The Project Gutenberg EBook of La Caravana Pasa, by Rubn Daro

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Title: La Caravana Pasa
       Obras Completas Vol. I

Author: Rubn Daro

Contributor: Alberto Ghiraldo

Release Date: November 29, 2018 [EBook #58375]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA CARAVANA PASA ***




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  Nota del Transcriptor:


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  Pginas en blanco han sido eliminadas.

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  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




                           LA CARAVANA PASA

                                  POR

                              Rubn Daro


                                Prlogo
                                  de
                           Alberto Ghiraldo


                   Volumen I de las obras completas.
                       Administracin: Editorial
                             MUNDO LATINO
                                Madrid




                                              ES PROPIEDAD
                                              QUEDA HECHO EL DEPSITO
                                              QUE MARCA LA LEY




PRLOGO




[Ilustracin]




_RUBN DARO_


_El alma de Amrica ha repercutido en el mundo a los sones portentosos
de la lira de este admirable poeta. Admirable y nico, porque en l
se ha concentrado el esfuerzo de infinitas generaciones, siendo algo
as como la resultante de la evolucin de la gran raza hispana que,
allende el mar Atlntico, condujo el fuego latino sobre el lomo de las
carabelas conquistadoras._

_La hora es llegada, pues; la hora de las grandes afirmaciones sobre
la obra de Rubn Daro. Levantemos la voz entonces para afirmar,
definitivamente, lo que ha tiempo viene concretndose en el fondo de
los espritus: La influencia decisiva de este poeta en la literatura
espaola, ya que l es un fruto, el mejor fruto del rbol padre, pero
enriquecido por el aura de las florestas vrgenes, coloreado por
luces de cielos de libertad y sazonado por el sol esplendoroso de los
trpicos que dor su frente de predestinado._

_Y sin caer en la vulgaridad de exaltar, vanamente, la figura de
Daro al nivel del creador de una nueva literatura, cosa fuera de ley
natural, establezcamos el lugar verdadero ocupado por este magnfico
poeta, creador, a su vez, eso s, de un nuevo valor, de una nueva
sensibilidad, de la que va impregnndose toda la literatura espaola y
espaola-americana, contagiada por su numen._

       *       *       *       *       *

_Contra la opinin general creo, como lo he dicho en una reciente
impresin literaria, que es a travs de Daro, que la joven literatura
espaola se satura de Francia y de Verlaine... Pero es tambin a
travs de Daro--el poeta que, para quienes saben mirar y ahondar en
las cosas y en los seres, atesora en su espritu mayor cantidad de luz
americana--, que la joven literatura espaola adquiere una ductilidad,
una maleabilidad, una tersura, una sutileza, una sugestin, una
energa nuevas, bebidas por el precursor en sus Momotombos amenazantes
y tronadores, en sus florestas bellamente salvajes, en sus cielos
lmpidos, en sus soles ardientes y en las gotas de sangre que sus
ascendientes, chorotegas o nagrandanos, mezclaron al tronco hispano,
mstico y guerrero._

_Y he aqu cmo, a pesar de la influencia de Pars, americana es la
fuerza, americano el fuego, americana la sugestin del estilo que da
modalidad y carcter a este admirable movimiento literario de que es
bandera Daro._

_Escuchad cmo, l mismo, ha explicado su situacin artstica en estos
prrafos, tan llenos de sugestividades, que extraigo de la_ Historia de
mis libros:

  _En el fondo de mi espritu, a pesar de mis vistas cosmopolitas,
  existe el inarrancable filn de la raza; mi pensar y mi sentir
  continan un proceso histrico y tradicional; mas de la capital del
  arte y de la gracia, de la elegancia, de la claridad y del buen
  gusto, habra de tomar lo que contribuyese a embellecer y decorar
  mis eclosiones autctonas..._

  _En_ Del campo (_vase_ Prosas Profanas) _me amparaba la sombra
  de Banville, en un tema y en una atmsfera criollos. La_ Cancin
  de Carnaval _es tambin a lo Banville, una oda funambulesca, de
  sabor argentino, bonaerense. La_ Sinfona en gris mayor _trae,
  necesariamente, el recuerdo del mgico Theo, del exquisito Gautier
  y su_ Symphonie en blanc majeur.

  _La ma es anotada_ d'apres nature, _bajo el sol de mi patria
  tropical. Yo he visto esas aguas en estagnacin, las costas como
  candentes, los viejos lobos de mar que iban a cargar en goletas y
  bergantines maderas de tinte y que partan, a velas desplegadas,
  con rumbo a Europa. Bebedores, taciturnos o risueos, cantaban en
  los crepsculos, a la popa de sus barcos, mientras exhalaban los
  bosques y los esteros cercanos, rodeados de manglares, bocanadas
  clidas y relentes paldicos..._

  _Y tal es ese libro_ (_se refiere a_ Prosas Profanas) _que amo
  intensamente y con delicadeza, no tanto como obra propia, sino
  porque a su aparicin se anim en nuestro Continente toda una
  cordillera de poesa poblada de magnficos y jvenes espritus._

_Y, ya seguro del triunfo, agrega_:

  _Y nuestra alba se reflej en el viejo solar._

_Despus, aludiendo a_ Cantos de Vida y Esperanza, _dice_:

  _Espaol de Amrica y americano de Espaa, cant, eligiendo como
  instrumento al hexmetro griego y latino, mi confianza y mi fe en
  el renacimiento de la vieja Hispania, en el propio solar, y del
  otro lado del Ocano, en el coro de naciones que hacen contrapeso,
  en la balanza sentimental, a la fuerte y osada raza del norte._

_Y siempre, desde la_ Sinfona en gris mayor _de_ Prosas Profanas
_hasta el_ All lejos _de_ Cantos de Vida y Esperanza, _un rememorar
constante de paisajes tropicales lo embarga, refloreciendo
perpetuamente en toda su obra el recuerdo de la ardiente tierra
natal_.

       *       *       *       *       *

_He hablado de predestinacin, y nunca como en este caso podra
justificarse el uso de tal vocablo, puesto que una fuerza oculta,
secreta y soberana, parece impulsar a este peregrino del arte
que, zaherido por los necios y por los que no entienden_--celui
qui-ne-comprends-pas, _oh, Gourmont!--injuriado en su amor
propio--ms bien dicho, en su orgullo inmenso de forjador de
belleza--por el insulto, rastreante y baboso, de toda especie de
pedantes y pendolistas sin estro, anquilosados y grises moluscos sin
alma y sin brillantez; perseguido y calumniado, al iniciarse en su
carrera de escritor, por el cmulo de analfabetos zafios y leguleyos
circundantes; en plena y triunfante juventud, guiado slo por el hada
milagrosa que lo bes al nacer, chase a andar por el mundo, el nuevo
mundo de su cuna, recorre los lindes de su pueblo y, despus, con su
lira al brazo, sale de su Nicaragua lujuriante, va al Salvador, va a
Guatemala, va a Costa Rica, va a Honduras, cruza por segunda vez, en un
vuelo de guila, a Chile, y all, a raz de una brega fantstica con
la vida, con la msera vida que pretende, intilmente, atarlo por el
corazn y el estmago, a la piedra de sus molinos, en pleno vrtigo de
iluminado, lanza a los vientos de la gloria el gnesis de toda su obra
futura, encerrado, envuelto en el_ Azul _de sus ensueos. Despus...
Despus, escuchad: Vuelve de Chile a su Momotombo. Permanece una corta
temporada en la tierra que le vi nacer, tal como si hubiera ido a ella
slo para acumular algunas fuerzas complementarias de su energa, y
el incansable peregrino del arte, lira al brazo de nuevo, parte esta
vez en busca de la Cruz del Sur... Regresa a Chile para entrar a la
Argentina por en medio de sus altas cumbres, y all, en ese pueblo
nuevo, fuerte y predestinado tambin a cosas grandes, hace su aparicin
triunfal._

       *       *       *       *       *

_Ha llegado a su primera y grande etapa. All, en la Argentina,
trabajar denodadamente, luchar como un esforzado, bandera y verbo de
su arte, contra todo y contra todos. Convertido en fuerza dinmica,
reunir a su alrededor a la flor de la juventud llena de ideales y
ansiosa de expandirse; fundar revistas donde ensayarn sus vuelos
los pichones que hoy tienen alas de cndor; har periodismo alto,
fuerte, educador, sin mcula; ser caudillo literario, a cuyo paso se
abrirn rosas perfumadas y ardientes y se erguirn cactus malignos
y punzadores; har oir su palabra serena, armoniosa, llena de fuego
y de msica extraa y sugestiva, en defensa de su credo renovador;
escribir dos de sus libros fundamentales_, Prosas Profanas _y_ Los
Raros, _y, por fin, en el cenculo nocturno, rodeado de los elegidos
de su espritu, agitado y nervioso, presa del estimulante alcohlico y
trgico, ser siempre el apstol del arte, exaltado hasta el delirio
si queris, embriagado hasta la locura, pero soando, perennemente, con
la belleza y la luz_.

       *       *       *       *       *

_En la Argentina deba terminar su viaje por Amrica. Ya de all
vendra a Europa para irradiar desde aqu con ms poder en todo el orbe
de habla castellana. Cumple as su peregrinacin, y durante quince o
ms aos de batalla sin tregua--porque Daro fu un laborioso, hombre
de arte siempre, absorbido por la idea de la superacin, evolucionando
y ascendiendo por la luminosa cuesta de su montaa de ensueo--,
realiza esa obra admirable, de la que son jalones soberbios sus_
Cantos de Vida y Esperanza, El poema de Otoo, Peregrinaciones, La
caravana pasa, _el_ Canto a la Argentina _y el_ Canto errante, _broche
diamantino con que cierra el ciclo de su accin fecunda interrumpida
por temprana muerte_.

       *       *       *       *       *

_Poeta por antonomasia? S, poeta, el poeta, el ser entregado, todo
entero, al arte, a su arte, que era el de poner msica perdurable al
pensamiento._

_Apstol de la belleza, cuya alma, todo sinceridad,_

                Si hay un alma sincera esa es la ma!

_alent vibrando siempre al ritmo musical de la naturaleza, percibiendo
los sonidos ms armoniosos, sutiles y puros, para trasmitirlos, hechos
notas de luz, en sus estrofas aladas._

_En la lrica espaola queda para siempre marcada la influencia de este
poeta concretador, envidiable y generoso, de una nueva sensibilidad, la
sensibilidad de su poca, que l supo hacer palpable en su estilo de
magno y mgico artfice._

                                                  Alberto GHIRALDO

  Madrid, 1917.

[Ilustracin]




[Ilustracin: LIBRO PRIMERO]




[Ilustracin]




I


Desde el aparecer de la primavera he vuelto a ver cantores ambulantes.
Al dar vuelta a una calle, un corro de oyentes, un _camelot_ lrico,
una mujer o un hombre que vende las canciones impresas. Siempre hay
quienes compran esos saludos a la fragante estacin con msica nueva
o con aire conocido. El negocio, as considerado, no es malo para los
troveros del arroyo. Qu dicen? En poco estimables versos el renuevo
de las plantas, la alegra de los pjaros, el cario del sol, los besos
de los labios amantes. Eso se oye en todos los barrios; y es un curioso
contraste el de que podis oir por la tarde la claudicante meloda
de un aeda vagabundo en el mismo lugar en que de noche podis estar
expuesto al garrote o al pual de un _terror_ de Montmartre, o de un
_apache_ de Belleville. Mas, es grato sentir estas callejeras msicas,
y ver que hay muchas gentes que se detienen a escucharlas, hombres,
mujeres, ancianos, nios. La afnica guitarra casi ya no puede; los
pulmones y las gargantas no le van en zaga, pero los ciudadanos
sentimentales se deleitan con la romanza. Se repite el triunfo del
canto. Las caras bestiales se animan, las mscaras facinerosas se
suavizan; Luisa sonre, Luisn se enciende. El mal est contenido por
unos instantes; el _voyou_ ratero no piensa en extraer el portamonedas
a su vecino, pues la fascinacin de las notas lo ha dominado. Los
cobres salen despus de los bolsillos, con provecho de los improvisados
hijos de Orfeo--o de Orfen--. El cantante sigue su camino, para
recomenzar ms all la misma estrofa. La cancin en la calle.

