cuya agua sacia antes de ser saboreada!_

     _Y yo contesto: No creis que bebiendo se ha apoderado de m la
     embriaguez, sino mirando! No fu preciso ms; esto bast para que
     el sueo huyera por siempre de mis ojos!_

     _Y no son las cosas pasadas las que me consumen, sino solamente
     el pasado de ella! No son las cosas amadas de que me separ las
     que me han puesto en este estado, sino solamente la separacin de
     ella!_

     _Podra volver mis miradas hacia otra, cuando toda mi alma est
     unida  su cuerpo perfumado,  sus aromas de mbar y almizcle?_

Cuando acab de cantar, su hermana le dijo: Ojal te consuele Alah,
hermana ma! Pero tal afliccin se apoder de la joven portera, que se
desgarr las vestiduras, y cay desmayada en el suelo.

Pero al caer, como una parte de su cuerpo qued descubierta, el califa
vi en l huellas de latigazos y varazos, y se asombr hasta el lmite
del asombro. La proveedora roci la cara de su hermana con agua, y luego
que recobr el sentido, le trajo un vestido nuevo y se lo puso.

Entonces el califa dijo  Giafar: No te conmueven estas cosas? No has
visto seales de golpes en el cuerpo de esa mujer? Yo no puedo callarme,
y no descansar hasta descubrir la verdad de todo esto, y sobre todo,
esa aventura de las dos perras. Y el visir contest: Oh mi seor,
corona de mi cabeza! recuerda la condicin que nos impusieron: No hables
de lo que no te importe, si no quieres oir cosas que no te gusten.

Y mientras tanto, la proveedora se levant, cogi el lad, lo apoy en
su redondo seno, y se puso  cantar:

     _Qu responderamos si vinieran  damos quejas de amor? Qu
     haramos si el amor nos daara?_

     _Si confiramos  un intrprete que respondiese en nuestro nombre,
     este intrprete no sabra traducir todas las quejas de un corazn
     enamorado!_

     _Y si sufrimos con paciencia y en silencio la ausencia del amado,
     pronto nos pondr el dolor  las puertas de la muerte!_

     _Oh dolor! Para nosotros slo hay penas y duelo: las lgrimas
     resbalan por las mejillas!_

     _Y t, querido ausente, que has huido de las miradas de mis ojos
     cortando los lazos que te unan  mis entraas,_

     _Di, conservas algn recuerdo de nuestro amor pasado, una huella
     pequea que dure  pesar del tiempo?_

     _O has olvidado, con la ausencia, el amor que agot mi espritu y
     me puso en tal estado de aniquilamiento y postracin?_

     _Si mi sino es vivir desterrada, algn da pedir cuenta de estos
     sufrimientos  Alah, nuestro Seor!_

Al oir este canto tan triste, la mayor de las doncellas se desgarr las
vestiduras, y cay desmayada. Y la proveedora se levant y le puso un
vestido nuevo, despus de haber cuidado de rociarle la cara con agua
para que volviese de su desmayo. Entonces, algo repuesta, se sent la
joven en el lecho, y dijo  su hermana: Te ruego que cantes ms, para
que podamos pagar nuestras deudas. Aunque slo sea una vez! Y la
proveedora templ de nuevo el lad y cant las siguientes estrofas:

     _Hasta cundo durarn esta separacin y este abandono tan cruel?
     No sabes que  mis ojos ya no les quedan lgrimas?_

     _Me abandonas! Pero no crees que rompes as la antigua amistad?
     Oh! si tu objeto era despertar mis celos, lo has logrado!_

     _Si el maldito Destino siempre ayudase  los hombres amorosos, las
     pobres mujeres no tendran tiempo para dirigir reconvenciones  los
     amantes infieles!_

     _A quin me quejar para desahogar un poco mis desdichas, las
     desdichas causadas por tu mano, asesino de mi corazn?... Ay de
     m! Qu recurso le queda al que perdi la garanta de su crdito?
     Cmo cobrar la deuda?_

     _Y la tristeza de mi corazn dolorido crece con la locura de mi
     deseo hacia ti! Te busco! Tengo tus promesas! Pero t dnde
     ests?_

     _Oh hermanos! os lego la obligacin de vengarme del infiel! Que
     sufra padecimientos como los mos! Que apenas vaya  cerrar los
     ojos para el sueo, se los abra en seguida el insomnio largamente!_

     _Por tu amor he sufrido las peores humillaciones! Deseo, pues,
     que otro en mi lugar goce las mayores satisfacciones  costa tuya!_

     _Hasta hoy me ha tocado padecer por su amor! Pero  l, que de m
     se burla, le tocar sufrir maana!_

Al oir esto, cay desmayada otra vez la ms joven de las hermanas, y su
cuerpo apareci sealado por el ltigo.

Entonces dijeron los tres saalik: Ms nos habra valido no entrar en
esta casa, aunque hubiramos pasado la noche sobre un montn de
escombros, porque este espectculo nos apena de tal modo, que acabar
por destruirnos la espina dorsal. Entonces el califa, volvindose hacia
ellos, les dijo: Y por qu es eso? Y contestaron: Porque nos ha
emocionado mucho lo que acaba de ocurrir. Y el califa les pregunt:
De modo, que no sois de la casa? Y contestaron: Nada de eso. El que
parece serlo es ese que est  tu lado. Entonces exclam el mandadero:
Por Alah! Esta noche he entrado en esta casa por primera vez, y mejor
habra sido dormir sobre un montn de piedras.

Entonces dijeron: Somos siete hombres, y ellas slo son tres mujeres.
Preguntemos la explicacin de lo ocurrido, y si no quieren contestarnos
de grado, que lo hagan  la fuerza. Y todos se concertaron para obrar
de ese modo, menos el visir, que les dijo: Creis que vuestro
propsito es justo y honrado? Pensad que somos sus huspedes, nos han
impuesto condiciones y debemos cumplirlas. Adems, he aqu que se acaba
la noche, y pronto ir cada uno  buscar su suerte por el camino de
Alah. Despus gui el ojo al califa, y llevndole aparte, le dijo:
Slo nos queda que permanecer aqu una hora. Te prometo que maana
pondr entre tus manos  estas jvenes, y entonces les podrs preguntar
su historia. Pero el califa rehus y dijo: No tengo paciencia para
aguardar  maana. Y siguieron hablando todos, hasta que acabaron por
preguntarse: Cul de nosotros les dirigir la pregunta? Y algunos
opinaron que eso le corresponda al mandadero.

A todo esto, las jvenes les preguntaron: De qu hablis, buena
gente? Entonces el mandadero se levant, se puso delante de la mayor de
las tres hermanas, y le dijo: Oh soberana ma! En nombre de Alah te
pido y te conjuro, de parte de todos los convidados, que nos cuentes la
historia de esas dos perras negras, y por qu las has castigado tanto,
para llorar despus y besarlas, Y dinos tambin, para que nos enteremos,
la causa de esas huellas de latigazos que se ven en el cuerpo de tu
hermana. Tal es nuestra peticin. Y ahora, que la paz sea contigo!

Entonces la joven les pregunt  todos: Es cierto lo que dice este
mandadero en vuestro nombre? Y todos, excepto el visir, contestaron:
Cierto es. Y el visir no dijo ni una palabra.

Entonces la joven, al oir su respuesta, les dijo: Por Alah, huspedes
mos! Acabis de ofendernos de la peor manera. Ya se os advirti
oportunamente que si alguien hablaba de lo que no le importase, oira lo
que no le haba de gustar. No os ha bastado entrar en esta casa y
comeros nuestras provisiones? Pero no tenis vosotros la culpa, sino
nuestra hermana, por haberos trado.

Y dicho esto, se remang el brazo, di tres veces con el pie en el
suelo, y grit: Hola! Venid en seguida! E inmediatamente se abri
uno de los roperos cubiertos por cortinajes, y aparecieron siete negros,
altos y robustos, que blandan agudos alfanjes. Y la duea les dijo:
Atad los brazos  esa gente de lengua larga, y amarradlos unos 
otros. Y ejecutada la orden, dijeron los negros: Oh seora nuestra!
Oh flor oculta  las miradas de los hombres! nos permites que les
cortemos la cabeza? Y ella contest: Aguardad una hora, porque antes
de degollarlos los he de interrogar para saber quines son.

Entonces exclam el mandadero: Por Alah, oh seora ma! no me mates
por el crimen de estos hombres. Todos han faltado y todos han cometido
un acto criminal, pero yo no. Por Alah! Qu noche tan dichosa y tan
agradable habramos pasado si no hubisemos visto  estos malditos
saalik! Porque estos saalik de mal agero son capaces de destruir la ms
floreciente de las ciudades slo con entrar en ella.

Y en seguida recit esta estrofa:

     _Qu hermoso es el perdn del fuerte! Y sobre todo, qu hermoso
     cuando se otorga al indefenso!_

     _Yo te conjuro por la inviolable amistad que existe entre los dos:
     no mates al inocente por causa del culpable!_

Cuando el mandadero acab de recitar, la joven se ech  reir.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 11. NOCHE_


Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que cuando la joven se ech 
reir, despus de haberse indignado, se acerc  los concurrentes, y
dijo: Contadme cuanto tengis que contar, pues slo os queda una hora
de vida. Y si tengo tanta paciencia, es porque sois gente humilde, que
si fueseis de los notables,  de los grandes de vuestra tribu,  si
fueseis de los que gobiernan, ya os habra castigado.

Entonces el califa dijo al visir: Desdichados de nosotros, oh Giafar!
Revlale quines somos, si no, va  matarnos. Y el visir contest:
Bien merecido nos est. Pero el califa dijo: No es ocasin oportuna
para bromas; el caso es muy serio, y cada cosa en su tiempo.

Entonces la joven se acerc  los saalik, y les dijo: Sois hermanos?
Y contestaron ellos: No, por Alah! Somos los ms pobres de los pobres,
y vivimos de nuestro oficio, haciendo escarificaciones y poniendo
ventosas. Entonces fu preguntando  cada uno: Naciste tuerto, tal
como ahora ests? Y el primero de ellos contest: No, por Alah! Pero
la historia de mi desgracia es tan asombrosa, que si se escribiera con
una aguja en el ngulo interior de un ojo, sera una leccin para quien
la leyera con respeto. Y los otros dos contestaron lo mismo, y luego
dijeron los tres: Cada uno de nosotros es de un pas distinto, pero
nuestras historias no pueden ser ms maravillosas, ni nuestras aventuras
ms prodigiosamente extraas. Entonces dijo la joven: Que cada cual
cuente su historia, y despus se lleve la mano  la frente para darnos
las gracias y se vaya en busca de su destino.

El mandadero fu el primero que se adelant, y dijo: Oh seora ma! Yo
soy sencillamente un mandadero, y nada ms. Vuestra hermana me hizo
cargar con muchas cosas y venir aqu. Me ha ocurrido con vosotras lo que
sabis muy bien, y no he de repetirlo ahora, por razones que se os
alcanzan. Y tal es toda mi historia. Y nada podr aadir  ella, sino
que os deseo la paz.

Entonces la joven le dijo: Vaya! llvate la mano  la cabeza, para ver
si est todava en su sitio, arrglate el pelo y mrchate. Pero replic
el mozo: Oh! No, por Alah! No me he de ir hasta que oiga el relato de
mis compaeros.

       *       *       *       *       *

Entonces el primer saaluk entre los saalik avanz para contar su
historia, y dijo:




Historia del primer saaluk

[imagen]

Voy  contarte, oh mi seora! el motivo de que me afeitara las barbas
y de haber perdido un ojo.

Sabe, pues, que mi padre era rey, tena un hermano, y ese hermano era
rey en otra ciudad. Y ocurri la coincidencia de que el mismo da que mi
madre me pari naci tambin mi primo.

Despus pasaron los aos, y despus de los aos y los das, mi primo y
yo crecimos. He de decirte que, con intervalos de algunos aos, iba 
visitar  mi to y  pasar con l algunos meses. La ltima vez que le
visit me dispens mi primo una acogida de las ms amplias y ms
generosas, y mand degollar varios carneros en mi honor y clarificar
numerosos vinos. Luego empezamos  beber, hasta que el vino pudo ms que
nosotros. Entonces mi primo me dijo: Oh primo mo! Ya sabes que te
quiero extremadamente, y te he de pedir una cosa importante. No quisiera
que me la negases ni que me impidieses hacer lo que he resuelto. Y yo
le contest: As sea, con toda la simpata y generosidad de mi
corazn. Y para fiar ms en m, me hizo prestar el ms sagrado de los
juramentos, hacindome jurar sobre el Libro Noble. Y en seguida se
levant, se ausent unos instantes, y despus volvi con una mujer
ricamente vestida y perfumada, con un atavo tan fastuoso, que supona
una gran riqueza. Y volvindose hacia m, con la mujer detrs de l, me
dijo: Toma esta mujer y acompala al sitio que voy  indicarte. Y me
seal el sitio, explicndolo tan detalladamente que lo comprend muy
bien. Luego aadi: All encontrars una tumba entre las otras tumbas,
y en ella me aguardars. Yo no me pude negar  ello, porque haba
jurado con la mano derecha. Y cog  la mujer, y marchamos al sitio que
me haban indicado, y nos sentamos all para esperar  mi primo, que no
tard en presentarse, llevando una vasija llena de agua, un saco con
yeso y una piqueta. Y lo dej todo en el suelo, conservando en la mano
nada ms que la piqueta, y march hacia la tumba, quit una por una las
piedras y las puso aparte. Despus cav con la piqueta hasta descubrir
una gran losa. La levant, y apareci una escalera abovedada. Se volvi
entonces hacia la mujer y le dijo: Ahora puedes elegir. Y la mujer
baj en seguida la escalera y desapareci. Entonces l se volvi hacia
m y me dijo: Oh primo mo! te ruego que acabes de completar este
favor, y que, cuando haya bajado, eches la losa y la cubras con tierra,
como estaba. Y as completars este favor que me has hecho. En cuanto al
yeso que hay en el saco y en cuanto al agua de la vasija, los mezclars
bien, y despus pondrs las piedras como antes, y con la mezcla llenars
las junturas de modo que nadie pueda adivinar que es obra reciente.
Porque hace un ao que estoy haciendo este trabajo, y slo Alah lo
sabe. Y luego aadi: Y ahora ruega  Alah que no me abrume de
tristeza por estar lejos de ti, primo mo. En seguida baj la escalera,
y desapareci en la tumba. Cuando hubo desaparecido de mi vista, me
levant, volv  poner la losa,  hice todo lo dems que me haba
mandado, de modo que la tumba qued como antes estaba.

Regres al palacio, pero mi to se haba ido de caza, y entonces decid
acostarme aquella noche. Despus, cuando vino la maana, comenc 
reflexionar sobre todas las cosas de la noche anterior, y singularmente
sobre lo que me haba ocurrido con mi primo, y me arrepent de cuanto
haba hecho. Pero con el arrepentimiento no remediaba nada! Entonces
volv hacia las tumbas y busqu, sin poder encontrarla, aqulla en que
se haba encerrado mi primo. Y segu buscando hasta cerca del anochecer,
sin hallar ningn rastro. Regres entonces al palacio, y no poda beber,
ni comer, ni apartar el recuerdo de lo que me haba ocurrido con mi
primo, sin poder descubrir qu era de l. Y me aflig con una afliccin
tan considerable, que toda la noche la pas muy apenado hasta la maana.
March en seguida otra vez al cementerio, y volv  buscar la tumba
entre todas las dems, pero sin ningn resultado. Y continu mis
pesquisas durante siete das ms, sin encontrar el verdadero camino. Por
lo cual aumentaron de tal modo mis temores, que cre volverme loco.

Decid viajar, en busca de remedio para mi afliccin, y regres al pas
de mi padre. Pero al llegar  las puertas de la ciudad sali un grupo de
hombres, se echaron sobre m y me ataron los brazos. Entonces me qued
completamente asombrado, puesto que yo era el hijo del sultn y aqullos
los servidores de mi padre y tambin mis esclavos. Y me entr un miedo
muy grande, y pensaba: Quin sabe lo que le habr podido ocurrir  mi
padre? Y pregunt  los que me haban atado los brazos, y no quisieron
contestarme. Pero poco despus, uno de ellos, esclavo mo, me dijo: La
suerte no se ha mostrado propicia con tu padre. Los soldados le han
hecho traicin y el visir lo ha mandado matar. Nosotros estbamos
emboscados, aguardando que cayeses en nuestras manos.

Luego me condujeron  viva fuerza. Yo no saba lo que me pasaba, pues la
muerte de mi padre me haba llenado de dolor. Y me entregaron entre las
manos del visir que haba matado  mi padre. Pero entre este visir y yo
exista un odio muy antiguo. Y la causa de este odio consista en que
yo, de joven, fu muy aficionado al tiro de ballesta, y ocurri la
desgracia de que un da entre los das me hallaba en la azotea del
palacio de mi padre, cuando un gran pjaro descendi sobre la azotea del
palacio del visir, el cual estaba en ella. Quise matar al pjaro con la
ballesta, pero la ballesta err al pjaro, hiri en un ojo al visir y se
lo hundi, por voluntad y juicio escrito de Alah. Ya lo dijo el poeta:

     _Deja que se cumplan los destinos; no quieras desviar el fallo de
     los jueces de la tierra!_

     _No sientas alegra ni afliccin por ninguna cosa, pues las cosas
     no son eternas!_

     _Se ha cumplido nuestro destino; hemos seguido con toda fidelidad
     los renglones escritos por la Suerte; porque aqul para quien la
     Suerte escribi un rengln, no tiene ms remedio que seguirlo!_

Y el saaluk prosigui de este modo:

Cuando dej tuerto al visir, no se atrevi  reclamar en contra ma,
porque mi padre era el rey del pas. Pero sta era la causa de su odio.

Y cuando me presentaron  l con los brazos atados, dispuso que me
cortaran la cabeza. Entonces le dije: Por qu me matas si no he
cometido ningn crimen? Y contest: Qu mayor crimen que ste? Y
sealaba su ojo huero. Y yo dije: Eso lo hice contra mi voluntad. Pero
l replic: Si lo hiciste contra tu voluntad, yo voy  hacerlo con toda
la ma. Y dispuso: Traedlo  mis manos! Y me llevaron entre sus
manos.

Entonces extendi la mano, clav su dedo en mi ojo izquierdo y lo hundi
completamente.

Y desde entonces estoy tuerto, como todos veis!

Hecho esto, orden que me atasen y me metiesen en un cajn. Despus
llam al verdugo y le dijo: Te lo entrego. Desenvaina tu alfanje y
lleva  este hombre fuera de la ciudad; lo matas y le dejas all para
que se lo coman las fieras.

Entonces el verdugo me llev fuera de la ciudad. Y me sac de la caja
con las manos atadas y los pies encadenados, y me quiso vendar los ojos
antes de matarme. Pero entonces romp  llorar y recit estas estrofas:

     _Te eleg como firme coraza para librarme de mis enemigos, y eres
     la lanza y el agudo hierro con que me atraviesan!_

     _Cuando dispona del poder, mi mano derecha, la que deba
     castigar, se abstena, pasando el arma  mi mano izquierda, que no
     la saba esgrimir! As obraba yo!_

     _No insistis, os lo ruego, en vuestros reproches crueles; dejad
     que slo los enemigos me arrojen las flechas dolorosas!_

     _Conceded  mi pobre alma, torturada por los enemigos, el don del
     silencio; no la oprimis ms con la dureza y el peso de vuestras
     palabras!_

     _Confi en mis amigos para que me sirviesen de slidas corazas; y
     as lo hicieron, pero en manos de los enemigos y contra m!_

     _Los eleg para que me sirviesen de flechas mortales; y lo fueron,
     pero contra mi corazn!_

     _Cultiv sus corazones para hacerles fieles; y fueron fieles, pero
      otros amores!_

     _Los cuid fervorosamente para que fuesen constantes; y lo fueron,
     pero en la traicin!_

Cuando el verdugo oy estos versos, record que haba servido  mi padre
y que yo le haba colmado de beneficios, y me dijo: Cmo iba yo 
matarte, si soy tu esclavo? Y aadi: Escpate. Te salvo la vida!
Pero no vuelvas  esta comarca, porque pereceras y me haras perecer
contigo, segn dice el poeta:

     _Anda! Librtate, amigo, y salva  tu alma de la tirana! Deja
     que las casas sirvan de tumba  quienes las han construdo!_

     _Anda! Podrs encontrar otras tierras que las tuyas, otros pases
     distintos de tu pas, pero nunca hallars ms alma que tu alma!_

     _Piensa que es muy insensato vivir en un pas de humillaciones,
     cuando la tierra de Alah es ancha hasta lo infinito!_

     _Sin embargo... est escrito! Est escrito que el hombre
     destinado  morir en un pas no podr morir ms que en el pas de
     su destino! Pero sabes t cul es el pas de tu destino?..._

     _Y sobre todo, no olvides nunca que el cuello del len no llega 
     su desarrollo hasta que su alma se ha desarrollado con toda
     libertad!_

Cuando acab de recitar estos versos, le bes las manos, y mientras no
me vi muy lejos de aquellos lugares no pude creer en mi salvacin.

Pensando que haba salvado la vida pude consolarme de haber perdido un
ojo, y segu caminando, hasta llegar  la ciudad de mi to. Entr en su
palacio y le refer todo lo que le haba ocurrido  mi padre y todo lo
que me haba ocurrido  m. Entonces derram muchas lgrimas, y exclam:
Oh sobrino mo! vienes  aadir una afliccin  mis aflicciones y un
dolor  mis dolores. Porque has de saber que el hijo de tu pobre to ha
desaparecido hace muchos das y nadie sabe dnde est. Y rompi 
llorar tanto, que se desmay. Cuando volvi en s, me dijo: Estaba
afligidsimo por tu primo, y ahora se aumenta mi dolor con lo ocurrido 
ti y  tu padre. En cuanto  ti, oh hijo mo! ms vale haber perdido un
ojo que la vida.

Al oirle hablar de este modo, no pude callar por ms tiempo lo que le
haba ocurrido  mi primo, y le revel toda la verdad. Mi to, al
saberla, se alegr hasta el lmite de la alegra, y me dijo: Llvame en
seguida  esa tumba. Y contest: Por Alah! no s dnde est esa
tumba. He ido muchas veces  buscarla, sin poder dar con ella.

Entonces nos fuimos al cementerio, y al fin, despus de buscar en todos
sentidos, acab por encontrarla. Y yo y mi to llegamos al lmite de la
alegra, y entramos en la bveda, quitamos la tierra, apartamos la losa
y descendimos los cincuenta peldaos que tena la escalera. Al llegar
abajo, subi hacia nosotros una humareda que nos cegaba. Pero en seguida
mi to pronunci la Palabra que libra de todo temor  quien la dice, y
es sta: No hay poder ni fuerza mas que en Alah, el Altsimo, el
Omnipotente!

Despus seguimos andando, hasta llegar  un gran saln que estaba lleno
de harina y de grano de todas las especies, de manjares de todas clases
y de otras muchas cosas. Y vimos en medio del saln un lecho cubierto
por unas cortinas. Mi to mir hacia el interior del lecho, y vi  su
hijo en brazos de aquella mujer que le haba acompaado, pero ambos
estaban totalmente convertidos en carbn, como si los hubieran echado en
un horno.

Al verlos, escupi mi to en la cara  su hijo y exclam: Mereces el
suplicio de este bajo mundo que ahora sufres, pero an te falta el del
otro, que es ms terrible y ms duradero. Y despus de haberle
escupido, se descalz una babucha y con la suela le di en la cara.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aproximarse la
     maana, y discretamente no quiso abusar del permiso que se le haba
     concedido.



