The Project Gutenberg EBook of El Campesino Puertorriqueo, by 
Francisco Del Valle Atiles

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Title: El Campesino Puertorriqueo
       Sus Condiciones Fsicas, Intelectuales y Morales, Causas
       que la Determinan y Medios Para Mejorarlas

Author: Francisco Del Valle Atiles

Release Date: July 4, 2015 [EBook #49359]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CAMPESINO PUERTORRIQUEO ***




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  Nota del Transcriptor:


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                             EL CAMPESINO

                            PUERTORRIQUEO.


           SUS CONDICIONES FSICAS, INTELECTUALES Y MORALES,

          CAUSAS QUE LAS DETERMINAN Y MEDIOS PARA MEJORARLAS,


                                  POR


                      FRANCISCO DEL VALLE ATILES,

                     DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUJA.




                                MEMORIA

          PREMIADA EN EL CERTAMEN DEL ATENEO PUERTORRIQUEO,
                     CORRESPONDIENTE AL AO 1886.
                DE CONFORMIDAD CON EL LAUDO DEL JURADO
          ELEGIDO POR LA ASOCIACIN DE ESCRITORES Y ARTISTAS,
                              DE MADRID.

                     SECCIN DE CIENCIAS MORALES.


                             [Ilustracin]


                             PUERTO RICO.

                   TIPOGRAFA DE JOS GONZLEZ FONT.
                         FORTALEZA, NMERO 27.

                                 1889.




                             EL CAMPESINO

                            PUERTORRIQUEO.


           SUS CONDICIONES FSICAS, INTELECTUALES Y MORALES,

          CAUSAS QUE LAS DETERMINAN Y MEDIOS PARA MEJORARLAS,


                                  POR


                      FRANCISCO DEL VALLE ATILES,

                     DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUJA.




                                MEMORIA

          PREMIADA EN EL CERTAMEN DEL ATENEO PUERTORRIQUEO,
                     CORRESPONDIENTE AL AO 1886.
                DE CONFORMIDAD CON EL LAUDO DEL JURADO
          ELEGIDO POR LA ASOCIACIN DE ESCRITORES Y ARTISTAS,
                              DE MADRID.

                     SECCIN DE CIENCIAS MORALES.



                             PUERTO RICO.

                   TIPOGRAFA DE JOS GONZLEZ FONT.
                         FORTALEZA, NMERO 27.

                                 1887.




                     EL CAMPESINO PUERTORRIQUEO.

                            SUS CONDICIONES
                   FSICAS, INTELECTUALES Y MORALES,
          CAUSAS QUE LAS DETERMINAN Y MEDIOS PARA MEJORARLAS.


                                   Os dir toda la verdad, porque es
                                   ella la que salva. Hombres hay
                                   que juzgan bueno ocultarla; estos
                                   son impostores  tmidos que Dios
                                   rechaza, porque la verdad es Dios
                                   mismo y velarla es velar  Dios.
                                                   LAMENNAIS.
                                       _El Libro del Pueblo._




PREMBULO.


La Junta Directiva del Ateneo de Puerto Rico ha tenido  bien someter
 estudio la interesante cuestin de _El campesino puertorriqueo_.
Nosotros, ms que por otro motivo, por sernos simptico el asunto,
cuando el Certmen se anunci resolvimos redactar esta Memoria; pero
algunas circunstancias individuales nos obligaron  suspender el
trabajo, cuando aun no llegaba  la mitad. Slo despus de prorrogado
el plazo de admisin por acuerdo del Ateneo, reanudamos la tarea
comenzada, y la hemos seguido con una precipitacin que, si no puede
servir de disculpa  la deficiencia de este trabajo, servir por lo
mnos como excusa de su desalio.

Sin pretensiones de ninguna especie, hemos procurado consignar hechos y
apreciarlos con imparcialidad, estudiando las causas que segn nuestro
modo de ver los determinan; en ocasiones hemos tenido que refrenar
nuestro provincialismo para conseguir aquel propsito; pero estamos
seguros de haber hecho lo posible para mantenernos dentro del carcter
imparcial que debe animar al que estudia esta clase de asuntos. Luego
proponemos los remedios que estimamos convenientes para impedir el
mal, porque mal y grande es por cierto que en una provincia como la de
Puerto Rico, esencialmente agrcola, exista un considerabilsimo nmero
de brazos, y brazos precisamente destinados  la agricultura, incapaces
por sus condiciones fsicas, intelectuales y morales de aportar, de una
manera cumplida, su contingente  la obra del progreso.

Hemos seguido en la redaccin de esta Memoria el mismo rden con que ha
sido enunciado el tema que nos proponemos desarrollar. "Estado actual
de las condiciones fsicas, intelectuales y morales del campesino
puertorriqueo y su familia, causas que lo determinan y medios para
mejorar dichas condiciones." En la primera parte hacemos algunas
consideraciones generales, sin profundizar en ellas, porque tienen su
lugar en la seccin correspondiente.

Al investigar las causas que determinan el estado fsico del campesino,
tratamos  grandes rasgos de las condiciones de la Isla, bajo sus
aspectos, clima, suelo, etc., es decir, de todo aquello que deba
tenerse en cuenta en la apreciacin del medio; datos de los cuales no
hemos creido que debamos prescindir, pues su importancia es grande
en el anlisis de estos problemas sociales. Por eso entramos en l,
bien que tratndole someramente, ya que  ello nos obliga la premura
del tiempo, dada la brevedad del plazo que se concede para estudiar
problemas tan rduos como el que motiva este trabajo.

El estudio de los caractres intelectuales del campesino, se nos ha
facilitado mucho por los trabajos recientemente publicados en el pas,
que se refieren  la cultura intelectual de nuestra Isla.

Los caractres morales que ostentan nuestros jbaros, encuntranse
sobradamente explicados por la historia de este pequeo trozo de
tierra, en el que no por serlo se dejan de presentar los mismos
problemas que en otras partes preocupan la atencin; problemas que
siendo nuestros,  nosotros principalmente nos interesa resolverlos.

Por eso, porque hemos visto en el tema propuesto por el Ateneo esa
aspiracin, nos hemos decidido  concurrir al Certmen, no creyendo
resolver desde luego cuestin tan trascendental como la que envuelve
el estado social del grupo rural puertorriqueo, sino aportando 
la obra nuestro pobre trabajo, y sin buscar en ello otra cosa que
el reconocimiento de la buena voluntad que nos gua. Lo primero es
acopiar materiales para la obra; si ella resultase demasiado rdua
para nuestras fuerzas, otras personas podrn, sin duda, hacer ms, con
mayor provecho. Por nuestra parte bstanos la satisfaccin de haber
coadyuvado en la medida de nuestras fuerzas  propsito tan laudable
como lo es el mejoramiento de nuestras clases agrcolas.




ETNOLOGA.


No tenemos la pretensin de hacer un estudio completo de etnologa
puertorriquea. Agrupar en cuadros ms  mnos sencillos los variados
elementos etnolgicos que constituyen nuestra actual poblacin no sera
obra imposible, pero requiere una labor especial que no creemos sea
de absoluta necesidad para el desarrollo del tema presente; aparte de
que, asunto de tal inters no cabra dentro de la modesta extensin que
pensamos dar  esta Memoria. Creemos, sin embargo, que ser conveniente
apuntar algunas ideas generales acerca de este asunto, las cuales son
dignas de tenerse en cuenta, y nos importar recordar cuando estudiemos
las causas que determinaron el modo de ser del campesino borincano.

Poblada la Isla de Puerto Rico hasta fines del siglo XV por la raza
indgena--especie americana--raza originaria de las regiones del
nordeste de Asia, que--atenindonos  la descripcin que de sus
caractres fsicos nos hacen los historiadores, y  la clasificacin
de Mr. de Quatrefages,--hemos de considerar como una raza mixta, de
las aproximadas al tronco amarillo, vino el descubrimiento  cambiar
radicalmente este estado de cosas, trayendo con los espaoles, que
desde el principio del siglo XVI ocuparon la Isla, el elemento blanco
que poblaba el suelo de la pennsula espaola, en el cual, como
sabemos, existan confundidas razas mediterrneas distintas: vascos,
semitas en sus dos ramas,  indo-europeos en su rama aryo-romana. Luego
cuando la Real Cdula de 1513 autoriz la importacin de esclavos, se
introdujo en la colonia naciente la especie negra, y por ltimo, una
vez abierta la Isla al comercio universal,  ella han venido, aunque en
poco importante nmero, distintas razas y an otras especies que son un
factor secundario en la etnologa puertorriquea.

Alguna influencia, aunque poca, debemos asignar al tronco indgena,
como elemento etnolgico; pues los espaoles mezclaron desde los
primeros dias de la conquista su sangre con la india. Este parentesco
no es, sin embargo, de los ms importantes, pues aunque la Historia
asegura que cuando Don Juan Cern pas en 1509  San Juan, la isla
"estaba tan poblada de gente como una colmena," es lo cierto que
en 1582, por haber emigrado los unos y sucumbido los otros, no
haba ya naturales en el pas; cosa que haba motivos para esperar
que sucediese, en ms  mnos lejano plazo, desde que ocup el
limitado territorio de Bornquen una raza ms viril y civilizada
que la indgena, supuesto que los espaoles slo tenan en contra
la naturaleza del clima, mientras que  su favor estaban todas las
ventajas de la civilizacin. Es axiomtico que la cultura de los
pueblos invasores es siempre fatal para los pueblos salvajes invadidos.

Adems de esta ley, que se cumple indefectiblemente en el combate de
la vida, como quiera que la superioridad para el triunfo la preparan
elementos varios, debemos anotar que el trabajo rudo  que se someti
 los indios, principalmente el de las minas, las nuevas costumbres
impuestas  los indgenas, el abatimiento consiguiente  un pueblo
dominado, que v ocupado el querido suelo patrio por extraa gente,
las enfermedades importadas y otras muchas causas, entre las cuales
predomin, por desgracia, la explotacin de los vencidos y el mal trato
que se les di,  pesar de las Reales recomendaciones que ordenaban
lo contrario; son causas que contribuyen  justificar el hecho de la
rpida extincin del primitivo habitante de Puerto Rico.

La falta de brazos que esta desaparicin origin, hizo pensar 
los conquistadores en los esclavos negros para satisfacer aquella
necesidad. La raza etope vino, pues, al suelo borincano; de modo
que, si bien sta nunca lleg  estar representada por un nmero de
indivduos superior al de los blancos, fu no obstante suficiente para
que constituyera un factor tan fundamental como la raza caucsica de la
poblacin actual de Puerto Rico. De estos factores, por los inevitables
cruzamientos, se ha originado el elemento mestizo, distinto de los
anteriores.

Es sabido que en las costas, por su acceso al comercio, es ms fcil
el cruzamiento de razas que en los pueblos del interior, en donde
el trato con extraos apnas tiene lugar. Obsrvase, adems, que la
mujer muestra siempre mayor repugnancia  mezclar su sangre con la
de una raza inferior, y si tenemos en cuenta la degradacin que la
esclavitud imprime  los que la sufren, se explica el porqu la mujer
blanca de los campos, aunque pobre, huy por largo tiempo de contraer
lazos amorosos con el negro. Las mismas circunstancias influyeron en
que muchos blancos, an los que se dedicaron  las mismas labores del
campo que el esclavo, rehuyeran el matrimonio con las negras. Tales
causas creemos que son bastantes para explicarnos el hecho de que hoy,
en nuestra poblacin rural, pueda distinguirse de las familias negra,
mezclada de blanco y negro, y mestiza--en la que el sello indio es
perceptible por caractres fsicos apreciables para todo el mundo--otra
cuya filiacin caucsica pura no es discutible.

ltimamente, despus que el hbito y la vida en el mismo suelo han
suavizado las asperezas que existan entre personas de razas tan
opuestas, luego que las castas han desaparecido, rota la lnea de
separacin por el blanco, mnos escrupuloso en solicitar  la mujer
negra, sobre todo si el consorcio es transitorio y obedece  caprichos
pasajeros, los cruzamientos se han generalizado ms en todas formas
y la pureza de razas va siendo cada dia ms rara; por lo cual, 
causa del predominio que siempre tuvo y sigue teniendo en Puerto Rico
el elemento caucsico, y atentos  los datos que la observacin nos
suministra, puede asegurarse que la raza negra, no engrosada por la
inmigracin, est llamada  desaparecer de la Isla por fusin dentro
de la raza superior que la absorbe, modificndose  su vez. En este
cruzamiento que presenciamos, el aniquilamiento de la raza negra no se
produce ya porque las enfermedades  el mal trato la hagan menguar,
sino porque la raza blanca renueva constantemente sus representantes,
mientras que la abolicin de la trata cort la corriente inmigratoria
del negro, corriente que siempre fu muchsimo mnos activa que la
determinada por el mejor mercado de la Isla de Cuba, adems de que la
tendencia natural que inclina al hombre  mejorar las circunstancias de
orgen, obra en el mismo negro y principalmente en la mujer de color,
facilitando la fusin.

An estamos  mucha distancia de la resultante de esa mezcla de razas,
pues los caractres comunes que aquella deber tener, caractres
que--como es sabido--para significar su posesin debern ser
trasmisibles de un modo regular por la herencia, slo se adquieren
con lentitud y  fuerza de siglos; pero indudablemente, la adaptacin
al medio, modificando al europeo que logr y logra resistir  las
condiciones climatolgicas del pas, su influencia sobre el negro y
sobre el mestizo, influencia que hoy se hace ya extensiva al interior
de los campos, debern al cabo producir en la sucesin de los tiempos,
si estos cruzamientos persisten bajo el mismo suelo y en mejores
circunstancias para la vida, una raza apropiada  las necesidades del
clima  mejor del medio; raza que bajo la saludable influencia de una
educacin ajustada  los progresos que la civilizacin ha realizado,
se podra encontrar en condiciones fsicas, intelectuales y morales
buenas para subsistir, sin tener que mirar con recelo  la familia
anglo-sajona vecina. Poner al habitante de Puerto Rico en condiciones
favorables para la lucha por la existencia, no es una utopia; todo es
obra de la educacin. nicamente por medio de ella se puede alcanzar
esa "acorde armona del organismo con su objeto", esa condicin de vida
_sine qua non_ para el hombre de todas las regiones habitables del
globo.




GRUPO RURAL.


En tsis general, afirman los higienistas "que la salud y vitalidad
de las gentes del campo son muy superiores  las del grupo urbano."
Esta verdad, que tiene por fundamento circunstancias sobradas que la
justifiquen, como ms adelante veremos, tiene, no digamos de un modo
absoluto, pero s de una manera general, su excepcin en Puerto Rico.
Pero ntes de explanar esta idea, y con el fin de evitar confusiones,
conviene precisar lo que entendemos por campesino, voz en la que
comprendemos al _jbaro_, que es  quien nos referimos en las lneas
anteriores.

Y por jbaro entendemos, para todo lo que digamos en este estudio,
"el campesino puertorriqueo sin instruccin" como lo define un
querido amigo nuestro, (en un libro que su galana pluma nos ofrecer
pronto)[1]  sea el _rstico_, _gan_, _paleto_, aceptando en esto el
mismo criterio de otro ilustrado publicista de grata memoria.[2] Esta
aclaracin que un reputado escritor crey con fundamento que deba
hacer en su erudito estudio de reciente publicacin,[3] la repetimos y
 ella nos atenemos, entre otras razones, porque creemos que el estudio
solicitado por el Ateneo puertorriqueo, slo puede referirse al
_jbaro_. Aplcase en general la palabra campesino  los habitantes del
campo, pero la ndole del estudio y el objetivo que es de suponer se
propuso aquel centro en el tema elegido para el certmen de 1886, nos
autorizan  limitar la acepcin de la palabra al concepto expresado.

       [1] Don Manuel Fernndez Juncos.--_Estudio de costumbres._

       [2] Don Jos Pablo Morales.--_Almanaque Aguinaldo._

       [3] Don Salvador Brau.--_La Campesina._

Del apuntamiento etnolgico hecho anteriormente podemos deducir
que entre los campesinos puertorriqueos los hay pertenecientes 
la raza blanca,  la negra, y  la mezcla de las dos, por lo que
habra necesidad de estudiar cada uno de estos grupos por separado;
pero como el gnero de vida es igual para los indivduos de las
tres agrupaciones, ya pertenezcan  una   otra raza, y como el
predominio de la blanca es todava notable en el interior, slo en
conjunto estudiaremos las condiciones fsicas, intelectuales y morales
de los tres grupos tnicos referidos, pues algunas cualidades de
estas les son comunes, sin perjuicio de sealar las caractersticas
de raza y algn detalle que los distinga cuando as lo creamos
necesario. Desde luego podemos decir, hablando en general, que el
campesino blanco puertorriqueo de nuestros dias se parece bastante
al criollo que describa Fray igo Abad en su Historia de Puerto
Rico, anotada por nuestro respetable amigo el conspcuo escritor Don
Jos Julin Acosta. Decia Fray igo: "los criollos son bien hechos y
proporcionados, su constitucin es delicada y en todos sus miembros
tienen una organizacin muy fina y suelta, propia de un clima clido;
carecen de viveza regular en las acciones, y tienen color y aspecto de
convalescientes; son pausados, taciturnos. Las mujeres son de buena
disposicin, pero el aire salitroso del mar les consume los dientes y
priva de aquel color vivo y agradable que resalta en las damas de otros
pases... Los mulatos son de color oscuro y bien formados, ms fuertes
y acostumbrados al trabajo que los blancos criollos."

Muchas de estas cualidades caracterizan hoy todava al criollo, pero
pueden aplicarse de un modo ms especial y concreto al campesino, pues
por lo que respecta al habitante de las poblaciones, ya sean estas
del interior y mejor si son de la costa, ha ganado en condiciones
fsicas desde que los progresos de la civilizacin le han dado medios
de vivir mejores que en aquellos tiempos  que se refiere el discreto
historiador citado. No queremos decir que hoy el criollo puertorriqueo
viva dentro de las ms exquisitas y apropiadas condiciones para
su mejoramiento, sino que algo ha ganado, mucho tal vez, como era
lgico esperar, desde aquella poca hasta nuestros dias. Que necesita
aun mejorar, es evidente; y  ello llegar, as lo esperamos, si el
cultivo intelectual aumenta como debe; pero dejemos este asunto que nos
apartara por el momento del motivo principal de estas lneas.

Para ser exactos, respecto de las condiciones fsicas, intelectuales
y morales que ostenta el campesino puertorriqueo, conviene hacer una
distincin dentro del grupo rural, distincin que no es arbitraria,
y sobre todo que est justificada por ciertas diferencias de que
haremos mencin. Para nosotros el campesino de los alrededores de las
poblaciones y haciendas se diferencia bastante del que habita en los
barrios ms lejanos, cultivando en pequeos predios de su propiedad
los frutos menores y dedicado  la crianza de animales tiles,  bien
_agregado_  alguna heredad mayor.

El jbaro del primer grupo, nmada por lo que respecta al lugar donde
trabaja, no puede atender tan cumplidamente  su subsistencia, por
razones que no son del caso examinar ahora; es un jornalero expuesto 
todas las fluctuaciones del trabajo y con mayores necesidades y vicios.

El del segundo grupo, pequeo propietario, (si el suelo que ocupa no
es estril y si el fisco no le arruina) puede alimentarse, vestir y
aposentarse mejor, por lo cual podemos distinguir mayor fortaleza de
organizacin, ms saludable aspecto en los ltimos que en los primeros
y un carcter moral ms elevado.

Todo el mundo ha oido hablar de ciertos jbaros que, aun viejos, montan
 caballo, trabajan y cumplen todas sus obligaciones, siendo modelos de
honradez; que viven internados, distantes de las poblaciones; jbaros
de color blanco por lo comn, de aspecto sano, y cuya familia huir
de seguro al ver aproximarse una persona extraa y no aparecer en
la sala del boho, dejando que el padre,  la madre si aqul no est,
reciba al visitante; si ste se detiene, ver, as que la desconfiada
rusticidad de la familia cesa, cmo poco  poco irn apareciendo caras
nuevas, muchas de ellas jvenes bonitas, que le sorprender encontrar
entre las selvas, no bien vestidas, acaso sin calzado, pero frescas
y sanas, gracias  una alimentacin medianamente regularizada, tal
vez al ozono en que abunda la atmsfera sana que rodea  la casa, y
 la dulzura de un clima distinto del de la costa, segn tendremos
ocasin de ver en las notas sobre climatologa de Puerto Rico, que
necesitaremos exponer en este trabajo. Desgraciadamente no es lo
general encontrar en los campos puertorriqueos familias de esta clase
en mayora, pero las hay; mas no adelantemos las ideas.

El jbaro de Puerto Rico es esbelto; si se le v encogido no es por
falta de gallarda en sus miembros, sino  causa de su natural reserva,
que se revela hasta en este detalle. Es enjuto y le son aplicables
todas las cualidades de un temperamento nervioso-linftico: aunque
su viveza fsica no es notoria, su organizacin ligera le permite
desarrollar cuando quiere toda la agilidad de que es capaz un habitante
de los pases insolados abundantemente: por lo dems, el campesino de
todas partes, bien se sabe que es inferior en viveza al hombre culto.
El vigor del campesino borinqueo ofrece particularidades dignas de
notarse: si como cree Spencer "el grado de vigor depende esencialmente
de la ndole de la alimentacin"--veremos cuando tratemos de las causas
de esta carencia de vigor, que si  esa ley principalmente est sujeta
la limitada vigorosidad de nuestro campesino, en resistencia para el
trabajo no hay quien le supere.--"El jbaro--ya lo dijimos en otra
ocasin--trabaja tanto proporcionalmente  su alimentacin como el
mejor jornalero y ms bien alimentado de otras partes."[4]

       [4] _Tres causas de atraso_, artculos publicados en _La Salud_,
       por el autor.

S; su vigor, limitado y todo, le permite trabajar con constancia las
10  11 horas de labor diarias, cosa que no es explicable como no sea
 causa de esa _complexin enjuta y seca  increspatura general de
fibras_ observadas por Fray igo y dependiente,  su juicio, del uso
frecuente del caf entre los criollos, uso todava general en el pas.

Entindase que no sostenemos que el amor al trabajo sea cualidad
dominante en el jbaro, no; tenemos "en la climatologa, en el estado
poltico social del pas y en el orgen histrico" del puertorriqueo,
razones que explican esa negativa inclinacin de una manera sobrada;
pero nos parece que la acusacin de haraganera recaida sobre el
_jbaro_ tan en absoluto, exije que se demuestre al ser formulada, 
que se limite  sus justas proporciones el hecho consignado; exige
adems que se de cuenta de todas las causas del hecho, y estudiando as
el asunto sus trminos decrecen quiz ms de lo que  primera vista
pueda creerse.

Es preciso no juzgar por las apariencias; es preciso no contentarse con
decir que el campesino es indolente y que le gusta la hamaca ms que el
trabajo; otros podran decir que trabaja ms de lo que poda esperarse,
que su indolencia, entre otras muchas razones, tiene fundamento en que
por desgracia el trabajo "no encuentra (como sucede en Sevilla segn
Hauser) suficiente estmulo en este pas, donde prevalece el sistema
del favoritismo" y donde--aadimos nosotros--el pequeo propietario
no resiste la enorme contribucin municipal que sobre l pesa, adems
de las otras cargas, y donde, como ya ntes hemos apuntado, en tsis
general el pobre campesino est poco  mucho enfermo; pero as y todo
trabaja desde el amanecer hasta el anochecer  jornal   destajo
(mal alimentado y mal resguardado por el vestido, de las influencias
atmosfricas), trabaja decimos, cuanto le es preciso para ganar lo
indispensable con que atender  sus escasas necesidades. Verdad es que
ha limitado dichas necesidades hasta lo incomprensible, perjudicando su
salud y sus energas; pero acaso en esta misma conducta no carezca por
completo de justificacin.




CONDICIONES FSICAS.


Pueblan los campos de esta Isla, segn hemos dicho ntes, hombres
blancos, negros y mestizos, razas extremas que constituyen grupos bien
caracterizados fsicamente, y los productos del cruzamiento, agrupacin
en que la uniformidad de caractres no es tan constante, ya por el
variable predominio de uno de los dos elementos originarios sobre el
otro, ya  causa de los enlaces de mestizos entre s y con indivduos
de las razas de donde proceden. As, para evitar las confusiones  que
pudiera dar lugar la variedad de tipos tnicos que hay que considerar
en esta parte de nuestro estudio, hemos decidido, al tratar de cada
uno de los caractres fsicos, sealar slamente las diferencias
primordiales  que dan lugar las razas; y  fin de llevar un rden
claro en la exposicin, siguiendo  distinguidos antroplogos, vamos
 ocuparnos de los caractres exteriores, anatmicos, fisiolgicos y
patolgicos.

Creemos que hasta hoy no se ha publicado obra alguna en que se
estudie al actual habitante de Puerto Rico. Si existe algo relativo 
antropologa puertorriquea lo desconocemos; por tanto, como no hemos
podido hacer algunas consultas que nos habran sido de gran utilidad,
hemos tenido que limitarnos  nuestras apreciaciones, ms  mnos
defectuosas, y  deducir de generalidades y de estudios verificados en
zonas parecidas  la nuestra, analogas con que suplir la falta de un
estudio especial que no podamos hacer, entre otras razones, porque tan
slo para acopiar materiales--an habindonos limitado  los caractres
anatmicos que ofrece nuestro campesino--necesitaramos invertir
algunos aos.

Hecha esta aclaracin vamos  abordar la materia.




CARACTRES EXTERIORES.


_Talla._--La talla, como dice Littr, es uno de los elementos
demogrficos mejor conocidos,  causa de su fcil determinacin y de
las exigencias de las quintas. En Puerto Rico, en donde no existe el
reclutamiento, hay que acudir al recuerdo histrico de las milicias
disciplinadas para apreciar este dato, y eso tan slo por lo que
respecta al campesino blanco, nico obligado al servicio militar cuando
exista ste.

Desde luego diremos que la talla media de nuestro _jbaro_ no parece
que deba ser muy inferior  la media universal, provisionalmente
aceptada de 1.^m 635, que ha sido por cierto considerada excesiva por
Quatrefages; pues todos los informes que hemos podido recoger estn
contestes en que no era una de las causas ms frecuentes de quedar
libre del servicio de las armas la falta de estatura; y siendo as
que la talla que se exija al miliciano era de 1.^m 596, la misma que
para el ejrcito metropolitano, claro es que si no hubo necesidad de
disminuirla era porque con facilidad se cubra el contingente exigido
por las quintas.

Aparte de esta consideracin, lo que por punto general podemos apreciar
 simple vista, es que entre los jbaros, ya pertenezcan  una   otra
raza, no predominan las tallas rechonchas, sino ms bien las estaturas
medianas; abundan personas altas y no faltan hombres pequeos, pero no
es lo comn.

Aqu, como en todas partes, la mujer es ms pequea que el hombre.
Este hecho, resultado de las mediciones practicadas hasta hoy, se
confirma en el grupo rural borincano.  nosotros nos ha parecido, por
lo que respecta al sexo femenino, que el nmero de campesinas de corta
estatura es ms considerable que el de campesinos; principalmente entre
las blancas y las que por su color recuerdan al indio, se encuentran
muchas mujeres pequeas.

       *       *       *       *       *

_Proporcin del cuerpo y de los miembros._--La proporcionalidad y
la simetra en la estructura general del cuerpo es un carcter de
los hombres pertenecientes  la especie mediterrnea. El jbaro
puertorriqueo no es por lo comn defectuoso; no obstante, hemos creido
advertir que tanto las extremidades superiores como las inferiores
tienden  adquirir mayor largura que la debida.

En los negros advirtese la mayor longitud de los brazos, propia de la
raza.

Por lo que se refiere  las mujeres del campo, no hemos comprobado que
exista falta de proporcin entre el cuerpo y las extremidades; por
el contrario, la jbara es bien formada, y hasta podra llamrsela
esbelta,  no ser por su desgarbo en el andar.

Las mestizas ostentan proporciones muy armnicas; casi todas son bien
formadas.

La generalidad de las negras no se distingue por este concepto.

       *       *       *       *       *

_Coloracin._--Si entre indivduos pertenecientes  una misma especie
el color no es constante y vara, como sucede con la raza llamada
caucsica, desde el blanco rosa ms puro, hasta el moreno ms oscuro,
con mucha ms razn encontraremos estos distintos tonos de coloracin
entre campesinos de tan distintas razas como los puertorriqueos,
principalmente entre los mestizos. Y as es en efecto; existe la
variedad ms abigarrada en lo que se refiere al color. Entre los
blancos predomina el color oscuro, propio del habitante de las zonas
clidas.

Como casi todos los jbaros estn anmicos, por excepcin se ven
algunos de temperamento sanguneo; y claro es que el color rosa  rojo
vivo es raro; el color blanco en ellos es mate, amarillo  amarillo
verdoso, principalmente en los clorticos y anmicos.

 los negros y mestizos que estn enfermos se les advierte un color
cenizoso.

En las mujeres se observa con frecuencia el ctis manchado  con pecas.

Asmismo es variadsimo el color de los ojos. Hay campesinos de ojos
azules y pardos; pero ordinariamente tienen los ojos negros.

       *       *       *       *       *

_Piel y principales anexos._--La accin del calor determina en la
piel una sobre actividad funcional notable, especialmente en la
perspiracin; de aqu que los habitantes de climas clidos tengan por
lo comn la piel blanda y hmeda.

En ciertas razas, y especialmente en la negra, la piel suave y como
satinada es ms espesa. La frescura y suavidad de ctis de las negras
es muy estimada en los harenes.

Ocurre la pregunta de si el campesino de orgen europeo, al ser
sometido  la accin de este clima, ha sufrido la transformacin
orgnica de que acabamos de hablar, y desde luego la buena lgica hace
esperar una contestacin afirmativa, siquiera aceptemos que ese cambio
no haya adquirido un grado de desarrollo tan grande como en el negro.

Si respecto del desarrollo de las glndulas sebceas no decimos lo
mismo, es porque no se advierte, entre los jbaros blancos, el olor
desagradable que se percibe en los negros y en muchos mulatos, olor que
se ha explicado por el predominio de esa clase de glndulas, debido al
excesivo aflujo de sangre  la superficie cutnea.

       *       *       *       *       *

_Vellosidades._--Los campesinos son bien barbados, especialmente los
blancos; entre los mestizos y negros se encuentra mayor nmero de
lampios.

El pelo de la cabeza en ellos es abundante, variando, como es de
suponer, desde el que no se riza nunca, hasta el que se ostenta
fuertemente encrespado, propio del hombre africano.

El color del pelo tambin vara; pero domina el negro; hemos encontrado
ejemplares de pelo rojo y no pocos de pelo rubio.

       *       *       *       *       *

_Crneo y cara._--El crneo del jbaro no ofrece deformidad alguna. La
cara presenta rasgos agradables; los ojos son grandes, vivos y estn
horizontalmente situados; por rareza se encuentran ojos oblcuos como
los de los chinos; la nariz es bien formada y la boca pequea.

Entre las mujeres estos rasgos adquieren mayor delicadeza; sobre todo
la hermosura de los ojos negros es comn entre ellas.

Estos rasgos fisonmicos cambian en el campesino descendiente de
africanos, en el cual la nariz es ancha y los labios son gruesos
deformando la boca, grande por lo general.

Entre los mestizos se encuentran personas no exentas de hermosura,
mxime cuando en ellas predomina el elemento caucsico; sobre todo
entre las mujeres las hay bellas, pero por lo general la nariz y la
boca del elemento africano se trasmiten al mestizo con sus formas
caractersticas afendo las facciones.

       *       *       *       *       *

_Tronco y miembros._--La belleza del cuerpo depende, como es sabido,
de la diferencia del dimetro entre el pecho, la cintura y la pelvis,
diferencia que no falta en el campesino puertorriqueo, alejndole por
este detalle de muchos indivduos de las razas amarilla y americana que
no tienen cintura.

La circunferencia del torax nos demuestra que el campesino tiene el
pecho desarrollado; en todos notamos amplitud torcica suficiente
cuando no estn enfermos.

En la mujer el pecho est mnos desarrollado; por punto general no ha
adquirido la amplitud debida.

La _esteatopigia_ que d carcter  la Venus Hotentote no se observa en
las campesinas blancas; no puede decirse que en este particular ocurra
en Puerto Rico lo que segn Livingstone comienza  manifestarse entre
ciertas mujeres Bors,  pesar de pertenecer  la raza blanca pura. El
_delantar_ que con la _esteatopigia_ son dos particularidades propias
de las Hotentotes y Boschinianas, tampoco se encuentra entre ellas.

Entre las mestizas existen casos, aunque raros, de abultamiento
excesivo de las caderas; protuberancia muy notable en casi todas las
negras y especialmente en las africanas puras.

Por lo que respecta al hombre blanco puede asegurarse que el
abultamiento de las nalgas es mucho menor en el criollo que en el
europeo.

Ha sido sealado como carcter propio de la raza negra el tener la
pantorrilla alta y poco desarrollada, pero esto no debe ser un signo
de exacta fijeza y exclusivo, porque entre personas de raza blanca,
principalmente en Puerto Rico, es frecuente encontrar ste carcter.

Las manos de los campesinos son anchas y callosas; los pis se
desarrollan ms en el sentido de su anchura; la planta endurecida
es casi plana,  por lo mnos est muy disminuida la bveda que de
ordinario presenta: en muchos, el dedo grande est bastante separado de
los otros y como opuesto,  causa de que se sirven de l para varias
faenas.




CARACTRES ANATMICOS.


Muy  la ligera tenemos que pasar por esta parte de nuestro estudio,
tanto porque desgraciadamente la anatoma comparada de las razas
humanas ha avanzado poco, cuanto porque an en lo que se refiere  lo
ms conocido, como es el esqueleto, carecemos de colecciones que nos
permitan recoger los datos oportunos.

Por lo que respecta al crneo, por ejemplo, cuyos dimetros sirvieron
 Retzius para hacer la distincin entre las razas _dolicocfalas_ y
_braquicfalas_,  las que luego aadi Broca la _mesaticfala_, nada
podemos decir.

Sera ms que curioso averiguar cul de estos tres caractres domina
entre el elemento rural de este pas; y no porque, como creyera
Retzius, el _ndice ceflico horizontal_ sirva para clasificar las
razas humanas, puesto que este carcter coloca juntas  las razas ms
distintas, sino por lo mismo que las mezclas de razas han sido grandes
en este suelo.

Pasaremos asmismo sin tratar del _ndice ceflico vertical_,
_dimetros frontales_, etc., del campesino; en cuanto  las
_proyecciones craneanas_, nos limitaremos  recordar que en la raza
negra se proyecta ms hacia adelante la cara que en la blanca.

