Project Gutenberg's Cabezas: Pensadores y Artistas. Polticos, by Rubn Daro

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Title: Cabezas: Pensadores y Artistas. Polticos
       Obras Completas Vol. XXII

Author: Rubn Daro

Release Date: November 25, 2017 [EBook #56047]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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                                CABEZAS

                             [Ilustracin]




                              RUBN DARO

                                CABEZAS

                              PENSADORES
                              Y ARTISTAS
                               POLTICOS

                             [Ilustracin]

                             VOLUMEN XXII
                        DE LAS OBRAS COMPLETAS
                            ADMINISTRACIN
                       EDITORIAL MUNDO LATINO
                                MADRID




            ES PROPIEDAD       (Ilustraciones de E. Ochoa.)




                              PENSADORES
                                   Y
                               ARTISTAS

                             [Ilustracin]




[Ilustracin]




JACINTO BENAVENTE


Cuando Jacinto Benavente entr a la Real Academia Espaola, se
preguntaron muchos: A qu va Benavente a la Academia? Contestaron
algunos: A hacer lo que todos los acadmicos hacen; limpiar, fijar y
dar esplendor.

No, no iba a eso. En tal recinto, e intelectualmente hablando, para
limpiar, necesitara la representacin de Hrcules; para fijar, la de
Minerva; para dar esplendor, la del mismo Apolo. Iba sencillamente
a demostrar que, por opinin general, quien haba logrado todos los
triunfos populares mereca tambin todos los honores oficiales. He
dicho populares, porque, aunque Benavente sea un autor de _lite_ su
nombre es famoso en todas partes en donde se habla nuestro idioma y aun
en otras.

Benavente representa para Espaa lo que un Capus o un Bernstein para
Francia, o mejor, lo que un Bernard Shaw para Inglaterra. Y aun, en
condiciones especiales, es el nico que haya logrado dar verdadero
brillo y resonancia a las Mscaras castellanas.

Poco avisados los que le juzgan con el odo puesto al Boulevard. El
mundo en que se mueven sus tipos, en la mayor parte de sus comedias,
es ese mundo universal que tiene por norma, desde luego, ms o menos
aplicada a sus medios respectivos, la vida parisiense; y si no, fijaos
en las escenas de los comedigrafos italianos del da. Ese mundo es _le
monde_. Mas los personajes benaventinos que se mueven y expresan en
el ambiente de Madrid, son de la legtima descendencia clsica; y sus
dilogos chispeantes del ingenio que les presta su creador, no son sino
los antiguos discreteos de Caldern o Lope modernizados.

Ni tan solo en lo cotidiano social y de lo mundano inmediato ha de
entretenerse este cultivador de agudas y frvolas filosofas. De cuando
en cuando le veris salir con su cara de Shakespeare--pues es harto
semejante a algunos retratos del gran Will--impregnado de esencias
hamletianas, o hmedo de los rocos de las florestas por donde vayan
las Rosalindas, las Perditas y las Cordelias.

[Ilustracin: JACINTO BENAVENTE]

A pesar de su fama de amargor, confiaos a l. Hay entre sus macizos de
floridas espinas muy exquisitos de miel, mucho consuelo humano, mucha
ternura compensadora de desesperanza.

Entrad en su teatro de ensueo y en su teatro de bondad. Dejaos llevar
por la mano que sabe apartar los ramajes hostiles. l os har el regalo
de la potica dulzura, del rayo de luna, del canto cristalino del
ruiseor; y como es conveniente, a su tiempo, en el instante preciso,
os har una pirueta; y le daris las gracias por el palmo de narices
con que os gratifique.

Y os dejar plantados. No le sigis. l se va, como murmurando, porque
sabe muchas cosas del cielo y de la tierra. No le sigis. Podris creer
por el movimiento de sus hombros que se va riendo, pero no podis
afirmar que no vaya llorando. No acaba de daros vida, vida brutal,
trgica, dolorosa, en esa _Malquerida_ en que ha concentrado todas las
fatalidades y el apocalptico misterio de la mujer: _Misterium?_

El verdadero poder de Benavente consiste en que es un poeta, en que
posee la intra y supervisin del poeta, y en que todo a lo que toca le
comunica la virtud mgica de su secreto.

Su inquietud viene de la intensa vibracin de su espritu. Estar en
la soledad consigo mismo. Ir a pasar sus horas con sus amigos los
poetas. Luego--no lo dudis--tras alguna cabriola, entrar a la casa
del Diccionario para hablar con las momias. Y las dejar an ms
estupefactas.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




JOSE ENRIQUE RODO


El oficio de pensar es de los ms graves y peligrosos sobre la faz
de la tierra, bajo la bveda del cielo. Es como el del aeronauta, el
del marino y el del minero. Ir muy lejos explorando, muy arriba o
muy abajo, mantiene alrededor la continua amenaza del vrtigo, del
naufragio o del aplastamiento. As, la principal condicin del pensador
es la serenidad.

En la Amrica nuestra no hemos tenido casi pensadores; no ha habido
tiempo, todo ha sido fecundidad verbal, ms o menos feliz, declamacin
sibilina, _pastiche_ oratoria, expansin, panfleto. Con dificultad se
encontrar en toda la historia de nuestro desarrollo intelectual este
producto de otras civilizaciones: el ensayista.

Jos Enrique Rod es el pensador de nuestros nuevos tiempos, y, para
buscar siempre el parangn en el otro plato de la balanza americana,
dir que corresponde a Emerson. Es Emerson latino, cuya serenidad viene
de Grecia, y cuya oracin dominical es la salutacin a Palas Atenea, la
plegaria ante el acrpolis. Y advertid que, a pesar de lo que se afirme
y comente, Rod no es un renaniano, en el sentido que en el comn
dialecto literario se da a esta palabra. Su tranquila visin est llena
de profundidad. El cristal de su oracin arrastra arenas de oro de las
ms diversas filosofas, y ms encontraris en l del ms optimista de
los ensayistas, que del gordo cura laico bigrafo de N. S. Jesucristo,
abate de Jouarres, _in partibus infidelium_.

Desde sus comienzos, la obra de Rod se concreta en ideas, en ideas
decoradas con pulcritud por la gracia dignamente seductora de un
estilo de alabastros y mrmoles. Solamente que l pigmalioniza, y el
temor de impasibilidad, de frialdad desaparece cuando se ve la piedra
cincelada que se anima, la estatua que canta. Naci con vocacin de
belleza y enseanza. Enseanza, es decir conduccin de almas. A
tal pedagoga es a la que se refiere el Dante en un verso referente a
Virgilio. Cuando apareci su primer opsculo, _Vida Nueva_, se vi el
surgir de un maestro en su generacin, en la generacin continental. Su
segundo opsculo sobre el autor de _Prosas Profanas_, o mejor dicho,
sobre este libro de poesas, le afirm virtuoso de la prosa, de la
erudicin elegante, y en la ltima parte de su trabajo, profeta. Altas
y generosas especulaciones le ocuparon, y _Ariel_ seala un nuevo
triunfo de su espritu y una nueva conquista de sus predicaciones,
por la hermosura de la existencia, por la elevacin de los intelectos
hispanoamericanos, por el culto nunca desfalleciente ni claudicante
del ms puro y alentador de los ideales. Definase ms y ms su
personalidad, y se hubiera dicho un filsofo platnico de la flor del
paganismo antiguo, resucitado en tierras americanas. Y tuvo el ms
bello de sus gestos, cuando, llevado a las controversias de la Prensa
y a las agitaciones de la Cmara, por los caprichos de la poltica,
el adorador de los dioses de la Hlade sali a la defensa de nuestro
plido Dios Cristiano, Desterrado all, como en Francia, de los lugares
de la Justicia, por obra de la roja cosa jacobina.

[Ilustracin: JOS ENRIQUE ROD]

Por ltimo, aparece su obra magna hasta hoy, esos _Motivos de Proteo_,
aires mentales, sinfonas, de ideas que llevan dentro tanta virtud
bienhechora, libro que ha sido acogido en todas partes con entusiasmo
y con razonada admiracin. Es un libro fragmentario, pero cuan lleno
de riqueza! fragmentario ocasional o decididamente. Ello hace que
su prosecucin sea indefinida, y que el encanto y el provecho se
prolonguen en la esperanza despus de cada aporte. El tesoro est all.
Cada vez que Aladino baje, estemos atentos.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




GRAA ARANHA


Uno de los crticos que han estudiado la personalidad intelectual de
Graa Aranha--el seor Elysio de Carvalho--hace notar que antes de
que la gloria iluminase el nombre del autor de _Chanaan_, era ste un
escritor de cenculos apenas conocido de sus ntimos, que lo saban
un talento peregrino, un espritu culto, un artista de raza capaz
de realizar el gran sueo de arte que le acariciaba el alma. Hoy
Graa Aranha ha conquistado los ms justos laureles, y es conocido y
celebrado en todo el mundo literario. Mas su universal renombre no ha
hecho ms que hacer brillar mejor el puro diamante de su nacionalismo.
l es brasileo ante todo. Con satisfaccin y con orgullo, me deca
hace pocos das: Me place ms ser comprendido por el ltimo de
los estudiantes de mi tierra, que por el primero de los escritores
europeos. Y en el Brasil se le devuelve su afecto con creces. Es de
los que encarnan el alma de la raza, es de los representativos. l
ha expresado en una prosa impecable y admirable el ideal patritico,
y ha pintado magistralmente el escenario fabuloso de ese vasto y
vigoroso pas, animado como ninguno de las savias de la tierra y de
los fuegos fecundantes del sol. Muchos ilustres varones de pensamiento
tuvo el pasado imperio y tiene la joven repblica; pero ninguno
haba expresado el espritu nacional, ni tenido tan hermosamente, en
simblicas figuras, la visin del porvenir, como el joven pensador que
llegaba sealando el rumbo de la vida nueva, y cuyo libro resonante
era--escriba el noble y grande Jos Verissimo--nuevo por el tema,
nuevo por la inspiracin y concepcin, nuevo por el estilo.

_Chanaan_, que tuvo tan estupenda acogida en la patria brasilea,
en toda la Amrica del Sur; y cuando presentada a los pblicos de
Europa por el introductor de Ibsen, el diplomtico y escritor ruso
conde Prozor--un gran seor de letras--, que fu quien la tradujo al
francs, _Chanaan_ fu conocida mayormente, y el talento del autor
adquiri fama y autoridad internacionales. As al representarse en
Pars, por el teatro de l'OEuvre _Malazarte_, que interpretaron actores
como Lugne-Poe, De Max, y esa sutil y encantadora Greta Prozor, flor
teatral cultivada por la maga Suzanne Despres, ya se saba quin era
el autor, que ofreca a los exigentes lutecianos un ramo de sus rosas
radiantes y de sus orqudeas tropicales.

Yo he visto al glorioso novelista brasileo en Pars, en reuniones
en donde ha estado representado el pensamiento francs por sus
personalidades ms eminentes; y le he conocido en su propio medio,
frente a aquel espectculo de ensueo y de fantasa, que es la baha
de la capital fluminense. El vapor en que bamos los miembros de las
delegaciones de varios pases a la Conferencia Panamericana, haba
anclado. Iba con nosotros el ilustre embajador y poderoso intelectual,
que era Joaqun Nabuco. Llegaban a rodear nuestro barco _ferry-boats_
llenos de estudiantes y de msicas, que lanzaban al aire himnos y
vivas. Y un balandro apareci en donde venan varios caballeros de
distincin. Entre ellos me fu sealado por Nabuco uno:--Vea usted,
aqul es Graa Aranha!--me deca alegre y conmovido el magnfico
anciano, quien admiraba y quera al triunfante joven. Luego nos
present, y desde entonces he cultivado con el creador de _Chanaan_ la
ms cordial de las amistades intelectuales.

El Brasil es un pas de tradiciones aristocrticas, y la cultura
social se impone desde luego. Se ha aprovechado de todo lo que ha
producido la civilizacin europea, y se ha plasmado una caracterstica
nacional inconfundible, que podra servir de modelo en otras naciones
del continente. Al ncleo principal pertenecen hombres como Graa
Aranha, en quien las distintas situaciones oficiales y sus condiciones
de intelecto y de civilidad han hecho uno de esos representantes
que tanto brillo han dado a la historia diplomtica de su tierra.
Individualmente, junta el _gentleman_ al caballero; es esto decir que
su trato no se resiste de sequedad, antes bien, hace transparentarse la
buena fe, la cordialidad y la generosa nobleza. Cuando uno ha tenido la
feliz oportunidad de conocer a cancilleres como el barn de Ro Branco
y el doctor Lauro Muller; a embajadores como Nabuco, y en la joven
diplomacia a representantes como Fontoura Xavier, como Barros Moreira,
como Belloso Rebello, como Graa Aranha, comprende cmo los estadistas
brasileos han querido que los que llevan el nombre y la autoridad del
Brasil al exterior, veteranos y nuevos, formen un cuerpo de excelentes,
una _lite_ que pueda, en todo y en cada uno, ser a la Patria motivos
de complacencia. Y Graa Aranha honra no solamente a su patria natal,
sino a su lengua, que es una ms grande patria.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




ZORRILLA DE SAN MARTIN


Hace veinte aos que vi por la primera vez a este admirable uruguayo.
Los que le conocen me han dicho que, hoy como antes, anima un espritu
encendido y palpitante aquel cuerpo que crece al resplandor de la frase
oratoria, aquella cabeza de tribuno, aquella cabeza de poeta. Y como
vive de fe y respira esperanza, se dira que una inagotable juventud
conserva firmes sus nervios, airoso su gesto, clida y vivificante su
palabra, toda energa y ritmo.

Le recuerdo en das de triunfos y de gozos, entre fiestas y pompas
espaolas. Las delegaciones de las repblicas americanas contaban,
como era de razn, sobre todo las tropicales, con sujetos verbosos
y hbiles para el discurso; pero en conjunto, no podamos presentar
delante de un Castelar, sino al delegado uruguayo, a la sazn ministro
de su pas ante Su Majestad Catlica. A su fama asentada de gran poeta
una el dominante prestigio de una elocuencia, si a veces harto fogosa,
por lo mismo plenamente representativa de nuestros entusiasmos y
vivacidades continentales. Su negra y copiosa cabellera se agitaba en
la conmocin de las arengas; el brazo diestro se alzaba como arrojando,
como esparciendo, como regando las oraciones; los ojos, la mscara
toda contribuan a la conquista de los auditorios; y un comn orgullo
nos produca a los neomundiales la victoria de aquel hombre generoso
y lrico, que haba cantado al pico charra Tabar, y saludaba en
vibradores y musicales perodos, en nombre de las naciones nuevas, a
la regia decada y maternal Espaa. Con _Tabar_ y con la _Leyenda
Patria_--que celebraron poetas como Olegario Andrade, autoridades como
Paul Groussac--se coloc Zorrilla de San Martn en el escaso nmero de
los grandes lricos americanos. Se ha dicho que siempre en el poeta
aparece la amplitud, la exuberancia oratorias. No olvidemos que
ello es una caracterstica de Vctor Hugo, y ms cerca y no a tantas
alturas, de Nez de Arce. Es una elocuencia llena de lirismo, y esto
lo admiramos hasta en el mismo viejo Esquilo. Cuando en mi primaveral
juventud lleg a mis manos el poema pico lrico del clebre uruguayo,
me impresion por su belleza armoniosa, y por el contagio entusistico
de lo que antao se calificaba con el nombre de inspiracin. En
_Tabar_--ese extrao y hermoso poema, con el que acaso sean ms
justicieras que las actuales las generaciones que vendrn, segn el
decir de un meditativo y decoroso pensador que brilla en la juventud
uruguaya, Amadeo Almada--encontr en das en que imperaban endmicas
doctrinas, una novedad sana y un sentido de musicalidad honda y
trascendente, que venan de la influencia de un poeta menor pero de
los ms dignos de admiracin y amor en la Espaa del siglo pasado:
Bcquer. Mi Gustavo Bcquer, genio admirable y querido, despertador de
mi adolescencia potica, dice Zorrilla de San Martn en una confesin
reciente publicada en _Mundial_. Haba, en efecto, un eco del arpa de
Bcquer, pero sinfonizado en un rgano que se dira hecho de las ms
robustas y sonantes caas y bambes de nuestras selvas americanas.

_Tabar_ fu celebrado en Espaa y en toda la Amrica latina con loas y
palmas merecidas.

Zorrilla de San Martn reconoce el perjuicio que posteriores
correcciones causaron a su obra... Quise quitar, pecado de m!,
ingenuidades en una obra ingenua; quise razonar. S, su obra es
ingenua como una planta, como una flor, como el agua de un manantial,
y ella guardar el frescor y el perfume de la ms grata estacin de su
existencia.

Tambin ha citado estos conceptos de Carlyle referentes a Dante: Si
vuestra composicin es autnticamente musical, no solamente en la
palabra, sino en el corazn y en la sustancia, en los pensamientos
y articulaciones, en toda la concepcin, entonces ser potica; mas
no de otra manera. Musical! Cunto se encierra en esta palabra! Un
pensamiento musical es el que ha penetrado hasta lo ms ntimo del
corazn de las cosas, y puesto al descubierto lo ms recndito de sus
misterios...




[Ilustracin]




FRANCISCO GARCIA CALDERON


Un joven sabio; palabras difciles de juntar en nuestra Amrica. A
Francisco Garca Caldern sintanle por igual manera los calificativos
de _savant_ y de _sage_. La gravedad espiritual, el desdn de las
literaturas fciles, y diremos as de simple adorno, el alejamiento del
_dilettantismo_, y su copioso saber, sostenido por una inteligencia
fuerte y ponderada, le han dado un lugar especial en nuestra reciente
intelectualidad. Habita en Pars, y busca los jardines apacibles de
la filosofa, en vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de
la luminosa capital del _esprit_. Cuando, por la fatalidad que pesa
sobre muchos de los escritores que aqu residimos, hace periodismo, y
finge de corresponsal a diarios hispanoamericanos, se ocupa en Gabriel
Tarde; en el soliloquio platnico de Renouvier, en Brunetire que juzga
a Renan, en Menndez Pidal y la cultura espaola, en los estudios
penales de Dorado Montero, en el fenmeno religioso de los Estados
Unidos, en los ideales de la vida, segn William James, y en otros
tpicos semejantes. Como veis, todo eso est muy lejos del _boulevard_.
Sus relaciones intelectuales son las que convienen a semejante monge
laico, fraile de la filosofa. Monsieur F. Garca Caldern est un
jeune peroubien qui connait admirablement la France, son histoire,
ses ecrivains, ses philosophes. Quin escribe esos conceptos? Es M.
Gabriel Seailles, profesor en la Soborna. Esprit ouvert et curieux,
auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux intelligent,
vous mettez votre effort et votre joie  penetrer dans la pense,
dans l'me des hommes que vous voluez connatre. Donc s'assimiler
appliquer l'experience de l'g mur et mme temps garder l'elan, la
foi et mme les ilusions de la jeunesse, trover enfin le moyen de
runir en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres de qualits,
en apparence contradictoires, ce est le conseil que, for de vos tudes
et de vos reflexions, vous donnez  votre Patrie. Je crois bien que ce
conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout pays on aura intrt
et profit  lire un livre tel que le votre. Quin expresa tales
opiniones? Monsieur mile Boutroux, del Instituto. Dme con quien andas
y te dir quin eres. Es raro, s, muy raro, que en nuestros pases un
espritu joven y bizarro, como el de Garca Caldern, deje el verjel de
los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse al pozo de donde
se espera ver salir el blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las
honduras de los problemas espirituales, pocos se consagran al ejercicio
del pensamiento en los altos asuntos religiosos y morales.

Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se encaran con las
gravedades de la vida y de la conciencia humanas. Francisco Garca
Caldern se ha dedicado a tales tareas. _Vous n'etes pas mu par un
frivole esprit de diletanttisme_, le dice uno de los sabios que he
dictado anteriormente. Y l mismo declaraba en uno de sus primeros
libros el propsito de levantarse sobre la parcialidad benedictina del
anlisis, sobre la frivolidad estril de la hora y dar a su espritu
el grave recogimiento que conviene a la eclosin de futuras obras
durables.

La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro amable pensador, es la
que consagrara a su patria, _Le Perou contemporain_. Es una obra
fuerte de medula, y que indica un vigor de espritu y un estudio tan
slido y de trascendencia, que se dira de aos mayores. La obra est
escrita, a pesar de la particularidad patritica, bajo un concepto
universal, y puede ser leda con inters en cualquier parte, pues
su fondo filosfico, su hondura ideolgica, llamarn la atencin, a
no importa qu hombre de pensamiento, en todo lugar del mundo. La
sagacidad de intelecto de esta cabeza, que no slo pertenece al
Per, sino a todo el continente, se une al vigor y a la rapidez con
que abarca y profundiza cualquier cuestin de inters humano. En tales
especulaciones, y siguiendo cada cual su ideal mental y su modalidad,
se junta con Rod y con Sanin Cano.