[imagen]

_PERO CUANDO LLEG LA 12. NOCHE_

Ella dijo:


He llegado  saber, oh rey afortunado! que el saaluk, mientras la
concurrencia escuchaba su relato, prosigui diciendo  la joven:

Despus que mi to di con la babucha en la cara de su hijo, que estaba
all tendido y hecho carbn, me qued prodigiosamente sorprendido ante
aquel golpe. Y me afligi mucho ver  mi primo convertido en carbn;
tan joven como era! Y en seguida exclam: Por Alah! oh to mo!
Alivia un poco los pesares de tu corazn. Porque yo sufro mucho con lo
que ha ocurrido  tu hijo. Y, sobre todo, me aflige verlo convertido en
carbn, lo mismo que  esa joven, y que t, no contento con esto, le
pegues con la suela de tu babucha. Entonces mi to me cont lo
siguiente:

     Oh sobrino mo! Sabe que este joven, que es mi hijo, ardi en
     amores por su hermana desde la niez. Y yo siempre le alejaba de
     ella y me deca: Debo estar tranquilo, porque an son muy
     jvenes. Pero no fu as! Apenas llegados  la pubertad,
     cometieron la mala accin, y aunque lo averig, no poda creerlo
     del todo. Sin embargo, ech  mi hijo una reprimenda terrible, y le
     dije: Cuidado con esas indignas acciones, que nadie ha cometido
     hasta ahora ni nadie cometer despus! Cuenta que no habra reyes
     que tuvieran que arrastrar tanta vergenza ni tanta ignominia como
     nosotros! Y los correos propagaran  caballo nuestro escndalo
     por todo el mundo! Gurdate, pues, si no quieres que te maldiga y
     te mate! Despus cuid de separarla  ella y de separarle  l.
     Pero indudablemente esta malvada le quera con un amor grandsimo,
     porque el Cheitn consolid su obra en ellos.

     As, pues, cuando mi hijo vi que le haba separado de su hermana,
     debi fabricar este asilo subterrneo sin que nadie lo supiera; y
     como ves, trajo  l manjares y otras cosas; y se aprovech de mi
     ausencia, cuando yo estaba en la cacera, para venir aqu con su
     hermana.

     Con esto provocaron la justicia del Altsimo y Muy Glorioso. Y ella
     los abras aqu  los dos. Pero el suplicio del mundo futuro es ms
     terrible todava y ms duradero.

     Entonces mi to se ech  llorar, y yo llor con l. Y despus
     exclam: Desde ahora sers mi hijo en vez de ese otro!

Pero yo me puse  meditar durante una hora sobre los hechos de este
mundo y en otras cosas: en la muerte de mi padre por orden del visir, en
su trono usurpado, en mi ojo hundido, que todos veis! y en todas estas
cosas tan extraordinarias que le haban ocurrido  mi primo, y no pude
menos de llorar otra vez.

Luego salimos de la tumba, echamos la losa, la cubrimos con tierra, y
dejndolo todo como estaba antes, volvimos  palacio.

Apenas llegamos, omos sonar instrumentos de guerra, trompetas y
tambores, y vimos que corran los guerreros. Y toda la ciudad se llen
de ruidos, de estrpito y del polvo que levantaban los cascos de los
caballos. Nuestro espritu se hallaba en una gran perplejidad, no
acertando la causa de todo aquello. Pero por fin mi to acab por
preguntar la razn de estas cosas, y le dijeron: Tu hermano ha sido
muerto por el visir, que se ha apresurado  reunir sus tropas y  venir
sbitamente al asalto de la ciudad. Y los habitantes han visto que no
podan ofrecer resistencia, y han rendido la ciudad  discrecin.

Al oir todo aquello, me dije: Seguramente me matar si caigo en sus
manos! Y de nuevo se amontonaron en mi alma las penas y las zozobras, y
empec  recordar las desgracias ocurridas  mi padre y  mi madre. Y no
saba qu hacer, pues si me vean los soldados estaba perdido. Y no
hall otro recurso que afeitarme la barba. As es que me afeit la
barba, me disfrac como pude, y me escap de la ciudad. Y me dirig
hacia esta ciudad de Bagdad, donde esperaba llegar sin contratiempo y
encontrar alguien que me guiase al palacio del Emir de los Creyentes,
Harn Al-Rachid, el califa del Amo del Universo,  quien quera contar
mi historia y mis aventuras.

Llegu  Bagdad esta misma noche, y como no saba dnde ir, me qued muy
perplejo. Pero de pronto me encontr cara  cara con este saaluk, y le
dese la paz y le dije: Soy extranjero. Y l me contest: Yo tambin
lo soy. Y estbamos hablando, cuando vimos acercarse  este tercer
saaluk, que nos dese la paz y nos dijo: Soy extranjero. Y le
contestamos: Tambin lo somos nosotros. Y anduvimos juntos hasta que
nos sorprendieron las tinieblas. Entonces el Destino nos gui
felizmente  esta casa, cerca de vosotras, seoras mas.

Tal es la causa de que me veis afeitado y tenga un ojo huero.

Cuando hubo acabado de hablar, le dijo la mayor de las tres doncellas:
Est bien; acarciate la cabeza[43] y vete.

Pero el primer saaluk contest: No me ir hasta que haya odo los
relatos de los dems.

Y todos estaban maravillados de aquella historia tan prodigiosa, y el
califa dijo al visir: En mi vida he odo aventura semejante  la de
este saaluk.

Entonces el primer saaluk fu  sentarse en el suelo, con las piernas
cruzadas, y el otro di un paso, bes la tierra entre las manos de la
joven, y refiri lo que sigue:




Historia del segundo saaluk

[imagen]


La verdad es, oh seora ma! que yo no nac tuerto. Pero la historia
que voy  contarte es tan asombrosa, que si se escribiese con una aguja
en el ngulo interior del ojo, servira de leccin  quien fuese capaz
de instruirse.

Aqu donde me ves, soy rey, hijo de un rey. Tambin sabrs que no soy
ningn ignorante. He ledo el Corn, las siete narraciones, los libros
capitales, los libros esenciales de los maestros de la ciencia. Y
aprend tambin la ciencia de los astros y las palabras de los poetas. Y
de tal modo me entregu al estudio de todas las ciencias, que pude
superar  todos los vivientes de mi siglo.

Adems, mi nombre sobresali entre todos los escritores. Mi fama se
extendi por el mundo, y todos los reyes supieron mi vala. Fu entonces
cuando oy hablar de ella el rey de la India, y mand un mensaje  mi
padre rogndole que me enviara  su corte, y acompa  este mensaje
esplndidos regalos, dignos de un rey. Mi padre consinti, hizo preparar
seis naves llenas de todas las cosas, y part con mi servidumbre.

Nuestra travesa dur todo un mes. Al llegar  tierra desembarcamos los
caballos y los camellos, y cargamos diez de stos con los presentes
destinados al rey de la India. Pero apenas nos habamos puesto en
marcha, se levant una nube de polvo, que cubra todas las regiones del
cielo y de la tierra, y as dur una hora. Se disip despus, y salieron
de ella hasta sesenta jinetes que parecan leones enfurecidos. Eran
rabes del desierto, salteadores de caravanas, y cuando intentamos huir,
corrieron  rienda suelta detrs de nosotros y no tardaron en darnos
alcance. Entonces, hacindoles seas con las manos, les dijimos: No nos
hagis dao, pues somos una embajada que lleva estos presentes al
poderoso rey de la India. Y contestaron ellos: No estamos en sus
dominios ni dependemos de ese rey. Y en seguida mataron  varios de mis
servidores, mientras que huamos los dems. Yo haba recibido una herida
enorme, pero, afortunadamente, los rabes slo se cuidaron de apoderarse
de las riquezas que llevaban los camellos.

No saba yo dnde estaba ni qu haba de hacer, pues me afliga pensar
que poco antes era muy poderoso y ahora me vea en la pobreza y en la
miseria. Segu huyendo, hasta encontrarme en la cima de una montaa,
donde haba una gruta, y all al fin pude descansar y pasar la noche.

A la maana siguiente sal de la gruta, prosegu mi camino, y as llegu
 una ciudad esplndida, de clima tan maravilloso, que el invierno nunca
la visit y la primavera la cubra constantemente con sus rosas. Me
alegr mucho al entrar en aquella ciudad, donde encontrara,
seguramente, descanso  mis fatigas y sosiego  mis inquietudes.

No saba  quin dirigirme, pero al pasar junto  la tienda de un sastre
que estaba all cosiendo, le dese la paz, y el buen hombre, despus de
devolverme el saludo, me abraz, me invit cordialmente  sentarme, y
lleno de bondad me interrog acerca de los motivos que me haban alejado
de mi pas. Le refer entonces cuanto me haba ocurrido, desde el
principio hasta el fin, y el sastre me compadeci mucho y me dijo: Oh
tierno joven, no cuentes eso  nadie! Teme al rey de esta ciudad, que
es el mayor enemigo de los tuyos y quiere vengarse de tu padre desde
hace muchos aos.

Despus me di de comer y beber, y comimos y bebimos en la mejor
compaa. Y pasamos parte de la noche conversando, y luego me cedi un
rincn de la tienda para que pudiese dormir, y me trajo un colchn y una
manta, cuanto poda necesitar.

As permanec en su tienda tres das, y transcurridos que fueron, me
pregunt: Sabes algn oficio para ganarte la vida? Y yo contest:
Ya lo creo! Soy un gran jurisconsulto, un maestro reconocido en
ciencias, y adems s leer y contar. Pero l replic: Hijo mo, nada
de eso es oficio. Es decir, no digo que no sea oficio--pues me vi muy
afligido--, pero no encontrars parroquianos en nuestra ciudad. Aqu
nadie sabe estudiar, ni leer, ni escribir, ni contar. No saben mas que
ganarse la vida. Entonces me puse muy triste y comenc  lamentarme:
Por Alah! Slo s hacer lo que acabo de decirte. Y l me dijo:
Vamos, hijo mo, no hay que afligirse de ese modo! Coge una cuerda y
un hacha y trabaja de leador, hasta que Alah te depare mejor suerte.
Pero sobre todo, oculta tu verdadera condicin, pues te mataran. Y fu
 comprarme el hacha y la cuerda, y me mand con los leadores, despus
de recomendarme  ellos.

March entonces con los leadores, y terminado mi trabajo, me ech al
hombro una carga de lea, la llev  la ciudad y la vend por medio
dinar. Compr con unos pocos cuartos mi comida, guard cuidadosamente
el resto de las monedas, y durante un ao segu trabajando de este modo.
Todos los das iba  la tienda del sastre, donde descansaba unas horas
sentado en el suelo con las piernas cruzadas.

Un da, al salir al campo con mi hacha, llegu hasta un bosque muy
frondoso que me ofreca una buena provisin de lea. Escog un gran
tronco seco, me puse  escarbar alrededor de las races, y de pronto el
hacha qued sujeta  una argolla de cobre. Vaci la tierra y descubr
una trampa  la cual estaba prendida la argolla, y al levantarla,
apareci una escalera que me condujo hasta una puerta. Abr la puerta y
me encontr en un saln de un palacio maravilloso. All estaba una joven
hermossima, perla inestimable, cuyos encantos me hicieron olvidar mis
desdichas y mis temores. Y mirndola, me inclin ante el Creador, que la
haba dotado de tanta perfeccin y tanta hermosura.

Entonces ella me mir y me dijo: Eres un ser humano  un efrit? Y
contest: Soy un hombre. Ella volvi  preguntar: Cmo pudiste venir
hasta este sitio donde estoy encerrada veinte aos? Y al oir estas
palabras, que me parecieron llenas de delicia y de dulzura, le dije:
Oh seora ma! Alah me ha trado  tu morada para que olvide mis
dolores y mis penas. Y le cont cuanto me haba ocurrido, desde el
principio hasta el fin, producindole tal lstima, que se puso  llorar,
y me dijo: Yo tambin te voy  contar mi historia:

Sabe que soy hija del rey Aknamus, el ltimo rey de la India, seor de
la isla de bano. Me cas con el hijo de mi to. Pero la misma noche de
mi boda, antes de perder mi virginidad, me rapt un efrit llamado
Georgirus, hijo de Rajmus y nieto del propio Eblis, y me condujo volando
hasta este sitio, al que haba trado dulces, golosinas, telas
preciosas, muebles, vveres y bebidas. Desde entonces viene  verme cada
diez das; se acuesta esa noche conmigo y se va por la maana. Si
necesitase llamarlo durante los diez das de su ausencia, no tendra mas
que tocar esos dos renglones escritos en la bveda,  inmediatamente se
presentara. Como vino hace cuatro das, no volver hasta pasados otros
seis, de modo que puedes estar conmigo cinco das, para irte uno antes
de su llegada.

Y yo contest: Desde luego he de permanecer aqu todo ese tiempo.
Entonces, ella, mostrando una gran satisfaccin, se levant en seguida,
me cogi de la mano, me llev por unas galeras y llegamos por fin al
hammam, cmodo y agradable con su atmsfera tibia. Inmediatamente me
desnud, ella se despoj tambin de sus vestidos, quedando toda desnuda,
y los dos entramos en el bao. Despus de baarnos, nos sentamos en la
tarima del hammam, uno al lado del otro, y me di de beber sorbetes de
almizcle y  comer pasteles deliciosos. Y seguimos hablando
cariosamente mientras nos comamos las golosinas del raptor.

En seguida me dijo: Esta noche vas  dormir y  descansar de tus
fatigas, para que maana ests bien dispuesto.

Y yo, oh seora ma! me avine  dormir, despus de darle mil gracias. Y
olvid realmente todos mis pesares.

Al despertar, la encontr sentada  mi lado, frotando con un delicioso
masaje mis miembros y mis pies. Y entonces invoqu sobre ella todas las
bendiciones de Alah, y estuvimos hablando durante una hora cosas muy
agradables. Y ella me dijo: Por Alah! Antes de que vinieses viva sola
en este subterrneo, y estaba muy triste, sin nadie con quien hablar, y
esto durante veinte aos. Por eso bendigo  Alah, que te ha guiado junto
 m.

Despus, con voz llena de dulzura, cant esta estancia:

    _Si de tu venida_
    _Nos hubiesen avisado anticipadamente,_
    _Habramos tendido como alfombra para tus pies_
    _La sangre pura de nuestros corazones y el negro
       terciopelo de nuestros ojos!_
    _Habramos tendido la frescura de nuestras mejillas_
    _Y la carne juvenil de nuestros muslos sedosos_
    _Para tu lecho, oh viajero de la noche!_
    _Porque tu sitio est encima de nuestros prpados!_

Al oir estos versos le di las gracias con la mano sobre el corazn, y
sent que su amor se apoderaba de todo mi ser, haciendo que tendieran
el vuelo mis dolores y mis penas. En seguida nos pusimos  beber en la
misma copa, hasta que se ausent el da. Y aquella noche me acost con
ella, para gozar la mayor felicidad. Y jams en mi vida he pasado una
noche semejante! Por eso cuando lleg la maana nos levantamos muy
satisfechos uno de otro y realmente posedos de una dicha sin lmites.

Entonces, ms enamorado que nunca, temiendo que se acabase nuestra
felicidad, le dije: Quieres que te saque de este subterrneo y que te
libre del efrit? Pero ella se ech  reir y me dijo: Calla y
contntate con lo que tienes! Ese pobre efrit slo vendr una vez cada
diez das, y todos los dems sern para ti. Pero exaltado por mi
pasin, me exced demasiado en mis deseos, pues repuse: Voy  destruir
esas inscripciones mgicas, y en cuanto se presente el efrit, lo matar.
Para m es un juego exterminar  esos efrits, ya sean de encima  de
debajo de la tierra.

Y la joven, queriendo calmarme, recit estos versos:

     _Oh t, que pides un plazo antes de la separacin y que encuentras
     dura la ausencia! no sabes que es el medio de no encadenarse? no
     sabes que es sencillamente el medio de amar?_

     _Ignoras que el cansancio es la regla de todas las relaciones, y
     que la ruptura es la conclusin de todas las amistades?..._

Pero yo, sin hacer caso de estos versos que ella me recitaba, di un
violento puntapi en la bveda...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 13. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el segundo saaluk prosigui
su relato de este modo:

Oh seora ma! cuando di en la bveda tan violento puntapi, la joven
me dijo: He ah el efrit! Ya viene contra nosotros! Por Alah! Me
has perdido! Atiende  tu salvacin y sal por donde entraste.

Entonces me precipit hacia la escalera. Pero desgraciadamente,  causa
de mi gran terror haba olvidado las sandalias y el hacha. Por eso, como
haba ya subido algunos peldaos, volv un poco la cabeza para dirigir
la ltima mirada  las sandalias y al hacha que haban sido mi
felicidad; pero en el mismo instante vi abrirse la tierra y aparecer un
efrit enorme, horriblemente feo, que pregunt  la joven: A qu
obedece esa llamada tan terrible con la que acabas de asustarme? Qu
desgracia te amenaza? Ella contest: Ninguna desgracia. Sent una
opresin en el pecho,  causa de mi soledad, y al levantarme en busca de
alguna bebida refrescante que reconfortara mi nimo, lo hice tan
bruscamente, que resbal y fu  dar contra la cpula. Pero el efrit
dijo: Cmo sabes mentir, desvergonzada libertina! Despus empez 
registrar el palacio por todos lados, hasta encontrar mis babuchas y el
hacha. Y entonces grit: Qu significan estas prendas? Cmo han
podido llegar aqu? Y ella contest: Ahora las veo por primera vez.
Acaso las llevaras t colgando  la espalda, y as las has trado. El
efrit, en el colmo del furor, dijo entonces: Todo eso son palabras
absurdas, torpes y falsas. Y no han de servirte conmigo, mala mujer.

En seguida la desnud completamente, la puso sobre cuatro estacas
clavadas en el suelo, y empez  atormentarla, insistiendo en sus
preguntas sobre lo que haba ocurrido. Pero yo no pude resistir ms
aquella escena, ni escuchar su llanto, y sub rpidamente los peldaos,
trmulo de terror. Una vez en el bosque, puse la trampa como la haba
encontrado y la ocult  las miradas cubrindola con tierra. Y me
arrepent de mi accin hasta el lmite del arrepentimiento. Y me puse 
pensar en la joven, en su hermosura y en los tormentos que le haca
sufrir aquel miserable despus de poseerla veinte aos. Y an me dola
ms que la atormentase por causa ma. Y en ese momento me puse  pensar
tambin en mi padre, en su reino y en mi triste condicin de leador.
Esto fu todo!

Despus segu caminando, hasta llegar  la casa de mi amigo el sastre. Y
lo encontr muy impaciente  causa de mi ausencia, pues se hallaba
sentado y pareca que lo estuviesen friendo al fuego con una sartn. Y
me dijo: Como no viniste ayer, pas toda la noche muy intranquilo. Y
tem que te hubiese devorado alguna fiera  te hubiera pasado algo
semejante en el bosque; pero alabado sea Alah que te guard! Entonces
le di las gracias por su bondad, entr en la tienda, y sentado en mi
rincn, empec  pensar en mi desventura y  reconvenirme por aquel
puntapi tan imprudente que haba dado en la bveda. De pronto mi amigo
el sastre entr y me dijo: En la puerta de la tienda hay un hombre, una
especie de persa, que pregunta por ti y lleva en la mano tu hacha y tus
babuchas. Las ha presentado  todos los sastres de esta calle, y les ha
dicho: Al ir esta maana  la oracin, llamado por el muecn, me he
encontrado por el camino estas prendas y no s  quin pertenecen. Me
lo podrais decir vosotros? Entonces los sastres reconocieron tu hacha
y tus sandalias y lo han encaminado hacia aqu. Y ah est aguardndote
en la puerta de la tienda. Sal, dale las gracias, y recoge el hacha y
las sandalias. Pero al oir todo aquello me puse muy plido y cre
desmayarme de terror. Y hallndome en este trance, se abri de pronto la
tierra y apareci el persa. Era el efrit! Haba sometido  la joven al
tormento, y qu tormento! Pero ella nada haba declarado, y entonces
l, cogiendo el hacha y las babuchas, le dijo: Ahora vers si no soy
Georgirus, descendiente de Eblis. Vas  ver si puedo traer  no al amo
de estas cosas!

Y haba empleado en las casas de los sastres la estratagema de que he
hablado.

Se me apareci, pues, bruscamente, brotando del suelo, y sin perder un
instante me cogi en brazos, se elev conmigo por los aires, y descendi
despus para hundirme con l en la tierra. Yo haba perdido por completo
el conocimiento. Me llev al palacio subterrneo en que haba sido tan
feliz, y all vi desnuda  la joven, cuya sangre corra por su cuerpo.
Mis ojos se haban llenado de lgrimas. Entonces el efrit se dirigi 
ella y le dijo: Aqu tienes  tu amante. Y la joven me mir y dijo:
No s quin pueda ser este hombre. No le he visto hasta ahora. Y
replic el efrit: Cmo es eso? Te presento la prueba del delito y no
confiesas? Y ella, resueltamente, insisti: He dicho que no le
conozco. Entonces dijo el efrit: Si es verdad que no lo conoces, coge
ese alfanje y crtale la cabeza. Y ella cogi el alfanje, avanz muy
decidida y se detuvo delante de m. Y yo, plido de terror, le peda por
seas que me perdonase, y las lgrimas corran por mis mejillas. Y ella
me hizo tambin una sea con los ojos, mientras deca en alta voz: T
eres la causa de mis desgracias! Y yo contest  esta sea con una
contraccin de mis ojos, y recit estos versos de doble sentido, que el
efrit no poda entender:

     _Mis ojos saben hablarte suficientemente para que la lengua sea
     intil! Slo mis ojos te revelan los secretos ocultos de mi
     corazn!_

     _Cuando te apareciste, corrieron por mi rostro dulces lgrimas, y
     me qued mudo, pues mis ojos te decan lo necesario!_

     _Los prpados saben expresar tambin los sentimientos! El
     entendido no necesita utilizar los dedos!_

     _Nuestras cejas pueden suplir  las palabras! Silencio, pues!
     Dejemos que hable el amor!_

Y entonces la joven, habiendo entendido mis splicas, solt el alfanje.
Lo recogi el efrit, y entregndomelo, dijo sealando  la joven:
Crtale la cabeza y quedars en libertad; te prometo no causarte ningn
dao. Y yo contest: As sea! Y cog el alfanje y avanc
resueltamente con el brazo levantado. Pero ella me imploraba, hacindome
seas con los ojos, como diciendo: Qu dao te hice? Y entonces se me
llenaron los ojos de lgrimas, y arrojando el alfanje, dije al efrit:
Oh poderoso efrit! Oh hroe robusto  invencible! Si esta mujer fuese
tan mala como crees, no habra dudado en salvarse  costa de mi vida. Y
en cambio ya has visto que ha arrojado el alfanje. Cmo he de cortarle
yo la cabeza, si adems no conozco  esta joven? As me dieses  beber
la copa de la mala muerte, no haba de prestarme  esa villana. Y el
efrit contest  estas palabras: Basta ya! Acabo de sorprender que os
amis. He podido comprobarlo.

Y entonces, oh seora ma! cogi el alfanje y cort una mano de la
joven y despus la otra mano, y luego el pie derecho y despus el
izquierdo. De cuatro golpes saj las cuatro extremidades. Y yo, al ver
aquello con mis propios ojos, cre que me mora.