El dicho de que en Francia todo acaba en canciones es de la ms
perfecta verdad. La cancin es una expresin nacional y Beranger no es
tan mal poeta como dicen por ah. La cancin que sale a la calle, vive
en el _cabaret_, va al campo, ocupa su puesto en el peridico, hace
filosofa, gracia, dice duelo, fisga, o simplemente comenta un hecho de
gacetilla. Ya la talentosa ladrona seora Humbert anda en canciones,
junto con la catstrofe de la Martinica, y la vuelta de Rusia de M.
Loubet. En Buenos Aires hay poetas populares que dicen en verso los
crmenes clebres o los hechos sonoros, como en Madrid los cantan los
ciegos. En Londres se venden tambin canciones que dicen el pensar del
pueblo, lleno de cosas hondas y verdaderas, a tres peniques los cinco
metros de rimas. Ese embotellamiento castalioperiodstico es til a
la economa de las musas.

       *       *       *       *       *

Dos cancionistas acaban de irse a hacer una jira alrededor del mundo.
Conozco a uno de ellos, a Bouyer, excelente muchacho que hace versos
lindos. Ese viaje alrededor del mundo es con el objeto de hacer dinero.
La empresa es loable, aunque un poco difcil. Esas cigarras corren el
peligro de abandonar la lira en el camino a pesar de la _rclame_ de
_Le Figaro_, de la proteccin de las colonias y del talento de los
viajeros. La cancin y el cancionista parisienses fuera de Pars, no
resultan. Siempre consider la bella y generosa idea del Dr. Can, en
uno de sus artculos, el establecimiento de un _cabaret_ artstico en
Buenos Aires, como irrealizable. La cancin de aqu necesita primero
su idioma, sus oficiantes melenudos, su ambiente singular, la cultura
de un auditorio tico. Ya me imagino en un caf criollo, una especie
de _Quat'z-arts_, la figura de Yon Lug, por ejemplo, cantando, con su
melena, y sus pantalones. Pobre melena, pobres pantalones y pobre Yon
Lug! Louise France no saldra dos veces. Y en cuanto a los _hyspas_ que
quisiesen ridiculizar a tales o cuales personajes mundanos o polticos,
no quiero pensar en los percances que les sucederan.

La calle y el aire libre dan su nota especial a todo lo que en ellos
pasa, cortejo, personas, msica o palabra. El mismo ensueo brota en
veces de la calle. Quin no se ha sentido vagamente sentimental, en
la tristeza de una tarde, al oir cmo brota en fatigadas ondas de
melancola la msica soadora de un organillo limosnero? No ha escrito
un altsimo poeta un maravilloso poema en prosa con ese motivo?

La cancin anda por las calles y callejuelas de Pars desde hace
tiempo. Los triols de Saint Amand nos dicen algo de las que se oan
por aqu por mi vecindad, en el Pont Neuf. Se las oye entre ocho y
nueve, las raras canciones del Pont Neuf. Su papel es menos blanco que
un huevo, pero mi lacayo las encuentra bellas. Las canciones del Pont
Neuf se unen a los raros libelos. El espritu popular ha florecido
siempre en las canciones, en blancos amorosos, en rosados alegres, o en
los rojos furiosos de las locas carmaolas. Charles Arzano nos renueva
la historia de la cancin callejera desde su aparicin en ese Pont Neuf
y sus alrededores,

    ...rendez-vous des charlatans,
    Des chanteurs de chansons nouvelles.

Los cancionistas eran un poco bohemios, un poco prestidigitadores o
maestros de animales sabios, perros o monos. Y sus cantos eran solos o
acompaados de lamentables violas o violines. Un pobre diablo de poeta
del tiempo de Saint Amand se llamaba el Perigourdin, andaba hecho una
lstima, vendiendo sus composiciones o haciendo que las venda. Luego
hay otros, como el loco Guillaume, que diverta a Enrique IV y a Luis
XIII. Las mazarinadas aparecieron. Scarron afilaba sus tijeras. La
stira de todos se encarnaba en volantes estrofas.

    Un vent de fronde
    A soufl ce matin:
    Je crois qu'il gronde
    Contre le Mazarin.

Las mujeres no faltan. Ya es la Mathurine compaera de Guillaume el
bufn, ya la terrible verdulera dame Anne que andaba en el mercado y
fuera de l esparciendo invectivas contra su regia tocaya de las bellas
manos, Ana de Austria. Desfilan en la curiosa lista de la cancin
flotante, Phillipof el ciego, que

    ...a gueule ouverte et torse
    A voix hautaine et de toute sa force
    Se gorgiase a dire des chansons;

el cojo Guillaume de Limoges, el Apolo de la Grve, Mondor y Tabarin
su criado, Bruscambille, Duchemin, y el gran charlatn barn de
Grattelard. Bajo Luis XV, Minart y Leclerc, Valsiano y esa hermosa
Fanchon, cantora atrevida, prdiga de su cuerpo, que llevaba encajes de
Chantilly en su delantal. Verdadera cancionista de las calles, a la
Watteau, ningn _souper fin_ digno de ese nombre se poda dar sin la
presencia de la bella Fanchon, a quien se festejaba y se llamaba por
todas partes.

Bajo la Revolucin no surge ms figura que la de Angel Pitou, tan
famoso en el mundo gracias a Dumas. Pero la cancin callejera entonces
va en coro, en grandes coros trgicos. Lleva el gorro frigio, rojo
como la sangre, y en las puntas de las picas, cabezas. Despus la
cancin ha degenerado. No aparecen figuras concretas y notables. Los
caricaturistas, como Daumier y Gavarni, se ocupan de ella como una
pgina de miseria al servicio de la filosofa de su lpiz.

Hoy los cantores ambulantes, como he dicho, son siempre camelots que
venden canciones con ocasin de un suceso cualquiera, as como venden
juguetes, grabados, tarjetas postales o abanicos. Y cantan ellos del
mismo modo que pronuncian discursos o _bonimenst_. La primavera es un
pretexto, Vctor Hugo otro, Boulanger otro, el 14 de Julio otro; y la
venta aumenta con un hecho criminal de resonancia como el asesinato de
Corancez:

    Ecoutez le terrible drame
    Qu' tous ici je vais chanter,
    Vous en s'rez tous pouvants
    Et pleurerez  chaudes larmes.
    Faudrait qu'vous n'ayez rien dans l'me
    Si vous rfusez de me l'acheter!
    Un pre, un inmonde assassin
    Dont le coeur n'tait pas humain
    Et quin n'est pon digne d'estime,
    Commit les plus horribles crimes.
    La colre guidant sa main,
    Il assomma tout's ses victimes.

La cancin, editada generalmente en el Faubourg Saint-Denis o en la
calle du Croissant, lleva su ilustracin, su grabado espeluznante,
o amoroso, o patritico. As la cancin en la calle va presentada
por la pintura, por la msica y por la poesa. No podr quejarse el
aficionado. Los temas cambian como la actualidad, y de este modo la
profesin no tiene tiempo perdido, y la ganancia es segura. Vale ms
que asaltar, robar o hacer el oficio de los clebres, por ahora, Leca y
Manda, dueos que fueron de la innominable _Casque d'or_.

       *       *       *       *       *

Eugenie Buffet logr gran fama, hace algunos aos, saliendo a
cantar para los pobres; y en las calles de Pars recogi muy buenas
cantidades, ayudada por su agradable figura, su buena voz y su buen
talento. La vi en tiempo de la Exposicin, en el Pars viejo, en el
_Cabaret de la pomme de pin_. Y la he vuelto a ver en otro cabaret que
ha hecho ruido al fundarse en Montmartre, pues no se poda conseguir el
permiso para su fundacin: _La Pure_. En esos _cabarets_ montmartreses
y en algunos del barrio Latino, se refugia la cancin que guarda las
tradiciones y las preeminencias de antao, aunque muy venida a menos.
Los poetas cancionistas de esos lugares son casi todos comerciantes
al pormenor de talentos sin salida o sin colocacin. Esos artistas
que tanto han dicho y dicen de la burguesa, son servidores de ella,
histriones de ella. El renombrado Fursy tiene como clientela la flor
mundana y _demi_-mundana. Los poetas de su _bote_ divierten a las
cortesanas y a las gentes de dinero, diciendo stiras ms o menos
graciosas contra personalidades conocidas, y formando, por as decir,
una gaceta lrica con todos los sucesos que llaman la atencin pblica.
El _cabaret_ de Fursy es caro como un teatro de primer orden, y se va
a l despus de comer en casa de Paillard... Esa no es la cancin en la
calle. Es la cancin del tiempo en que vivimos.

Ah! las ilusiones de tantos jvenes americanos cuyas cartas recibo, en
que me hablan como de un soado paraso intelectual de esos centros en
que ellos juzgan triunfantes a la bella Poesa y al Arte adorado.

Hay, en esos centros, unos cuantos hombres de bastante talento, aqu
donde _todo el mundo tiene talento_, que le saben sacar su provecho
al oficio de rimar; y unos cuantos pobres diablos que cantan por unos
pocos francos la romanza sentimental o la cancin de _faits divers_.
Y entre los concurrentes, gentes de todo pelaje, mujercitas fciles,
botticellis que se dicen etermanas, poetastros, viejos _rats_, o
muchachos con fortuna que van a pasar el rato con su amiga. Por una
hermosa poesa, muchas mediocres, escatolgicas, o tontamente obscenas.
Por una manifestacin de arte, o de sentimiento, un sinnmero de
bufonadas sin sal ni gracia. No faltan exticos y rastacueros que
aparentan gozar con todo lo que all se ve y oye, dando por un hecho
que, para ser parisiense, hay que gustar de ello.

La poca actual ha bastardeado las cosas del espritu y del
entendimiento y corazn. El utilitarismo y la poca fe han mermado el
soar y el sentir. La vieja lira se ha vuelto un instrumento que hay
que poseer a escondidas, _en catimini_, como dicen por ac.

Las rimas en Francia estn de baja. A pesar de ser Hugo divinizado,
los libros de versos no tienen salida en las libreras, ni los poetas
nuevos logran romper el hielo general. No debe ser esto signo de
progreso, porque en Inglaterra y en los Estados Unidos no hay familia
que no tenga su poeta favorito junto a la biblioteca del hogar.

Los poetas oficiales son como M. Rostand o como M. Sully Prudhomme...
Ni unos ni otros llenan el vaco ideal. Los otros se van cada cual por
su camino, mientras las sombras de Verlaine y Mallarm desaparecen
entre los cipreses obscuros de una hermosa leyenda. La cancin se echa
a la calle...

Prefiero oir el organillo, el orgue de Barbarie...

[Ilustracin]




[Ilustracin]




II


Ha habido en estos das dos exposiciones que han atrado la atencin
parisiense, sobre todo la de la gente elegante: una de perros, otra
de flores. Tan de buen tono es una perrera de distincin, como una
coleccin de orqudeas o crisantemos.

En la plaza de la Concordia, frente a la exposicin canina, se ha
instalado todos los das un grupo singular de hombres y canes, una
especie de pequeo mercado al aire libre: los perros pobres, los perros
de la calle, los cuatro patas de Pars cantados por Bruant cuando
Bruant no tena rentas. Es algo como el Saln de los Independientes,
ante los medallados y ricos...

Ciertamente, en todo hay clases, hay jerarquas. Los perros del
coloquio de Cervantes no eran del mismo rango que los que acompaan,
decorativos, a los prncipes, en los retratos de Velzquez, y un perro
de ciego no es igual a un perro de millonario. El otro da, en el hall
del Elyse Palace Htel, he visto algo que preocupaba a la servidumbre.
Los _larbins_ sonrean, casi se humillaban... Solicitaban una caricia,
una mirada, quiz una mordida... Se trataba de los perros de la
baronesa Hirch, que andaban ah por los salones, seores distinguidos
aunque importunos y mal educados.