El volmen del crneo es ms pequeo en los negros que en los blancos;
la capacidad craneana, que es menor en la mujer que en el hombre, vara
en ste siguiendo una proporcin ascendente desde el australiano al
europeo; conviene tener presente, sin embargo, que no puede deducirse
el grado de desarrollo intelectual de una raza, de este solo carcter;
pues resulta de las medidas de Morton, que el negro criollo de la
Amrica del Norte tiene mnos capacidad craniana que el africano,
siendo superior en inteligencia  su progenitor.

Considerada la cara por s sola deberamos ocuparnos del _ndice
facial_, de los rasgos nasales, _ndice nasal_, _orbitario_,
prognatismo, etc., caractres poco estudiados an y de cuyos datos no
sacaramos consecuencias para nuestro objeto.

Mencionaremos el _ngulo facial_ ideado por Camper y cuyas variaciones
son apreciables en las distintas razas, vindose disminuir su abertura
desde el blanco al negro, por ms que no corresponda siempre  la
superioridad angular una inteligencia excepcional; los escasos
datos que hemos recogido acerca de este punto en la familia jbara
borinquea, no nos autorizan  sacar deducciones dignas de tenerse en
cuenta.

Acerca de los huesos de la cabeza, nuestras observaciones nos permiten
asegurar que existe cierto grado de dureza ms considerable en el
esqueleto de esa regin en el negro, que en el blanco; y no lo
atribuimos solamente  la osificacin de los senos frontales, observada
en las razas inferiores, sino  mayor espesor y solidez de todos los
huesos que lo forman; en las autpsias hemos comprobado con frecuencia
este detalle.

La caja osea torcica ofrece ordinariamente en el negro respecto del
blanco, la diferencia de ser en ste ancha y plana, mientras en aquel
es estrecha y prominente; en nuestras investigaciones hemos encontrado
que en los mestizos abunda esta forma de pecho, principalmente entre
las mujeres; en no pocas blancas hemos observado tambin esta forma de
pecho.

Aparte de las diferencias que los antropologistas han creido poder
sealar en el estudio de la pelvis, en las distintas razas humanas,
como tsis general se puede afirmar que entre los campesinos no son
frecuentes las deformidades pelvianas.

El mayor desarrollo que alcanza el hueso rdio y que d lugar al
alargamiento que se observa en el brazo del negro, as como otros
detalles relativos al esqueleto de los brazos, no nos ha sido posible
comprobarlos suficientemente; en las extremidades inferiores hemos
notado, muy  menudo, entre los campesinos, el arqueamiento de las
piernas; carcter que si en antropologa tiene una significacin de
valor, no en todos los casos obedece  una conformacin originaria,
pues no encontramos difcil que esa curvatura se produzca en la
infancia,  causa de poner de pi  los nios ntes de que los huesos
hayan adquirido solidez bastante para sostener el peso del cuerpo.

El exmen anatmico de las partes blandas nos lleva  tratar el
cerebro, y en general de todo el sistema nervioso. Lo haremos muy
sucintamente, y eso tan slo para recordar que de los resultados
generales formulados hasta hoy, se deduce que el cerebro pesa mnos en
la mujer que en el hombre; que dicho peso vara proporcionalmente  la
estatura; que el cerebro del blanco pesa ms que el del negro, y que
en los mestizos disminuye el peso al mismo tiempo que la proporcin de
sangre blanca.

Ya queda dicho que el peso del cerebro por s no significa, sin
embargo, mayor cultura intelectual; en cambio, los pliegues cerebrales,
_circunvoluciones_, parecen depender del grado de desarrollo de la
inteligencia.

Para terminar este apartado aadiremos que el sistema nervioso
predominante en el blanco por el cerebro, se manifiesta en el negro con
mayor nmero de expansiones nerviosas, troncos ms gruesos y filetes
ms numerosos. No cabe que hagamos aplicaciones concretas sobre este
punto.

Hemos tenido ocasin de corroborar en las autpsias que hemos
verificado, las observaciones de Prunez Bey, confirmadas por Jacquart,
acerca del predominio del sistema venoso sobre el arterial en el negro,
y el mayor volmen de los pulmones del blanco, comparado con los de los
descendientes de africanos.

En cuanto al hgado, por punto general le hemos encontrado siempre
grande, tanto en el blanco como en el negro; ya veremos ms adelante
que este hecho se explica satisfactoriamente, as como el de que los
estmagos ofrezcan  menudo afecta la mucosa.

No habindonos sido posible verificar ms autpsias que las judiciales,
estos apuntes nos resultan deficientes; la necrografa slo tendra
utilidad en este caso, verificndose en un gran nmero de cadveres.




CARACTRES FISIOLGICOS.


Est demostrado que, bajo los trpicos, el hombre es naturalmente
sbrio y prefiere para su alimentacin las sustancias vegetales, sin
que este rgimen de lugar  perturbaciones en la salud; pero esto,
que es cierto dentro de los lmites racionales que la Ciencia seala,
convirtese en vicio cuando la alimentacin es insuficiente.

Por desgracia este es el caso en que se encuentra la gran mayora de
nuestros campesinos. La alimentacin que usan es tan escasa, que apnas
si basta para la reparacin de los gastos orgnicos  que dan lugar los
fenmenos de la vida. Cuando se recuerda que un hombre adulto gasta
cada dia Az. 20 gramos--C. 300 gramos--y Agua 3 kilos, necesitando,
segn Moleschott, un trabajador para conservar su salud consumir
diariamente 130 gramos de albuminoideos secos, 84 gramos de grasa,
400 gramos de hidrato de carbono, y 30 gramos de sales, cuesta trabajo
comprender cmo la ruina orgnica no es an ms considerable en el
campesino borincano.

Tengamos presente las sustancias que constituyen de ordinario su
alimentacin: arroz, pltano--del mnos nutritivo por cierto--batatas,
ames, malangas, bacalao y pescado salado,--con frecuencia en psimo
estado de conservacin--maiz, no siempre; leche, con escasez, y se ver
claramente que la miseria orgnica tiene que ser la consecuencia de tal
rgimen.

El jbaro se alimenta mal. Adems de las sustancias referidas, suele
comer alguna que otra vez carne de cerdo, y pan de trigo,--mal
preparado casi siempre,--pero ni esta variante es regla general, ni
basta  modificar el carcter de pobreza de que adolece la alimentacin
cotidiana de las clases rurales de Puerto Rico.

Como consecuencia de esta defectuosa alimentacin la nutricin general
ha de resentirse  causa de la composicin de una sangre pobre de
elementos nutritivos, y todas las funciones orgnicas han de ser
influidas desfavorablemente por este concepto.

Perturbada la nutricin, han de faltar necesariamente las energas
musculares sanas, fisiolgicas, que obligadas  producirse, lo hacen
con debilidad  si se llenan debidamente es  beneficio de agentes,
de accin transitoria mal sana  la larga que sustituyen el defecto
nutritivo.

Como quiera que al estmago se le impone bajo un rgimen pobre un
trabajo muy considerable, claro es que la fatiga del rgano sobreviene
y con ella la necesidad tan sentida entre los jbaros del uso de
estimulantes, que al cabo determinan en la cavidad estomacal estados
patolgicos de que luego hablaremos.

Esto mismo, aadido  la influencia climatolgica, d lugar  las
irregularidades en la funcin intestinal, funcin perezosa siempre,
principalmente en las mujeres.

El hgado, el bazo y el pncreas, modifican su modo de funcionar. La
sangre, por su calidad, afecta frecuentemente al msculo cardiaco; sta
importante vscera funciona mal, disminuyendo su fuerza y aumentando
la frecuencia de sus contracciones, aminorndose la velocidad de la
corriente sangunea y la presin del lquido vital.

La funcin respiratoria, gracias  la gran cantidad de aire oxijenado
que respira de ordinario el campesino, se verifica bien.

Los rganos de los sentidos no ofrecen particularidad digna de
mencionarse.

Por lo que respecta  la funcin cerebral nos limitaremos  apreciarla
con Gratiolet "por sus manifestaciones," de las que trataremos en lugar
oportuno.

En cuanto  la funcin catamenial, siendo un hecho conocido que en la
raza de color el flujo menstrual se presenta ms temprano, debemos
aadir que entre las campesinas es siempre temprana la poca de de la
aparicin de aqul, tanto por la influencia del clima, cuanto por otras
causas del rden moral que apuntaremos oportunamente.

La actividad genital y la fecundidad son notables en el grupo rural;
entre ellos el nmero de hijos llega  veces  ser considerable; la
esterilidad puede asegurarse que es una bien rara excepcin en el campo.

La secrecin lctea es abundante en las madres, si bien la leche se
resiente de exceso de agua.

La duracin de la vida no podemos fijarla; el Registro Civil,
establecido hace poco ms de un ao, lucha an con las dificultades de
su instalacin y los obstculos propios del esparcimiento en que viven
los campesinos. En los registros parroquiales los datos referentes 
las edades no merecen entera confianza para justipreciar la vida media
del campesino. Puede asegurarse, sin embargo, que el jbaro que vive en
regulares condiciones, llega  la vejez, y es un hecho evidente que su
ancianidad es mnos achacosa, ms fuerte de lo que poda esperarse.

Confrmase en Puerto Rico lo que ya ha sido sentado por los
antropologistas, y es que la vida media en todas partes y para todas
las razas es poco ms  mnos igual.




CONDICIONES PATOLGICAS.


Entre las diversas enfermedades que el hombre puede contraer, hay
algunas que sean exclusivas al campesino? No ciertamente; pero es
innegable que el grupo rural se encuentra sometido  influencias
distintas de las del grupo urbano, y por lo tanto sus aptitudes
morbosas han de ser diferentes. El hombre, en general, es apto para
contraer cualquier dolencia. Por lo que tiene de uniforme el organismo
humano,  mejor dicho, de idntico en lo fundamental, en toda la
especie, la morbosidad afecta por igual  todos los indivduos; pero
por cuanto cada persona, sin dejar de ser en lo fundamental idntica 
su congnere, es, no obstante, diferente en lo accidental, as como en
cada familia existen rasgos diferenciales, y en las razas caractres
especiales que las distinguen entre s, las condiciones de morbosidad
son variables para el indivduo, la familia y la raza.

Todos los antropologistas convienen en que ciertas razas estn ms
predispuestas que otras  adquirir un estado morboso dado; y que
indivduos de la misma raza adquieren aptitudes que les hacen indemnes
para ciertas enfermedades  que otros pagan tributo. Sin ir ms lejos,
todo el mundo sabe que la edad es bastante para modificar las aptitudes
patolgicas; no se padecen en la infancia, las enfermedades que en la
edad adulta y en la vejez; en cuanto al sexo, las diferencias morbosas
son an ms notables.

Pero de todas las causas capaces de ocasionar aptitudes distintas para
adquirir las enfermedades, ninguna tan digna de atencin como el medio,
que si es accin modificadora importante, tambin puede constituir un
elemento perturbador del organismo.

Sabido es que la ciencia mesolgica es de gran importancia en la
Sociologa; pero no lo es mnos cuando se trata de patologa humana;
la Geografa mdica, por ejemplo, estudiando la influencia morbosa
ejercida por los agentes meteorolgicos sobre el hombre, la influencia
del clima, etc., nos d la clave de muchos hechos que observamos.

El hombre no puede llamarse cosmopolita, en el sentido de poder habitar
impunemente para su salud este  aquel lugar del globo; es sabido que
el negro no prospera sacndole de los trpicos, y si hemos de atenernos
 las observaciones de los higienistas americanos, si por acaso
resiste fsicamente al frio, es en menoscabo de su inteligencia; en la
provincia de Maine parece que se encuentra 1 loco por cada 14 negros;
estadstica horriblemente dolorosa, que demuestra que en las regiones
del Norte no puede prosperar esta raza.

Las mismas enfermedades tienen sus estaciones y hasta sus pases;
algunas no salen de ciertos lmites, como, por ejemplo, la fiebre
amarilla que no se ha observado ms all de los 928 metros de altura,
ni el cretinismo  ms de 1000 metros. Otras no se conocen en algunas
regiones. El paludismo, por ejemplo, tan comn en nuestra Isla, no se
encuentra en el cabo de Nueva Esperanza.

Las mismas relaciones mtuas de los hombres entre s, modifican la
patologa de una regin, y en este particular conviene sealar el
hecho de la desastrosa influencia que ejerce la raza blanca sobre las
razas inferiores cuyo pas invade. Todo el que se dedique  estudiar
estas cuestiones de patologa tnica, sabe que en las islas Sandwich,
en Nueva Zelandia, en las Marquesas, en toda la Polinesia, tanto en
la oriental como en la occidental, la presencia del europeo ha sido
seguida de una despoblacin notablemente rpida, hecho que nos hace
recordar la cuestin del nmero de habitantes que, segn los primitivos
historiadores, tena Puerto Rico en la poca del descubrimiento.
Posible es que existiese aqu tan crecido nmero de indgenas, y
fundamos nuestra creencia en los ejemplos anlogos que nos ofrece la
historia contempornea.

El capitn Cook en 1778 encontr en la Nueva Zelandia 400.000 maors;
el ao 1858 no quedaban sino 56.049; Porter en 1813 encontr 19.000
guerreros en las Marquesas, y en 1858 M. Jouan slo hall 2.500;
Forster calcula en 20.000 almas la poblacin de Tati, y en 1857 la
estadstica oficial slo arroja 7.212. Estas elocuentes cifras de
hechos ocurridos en nuestros dias dan apoyo  dicha opinin.

Puerto Rico pudo ser despoblado en tan poco tiempo, no obstante
ser numerossima su poblacin indgena. Ya ntes hemos enumerado
rpidamente multitud de causas que lo explican; pero adems de ellas
existe esa extraa influencia de que hablamos, ejercida por la raza
blanca, influencia que se traduce por una mayor mortalidad y por el
descenso de la natalidad que llevan al aniquilamiento la raza inferior.

Desprndese de todo cuanto llevamos dicho, que la morbosidad en la
especie humana es variable segn numerosas causas; por lo que se
refiere al campesino borinqueo nos habremos de ocupar de las entidades
morbosas que lo afectan actualmente desde la niez, consagrndole
atencin preferente  las que de un modo general actan sobre el total
del grupo que estudiamos.

Hay en esta cuestin involucrada otra primordial para el porvenir de
este pas. Cul es la raza que puede vivir en mejores condiciones
en l? Cuestin ajena  este trabajo, pero  la cual la patologa
puertorriquea lleva un contingente de datos preciosos.

Abordmos este anlisis de la patologa puertorriquea dentro de los
lmites que  nuestro problema interesa.




PATOLOGA DE LA INFANCIA.


Existe un cierto nmero de enfermedades que, por ser de las que invaden
al hombre durante los primeros dias de su existencia, constituyen un
grupo patolgico especial de la infancia. Acerca de esta parte de
la patologa general expondremos algunas breves consideraciones que
juzgamos pertinentes al asunto que nos ocupa.

El acto fisiolgico ms importante de cuantos verifica el organismo de
la mujer, aquel en que la vida misma est comprometida, es, sin duda,
la maternidad. Entre algunos pueblos salvajes, el solemne momento de
dar vida  un nuevo sr no parece que tenga mucha mayor importancia
para la mujer que para las hembras de los animales irracionales; no
solamente carece de srios peligros y no exije precauciones, sino que
el _tempus puerperii_ en nada se diferencia de las pocas comunes;
pero tratndose de la mujer civilizada las circunstancias varan
radicalmente. La civilizacin que ha hecho de la mujer algo ms que la
hembra del hombre, la ha rodeado de un medio, artificial si se quiere,
y criticable bajo otros aspectos, al cual se ha amoldado su organismo,
y por ello, la que va  ser madre, debe ser objeto de ciertas
atenciones, sin queremos comprometer su vida y la de su hijo.

Ahora bien, la campesina puertorriquea d  luz sus hijos rodeada
de psimas condiciones. Ninguna persona idnea la asiste;  lo sumo
recibe los cuidados de alguna curiosa, con pretensiones de comadrona,
cuya ignorancia suele correr parejas con su atrevimiento para propinar
brebajes inconvenientes, y que es incapaz de servir debidamente  la
madre en el doloroso trance, ni al nio en los primeros momentos,
momentos difciles y delicados  veces, en que la criatura que viene
al mundo necesita solcito y racional tratamiento sin el cual aquella
nueva vida quiz se extinguira en sus albores.

Prescindamos, por ahora, de los inconvenientes que acarrea esto 
las madres; en cuanto  los nios atae, se comprende fcilmente la
perniciosa influencia de semejantes circunstancias; pero si  ellas
aadimos la ignorancia de las madres campesinas, mucho mayor ha de ser
el riesgo que corran las criaturas que vienen al mundo en nuestros
distritos rurales.

La asfixia de los recin nacidos, por ejemplo, esa muerte aparente en
que la respiracin est detenida,  se verifica de un modo incompleto
 irregular, debe ocasionar bastantes vctimas; sobre todo la asfixia
que depende de las enfermedades debilitantes de la madre,  es la
consecuencia de la debilidad orgnica de los padres, que por cierto son
los casos en que el proceso morboso es ms grave.

Otra dolencia que exije cientfica solicitud, es la hemorrgia
umbilical, accidente que no debe ser raro entre los hijos de los
campesinos, que por lo general heredan de sus progenitores una
organizacin pobre.

Entre ellos hemos tenido oportunidad de observar, si no con ms
frecuencia que en otras clases sociales con la misma al mnos, casos
de supuracin y ulceracin del ombligo. Lo mismo decimos de la hernia
umbilical; si bien es preciso anotar que esta enfermedad es mucho ms
comn en la raza de color; casi es general entre los negritos. Sbese
que las criaturas flatosas,  causa del dolor que experimentan durante
los clicos ventosos de que sufren, lloran con violencia y  menudo; 
esta causa obedecen algunos casos de hernias; pero otros son debidos 
la lentitud con que se desarrollan las paredes abdominales, y tal vez 
esto se deba la predisposicin mayor con que las padece la raza negra.

Pero de todas las enfermedades que el nio puede adquirir en los
primeros dias de su nacimiento, el ttanos, _mocesuelo_, es la que
mayor mortalidad ocasiona en la poblacin infantil: puede decirse que
el padecimiento es endmico en Puerto Rico.

Hasta ahora se ha venido atribuyendo su produccin  cambios
atmosfricos,  irritaciones nerviosas, etc.; hoy comienza  sealarse
otra causa, parasitaria, que se ha creido encontrar en el suelo de las
cuadras y lugares anlogos en donde habita el caballo. No hemos de
discurrir en este momento acerca de la procedencia equina del ttanos
en general, limitndonos  sealar la nueva hiptesis; pues sea de
esto lo que quiera, el hecho es que tanto al influjo de los cambios
atmosfricos, cuanto  la infeccin del suelo por la vecindad de sitios
frecuentados por caballos, est ms expuesto el recin nacido en el
pobre boho del jbaro, que el que viene al mundo rodeado de otras
comodidades.

Citaremos la ictericia por ser enfermedad frecuente entre los nios,
y la oftalmia purulenta, de desastrosas consecuencias cuando no se
cuida; afeccin esta ltima propia de los hijos de madres linfticas y
de constitucin dbil, y que es, por lo tanto, muy comn en la familia
rural puertorriquea.

Las enfermedades de que hemos hablado hasta ahora no son todas las
que puede padecer el nio; por desgracia ste no slamente tiene
su morbosidad propia, sino que dicha morbosidad es considerable.
El nio es un tipo fisiolgico especialsimo, que tiene una salud
muy quebradiza; las estadsticas lo demuestran, ensendonos que
el obituario de la infancia suma cifras mucho ms altas que el de
los adultos. Si esto es cierto en general, cunto ms no lo ser
tratndose de personas que por su modo de vivir y por su posicin
social estn ms expuestas que otras  enfermarse?

Hemos visto en la enumeracin anterior, la aptitud morbosa del hijo
del campesino en los primeros dias de su vida; continuando este
breve anlisis, indicaremos los desrdenes patolgicos de que es ms
susceptible durante todo el perodo infantil.

Empezando por las enfermedades de la piel, se ofrece desde luego 
nuestra consideracin el grupo de los exantemas agudos y contagiosos,
que son:

_La Escarlatina_, no tan frecuente ni tan grave como en otros climas.
Suele, sin embargo, traer por secuela, en muchos casos, la enfermedad
de Bright; si bien creemos que se deba ms  descuidos en el rgimen,
que  la malignidad de la afeccin principal.

_El Sarampin_, tampoco se presenta, de ordinario, en sus formas
graves; pero  consecuencia de las preocupaciones y errneas creencias
del vulgo, ocasiona bastantes vctimas. Crese en el campo, que el
sarampin no debe tratarse guardando cama el enfermo, y que si el
exantema brota estando al aire el nio, es ms peligroso recogerle
que dejarle pasar la enfermedad _ todo viento_; as, como cuando
empieza el catarro que precede al sarampin, si el nio no est muy
abatido no quiere estar en la cama, y por lo general pasa al aire su
enfermedad; de aqu las retropulsiones del exantema, y las pulmonas;
con este sistema coincide una alimentacin psima y el uso de remedios
que descomponen el vientre, los desrdenes intestinales sobrevienen,
el enfermito se demacra, la fiebre persiste y el nio sucumbe de
consuncin.

_La Viruela_ suele presentarse en sus formas graves; pero tambin
mueren ms nios vctimas de las preocupaciones paternas, que por la
enfermedad en s. Tiene el vulgo la creencia, lo mismo en los campos
que en las ciudades, de que los mdicos _no saben curar la viruela_.
De aqu el frecuente uso de remedios caseros internos y externos;
algunos, por cierto, de procedencia no muy compatible con la limpieza
que fuera de desear.

Aunque la generalidad cre en el contagio, no es con una f muy firme;
nadie, v. g., concibe que los vestidos se carguen de los miasmas
productores del exantema y que por este medio se pueda transportar 
distancia el grmen de la dolencia; por eso las personas que se ponen
en contacto con los enfermos para asistirlos  visitarlos, luego van 
sus casas y  la de los vecinos, y sin mudarse de ropas toman en brazos
los nios y les trasmiten la enfermedad, ponindoles en comunicacin
con los grmenes de que son portadoras.

Por esto, y por la prevencin con que an se mira la vacuna, es que
se propaga con tanta intensidad la viruela en nuestros campos. Son
pocos los que creen en la vacunacin como medio profilctico y siempre
encuentran un pretexto para huir de una prctica que slo aceptan
forzados y  regaa-dientes. Una vez vacunados, ya no se cuidan ms de
la revacunacin, entendiendo que la inmunidad que se les ha prometido
no tiene lmite.

La enfermedad que nos ocupa no slo diezma  sta, como  las dems
clases pobres de nuestra sociedad, sino que deja  su paso multitud de
ciegos y lisiados.

El cuadro de las enfermedades nerviosas nos ofrece gran nmero de
padecimientos, entre los cuales, la fiebre cerebral, las meningitis, el
hidrocefalides y el hidrocfalo crnico se observan con frecuencia.

Casos de espina bfida tambin los hemos encontrado  menudo.

La eclampsia, convulsiones de los nios, llamada _alfereca_, es, 
no dudarlo, un padecimiento muy comn; y se explica con slo recordar
que en su etiologa figura con frecuencia la irritabilidad intestinal,
y que esta se produce  causa de una alimentacin mal dirigida 
viciosa, que es casi siempre el caso en que se encuentran los hijos
de gentes pobres y aun de no pocas familias acomodadas. "El hijo del
pobre, dicen, debe acostumbrarse  comer de todo," y siguiendo esta
mxima le echan al estmago de las criaturas sustancias alimenticias
que no puede aquel rgano digerir.

La imbecilidad, el idiotismo y las anomalas congnitas del cerebro dan
tambin en los campos su contingente  la patologa infantil.

De los afectos propios de los rganos de los sentidos, el ms frecuente
es el catarro del oido en sus distintos grados.

Los rganos de la respiracin se afectan de muy varios modos: el
catarro nasal simple, el catarro bronquial, la neumonia, se observan 
menudo; el asma misma se halla con extraordinaria frecuencia; la tos
ferina, _tos brava_, reviste caractres de rebelda muy acentuados, y
el crup no deja de castigar  las pobres familias campesinas.

Las endocarditis y pericarditis, enfermedades del aparato circulatorio,
siendo como es cosa comn el reumatismo, ocasionado por la falta de
abrigo conveniente, tambin encajan en esta enumeracin  ttulo de
padecimientos no raros.

Las enfermedades del aparato digestivo son las ms numerosas: el
muguet, _sapos_, lo padecen casi todos los nios, principalmente
durante la denticin, que es difcil, en tsis general,  causa de
mltiples circunstancias que se refieren  la pobreza de calidad de
la leche de las madres,  la debilidad orgnica congnita,  la mala
alimentacin, etc.

Esta ltima causa, contribuye  que los padecimientos
gastro-intestinales, agudos y crnicos, sean tan comunes en los nios
de nuestra poblacin rural; la lienteria y la misma tabes, se las
encuentra en casi todas las familias haciendo vctimas.

La perversin del apetito, _el vicio_ como le llaman en el campo, que
consiste en alimentarse de tierra, ceniza, cal, es un estado morboso
que los mdicos tienen ocasin de comprobar  cada paso.

Lo propio sucede con los entozoarios, _lombrices_. Este padecimiento es
tan general, que las madres atribuyen  las lombrices casi todos los
desrdenes morbosos que observan en sus hijos.

Los infartos del hgado y del bazo son de una notable frecuencia; lo
propio que las fiebres intermitentes, que no respetan edades. Hemos
tenido ocasin de observar el paludismo hasta en nios recin nacidos.

Las partidas--_paperas_--son bastante comunes; la angina tonsilar y
sobre todo la hipertrofia de las amigdalas son padecimientos ordinarios.

El raquitismo, las discrasias tuberculosas y escrofulosas, y las
manifestaciones de esta ltima ya en los ganglios, huesos, 
articulaciones, son casos que hallamos todos los dias en las criaturas
de la clase de que venimos ocupndonos.

La nefritis es una enfermedad  causa de la cual sucumben bastantes
nios.

Recordando que es frecuente la fimosis congnita, y el hidrocele en los
varoncitos, y el catarro de la mucosa genital, _flores blancas_, en
las nias, cerramos este compendio de las enfermedades  que est ms
expuesto durante la infancia el habitante de nuestros campos.




PATOLOGA DE LA MUJER.


Desde la infancia se distingue el tipo femenino del masculino por
caractres fisiolgicos que no escapan  una observacin discreta; pero
las diferencias no se limitan  esto. La sexualidad, dentro del terreno
patolgico, se manifiesta perfectamente diversa desde ese perodo de
la vida humana en que el indivduo slo tiene sealados los rasgos
particulares que ms adelante han de acentuar los sexos.

Estas modalidades patolgicas, notorias ya en la infancia, se marcan
ms despus que la pubertad establece el poder sexual, continundose
con la actividad funcional de rganos que han de extinguirse en la edad
de la menopausia, no sin dar lugar  perturbaciones en el organismo
femenil.

La aptitud morbosa de la mujer, como la del nio, ofrece, pues,
caractres de singularidad que nos obligan  dedicarle algunas lneas.

La campesina puertorriquea, anmica por lo general, est sugeta,
ms que otra alguna,  trastornos funcionales de los rganos de la
generacin, sobre todo aquellos que dependen de causas predisponentes
generales y constitucionales debilitantes, tales como alimentos de
mala calidad, temperamentos linftico y nervioso, constitucin pobre,
etc. De aqu que la amenofnia, (ausencia de la primera evolucin
catamenial) y la amenorrea (supresin del flujo ya establecido) no sean
del todo raras.

La dismenorrea nerviosa, vulgarmente _dolor de hijada_, es muy
frecuente.

La menorragia,  sea la exajeracin del flujo menstrual, se observa
tambin  menudo.

Como todo lo que es capaz de debilitar el organismo es causa de la
clorosis, no es de extraar que una afeccin caracterizada por el
aumento de la parte serosa de la sangre y la disminucin de los
elementos cruricos y fibrinosos, sea comn entre personas del grupo 
que nos referimos.

Entre las lesiones de la inervacin, el histerismo nos merece atencin
especial. Causas bastantes abonan la frecuencia con que se observa esta
enfermedad entre las campesinas: las condiciones climatolgicas, el
temperamento, el tipo moreno dominante, la debilidad constitucional,
etc. Los mdicos tienen ocasin de comprobar  cada paso que la
histeria--_mal de corazn_, _mal de pelea_--es un padecimiento
corriente.

Debemos sealar,  ttulo de enfermedades comunes, las vaginitis,
la procidencia y otras dislocaciones uterinas; no lo son mnos las
metritis en sus distintas manifestaciones, las ulceraciones del cuello,
los tumores y el mismo cncer.

La leucorrea, _flores blancas_, es un padecimiento vulgar; las mismas
causas debilitantes  que ntes hemos hecho referencia, el uso de
vestidos de poco abrigo y la costumbre de no usar ciertas prendas de
vestido interior, destinadas  cubrir partes del cuerpo que conviene
preservar de la humedad, facilitan la presentacin de este padecimiento.

Durante el embarazo la campesina est sugeta  esa multitud de
trastornos que caracterizan la patologa de la preez: vmitos,
hemorragias, varices, albuminria, neurlgias diversas, eclampsia, etc.

La distocia no es ms comn entre las campesinas que en otros grupos
femeninos; pero  causa de las razones que expusimos al tratar de
las enfermedades de la infancia, ofrece mayor gravedad. Casi siempre
el mdico es llamado despus que por la comadre  curiosa se han
puesto en prctica multitud de absurdos procedimientos, ofrecindosele
como es consiguiente al prctico dificultades sumas para salvar  la
paciente. Si se trata de hemorragias puerperales, que no son raras,
por desgracia, casi siempre llega tarde; y en los casos de posiciones
viciosas del feto, de ordinario es imposible una oportuna rectificacin.

Los cuidados posteriores al alumbramiento son nulos entre las
campesinas; el rgimen higinico no existe; la madre deja el pobre
lecho pocas horas despus del parto, y si bien este mal parece
que no las perjudica en el acto, casi todas sufren ms tarde las
consecuencias, manifestadas en forma de prolapsus uterino, hemorrgias
secundarias, etc. No son extraos los casos de fiebre puerperal. En no
pocas ocasiones la convalecencia de un alumbramiento no es ms que el
principio de una tsis que lleva rpidamente al sepulcro  una madre.

Durante la lactancia, hemos observado  menudo que las mamas eran
asiento de linfitis, de grietas y de tumores.

La galorrea,  sea la secrecin excesiva de la leche, se presenta con
frecuencia.

Por ltimo, los tumores no malignos y el cncer de las mamas se
encuentran en el cuadro patolgico de la mujer de nuestros campos.




ENFERMEDADES EN GENERAL.


Ninguna otra afeccin como el paludismo merece el primer lugar en este
estudio, por la importancia que tiene en la patologa puertorriquea.
Puede asegurarse que todas las enfermedades que en Puerto Rico se
padecen, principalmente entre los campesinos, se relacionan con el
paludismo: cuando l no las constituye,  lo mnos las complica.

Ya es franca y abiertamente una manifestacin febril cotidiana, tercia
 cuarta, ya una engaosa larvada, ya una perniciosa que reviste las
ms caprichosas formas; es un verdadero Proteo de la patologa, contra
el que hay necesidad de vivir alerta para descubrirlo en sus ms
caprichosos y sorprendentes disfraces.

Siempre fu el paludismo, segn todos los mdicos que de este asunto
se han ocupado, un padecimiento frecuente en Puerto Rico. Ya Fray
igo, en el captulo _Enfermedades que ms comunmente se padecen
en la Isla_, deca: "Otra especie de calenturas se padecen en esta
Isla y son frecuentes en las vecinas y mucho ms en los valles de la
tierra-firme: dnlas el nombre de calenturas de costa, de tercianas y
otras diferentes. Atacan  los criollos,  los europeos y africanos,
especialmente  los que habitan en los valles, tierras hmedas 
meramente desmontadas. La espesura de exhalaciones ptridas que la
fuerza del sol levanta de las tierras nuevas y lagunas, impregnan el
aire, ste inficciona la masa de la sangre y resultan las calenturas
intermitentes que suelen guardar en las accesiones la crsis de
tercianas  cuartanas, cuya duracin llega  cuatro  seis aos _sin
que hasta ahora hayan encontrado medios de cortarlas_. Los que llegan 
limpiarse de ellas convalecen con mucha dificultad y lentitud, muchos
quedan en una debilidad habitual, el cuerpo extenuado y sin fuerzas.
Los alimentos sin sustancia y el aire poco favorable para recuperar la
salud conducen al paciente de una enfermedad  otra; los que se salvan
de las calenturas vienen  morir de hidropesa."

Admira ver cmo el religioso benedictino aprecia las causas
esencialsimas del modo de ser de nuestra poblacin. Enseanza grande
nos d este prrafo por lo que demuestra respecto de las condiciones
fsicas del habitante de Puerto Rico  fines del siglo XVIII. En l
vemos que ya entnces era un hecho la extenuacin y debilidad habitual
de muchos; extenuacin y debilidad que, como era lgico suponer,
siguiendo como han seguido actuando las causas del paludismo en los
campos, han venido  influir considerablemente en la patologa actual
de nuestros campesinos.

Ntese bien que todava en la poca de Fray igo, all por los aos
de 1781, no haba medio con qu cortar las calenturas intermitentes.
Se curaban porque s,  no se curaban, dejando en el primer caso una
debilidad orgnica que ha redundado en perjuicio de la generacin
presente, generacin sobre la cual, preciso es confesarlo, aun puede el
paludismo actuar grandemente, gracias  la falta de drenajes, etc., y 
la falta de ilustracin y escasez de medios, lo cual hace que todava
el quinino no preste toda la utilidad debida entre las gentes del campo.

El doctor Don Calixto Romero y Togores, en sus notas  este captulo
de la Historia de Puerto Rico, deca el ao de 1866: "Las fiebres
intermitentes siguen siendo uno de los padecimientos ms frecuente de
la Isla." Habla luego de las causas,  sea de la influencia telrica y
aade: "Por esta razn, los hombres expuestos  su accin, v. gr., los
_labradores_, la padecen con frecuencia," y concluye diciendo: "Al cabo
de cierto tiempo constituyen  los calenturientos en sugetos raquticos
que sufren infartos del bazo  de ste y el hgado, que determinan 
su vez una srie de padecimientos que abrevian considerablemente la
duracin de la vida."