Para contrapesar en la balanza psquica el valor de tales
especialsimos _mediums_ habra que poner, es indiscutible, en el
platillo opuesto un buen nmero de toneladas de perlas y de rosas.




[Ilustracin]




SANTIAGO RUSIOL


Ved aqu al cataln de los jardines, prncipe en el pas de Bohemia, de
una Bohemia de oro, de lindos colores, de sutiles letras y de hierros
viejos. Con su cabeza gris y su barba de _roi-chevalier_, atesora y
comunica juventud, y con su arte fino, su palabra suave y animadora a
un tiempo, su sonrisa fraterna con sus pares, subyugadora con todos, va
llevando su corona de gloria con la misma descuidada naturalidad que
su fieltro caracterstico, en el cual no podrais suponer un invisible
penacho, sino una pluma de seda.

Pinta y escribe y sabe de muchas disciplinas, como los artistas del
Renacimiento. Y mucha msica ntima y mucha poesa encuentra el
observador meditativo en su pintura, como mucha sutileza y gracia
pictrica en sus prosas, en que el pensador artista deja ver su alma
profunda y delicada.

Comunicar con Rusiol es una fiesta para el espritu. Yo me he
complacido con tales momentos, ya en su morada principesca de Sitges,
ya en la corte madrilea, ya en la divina isla de Mallorca, en la
mltiple Barcelona, en este Pars que l ama y que le ha sonredo.

Sus jardines de Espaa! Los das pasados, Prez de Ayala, que hace
cantos bellos, hizo uno muy bello. Como al tamborilero de Provenza, eso
debe habrsele ocurrido alguna tarde que _vi_ cantar a Rusiol...
Pues cantan esos jardines de pintura con sus ramas de verde, sus
acordes de oros y rojos, sus rboles ojivales, sus fuentes en que vibra
el cristal fugaz de la pluma de agua.

[Ilustracin: SANTIAGO RUSIOL]

Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas de esos hechiceros
jardines, que son, como dice el gran Santiago el _paisatge posat en
vers, i els versos escrits en plantes... versos vius, versos am saba
i amb aroma_ y se dira que en la transposicin estn la misma
vida, la misma armona y el mismo perfume que en el propio paraso
vegetal. Son los dulces vergeles mallorquines, con sus aguas, sus
arquitecturas, sus rosales, los edenes moriscos de Granada; arcadas,
templetes, floralias casi religiosas; rboles como ramilletes, como
pinceles, como obeliscos; macizos arcos como en el _Caminal de rosers_
de Aranjuez; bvedas de verdura; _les grands jets d'eau sveltes
parmi les marbres_, a la verlainiana caricia de la Luna, pues en
plena tierra del Medioda pone Rusiol, a veces, escenarios de fiesta
galante. La _Raixa_ de Mallorca que evoca algo de romano; visiones del
Generalife, con sus canales, sus arbustos en flor, sus tiestos como
clices; o el _Pati de l'Alberca_, en Granada, en cuyo fondo, reflejado
por el espejo del estanque, parece fuera a surgir alguna figura de
Zobeida, de Leila, o de Lindaraja; o bien los viejos cipreses o los
_bouquets_ de almendros en flor, que primorosamente nieva o sonrosa la
primavera mallorquina; o esa _Glorieta_ de la bailarina, que es como
una decoracin de poema; y el fantstico _Rec de boixos_ granadino; y
esa prodigiosa arquitectura verde de Granada, en donde parece que por
obra de Alah--sobre l la plegaria y la paz!--se animase una princesa
de las Mil y una noches, por ejemplo, Dulce Amiga, y recitase estas
estrofas del poeta:

Vas a escapar lejos de mi, oh, pura sangre de mi corazn! t,
cuyo lugar est en este corazn adolorido, entre mi pecho y mis
entraas?--Ah! te suplico, oh T, el Clemente sin lmites, reunir lo
que est separado, T, el generoso que distribuyes a tu placer los
beneficios humanos.

Y ese _Jardi del pirata_ en Mallorca, con sus terrazas vecinas, su
fuente redonda, su horizonte marino? Y el _altar de flors_ y el _Jardi
clasic_ y la _Glorieta_ de Aranjuez, que recuerda el Templo del Amor
versalls; y _El Laberinte_ de Barcelona, con sus verdes en sordina,
sus azules anglicos, sus fanfarrias ocres del fondo, sus recortados
macizos y su ambiente al par lrico y galante? Y tantos poemas que
siguen, todos un encanto para los ojos y para el alma?

En horas secas, complzcome en abrir esta provisin de sueos, y al son
de estas flautas y liras de la vista, por obra de Rusiol, se me abre
un edn de ruiseores, y mi instante aburrido florece y se encanta.

O bien, para pensar o sonrer, con razonada tristeza o gentil y
filosfico humor, leo algn libro o comedia del autor de _Oracions_ y
de _El Mistich_, en su cataln original, aunque haga algn esfuerzo,
por ms que Gregorio Martnez Sierra haya realizado la difcil y
hermosa tarea de verter al castellano la prosa exquisita de nuestro
amigo victorioso.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




FEDERICO GAMBOA


Paso a paso, ganado a puro cerebro y a puro carcter, Federico Gamboa
ha llegado a uno de los ms altos puestos del Gobierno de su pas: a la
Cancillera mejicana. Hablando de su desaparecido hermano Jos Mara, y
de l mismo, escriba hace aos en su _Diario_: Secreta satisfaccin
de vernos l y yo ascendiendo por nosotros mismos, sin ayudas que nos
enrojezcan, ni apoyos que nos avergencen o humillen.

No habr uno solo de sus compatriotas que no aplauda su reciente
nombramiento, pues sus principios siempre han estado basados, ante
todo, en un profundo amor a su Patria. Oid sus palabras: La idea de
Patria--la Patria en forma de carta geogrfica a veces, y a veces en
abstraccin luminosa--, acaricindome de lejos... Desligamiento con
gobernantes y partidos polticos... Esto demuestra la razn de las
generales simpatas. Ni al Csar mismo--ese Csar anciano y fuera del
poder, a quien habr que aplaudir por las enormes etapas de progreso
que hizo adelantar a Mjico--se acerc nunca Federico Gamboa con bajas
adulaciones o splicas de granjera. El verdadero valor del nuevo
ministro de Relaciones exteriores de los Estados unidos mejicanos es
completamente individual: lo constituyen el talento, su nobleza de
espritu, su voluntad, una limpia, larga y honrosa carrera diplomtica,
y un alto nombre literario, que contribuye a la gloria de su pas.

Quin que conozca al Sr. Gamboa no est seguro de que sus prestigios
morales e intelectuales no contribuirn a pacificar y a hacer brillar
en una nueva era la Nacin, cuyos intereses internacionales hoy le
toca dirigir? Mas, hablar de su obra literaria, que es lo que con mi
competencia mejor se aviene.

Es ante todo Gamboa independiente y personal: Mis escritos y mis
actos siempre obedecieron a mis propias inspiraciones. Pocas pginas
autobiogrficas ms decisivas y ms conmovedoras que la dedicatoria de
_Mi diario_: PARA MI HIJO; PARA CUANDO SEPA LEER, pginas de gran
literatura y de gran corazn ordenado: _Le coeur a son ordre_, dice
Pascal.

Sabe del mundo, sabe de la vida, lo cual es decir que sabe de amor y de
dolor. Y una vasta piedad impregna toda su obra.

Yo le conoc en Buenos Aires, en la tertulia literaria de Rafael
Obligado. Ya haba publicado sus _Esbozos contemporneos_, _Del natural
y Apariencias_. Se encontraba al frente de la legacin mejicana como
encargado de Negocios, por ausencia del ministro Snchez Azcona. El
ingenio y el _charme_ personal de Gamboa le hacan grato a todos.
All di a la imprenta su volumen de _Impresiones y recuerdos_.
Despus vendrn, ya alejado de la Repblica Argentina, _Suprema ley_,
_Metamorfosis_, _Santa_, _Reconquista_ y dos volmenes del _Diario_.
En estos das debe aparecer _La llaga_, por la Casa Renacimiento,
de Madrid. Todo esto, recuerdos y novelas, fuera de su labor para el
teatro. En todo terreno ha recogido aplausos y laureles. Su estilo es
castizo en diccin y libre en ideas. Su filosofa es sana y alta; y si
alguna vez hubiese vacilado en sus creencias, la experiencia vital
y el misterioso influjo de lo divino le han apuntalado el alma. Por
ello, en el fondo de sus novelas, de sus obras dramticas, hay mucho
de reconfortante. Las novelas de usted me hacen meditar--le escriba
en una ocasin aquel brillante espritu que se llam Gustavo Baz--; y
guarde usted este elogio que, sobre ser sincero, viene de un lector
asiduo de Balzac y de un comentador escuchado de Stendhal. Y el sutil
Domingo Estrada, entre otros entusisticos juicios: _Metamorfosis_, al
menos bajo ciertos puntos de vista, puede compararse con las mejores
novelas de Pereda, de Valera y de Prez Galds. Y ms adelante: El
secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda
dejarlo de la mano una vez comenzada su lectura (yo me he pasado
cuatro noches sin poner un pie en la calle; en Pars!...), finca
principalmente en el estilo. No conozco otro que sea ms sencillo sin
vulgaridad, ms imaginado sin pedantera, ms elegante sin esfuerzo.

No es Federico Gamboa de aquellos pensadores meritorios de quienes
se pueda temer que por los cuidados y pasiones, por la poltica,
abandonen la labor mental, que constituye lo ms caracterstico de su
personalidad. El hombre de estado cumplir como bueno sus tareas, y
su discrecin y su conocimiento de los graves asuntos en que habr de
ejercitar su pericia no han de quitarle ni la vivacidad y frescura del
ingenio, ni el pensamiento creador ni el _intelletto d'amore_ para su
pasin artstica.

Otras obras vendrn, llenas de amor humano y de fe en la suprema
idea, que enriquecern mayormente el acervo intelectual de su patria
mejicana, o mejor dicho de nuestra Amrica, otras novelas, otras obras
para el teatro; y otros posteriores volmenes de ese _Diario_, tan
lleno de ideas, tan interesantemente anecdtico y que fu dedicado
desde su primer tomo a un mi joven amigo que ya sabe ms que _leer_...
el hijo amado, Miguel Flix Gamboa y Sagaceta.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




AMADO NERVO


En varias ocasiones he escrito sobre la singular personalidad de
Amado Nervo, y siempre con igual simpata y con el mismo _intelleto
d'amore_. Ha sido tan gentil compaero de sueos, en nuestro Pars
amado, hace ya tanto tiempo! Y es tan sutil poeta, tan comprensivo
artista y tan dulce filsofo! Con decir que a pesar de los medios a
que necesariamente conduce la diplomacia, su espritu y su corazn
de sensitivo no han sido contaminados por las promiscuidades de la
carrera...

Yo no leer nunca sin cierta emocin el libro titulado _El xodo y
las flores del camino_, en el cual, entre versos deliciosos y prosas
llenas del encanto de la juventud y del prestigio de un buen arte,
recuerda, en conceptos ya de humor, ya de melancola, nuestras horas
parisienses, nuestra amistad con curiosos ejemplares de humanidad, y la
persecucin de los favores de Nuestra Seora y Reina la Belleza.

La evolucin de Nervo, desde _Msticas y Perlas Negras_
hasta sus ltimas producciones de piadosa, o irnica--muy
suavemente!--filosofa, y sus poemas cortos y sentimentales en que un
gran dolor, de los ntimos y profundos, le ha hecho producir rtmicos y
trmulos sollozos y llantos, es de un gran inters en el conocimiento
de su personalidad intelectual. Una faz nueva se le ha reconocido:
sus aficiones a los estudios astronmicos, disciplina que se aviene
convenientemente con los vuelos lricos y las excursiones, en que el
pegsico mpetu es el conductor.

Su antigua _fe_ haba tomado en los ltimos tiempos un vago tinte
dubitativo; mas el buen maestro Dolor le ha hecho de nuevo recordar
la senda azul. Y luego, siendo favorecido por la Lira, tendr siempre
tiempo de ver reflorecer la primavera, con ojos, si conocedores de los
lacerantes duelos, siempre brillantes al resurgir de las auroras y
al inmortal llamamiento de las esperanzas. El poeta est intacto. No
es Amado Nervo el que la duquesa conoce, el que la marquesa invita a
almorzar, el que tiene ya honrosamente marchitos los oros de su casaca
diplomtica. El sabe bien que en los salones, y sobre todo delante de
sus colegas--como no sean de la familia apolnea--no est bien confesar
intimidades con las Pirides, ni proclamar afeccin al viejo y sagrado
laurel, a menos de ser poeta como tal excelentsimo seor ministro,
que lo mismo confecciona un soneto circunstancial que pone asombro en
los ms intrpidos jugadores de _bridge_. Sabr el _bridge_ ya Amado
Nervo?...

Lo que s sabe y sabr siempre, es infundir en sus versos, que
se visten de sencillez y de claridad como las horas de cristal
que anuncian la paz de los amables das, un misterio delicado y
comunicativo que nos pone en contacto con el mundo armonioso que crea
su voluntad intensa.

A veces, se creera en un desmayo de energa o en un desvo de forma.
No hay nada de eso. Los conocedores saben lo que hay que saber, para
llegar a conmover lo hondo de nuestro sensorio con los procedimientos
menos complicados, ms simples y transparentes. Todo ello est, por
cierto, lejos de la pirotecnia verbal, y de los descoyuntamientos de
pianista que suelen tomarse como distintivos de una fuerza potica
incontestable, y que se achaca al influjo de un modernismo--llammosle
as--que no hizo bien sino a quienes se lo merecan.

Una particularidad que he advertido en Amado Nervo, desde sus obras
de comienzo, es un vago soplo bblico que suele hacerse percibir en
estrofas, que se diran acompaadas de msica sacra.

No olvidar nunca la Semana Santa que pasara en Pars, all por el
tiempo de la Exposicin, en constante compaa del pintor Henri de
Groux, de otro pintor mejicano, de un joven gallardo aficionado al
teatro, tambin mejicano, y de Amado Nervo. Una noche, este soador
se nos desapareci, y hartos de buscarle en los lugares que solamos
frecuentar, se me ocurri indicar que probablemente le encontraramos
en una de las iglesias en donde, por las sagradas celebraciones,
se cantaba canto llano y se sonaban rganos sabios. Le buscamos,
pues, en varias de ellas, y por fin le encontramos, lleno de fervor
mstico-artstico, en Notre-Dame, adonde haba llegado despus de
recorrer Saint-Severin, la capilla de la Sorbonne, Val de Grce,
Saint-Sulpice, hasta que fu a recalar en la Catedral que, segn un
huglatra, es la _H_ del nom de Hugo.

Haba que oir, en aquel tiempo, a Amado Nervo, a quien yo llamara
fraile, o monje del arte. Su uncin, su saber de cosas religiosas,
su aire mismo, daban idea de un admirable oblato, de un seguidor de
Huysmans, a quien desde luego el mejicano pona sobre su cabeza.
Todo pasa, en verdad, y la juventud ms pronto que todo! De aquellos
aos quedaron para el poeta los versos, imperecederos, y un amor,
perecedero, cual la triste carne que Dios nos di como armadura, frgil
armadura, ante lo inevitable. El poeta ha clamado trenos y elegas.
_Mas es suya el alba de oro!_

[Ilustracin]




[Ilustracin]




ENRIQUE RODRIGUEZ LARRETA


Cuando el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ public, para gloria suya,
esa obra admirable que le di fama rpida y triunfante en todo el
mundo literario, yo me llen de entusiasmo, y escrib en Espaa, donde
a la sazn me encontraba, un artculo que expresaba mi sentir, ante
ese esfuerzo que honra, no slo a la Repblica Argentina, sino a todo
nuestro continente. Y decale al Sr. Larreta, entre otros conceptos,
que las nicas cosas que le faltaban para la victoria completa eran la
hostilidad y el ataque consecuentes, y se dira indispensables, a toda
realizacin superior. Ello vino a su tiempo, y sin ms consecuencias
que la de consagrar la solidez de la obra.

Qu ms podra desear el autor de _La Gloria de Don Ramiro_? Encono de
letras semejante habra que buscarlo, en los ltimos tiempos, en los
_panfletos_ contra la obra y la personalidad de Hugo, y que l resuma
en el dstico que comienza:

         _Voici le triple aspect de cet homme froce_...

Yo no conoca al Sr. Larreta, sino por haber conversado con l dos o
tres veces, har cerca de veinte aos, en el antiguo Ateneo de Buenos
Aires. Luego public una bella _nouvelle_ de reconstruccin histrica
en la _Biblioteca_, revista que diriga la autoridad de M. Paul
Groussac. Ya en ese tiempo se hablaba de que tena el joven escritor
una novela en preparacin que le costaba largos estudios, y en la cual
aparecera la personalidad de Santa Rosa de Lima. El plan se llev a
cabo ms tarde. Ya sabemos que la mstica flor peruana perfuma, en el
final de la obra combatida y victoriosa, la muerte de Don Ramiro.

Es notorio que el autor argentino es un gran seor y un diplomtico
que ayuda al prestigio de su pas. En Pars--le habr visitado, a
sus amables instancias, unas tres o cuatro veces--, sin descuidar
sus tareas oficiales, cultiva en sus vagares las letras y las artes.
He recordado a su propsito al autor de _Zanoni_, a un Irving, a un
Valera, a un Salvador Bermdez de Castro. El Sr. Larreta, que es joven,
que tiene la felicidad en su noble hogar, en su alto puesto, en su
salud excelente, en su renombre universal, posee junto con su gran
talento una crecida fortuna. Ello es imperdonable. El _homo sapiens_,
que es el _lupus_ hobbesiano, se eriza ante semejante anomala,
protesta y se indigna. Al hombre muy rico, o simplemente rico, se
le pueden admitir, cuando ms, como a Chatelain o MM. de Rotschild,
obras mediocres. Lo dems es un abuso de la suerte o una parcialidad
manifiesta de la Omnipotencia. Pero el Sr. Larreta, que no tiene la
culpa de su excepcin, debe sonrer y seguir adelante.

Escritores europeos como M. Remy de Gourmont, M. Maurice Barrs,
M. Henri Roujon, M. Paul Adam, etc., han dicho las excelencias del
nico trabajo publicado en volumen por el seor Larreta. La versin
francesa hecha por el primero de esos escritores, da una idea al lector
extranjero de lo que puede ser fundamentalmente la novela en su idioma
original. Pero las calidades de esa escritura flaubertiana, de que
tanto se ha hablado, tan solamente las podemos apreciar los artistas y
conocedores de nuestra lengua.

Intelectualmente, el autor de _La Gloria de Don Ramiro_ est entre las
pocas dominantes figuras de Hispano-Amrica. Su libro es, en su gnero,
con la honesta abuelita _Mara_ del colombiano Isaacs, lo mejor que en
asunto de novelas ha producido nuestra literatura neomundial. Hgase
algo superior, y Larreta pasar a segundo trmino.

Entre tanto...

[Ilustracin]




[Ilustracin]




LEOPOLDO LUGONES


He visto los comienzos de este otro y americano _Spectacle magnifique_.
Enorme suma de condiciones geniales apoyadas por la ms potente y sana
voluntad. Encontrbame en lo vivo de mi sabida campaa intelectual,
en la querida gran ciudad de Buenos Aires, cuando un da se present
en nuestra vibradora hermandad del Ateneo un joven que, al mostrar
sus credenciales rimadas, fu considerado ya triunfante. Un astro!
nos comunicamos todos, con el gentil entusiasmo que all animaba a
coetneos y menores. Nuestra unanimidad vaticin cosas grandes. Para
saludar tal orto escog la ms sonante y dorada de mis trompetas.
Y todas las previsiones tenidas se han ido cumpliendo. La obra de
Leopoldo Lugones es, segn la expresin de uno de sus crticos, _vasta
y bella como una creacin natural_, o bien, _como una vasta serie
panormica de montaas_. En verdad, las que han atrado mayormente
en esa encantada cordillera, son, por el brillo de sus cumbres, por
la riqueza de sus entraas, por ms de un misterio cabalstico, o
miliunanchesco, _las montaas del oro_. Fijaos bien en las otras
alturas: hay amontonamientos de rocas, entre las cuales histricas
ruinas; hay colinas frtiles, con pequeas ciudades, jardines y
quioscos de arte; hay aglomeraciones de fbricas con chimeneas y casas
de veinte pisos como las de los yanquis; hay intrincadas y sabias
arquitecturas, y abajo, la extensa pampa con sus bblicos ganados.
Pero las Montaas del Oro, que conocen bien tan slo los simbades del
castellano, montaas que consagrar la primavera, y en donde tiene
su palacio la juventud, digo en verdad que atraern siempre a todos
los buscadores de milagro y cateadores de poesa. Aureo, bravo, caro
Lugones! Vigoroso por temperamento, nutrido de los mejores saberes y
remiso en toda aplastadora apretura escolar, desde muy temprano supo
aprovechar el don, rarsimo si se mira bien, de la autocomprensin
y valorizamiento propio. Tal, por mayor suma de aristocracias,
se denunciara anarquista de los ms encendidos. La violencia del
color--Aplaudido sea el profeta!--fu con el tiempo comida por el sol,
no sin que hoy subsista el nato combativo caza-coronas y amigo de la
Repblica francesa, a pesar de las Espaas ancestrales.