All en la exposicin se ha reunido una larga cantidad y variedad del
quiz extremadamente alabado animal, que usufructa la mejor fama de
fidelidad y de nobleza. Todos los pelajes y todas las formas, desde
los enormes mastines hasta los perrillos redondeados como pelotas para
alfileres o semejantes a manguitos. Entre los visitantes he visto
personas que miraban con verdadera ternura a las notables bestias y
he recordado la suscripcin abierta por el _New York Herald_ para un
hospital de perros, y a la cual han contribudo con buenas sumas,
nobles foxterriers y blasonados galgos. Y hay, en una isla del Sena, un
cementerio cnico que...

--Cuanto ms vivo entre los hombres, amo ms a los perros, dej dicho
alguien. Yo, agreg un filsofo bastante cuerdo, con quien departa
junto a la gran perrera de las Tulleras, cuanto ms vivo entre los
hombres envidio ms a los perros. De ellos es la tierra prometida y
sus sucursales: Pars, Londres, New York. La ms noble conquista del
hombre y el perro, han logrado gran parte en el imperio del mundo.

La ocurrencia de Calgula fu un presentimiento. Antes que en Pars, en
los Estados Unidos los perros han llegado, merced a la complacencia y
al capricho de sus amos millonarios, a la filozoologa, parangn de las
obras y del sentimiento de los filntropos. Los perros ricos han dado
dinero a los perros pobres, sus hermanos desheredados. La caridad es
una noble virtud.

Los perros parisienses de la _lite_, gozan de todas las ventajas de su
excepcional posicin. Disfrutan de sta con un exceso chocante. Los hay
que no disimulan su petulancia y su vanidad. Los hay que van solos, en
los carruajes de sus amos al Bosque, en estas dulces tardes doradas de
sol. Miran, desde sus cojines, con un desdn manifiesto; no bajan de
su preeminencia social. Su desdn abarca a los hombres, a los hombres
pobres. Son autoritarios con los perros de la clase media, y tiranos
con los perros callejeros.

Jams consentiran en una _messaliance_; tienen decoro. Hasta hoy,
en este favoritismo de que gozan, la gente de buena voluntad vea
algo como una coercin benfica en los caballos y en los gatos; pero
los gatos se han dado demasiado a la literatura desde Beaudelaire;
y sufren, a causa del _civet_ de liebre, la predileccin de los
cocineros de _rotiseras_ mediocres. En cuanto a los caballos que se
diran exclusivamente favorecidos por las sociedades protectoras de
animales, estn demasiado degenerados y abatidos por un servilismo que
retrogradar muchos siglos su progreso... Hay el gran Prix, s; pero
hay tambin la hipofagia! En tanto que los perros...

Haraposos, hombres y mujeres, los del mercado improvisado de perros,
estaban all frente a la terraza de Orangerie. Les rodeaban un grupo
de pobres diablos y de curiosos; y por el aspecto, muchos de ellos
necesitados, hambrientos. Dentro se oa la algazara de los perros
ilustres; perros que valen una fortuna _y que lo saben_; perros
titulados y con holgadas rentas anuales; perros que tienen cocinero,
veterinario y modisto; perros _parvenus_, hijos del azar, perros
cristianos y perros judos.

Ah! admirable Teufelsdroeckh.

A los ojos de la lgica vulgar, qu es el hombre?--Un bpedo
omnvoro que usa calzones! T seras hoy impagable para una
conferencia trascendente sobre la psicologa de los perros y su
relacin con los humanos.

A la puerta de la exposicin, un gran perro, vagabundo, un verdadero
quat'patt's de Pars, sarnoso, flaco, lleno de remiendos y peladuras,
pero fuerte, con una gran boca que deja ver muy firmes y agudos
dientes, mira hacia adentro con ojos que sin ser humanos podran decir
muchas cosas.

Si l pudiera!...

       *       *       *       *       *

Turno de las flores.

Esto es ms grato. Recordis las maravillas florales de la Exposicin
Universal? Habra que repetir el mismo himno, que glosar el mismo
canto. Flores de todos los climas, de todos los colores y de todas
las formas se presentan en las _serres_ nuevas, en el jardn de las
Tulleras, al lado de la rue Rvoli La jardinera confina ya con
la escultura, con la pintura, con la literatura. Hay aqu tambin
nobleza y distincin. Junto a las rosas reinas y las princesas
exticas, estn las flores de los campos, las flores rsticas que
han recibido educacin, que han aprendido a ser elegantes, que han
aumentado y afinado sus trajes, que saben, al paso del aire, hacer
cumplidas reverencias y que pueden ser cortejadas por las ms exigentes
mariposas. Un soplo de penetrantes aromas brota de tantas delicadas
carnes, de tantas magnficas corolas. Mil formas se combinan, se
juntan, y todos los tintes lucen a la luz que pasa amorosa por los
vidrios de las galeras. Qu vasta nomenclatura! Las familias se
multiplican y se llega en ocasiones a perder el conocimiento. Rosas,
cuntas rosas? Claveles, cuntas especies de claveles? Llaman las
clemtides japonesas de colores episcopales; los geranios de todos los
colores, los caladiums tropicales, las otras flores de sonantes nombres
latinos y griegos; las rosas siempre, de cien, de mil nombres, desde
los de las leyendas hasta los de las vulgares dedicadas a subprefectos
y propietarios; las reina-margaritas, los jazmines, las mltiples
violetas; las cestas de amapolas civilizadas; la anmona antigua que en
el latn de Plinio como bajo el cielo se abre al soplo del aire: _Flos
numquam se aperit nisi vento spirante, unde et nomen ejus_. Y otras, y
otras, infinitas joyas de los _parterres_.

Las marquesas, los ministros, militares, ricos mundanos iban y venan
gozando en la fiesta primaveral y perfumada.

El filsofo, silencioso, meditabundo me dijo de pronto:

--La verdad es que el derecho al pan es indiscutible.

--S, le contest.

--Y tambin este otro: que cada cual tenga en la vida su parte de rosas.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




III

_Andrianamanitra mby an-trano_, en correcto malgacho, quiere decir:
El buen Dios est en la casa, lo cual se aplica, all en Tananarive,
cuando la luz del sol invade las habitaciones. Es una manera de
expresarse potica, sencilla, religiosa, como conviene a gentes
salvajes, negras, desprovistas de toda civilizacin.

En Pars, capital de la cultura, cuando llega oficialmente cornacqueada
la pobre reina Ranavalo, se la llama la negrita de la rue Pauquet, se
la aloja en un garni de segundo orden, se la pinta como una mona, en
los peridicos; lo cual no obsta para que, en la estacin, al llegar su
majestad hova, se haya gritado, a falta de algo mejor: vive la reine!

La reinita morena--_nigra sum sed formosa_--es bastante agradable y
simptica; no es, ni mucho menos, una salvaje, puesto que pedalea
y lee novelas francesas. Si la pensin que se la pasa no fuese tan
limitada, se entregara quiz al automovilismo. Prisionera, despus de
ser destronada de un modo completamente progresista, ha vivido en una
villa que la sirve de jaula en Argel. Es algo en cambio de su palacio
de plata, en la capital de su reino, en donde, soberana, gozaba de su
libertad poderosa y de sus caprichos. La tierra de su nacimiento es de
singular hermosura; y al llegar a Pars, no ha dejado de recordarla.

Ese pas, hoy bajo la fuerza francesa, es descrito as por Pierre
Mille: All, dice, las tempestades mismas no obscurecen la claridad
del cielo. Las estrellas no son las mismas que en Europa, y la luna
es tan bella y majestuosa que los nios la llaman abuela, queriendo
significar as su respeto y su afecto por ese astro. La tierra en ese
pas es roja y casi sin rboles.

Los ros, detenidos por diques frecuentes, se extienden en los valles
y favorecen as el cultivo del arroz, que rinde ciento por uno. En fin,
los habitantes, siendo de origen polinesio, tienen ms inocencia que
virtud. Aman el amor, los nios, los cantos fciles, y, sobre todo, la
luz.

Como vis son absolutamente brbaros; y se ha procurado y se procura
infundirles ideas nuevas e importarles diferentes artefactos, as como
iniciarles en los refinados adelantos de nuestro ilustre Occidente.
Como Ranavalo lee los peridicos, se ha encontrado, a su llegada, con
el asunto de la secuestrada de Poitiers, una seorita encerrada por
su distinguida madre y su ex suprefecto hermano, durante un perodo
de veinticinco aos, y encontrada medio podrida en un infecto cuarto;
varios procesos de delitos contra natura; un obispo estafador; un
tal prncipe de Vitenval, pontificio, preso por idnticos motivos;
descubrimiento de torturas y castigos vergonzosos en el ejrcito; la
cuestin dudosa del _Figaro_; y los odios antisemitas y nacionalistas.
Y al enterarse habr exclamado: _Andrianamanitra mby an-trano!_ lo
que, como ya sabis, quiere decir en lengua de Madagascar: _El buen
Dios est en la casa!_

       *       *       *       *       *

A la reina se la dan--hay que ser justos--25.000 francos al ao; lo
cual representan el _revenu_ de cualquiera buena burguesa retirada de
sus negocitos. En cambio, el militarismo nacional impuso a la honesta
repblica la conquista de un pas ya unido a Francia por lazos morales
y polticos, desde el tiempo de Luis XIV. El dulce Mercier fu el alma
de esta campaa heroica que cost a los franceses siete mil soldados
muertos de disentera y fiebres tropicales. La toma de Tananarive no
cost un solo caonazo: la reina y los prncipes se entregaron a la
generosidad de los invasores. Francia asumi el protectorado directo
de la isla. Las cosas andaban muy bien y ya empezaba a reinar el
bienestar en el pas, cuando, con pretextos ms o menos ftiles, el
general Galieni, secuestr violentamente a Ranavalo, la despoj de
toda autoridad, e hizo fusilar en la plaza pblica a los parientes y
ministros de la pobre soberana esclava.

Por eso cuando ahora la preguntan a sta si ha tenido noticias de _la
bas_ se pone casi a temblar y olvida el francs que ha aprendido.--Des
nouvelles? Non, non. Jamais des nouvelles. Rasanjy? Sais pas. Philippe
Razafimandimby? Sais pas! No, no quiere saber nada. Se imaginar que
la van a fusilar.

Y la sobrinita Mara Luisa, que se llama en malgacho Zat, tiene ya
nociones de lo que es la civilizacin europea. Y cuando la preguntan:
Qu quieres ser t cuando seas grande? contesta:

--General!

El ao pasado, en la Exposicin, tuve oportunidad de conocer a una
seora francesa que haba habitado por largo tiempo en Madagascar.
Llevaba consigo a una morenita hova, como de siete aos, vestida con
su traje nacional, de lanas y sedas rojas y blancas. El pequeo bronce
vivaz tena los ms lindos ojos negros y una graciosa sonrisa que
enseaba la finura de sus preciosos dientes. Hablaba la malgachita
con toda facilidad el francs y el ingls, y sus gestos y movimientos
denunciaban seleccin de raza y origen principal. La seora contaba la
historia de su bello hallazgo extico, y es singular. Era la nia hija
de un alto dignatario. Cuando los pacificadores de Galieni quisieron
sofocar una pretendida rebelin, cuya causa mayor eran exacciones
de colonos aventureros, no encontraron mejor medio que imponer el
terror, y as fusilaron a gran parte de personajes influyentes, cuyo
concurso habra sido justamente indispensable para calmar cualquier
movimiento sedicioso o de protesta. Refugiados los sobrevivientes en
lo intrincado de las selvas, vivieron all meses de hambre y angustia.
Los que se atrevan a salir servan de blanco a los soldados. Por otra
parte no era un sport nuevo. Los ingleses lo conocen.

Un da, despus de una matanza de indgenas, encontraron abandonada a
esa chicuela, en un estado de lamentable extenuacin. La buena seora
la recogi y despus de muchos cuidados, logr salvarla. La nia
contaba que por largo tiempo haba vivido alimentndose de races.
La misma seora no cesaba de alabar la inteligencia de su protegida.
La raza hova--deca--es de las ms nobles y fciles de gobernar. Es
verdaderamente una inmensa injusticia la que se ha cometido imponiendo
el rgimen militar con su squito de excesos y sus crueldades.
Actualmente todava se impone all la ley marcial. Fusiles y espadas
dominan.