En nuestros dias los mdicos que han escrito acerca de este particular,
estn de acuerdo en declarar endmicas las fiebres intermitentes en
la Isla; as lo creen todos los profesores de medicina que practican
en la provincia. Hay localidades en las que se extrema la frecuencia
del elemento palustre. El doctor Don Antonio J. Amadeo, de Maunabo, y
el doctor Don Jos de Jess Dominguez, de Mayagez, han escrito en el
sentido expuesto luminosos artculos acerca de este particular. El
doctor Don Ricardo Rey, con el mismo motivo, ha dicho hace poco:[5]
"Basta recorrer la Isla de Norte  Sud y de Este  Oeste, para observar
que uno de los efectos morbosos con que el mdico prctico ha de luchar
de contnuo, ha de ser el miasma de los pantanos. El suelo, contina el
mismo escritor, en que el astro del dia ejerce su poder, no puede ser
ms abonado ni reunir mejores condiciones. Por todas partes se observa
una exuberante vejetacin. No hay lugar en que el mdico lo mismo que
el botnico no admiren la rica flora que presenta la Isla; pero tambin
admira y causa al mismo tiempo dolor, contemplar inmensos focos de
infeccin producidos por mltiples pantanos, por cinegas infinitas,
por aguas sin corriente, que cubiertas de flores y verdor, rodeadas
de impenetrables bosques, ofrecen  sus habitantes un constante y
deletereo elemento que viene dia tras dia, generacin tras generacin,
ejerciendo su influencia morbfica."

       [5] _Estudios sobre el Paludismo_, artculos publicados en _El
       Eco Mdico Farmacutico_, de Puerto Rico.

Efectivamente, _dia tras dia, generacin tras generacin_ vienen
actuando sobre el puertorriqueo y de un modo especial sobre
el jbaro las influencias reunidas del calor, la humedad y las
sustancias orgnicas vegetales, que son los elementos necesarios para
que--verificada la descomposicin de las ltimas--se desarrollen las
calenturas intermitentes y remitentes que actan todo el ao en los
campos de la Isla, en donde encuentran organismos ya predispuestos 
padecerlas por el hambre y otras causas debilitantes.

No somos nosotros los primeros en decirlo: el escritor que acabamos
de citar, en su estudio ya referido, lo ha dicho ntes que nosotros:
"Existe, vive en esta Isla una poblacin, y no es la mnos numerosa,
vejetando (permtaseme la frase) entre cinegas y pantanos, sostenida
con alimentos vejetales y bebiendo agua fangosa." Expone luego el
deber en que est la administracin de hacer desaparecer esa causa de
paludismo, y de ella "espera que _un pueblo enfermizo y de poca vida_
se convierta en sano y viril."

Ciertamente, el campesino puertorriqueo es enfermizo; por muchos
otros motivos, pero indudablemente  causa del mismo paludismo que,
produciendo la caquxia paldica, nos le presenta con semblante
abofado; le produce infiltracin del tejido celular subcutneo, le d 
la piel color terroso sucio,  su mirada languidez,  las conjuntivas
exanges blancuras,  los miembros laxitud general, cortedad  la
respiracin, palpitaciones irregulares al corazn, hinchazones al
hgado y bazo,  hidropesas, en fin, que todas estas lesiones suelen
ser consecuencias de tan poderoso veneno.

       *       *       *       *       *

Tcale  la anmia, en rden de importancia, lugar anlogo al del
paludismo. Enfermedad propia de los climas trridos, amaga  todos
los habitantes de la Isla, agobiando  la mayora de los campesinos
puertorriqueos. La influencia trmica del medio ambiente basta por s
sla para producir la anmia. Aun en los climas templados se observa,
durante el verano, cuando los calores han sido fuertes, que muchas
personas pierden el apetito, se sienten incapaces de desarrollar su
actividad ordinaria, palidecen; en una palabra, estn bajo el influjo
de un ligero grado de anmia. Con cunta ms razn no ha de ser
general este padecimiento en una zona cuya temperatura constante es
alta todo el ao!

En tsis general podemos decir que el habitante de los trpicos est
sugeto  la anmia por el slo hecho de la temperatura que soporta;
pero esto tiene sus limitaciones individuales. Hay razas organizadas
para sufrir los calores tropicales sin menoscabo de la salud, y otras
que, an no estando tan bien dotadas por la naturaleza, proceden de
climas clidos, han nacido en la zona  trrida, se han aclimatado y
viven bien, aunque ligeramente anmicos; porque la anmia dentro de
ciertos lmites, mientras la cantidad y la calidad de los glbulos
sanguneos no disminuye de un modo considerable, es compatible con
la salud, y hasta se ha considerado como necesario y saludable
acomodamiento del organismo al clima. Claro es que si pasa de estos
lmites, constituye un estado morboso.

Para la raza originaria de frica, por ejemplo, la accin del clima
puertorriqueo, por lo referente  la temperatura, no es perjudicial;
para los europeos la accin morbosa de la temperatura ser tanto ms
sensible, cuanto mayor sea la discrepancia del clima en donde nacieron,
con el de este pas; y por lo tanto, cuanto de ms hacia el Norte
procedan, ms en peligro estarn de ser vctimas de la anmia trmica;
sus condiciones funcionales orgnicas estn muy distantes de las que
les seran necesarias para resistir el ardiente sol de los trpicos.
Por razones opuestas, los europeos nacidos en las zonas clidas estn
mejor dispuestos para acomodarse  las necesidades del clima, y he aqu
explicado por qu los espaoles han prosperado y dejado descendencia
viable en estas regiones, cosa que no han logrado otros pueblos.

En efecto; la pennsula Ibrica est colocada entre las lneas
isotermas de +15 y +20 formando parte de la zona comprendida entre
las lneas isotermas +15 y +25  sea la regin de los climas
clidos. Puerto Rico est comprendido en la zona que desde la lnea
isotrmica +25 va hasta el Ecuador termal; su temperatura media,
segn las observaciones meteorolgicas hechas por la Jefatura de Obras
pblicas, en San Juan es de 26 en invierno y de 28 en verano; pero
en el interior es indudablemente ms baja; por lo cual la divergencia
climatolgica no resulta tan extrema como la latitud geogrfica. As
se comprende que los espaoles, y sobre todo los de la parte del
medio-dia, hayan podido fundar sociedades permanentes en estas Islas;
estn en condiciones de adaptacin de que carecen el alemn y el ruso,
nacidos en zonas contenidas entre las lneas isotermas +15 y +5.

Si el padre ha triunfado de las condiciones trmicas, por las leyes
de la herencia se explica que el hijo vaya ganando en facilidades
para habituarse  las influencias del nuevo clima; y as es: los
descendientes de europeos soportan el clima mejor que sus progenitores,
con slo ese ligero grado de anmia de que ntes hemos hablado.

Esto no quiere decir que el campesino puertorriqueo de orgen
europeo, no pueda ser vctima de la anmia morbosa, dependiente del
clima trrido que habita; de la anmia habitual y compatible con el
ejercicio normal de las funciones orgnicas  la morbosa grave, el
paso se efecta con facilidad; pero hay que tener en cuenta, que la
temperatura en los campos, sobre todo en las alturas, es notablemente
ms baja que la arriba citada, y por lo tanto ms soportable, por lo
cual nos permitimos asegurar que los casos de anmia tropical pura,
exclusivamente debidos al calor excesivo, son escasos.

En cambio la anmia dependiente de otras causas es comn; organismos ya
predispuestos, fcilmente se vuelven anmicos  poco que hayan sufrido
una enfermedad grave, una prdida de sangre, etc.

Todas las causas, pues, que en otros pases son capaces de determinar
la anmia, obran con mayor facilidad en el campesino borincano. En
las mujeres, el alumbramiento es casi siempre motivo de anmia; la
lactancia, con ms razn. Cmo no haba de ser as cuando  las
naturales prdidas orgnicas propias de esos actos, hay que aadir la
insuficiencia de la alimentacin!

No podemos prescindir de ocuparnos de este particular cada vez que se
nos presenta ocasin de hacerlo. Tenemos, segn hemos visto, que el
pas, por s mismo, basta para que el hombre que lo habita se vuelva
algo anmico y aun que sucumba  la anmia. Qu hay que esperar que
suceda cuando la alimentacin es insuficiente y  veces de psima
calidad? Ya ntes hemos mencionado las sustancias que componen la
mesa del jbaro; pero nos falta aadir que muy frecuentemente algunas
de esas sustancias las consume daadas; hemos visto en no pocas
ocasiones expender, principalmente las _arenques_, el bacalao y el pan
de tan psima calidad, que deba haberse prohibido su venta. En este
particular es preciso hacer constar que la avaricia y el poco escrpulo
de algunos especuladores raya en lo increble. Hay quien se enriquece
en poco tiempo acaparando el dinero del infeliz labrador  cambio de
los desechos de los almacenes de las poblaciones, alimentos podridos
que se adquieren  bajo precio, para venderlos al jbaro, en vez de
elementos reparadores de su empobrecido organismo; sustancias que no
slo no le nutren, sino que pueden enfermarle. Por desgracia la falta
de una organizacin sanitaria hace posibles estos delitos, verdaderos
agiotajes con la sangre del pobre labrador.

Cierto que el jbaro es poco escrupuloso y se conforma con que le
cueste barato el alimento, aunque la inanicin le consuma; pero esto
no es razn para dejar que se le explote. Bastante hay ya con que de
por s sea sbrio; admira verle satisfecho con encontrar bajo un rbol
de mang mesa puesta mientras dura la cosecha, y consumir el fruto aun
ntes de que madure.

Es de notar que el jbaro no usa el maiz con la frecuencia que debiera;
prefiere el arroz, aunque no es tan nutritivo; este cereal que  menudo
consume sin otra preparacin que la de cocerle con agua y sal, le
produce opilaciones. En ciertos casos, ntes de estar completamente
formado el grano, se sirve de l como alimento; corta las espigas
todava verdes, tuesta el grano y satisface su hambre  cambio siempre
de la pobreza nutritiva.

Otra de las causas de anmia consiste en la mala calidad del agua. El
campesino en muchas localidades bebe la que tiene ms cerca, aunque sea
poco potable. Los estmulos que emplea para activar la digestin, el
uso del alcohol como compensador de su rgimen alimenticio, y el abuso
del tabaco mascado, son causas que contribuyen  la enfermedad de que
venimos tratando.

Al paludismo,  las causas debilitantes de una alimentacin escasa
y de mala calidad y  las enfermedades producidas por un rgimen
higinico detestable, debemos atribuir principalmente la anmia del
campesino puertorriqueo. Squesele de ese rgimen y se le ver perder
ese acentuado color plido, tan frecuente entre los jbaros. El clima
debilita un poco, pero el dao no lo produce solamente el calor, lo
hacen ms acaso las transgresiones indicadas.

       *       *       *       *       *

Aunque no tan generalizadas como la anmia, pueden citarse la clorosis
y la leucenia misma, como padecimientos del campesino.

La escrofulsis es ms comn; hiere  un considerable nmero de
indivduos de este grupo. Y se explica: en los campos los enlaces
entre parientes cercanos no son raros; no es extrao tampoco encontrar
viejos empeados en trasmitir una vida que se les escapa, y personas
caqucticas vemos  cada paso llenas de numerosa familia; los hijos que
de estos enlaces nacen, estn, casi todos, condenados  ser vctimas de
la escrfula. Si  esto aadimos las causas debilitantes de que ntes
hemos hecho mencin, no nos sorprender que el escrofulismo se haya
enseoreado de los campos de Bornquen.

Las enfermedades ms comunes del aparato digestivo son las dispepsias,
gastritis, gastrlgia; sta, llamada por el vulgo _pasmo_ y confundida
con el ttanos, no es ms que una neurlgia del estmago dependiente de
la anmia, de la clorosis, del abuso del caf, de las especies  de un
simple enfriamiento.

Entre las afecciones de este aparato, las diarreas agudas y crnicas,
gastro-enteritis, disentera aguda y crnica, son las que juegan un
papel ms importante en la patologa rural; las impresiones repentinas
de la humedad  causa de los inopinados cambios atmosfricos, la mala
calidad de los alimentos, las caquexias, la elevada temperatura de
la estacin calurosa, las malas aguas, todo esto d razn de aquella
importancia.

Las aguas impuras y el uso de las carnes de cerdo que contienen
grmenes de tnia--equinococos--exponen al campesino  padecer de
lombrices.

La hidropesa ascitis se encuentra  menudo, ya desarrollada bajo la
influencia de obstculos circulatorios de la vena porta--enfermedades
del hgado-- de la cava--enfermedades del corazn--ya debida  la
caquxia paldica,  la enfermedad de Bright, que es ms frecuente
de lo que pudiera creerse,  lesiones peritoneales y  un sencillo
enfriamiento, sobre todo cuando la anmia existe como causa
predisponente.

La dispepsia, la malaria, la disentera, aparte de la accin trmica
del clima, son causas de que el hgado y el bazo sean frecuentemente
asiento de lesiones crnicas--congestiones, infartos  inflamaciones.
Los abscesos del hgado no se observan sino excepcionalmente. La
ictericia catarral es comn. En cuanto  la cirrsis heptica, su
patognia nos dice que la hemos de encontrar  cada paso. Paludismo
crnico, enfermedades del corazn, alcoholismo, abuso de especias, son
otras tantas causas de produccin del padecimiento.

La peritonitis no es afeccin extraa  la patologa del campesino.

Al ocuparnos de los venenos morbosos humanos, por lo que se refiere 
las fiebres eruptivas, nos remitimos  lo dicho en la patologa de la
infancia.

La fiebre tifoidea reviste caractres especiales que han dado lugar 
que se niegue por inteligentes mdicos su existencia en Puerto Rico,
y que por otros se la llame tifica para reconocer sus caractres
fsicos sin declarar que sea la verdadera tifoidea; no es este el
sitio de discutir si son  no legtimas tifoideas todas las pirexias
de larga duracin con sntomas atxicos y adinmicos que en esta isla
se observan; pero no puede negarse que la tifoidea, aunque sea rara,
existe en el pas.

La fiebre amarilla castiga tambin  los campesinos; pero ms 
los blancos que  los negros, los cuales tampoco estn exentos de
padecerla. Cuando reina una epidemia de tifus amarillo en alguna
poblacin de la costa, son invadidos los campesinos que residen en
la localidad epidemiada  vienen  ella;  veces, an en los mismos
pueblos del interior se desarrollan epidemias mortferas de _vomito
negro_.

Otras pirexias se encuentran en la patologa puertorriquea, tales como
las fiebres gstricas, biliosas, remitentes biliosas, etc.

Debemos citar la erisipela como exantema febril que complica  veces
los traumatismos y lceras,  se presenta espontneamente; pero es
bueno advertir que por el vulgo se comprende bajo la misma denominacin
la linfagitis--inflamacin de los vasos ganglios linfticos de suma
frecuencia y que se presenta  causa de simples picaduras, de la
presencia de _niguas_  de ligeras heridas.

Los venenos de orgen animal estn representados por la rabia, que es
una enfermedad rara; por el muermo, que lo es mnos, pues facilita el
contagio el poco cuidado y ninguna medida de aislamiento que se toman
con los caballos muermosos; la pstula maligna, _picada de la mosca_,
suele propagarse por las mismas causas, es decir, por el descuido en
que se tienen los animales enfermos, la despreocupacin en utilizar los
cueros de reses muertas de la epizootia, y los malos enterramientos de
los animales que sucumben  causa de enfermedades carbuncosas.

 otras infecciones mnos importantes estn expuestos los campesinos;
tales son las picaduras de insectos, principalmente del alacrn,
escolopendra (cienpis), araas, que no suelen por lo general tener
consecuencias funestas.

 ttulo de enfermedad muy general en los campos tcanos hablar del
reumatismo; este padecimiento que tiene preferencias por los organismos
pobres y por las personas sujetas  privaciones, necesario es que
lo encontremos adems entre una clase que, por las necesidades de
su trabajo, se expone  menudo  las influencias atmosfricas ms
variadas, y que, sin embargo, se viste muy pobremente, lo necesario
para no herir el pudor--y se aloja en casas psimamente construidas,
incapaces de resguardar  los que las habitan de las inclemencias del
tiempo.

La nefritis catarral, la enfermedad de Bright, la uremia y la litiasis,
proporcionan casos de observacin al mdico. Como queda indicado, el
mal de Bright es ms frecuente de lo que parece. Obedece  la caquxia
paldica, al alcoholismo,  enfriamientos y  otras causas que actan
sobre los campesinos.

No faltan lesiones de la prstata de orgen venereo, dependientes
del hbito de montar  caballo, etc. La cistitis es tambin afeccin
corriente.

Pericarditis, endocarditis, lesiones valvulares, palpitaciones
nerviosas, angina de pecho y aneurismas, representan la patologa del
aparato circulatorio.

Los rganos de la respiracin, que se afectan por muy distintas causas,
tambin son asiento de enfermedades entre las cuales el sencillo
coriza, la laringitis, bronquitis, asma, pulmonas y pleuresas dan su
contigente  la enfermera rural.

La tuberculosis, enfermedad tan comn de los organismos debilitados, se
hace cada dia ms general entre nuestros campesinos.

El aparato de la inervacin nos ofrece los meningitis, las
inflamaciones del encfalo, la anmia cerebral, el hidrocfalo, las
lesiones medulares, diversas neuroses-epilepsia-corea y las parlisis.

Pero entre las neurosis son las ms frecuentes la jaqueca, las
neurlgias y sobre todos el ttanos. Esta dolencia es sin gnero
de duda bastante frecuente; suele aparecer  causa de un simple
enfriamiento  despus de haber sufrido un traumatismo; en ocasiones
basta el pinchazo de un alfiler, una ligera rozadura, la extirpacin
de una nigua. Pretenden los jbaros precaverse del ttanos usando el
tabaco mascado.

Las enfermedades de la piel ms comunes son el acn, las eczemas
y herpes. La elefantiasis de los griegos es aqu rara; pero la
elefantiasis de los rabes est muy extendida entre las clases
pobres. Favorecen el desarrollo de esta enfermedad las condiciones
climatolgicas y la influencia de la humedad del suelo--la inmensa
mayora de los campesinos andan descalzos.--Generalmente el punto
de partida del padecimiento es una leuco-flegmasia que aumenta 
cada ataque de linfitis, hasta que se manifiesta en toda su horrible
deformidad la elefantiasis.

Al alcoholismo y  la locura paga su tributo tambin el campesino.
Resultado de un vicio, el primero, va generalizndose entre hombres
y mujeres lo bastante para hacernos temer por la degeneracin de la
especie, trasmitindose, como se trasmite, el envenenamiento alcohlico
de padres  hijos. La aficin  los alcoholes es general entre las
clases proletarias de todas partes, como que obedece  las exigencias
del organismo que pide combustible para entretener la vida, cuando
los alimentos no se toman en la cantidad necesaria, ni son de calidad
nutritiva suficiente. Por lo mismo, pues, que se conoce su causa es ms
sensible su generalizacin.

En cuanto  la locura, no son extraos  su manifestacin los comunes
enlaces entre parientes cercanos; tampoco faltan las monstruosidades
para completar esta parte del cuadro patolgico que venimos bosquejando.

Llama particularmente la atencin de los cirujanos que ejercen en
Puerto Rico, la facilidad con que se cicatrizan las heridas de todas
clases. Casi ningn campesino ocurre al mdico cuando sufre una
herida, y aun tratndola del modo peor posible se cicatriza aquella
rpidamente. Ms frecuentes son las hemorragias tenaces de pequeos
vasos que no deberan dar un chorro tan abundante,  tener el herido
una sangre ms rica en elementos plsticos. Las operaciones se
practican con un xito asombroso en este pas, sin que la fiebre ni
el delirio traumticos intensos, ni las supuraciones, ni la absorcin
purulenta, las compliquen casi nunca.

Entre las enfermedades quirrgicas, suelen encontrarse con frecuencia
casos de lceras de las piernas, rebeldes  todo tratamiento.

Entre los tumores que ms comunmente padecen nuestros campesinos
citaremos los fibromas, lipmass, el sarcoma  veces, frecuentemente los
quistes, adenomas y cncer.

He aqu trazada  vuela pluma la patologa del campesino
puertorriqueo; las enfermedades  que estn sujetos esos infelices
que viven diseminados por los campos de la isla, en la ignorancia,
sin que puedan contar, cuando se enferman, con otra cosa que con la
visita del mdico, visita que resulta estril  veces, porque si el
pobre campesino consigue los medicamentos prescritos nunca es con la
debida oportunidad, y se dan casos de no conseguirlos. En ocasiones
hasta el mdico les falta, porque, an queriendo cumplir los dignos
profesores titulares que casi todas las poblaciones tienen, no pueden
hacerlo; carecen del tiempo material para acudir  barrios extremos, 
donde se tarda dos  tres horas en llegar, corriendo psimos caminos
y atravesando peligrosos rios. No es de extraar que entre una
clase sometida  estas circunstancias prosperen tanto los curiosos,
curanderos y yerbateros de toda clase.




BREVES CONSIDERACIONES ACERCA DE LA PATOLOGA COMPARADA DEL CAMPESINO.


Desde luego se advierte en la resea que acabamos de hacer, que un
considerable nmero de las enfermedades en ella citadas no excluye
 ninguna clase social, mientras que otras, mnos numerosas, se
encuentran ms frecuentemente en indivduos del grupo humano que
estudiamos. Algunas hemos visto que son enfermedades propias de ste
y de anlogos climas, y otras que son comunes  diversas regiones
geogrficas. Por ltimo, esas dolencias no afectan de igual modo 
indivduos de diversas razas.

Este asunto, como se v, es interesantsimo: la consideracin de
la patologa humana desde el punto de vista del clima y en cuanto
se relaciona con las razas, d lugar  deducciones de importancia
suma; como que el porvenir de toda colonia depende tanto de las
circunstancias climatolgicas, como de las aptitudes de la raza
fundadora para resistir  las morbosas influencias del nuevo suelo.
Para Puerto Rico mismo, colonia ya estable, y an para los campesinos,
circunscribindonos  nuestro problema, no deja de tener inters la
materia de que vamos  ocuparnos.

El paludismo, que hemos dicho se ceba en la poblacin rural, si
bien no perdona al negro ni al mestizo, hace mayores estragos entre
los blancos; no solamente las formas simples de las intermitentes
paldicas, sino tambin las perniciosas, formas gravsimas del
envenenamiento palustre, son ms comunes entre estos que entre
aquellos. Por rareza se encuentran negros, de raza pura, caquticos 
consecuencia de la malaria. Ya en los mestizos se observan ms casos
de caquxia, aunque nunca tantos como entre los jbaros de orgen
caucsico. Y no es que el organismo del hombre de color no resista
tanto como el del blanco y sucumba con los grados de intoxicacin
malrica que ste soporta; nosotros, al mnos, creemos lo contrario: el
negro resiste ms al envenenamiento, por condiciones orgnicas que le
dan esta ventaja; condiciones orgnicas acaso no muy precisadas, pero
que probablemente consistirn en una fuerza eliminadora grande que se
opone  que su organismo llegue  la dsis de infeccin necesaria,  en
que los grmenes del paludismo encuentren un terreno pobre, ya que no
estril por completo, para desarrollarse tan  sus anchas.

Por lo que respecta al paludismo, puede asegurarse que la raza blanca
tiene mejores disposiciones que la raza negra para contraerlo, y est
en condiciones ms desfavorables para exponerse  sus influencias.

Otro tanto puede decirse de la anmia tropical.

La anmia dependiente por modo exclusivo del clima afecta al blanco y
deja indemne al negro; excepcionalmente padecer un negro de anmia
debida slo  la temperatura de la zona trrida. Habr sin duda casos
de anmia en esta raza, como los hay entre los habitantes de los climas
templados, pero desde luego sern la excepcin; y de ordinario la
anmia, en los sujetos de color, ser debida, la generalidad de las
veces,  hemorrgias, fiebres  otras causas.

El hombre blanco, sometido  la accin del calor constante, se vuelve
anmico sin que otra causa tenga que influir para ello; obedece esto 
condiciones orgnicas por virtud de las cuales no le es dado resistir
impunemente  las influencias climatolgicas de estas latitudes. Su
gasto orgnico es ms considerable que el del negro, no puede bastarle
la escasa alimentacin con que ste se satisface, y como la prdida
del apetito y la debilidad digestiva no le permiten nutrirse como
es debido, resulta que, adems del calor, causa primera de tales
trastornos, contribuyen estas concausas  desarrollar la anmia en un
plazo breve.

Por opuestas razones est el oscuro africano mnos expuesto  este
padecimiento. Dijimos, al ocuparnos de la anatoma, que la piel del
negro es ms espesa y que se advierte en ella una turgencia que la
hace fresca al tacto; explicamos entnces, dentro de lo posible, estos
rasgos diferenciales de razas,  los cuales se unen otros sobre los que
vamos  insistir un poco.

Si observamos dos trabajadores, uno blanco y otro negro, sometidos 
igual faena en condiciones anlogas, notaremos muy pronto que el ltimo
empieza  sudar ntes y suda de una manera ms copiosa que el primero;
de este hecho podemos deducir, sin violencia, que el negro posee un
aparato glandular sudorfero ms desarrollado y por consiguiente de una
actividad funcional superior, como en efecto parece que ocurre.

Las condiciones de la secrecin sudoral tambin son distintas en uno y
en otro. Mientras el sudor del blanco apnas hiere el olfato, el del
negro tiene un olor penetrante; diferencia debida  la mayor riqueza
en cidos graso valrico, frmico, butrico y otros que, dando lugar
 combinaciones complejas de estos elementos con sales sdicas y de
potasa, y an con otros productos de eliminacin cutnea, le comunican
ese carcter distintivo que falta de ordinario en el sudor del blanco,
en cuya secrecin sudoral slo se advierten trazas de algunos de esos
principios.

Pero esa misma riqueza en los ya dichos cidos, de naturaleza voltil,
es un arma defensiva contra el calor. Pocas personas habrn dejado de
experimentar la refrigeracin que se produce en la piel, cuando se
vierte sobre ella una sustancia que se volatiliza rpidamente; pues
bien, el sudor del negro, evaporndose con mucha celeridad,  causa
de la composicin qumica indicada, ejerce una accin refrigerante
bienhechora, que es ms tarda y mucho mnos intensa en la piel del
blanco.

Ahora bien; sabemos que si por el pulmn se elimina calor, por la
piel esta eliminacin es casi nueve veces mayor. La transpirara
cutnea, que con la respiracin pulmonar y la digestiva constituyen
los principales reguladores del calor de la mquina animal, segn
Lavoisier, son "tres factores que no pueden olvidarse, dice Lacasagne,
cuando deseamos apreciar la influencia de la temperatura exterior en
los diversos climas."

Si recordamos con Gavarret que "en igualdad de circunstancias, la
resistencia del hombre al calentamiento en los diversos medios de
temperatura elevada que le rodean se halla en razn directa de la
cantidad de vapor acuoso que en el mismo tiempo puede formarse en la
superficie de la piel y mucosa respiratoria," comprenderemos fcilmente
la mayor resistencia del negro, que suda ms y evapora ms rpidamente
su sudor, para las temperaturas elevadas.

 esta actividad funcional de la superficie cutnea, adems de otras
circunstancias en cuyos detalles no entraremos por no hacer prolijo
este apartado, dbese principalmente que el negro resista, sin
anemiarse, altas temperaturas, que conserve sus fuerzas y su salud,
all donde el blanco se anmia y pierde fuerzas y salud.  beneficio
de tales disposiciones orgnicas su actividad nutritiva se mantiene
en lmites que estn en consonancia con el clima trrido, y  ellas
debe el mantener un equilibrio conveniente, al habitante de la zona
trrida, entre la produccin y la eliminacin del calor.

La escrofulsis, que obedece  causas debilitantes, claro est que
ha de ser frecuente en organismos dbiles. La pobreza constitucional
del jbaro blanco, castigado por el paludismo y por la anmia, le
predisponen al escrofulismo. Por razones fciles de apreciar y que
deben buscarse en las circunstancias  que en no pocos casos deben la
existencia gran nmero de mestizos, se encuentran entre stos muchos
escrofulosos.

Las enfermedades del aparato digestivo, sin que dejen de padecerse por
la raza de color, nos han parecido ms rebeldes en la raza blanca.

La tuberculosis se halla muy generalizada tanto entre los blancos y los
mestizos como entre los negros; pero en los primeros, que tienen mayor
capacidad respiratoria que los ltimos, un torax ms desarrollado, se
nota mayor resistencia  los progresos de la enfermedad; en general
todas las enfermedades del aparato respiratorio son de marcha insidiosa
y grave en el hombre de color.

Lo mismo debe decirse acerca de las enfermedades febriles: la tifoidea,
las biliosas, ofrecen mayor gravedad en el negro porque su resistencia
individual es menor, desfallece ntes que el blanco. En la misma fiebre
amarilla, que slo por excepcin padece el negro, reacciona torpemente,
y con dificultad.

En cuanto al ttanos, crese por la generalidad de los observadores que
hace mayor estrago en los nios recin nacidos de la raza de color que
entre los de la raza blanca. El ttanos, dicho espontneo, _a frigore_,
si aceptamos como causa inmediata del padecimiento una impresin brusca
de aire frio en un cuerpo sudado, comprndese que sea ms comn en el
negro.

Aunque la elefantasis de los rabes no es padecimiento exclusivo de
la raza negra, sin duda alguna es ms frecuente entre los indivduos
pertenecientes  ella.

De lo poqusimo que en materia tan vasta hemos podido decir, algunas
deducciones pueden hacerse. Aparte de las ya hechas en el estudio del
paludismo y la anmia, podemos sacar otras consecuencias relativas al
trabajo del jbaro, de lo cual nos ocuparemos en su oportunidad.

Para reconocer la importancia de este estudio sobran razones; pero
veamos cmo an en un terreno tan limitado como lo es el de la Isla de
Puerto Rico, el instinto humano se acomoda  la ley de la patologa y
del clima.

El jbaro blanco apnas viene,  mnos que est muy necesitado,  las
poblaciones de las costas  buscar trabajo; en cambio el negro abandona
el interior y se aglomera en las poblaciones de las costas. Obedece
esto  un capricho? No ciertamente; es que en la costa la fiebre
amarilla aflige al jbaro blanco y respeta al negro; y es, adems,
que el negro es muy sensible al frio y huye del fresco del interior,
mientras que el blanco le teme al calor del litoral.

Ya dijimos que en las regiones del Norte de los Estados Unidos de
Amrica no prospera el negro. En Europa se ha observado lo mismo; dice
el Dr. Baudin que en 1817 fu de guarnicin  Gibraltar un batalln de
negros, el cual, durante los 22 meses que estuvo all, perdi un 6.20%
de su contingente, mientras los soldados blancos slo perdieron un
2.14%. Cuando las enfermedades del aparato respiratorio figuran en las
estadsticas de morbosidad de los batallones de blancos como 0.53%, en
los negros llegaron  un 4.30%. Este hecho es de gran valor, porque se
refiere  un clima como el de Gibraltar, suave, puede servirnos sin que
resulte inaplicable  Puerto Rico para darnos la explicacin del aflujo
de negros  la costa. En cuanto la libertad les permiti establecerse
 su gusto abandonaron las alturas, huyendo instintivamente de las
temperaturas frescas de la isla, en donde los blancos se sienten mejor,
y buscaron el calor que es necesario al organismo del hombre de color.

En este mismo rden de ideas mucho podra decirse, pero no es la
ocasin de tratar tan mplia materia; procuraremos, no obstante, al
ocuparnos de la manera de remediar las malas condiciones fsicas del
campesino, y dentro de los lmites en que nos ha sido dado abarcar este
tema, hacer aplicaciones al estudio local que venimos haciendo.




CAUSAS QUE DETERMINAN LAS CONDICIONES FSICAS DEL CAMPESINO.


 tres orgenes podemos referir las causas  que obedece el modo de
ser fsico del campesino puertorriqueo. Son ellos la herencia, las
circunstancias climatolgicas y las condiciones higinicas en que ha
vivido y vive todava el jbaro.

Por lo que hace relacin  la herencia, imprtanos recordar algunas
de las circunstancias en que se realiz el descubrimiento de Amrica,
empresa, juzgada fabulosa, y para la cual necesit emplear el audaz
marino que la llev  trmino feliz toda su constancia. Sin su
perseverancia habra desistido ante los desaires con que por todas
partes le reciban; an en la misma Espaa, destinada  dar vida nueva
 un mundo,  no ser por la influencia de amigos entusiastas, habran
despedido definitivamente  Cristbal Coln, como lo haban hecho ya de
otras cortes.

Pero el "loco" se obstinaba en revelar un mundo desconocido; y
mendigando, iba ofreciendo de puerta en puerta la ignota tierra
americana llena de maravillas.  pesar de la Asamblea de Salamanca,
Coln deba triunfar; los destinos providenciales indefectiblemente
se cumplen en la hora precisa y se ejecutan por el destinado 
realizarlos. Los Reyes Catlicos, que acababan de engrandecer  Espaa
con la conquista de Granada, concluyeron por aceptar los planes del
ilustre genovs y se aventuraron  ayudarle en la gigante obra. El
hallarse  la sazn la corte en Granada, estar la villa de Palos
obligada  facilitar  Sus Altezas dos carabelas por seis meses para
lo que se les mandase, y el ser "buenos y cursados hombres de mar" los
habitantes del clebre puerto citado, fueron circunstancias favorables
para la realizacin del gran acontecimiento.

Las condiciones excepcionales de los espaoles para todo gnero de
aventuras guerreras, estaban ya probadas en aquella poca de la
historia en que Espaa ocupaba un lugar distinguido como nacin;
roto el ltimo eslabn de la cadena rabe, la independencia, con ser
suceso gloriossimo, no era sino el comienzo de prximas grandezas que
haba de alcanzar en reinados posteriores. Pero aparte de esto, por
circunstancias geogrficas del suelo espaol, eran sus hijos los que
estaban mejor dispuestos para soportar la accin del clima trrido
 que deba arribar Coln; y de Espaa, precisamente Andaluca, la
regin ms meridional, de donde convena que el descubridor sacase los
primeros compaeros de fatiga en aquellos gloriosos dias. Seguramente
si los primeros europeos que pisaron el suelo americano no hubiesen
tenido la ductilidad orgnica que convena para vivir en las nuevas
tierras descubiertas, se habra retardado la conquista de Amrica.

Andaluces eran en su mayor parte los compaeros de Coln, y cuando
ms tarde se verific por Ponce de Len la conquista de Puerto Rico,
la corriente de inmigracin andaluza fu la ms nutrida de las que
llegaban  la Isla. Por las condiciones de esta, relativamente
pobres, y  causa de las riquezas que las otras regiones americanas
brindaban, podemos suponer que en Puerto Rico slo permanecan aquellos
inmigrantes obligados por los cargos oficiales que desempeaban, y los
que estaban dotados de un carcter sosegado y preferan  las aventuras
guerreras del Continente, la vida en esta isla, fcilmente dominada,
en donde la raza indgena haba casi desaparecido y mermaba  ojos
vistas, y en donde, por consiguiente, salvo las rivalidades entre los
dominadores, se gozaba de tranquilidad.