En ese momento la joven, guindome un ojo, me hizo disimuladamente una
sea. Pero ay de m! el efrit la sorprendi, y dijo: Oh hija de puta!
Acabas de cometer adulterio con tu ojo. Y entonces de un tajo le cort
la cabeza. Despus, volvindose hacia m, exclam: Sabe, oh t, ser
humano! que nuestra ley nos permite  los efrits matar  la esposa
adltera, y hasta lo encuentra lcito y recomendable. Sabe que yo rob 
esta joven la noche de su boda, cuando an no tena doce aos y antes de
que nadie se acostara con ella. Y la traje aqu, y cada diez das vena
 verla, y pasbamos juntos la noche, y copulaba con ella bajo el
aspecto de un persa; pero hoy, al saber que me engaaba, la he matado.
Slo me ha engaado con un ojo, con el que te gui al mirarte. En
cuanto  ti, como no he podido comprobar si fornicaste con ella, no te
matar; pero de todos modos, algo he de hacerte para que no te ras 
mis espaldas y para humillar tu vanidad. Te permito elegir el mal que
quieras que te cause.

Entonces, oh seora ma! al verme libre de la muerte, me regocij hasta
el lmite del regocijo, y confiando en obtener toda su gracia, le dije:
Realmente, no s cul elegir de entre todos los males; no prefiero
ninguno. Y el efrit, ms irritado que nunca, golpe con el pie en el
suelo y exclam: Te mando que elijas! A ver, bajo qu forma quieres
que te encante? Prefieres la de un borrico? La de un mulo? La de un
cuervo? La de un perro? La de un mono? Entonces yo, con la esperanza
de un indulto completo y abusando de su buena disposicin, le respond:
Oh mi seor Georgirus, descendiente del poderoso Eblis! Si me
perdonas, Alah te perdonar tambin, pues tendr en cuenta tu clemencia
con un buen musulmn que nunca te hizo dao. Y segu suplicando hasta
el lmite de la splica, postrndome humildemente entre sus manos, y le
deca: No me condenes injustamente. Pero l replic: No hables ms si
no quieres morir. Es intil que abuses de mi bondad, pues tengo que
encantarte necesariamente.

Y dicho esto, me cogi, hendi la cpula, atraves la tierra y vol
conmigo  tal altura, que el mundo me pareca una escudilla de agua.
Descendi despus hasta la cima de un monte, y all me solt; cogi
luego un puado de tierra, refunfu algo como un gruido, pronunci en
seguida unas palabras misteriosas, y arrojndome la tierra, dijo: Sal
de tu forma y toma la de un mono! Y al momento, oh seora ma! qued
convertido en mono. Pero qu mono! Viejo, de ms de cien aos y de una
fealdad excesiva! Cuando me vi tan horrible, me desesper y me puse 
brincar, y brincaba realmente. Y como aquello no me serva de remedio,
romp  llorar  causa de mis desventuras. Y el efrit se rea de un modo
que daba miedo, hasta que por ltimo desapareci.

Y medit entonces sobre las injusticias de la suerte, habiendo aprendido
 costa ma que la suerte no depende de la criatura.

Despus descend al pie de la montaa, hasta llegar  lo ms bajo de
todo. Y empec  viajar, y por las noches me suba para dormir  la copa
de los rboles. As fui caminando durante un mes, hasta encontrarme 
orillas del mar. Y all me detuve como una hora, y acab por ver una
nave, en medio del mar, que era impulsada hacia la costa por un viento
favorable. Entonces me escond detrs de unas rocas, y all aguard.
Cuando la embarcacin ancl y sus tripulantes comenzaron  desembarcar,
me tranquilic un tanto, saltando finalmente  la nave. Y uno de
aquellos hombres grit al verme: Echad de aqu pronto  ese bicho de
mal agero! Otro dijo: Mejor sera matarlo! Y un tercero repuso:
S, matmoslo con este sable. Entonces me ech  llorar y detuve con
una mano el arma, y mis lgrimas corran abundantes.

Y en seguida el capitn, compadecindose de m, exclam: Oh
mercaderes! este mono acaba de implorarme, y queda bajo mi proteccin. Y
os prohibo echarle, pegarle  hostigarle. Luego hubo de dirigirme
benvolas palabras, y yo las entenda todas. Entonces acab por tomarme
en calidad de criado, y yo haca todas sus cosas y le serva en la
nave.

Y al cabo de cincuenta das, durante los cuales nos fu el viento
propicio, arribamos  una ciudad enorme y tan llena de habitantes, que
slo Alah podra contar su nmero.

Cuando llegamos, acercronse  nuestra nave los mamalik enviados por el
rey de la ciudad. Y llegaron para saludarnos y dar la bienvenida  los
mercaderes, dicindoles: El rey nos manda que os felicitemos por
vuestra feliz llegada, y nos ha entregado este rollo de pergamino para
que cada uno de vosotros escriba en l una lnea con su mejor letra.

Entonces yo, que no haba perdido an mi forma de mono, les arranqu de
la mano el pergamino, alejndome con mi presa. Y temerosos sin duda de
que lo rompiese  lo tirase al mar, me llamaron  gritos y me
amenazaron; pero les hice sea de que saba y quera escribir; y el
capitn repuso: Dejadle. Si vemos que lo emborrona, le impediremos que
contine; pero si escribe bien de veras, le adoptar por hijo, pues en
mi vida he visto un mono ms inteligente.

Cog entonces el clamo, lo moj, extendiendo bien la tinta por sus dos
caras, y comenc  escribir. Y escrib cuatro estrofas, cada una con una
letra diferente,  improvisadas en distinto estilo: la primera al modo
_Rikaa_, la segunda al modo _Rihani_, la tercera al modo _Sulci_ y la
cuarta al modo _Muchik_:

     a) _El tiempo ha descrito ya los beneficios y los dones de los
     hombres generosos, pero desespera de poder enumerar jams los
     tuyos!_

     _Despus de Alah, el gnero humano no puede recurrir mas que  ti,
     porque eres realmente el padre de todos los beneficios!_

            *       *       *       *       *

     b) _Os hablar de su pluma_:

     _Es la primera, y el origen mismo de las plumas! Su podero es
     sorprendente! Y ella es la que le ha colocado entre los sabios ms
     notables!_

     _De esa pluma, cogida con las yemas de sus cinco dedos, han
     brotado y corren por el mundo cinco ros de elocuencia y poesa!_

            *       *       *       *       *

     c) _Os hablar de su inmortalidad_:

     _No hay escritor que no muera; pero el tiempo eterniza lo escrito
     por su manos!_

     _As, pues, no dejes escribir  tu pluma mas que aquello de que
     puedas enorgullecerte el da de la Resurreccin!_

            *       *       *       *       *

     d) _Si abres el tintero, utilzalo solamente para trazar renglones
     que beneficien  toda criatura generosa!_

     _Pero si no has de usarlo para hacer donaciones, procura, al
     menos, producir belleza! Y sers as uno de aquellos  quienes se
     cuenta entre los escritores ms grandes!_

Cuando acab de escribir les entregu el rollo de pergamino. Y todos
los que lo vieron se quedaron muy admirados. Despus cada cual escribi
una lnea con su mejor letra.

Luego de esto se fueron los esclavos para llevar el rollo al rey. Y
cuando el rey hubo examinado lo escrito por cada uno de nosotros, no
qued satisfecho ms que de lo mo, que estaba hecho de cuatro maneras
diferentes, pues mi letra me haba dado reputacin universal cuando yo
era todava prncipe.

Y el rey dijo  sus amigos que estaban presentes y  los esclavos: Id
en seguida  ver al que ha hecho esta hermosa letra, dadle este traje de
honor para que se lo vista, y traedle en triunfo sobre mi mejor mula al
son de los instrumentos.

Al oirlo, todos empezaron  sonrer. Y el rey, al notarlo, se enoj
mucho, y dijo: Cmo! Os doy una orden y os res de m? Y
contestaron: Oh rey del siglo! En verdad que nos guardaramos de
reirnos de tus palabras; pero has de saber que el que ha hecho esa letra
tan hermosa no es hijo de Adn, sino un mono que pertenece al capitn de
la nave. Estas palabras sorprendieron mucho al rey, y luego, convulso
de alegra y estallando de risa, dijo: Deseo comprar ese mono. Y
orden inmediatamente  las personas de su corte que cogiesen la mula y
el traje de honor y se fuesen  la nave  buscar al mono, y les dijo:
De todas maneras, le vestiris con ese traje de honor y le traeris
montado en la mula.

Llegados  la nave, me compraron  un precio elevado, aunque al
principio el capitn se resista  venderme, comprendiendo, por las
seas que le hice, que me era muy doloroso separarme de l. Despus los
otros me vistieron con el traje de honor, montronme en la mula y
salimos al son de los instrumentos ms armoniosos que se tocaban en la
ciudad. Y todos los habitantes y las criaturas humanas de la poblacin
se quedaron asombrados, mirando con inters enorme un espectculo tan
extraordinario y prodigioso.

Cuando me llevaron ante el rey y lo vi, bes la tierra entre sus manos
tres veces, permaneciendo luego inmvil. Entonces el monarca me invit 
sentarme, y yo me postr de hinojos. Y todos los concurrentes se
quedaron maravillados de mi buena crianza y mi admirable cortesa; pero
el ms profundamente maravillado fu el rey. Y cuando me postr de
hinojos, el rey dispuso que todo el mundo se fuese, y todo el mundo se
march. No quedamos mas que el rey, el jefe de los eunucos, un joven
esclavo favorito y yo, seora ma.

Entonces orden el rey que trajesen algunas vituallas. Y colocaron,
sobre un mantel cuantos manjares puede el alma anhelar y cuantas
excelencias son la delicia de los ojos. Y el rey me invit luego 
servirme, y levantndome y besando la tierra entre sus manos siete
veces, me sent sobre mi trasero de mono y me puse  comer muy
pulcramente, recordando en todo mi educacin pasada.

Cuando levantaron el mantel, me levant yo tambin para lavarme las
manos. Volv despus de lavrmelas, cog el tintero, la pluma y una
hoja de pergamino, y escrib lentamente estas dos estrofas ensalzando
las excelencias de la pastelera rabe:

     _Oh pastelero! dulces, finos y sublimes pasteles, enrollados con
     los dedos! Vosotros sois la triaca, el antdoto de cualquier
     veneno! Nada me gusta tanto, y constitus mi nica esperanza, toda
     mi pasin!_

     _El corazn se me estremece al ver un mantel bien extendido, en
     cuyo centro se aromatiza una kenafa[44] nadando sobre la manteca y
     la miel en una gran bandeja!_

     _Oh kenafa! kenafa fina y sedosa como cabellera! Mi deseo por
     saborearte, oh kenafa! llega  la exageracin! Y me pondra en
     peligro de muerte el pasar un da sin que estuvieses en mi mesa!
     Oh kenafa!_

     _Y t, jarabe! adorable y delicioso jarabe! Aunque lo estuviera
     comiendo y bebiendo da y noche, volvera  desearlo en la vida
     futura!_

Despus de esto dej la pluma y el tintero, y me sent respetuosamente 
alguna distancia. Y no bien ley el rey lo que yo haba escrito, se
maravill asombrosamente, y exclam: Es posible que un mono posea
tanta elocuencia, y sobre todo una letra tan magnfica? Por Alah!...
Es el prodigio de los prodigios!

En aquel instante trajeron un juego de ajedrez, y el rey me pregunt por
seas si saba jugar, contestndole yo que s con la cabeza. Y me
acerqu, coloqu las piezas, y me puse  jugar con el rey. Y le di mate
dos veces. Y el rey no supo entonces qu pensar, quedndose perplejo, y
dijo: Si ste fuera un hijo de Adn, habra superado  todos los
vivientes de su siglo!

Y orden luego al eunuco: Ve  las habitaciones de tu duea, mi hija, y
dile: Oh mi seora! Venid inmediatamente junto al rey, pues quiero
que disfrute de este espectculo y vea un mono tan maravilloso.

Entonces fu el eunuco, y no tard en volver con su duea, la hija del
rey, que en cuanto me divis se cubri la cara con el velo, y dijo:
Padre mo! Cmo me mandas llamar ante hombres extraos? Y el rey
dijo: Hija ma, por quin te tapas la cara, si no hay aqu nadie ms
que nosotros? Entonces contest la joven: Sabe, oh padre mo! que ese
mono es hijo de un rey llamado Amarus, y dueo de un lejano pas. Este
mono est encantado por el efrit Georgirus, descendiente de Eblis,
despus de haber matado  su esposa, hija del rey Aknamus, seor de las
Islas de bano. Este mono, al cual crees mono de veras, es un hombre,
pero un hombre sabio, instruido y prudente.

Sorprendido al oir estas palabras, me pregunt el rey: Es verdad lo
que dice de ti mi hija? Y yo, con la cabeza, le indiqu como era
cierto, y romp  llorar. Entonces el rey le pregunt  su hija: Por
qu sabes que est encantado? Y la princesa contest: Oh padre mo!
Siendo yo pequea, la vieja que haba en casa de mi madre era una bruja
muy versada en la magia y me ense este arte. Ms tarde me perfeccion
en l, y aprend ms de ciento setenta artculos mgicos, de los cuales
el ms insignificante me permitira transportar tu palacio con todas sus
piedras y la ciudad entera detrs del Cucaso, y convertir en mar esta
comarca y en peces  cuantos la habitan.

Y el padre exclam: Por el verdadero nombre de Alah sobre ti, oh hija
ma! desencanta  ese hombre, para que yo le nombre mi visir. Pero es
posible que t poseas ese talento tan enorme y que yo lo ignorase?
Desencanta inmediatamente  ese mono, pues debe ser un joven muy
inteligente y agradable. Y la princesa respondi: De buena gana y como
homenaje debido.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen]_PERO CUANDO LLEG LA 14. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el segundo saaluk dijo  la
duea de la casa:

Oh mi seora! Al oir la princesa el ruego de su padre, cogi un
cuchillo que tena unas inscripciones en lengua hebrea, traz con l un
crculo en el suelo, escribi all varios renglones talismnicos, y
despus se coloc en medio del crculo, murmur algunas palabras
mgicas, ley en un libro antiqusimo unas cosas que nadie entenda, y
as permaneci breves instantes. Y he aqu que de pronto nos cubrieron
unas tinieblas tan espesas, que nos cremos enterrados bajo las ruinas
del mundo. Y sbitamente apareci el efrit Georgirus bajo el aspecto ms
horrible, las manos como rastrillos, las piernas como mstiles y los
ojos como tizones encendidos. Entonces nos aterrorizamos todos, pero la
hija del rey le dijo: Oh efrit! No puedo darte la bienvenida ni
acogerte con cordialidad. Y contest el efrit: Por qu no cumples tus
promesas? No juraste respetar nuestro acuerdo de no combatirnos ni
mezclarte en nuestros asuntos? Mereces el castigo que voy  imponerte.
Ahora vers, traidora! E inmediatamente el efrit se convirti en un
len espantoso, el cual, abriendo la boca en toda su extensin, se
abalanz sobre la joven. Pero ella, rpidamente, se arranc un cabello,
se lo acerc  los labios, murmur algunas palabras mgicas, y en
seguida el cabello se convirti en un sable afiladsimo. Y di con l
tal tajo al len, que lo parti en dos mitades. Pero inmediatamente la
cabeza del len se transform en un escorpin horrible, que se
arrastraba hacia el taln de la joven para morderle, y la princesa se
convirti en seguida en una serpiente enorme, que se precipit sobre el
maldito escorpin, imagen del efrit, y ambos trabaron descomunal
batalla. De pronto, el escorpin se convirti en un buitre y la
serpiente en un guila, que se cerni sobre el buitre, y ya iba 
alcanzarlo, despus de una hora de persecucin, cuando el buitre se
transform en un enorme gato negro, y la princesa en lobo. Gato y lobo
se batieron  travs del palacio, hasta que el gato, al verse vencido,
se convirti en una inmensa granada roja y se dej caer en un estanque
que haba en el patio. El lobo se ech entonces al agua, y la granada,
cuando iba  cogerla, se elev por los aires, pero como era tan enorme
cay pesadamente sobre el mrmol y se revent. Los granos,
desprendindose uno  uno, cubrieron todo el suelo. El lobo se
transform entonces en gallo, empez  devorarlos, y ya no quedaba mas
que uno, pero al ir  tragrselo se le cay del pico, pues as lo haba
dispuesto la fatalidad, y fu  esconderse en un intersticio de las
losas, cerca del estanque. Entonces el gallo empez  chillar,  sacudir
las alas y  hacernos seas con el pico, pero no entendamos su
lenguaje, y como no podamos comprenderle, lanz un grito tan terrible,
que nos pareci que el palacio se nos vena encima. Despus empez  dar
vueltas por el patio, hasta que vi el grano y se precipit  cogerlo,
pero el grano cay en el agua y se convirti en un pez. El gallo se
transform entonces en una ballena enorme, que se hundi en el agua
persiguiendo al pez, y desapareci de nuestra vista durante una hora.
Despus omos unos gritos tremendos y nos estremecimos de terror. Y en
seguida apareci el efrit en su propia y horrible figura, pero ardiendo
como un ascua, pues de su boca, de sus ojos y de su nariz salan llamas
y humo; y detrs de l surgi la princesa en su propia forma, pero
ardiendo tambin como metal en fusin, y persiguiendo al efrit, que ya
nos iba  alcanzar. Entonces, temiendo que nos abrasase, quisimos
echarnos al agua, pero el efrit nos detuvo dando un grito espantoso, y
empez  resollar fuego contra todos. La princesa lanzaba fuego contra
l, y fu el caso que nos alcanz el fuego de los dos, y el de ella no
nos hizo dao, pero el del efrit s que nos lo produjo, pues una chispa
me di en este ojo y me lo salt; otra di al rey en la cara, y le
abras la barbilla y la boca, arrancndole parte de la dentadura, y otra
chispa prendi en el pecho del eunuco y le hizo perecer abrasado.

Mientras tanto, la princesa persegua al efrit, lanzndole fuego encima,
hasta que omos decir: Alah es el nico grande! Alah es el nico
poderoso! Aplasta al que reniega de la fe de Mohamed, seor de los
hombres! Esta voz era de la princesa, que nos mostraba al efrit
enteramente convertido en un montn de cenizas. Despus lleg hasta
nosotros y dijo: Aprisa, dadme una taza con agua. Se la trajeron,
pronunci la princesa unas palabras incomprensibles, me roci con el
agua, y dijo: Queda desencantado en nombre del nico Verdadero! Por
el poderoso nombre de Alah, vuelve  tu primitiva forma!

Entonces volv  ser hombre, pero me qued tuerto. Y la princesa,
queriendo consolarme, me dijo: El fuego siempre es fuego, hijo mo! Y
lo mismo dijo  su padre por sus barbas chamuscadas y sus dientes rotos.
Despus exclam: Oh padre mo! Necesariamente he de morir, pues est
escrita mi muerte. Si este efrit hubiese sido una simple criatura
humana, lo habra aniquilado en seguida. Pero lo que ms me hizo sufrir
fu que, al dispersarse los granos de la granada, no acert  devorar el
grano principal, el nico que contena el alma del efrit; pues si
hubiera podido tragrmelo, habra perecido inmediatamente. Pero ay de
m! tard mucho en verlo. As lo quiso la fatalidad del Destino. Por eso
he tenido que combatir tan terriblemente contra el efrit debajo de
tierra, en el aire y en el agua. Y cada vez que l abra una puerta de
salvacin, le abra yo otra de perdicin, hasta que abri por fin la ms
fatal de todas, la puerta del fuego, y yo tuve que hacer lo mismo. Y
despus de abierta la puerta del fuego, hay que morir necesariamente.
Sin embargo, el Destino me permiti quemar al efrit antes de perecer yo
abrasada. Y antes de matarle, quise que abrasara nuestra fe, que es la
santa religin del Islam, pero se neg, y entonces lo quem. Alah
ocupar mi lugar cerca de vosotros, y esto podr serviros de consuelo.

Despus de estas palabras empez  implorar al fuego, hasta que al fin
brotaron unas chispas negras que subieron hacia su pecho. Y cuando el
fuego le lleg  la cara, llor, y luego dijo: Afirmo que no hay ms
Dios que Alah, y que Mohamed es su profeta! No bien haba pronunciado
estas palabras, la vimos convertirse en un montn de ceniza, prximo al
otro montn que formaba el efrit.

Entonces nos afligimos profundamente. Gustoso habra yo ocupado su
lugar, antes que ver bajo tan msero aspecto  aquella joven de radiante
hermosura que tanto quiso favorecerme; pero los designios de Alah son
inapelables.

Al advertir el rey la transformacin sufrida por su hija, llor por
ella, mesndose las barbas que le quedaban, abofetendose y
desgarrndose las ropas. Y lo propio hice yo. Y los dos lloramos sobre
ella. En seguida llegaron los chambelanes, y los jefes del gobierno
hallaron al sultn llorando aniquilado ante los dos montones de ceniza.
Y se asombraron muchsimo, y comenzaron  dar vueltas  su alrededor,
sin atreverse  hablarle. Al cabo de una hora se repuso algo el rey, y
les cont lo ocurrido entre la princesa y el efrit. Y todos gritaron:
Alah! Alah! Qu gran desdicha! Qu tremenda desventura!

En seguida llegaron todas las damas de palacio con sus esclavas, y
durante siete das se cumplieron todas las ceremonias de duelo y de
psame.

Luego dispuso el rey la construccin de un gran sarcfago para las
cenizas de su hija, y que se encendiesen velas, faroles y linternas da
y noche. En cuanto  las cenizas del efrit, fueron aventadas bajo la
maldicin de Alah.

La tristeza acarre al sultn una enfermedad que le tuvo  la muerte.
Esta enfermedad le dur un mes entero. Y cuando hubo recobrado algn
vigor, me llam  su presencia y me dijo: Oh joven! Antes de que
vinieses vivamos aqu nuestra vida en la ms perfecta dicha, libres de
los sinsabores de la suerte. Ha sido necesario que t vinieses y que
viramos tu hermosa letra para que cayesen sobre nosotros todas las
aflicciones. Ojal no te hubisemos visto nunca  ti, ni  tu cara de
mal agero, ni  tu maldita escritura! Porque primeramente ocasionaste
la prdida de mi hija, la cual, sin duda, vala ms que cien hombres.
Despus, por causa tuya, me quem lo que t sabes, y he perdido la mitad
de mis dientes, y la otra mitad casi ha volado tambin. Y por ltimo, ha
perecido mi pobre eunuco, aquel buen servidor que fu ayo de mi hija.
Pero t no tuviste la culpa, y mal podras remediarlo ahora. Todo nos ha
ocurrido  nosotros y  ti por voluntad de Alah. Alabado sea, por
permitir que mi hija te desencantara, aunque ella pereciese! Es el
Destino! Ahora, hijo mo, debes abandonar este pas, porque ya tenemos
bastante con lo que por tu causa nos ha ocurrido. Alah es quien todo lo
decreta! Sal, pues, y vete en paz!