Y la nia como que quera agregar:--_Andrianamanitra mby an-trano!_...

       *       *       *       *       *

El redactor de un peridico, recin llegada la reina Ranavalo,
recibi una carta en estos trminos: Seor, quedar muy agradecido
si me explicis porqu la reina Ranavalo ha sido recibida de otra
manera que el presidente Krger. El caso es idntico. Ambos, vctimas
de la violencia, han tenido que abandonar su patria invadida por
el estranjero. La nica diferencia est en que la reina ha sido
despojada por hombres que usan guerreras obscuras y pantalones rojos
y el presidente por soldados que tienen guerreras rojas y pantalones
obscuros. Esta diferencia es muy poco importante para que la suerte de
la una sea menos interesante que la suerte del otro y despierte menos
simpatas. Por lo tanto, me pregunt: a qu causa atribuir la actitud
tan contradictoria de la poblacin parisiense?

La respuesta es sumamente sencilla y el periodista ha contestado
en consecuencia. El ingls encuentra muy legtima su accin en el
Transvaal, y condena la del francs en Madagascar; el francs considera
que tena derecho a tomarse Madagascar; pero que el ingls, al
conquistar el Transvaal, se ha portado como un salteador. Resulta,
deca una notable carta publicada en _La Nacin_, de Buenos Aires,
que cuando la mueve su pasin, su inters o su conveniencia, la
civilizacin europea es ms brbara que los brbaros.

Ciertamente, entre Krger y Ranavalo hay considerable diferencia.
El viejo boer est libre y la reina no; Krger tiene salva toda su
fortuna--quince millones, por lo menos, de pesos oro--, y la reina
no dispone sino de lo que el gobierno de Francia la quiere dar, en
pupilaje; Krger lee la _Biblia_, y a Ranavalo se le ha contaminado de
Ohnet, Mary, y compaa. Y para colmo de desventuras de la infeliz,
cuando ha adoptado las modas europeas, comprado bicicleta, aprendido un
poco de piano y venido a Pars con licencia, se la recibe como a una
macaca, se la llama negra y fea a cada paso, y poco falta para que se
la proponga una contrata en un circo, para bailar la bmbula al lado de
Chocolat.

Entretanto, ella recibe su pensioncita, que la viene a ser como el
coronelato de Namuncur.

Y el mariscal Waldersee vuelve ya de la China, en donde los soldados
de la civilizacin desventraron chinitas tan monas como Mara Luisa
Zat. En el sur de Marruecos _se pacifica_. En Cuba la enmienda Platt
protege a la isla ex espaola. Tacna y Arica no saben a qu atenerse.
En el Transvaal, Cecil Rhodes hospeda a Jameson, el del raid, en su
mansin que tiene un jardn, segn nos cuenta Jean Carrre, como no lo
tuvieron Csares romanos, lleno de flores raras y de leones enormes
prisioneros...

Decididamente, _Andrianamanitra mby an-trano_.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




IV


Suelo encontrarme con gentes imaginativas y con gentes prcticas,
con caballeros de la clula y doctores msticos, con personas que
todo lo arreglan como dos y dos son cuatro y con personas que estn
esperando en estos momentos el caballo blanco del Apocalipsis. Toda
la biblioteca Alcan me merece mucho respeto, y doble la figura de los
santos padres que inspiran esa y otras bibliotecas parecidas. Los
espiritualistas hasta el xtasis y los swedenborguianos de la rue
Thouin, me inspiran vagos temores que algunas risueas ideas suelen
aminorar. A propsito de una autopsia ruidosa que tuvo por anfiteatro
el del hospital Saint-Antoine, y en la cual unos estudiantes de buen
humor rellenaron de peridicos el crneo de un ex gendarme--simblica
ocurrencia,--multiplicaron su hgado y desparramaron sus dems
miembros, se ha hablado y escrito mucho en Pars. He odo la opinin
de los de la clula, y no encuentran de particular en el hecho sino
la mala administracin del hospital; los del caballo blanco, por
el contrario, me han prometido para dentro de muy poco tiempo, la
destruccin del mundo por el fuego del cielo. No s qu dir la
Camarde de la sabia tranquilidad de los unos y de las bblicas
seguridades de los otros; pero algo debe preparar despus de tantas
ofensas, olvidos y burlas ante los cuales ese cmico descuartizamiento
de un difunto agente de orden pblico, es poca cosa. La verdad es que
_No hay que jugar con la muerte_, y Pars est jugando con ella, sin
mirar que desde lo obscuro de su abismo, horrible como en el fresco del
campo-santo pisano, esa flaca fatal ve mucho ms all de sus ausentes
narices.

Desde luego el olvido. Quin recuerda, en el bullicio de esta vida
de continuos placeres en la lucha incesante por el dinero, por la
posicin o por la fama--que todo en el fondo es uno,--quin recuerda
que tiene que morir? Es el perpetuo ejercicio de los sentidos, y
la fatiga consiguiente. Cuando llega _la hora_, todo el mundo est
desprevenido. Si se es algo, la noticia ir en las secciones de crnica
social de los peridicos, y a nadie se le ocurrir que tal cosa pueda
acontecerle. Las ofensas son ms. La frecuencia del duelo es una de
tantas manifestaciones. Otra, la destruccin de la vida en su germen,
los fraudes del amor, las connivencias de M. y M^{me} Saturno. La
estadstica ensea resultados increbles, y la simple conversacin con
un portero instruye como un libro. Las hacedoras de ngeles han
ocupado tanto a la justicia, como la ciruga galante que abelardiz
una crecida clientela de damas ultraprudentes, partidarias de la
despoblacin francesa. Estos terribles menoscabos a la vida, son otros
tantos insultos a la Muerte, que se ve privada de gran parte de su
cosecha y suplantada en sus futuras funciones.

La burla es peor. Existe en Montmartre un _cabaret_, que puede ser
considerado como uno de los templos en que mayor culto recibe la
estupidez y la grosera humanas. Se llama el _cabaret du Nant_, y
es una de las curiosidades que el recin llegado a Pars se ve
obligado a visitar, inducido por el cicerone, por el amigo bromista,
por la gua o por haber odo hablar del obscuro rincn en que se
toma a la muerte como un inconcebible pretexto de bufonera. Atenas
no habra consentido ese infecto bebedero, y en otra capital que no
se llamase Pars no habra ni polica ni pblico para la siniestra
farsa. La fachada del _cabaret_ est pintada de negro y una lmpara
verdosa ilumina la entrada. Ya en lo interior, os reciben unos cuantos
_croquemorts_ con saludos fnebres, y os llaman la atencin las
decoraciones absolutamente mortuorias. Calaveras, tibias, esqueletos,
inscripciones tumbales hieren la vista en las paredes; y las mesitas
para los consumos, estn substitudas por atades. El _croquemort_
que hace de mozo, al servir lo que se le pide, no deja de acompaarlo
con comentarios escatolgicos, y de evocar ideas de carroa y de
inmundicia; las provocaciones al asco suelen ir acompaadas de insultos
grotescos, y todo esto, por lo general, es recibido por un pblico
singular, con risas aprobativas:

Luego se pasa a una especie de teatrito, en donde, por un juego ptico,
se presencia la descomposicin de un cadver. Y he encontrado un tpico
personaje en ese antro: una infeliz muchacha, que cuando el lgubre
barnum pregunta al pblico: No hay quien quiera hacer de muerto? y
no surge de los asistentes el mozo ocurrente, o la joven lista, se
presta--dos francos la noche--a la macabra apariencia. Se ve entrar a
la persona en el atad, y se va advirtiendo poco a poco la lividez, la
podredumbre, la cuasi liquefaccin y el esqueleto. El resultado es un
uff! de desahogo, al salir de tan abyecta cueva. Cun lejos, en el
camino de lo infinito, el fresco de Lorenzetti!

       *       *       *       *       *

Tengo gran estimacin por los mdicos y gran devocin por la medicina,
entre otras cosas, porque Esculapio es hijo de Apolo. Por esto mismo he
sentido correr fro por mis venas cuando he odo a varios estudiantes
de medicina ciertos informes y juicios. Yo, seor, me dijo uno, voy
a recibir mi ttulo dentro de poco, pero ni ejercer mi profesin, ni
me pondr jams en manos de un colega. Me habla usted del desprecio
de la muerte, de los chistes cadavricos, de bromas de _carabin_? An
hay algo peor en los internados. Qu dira usted si le dijese que
suelen verse y no con rara frecuencia, casos de absurdas necrofilias,
e inconcebibles profanaciones por inicuos farsantes? Pues bien, el
desprecio de la vida, la burla de la vida, es algo que da escalofros.
Ha ledo usted _Les Morticoles_, de Len Daudet? Le han narrado casos
curiosos? Yo le dir de uno observado por m.

Llega un infeliz, el profesor diagnostica: apendicitis. Ya sabe usted
la enfermedad que estuvo hace poco de moda. Va uno a operar. Se le
abre el vientre al pobre paciente, se ve, y se encuentra que no tiene
en absoluto tal apendicitis. El profesor, muy tranquilo: Est bien,
csanle! No es esta la peor de las vivisecciones y la ms horrible de
las infamias?

Otro caso. Un marido, recin casado, va a consultar a un mdico,
acompaado de su seora. Era un asunto ginecolgico. El matrimonio,
rico. El doctor asegura al marido que hay que hacer una operacin, una
operacin muy ligera, cosa de cortos instantes, mientras usted se fuma
un cigarrillo. Y el marido enciende el suyo, y se queda, no sin cierto
temor, esperando los resultados de la carnicera, en la antesala. Yo,
me dice mi amigo, tena el cloroformo y otro ayudante el pulso; el
doctor comenz a operar, y a poco vi un chorro de sangre que se elevaba
casi hasta el techo. No hubo remedio posible.

El mdico, asustado, dijo: _a y est!_ Unos instantes despus la
mujer era cadver; el ayudante tuvo que salir a dar la noticia al
marido, pues el doctor tena, y con razn, miedo de que le matara.
Y como ste, otros tantos casos. Naturalmente, esto no lo dicen los
Doyen, los Albarrn, los Mauclair. Otros me narran historias que seran
hoffmanescas si no fuesen netamente repugnantes, de las horas intiles
del internado. Cuando el reciente hombre descuartizado, que es todava
incgnita para la polica, se supuso una broma de estudiantes. Ah,
las bromas! hay imbciles que para asustar al profano, se lanzan hasta
hacer sospechar, con ambiguas reticencias, ocurrentes antropofagias.
Ante esta clase de internos, futuros doctores, me complazco en
recordar a buenos amigos mos, del hospital San Roque de Buenos Aires,
excelentes muchachos que cuando las fatigas de la obligacin y del
estudio concluan, pasaban sus horas libres hablando de arte, dibujando
o interpretando en el armonium a Wagner, a Beethoven, a Grieg.

Y los vagos rumores de enfermedades sostenidas, de monstruosos
abortos, de verdaderos asesinatos en favor de impertrritos herederos,
de esos que han tenido su comentario mejor en una popularsima
caricatura de Caran D'Ache, y los encierros de gentes en su sana razn
en manicomios y casas de salud? Cierto; esto sucede en todas partes, y
entre vosotros podis sealar algunos ejemplos que la prensa ha hecho
visibles y resonantes; pero en esta vastsima capital del placer, del
oro, del amor, los hechos son muchos.

Los _camelots_ venden juguetes macabros, el esqueleto se prodiga en
dijes y pisapapeles. En una ocasin no lejana se di un concierto en
las catacumbas y se _flirt_ al amor de una sensacin nueva. La poesa
de Rollinat, que hoy ya nadie recuerda, tuvo muchos aficionados, y
_Mademoiselle Squelette_ muchos intrpretes. La Gran Histrionisa genial
Sarah Bernhardt, hizo famoso su fretro-lecho. La duquesa de Pomar,
tocada de teosofa, daba bailes en donde apareca, segn se dice, el
espectro de Mara Stuart; y el de Esseintes de Huysmans, cuyo modelo
en carne y hueso es el conde Robert de Montesquieu Fezensac, ofreca
comidas negras, a las que no hubiera tenido inconveniente en sentarse
la sombra del Comendador.