      Antiguamente decan
    a los Lugones, Lunones,
    por venir estos varones
    del gran castillo. Y tenan
    de Luna los sus blasones.

Su genealoga mental--por Dios, siempre descendemos, o ascendemos de
alguien, y ha existido el Adn literario!--le emparenta con cules
antecesores? Pero ningn espritu encuentro ms fraternal para el suyo
que el de Edgar Poe--tanto en todo va buscando su equilibrio nuestra
balanza continental. Mas, a donde no llega la vista, a cualquiera de
los puntos cardinales que se dirija, desde la cumbre de sus montaas?

Listo para todos los combates, apolneo, hercleo, persico, davdico,
ello transmutado en sangre neomundial, su iniciacin en la orden del
Arte, queda como un acontecimiento en la historia del pensamiento
hispanoamericano, y no es uno de mis menores orgullos el haberme tocado
ser, en das floridos, Anquises de tal Marcelo.

Todo conquistado: renombre, respeto y consideracin en los propios
patrios sanedrines, admiracin y afecto entre sus iguales. Todo,
hasta el denuesto regocijador y la parodia plausible. Todo, menos la
verdadera comprensin de ciertas cosas suyas al lado de las cuales se
ha pasado sin penetrar lo que dentro se contiene. Mas, desde cuando es
comunicado a todos el _sckiboleth_?

La obra primigenia de tal hroe, cuyo anlisis sea para estudiosos y
minuciosos crticos, hceme pensar en las adolescencias profticas,
en una prdida y encuentro, no en el templo entre los doctores,
sino en el bosque entre los leones. Hay all, sobre todo, un infuso
conocimiento de cosas inmemoriales que se ha transmitido a travs de
innmeras generaciones, y que hace vagamente reconocerse, apenas, con
algn rarsimo _contemporneo_, en un rpido choque de miradas, o en la
similitud de interpretacin de un gesto, de un signo, de una palabra.

Ya en la tarea de ideas, revlase la inagotable mina verbal, la
facultad enciclopdica, el dominio absoluto del instrumento y la
preponderancia del don principal y distintivo: la fuerza. Propaganda
patritica, ciencia civil, historia, cuento, enseanza, discurso
ocasional, todo es pletrico, todo est lleno de vital y viril fuerza.
Verdad que oiris un son de flauta en los Crepsculos del Jardn.
Acordaos del Polifemo que canta Tecrito y Poussin pinta. Y luego:
_Quid dulcius melle et quid fortius leone?_ No haban vibrado antes
en una lengua de potente amor versos capaces de encender estatuas?

No creo yo que en nuestras tierras de Amrica haya hoy personalidad
superior a la de Leopoldo Lugones, quien antes de llegar al medio del
camino de la vida, se ha levantado ya inconmovible pedestal para el
futuro monumento. _Las Montaas del Oro_, _Los crepsculos del jardn_,
_El imperio jesutico_, _La guerra gaucha_, _Las fuerzas extraas_,
_Lunario sentimental_, _Piedras liminares_, _Didctica_, _Prometeo_,
_Odas seculares_.

All en la lejana Crdoba del Plata, una anciana tiembla an de
temeroso gozo maternal. Misia Custodia, qu nombre el de usted, para
ser llevado en la Catedral de las glorias argentinas!...




[Ilustracin]




ENRIQUE GOMEZ CARRILLO


En una de las muchas cartas que conservo del Sr. Gmez Carrillo--de un
inters para ms tarde--, hay una en que me agradece el haber venido a
Pars. Cmo fu ello? Ya lo he contado alguna vez. Diriga yo, all
por el ao de 1890, en Guatemala, un diario: _El Correo de la Tarde_.
Un da se present con unos trabajos un joven, muy joven, de un moreno
dorado, de copiosos cabellos y ojos de soador, y que manejaba ya
cierta sonrisa caprichosa, con cuyas consecuencias habra de cargar yo
mismo pasando el tiempo. Intimamos. Y entonces yo seal el camino de
Pars.

El camino de Pars! Sabra Gmez Carrillo que era el de su tierra
prometida? Cierto que en l, por su madre, haba sangre francesa;
pero su padre, historiador notorio y escritor de cepa castiza, era de
puro origen espaol, severo en dogmas de gramtica y de bien decir, y
con entronques aristocrticos en la Pennsula. Era, pues, quizs, el
camino de Madrid el que hubiese tomado, sin mi dichosa intervencin, el
futuro autor de tanto libro de prosa danzante, preciosa y armoniosa,
que haba de ser tenido despus como un parisiense adoptado, y alabado
por escritores de renombre en esta capital de las capitales. Lleg
a Pars a luchas y luch. Luch primero en la inevitable Casa de
Garnier Frres. Quin dira que el escritor sutil y librrimo hubiera
colaborado en la seria y acadmica tarea de hacer un diccionario?

Pronto el guatemalteco se satur de Pars. Su primera produccin, una
_plaquete_ hoy inencontrable, a punto de que creo que el propio autor
no la tiene, suda el ms amizclado y enfermizo de los Parises por todas
sus letras. Llegado en pleno hervor simbolista, Gmez Carrillo haba ya
conocido a todos los dioses, semidioses y corifeos del movimiento. Era
amigo de Verlaine, de Moreas, de Reynaud, de Duplessis, de todos los
concurrentes a las comidas y reuniones de _La Plume_.

[Ilustracin: ENRIQUE GMEZ CARRILLO]

Su cultura aument da por da en este ambiente de arte; y, relacionado
con Espaa, comenz a escribir en la Prensa de Madrid, tan constante
y brillantemente, que le han llamado Prncipe de los cronistas.
Entr con el tiempo a formar parte del cuerpo de corresponsales de _La
Nacin_ de Buenos Aires, y su produccin adquiri mayores quilates.

Se dedic, por higiene, a la esgrima, y esas prcticas le convirtieron
en uno de los ms conocidos duelistas parisienses. Conoce varias armas,
y creo que tambin el _box_.

En su obra pasada prevalecen, junto con un inesperado sentimentalismo
que se dira romntico, mucha modernidad, la euritmia, las elegancias
femeninas, la danza, los personajes de la comedia italiana, la
ancdota maliciosa, la conversacin con sus amigos clebres, la irona,
el halago, la perversidad, el goce, todo lleno de una sutileza francesa
de modo que se dira escrito, o por lo menos pensado en francs, en
parisiense.

Luego llegaron sus libros de viajes, que le hicieron considerar como
el Loti castellano, pues aparecieron dones de penetracin, afinidades
filosficas, calma y serenidad, adems de sus condiciones de paisajista
y descriptor, dueo de una rica paleta, y siempre vibrante ante el
espectculo artstico o la figura sugestiva. Su libro sobre Grecia
seal principalmente la nueva manera. Y su libro sobre la Tierra
Santa, adonde hiciera recientemente una visita, es, a mi entender,
lo ms firme, lo ms sentido, lo ms meditado y estudiado de toda su
obra; pues quizs, as fuese por un momento, influencias ancestrales
despertaron en l la verdadera emocin y la seguridad ideal, sin lo
cual nada se escribe de duradero y de firme. Y realiz un bello,
armonioso y erudito libro. Es un escritor dichoso.

Antes de aparecer su obra, un obispo de Colombia le ha excomulgado! Lo
cual har para _Jerusaln y la Tierra Santa_ una singular propaganda.

Le han prologado y alabado sus libros, escritores como Paul, Adam,
Jean Moreas, Emile Faguet, Catulle Mendes, Vicenti, Cortn, quien
estas lneas escribe, y otros nombres ms. Si este diablo de hombre
quisiese, aun despus de la excomunin, le prologara ahora un cardenal!

El Gobierno francs le hizo caballero de la Legin de Honor.




[Ilustracin]




RICARDO ROJAS


Poned a esta cabeza un turbante de seda, y diris ser la de un joven
maharadja; un fez, y tendriais a un noble egipcio. De la India, del
Igipto, de Ceyln, de Oriente en su aspecto; y ello no os sorprender,
puesto que sabis de las discusiones sobre las relaciones orientales
prehistricas, entre los aborgenes americanos y los pueblos de
Oriente: La cabeza de Ricardo Rojas, la cabeza fsica, es la de un
cacique. A l ello le complace, pues alienta y vive de su Amrica. Un
espritu seductor y un poeta gentil, Eduardo Talero, cuando Ricardo
Rojas se preparaba para venir Europa, exclamaba: El poeta Rojas en
Europa?... Qu va a hacer? Por qu exponerse a que las grisetas
del bulevar lo miren de hito en hito, sin sospechar que bajo el color
oliva de su rostro hierve el aceite de una lmpara de oro, y que bajo
esas fibras de carbn adusto al peine yacen en huacas de indio las
cristalizaciones del sol ms linajudo de la tierra? A Rojas, como a
los dems poetas bien raigales, deba la Repblica coronarles de roble
y andubay, y en vez de permitirles estas excursiones por Europa,
ponerles en lo mas intrincado de la selva a recoger mieles lricas
en los panales y los nidos, a ver de olvidar lo que aprendieron
en la escuela y a ponerse en acecho de los stiros y mafirihadas
aborgenes.--Ah!--Contesta Ricardo Rojas, desde Pars, no sin
tristeza siquier dominada por su preexistente carcter--si la
Repblica coronara de roble y de andubay a sus poetas, no buscaran
ellos en el xodo y las peregrinaciones azarosas el lenitivo de sus
secretas amarguras, ni recurrieran, para el sustento del camino a la
produccin forzada y premiosa, que, si no malogra, retarda al menos
la obra donde florece el genio de una raza!--Y luego... Yo procur
ser til a mi patria y digno de ella en el extranjero. Yo no llev mi
ofrenda de mirra salvaje a la casa de los pontfices literarios. Yo
desde el elogio fcil de los _matres_ que ignoraban mi idioma. Yo me
acerqu a hombres y monumentos con tal independencia mental, que mis
opiniones de meteco sublevaron algo una protesta. Yo dije a pblicos
del viejo mundo las esperanzas del nuevo. Yo torn ms alto y puro mi
corazn ante las nobles figuras del arte clsico. Yo admir de Europa
la razn secular de su cultura, e inspirndome en ella, prediqu a mis
lectores del Plata un evangelio de belleza...; la devocin al ideal
como contrapeso a los esplendores materiales. Ah reside para m la
diferencia entre las viejas y las nuevas civilizaciones, y al admirar
de estas sociedades la tradicin civil de su cultura, no lo hice en
detrimento de las cosas nativas: antes bien, procur dar nueva vida a
ese culto europeo del ideal como la pasin americana de mi alma, que
enardeci la ausencia. Este es el hombre. Y al conocerle os conquistan
bondad y talento. Y la primera condicin cun rara ahora en un
intelectual! Su pensar crece ampliamente. Consagrado al culto patrio,
lucha porque se mantenga el principio nacionalista a travs de las
invasiones que el mundo todo enva a la proficua tierra argentina. Su
americanismo y su patriotismo tienen muchos puntos de contacto con los
del gran cubano Mart. El trabaja en lo que llama su evangelizacin
idealista, y dotado del don pedaggico inculca sus enseanzas en la
generacin universitaria que le escucha. Todo eso en el comienzo de su
camino.

Hace cinco aos, en el _manoir_ de Boultous, despus de haber yo hecho
la presentacin del poeta argentino al prncipe lrico de las analogas
y de las imgenes en lengua francesa, al grande y bueno Saint-Pol-Roux,
llamado el magnfico en los bellos tiempos del simbolismo francs,
nos pusimos a hablar, durante el almuerzo y a la hora del champaa,
de nuestras respectivas edades. Y al decir Ricardo Rojas la suya,
una palabra brota de labios del _matre_ de _rans_, de la seora
de Saint-Pol-Roux, linda y gentil, de los hijos, Divine, Coecilian,
Loredan; y esa misma palabra era: Bravo! Se aplauda, como un bello
verso o como una msica amable, la confesin de la ms lozana juventud.

En plena juventud, pues, trabaja ese cultivador de ideales y
constructor de sueos. La produccin que ha dado ya, garantiza para
maana copiosas y firmes obras. Pocos como l poseen igual suma de
inquebrantables y nobles deseos y esa virtud de consagracin, sin
aportar constante brega o sacrificio para llegar al punto ambicionado,
que no es sino, en los sealados, una etapa que inicia nuevos caminos y
ascensiones.

Sus calidades de pensador y de estudioso y sus disposiciones
catedrticas, se advierte en obras como _La restauracin nacionalista_,
la introduccin a la _Bibliografa_ de Sarmiento, y el excelente libro
sobre el abolengo de los argentinos titulado: _Blasn de plata_.
Asimismo, en sus _Cartas de Europa_, hbil, documentada y nutrida labor
de periodismo, pero en donde, como en todo lo de Rojas, encontraris de
pronto el poder lrico, el tender a la trascendencia, y una armoniosa y
aun elocuente riqueza verbal. Y a esto no dejis de agregar la emocin,
pues l tambin es un sentimental, un sensible y un sensitivo.

En estas lneas, concentradas y sintticas, no quiero ni puedo hablaros
de sus procedimientos, de sus parentescos mentales, de su tcnica. Ello
conviene a otra clase de estudio. El poeta se inici con _La Victoria
del hombre_, obra poemal que no se avena con mis gustos, pero en la
cual hall, como me acontece con cualquier obra de cualquier escuela
o de cualquier autor, la parte de belleza que poda satisfacerme y
que poda admirar. Luego he ledo _Los lises del blasn_, libro de
un excelente artfice, exquisito y fro, trabajado y pulido, y en el
cual se siente el dominio de la forma, erudicin potica, y voluntaria
o involuntaria fuerza de asimilacin. Mas en quin, aun entre los
mas grandes, no encontrar un antecedente o semejanza en el prodigioso
universo de la Lira?

Este libro de poesas me ha hecho pasar gratos momentos; no ser yo
quien se detenga a sealar lo que por completo no satisfaga. Slo
afirmar que si peca, es por exceso en el deseo de perfeccin, o
por dilectantismo en los descuidos. Marmreo, amador de lo clsico,
moderno, sapiente o funambulesco, quien ha escrito esos versos es
un apolonida, un prestigioso tocador del instrumento divino. Yo me
precio de comprender su espritu y de admirar su feliz consagracin.
Mucho debo tambin a sus gallardos entusiasmos y a su afecto. Gongora,
Banville, Montesquieu, celebraran ms de una de sus ejecuciones. Y
quin no alabar a quien en su retiro compuso esos poemas, varios como
las cosas y los das, en loa del Amor, de la Amistad, de la Belleza, de
la Patria, que fueron tregua y ornamento en medio de la vida amarga
y bella? Vendrn frutos de mayor jugo y ms completa sazn; vendrn
productos ms temperados y de vastas proyecciones; pero el frescor de
las horas primaverales permanecer en las cosechas primigenias.

Hay un soneto final en el volumen en que me ocupo, que hace ver un
Ricardo Rojas supersticioso, como cumple a un verdadero interrogador
de los misterios del mundo. Tratan esos catorce versos de la
malhadada profeca de una gitana, que al probar en el poeta su saber
quiromntico, interpret el fatdico signo de una muerte temprana:

      Deme esa triste dicha de perecer maana
    La Lvida que acecha mi paso en el camino,
    Cuando an mi carne llore por el arte divino
    Y arda mi alma en la lumbre de su pasin humana.
      Corte el hilo invisible de mi vida su diente,
    Antes que se marchite la rosa de mi frente;
    Mas concdame, al menos, en mi destino raro,
      Realizar en el mundo la visin de mis sueos,
    Que es dejar a otra frente mi corona de ensueos,
    Y mi amor en el ritmo de poema preclaro.

Las gitanas, como todas las sibilas, suelen con bastante frecuencia
equivocarse, y el poeta tiene posiblemente en su vigor de voluntad el
secreto de su vivir. Despus de _Los lises del blasn_, despus de _El
Libro de Persphone_, despus de _La Sangre del Sol_, dos libros, estos
ltimos, que aun no conozco, han de venir otros ms firmes y melodiosos
poemas. Y el patritico idealista completar tambin la tarea para la
que ha nacido.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




MANUEL UGARTE


El Sr. Manuel Ugarte, tan ventajosa y profusamente conocido en
la Prensa hispanoamericana, en Espaa, en el elemento socialista
de Francia; que ha sido un ferviente adorador de las musas y de
las gracias; que recientsimamente ha publicado un libro de gran
resonancia, que ha tenido comentadores hasta en el lejano Japn, _El
porvenir de la Amrica latina_, recorre hoy los pases de nuestro
continente e islas castellanas, dando en conferencias voces de alarma,
sealando, _gesto_ complementario de su doctrina opuesta, el peligro
yanqui. Ya en Cuba, y a pesar de que ha mentado la soga en casa del
ahorcado, fu recibido con la usual ferviente gentileza que, para
los escritores extranjeros tienen los hombres de letras cubanos. Los
merecimientos de Manuel Ugarte harn, desde luego, que en todos los
pases que visite sea acogido con fraternal cordialidad.

Supongo que las prdicas del nuevo cruzado expondrn y desarrollarn el
espritu de su libro, que l llama sencillo, pero que no lo es tanto
como su modestia lo declara. Hay en l ideas, estilo, entusiasmo, y,
hasta el guila de la cubierta, que lleva en las garras el pabelln de
los Estados Unidos, haba de llamar la atencin sobre todo al yanqui.
As fu que, en la tierra de los dlares, fu examinada o combatida
su obra, mayor y ms detenidamente que en ninguna otra parte. Tal
libro es un libro _de buena fe_, que dira Montaigne, un libro que,
para el ideal que sostiene, haca falta. El grito de alarma se haba
dado ya lricamente. Vargas Vila, entre otros, haba lanzado terribles
clamores; Jos Mart, ms de una vez, haba dicho cosas bellas y
profticas sobre el acecho de los hombres del Norte. Yo mismo, hace
ya bastante tiempo, lanc a Mr. Roosevelt, el fuerte cazador, un
trompetazo, por otra parte inofensivo. Pero esas son cosas de poetas.
El volumen de Manuel Ugarte es trabajo de estudioso, con observaciones
felices, erudicin, mtodo, y, aunque el autor no lo quiera,
literatura. Y, sobre todo, ha sido un volumen _sensacional_. Todo ello
es hermoso, plausible y meritorio.

Claro est--dice Manuel Ugarte--que todo grito de polmica tiene que
levantar objeciones. Unos censurarn la desconfianza que nace acaso de
la contradiccin, entre el valor inapreciable de nuestro porvenir y la
debilidad que nos imposibilita para defenderlo. Sois, nos dirn, como
el nio que ha cogido una mariposa y la aprieta en el hueco de la mano
a riesgo de destruirla. Otros criticarn el optimismo, brote espontneo
de una concepcin batalladora y enrgica de la vida. Los ms hostiles
pondrn en tela de juicio el inters del estudio. Los ms hbiles le
darn un alcance que no tiene. stos le motejarn de antipatritico.
Aqullos vern en l un sntoma de imperialismo. Y condenada aqu a una
circulacin silenciosa por las conspiraciones intiles, levantada all
por las olas confusas de las divergencias, la obra estar siempre lejos
de conseguir una aprobacin unnime. Yo no soy de los hostiles, y
digo: el libro es interesante, muy interesante. Aplaudo el optimismo,
porque es bello y saludable. Celebro la intencin romntica y generosa.
Y despus de aplaudir el libro, aplaudo el viaje. Pero... en cuanto
a los resultados, me declaro absolutamente pesimista. Unos pueblos
en donde el dlar impera ya, estn contentsimos segn parece. Y en
los otros, hay quienes tienen envidia a los primeros, y desean que el
monstruo les devore. Conozco al monstruo porque he vivido mucho tiempo
en sus entraas, deca Jos Mart, desde New-York. Y los _pueblos
enfermos_ parece que dijesen: Seor monstruo, le damos las gracias,
puesto que nos va a comer en salsa de oro.