Entonces, oh mi seora! abandon el palacio del rey, sin fiar mucho en
mi salvacin. No saba adnde ir. Y record entonces todo cuanto me
haba sucedido, desde el principio hasta el fin, cmo me haban dejado
sano y salvo los rabes del desierto, mi viaje y mis fatigas de un mes,
mi entrada en la ciudad como extranjero, el encuentro con el sastre, la
entrevista  intimidad tan deliciosa con la joven del subterrneo, el
modo de escaparme de las manos del efrit que me quera matar, todo, en
fin, sin olvidar mi transformacin en mono al servicio despus del
capitn mercante, mi compra  elevado precio por el rey  consecuencia
de mi hermosa letra, mi desencanto, en fin, todo! Y ms que nada, ay
de m! el ltimo incidente, que me hizo perder un ojo. Pero di gracias 
Alah, y dije: Ms vale perder un ojo que la vida! Despus de esto,
fui al hammam  tomar un bao antes de salir de la ciudad. Entonces, oh
seora ma! me afeit la barba para poder viajar seguro en calidad de
saaluk. Desde aquella fecha no he dejado ni un da de llorar pensando en
las desgracias que sobre m han cado, y sobre todo en la prdida de mi
ojo izquierdo. Y cada vez que esto me viene  la memoria, el ojo derecho
se me llena de lgrimas, que no me dejan ver, aunque nunca me impedirn
pensar en estos versos del poeta:

     _Conoce Alah misericordioso mi afliccin? Las desdichas pesan
     sobre m, y me he dado cuenta de ellas demasiado tarde!_

     _Pero har acopio de paciencia frente  mis grandes desventuras,
     para que el mundo no ignore que he tomado con paciencia algo que es
     ms amargo que la misma paciencia!_

     _Porque la paciencia tiene su belleza, sobre todo cuando es el
     hombre piadoso quien la practica! De todos modos, ha de ocurrir lo
     que haya decidido Alah respecto  cada criatura!_ _Mi misteriosa
     amada conoce los secretos de mi lecho, y ninguno, aunque sea el
     secreto de los secretos, puede ocultrsele!_

     _Al que diga que hay delicias en este mundo, contestadle que
     pronto conocer das ms amargos que el jugo de la mirra!_

Entonces sal de la ciudad aquella, viaj por varios pases, atraves
sus capitales, y luego me dirig  Bagdad, la morada de paz, donde
espero llegar  ver al Emir de los Creyentes para contarle cuanto me ha
ocurrido.

Despus de muchos das de viaje, he llegado esta misma noche  Bagdad, y
encontr muy perplejo al hermano que est ah, al primer saaluk, y le
dije: La paz sea contigo! Y l me contest: Y contigo la paz, y la
misericordia de Alah, y todas sus bendiciones!

Entonces empec  conversar con l, y se nos acerc el otro hermano, el
tercer saaluk, quien despus de desearnos la paz, nos dijo que era
extranjero. Y nosotros le dijimos: Tambin somos extranjeros, y hemos
llegado hoy  esta ciudad bendita. Y echamos  andar juntos, sin que
ninguno supiera la historia de sus compaeros. Y la suerte y el Destino
nos guiaron hasta esta puerta, y entramos en vuestra casa.

He aqu, oh mi seora! los motivos de que me veas tuerto y con la barba
afeitada.

Entonces la duea de la casa dijo al segundo saaluk: Tu historia es
realmente extraordinaria. Ahora alsate un poco el pelo sobre la cabeza
y ve  buscar tu destino por la ruta de Alah.

Pero l respondi: En verdad que no saldr de aqu sin haber odo el
relato de mi tercer compaero.

Entonces el tercer saaluk di un paso y dijo:




Historia del tercer saaluk

[imagen]


Oh gloriosa seora! no creas que mi historia encierra menos maravillas
que las de mis dos compaeros! Porque mi historia es infinitamente ms
asombrosa an.

Si sobre estos dos compaeros mos pesaron las desgracias, motivadas por
el Destino y la fatalidad, otra cosa fu respecto  m. Si estoy
afeitado y tuerto, yo tengo la culpa, pues me atraje la fatalidad y
llen mi corazn de penas y zozobras.

Helo aqu. Soy rey, hijo de rey. Mi padre se llamaba Kassib y yo era su
hijo. Cuando muri el rey, mi padre, hered su reino, y rein y gobern
con justicia, haciendo mucho bien entre mis sbditos.

Pero tena gran aficin  los viajes por mar. Y no me privaba de ellos,
porque la capital de mi reino estaba junto al mar, y en una gran
extensin martima pertenecanme numerosas islas fortificadas. Una vez
quise ir  visitarlas todas, y mand preparar diez naves grandes y
llenarlas de provisiones para un mes, dndome  la vela. Esta visita
dur veinte das, al cabo de los cuales, una noche se desencaden contra
nosotros un viento contrario, que se prolong hasta el amanecer.
Entonces, calmado un poco el viento y suavizado el mar, al salir el sol
vimos una isla en la que podamos detenernos. Fuimos  tierra, hicimos
algo de comer, y descansamos dos das en espera de que la tempestad
terminara, y luego zarpamos. El viaje dur otros veinte das, hasta que
en uno de tantos perdimos la derrota, pues las aguas en que navegbamos
eran tan desconocidas para nosotros como para el capitn. Porque el
capitn, realmente, no conoca este mar. Entonces le dijimos al viga:
Mira con atencin el mar. Y el viga subi al palo, descendi despus
y nos dijo al capitn y  m: A la derecha he visto peces en la
superficie del agua, y muy lejos, en medio de las olas, una cosa que
unas veces pareca blanca y otras negra.

Al oir estas palabras del viga, el capitn sufri un cambio muy notable
en su color, tir el turbante al suelo, se mes la barba, y nos dijo:
Os anuncio nuestra total prdida! No ha de salvarse ni uno! Luego se
ech  llorar, y con l lloramos todos. Yo le pregunt entonces: Oh
capitn! Quieres explicarnos las palabras del viga? Y contest: Oh
mi seor! Sabe que desde el da que sopl el viento contrario perdimos
la derrota, y hace de ello once das, sin encontrar un viento favorable
que nos permita volver al buen camino. Sabe, pues, el significado de esa
cosa negra y blanca y de esos peces que sobrenadan cerca de nosotros:
maana llegaremos  una montaa de rocas negras que se llama la Montaa
del Imn, y hacia ella han de llevarnos  la fuerza las aguas. Y nuestra
nave se despedazar, porque volarn todos sus clavos, atrados por la
montaa y adhirindose  sus laderas, pues Alah el Altsimo dot  la
Montaa del Imn de una secreta virtud que la permite atraer todos los
objetos de hierro. Y no puedes imaginarte la enorme cantidad de cosas de
hierro que se ha acumulado y colgado de dicha montaa desde que atrae 
los navos. Slo Alah sabe su nmero! Desde el mar se ve relucir en la
cima de esa montaa una cpula de cobre amarillo sostenida por diez
columnas, y encima hay un jinete en un caballo de bronce, y el jinete
tiene en la mano una lanza de cobre, y le pende del pecho una chapa de
plomo grabada con palabras talismnicas desconocidas. Sabe, oh rey! que
mientras el jinete permanezca sobre su caballo, quedarn destrozados
todos los barcos que naveguen en torno suyo, y todos los pasajeros se
perdern sin remedio, y todos los hierros de las naves se irn  pegar 
la montaa. No habr salvacin posible mientras no se precipite el
jinete al mar!

Dicho esto, oh seora ma! el capitn continu derramando abundantes
lgrimas, y juzgamos segura  irremediable nuestra prdida,
despidindose cada cual de sus amigos.

Y as fu; porque apenas amaneci, nos vimos prximos  la montaa de
rocas negras imantadas, y las aguas nos empujaban violentamente hacia
ella. Y cuando las diez naves llegaron al pie de la montaa, los clavos
se desprendieron de pronto y comenzaron  volar por millares, lo mismo
que todos los hierros, y fueron  adherirse  la montaa. Y nuestros
barcos se abrieron, siendo precipitados al mar todos nosotros.

Pasamos el da entero  merced de las olas, ahogndose la mayora y
salvndonos otros, sin que los que no perecimos pudiramos volver 
encontrarnos, pues las corrientes terribles y los vientos contrarios nos
dispersaron por todas partes.

Y Alah el Altsimo, oh seora ma! me quiso salvar para reservarme
nuevas penas, grandes padecimientos y enormes desventuras. Pude
agarrarme  uno de los tablones que sobrenadaban, y las olas y el viento
me arrojaron  la costa, al pie de la Montaa del Imn.

All encontr un camino que conduca  la cumbre, y estaba todo l hecho
de escalones tallados en la roca. En seguida invoqu el nombre de Alah
el Altsimo, y...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG la 15. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el tercer saaluk, mientras
permanecan sentados y cruzados de brazos los dems, vigilados por los
siete negros, que tenan en la mano el alfanje desnudo, prosigui,
dirigindose  la duea de la casa:

Invoqu, pues, el nombre de Alah, le implor, y me absorb en el
xtasis de la plegaria. Y cuando el viento cambi, por orden del
Altsimo, logr subir  lo ms alto de la montaa, agarrndome como pude
 las rocas y excavaciones. Y mi alegra por hallarme en salvo lleg
hasta el lmite de la alegra. Ya slo me faltaba llegar  la cpula; lo
consegu al fin, y pude penetrar en ella. Entonces me hinqu de rodillas
y di gracias  Alah por haberme salvado.

Pero estaba tan rendido, que me ech en el suelo y me dorm. Y durante
mi sueo o que una voz me deca: Oh hijo de Kassib! cuando te
despiertes cava  tus pies, y encontrars un arco de cobre y tres
flechas de plomo, en las cuales hay grabados talismanes. Coge el arco y
dispara contra el jinete que est en la cpula, y as podrs devolver la
tranquilidad  los humanos, librndoles de tan terrible plaga. Cuando
hieras al jinete, este jinete caer al mar y el arco se escapar de tus
manos al suelo. Le cogers entonces y lo enterrars en el mismo sitio en
que haya cado. Y mientras tanto, el mar empezar  hervir, creciendo
hasta llegar  la cumbre en que te encuentras. Y vers en el mar una
barca, y en la barca  una persona distinta del jinete arrojado al
abismo. Esa persona se te acercar con un remo en la mano. Puedes entrar
sin temor en la barca. Pero gurdate bien de pronunciar el santo nombre
de Alah, y no olvides esto por nada del mundo. Una vez en la barca, te
guiar ese hombre, hacindote navegar por espacio de diez das, hasta
que llegues al Mar de Salvacin. Y cuando llegues  este mar encontrars
 alguien que ha de llevarte  tu tierra. Pero no olvides que para que
todo eso ocurra no debes pronunciar nunca el nombre de Alah.

Entonces, oh seora ma! despert y me dispuse animoso  ejecutar las
rdenes de aquella voz. Con el arco y las flechas encontradas dispar
contra el jinete, lo derrib, y lo vi hundirse en el mar. El arco se me
escap de la mano, y lo enterr en el mismo sitio en que haba cado. En
seguida el mar se agit, hirvi y se desbord, llegando hasta la cumbre
en que yo me hallaba Y  los pocos instantes vi en medio del mar una
barca que se diriga hacia la costa. Entonces di gracias  Alah el
Altsimo. Y al aproximarse la barca advert en ella  un hombre de
bronce que llevaba en el pecho una chapa de plomo con nombres y
talismanes grabados. Y cuando la barca lleg, entr en ella, pero sin
decir palabra. Y el hombre de bronce me condujo durante un da, durante
dos, durante tres, y as sucesivamente, hasta diez das. Entonces vi
unas islas  lo lejos. Aquello era la salvacin! Y me alegr hasta el
lmite de la alegra; pero tanta era la plenitud de mi emocin y de mi
gratitud hacia el Altsimo, que pronunci el nombre de Alah y lo
glorifiqu, exclamando: _Alahu akbar_! _Alahu akbar_![45]

Pero apenas dije tan sagradas palabras, el hombre de bronce se apoder
de m, me arroj al mar, y hundindose  lo lejos, desapareci.

Estuve nadando hasta el anochecer, en que mis brazos quedaron extenuados
y rendido todo mi cuerpo. Entonces, viendo aproximarse la muerte, dije
la _schehada_, mi profesin de fe, y me dispuse  morir. Pero en aquel
momento una ola ms enorme que las otras vino desde la lejana como una
torre gigantesca y me despidi con tal empuje, que me encontr junto 
unas islas que haba divisado en lontananza. As lo quiso Alah!

Entonces trep  la orilla, retorc mi ropa, tendindola en el suelo
para que se secase, y me ech  dormir, sin despertar hasta por la
maana. Me puse mis vestidos secos, me levant buscando donde ir, y me
intern en un pequeo valle frtil, recorrindolo en todas direcciones,
y as di una vuelta entera al lugar en que me encontraba, viendo que me
rodeaba el mar por todas partes. Y me dije: Qu fatalidad la ma!
Siempre que me libro de una desgracia caigo en otra peor!

Mientras me absorban tan tristes pensamientos, divis que vena por el
mar una barca con gente. Entonces, temeroso de que me ocurriera algo
desagradable, me levant y me encaram  un rbol para esperar los
acontecimientos. Al arribar la barca salieron de ella diez esclavos con
una pala cada uno. Anduvieron hasta llegar al centro de la isla, y all
empezaron  cavar la tierra, dejando al descubierto una trampa. La
levantaron, y abrieron una puerta que apareci debajo. Hecho esto,
volvieron  la barca, descargando de su interior y echndose  hombros
gran cantidad de efectos: pan, harina, miel, manteca, carneros, sacos
llenos y otras muchas cosas; todo, en fin, lo que pueda desear quien
vive en una casa. Los esclavos siguieron yendo y viniendo del
subterrneo  la barca y de la barca  la trampa, hasta vaciar
completamente aqulla, sacando luego trajes suntuosos y magnficos, que
se echaron al brazo; y entonces vi salir de la barca, en medio de los
esclavos,  un anciano venerable, tan flaco y encorvado por los aos y
las vicisitudes, que apenas tena apariencia humana. Este jeque llevaba
de la mano  un joven hermossimo, moldeado realmente en el molde de la
perfeccin, rama tierna y flexible, cuyo aspecto hubo de cautivar mi
corazn y conmover la pulpa de mi carne.

Llegaron hasta la puerta, la franquearon y desaparecieron ante mis ojos.
Pero pasados unos instantes, subieron todos menos el joven; entraron
otra vez en la barca y se alejaron por el mar.

Cuando los hube perdido de vista, salt del rbol, corr hacia el sitio
donde estaba la trampa, que haban cubierto otra vez de tierra, y la
quit de nuevo. Entonces descubr la trampa, que era de madera y del
tamao de una piedra de molino, la levant con ayuda de Alah, y vi que
arrancaba de ella una escalera abovedada. Descend, posedo de asombro,
sus peldaos de piedra, y me encontr al fin en un espacioso saln
revestido de tapices magnficos y colgaduras de seda y terciopelo. En un
divn, entre bujas encendidas, jarrones con flores y tarros llenos de
frutas y de dulces, apareca sentado el joven, que estaba hacindose
aire con un abanico. Al verme se asust mucho, pero yo le dije con mi
ms armoniosa voz: La paz sea contigo! Y l contest,
tranquilizndose: Y contigo sea la paz, la misericordia de Alah y sus
bendiciones! Yo le dije: Oh mi seor! Que tu corazn no se alarme.
Aqu donde me ves, soy rey  hijo de un rey. Alah me ha guiado hasta ti
para sacarte de este subterrneo, al cual sin duda te trajeron para que
murieses. Pero yo te libertar. Y sers mi amigo, pues me bast verte
para estar predispuesto  tu favor.

Entonces el joven, dibujando una sonrisa en sus labios, me invit  que
me sentase junto  l en el divn, y me dijo: Sabe, oh seor mo! que
no me trajeron  este lugar para que muriese, sino para librarme de la
muerte. Sabe tambin que soy hijo de un gran joyero, conocido en todo el
mundo por sus riquezas y la cuanta de sus tesoros. Las caravanas que
van por cuenta suya  lejanos pases para vender su pedrera  los reyes
y emires de la tierra han extendido su reputacin por todas partes. Al
nacer yo, siendo ya l de edad madura, le anunciaron los maestros de la
adivinacin, que su hijo haba de morir antes que su padre y su madre; y
mi padre, aquel da,  pesar del regocijo que le haba causado mi
nacimiento y la felicidad de mi madre, que me di al mundo despus del
trmino de nueve meses, por voluntad de Alah, experiment un dolor muy
grande, sobre todo cuando los sabios que haban ledo en los astros mi
suerte le dijeron: Matar  tu hijo un rey, hijo de otro rey, llamado
Kassib, cuarenta das despus de que aqul haya arrojado al mar al
jinete de bronce de la montaa magntica. Y mi padre el joyero qued
afligidsimo. Y cuid de m, educndome con mucho esmero, hasta que hube
cumplido los quince aos. Pero entonces supo que el jinete haba sido
echado al mar, y la noticia le apen y le hizo llorar tanto, que en poco
tiempo palideci su cara, enflaqueci su cuerpo y toda su persona
adquiri la apariencia de un hombre decrpito, rendido por los aos y
las desventuras. Entonces me trajo  esta morada subterrnea, la cual
mand construir para sustraerme  la busca del rey que haba de matarme
cuando cumpliera yo los quince aos, y yo y mi padre estamos seguros de
que el hijo de Kassib no podr dar conmigo en esta isla desconocida. Tal
es la causa de mi estancia en este sitio.

Entonces pens yo: Cmo podrn equivocarse as los sabios que leen en
los astros? Porque, por Alah! este joven es la llama de mi corazn, y
ms fcil que matarlo me sera matarme. Y luego le dije: Oh hijo mo!
Alah Todopoderoso no consentir nunca que se quiebre flor tan hermosa.
Estoy dispuesto  defenderte y  seguir aqu contigo toda la vida. Y l
me contest: Pasados cuarenta das vendr  buscarme mi padre, pues ya
no habr peligro. Y yo le dije: Por Alah! que permanecer en tu
compaa esos cuarenta das, y despus le dir  tu padre que te deje ir
 mi reino, donde sers mi amigo y heredero del trono.

Entonces el mancebo me di las gracias con palabras cariosas, y
comprend que era en extremo corts y corresponda  la inclinacin que
 l me arrastraba. Y empezamos  conversar amistosamente, regalndonos
con las vituallas deliciosas de sus provisiones, que podan bastar para
un ao  cien comensales.

Despus de haber comido, pude comprobar nuevamente cun subyugado
estaba mi corazn por sus encantos, y luego nos tendimos y dormimos
juntos toda la noche.

Al aproximarse el da me despert y me lav, llevando al joven la
palangana llena de agua perfumada para que asimismo se lavase, y prepar
los alimentos y comimos juntos, hablando, jugando y riendo luego hasta
la noche. Y entonces pusimos la mesa y cenamos un carnero relleno de
almendras, pasas, nuez moscada, clavo y pimienta. Y bebimos agua dulce y
fresca, y tomamos tambin sanda, meln, tortas y pastelillos tan finos
y leves como una cabellera, en los cuales no se haba escatimado la
manteca, la miel, las almendras ni la canela. Y como la noche anterior,
nos acostamos, y pude darme cuenta de cun grande era nuestra amistad. Y
as dejamos transcurrir, tranquilos y felices, hasta el da
cuadragsimo. Este ltimo da, como tena que venir su padre, el joven
quiso darse un buen bao, y puse  calentar agua en el caldero,
vertindola despus en la tina de cobre y aadindole agua fra para
hacerla ms agradable. El joven entr en el bao, y lo lav, y lo frot,
y le di masaje, perfumndole y transportndole  la cama, donde le cubr
con la colcha y le envolv la cabeza en un pedazo de seda bordada de
plata, obsequindole con un sorbete delicioso, y se durmi.

Al despertarse quiso comer algo, y eligiendo la sanda ms hermosa y
colocndola en una bandeja, y la bandeja en un tapiz, me sub  la cama
para coger el cuchillo grande, que penda de la pared sobre la cabeza
del mancebo. Y he aqu que el joven, por divertirse, me hizo de pronto
cosquillas en una pierna, producindome tal efecto, que ca encima de l
sin querer y le clav el cuchillo en el corazn. Y expir en seguida.

Al ver aquello, oh seora ma! empec  golpearme, y  gritar, y 
gemir, y me desgarr las ropas, arrojndome desesperado al suelo. Pero
mi amigo muerto estaba, cumplindose el Destino para que no mintieran
las predicciones de los astrlogos. Alc los ojos y las manos hacia el
Altsimo, y repuse: Oh Seor del universo! Si he cometido un crimen,
dispuesto estoy  que me castigue tu justicia. En este momento sentame
animoso ante la muerte. Pero oh seora ma! nuestros anhelos nunca se
satisfacen ni para el bien ni para el mal.

Entonces, no sindome posible soportar la estancia en aquel sitio, y
adems, como saba que el joyero no tardara en comparecer, sub la
escalera, sal y cerr la trampa, cubrindola de tierra, como estaba
antes.

Cuando me vi fuera, me dije: Voy  observar ahora lo que ocurra; pero
ocultndome, porque si no, los esclavos me mataran con la peor muerte.
Y entonces me sub  un rbol copudo que estaba cerca de la trampa, y
all qued en acecho. Una hora ms tarde apareci la barca con el
anciano y los esclavos. Desembarcaron todos, llegaron apresuradamente
junto al rbol, y al advertir la tierra recientemente removida,
atemorizronse, quedando abatidsimo el viejo. Los esclavos cavaron
apresuradamente, y levantando la trampa, bajaron con el pobre padre.
Este empez  llamar  gritos  su hijo, sin que el muchacho
respondiera, y le buscaron por todas partes, hallndolo por fin tendido
en el lecho con el corazn atravesado.

Al verle, sinti el anciano que se le parta el alma, y cay desmayado.
Los esclavos, mientras tanto, se lamentaban y afligan; despus subieron
en hombros al joyero. Sepultaron el cadver del joven envuelto en un
sudario, transportaron al padre dentro de la barca con todas las
riquezas y provisiones que quedaban an, y desaparecieron en la lejana
sobre el mar.

Entonces, apenadsimo, baj del rbol, medit en aquella desgracia,
llor mucho, y anduve desolado todo el da y toda la noche. De repente
not que iba menguando el agua, quedando seco el espacio entre la isla y
la tierra firme de enfrente. Di gracias  Alah, que quera librarme de
seguir en aquel paraje maldito, y empec  caminar por la arena
invocando su santo nombre. Lleg en esto la hora de ponerse el sol. Vi
de pronto aparecer muy  lo lejos como una gran hoguera, y me dirig
hacia aquel sitio, sospechando que estaran cociendo algn carnero; pero
al acercarme advert que lo que hube tomado por hoguera era un vasto
palacio de cobre que se dira incendiado por el sol poniente.

Llegu hasta el lmite del asombro ante aquel palacio magnfico, todio
de cobre. Y estaba admirando su slida construccin, cuando sbitamente
vi salir por la puerta principal  diez jvenes de elevada estatura, y
cuyas caras eran una alabanza al Creador por haberlas hecho tan
hermosas. Pero aquellos diez jvenes eran todos tuertos del ojo
izquierdo, y slo no lo era un anciano alto y venerable, que haca el
nmero once.

Al verlos exclam: Por Alah, que es extraa coincidencia! Cmo
estarn juntos diez tuertos, y del ojo izquierdo precisamente? Mientras
me absorba en estas reflexiones, los diez jvenes se acercaron y me
dijeron: La paz sea contigo! Y yo les devolv el saludo de paz, y
hube de referirles mi historia, desde el principio hasta el fin, que no
creo necesario repetirte, oh seora ma!

Al orla, llegaron aquellos jvenes al colmo de la admiracin, y me
dijeron: Oh seor! Entra en esta morada, donde sers bien acogido.
Entr con ellos, y atravesamos muchas salas revestidas con telas de
raso. En el centro de la ltima, que era la ms hermosa y espaciosa de
todas, haba diez lechos magnficos formados con alfombras y colchones,
y entre aqullos otra alfombra, pero sin colchn, y tan rica como las
dems. Y el anciano se sent en sta, y cada uno de los diez jvenes en
la suya, y me dijeron: Oh seor! Sintate en el testero de la sala, y
no nos preguntes acerca de lo que aqu veas.

A los pocos momentos se levant el viejo, sali y volvi varias veces,
llevando manjares y bebidas, de lo cual comimos y bebimos todos.