Hay una literatura _faisande_, que huele mucho a cadaverina con su
poco de cantrida; a ella pertenecen, para sealar un ejemplo, ciertos
cuentos de M. Jean Lorrain, caro a lectores reblandecidos.

La guillotina ha sido llamada por un escritor el espectculo
nacional, como los toros de Espaa; y hay gentes, sobre todo en
un especial medio femenino, que buscan esos sangrientos pimientos
erticos, para condimentar deseos insaciados y animar ensueos viciosos.

Claro, que no es todo Pars, hay que fijarse bien y claramente, no
es todo Pars, sin excepcin; pues hay un Pars que trabaja y es
inmenso ese Pars, y hay un Pars que reza, inmenso tambin, aunque
parezca esto una eminente paradoja. Gran parte de la enfermedad est
sostenida por la carne cosmopolita que dominguea en la ciudad fabulosa
y maelstrmica.

Pero de un modo o de otro, Pars, en medio de su gloria, en medio de
la alegre agitacin de sus pecados amables y terribles; en medio de la
avalancha de oro que un solo soplo de sus labios hace rodar al abismo;
en medio de tantas msicas y canciones que no hacen oir las quejas de
los de abajo, de los que estn, _como los muertos_, en sus negras
catacumbas, miseria y hambre; en medio de una primavera que presenta
incesantemente sus flores y un otoo continuo que da sus frutos a los
paladares favorecidos de la suerte; en medio de un paraso de locura en
que la mujer en su sentido ms carnal y animal, es la reina invencible
y la devoradora todopoderosa, ha olvidado que hay algo inevitable y
tremendo, sobre los besos, sobre los senos, sobre la alegra, sobre la
msica, sobre el capital, sobre la lujuria, sobre la risa, sobre la
primavera y sobre el otoo; y este algo es sencillamente la Muerte; la
Muerte, a la cual se olvida, o se ofende, o se burla.

No hay que meter peridicos en el crneo de los muertos, como el mozo
del hospital Saint-Antoine. Se pueden poner al tanto de lo que pasa.

No hay que dar conciertos en las catacumbas. Se puede despertar la
Muerte; y ponerse a bailar, como en la Edad Media...

Ese sera el desquite de la Muerte...

[Ilustracin]




[Ilustracin]




V


Un distinguido asesino ingls, o al menos apellidado Smith, ha
intentado, con mal xito, degollar a una vieja cortesana retirada, ya
sin cotizacin en plaza, pero que tiene automvil. Las seoritas de
Pougy y otras Oteros, se han estremecido ante sus diamantes. En Maxim's
la noticia del suceso hizo palidecer muchas caras bonitas. El hecho
del da ha sido la preocupacin de _esas damas_, que por mucho tiempo
tendrn que pensar en los inconvenientes de su lucrativa carrera. Han
parado mientes en que, en Babilonia y en el mundo _ou l'on s'amuse_,
bajo una buena levita se oculta un buen estrangulador, y en que Smith
es uno ms en la lista de los Pranzinis, Prados y compaa.

Ah! estas graciosas desplumadoras de pichones y gallos viejos,
encuentran de repente la garra de la bestia bruta que por quitarlas
el collar les quiebra el lindo cuello, o les pega una pualada, o les
ahoga, o emplea las armas principio de siglo del hroe de ahora: la
pelota de plomo en la cscara de la mandarina, y el anillo atado a la
fina cuerda. Y no ser quien las mate el hambriento desesperado de los
suburbios o el _marlou_ de gorra y blusa. Ser uno de esos desechos
humanos, uno de esos intrusos de todas partes, caballeros de industria,
rastas empobrecidos y sin oficio, rondadores de mesas de juego,
componedores de amor ajeno a tanto la pieza, parsitos de hetairas y
candidatos a la momentnea o larga celebridad que ofrece el aparato de
M. Deibler.

En los cafs de mujeres elegantes y venales, habis visto esos
extraos tipos, de nacionalidades dudosas, valacos, griegos,
levantinos, americanos del norte y tambin del sur, rubios u obscuros,
elegantemente vestidos, con prendedores hirientes, bigotes tziganos,
conocidos de muchos sin que ninguno sepa a punto fijo quines son,
amigos confianzudos de las ms sealadas Emilianas y Margaritas, y
que levantan a su paso vagas interrogaciones: De qu vive ste?
Cmo gasta, cmo derrocha? Vive, casi siempre, de los calaveras que
le prestan y de las mujeres que le dan. Pero de repente, una noticia
circula al son de los valses hngaros, por las mesas envanecidas de
champaa: Sabes! Fulano, preso. Una estafa. O un robo. Cuando el
aventurero es de hgados negros, la campanada anuncia un asesinato.
Cuntos de esos van por el bosque, haciendo el rico, en equipajes
ajenos? Cuntos se sientan a jugar en los casinos al lado de ttulos y
personajes, hasta que un da se les agarra en la engaifa, se les echa
a puntapis, o se les desenmascara?

Mas, es cerca de esas damas donde ellos aprovechan con ms
frecuencia, pseudo protectores, seores de compaa como el grotesco
tipo que acaba de presentar Coolus, secretarios, o perros de presa. Por
ese camino se llega a todo. El dinero a que estn acostumbrados les
hace falta de pronto, y hay que buscarlo de cualquier manera. Tienen
muchas amigas de las carreras, del aperitivo, de la cena, del teatro,
conocen sus joyeros, sus habitaciones, sus hbitos. Y as, de cuando en
cuando, una pobre pecadora muere de sangrienta y trgica muerte.

       *       *       *       *       *

Esas damas...

Preciosas estatuas de carne, pulidas y lustradas como dijes, como
joyas, flores, o animales encantadores, estuches de placer, maestras de
caricias, dignas de una corona de emperatriz, ducales, angelicales, y
tan brutas, tan ignorantes, tan plebeyas en su mayora!

Cuando ms os deleitan un gesto atvico, un modal hereditario, os
revelan la antigua granja, el gallinero, el lavadero o la cocina
maternales. Todas las aguas de Lubn, todas las invenciones de Lenteric
no bastarn a quitar la original mancha nativa; todos los roces
con Gales, con Borbn o con Sagn no las suavizarn la aspereza de
generaciones de servidumbre y vulgaridad, y cuando el carcter exalta
o se agria brotan de los ms bellos labios palabras y hacen los ms
blancos brazos gestos, que piden la portera o el mercado.

sta naci en un pueblecito de provincia; vino a Pars no se sabe cmo;
quiso trabajar y no pudo; le cay del cielo de un lecho casual una liga
medianamente favorable. Abandonada, fu _soubrett_, y de criada de
seora alegre, fu arrebatada por tal viejo vicioso que la lanz, es el
trmino. Tuvo suerte, y hoy posee una mediana educacin, un hotelito,
caballos, y su nombre figura en las crnicas del _Gil Blas_.

Esa otra es gallega. Sirvi en Madrid en una casa de huspedes. Todos
los estudiantes supieron en su pensin de a dos pesetas lo que era
el amor de la sirvientita, cuya cara primaveral era un planto de
sonrisas, y cuya generosidad no tuvo lmites. Quin le ense a bailar
el vito y el fandango? Quin la levant de tan bajo como haba cado?
Qu ngel le mostr el camino de Pars, y quin la hizo descaderarse
ante un concurso de periodistas? Es el hecho que triunf en un
instante, y sus castauelas hicieron llover luises. Los jvenes vivos
y los viejos bobos la llenaron de diamantes. Qu de diamantes! Sus
diamantes fueron tan clebres como sus conquistas. Torpe como un pato,
tiene en su poca la celebridad de una Aspasia. Tiene hotel, casas que
alquila, todava ms diamantes, y mil trompetas que anuncian al mundo
el reinado de su belleza.

Aqulla, tuvo por cuna un montn de coles, se corrompi casi en la
niez, circul por los barrios parisienses, en noches de fro, en busca
del paseante trasnochador. La casualidad la hizo hallar su suerte buena
en un desconocido. Ascendi. Gan. Acapar. Juega a los caballos. Su
llegada a Niza y Monte-Carlo causa siempre sensacin.

Aquella otra, se acordar del pobre pintor que fu su amor primero en
un cuartucho del barrio Latino? Se acordar de las noches danzantes
de Bullier? De la escasa cena a la madrugada, en los mercados? Quiz,
porque se la suele ver en ocasiones pasear sus trajes de Doucet por
cafetines del Boul' Mich y saludar a sus antiguos conocimientos.

Las obreritas miran con envidia a estas desdichadas con fortuna, cuyas
faldas, cuyos sombreros, valen un ao de trabajo en un taller matador.
El lujo las fascina, ese lujo gritn y exhibicionista; y el ver a las
ilustres pelanduscas en compaa del lord, del conde y del millonario.
Y no sospechan los lados duros y trgicos de esos aparatos de placeres,
a quienes el placer mismo martiriza.

Algunas empiezan ya a guardar dinero, a poner en el Banco economas, y
suelen ser menos frecuentes los fines de fiesta a lo Cora Peral. Pero
la riqueza no es segura y un crecido tanto por ciento va siempre a
los hospitales y a la miseria degradada, cuando un mpetu salvador no
lleva la vieja carne intil al Sena. Las que logran asegurar los aos
ltimos, ya se sabe en lo que paran. Como el diablo viejo, en fraile;
la diablesa gastada, en devota.

Hay sus raros ejemplos de aficin a la literatura, y sobre todo a las
tablas. Lo primero no deja de ser una especie de _rclame_, como en el
caso de Mlle. de Pougy; y lo otro no es ms que el _affiche_ viviente,
la muestra plstica, el escaparate del restaurador que pone a la
vista lo que atrae a los amantes de la _bonne chre_, o si queris,
_bonne chair_...

       *       *       *       *       *

Habis estado alguna vez, pasada la media noche, en casa de Maxin?
Cito este lugar, por ser uno de los que ms ha estado de moda en
este ltimo tiempo. Una muchedumbre de beldades caras se instala
en las mesas, que no tardis en ver coronadas del indispensable
cordon-rouge o extrady. Caballeros de todos portes invaden el recinto
y entablan la partida amorosa de la cena, mientras los tziganos, que
casi siempre son espaoles, italianos y franceses, martirizan los
violines en un suplicio orfico que no cesa. Jovencitos adinerados y
ms que maduros _marcheurs_ se disputan la primaca del halago a las
mujeres, radiantes de joyas, maravillosamente vestidas, irresistibles
de vicio. Hay sonrisas, charlas, risas, y no son raros los insultos.
All estn las varias Guerreros, estranguladas de perlas, repartiendo
sus tentaciones espaolas; all varias yanquis, soberbias y duras,
con las manos pesadas de brillantes; y las innumerables Fulanas de
Tal Cosa, Perengana de Tal Otra, francesas con su falso apelativo
nobiliario, graciosas, atrayentes, plidas de noches blancas, a pesar
de los afeites. Y se come y se bebe; y cuando llega la madrugada, ya
las mesas se han apartado y el baile se inicia, y dale _Valse bleue_
y dems msicas en boga. Por el lado del bar pasan los equvocos
_chasseurs_ que llevan mensajes; por otro circulan los mozos serviles,
renovando la champaada. Y la _qute_ de los msicos, completa los
indispensables desembolsos. (Qu dirais al saber que los violineros
del _Caf de Pars_ se han ganado en un ao de propinas setenta y
tantos mil francos?) Y las mozas se alegran ms y ms. Cada cual cuenta
con su presa. Y el inadvertido mozalbete no consulta su cartera; y el
animado _gag_ no halla qu hacer con su emperatriz de a tantos luises.
Y hay entre ellas celos y recelos. La ninfa no esconde a veces a la
verdulera, y la marquesita Watteau no oculta que sabe el vocabulario de
su pap el cochero.

El triunfo est a la salida, cuando cada vctima se lleva a su
compaera del brazo. No se cambiara un caballero de stos, en ese
instante, por el mismo ex prncipe de Gales.