Por lo que toca al autor y oral propagandista, no es detalle secundario
lo que se diga de l. Y yo digo que, aunque el porvenir de la Amrica
Latina sea el previsto fatalmente, Manuel Ugarte, con sus esfuerzos en
el libro, en la Sorbona y en el viaje, habr ganado el mejor laurel
para su cabeza.

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ANGEL ZARRAGA


Lleg de tierra mejicana a Europa joven, muy joven.

Escriba versos, pintaba cuadros, estaba lleno de ilusiones de gloria.

Los versos y las pinturas revelaban un hermoso y fresco talento, en el
cual se encontraba una cuidada cultura, la decisin y la pasin del
artista nacido y la chispa americana.

Se fu a la madre patria, a Espaa; los versos fueron poco a poco
quedando en segundo trmino y Angel Zrraga, como posedo de su
verdadera vocacin, busc a los maestros pintores peninsulares, visit
y estudi el Museo del Prado, entr al taller del admirable tcnico
que es Sorolla; aprendi todo lo que pudo aprender; se relacion con
los intelectuales, fu ntimo de Valle Incln, de los Baroja; se uni
a los jvenes que hoy brillan en el arte espaol. Luego fu a Blgica,
ensay tales o cuales novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dej
piafar su juventud ansiosa. La reflexin lleg, y cambi los nuevos
buscadores por los viejos maestros. Quintn, Metsys, Memling, todos los
grandes flamencos fueron admirados y comprendidos por el hijo del pas
azteca, que lleva sangre vasca en las venas. En Holanda conoci y trat
a ms de un raro de la pintura, como ese misterioso y singular Toorop,
sobre quien se dira ha soplado una rfaga venida de las entraas de la
antigua India. Luego, Angel Zrraga pas a Italia, y fu encantado por
la ms maravillosa y deleitable msica de los ojos, con los poderosos
creadores del Renacimiento, con los prncipes del dibujo y reyes del
color, con los suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios
que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia y fuerza pictricas.
Mas no fueron solamente los italianos, sino otros grandes de otras
partes quienes prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y as ha
escrito Rodolfo Panichi: Il Rembrandt, il Morone, il Tintoretto, il
Velzquez, il Goya, sono i veri maestri che lo Zrraga ha nell' nima e
nell' ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi meravigliosi
dei Veneti del decimosesto secolo e degli Spagnuoli del decimosettimo
si possa esprimere tutta la complessit e l'inquietudine della vita
contemporanea. Egli trascura pertanto ogni artificio di tecnica
moderna, riescendo ad ottenere una luminosit composta, una intonazione
gradevole e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla divisione e
sovraposizione del colore devono avergli giovato notevolmente. Cosi, se
c'e talora nei suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione
delle parti principali, e di convenzionalismo negli accessori che
ricordano le composizioni del nostro risorgimento, egli resta per
psicologicamente indipendente. Y es lo cierto que, de su incursin
por el espritu del arte moderno, han resultado obras que tienen una
caracterstica, un sello personal inconfundible en figuras magistrales,
slo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el tipo de los campos
es distinto, es el pas castellano, son los contornos de Toledo y
de Segovia los que el pintor siente y reproduce: un pas lleno de
melancola y de tristeza... En Espaa ha encontrado Zrraga muchas de
sus figuras. _La vieja que ora_, arrugada y triste de una pena secular;
_La mala consejera_, la celestina de cara de buho, junto a la muchacha
rozagante, carne de vicio; _La bailarina desnuda y la trotaconventos
maternal_; _La mendiga y la vieja del rosario_ y _El Trptico_ de las
dos mozas ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado,
pero viviente de su vida srdida, devota y tradicional.

Y las lindas figuras femeninas de Angel Zrraga! La del _Don, Marta
y Mara_, ascetismo y voluptuosidad; el otro clido desnudo de la
_Alegora del Otoo_, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia;
un precioso retrato de adolescente; la dama arrodillada ante el San
Sebastin, un tanto paganizado del _Voto_, que se expuso en el pasado
Saln de Otoo; la hembra de _la femme et le pantin_; y, sobre todos,
esa maravillosa _Novia_, cuadro que con sus dos desnudos es un canto
misterioso a la _arcilla ideal_, al hechizo enigmtico de la mujer, y
que, vagamente sugiere en la simblica Granada entreabierta, el arcano
amoroso y la iniciacin de las iniciaciones. Paso a paso, consciente y
con seguridad, va Angel Zrraga camino de la gloria.




[Ilustracin]




ALBERTO DEL SOLAR


La Real Academia Espaola, que acaba de abrir sus puertas al escritor
chileno Alberto del Solar en calidad de miembro correspondiente, ha
realizado un acto de completa justicia. Ha tiempo que el autor de
tantos libros plausibles, que acaban de aparecer compilados en una
bella edicin de _Obras Completas_, era merecedor de tal homenaje.
Fuera de sus mritos de novelista, de narrador, de poeta, de autor
dramtico, ha sido siempre cultivador de la tradicin castiza de
nuestra lengua, y no ha transigido ni aun con la singular costumbre,
que creo que se debe a D. Andrs Bello, de usar la i latina como
conjuncin en los casos en que todos usamos la _y_ griega o _ye_.
Va bien, pues, Del Solar, entre los que tienen por especial misin
limpiar, fijar y dar esplendor al idioma castellano.

Una de las particularidades que distinguen a Alberto del Solar es su
americanismo, demostrado desde antao. Desde sus recuerdos sobre la
guerra del Pacfico, en la cual, siendo muy joven, tom parte por mar
y por tierra, hasta sus ltimos trabajos, casi todos, todos puede
decirse, se refieren a nuestra Amrica, y principalmente a Chile, su
patria, o a la Repblica Argentina, patria de sus hijos.

En esos recuerdos a que me he referido brilla un vibrante amor de la
tierra natal, y de sus glorias, y se habla con palabras de verdad y de
entusiasmo--yo vi, yo estaba all--del herosmo del soldado chileno,
de su terribleza y de su resistencia. Y no hay, desde luego, ninguna
manifestacin de odio o rencor al enemigo. En la novela _Huincahual_,
que pasa en tiempos del antiguo Arauco, y que habra regocijado a
Marmontel y logrado la aprobacin de Chateaubriand, se trata de luchas
y amores entre personajes de las razas contrarias: la conquistadora
y la autctona. La narracin es clara, sencilla, con justa y precisa
erudicin, como que se apoyaba el autor en documentos del eminente
americanista Medina, y de un inters sostenido y atrayente. Me ha
gustado e interesado tanto, que pienso hablar de ella cuando hable de
otras novelas hispanoamericanas, escriba D. Juan Valera.

En _Rastaquouere_, otra novela, trabaja Del Solar en materia
contempornea y graciossima; est muy galanamente escrita, y contiene
muchas y muy saludables enseanzas.

La novela _Contra la marea_, entusiasm a poetas como Rafael Obligado,
cuando fu leda en reuniones literarias en casa de ese noble e ilustre
amigo; yo asist a algunas durante mi permanencia en Buenos Aires. Es
tambin labor americana, de ambiente argentino, y en ella, como en
_El Faro_, otra novela escrita sin que conociese el autor _La Tour
d'Amour_, de Rachilde, aparece uno de los elementos que ejercen mayor
atraccin en la facultad imaginativa y creadora de Alberto del Solar:
el mar.

En las concertadas lneas de esta cabeza no podra ni someramente
juzgar ni presentar toda la obra ya numerosa de mi eminente amigo.
Alguna vez--hace ya aos--expres mis elogiosos pensares en el prlogo
de uno de sus libros. Hoy podra agregar que ha contribudo a la
formacin del teatro nacional argentino, con la presentacin de ms
de una obra celebrada a pesar de lo dificultoso de la empresa. De su
comedia _El doctor Morris_, que creo se ha representado tambin en
ingls, deca el poeta Daz Romero: Es una de las obras de teatro
ms seductoras que se hayan representado en este pas. Y de _El
Faro_, _Chacabuco_ y otros trabajos se han hecho los juicios ms
satisfactorios.

Mucho habra que decir del crtico, del conferencista, de algn
excelente ensayo de historia; mas ello no cabra sino en lneas
mayores. Debo, sin embargo, hablar del poeta. Y aqu volver a recordar
cmo aviva su fantasa, y le mueve a expresarse mtrica, sonoramente la
vasta influencia ocenica, advertida desde su infancia en la pintoresca
y encantadora Valparaso. Cuando aparecieron en _La Nacin_, de Buenos
Aires, versos de Del Solar, el hecho caus asombro. Sus colegas de
la prosa se asombraron: ante los mundanos y ante los de los millones
perdi mritos; los poetas, celosos de su ciudad sagrada, le exigieron
el _schiboleth_. Con todos ellos supo entenderse; y al publicar
recientemente su poema _El Diamante azul_, en que siempre aparece la
prodigiosa Thalassa, se ha visto que se trata de un verdadero lrico,
conocedor de nuestro parnaso y de los grandes poetas ingleses, y cuya
factura de corte clsico no le impide vuelos muy modernos, pegaso y
aeroplano. Pginas entusisticas se han escrito sobre ese hermoso
poema--entre ellas una notable de Luis Berisso--, y en ellas se alaba
el dominio de la expresin y la fuerza imaginativa. Yo he ledo con
detencin esos resonantes y giles versos que expresan un significativo
mito y que juntan la gracia de las ficciones y metamorfosis antiguas
a un tema que no puede ser ms real, en las frreas y mecnicas
tragedias de nuestros das: el naufragio del _Titanic_. Una leyenda
comentada por los diarios a raz de la prdida de aquel colosal barco,
di motivo a que Del Solar escribiese su conmovedora y musical obra, y
el poema surgi, digno del poeta y de la poesa.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




JACINTO OCTAVIO PICON


La reciente eleccin de la Real Academia Espaola ha sido, con
justicia, muy bien recibida en los crculos intelectuales. El elemento
antineo se ha sentido con gran regocijo; pues hubo lucha en el reino
gramatical, y, sin la oportuna llegada de votos importantes como
Galds y Sells, es casi seguro que hubiera triunfado el candidato
conservador, el eminente annimo D. Angel Mara Decarrete. Picn es un
espritu simpticamente vivaz, uno de los mejores escritores de su pas
y un _gentleman_ cuya correccin se viste de amabilidad: hice, pues, mi
visita a Picn.

Yo no le conoca personalmente; no obstante, un acadmico siempre
tiene ante nuestra imaginacin cierta gravedad doctoral: as, mi
sorpresa, al ser presentado, no pudo disimularse: nada de lo imaginado,
ni siquiera anteojos! En su _garonnire_, donde preside el ms
discreto y elegante gusto en el arreglo y decoracin, vive entre libros
y obras de arte: viudo que parece ms joven que sus hijos ya hombres.
Hidalgo antiguo con el aspecto de un clubman moderno: dedicado a sus
libros viejos para saber y decir cosas nuevas. Al mirar, los ojos finos
parecen que registran las intenciones; el ademn es franco y noble,
el apretn de manos da la sensacin de la sinceridad. Es afectuoso y
varonil, sin melosidades falsas ni chineras de frmulas. A poco, ya
estamos viendo una nueva edicin del _Quijote_ hecha en Inglaterra; y
con tal causa admiro su conversacin erudita, su pericia de biblifilo
y su seguridad crtica. Me muestra buena parte de sus libros raros, de
sus ejemplares preciosos, con orgullo de buen artesano que supiera la
calidad de sus tiles, con el aire de un maestro de armas que ensease
sus mejores espadas y floretes. Ya es un curiossimo libro de refranes,
ya un Quevedo que tuvo entre sus manos la censura de la Inquisicin,
con versos y estrofas tachados, que en las ediciones posteriores,
o estn reemplazados por puntos suspensivos, o suprimidos; o ya por
mostrar lo que es el lujo aristocrtico de la tipografa espaola,
volmenes de Monfort, de la imprenta real, o de Sancha.

--Un cigarrillo?

Tengo que confesar, con verdadero encogimiento, que me es extrao el

    Agrable tabac, charmant amusement
    Qui d'un langage muet entretient en fumant,

como dice el rampln rimador del _Portrait Universel_; y como se
sorprendiese--Un americano que no fuma!--sostengo el honor de nuestro
continente citando a nuestros ms ilustres fumadores, comenzando con el
general Mitre.

Le pregunto algo sobre la recepcin en la Academia y cundo se
verificara.--Vea usted--me dice--, ha sido costumbre generalmente
adoptada en este Instituto, que los acadmicos elegidos dejen pasar
tres, cuatro, cinco y hasta nueve aos para ingresar en sesin pblica
y pronunciar el discurso de reglamento. Yo pienso hacerlo probablemente
a principios de ao, quiz en el prximo marzo. Y me salgo de la regla
por varias razones, y no es la menor el que sea D. Juan Valera quien
tenga que contestarme. Nuestro D. Juan est, aunque todava fuerte, en
una edad muy avanzada, ciego: y una enfermedad a sus aos, por leve
que fuera, le impedira ocupar su puesto en mi recepcin. Confieso
que prefiero salirme de la costumbre acadmica a privarme de la honra
y el placer de que sea Valera quien me reciba al ocupar mi silln.
Adems... (y aqu no s si sea indiscreto como amigo, aunque lleno
mi labor de periodista, al reproducir las palabras del Sr. Picn),
adems, los neos se han portado muy mal conmigo en esta emergencia. Los
acadmicos que me apoyaban, haban anteriormente ayudado a la eleccin
de un candidato conservador, con la condicin de que mi candidatura no
encontrara obstculo de parte de aqullos. Pues bien, ahora, si he
podido vencer, ha sido con la oposicin de ellos, y gracias a que dos
votos que faltaban llegaron a tiempo, haciendo viaje exprofeso Galds
de Santander y Sells de Portugal, en donde a la sazn se encontraban.
Quiero, pues, entrar pronto y ocupar el puesto que me corresponde
entre los de filiacin; contribuir a evitar algunas cosas y a realizar
otras...

Yo miraba a aquel hombre nervioso, vibrante de intelectualidad, en lo
ms firme de sus aos, extranjero entre calvas y pelucas, y recordaba
sus pginas valientes de arte y de idea; sus varios pinchazos a la
misma Academia, como aquella graciosa nota de un captulo de _Dulce
y sabrosa_: El autor haba escrito _manguitos_. La Academia dice
_mangotes_. Paciencia!; su libertad de juicio, su continuo volar
hacia adelante sin perder por esto sus adoraciones antiguas y cultos
clsicos; sus declaraciones de partidario del progreso moderno y hasta
sus audacias de socialista; y frases como aquella que en un prlogo
suyo le declara soldado raso, contra todas las ideas casi vencidas de
lo pasado y a favor de las esperanzas de lo porvenir, no triunfantes
todava. No llega, pues, con las simpatas de los inmortales
ortodoxos. Mas puede decir al entrar las palabras de Warburton a lord
Sandwich: _Orthodoxy my Lord, is my doxy_.

--Lo que ser reido--le dije--, es la eleccin de presidente, que debe
estar prxima, pues el conde de Cheste enfermo, y cerca de los cien
aos, deber tener pronto reemplazante.

--S. Los neos querrn imponer a su candidato y nosotros haremos lo
posible por impedirlo.

--Pero usted atacara a Menndez y Pelayo--le pregunt, pensando en el
ms meritorio del grupo conservador.

--No se trata de Menndez y Pelayo. Marcelino, que, con su alto pensar
y su inmenso saber, no se ha sujetado al cenculo intransigente, ni
se ha prestado a ciertas combinaciones, es ahora poco simptico a
una parte de los acadmicos de su partido. As es que, al llegar el
momento de elegir sucesor al conde de Cheste, como habra disidencia al
tratarse de Menndez y Pelayo, todos por unanimidad votarn a Pidal.

--Debe estar usted muy satisfecho de ir a ocupar el silln de Castelar.

--Ciertamente, y en esto saldr tambin de los usos de la Academia:
en que no har el exordio acostumbrado sino que, como Castelar es
el tema de mi discurso, entrar llanamente a hablar de Castelar y su
obra, tal como yo pienso del asunto. Para eso estoy leyendo todo lo que
sobre Castelar se ha escrito. Fu muy amigo suyo. Ha sido el ltimo de
nuestros grandes estadistas. Hombres, as, soadores o no, nos hacen
falta...

Aqu la conversacin entr en otro terreno. Dos diamantes de energa
pasaron por los ojos penetrantes. Era el hombre amante de su pobre
patria venida a menos; el conocedor de las desgracias actuales y de sus
causas.

--Ha venido usted a vernos en momentos terribles para Espaa. Ha cado
nuestra amada y grande Espaa muy abajo; y lo peor es la espantosa
enfermedad nueva aqu, que ha atacado a esta tierra: la conformidad,
la indiferencia con el desastre, el encogimiento de hombros ante la
ruina. Crea usted: aqu no nos hacen falta inteligencias, no estamos
necesitados de talentos que se encuentran a cada paso: lo que no
tenemos son voluntades, la abulia es la adolencia actual nuestra.

La antigua alma espaola ha sufrido como una transformacin.
Antes se habra puesto el pecho al frente, se habra luchado por
la reconstruccin del perdido podero; se habran multiplicado
los esfuerzos. Hoy, apenas se oye el levantamiento de iniciativas
individuales. Y el primero en impedirlas es el Gobierno. Por un lado
apata, por otro polticas daosas y descuido de los verdaderos
intereses del pueblo espaol; saque usted la consecuencia.

Y nuestro eterno enemigo: el expediente! El papelerio cierra el paso
a toda obra, desde la ms elevada hasta la ms modesta. Cmo va a
prosperar Espaa si lo primero que hay que pasar, para la menor cosa
que implique un adelanto, es una montaa de expedientes y ros de tinta
oficinesca? Voy a contar a usted un caso:

En cierta provincia hubo un individuo que quiso dotar al pueblo de su
residencia con una caera. Crey que para hacer aquel bien municipal
le bastara con su dinero y con su buena voluntad, y encarg los tubos
y materiales necesarios para llevar a cabo la obra. Pero sucede que,
junto al pueblo de que hablo hay una carretera, y precisamente bajo esa
carretera deba pasar la caera que conducira el agua a la poblacin.
Comenzaron los trabajos, pero como haba que remover el terreno de
la carretera, la Autoridad manifest al vecino generoso que tena
que pedir el permiso necesario para continuar la obra. Se dirigi al
Ministro y en el Ministerio se tardaron largos das para, por ltimo,
ponerle pase a la Junta consultiva: la tal Junta consultiva envi
a su vez, despus de un tiempo enorme gastado, el expediente a otra
Comisin, creo que de ingenieros oficiales. All la cosa tard no s
cuntos meses, para pasar despus a la Junta y al Ministerio, y no s
a dnde ms! Resumen: mientras los papeles iban de Herodes a Pilatos,
los materiales de la caera se arruinaron; el pueblo no tuvo agua, el
vecino gast su dinero y su paciencia; pero triunf el papel sellado!

Toqu el punto de la intelectualidad, del trabajo mental, de la
produccin literaria. No se manifest Picn muy optimista. Desde
luego, al hablar de la crtica expres ms o menos--con gran placer
de mi parte--, ideas, opiniones y observaciones iguales o semejantes
a las que os he comunicado ya. Pero, llamronme bastante la atencin
revelaciones como sta: que aqu no puede haber crtica imparcial, o
con simples preocupaciones de arte, por razones de pura consideracin
personal y a veces hasta de caridad... Un autor publica un libro,
cuando no es un escritor rico, para tener que echar algo al flaco
puchero de su casa. Ese autor tiene familia, mujer, hijos; conoce a
todo el mundo y todo el mundo le conoce, pues en el de las letras se
vive en Madrid como en familia, y el crtico que pega un palo, como
dicen aqu, al libro de aquel autor, sabe que contribuir al hambre de
muchos inocentes. (Desde luego, yo tena deseos de observarle a este
propsito que en la campaa argentina se necesitan brazos y se hacen
fortunas.)

Lo propio que con los autores acontece con los cmicos. Una infeliz
tiple que sostiene con sus sacrificios artsticos a su familia, tiene
de su parte el buen corazn de la crtica, que no querr evitarla los
garbanzos. Luego, crticos y autores se ven a cada paso y son ms
o menos amigos. Si _Clarn_ residiera en la Corte y no en Oviedo,
le aseguro que no escribira con la independencia relativa con que
escribe.