Ahora bien; tales condiciones de carcter suelen, por lo comn, ir
unidas  un convencimiento ntimo de gran superioridad, , por el
contrario,  cierta debilidad orgnica. En una poca de guerreros
como aquella, en la que adems exista el incentivo de riquezas nunca
soadas, para los exploradores atrevidos, no hemos de suponer que la
gente cuyo temperamento fuese inclinado  la lucha, se quedase en
Puerto Rico, haciendo una vida poltrona; las personas, sin dbiles,
por lo mnos no tan bien dotadas por la naturaleza como las otras, que
encontraban aqu ciertas facilidades en la lucha por la existencia,
eran las que aqu permanecan voluntariamente; y que estas facilidades
se hallaban, lo confirma D. Alejandro O'Reylly cuando informa acerca de
la gente que pobl  Puerto Rico: "Soldados sobradamente acostumbrados
 las armas para reducirse al trabajo del campo, Polizones, Grumetes
y Marineros desertores, gente por s muy desidiosa, inaplicada,
perezosa"--(y por lo tanto cuya organizacin fsica no sera de las ms
vigorosas, porque el vigor fsico y la pereza son incompatibles), "que
se mantena de leche, verduras, frutos y alguna carne conseguidos con
muy poco esfuerzo."

Pero an descartando estas razones, tendramos bastante para sospechar
el influjo de la herencia en la debilidad actual del campesino, con
la sola consideracin del orgen andaluz de sus progenitores; porque
es innegable que los climas clidos no producen organizaciones tan
robustas como los climas templados; y el clima de la Btica, de cuyas
excelencias se ocuparon los escritores griegos y romanos, al fin tiene
prolongados estos durante los cuales reina excesivo calor que debilita
el organismo. As, pues, la herencia juega un papel atendible en los
caractres fsicos del jbaro.

Examinemos otro ms principal, cual es la influencia climatolgica del
pas.

No se ha hecho todava un estudio cientfico, completo, del clima de
Puerto Rico. El ilustrado anotador de la Historia de Puerto Rico, D.
Jos J. de Acosta, lamenta, como nosotros, esa falta, pero es justo
reconocer que algo ha empezado  hacerse con objeto de subsanarla.
La Jefatura de Obras Pblicas verifica hace aos observaciones
meteorolgicas, interesantsimas por muchos conceptos, que han de
servir de base al estudio deseado. Dichas observaciones slo se hacen
en San Juan, por lo cual entendemos que la temperatura media que en
ellas se consigna no debe tomarse como la media de la Isla, pues
sabemos cunto hace variar la temperatura de un paraje su altura sobre
el nivel del mar y otras causas que originan los climas parciales
dentro de un mismo pas, siquiera sea tan pequeo como Puerto Rico;
pero as y todo recurriremos  esta fuente, por ser la nica que nos
merece f.

La isla de Puerto Rico forma parte del archipilago de las Antillas.
Situada en la zona trrida, se extiende unos 170 kilmetros de E. 
O. y 65 de N.  S. teniendo prximamente una superficie de 10,000
kilmetros cuadrados. Baadas sus costas por el Mar de las Antillas,
hllase entre los 17 54' y los 18 30' 40" de latitud N. y su latitud
O., segn el Mediterrneo de Cdiz, entre los 59 20' 26" y los 60 58'
52".

La altura de sus tierras y montaas sobre el nivel del mar, vara
segn los accidentes topogrficos; as no hay para qu decir que
existen en este particular notables diferencias entre las poblaciones
de la costa de la Isla y las situadas en el interior; por ejemplo,
Cayey  600 metros de altura sobre el nivel del mar, Aibonito y
Adjuntas  800 metros y an podramos citar el _Yunque_ de la sierra
de Luquillo  1,520 metros, la altura de Peuelas  908 metros, el
Torito de Cayey  907 metros y otras; pero con las mencionadas bastan 
nuestro objeto.

El terreno de la isla tambin vara. Segn la opinin de D. Jos
R. Abad, expuesta en su notable trabajo "Puerto Rico en la Feria
Exposicin de Ponce," las cordilleras Central y de la Sierra de
Luquillo "han constituido, en sus orgenes, una masa ms compacta y
unida y sus mesetas han sido rotas y disgregadas por las primeras
convulsiones volcnicas de orgen submarino."

Encuentra el Sr. Abad "en las vertientes de las altas montaas, mezclas
de rocas de granito, mica, feldespato y antracita con las formaciones
plutnicas de los terrenos terciarios; en diferentes direcciones
de las vertientes de la Cordillera Central grandes conglomerados
calizos. En las explanadas esteprias que unen en el interior algunas
montaas entre s y se extienden por el litoral hasta algunas millas
del mar, materias terreas saturadas de sales minerales en fusin,
particularmente de perxido de hierro; aparte de esto existen
territorios de formacin moderna; terrenos de aluvin, formados por
los acarreos  inundaciones de los rios, y bancos de arena, terrenos
ganados al mar (manglares) y pantanos de agua dulce."

Los vientos reinantes en la isla son distintos segn los meses del ao
en que se observen; el N. y el N. E., frios  impregnados de humedad,
dominan durante la estacin fresca que suele ser de Noviembre 
Febrero, en el resto del ao reinan las brisas frescas  los vientos
del Sur, calientes, sobre todo de Julio  Octubre.

Supnese que cada litro de agua produce unos 1,700 litros de vapor. Por
este hecho deduciremos cun cargada de humedad estar por lo comn la
atmsfera de la isla de Puerto Rico teniendo tan cerca esa gran masa de
agua de mar que la rodea, y siendo adems el pas tan rico en aguas;
existen considerable nmero de rios y siete lagunas, aparte de otros
depsitos de agua mnos importantes, que son otros tantos focos de
evaporacin; as se explica que la media humedad relativa, representada
por 100 la saturacin, llegue en la capital de la isla  77.  esto hay
que aadir las lluvias, abundantes en la costa Norte principalmente.

La temperatura media de la capital, calculada en un perodo de seis
aos, es de +26 29' y la correspondiente  los aos 1886 y 1887 de
+25 75' y +25 44' respectivamente, con una presin media baromtrica
de 762.00 para el ao 86 y de 752.50 para el 87.

Fundndonos en estos apuntes, podemos clasificar el clima de Puerto
Rico de caliente y hmedo y perteneciente  los climas trridos que son
los comprendidos hasta la lnea isoterma +25  partir del ecuador,
como hemos dicho.

Pero teniendo en cuenta que por cada 200 metros de elevacin disminuye
un grado la temperatura, y que se admite que en las ascensiones  las
altas montaas, una subida de 100 metros equivale  un cambio de lugar
de 1  2 grados hacia los polos[6] convendremos en que en el interior
de la isla deben existir climas parciales cuya medida anual acaso no
llegue  +25 y por consiguiente puedan clasificarse entre los climas
clidos.

       [6] Lacasagne.--Resumen de Higiene privada y social.

Sostiene el ya citado Sr. Abad que en las alturas de la Cordillera
Central el termmetro suele bajar hasta +2 centgrados, y  nosotros
nos han asegurado personas que nos merecen entera f, haber visto la
columna termomtrica bajar  +12 en Cayey y  +8 en Aibonito. Aunque
estos datos, que confirman lo que dijimos en el prrafo anterior, no se
les estima de rigurosa exactitud, merecen citarse pues son temperaturas
posibles  la sombra; no obstante conviene tener presente que durante
el dia, que son las horas hbiles para el trabajo del campesino, nunca
baja tanto el termmetro, mantenindose, con frecuencia, ms bien 
alturas de +30 grados al sol an en Diciembre.

Por fortuna tenemos un auxiliar poderossimo para moderar la
temperatura, en la superficie lquida que rodea la Isla. "La
temperatura de una comarca, dice Rochard, es tanto ms uniforme cuanto
ms se deja sentir la influencia del mar. En pleno mar, no se conocen
los grandes frios ni los calores fuertes." Puerto Rico se encuentra en
este caso; y as vemos cuan insignificantes diferencias se observan en
sus estaciones; de modo que, si la latitud isotrmica por una parte
hace mnos rudos los efectos de la latitud geogrfica, por otro lado el
mar modifica favorablemente las condiciones de esta ltima.

Bajo el influjo favorable de semejantes circunstancias, fcilmente
comprenderemos que la raza blanca procedente de las regiones clidas de
Europa (Estados del Sur) pueda subsistir por sus solas fuerzas, como en
efecto lo ha demostrado la experiencia que subsiste.

Un pas cuya densidad de poblacin es de 82.6 por kilmetro cuadrado
no parece que debe reunir condiciones muy desfavorables para la vida.
Puerto Rico ha aumentado su poblacin en el espacio de 36 aos en un
76-1/2 por ciento, y esto en un perodo comprendido desde 1846 hasta
1883 en que ya haban cesado las fuertes inmigraciones procedentes de
la Amrica del Sud y de algunas Antillas, y en que la misma europea ha
ido disminuyendo de una manera considerabilsima. Podemos, por estos
elocuentes datos, deducir que Puerto Rico reune buenas condiciones para
la vida.

Para la poblacin negra la cosa no tiene duda; para la poblacin blanca
y mestiza, que lejos de disminuir ha aumentado tambin, es evidente.
Mas tan bellos resultados no son absolutos. Si hemos visto que en
Andaluca, clima ms benigno que el de Puerto Rico, el hombre se
debilita, no hay para qu decir que en este ltimo pas ocurre lo mismo
de una manera algo ms acentuada.

As lo confirman las razones expuestas con motivo de la anmia trmica,
la cual ha tenido que sufrir el blanco originario y sus descendientes;
si bien estos hayan debido nacer, orgnicamente constituidos, en
mejores condiciones para soportarla que sus padres.

Y vamos  tratar de la falta de higiene, tercera causa y la ms
esencial de todas  nuestro juicio.

Siempre se ha atribuido al terreno una gran influencia patognica, y
as es en efecto: el suelo, las sustancias vegetales, la humedad y el
calor son, segn M. Colin, los cuatro elementos necesarios para la
produccin de la malaria. Pettenkofer ha llamado la atencin sobre la
influencia que en la generacin de la clera y de la fiebre tifoidea
ejerce el terreno.

Suelo muy frtil, de comarcas clidas, que permanezca infecundo para
la agricultura  no tenga toda la vegetacin que puede alimentar,
seguramente es foco de paludismo. Pantanos de cualquiera clase en los
que no se renueve el agua y queden bajo la accin del sol detritus
vegetales, sin duda alguna sern focos del miasma palustre. Ya dijimos
oportunamente cul es la enfermedad que ms castiga al campesino--las
fiebres intermitentes paldicas--y esto precisamente no es debido ms
que  una transgresin de la higiene, que consiste en que no se han
verificado jams trabajos de desecacin y de drenaje.

El jbaro edifica en cualquier terreno su casa y vive respirando dia y
noche el veneno que le vuelve caquctico.

Incidentalmente hemos hablado de la alimentacin del campesino y de
su insuficiencia en calidad y en cantidad; tambin mencionamos lo mal
que viste; fltanle  su vestido habitual prendas como el calzado
que le preserve de la humedad del suelo; y si durante el verano y
para trabajar bajo el ardiente sol en los campos necesita usar ropas
ligeras, cuando no se encuentra sometido  este trabajo y el tiempo se
torna frio  lluvioso, debera usarla de ms abrigo y no lo hace as.
Si un chaparrn le cae encima y le empapa los vestidos probablemente
los dejar secarse encima de su cuerpo.

En la estacin lluviosa y en las comarcas en donde se cultiva caf,
hemos visto  mujeres, nios y hombres que despus de haber permanecido
bajo las sombras en el cafetal, hmedo y frio, recogiendo el preciado
grano, mientras la lluvia menuda de los dias de Norte azotaba sus
mojados cuerpos mal alimentados, sin bastante abrigo, plidos, con los
pis macerados por el agua, retornaban del trabajo con ms aspecto de
enfermos que de trabajadores; y no obstante, en tan psimas condiciones
habanse procurado con su trabajo el pan que deban comer al dia
siguiente.

El tabaco mascado (para no pasmarse), y el trago de ron (para
calentarse), son los nicos medios que utiliza el campesino para
combatir esas influencias. Medios que desde luego se convierten en dao
de su organismos debilitado.

El agua que consume el campesino tampoco es siempre de buena calidad;
constituyendo por sus psimas condiciones, el vehculo de grmenes
de enfermedades; por ltimo, como la generalidad de las madres por
desgracia estn anmicas, no se encuentran en las condiciones debidas
para servir debidamente de nodrizas  sus hijos.

Para terminar, diremos que los instintos sexuales despiertan muy
prematuramente en los campesinos y que las funciones de la generacin
las ejercen abusivamente contribuyendo ambas cosas  aumentar su
pobreza orgnica.

Ante el cmulo de faltas contra las prescripciones de la higiene que
hemos enumerado rpidamente, sobran comentarios. Es patente la tercer
causa determinante del estado fsico actual del jbaro.




MEDIOS PARA MEJORAR LAS CONDICIONES FSICAS DEL CAMPESINO.


De las consideraciones que hasta aqu llevamos hechas, concluimos: que
el campesino puertorriqueo, de orgen africano, sin perjuicio de las
pequeas modificaciones que haya podido determinarle el nuevo clima,
conserva, fsicamente considerado, los caractres esenciales de raza y
subsiste bien, principalmente en las regiones ms clidas de la Isla.

El mestizo no vive mal tampoco en Puerto Rico. Por virtud de su
herencia africana soporta bien el clima tropical, goza de cierta
inmunidad contra algunas enfermedades --fiebre amarilla, etc.--y
por lo que en su sangre tiene de la europea ostenta modificaciones
orgnicas--color ms claro, formas ms esbeltas--que los negros, y
mejor aptitud y fortaleza para el trabajo que el blanco; en cambio le
hallamos propenso  las manifestaciones escrofulosas.

Tanto los negros como los mestizos son aptos para las faenas agrcolas
y toleran perfectamente la influencia del esplndido sol de Bornquen;
pero la aptitud del mulato,--cierta en lo que depende de sus apropiadas
condiciones orgnicas y de la consecuente adaptacin al clima,--por
otras razones se encuentra tan disminuida, que tal como es en la
actualidad el elemento mestizo, carece,  nuestro juicio, de cualidades
y vitalidad suficientes para considerarle como un grupo en cuyo tipo
se haya de cumplir, con respecto  Puerto Rico, la profeca de Mr.
Quatrefages, de que "la posesin definitiva del suelo pertenece  las
razas mestizas."

Vemos  los mestizos trabajar junto  los negros con mayor
inteligencia, y an soportar el gnero de vida que  estos les
basta; les vemos reproducirse, pero no ofrecen un conjunto en cuyos
indivduos se observen cualidades preeminentes: no exceden al negro en
organizacin respecto del clima, ni tienen tampoco grandes ventajas
positivas sobre el blanco en este concepto.

Forman--tal nos lo parece--una agrupacin transitoria, en que los
tipos ms fuertes, bellos  inteligentes se funden en la raza blanca,
mientras que el linfatismo, la tsis y otras causas segregan  los de
condiciones opuestas, limitando su reproduccin hasta la esterilidad
misma que anula el tipo.

En esta cuestin del cruzamiento, lo que pasa  nuestra vista nos dice
que en ninguno de los tres elementos que forman la actual sociedad
que habita nuestra isla, se encuentra el tipo definitivo que ha de
subsistir, supuesto que alguno haya de excluir  los otros; pero
indudablemente la seleccin, hoy por hoy, se indica en el sentido
de dar la prelacin  la sangre europea. En efecto; observamos una
tendencia firme en el negro criollo  cruzar su sangre; si en el
africano existe fuerte el instinto de raza  reproducirla, en el
criollo, su descendiente, y de un modo ms manifiesto en la mujer,
se nota el vivo deseo de obtener descendencia de color ms claro. El
mestizo  su vez busca cualidades morfolgicas  intelectuales que le
eleven, y solicita y acepta gustoso la mezcla de su sangre con la del
blanco mientras rechaza las uniones con tipos inferiores al suyo; es
que aspira constantemente,  borrar   atenuar cuando mnos los rasgos
africanos, conociendo que as se le facilita el medio de franquear
el lmite que le separa de la raza blanca, en donde, subsistentes
como estn las preocupaciones del color, es preciso que los signos
exteriores apreciables de un orgen africano estn disminuidos
notoriamente, para ser aceptado sin viva protesta.

La preocupacin del color concurre, pues, al mejoramiento de las razas
llamadas inferiores; y esa misma preocupacin que tienen las familias
blancas para aceptar en su seno  una persona de color, la tiene el
mestizo para unirse con elementos inferiores, y an mayor  veces es
en l esta prevencin, hija legtima de ese anhelo instintivo del
hombre hacia el perfeccionamiento. De suerte que en la sucesin de
los tiempos,  beneficio de esta evolucin ascendente, lenta, pero
contnua, surgir el tipo orgnico que hoy no encontramos, y proceder
de un cruzamiento en el cual predominar la sangre europea.

En un concienzudo estudio del Dr. J. Orges, titulado "La patologa
de las razas humanas y el problema de la colonizacin," estudio que
nos ha suministrado muchos datos para la redaccin de esta parte de
nuestro trabajo, dice el competente mdico de la marina francesa:
"Se puede afirmar que en todas las antiguas colonias de esclavos de
la zona trrida, el porvenir no pertenece  los mestizos, como se ha
pretendido.  consecuencia de las revoluciones polticas hacia las
cuales tiende fatalmente el antagonismo de las razas, revoluciones
que no son sino una cuestin de tiempo, y de las cuales todos estos
pases sern teatro ms  mnos tarde, la seleccin natural hecha por
el clima, las condiciones diversas de la vida y las luchas polticas,
traern poco  poco la disminucin del nmero de los mestizos y acaso
en un porvenir lejano su desaparicin casi completa, para no dejar
subsistir sino la raza pura mejor adaptada al medio."

Nosotros, refirindonos  Puerto Rico, diferimos en cuanto  la
conclusin final que asigna al elemento negro esa estabilidad
definitiva, deducida de lo que parece ocurrir en Hait y otras
colonias; y pensamos as, porque ni el elemento africano ha predominado
nunca en esta isla, ni el elemento europeo ha dejado de adaptarse 
Puerto Rico, por las circunstancias especiales del clima. Si cuando el
terreno permaneca vrgen, sin cultivo la mayor parte del territorio,
pudo permanecer el espaol y dejar descendientes que subsisten despus
de cerca de tres siglos, con razn podemos esperar lo mismo hoy que la
civilizacin ha penetrado en nuestra isla, y por lo tanto el aumento
del cultivo ha hecho disminuir la insalubridad del suelo y ofrece
mejores elementos para el trabajo.

Mientras de las provincias espaolas arriben, como hasta aqu,
elementos blancos adaptables al clima,--y la experiencia demuestra que
lo son en su mayor parte casi todos los peninsulares y los procedentes
de las islas Baleares y las Canarias,--el predominio pertenece  la
raza blanca, que an en los campos mismos se establece y subsiste sin
dificultad.

Seguramente ella se dejar invadir por sangre extraa, confirmndose el
hecho observado por los antroplogos y consignado por Mr. Ed. B. Tylor
en las siguientes palabras: "En estos ltimos siglos se ha comprobado
perfectamente que no slo donde viven juntas dos distintas razas se
produce una, nueva  mixta, sino que una gran parte de la poblacin del
mundo debe su existencia al cruzamiento," pero en la mezcla, siendo
invariables los factores que hemos estudiado, habr mucha ms sangre
europea que la que tiene el mestizo de nuestros dias; la suficiente,
quiz, para ocultar mucho la sangre africana.

Del campesino blanco hemos dicho que ha conservado caractres fsicos
de sus progenitores que no permiten dudar de su orgen; al adaptarse,
ha acentuado algunos rasgos de sus ascendientes meridionales, tales
como su color ms plido y moreno, menor actividad, etc., y ha
adquirido algunas modificaciones no muy precisadas an.  causa de las
influencias que en su oportunidad hemos sealado, se nos presenta con
_aspecto de convaleciente_, tanto que,--si no de un modo absoluto,--en
tsis muy general pudiera decirse que nuestro campesino blanco est
enfermo. Pero esto obedece, insistimos en ello,  circunstancias
secundarias perfectamente remediables. Reconocemos la influencia del
clima en el modo de sr individual; inspirndonos en las ideas de
Montesquieu y de muchos otros ilustres sabios, la aceptamos no slo
como un principio determinante de las cualidades orgnicas, sino
hasta de la moral misma; pero tambin hallamos en otras causas la
pobreza orgnica del jbaro, pues como ha dicho brillantemente el
insigne Castelar, "conocemos el estrecho parentesco que existe entre
la naturaleza y el alma. Los minerales nos dan la base de nuestro
esqueleto. El hierro penetra en nuestras venas, colora y enciende la
sangre. Con slo mirar al cuerpo humano se ven relaciones y armonas
con las plantas. La relacin es mayor en las esferas superiores de la
vida. Todas las especies animales tienen afinidades fsicas, qumicas,
fisiolgicas con el cuerpo que las reune, las corona y las completa.
Por todas partes nos sentimos unidos con el Universo, y en relacin,
as con la estrella lejana, perdida en los abismos del cielo, como con
la humilde florecilla hollada por nuestros pis," de modo que, sin
negar al clima su influjo como medio, damos  ste la latitud que le
corresponde.

Visto as el asunto, nos es dado modificar el lamentable modo de sr
del jbaro? S; y cuanto digamos til para el blanco, debe entenderse
como dicho para los miembros de las otras razas.

De las causas que hemos analizado, la ascendencia no es modificable;
en cuanto  las condiciones climatolgicas, algo podemos hacer,
pues es sabido que los climas cambian, dentro de ciertos lmites,
por virtud de accidentes que  primera vista parecan incapaces de
producir variaciones: as se ha visto que la destruccin de un monte
vecino alteraba por completo el clima de una localidad; de manera
que, repoblando de rboles algunas comarcas en que indebidamente se
haba destruido el arbolado, se han obtenido modificaciones favorables
en este sentido. Imprtanos, por lo tanto, no obrar inspirados slo
por el capricho  la utilidad de momento, y atenernos  lo que
la ciencia aconseja, reconociendo en el revestimiento y cultivo
del suelo una importante influencia modificadora del clima. "La
influencia de las selvas sobre la temperatura del suelo, dice Arnould,
ha sido expresamente estudiada por Ebermayer (de Aschaffembourg).
La temperatura media anual, la cual decrece de la superficie  la
profundidad y que baja medio grado de 1  4 pis, es todava ms baja
en los terrenos poblados; el grado observado en la profundidad de ste
es generalmente 21 por 100 ms baja que en el suelo descubierto, en
condiciones por lo dems iguales," y tambin aade: "De una manera
general se puede admitir esta frmula ya antigua: que el revestimiento
vegetal del suelo impide el acceso de los rayos del sol, pero es
tambin un obstculo  la prdida del calrico de la tierra; por
consecuencia atena los extremos de la temperatura en la superficie...
Las observaciones agrcolas de Montsouris indican bien la influencia
del cesped con relacin  la temperatura. Las mnimas son mucho ms
bajas en la superficie del cesped que  la altura de dos metros bajo
resguardo."

No puede negarse que sobre las condiciones de vida del jbaro nos es
dado influir de un modo mucho ms eficaz que sobre la determinante
anterior, y cambiarlas  tal punto, que de enfermos se tornen, no
digamos en campesinos de la robustez de aquellos de los climas
templados, pero s en hombres relativamente vigorosos.

Y que esto no es utpico nos lo demuestra la observacin de lo que pasa
 nuestro alrededor. En la capital, y ntese que elegimos una poblacin
en que el calor domina casi todo el ao, encontramos junto al negro y
al mulato, compitiendo en los trabajos de carga y descarga del muelle,
carretaje, albailera, herrera, etc., al europeo y al criollo blanco;
y entre estos ltimos algunos jbaros que no tienen el aspecto de
enfermos.

Multitud de sirvientes de ambos sexos han acudido ltimamente  este
centro de poblacin empujados por la crsis agrcola; casi todos esos
desgraciados jbaros llegan  nuestras casas anmicos; muchos con
el vientre recrecido, la respiracin anhelante, cansones an para
las faenas mnos fuertes del servicio. Durante los primeros dias la
alimentacin les hace dao; toda una srie de trastornos digestivos
se presenta en ellos  causa del cambio radical  que se someten
sus estmagos mal habituados; acaso se les desarrollen calenturas
intermitentes; en una palabra, el sirviente que se nos entra por la
puerta es un enfermo. Pero este enfermo resiste el cambio de rgimen,
su estmago se acostumbra  los hasta entnces desconocidos alimentos,
y  la regularidad de las comidas; el cuerpo se acomoda  reposar
en mejor cama y en ms abrigada casa, las intermitentes se curan, y
al cabo de poco tiempo aquel jbaro color de cera, incapaz para el
trabajo, se ha vuelto robusto, gil, ha mejorado de color, y hasta su
aspecto general es mejor que el de los habituales vecinos de la ciudad.

No mnos significativo es el tercer hecho en que nos apoyamos
para sostener nuestro aserto. Existan las milicias disciplinadas,
suprimidas por motivos que no hemos de analizar, con perjuicio de los
hbitos viriles de los campesinos. Compuestas estas tropas de jbaros
que vivan en sus casas, con la nica obligacin de concurrir una
vez por semana  cada quince dias al ejercicio, hemos de convenir
en que su aspecto marcial dejaba mucho que desear; sobre no estar
convenientemente equipados, parecan una tropa de convalecientes,
casi en su totalidad; pues bien, esos mismos hombres,  causa de las
necesidades de la guerra de Santo Domingo, fu preciso utilizarlos
para el servicio de guarnicin de San Juan y de otras poblaciones de
la Isla, y al clima rudo de la Capital vino un batalln de milicianos,
que desde luego fu sometido al rgimen militar de las tropas de
lnea: acuartelamiento, buena alimentacin, vestido apropiado con uso
forzoso de calzado. Al ejercicio semanal sucedieron los ejercicios casi
diarios, al descanso en el boho, las guardias; en una palabra: el
cambio de gnero de vida fu radical. Hubieron de prestar un servicio
rduo y desacostumbrado para ellos; porque como slo eran cinco
compaas, unos seiscientos cazadores de milicias, y las dems tropas
estaban escasas, sobre ellos pesaba todo el servicio de la plaza. No
obstante esto, cuatro meses despus de sometidos al nuevo rgimen
llamaba la atencin general el cambio verificado en aquellos hombres:
ninguna persona extraa hubiera podido entnces, por el slo aspecto,
distinguir los soldados de milicias de los otros. El color anmico
haba desaparecido, robustecironse notablemente, y en el Hospital
Militar apnas haba milicianos enfermos. Resumiendo: aquellos jbaros,
en muy poco tiempo de buen rgimen, se rehicieron orgnicamente y
adquirieron la gallarda marcial de los soldados espaoles europeos.

Estos hechos nos parecen elocuentsimos para probar lo que venimos
sosteniendo; esto es, que el clima no es el culpable nico de la
debilidad del campesino; y no en vano nos interesamos en consignar
esto, pues frecuentemente hemos oido decir: "Qu hemos de hacer
contra la influencia de este clima tan debilitante? El jbaro es
como debe ser, y ello no tiene remedio." S que le tiene; pues sobre
otros motivos descansa ms principalmente la decadencia fsica que
presenciamos, y prueba de ello es que entre esa misma poblacin dbil
encontramos ejemplares de hombres fuertes y sanos.

Si  un higienista europeo dijramos que en los campos de Puerto
Rico, entre labradores, se encuentran las naturalezas ms pobres; que
la poblacin rural es tan poco vigorosa, sino mnos que la urbana,
encontrara el hecho sorprendente; porque si bien es verdad que en
Europa, en los campos, se desconoce la higiene ms que en las ciudades,
es precisamente en el campo en donde se encuentran las personas ms
sanas, los hombres de fuerzas fsicas ms notables, el elemento viril
de las naciones; y si entre nosotros no ocurre lo propio, dbese  que
 las condiciones climatolgicas, indudablemente inferiores  las de
los pases europeos, se une, no ya el desconocimiento de la higiene,
sino el llevar un gnero de vida en completa contradiccin con los
saludables preceptos higinicos. Cmo conseguir que el campesino
cambie de modo de vivir? Mejorando su alimentacin y sus costumbres
domsticas.

Desde luego, sobre la generalidad de los jbaros ya adultos, la reforma
ofrecer dificultades; pero s se puede alcanzar, dentro de algn
tiempo, educando la generacin del porvenir. Ni es cosa de imponer
un sistema por la fuerza, ni la persecucin es practicable; pero
educando al nio llevar  la casa de sus padres la semilla que ha de
fructificar. El maestro de escuela, adems de los conocimientos de la
educacin ordinaria, debe instruir  sus discpulos en las nociones de
higiene, que les hagan comprender cun mal sano es el gnero de vida
que siguen sus padres, y as influir en que este sea sustituido por
otro ms racional.

"El nio es el padre del hombre," ha dicho Wordsworth; el nio es
por tanto el terreno donde nuestra labor deber actuar para que sea
fructfera, pues como dice Fonssagrives: "el terreno est vrgen, la
tabla est lisa y la higiene puede labrar en ella, con entera libertad,
su programa de educacin. El nio es, entre sus manos, la materia de
lo factible; es el pedazo de mrmol de la fbula, del que saldr una
esttua viva, hermosa de formas, armoniosa de proporciones, en la
que todo estar colocado y dispuesto para el vigor y la longevidad,
 bien una obra disforme, defectuosa, sin belleza, sin porvenir y
sin duracin." Este hermoso prrafo explica por qu es la escuela el
fundamento ms importante de cuanto nos es dado hacer para mejorar
las condiciones fsicas de la poblacin rural puertorriquea, porque
la fuerza, como ntes indicamos, las medidas que tendiesen  obligar
al jbaro  mejorar su alimentacin y sus hbitos malsanos seran
un absurdo; y la persuasin tampoco podra ejercerse sino acaso muy
imperfectamente sobre un grupo de sres no preparados para sacar
provecho de una propaganda conducente  esos fines.

Hemos de ampararnos, pues, de la educacin, y confiar en el porvenir
sirvindonos de enseanza el pasado, cuyas consecuencias tocamos
no slo nosotros, sino pueblos que exceden en adelante al nuestro.
Higienista tan eminente como el ya citado Arnould nos lo dice respecto
de Francia: "La ignorancia de las primeras nociones de higiene, la
pureza y multiplicidad de las preocupaciones y supersticiones ms
groseras, constituyen en verdad una razn por la cual los campesinos
no evitan muchas plagas que slo tratan de eliminar nicamente cuando
han invadido el grupo. Nuestros pueblos y aldeas estn siempre
dominados por los vendedores de amuletos contra el trueno, el rayo y
la calentura, por los curanderos y farsantes de todo gnero; creen
que las costras que aparecen en la cabeza de los nios les sirven de
proteccin, que los piojos son necesarios para la salud, etc." Qu es
todo este cmulo de creencias, si no el resultado de un ignorantismo de
que no puede ser culpable la generacin actual? Qu si no consecuencia
legtima de anlogo ignorantismo en que ha vivido hasta el dia nuestro
jbaro, es el estado de decadencia fsica que hemos indicado? Por
fortuna nuestro siglo ha roto con todas las rutinas, y amparado por
la ciencia busca el bien social de todas las clases en la educacin;
en nuestro pas mismo hemos logrado el aumento de escuelas en estos
ltimos aos, lo cual ha sido dar un paso trascendental en la senda
del progreso, por mucho que dichos establecimientos de enseanza
no satisfagan de una manera cumplida las exigencias de un programa
completo de educacin.

El remedio, no es permitido dudarlo, es la escuela; pero sta debe
reunir ciertas condiciones para que sirva  su objeto como es debido.
"El nio (deca el doctor Remolar, catedrtico de higiene de la
Universidad de Valladolid, prematuramente perdido para la ciencia),
desde que tiene seis aos hasta los doce, trece  catorce, pasa muchas
horas de cada dia en la escuela primaria; cul no ser, pues, la
influencia que sobre l ejerza la escuela, segn que su construccin,
su mobiliario y la organizacin de la enseanza se ajusten  no  los
preceptos de la higiene?"

Refirindose  la ignorancia del campesino francs exclama Arnould:
"Hay en este estado de cosas, si no un remedio inmediato, por lo mnos
una garanta de mejoramiento progresivo  indefinido en la _escuela
de instruccin primaria_ con la enzeanza _gratuita_, _obligatoria_ y
(digmoslo nicamente en nombre de la higiene) _lica_. Para esto es
preciso que la escuela realice dos condiciones: 1., que produzca una
instruccin slida, recta, escrupulosamente respetuosa de la verdad,
en la cual las nociones de higiene se asocien  las lecciones de cosas
y hechos (sobre todo agricultura  higiene rural); 2., que sea un
ejemplo y una aplicacin patente de la higiene."

Pero mientras que la educacin realice su obra, hemos de abandonar al
campesino  su propio instinto? No; todos los medios racionales capaces
de hacer penetrar en la familia jbara costumbres ms apropiadas 
las conveniencias de su salud, deben adoptarse. Quisiramos escuelas
de adultos,  ser posible, en cada barrio rural. Con perseverante
solicitud llevaramos al nimo del campesino las nociones de cuanto le
fuese til conocer; entre otras cosas la conveniencia que le reportara
el aposentarse mejor, en casa ms abrigada, bien situada, de ms nmero
de compartimientos, limpia, en la que no le sirviera al propio tiempo
su dormitorio, de depsito de frutos.

Ilustrarles, aprovechando todos los recursos para hacerles comprender
las ventajas de vestirse mejor, de calzarse, es, no solamente
trabajar en beneficio de esas pobres gentes, sino tambin contribuir
al desarrollo de nuestra cultura en general; que "el traje, como
la arquitectura de un pas, permite juzgar el estado social de sus
habitantes."

Bien aposentado y bien vestido el jbaro, necesitara adems
sustituir su actual alimentacin por otra ms reparadora. En Europa
la alimentacin, casi en todos los campos, es esencialmente vegetal,
pero suele intervenir en ella la grasa para compensar en parte la
falta de carne; sin embargo, recordamos que en unas notas sobre la
higiene provincial de Len, escritas por el Dr. Garca Ponce, hemos
ledo lo siguiente: "Muchas, muchsimas aldeas de esta provincia
tienen por nica base de alimentacin general un pan mal amasado, mal
cocido, de harina negra de centeno, y algunas patatas y verduras que
se desprecian en los mercados de otros pueblos algo ms importantes.
Muchas aldeas hay donde ni an el mal pan se come, y este se sustituye
por patatas y coles." Como se v, el problema de la alimentacin
insuficiente no es nuestro solo, pero como el nuestro es el que nos
importa estudiar en estos momentos,  l nos referimos, insistiendo en
dejar sentado que la alimentacin en los campos de Puerto Rico es casi
exclusivamente vegetal y de escaso poder nutritivo por lo comn.

Mucho ganara el jbaro si prefiriese la carne al bacalao; si asociase
al arroz y mejor al maiz, ya que no siempre la carne fresca, por lo
mnos un poco de tocino; si en lugar del pescado salado y el bacalao
que  veces consume de mala calidad, optase por el _tasajo_, de todos
modos algo ms nutritivo, y que puede adquirir  un precio cmodo.