Despus recogi las sobras el anciano, y se sent de nuevo. Y los
jvenes le preguntaron: Cmo te sientas sin traernos lo necesario para
cumplir nuestros deberes? Y el anciano, sin replicar palabra, se
levant y sali diez veces, trayendo cada vez sobre la cabeza una
palangana cubierta con un pao de raso y en la mano un farol, que fu
colocando delante de cada joven. Y  m no me di nada, lo cual hubo de
contrariarme.

Pero cuando levantaron las telas de raso, vi que las jofainas slo
contenan ceniza, polvo de carbn y khol. Se echaron la ceniza en la
cabeza, el carbn en la cara y el khol en el ojo derecho, y empezaron 
lamentarse y  llorar, mientras decan: Sufrimos lo que merecemos por
nuestras culpas y nuestra desobediencia! Y aquella lamentacin
prosigui hasta cerca del amanecer. Entonces se lavaron en nuevas
palanganas que les llev el viejo, se pusieron otros trajes, y quedaron
como antes de la extraa ceremonia.

Por ms que aquello, oh seora ma! me asombrase con el ms
considerable asombro, no me atrev  preguntar nada, pues as me lo
haban ordenado. Y  la noche siguiente hicieron lo mismo que la
primera, y lo mismo  la tercera y  la cuarta. Entonces ya no pude
callar ms, y exclam: Oh mis seores! Os ruego que me digis por qu
sois todos tuertos y  qu obedece el que os echis por la cabeza
ceniza, carbn y khol, pues, por Alah! prefiero la muerte  la
incertidumbre en que me habis sumido. Entonces ellos replicaron:
Sabes que lo que pides es tu perdicin? Y yo contest: Venga mi
perdicin, antes que la duda. Pero ellos me dijeron: Cuidado con tu
ojo izquierdo! Y yo respond: No necesito el ojo izquierdo si he de
seguir en esta perplejidad. Y por fin exclamaron: Cmplase tu
destino! Te suceder lo que nos sucedi; mas no te quejes, que la culpa
es tuya. Y despus de perdido el ojo izquierdo, no podrs venir con
nosotros, porque ya somos diez y no hay sitio para el undcimo.

Dicho esto, el anciano trajo un carnero vivo. Lo degollaron, le
arrancaron la piel, y despus de limpiarla cuidadosamente, me dijeron:
Vamos  coserte dentro de esa piel, y te colocaremos en la azotea del
palacio. El enorme buitre llamado Rock, capaz de arrebatar un elefante,
te levantar hasta las nubes, tomndote por un carnero de veras, y para
devorarte te llevar  la cumbre de una montaa muy alta, inaccesible 
todos los seres humanos. Entonces con este cuchillo, de que puedes
armarte, rasgars la piel de carnero, saldrs de ella, y el terrible
Rock, que no ataca  los hombres, desaparecer de tu vista. Echa despus
 andar, hasta que encuentres un palacio diez veces mayor que el nuestro
y mil veces ms suntuoso. Est revestido de chapas de oro, sus muros se
cubren de pedrera, especialmente de perlas y esmeraldas. Entra por una
puerta abierta  todas horas, como nosotros entramos una vez, y ya vers
lo que vieres. All nos dejamos todos el ojo izquierdo. Desde entonces
soportamos el castigo merecido y expiamos nuestra culpa haciendo todas
las noches lo que viste. Esa es, en resumen, nuestra historia, que ms
detallada llenara todas las pginas de un gran libro cuadrado. Y ahora,
cmplase tu destino!

Y como persistiera en mi resolucin, dironme el cuchillo, me cosieron
dentro de la piel de carnero, me colocaron en la azotea y se marcharon.
Y de pronto not que cargaba conmigo el terrible Rock, remontando el
vuelo, y en cuanto comprend que me haba depositado en la cumbre de la
montaa, rasgu con el cuchillo la piel que me cubra, y sal de debajo
de ella dando gritos para asustar al terrible Rock. Y se alej volando
pesadamente, y vi que era todo blanco, tan ancho como diez elefantes y
ms largo que veinte camellos.

Entonces ech  andar muy de prisa, pues me torturaba la impaciencia por
llegar al palacio. Al verlo,  pesar de la descripcin hecha por los
diez jvenes, me qued admirado hasta el lmite de la admiracin. Era
mucho ms suntuoso de lo que me haban dicho. La puerta principal, toda
de oro, por la cual entr, tena  los lados noventa y nueve puertas de
maderas preciosas, de loe y de sndalo. Las puertas de las salas eran
de bano con incrustaciones de oro y de diamantes. Y estas puertas
conducan  los salones y  los jardines, donde se acumulaban todas las
riquezas de la tierra y del mar.

No bien llegu  la primera habitacin, me vi rodeado de cuarenta
jvenes, de una belleza tan asombrosa, que perd la nocin de m mismo,
y mis ojos no saban  cul dirigirse con preferencia  las dems, y me
entr tal admiracin, que hube de detenerme, sintiendo que me daba
vueltas la cabeza.

Entonces todas se levantaron al verme, y con voz armoniosa me dijeron:
Que nuestra casa sea la tuya, oh convidado nuestro! Tu sitio est
sobre nuestras cabezas y nuestros ojos! Y me ofrecieron asiento en un
estrado magnfico, sentndose ellas ms abajo en las alfombras, y me
dijeron: Oh seor, somos tus esclavas, tu cosa, y t eres nuestro
dueo y la corona de nuestras cabezas!

Luego todas se pusieron  servirme: una trajo agua caliente y toallas, y
me lav los pies; otra me ech en las manos agua perfumada, que verta
de un jarro de oro; la tercera me visti un traje de seda con cinturn
bordado de oro y plata, y la cuarta me present una copa llena de
exquisita bebida aromatizada con flores. Y sta me miraba, aqulla me
sonrea, la de aqu me guiaba los ojos, la de ms all me recitaba
versos, otra abra los brazos, extendindolos perezosamente delante de
m, y aquella otra haca ondular su talle sobre sus muslos. Y la una
suspiraba: Ay!, y la otra: Huy!, y esta me deca: Ojos mos!,
la de ms all: Oh alma ma!, la otra: Entraa de mi vida!, y la
otra: Oh llama de mi corazn!

Despus se me acercaron todas, y comenzaron  acariciarme, y me dijeron:
Oh convidado nuestro, cuntanos tu historia, porque estamos sin ningn
hombre hace tiempo, y nuestra dicha ser ahora completa! Entonces hube
de tranquilizarme, y les cont una parte de mi historia, hasta que
empez  anochecer.

Inmediatamente encendieron numerosas bujas, y la sala qued iluminada
como por el ms esplndido sol. Luego pusieron los manteles, sirvieron
los manjares ms exquisitos y las bebidas ms embriagadoras, y unas
taan instrumentos melodiosos, cantando con encantadora voz, otras
bailaban, y yo segua comiendo.

Despus de estas diversiones, me dijeron: Oh querido de nuestros ojos,
lleg la hora de la cama y del placer positivo! Escoge entre nosotras la
que quieras, y no temas ofendernos, pues  cada una le tocar la vez una
noche. Somos cuarenta hermanas, y cada una volver despus  jugar
contigo todas las noches en el lecho.

Yo, seora ma, no saba cul elegir, pues todas eran igualmente
deseables. A ciegas alargu los brazos y cog  una; pero al abrir los
ojos, los volv  cerrar, deslumbrado por su hermosura! Entonces aquella
joven me asi de la mano y me llev  la cama. Y pas con ella toda la
noche. Le di cuarenta asaltos de verdadero asaltador y correspondi 
ellos, y cada vez me deca: Ay, ojos mos! Ay, alma ma! Y me
acariciaba, y la morda yo, y ella me pellizcaba, y as durante toda la
noche.

Las siguientes, oh seora ma! se deslizaron de la misma manera, cada
noche con una de las hermanas, y no se pas ninguna noche sin que no
hubiese numerosos asaltos por parte de los dos. Un ao completo dur
esta felicidad. Y cada maana se me acercaba la joven de la noche
prxima, y llevndome al hammam, me lavaba todo, me daba un enrgico
masaje y perfumaba mi cuerpo con cuantos perfumes otorg Alah  sus
servidores.

Lleg el final del ao. La maana del ltimo da vi  todas las jvenes
al pie de mi cama, sueltas las cabelleras, llorando amargamente,
posedas de un gran dolor, y me dijeron: Sabe, oh luz de nuestros
ojos! que hemos de abandonarte, como abandonamos  otros antes que  ti,
pues te consta que no eres el primero, y que anteriormente otros muchos
nos cabalgaron y nos hicieron lo que t. Pero t eres verdaderamente el
cabalgador ms rico en corvetas y en medida de largo y grueso. Eres, en
realidad, el ms libertino y agradable de todos. Por este motivo, no
podremos vivir sin ti. Y yo les dije: Y por qu habis de
abandonarme? Porque yo tampoco quiero perder la alegra de mi vida, que
est en vosotras. Ellas contestaron: Sabe que somos todas hijas de un
rey, pero de madre distinta. Desde nuestra pubertad vivimos en este
palacio, y cada ao pone Alah en nuestro camino un cabalgador que nos
satisface, como nosotras  l. Pero cada ao hemos de ausentarnos
cuarenta das para visitar  nuestro padre y  nuestras madres. Y hoy es
el da de la marcha. Entonces dije: Pero delicias mas, yo me quedar
en este palacio alabando  Alah hasta vuestro regreso. Y ellas
contestaron: Cmplase tu deseo. Aqu tienes todas las llaves del
palacio, que abren todas las puertas. l ha de servirte de morada,
puesto que eres su dueo; pero gurdate muy bien de abrir la puerta de
bronce que est en el fondo del jardn, porque no volveras  vernos y
te ocurrira una gran desgracia. Cuida, pues, de no abrir esa puerta!
Dicho esto, me abrazaron y besaron todas, una tras otra, llorando y
dicindome: Alah sea contigo! Y partieron, sin dejar de mirarme 
travs de sus lgrimas.

Entonces, oh seora ma! sal del saln en que me hallaba, y con las
llaves en la mano empec  recorrer aquel palacio, que an no haba
tenido tiempo de ver, pues mi cuerpo y mi alma haban estado encadenados
en el lecho entre los brazos de las jvenes. Y abr con la primera llave
la primera puerta.

Me vi entonces en un gran huerto rebosante de rboles frutales, tan
frondosos, que en mi vida los haba conocido iguales en el mundo.
Canalillos llenos de agua los regaban tan  conciencia, que las frutas
eran de un tamao y una hermosura indecibles. Com de ellas,
especialmente bananas, y tambin dtiles, que eran largos como los dedos
de un rabe noble, y granadas, manzanas y melocotones. Cuando acab de
comer di gracias por su magnanimidad  Alah, y abr la segunda puerta
con la segunda llave.

Cuando abr esta puerta, mis ojos y mi olfato quedaron subyugados por
una inmensidad de flores que llenaban un gran jardn regado por arroyos
numerosos. Haba all cuantas flores pueden criarse en los jardines de
los emires de la tierra: jazmines, narcisos, rosas, violetas, jacintos,
anmonas, claveles, tulipanes, rannculos y todas las flores de todas
las estaciones. Cuando hube aspirado la fragancia de todas las flores,
cog un jazmn, guardndolo dentro de mi nariz para gozar su aroma, y di
las gracias  Alah el Altsimo por sus bondades.

Abr en seguida la tercera puerta, y mis odos quedaron encantados con
las voces de numerosas aves de todos los colores y de todas las especies
de la tierra. Estaban en una pajarera construda con varillas de loe y
de sndalo. Los bebedores eran de jaspe fino y los comedores de oro. El
suelo apareca barrido y regado. Y las aves bendecan al Creador. Estuve
oyndolas cantar, y cuando anocheci me retir.

Al da siguiente me levant temprano, y abr la cuarta puerta con la
cuarta llave. Y entonces, oh seora ma! vi cosas que ni en sueos
podra ver un ser humano. En medio de un gran patio haba una cpula de
maravillosa construccin, con escaleras de prfido que ascendan hasta
cuarenta puertas de bano, labradas con oro y plata. Se encontraban
abiertas y permitan ver aposentos espaciosos, cada uno de los cuales
contena un tesoro diferente, y vala cada tesoro ms que todo mi reino.
La primera sala estaba atestada de enormes montones de perlas, grandes y
pequeas, abundando las grandes, que tenan el tamao de un huevo de
paloma y brillaban como la luna llena. La segunda sala superaba en
riqueza  la primera, y apareca repleta de diamantes, rubes rojos,
rubes azules[46] y carbunclos. En la tercera haba esmeraldas
solamente; en la cuarta montones de oro en bruto; en la quinta, monedas
de oro de todas las naciones; en la sexta, plata virgen; en la sptima,
monedas de plata de todas las naciones. Las dems salas estaban llenas
de cuantas pedreras hay en el seno de la tierra y del mar: topacios,
turquesas, jacintos, piedras del Yemen, cornalinas de los ms varios
colores, jarrones de jade, collares, brazaletes, cinturones y todas las
preseas, en fin, usadas en las cortes de reyes y de emires.

Y yo, oh seora ma! levant las manos y los ojos y di gracias  Alah
el Altsimo por sus beneficios. Y as segu cada da abriendo una  dos
 tres puertas, hasta el cuadragsimo, creciendo diariamente mi asombro,
y ya no me quedaba mas que la llave de la puerta de bronce. Y pens en
las cuarenta jvenes, y me sent sumido en la mayor felicidad pensando
en ellas, en la dulzura de sus ademanes, en la frescura de sus carnes,
en la dureza de sus muslos, en la estrechez de sus vulvas, en la
redondez y volumen de sus nalgas, y en sus gritos cuando me decan:
Ay, ojos mos! Ay, alma ma! Y exclam: Por Alah! Nuestra noche
va  ser una noche blanca y bendita!

Pero el Maligno hacame pensar en la llave de la puerta de bronce,
tentndome continuamente, y la tentacin pudo ms que yo, y abr la
puerta. Nada vieron mis ojos, mi olfato not un olor muy fuerte y hostil
 los sentidos, y me desmay, cayendo por la parte de fuera de la
entrada y cerrndose inmediatamente la puerta delante de m. Cuando me
repuse, persist en la resolucin inspirada por el Cheitn, y volv 
abrir, aguardando  que el olor fuese menos penetrante.

Entr por fin, y me encontr en una espaciosa sala, con el suelo
cubierto de azafrn y alumbrada por bujas perfumadas de mbar gris 
incienso y por magnficas lmparas de plata y oro llenas de aceite
aromtico, que al arder exhalaba aquel olor tan fuerte. Y entre lmparas
y candelabros vi un maravilloso caballo negro con una estrella blanca en
la frente, y la pata delantera derecha y la trasera izquierda tenan
asimismo manchas blancas en los extremos. La silla era de brocado y la
brida una cadena de oro; el pesebre estaba lleno de ssamo y cebada bien
cribada; el abrevadero contena agua fresca perfumada con rosas.

Entonces, oh seora ma! como mi pasin mayor eran los buenos caballos,
y yo el jinete ms ilustre de mi reino, me agrad mucho aquel corcel, y
cogindole de la brida le saqu al jardn y lo mont; pero no se movi.
Entonces le di en el cuello con la cadena de oro. Y de pronto, oh
seora ma! abri el caballo dos grandes alas negras, que yo no haba
visto, relinch de un modo espantoso, di tres veces con los cascos en
el suelo, y vol conmigo por los aires.

En seguida, oh seora ma! empez todo  dar vueltas  mi alrededor;
pero apret los muslos y me sostuve como buen jinete. Y he aqu que el
caballo descendi y se detuvo en la azotea del palacio donde haba yo
encontrado  los diez tuertos. Y entonces se encabrit terriblemente y
logr derribarme. Luego se acerc  m, y metindome la punta de una de
sus alas en el ojo izquierdo, me lo vaci, sin que pudiera yo impedirlo.
Y emprendi el vuelo otra vez, desapareciendo en los aires.

Me tap con la mano el ojo huero, y anduve en todos sentidos por la
azotea, lamentndome  impulsos del dolor. Y de pronto vi delante de m
 los diez mancebos, que decan: No quisiste atendernos! Ah tienes
el fruto de tu funesta terquedad! Y no puedes quedarte entre nosotros,
porque ya somos diez. Pero te indicaremos el camino para que marches 
Bagdad, capital del Emir de los Creyentes Harn Al-Rachid, cuya fama ha
llegado  nuestros odos, y tu destino quedar entre sus manos.

Part, despus de haberme afeitado y puesto este traje de saaluk, para
no tener que soportar otras desgracias, y viaj da y noche, no parando
hasta llegar  Bagdad, morada de paz, donde encontr  estos dos
tuertos, y saludndoles, les dije: Soy extranjero. Y ellos me
contestaron: Tambin lo somos nosotros. Y as llegamos los tres  esta
bendita casa, oh seora ma!

Y tal es la causa de mi ojo huero y de mis barbas afeitadas.

       *       *       *       *       *

Despus de oir tan extraordinaria historia, la mayor de las tres
doncellas dijo al tercer saaluk: Te perdono. Acarciate un poco la
cabeza y vete.

Pero el tercer saaluk contest: Por Alah! No he de irme sin oir las
historias de los otros.

Entonces la joven, volvindose hacia el califa, hacia el visir Giafar y
hacia el portaalfanje, les dijo: Contad vuestra historia.

Y Giafar se le acerc, y repiti el relato que ya haba contado  la
joven portera al entrar en la casa. Y despus de haber odo  Giafar, la
duea de la morada les dijo:

Os perdono  todos,  los unos y  los otros. Pero marchaos en
seguida.

Y todos salieron  la calle. Entonces el califa dijo  los saalik:
Compaeros, adnde vais? Y stos contestaron: No sabemos dnde ir.
Y el califa les dijo: Venid  pasar la noche con nosotros. Y orden 
Giafar: Llvalos  tu casa y maana me los traes, que ya veremos lo
que se hace. Y Giafar ejecut estas rdenes.

Entonces entr en su palacio el califa, pero no pudo dormir en toda la
noche. Por la maana se sent en el trono, mand entrar  los jefes de
su Imperio, y cuando hubo despachado los asuntos y se hubieron marchado,
volvise hacia Giafar y le dijo: Treme las tres jvenes, las dos
perras y los tres saalik. Y Giafar sali en seguida, y los puso  todos
entre las manos del califa. Las jvenes se presentaron ante l cubiertas
con sus velos. Y Giafar les dijo: No se os castigar, porque sin
conocernos nos habis perdonado y favorecido. Pero ahora estis en manos
del quinto descendiente de Abbas, el califa Harn Al-Rachid. De modo que
tenis que contarle la verdad.

       *       *       *       *       *

Cuando las jvenes oyeron las palabras de Giafar, que hablaba en nombre
del Prncipe de los Creyentes, di un paso la mayor y dijo: Oh Emir de
los Creyentes! Mi historia es tan prodigiosa, que si se escribiese con
una aguja en el ngulo interior de un ojo, sera una leccin para quien
la leyese con respeto.

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.

[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 16. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que la mayor de las jvenes se
puso entre las manos del Emir de los Creyentes, y cont su historia del
siguiente modo:

[imagen] Historia de Zobeida, la mayorde las jvenes
[imagen]

Oh Prncipe de los Creyentes! Sabe que me llamo Zobeida; mi hermana,
la que abri la puerta, se llama Amina, y la ms joven de todas, Fahima.
Las tres somos hijas del mismo padre, pero no de la misma madre. Estas
dos perras son otras dos hermanas mas, de padre y madre.

Al morir nuestro padre nos dej cinco mil dinares, que se repartieron
por igual entre nosotras. Entonces mis hermanas Amina y Fahima se
separaron de m para irse con su madre, y yo y las otras dos hermanas,
estas dos perras que aqu ves, nos quedamos juntas. Soy la ms joven de
las tres, pero mayor que Amina y Fahima, que estn entre tus manos.

Al poco tiempo de morir nuestro padre, mis dos hermanas mayores se
casaron y estuvieron algn tiempo conmigo en la misma casa. Pero sus
maridos no tardaron en prepararse  un viaje comercial; cogieron los mil
dinares de sus mujeres para comprar mercaderas, y se marcharon todos
juntos, dejndome completamente sola.

Estuvieron ausentes cuatro aos, durante los cuales se arruinaron mis
cuados, y despus de perder sus mercancas, desaparecieron, abandonando
en pas extranjero  sus mujeres.

Y mis hermanas pasaron toda clase de miserias y acabaron por llegar  mi
casa como unas mendigas. Al ver aquellas dos mendigas, no pude pensar
que fuesen mis hermanas, y me alej de ellas; pero entonces me hablaron,
y reconocindolas, les dije: Qu os ha ocurrido? Cmo os veo en tal
estado? Y respondieron: Oh hermana! Las palabras ya nada remediaran,
pues el clamo corri por lo que haba mandado Alah[47]. Oyndolas se
conmovi de lstima mi corazn, y las llev al hammam, poniendo  cada
una un traje nuevo, y les dije: Hermanas mas, sois mayores que yo, y
creo justo que ocupis el lugar de mis padres. Y como la herencia que me
toc, igual que  vosotras, ha sido bendecida por Alah y se ha
acrecentado considerablemente, comeris sus frutos conmigo, nuestra
vida ser respetable y honrosa, y ya no nos separaremos. Y las retuve
en mi casa y en mi corazn.

Y he aqu que las colm de beneficios, y estuvieron en mi casa durante
un ao entero, y mis bienes eran sus bienes. Pero un da me dijeron:
Realmente, preferimos el matrimonio, y no podemos pasarnos sin l, pues
se ha agotado nuestra paciencia al vernos tan solas. Yo les contest:
Oh hermanas! Nada bueno podris encontrar en el matrimonio, pues
escasean los hombres honrados. No probasteis el matrimonio ya?
Olvidis lo que os ha proporcionado?

Pero no me hicieron caso, y se empearon en casarse sin mi
consentimiento. Entonces les di el dinero para las bodas y les regal
los equipos necesarios. Despus se fueron con sus maridos  probar
fortuna.

Pero no hara mucho que se haban ido, cuando sus esposos se burlaron de
ellas, quitndolas cuanto yo les di y abandonndolas. De nuevo
regresaron ambas desnudas  mi casa, y me pidieron mil perdones,
dicindome: No nos regaes, hermana! Cierto que eres la de menos edad
de las tres, pero nos aventajas en razn. Te prometemos no volver 
pronunciar nunca la palabra casamiento. Entonces les dije: Oh
hermanas mas! Que la acogida en mi casa os sea hospitalaria. A nadie
quiero como  vosotras. Y les di muchos besos, y las trat con mayor
generosidad que la primera vez.

As transcurri otro ao entero, y al terminal ste, pens fletar una
nave cargada de mercancas y marcharme  comerciar  Basrah[48]. Y
efectivamente, dispuse un barco, y lo cargu de mercancas y gneros y
de cuanto pudiera necesitarse durante la travesa, y dije  mis
hermanas: Oh hermanas! Prefers quedaros en mi casa mientras dure el
viaje hasta mi regreso,  viajar conmigo? Y me contestaron: Viajaremos
contigo, pues no podramos soportar tu ausencia. Entonces las llev
conmigo y partimos todas juntas.

Pero antes de zarpar haba cuidado yo de dividir mi dinero en dos
partes; cog la mitad, y la otra la escond, dicindome: Es posible que
nos ocurra alguna desgracia en el barco, y si logramos salvar la vida,
al regresar, si es que regresamos, encontraremos aqu algo til.