All he visto autnticos potentados asiticos e inconfundibles
majestades yanquis; conocidos lores, y, qu honor para el continente!
gran variedad de afortunados hispano-americanos.

All he visto--y ya comprenderis que no he asistido como uno de
tantos, pues no tengo inconveniente en manifestaros que no me llamo
Vanderbildt, y que la buena mensualidad que me paga _La Nacin_ no me
alcanzara para dos noches;--all he visto, con cierto pesar, a ricos
argentinos, desparramar los billetes azules, esfumar los oros con
prodigalidades que no dejaban mal puesta la bandera... Pero os juro que
ms de una vez he tenido la tentacin de decir a uno de esos notables
gozadores de la vida: Seor, es una bella pasin la pasin de la
belleza, y la grata compaa de estas princesas, envidiable desde todo
punto de vista, de odo, de olfato, de tacto. Tenis un capital que
no palidece ante el de algunos de estos nababs cosmopolitas. No sera
yo quien os aconsejara tomar la vida por su lado obscuro, cuando las
estancias producen tanto y no gastis sino los intereses de vuestro
haber total. Pero permitidme que os haga esta pequea observacin. Con
lo que gastis en una semana de superfluos derroches, podra seguir por
mucho tiempo sus estudios un joven pintor, msico, escultor, escritor,
de los muchos que en vuestro pas son pobres, y podran ms tarde dar
honra y brillo a la patria. Con lo que gastis en dos semanas podrais
obsequiar al Museo nacional de Bellas Artes, una hermosa obra, que
acrecentara al naciente emporio artstico; con lo que gastis en
un ao--y hablo de gastos absolutamente sin razn--calculad lo que
podrais hacer!

Pero, casi siempre, cuando voy a hablar esto, suenan los violines, se
esparce la _Valse bleu_, se interponen los _chasseurs_, hace cuatro
reverencias el _sommelier_...

Y esas damas...!

[Ilustracin]




[Ilustracin]




VI


Lo que se llama aqu la Gran Semana, es dedicada principalmente a la
ms noble conquista del hombre; la ms noble conquista del hombre ya
se sabe que es el caballo.

Ya fu la fiesta de Auteuil, en donde, con la complacencia de un da
amoroso y dorado, se vi un brillante ejrcito de mujeres deliciosas,
vestidas con el arte de encantamiento que los costureros saben;
irrupcin de rostros sonrientes, trajes de primavera, sombreros y
sombrillas que alegran de armoniosos colores el espectculo: un ir y
venir de gentes elegantes; en las tribunas una aglomeracin de notas
encantadoras; y cerca, los lagos, los carruajes ostentosos, tambin
con su carga de belleza y de riqueza; ya Chantilly, con su Derby que
hace competencia y vence en Epsom, Chantilly, lugar aristocrtico y
deleitoso; ya Longchamps, adornado de lujo e hirviente de mundo; al
Gran Prix, con sus pompas y ruido.

El entusiasmo que hay en Pars por las carreras, slo puede compararse
al que hay en Espaa por los toros. Se juega mucho, se juega
demasiado. El sport actual no ve la mejora de la raza caballar sino
en la ganancia. El cuadro esttico interesa poco. La equitacin,
atacada por la bicicleta y el automvil, est en decadencia. _Saxon_,
_Jocely_, _Chri_ son aclamados, ms que como violentos hipgrifos,
como fuentes de entradas, de francos o de luises. Los que pierden,
ciertamente, no aclaman al cuadrpedo triunfante. Pero por el momento
los nombres de los ganadores van hasta las constelaciones. Desde
1873, una larga lista seala triunfos sucesivos--tal una enumeracin
de papas, de reyes o de generales: The Ranger, Vermont, Gladiateur,
Ceylan, Frvacques, The Earl, Glaneur, Sornette, Cremome, Board,
Trent, Salvator, Kisber, Si-Cristope, Thurio, Nubienne, Robert-Devil,
Foxhall, Bruce, Frontn, Little Duhk, Paradox, Mintin, Tenebreuse,
Stuart, Vasistas, Fitz, Roya, Clamart, Rueil, Ragotski, Dolman
Baghtche, Andree Arreau, Doge, Le Roi Soleil, Pert, Semandria, hasta
el glorioso bruto de ahora, _Chri_, cuyo propietario, Caillaut, no
cabe en su orgullo. Calgula no andaba muy errado. Las publicaciones
sportivas son numerossimas y el pblico las compra como el peridico
noticioso, el diario preferido. Los principales cafs y bars tienen
un servicio de informacin inmediata para las carreras; las gentes
del alto mundo, tanto como las del bajo, tienen su animal favorito y
apuestan. Los suicidios a consecuencia de prdidas en los hipdromos
no son escasos. Hay quienes opinan que las carreras son tiles y de
alta moralidad poltica. Las ha llamado alguien pararrayos de las
revoluciones, exactamente como Huysmans llama pararrayos de las
tempestades diurnas a los conventos. El pueblo se divierte, dicen, y
as no hay temor de que se subleve. _Panem et circenses._ Mas no se
fijan que las carreras sin el pan, no contentan a los proletarios; y
lo que se est preparando en lo nebuloso del porvenir, por obra del
fermento popular, y de la miseria negra que contrasta con la insolencia
de la riqueza exhibicionista, no es la cada de un ministerio ms o
menos Waldeck, o de una repblica ms o menos radical o clerical;
es algo que so demasiado hermoso Hugo y que previ demasiado rojo
Heine; algo que le va a quitar el automvil al prncipe D'Arenberg y
las caballerizas a M. Edmond Blanc. Eso no lo sabe tanto orgulloso
satisfecho de los que tienen por Homero a Jean Lorrain y por grfico
retratista al mordiente Sem.

Grandes sportwomen hay, que se apasionan por el juego elegante, y otras
que son dueas de _haras_. Por mucho tiempo la vizcondesa d'Harcourt
hizo lucir sus caballos, con sus jockeys blanco y oro. Hoy se ve
siempre en la tribuna a la duquesa d'Uzs, a la de Noailles, a muchas
duquesas; a las condesas de Roederer, de Le Marois, de Saint-Phallier,
de Portales, a la princesa Murat, y cien otras nobles ms, y seoras
de propietarios de _curie_, y mundanas en profusin tanto como
_semi-mundanas_... Y es desde luego una parada de elegancias, una
exposicin de trajes y joyas, en competencia; visin de sedas y
encajes sutiles, visin de flores y de sombreros, de sonrisas, de
gestos graciosos. Del lado de los hombres, el todo d'Hozier, la banca,
los negocios, los clubs. Entre las barbas blancas, la del duque de
Chartres y del rey Leopoldo, y las patillas que enmarcan la cara dura
del barn Alfonso de Rothschild. Luego el grupo de los comisarios,
dueos de caballos, corredores, etc., y la tribuna de _entraneurs_ y
jockeys.

Los jugadores y curiosos pobres estn ms all, bajo los rboles, a la
hora del salchichn al aire libre, y junto a la reja en el momento de
la corrida de las ligeras bestias.

Y cuando la carrera empieza es el enorme gritero, la expectacin, la
impaciencia por saber cul ha de ser el dichoso ganador; y los nombres
de los animales que corren en competencia se pronuncian entre el ruido,
mientras los caballos van por la pista como la bola en la ruleta. As,
como el _entraneur_ de M. Caillaut, propietario de _Chri_, llegase
tarde cuando el Gran Prix se corra, no encontr lugar en la tribuna
en que le corresponda estar, y no supo la victoria de los caballos
de su amo sino por las exclamaciones que entre la tempestad de gritos
llegaban a sus odos: se nombraba a _Saxon_, el ganador de Chantilly,
y al ingls _Lady Killer_, hasta que el hbil hombre de caballeriza
sinti un soplo de alegra al oir aclamar en ltimo instante a _Tibre_
y a _Chri_.

Desde el presidente de la Repblica al ltimo _camelot_, pasa en
triunfo el nombre del vencedor, los colores del patrn adquieren un
nuevo brillo y como que, al pasear al bruto triunfante, se dejase
ver, en cuatro patas flacas y con una cabeza soberbia, la imagen de
la vanidad, pasajera y momentnea. Pues el doble _event_ es cosa
rara, y _Saxon_, ganador en Chantilly, no tuvo el gran premio. Y ese
principado hpico tiene el fin de todos los principados humanos.
Arquas haca ya lamentarse al corcel antiguo triunfador en la carrera;
me he visto, dicen los versos de la Antologa, coronado, en otra
poca, en las orillas del Alfeo; gan dos veces el premio junto a la
fuente Castalia; y obtuve aclamaciones de la muchedumbre y aplausos,
en Nemea y en el Istmo; a la piedra de Nisipo pasaba como llevado por
el aire, Oh desdoro! hoy doy vueltas a la piedra de un molino, en
ruin ocupacin, y sufro el ltigo. Los _Saxon_ y los _Chri_ no irn,
gracias a los progresos de la industria, a hacer harina; pero no est
en lo imposible que sus gloriosas carnes sean maana, cuando la vejez
llegue, consumidas en beefteaks de culinaria subrepticia, o claramente
ofrecidos a la hipofagia parisiense. No sern los primeros _outsiders_
vctimas del apetito.

Un bello espectculo es sin duda alguna el desfile, cuando las horas
doradas de la tarde ponen en el Bosque su ambiente de amorosa alegra,
en esta estacin que hace hervir las savias y precipitarse la sangre.
El presidente de la Repblica se retira, y generalmente es aclamado
a su paso. Una interminable procesin de vehculos se extiende, en
un resonar sordo de cascos y un sacudimiento de sonorosos arneses.
Pasa el mundo oficial, el gran mundo, los batallones de clubmen. Las
hetairas no son las menos miradas como comprenderis--, la Emilienne
d'Alenon en su cab ingls, la Otero en su equipaje superior al del
mismo millonario Chauchard, y todas las celebridades de la gracia en
venta y del amor profesional. Se disemina el inmenso ro de carruajes
y automviles y bicicletas. Quines van a los restaurants del Bosque,
quines a la ciudad. Pars murmura, se estremece, baado de fuego
vespertino, y al entrar a la plaza de la Concordia, al ver el casco de
oro de los Invlidos, las lejanas agujas de Santa Clotilde y, en el
inmenso _forum_ que engrandece y alegra el espritu al propio tiempo,
el obelisco sobre el fondo verde de las Tulleras; al respirar este
ambiente y sentir filtrarse en uno el alma del da, se experimenta un
singular placer. Se viene de coronar a un caballo; pero no importa.
All est enterrado Napolen, aqu respir Vctor Hugo; sentimos como
que vamos sobre el pecho del mundo.

Venimos de la coronacin de un caballo; en Atenas tambin se haca lo
mismo. Un caballo bueno vale ms que un general malo. Y luego, la ms
noble conquista del hombre siempre ha sido compaera de la gloria; no
se concibe a Alejandro sin Bucfalo, al Cid sin Babieca; no puede haber
Santiago en pie, Quijote sin Rocinante ni poeta sin Pegaso. El caballo
es noble, es generoso, es bueno. Merece ms que los elogios de M. de
Buffon.

       *       *       *       *       *

Lo lamentable es que en el sport moderno, lo repito, en las carreras,
no se tenga por mira el espectculo esttico, sino el lucro, el azar,
la ganancia. La gran _pelousse_ equivale a una mesa de billar, a una
carpeta de juego. La Gran Semana es la semana de la ostentacin del
lujo por un lado y la apoteosis del juego por otro. Dicen que esto es
el 14 de Julio sportivo. Hay razn en decir eso. Mas no es envidiable
la celebracin desde aquel punto de vista.

Mejorar la raza caballar es una gran cosa. Se ha llegado en
esto a resultados admirables. Mejorar las razas humanas sera
indiscutiblemente mejor. Mejorar los cuerpos, mejorar las almas. No la
persecucin imposible de una humanidad perfecta, pues esto no est en
la misma naturaleza; pero s un progreso relativo, seguir el camino
que muchos conductores de ideas han sealado y sealan para bien de
los pueblos. Es mucho el contraste entre la maravillosa exposicin de
bienestar y de riqueza sobrante y desafiadora, y la enorme miseria que
se agita, y el enorme aplastamiento del obrero por la masa del capital.