Y esto traa a mi recuerdo el aspecto de la mayor parte de los
luchadores por la vida o _struggleforlifers_ de la pluma que circulan
por Madrid en situaciones lamentables. La perpetua preocupacin del
sablista en los artculos satricos y caricaturas, las levitas
melanclicas, los sombreros imposibles, la indumentaria toda
amargamente reveladora en el gremio. Ah! los felices que logran seis
duros en un peridico por un artculo. Ah! los que hablan de cosas
fabulosas, entre envidiosos y asombrados: Sabe usted cunto le pagan
a Valera por artculo? treinta duros! Sabe usted cunto gana Cvia
al mes? Una barbaridad! Y el joven que mira la suerte del autor de
teatro que logra triunfar, lo cual constituye ciertamente una verdadera
ganga, y se lanza a buscar su Eldorado de las tablas con una pieza que
no le han de representar nunca? Y el soador infeliz que tiene que
contentarse--y gracias!--con dejarse de literaturas y reportear largo
y tendido por doce o quince duros mensuales?

Tal pensaba al despedirme del nuevo acadmico, al salir de su
encantadora casita de rico, donde se da los lujos que le vienen en
antojo y compra estampas raras y ediciones _princeps_.

Su obra es ya considerable, desde sus _Apuntes para la historia de la
caricatura_, hasta su valioso volumen sobre Velzquez recin publicado,
en la crtica de arte, y desde _Lzaro_ hasta sus _Novelitas_. Pero
para m, y para todo el que tenga el gusto de lo humano y de lo
pulcro, aparece como el ms preciado fruto de su rbol literario esa
_Dulce y sabrosa_, manzana de Garcilaso, novela de maestro, figuracin
llena de vida y hechizo. Libro es ese en que se nos presenta el deseo
incontenido de lo lejano, de lo que no poseemos, de lo difcil, antes
que el deseo de lo imposible, tan ntimo en los artistas. _Dulce
y sabrosa_ es la mujer amada, lograda y dejada; pero que luego en
poder ajeno despierta una nueva ansia de posesin y arrastra hasta la
locura por conseguirla. Todos hemos tenido nuestra Cristeta; todos
en lo hondo de nuestro pecho somos un poco Todellas. Y esa fabulacin
sencilla y vestida de una realidad que admite una confrontacin
inmediata, deja al gustarlo una grata sensacin de descanso. Jams un
final semejante ha establecido ms bellamente la libertad del amor como
cuando acaba esta entre verdica e imaginada historia, con el raro
ejemplo de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada. En
lo que respecta al estilo, Picn es castizo hasta la medula, pero con
una cultura moderna como la suya, junta a los donaires y elegancias
de sus viejos autores la manera de describir, por ejemplo, y de
sentir ciertas cosas, que poseen los maestros contemporneos de las
literaturas extranjeras. Lo que constituye una caracterstica suya,
su especialidad, es el modo cmo penetra el arte y cmo agrega, con
elementos plsticos, a la arquitectura de su obra, singulares bizarras
y gracias. Tanto ms que, por haber ledo seguramente mucho a los
msticos espaoles, hay en el alma de su discurso, casi a cada paso,
un mpetu espiritual, un deseo de vuelo, un querer y un aspirar a la
altura, que en pocos escritores contemporneos se pueden hallar en
Espaa. No es un incrdulo este liberal. Cree, al contrario!, en la
eterna Divinidad, esto es, en la eterna justicia, en la eterna bondad
y en la eterna belleza. Por eso se deleita en la construccin de sus
ensueos de regeneracin social, quiere a los infelices de abajo, y
canta los besos y celebra las batallas de amor en campo de pluma con
las mujeres hermosas.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




FRAY CRESCENTE ERRAZURIS


Esta cabeza religiosa est llena de cordura, de ciencia, de erudicin y
de sutileza. Es una de las ms fuertes de Chile. Si estis ante l, sus
miradas agudas penetrarn hasta lo mas hondo de vuestras intenciones.
Si os ensea, tendris que aprender mucho en saberes humanos y divinos.
Si queris ser su contrincante, tendris que prepararos a la derrota.
No solamente se ha ejercitado en disciplinas teolgicas y de religin,
conforme con su vocacin y estado, sino que se ha nutrido de letras
profanas, de acuerdo con San Buenaventura o San Gregorio Nacianceno,
San Juan Damasceno u Orgenes. Podra, como Sedulio, ser llamado _vir
scholasticissimus_.

Cuenta ya largos aos de vida, y ha dado a su patria vigorosos
productos de su entendimiento, y habindola servido en el siglo,
contina en el claustro dndole lustre y sana gloria.

Se dedic a los estudios histricos, y ello me hace recordar el prrafo
en que Cicern habla de que: uno de los principales deberes de los
Pontfices mximos de la antigua Roma, era el escribir lo que se
llamaba grandes anales, y ponerlos de manifiesto en su casa, para que
todo el mundo tuviese la libertad de tomar lo que quisiera de aquel
tesoro de la repblica.

La Memoria sobre _Seis aos de la historia de Chile_, di al P.
Errazuris fama de concienzudo narrador y escritor gallardo. El Sr.
Huneeus Gana dice de esta obra, en su libro sobre la produccin
intelectual de Chile, que es por su extensin, y tambin por su
prolijidad, uno de los libros de mayor erudicin histrica que
conocemos, sobre sucesos parciales y pocas determinadas. Abraza la
narracin fidedigna y comprobada, escrupulosa y completa, de los das
mas aciagos y sangrientos de toda la Era colonial (23 de diciembre de
1598 a 9 de abril de 1605), es decir, desde la muerte del lamentado
gobernador D. Martn Garca Oez de Loyola, hasta la segunda llegada
del gobernador D. Alonso Garca Ramn. Y agrega con justificado
entusiasmo el Sr. Huneeus: Esta narracin, que atraviesa el campo
spero y luctuoso de una de las epopeyas ms sangrientas y heroicas
de la Humanidad, que refiere minuciosamente las jornadas homricas y
casi increbles de Curalaba y Cadeguala, y que narra con serenidad la
espantable destruccin de Villarrica, y las sublimes heroicidades que
all desplegaron vencidos y vencedores; este libro, que resume, en
fin, el perodo lgido y crtico de la guerra inmortal entre espaoles
y araucanos, y que parece ms la obra de un valiente soldado escritor
que la de un fraile literato, debe considerarse, en justicia, como la
obra histrica de ms empuje y de ms vigorosa unidad que se ha escrito
sobre perodo alguno de nuestra vida colonial. Tales palabras se
justifican con el conocimiento de la labor fuerte, elegante y minuciosa
de ese estudioso admirable, a quien la soledad y el retiro dar mayor
concentracin para sus actividades mentales. Ya sus _Orgenes de la
iglesia Chilena_, que le dan el puesto de un Baronio hispanoamericano,
afianzaron su autoridad y su prestigio. Fr. Crescente ser ms tarde
un clsico, por su estilo lleno de pulcritud y elegancia, y porque
todo en su obra es ordenado. El ha seguido bien la palabra de San
Agustn: _Illud a me accipiatis volo. Si quis temere de sine ordine
disciplinarum inrerum cognitionem audet irruere, pro studioso illum
curiosum pro docto credulum, pro cauto incredulum fieri._

En la Historia del pensamiento en Chile siempre surge alguna figura
sacerdotal. Desde el ocurrente P. Lpez, el P. Escudero, Fr. Manuel
Oteira, cada cual con sus mritos y sus defectos de poca y de
temperamento, el historiador P. Ovalle, el jesuta P. Diego de Rosales,
Fr. Juan de Jess Mara, el P. Surez de Vidaurre, y los jesutas
Pastor, Olivares, Bel, Ceballos, Ferrufino, Caldera, Rivadeneira,
Sobrio, el P. Miguel de Olivares, S. J. historiador, el famoso abate
Molina, que escribi en italiano, el obispo Lizarraga, los frailes Or,
tambin obispos, como Fr. R. Jacinto Jorquera y Fr. G. de Villarroel,
el P. P. de Torres, Fr. Alonso Briceo, y otros cuantos notables, como
el P. Lacunza, Fr. Antonio Aguilar, el P. Parra y Fr. J. Ramrez,
citados por Huneeus, hasta el gran Fr. Camilo Henriquez, Fr. Melchor
Martnez, hasta los Eizaguirre, Valdivieso, Salas, Orrego, Casanova,
Fernndez Concha, Donoso, Jara el crisstomo, Tafor y otros ms, la
Iglesia chilena ha tenido activa y aquilatada representacin en la
intelectualidad del pas. Y entre todos resalta con aspecto singular y
sealado Fr. Crescente Errazuris, con sus ancestrales cualidades vascas
y sus particularidades del carcter nacional, que hacen de l un
hombre, incrustado en un ministro del catolicismo.

Y Chile, su patria le respeta y le admira.

[Ilustracin]




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EUGENIO GARZON


Caballeros, he aqu un caballero. Caballero probado en los combates de
su tierra uruguaya, caballero de la pluma, caballero de los salones; y
con todo eso: _quel charmant Garzn!_

Su padre fu un bravo, aquel general Garzn de las guerras patriticas,
que en la historia del Uruguay es figura pica, y que ha pintado
tan bellamente la palabra del crisstomo Zorrilla de San Martn.
El Sr. D. Eugenio Garzn naci para hermosas empresas, que ha
llevado a trmino con su carcter reflexivo y firme, y su talento
de diplomtico prodigioso. Este ltimo adjetivo no es mo, es de
ese famoso director de diario--saludad!--que se llama M. Gaston
Calmette... Notre collaborateur mrite tous nos remerciements et tous
vos applaudissements. Son oeuvre patriotique est splendide, presque
feerique: il a rapproche deux continents! Il a uni les republiques
sud-americaines  la republique franaise, avec une mme capitale:
Paris. Dont vous avez fait votre ville d'adoption, en mme temps que
vous faisiez du _Figaro_ votre journal de predilection... Je vous
dedande de feter ce diplomate prodigieux...

Diplomtico prodigioso. l ha contado su aventura figaresca en frases
de sabroso humor, en que vemos cmo su paciencia tesonera logra el
triunfo. Y qu triunfo! El ilustre ministro de la Repblica Argentina,
Sr. Rodrguez Larreta, ha dicho de la obra de Eugenio Garzn en el
_Figaro_, por cierto en un francs amable que intentar traducir...
es una obra de arte y una obra maestra de tacto, de noble sagacidad y
de previsin. No os extrais si ella produce en ciertos espritus la
ilusin engaadora de la facilidad, como tantas otras obras maestras.

Una vez lograda la toma de la fortaleza de Villemessant, de Magnard, de
Calmatte, he all a quien yo llamara en otra ocasin el gaucho-dandy,
en la prosecucin de su proficua labor. Y ella es en su apariencia,
sencilla, y en sus resultados, formidable. Son unos pequeos
telegramas, llenos de cifras; unos pequeos telegramas que dicen al
mundo de los negocios y de las grandes empresas econmicas, el estado
de progreso, de vitalidad, de las repblicas hispanoamericanas,
especialmente de aquellas que han logrado grandeza y prestigio por
el desarrollo de su trabajo y de su riqueza. Y esos telegramitas se
ven en los mercados de Europa con un admirable termmetro financiero.
De cuando en cuando, un personaje de nuestros pases llega a Pars,
y Eugenio Garzn conversa con l, y expone en el _Figaro_ miras y
proyectos patriticos. Y hay en el expositor una serena ecuanimidad,
prudencia, mesura, tacto, claridad y habilidad. Luego Eugenio
Garzn es un solicitado elemento en la vida social de las colonias
hispanoamericanas. Sabidos son su don de gentes, su dandismo discreto,
sus facultades singulares de _causeur_ y la multiplicidad de sus
vinculaciones amistosas, pues quien le trata una vez queda sujeto al
_charme_ de ese gentil filsofo de monocle que nos favorece con el
bienhechor contagio de su optimismo.

Y el escritor? Probado ha sido en el Ro de la Plata en los
entreveros de la polmica poltica, en las bregas del diarismo. Mas
siempre ha cultivado con esmero su jardn literario, y un libro
ruidoso, sobre el archiduque enigmtico Jean Orth, le di no hace
mucho tiempo renombre europeo, o, mejor dicho, universal. Tiene por
publicar _La entraa del boulevard_, libro parisiense escrito por un
psiclogo y un estilista que no ha perdido la savia criolla, a pesar
de sus asimilaciones de Pars. _Mundial_ publica un captulo de esa
obra, y all se podrn apreciar las condiciones de nervio y brillo
que caracterizan las prosas producidas por esa cabeza. Su figura
es de aquellas que llaman la atencin al presentarse, y nada podra
yo decir mejor de lo que contiene este prrafo del Sr. Larreta: Su
persona evoca para m todo lo que en la vieja Espaa serva para
distinguir desde lejos la sangre noble y el honor. Creo ver a veces en
sus espaldas el negro manto de velludo, con la cruz de Santiago o de
Calatrava bordada sobre el lado izquierdo en seda roja. Cuando anda,
pienso en el rumor de las espuelas de oro de los antiguos caballeros de
Castilla; y si lleva ahora monocle es, sin duda, porque ese trozo de
cristal hace levantar la cabeza con el mismo gesto altivo e imponente
que suscitaba en el rostro la pluma caprichosa que rodeaba el sombrero
y caa hacia atrs. Ello vale por la figura de un soneto de Heredia; y
Eugenio Garzn es merecedor de tal homenaje.

Clibe--Garzn para su _garonniere_!--es admirador de las damas
hermosas, gusta de las obras de arte, de las grandes empresas, de los
altos ideales, de la elegancia, de la cordura, de la distincin. Es
sobrio y abstemio. Y realiza este prodigio: tener sus mejores amigos
entre polticos, banqueros y poetas.

[Ilustracin]




[Ilustracin: POLTICOS]




[Ilustracin]




S. M. EL REY DON ALFONSO XIII


Al entrar en el saln de recepciones--se lo explicar el lector
fcilmente--el poeta prevaleci sobre el ministro. Aquella pompa,
aquella ceremonia, aquel joven descendiente de los ms gloriosos reyes,
fueron, por unos instantes, la Historia. Como es costumbre en la corte
de Espaa--costumbre que, a pesar de todo, han infringido algunos
talentosos y verbosos hispanoamericanos--, no pronuncian discurso
ante el Rey sino los embajadores. Yo dije dos palabras para entregar
mis credenciales, y luego, pronto estuvo Don Alfonso en conversacin
conmigo. Podra juzgarlo por esa vez? Desde luego que no. Todos
sabemos las preparaciones del Protocolo. Pero, en otras ocasiones, sea
que hablase conmigo, sea que se dirigiese a otros diplomticos al
lado mo, pude darme cuenta de la seguridad y cordura con que trata
cualquier asunto que inicia. El retrato que en pocas palabras ha
hecho de l un observador como el famoso M. Paoli, es de una absoluta
exactitud: Sa haute et fine silhouette s'accusait avec une lgante
aisance dans un complet gris clair; un large sourire clairait son
visage fortement hle, son visage imberbe d'adolescent qu'ornaid un
grand nez  la barbe courbe bourbonienne, cump en bec d'aigle entre
deux yeux trs noirs, pleins de flamme et de malice. Y luego la
impresin oficial: Quelle ne fut pas ma surprise, ensuite, lorsque,
 Orlans, o l'on avait fix la premire tape officielle, je le vis
apparatre, cette fois, en gran uniforme de capitaine gnral, la
physionomie empreinte d'une singulire noblesse, la dmarche altire,
imposant  toux le respect, par l'impressionnante dignit qui se
dgageait de sa personne, ayant le mot juste pour chacun, souceux des
moindres nuances de l'tiquette, voluant, causant, souriant au milieu
des uniformes chamarrs, avec une aisance souveraine, montrant du
premier coup qu'il connaissait mieux que quiconque son mtier de roi.
Su oficio de rey. Arduo oficio en los das actuales. Porque la mayora
de las gentes no ven sino la parte dorada y legendaria de esas vidas
principales. No saben los cuidados y las inquietudes de hombres que hay
en esos personajes simblicos que encarnan a los pueblos. Por eso es
absurda, sobre todo, la ciega preocupacin anarquista.

Generalmente se quiere ver en el Rey de Espaa un rey _sportmant_ por
su conocida aficin a los ejercicios fsicos. Ya he dicho en otra
ocasin a ese respecto lo siguiente:

La educacin del Rey fu como corresponda. Se procur, sin fatigar su
espritu, darle una cultura apropiada, y teniendo muy en cuenta la poca
fortaleza de sus primeros aos, se tendi a su mejoramiento progresivo
fsico, al cultivo prudente y eficaz del _corpore sano_. De ah que
desde nio se haya aficionado a toda clase de deportes, sin menoscabo
de sus condiciones intelectuales y sin descuido de una instruccin
tan metdica como variada. Los principales principios cientficos
y literarios, la historia y las disciplinas militares le fueron
inculcados. Intil decir que la religin tuvo la mejor parte, en quien
deba ostentar el hispnico y consagrado ttulo de S. M. Catlica, y en
quien tuvo por padrino al Pontfice Len XIII. Una vez en el caso de
tomar esposa, eligi a la bella princesa protestante que, convertida
al Catolicismo, trajo sus prestigios y encantos al Palacio de Madrid.
Entre la reina Cristina, maternalmente amorosa, austera y tradicional,
y la reina Victoria, primaveral, reina de cuento azul, se alza la
figura del rey joven, mirando hacia el porvenir en los comienzos del
siglo XX. Es un rey caballero. Es un rey _gentleman_. No es un rey
fantico, ni un rey del pasado. Es de su instante histrico, sin perder
natural y felizmente el antiguo e invariable concepto de la jerarqua,
base de todo Gobierno monrquico. Ama el aire libre, la agilidad, el
vigor. Dichosamente libre de la oratoria, en otros soberanos tan puesta
de manifiesto, sabe hablar cuando la ocasin llega, y sabe conversar.
Posee algo que atrae a las muchedumbres: la simpata, y algo que seduce
al mundo: el valor. Es uno ms de la serie de los ilustres Alfonsos de
Espaa.

Para el soberano de Espaa no har nunca mejor que repetir la
enumeracin de un mi pasado captulo de mi _Espaa contempornea_,
sobre los ilustres Alfonsos espaoles:

El I, frrea flor de Covadonga, todava con la pura savia goda,
fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo,
terror de la morera, y en el corazn primitivo un diamante de nobleza;
el II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales,
hombre de lecturas y meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el
Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror
del mogrebita, varn de tanta fe como valor; el IV, quien como ms
tarde el Csar Carlos V buscara en un monasterio la tranquilidad
espiritual; el V, el de los buenos fueros, legislador y espritu de
Consejo, tambin luchador feliz con los infieles y sostenedor de la
fe; el VI, que aparece soberanamente a su lado la figura del mo Cid
el rey de la conquista de Toledo, y que tuvo la previsin de ver hacia
abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y fueros justos; el
VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, que perpetu el nombre suyo en
las Navas de Tolosa; siendo despus, al propio tiempo que caballero de
combate, amante de la Sabidura el IX; el X, formidable figura, cerebro
y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y poeta, astrnomo y
filsofo, cuya palabra aun se escucha y se escuchar en los siglos, ya
comience: Ficieron los omes..., o inicie los balbuceos encantadores
de sus toscas estrofas; el XI, que junt la habilidad poltica al
vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los ms amantes de
sus sbditos; y a quien ver muy cerca--agregaba--animado por la
palabra maternal, por el inmediato eco de su vida; ser su padre. Ser
para l el rey modelo y honrar la memoria de _el Pacificador_. A l
le ha tocado un tiempo de decadencia de todo ideal, de despertamiento
de odios, de exacerbamiento de pasiones y violencias sociales, de
locuras colectivas que se traducen en furiosos mpetus aislados;
de ansia de goces, agona de esperanzas y luchas terribles por la
consecucin del dinero. El Dinero, el Dios de la poca. El bblico
Becerro del Sina, multiplicado en los toros auricoronados que se
apacientan en el Far West y en las Pampas, y que se propagan por toda
la redondez de la Tierra entre una creciente desbandada de guilas y
cisnes. Acontecimientos posteriores han puesto a la vista del mundo,
en muy hermosa luz, la figura de ese excelente prncipe, que ha podido
dignamente encarnar la Espaa moderna, conservando las dos virtudes
tradicionales de su pas: inteligencia y valor. Record al comenzar
este artculo a M. Paoli, el veterano conductor de reyes. Concluir
con una frase suya referente a Don Alfonso XIII; _C'est un charmeur_.
Y cmo podra ser de otro modo puesto que es hijo de aquel rey querido
del pueblo que se llam Don Alfonso XII y de Doa Mara Cristina, que
junta a la amabilidad personal ms exquisita, la dignidad de las ms
rgidas aristocracias?