"El ideal de la alimentacin sera, segn Arnould, encontrar para
cada dia una mezcla de sustancias alimenticias tal que, con la menor
cantidad de cada una, el cuerpo recibiese todo lo ms completamente
y en el ms completo equilibrio todos los materiales de restitucin,
sin fatiga para el estmago y sin prdida econmica." Cun lejos est
de este ideal la alimentacin de nuestros jbaros! Si alguno come lo
bastante para restituir sus fuerzas, es  beneficio de una alimentacin
voluminosa que fatiga el estmago y que tolera gracias al hbito.

Comprese la alimentacin de nuestro labriego con la de un robusto
agricultor lorens, constituida prximamente como sigue:

                                 Albumina. Grasa. Hidrocarbonados.
                                ---------- ------ ----------------
  Pan              1,250 grms.      103      ..         551
  Tocino             125 grms.        2     118          ..
  Legumbres frescas  250 grms.        5      ..          30
  Queso               60 grms.       20      14          20
                                     ---    ---         ----
                         Total      130     132         601

Adems medio litro de vino ligero.

No hay punto de comparacin. El labrador puertorriqueo acaso no tenga
necesidad de una racin alimenticia tal; por su orgen y por el clima
que habita no tiene que satisfacer exigencias orgnicas imperiosas;
pero no puede negarse que su alimento actual es insuficiente, y le
convendra, y fcilmente lo podra conseguir, adoptar una frmula
alimenticia mejor acomodada  las necesidades nutritivas y  las
condiciones del trabajo.

Y no es solamente del inters exclusivo del jbaro el alimentarse
mejor, sino que  la sociedad toda le importa que as sea, porque un
trabajador que se alimenta mal ha de buscar fatalmente en el alcohol,
que es un alimento nervino, las fuerzas y energas que no puede
proporcionarle una alimentacin insuficiente; y de esta inclinacin se
va fcilmente al vicio con todas sus terribles consecuencias.

Supongamos que, comprendida esta necesidad, se quisiera encontrar
una racin alimenticia conveniente  por lo mnos muy cercana de la
conveniencia. Cmo se formulara?

Sin creer que vamos  dar la solucin definitiva del problema, nosotros
propondramos una bajo las bases siguientes:

                                   Albumina.   Grasa.   Hidrocarbonados.
                                   ---------   ------   ----------------
  Maiz                  180 grms.    14.40      9.00         131.40
  Arroz                 125 grms.     6.25     00.87         105.62
  Habichuelas            90 grms.    20.25      1.80          48.60
  Carne de mamferos    125 grms.    21.87      5.00          00.00
  Verduras y legumbres  500 grms.    10.00     00.00          60.00
  Tocino                  7 grms.    00.12      9.00          00.00
  Queso                  30 grms.     9.75     10.08           7.30
  Grasa                  30 grms.    00.00     30.00          00.00
                                     -----     -----          -----
                     Total           82.64     65.75         352.92

Esta frmula, como se v, no dista mucho en sus proporciones de la de
Moleschott, de que hablamos en los comienzos de este estudio:

  ALBMINA.     GRASA.   HIDROCARBONADOS.
  ---------    -------   ----------------
  130 grms.    84 grms.      400 grms.

Y an se acerca ms  la Voit, quien quisiera que cada comida
suministrase al obrero:

  ALBMINA.    GRASA.    HIDROCARBONADOS.
  ---------   --------   ----------------
   59 grms.   34 grms.       160 grms.

Advirtase que no es un arreglo caprichoso el que preside  la
combinacin que  ttulo de una de tantas proponemos. En primer
lugar todas las sustancias elegidas son del gusto del jbaro y con
ellas puede preparar un guiso  rancho aceptable, y  los cuales son
aficionados los campesinos; adems, todas estn al alcance de los
recursos del labriego, como se deduce del precio de la racin que no
es exorbitante, an habindolo calculado  tipo alzado y como se
adquieren aquellas sustancias al por menor:

  6 onzas de harina de maiz cuestan   1-1/2 centavos
  4   "   de arroz                    1-1/2     "
  3   "   de habichuelas              1-1/2     "
  4   "   de carne                    2-1/2     "
  1   "   de legumbres                3         "
  1/4 "   de tocino                     1/4     "
  1   "   de queso                    2         "
  1   "   de manteca                  1-1/4     "
                                     ---------------
                     Total           13-1/2 centavos

Si por habitar los campesinos lejos de las poblaciones les es
embarazoso adquirir cada dia la carne fresca, no es difcil conservarla
con una preparacin cualquiera; ni hay motivo alguno que justifique en
la casa del jbaro la carencia de aves de corral y de otros animales
domsticos con que suplirla.

 la suma que hemos obtenido como precio de la racin, habra que
aadir el valor de la sal y otros accesorios de la preparacin;
pero muchos de los condimentos puede cultivarlos nuestro campesino,
y an las mismas sustancias principales--legumbres, maiz--para las
necesidades de la casa, podra obtenerlas con su propio trabajo, sin
perjudicarse en el que verifica  jornal. La manteca, el tocino y
algo de carne no le seran onerosos si imitase la costumbre, seguida
en algunas comarcas espaolas, de criar un cerdo para sacrificarlo y
guardar lo necesario para el consumo de la familia.

Por lo que atae al Gobierno, tcale papel esencial en la resolucin
del problema que analizamos, suprimiendo  reduciendo los arbitrios
sobre los artculos de consumo de primera necesidad.

"Entre todos los impuestos que tiene la Nacin, el de _consumos_--como
dice muy bien el Dr. Hernndez Iglesias en su discurso ledo en la
Sociedad de Higiene,[7]--debe ser por lo mnos reducido. En buen hora
que la industria, el arte y la ciencia contribuyan equitativamente 
levantar las cargas del Estado; pero en los artculos que el hombre
consume para alimentarse, por lo mnos en aquellos que son de absoluta
necesidad, no parece natural ni razonable exigir impuesto alguno."

       [7] Notas sobre la higiene provincial de Len.

"Si la industria, la ciencia  el arte han contribuido en razn de sus
recolecciones, el comercio ha pagado al comprar el artculo industrial
ms el importe de la contribucin; pero como el comercio es industria
que rinde producto al ramo, por razn de esos rendimientos es claro que
debe contribuir; mas el consumidor, el viviente que come, qu cobra
por haber comido? No ha pagado, al comprar su comestible, el precio
natal de ste y los recargos derivados de las contribuciones? Pues as
como el hombre no paga, ni pagar debe impuesto alguno por la ropa que
compra para su uso, as es antisocial pagar contribucin por comer.
Esto equivale  decir al hombre que no tiene derecho para morir, puesto
que el suicidio es un crmen justsimamente reprobado, y disputarle el
derecho de la vida; porque no se puede vivir sin comer, y por comer
no slo hay que pagar el alto precio que de dia en dia toman los
alimentos, sino un impuesto de consumos, impuesto verdadero en toda la
extensin de la palabra."

En Puerto Rico, la carne, por ejemplo, alimento tan necesario y
tan til, estara barata como en ninguna parte. Por circunstancias
favorables del suelo, desde la primera introduccin de ganado en la
isla hasta la fecha, ste ha prosperado de modo tal, que hemos podido
surtir  otros pueblos vecinos; ces la exportacin, coincidiendo
con la baja de precios del azcar y la consiguiente conversin
de algunas haciendas en hatos; con esto baj el precio del ganado
considerablemente, no obstante lo cual en casi todas las carniceras
de la isla se vende cara la carne, gracias  los excesivos recargos
municipales que pesan sobre este artculo. Si sobre l no pesase tan
enorme contribucin, y se suprimiesen todos aquellos procedimientos
que obstaculizan la matanza y favorecen las combinaciones de los
especuladores en perjuicio del consumidor, de seguro que la carne
estara en Puerto Rico al alcance de las fortunas ms reducidas,
porque no habiendo otro medio, como no le hay, de consumir el ganado,
sino llevndole al matadero, la abundancia abaratara el producto
favorecindose por este medio la mejor alimentacin del campesino.

En la frmula propuesta se nota la ausencia del pan de trigo, omisin
que hemos cometido exprofeso para hacer ms accesible al pobre dicha
racin alimenticia; pues por lo dems estamos convencidos de que al
jbaro le gusta el pan y lo adquiere cada vez que sus recursos se lo
permiten, siquiera no sea de buena calidad; de modo que,  poco que los
derechos fiscales se modificasen, la introduccin de la harina de trigo
aumentara, y se podra comer en Puerto Rico pan fabricado con harinas
americanas  un precio compatible con todas las fortunas.

Pero, en fin, le hemos sustituido con el maiz, cereal que el jbaro
podra consumir en ms cantidad, desechando la preocupacin de que _es
caliente_. El maiz, en cantidad proporcionada, sano y bien maduro, no
puede ocasionar perjuicios  la salud, sobre todo no constituyendo un
alimento exclusivo.

En la racin que venimos analizando hemos mezclado verduras y
legumbres, abrazando en estos nombres todas esas sustancias que el
jbaro tiene tan  mano en nuestros campos--pltanos, ames, papas,
habas, castaas, etc.,--y haciendo un clculo aproximado de su
composicin. Como complemento  la racin, adase alguna fruta y un
poco de caf con leche, que es una excelente bebida; bajo tal rgimen,
no dudamos que el campesino puertorriqueo cambiara de aspecto.

Seguramente que alguien habr sonredo con desconsuelo cuando hemos
dicho que el jbaro podr cultivar en un huertecillo alrededor de su
casa muchas de las sustancias que hemos indicado, as como criar el
cerdo, etc., y habr pensado: "todo eso que no entra en los hbitos
del campesino, es imposible que lo adopte, porque las contribuciones
acabaran con l." Por desgracia tenemos que tomar en cuenta esa
circunstancia; desearamos ver desaparecer toda contribucin sobre esa
clase de productos,  no ser que fuese tan leve que en nada aminorase
la buena voluntad del campesino. Estamos perfectamente de acuerdo con
el Dr. Garca Ponce, cuando en el ntes citado trabajo dice: "Suben
 tal punto las cargas que pesan sobre la Agricultura, la heredad y
la Industria, que no slo matan  sta y al _estmulo del trabajo_,
sino que aniquilan  la sociedad. Si no es posible gobernar sin
contribuciones, con tantas puede llegar el dia en que no haya  quien
gobernar. La Nacin debe enriquecerse con las economas del Tesoro,
y no con las cargas del contribuyente que necesita del fruto de su
trabajo para la conservacin de su vida y salud, fuente de riqueza y
podero de los pueblos."

Estdiese con deseo de acierto por la Administracin este asunto, y
se ver cmo es posible descargar de ciertas contribuciones al pobre
labrador. El catastro, hecho debidamente, acaso descubrira riqueza
imponible suficiente para sustituir la tributacin que gravita sobre
los infelices que no pueden mantener fuera del alcance del ojo fiscal
su escasa propiedad.

Con el auxilio del gobierno, como hemos dicho, y muy especialmente
con el impulso de la enseanza, el problema de la regeneracin de
la familia rural borinquea no parece tan difcil de resolver. La
instruccin del campesino, elevndole en el concepto de s propio, le
predispondr  adoptar mejores costumbres, y la higiene le ensear que
debe ser sbrio en las bebidas alcohlicas y an desechar aquellas cuya
pureza no est garantida, porque en la cuestin del alcohol no slo hay
que temer los excesos, sino tambin la calidad de la bebida.

En el aprendizaje de la higiene encontrar que los placeres del amor
deben ser satisfechos sin desenfreno, y comprender que las uniones
entre parientes son disparates en perjuicio de la prole, que  menudo
nace enferma; la consanguinidad, que no es un obstculo en nuestros
campos para las uniones legtimas  ilegtimas, es sin duda alguna un
mal grave que nos importa cortar, por el bien de la descendencia.

Todo esto, bien lo sabemos, es obra larga; pero no nos desanimemos
para caer en el mismo vicio que criticamos en el campesino, en esa
imprevisin y egosmo que le inducen  no sembrar lo que no pueda l
mismo cosechar y pronto; sembremos y que recojan las generaciones
venideras.

La gimnasia en la escuela es necesaria para la obra que aconsejamos; el
profesor, sin ser gimnasta, puede  poca costa hacer que sus discpulos
se desarrollen fsica  la par que intelectualmente. Aparte de esto,
los ayuntamientos podran instituir certmenes pblicos de gimnasia,
como se verifican exmenes para conocer el adelanto intelectual de los
nios, y tambin asignar premios  la familia jbara que presentase
nios ms robustos y sanos.

La propagacin de la vacuna para alejar las epidemias de viruela; la
construccin de canales, los desages, las plantaciones de rboles,
la desecacin de los pantanos para acabar con el paludismo. Una
legislacin sanitaria, de que hoy carecemos, para evitar los desastres
de la alimentacin malsana, y que protegiese  los jbaros contra la
codicia de los mercaderes poco escrupulosos en vender comestibles
capaces de alterar la salud.

Reglamentar las industrias mal sanas, sujetando  un plan higinico la
construccin de mataderos, hospitales, cementerios, etc.; regular el
uso de las corrientes de agua; dar proteccin  los nios, h aqu una
srie de medidas que son un deber de toda sabia administracin.

Higiene y medidas de proteccin administrativa; instruccin y estmulo
por medio de recompensas; tal es el modo de llegar  algo positivo. No
pedimos una obra de titanes, es sencillamente un plan racional que al
cabo ha de traducirse en beneficio para el mismo gobierno que recoger
el fruto, en el aumento de la produccin imponible, que necesariamente
debe seguir  la robustez y salud de los productores; pero aunque la
obra fuese ms rdua no desistiramos de pedir que se llevase  cabo
en bien de una sociedad que est pidiendo reformas para ostentarse tal
como debe ser. Exige algn sacrificio el agregar  la enseanza el
aprendizaje de la higiene? Acaso el aumento de escuelas no coincide
en las naciones cultas con su engrandecimiento? La proteccin de una
clase ignorante, no es un deber administrativo? Los premios, las obras
de saneamiento del suelo, la gimnasia, consumirn de peor manera
el dinero que otras obras que se emprenden cada dia sin justificada
utilidad?

Los remedios que hemos propuesto bajo una forma elemental no son
difciles de llevar  la prctica; si no se contina esperando el
remedio del cielo y se empieza la obra, los resultados no tardarn
tanto en obtenerse como podramos figurarnos. Decididamente ya
es tiempo de pensar en el mejoramiento de una clase importante
de la sociedad puertorriquea, y dejar de lado las lamentaciones
y recriminaciones intiles que no mejoran nada y acaso culpan
indirectamente  algunos de los que ms descontentos se muestran con la
decadencia de un hombre inculto, que hasta aqu ha vivido sin otra gua
que su propio instinto.




CONDICIONES INTELECTUALES.


Si en todas partes deja que desear el desarrollo intelectual del
campesino, en Puerto Rico este mal es de una evidencia desconsoladora.
Bien es cierto que ha habido bastantes motivos para explicarnos el
atraso que deploramos, atraso que no es ms que el resultado lgico
de la lentitud con que se realiza el progreso general del pas; pues
como ha dicho acertadamente el Sr. Don Jos R. Abad, en su _Memoria_
acerca de la Feria-exposicin de Ponce, "la historia de la Agricultura
es la historia de la Civilizacin; los progresos de sta determinan
los progresos de aquella y cada nuevo misterio de la fuerza de la
naturaleza, arrancado  los arcanos de lo desconocido por el ingenio
del hombre, ha sido una nueva conquista al servicio de su bienestar
social."

Ahora bien, es indudable que la cultura de Puerto Rico se ha verificado
muy pausadamente; el desarrollo de la agricultura ha debido guardar, y
as ha sido en efecto, una perfecta relacin con este tardo incremento
de los dems principios civilizadores. Mas el atraso del arte de
cultivar la tierra no es sino una consecuencia de la deficiencia
intelectual de los agricultores, por lo cual no es un absurdo deducir
de aqul el poco camino que en la senda de su ilustracin ha recorrido
el grupo que venimos estudiando.

Al jbaro hay que asignarle papel esencialsimo en los adelantos
agrcolas, porque es innegable que el esfuerzo del hombre de mejor
voluntad y ms versado en los conocimientos agronmicos fracasa si
al llevarlos  la prctica se encuentra con brazos intiles por su
impericia, , lo que es peor, rebeldes  todo lo que no sea rutinario.

En el exmen que emprendemos es, por tanto, acertado investigar las
prcticas agrcolas del bracero desde los tiempos cercanos  la
conquista, y compararlas con las que actualmente ha adoptado.

Al escudriar en la historia la marcha que la agricultura ha seguido
en nuestro pas, nos encontramos huellas verdaderamente asombrosas. En
el siglo pasado, el ilustre Fray igo Abad, autor de la Historia de
Puerto Rico, deca en el captulo titulado _Estado de la Agricultura
de esta Isla_: "La Agricultura, que es la primera de las artes y la
verdadera riqueza de un Estado, est muy en los principios en esta
Isla. Por la mayor parte se reduce al cultivo, de las legumbres y
frutos de primera necesidad, sin ofrecer al comercio objeto digno de
atencin.

"Apenas conocen instrumento, ni medio til para ejercerla. Con una
hacha,  ms regularmente con fuego, baten los rboles. Un sable, que
llaman machete, acaba de desmontar la maleza, y limpiar la tierra;
con la punta del sable, _ de un palo_ hacen pequeos hoyos  surcos,
en donde ponen la planta del tabaco, caf, arroz, cazabe, pltanos,
maiz, frixoles, batatas  otras legumbres que son los objetos de sus
cosechas,  los que dedican solamente algunos pedazos de las tierras
llanas."

Como lo hace notar el comentador de Fray igo, el erudito Sr. Acosta,
en esa poca todava _el labrador puertorriqueo no conoca el arado_.
Servase de igual instrumento que los salvajes errantes australianos
usan, segn Tylor, para plantar y desenterrar las raices comestibles, 
sea de un palo puntiagudo; utensilio de labranza tan primitivo que se
han encontrado de l algunos ejemplares pertenecientes  los primeros
pobladores del mundo americano. Desconocer el arado en el siglo diez
y ocho es casi inconcebible en un pueblo civilizado; siendo as, que
en el valle del Nilo fu ya conocido, siquiera fuese rudimentario, ese
beneficioso til de labranza, perfeccionado algo por los romanos y que
despus de sucesivas evoluciones ha llegado en nuestros dias  adquirir
un grado de perfeccin notable, gracias  las aplicaciones que el
descubrimiento del vapor ha permitido hacer.

Por fortuna al comienzo de este siglo se inicia el progreso del cultivo
de la tierra borinquea,  beneficio, segn explica el Sr. Acosta, de
la supresin de algunas absurdas disposiciones como la relativa al
abasto forzado de carne; por virtud de la sabia administracin del
nunca bastante alabado Don Alejandro Ramirez, y  merced de la cdula
de 15 de Agosto de 1815, que favoreci la inmigracin en el pas de
gente entendida en las prcticas agrcolas.

Esto no obstante, el adelanto es poco notable, comparado con el
florecimiento que en otras partes ostenta la agricultura; es grande
tal vez teniendo presente los tiempos  que hemos hecho alusin,
pero no lo es para la poca que alcanzamos. Corroborada est nuestra
afirmacin por persona tan competente como el Sr. Abad, quien dice
refirindose al concurso verificado en Ponce en poca recientsima:
_La exhibicin de pltanos, frutos, semillas y granos comprendida
en la seccin cuarta, adoleci de todos los defectos inherentes y
propios de una agricultura rudimentaria._ Como se puede deducir de
esta apreciacin la senda del progreso apnas ha sido hollada sino
muy tmidamente por nuestro campesino; y as es la verdad. Veamos si
no, qu perfeccin han alcanzado sus utensilios de labranza? qu
conocimientos tiene acerca de las formas de cultivo? qu aprecio hace
del empleo de los abonos y de sus clases? qu sabe  procura saber
de las condiciones de los animales que le son tiles? qu sabe de la
seleccin, del cruzamiento, de la influencia del establo en la crianza?
qu conoce de la diversa aptitud de las tierras laborables? qu del
influjo que las circunstancias meteorolgicas del pas determinan en
su agricultura? qu de los fecundos resultados que reporta la armona
entre la produccin animal y la vegetal? En una palabra: salvo lo
rutinario, qu alcanza de cuanto la ciencia agrcola ensea, siquiera
sea elemental, y por serlo se halle vulgarizado entre los labriegos de
otros pases?

Hay que confesarlo con dolor; muy pobre es, sin duda, el caudal de
experiencia del jbaro en lo que toca  este particular, pobreza que no
por ser motivada es mnos sensible, en una poca como la presente en
que el movimiento cientfico ha dado  la agricultura leyes naturales
que la han hecho engrandecer. Tal deficiencia resalta evidentemente
cuando comparamos los elementos de que se vale para verificar su
labor el campesino puertorriqueo, con los que tiene  su disposicin
el labriego norteamericano, por ejemplo. Mientras que el _yankee_
tala, ara, siembra y recolecta, utilizando para ejecutar todas estas
operaciones instrumentos perfeccionados,  beneficio de los cuales
realiza su trabajo, hasta con cierta comodidad, el jbaro, rutinero
en sus prcticas y desconocedor de otros aperos que los primitivos,
se fatiga en faenas que  aqul le son fciles; y no es slo que el
labrador de Puerto Rico necesite producir mayor cantidad de trabajo
muscular y que gaste ms tiempo en sus faenas, sino que  la postre los
productos con que la tierra corresponde  sus afanes, acaso no resistan
la competencia de la produccin norteamericana, obtenida--gracias al
empleo hbil de mquinas y de buenos instrumentos de mano--con mnos
costo. As se explica que nuestra isla pague tributo  otros pases
comprndoles frutos como maiz, arroz, patatas y otros que la tierra
borinquea puede producir en cantidad suficiente para anularlos de la
importacin, y que al labrador le sera dado cosechar con beneficio
positivo de sus intereses, decidindose  pisar nuevas sendas en el
cultivo de sus campos.

Que el bienestar del pas depende en gran parte de la prosperidad de su
agricultura, es una tsis que no ha menester demostracin. Preciso es,
pues, tratar de que la produccin agrcola reporte utilidades ciertas,
en cuanto sea posible; y para conseguirlo, adems de huir de todo
cuanto por deficiente en la prctica pueda disminuir lo producible,
conviene facilitar al jornalero agrcola su trabajo, con arreglo 
los buenos principios de economa rural: que en parte alguna como
en la zona trrida y concretndonos  nuestros intereses, en Puerto
Rico--dada la pobreza fsica que hemos advertido en una buena parte
de la poblacin rural,--es conveniente ahorrar esfuerzos musculares
excesivos al hombre, para que, hacindole mnos fatigosas las
operaciones de la labranza, pueda ejecutarlas sin que le atemorice lo
rudo de las labores que por necesidad han de practicarse bajo la accin
de este sol tropical de una esplendidez que embriaga el alma, pero que
 la vez enerva el cuerpo.

No es indiferente pedir en este clima al jornalero, ms  mnos
horas de trabajo, ni que lo ejecute suave  rudamente; arar 
sembrar utilizando el vapor  la fuerza animal, con instrumentos
perfeccionados, exije mnos cantidad de trabajo personal que el hacerlo
como en los tiempos primitivos, teniendo que ir poco  poco para abrir
un imperfecto surco y depositar en l la semilla; pero la desventaja
resalta ms, considerando que la temperatura habitual de nuestro suelo
no permite un desarrollo considerable de fuerzas, continuado por muchas
horas, sin perjuicio para la salud; de modo que, instintivamente, el
hombre siente aqu repugnancia por los trabajos muy fuertes. Adase
 esto la miseria orgnica del jbaro, ya indicada, y desde luego
apreciaremos la importancia que tiene para la riqueza agrcola el que
sus brazos utilicen los ventajosos sistemas  instrumentos que la
civilizacin nos ha proporcionado.

Pero nuestro labriego no se halla preparado ni aun para poder darse
cuenta de la utilidad de los procedimientos modernos. No es culpa
suya; mas por desgracia es as. Al estudiar las clases jornaleras
puertorriqueas, uno de los observadores ms conspcuos de nuestras
costumbres, Don Salvador Brau, dice:

"El jornalero labrador ignora las teoras ms rudimentarias de la
ciencia agronmica; las diferentes fases de la luna y los peridicos
movimientos de las mareas constituyen para l, como para casi todos los
pequeos propietarios rurales, el texto sagrado de sus doctrinas.

"Con arrojar la semilla en un surco apnas abierto por un grosero
arado, digno de figurar en un museo de curiosidades prehistricas,
cree, por lo comn, el labriego de nuestra tierra, haber practicado,
casi completamente, cuanto cabe practicar en materia de agricultura.
Las fuerzas de la naturaleza se encargarn de lo dems."

Nos pesa tener que insistir tanto en sealar el atraso de nuestro
campesino, precisamente en lo que le incumbe ms de cerca; pero es
cumplir con un deber hacerlo y lo cumplimos, corroborando lo que,
cuantos escritores han tratado este asunto en Puerto Rico, han dicho
ntes que nosotros.

Si pasamos  examinar las manifestaciones de la industria, no seremos
ms afortunados en el descubrimiento de los progresos que anhelamos
para nuestra clase rural. Refractario el campesino  toda innovacin,
mira con desconfianza los pocos adelantos que la industria azucarera
ha adoptado en el pas, y hay que verle menospreciarlos y sonrer
maliciosamente, dndose aire de perspicaz, cuando por desgracia es
testigo de algn fracaso de las empresas progresistas; entnces
atribuye el mal xito  los inventos nuevos, y ni siquiera se le
ocurre, ni puede comprender, que en muchas de estas ruinas intervienen
como factores, ya una ilustracin profesional incompleta, ya falta de
aptitudes agrcolas y de crdito, con frecuencia los excesos de la
usura y acaso la misma ignorancia de los brazos que ha sido preciso
utilizar.

En las manifestaciones industriales que por pequeas son casi usufructo
del campesino pobre, tampoco nos es dado sealar adelanto alguno
de nota. Hoy sigue obteniendo, por ejemplo, las harinas de maiz y
de arroz, las fculas de yuca, etc., en cantidades limitadas y por
procedimientos antiguos; lo mismo hace para la obtencin de aceites
como el de coco, ricino y otros, productos que trae al mercado llenos
de impurezas; el jabn, llamado _de la tierra_, pone de manifiesto
tambin lo elemental de estas pequeas industrias en nuestro pas.

Estas apreciaciones no son personales. Todo aquel que se haya
dedicado  observar nuestra actual sociedad, ha podido deducir de sus
observaciones que Puerto Rico est an en mantillas en lo relativo
 procedimientos industriales; de manera que, si por su parte el
labrador no sustituye sus aejas malas prcticas, ni mejora las
especies vejetales que cultiva, ni se preocupa de los estancamientos
de agua, daosos  los terrenos que labra, haciendo  lo sumo zanjas
al descubierto que desaguan mal, ni aprecia el valor de los abonos que
desperdicia mientras presencia impasible cmo se agotan sus tierras, 
las que sigue pidiendo lo que ya no pueden dar, en lo que respecta al
industrial se advierte anloga falta de discernimiento.

El fabricante de cal, por utilizar los imperfectos y anticuados hornos
pierde en rendimientos; el ladrillero sigue fabricando los ladrillos 
mano; el carbonero, sobre contribuir  la destruccin inconveniente de
los montes y quemar sin consideracin maderas tiles, si llega el caso,
persiste en hacer sus viejos hornos en los cuales el producto de su
explotacin disminuye.

La industria pecuaria no se rige en Puerto Rico por ningn
procedimiento cientfico, y tan confiados se muestran los campesinos en
las fuerzas naturales, que ni siquiera las epizootias les preocupan;
el contagio no existe para ellos; as no es extrao que por falta de
aislamiento se desarrollen epidemias de muermo y de pstula maligna que
causan destrozos en esta riqueza y an hacen vctimas entre los hombres
dedicados  la ganadera.

Entre los productos procedentes de animales vivos  muertos que
explota el campesino, los quesos--cuya fabricacin ms general es
rudimentaria--son de buen gusto, pero de poca duracin; la mantequilla,
 causa de su defectuosa preparacin, no se conserva por mucho tiempo
sin aranciarse; la manteca de cerdo no puede competir en precio y
cantidad con la extranjera, si bien la aventaja en pureza: la cera,
amarilla y la miel se recogen en corta cantidad, sin que nadie se haya
cuidado gran cosa de las abejas.

Otras industrias rurales como los tejidos de cortezas, de bejucos y
paja--sogas, aparejos, cestos y sombreros--aunque pobres, dejan ver
ciertas favorables disposiciones dignas de ser alentadas.

La fabricacin de dulces con frutas del pas, se reduce  las conservas
de naranjas, ordinaria y de mejor calidad, pasta de guayabas, yuca,
etc., y no se ofrecen  la venta tan bien acondicionadas como fuera de
desear.

La panificacin de la yuca, cazabe, no ha adelantado mucho desde los
tiempos indios hasta nosotros. Otros productos, que se presentan en
forma de panes, de maiz, batata, etc., no ofrecen particularidades que
admirar.

Lo propio hay que decir de la limitadsima industria forestal--resina
de tabanuco, aceite de palo.--Como hemos podido ver, existe un atraso
notorio en todo lo que se refiere  los diversos ramos de la produccin
agrcola, atraso lamentable cuyas causas trataremos de explicar
oportunamente.

Veamos ahora si las casas que habita el grupo rural puertorriqueo
corresponden con el pobre progreso que en l venimos sealando, pues
sabido es que existe relacin directa entre el grado de cultura del
hombre y la vivienda que para s construye, pudiendo deducirse de las
condiciones de sta el desenvolvimiento de aquella. Desde el refugio
natural que contra la intemperie ofrecieran al hombre primitivo un
rbol  una roca saliente, hasta las modernas casas en que se aloja
el hombre civilizado de nuestros dias, hay una escala ascendente que
manifiesta las gradaciones del desarrollo intelectual de la especie
humana. Marca el primer paso en las construcciones artificiales de
casas, la sencilla pantalla inclinada, por el estilo de la que algunos
picapedreros usan para defenderse de la accin del sol: siguen 
tan imperfecta defensa las chozas rudimentarias de hojas de palma 
de tiernos rboles,  inciase luego el primer adelanto, en materia
de construcciones, con las chozas edificadas sobre postes  paredes
forradas de zarza, lodo y otros groseros materiales.  la cabaa de
forma redondeada y de techo en pabelln, sucede--en poca de ms
progreso--la de forma cuadrada y techo en caballete, apoyado sobre
las paredes y sostenido por vigas; la madera seca es sustituida por
la piedra tosca al principio y luego labrada. Nace el arte de la
albailera que utiliza ms variados elementos de construccin; entre
otros el cemento, el ladrillo, los metales mismos, y llega por ltimo
el hermoso perodo en que la arquitectura, en su apogeo, hace surgir
esos asombrosos monumentos, libros de piedra en que los arquitectos de
pasadas edades han dejado escritos los mejores y ms bellos captulos
de la civilizacin antigua de los pueblos.

Hecha esta rapidsima excursin en el arte de las construcciones,
nos ser fcil de apreciar, conocida la vivienda del campesino
puertorriqueo, su estacionamiento, puesto que an construye su boho
de madera y yagua, sin que jams emple la piedra, ni siquiera el
adobe; y aunque se explique que prefiera aprovechar para hacer su casa
aquellos materiales que mnos trabajo le cuesta adquirir, como son
troncos, caas, paja, etc., no podemos darnos satisfactoria cuenta
de que esa cabaa siga siendo como en los viejos tiempos endeble, de
poco resguardo, y sin ninguna comodidad, ni casi separacin interior
que evite esa amalgama en que viven padres, hijos y hermanos, tan
perjudicial para las buenas costumbres.

Ya el indio borincano construa poco ms  mnos como hoy construye el
jbaro; lo cual basta para hacernos evidente el pobre adelanto de ste,
quien, despus de tres siglos, en nada ha mejorado las condiciones
de la morada que serva  una raza incivil. "Las casas--dice nuestro
tantas veces citado historiador Fray igo--las construan (los
indios) sobre vigas  troncos de rboles que fijaban dentro de la
tierra  distancia de dos  tres pasos uno de otro, en figura oval,
_cuadriltera_  _cuadrilonga_, segn la disposicin del terreno: sobre
dichos troncos formaban el piso que era de caas  varas; alrededor de
este piso hacan las paredes  tabiques de las casas que eran asmismo
de caas, cruzando sobre ellas al travs muchas latas que hacan de
las hojas de las palmas con que aseguraban la obra. Todas las caas
que formaban los tabiques se juntaban arriba en el centro de la casa
afianzndolas unas con otras quedando el techo en figura de pabelln."

"Otras casas construan tambin sobre troncos de rboles y de los
mismos materiales; pero ms fuertes y de mejor disposicin. Desde
la tierra hasta el piso que formaban sobre los troncos, dejaban sin
cercar una parte que serva de zagun: en lo alto dejaban ventanas
y corredores que hacan de caas: el techo estaba  dos vertientes,
_mediante un caballete_ que ponan sobre porciones cubiertas de hoja
de palma. Toda la fbrica de aquellas casas se aseguraba, en lugar de
clavos, con bejucos silvestres que son flexibles y de gran duracin."

Es indudable que estas edificaciones indias descubren un cierto grado
de adelanto en los aborgenes; pues, segn Tylor, todos los viajeros
africanos convienen en que la casa con esquinas cuadradas indica un
gran paso en la civilizacin de los pueblos; pero encontrar  la raza
que sustituy  aquellos construyendo y habitando iguales moradas,
ntes bien significa un atraso, toda vez que los conquistadores por
traer ideas de construcciones superiores debieron mejorar los ranchos
indios. Podramos aadir que quiz no fu la mejor de las casas
borinqueas la copiada por los conquistadores y sus descendientes; pues
leemos en W. Irving, que, cuando los espaoles pisaron por vez primera
este suelo, "encontraron un lugar indio construido como de ordinario,
alrededor de la plaza, parecida  un mercado y con una casa _muy grande
y bien concluida_," de modo que, como los europeos no haban de llamar
bueno  cualquier edificio de salvajes, y tuvieron lugar de examinarlo
detenidamente, y de cerca, porque lo hallaron desierto, como todo el
lugar, podemos deducir que los aborgenes construan mejores casas de
las que pueden darnos idea la generalidad de los bohos primitivos, aun
imitados por el campesino de nuestros dias.

Lo defectuoso de la casa del jbaro coincide con un ornamento tambin
pobrsimo del interior de ella. La hamaca, usada por el indio, y mueble
indispensable al jbaro, acaso algn lecho de tablas, y raras ocasiones
algo donde sentarse, es casi todo lo que en un boho se encuentra. No
pretendemos hallar comodidades dentro de las humildes viviendas del
campesino, pero lo msero de semejante menaje es de sentirse, tanto por
lo que revela de la cultura de su dueo, cuanto porque como dice un
higienista, el Dr. Billandeau, no es indiferente habitar una casa que
agrade, pues hay en las condiciones de suficiencia y hasta en el adorno
de la habitacin, una fuente de goces de que disfrutamos sin darnos
cuenta y que nos liga al hogar, alejndonos de peligrosas aficiones.