La noche del Grand Prix he visto a la clebre Fagette, una mediocre
_divette_ que sale a las tablas con un bolero que cuesta milln y
medio. No es equivocacin del corrector: _milln y medio_.

Luego, se asustan de Ravachol.

La mejor conquista del hombre tiene que ser, Dios lo quiera, el hombre
mismo.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




VII


_Ludus._

O para decirlo en moderno, sport; o para decirlo en castizo, deporte.
Yo, por mi parte, nunca dir deporte; primero, porque as dicen los
puristas, y luego, porque esa palabra no quiere decir las fiestas de
agilidad y los concursos de fuerzas, que, en nuestros das, dominan el
aburrimiento de los desocupados del mundo.

_Ludus_ es en latn, y esto puede ya hacer que me perdonen ciertos
jueces que no me permito atender, sobre todo cuando voy a hablaros del
sport francs, asunto agradable.

Hay aqu desde hace tiempo un despertamiento de aficin a las cosas
sportivas que tanto dan que hacer a los anglosajones, a punto que se
creera que ellos son los inventores. El ejercicio es humano; la fuerza
sorda es brbara; la gracia en la fuerza es latina; la elegancia
es latina. Por eso se ha necesitado descender en el concepto de la
ornamentacin personal hasta la chatura de nuestro tiempo, para que
Pool sea el rbitro de la sastrera masculina, y que la elegancia tenga
su papa en Londres. La elegancia es helnica y latina. Ella hace que
el gladiador busque un bello gesto para la muerte, y que al toro del
sacrificio se le pongan pmpanos y rosas en los cuernos. Ella hace que
los aspectos de los centauros y lapitas en el mrmol de las metopas se
afirmen hermosos y decorosos.

No puede haber comparacin, sino para mengua de lo moderno, en el
concepto de la hermosura, entre los juegos antiguos que celebraba
Pndaro y los de ahora, que cantan el _Auto-Vlo_ o el _Pars Sport_.
Pero aun as, los actuales ejercicios y divertimientos ofrecen cuadros
y escenas de innegable atractivo. El teufteur, el pneu y los diversos
matchs de velocidad o agilidad, que hoy estn de moda, entraran
difcilmente en la oda. El automvil ha encontrado un robusto poeta en
prosa en Paul Adam, y algn pequeo poeta ha celebrado a las varias
bellezas que se visten de oso y se ponen caretas extraordinarias para
ir a gozar de las delicias del torbellino de polvo, sobre el demonio de
caucho y hierro, fulminador de pavos, patos, gallinas y perros, cuando
no del desventurado peatn.

Otra vez he hablado de las carreras de caballos. Hoy se interesa
el pblico por las carreras de automviles. El caballo se muere!
El caballo ha muerto! gritan algunos. Pero el Grand Prix no deja
de ser la fiesta por excelencia, y Auteuil y Chantilly y dems
lugares de hipgrifos con pedigree, se siguen viendo tan concurridos
como siempre. Un periodista afirma que un simple Rothschild puede
franquear en una armazn elctrica, en diez y siete horas y media,
la distancia que separa Stuttgard de Pars; es decir, setecientos
fulgurantes kilmetros, y eso en el momento mismo en que la pobre
Kizil Kourgan--ilustre yegua--hija de Eolo, gana el antiguo premio
de los hipdromos _vieux jeu_, y da vueltas ante el presidente de la
Repblica. Qu decs, oh das del corcel caro a Pndaro, y qu vais
a hacer? Triste sport de tortugas, qu nos quieres? El Grand Prix de
Pars me parece tan lejano en la historia como las lupercales en honor
del dios Pan. Epsom, Longchamps, Auteuil y Chantilly, otros tantos
nombres que suenan a viejo rgimen, viejos principios y _radotage_.
Yo estoy por los pneus, por los teuf-teufs, por los _autos_,--y los
express son nuestras diligencias. A lo cual otro le contesta que el
automvil no es para todo el mundo, pues hay que ser rico para pagarse
las delicias de los 100 por hora. No ha llegado tampoco el tiempo
en que el caballo sea nicamente un comestible en las carniceras
hipofgicas. Creemos, dice el bravo defensor del animal potico que
relincha en Job y galopa en Virgilio, creemos que los _autos_ no
reemplazarn jams nuestra caballera armada, la cual, con las actuales
mquinas de guerra y con las que nos prepara el porvenir, se hacen ms
y ms indispensables. Esas solemnidades hpicas cuya irona os parece
risible, son, pues, ms tiles y de un orden ms elevado que nunca,
y el da que anunciis en que se abolirn las corridas de caballos,
mientras el caballo volver a las pampas; el da, en fin, en que los
coraceros cargarn en triciclos a petrleo--no es broma, eso est en
el artculo--ese da encontrar mejor su lugar en carnaval que aquel
predicho por vos, en que el caballo gordo, despacio, coronado de
pmpano, mitolgico y comestible, desfilar por el bulevar. El mismo
Paul Adam ha preconizado la potencia destructora de los automviles de
guerra, y lo que se crea una imaginacin suya se ha visto confirmado
por la opinin de revistas tcnicas y algn ensayo prctico en el
ejrcito ingls. Pero nada le quitar al caballo su triunfo estatuario
y su belleza lrica. No hay que olvidar que Pegaso es caballo.

       *       *       *       *       *

El ping-pong revoluciona las horas del saln, sin el encanto del
aire libre del lawn-tennis. Pero vino de Inglaterra y vence. La
pesca tiene sus aficionados, los de la paciencia inaudita con caa,
y los de la red, a _l'pervier_ en los ros cercanos, sobre todo en
el amable Marne; o en el mismo Sena, o en Lagny, Andresy, Chelles o
Poissy. El caballo de silla tiene sus campeones y amadores, como ese
pobre millonario, el joven Sterne, sobrino del pintor Carolus Durad,
que acaba de matarse en un steeple. Hace poco se han efectuado los
steeples militares en Verie-Saumur, donde har un ao se ejercitaba
con lucimiento algn jinete argentino. Los concursos hpicos se
verifican en Vichy, Limoges, Roubaix, Brest, Rouen, Nancy, Poitiers,
Bologne-sur-Mer y Spa. Por lo general, son pruebas de obstculos,
saltos de fosos, de barreras y de ros. Son famosos los Habits-Rouges
de Pars. Y hay luego los tiradores de armas, desde los de la esgrima
de sala hasta los aficionados al can, que van a probarse en
Fontainebleau.

El jockey es un personaje; el pelotari an figura; el maestro de billar
se hace nombrar; los _entraneurs_ tienen como los Watson, de las
caballerizas Rotschild, sueldos de embajadores. Y aquellos hombrecitos
que corren los caballos, monos de seda, ligeros y osados, con los
colores tales o cuales, logran conquistas amorosas que tan solamente
tuvieron un tiempo los tenores, y que hoy pudieran apenas disputarles
los toreros. Dgalo ese muchacho yanqui, de diez y ocho aos, Rieff...

Los concursos ciclistas van uno tras otro, en donde se ponen en liza
Meyers, Grogna, Ellegaard y cien ms, cuando no negro prodigio, como
Major Taylor.

Los ms a la antigua son los atletas. Desde la resurreccin de los
famosos juegos olmpicos, hay todos los aos campeones que, como
en la vieja Grecia, se disputan el lauro de la carrera, del disco,
del salto. Los triunfadores, en imagen, son popularizados por la
fotografa, como antes el bronce o el mrmol en Pitia u Olimpia honraba
a los corredores, gimnastas o pancraciastas. En los vasos de Volci o
en la estatua de Mirn se admiran los antiguos cuerpos amacizados de
ejercicio y en posturas nobles y gallardas, que, por ms que hagan, no
pueden igualar los gimnastas, luchadores y discbolos de ahora. Antes
que el maravilloso estadio que inmortalizan las helnicas antologas,
lo que evocan, vencedores y todo, es la feria, el tablado de Neuilly,
las barracas anuales de los bulevares exteriores.

Otros son los del remo, como los que tuvieron tambin su celebracin
de campeonato el da mismo en que se conclua la carrera automovlica
Pars-Viena y se verificaba la fiesta del Grand Prix de Paris Cycliste.
El Rowing Club proclam a Roche y d'Helley campeones de Francia en
doble-scull; a Hiser campen de los juniors en skiff, y a Prvel
campen de Francia en skiff. No hay la locura seria de los oxfordianos
y cambridgianos; los aficionados se ejercitan con pasin, pero no con
la decidida conviccin patritica que los colegas de ultra Mancha.

       *       *       *       *       *

Ah! y esa carrera Pars-Viena, lo que ha dado que hablar! No hay
carrera de esas en que no haya su muerto, o cuando menos su herido.
Como los que tienen automvil son gentes de fortuna, nobles o
burgueses, sucede que los anarquistas tienen en la mquina violenta
una colaboradora de ms de la marca. Ya van varios millonarios muertos
por la pasin de la velocidad. Aqu s que confunden precipitacin
con velocidad; y as un Cahan d'Anvers fu lanzado por su _auto_ a la
otra vida; y Vanderbilt estuvo el otro da en gran peligro de perder
la suya; y muchos otros eminentes automovilistas, aun testas coronadas
como el rey de Italia, han pasado por ciertos peligros que el modesto y
elegante caballo, y aun mejor el vehculo de San Francisco, no ofrecen
a quienes se dedican a ellos.

No niego que hay su belleza en el automvil, y que una vez puesto
uno en la silla, se va ensanchando Castilla delante del armatoste
formidable y no se acuerda uno ms de los aplastados, desde el momento
en que se siente aplastador. La gloria de ir como en un vuelo fabuloso,
dominando el espacio en un monstruo casi mitolgico o bblico, puesto
que ha habido quien crea que Eliseo al dejar su manto lo hizo yndose
en un automvil _avant la lettre_; el placer fsico de la ligereza,
de sentirse liviano como el aire mismo, son cosas innegables, pese a
los que, como yo, no pueden ver pasar una mquina de esas sin cierta
sublevacin de nimo. Pero, tal como se usa, es un placer inesttico
y sucio. Inesttico, porque jams la mejor _dion_ o _mercedes_, o
_deschamps_, equivaldr en gracia y elegancia a un soberbio carruaje
tirado por tronco ms soberbio an de brillantes caballos; y porque
para hacer esas vertiginosas caminatas hay que vestirse de mscara, con
inusitados balandranes o capas esquimalescas; y sucio, porque mientras
no se rieguen con petrleo todos los caminos del mundo, el que se
atreva a correr parejas con el huracn resultar lleno de polvo, negro
de tierra, incmodo y feo. Y luego, es un sport para privilegiados. La
ms barata mquina cuesta cuatro mil, seis mil, y ocho mil francos. Las
hay de cincuenta mil, de cien mil, y no s si de doscientos mil. Y no
todos somos el cha.

Todo sport tiene su encanto, su placer relativo; natacin, caza, pesca,
remo, duelos a primera sangre, billar, turf, teuf-teuf y compaa El
placer est en no llegar a la exageracin, en no romperse el alma por
hacer 101 kilmetros; el no ahogarse por querer pasar el Canal de la
Mancha; el no pescar una insolacin antes que una trucha, caa en mano.
El ejercicio y la distraccin hacen ms amable la vida con tal de que
sta no se exponga intilmente.

Si el perilustre Mr. Vanderbilt, conocido del payo Roqu, me
dijese.--Voy a regalar a usted un automvil, y va usted a hacer 103
por hora, yo le contestara:--Muchas gracias, Mr. Vanderbilt, J'aime
mieux ma mie  gue! J'aime mieux ma mie!

[Ilustracin]




[Ilustracin]




VIII


La vuelta de Jules Bois de la India ha coincidido con un despertamiento
de curiosidad para los estudios psquicos. _Le Journal_ y _Le Matin_
han publicado relaciones de milagros, reportajes de personas iniciadas
en los asuntos del _au-del_; y han hablado sacerdotes, mdicos,
magos, espiritistas y videntes. He credo oportuno, pues ocuparme en
este asunto; y me he dirigido a un amigo mo muy versado en lo que
pasa de tejas arriba, artista y telogo, perteneciente a los crculos
swendemborguianos y espritu convencido. He hablado ya de l en otra
ocasin: me refiero a G. Nez.