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EL GENERAL D. RAFAEL REYES


La poltica suele velar con nubes engaosas las proporciones de las
altas figuras. No sean esos vapores transitorios un obstculo para el
buscador y ensalzador de las bellas verdades.

He conocido a un ex presidente de Colombia, que ha demostrado, antes
de ocupar el ms elevado puesto de su patria, como en la tradicional
tierra de los talentos literarios la accin es tambin demostrativa de
la fuerza vital de tan glorioso pas. Reino de sueos, pero asimismo,
con sus hroes y trabajadores, repblica de energas. Hubiera habido
paz desde luengos aos, y ya vera all el mundo otro emporio de labor
y riqueza hispanoamericano.

Al tratar al general D. Rafael Reyes uno encuentra, desde luego,
esa cultura colombiana, distintiva y propia, que hiciera antao de
Bogot la primada de las letras de Amrica, algo como el _Alma mater_
continental. Se sabe que se habla con un militar, con un explorador,
con un varn de hechos, y sin embargo, surge el hombre diserto, el
conversador sagaz, el estudioso y el cultivado; y si se han ledo las
narraciones de ese bravo _pioneer_, que supo de bregas y de penas en
el corazn de speras selvas, hay que saludar a un descendiente de
aquellos conquistadores, hierro y fe, que asombran a la Historia.
Hablando de tales hazaas del general Reyes, ha escrito estas palabras
Santiago Prez Triana: ...recorri en su juventud aquellas inmensas
selvas (las maraas amaznicas) realizando en ellas, en compaa de sus
hermanos D. Nstor y D. Enrique, labores de explorador dignas de los
ms heroicos esfuerzos en ese fecundo campo de la actividad humana,
de cuantos registra la historia americana desde las atrevidas y cuasi
temerarias empresas de los conquistadores hasta nuestros das. Cuando
se escriba la historia, cualesquiera que sean los veredictos que ella
pronuncie sobre los hechos de su vida, respecto de los de cualquier
hombre, que en lo general poco pueden vaticinar los contemporneos,
seguramente habr una hermosa pgina en que se consignen los esfuerzos
hechos para llevar la civilizacin a aquellas regiones de la patria
colombiana, tan remotas de los centros habitados por el general Reyes
y por sus dos hermanos, esfuerzos consagrados, como si fuera por el
martirio, ya que dos de los exploradores pagaron con su propia vida su
atrevida incursin en la selva primitiva.

Pues la obra de este colombiano eminente es de aquellas que en
pases europeos se vinculan a la propia grandeza de la Patria, y la
que ha hecho el renombre y el reconocimiento debido a los Brazza, a
los Shakleton, a los Marchand. Las Sociedades geogrficas del mundo
han sabido apreciar la labor del general Reyes, y el nombre de este
prestigioso americano ha sido honrado con el elogio de los sabios
europeos.

Cuando, lejos de los combates de partido y las malezas polticas--ms
llenas de azares y peligros que las de las florestas vrgenes--el
general Reyes ha venido al viejo continente, ha sido recibido en todas
partes con la imparcial justicia que es debida a sus merecimientos.
Y ha sido sobre todo en la Madre patria, en la tierra de las
hidalguas y de los nobles herosmos, donde se le han hecho mayores
manifestaciones de cordialidad y de aprecio, como si se viese en
l, a quien, como he dicho antes, es un vstago de los audaces y
luchadores caballeros que hicieron en Amrica poemas de vida y de
accin, cantos de gesta realizados. Nada tiene que ver el consenso
universal de intereses, de pasin, de disensiones de hermanos, en las
interioridades de un pas, de un Gobierno o de un partido, cuando
la personalidad tiene sobre las circunstancias del momento altura y
brillo individuales, que aislan el mrito, ponindole bien lejos de las
lluvias de dardos que casi siempre caen sobre la cabeza de los hombres
pblicos, en nuestras arduas y crespas democracias.

La justicia se hace definitiva, con la sancin inapelable del tiempo,
y la Patria no ve sino los hechos meritorios que sealan en el
recuento a los hijos preclaros y benemritos. Colombia, entre todos
nuestros pases americanos, si ha sido caldeada por tantas hogueras de
guerra y agitada por tantos contrarios huracanes de odios fraternos,
de violencias luctuosas, ha sabido siempre tener el orgullo de sus
_lites_, de la progenie que ilustra sus historias y fastos. Y
tened por cierto, que en el futuro, cuando se hable de las energas
memorables que se han dirigido en pro del verdadero progreso y del
engrandecimiento de la patria colombiana, el nombre del general D.
Rafael Reyes quedar ante los ojos de las generaciones futuras, en su
definido, indestructible prestigio.

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CANOVAS DEL CASTILLO

Medalla ocasional.


Preciso es no haber conocido a Cnovas del Castillo para asombrarse del
incidente de corte que hoy preocupa a Madrid.

Cnovas es la energa, muy mucho, y un poco la violencia.

Populares son por la caricatura sus ojos, sus espejuelos, sus bigotes y
su imperante gesto.

Cuando Cnovas ocupa la presidencia del Consejo de Ministros, el gran
Palacio Real, rico y legendario, adquiere su verdadera alma; mientras
la honrada y buena reina extranjera recuerda, el pequeo rey juega, y
la infanta Isabel, distinguida _sportsman_, monta a caballo, inicia
fiestas o caza.

Cnovas es de la raza de aquellos fuertes ministros antiguos que eran
verdaderos tutores de los reyes. Y ese andaluz de Andaluca, ese
andaluz andalucsimo, tiene un orgullo del peso de su talento.

Si no es cierta, es bien inventada la frase que se asegura dijo al
rey Alfonso XII, en ocasin en que este monarca, a quien l haba
colocado en el Trono, le manifest deseos de agraciarle con el ttulo
de prncipe que ostentara antao el memorable Godoy: No se preocupe
Vuestra Majestad de eso. Prncipes los hago yo!

       *       *       *       *       *

No es el tiempo ya en que la pobre francesa Isabel pasaba por las
torturas de la ms apretada e inflexible de las cortes, pero si
hay algn pas del mundo en donde la etiqueta sea conservadora y
estricta, es en el pas de Felipe II. Y Cnovas, gran cortesano y
gran conservador, tiene el don que hace la fuerza de los hombres: el
carcter.

En vida de Alfonso XII, Cnovas, en sus tiempos de gobierno, fu
siempre el absoluto imperante.

Asimismo profesaba al joven rey un afecto profundo y una lealtad
inquebrantable. A la muerte de Doa Mara de las Mercedes, y cuando
la reina Doa Mara Cristina lleg a ocupar su puesto en el trono
de Espaa como nueva esposa de Alfonso, Cnovas fu grande amigo de
la Reina desde el primer momento. Y el anecdotario de esa poca es
copioso. Y no es la nota menos saliente el excelente humor del hijo de
Isabel II, que gustaba de la broma, alegre y atrayente Borbn.

Cuntanse en la corte muchas de esas ancdotas que no sabemos si
quedarn ms tarde confirmadas por algn Saint-Simon de la poca.

Entre ellas, esta: Cuando la reina Doa Mara Cristina lleg a Madrid,
y fu esposa de Alfonso XII, no hablaba casi espaol, y lo comprenda
muy poco. Su real consorte era su profesor.

Un da le dice ella: Deseo saludar a Cnovas con una frase espaola
que le agrade, cuando venga maana.

--Bien--dice Don Alfonso--dile sencillamente: Qu chispero ests,
Cnovas!

Al da siguiente, el primer ministro llega y se dirige a besar la mano
de la Reina.

Y ella, arrastrando las erres germnicamente:

--Qu chispeggo ests, Cnovas!

No se dice lo que contest el andaluz, pero s que Alfonso tuvo para
muchos das de buen humor.

       *       *       *       *       *

Cnovas vive en su mansin de La Huerta, como un potentado. Muchas
veces se ha hablado de esa rica morada en donde vive el primer
estadista del mundo actual, segn opinan algunos.

Su _serre_ es famosa, la biblioteca mucho ms: todo el recinto es
un encanto, y la emperatriz de todo eso y de D. Antonio adems,
es la dama elegante y vivaz a quien los amigos de la casa llaman
concisamente Joaquina--doa Joaquina de Osma, una esplndida peruana,
exuberante de vida, hermosa y culta, que habla el espaol con la _erre_
parisiense. Cierto es que en las recepciones de Cnovas lo que ms se
oye hablar es francs.

En casa de Cnovas llama la atencin de quien observa la profusin de
los desnudos.

Entre tanto rico mueble y obra de arte, mrmol, bronce, _bibelot_, el
desnudo se impone. En cada saln os llamar la atencin ese detalle.

Sobre todo, en el jardn, si os acercis a una magnfica gruta,
adornada de enredaderas verdes y frescas, en donde el agua cae y gotea
armoniosamente, veris una ninfa de tamao natural, blanca, de mrmol
puro y lnea admirable y de una gracia mastoidea y calipigia que os
har pensar en muchas mitologas.

Entre todas esas elegancias, la duea de casa discurre llenando con su
amable presencia y animando con su conversacin los grupos de invitados
en las recepciones.

En esas fiestas el talento del viejo Cnovas chispea.

Quien estas lneas traza, hale visto y odo entre un sinnmero de
personajes de distintas nacionalidades, con un tacto que revelaba la
frecuencia de la vida cortesana y diplomtica, hablar a cada cual
de lo que ms de cerca le interesaba, sin olvidar nombres, detalles
personales, ttulos de libro, cuestiones, ancdotas y toda suerte de
asuntos. Y el viejo Cnovas, con la firmeza de quien conoce su poder,
vibraba, iba y vena, tan lleno de una brava y contagiosa juventud.

       *       *       *       *       *

En su mesa sola reunir, en la poca a que se refieren las anteriores
palabras, a algunos americanos. Sus preferidos eran el mejicano Riva
Palacio, el argentino Quesada, el centroamericano de Peralta, y algn
otro.

Siempre tiene extranjeros notables invitados.

Su mesa es de primer orden; aunque no iguale a la luculeana mesa
de Castelar. All, al amor de los mejores vinos, se oye un alegre
brotar de ideas, de ocurrencias, de alusiones, de ancdotas en que
el anfitrin muestra toda su Andaluca, y doa Joaquina su Lima, su
Pars y su Madrid. Y uno ve al vigoroso ministro, lleno de vida, con
sus cabellos blancos, relampaguendole los ojos, gesteando como un
dominador.

Y se explica que en el Palacio Real Su Majestad la Reina Regente se
apresure a presentarle sus excusas despus de un caso como ese de la
salida al balcn.

Doa Mara Cristina no ha ledo las cartas de Isabel de Francia.

20 mayo 1897.




[Ilustracin]




JOSE PEDRO RAMIREZ


Es en la vida pblica como en la privada, este gran repblico uruguayo,
como en su credo poltico y en el civismo que nos muestra en la
historia contempornea de su nacin, algo suave que se desliza por
senderos cercanos a vergeles revestidos de paz y de amor.

Obediente slo a los deberes de su conciencia, alerta siempre a las
naturales exigencias y necesidades de su patria, toda su existencia la
encamina al cumplimiento del deber; y con facilidad traspasa, alta la
frente, tranquila la mirada, todos los escollos de todas las miserias
sociales por las que pas, como tantos otros prohombres, como son
concusiones, ignominias y hasta crmenes, que pudieron atajar su paso
por la vida poltica.

Pero esto pas ya, y obtuvo gallardamente sus reivindicaciones. As, en
cierta ocasin, el presidente Batlle, que por cierto estaba de l algo
distanciado, dijo, para hacer callar a determinados murmuradores:

A fin de que la actitud del Dr. Ramrez no se despoje de la majestad
que le rodea, es necesario no se falte al ms humilde de los habitantes
de la Repblica, y el que tal haga, o ser castigado o derribar
a dicho ministro, porque su poltica no es de maas ni astucias,
sino poltica de actitudes francas y decididas. Cuando estall la
guerra civil, calamidad perniciosa que sufrieron la mayora de las
jvenes repblicas americanas, y despus de varias tentativas para
el restablecimiento de la normalidad, que, claro est, resultaron
infecundas, se recurri a l, como caso extremo. Enfermo como estaba,
prometi su decidido concurso, y lo cumpli con sagacidad y fe. Sali,
pues, a travs de campos verdes, que bien podan simbolizar para l
esperanzas; enarbolaba la bandera de paz, y a poco de comenzadas las
negociaciones, por doquiera que pasaba, surgan los vtores y saludos;
y los labradores abandonaban las armas y tornaban a los aperos, y
las mujeres y los nios agitaban sonrientes sus pauelos en seal
de albricias. Al encontrarse con un regimiento mandado por Mesa, los
bravos soldados, estimulados por sus jefes, levantaban sus quepis y le
saludaban, como debe saludarse a un varn bienhechor, porque ya todos,
militares y revolucionarios, el pueblo entero, pareca aspirar al
consuelo de la paz.

Pero anotad esto tambin. Ms tarde acaso seis aos despus! la
Repblica hierve nuevamente en otra guerra civil; y de ah a poco, el
Sr. Ramrez es de nuevo requerido. Noble y lealmente, lleno de bondad y
bros humanos, se lanza a calmar el estallido que amenaza.

La labor es ms costosa, su gestin ms ardua; pero al fin logra vencer
dificultades, y si hubo de luchar por conseguir el xito, mayor es la
gloria que, como nimbo, corona sus esfuerzos; y mayor es la ansiedad
pblica, por explotar de jbilo ante el hombre ya dos veces benemrito
de su patria.

Y es de ver en esta ocasin, como en la pasada, al pueblo de todas
las ciudades que corre a amontonarse a su encuentro, vitorendole,
abrazndole, atropellando a stos los otros que les siguen; y cmo
desde las terrazas y azoteas, en aceras y balcones, no se ven sino
flores que caen a su paso y llenan su coche, ni se oyen ms que
palabras gratas, llenas de sonoridades, que celebran al mensajero de la
concordia.

El Dr. Ramrez presidi en 1886 el ministerio de la Conciliacin.
Nadie como l ofreci testimonio ms alto de patriotismo e integridad.
Desde entonces, su nombre es popular, su prestigio aument, y su
moralidad fu saludable. Pues, quin pudo aadir al ardoroso mpetu
que sealan sus grandes entusiasmos iniciales, la serenidad equilibrada
y heterognea que se sobrepone al espritu, al contraste en la lucha?

Fu periodista, y en el periodismo pas la parte ms agitada de su
existencia; y las pginas ms intensas de la vida nacional uruguaya
nacieron de su pluma.

Por esto plceme mucho, en ocasin en que acaba de ser glorificado por
su patria, ofrecer al prestigioso representante del alma de su pas,
a esa figura respetable y respetada, ajena en la actualidad a las
pasiones del momento, un homenaje, la confirmacin del reconocimiento
de tan gran patricio, cuyos ttulos cvicos y mritos intelectuales
y morales testifican su personalidad poltica y bienhechora en la
Repblica Oriental del Uruguay.




[Ilustracin]




CASTELAR


No hace mucho tiempo he hablado de mi entrevista con Castelar. Deba
ser la ltima. Ya reposa en San Isidro, junto a los huesos de su
hermana. Su cada buen roble! conmovi al mundo. Cuando le vi, cuando
le habl por la postrera vez, ya estaba sealado por la Intrusa,
plido, enflaquecido, viejo, l que fu todo juventud y vida. Parti
al imperio silencioso de lo no sabido, despus de haber clarineado su
verbo de poeta de las multitudes hacia los cuatro vientos del espritu.
Y Espaa queda hoy sin su representativo emersoniano, sin el hombre
noble que fu en su siglo lengua y gesto de su raza, como Italia sin
Garibaldi, Inglaterra sin Gladstone, Alemania sin Bismarck y Francia
sin Hugo. En su tierra ardiente y sonora fu el crisostmico parlante y
el caballero de su ideal. Ah queda la inmensa Mancha democrtica por
donde cabalg en su pegaso-rocinante; ah los molinos de viento, ah
las armas de su lrica grandilocuencia, que nadie mover; ah Dulcinea,
sin ms enamorado verdadero que el fro y analizador Pi y Margall.
Espaol de Espaa, espaol netsimo, con toda Espaa en el corazn y
en el cerebro, era la concrecin del orbe cervantino; en el generoso
combate de su ilusin no se ocultaba Don Quijote; como Sancho mismo,
no dejaba de comparecer en su clebre buen apetito. Cuntase que Taine
en una ocasin, al verle en la redaccin del _Journal des Dbats_,
pregunt desdeoso: Es ese el famoso canario espaol? Cierto, un
alma de pjaro de Floreal, como el ruiseor Lamartine, pero a quien no
faltaba la fuerza para la realizacin de obras enormes, as la libertad
de los negros de las Antillas. Quedar en los siglos el recuerdo de
esta singular figura en el dcimonono la ms alta de Espaa entre las
altas de la tierra; y aparecer, a medida que el tiempo vuelque su
urna, rodeado del resplandor que tan solamente ofrece a los preferidos
suyos la divina Poesa. Fu uno de los ms potentes rganos de la
Humanidad. Por su boca habl el espritu de su patria, y, siempre
en obra de bien, si algunas veces no le prest su apoyo la Verdad,
jams dej de escudarle con sus alas mgicas la Belleza. Sus mismos
errores caan vestidos de prpura. Era el apolonida de la Democracia,
el decorador de sus ambiguos y confusos laberintos. Hermosa llama
latina, de esas llamas guas de pueblos que el Sol de Dios enciende en
las naciones para que sealen los saludables rumbos, o para que a su
rededor se junten los hombres y realicen hechos grandes. Aquella alma
vena de Atenas, cuando fu a encarnarse un da en la fenicia Cdiz;
vena de Atenas, despus de haberse impregnado de Oriente; de este
modo explico la pompa asitica de su discurso y el amor a las bellas
lneas, la pasin pitagrica de los celestes nmeros y el imperio de la
msica bajo el cual haca galopar sus cuadrigas de ideas y sus tropas
de palabras. En su huerto, junto a las flores andaluzas, se alzaba un
esbelto y reverdecido pltano, rama un tiempo del que movieran las
brisas de Academo, mientras flua, como el agua de la fuente de mrmol,
la doctrina platnica.

La obra, que fatiga en su masa, es como un inmenso museo, que hay
que admirar por fragmentos: ya un fresco vasto, ya una estatua del
ms blanco pentlico, ya un bajo relieve, en que las frases van como
ordenadas teoras de graciosas jvenes o danzantes efebos. Fu un
gran cultivador del entusiasmo. Y si ya en los postreros aos de su
existencia tuvo alguna vez que padecer tristezas y decaimientos, para
morir, viejo gladiador, supo esculpir su ltima actitud en el discurso
que cierra la diluvial serie comenzada el 1854 en el Teatro de Oriente,
discurso en que volvi a surgir su elocuencia empachada y sonora,
para mostrar el camino que hay que seguir, segn su entender, a los
partidarios de la Repblica. Su elocuencia cautiv a las generaciones
que escucharon el decir de sus labios de oro. Se recuerdan sus
discursos como hermosas manifestaciones de la Naturaleza, inusitados
iris o boreales auroras: Yo le o tal ao. Yo en tal otro. En el
tiempo de su aparicin, el principio democrtico era lo ms avanzado,
lo ms atrayente para los espritus libres, la frmula del progreso.
l se consagr por tal manera, y con pasin tanta, que al saber su
muerte, los espaoles demcratas no han podido menos de exclamar:
La democracia ha muerto! A aquel inconmovible individualista no
pudieron ganarle los mirajes aurorales del movimiento social de estos
ltimos aos; y discurso suyo hay en que combatiendo al socialismo,
maravilla su esfuerzo de soador, al resonar delante del muro de la
verdad la suntuosa orquestacin de sus lricos argumentos. Porque,
ante todo, fu el orador, el hombre que convence encantando, o que,
aunque no convence, canta y encanta. Pareca que, como en lo antiguo,
un flautista maestro acompaase sus oraciones, tal era la melodiosa
geometra, el hilo armnico, la sucesin de ondas verbales regidas por
un comps, en la musicalidad de los giros; y l propio se escuchaba
como deben hacerlo las aves de ms fino canto y los poetas orgullosos
de haber visto cuanto es crespa y dorada la crin del Dios de arco de
plata. No olvidar una noche, en una recepcin dada por doa Emilia
Pardo Bazn, a los delegados americanos a las fiestas colombinas, el
ao de 1892. Castelar haba concurrido, y como en todas partes en donde
Castelar estaba presente, un corrillo se form alrededor suyo, en uno
de los salones. Nadie hablaba, fuera de Castelar, porque es sabido
que en su presencia el primer deber era la atencin. El tema de sus
palabras se relacionaba con la oratoria, y vino l a recordar a este
propsito a los distintos oradores que haba odo en su vida. Y como
su excepcional memoria estaba siempre lista, ilustraba sus recuerdos
con citas y fragmentos de discursos. As nos pintaba a Gambetta, de
tal guisa que le veamos encarnado delante de nosotros, y luego deca
una parte de un discurso de Gambetta, a Vctor Hugo, y luego deca un
trozo de discurso de Vctor Hugo, y as de varios oradores extranjeros.
Despus lleg a los espaoles, y comenzando con Ros Rosas, recorri
buena parte de la lista de bravos oradores con que cuenta este pas
de varones verbosos, explicando sus maneras y facultades hasta llegar
a l mismo, y entonces se nos transfigur momentneamente, se nos
present con sus atavos reales. Y a pedido de un amigo circunstante,
trajo a su memoria una parte de su clebre discurso del 12 de abril
de 1869, pronunciado en ocasin famosa, y que hizo pensar a su propio
contrincante el cardenal Manterola si no tendra ante sus ojos un nuevo
Saulo. Aun veo los ojos iluminados y la mano como guiando el perodo:
Grande es el Dios de Sina; el trueno le precede, el rayo le acompaa,
la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero
hay un Dios ms grande, ms grande todava, que no es el majestuoso
Dios del Sina, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una
cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y
sin embargo diciendo: Padre mo, perdnalos, perdona a mis verdugos,
perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que hacen. Grande
es la religin del poder, pero es ms grande la religin del amor;
grande es la religin de la justicia implacable, pero es ms grande
la religin del perdn misericordioso: y yo, en nombre del Evangelio,
vengo aqu a pediros que escribis en vuestro cdigo fundamental la
libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre
todos los hombres. Se recordarn sus discursos clebres, en lo futuro,
como hoy las histricas arengas de Demstenes; desde el primero en
que se present como aeda y paladn de su amada Democracia, hasta el
ltimo en que ya para morir, apstol consecuente, dej su disposicin
testamentaria de poltica, fiel a su credo republicano; sealada la
larga carrera por las innumerables brillantes estaciones, entre las que
ms resplandecen el discurso en favor de la libertad religiosa, que
es el de la redencin de los esclavos de Cuba, y al cual se refera
cuando o de su boca la frase admirable: Yo he libertado a doscientos
mil negros con un discurso; el del sufragio universal, de gil y
elstica dialctica; el de la entrada a la Real Academia de la Lengua,
leccin colosal de un lirismo csmico; el de Pars, en la Sorbona,
cuando los estudiantes le recibieron con el aplauso clsico, como a un
nuevo Lulio.