Digamos algo acerca del lenguaje del jbaro, ya que la palabra,
_expresin total de la vida del espritu_, como la considera Revilla,
puede darnos valiosos datos en lo relativo  esta parte de nuestro
trabajo.

Es el habla del campesino defectuosa, como la de aquellas personas
que no han recibido instruccin alguna; todava emplea palabras ya
olvidadas en el moderno castellano, y la impureza  impropiedad de su
lenguaje son notorias.  los defectos de pronunciacin, que citaremos
en breve, hay que aadir un cierto dejo en el modo de hablar, dejo
que, ms  mnos acentuado, parece comn de todos los habitantes
de la Amrica espaola y an de las Canarias y por lo tanto de los
puertorriqueos en general, pero que entre los jbaros es notablemente
ms pronunciado.

Aunque en nuestros campesinos se corrobora la observacin de que las
personas habituadas  vivir en el campo hablan en alta voz, ntase
 menudo que esta no tiene la intensidad, el vigor que es casi
general entre la gente ruda; hecho que, si bien no es absoluto, puede
explicarse por el empobrecimiento orgnico, al cual corresponde un
aparato respiratorio en cierto modo dbil. No predominan en el tono
de voz de los jbaros los sonidos graves; ntes bien pueden estos
referirse  las escalas de bartono, tenor y an contralto; no siendo
raras las voces de falsete.

El alfabeto fontico del campesino carece de la _c_ suave, as como
de la _ll_, _v_, _x_ y _z_. La _c_, al unirla con las _e_  _i_, y la
_z_, casi siempre las transforma en _s_, v. gr. _s_erro, _s_imarrn,
_s_anja, _s_umo. Cambia la _ll_ en __ y  veces en _y_, como en
__aman, caba_y_o; la _v_ en _b_ como en _b_ira. La _d_ final, y la de
las terminaciones de los participios de pretrito, no suenan; as dice:
_mit_, _comprao_. La _rr_ con frecuencia la arrastra dndole sonido
de _j_; como en _ajrj_ por _arroz_; la _r_ la convierte en _l_ muchas
veces, otras en _j_, v. gr.: amo_l_, ca_j_ne; y por ltimo, segn nos
lo ha hecho notar nuestro buen amigo y excelente poeta Don Luis Muoz
Rivera,  la _s_ le dan casi constantemente un sonido de _j_ suave; por
ejemplo: _loj_, _pejroj_, _ejtn_.  veces ocurre lo propio con la _z_,
como cuando dicen _ajoraoj_ por _azorados_. La _h_ es una _j_ fuerte
siempre, v. gr.: _jacer_ por _hacer_.

Si bajo su aspecto fsico, el lenguaje del jbaro est lleno de
defectos, desde el punto de vista fsico-espiritual, evidencia de
ordinario la pobreza de su desarrollo intelectual, por mucho que  las
veces revele agudezas que demuestran una inteligencia fcil de cultivar.

Una vez hecho este breve exmen, vamos  dar comienzo  la
investigacin del estado en que se encuentran en la clase rural las
artes tiles; y empezaremos por la ms hermosa de todas: la poesa.
Producto esta de la imaginacin y del sentimiento, la encontramos,
ya que no revestida de sus mejores galas, embellecida con el ropaje
natural de la espontaneidad y sencillez que en todas partes ostenta
la poesa popular. En muchos de los _cantares_ jbaros se descubre
una naturaleza potica rica en fantasa y no exenta de imaginacin
y viveza, como no poda mnos de suceder tratndose de meridionales
descendientes de espaoles, quienes poseen como pocos aquellas
preciosas dotes.

Sensible es que la escasa ilustracin del jbaro sea causa de que
esa fuente de belleza no de cuanto podra dar de s; al cabo la
imaginacin no basta para producir lo bello, si no vienen en su auxilio
otras facultades del espritu convenientemente cultivadas. De esta
deficiencia nace que el campesino cante asuntos pocos dignos y que en
sus canciones se hallen dislates tan grandes que,  juzgar por ellos,
habra que negar  sus autores hasta el sentido comn. Encuntranse
_dcimas glosadas_ que estn llenas de obscenidades; otras hay
disparatadas, sin pis ni cabeza, como vulgarmente se dice, que no son
ms que palabras vacas de sentido, por mucho que la presuncin del
autor las titule de _argumento_.

No obstante, otras veces acierta el inculto poeta. Hemos oido algunos
villancicos, llamados _aguinaldos_, bastante bellos  ingeniosos. Entre
sus _cantares_ los hay capaces de despertar la emocin esttica. Casi
siempre el motivo de ellos es el amor y los sentimientos que de esta
pasin dependen; pero no desdea su inspiracin otros asuntos. Sus
coplas recuerdan la rica poesa popular espaola, y es fcil de hallar
en ellas su filiacin andaluza las ms de las veces, sin que falten
cantares de otras provincias de la Metrpoli, tan prdiga en hermosos
villancicos, alegres seguidillas, picarescas coplas, etc.

Para dar una ligera idea de nuestra poesa popular, reproducimos 
continuacin algunos _cantares_, sugetndonos  la ortografa propia
del jbaro[8].

      "Puse en tu puelta un letrero
    Y el letrero dise as:
    --Pasajero, pasajero,
    Cuando pasej por aqu,
    Si no quierej sel cautibo
    Pasa sin miral siquiera;
    Yo mir una vej, y bibo
    Ejclabo jajta que muera."

       [8] Debemos  los Sres. Don Luis Muoz Rivera y Don Jos Negrn
       Sanjurjo agradecimiento por habernos hecho conocer algunos
       bellos ejemplos de nuestra poesa popular. Reciban por ste
       valioso obsequio nuestra expresiva gratitud y reconocimiento.

Galano requiebro que por su concepto es digno de la dama de ms
delicado gusto.

Bien expresan los siguientes _cantares_ la intensidad del sentimiento
amoroso:

      "Nunca me digaj adioj
    Cuando pol la caye baj,
    Que parese que me disej
    Adioj para nunca maj."

           *       *       *       *       *

      "Si doblasen laj campanaj,
    No preguntej quin muri:
    Ausente de t, mi bia,
    Quin pue sel si no y?"

La pertinacia del amor verdadero se pinta en el siguiente cantar,
no mnos naturalmente que los afectos expresados en las cuartetas
anteriores:

      "Buscando boy pol la Ijla
    Quien quiera haselme un fabol:
    Ajrancal de mi memoria
    El recueldo de tu amol."

Bella cuarteta es esta en la que el poeta utiliza la perfrasis, para
advertir  una novia cuyo galn no parece serle muy fiel:

      "Qutate de esa bentana,
    No le baya  jasel dao
     la flor de tu ilusin
    El biento del desengao."

Lo exclusivo del afecto amoroso y el desprecio de la vida, de que
suelen hacer gala los enamorados infelices, unas veces de veras, otras
_pro frmula_, palpitan en estos cantares:

      "Ay b mi corasn,
    Abrele con esa yabe,
    Y veraj si dentro del
    Slo tu recueldo cabe."

           *       *       *       *       *

      "Dejde que pagaj mi amol
    Con el odio y el dejden,
    Boy bujcando una dolama
    Que me mate de una vej."

           *       *       *       *       *

      "Si me quieres dimel
    Y si no dame beneno,
    Que no es el primer amol
    Que le d muelte  su dueo."

Tambin sabe expresar en sus cantares cierto pesimismo irnico, del que
hay frecuentes casos en la poesa popular espaola: vanse estos dos
ejemplos:

      "Si quierej ejtal contento
    Manda compral, buen amigo,
    Un quintal de indiferiensia
    Y dos arrobaj de olbido."

           *       *       *       *       *

      "El honol es un tesoro
    Del que lo sabe gualdal,
    Lo he bijto cambial pol oro
    Ejto no se ha de admiral."

Epgramas hay, como el siguiente, que velando de un modo conveniente la
idea, hieren sin embargo donde se propuso el autor:

      "Disen que tienej un nobio;
    Disen que le quieres bien;
    Disen que disen que yoraj,
    Pero no disen pol qu."

Otros son ms transparentes y desenfadados, como de ellos es ejemplo el
que sigue:

      "Esoj seloj de tu amante
    Me dan ganaj de reil.
    Pobresito del que pasa
    Por onde han pasao mil!"

Manifestacin, algo fanfarrona, del sentimiento patrio, avivado con
motivo de las invasiones inglesas, de que nos habla nuestra historia
provincial, es el _cantar_ que dice as:

      "De qu le bale al inglj
    El ponel tantaj trincheraj,
    Si sabe que Puerto Rico
    Tiene lanchas caoneraj?"

Basta con lo expuesto para dejar demostrado que,  pesar de ser pobre
el desarrollo intelectual del jbaro, este infeliz anmico mantiene
vivo, all en su alma, el culto de la poesa, y puede y sabe sentir la
belleza y producirla  veces.

Para terminar, y por tratarse de otra forma de expresin potica,
diremos que los _cuentos_ de los jbaros adolecen de exceso de
fantasmagora y no se encuentra en ellos cosa que llame la atencin.
Duendes, pjaros de mal agero, varitas de virtud, transformaciones
milagrosas, trnsitos repentinos, sin que intervengan el esfuerzo
propio, de la miseria  la riqueza; nada, en una palabra, en los que
conocemos al mnos, que por este concepto revelen valor intelectual.

Digamos algo, aunque brevemente, acerca de los instrumentos musicales
campestres: la _maraca_, especie de sonaja de orgen indio, que
por su nombre y por el ruido que produce, podra compararse con la
matraca, tosco y primitivo representante del instrumental de casi
todos los pueblos no civilizados; el giro, desapacible instrumento
para oidos no acostumbrados al guachapeo seco que ocasiona el raspear
sobre su lineada superficie; y algunas derivaciones de la guitarra
y de la bandurria, es cuanto en el particular se ofrece  nuestra
consideracin. Son estas derivaciones: el _tiple_, guitarrillo de cinco
cuerdas, que ofrece la inexplicable particularidad de tener la prima
y la quinta iguales, lo que d lugar  una combinacin anmala de
sonidos; el _cuatro_, que tiene cinco cuerdas dobles, colocadas de dos
en dos, se templa como la bandurria y se toca como esta; la _bordona_
lleva seis cuerdas, y la _vihuela_ hasta diez, pues en esto entra
por mucho el capricho del constructor. Ninguno de estos instrumentos
obedece en su construccin  una idea artstica racional; el poco valor
material de ellos hace que slo los construyan los mismos jbaros,
quienes la mayor parte de las veces se valen de tiles poco apropiados.
Sera interesante sealar el proceso de desviacin que en esta
provincia han seguido los citados instrumentos nacionales de cuerda;
en ellos subsiste la idea que preside  la construccin de guitarras
y bandurrias; pero la carencia de utensilios para fabricarlos iguales
 los modelos que de la Metrpoli trajeron los espaoles, ha debido
influir en la imperfeccin de aquellos.

Imperfectos y todo se pueden ejecutar en ellos tocatas agradables.
Manos hbiles saben arrancar  tan toscos instrumentos musicales
airosas melodas, sin embargo de que debe de ofrecer serias
dificultades, cuando mnos, el producir con ellos modulaciones. Hay
tocadores que con una maestra sorprendente, hacen verdaderos alardes,
produciendo, sobre todo con el _cuatro_, inesperadas melodas.

Acompandose con estos rudos instrumentos, canta el jbaro sus
languidsimas coplas erticas,  sus animados villancicos durante la
poca de aguinaldos.

Orquesta tan menguada basta al jbaro para sus bailes, de los cuales,
algunos es lstima que vayan cayendo en desuso. El _seis_, as llamado
acaso en recuerdo de los seises que bailaban delante de los altares,
segn un rito cristiano ya olvidado, es un baile de figuras, de
cierto donaire, que es sensible vaya perdiendo sus reminiscencias de
la antigua danza, de figuras como la espaola, hoy sustituida por el
_merengue_ sensual, al que tambin se ajusta el _seis_. El _sonduro_,
las _cadenas_, _caballos_, _puntillanto_, _fandanguillo_, y tal vez
algunas otras variedades que nos son desconocidas, van quedando
relegadas al ms injustificado olvido.

El baile llamado _caballo_, exije que los bailadores den vueltas
vertiginosas de vals; en el _sonduro_ el zapateo ha de ser fuerte,
tanto, que  veces los bailadores solan poner chapas de hierro
al calzado para hacer ms ruido; las _cadenas_ son un baile de
combinaciones muy bonitas y de msica linda, que se asocia al canto;
el _puntillanto_ es una especie de zorcico zapateado, de una msica
agradable en sumo grado: parece una combinacin de los compases
ternario y cuaternario, de un efecto bellsimo. Tambin es danza de
figuras que apnas se conoce ya en algunos barrios del interior.

La danza moderna tiende  anular todos estos bailes; en sociedad
se anularon los de figuras; y en los campos va sucediendo lo mismo
con perjuicio de los caractres propios del baile; porque en ltimo
trmino ste, aparte de ser un ejercicio plausible, tiene su aspecto
espiritual. Ha servido para expresar por medio de la msica los
sentimientos ms elevados: el religioso, el del amor, el guerrero;
hoy slo expresa la pasin amorosa, pero representada por medio de la
moderna danza, resulta algo brutal. En la danza de figuras la pantomima
desarrollaba el proceso amoroso ms lgicamente; las parejas colocadas
unas frente  otras, se saludaban, paseaban, se daban las manos, y
por ltimo, despus de varias figuras, llegaba el baile ntimo, por
vueltas de vals. En el _merengue_ todo preliminar est casi abolido; el
caballero invita  la dama y en seguida se establece la intimidad de
un abrazo, que por cierto dura largo tiempo, sin que apnas esfuerzo
fsico distraiga la atencin; porque para bailar la danza no es preciso
ejecutar movimientos que, cansando el cuerpo, aparten del baile toda
voluptuosidad posible, sobre todo hallndose la pareja solicitada por
una msica de languidez dulce y predisponente.

No queremos decir que esto ocurra siempre que se baile la moderna
danza; pero no puede desconocerse el peligro de la posibilidad. Es
posible bailar inocente y correctamente el _merengue_, pero en este
baile se reunen una porcin de circunstancias, contra las cuales
es bueno estar prevenido; si al baile hay que concederle ttulo de
utilidad, es  condicin de que en vez de enervar produzca sano placer.
Bilese la danza en hora buena, pero no tan exclusivamente que ella
anule  otras danzas ms bellas y espirituales.

El baile, considerado como arte recreativo, tiene entre los jbaros
escasa representacin: entre los nios, la _gallina ciega_, la
_peonza_, el _hoyuelo_, los _volantines_ y otros juegos propios de
la infancia. Entre los adultos las _bochas_, bolos, algo en desuso.
Sensible es que no exista ningn juego que ejercite el sistema muscular
del campesino; el juego de pelota, que por ser nacional y haberse usado
tambin entre los indios, deba existir, nadie lo juega; en cambio
los gallos y los juegos de azar, de los que trataremos oportunamente,
dominan al jbaro.

Los juegos de carnaval conservan aun en nuestro pueblo el carcter
que tenan en Espaa en el siglo XVII. Enharinamientos, pintarrajeos,
mojaduras, lanzar cascarones de huevos,  guisa de proyectiles,
sobre los transentes, es lo que constituye nuestra diversin en
Carnestolendas; manera de divertimiento enojosa y poco culta por cierto.

Como ha podido apreciarse por esta breve resea, existen algunas
buenas disposiciones naturales, sobre todo en el jbaro descendiente
de la raza blanca, de cerebro bastante bien organizado, para que,
desarrolladas dichas aptitudes, mejoren las condiciones intelectuales
del grupo rural; como hasta ahora nada se ha hecho para procurarlo,
lo mismo el campesino de filiacin caucsica que el de orgen
africano  mixto, vegetan ms que viven en cuanto se refiere  la
vida de la inteligencia; la fuerza intelectual slo existe latente.
Nuestro campesino es capaz de ser educado por medio del estudio, pues
tiene disposiciones muy favorables para ello; pero estas facultades
permanecen estriles por falta de instruccin y no por incapacidad
para la educacin.  cada paso podemos comprobarlo en nios nacidos en
los ms humildes bohos, que han alcanzado un desarrollo intelectual
sobresaliente, cuando se les ha llevado oportunamente  la escuela.




CAUSAS DE SU ESTADO INTELECTUAL.


La investigacin histrica nos ensea que las generaciones que
precedieron  la nuestra muy poco pudieron legar de cuanto la vida del
espritu necesita para su desarrollo; circunstancia que explica el
retraso general de Puerto Rico, y que  su vez constituye una causa
eficiente del escassimo progreso que hallamos en el grupo rural.

Sabido es que nuestra Isla, corno toda la Amrica, debe su vida moderna
 la conquista. Por una parte hombres de armas y por otra aventureros
echaron los cimientos de esta sociedad. Ni los unos ni los otros se
preocuparon del porvenir intelectual del pas, ni era la ocasin de
que tales ideas surgieran; los hombres de letras no coexisten de
ordinario con los conquistadores, y no eran los guerreros de aquella
poca personas tan ilustradas que se cuidasen de algo ms que de domar
la fiereza de los indios, que luchaban como podan para rechazar la
invasin extranjera. La ancdota de Pizarro y el Inca Atahualpa, si
no d la medida exacta de la instruccin de todos los conquistadores,
nos pone en autos de que no precisaba saber leer para dominar un
vasto imperio. Es verdad que las comunidades religiosas enviaron 
estas tierras personas ilustradas, y que trajeron la nota humanitaria
y un principio civilizador distinto del generalmente adoptado; pero
por lo comn, creencias muy estrechas y el exclusivismo de la poca
determinaban en el espritu de los misioneros la idea nica de
convertir  la f catlica los salvajes.

El incremento de esta sociedad se hubo de resentir de tales
circunstancias de orgen, y tambin de la poca importancia que Puerto
Rico tena con relacin  otras colonias, pues es claro que esta isla
si no acoga en su seno lo peor, indudablemente tampoco reciba lo
ms florido de la emigracin espaola; y aunque los tiempos no eran
 propsito para que la Metrpoli nos enviase grandes luces, pues
ella misma no posea un gran caudal de cultura,--entre otras causas
porque el pensamiento estaba esclavizado por la intransigencia,--es
muy probable que las personas que huan de la Pennsula, porque su
desarrollo intelectual era incompatible con la poca, al emigrar
buscaran, para establecerse, los mejores territorios de los pases
descubiertos. Por lo dems, como dice G. G. Courcelle-Seguin, "la
libertad de pensar, proscrita en Espaa, no poda hallar refugio en
las colonias espaolas.... El letargo de las inteligencias pesaba
necesariamente sobre la industria, alimentaba las preocupaciones
hostiles al trabajo y haca imposible todo progreso econmico."

Los colonizadores de los primeros tiempos, guerreros, catequistas y
aventureros, no trajeron, pues,  esta colonia los elementos de una
civilizacin tan completa que hiciese injustificado nuestro atraso.
Ocup su nimo la idea de dominar y convertir  los indios primero,
y luego, cuando las exploraciones del suelo descubrieron su riqueza
en metales preciosos, la explotacin de las minas; las ciencias y
las artes estaban fuera de su lugar. La misma agricultura permaneca
olvidada. Quin siembra cuando la tierra produce directamente el
precioso metal? Ms tarde, estando las minas ya flacas, la tierra, aun
vrgen, daba de s, sin necesidad de araarla siquiera, svia bastante
 las semillas para que las plantas alcanzaran vida exuberante, y los
pastos naturales sobraban para que el ganado se multiplicase de un modo
fabuloso. Todo conspiraba  que la vida intelectual durmiese.

Sucdense largos aos durante los cuales la enseanza primaria apnas
existe en Puerto Rico, y en la misma Pennsula es deficiente,  tal
extremo que--refirindose al ao 1838--ha podido decir el esclarecido
Don Eduardo Benot en una conferencia dada en el Ateneo de Madrid,
acerca del ilustre literato D. Alberto Lista, lo siguiente:

  "Yo aprend en la escuela mejor de Cdiz donde slo me ensearon (es
  verdad que muy bien)  leer, escribir y contar. Y sabis por qu
  era esa escuela la mejor? Porque en ella se enseaba el carcter
  de letra inglesa y adems los quebrados comunes y las fracciones
  decimales....... Geografa? Historia? Fsica? Qumica? Historia
  natural? Oh! eso no haba donde aprenderlo. Este era el estado de
  la enseanza en Cdiz, entnces indisputablemente la ciudad ms culta
  de toda la Pennsula..."

De Puerto Rico cuanto digamos es poco, relativo  esta materia; el
ao 1765 informaba al Gobierno el General seor Conde de O'Reylly
dicindole:

  "Para que se conozca mejor cmo han vivido y viven hasta ahora estos
  naturales, conviene saber que en toda la Isla no hay ms que dos
  escuelas de nios, que fuera de Puerto Rico y la villa de San Germn
  pocos saben leer..."

La instruccin, sin embargo, no mejor en seguida como era de esperarse
despus de este tristsimo y desconsolador informe oficial. Dos
interesantes "Memorias," justamente premiadas por este Ateneo, nos
permiten apreciar la lentitud con que la enseanza ha progresado en
esta tierra. En una de ellas, trabajo excelente por muchos conceptos
de nuestro querido amigo y compaero el doctor Don Martn Travieso y
Quijano, encontramos este prrafo que no podemos mnos de transcribir:

  "Triste, muy triste, verdaderamente desconsolador es el pasado de
  la instruccin en Puerto Rico. El nimo se contrista al ver, que
  cerca de tres siglos haban transcurrido desde el descubrimiento de
  esta Antilla por el inmortal Cristbal Coln en 1493, y apnas si la
  instruccin haba sido planteada en este territorio, no haba dado
  seales de vida, nadie haba pensado en los inmensos beneficios que
  se derivan de ella."

En el otro luminoso trabajo, debido  la pluma de nuestro colega y
buen amigo el doctor Don Gabriel Ferrer, vemos que: "en Diciembre de
1864, esto es, un ao y medio ntes de publicarse el Decreto orgnico
anterior, reciban enseanza primaria en las Escuelas pblicas, los
siguientes alumnos:

  Nios                2,840.
  Nias                1,347.
                       ------
             Total     4,187 alumnos."

Por entnces la Isla tena seguramente ms de medio milln de
habitantes, pero un clculo basado en esta cifra nos d slo un 8,374
por 1,000 habitantes que recibieran instruccin, estando ya bien pasada
la mitad del siglo _de las luces_.

Adase que hasta esa poca no todos los profesores dedicados al
magisterio tenan una aptitud indiscutible, y nos daremos cuenta de
cmo no poda mnos de ser mala la instruccin en los campos de la
Isla, ya que la general adoleca de tantas deficiencias.

En nuestros dias las cosas relativas  la educacin han mejorado por
fortuna; el progreso iniciado con la reglamentacin de la instruccin
primaria en 1838 se acrecienta desde 1875 con el impulso que le dieron
el seor Marqus de la Serna primero y luego el seor Conde de Caspe.
Desde entnces se comprueba un aumento considerable de alumnos en las
escuelas, que tambin han aumentado; pero ese poder civilizador del
maestro de escuela no resulta todo lo eficaz que debiera en los campos,
 causa de la falta de grupo de poblacin, pues los jbaros viven, como
es sabido, diseminados por nuestros hermosos campos, dificultando la
enseanza y siendo esto mismo otra causa de la pobreza de cultura de
los campesinos.

Aparte de esto conviene hacer constar que hasta aqu se ha trabajado
ms por la instruccin de los varones que de las nias, y que las
escuelas de adultos en los campos son desconocidas, circunstancia
que seguramente contribuye  retardar la reforma intelectual de los
habitantes de nuestros campos.

Como se v, las causas principales del atraso sealado proceden de
dos fuentes: una de ellas de los orgenes mismos de la sociedad en
que vivimos; otra, del abandono en que se ha tenido la instruccin
primaria, y acaso de su defectuoso encauzamiento.

Tales circunstancias han actuado, como es natural, ms principalmente
sobre la clase mnos atendida, la rural.

Concretndonos ahora  los trabajos agrcolas, el atraso lo hallamos
determinado al propio tiempo por motivos especiales.

  "Los primeros colonos espaoles--dice el ntes citado Courcelle--no
  tenan prctica de la agricultura. As no slo la sociedad no
  contena ningn elemento de progreso agrcola, sino que el punto de
  partida de la agricultura era ms atrasado que el cultivo europeo
  contemporneo."

Sentado esto, no poda esperarse un rpido progreso de la clase rural.
El desconocimiento de las prcticas agrcolas, se hubo de suplir con el
buen juicio de los improvisados agricultores; la experiencia trasmitida
de padres  hijos hubo de crearlas; de aqu que an hoy sea infantil
nuestra agricultura. Fijmonos en uno de los instrumentos agrcolas ms
usados por nuestro jbaro: el machete. No se puede ocultar que ntes
que otra cosa parece un arma de guerra: y en efecto, arma debi ser en
un principio y no apero de labranza.

Los primeros colonos, que no eran agricultores precisamente, cuando
se dedicaron al cultivo copiaron  las indias; las vean escarbar con
un palo puntiagudo la tierra para sembrar y arrancar las raices, y
ellos para hacer lo propio se valieron de su espada, que tambin les
serva para cortar ramas, etc. Despus la espada se fu acortando y
modificando para ajustarse al nuevo oficio  que se destin, hasta
adquirir su forma actual; pero todava conserva rasgos caractersticos
de su primitivo uso, y aun llevan el machete al cinto los campesinos
como debieron llevar los soldados su espada en todas ocasiones.

Otro motivo de atraso agrcola depende de la clase de cultivo adoptado
cuando se introdujo la caa de azcar. Al principio, cuando se poda
disponer de todas las tierras de la isla, el cultivo extensivo era lo
natural. Despus, as que la propiedad limit la porcin de terrenos
comunes, y en la poca en que el precio del azcar despertaba la
ambicin de los hacendados de caa, proporcionndoles fortunas
fabulosas, el deseo de poseer mucho terreno, sin mirar si poda 
no cultivarlo, era, hasta cierto punto, lgica pretensin en el
propietario, que no conoca otro medio de sacar mayor producto  su
predio sino aumentndolo en extensin. Como para cultivar la caa son
mejores las tierras de las llanuras, los propietarios ricos fueron
desalojando, como pudieron,  los jbaros y llevndolos  los terrenos
quebrados, en los cuales las condiciones topogrficas dificultan el
empleo de los instrumentos de labranza perfeccionados, que de ordinario
se usan en los llanos.

Claro es que por su parte el hacendado, atenindose  las grandes
extensiones de terrenos, descuid el conocimiento de los abonos, el
estudio de los arados, etc. y no ense  sus braceros nada capaz de
despertar en ellos ideas nuevas en el cultivo de la tierra; de modo
que por ninguna parte encontr la clase jornalera de nuestros campos
luces que dirigieran sus pobres conocimientos agrcolas.  todo esto,
tnganse en cuenta las dificultades de comunicacin que haba con la
metrpoli, la prohibicin de tratos comerciales con el extrangero, el
aislamiento de los habitantes de esta isla entre s, y se comprender
que la industria, las artes y todo haya llevado una vida lnguida en
esta provincia.

Estos casos explican cmo el jbaro copi la casa y el mobiliario
del indio, y hasta el vestido mismo, puesto que este consiste en la
menor cantidad posible de ropas compatible con el pudor natural
y con el calor del clima, viniendo  darse el desgraciado caso de
que si el europeo domin la tierra y destruy la raza que en ella
viva, el espritu de sta ha persistido hasta nuestros dias en
muchos particulares, como una dominacin pstuma sobre los hijos de
los dominadores que, faltos de escuela, han tenido sus facultades
enteramente dormidas, viviendo en una ignorancia crasa, incapaz de
producir ningn gnero de progreso, como hemos podido apreciar en el
presente anlisis.




MEDIOS DE MEJORAR SUS CONDICIONES INTELECTUALES.


Cultivar las facultades intelectuales, instruir: h aqu el gran afn
de los pensadores modernos; h aqu el nico medio de mejorar, mejor
aun, de cambiar favorablemente las condiciones intelectuales de la
familia rural borinquea.

La enseanza: esa es la palanca que ha de remover la ignorancia del
campesino. El maestro de escuela: ese es el que ha de aplicar el
remedio al mal que lamentamos. El gobierno es el llamado  interesarse
sinceramente en el progreso de la educacin. Le debe esta reparacin al
pueblo puertorriqueo; tiene con l contrada una deuda intelectual, y
slo puede pagrsela favoreciendo por todos los medios la enseanza;
factor el ms poderoso de la educacin individual y social de nuestra
poca.

"Si la enseanza primaria es necesaria  la niez, si es un
hecho indiscutible que un pueblo se encontrar ms prximo  su
perfeccionamiento cuanto mayor sea el nmero de sus indivduos que
adquieran los rudimentos del saber, es indudable que por esta sla
circunstancia el nuestro se encuentra todava muy distante del trmino
deseado."[9]

       [9] Memoria sobre instruccin pblica premiada por el Ateneo,
       escrita por el Dr. Don Gabriel Ferrer.

El mal est terminantemente expresado. El remedio lo precisa otro autor
en las siguientes lneas:

  "Abandonemos la indiferencia que nos consume. _Hora est jam nos de
  somno surgere._ Pidamos luz, pero pidmosla mplia como la del sol
  que ilumina con sus rayos todo el organismo universal. Procuremos
  que luzca sus facetas el diamante pulimentado, mas sin despreciar
  por eso el cuarzo modestsimo. La suntuosidad del mrmol no aminora
  la utilidad de la arcilla. Rindamos culto  la ciencia en sus
  ms supremas manifestaciones, pero no olvidemos que las escuelas
  elementales son aun una palabra hueca para la mayora de nuestra
  poblacin. Solicitemos que esas escuelas extiendan su regenerador
  influjo hasta el predio rstico: caiga el refrigerante roco de la
  instruccin en la agotada inteligencia de la mujer campesina."[10]

       [10] _La Campesina._--Disquisiciones sociolgicas por Don
       Salvador Brau.

Cierto; ese es el remedio: la escuela elemental prodigada y la escuela
elemental para la mujer con preferente cuidado. _Hora es ya de salir
de nuestro sueo_, hora es de que administracin y administrados
coadyuvemos  plantear la educacin elemental; hora es ya de que padres
del pueblo y padres de familia nos amparemos en brazos de la educacin,
como refugio de salvacin para un pueblo que yace en la oscuridad; que
si la administracin dispone de amplios elementos para derrotar la
ignorancia, el ms modesto esfuerzo individual puede, por su parte,
disminuirla, llevando el pan del saber lo mismo  los hijos que  los
sirvientes y braceros. Cada criado que en los ratos de ocio aprende 
leer es un sr que se eleva y elevar  su familia.

Cmo debe ser esta educacin? "Es ms complicado--pero mucho ms--de
lo que parece, organizar un sistema de enseanza que aspire  dirigir
la educacin nacional," ha dicho uno de los pensadores modernos que
con mayor lucidez han tratado esta cuestin en nuestros tiempos,
D. Francisco Giner, el cual se expresa en los siguientes trminos:
"Sigue nuestra enseanza el impulso de las ideas reinantes. Segn esta
se halla concedida, organizada y desempeada como una mera funcin
intelectual,  sea que atienda  la inteligencia del alumno tan slo,
no  la integridad de la naturaleza ni  despertar las energas
radicales de su sr, ni  corregir la formacin de sus sentimientos,
de su voluntad, de su ideal, de sus aspiraciones, de su moralidad y
de su carcter." La clase de educacin que nosotros desearamos es
precisamente la opuesta. Nosotros querramos pedagogos que tuviesen una
idea exacta de la naturaleza humana para no perturbarla intilmente,
pedagogos que despertaran en el alma del alumno todas sus energas, y
dirigiesen sus sentimientos, su voluntad, su ideal, sus aspiraciones,
su moralidad, su carcter; as nos satisface la educacin elemental.

Esta es la que solicitamos para nuestros campesinos precisamente,
porque nadie est ms necesitado que l de que se mejoren todas esas
facultades que la educacin debe cultivar.

Por fortuna los ilustrados profesores de la Isla lo comprenden tambin
as, y es probable que dentro de plazo breve notemos los resultados de
sus trabajos.

 cul de los dos sexos convendra educar ntes? Suponiendo que por
este concepto--el del sexo--pudieran existir preferencias, desde
luego nos decidiramos por la enseanza de las nias; pero como
creemos que ambos sexos tienen igual derecho  la instruccin, y en
los distritos rurales de Puerto Rico ambos sexos estn igualmente
necesitados de ella, se nos ocurre que,  imitacin de los Estados
Unidos del Norte--como ya ha demostrado el ntes citado autor de _La
Campesina_--podran las escuelas mixtas salvar todas las dificultades.
Agrupemos los nios de ambos sexos bajo la direccin de la mujer
"teniendo confianza en la naturaleza humana;" demos  esta educacin un
carcter racional y prctico, y la base de nuestro perfeccionamiento
ser slida.

La mujer es la llamada  salvar  la sociedad educndose y sirviendo
 la vez de preceptora; "los profesores ms escogidos fracasan
frecuentemente, donde una _yankee_ realiza prodigios. La infancia
pertenece  la mujer," ha dicho Laboulaye. Apliquemos el conocimiento
de esta verdad y nos habremos salvado.

Desearamos ver la educacin en manos de la mujer. Como Juan Jacobo
Rousseau, creemos que "la primera educacin es la ms importante y esta
pertenece indudablemente  las mujeres. Eduquemos mujeres y hagamos que
esa educacin sea tan mplia que le permita desempear cumplidamente
las sagradas obligaciones de la maternidad que no se limitan  cuidar
y alimentar  sus hijos, sino que tienen por principal objeto la
educacin de los mismos."[11]

       [11] Memoria sobre instruccin pblica, premiada por el Ateneo y
       escrita por el Dr. Don M. Travieso.

Cuando este ideal se realice, cuando la madre est bastante instruida
para cumplir con el noble encargo de alimentar la inteligencia de su
hijo como le alimenta el estmago con el blanco y nutritivo nctar de
sus pechos, entnces, como ha dicho Emilio de Gerardn, el maestro de
instruccin primaria desaparecer y ser felizmente reemplazado por la
madre.