Y viajamos da y noche; pero por desgracia, el capitn equivoc la ruta.
La corriente nos llev hasta un mar distinto por completo al que nos
dirigamos. Y nos impuls un viento muy fuerte, que dur diez das.
Entonces divisamos una ciudad en lontananza, y le preguntamos al
capitn: Cul es el nombre de esa ciudad adonde vamos? Y contest:
Por Alah que no lo s! Nunca la he visto, pues en mi vida haba
entrado en este mar. Pero, en fin, lo importante es que estamos por
fortuna fuera de peligro. Ahora slo os queda bajar  la ciudad y
exponer vuestras mercancas. Y si podis venderlas, os aconsejo que las
vendis.

Una hora despus volvi  acercrsenos, y nos dijo: Apresuraos 
desembarcar, para ver en esa poblacin las maravillas del Altsimo!

Entonces desembarcamos, pero apenas hubimos entrado en la ciudad, nos
quedamos asombradas. Todos los habitantes estaban convertidos en
estatuas de piedra negra. Y slo ellos haban sufrido esta
petrificacin, pues en los zocos y en las tiendas aparecan las
mercancas en su estado normal, lo mismo que las cosas de oro y plata.
Al ver aquello llegamos al lmite de la admiracin, y nos dijimos: En
verdad que la causa de todo esto debe de ser rarsima.

Y nos separamos, para recorrer cada cual  su gusto las calles de la
ciudad, y recoger por su cuenta cuanto oro, plata y telas preciosas
pudiese llevar consigo.

Yo sub  la ciudadela, y vi que all estaba el palacio del rey. Entr
en el palacio por una gran puerta de oro macizo, levant un gran
cortinaje de terciopelo, y advert que todos los muebles y objetos eran
de plata y oro. Y en el patio y en los aposentos, los guardias y
chambelanes estaban de pie  sentados, pero petrificados en vida. Y en
la ltima sala, llena de chambelanes, tenientes y visires, vi al rey
sentado en su trono, con un traje tan suntuoso y tan rico, que
desconcertaba, y apareca rodeado de cincuenta mamalik con trajes de
seda y en la mano los alfanjes desnudos. El trono estaba incrustado de
perlas y pedrera, y cada perla brillaba como una estrella. Os aseguro
que me falt poco para volverme loca.

Segu andando, no obstante, y llegu  la sala del harn, que hubo de
parecerme ms maravillosa todava, pues era toda de oro, hasta las
celosas de las ventanas. Las paredes estaban forradas de tapices de
seda. En las puertas y en las ventanas pendan cortinajes de raso y
terciopelo. Y vi por fin, en medio de las esclavas petrificadas,  la
misma reina, con un vestido sembrado de perlas deslumbrantes,
enriquecida su corona por toda clase de piedras finas, ostentando
collares y redecillas de oro admirablemente cincelados. Y se hallaba
tambin convertida en una estatua de piedra negra.

Segu andando, y encontr abierta una puerta, cuyas hojas eran de plata
virgen, y ms all una escalera de prfido de siete peldaos, y al subir
esta escalera y llegar arriba, me hall en un saln de mrmol blanco,
cubierto de alfombras tejidas de oro, y en el centro, entre grandes
candelabros de oro, una tarima tambin de oro salpicada de esmeraldas y
turquesas, y sobre la tarima un lecho incrustado de perlas y pedrera,
cubierto con telas preciosas. Y en el fondo de la sala advert una gran
luz, pero al acercarme me enter de que era un brillante enorme, como un
huevo de avestruz, cuyas facetas despedan tanta claridad, que bastaba
su luz para alumbrar todo el aposento.

Los candelabros ardan vergonzosamente ante el esplendor de aquella
maravilla, y yo pens: Cuando estos candelabros arden, alguien los ha
encendido.

Continu andando, y hube de penetrar asombrada en otros aposentos, sin
hallar  ningn ser viviente. Y tanto me absorba esto, que me olvid de
mi persona, de mi viaje, de mi nave y de mis hermanas. Y todava segua
maravillada, cuando la noche se ech encima. Entonces quise salir del
palacio; pero no di con la salida, y acab por llegar  la sala donde
estaba el magnfico lecho y el brillante y los candelabros encendidos.
Me sent en el lecho, cubrindome con la colcha de raso azul bordada de
plata y de perlas, y cog el Libro Noble, nuestro Corn, que estaba
escrito en magnficos caracteres de oro y bermelln,  iluminado con
delicadas tintas, y me puse  leer algunos versculos para santificarme,
y dar gracias  Alah, y reprenderme; y cuando hube meditado en las
palabras del Profeta (Alah le bendiga!) me tend para conciliar el
sueo, pero no pude lograrlo. Y el insomnio me tuvo despierta hasta
medianoche.

En aquel momento o una voz dulce y simptica que recitaba el Corn.
Entonces me levant y me dirig hacia el sitio de donde provena aquella
voz. Y acab por llegar  un aposento cuya puerta apareca abierta.
Entr con mucho cuidado, poniendo  la parte de afuera la antorcha que
me haba alumbrado en el camino, y vi que aquello era un oratorio.
Estaba iluminado por lmparas de cristal verde que colgaban del techo, y
en el centro haba un tapiz de oraciones extendido hacia Oriente, y all
estaba sentado un hermoso joven que lea el Corn en alta voz,
acompasadamente.

Me sorprendi mucho, y no acertaba  comprender cmo haba podido
librarse de la suerte de todos los otros. Entonces avanc un paso y le
dirig mi saludo de paz, y l, volvindose hacia m y mirndome
fijamente, correspondi  mi saludo. Luego le dije: Por la santa
verdad de los versculos del Corn que recitas, te conjuro  que
contestes  mi pregunta!

Entonces, tranquilo y sonriendo con dulzura, me contest: Cuando
expliques quin eres, responder  tus preguntas. Le refer mi
historia, que le interes mucho, y luego le interrogu por las
extraordinarias circunstancias que atravesaba la ciudad. Y l me dijo:
Espera un momento. Y cerr el Libro Noble, lo guard en una bolsa de
seda y me hizo sentar  su lado. Entonces le mir atentamente, y vi que
era hermoso como la luna llena; sus mejillas parecan de cristal; su
cara tena el color de los dtiles frescos, y estaba adornado de
perfecciones, cual si fuese aquel de quien habla el poeta en sus
estrofas:

     _El que lee en los astros contemplaba la noche! Y de pronto
     surgi ante su mirada la esbeltez del apuesto mancebo! Y pens:_

     _Es l mismo Zohal[49], que di  este astro la negra cabellera
     destrenzada, semejante  un cometa!_

     _En cuanto al carmes de sus mejillas, Mirrikh[50] fu el
     encargado de extenderlo! Los rayos penetrantes de sus ojos son las
     flechas mismas del Arquero de las siete estrellas!_

     _Y Hutared[51] le otorg su maravillosa sagacidad y Abylssuha su
     valor de oro!_

     _Y el astrlogo no supo qu pensar al verle, y se qued perplejo!
     Entonces, inclinndose hacia l, sonri l astro!_

Al mirarle, experimentaba una profunda turbacin de mis sentidos,
lamentando no haberle conocido antes, y en mi corazn se encendan como
ascuas. Y le dije: Oh dueo y soberano mo, atiende  mi pregunta! Y
l me contest: Escucho y obedezco. Y me cont lo siguiente:

Sabe, oh mi honorable seora! que esta ciudad era de mi padre. Y la
habitaban todos sus parientes y sbditos. Mi padre es el rey que habrs
visto en su trono, transformado en estatua de piedra. Y la reina, que
tambin habrs visto, es mi madre. Ambos profesaban la religin de los
magos adoradores del terrible Nardn. Juraban por el fuego y la luz, por
la sombra y el calor, y por los astros que giran.

Mi padre estuvo mucho tiempo sin hijos. Yo nac  fines de su vida,
cuando traspuso ya el umbral de la vejez. Y fu criado por l con mucho
esmero, y cuando fu creciendo se me eligi para la verdadera felicidad.

Haba en nuestro palacio una anciana musulmana que crea en Alah y en su
Enviado, pero ocultaba sus creencias y aparentaba estar conforme con las
de mis padres. Mi padre tena en ella gran confianza, y muy generoso con
ella, la colmaba de su generosidad, creyendo que comparta su fe y su
religin. Me confi  ella, y le dijo: Encrgate de su cuidado;
ensale las leyes de nuestra religin del Fuego y dale una educacin
excelente, atendindole en todo.

Y la vieja se encarg de m; pero me ense la religin del Islam, desde
los deberes de la purificacin y de las abluciones, hasta las santas
frmulas de la plegaria. Y me ense y explic el Corn en la lengua del
Profeta. Y cuando hubo terminado de instruirme, me dijo: Oh hijo mo!
Tienes que ocultar estas creencias  tu padre, profesndolas en secreto,
porque si no, te matara.

Call, en efecto; y no haca mucho que haba terminado mi instruccin,
cuando falleci la santa anciana, repitindome su recomendacin por
ltima vez. Y segu en secreto siendo un creyente de Alah y de su
Profeta. Pero los habitantes de esta ciudad, obcecados por su rebelin y
su ceguera, persistan en la incredulidad. Y un da la voz de un muecn
invisible retumb como el trueno, llegando  los odos ms distantes:
Oh vosotros los que habitis esta ciudad! Renunciad  la adoracin
del Fuego y de Nardn, y adorad al Rey nico y Poderoso!

Al oir aquello se sobrecogieron todos y acudieron al palacio del rey,
exclamando: Qu voz aterradora es esa que hemos odo? Su amenaza nos
asusta! Pero el rey les dijo: No os aterris y seguid firmemente
vuestras antiguas creencias.

Entonces sus corazones se inclinaron  las palabras de mi padre, y no
dejaron de profesar la adoracin del Fuego. Y siguieron en su error
hasta que lleg el aniversario del da en que haban odo la voz por
primera vez. Y la voz se hizo oir por segunda vez, y luego por tercera
vez, durante tres aos seguidos. Pero  pesar de ello, no cesaron en su
extravo. Y una maana, cuando apuntaba el da, la desdicha y la
maldicin cayeron del cielo y los convirti en estatuas de piedra negra,
corriendo la misma suerte sus caballos y sus mulos, sus camellos y sus
ganados. Y de todos sus habitantes fui el nico que se salv de esta
desgracia. Porque era el nico creyente.

Desde aquel da me consagro  la oracin, al ayuno y  la lectura del
Corn.

Pero he de confesarte, oh mi honorable dama llena de perfecciones! que
ya estoy cansado de esta soledad en que me encuentro, y quisiera tener
junto  m  alguien que me acompaase.

Entonces le dije:

Oh joven dotado de cualidades! Por qu no vienes conmigo  la ciudad
de Bagdad? All encontrars sabios y venerables jeques versados en las
leyes y en la religin. En su compaa aumentars tu ciencia y tus
conocimientos de derecho divino, y yo,  pesar de mi rango, ser tu
esclava y tu cosa. Poseo numerosa servidumbre, y ma es la nave que hay
ahora en el puerto abarrotada de mercancas. El Destino nos arroj 
estas costas para que conocisemos la poblacin y ocasionarnos la
presente aventura. La suerte, pues, quiso reunimos.

Y no dej de instarle  marchar conmigo, hasta que acept mi ruego...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 17. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que la joven Zobeida no dej de
instar al mancebo, y de inspirarle el deseo de seguirla, hasta que ste
consinti.

Y ambos no cesaron de conversar, hasta que el sueo cay sobre ellos. Y
la joven Zobeida se acost entonces y durmi  los pies del prncipe.
Y senta una alegra y una felicidad inmensas!

Despus Zobeida prosigui de este modo su relato ante el califa Harn
Al-Rachid, Giafar y los tres saalik:

       *       *       *       *       *

Cuando brill la maana nos levantamos, y fuimos  revisar los tesoros,
cogiendo los de menos peso, que podan llevarse ms fcilmente y tenan
ms valor. Salimos de la ciudadela y descendimos hacia la ciudad, donde
encontramos al capitn y  mis esclavos, que me buscaban desde el da
antes. Y se regocijaron mucho al verme, preguntndome el motivo de mi
ausencia. Entonces les cont lo que haba visto, la historia del joven y
la causa de la metamorfosis de los habitantes de la ciudad, con todos
sus detalles. Y mi relato les sorprendi mucho.

En cuanto  mis hermanas, apenas me vieron en compaa de aquel joven
tan hermoso, envidiaron mi suerte, y llenas de celos, maquinaron
secretamente la perfidia contra m.

Regresamos al barco, y yo era muy feliz, pues mi dicha la aumentaba el
cario del prncipe. Esperamos  que nos fuera propicio el viento,
desplegamos las velas y partimos. Y mis hermanas me dijeron un da: Oh
hermana! qu te propones con tu amor por ese joven tan hermoso? Y les
contest: Mi propsito es que nos casemos. Y acercndome  l, le
declar: Oh dueo mo! mi deseo es convertirme en cosa tuya. Te ruego
que no me rechaces. Y entonces me respondi: Escucho y obedezco. Al
oirlo, me volv hacia mis hermanas y les dije: No quiero ms bienes que
 este hombre. Desde ahora todas mis riquezas pasan  ser de vuestra
propiedad. Y me contestaron: Tu voluntad es nuestro gusto. Pero se
reservaban la traicin y el dao.

Continuamos navegando con viento favorable, y salimos del mar del
Terror, entrando en el de la Seguridad. An navegamos por l algunos
das, hasta llegar cerca de la ciudad de Basrah, cuyos edificios se
divisaban  lo lejos. Pero nos sorprendi la noche, hubimos de parar la
nave y no tardamos en dormirnos.

Durante nuestro sueo se levantaron mis hermanas, y cogindonos  m y
al joven, nos echaron al agua. Y el mancebo, como no saba nadar, se
ahog, pues estaba escrito por Alah que figurara en el nmero de los
mrtires. En cuanto  m, estaba escrito que me salvara, pues apenas
ca al agua, Alah me benefici con un madero, en el cual cabalgu, y con
el cual me arrastr el oleaje hasta la playa de una isla prxima. Puse 
secar mis vestiduras, pas all la noche, y no bien amaneci, ech 
andar en busca de un camino. Y encontr un camino en el cual haba
huellas de pasos de seres humanos, hijos de Adn. Este camino comenzaba
en la playa y se internaba en la isla. Entonces, despus de ponerme los
vestidos ya secos, lo segu hasta llegar  la orilla opuesta, desde la
que se vea en lontananza la ciudad de Basrah. Y de pronto advert una
culebra que corra hacia m, y en pos de ella otra serpiente gorda y
grande que quera matarla. Estaba la culebra tan rendida, que la lengua
le colgaba fuera de la boca. Compadecida de ella, tir una piedra enorme
 la cabeza de la serpiente, y la dej sin vida. Mas de improviso, la
culebra despleg dos alas, y volando, desapareci por los aires. Y yo
llegu al lmite del asombro.

Pero como estaba muy cansada, me tend en aquel mismo sitio y dorm
prximamente una hora. Y he aqu que al despertar vi sentada  mis
plantas  una negra joven y hermosa, que me estaba acariciando los pies.
Entonces, llena de vergenza, hube de apartarlos en seguida, pues
ignoraba lo que la negra pretenda de m. Y le pregunt: Quin eres y
qu quieres? Y me contest: Me he apresurado  venir  tu lado, porque
me has hecho un gran favor matando  mi enemigo. Soy la culebra  quien
libraste de la serpiente. Yo soy una efrita. Aquella serpiente era un
efrit enemigo mo, que deseaba violarme y matarme. Y t me has librado
de sus manos. Por eso, en cuanto estuve libre, vol con el viento y me
dirig hacia la nave de la cual te arrojaron tus hermanas. Las he
encantado en forma de perras negras, y te las he trado. Entonces vi
las dos perras atadas  un rbol detrs de m. Luego, la efrita
prosigui: En seguida llev  tu casa de Bagdad todas las riquezas que
haba en la nave, y despus que las hube dejado, ech la nave  pique.
En cuanto al joven que se ahog, nada puedo hacer contra la muerte.
Porque Alah es el nico Resucitador!

Dicho esto, me cogi en brazos, desat  mis hermanas, las cogi
tambin, y volando nos transport  las tres, sanas y salvas,  la
azotea de mi casa de Bagdad,  sea aqu mismo.

Y encontr perfectamente instaladas todas las riquezas y todas las cosas
que haba en la nave. Y nada se haba perdido ni estropeado.

Despus me dijo la efrita: Por la inscripcin santa del sello de
Soleimn, te conjuro  que todos los das pegues  cada perra
trescientos azotes! Y si un solo da se te olvida cumplir esta orden, te
convertir tambin en perra.

Y tuve que contestarle: Escucho y obedezco. Y desde entonces, oh
Prncipe de los Creyentes! las empec  azotar, para besarlas despus
llena de dolor por tener que castigarlas.

Y tal es mi historia. Pero he aqu, oh Prncipe de los Creyentes! que
mi hermana Amina te va  contar la suya, que es an ms sorprendente que
la ma.

Ante este relato, el califa Harn Al-Rachid lleg hasta el lmite ms
extremo del asombro. Pero quiso satisfacer del todo su curiosidad, y por
eso se volvi hacia Amina, que era quien le haba abierto la puerta la
noche anterior, y le dijo: Sepamos, oh lindsima joven! cul es la
causa de esos golpes con que lastimaron tu cuerpo.




Historia de Amina, la segunda joven

[imagen]


Al oir estas palabras del califa, la joven Amina avanz un paso, y llena
de timidez ante las miradas impacientes, dijo as:

Oh Emir de los Creyentes! No te repetir las palabras de Zobeida
acerca de nuestros padres. Sabe, pues, que cuando nuestro padre muri,
yo y Fahima, la hermana ms pequea de las cinco, nos fuimos  vivir
solas con nuestra madre, mientras mi hermana Zobeida y las otras dos
marcharon con la suya.

Poco despus mi madre me cas con un anciano, que era el ms rico de la
ciudad y de su tiempo. Al ao siguiente muri en la paz de Alah mi viejo
esposo, dejndome como parte legal de herencia, segn ordena nuestro
cdigo oficial, ochenta mil dinares de oro. Me apresur  comprarme con
ellos diez magnficos vestidos, cada uno de mil dinares. Y no hube de
carecer absolutamente de nada.

Un da entre los das, hallndome cmodamente sentada, vino  visitarme
una vieja. Nunca la haba visto. Esta vieja era horrible: su cara era
ms fea que el trasero de un viejo; tena la nariz aplastada, peladas
las cejas, los dientes rotos, el pescuezo torcido, y le goteaba la
nariz. Bien la describi el poeta:

     _Vieja de mal agero! Si la viese Eblis, le enseara todos los
     fraudes sin tener que hablar, pues bastara con el silencio
     nicamente! Podra desenredar  mil mulos que se hubieran enredado
     en una telaraa, y no rompera la tela!_

     _Sabe echar sortilegios y cometer todos los horrores: le ha hecho
     cosquillas en el ano  una nia; cohabit con un adolescente; ha
     fornicado con una mujer madura, y excit hasta lo increble  una
     anciana!_

La vieja me salud y me dijo: Oh seora llena de gracias y cualidades!
Tengo en mi casa  una joven hurfana que se casa esta noche. Y vengo 
rogarte (Alah otorgar la recompensa  tu bondad!) que te dignes
honrarnos asistiendo  la boda de esta pobre doncella tan afligida y tan
humilde, que no conoce  nadie en esta ciudad y slo cuenta con la
proteccin del Altsimo. Y despus la vieja se ech  llorar y comenz
 besarme los pies. Yo, que no conoca su perfidia, sent lstima de
ella, y le dije: Escucho y obedezco. Entonces dijo: Ahora me ausento,
con tu venia, y entretanto vstete, pues al anochecer volver 
buscarte. Y besndome la mano, se march.

Fu entonces al hammam y me perfum; despus eleg el ms hermoso de mis
diez trajes nuevos, me adorn con mi hermoso collar de perlas, mis
brazaletes, mis ajorcas y todas mis joyas, y me puse un gran velo azul
de seda y oro, el cinturn de brocado y el velillo para la cara, luego
de prolongarme los ojos con khol. Y he aqu que volvi la vieja y me
dijo: Oh seora ma! ya est la casa llena de damas, parientes del
esposo, que son las ms linajudas de la ciudad. Les avis de tu segura
llegada, se alegraron mucho, y te esperan con impaciencia. Llev
conmigo algunas de mis esclavas, y salimos todas, andando hasta llegar 
una calle ancha y bien regada, en la que soplaba fresca brisa. Y vimos
un gran prtico de mrmol con una cpula monumental de mrmol y
sostenida por arcadas. Y desde aquel prtico vimos el interior de un
palacio tan alto, que pareca tocar las nubes. Penetramos, y llegadas 
la puerta, la vieja llam y nos abrieron. Y  la entrada encontramos un
corredor revestido de tapices y colgaduras. Colgaban del artesonado
lmparas de colores encendidas, y en las paredes haba candelabros
encendidos tambin y objetos de oro y plata, joyas y armas de metales
preciosos. Atravesamos este corredor, y llegamos  una sala tan
maravillosa, que sera intil describirla.

En medio de la sala, que estaba tapizada con sedas, apareca un lecho de
mrmol incrustado de perlas y cubierto con un mosquitero de raso.

Entonces vimos salir del lecho una joven tan bella como la luna. Y me
dijo: Marhaba! Ahlan! Ua sahlan! Oh hermana ma, nos haces el mayor
honor humano! Anastina![52]. Eres nuestro dulce consuelo, nuestro
orgullo! Y para honrarme, recit estos versos del poeta:

     _Si las piedras de la casa hubiesen sabido la visita de husped
     tan encantador, se habran alegrado en extremo, inclinndose ante
     la huella de tus pasos para anunciarse la buena nueva!_

     _Y exclamaran en su lengua: Ahlan! Ua sahlan! Honor  las
     personas adornadas de grandeza y de generosidad!_

Luego se sent, y me dijo: Oh hermana ma! He de anunciarte que tengo
un hermano, que te vi cierto da en una boda. Y este joven es muy
gentil y mucho ms hermoso que yo. Y desde aquella noche te ama con
todos los impulsos de un corazn enamorado y ardiente. Y l es quien ha
dado dinero  la vieja para que fuese  tu casa y te trajese aqu con el
pretexto que ha inventado. Y ha hecho todo esto para encontrarte en mi
casa, pues mi hermano no tiene otro deseo que casarse contigo este ao
bendecido por Alah y por su Enviado. Y no debe avergonzarse de estas
cosas, porque son lcitas.

Cuando o tales palabras y me vi conocida y estimada en aquella mansin,
le dije  la joven: Escucho y obedezco. Entonces, mostrando una gran
alegra, di varias palmadas. Y  esta seal, se abri una puerta y
entr un joven como la luna, segn dijo el poeta:

     _Ha llegado  tal grado de hermosura, que se ha convertido en una
     obra verdaderamente digna del Creador! Una joya que es realmente
     la gloria del orfebre que hubo de cincelarla!_

     _Ha llegado  la misma perfeccin de la belleza! No te asombres
     si enloquece de amor  todos los humanos!_

     _Su hermosura resplandece  la vista, por estar inscrita en sus
     facciones! Juro que no hay nadie ms bello que l!_

Al verle, se predispuso mi corazn en favor suyo. Entonces el joven
avanz y fu  sentarse junto  su hermana, y en seguida entr el kad
con cuatro testigos, que saludaron y se sentaron. Despus el kad
escribi mi contrato de matrimonio con aquel joven, los testigos
estamparon sus sellos, y se fueron todos.

Entonces el joven se me acerc, y me dijo: Sea nuestra noche una noche
bendita! Y luego aadi: Oh seora ma! quisiera imponerte una
condicin. Yo le contest: Habla, dueo mo. Qu condicin es esa?
Entonces se incorpor, trajo el Libro Sagrado, y me dijo: Vas  jurar
por el Corn que nunca elegirs  otro mas que  m, ni sentirs
inclinacin hacia otro. Y yo jur observar la condicin aquella. Al
oirme mostrse muy contento, me ech al cuello los brazos, y sent que
su amor me penetraba en las entraas y hasta el fondo de mi corazn.