Lejos la oratoria amartillada de los hombres del Norte, en la suya
reventaba como una rosa de color perenne el sol Meridional; suya era la
profusin y la riqueza latinas, y nunca se escuch, en lo inmenso de
los siglos, ms rtmico y sonante torrente en ctedra o tribuna. Los
franceses, tan parcos con lo extranjero, le admiraron y celebraron,
en su francs claudicante, o en el espaol de bronce y plata que no
comprendan al oirle. Qu importa que dijese, como en una ocasin: _La
France, cette belle soeur de l'Espagne_? Tras la sonrisa del oyente
vena la tempestad de la ovacin, pues el orador soberano triunfaba
contra el mal polglota. Hugo le tena en su alto valer, y sabida es
la ancdota en que el Csar de los poetas le ofreci, al sentarse a
su mesa, una silla imperial: Os he sealado esta silla, en que se
sienta siempre D. Pedro del Brasil.--Pues no me siento!--respondi
Castelar, fiel hasta en esto a su idealizada Aldonza Lorenzo. Nuestro
compaero Ladevese cuenta las acogidas respetuosas y afectuosas, en
casa de madame Adam, de Cernuschi, de la Rattazzi, las intimidades con
polticos como Thiers y Gambetta y Julio Simn. Francia, como el mundo,
vea en Castelar la encarnacin de Espaa; de la Espaa caballeresca
e idealista, hidalga y pintoresca. Oxford quiso escucharle, invit a
su doctor honorario para que fuese a dar conferencias, y l declin
la honra. A Amrica pens ir en varias ocasiones, pero, por desgracia,
se cumpli lo que yo deca en 1892: Castelar no ir nunca a Amrica.
Y en Amrica quizs ms que en parte alguna, su palabra resonaba como
una campana de gloria. Los yanquis le avaluaban abiertamente: si la
Libertad de Bartholdi tiene la antorcha, Castelar tena la palabra.
Sus discursos niagarescos fueron ms de una vez por el cable; los
_magazines_ no le quitaban la mira y los dlares venan sin regateo. En
nuestra Amrica de lengua Castellana, no habr pueblo o villorrio donde
no haya llegado su fama. Creo, sin equivocarme, que en la Repblica
Argentina hay una colonia o villa que lleva su nombre. Y l amaba
a la Amrica nuestra, agradecido. Es el momento de manifestar cmo
fu para ese continente gran parte de su produccin, ya en tiempos
de destierro penoso, ya en el apogeo de su existencia, tan solamente
interrumpido su trabajo cuando se excusara con la direccin de los
diarios de que era corresponsal, por verse obligado a suspender la
labor a causa de tener que ocupar la presidencia de la Repblica
espaola; y cmo tena en el recuerdo de su gratitud a _La Nacin_,
de Buenos Aires, y al _Monitor Republicano_, de Mjico, entre todas
las publicaciones que fueron honradas con su colaboracin. Y Amrica
toda fu con l siempre simptica, a pesar de aquel resentimiento
memorable, cuando el poltico lrico quisiera ser poltico prctico y
pronunciara la trascendente frase: Antes que republicano soy espaol.
Pues fu siempre el levita fantico, inspirado ante el fatal resplandor
del dolo Patria; y a la suya salvara, como se observa justamente
despus de la reciente catstrofe, en ocasin en que ejerciendo la
presidencia de la Repblica, estuvo en un cabello que no se rompieran
las relaciones entre Espaa y los Estados Unidos por la cuestin del
_Virginius_. Jovellar estaba en Cuba y se resista a la entrega del
apresado barco norteamericano, despus de los fusilamientos de cubanos
y yanquis que tripulaban la nave revolucionaria, y entonces fu la
palabra de Castelar, jefe del Estado, haciendo entender al general
que en Espaa nadie comprende que, ni en pensamiento, se resistan a
cumplir un compromiso internacional del Gobierno, y no comprende que
quiera ser Cuba ms espaola que Espaa. Una guerra con los Estados
Unidos sera hoy una demencia verdadera, y aunque fuera popularsima
la guerra, para esto estn los Gobiernos, para impedir la locura de
los pueblos. Recuerde V. E. lo que hizo Thiers cuando los franceses
gritaban: A Berln!; demostrarles que la guerra sera un desastre. Y
ah se ha capturado un buque en alta mar, se ha fusilado espaoles y
extranjeros, sin esperar a conocer el espritu del Gobierno central,
que prevea grandes catstrofes, y ahora se quiere cometer la ltima
demencia desobedeciendo al Gobierno nacional. Todos los argumentos de
los Estados Unidos consisten en decir que Espaa no manda en Cuba,
y van ahora a confirmar ese argumento. No se puede discutir un acto
del Gobierno. Hay que obedecerle. Inflyase en la opinin; tomndose
las debidas precauciones, entrguese el _Virginius_ y la tripulacin
superviviente, de la manera que menos pueda herir el sentimiento
pblico, pero entrguese sin dilacin ni excusa. El mayor servicio que
puede prestarse a la Patria, es obedecerla ciegamente. No mencione V.
E. la dimisin mientras no estn cumplidas las rdenes del Gobierno.
Cmplalas con rigorismo militar. Y no se vuelva a hablar de Bayona:
all hubo reyes traidores que vendieron la Patria al extranjero; aqu
hay patriotas que quieren salvarla de las locuras de ah, avivadas
por una incomprensible debilidad. Esto fu en 1873. Cun distinto
veinticinco aos despus el criterio de un Gobierno de hombres _tiles_
que llev al pas a la derrota, al vencimiento y a la mutilacin, del
criterio de aquel poeta que libr a Espaa de un peligro seguro y
supo ser en sus obras y en sus sueos el primer patriota, el primer
espaol de su tiempo, el ms espaol de los espaoles. Porque desde su
Patmos, desde su Guernesey, desde su nube, desde su trpode, saba ser
certero en su vistazo aquilino. No era tan iluso cuando di su flecha
tantas veces en el blanco, cuando lleg bizarramente a la primera
magistratura del Estado, y cuando ya en su vejez, al ver con desilusin
que su repblica cuasi platnica no corresponda a su himno incesante,
se retir de la lucha, no sin antes declarar su invariable fe en el
ideal por toda su existencia perseguido y su ningn contacto con la
monarqua. Jams habl a la Reina Regente. Cuando muri su hermana, a
quien l amaba tanto, la Reina le envi su psame. En San Sebastin un
da se encontr frente a frente Su Genio con Su Majestad. Su Genio se
quit el sombrero y salud. Hubo demcratas que murmuraron. Quienes
fueron esos hidalgos que por tan mal lado tomaban la democracia? Aquel
caballero crea en la caballerosidad. Crea en la Patria. Crea en Dios.

En el liberal, en el hombre de la frmula del progreso haba un
creyente. Jesucristo apareca a sus ojos a travs de sentimentales
_vitraux_ en que estaban representados su Espaa portadora de la
cruz y su infancia domstica: la buena madre, quien a la continua es
nombrada por l como origen de sus creencias religiosas. Cuando habla
de asuntos de religin, su rgano se desborda en los ms augustos
_magnificat_, o en los ms profundos _misereres_. Sus conferencias
sobre la civilizacin en los cinco primeros siglos del Cristianismo, su
_Redencin del esclavo_, muchos de sus discursos, son la glorificacin
cristiana expresada por incesantes fervientes ondas de vocablos, de
frases, saturados de un clido misticismo, de un misticismo espaol.
Casto como era, se pens alguna ocasin en que, cuando cansado de
las fatigas de la vida civil quisiera recogerse en el reposo de su
espritu, se ordenara sacramentalmente. Y aun l mismo, al admirar un
da cierta antigua casulla de la Catedral de Avila, di a entender, con
un decir, que no andaban muy en error los que tenan ese pensamiento.
Un poeta de Amrica public una vez un futuro sermn de Castelar en San
Pedro de Roma, que al orador hizo amablemente sonrer. No hace mucho
tiempo su entrevista con el Sumo Pontfice aviv la general curiosidad;
y l propio confes ser la conversacin con el Papa de hondo inters,
pero que no estaba autorizado para publicar nada de ella hasta despus
de la muerte de Len XIII. Y l ha muerto antes, besando un crucifijo.
El Papa blanco ha podido todava autorizar que se hiciesen, a pesar
de la liturgia, honras fnebres a su interlocutor ilustre, en San
Francisco el Grande, con todo y ser las honras el da de San Fernando.

En la religiosidad de Castelar hay algo de profano como en la
religiosidad de Murillo. Sus pinturas de las gracias divinas son
como las pinturas de aquel pintor coloreadas de cierto sensualismo,
que en este caso se agrava con la castidad sabida del imaginativo
artfice de la palabra. Al pintar una virgen se nota en su verba cierta
complacencia humana, y sus ngeles imaginados en la gloria o juzgados
en los cuadros de los Museos, semejantes a esos ngeles voluptuosos que
animara Goya en sus frescos de San Antonio de la Florida, nos parecen
mujeres hechiceras, tan carnales como espirituales. La castidad de
Castelar, bien sabida y explotada por los bufones de copla y lpiz en
las enemistades de la poltica, fu uno de esos casos de absorcin
cerebral en que todas las facultades humanas se condensan en la obra
del pensamiento; casos como el de Juan el del Apocalipsis, que Hugo
ha rememorado en pgina que no perece. Qu unin, qu matrimonio
no habra podido efectuar este dueo de la fama? Clibe y casto
vivi, clibe y casto muri. Y aqu es de recordar al paso al hombre
privado. Supo pasar buenos aos hermosamente, como debe vivir antes
que nadie todo artista aristocrtico. Se le tacharon alguna vez sus
lujos y grandezas, sin saber que aquel hombre vivi siempre de su
trabajo apenas ayudado por la fraternal simpata de sealados amigos;
y que si se regalaba con ciertos lujos, no caba en ello vanidad
ninguna, sino la comprensin de la esttica de la existencia, la cual
tiene obligacin de procurar, quien como l posea, como adorador
y sacerdote de la belleza, el don incomparable del gusto. Los que
fuimos favorecidos con la invitacin a su mesa, sabemos lo que Luculo
coma en casa de Castelar. Tena en esto, como en otras cosas, una
cualidad eclesistica. Coma con el gusto de un _monsignor_ y con el
apetito de un abad. Tena la amable costumbre que Quincey nos revela
de Kant; siempre haba invitados a su mesa, y, siguiendo la regla de
lord Chesterfield, el nmero de los que se sentaban, l comprendido,
no era nunca inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Y
el mejor condimento era su charla monopolizadora del tiempo, a la cual
ayudaba su memoria nica con el ms copioso anecdotario que sea posible
imaginar. Despus en su saln, al conversar, segn fueren los asuntos,
se dejaba llevar de su fuga tribunicia, y sus palabras se convertan en
prrafos de verdaderos discursos; y su vibracin era contagiosa, y l
se trasladaba en un salto invisible, fuera del momento. Cuntase que
un da aconteciole encontrarse en molestos apuros de dinero. Era en
invierno y la chimenea estaba encendida, como su conversacin, sobre un
asunto poltico, delante de varios ntimos. Llega una carta de Amrica,
con una letra por mil duros. Grata sorpresa que interrumpe un instante
su hablar. Pero contina, con carta y letra en la mano; el discurso,
a poco, se precipita, y con una frase rotunda y un gesto supremo,
carta y letra hechos nerviosamente una pelota, ya estn ardiendo en la
chimenea. Otra vez hizo aguardar largas horas a un personaje poltico,
cuya presencia en la antesala se le anunciaba repetidas veces, porque
le tena asidos lengua y pensamiento una disertacin sobre Botticelli
y los primitivos. Y de la casa en que aquel obrero tena el obrador
mental puesto para servicio de tantos diarios y revistas del globo,
sala mucho bien, mucho favor personal, mucho consuelo a los pequeos,
apoyo intelectual a quien lo necesitaba, consejo o aplauso, y la ayuda
eficaz al pobre que le peda, pues entre los humildes como entre los
grandes, entre las palmas y lauros sobre los cuales sobresala su
calva cabeza pensadora, resplandeca la virtud moral de aquel hombre
sencillo, de aquel corazn bueno.

Por eso su muerte ha causado un doloroso estremecimiento en Espaa
entera, paralelo al estremecimiento simptico del mundo. Haba ido
Castelar a buscar vigor a la orilla del Mediterrneo--el mar tantas
veces cantado en sus hmnicas proas--; haba ido despus de su ltimo
esfuerzo en la arena poltica, cuando los republicanos le rodeaban como
al hombre fuerte de las pasadas campaas, creyendo ver en l la salud
de la patria hoy tan maltrecha y extenuada. Pero as estaba el tribuno,
el que sufri tanto con el gran desastre, y que sintiendo llegar su
ltima hora, comunic en una carta a una amiga extranjera: Muero
con la agona de Espaa. Una tarde, a la orilla del mar, ve a unos
pescadores y se acerca a ellos. Los peces que se asfixiaban saltando
sobre la tierra, fueron para l triste impresin: Si ir a morir
como estos peces, faltos de oxgeno! Y as muri. Al da siguiente
de la noticia, mientras el pueblo de Madrid comentaba ya la actitud
de un ministro incorrecto y falto de seso, cerca de la Puerta del
Sol tuve una sensacin que jams se borrar de mi memoria. Un ciego,
de esos que aqu andan por las calles pidiendo limosna, improvisando
coplas de actualidad al son de sus lamentables guitarras, cantaba en
tono doloroso delante de un crculo de transentes que aumentaba a
cada paso. Por curiosidad me detuve, al oir en el canto el nombre de
Castelar. El pobre coplero del arroyo, en versos muy malos deca cosas
sentidas y hmedas de llanto sincero; y aun no s qu arte singular
haca coincidir su pena con el decir ingenuo, el acompaar de las
cuerdas afnicas de aquel instrumento imposible. Cuando volv la vista,
las mujeres lloraban; los obreros tenan las caras serias y tristes. Y
la maligna poltica apareci, con el instinto popular que sabe soltar
su avispa certera para que pique en donde se debe, con estrofas como
sta que recuerdo:

      Don Emilio Castelar,
    Que toda Europa conoce,
    Quiso Dios que se muriera
    Antes que abrieran las Cortes...

En la puerta del Sol, en los cafs, en las calles todas, el rumor se
acentuaba contra el Gobierno y en especial contra el ministro de la
Guerra, general Polavieja. Se acababa de publicar un decreto absurdo en
que se lea: Resultando: que D. Emilio Castelar ha muerto en honrada
pobreza;--Artculo 1., los gastos que ocasionen su enterramiento
y honras fnebres, sern de cuenta del Estado. As, fro como
un compromiso, duro como una limosna. Y esto en el pas de las
prosopopeyas y frmulas, en la tierra de Beso a usted la mano y donde
para nombrar a un ministro con sus ttulos, se llena un medio pliego!
El pueblo irritado no contena sus censuras. En aquellos momentos,
las Cmaras italianas y portuguesas enviaban su psame a ese mismo
Gobierno mezquino; el Senado de la Repblica Argentina se pona de
pie; el autocrtico Gobierno ruso manifestaba su pesar; el Instituto
de Francia lamentaba a su ilustre miembro; la Prensa de la tierra se
enlutaba, el pensamiento universal estaba de duelo! Despus se supo que
Castelar no tendra honores militares; que se haba prohibido a los
artilleros reunirse para tributar homenajes al organizador del Cuerpo
de Artillera, al antiguo presidente que tanto hizo por el ejrcito;
despus, que se autorizaba a los generales que quisiesen concurrir,
para que lo hiciesen con traje de diario y con banda. La Prensa cumpli
con su deber. Se habl claro; se dijeron verdades al rojo blanco.
Entretanto, el cadver de Castelar llega a Madrid en doloroso triunfo;
y se deposita en el palacio del Congreso. All desfil el pueblo, en
homenaje ltimo al gran pastor de multitudes; por all pas, entre
tantas gentes, el ciego que yo o cantar y de cuya visita al cadver
habl _El Liberal_. Pues le preguntaron al verle con su guitarra bajo
el brazo, con sus ojos sin sol: Para qu vienes, si no has de verle?
Y l contest: Por m le ver mi lazarillo! Y el obrero humildsimo
que lleg con su hijita de luto, la cual llevaba un pequeo ramo de
flores, y pidi permiso para ponerlo sobre el fretro, entre tanta
monumental corona?

Y lleg el entierro. Flua en el ambiente de la tarde la dulzura de
un cielo de acuarela. Madrid se desbordaba como un hirviente vaso.
Suspendida la circulacin por las calles que deba recorrer el fnebre
cortejo, la concurrencia se aglomeraba, los balcones se tupan. La
calle de Alcal, la Puerta del Sol, la calle Mayor estaban inundadas
por el ro humano. Desde temprano se esper por largas horas. Por fin
apareci a lo lejos el pelotn azul de la Guardia civil de a caballo.
Se abre paso entre el espeso gento, y comienza el desfile. Van,
precediendo, las profusas coronas; se destaca la de _El Liberal_,
enorme y negra, sobre un fondo de seda blanco; van los recogidos
del hospicio y del asilo de San Bernardino; los grupos de varias
asociaciones; los comerciantes, numerosos; la Academia de la Historia,
el Ateneo, el Crculo de Bellas Artes; ah distingo a Nez de Arce,
plido y como nervioso; ah va la barbilla canosa de Zapata, junto
al msico Bretn; all Echegaray, con su aire enfermizo y gastado.
Ah el todo Madrid de la celebridad: periodistas, artistas, sabios,
acadmicos. Y el clero, de sobrepelliz, anunciado por la manga de
la parroquia, embudo negro y oro. Y ah va Castelar muerto, en su
carroza severa. Todo el mundo se descubre, todo el mundo le da su
ltimo saludo. Sobre el fretro no se ve ms que un aislado ramito de
flores... es el ramito de la nia del obrero! La guardia de honor
sigue, de soldados de la Civil. De pronto se oye entre la muchedumbre:
Bravo! bien! Son los militares que vienen, a pesar de la mezquindad
ministerial. Bravo! Bien! Es el penacho blanco de Martnez Campos,
el ltimo gran guerrero, que asiste de toda gala; es Weyler, que viene
sin penacho, pero acorazado el pecho de condecoraciones y medallas,
Weyler, de fama terrible, pero que hoy se conquista por un momento las
simpatas, pequeo, acerado, ceudo, apretada y reveladora la saliente
mandbula. Bien! Bravo! Son los penachos, son los entorchados, son
los uniformes de otros tantos generales, de innumerables jefes y
oficiales que honran a Castelar a pesar de todo; es la comisin del
Cuerpo de artilleros, que lleva su ofrenda. Bien! Bravo! Es Espaa
la antigua que aplaude a las espadas que no han echado en olvido la
hidalgua. Viva Espaa!