Adems de la instruccin general de que tan necesitado est el
campesino, urge la enseanza elemental agrcola en las escuelas
primarias. No se puede prescindir de ella, tratndose de
establecimientos de enseanza para las clases rurales, so pena de que
la educacin sea deficiente. Esto aparte de la escuela de agricultura
ms  mnos modesta, pero en donde se instruya  la juventud con
arreglo  los modernos adelantos de la ciencia agronmica,  fin de que
sea capaz de comprender las ventajas que reportara  la explotacin
de la tierra el abandono de las prcticas rutinarias. La educacin de
peritos agrnomos, de capataces de cultivo, etc., es tan necesaria como
la de obreros agrcolas. De poco valdran los rudimentos de agricultura
enseados al obrero en las escuelas elementales, si dejamos en la
ignorancia de aquella ciencia  las personas llamadas  dirigirlos.

Slo llevando  los campos gente capaz de comprender el adelantamiento
de la agricultura  beneficio de la Ciencia, lograremos sacar  las
industrias y dems manifestaciones agrcolas del atraso en que se
encuentran.

Escuelas, escuelas para nias, profesoras instruidas, madres educadas,
agricultores inteligentes, h aqu los medios de mejorar las
condiciones intelectuales del campesino y su familia.

Una dificultad que no podemos ocultar ofrece la propagacin de la
enseanza en nuestro suelo, y consiste en la diseminacin en que viven
nuestros campesinos. Alemania, acaso sin tener en grado tan alto este
inconveniente, tiene los profesores ambulantes que llenan, en la medida
de lo posible, su misin civilizadora.

Nos parece que oimos decir  alguien: "Los presupuestos estn muy
recargados  causa de las escuelas que se han creado, y aun se pide
ms; esto sera la ruina." Desengense los espritus timoratos que
ven las cosas por ese lado: lo que no se emplea en escuelas se gasta
en crceles y en presidios; y cuanto dinero se emplea en propagar la
instruccin es como si se diese con inters usurario  la sociedad,
que, educada, renumera esplndidamente, desarrollando todas sus fuentes
de produccin, dormidas mientras reina la ignorancia.

Como todo cuanto tienda  facilitar la instruccin ha de ser
beneficioso al mejoramiento del campesino, el procurar por medios
racionales su agrupamiento en aldeas es una idea feliz, de la cual
trataremos ms adelante: el cumplimiento de los preceptos de la
enseanza obligatoria por parte de las autoridades locales, es una
necesidad con cuya falta no se debera transigir, pues para algo se han
dictado. Si las escuelas pblicas no pueden admitir mayor nmero de
alumnos del que hoy asiste  ellas, no hay ms remedio que multiplicar
las escuelas; eso s, que se emple el dinero bien, es decir, que cada
maestro cumpla con las obligaciones de su grandioso ministerio, y todo
lo dems es secundario.




CONDICIONES MORALES.


Llegamos  la parte ms escabrosa, para nosotros, del tema que venimos
desarrollando. Como hombres imparciales tenemos que exponer nuestras
observaciones tales como nos impresionan; como puertorriqueos
sentiremos, ms de una vez, abordar las delicadas cuestiones de moral
relacionadas con nuestros campesinos, pues si en lo que respecta 
condiciones fsicas  intelectuales hemos encontrado deficiencias
lamentables, no son menores las que hallamos respecto de moralidad.

Entremos, sin embargo, en el asunto. Reviste de por s sobrada
importancia el cumplimiento del deber y el ejercicio del derecho, actos
que compendian la vida moral del hombre, para excusarnos de estudiar el
jbaro en cuanto se relaciona con tan interesante materia.

Empezaremos por el anlisis de los deberes para con Dios.

La creencia en Dios es general entre los campesinos; puede asegurarse
que en nuestros campos no es conocido el atesmo; pero por desgracia
abundan los errores en lo referente  los atributos del Sr Supremo.
Existe confusin en el modo de apreciar sus cualidades,  causa, sin
duda, del poco desarrollo intelectual que hemos reconocido en nuestra
gente de campo. La naturaleza divina del Omnipotente no es concebida
con bastante pureza. Reconocen, es cierto, la existencia de un Sr
Superior, pero suelen atribuirle cualidades humanas que desdicen de la
majestuosa grandeza con que debieran comprenderle, concepcin hasta la
cual no es extrao que no se eleve la gente ruda, cuando vemos  menudo
que personas algo ms educadas atribuyen al Hacedor caractres que
tienen ms de humanos que de divinos.

En los asuntos del culto, hemos de decir que el campesino, aunque
catlico, se muestra indiferente hacia ciertas prcticas, reconocidas
como esenciales dentro del catolicismo, mientras dedica escrupulosa
atencin  otras que no lo son tanto. As, por ejemplo, quiz se
apresure  ofrecer un ex voto  alguna imagen de su devocin, mientras
deje de cumplir con algunos de los sacramentos; aprndese de memoria
oraciones que pueden calificarse de ridculas, y quizs no sabe el
sencillo Padre Nuestro.

Algunos de sus actos piadosos revisten formas supersticiosas, y en sus
oraciones suele pedir  Dios   los santos mercedes que slo pueden
disculparse por la ignorancia del peticionario. Quin guarda cuidadoso
una oracin,  guisa de amuleto, contra las enfermedades  el mal de
ojo; quin pide con fervor al cielo que Santa Luca ciegue  tal  cual
persona,  bien alguna otra majadera indigna de la atencin Suprema.
Que el necesitado dirija sus plegarias  lo alto es tan natural, como
absurdo es pretender cambiar las leyes de la naturaleza en provecho
propio. Orar es til y consolador para el creyente: til, porque es un
tributo dirigido  Dios; consolador, porque aviva la esperanza en la
adversidad; pero la oracin y su objeto deben estar purificados de todo
lo que no sea racional y digno.

Se v que el jbaro es catlico, pero carece de una instruccin
religiosa que le ayude  dar cumplimiento debido  sus obligaciones
de tal, y  esto se debe lo poco diligente que se muestra para el
matrimonio, la manera con que celebra las fiestas, el carcter profano
que revisten sus _fiestas de cruz_, su creencia en hechizos, mal de
ojo, brujeras, la veneracin y confianza algo gentlica que profesa 
tal imagen, medalla, escapulario  otras cosas, ms  mnos absurdas,
formas de culto que la sana razn rechaza, pero que prosperan entre los
infelices  quienes no ha llegado hasta la fecha el pan intelectual.

Cuando se advierte esta falta, y se considera que el campesino ha
vivido casi aislado y en roce con una raza, como la africana, portadora
de ciertas creencias, no extraa esta confusin en materia religiosa.
Adase  esto una imaginacin fantaseadora, y nos explicaremos
perfectamente cmo el espiritismo (cuyo valor no discutimos, pero que
bajo la forma algo quimrica en que se propaga entre el vulgo nos
parece que no resiste un exmen srio), encuentre adeptos entre esas
masas que por su orgen, leyes y costumbres debieran ser depositarias
escrupulosas de la doctrina catlica, nica legal durante largos aos
en este territorio, pero en la cual estn indudablemente poco  nada
instruidos nuestros jbaros.

En la crsis actual que atraviesan todos los pueblos cultos, en cuanto
 las creencias religiosas, es ms que nunca necesario que el que
se llame catlico, as pertenezca  la clase mnos acomodada, pueda
ostentar su f despojada de todo error  absurdo que la debilite ante
los ojos de los que no profesan el mismo culto y ante el propio
exmen; pues aun para el hombre mnos instruido llega un dia en que
desea encontrar el fundamento de ciertas cosas, y entnces corren igual
riesgo las creencias verdaderas y las falsas, por estar acompaadas las
primeras de superfluidades que  nada conducen ni aportan un pice al
mejoramiento moral del indivduo.

Despus de los deberes para con Dios vienen, en el rden natural,
los deberes del hombre para consigo mismo, y como primordial el
perfeccionamiento de sus facultades; pero como no es dable exigir el
cumplimiento de un deber cuando se desconoce, y desconocida tiene que
ser para el jbaro semejante prescripcin, toda vez que su incultura
es notoria, de aqu que no hagamos sino sealar el hecho, sin inculpar
al campesino por su indiferencia hacia todo cuanto se relaciona con su
mejoramiento.

Su inteligencia inculta, su voluntad, educada en un medio ms apropiado
para debilitarla que para favorecerla; en una palabra, el cultivo de
sus facultades todas, abandonado  mal dirigido, han debido conducir al
campesino  esa falta de emulacin,  ese abatimiento moral que en l
se advierte.

El deber de conservar la vida es universalmente reconocido: el suicidio
es un acto reprobado que no tiene explicacin ms satisfactoria que un
profundo trastorno de las facultades humanas, un desorden patolgico
durante el cual el raciocinio perturbado deja al hombre inerme contra
el vrtigo que lo impulsa hacia la sima de su aniquilamiento. No nos
dice la estadstica que exista entre los campesinos puertorriqueos
mayor nmero de suicidas que entre los dems grupos sociales.

Es innegable que el hombre de campo de Puerto Rico no atiende  sus
necesidades corporales como es debido. No es  l  quien hay que
predicar la templanza en las comidas, sino que, por el contrario,
ser preciso convencerle de la necesidad en que est de alimentarse
mejor; pero no hay que atribuir esto  una tendencia contraria  la
conservacin de la vida, sino  las ventajas que encuentra en ser
sbrio y al abuso, posible en este clima, de una sobriedad  que le
predispone la raza, las condiciones climatolgicas y las circunstancias
que le rodean; pues no cabe duda que cuando el trabajo no produce al
hombre lo suficiente y no puede forzar la cantidad de labor ms all de
ciertos lmites, si v que la vida se le sostiene con una alimentacin
escasa,  ella se atiene, exagerando esta ventaja en perjuicio de la
economa, y haciendo de la alimentacin defectuosa regla  costumbre
invariable.

Reconocen todos los moralistas el derecho del hombre  repeler las
agresiones injustas,  defenderse contra los obstculos daosos  su
persona, en virtud de la potestad indiscutible que  todos nos asiste
de mirar por nuestro bien y de conservar la vida; el ejercicio de
este derecho no es indiferente al jbaro: l sabe y tiene brios para
rechazar los ataques injustificados, pero por lo general se muestra
prudente contra los agresores, si son estos de los privilegiados por la
fortuna  la posicin oficial; frente  otro campesino  convencido de
que por la justicia le ser reconocido el derecho que tuvo de atender 
su propia defensa, proceder con valenta y resolucin.

Frecuentes son entre los jbaros los combates singulares y privados,
 los que dan  menudo cierta forma caballeresca, puesto que hasta
precede  la lucha la designacin de hora y sitio. Tienen estas luchas
algo del duelo, adoptado aun en nuestro siglo por la gente culta; que
en medio de los campos como en las ciudades, el hombre, ante ciertas
deficiencias jurdicas, prefiere confiar  su propio esfuerzo ntes
que  la autoridad pblica el castigo de las injurias, sometindose 
una costumbre inmoral  todas luces y de la cual resultan muchsimas
desgracias sin satisfacer casi nunca al ofendido.

Pasemos al tercer grupo de los que constituyen la vida moral del
hombre;  los deberes para con sus semejantes. Suele el jbaro no
mostrarse muy escrupuloso en cuanto se relaciona con algunos deberes
nacidos del amor al prjimo; creemos que no tiene una idea clara del
valor de ciertos actos, dado el poco respeto que aparenta profesar  la
propiedad ajena cuando se trata de cosas de poco precio. Sin que esto
quiera decir que el robo no sea un acto repulsivo para la generalidad
de los campesinos, reconocemos que el concepto del dominio estable
privado no parece que lo extiendan  aquellas cosas que por causa de la
facilidad con que se producen valen poco; as, entendemos que un jbaro
no cree violar ningn derecho cuando se apropia un ave de corral, un
racimo de pltanos  otra pequeez, que no por serlo deja, sin embargo,
de ser propiedad ajena y por lo tanto nos est vedado utilizarla sin
consentimiento de su dueo,  si lo cree, no es porque est convencido
de que practica un acto reprobado, sino porque sabe que si le
sorprenden le castigan. Seguramente no todos los jbaros profesan este
comunismo, pero s hay muchos que no muestran escrpulo en practicarlo,
ya en esta forma, ya tomando  prstamo dinero sin intencin de pagar
la deuda  bien comprando algo cuyo importe no satisfacen. Digamos de
paso que estos defectos morales, en lo que se refiere  la falta de
formalidad en los tratos principalmente, no son del todo exclusivos del
campesino, sino que se encuentran harto generalizados en todo el pas.

Esta falta de respeto  los bienes ajenos la manifiesta el campesino
tambin cuando se quiere vengar de alguna ofensa; entnces suele
mutilar algn animal de la propiedad de su enemigo; si bien en este
caso la intencin del hecho no es obtener un beneficio, sino la
satisfaccin del pesar que ha de producir  su enemigo perjudicndole
en sus bienes.

Los homicidios, las heridas, las lesiones corporales son delitos que
se encuentran en la familia rural como en todas partes, pero no hay en
el jbaro inclinacin hacia estos actos reprobados; al contrario, el
carcter general del campesino es dulce, inofensivo, y mustrase ntes
inclinado al perdn de la ofensa que al asesinato para vengarla.

En cuanto  sus costumbres, principalmente en lo que afecta  la
familia, de la cual trataremos ms adelante, existen vicios que nada
tienen de la sencillez buclica, cantada por los poetas de otro tiempo.

Los deberes de humanidad, en cambio, son perfectamente cumplidos por
nuestro campesino. En este particular llega hasta lo sublime; el jbaro
no tiene nada suyo cuando se trata de ejercer la caridad. El forastero
hallar la hospitalidad ms mplia en el humilde boho, aun cuando
se trate de un desconocido y  veces de un enemigo; la familia del
campesino puertorriqueo obsequiar con cuanto tiene al huesped que
llama  su puerta, sin inters alguno; cuando se trata de remediar una
necesidad, de salvar de un peligro  alguien, de servirle en casos de
enfermedad, ninguna consideracin detiene  nuestros jbaros, ni an
los perjuicios que de ello puedan resultarles. Ojal que su moralidad
pudiera medirse en todas ocasiones por la expresin de estos generosos
sentimientos tan desarrollados en su corazn!

Al examinar en sus bases constitutivas la familia rural borinquea, nos
vienen, desde luego,  la memoria las frases que con motivo de este
delicado asunto dijo el seor conde de Caspe, siendo Gobernador de esta
Provincia:

"Completamente diseminada la poblacin rural en chozas aisladas, falta
de toda instruccin religiosa y de freno moral, sin que la eficacia del
Sacramento ni la sancin de la ley vengan  legitimar muchas uniones,
ms  mnos duraderas, creadas sobre la sla y deleznable base del
apetito sensual, puede decirse en verdad que la familia de los campos
de Puerto Rico no est moralmente constituida."

Triste es tener que confesar que la asercin del gobernante no carece
de exactitud. Si la sociedad conyugal se ha de fundar en la unin,
legitimada en alguna forma, del hombre y la mujer; si el matrimonio
es el lazo que resulta del contrato legtimo que une por vida  los
cnyuges; si ha de representar la perfecta fusin en uno slo de dos
sres que se complementan fsica y moralmente, la familia, en tsis
general, no est constituida en los campos puertorriqueos.

Y  cun tristes consideraciones se presta semejante estado de cosas!

Como dice Samuel Smiles, tratando de la familia, "de esa fuente, pura
 impura, emanan los principios y las mximas que gobiernan en la
sociedad. La familia es la primera y la ms importante escuela del
carcter; y en el seno de ella es donde todo sr humano recibe su mejor
 su peor educacin moral."

Vase, pues, cunto importa que la familia est constituida sobre bases
regulares; que reine en ella estricta moralidad; que el hogar domstico
sea arca de los puros afectos, que despierta esa necesidad ineludible
de amar que solicita  todos los sres creados, y no templo del brutal
sensualismo que enerva y envilece los caractres.

Sin negar que el amor se rebela, en determinados casos, contra todas
las conveniencias sociales, instituir la excepcin en regla general
de conducta sera una aberracin; por otra parte, es sabido que el
sentimiento amoroso regulado y sostenido por principios morales, no
slo ejerce influencia benfica sobre la sociedad, sino tambin sobre
el indivduo; y no ya en la esfera de la moralidad, sino que su accin
se extiende hasta lo fsico. En ambos conceptos hay que convenir en
que el Cristianismo ha trazado admirablemente las condiciones que
debe reunir la familia; condenando la poligmia, el concubinato y el
adultrio, execrando la sensualidad, ha hecho respetable el hogar
cristiano; declarando  la mujer la compaera y no la hembra del
hombre, la ha restituido al rango que sociedades mnos perfectas le
haban negado.

Ahora bien, desde el momento en que por uno  otro motivo el hombre
menosprecia esas condiciones, incurre en un error moral que redunda
en su desprestigio; cuando el error se encuentra generalizado, hasta
perturba el progreso social.  esa trasgresin en la moral de la
familia, hay que atribuir algunos de los males fsicos, intelectuales y
morales que mantienen en una languidez sensible  una parte importante
de la sociedad  que nos referimos; porque no es exagerado decir que
en nuestros campos, principalmente, existe gran despreocupacin en ese
particular. Colocado el jbaro en medio de una naturaleza exuberante de
vida, aislado, ignorante, una vez que su instinto gensico despierta
satisface su afectividad con la misma llaneza que los sres que le
rodean entonan de contnuo esos himnos de amor que renuevan la vida por
doquiera.

Tal despreocupacin no es siempre hija del desenfreno; no es el descaro
del vicio quien la produce en todas las ocasiones, sino ms bien el
desconocimiento del valor moral que el acto de la reproduccin tiene,
segn se llene dentro  fuera de las reglas que la sociedad actual
acata. Hay un cierto infantilismo, sobre todo en la mujer, semejante
al que debi reinar en los primeros tiempos de la vida humana, cuando
el deseo de la propagacin de la especie era lo nico que rega en los
impulsos amatorios. Sin pasarnos por la mente el disminuir la gravedad
del mal que estudiamos y somos los primeros en deplorar, creemos que
en justicia puede interpretarse del modo expresado la corruptela que
sobre este punto existe en nuestro pas, pas que, sin duda alguna, por
sus condiciones climatolgicas, predispone al desarrollo temprano y
fogoso de las pasiones.

No, no es impudencia lo que en la mujer jbara hace que sea madre sin
ser esposa, pues la gran mayora de estas madres solteras jams llega
 prostituirse, sino que lleva una vida marital que en nada mejora sus
condiciones de pobreza. Por mucha que sea su miseria tampoco abandona
al hijo, y esto es tambin una prueba de que su corazn no est viciado
por la impudicia, como podra deducirse de la facilidad con que se
rinde  los galanteos. Conviene dejar sentados estos particulares, que
en concepto nuestro establecen alguna diferencia entre el concubinado
de algunas jbaras y el amancebamiento vulgar.

En el hombre hay que reconocer que el sensualismo juega no escaso papel
en estas uniones libres, pues  menudo le vemos, casado  soltero,
sosteniendo una  ms concubinas, y hay quien mantiene bajo el mismo
techo esposa y querida: que  tal extremo ha llegado el espantoso
desbarajuste moral que reina en esta sociedad tan minada por la falta
de educacin como por la sobra de influencias depresivas en que ha
venido desarrollndose. Es cosa que  nadie que haya meditado un poco
acerca de este asunto puede ocultarse: muchos son los elementos que
han determinado en el jbaro de ambos sexos este desquiciamiento que 
fuerza de generalizarse ya no sorprende sino  los forasteros; todo el
que no habita en el pas, tiene por necesidad que impresionarse ante el
espectculo de un amor libre que aqu, por la fuerza de la costumbre,
miramos sin que nos alarme.

Un observador que no sea superficial podr no obstante distinguir en
el fondo de este cuadro poco halageo, algo que le diga: no estoy
viendo sacerdotisas de una prostitucin vil  interesada, sino 
mujeres sin cultura moral ni intelectual, que aceptan, sin escrpulos
ni preocupaciones, el papel que la naturaleza les ha asignado en
la perpetuacin de la especie; que obedecen  esa ley poderosa que
aproxima los sexos, ley cuyo cumplimiento slo la educacin podra
regular debidamente: que como ha dicho con su acierto acostumbrado,
nuestro aplaudido escritor D. Salvador Brau, "en estas uniones
ilcitas, si bien una parte corresponde al vicio, entra por mucho en
ellas la ignorancia."

Volviendo ahora  los matrimonios legtimos, que sin duda existen
en el campo, y  los deberes mtuos de los esposos, diremos que la
fidelidad conyugal es respetada, hablando en tsis general, por la
mujer; ella sabe guardar la f jurada, someterse  la voluntad del
marido y cumplir, hasta el sacrificio, con las obligaciones domsticas.
No as el hombre, ms despreocupado de ordinario tanto en lo de ser
fiel  su compaera como en procurarla lo necesario para la vida; pues
por desgracia, ya porque mantiene ms de una casa, ya porque el vicio
del juego suele dominarle, es harto comn que en muchos bohos reine
escasez y hasta miseria.

Unida  la sociedad conyugal est la sociedad paterna, cuyo objeto es
la educacin de los hijos. Entre nuestros campesinos, el cumplimiento
de este deber se resiente de las deficiencias paternas de que venimos
dando cuenta. Los padres cuidan de sus hijos, los alimentan y visten
aunque imperfectamente, como lo hacen consigo mismo; pero respecto 
instruccin, ni siquiera piensan que sus criaturas la necesiten: es un
deber que nadie cumpli con ellos y que desconocen por completo.

Cuando el vnculo del matrimonio se halla relajado  est sustituido
por el concubinato, hay que lamentar adems de la carencia del pan
intelectual, el ejemplo de inmoralidad dado por los padres  tiernos
sres necesitados, ms que de otra cosa, de ver en el hogar costumbres
puras que le preparen convenientemente para su entrada en la vida
social,  donde no podrn mnos de llevar las mismas ideas que por el
ejemplo adquirieron en la casa paterna.

En general las madres puertorriqueas suelen mostrarse algo dbiles en
la direccin de sus hijos, pero en las campesinas esta debilidad raya
en abandono ante los caprichos infantiles; y es que el carcter del
amor materno tiene en ellas mucho de instintivo, y tal cario no es
suficiente para llenar los deberes de la maternidad, pues para algo le
ha sido dada al hombre la inteligencia. Una mujer inculta querr  sus
hijos tanto como otra cuya inteligencia haya sido cultivada, pero esta
le aventajar en conocer las leyes por que debe guiarse para dirigir el
desarrollo fsico y moral de su familia, y por virtud de sus aptitudes
librar de una muerte temprana  su hijo y le preparar para que en su
espritu se vayan infiltrando las virtudes que cuando hombre le han de
valer la consideracin de sus semejantes.

En cuanto se refiere  los deberes de los hijos para con sus padres,
hemos de decir que los casos de ingratitud hacia los beneficios y el
amor paternos son raros. Los hijos de los campesinos son de ordinario
de buena ndole y profesan  sus padres el respeto y cario que les es
debido.

Rstanos apuntar algo acerca de las relaciones del jbaro con las
personas  quienes sirve. Cuando el campesino se decide  prestar sus
servicios, lo hace con buena voluntad; pero en honor de la verdad no se
impone la obligacin de ser estricto cumplidor de lo convenido, ni se
afana por los objetos confiados  su custodia; trabaja y lo hace como
pocos obreros, si se tiene en cuenta su insuficiente alimentacin, pero
mantiene una cierta independencia que  veces se traduce en falta de
asistencia al trabajo  que se comprometi, y esto sin ms razn que
los impulsos de su voluntad. Mucho se ha hablado de la holgazanera del
jbaro, pero nadie ha demostrado que tal vicio sea tan general como se
ha pretendido injustamente, siendo por el contrario fcil de probar que
la generalidad ama el trabajo mucho ms de lo que sera de esperar,
dadas las condiciones en que ha vivido ese pobre hombre abandonado
durante siglos  sus instintos en un clima enervante, como lo es el de
nuestro pas, y sin tener acerca del trabajo ms que el desfavorable
concepto de que es un castigo impuesto al hombre para llenar sus
necesidades personales; idea poco apropiada para despertar por s
sla el amor hacia una ley natural, cuyo cumplimiento procura tantos
beneficios al hombre.

Rstanos para completar esta ligera resea moral del campesino
puertorriqueo, considerarle en sus relaciones con la sociedad civil.

Desde luego conviene repetir que la familia rural vive aqu
desparramada por los campos de la Isla con grave perjuicio para su
propio bienestar; vive en estado poco mnos que antisocial, pues
algunas conglomeraciones de bohos que se encuentran en determinados
barrios apnas pueden servir de excepcin  la regla general. No hemos
de esforzarnos en demostrar la conveniencia de que el hombre viva en
sociedad con sus semejantes; muchos son los grandes pensadores que
han demostrado la utilidad de ello, y las razones en que apoyan su
decisin son harto conocidas para que las reproduzcamos. Filsofos de
las ms opuestas ideas convienen, salvo raras excepciones, en declarar
al hombre un sr sociable, por necesidad: "Un solo hombre, dice Santo
Toms, no puede por s solo llegar al conocimiento de todas las cosas;
luego al hombre le es necesario vivir con otros muchos, para que los
unos sean ayudados por los otros." Por su parte Spinosa,  quien podra
suponrsele predispuesto contra la vida social, dado su voluntario
encierro en su gabinete de la Haya, dice: "No solamente es til la
sociedad  los hombres para la seguridad de la vida; proporcinales
otras muchas ventajas y la necesitan todos por otras muchas razones...
As vemos  los hombres que viven en la barbrie arrastrar una vida
miserable y casi brutal." Es indudable que ese aislamiento, aun
cuando no sea absoluto, como no lo es el del jbaro, perjudica  su
desarrollo moral entorpeciendo y retardando la accin de los elementos
civilizadores que,  pesar de todo, van actuando sobre nuestra
sociedad. Quien vive separado del trato y compaa de los otros, se
priva del ejemplo, del estmulo y de las relaciones de los buenos, y
necesita mayor fuerza de voluntad para no infringir las leyes morales;
toda vez que no tiene que preocuparse de las censuras de sus convecinos.

De la precisin de vivir en sociedad y de la dificultad de conseguir
que los deseos de todos los hombres estn regulados siempre por la
razn, surge la necesidad de que existan leyes y personas encargadas de
su cumplimiento,  las cuales debemos acatar. Es el jbaro naturalmente
inclinado  reconocer y prestar obediencia  la autoridad; cierto es
que suele temerla ms que amarla, pero esto depende de que,  causa
del sistema poltico colonial adoptado, por lo comn se ha entendido
que gobernar es hacer sentir el peso del poder hasta el extremo de
no desautorizar en ningn caso los actos del gobernante, en vez de
levantar el prestigio de la autoridad sustentando la justicia, la
rectitud, el imperio sobre s mismo; en una palabra, sosteniendo al que
gobierna rectamente procurndose el cario de los gobernados por medio
de las virtudes que dignifican el carcter del hombre, y al modo que
persona tan poco sospechosa como don Juan Ortiz y Lara, lo explica en
el siguiente prrafo:

"Los prncipes (lase cualquier autoridad) deben mirar la autoridad que
ejercen, con relacin al bien de la sociedad, para la cual les ha sido
otorgada; y por lo mismo reputarse obligados  respetar y hacer que
se cumplan todos los derechos;  proveer  la prosperidad pblica, y
atender particularmente  la honestidad de las costumbres,  que reinen
por todas partes la verdad y la justicia." Se ha practicado siempre,
especialmente tratndose de pobres campesinos, esta sana doctrina?
Respondan  esta pregunta esa desconfianza y ese temor invencibles
que tiene el jbaro de verse en relaciones con cualquier autoridad
administrativa  judicial; desconfianza y temor que no han podido tomar
cuerpo en su espritu sino cuando la experiencia de sus antepasados y
la suya propia le han llevado al convencimiento de que en numerosos
casos el ltimo ministril puede ms por slo su carcter oficial que l
con la asistencia de toda la razn.

Respecto  formas de gobierno poco  nada se preocupa de ellas el
campesino; muestra, sin embargo, cierta natural inclinacin  la
democracia; pero sin que pueda decirse que tiene conciencia clara,
nocin completa de la superioridad del rgimen democrtico sobre los
otros.

Ni el comunismo, ni el socialismo han hecho proslitos en nuestros
campos;  lo mnos el comunismo en el sentido en que se toma de
ordinario la palabra; pues esa especie de comunidad que parece
practicar el jbaro en cuanto se relaciona con los productos de poco
valor, de que ntes hicimos mencin, no la atribuimos sino  que no
sabe apreciar el derecho de propiedad en toda su escrupulosa latitud.

En cuanto  las virtudes sociales, en el carcter del campesino brillan
algunas, si bien se encuentran deficiencias que son de lamentar.

Entre las que le enaltecen no es la que mnos el amor  la patria,
ya tomemos esta voz en su sentido acadmico, ya la interpretemos
como la tierra de nuestros padres. En nuestra historia provincial
podemos encontrar hechos que justifican nuestro aserto. Desde los
remotos tiempos en que Espaa mantena guerras contra Inglaterra y
Holanda, hasta nuestros dias, el jbaro ha sido un buen soldado espaol
dispuesto  morir por su patria; llamado por el Gobierno  voluntario,
ha sabido acudir siempre al puesto del deber: desde este punto de
vista, discutir su amor  la patria espaola sera cerrar los ojos ante
la verdad.

Tratndose de su provincia, el cario que profesa al terruo es
extraordinario; tiene tal apego  su pequea isla, que ningn otro pas
le atrae; en ninguna parte que se halle olvida su tierra. Este cario,
sin embargo, es hasta cierto punto vicioso; por lo mnos es deficiente;
es un afecto en el que notamos carencia de ideales elevados, que
se conforma con todo lo establecido, que le falta el noble deseo
de la prosperidad del pas, que no tiene la aspiracin cabal de su
engrandecimiento. Ya ntes hemos dicho que en lo referente al progreso
material, el campesino es rutinario, y en cuanto al mejoramiento
social es indiferente  no tiene entusiasmo slido. Y no se nos diga
que la pequeez del territorio mata todo ideal, pues unas leguas ms
 mnos de suelo no pueden afectar  estas cuestiones; una provincia,
como una nacin, ser respetable en mayor  menor grado, segn sea el
carcter de sus habitantes ms  mnos digno y elevado; pero no segn
tenga tantos  cuantos kilmetros de extensin. Nada de cuanto pudiera
moralmente engrandecer  Puerto Rico puede estar entorpecido por lo
reducido del territorio; ni esta causa debe hacer olvidar  sus hijos
que la nica manera de querer al pas es procurar por todos los medios
su adelantamiento. Leemos en el captulo _La influencia del carcter_,
por Smiles: "Para que una nacin sea grande, no es necesario que tenga
grandes dimensiones, aunque suele confundirse  menudo el grandor con
la grandeza. Puede una nacin ser muy grande en el punto de vista
del territorio y de la poblacin, y estar, sin embargo, desprovista
de verdadera grandeza. Pequeo era el pueblo de Israel, pero cun
grande no ha sido su existencia y cunta influencia no ha ejercido en
los destinos del mundo! No era grande la Grecia; la poblacin entera
del Atica era menor que la del condado de Lancaster; Atnas era mnos
populosa que Nueva York; pero cunta grandeza en las artes, en la
literatura, en la filosofa, en el patriotismo!"

Siendo esto lo cierto, y complacindonos de que en todas las esferas
sociales de nuestro pequeo mundo existiese vivsimo el deseo del
mejoramiento material y moral de Puerto Rico, aclararemos que no
olvidamos el medio en que se ha desarrollado esta sociedad, que no
pedimos lo imposible, sino que lamentamos, en la clase que venimos
estudiando, que no exista el culto de ese patriotismo srio y racional
que eleva  los pueblos; ni es esto decir que slo entre los campesinos
se eche de mnos. Esto sentado, y como un particular del asunto 
que nos referimos, hemos podido notar,  veces, que no obstante la
inclinacin de nuestro campesino hacia las ideas liberales, las
personas que luchan, en el campo de la poltica, por el triunfo de
estas ideas, desconfan, temen, aparte de los manejos que quitan
virtualidad al sistema electoral de nuestros dias, porque no pueden
contar con que todos los electores jbaros tengan tal firmeza de
convicciones que desafen en todos los casos no ya las amenazas y
coacciones, sino cierto egosmo,  veces pereza, y, en ocasiones,
aunque raras, la tentacin de un inters mezquino; por eso es que en
tal  cual poca han podido ser utilizados algunos votos en contra de
las ideas que en circunstancias anlogas haban ostentado aquellos
mismos electores, sin que signifique esto, que han renunciado  ellas,
sino que han transigido cuando mnos se esperaba, pues es sabido que el
abstenerse  votar en tal  cual sentido uno de estos jbaros, depende
de la influencia que sobre l ejerza quien le habla. Quiz sea este
un vicio comn  muchas regiones, pero no est de ms sealarlo en la
nuestra, ya que comprueba falta de entusiasmo  indiferencia por tales
asuntos en una parte, no despreciable, de la poblacin rural.

Cumple  nuestro propsito decir algo ahora acerca de otras cualidades
del campesino borinqueo. Liberal con sus huspedes, desprendido, no
deja de ser algo interesado en los obsequios que hace fuera de su casa;
en su boho la hospitalidad es noble, pero fuera de all el hombre de
campo aparece, como en todas partes, cuidadoso de su utilidad ntes que
otra cosa; sin embargo, no es tacao; por su mal, es hasta prdigo y
est desprovisto de todo espritu de ahorro. Su dinero se consume en
la gallera  en el juego de naipes, vicio alentado en este pas hasta
por bandos gubernativos, como el de galleras, y por instituciones
oficiales, como la lotera, que desvan el espritu inculto del pobre
del verdadero camino que conduce  la riqueza,  sea del trabajo
honrado.

La amistad, esa pasin sublime, ese sentimiento de las grandes almas
como la llama Lacpede, es una virtud que profesa el campesino; el
cario mtuo entre ellos cuando se llaman amigos, es, en tsis general,
sincero, y en determinados casos, como por ejemplo, entre compadres,
reviste caractres particulares de seriedad; el compadrazgo es un lazo
que respetan los jbaros escrupulosamente.

Es algo hurao el jbaro, ms por ser reservado que por falta de
afabilidad; sus maneras se resienten de la falta de instruccin, pero
en ellas se puede advertir ms timidez que grosera, y es esto tan
exacto que vencida aquella, lejos de mostrrsenos rudo le hallamos
corts en cuanto es posible, dado el ningn cultivo que han recibido
estas sencillas gentes habituadas  la soledad de sus campos.

Para concluir, vamos  sealar un defecto bastante comn entre
los campesinos, cual es el poco respeto que profesan  la verdad.
Desconfiados por naturaleza, por lo mnos disimulan la verdad. La
desconfianza ha nacido y tomado cuerpo  causa de ciertos vicios del
rgimen colonial, y ella les ha hecho astutos. Se han visto tan 
menudo engaados, que no slo dudan de todo, sino que han erigido en
sistema la costumbre de ocultar sus ideas. Es casi general el caso
de que un campesino, al dirigirse con un objeto dado  otra persona,
procure desviar la atencin de esta ntes de llegar  manifestarle la
verdadera intencin que le anima; se ha habituado  la lnea curva,
quiz por no haberle ido siempre bien cuando ha marchado por la lnea
recta.