En seguida los esclavos pusieron la mesa, y comimos y bebimos hasta la
saciedad. Y llegada la noche, me cogi y se tendi conmigo en el lecho.
Y pasamos entrelazados la noche, uno en brazos de otro, hasta que fu de
da.

Vivimos durante un mes en la alegra y en la felicidad. Y al concluir
este mes, ped permiso  mi marido para ir al zoco y comprar algunas
telas. Me concedi este permiso. Entonces me vest y llev conmigo  la
vieja, que se haba quedado en la casa, y nos fuimos al zoco. Me par 
la puerta de un joven mercader de sedas que la vieja me recomend mucho
por la buena calidad de sus gneros y  quien conoca de muy antiguo. Y
aadi: Es un muchacho que hered mucho dinero y riquezas al morir su
padre. Despus, volvindose hacia el mercader, le dijo: Saca lo mejor
y ms caro que tengas en tejidos, que son para esta hermosa dama. Y
dijo l: Escucho y obedezco. Y la vieja, mientras el mercader
desplegaba las telas, segua elogindolo y hacindome observar sus
cualidades, y yo le dije: Nada me importan sus cualidades ni los
elogios que le diriges, pues no hemos venido mas que  comprar lo que
necesitamos, para volvernos luego  casa.

Y cuando hubimos escogido la tela, ofrecimos al mercader el dinero de su
importe. Pero l se neg  tomar el dinero, y nos dijo: Hoy no os
cobrar dinero alguno; eso es un regalo por el placer y por el honor que
recibo al veros en mi tienda. Entonces le dije  la vieja: Si no
quiere aceptar el dinero, devulvele la tela. Y exclam: Por Alah!
No quiero tomar nada de vosotras. Todo eso os lo regalo. En cambio, oh
hermosa joven! concdeme un beso, slo un beso. Porque yo doy ms valor
 ese beso que  todas las mercancas de mi tienda. Y la vieja le dijo,
rindose: Oh guapo mozo! Locura es considerar un beso como cosa tan
inestimable. Y  m me dijo: Oh hija ma! has odo lo que dice este
joven mercader? No tengas cuidado, que nada malo ha de pasar porque te
d un beso nicamente, y en cambio, podrs escoger y tomar lo que ms te
plazca de todas esas telas preciosas. Entonces contest: No sabes que
estoy ligada por un juramento? Y la vieja replic: Djale que te bese,
que con que t no hables ni te muevas, nada tendrs que echarte en cara.
Y adems, recogers el dinero, que es tuyo, y la tela tambin. Y tanto
sigui encarecindolo la vieja, que hube de consentir. Y para ello, me
tap los ojos y extend el velo,  fin de que no vieran nada los
transeuntes. Entonces el joven mercader ocult la cabeza debajo de mi
velo, acerc sus labios  mi mejilla y me bes. Pero  la vez me mordi
tan brbaramente, que me rasg la carne. Y me desmay de dolor y de
emocin.

Cuando volv en m, me encontr echada en las rodillas de la vieja, que
pareca muy afligida. En cuanto  la tienda, estaba cerrada y el joven
mercader haba desaparecido. Entonces la vieja me dijo: Alah sea
loado, por librarnos de mayor desdicha! Y luego aadi: Ahora tenemos
que volver  casa. T fingirs estar indispuesta, y yo te traer un
remedio que te curar la mordedura inmediatamente. Entonces me levant,
y sin poder dominar mis pensamientos y mi terror por las consecuencias,
ech  andar hacia mi casa, y mi espanto iba creciendo segn nos
acercbamos. Al llegar, entr en mi aposento y me fing enferma.

A poco entr mi marido y me pregunt muy preocupado: Oh duea ma!
qu desgracia te ocurri cuando saliste? Yo le contest: Nada. Estoy
bien. Entonces me mir con atencin, y dijo: Pero qu herida es esa
que tienes en la mejilla, precisamente en el sitio ms fino y suave? Y
yo le dije entonces: Cuando sal hoy con tu permiso  comprar esas
telas, un camello cargado de lea ha tropezado conmigo en una calle
llena de gente, me ha roto el velo y me ha desgarrado la mejilla, segn
ves. Oh, qu calles tan estrechas las de Bagdad! Entonces se llen de
ira, y dijo: Maana mismo ir  ver al gobernador para reclamar contra
los camelleros y leadores, y el gobernador los mandar ahorcar 
todos! Al oirle, repliqu compasiva: Por Alah sobre ti! No te
cargues con pecados ajenos! Adems, yo he tenido la culpa, por haber
montado en un borrico que empez  galopar y cocear. Ca al suelo, y por
desgracia haba all un pedazo de madera que me ha desollado la cara,
hacindome esta herida en la mejilla. Entonces exclam l: Maana ir
 ver  Giafar Al-Barmaki, y le contar esta historia, para que maten 
todos los arrieros de la ciudad. Y yo repuse: Pero vas  matar 
todo el mundo por causa ma? Sabe que esto ha ocurrido sencillamente por
voluntad de Alah, y por el Destino,  quien gobierna. Al oirme, mi
esposo no pudo contener su furia y grit: Oh prfida! Basta de
mentiras! Vas  sufrir el castigo de tu crimen! Y me trat con las
palabras ms duras, y  una llamada suya se abri la puerta y entraron
siete negros terribles, que me sacaron de la cama y me tendieron en el
centro del patio. Entonces mi esposo mand  uno de estos negros que me
sujetara por los hombros y se sentara sobre m y  otro negro que se
apoyase en mis rodillas para sujetarme las piernas. Y en seguida avanz
un tercer negro con una espada en la mano, y dijo: Oh mi seor! le
asestar un golpe que la partir en dos mitades. Y otro negro aadi:
Y cada uno de nosotros cortar un buen pedazo de carne y se lo echar 
los peces del ro de la Dejla[53], pues as debe castigarse  quien hace
traicin al juramento y al cario. Y en apoyo de lo que deca, recit
estos versos:

     _Si supiese que otro participa del cario de la que amo, mi alma
     se rebelara hasta arrancar de ella tal amor de perdicin! Y le
     dira  mi alma: Mejor ser que sucumbamos nobles! Porque no
     alcanzar la dicha el que ponga su amor en un pecho enemigo!_

Entonces mi esposo dijo al negro que empuaba la espada: Oh valiente
Saad! Hiere  esa prfida! Y Saad levant el acero. Y mi esposo me
dijo: Ahora di en alta voz tu acto de fe y recuerda las cosas y trajes
y efectos que te pertenecen para que hagas testamento, porque ha llegado
el fin de tu vida. Entonces le dije: Oh servidor de Alah el ptimo!
dame nada ms el tiempo necesario para hacer mi acto de fe y mi
testamento. Despus levant al cielo la mirada, la volv  bajar y
reflexion acerca del estado msero  ignominioso en que me vea,
arrasndoseme en lgrimas los ojos, y recit llorando estas estrofas:

     _Encendiste en mis entraas la pasin, para enfriarte despus!
     Hiciste que mis ojos velaran largas noches, para dormirte luego!_

     _Pero yo te reserv un sitio entre mi corazn y mis ojos! Cmo te
     ha de olvidar mi corazn, ni han de cesar de llorarte mis ojos?_

     _Me habas jurado una constancia sin lmite, y apenas tuviste mi
     corazn, me dejaste!_

     _Y ahora no quieres tener piedad de ese corazn ni compadecerte de
     mi tristeza! Es que no naciste mas que para ser causa de mi
     desdicha y de la de toda mi juventud?_

     _Oh amigos mos! os conjuro por Alah para que cuando yo muera
     escribis en la losa de mi tumba: Aqu yace un gran culpable!
     Uno que am!_

     _Y el afligido caminante que conozca los sufrimientos del amor
     dirigir  mi tumba una mirada compasiva!_

Terminados los versos, segua llorando, y al oirme y ver mis lgrimas,
mi esposo se excit y enfureci ms todava, y dijo estas estancias:

     _Si as dej  la que mi corazn amaba, no ha sido por hasto ni
     cansancio! Ha cometido una falta que merece el abandono!_

     _Ha querido asociar  otro  nuestra ventura, cuando ni mi
     corazn, ni mi razn, ni mis sentidos pueden tolerar sociedad
     semejante!_

Y cuando acab sus versos yo lloraba an, con la intencin de
conmoverle, y dije para m: Me tornar sumisa y humilde. Y acaso me
indulte de la muerte, aunque se apodere de todas mis riquezas. Y le
dirig mis splicas, y recit con gentileza estas estrofas:

     _En verdad te juro que, si quisieses ser justo, no mandaras que
     me matasen! Pero es sabido que el que ha juzgado inevitable la
     separacin nunca supo ser justo!_

     _Me cargaste con todo el peso de las consecuencias del amor,
     cuando mis hombros apenas podan soportar el peso de la tnica ms
     fina  algn otro todava ms ligero!_

     _Y sin embargo, no es mi muerte lo que me asombra, sino que mi
     cuerpo, despus de la ruptura, siga desendote!_

Terminados los versos, mis sollozos continuaban. Y entonces me mir, me
rechaz con ademn violento, me llen de injurias, y me recit estos
otros:

     _Atendiste  un cario que no era el mo, y me has hecho sentir
     todo tu abandono!_

     _Pero yo te abandonar, como t me has abandonado, desdeando mi
     deseo! Y tendr contigo la misma consideracin que conmigo
     tuviste!_

     _Y me apasionar por otra, ya que  otro le inclinaste! Y de la
     ruptura eterna entre nosotros no tendr yo la culpa, sino t
     solamente!_

     Y al concluir estos versos, dijo al negro: Crtala en dos
     mitades! Ya no es nada mo!

Cuando el negro di un paso hacia m, desesper de salvarme, y viendo ya
segura mi muerte, me confi  Alah Todopoderoso. Y en aquel momento vi
entrar  la vieja, que se arroj  los pies del joven, se puso 
besarlos, y le dijo: Oh hijo mo! como nodriza tuya, te conjuro, por
los cuidados que tuve contigo,  que perdones  esta criatura, pues no
cometi falta que merezca tal castigo. Adems, eres joven todava, y
temo que sus maldiciones caigan sobre ti. Y luego rompi  llorar, y
continu en sus splicas para convencerle, hasta que l dijo: Basta!
Gracias  ti no la mato; pero la he de sealar de tal modo, que conserve
las huellas todo el resto de su vida.

Entonces orden algo  los negros,  inmediatamente me quitaron la ropa,
dejndome toda desnuda. Y l con una rama de membrillero me fustig
toda, con preferencia el pecho, la espalda y las caderas, tan recia y
furiosamente, que hube de desmayarme, perdida ya toda esperanza de
sobrevivir  tales golpes. Entonces ces de pegarme, y se fu, dejndome
tendida en el suelo, mandando  los esclavos que me abandonasen en aquel
estado hasta la noche, para transportarme despus  mi antigua casa, 
favor de la oscuridad. Y los esclavos lo hicieron as, llevndome  mi
antigua casa, como les haba ordenado su amo.

Al volver en m, estuve mucho tiempo sin poder moverme,  causa de la
paliza; luego me aplicaron varios medicamentos, y poco  poco acab por
curar; pero las cicatrices de los golpes no se borraron de mis miembros
ni de mis carnes, como azotadas por correas y ltigos. Todos habis
visto sus huellas!

Cuando hube curado, despus de cuatro meses de tratamiento, quise ver el
palacio en que fu vctima de tanta violencia; pero se hallaba
completamente derrudo, lo mismo que la calle donde estuvo, desde el uno
hasta el otro extremo. Y en el lugar de todas aquellas maravillas no
haba mas que montones de basura acumulados por las barreduras de la
ciudad. Y  pesar de todas mis tentativas, no consegu noticias de mi
esposo.

Entonces regres al lado de Fahima, que segua soltera, y ambas fuimos 
visitar  Zobeida, nuestra hermanastra, que te ha contado su historia y
la de sus hermanas convertidas en perras. Y ella me cont su historia y
yo le cont la ma, despus de los acostumbrados saludos. Y mi hermana
Zobeida me dijo: Oh hermana ma! nadie est libre de las desgracias de
la suerte. Pero gracias  Alah, ambas vivimos an! Permanezcamos
juntas desde ahora! Y sobre todo, que no se pronuncie siquiera la
palabra matrimonio!

Y nuestra hermana Fahima vive con nosotras. Tiene el cargo de
proveedora, y baja al zoco todos los das para comprar cuanto
necesitamos; yo tengo la misin de abrir la puerta  los que llaman y de
recibir  nuestros convidados, y Zobeida, nuestra hermana mayor, corre
con el peso de la casa.

Y as hemos vivido muy  gusto, sin hombres, hasta que Fahima nos trajo
al mandadero cargado con una gran cantidad de cosas, y le invitamos 
descansar en casa un momento. Y entonces entraron los tres saalik, que
nos contaron sus historias, y en seguida vosotros, vestidos de
mercaderes. Ya sabes, pues, lo que ocurri y cmo nos han trado  tu
poder, oh Prncipe de los Creyentes!

Esta es mi historia!

       *       *       *       *       *

Entonces el califa qued profundamente maravillado, y...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 18. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el califa Harn Al-Rachid
qued maravilladsimo al oir las historias de las dos jvenes Zobeida y
Amina, que estaban ante l con su hermana Fahima, las dos perras negras
y los tres saalik, y dispuso que ambas historias, as como las de los
tres saalik, fuesen escritas por los escribas de palacio con buena y
esmerada letra, para conservar los manuscritos en sus archivos.

En seguida dijo  la joven Zobeida: Y despus, oh mi noble seora! no
has vuelto  saber nada de la efrita que encant  tus hermanas bajo la
forma de estas dos perras? Y Zobeida repuso: Podra saberlo, oh Emir
de los Creyentes! pues me entreg un mechn de sus cabellos, y me dijo:
Cuando me necesites, quema un cabello de estos y me presentar, por muy
lejos que me halle, aunque estuviese detrs del Cucaso. Entonces el
califa le dijo: Dame uno de esos cabellos! Y Zobeida le entreg el
mechn, y el califa cogi un cabello y lo quem. Y apenas hubo de
notarse el olor  pelo chamuscado, se estremeci todo el palacio con una
violenta sacudida, y la efrita surgi de pronto en forma de mujer
ricamente vestida. Y como era musulmana, no dej de decir al califa: La
paz sea contigo, oh Vicario de Alah! Y el califa le contest: Y
desciendan sobre ti la paz, la misericordia de Alah y sus bendiciones!
Entonces ella le dijo: Sabe, oh Prncipe de los Creyentes! que esta
joven, que me ha llamado por deseo tuyo, me hizo un gran favor, y la
semilla que en m sembr siempre germinar, porque jams he de
agradecerle bastante los beneficios que la debo. A sus hermanas las
convert en perras, y no las mat para no ocasionarla  ella mayor
sentimiento. Ahora, si t, oh Prncipe de los Creyentes! deseas que las
desencante, lo har por consideracin  ambos, pues no has de olvidar
que soy musulmana. Entonces el califa dijo: En verdad que deseo las
libertes, y luego estudiaremos el caso de la joven azotada, y si
compruebo la certeza de su narracin, tomar su defensa y la vengar de
quien la ha castigado con tanta injusticia. Entonces la efrita dijo:
Oh Emir de los Creyentes! dentro de un instante te indicar quin
trat as  la joven Amina, quedndose con sus riquezas. Pero sabe que
es el ms cercano  ti entre los humanos.

Y la efrita cogi una vasija de agua,  hizo sobre ella sus conjuros,
rociando despus  las dos perras y dicindoles: Recobrad
inmediatamente vuestra primitiva forma humana! Y al momento se
transformaron las dos perras en dos jvenes tan hermosas que honraban 
quien las cre.

Luego, la efrita, volvindose hacia el califa, le dijo: El autor de los
malos tratos contra la joven Amina es tu propio hijo El-Amn. Y le
refiri la historia, en cuya veracidad crey el califa por venir de
labios de una segunda persona, no humana, sino efrita. Y el califa se
qued muy asombrado, pero dijo: Loor  Alah porque intervine en el
desencanto de las dos perras! Despus mand llamar  su hijo El-Amn,
le pidi explicaciones, y El-Amn respondi con la verdad. Y entonces el
califa orden que se reuniesen los kades y testigos en la misma sala en
donde estaban los tres saalik, hijos de reyes, y las tres jvenes, con
sus dos hermanas desencantadas recientemente.

Y con auxilio de kades y testigos, cas de nuevo  su hijo El-Amn con
la joven Amina;  Zobeida con el primer saaluk, hijo de rey;  las otras
dos jvenes con los otros dos saalik, hijos de reyes; y por ltimo mand
extender su propio contrato de casamiento con la ms joven de las cinco
hermanas, la virgen Fahima, la proveedora agradable y dulce!

Y mand edificar un palacio para cada pareja, enriquecindoles para que
pudiesen vivir felices. Y en cuanto anocheci fu  tenderse entre los
brazos de la joven Fahima, con la cual hubo de pasar una noche de las
ms gratas.

     Pero--dijo Schahrazada dirigindose al rey Schahriar--no creas,
     oh rey afortunado! que esta historia sea ms prodigiosa que la que
     ahora sigue.

[imagen]

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Historia de la mujer despedazada, de las tres manzanas y del negro Rihn


[imagen] Schahrazada dijo:

Una noche entre las noches, el califa Harn Al-Rachid dijo  Giafar
Al-Barmaki: Quiero que recorramos la ciudad, para enterarnos de lo que
hacen los gobernadores y kades. Estoy resuelto  destituir  aquellos
de quienes me den quejas. Y Giafar respondi: Escucho y obedezco.

Y el califa, y Giafar, y Massrur el portaalfanje salieron disfrazados
por las calles de Bagdad; y he aqu que en una calleja vieron  un
anciano decrpito que  la cabeza llevaba una banasta y una red de
pescar, y en la mano un palo; y andaba pausadamente, canturriando estas
estrofas:

     _Me dijeron: Por tu ciencia, oh sabio! eres entre los humanos
     como la luna en la noche!_

     _Yo les contest: Os ruego que no hablis de ese modo! No hay
     ms ciencia que la del Destino!_

     _ Porque yo, con toda mi ciencia, mis manuscritos, mis libros y mi
     tintero, no puedo desviar la fuerza del Destino ni un solo da! Y
     los que apostasen por m perderan su apuesta!_

     _Nada, en efecto, hay ms desolador que el pobre, el estado del
     pobre y el pan y la vida del pobre!_

     _En verano, se le agotan las fuerzas! En invierno, no dispone de
     abrigo!_

     _Si se para, le acosarn los perros para que se aleje! Cun
     msero es! Ved cmo para l son todas las ofensas y todas las
     burlas! Quin es ms desdichado?_

     _Y si no clama ante los hombres, si no pregona su miseria, quin
     le compadecer?_

     _Oh! Si tal es la vida del pobre, no ha de preferir la tumba?_

Al oir estos versos tan tristes, el califa dijo  Giafar: Los versos y
el aspecto de ese pobre hombre indican una gran miseria. Despus se
aproxim al viejo y le dijo: Oh jeque! cul es tu oficio? Y l
respondi: Oh seor mo! Soy pescador. Y muy pobre! Y con familia! Y
desde el medioda estoy fuera de casa trabajando, y Alah no me concedi
an el pan que ha de alimentar  mis hijos! Estoy, pues, cansado de mi
persona y de la vida, y no anhelo ms que morir. Entonces el califa le
dijo: Quieres venir con nosotros hasta el ro, y echar la red en mi
nombre, para ver qu tal suerte tengo? Lo que saques del agua te lo
comprar y te dar por ello cien dinares. Y el viejo se regocij al
oirle, y contest: Acepto cuanto acabas de ofrecerme y lo pongo sobre
mi cabeza!

Y el pescador volvi con ellos hacia el Tigris, y arrojando la red,
qued en acecho; despus tir de la cuerda de la red, y la red sali. Y
el viejo pescador encontr en la red un cajn que estaba cerrado y que
pesaba mucho. Intent levantarlo el califa y lo encontr tambin muy
pesado. Pero se apresur  entregar los cien dinares al pescador, que se
alej muy contento.

Entonces Giafar y Massrur cargaron con el cajn y lo llevaron al
palacio. Y el califa dispuso que se encendiesen las antorchas, y Giafar
y Massrur se abalanzaron sobre el cajn y lo rompieron. Y dentro de l
hallaron una enorme banasta de hojas de palmera cosidas con lana roja.
Cortaron el cosido, y en la banasta haba un tapiz; apartaron el tapiz y
encontraron debajo un gran velo blanco de mujer; levantaron el velo y
apareci, blanca como la plata virgen, una joven muerta y despedazada.

Ante aquel espectculo, las lgrimas corrieron por las mejillas del
califa, y despus, muy enfurecido, encarndose con Giafar, exclam: Oh
perro visir! Ya ves cmo, durante mi reinado, se asesina  las gentes y
se arroja  las vctimas al agua! Y su sangre caer sobre m el da del
Juicio y pesar eternamente sobre mi conciencia! Pero por Alah! que he
de usar de represalias con el asesino, y no descansar hasta que lo
mate. En cuanto  ti, juro por la verdad de mi descendencia directa de
los califas Bani-Abbas, que si no me presentas al matador de esta mujer,
 la que quiero vengar, mandar que te crucifiquen  la puerta de mi
palacio en compaa de cuarenta de tus primos los Baramka![54]. Y el
califa estaba lleno de clera, y Giafar dijo: Concdeme para ello no
ms que un plazo de tres das. Y el califa respondi: Te lo otorgo.

Entonces Giafar sali del palacio, muy afligido, y anduvo por la ciudad,
pensando: Cmo voy  saber quin ha matado  esa joven, ni dnde he de
buscarlo para presentrselo al califa? Si le llevase  otro para que
pereciese en vez del asesino, esta mala accin pesara sobre mi
conciencia. Por lo tanto, no s qu hacer. Y Giafar lleg  su casa, y
all estuvo desesperado los tres das del plazo. Y al cuarto da el
califa le mand llamar. Y cuando se present entre sus manos, el califa
le dijo: Dnde est el asesino de la joven? Giafar respondi: No
poseo la ciencia de adivinar lo invisible y lo oculto, para que pueda
conocer en medio de una gran ciudad al asesino. Entonces el califa se
enfureci mucho, y orden que crucificasen  Giafar  la puerta de
palacio, encargando  los pregoneros que lo anunciasen por la ciudad y
sus alrededores de esta manera:

Quien desee asistir  la crucifixin de Giafar Al-Barmaki, visir del
califato, y  la crucifixin de cuarenta Baramka, parientes suyos,
vengan  la puerta del palacio para presenciarlo.

Y todos los habitantes de Bagdad afluan por las calles para presenciar
la crucifixin de Giafar y sus primos, sin que nadie supiese la causa; y
todo el mundo se condola y se lamentaba de aquel castigo, pues el visir
y los Baramka eran muy apreciados por su generosidad y sus buenas obras.

Cuando se hubo levantado el patbulo, llevaron al pie de l  los
sentenciados y se aguard la venia del califa para la ejecucin. De
pronto, mientras lloraba la gente, un apuesto y bien portado joven
hendi con rapidez la muchedumbre, y llegando entre las manos de Giafar,
le dijo: Que te liberten, oh dueo y seor de los seores ms altos,
asilo de los menesterosos! Yo fu quien asesin  la joven despedazada y
la met en la caja que pescasteis en el Tigris. Mtame, pues, en
cambio, y usa las represalias conmigo!