Y pasan ms comisiones y los diplomticos, llenos de oro, entre los
cuales resaltan el Nuncio y el embajador de China, vestido de seda,
con su botn de cristal y su pluma de pavn. Y luego la presidencia
del Consejo de Ministros, y la Guardia civil que cierra la procesin,
y detrs an ms gente, y ms gente. Y el murmullo general se acenta
contra quienes no han sabido honrar la memoria del ms grande de los
espaoles de su poca, a quien sus mismos enemigos tienen una palma que
ofrecer cuando va camino de la eternidad, a quien no ha habido una sola
lengua espaola que no haya consagrado una palabra de admiracin, como
al hijo que mejor supo sobre la faz del universo, honrar a su madre
patria. Y quienes han herido a esa amada patria con rencores inauditos
ante el cadver de aquel que supo combatirles frente a frente en su
vida gloriosa y nobilsima, son los mismos que han contribudo a la
desgracia nacional por degenerados o dbiles, o ciegos instrumentos de
errores y desidias; son los que han vuelto de la derrota con pasmosa
frescura y a quienes una voz, harto elocuente en el Congreso, conden a
ser ahorcados con los fajines de sus uniformes... _Militaribus curis et
severitate morum_... No era Castelar tan gran admirador de Tcito?

Siendo la oratoria casi un arte teatral y basado de manera principal en
dotes fsicas que el tiempo va aminorando poco a poco, el Castelar de
los ltimos aos no era sino el reflejo del de las pasadas victorias.
Deca l mismo en un discurso no hace mucho tiempo: Por esto los
oradores se acaban, por la misma razn que se acaban, cuando no hay
guerra, los hroes. Por esto nuestra imaginacin se amortigua, nuestro
entendimiento se atrofia, las en otros tiempos armoniosas cuerdas
bucales marran, el estro lrico plega sus alas, el acento conmovedor
concluye; pues, implacables, la sociedad y la naturaleza destrozan en
sus inmensas y complicadas mquinas a todos aquellos seres que ya no
les sirven para cosa ninguna, y que no han de cumplir fin alguno en
el plan histrico de la Providencia. Pero desde los umbrales de la
ciudad oscura poda l volverse y contemplar la obra que queda fuera
de aquella que tena la vida de un eco, basada de manera exclusiva en
lo sonoro de su perorar, en lo arrebatador de sus actitudes o en la
cascada de sus alientos; es una serie de edificios de maravillosas
arquitecturas construdos en su repblica, sobre slidos terrenos o
sobre montones de arena movediza, o apoyados apenas en el aire en
que flotaban los colores y las lneas de su fantasa; o paisajes,
frescos cclicos de las luchas de pueblos y Gobiernos, de ideas y de
hombres en el continente europeo, en Amrica, en Asia, en Africa; o
cinceladas alhambras, kioscos de capricho, o preciosas _loggias_ que
improvisaba por deleite de arte; o la novela que le resulta vasto
poema en prosa; o la historia que le resulta himno multiplicado, o la
semblanza de personaje o boceto de idea que le resulta oda fascinante;
o el gran poema en estrofas de prosa, a ondas o a bloques, mtrica
ciclpea; o la villa de mrmol y de riquezas antiguas que labra
con sus recuerdos de Italia; o el monumento de mrmol tambin, a
Byron, y cien estatuas, y mil bustos, y un milln de camafeos, todos
al amor de un jardn singular en donde mueve el viento armoniosos
laureles griegos y robustas encinas romanas. Y aquel idealista, aquel
optimista, no ha partido contemplando sobre el mundo nubes de color
de rosa que presagien un da de dicha y de tranquilidad, antes
bien muy negros, muy amenazadores nubarrones, mientras se renen y
deliberan los congregados de la paz en La Haya. Su ltimo artculo
que ha publicado el _Temps_ hace ver a Francia poco favorable a un
olvido de sus rencores con Alemania; a Alemania, ms militarizada
cada da, sin permitir el menor menoscabo en su preponderancia; a
Inglaterra y a los Estados Unidos en un acuerdo tcito para imponer
en el globo la hegemona de los pases de lengua inglesa. Y concluye:
El descontento del Gobierno italiano, producido recientemente a
consecuencia de sus fracasos diplomticos en la cuestin de China;
las dificultades suscitadas entre Francia e Inglaterra por el Sudn
y el Nilo; el aumento de la escuadra inglesa, que ha necesitado una
suspensin de la amortizacin y un dficit de importancia; el cambio
de Amrica, que ha modificado su temperamento industrial y trabajador
para marchar a la guerra y a la conquista; el reparto de la China,
deseado por universales ambiciones; los progresos del ferrocarril ruso
en la Mongolia; los conflictos del Transvaal entre la presidencia
de Krger y la dictadura del desequilibrado Napolen del Cabo; las
amenazas contra Portugal y sus colonias; los temores y los espantos,
tan fundados como legtimos de nuestra desgraciada Espaa; la rivalidad
de Turqua y de Grecia, de Francia y de Prusia, de Rusia e Inglaterra;
los motines en Austria; el movimiento interior que reclama y pide
una Alemania ms considerable y numerosa que la Alemania actual; los
grmenes de desacuerdo entre las primeras potencias por consecuencia de
las extensiones territoriales de sus colonias. Todas estas cosas dicen
que despus de la Exposicin de 1909 no tendremos ni una hora de paz, y
elementos de guerra estarn diseminados y extendidos por todas partes.
Y al finalizar bendice, a pesar de todo, el Congreso de la paz.

En la nica, en la eterna, en la que todo entra, en la infinita, ha
penetrado el prodigioso prncipe de la elocuencia castellana, el
estupendo artista de la idea escrita, el predicador de la libertad.
El canario de Taine ha volado como un guila. En qu roca celeste
se detendr, para que su alma diamantina y pura, en la libertad de
la muerte tome un rumbo nuevo, bajo el viento de Dios? Espaa le
levantar un monumento de mrmol y de bronce; su nombre ir resonante
por el tiempo como un orbe de oro. Un tiempo quiz llegue en que su
espritu se regocije, desde la sombra de su misterio, al ver florecido
en una inesperada primavera su ideal. Figuraos una ciudad, Walhalla o
Jerusaln de las almas soberanas que giraron por la tierra, actualmente
cumpliendo con su misin semidivina, ciudad de hroes, de artistas, de
santos, de sabios y de poetas, los genios de la fuerza, los genios de
la belleza, los genios del carcter y del corazn, los genios de la
voluntad. En un aire de luz cruzarn las ondas de los pensamientos como
en una electricidad suprema. La personalidad que subsiste no obstar a
una comunidad de gloria ambiente. Pues bien, yo me imagino a nuestro
bueno y grande Castelar en el coro magno de esos inmortales sintiendo
en un instante del futuro como una voz que le da al oirla un nuevo
esplendor, una inesperada voz de la tierra que llega a conmoverle a lo
infinito. Ser cuando Espaa haya vuelto a alzar la cabeza como en das
antiguos, poseda del orgullo de su fuerza nueva, de las palpitaciones
de su nueva sangre. Junto a los boscajes de ensueo de esa sublime
ciudad, Jerusaln o Walhalla, los pensadores y los soadores siguen en
progresiva ascensin, construyendo las fbricas de sus clculos, los
palacios de sus fantasas. Me imagino en esa hora del Seor, que el
lrico tribuno sonre al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra,
del lado de las columnas de Hrcules, algo semejante a una salutacin y
a un trueno: un rugido.

PLATN.--Qu es eso?

CASTELAR.--Es mi len!

30 mayo 1899.

[Ilustracin]




                    NDICE


                                           Pginas.


Pensadores y artistas:

  Jacinto Benavente.                              3

  Jos Enrique Rod.                              9

  Graa Aranha.                                  15

  Zorrilla de San Martn.                        21

  Francisco Garca Caldern.                     25

  Santiago Rusiol.                              29

  Federico Gamboa.                               37

  Amado Nervo.                                   43

  Enrique Rodrguez Larreta.                     49

  Leopoldo Lugones.                              53

  Enrique Gmez Carrillo.                        59

  Ricardo Rojas.                                 65

  Manuel Ugarte.                                 73

  Angel Zrraga.                                 77

  Alberto del Solar.                             81

  Jacinto Octavio Picn.                         87

  Fray Crescente Errazuris.                     101

  Eugenio Garzn.                               107


Polticos:

  Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII.          115

  El General D. Rafael Reyes.                   123

  Cnovas del Castillo.                         129

  Jos Pedro Ramrez.                           135

  Castelar.                                     139




                       EDITORIAL "MUNDO LATINO"
                        APARTADO 502.--MADRID.


                         CATLOGO PROVISIONAL
                    (EXTRACTO DEL CATLOGO GENERAL)


                            OBRAS COMPLETAS
                          DE RICARDO DE LEN
                    (De la Real Academia Espaola)


                                                            Pesetas.

  Edicin del Banco de Espaa. Ocho volmenes en 4.,
  encuadernados en tela, con alegoras de Coullaut Valera
  y retrato del autor, por Vacqu                              50,00

  A plazos (5 pesetas mensuales)                               60,00


                       DE FRANCISCO VILLAESPESA

     I.--Intimidades.--Flores de Almendro                       3,00

    II.--Luchas.--Confidencias                                  3,00

   III.--La copa del Rey de Thule.--La musa enferma             3,00

    IV.--El alto de los Bohemios.--Rapsodias                    3,00

     V.--Las horas que pasan. (Veladas de amor)                 3,00

    VI.--Las joyas de Margarita: Breviario de amor.--La
         tela de Penlope.--El milagro del vaso de agua         3,00

   VII.--Doa Mara de Padilla.--La cena de los cardenales      3,00

  VIII.--El milagro de las rosas.--Resurreccin.--Amigas
         viejas                                                 3,00

    IX.--Las granadas de rubes.--Las pupilas de
         Almotadid.--Las garras de la pantera.--El ltimo
         Abderramn                                             3,00

     X.--Tristiti rerum                                        3,00

    XI.--La leona de Castilla.--En el desierto                  3,00

   XII.--El rey Galaor.--El triunfo del amor                    3,00


                            DE RUBN DARO
                       (Ilustraciones de Ochoa)

            Tomos publicados:

     I.--La caravana pasa                                       3,50

    II.--Prosas profanas                                        3,50

   III.--Tierras solares                                        3,50

    IV.--Azul                                                   3,50

     V.--Parisiana                                              3,50

    VI.--Los raros                                              3,50

   VII.--Cantos de vida y esperanza                             3,50

  VIII.--Letras                                                 3,50

    IX.--Canto a la Argentina                                   3,50

     X.--Opiniones                                              3,50

    XI.--Poemas del otoo y otros poemas                        3,50

   XII.--Peregrinaciones                                        3,50

   XIII.--Prosas polticas                                      3,50

    XIV.--Cuentos y crnicas                                    3,50

     XV.--Autobiografa                                         3,50

    XVI.--El Canto Errante                                      3,50

   XVII.--Viaje a Nicaragua o Historia de mis libros            3,50

  Ediciones especiales de lujo, con decoraciones a mano de
  Enrique Ochoa.


                             HENRIK IBSEN
                            TEATRO COMPLETO

     I.--Catilina. La tumba del guerrero. La castellana de
         Ostrat                                                 3,50

    II.--La fiesta de Solhaug. Olaf Liliekrans. Los
         guerreros en Helgeland                                 3,50

   III.--Los pretendientes a la corona y La comedia del
         amor                                                   3,50

    IV.--Brand                                                  3,50

     V.--Peer Gynt                                              3,50

    VI.--La unin de la juventud. Las columnas de la
         sociedad. La casa de una mueca                        3,50

   VII.--Emperador y Galileo                                    3,50

  VIII.--Espectros. Un enemigo del pueblo. El pato
         Silvestre                                              3,50

    IX.--La casa de Rosmer. La dama del mar. Hedda Gabler       3,50

     X.--El constructor Solness. El nio Eyolf. Al
         despertar de nuestra muerte                            3,50


                             JOS FRANCS

  El ao artstico 1915                                         6,00

    --       --       tela                                      8,00

  El ao artstico 1916 (con 250 grabados)                     10,00

    --         --          --       --     tela                12,00

  El ao artstico 1917 (con 250 grabados)                     11,50

    --         --          --       --     tela                13,00
      En preparacin el de 1918.


                    COLECCIN DE AUTORES ESPAOLES

                                NOVELAS

  _Edmundo Gonzlez Blanco._--Jess de Nazareht                 3,00

  _Jos Francs._--La estatua de carne                          3,00

        --         El alma viajera                              3,50

  _Lpez de Sa._--Los indianos vuelven                         3,50

        --         Bruja de amor                                3,50

        --         Por un milagro de amor                       3,50

  _W. Fernndez Flrez._--La procesin de los das              3,00

  _Elas Cerd._--Don Quijote en la guerra                      2,00

  _V. Garca Mart._--Don Severo Carvallo                       2,50

  _Mara Luisa Latil._--Segn labremos                          3,00

          --            Genoveva                                2,50

  _Eugenio Noel._--El allegreto de la Sinfona VII              3,00

  _Rafael Cansinos Assens._--Las cuatro gracias                 3,50

  _Francisco Delicado._--La lozana andaluza                     3,00

  _J. de Lucas Acevedo._--La Caja de Pandora                    3,00

  _Martn de la Cmara._--Vidas llameantes                      3,00

  _Maara._--Historia en camisa                                 3,00


                          ESTUDIOS Y CRNICAS

  _Emiliano Ramrez Angel._--Bombilla-Sol-Ventas                3,00

  _J. M. Carretero._--Lo que s por m (dos series)             3,00

  _J. Costa._--Alemania contra Espaa                           3,00

  _Pedro Pellicena._--Los Cosacos                               3,50

  _Margarita de la Torre._--Jardn de damas curiosas            3,50

  _Fola Igurbide._--El Actor                                    3,50

  _Alberto Ghiraldo._--Los nuevos caminos                       3,50

  _Enciso._--El soneto en Espaa                                3,00


                                POESAS

  _Jos Montero._--Yelmo florido (con ilustraciones)            4,00

  _Zurita._--Pcaros y donosos                                  3,00

  _Mauricio Bacarisse._--El esfuerzo                            3,00

  _Eliodoro Puche._--Libro de los elogios galantes y de
                          los crepsculos de otoo              2,50

          --         Corazn de la noche                        2,50

          --         Motivos lricos                            2,50

  _Emilio Carrere._--El retablo de los poetas. (Antologa)      3.50


                                TEATRO

  _Muoz Seca y Lpez Nez._--El Rayo                          3,00

  _H. Ibsen._--Dramas lricos                                   2,00

      --       La castellana de Ostrat                          2,00

      --       Espectros                                        2,00


                   LAS GRANDES FIGURAS DE LA GUERRA
                                EUROPEA

  Biografas de los generales: =Alberto I de Blgica.=
    --=Joffre.=--=Sir Jhon French.=--=Lord Kitchener.= Con
    preciosas fototipias, a                                     3,00


                         COLECCIN DE AUTORES
                              EXTRANJEROS

  Traducidas por _Felipe Trigo_, _Rafael Cansinos_ _y
  Pedro de Rpide_.

  _Victoriano de Saussay._--La ciencia del beso                 3,50

  _Ren Emery._--Santa Mara Magdalena                          3,50

  _Maquiavelo._--Obras festivas: La Mandrgora.--El P.
     Alberico.--La Celestina.--El archidiablo Belfegor          3,00

  _Claudia Lamaitre._--Juegos de Damas                          3,50


                        CELEBRIDADES ESPAOLAS


     I.--Bcquer (encuadernados en tela)                        3,50

    II.--Zorrilla        --                                     3,50

   III.--Espronceda      --                                     3,50


                           COLECCIN SELECTA

  _Toms de Quincey._--Los ltimos das de Kant                 1,00

  _Kalidasa._--El reconocimiento de Sakuntala                   1,00

  _Rousseau._--Discurso sobre las artes y las ciencias          1,00

  _Luciano de Samosata._--La diosa de Siria                     1,00

  _L. Sterne._--Viaje sentimental de un ingls a Francia        1,00

  _F. Alvarado._--El filsofo rancio. (Cartas)                  1,50


                       COLECCIN CIENCIA Y ARTE

  _Ricardo Yesares._--Qu quieres aprender? Electricidad.
                             Encuadernado en tela               3,50

          --               Qu quieres ser? Automovilista.
                             Encuadernado en tela               3,50


                             OBRAS VARIAS

  _Sthendal._--Del amor                                         6,00

  _E. M. Segovia_ (Oficial del Banco de Espaa).--Los
                       documentos de crdito                    5,00

  _Rivero._--Legislacin de clases pasivas. Volumen de
                    500 pginas, encuadernado en tela          10,00

  _R. Yesares._--Ayuda memoria del mecnico electricista.
                       Un volumen, encuadernado en tela         1,50


                           LIBROS DE CARTAS

  El arte de escribir cartas                                    1,00

  Manual epistolar (encuadernado en tela)                       2,00

  Cartas amorosas                                               0,60

  Epistolario de amor (encuadernado)                            2,00


                         COLECCIONES POPULARES

                         COLECCIN MAC-BULL

  Obras sensacionales, originales del conocido escritor
    seor _Bedoya_, cuya maestra en esta literatura es
    universal:

  El millonario detective                                       1,50

  El secreto del Kaiser                                         1,50

  La bola de sangre                                             2,00

  El alma de las brujas                                         2,00


                          COLECCIN PICARESCA

  Tomos de 130 pginas, de amena lectura de ndole
    burlesca y galante, con bonitas portadas en bicolor.
    Van publicados:

  Voluptuosidad y perversin                                    0,50

  En camino de la mala vida                                     0,50

  Corazn de piedra                                             0,50

  Memorias galantes de un { Juventud                            0,50

   abate del siglo XVIII  { Mis amores en Pars                 0,50

                          { Amores de otoo                     0,50

  Lgrimas de amor                                              0,50

  De flor en flor (Historia de un cnico)                       0,50

  El maldito dinero (Historia de amor y de maldad)              0,50


                          COLECCIN FOLLETN

  Esta coleccin contendr las obras ms famosas de la
    Literatura Universal, en elegantes volmenes de 150 a
    200 pginas, con primorosas cubiertas en color. Van
    publicados:

  El ltimo Mohicano                                            0,50

  El misterio de los Apaches                                    0,50

  Amor salvaje                                                  0,50

  Margarita de Borgoa                                          0,50

  Lucrecia Borgia                                               0,50

  La Dama de las Camelias                                       0,50

  Flecha de oro                                                 0,50

  El Capitn rojo                                               0,50

  Werther                                                       0,50

  El Espa de las rocas                                         0,50

  Manon Lescaut                                                 0,50

  Un viaje a la luna                                            0,50

  Mignon                                                        0,50


                   COLECCIN MARAVILLAS DE LA GUERRA

  Narraciones sensacionales del conocido periodista seor
    _Lpez Moya_, cuya fantasa corre parejas con su
    amenidad. Van publicados:

  Azaas de Vedrines                                            0,50

  Proezas de un submarino ingls                                0,50

  Tragedia en los aires                                         0,50

  El misterio de los Zeppelines                                 0,50

  El fantasma del mar del Norte                                 0,50

  Buzo heroico                                                  0,50


                        COLECCIN MEFISTFELES

  Primorosos volmenes de sugestiva lectura. Van
    publicados:

  La magia negra                                                0,50

  El A B C del hipnotismo                                       0,50

  Los misterios del sonambulismo                                0,50

  Ocultismo experimental                                        0,50

  Los misterios de las piedras preciosas                        0,50

  Las plantas en las habitaciones                               0,50


                            LIBROS TAURINOS

  _El Caballero Audaz._--El libro de los toreros: eplogo
    de Jos Francs. (Bomba, Joselito, Gallo, Belmonte,
    Pastor, Gaona, Carpio.) Con fotografas. Libro de
    xito enorme                                                2,00

  Los amores de los toreros. Cuadernos de gran tamao y
    muy interesantes para la aficin a toros. Van
    publicados: Belmonte.--Pastor.--Gallo--Gallito.
    --Gaona.--Los crmenes del gallismo. Cada cuaderno          0,20





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Polticos, by Rubn Daro

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Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
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