H aqu  grandes rasgos apuntados los caractres ms salientes de
las condiciones morales del campesino puertorriqueo. Por ellos hemos
podido ver que no es un malvado. Advirtese, por el contrario, que
posee ciertas virtudes, que tiene una ndole benigna, que existe
en l la tendencia al bien, aunque maleada por circunstancias que
estudiaremos en el captulo inmediato; grmenes que slo esperan para
desarrollarse una educacin racional. La tierra est dispuesta; slo
falta el jardinero que venga  sembrar las flores (y ojal sea pronto)
para poder aplicarles aquella bellsima frase de una fbula oriental
citada por S. Smiles: "arcilla vulgar era yo ntes que en m hubieran
sembrado rosas."




CAUSAS QUE LAS DETERMINAN.


Sin atribuir al clima una influencia exclusiva  incontrastable en la
determinacin del carcter moral de las razas, no puede negarse que
las condiciones climatolgicas tienen cierta importancia en los rasgos
morales caractersticos que distinguen  los pueblos entre s, como
la tienen el gnero de alimentacin y el gobierno, siquiera los tres
factores no basten para explicar satisfactoriamente la diferencia de
caractres que se advierte, por ejemplo, entre un habitante del Norte,
melanclico de ordinario, y otro del Medioda, impresionable y alegre
por lo comn. Al clima de Puerto Rico hay, pues, que asignarle una
parte en el modo de ser moral del campesino, sin perjuicio de reconocer
que otras causas, especialmente la falta de cultura intelectual y
moral, han aportado su contingente  la formacin del mundo moral que
estudiamos.

Causa ms importante que la anterior lo es sin duda la heterogeneidad
de las razas que en la gnesis de esta sociedad se encontraron en el
suelo de Boriqun. De aquellas tres razas, la india, como es sabido,
desapareci muy pronto; pero no sin que dejara en la sangre de los
nuevos pobladores parte de la suya, legndonos as algo del tipo moral
indio que nos han descrito nuestros historiadores, legado de buenas y
de malas cualidades que no pueden desconocerse en el moderno boricano,
y que acusan con frecuencia su parentesco, aunque lejano, con la raza
indgena.

Pero es indudable que la raza negra ha actuado ms poderosamente
que la india, en lo que respecta  ciertas condiciones morales que
encontramos en el jbaro; no slo porque desde los tiempos cercanos 
la conquista ha persistido en la isla al lado de la blanca, sino porque
vino en calidad de esclava, trayendo, por consecuencia de esta nefanda
circunstancia, honda perturbacin en el sentido moral de este pueblo,
ya desde las fuentes de su nacimiento.

Amn de algunas de las deficiencias de moralidad del negro, trasmitidas
al campesino,  causa de las relaciones que con l tena en los
trabajos de campo, es de todo punto incontrovertible que la esclavitud,
el hecho slo de esta degradante institucin, ha debido ser causa
poderossima, capaz de producir resultados daosos en la ndole moral
del hombre de campo; que la atmsfera malsana donde necesariamente
hay que ahogar el sentimiento moral que protesta contra la venta de
seres racionales, obscurece tambin los dems sentimientos, y no slo
envenena  los amos y  los esclavos, sino que se difunde por todo el
cuerpo social emponzondole.

El estado de servidumbre contrara todo progreso moral; y esto es de
tal evidencia, que hasta un escritor tan del gusto de los esclavistas
como lo era D. Jos Ferrer de Couto, lo consigna as en el siguiente
prrafo, que parece una protesta contra el propio libro _Los negros_,
de donde lo reproducimos:

"Y sin embargo--dice--la esclavitud, si tal fuese en realidad el
trabajo organizado de los negros, no se debiera tolerar en pleno siglo
XIX, por ser contraria  la ley de Dios y contraria tambin  los
progresos morales de los hombres."

Pero la esclavitud no se limit  detener el progreso moral solamente,
sino que pervirti las bases de la moral misma, llevando el hlito de
inmoralidad que sala de los cuarteles de las haciendas hasta el seno
de la familia. La preocupacin de aumentar el nmero de esclavos por la
natalidad, haca que se toleraran, si no era que se favorecan, las
uniones puramente brutales entre los dos sexos; esto sin contar con los
caprichos del amo por tal  cual de sus esclavas, y la facilidad con
que poda el hijo de familia satisfacer su sensualidad, tempranamente
despierta en aquel medio, sin moverse del predio que la pobre esclava
regaba con el sudor de su frente, al propio tiempo que saciaba los
apetitos voluptuosos de los dueos de la propiedad y hasta de los
mayordomos que las hacan trabajar. Ejemplos tales no podan sino
servir de estmulo al campesino y hacer que le fuera mnos repulsiva la
ilegitimidad en los consorcios.

En otro rden de ideas, la esclavitud degrada el trabajo, y por lo
tanto el hombre libre cree humillarse dedicndose al oficio del siervo,
y se desdea de trabajar  su lado para que no le confundan con l; y
h aqu otro motivo que debemos tener en cuenta para darnos explicacin
de por qu el campesino ha podido ser juzgado como holgazn por algunas
personas que desconocieron  callaron este y otros motivos nada
favorables para la dignificacin del trabajo.

Tcanos ahora tratar acerca de la raza blanca que aqu ha ejercido su
influencia, tanto trasmitiendo  sus descendientes los caractres que
le eran propios, cuanto encauzando por el medio ms potente de todos,
por el gobierno que siempre estuvo  su cargo, la ndole moral del
pueblo.

Por lo que  lo primero atae, conviene no olvidar la calidad y
cualidades de las personas que, segn el conde de O' Reylly, poblaron
este pas. Dice el perspicaz comisionado del gobierno metropoltico,
que la isla fu poblada "con algunos soldados sobradamente
acostumbrados  las armas para reducirse al trabajo del campo,"
y adems "polizones, grumetes y marineros que desertaban de cada
embarcacin que all tocaba," Es decir, con gentes cuyas condiciones
morales dejaban sin duda bastante que desear.

Sin que esto quiera decir que todo el elemento blanco llegado  Puerto
Rico fuera de la misma clase, es necesario, sin embargo, hacer constar
que una parte de l, y precisamente la que al principio hubo de
desparramarse por los campos, estaba as constituida.

Rstanos tratar de cmo ha influido el gobierno de la isla en el
desenvolvimiento moral de sus habitantes. Para ello importa tener en
cuenta que la necesidad de consolidar la conquista impona desde luego
el gobierno militar; muy pronto surgieron en la isla conflictos entre
los mismos vencedores, de los cuales la pasin se ampar esgrimiendo
toda clase de armas; cuando se recuerda que el propio Cristbal
Coln fu acusado de sedicioso, no se puede dudar que otras personas
mnos importantes lo fuesen del mismo modo, originndose as la
suspicacia que casi siempre ha informado al gobierno metropoltico
en los problemas americanos; si  esto se aade la justificacin que
 tal suspicacia trajeron las guerras de la independencia de todo el
continente descubierto por el ilustre genovs, nada sorprendente se nos
presentar el hecho de la perpetuacin del gobierno militar en esta
Antilla, slo interrumpido por brevsimo lapso de tiempo.

Ahora bien; el gobierno militar, en tsis general, se hace desptico y
se muestra poco hbil en la direccin de los negocios civiles. Sabido
es que en los pueblos regidos militarmente se suele entronizar el
despotismo, y, si ste dura, los ciudadanos se convierten en esclavos
viles, buenos slamente para arrastrarse  los pis del dspota su
Seor.

Para honra de Espaa, Puerto Rico no ha sido gobernado por jefes al
estilo asitico; pero es un hecho cierto que los gobernadores militares
han sido la regla, y que han gozado de facultades suficientes para
que pudieran contagiarse de un despotismo, siquiera modificado por la
ingnita hidalgua espaola, no por eso mnos daoso  los intereses de
la colonia.

Este rgimen, la suspicacia creciente contra toda manifestacin de
descontento de los actos gubernamentales,  contra los que crean
que estas tierras deban someterse  un gobierno ms en armona con
los progresos sociales, la sospecha de separatismo, de la que no se
ha visto libre nuestra isla, con ser tan pequea, permitieron que
adquiriesen preponderancia ciertos elementos, ms preocupados de su
inters personal que del progreso de la tierra donde acaso dejaban
hijos que deban ser vctimas de tales preocupaciones y propagandas.

Cuando el inters se ha referido  la adquisicin de una fortuna
labrada sin la ayuda de privilegios irritantes  conquistada por el
trabajo honrado que no explota nunca al proletario, tal inters ha
sido, por lo mnos, indiferente, si no simptico  los progresos
humanos; pero cuando se ha viciado el fundamento de las riquezas,
como ocurri por virtud de la servidumbre, y se han explotado las
preocupaciones polticas y aun la justicia misma en beneficio
particular, entnces puede haber interesados en que no se difunda la
cultura, enemiga de todas estas concupiscencias.

Ya hemos reconocido lo que se ha dificultado la llegada del pan
intelectual hasta el campesino,  causa de su diseminacin; esto no
obstante, puede afirmarse que no ha sido ella la causa del olvido en
que se le ha tenido, ya que, como queda dicho, hasta hace muy poco
tiempo la instruccin pblica en Puerto Rico estuvo casi abandonada, y
no hay que dudar que el sentido moral est subordinado, por lo comn,
al desarrollo natural  adquirido de nuestras facultades intelectuales.

De esa fuente dimanan ciertos vicios de carcter que hemos encontrado
en la clase rural; ella ha favorecido el caciquismo, entronizndole,
y ha dejado al jbaro  merced de sus instintos groseros en mengua de
las virtudes que el civismo alienta, cuando no se le extingue ahogando
sus ms puras manifestaciones en el seno de preocupaciones sin cuento;
estas fuerzas desviadas se dirigen entnces torcidamente  se atrofian
en los placeres que debilitan el alma y hacen al hombre cada dia ms
indiferente  los ideales de la dignidad humana. Una vez que el vicio
ha obscurecido toda noble aspiracin, y cuando ya el hombre slo busca
su bienestar fsico  la manera que lo entiende, no se muestra asiduo
trabajador  cae en el abatimiento, se fulminan crueles acusaciones
contra l, olvidando las causas que  tal condicin le llevaron. Por
espacio de cuatro siglos se ha estado preparando el vicioso grmen de
la condicin actual del campesino, y aun hay quien pretende corregir
el dao con nuevos medios coercitivos; quien todava suea con las
libretas de jornaleros,  ms platnico echa de mnos los rigores de
un invierno para reformar  un sr que slo necesita educacin y el
rgimen poltico civilizador  que por fortuna vamos llegando, gracias
al progreso social y poltico que alcanza la Metrpoli, progreso
que concluir por encauzar debidamente la direccin de los negocios
pblicos de este pueblo, acaso el ms saturado de svia espaola entre
todos cuantos ha fundado nuestra patria.

Slo nos resta, en la investigacin de estas causas, tratar sobre la
falta de educacin religiosa que se nota en el jbaro. Ya sea por las
dificultades antedichas relacionadas con el desparramamiento de las
chozas rsticas, ya por otra causa, ello es que semejante falta se deja
sentir.

Cierto es que la accin del sacerdote no puede ser tan inmediata como
lo es en otros pases, donde las aldeas ms insignificantes tienen
su cura, especie de patriarca, inamovible las ms de las veces, cuya
respetabilidad va creciendo entre los feligreses  medida que entre
ellos permanece; pero creemos que, an dentro de nuestro medio social,
puede hacerse en beneficio del campesino algo ms que decir la misa
y aplicar los sacramentos; el jbaro es dcil y tiene respeto al
sacerdote, cualidades que ste puede dirigir y educar provechosamente.

Sea esto posible  no, lo que nos importa por el momento es sealar
la deficiencia de una educacin religiosa racional que encontramos en
el jbaro, y que constituye otra de las causas que han contribuido 
empobrecerle moralmente.

 la falta de esta educacin hay que aadir que el mal ejemplo es tanto
ms pernicioso, cuanto de ms alto viene; el jbaro, aunque dcil y
respetuoso por naturaleza, al fin tiene ojos para ver y cerebro para
discurrir. Si--por ejemplo--v  su director espiritual en la casa de
juego  entregado al concubinato, discurrir que no es tan malo esto
cuando quien entiende de tales cosas las practica; y no hay que negar
que, por desgracia, casos de esta naturaleza han podido ser sealados
en nuestra isla.

Hemos terminado el exmen de las causas que ms principalmente han
contribuido al desnivelamiento moral que en cierto modo descubrimos en
nuestra poblacin rural.

Pasemos ahora  examinar cules son los medios capaces de levantar las
cualidades morales del campesino, despertando sus aptitudes y haciendo
vigorosas las virtudes que en l existen.




MEDIOS PARA MEJORAR LAS CONDICIONES MORALES DEL CAMPESINO.


Las causas que hemos considerado como determinantes del carcter moral
del campesino, pueden dividirse en dos clases. En una agruparemos
aquellas que, como el clima y la herencia, no pueden ser removidas y
cuyos efectos slo nos es dado modificar, en parte,  beneficio de
los medios que influyen sobre las otras, nicas susceptibles de ser
dominadas por nuestro propio esfuerzo, como lo son las referentes  la
educacin y al rgimen poltico social.

De entre estas ltimas podemos descartar la esclavitud, que por fortuna
ha desaparecido; y aun cuando la redentora ley de la abolicin no
haya podido purificar de pronto, ni en absoluto, la atmsfera que
aliment por tantos aos aquella institucin, es evidente que hemos
logrado, al quebrantar las cadenas de los esclavos, romper el ms
fuerte valladar que entorpeca nuestra cultura. Bendigamos y guardemos
eterno agradecimiento  los legisladores del memorable 22 de Marzo de
1873. Gracias  ellos nacen libres  iguales todos los hombres que ven
la luz primera en nuestro suelo, sin que el color de la piel ni la
condicin social de sus antepasados les impidan el goce de sus derechos
indiscutibles; gracias  aquel acto de justicia, nuestros hijos no oyen
ya el crujir del ltigo al azotar las espaldas del esclavo.

Felices tiempos! Dichosos los que los hemos alcanzado, siquiera no
podamos hacer otra cosa que admirar  cuantos con nimo esforzado
lucharon uno y otro dia por devolver  los negros sus derechos de
hombres, y siquiera,  causa del veneno que nos queda en nuestro
organismo inficionado, no hagamos sino ir preparando, entre caidas
lastimosas y esfuerzos de convalescientes, la regeneracin social de
esta tierra adorada donde nacimos!

Por lo que se refiere al rgimen poltico, fundadamente hay que
esperar que sigan cambiando aquellas condiciones que hacen inferior,
polticamente considerado, al espaol nacido en Puerto Rico,
relativamente  su hermano peninsular. Toda restriccin en este sentido
es injusta y desptica. Por otra parte, los tiempos actuales, pese 
quien pese, son de libertad; como dice el ilustre Monseor Guilbert:
"Un movimiento democrtico arrastra al mundo moderno con fuerza
irresistible que nada contendr. No es solamente entre nosotros, en
Francia, donde la tierra trepida bajo nuestras plantas; es tambin en
nuestra vieja Europa, como en Amrica y en el extremo Oriente." Este
movimiento invasivo de las ideas modernas, llegando hasta el boho del
campesino levantar su espritu, hacindole patente que el reinado del
derecho ha sustituido al de los privilegios; demostrndole que la vieja
mxima que nos ensea que todos somos hijos de un mismo Padre es una
verdad en la prctica, como lo es en el dicho; dndole  conocer la
Justicia, una, imparcial, en toda su majestuosa respetabilidad, para
que la ame en vez de huirla; asegurndole que el fruto de su trabajo no
ir al fisco para mantener intiles servicios; dicindole que sus hijos
no seguirn creciendo en la ignorancia; probndole que slo tendr que
temer cuando falte  sus deberes; en una palabra: ensendole que si
tiene sagrados deberes que cumplir, tambin puede gozar derechos ms
nobles y dignos del hombre que los de ir  la gallera y entregarse al
baile.

Se nos dir, tal vez, que hay cierto optimismo en esperar que cambien
tan radicalmente los desacreditados procedimientos coloniales, y que
este cambio se opere tan pronto como fuera de desear. Por de pronto
debemos responder que proponemos aquellos medios que  nuestro juicio
mejoraran el estado moral del campesino, recomendamos lo que de
buena f nos parece justo, y  eso nos limitamos; pero aun podramos
aplicar  nuestra tsis las siguientes palabras de Spencer: "As como
respecto del gobierno poltico, conviene saber dnde est la justicia,
aunque en la actualidad no sea posible practicarla en toda su pureza,
 fin de encaminar hacia ella, y no en sentido opuesto, las reformas
que efectuamos, de igual manera conviene tener presente un ideal
de gobierno domstico para tratar de acercarnos  l gradualmente,
sin temer nada de la realizacin de semejante ideal. El instinto
conservador de la sociedad es, por lo general, demasiado vivo para
permitir un cambio muy rpido. Tal como se hallan las cosas, la
sociedad no puede aceptar ninguna idea superior  su cultura hasta
haberse elevado  su nivel; la podr aceptar nominalmente, pero no en
realidad. An despus que una verdad ha sido reconocida generalmente
como tal, la persistencia de los obstculos que impiden conformarse
con ella, sobrevive todava  la paciencia de los filntropos y hasta
de los filsofos." Esta manera de ver las cosas puede ajustarse
perfectamente  nuestro modo de sr social, y nos alienta para
aguardar, sin impaciencias, que al progreso poltico de la Metrpoli
vaya unido el nuestro. Aparte de esto, conviene recordar que de cuantos
medios existen capaces de influir en el estado moral del grupo que
estudiamos, ni uno solo hay tan poderoso que, aun plantendose en
seguida, pueda en el acto patentizar sus efectos. Cuatro siglos de
rgimen colonial no podran borrarse en un dia, por muy radical que
fuese el cambio.

Pasemos ahora  indicar otro poderoso medio de mejoramiento, cual es
el que se refiere  la educacin moral que debe recibir el campesino,
si se le quiere elevar por este concepto. Considerando la educacin
religiosa tanto ms necesaria cuanto ms deficiente es la cultura
intelectual, estimamos conveniente que  las creencias religiosas de
la familia rural vaya unida una enseanza adecuada al fin que nos
proponemos; porque si no es discutible que  veces coinciden en un
indivduo una gran perversin moral con un gran desarrollo intelectual,
tampoco se puede negar que slo la falta de cultura de las facultades
de la inteligencia explica los ejemplos de malhechores de la peor
especie, en los que la devocin coexista con la inmoralidad; prueba
de que estos desgraciados slo haban recibido de la instruccin
religiosa poco de lo esencial, y atenindose  ello y faltos de la
luz que una inteligencia educada les habra dado, crean de buena f
que eran compatibles las plegarias  la Vrgen, con una vida de robos
y crmenes, y hasta que las influencias celestiales podran venir en
ayuda de ellos para sacarles airosos de las ms innobles empresas.

Ahora bien; nuestros jbaros han nacido cristianos, por tales se
tienen, y nada ms lgico que pensar en la influencia que en asunto de
moral pueden ejercer los ministros del cristianismo, de esa religin
del amor y de la fraternidad, que ensea  respetar el deber y  amar
el derecho; plcenos reconocer que el sacerdote puede contribuir 
desarrollar el sentido moral del jbaro ensendole que para ser
admitido en el reino de Dios, no bastan las oraciones y las prcticas
del culto si  ellas no va unida la prctica de una moral severa. Bien
sabemos que no pedimos ninguna cosa extraordinaria, ni novedad alguna;
pero ello es que el procedimiento aun cuando no sea nuevo, tenemos
motivo para creerle necesario, y por lo tanto estamos en el derecho
de apuntarlo, toda vez que la doctrina evanglica, compendio el ms
hermoso de moral, siendo la doctrina que al travs de los siglos ha
reinado en este suelo, ha debido darnos jornaleros sanos de espritu,
y, segn hemos podido deducir, los sentimientos morales del campesino
dejan bastante que desear en determinados puntos, an sin exagerar sus
vicios. No acusamos  nadie, slo indicamos que la accin moralizadora
de la religin ha sido poco eficaz, probablemente  causa de no
haberse insistido lo bastante en la enseanza moral, y lamentamos que
una fuerza tan poderosa como la Religin no haya sido aqu todo lo
provechosa que debiera.

Conviniendo, sin embargo, en que la accin del sacerdote, por varias
razones, no es hoy, por s sola, suficiente, desearamos que en las
escuelas se diera  la educacin moral toda la importancia que reclama,
tanto bajo el aspecto religioso como bajo el aspecto filosfico; es
decir: que sin descartarla de la religiosidad se la enseara como uno
de los elementos de una buena educacin, llevando  la conciencia
del jbaro el deber en que est de ajustar su conducta  los sanos
principios morales, tanto por ser un deber, cuanto porque las virtudes
que honran al hombre y le hacen mejor, son una conveniencia para
el mismo, ya desde el punto de vista de la respetabilidad con que
le reviste, ya mirando  la utilidad que aun en el rden puramente
material reportan.

Y de nuevo repetimos lo que al tratar del modo de mejorar
intelectualmente al campesino dijimos; escuelas, muchas escuelas,
y  ser posible, ponerlas bajo la direccin de la mujer; pues sin
negar al hombre capacidad para ejercer el profesorado de la infancia,
es incuestionable que la mujer, poseedora de esos delicadsimos
sentimientos, de esa dulzura, de ese tesoro de amor que la naturaleza
ha depositado en su organismo, previendo la maternidad, es ms apta por
este concepto para realizar su empeo. Todo en su sr conspira para
hacerla capaz de realizar esta obra; la de sembrar en el corazn del
hombre los grmenes de las virtudes que luego le han de dar realce
merecido.

De todos modos, encomendadas  uno   otro sexo las escuelas, lo
importante es la multiplicacin de estas, y que el programa de
enseanza atienda como es debido  la cultura moral del alumno; es
preciso contar para ello con el profesor y atenernos  sus esfuerzos,
con tanto ms motivo cuanto que en la escuela hay que contrarrestar las
deficiencias de moralidad que en la casa de los padres existan, y por
el apuntamiento que hemos hecho hse visto que existen en no escaso
nmero tales deficiencias, que, lejos de ser los padres guas de sus
hijos, hay que invertir los trminos y hacer del hijo, por medio de
la instruccin, un modificador saludable de los hbitos paternos, ya
que sobre estos es ms difcil actuar por haberse desarrollado en la
ignorancia; hoy por hoy debemos educar los padres del porvenir y sobre
todo las madres; despus acaso la labor del preceptor sea mnos ruda,
pero por el momento no cabe contar con fuerza ms poderosa que con la
del educador.

Una vez sealadas la conveniencia de un cambio en los procedimientos
administrativos, de una instruccin religiosa y de una educacin moral
en las escuelas, vamos  indicar, siquiera brevemente, algunos otros
medios, ya en un sentido mnos general del que hasta ahora lo hemos
hecho, ya de una esfera ms relacionada con el elemento rural motivo de
nuestras investigaciones, porque si al Gobierno hay que pedirle algo
en la obra del progreso social de los pueblos y algo importante, no
todo ha de esperarse de arriba; mucho pueden hacer las corporaciones
que ms inmediatamente estn en relacin con los campesinos y hasta los
mismos particulares pueden contribuir al objeto en que todos estamos
interesados.

 las acciones reunidas del sacerdote y del maestro debe agregarse la
accin individual; la obra de moralizar  un pueblo es tan grande y de
tanta trascendencia, que pedir ejemplos de moral al que sobresale del
nivel de las clases populares es asegurar el xito de la empresa. De
las montaas baja el alud  los valles; de las montaas baja tambin la
corriente de agua fresca y cristalina que los fertiliza.

Adems del ejemplo, algo prctico pueden hacer esas personas que
estn ms en contacto con el jbaro; despertar el espritu del ahorro
fundando sociedades que adquieran la confianza del bracero, y que
les sirvan de prueba tangible de la utilidad que reporta el ahorro,
considerando el trabajo como nobilsima virtud que debemos amar,
honrando al bracero laborioso, distinguindole, ayudndole en sus
necesidades para que aprecie el fruto de su honrado proceder cuando
ms falta puede hacerle el esfuerzo de sus brazos, en vez de echar
de mnos bandos de poltica y de buen gobierno que se explicaban en
otros tiempos pero que hoy estn justamente desechados por injustos 
incapaces de producir el bien.

Los municipios deberan adems de atender preferentemente  la creacin
de las escuelas rurales, organizar diversiones que sustituyan  la
gallera y al juego: si al principio se mostrasen refractarios los
campesinos, luego gustaran de ellas. Los pueblos como los indivduos
tienen sus necesidades y una de ellas es la de distraerse; organcense
distracciones instructivas, decorosas, y se habr matado el juego; para
lo cual convendra tambin que la lotera no existiese.

Contra el progresivo desarrollo de la embriaguez, chese mano de
las Sociedades de Templanza; prmiese la temperancia, la asiduidad
en el trabajo, la virtud en todas sus manifestaciones, despertando
la emulacin y encauzando el espritu de esas pobres gentes, con
procedimientos dulces, por el camino que deben ir.

Como las Sociedades de Templanza, las Sociedades cooperativas son un
medio moralizador de una fuerza que todo el mundo reconoce; que entre
nosotros habra que vencer dificultades para aclimatar estos hbitos es
innegable, pero tal razn slo es buena para permanecer en la inercia.
Nada que de los esfuerzos humanos dependa es imposible de realizar;
la cuestin est en ajustarse  las condiciones que nos rodean cuando
intentamos alguna cosa, y el xito no podr mnos de coronar nuestra
diligencia.

La creacin de las aldeas, de que se ha venido ocupando ltimamente el
Gobierno, es una obra til para el mejoramiento del campesino; pero no
nos forjemos ilusiones: las aldeas son como una semilla, las aldeas
nacen espontneamente cuando caen en buen terreno, cuando se fundan en
zonas apropiadas. Si elegimos un sitio cualquiera, fabricamos veinte
casas, traemos veinte familias  ellas, siempre que estas familias
carezcan de medios hbiles para procurarse la subsistencia en el mismo
lugar  en sus cercanas, de seguro abandonarn las casas; al fin y al
cabo la casa es lo de mnos para gente que la estiman en poco, para
quien con casi nada fabrica una casa en muy pocas horas.

Para nosotros esas aldeas, si han de tener condiciones de viabilidad,
deben reunir muchas circunstancias favorables. La bondad del sitio,
la favorable disposicin del terreno y la vecindad de una fbrica,
hacienda, etc., en donde el aldeano encuentre ocupacin.

Indudablemente  los grupos rurales se les ha dado muchsima
importancia, y con razn en estos ltimos tiempos; sin negrsela,
creemos, no obstante, que los esfuerzos directos sern intiles;
creemos que se har ms fundando colonias agrcolas y obreras en
lugares bien elegidos, que levantando casas al capricho, aunque sea en
un pramo; de semejantes aldeas, muy pronto no quedar ni el recuerdo
del sitio en que se fundaron.

Para terminar, diremos que es indispensable procurar por todos los
medios hbiles, que le sean agradables al labrador las ocupaciones
agrcolas, no slo protegiendo y premiando el trabajo libre del
bracero, sino fomentando el desarrollo de las pequeas propiedades;
el hombre de campo ama la tierra como un enamorado, quiere poseerla 
pesar de todas las contrariedades, los trabajos campestres en que el
humilde labrador funda su esperanza le absorben, y cuanto mayor fuere
el nmero de estos pequeos propietarios, ms estmulo habra para el
trabajo; pero sera preciso que los braceros viesen que sus compaeros
de fatigas elevados al rango de propietarios no se arruinaban por causa
de los excesivos impuestos.

Precisamente el nmero de estos labradores, pequeos propietarios,
disminuye cada dia, no slo porque al jbaro casi le conviene ms
_alquilarse_, sino porque se ha favorecido el desarrollo de las
extensas posesiones agrcolas hasta en el reparto de los terrenos
baldos, en el que resultan beneficiados los acaparadores de mucha
extensin de tierra, reproduciendo, hasta cierto punto, algo de lo
que ocurri cuando las ya extinguidas _manos muertas_; esto es, que
la tierra no pudo ser explotada tan fcilmente como lo es cuando se
encuentra ms repartida la propiedad agrcola.

Tal es, en pocas palabras, el conjunto de medios que nos parecen ms
acertados para mejorar moralmente al campesino; no es labor fcil
ni de un dia el reformar todo lo que debe reformarse con objeto de
conseguir la transformacin de las costumbres de un pueblo; pero hay
que acometer la obra cuyo trmino nos ofrece la ms hermosa y saludable
consecuencia, cual es el progreso de esta tierra  la que nos debemos.

Todos los que aspiramos al bien de los dems, que es el nuestro
propio, debemos en la esfera en que estamos colocados aportar  esta
obra de engrandecimiento del pas en que nacimos nuestro bolo, y
cuando hayamos cumplido nuestra tarea, encomendarla  nuestros hijos
y trasmitir esta aspiracin  nuestros sucesores, convencidos, como
debemos estarlo, de que ni los derechos polticos ms extensos, ni nada
podr resucitar  un pueblo, darle virilidad, si est corrompido, y que
hasta la misma libertad peligra cuando se olvida la prctica de las
virtudes, que dan  los pueblos elevacin y carcter moral.




RESUMEN.


Sintetizando lo dicho, entendemos que el campesino puertorriqueo
adolece--en el rden fsico--de faltas dependientes de su gnero
especial de vida, tanto  ms que del clima de este pas.

Que dicho gnero de vida puede y debe cambiarse por otro que tienda
 mejorar aquellas condiciones, siendo el ms importante de los
medios para conseguirlo, la higiene; su enseanza en las escuelas
de instruccin primaria. Adems, es preciso, por medios indirectos,
mejorar la alimentacin del campesino, oponerse  todo aquello que haga
subir el precio de los alimentos de primera necesidad, suprimiendo los
derechos de consumo, castigando el expendio de sustancias alimenticias
de mala calidad y matando los privilegios.

Dirigir la educacin fsica por medio del gimnasio en la escuela,
organizando juegos gimnsticos adecuados  la poca y hasta utilizando
el sistema de premios al mejor desarrollo fsico de los nios, etc.

El estado intelectual del campesino no es mejor que el fsico. Las
causas de ello estn perfectamente explicadas en la falta de educacin
en que se ha tenido y aun se tiene  la familia rural.

Las escuelas, la educacin en general, y en especial la de la mujer,
remediarn este atraso.

El nivel moral del campesino es poco satisfactorio, y obedece, como
hemos podido ver,  mltiples y complejas, causas de las cuales unas
han cesado y otras persisten aun.

Para levantar este nivel es necesario que todos trabajemos; la
administracin ganndose la confianza del campesino, haciendo cesar los
abusos que, cometidos en perjuicio del campesino pobre, han viciado su
carcter; prodigando la educacin, favoreciendo el trabajo honrado,
tratando por todos los medios que estn  su alcance de elevarle
moralmente. El jbaro, justo es confesarlo, ha sido tratado de un modo
tal, que su desconfianza hacia el poder est plenamente explicada.
"Gracias  Dios nunca he tenido que ver la cara  la justicia," dice el
campesino puertorriqueo, no porque se vanaglore de no haber cometido
falta penable solamente, sino expresando que desconfa del xito que
habra alcanzado en caso que hubiese tenido que entrar en relaciones
con razn  sin ella con la justicia.

Esa desconfianza, las decepciones que le han aflijido le han hecho
hurao, y le han inducido  huir de la sociedad buscando la libertad
donde nicamente puede hallarla, entre sus bosques y montaas;
aislndose, en una palabra, con perjuicio de su educacin.

Hemos terminado nuestro estudio: en l hemos tratado de compendiar
lo esencial, al mnos, de cuanto abarca el vasto problema social que
encierra el tema propuesto. Al hacerlo hemos tenido que decir con
franqueza ciertas cosas, bien que sin nimo de herir  nadie; hicimos
ni ms ni mnos que lo que hubiera hecho una persona encargada de
mostrar al mdico el mal de que padece un miembro de su familia,
descubrirlo y decir lo que sepa sobre las causas que lo motivaron. Si
al descubrirle se ha enrojecido el paciente, mejor; conoce su estado;
har un esfuerzo para ayudar al mdico. Si el mdico aprecia las
causas, el remedio le vendr  las manos. Todos habrn ganado en ser
francos.

Nosotros estamos satisfechos del fin que nos hemos propuesto, de la
honradez que nos movi  tomar la pluma; pero desconfiamos de las
condiciones de una obra superior  nuestras fuerzas y ejecutada con
una precipitacin que perjudica siempre  esta clase de trabajos. La
ofrecemos, no obstante, persuadidos de que todo lo que tienda  mejorar
nuestro estado social es digno de atencin y obliga lo mismo al sabio
que al ltimo de los obreros.

Creyndonos el ltimo de todos, slo aspiramos  que se nos reconozca
la buena voluntad que nos ha guiado, siquiera  esa buena voluntad vaya
unido tambin el inters que recuerda aquella mxima de Jorge Herbert:
"Formaos una buena sociedad, y sereis uno de sus miembros."


FIN.




NDICE.


  CAPTULOS.                                                   PGINAS.
  ----------                                                   --------
  Laudo del Jurado.                                                   5
  Prembulo.                                                          7
  Etnologa.                                                          9
  Grupo rural.                                                       14
  Condiciones fsicas.                                               19
  Caracteres exteriores.                                             20
  Caracteres anatmicos.                                             25
  Caracteres fisiolgicos.                                           28
  Patologa de la infancia.                                          34
  Patologa de la mujer.                                             41
  Enfermedades en general.                                           43
  Patologa comparada del campesino.                                 57
  Causas que determinan las condiciones fsicas del campesino.       63
  Medios para mejorar las condiciones fsicas del campesino.         72
  Condiciones intelectuales.                                         94
  Causas de su estado intelectual.                                  114
  Medios para mejorar sus condiciones intelectuales.                121
  Condiciones morales.                                              126
  Causas que las determinan.                                        145
  Medios para mejorar las condiciones morales del campesino.        152
  Resumen                                                           162




OBRAS DEL MISMO AUTOR.


INOCENCIA (novela). 50 ctvs.

D. FRANCISCO J. HERNNDEZ (biografa). 25 ctvs.

CARTILLA DE HIGIENE, para las escuelas pblicas. nica declarada de
texto en esta Isla. 25 ctvs.

LOS ANIMALES VERTEBRADOS TILES Y LOS DAINOS  LA AGRICULTURA DEL
PAS. (Memoria premiada en el Certmen del Ateneo.) 40 ctvs.


EN PREPARACIN.

EPISODIO PUERTORRIQUEO (poca de la invasin de Drake).





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Francisco Del Valle Atiles

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