Cuando escuch Giafar las palabras del joven, se alegr por s propio,
pero compadecise del mancebo. Y hubo de pedirle explicaciones ms
detalladas; pero de sbito un anciano venerable separ  la gente, se
acerc muy de prisa  Giafar y al joven, les salud, y les dijo: Oh
visir! no hagas caso de las palabras de este mozo, pues yo soy el nico
asesino de la joven, y en m solo tienes que vengarla. Pero el joven
repuso: Oh visir! este viejo jeque no sabe lo que se dice. Te repito
que yo soy quien la mat, debiendo ser, por tanto, el nico  quien se
castigue. Entonces el jeque exclam: Oh hijo mo! todava eres joven
y debes vivir; pero yo, que soy viejo y estoy cansado del mundo, te
servir de rescate  ti, al visir y  sus primos. Repito que el asesino
soy yo. Y conmigo se debe usar de represalias.

Entonces, Giafar, con el consentimiento del capitn de guardias, se
llev al joven y al anciano, y subi con ellos al aposento del califa. Y
le dijo: Oh Emir de los Creyentes! aqu tienes al asesino de la
joven. Y el califa pregunt: En dnde est? Giafar dijo: Este joven
afirma que es el matador, pero este anciano lo desmiente y asegura que
el asesino es l. Entonces el califa contempl al jeque y al mozo, y
les dijo: Cul de vosotros dos ha matado  la joven? Y el mancebo
respondi: Fu yo! Y el jeque dijo: No; fu yo solo! El califa,
sin preguntar ms, dijo  Giafar entonces: Llvate  los dos y
crucifcalos. Pero Giafar hubo de replicarle: Si slo uno es el
criminal, castigar al otro constituye una gran injusticia. Y entonces
el joven exclam: Juro por Aquel que levant los cielos hasta la
altura que estn y extendi la tierra en la profundidad que ocupa, que
soy el nico que asesin  la joven! Oid las pruebas. Y describi el
hallazgo, conocido slo por el califa, Giafar y Massrur. Y con esto el
califa se convenci de la culpabilidad del joven, y llegando al lmite
del asombro, le dijo: Y por qu has cometido esa muerte? Por qu la
confiesas antes de que te obliguen  hacerlo  palos? Por qu pides de
este modo el castigo? Entonces dijo el mancebo:

       *       *       *       *       *

Sabe, oh Prncipe de los Creyentes! que esa joven era mi esposa, hija
de este jeque, que es mi suegro. Me cas siendo ella todava virgen, y
Alah me ha concedido tres hijos varones. Y mi mujer me am y me sirvi
siempre, sin que tuviese yo que motejarla nada reprensible.

Pero  principios de este mes cay gravemente enferma, y llam en
seguida  los mdicos ms sabios, que no tardaron en curarla, con ayuda
de Alah. Y como desde el comienzo de su enfermedad no me haba acostado
con ella, y lo deseaba en aquel instante, quise que primero se diera un
bao. Pero ella dijo: Antes de entrar en el hammam, deseara satisfacer
un antojo. Y le pregunt: Qu antojo es ese? Y me contest: Tengo
ganas de una manzana para olerla y darle un bocado. Inmediatamente me
fu  la calle  comprar la manzana, aunque me costara un dinar de oro.
Y recorr todas las fruteras, pero en ninguna haba manzanas. Y regres
 casa muy triste, sin atreverme  ver  mi mujer, y pas toda la noche
pensando en la manera de lograr una manzana. Al amanecer sal de nuevo
de mi casa y recorr todos los huertos, uno por uno, y rbol por rbol,
sin hallar nada. Y he aqu que en el camino me encontr con un
jardinero, hombre de edad, al que le consult sobre lo de las manzanas.
Y me dijo: Oh hijo mo! Es una cosa difcil de encontrar, porque ahora
no las hay en ninguna parte como no sea en Basrah, en el huerto del
Comendador de los Creyentes. Y aun all no te ser fcil conseguirlas,
pues el jardinero las reserva cuidadosamente para uso del califa.

Entonces volv junto  mi esposa, contndoselo todo; pero el amor que le
profesaba me movi  preparar el viaje. Y sal, y emple quince das
completos, noche y da, para ir  Basrah y regresar favorecido por la
suerte, pues volv al lado de mi esposa con tres manzanas compradas al
jardinero del huerto de Basrah por tres dinares.

Entr, pues, muy contento, y se las ofrec  mi esposa; pero al verlas
ni di muestras de alegra ni las prob, dejndolas, indiferente,  un
lado. Observ entonces que durante mi ausencia la calentura se haba
vuelto  cebar en mi mujer muy violentamente y segua atormentndola; y
estuvo enferma diez das ms, durante los cuales no me separ de ella un
momento. Pero gracias  Alah, recobr la salud, y entonces pude salir y
marchar  mi tienda para comprar y vender.

Pero he aqu que una tarde estaba yo sentado  la puerta de mi tienda,
cuando pas por all un negro, que llevaba en la mano una manzana. Y le
dije: Eh, buen amigo! de dnde has sacado esa manzana, para que yo
pueda comprar otras iguales? Y el negro se ech  reir y me contest:
Me la ha regalado mi amante. He ido  su casa, despus de algn tiempo
que no la haba visto, y la he encontrado enferma, y tena al lado tres
manzanas, y al interrogarla, me ha dicho: Figrate, oh querido mo!
que el pobre cornudo de mi esposo ha ido  Basrah expresamente 
comprrmelas, y le han costado tres dinares de oro. Y en seguida me di
sta que llevo en la mano.

Al oir tales palabras del negro, oh Prncipe de los Creyentes! mis ojos
vieron que el mundo se oscureca; cerr la tienda  toda prisa y entr
en mi casa, despus de haber perdido en el camino toda la razn, por la
fuerza explosiva de mi furia. Dirig una mirada al lecho, y,
efectivamente, la tercera manzana no estaba ya all. Y pregunt  mi
esposa: En dnde est la otra manzana? Y me contest: No s qu ha
sido de ella. Esto era una comprobacin de las palabras del negro.
Entonces me abalanc sobre ella cuchillo en mano, y apoyando en su
vientre mis rodillas, la cos  cuchilladas. Despus le cort la cabeza
y los miembros, lo met todo apresuradamente en la banasta, cubrindolo
con el velo y el tapiz, y guardndolo en el cajn, que clav yo mismo. Y
cargu el cajn en mi mula, y en seguida lo arroj en el Tigris con mis
propias manos.

Por eso, oh Emir de los Creyentes! te suplico que apresares mi muerte,
en castigo  mi crimen, pues me aterra tener que dar cuenta de l el da
de la Resurreccin!

La arroj al Tigris, como he dicho, y como nadie me vi, pude volver 
casa. Y encontr  mi hijo mayor llorando, y aunque estaba seguro de que
ignoraba la muerte de su madre, le pregunt: Por qu lloras? Y l me
contest: Porque he cogido una de las manzanas que tena mi madre, y al
bajar  jugar con mis hermanos, en la calle, ha pasado un negro muy
grande y me la quit, diciendo: De dnde has sacado esta manzana? Y
le contest: Es de mi padre, que se fu y se la trajo  mi madre con
otras dos, compradas por tres dinares en Basrah. Porque mi madre est
enferma. Y  pesar de ello, el negro no me la devolvi, sino que me di
un golpe y se fu con ella. Y ahora tengo miedo de que la madre me
pegue por lo de la manzana!

Al oir estas palabras del nio, comprend que el negro haba mentido
respecto  la hija de mi to, y por tanto, que yo haba matado  mi
esposa injustamente!

Entonces empec  derramar abundantes lgrimas, y entr mi suegro, el
venerable jeque que est aqu conmigo. Y le cont la triste historia.
Entonces se sent  mi lado, y se puso  llorar. Y no cesamos de llorar
juntos hasta medianoche. E hicimos que duraran cinco das las ceremonias
fnebres. Y aun hoy seguimos lamentando esa muerte.

As, pues, te conjuro oh Emir de los Creyentes! por la memoria sagrada
de tus antepasados,  que apresures mi suplicio y vengues en mi persona
aquella muerte.

Entonces el califa, profundamente maravillado, exclam: Por Alah que
no he de matar mas que  ese negro prfido!...

     En este momento de su narracin, Schahrazada vi aparecer la
     maana, y se call discretamente.


[imagen] _PERO CUANDO LLEG LA 19. NOCHE_

Ella dijo:

He llegado  saber, oh rey afortunado! que el califa jur que no
matara ms que al negro, puesto que el joven tena una disculpa.
Despus, volvindose hacia Giafar, le dijo: Trae  mi presencia al
prfido negro que ha sido la causa de esta muerte! Y si no puedes dar
con l, perecers en su lugar.

Y Giafar sali llorando y dicindose: Dnde lo podr hallar para
traerlo  su presencia? Si es extraordinario que no se rompa un cntaro
al caer, no lo ha sido menos el que yo haya podido escapar de la muerte.
Pero y ahora?... Indudablemente, l, que me ha salvado la primera vez,
me salvar, si quiere, la segunda! As, pues, me encerrar en mi casa
los tres das del plazo. Porque para qu voy  emprender pesquisas
intiles? Confo en la voluntad del Altsimo!

Y en efecto, Giafar no se movi de su casa en los tres das del plazo. Y
al cuarto da mand llamar al kad  hizo testamento ante l, y se
despidi de sus hijos llorando. Despus lleg el enviado del califa,
para decirle que el sultn segua dispuesto  matarle si no pareca el
negro. Y Giafar llor ms todava, y sus hijos con l. Despus quiso
besar por ltima vez  la ms pequea de sus hijas, que era la preferida
entre todas, y la apret contra su pecho, derramando muchas lgrimas por
tener que separarse de ella. Pero al estrecharla contra l, not algo
redondo en el bolsillo de la nia, y le pregunt: Qu llevas ah? Y
la nia contest: Oh padre! una manzana. Me la ha dado nuestro negro
Rihn[55]. Hace cuatro das que la tengo. Pero para que me la diese tuve
que pagar  Rihn dos dinares.

Al oir las palabras negro y manzana, Giafar sinti un gran jbilo, y
exclam: Oh Libertador! Y en seguida mand llamar al negro Rihn. Y
Rihn lleg, y Giafar le dijo: De dnde has sacado esta manzana? Y
contest el negro: Oh mi seor! hace cinco das que, andando por la
ciudad, entr en una calleja, y vi jugar  unos nios, uno de los cuales
tena esa manzana en la mano. Se la quit y le di un golpe, mientras el
nio me deca llorando: Es de mi madre, que est enferma. Se le antoj
una manzana, y mi padre ha ido  buscarla  Basrah, y esa y otras dos le
han costado tres dinares de oro. Y yo he cogido sa para jugar. Y
sigui llorando. Pero yo, sin hacer caso de sus lgrimas, vine con la
manzana  casa, y se la he dado por dos dinares  mi ama ms pequea.

Y Giafar se asombr de este relato, viendo sobrevenir tantas peripecias
y la muerte de una mujer por culpa de su negro Rihn. Por tanto, dispuso
que lo encerrasen en seguida en un calabozo. Y despus, muy contento por
haberse librado de la muerte, recit estas dos estrofas:

     _Si tu esclavo tiene la culpa de tus desdichas, por qu no piensas
     en deshacerte de l?

     Ignoras que abundan los esclavos, y que slo tienes un alma, sin
     que puedas sustituirla?_

Pero luego pens otra cosa, y cogi al negro y lo llev ante el califa,
 quien cont la historia.

Y el califa Harn Al-Rachid se maravill tanto, que dispuso se
escribiese tal historia en los anales para que sirviera de leccin  los
humanos.

Entonces Giafar le dijo: No tienes para qu maravillarte tanto de esa
historia, oh Comendador de los Creyentes! pues no puede igualarse  la
del visir Nureddin y su hermano Chamseddin.

Y el califa exclam: Y qu historia es sa, ms asombrosa que la que
acabamos de oir? Y Giafar dijo: Oh Prncipe de los Creyentes! no te
la contar sino  cambio de que perdones su irreflexin  mi negro
Rihn. Y el califa respondi: As sea! Te hago gracia de su
sangre.[56].

[imagen]




NDICE

Pginas

_Dedicatoria de la obra_                                               7

_PRLOGO DE E. GMEZ CARRILLO_                                         9

_NOTA DE LOS EDITORES_                                                17

_UNA PALABRA DEL TRADUCTOR A SUS AMIGOS_                              25

_Dedicatoria del primer tomo_                                         31

_INVOCACIN PRELIMINAR_

AQUELLO QUE QUIERA ALAH, EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO!             33

_INTRODUCCIN_

HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO EL REY SCHAHZAMAN       37-51

en que se explica el origen de los cuentos y se intercala la

FBULA DEL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR                             46-50

_LOS CUENTOS_

HISTORIA DEL MERCADER Y EL EFRIT                                   53-70

Comienza en la primera noche y termina al principiar la 3.

Se intercalan tres cuentos:

CUENTO DEL PRIMER JEQUE                                            56-62

CUENTO DEL SEGUNDO JEQUE                                           62-67

CUENTO DEL TERCER JEQUE                                            67-69

HISTORIA DEL PESCADOR Y EL EFRIT                                  71-127

Empieza en la 3. noche y termina  mediados de la 9.--Comprende:

HISTORIA DEL VISIR DEL REY YUNN Y DEL MDICO RUYN               79-112

la cual comprende  su vez:

EL HALCN DEL REY SINDABAD                                         87-89

HISTORIA DEL PRNCIPE Y LA VAMPIRO                                 90-92

y la

HISTORIA DEL JOVEN ENCANTADO Y DE LOS PECES                      112-127

HISTORIA DEL MANDADERO Y LAS TRES DONCELLAS                      129-261

Empieza  mediados de la 9. noche y termina  mitad de
la 18.--Comprende varios cuentos:

HISTORIA DEL PRIMER SAALUK                                       158-170

HISTORIA DEL SEGUNDO SAALUK                                      170-201

HISTORIA DEL TERCER SAALUK                                       201-227

HISTORIA DE ZOBEIDA, LA MAYOR DE LAS JVENES                     229-244

HISTORIA DE AMINA, LA SEGUNDA JOVEN                              215-258

HISTORIA DE LA MUJER DESPEDAZADA, DE LAS TRES
MANZANAS Y DEL NEGRO RIHN                                       263-276

Empieza  mediados de la 18. noche y termina  mitad de la 19.

[imagen]

       *       *       *       *       *

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tomos.--Millares de grabados y mapas.--_6 ptas. vol._

HISTORIA SOCIAL

Desde la Revolucin francesa al siglo XX.--Crtica y
documentada.--Dirigida por J. Jaurs.--Ilustradsima.--_4 vol.: 40
ptas._

BIBLIOTECA DE LA MUJER

Conocimientos tiles del hogar.--_1'50 vol._

NOVELAS Y TEATRO

Obras de gran amenidad, inters y emocin novelesca.--_1'25 ptas.
volumen._

LIBROS CLEBRES Espaoles y Extrajeros

HOMERO: _Ilada_. 2 t.--_Odisea_. 2 t.--ESQUILO: 1 t.--SFOCLES: 2
t.--HESIODO: 1 t.--EURPIDES: 4 t.--TECRITO: 1 t.--ARISTFANES: 3
t.--JENOFONTE: 1 t.--PLAUTO: _Comedias_. 1 t.--FEDRO: _Fbulas_.--SYRO:
_Sentencias_. 1 t.--_La cancin de Roldn_. 1 t.--SHAKESPEARE: _Obras
completas_. 12 t.--_2 ptas. volumen._

BIBLIOTECA CIENTFICA

Hckel, Dide, Ingegnieros.--_4 ptas. vol._

LA CIENCIA PARA TODOS

Volmenes ilustrados  _1'50 ptas_.

BIBLIOTECA SOCIOLGICA

Altamira, Bchner, Darwin, Kropotkine, Renn, Spencer, etc.--_1'50 ptas.
vol._

CULTURA CONTEMPORNEA

E. FAGUET: _El arte de leer_. 3 ptas.--E. BERGSON: _La risa_. 3
ptas.--W. WILSON, ex presidente de los Estados Unidos: _La nueva
libertad_. 3 ptas.--W. SOMBART: _Socialismo y movimiento social_. 4
ptas.

NUEVA BIBLIOTECA DE LITERATURA

Annunzio, Daudet, France (A.), Gorki, Mirbeau, Pe. Rod, etc.--_1'50
ptas. vol._

LOS CLSICOS DEL AMOR

Obras de Apuleyo, Longo, Marcial, Voltaire, Casanova, etc.--_1'50 ptas.
volumen._

LAS NOVELAS DEL MISTERIO

Aventuras del famoso detective Sherlock Holmes, por Conan Doyle. 8
t.--_1'50 vol._

COLECCIN POPULAR

Filosofa, Historia, Pedagoga, Poltica, Critica, Viajes, Arte,
etc.--_1 pta. vol._

LOS GRANDES NOVELISTAS

Victor Hugo, Dickens, Tolstoi, Dumas, Mayne Reid, Fernndez y Gonzlez,
etc.--A _35 cnts_.--Edicin _La Novela Ilustrada_.

CAMILO PITOLLET: =V. BLASCO IBEZ. Sus novelas y la novela de su vida=

     Profusamente ilustrada. _5 pesetas._

LA NOVELA LITERARIA

Amplia y selecta coleccin dirigida por Blasco Ibez, que cuenta con el
apoyo de los novelistas de todos los pases para esta obra de difusin
literaria. Todos los volmenes llevan un estudio biogrfico y crtico
del autor de la obra escrito por Blasco Ibez. Novelas de Paul Adam,
Barbusse, Bazin, Bourges, Bourget, Duvernois, Frapi, Harry, Hermant,
Huysmans, Jaloux, Lavedan, Louys, Margueritte, Miomandre, Regnier,
Rosny, Tinayre y otros muchos maestros de la novela contempornea.--_4
pesetas volumen en rstica._

J. FRANCS: _La danza del corazn_ (novela). 3'50 ptas.--_Teatro de
amor._ 3 ptas.

F. LLORCA: _Lo que cantan los nios_. Canciones y juegos infantiles. 2
ptas.

HISTORIA DE LA GUERRA EUROPEA DE 1914

ESCRITA POR V. BLASCO IBEZ. Ilustrada con millares de grabados.

     _Las grandes batallas._--_El herosmo._--_Los horrores de la
     lucha_.--_La guerra en el mar y en los aires._--_Tipos y costumbres
     de los beligerantes._--_Personajes de la tragedia, retratos,
     caricaturas y documentos._--_Planos y mapas._--_La vida en el
     campamento, en los campos de batalla y hospitales._--_Panoramas
     trgicos._--Nueve tomos, lujosamente encuadernados.--Precio de cada
     tomo, _20 pesetas_.--Por cuadernos, _50 centimos_ uno.

El libro de las mil noches y una noche.

Traduccin directa y literal del rabe por el doctor Mardrus.--Versin
castellana de V. Blasco Ibez.--Prlogo de E. Gmez Carrillo.--23
tomos.--_2 ptas. volumen._

Pdanse Catlogos especiales de estas obras y Bibliotecas

Biblioteca Valenciana (Generallitat Valenciana)


NOTAS:

[1] El de Blasco Ibez es tambin absoluto: leer su traduccin es como
leer la de Mardrus.

[2] Las traducciones inglesas de Payne y de Burton, que igualmente son
integrales, aparecieron en ediciones privadas de doscientos 
trescientos suscriptores y hace muchos aos que no se encuentra un
ejemplar. Una segunda edicin de Burton se public algn tiempo despus,
pero considerablemente expurgada.

[3] En el MOUROUF AL DAHAB OUA DJANHAR del historiador rabe Aboul
Aassan Ali Al-Massoudi.

[4] En el KITAB AL FIHRIST (ao 987) de Mohamed ben Is'hak Al-Nadim.

[5] La vaguedad de los nombres propios y de la geografa, en LAS MIL
NOCHES Y UNA NOCHE, es cosa admirable. Sera, pues, intil profundizar.

[6] Dueo de la ciudad. Palabra persa.

[7] Dueo del siglo  del tiempo. Palabra persa.

[8] Que la paz ( la salvacin) sea contigo. Saludo usado entre los
musulmanes.

[9] Asr: parte del da en que empieza  declinar el sol.

[10] _Efrit_: astuto, sinnimo de genio.

[11] _Schahrazada_: Hija de la ciudad. _Doniazada_: Hija del mundo.

[12] Musulmanes.

[13] El juez.

[14] Su esposa.

[15] Anciano respetable.

[16] Por eufemismo suelen llamar as los rabes  sus mujeres. No dicen
_suegro_, sino _to_; de modo que la hija de mi to equivale  mi
mujer.

[17] La sesin de justicia. Otras veces, esta palabra designa la sala
donde se celebra la sesin.

[18] El dinar equivale  diez pesetas aproximadamente.

[19] Nombre que los rabes dan al bao pblico.

[20] Satans. El Maligno.

[21] Femenino de efrit.

[22] Salomn, hijo de David. Los rabes le consideran seor de los
efrits benficos y malficos.

[23] En rabe, _suk_,  sea mercado.

[24] Los romanos de Bizancio, y por extensin, todos los cristianos,
especialmente los griegos.

[25] Besar la tierra entre las manos del rey equivale  decir se
inclin hasta el suelo y lo bes delante del rey.

[26] Plaza consagrada  los juegos.

[27] Intendente.

[28] Lugartenientes  representantes del rey.

[29] Es decir, para las grandes ocasiones.

[30] _Bang_  _banj_ significa generalmente entre los rabes antiguos el
extracto de beleo y cualquier otro narctico con base de _cannabis_
(camo indio).

[31] Bebida fermentada, apreciadsima por los negros.

[32] Plural de _mameluk_, esclavo.

[33] _Nusran_,  sea nazareno, es el nombre dado por los rabes  los
cristianos.

[34] _Artal_, plural de _ratl_, peso que vara, segn las comarcas,
entre dos onzas y doce.

[35] En el texto original, mi amigo. Los poetas rabes, por eufemismo,
usan casi siempre el gnero masculino al hablar de sus amadas.

[36] En rabe se emplea la palabra alma queriendo decir uno mismo,
una misma, etc.

[37] _Khan_, posada.

[38] Plural de _ahjami_, palabra con que se designa  todos los pueblos
que hablan lenguas distintas del rabe, y especialmente  los persas y 
todos cuantos hablan mal el rabe. Generalmente slo se aplica  los
persas.

[39] Los persas los llaman _kalendars_  _calendos_. _Saalik_ es el
plural de _saaluk_.

[40] _Al-Barmaki_  el Barmakida.

[41] Tiberiades.

[42] _Hadj_, peregrino de la Meca.

[43] Es decir: haz el ademn de saludar llevndote la mano  la cabeza.
Es una de las maneras de saludar  la oriental.

[44] _Kenafa_: especie de pastelillo hecho con fideos muy finos.

[45] Frmula usada para glorificar a Dios: Dios es todopoderoso.

[46] Es decir, zafiros.

[47] Equivale  estaba escrito.

[48] Bassora.

[49] Zohal es el planeta Saturno.

[50] Mirrikh, el planeta Marte.

[51] Hutared, el planeta Mercurio.

[52] _Marhaba_, _ahlan_, _ua sahlan_ y _anastina_, son saludos de
bienvenida, que no se pueden traducir literalmente. Vienen  significar:
Que nuestra acogida te sea cordial, amistosa y fcil!

[53] El Tigris.

[54] Los Barmacidas, noble familia rabe.

[55] _Rihn_ significa arrayn, y tambin toda planta olorosa.

[56] Vase el eplogo de esta historia en el tomo que sigue.









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noche; t. 1, by Anonymous

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business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


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Literary Archive Foundation

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