Era una tarde opaca, como de comienzos otoales; llegu a la casa de
mi amigo con objeto de saber su opinin a propsito de los milagros
de Lourdes. Le encontr en medio de su familia y en unin de su
inseparable Henri De Groux. Una gran Biblia estaba abierta en una mesa.
Mientras el crepsculo penetraba por los vidrios de los balcones, una
de las hijas del artista despertaba suavemente en el piano, msica
vaga, triste, como adecuada al momento.

Debo advertir que creo en absoluto en la sinceridad de mi amigo. A
pesar de que muchas veces he odo de sus labios narraciones, sucedidos
y hechos personales que pareceran increbles, no me han sorprendido
tanto, despus de haberme dedicado, en otros tiempos, a lecturas
teosficas y ocultistas. Las historias y experimentos de Nez, no me
parece que sobrepasen a lo que todos conocemos en William Crookes, H.
P. Blavatsky, Richet, Lombroso y tantos otros. Nez es un oculista
cristiano; y, repito, es un hombre sincero. Es este el principal valor
de su opinin.

Sentadas mis proposiciones y hechas mis preguntas, quedse mi amigo
meditando. Luego, comenz a hablar:

       *       *       *       *       *

--No pueden, me dijo, negarse los hechos. El mismo cannigo Brettes,
dice que esas maravillas estn anunciando en renacimiento de fe.

Animado por la lectura de esas polmicas y opiniones, haba credo
oportuno publicar algo de lo que yo creo comprender sobre los
innegables milagros que se han producido y se siguen produciendo en
Lourdes. Es muy cierto que la humanidad est esperando hoy un nuevo
_fiat lux_.

Es muy cierto que aguardamos ese _fiat lux_, que venga a restablecer el
orden moral que todos ansiamos.

Nos encontramos en plena era de lo metafsico.

Tenemos, por lo tanto, que hablar de todos los asuntos metafsicamente.
Lo que es del espritu, espritu es, como dice el Evangelio, y
lo que es de la carne, carne es. Tenemos, pues, que estudiar los
milagros de Lourdes, desde el punto de vista espiritual, pues son un
efecto material que nos admira, y para comprender su significacin hay
que estudiar sus causas.

Yo, como todos los que amamos la verdad, he estado durante aos
esperando el santo advenimiento de esa fe tan deseada, y despus
de muchos estudios he llegado a conseguir aquella voz del alma que
Dios concede a los que buscan sinceramente. Fundando mis razones en
esa verdad, en esa fe, voy a decir lo que s sobre este singular y
discutible fenmeno de los milagros de Lourdes y a poner de acuerdo
a los que, como facciones opuestas todas ellas en guerra, buscan la
solucin y no la encuentran.

Tenemos enfrente una dificultad parecida a la del huevo de Coln. Vamos
a verla. Vamos a romperla.

Segn declaraciones personales del cannigo Brettes, el clero romano
no quiere imponer al mundo catlico la creencia en los milagros de
Lourdes, y en sus palabras textuales califica de ignorante, de hombre
de mala fe y de otras cosas que se abstiene de escribir, a todo aquel
que se atreva a asegurar que el rebao catlico est obligado por
Roma a sostener como artculo de fe que los milagros de Lourdes son
autntica obra del cielo.

M. Brettes sabe muy bien lo que est diciendo. Sus palabras son la
expresin de todo el clero romano.

Este sabio e inteligente prelado aade a rengln seguido que los
hombres pueden salvarse sin que sea para ello indispensable creer en
los milagros de Lourdes, pero que su salvacin sera ms segura y fcil
si creyeran. Por otra parte, monsieur Brettes cree firmemente en ellos
y declara haber presenciado diez y siete curaciones milagrosas que se
efectuaron entre cincuenta enfermos que l personalmente condujo en
peregrinacin al santo lugar de las aguas encantadas.

El que sepa leer entre renglones observar que el clero romano no se
atreve a imponer la creencia en los milagros de Lourdes como dogma de
la religin romana, porque en presencia de los hechos imposibles de
negar, hay un vago presentimiento que les est diciendo que Lourdes
puede llegar a ser su propia ruina, pues si por un lado la evidencia
de los hechos los obliga a defender la existencia de los milagros, por
otra parte ve y palpa que dichos milagros no tienen carcter divino; y
si se niegan a reconocerlos como verdades del cielo, no por eso dejan
de preconizarlos, de predicarlos y de desplegar en su honor todo el
culto y respeto y pompa eclesistica, con toda la grandeza y lujo que
son capaces de ostentar cuando lo crea necesario.

El clero romano est dando al mundo el ridculo espectculo de un
pueblo arrodillado ante un rey que ellos mismos han reconocido, y que
no se atreven a coronar, porque le temen. Esa misma es la actitud de
M. Brettes. En su carcter de prelado romano no le es posible reconocer
a Lourdes como una verdad, pero en su opinin particular se postra ante
esa verdad que le es imposible negar.

Estas cosas tienen un sentido muy hondo, pues al mismo tiempo que
Roma desconfa de Lourdes, las medallas, las imgenes, las reliquias
y las aguas embotelladas como de Vichy o las de Huyady Janos circulan
por el mundo catlico recomendadas por todos los clrigos, dando con
este proceder una prueba irrefutable de que sin querer dar la cara,
estn ellos mismos persuadidos de una verdad que no comprenden y temen
reconocer abiertamente. Los milagros de Lourdes han puesto a Roma en un
triste predicamento.

La ausencia completa de grandeza y majestad que se observa en ellos,
los tiene perplejos, pues si es incontestable que hay curaciones
milagrosas (eso no lo puede negar nadie), esos milagros no llegan nunca
a la altura de dignidad y nobleza de los milagros que se relatan en
los Evangelios y en el Viejo Testamento. Son de carcter interior y
limitado. Imperfectos.

Monsieur Naudeau, hombre inteligente y sincero, presintiendo la verdad
simple y sencilla, pregunta al cannigo de Brettes por qu no se ve
nunca en Lourdes el renacimiento de un brazo o de una pierna amputada.

Si yo hubiera estado presente le hubiera preguntado a M. de Brettes por
qu no se ha visto nunca en Lourdes un muerto resucitado por las aguas
milagrosas.

Todo el clero romano, empezando por el papa y acabando por el
sacristn, se hubiera visto imposibilitado de dar una respuesta
satisfactoria.

Es que Dios le ha sealado un lmite a la Reina de los Angeles, para
producir milagros?

Por qu no se ven en Lourdes otros milagros sino el de la curacin de
enfermos?

Jesucristo resucitaba muertos, calmaba tempestades, converta el agua
en vino, andaba sobre los mares, divida cinco panes para que comieran
y se hartaran 5.000 personas.

Cmo es que a su Santsima Madre en Lourdes no le ha permitido curar
sino a un diez por ciento de miles de enfermos que imploran la salud?

El clero romano, que sabe estas cosas, no ha establecido a Lourdes
artculo de fe catlica, porque no tiene mucha confianza en el
autor del milagro, y tiene razn; pues si esos milagros dimanaran
de la Divina Providencia, las virtudes de las aguas no estaran tan
circunscriptas como se ve que estn.

Los milagros verdaderos que proceden de Dios, no estn limitados en
manera alguna: son netos, redondos, francos, completos.

San Pedro y San Pablo resucitaron muertos, como consta en los Actos de
los Apstoles.

Segn la tenedura de libros de las oficinas de Lourdes, los enfermos
restablecidos en salud no han pasado nunca de un diez por ciento
(informacin que se le di a M. Emile Zola), y, sin embargo, es sabido
que hay gente que ha hecho el viaje a Lourdes durante ocho y diez aos
consecutivos sin lograr que el milagro los toque.

No puede darse mayor fe que la de esos desgraciados. Nunca logran su
curacin, a pesar de su persistencia, y, sin embargo, Jess ha dicho
que la fe transporta las montaas. Jess no ha mentido, pero los
hombres trastornan su fe; ah est la explicacin.

Debemos creer, por los fiascos de Lourdes, que los poderes de Dios
sean limitados o encuentren en el mundo material obstculos imprevistos
para realizarse?

No. Pero es lo cierto que nos encontramos en Lourdes con un dilema
colosal. Hlo aqu: O Dios se encuentra imposibilitado para curar a
todos los enfermos que van all, o le ha puesto un freno al autor de
los milagros para que no traspase los lmites determinados por su
infinita sabidura.

El mismo M. de Brettes reconoce que hay en todo eso un designio
particular de Dios que nosotros los hombres ignoramos. Tiene razn.
Eso no puede negarse, como ha habido tambin un designio de Dios, y
esto tampoco puede negarse--en las apariciones de espritus (que M. de
Brettes reconoce) y sus hechos ampliamente demostrados por los hombres
de ciencia que no son capaces de mentir, y entre los cuales se nombra a
M. Camille Flammarin, William Krookes, Zoelner y otros.

Tambin ha habido designio particular de la Providencia cuando permiti
que el prncipe de Gales, hoy rey de Inglaterra, presenciara los
milagros portentosos hechos por los fakires indios, y que han sido
relatados en sus viajes para asombro de los que los leen. Ya se ve
por todo eso que Dios prepara un renacimiento de fe, como dice M. de
Brettes.

El clero romano sabe o debe saber estas cosas. El mismo cannigo dice
en su conferencia con Naudeau, que la aparicin de los espritus es
un hecho, y si l y el clero romano saben a qu atenerse con respecto
a los espritus y a sus mentirosos milagros, habrn observado tambin
que todos ellos tienen un mismo carcter, que todos estn limitados a
ciertos casos y a condiciones determinadas. Como pasa en Lourdes.

Los fines de la Providencia al permitir esos milagros, no son otros que
el restablecimiento de la fe contra la ciencia experimental, contra el
materialismo moderno y la filosofa positiva, que sin esos obstculos
que se oponen a su progreso se despearan como un torrente maligno.
Dios ha querido desacreditar y destruir la ciencia de mala ley que se
esfuerza en atacar el principio espiritual de la naturaleza.

El triunfo no puede ser ms completo, pues aunque el clero catlico se
encuentre en un gran predicamento, la existencia de Dios y del mundo
espiritual est bien probada. La ciencia y el positivismo moderno han
sufrido y sufren un golpe mortal con los portentos de Lourdes. Lo
espiritual ha vencido a lo material.

Con la misma piedra, sin embargo, Dios ha matado dos pjaros: a la
ciencia materialista, y al catolicismo romano. Ambos van a morir en
Lourdes. Voy a explicar por qu y de qu manera los milagros de Lourdes
van a ser el Waterloo del clero romano.

Esta vieja y venerada institucin no se atreve a declarar a Lourdes
como artculo de la fe romana, y al mismo tiempo se encuentra, hoy por
hoy, altamente comprometida a declararse abiertamente sin reticencias
ni hipocresas, puesto que atribuye los milagros a la influencia y
poderes de la Pursima Concepcin; hemos de ver muy pronto que Roma en
su agona reconoce oficialmente a Lourdes como milagro de la Virgen,
y cuando este reconocimiento tome la forma cannica y est sancionado
por la infalibilidad, hemos de ver que las aguas pierden sus virtudes
y Roma se quedar abochornada, como sucedi con el cementerio de Saint
Medard, en el siglo antepasado. La ciencia positiva, por otra parte, no
tiene fuerzas en lo que ha dicho hasta hoy para negar a Dios y al alma,
pero les sobra con las que tiene para negar con xito las supercheras
romanas.

Las razones que expone M. de Brettes para justificar el hecho de que
esos milagros se efecten con preferencia en Francia, no estn bien
explicadas en su conferencia con M. Naudeau. M. de Brettes no ha
querido confesar que la Francia es hoy el pas ms materialista de la
tierra. No sentara bien en un clrigo romano semejante declaracin,
puesto que Roma no desea hoy otra cosa que tener de su parte a _la
fille ane de l'glise_ a la primera de las naciones latinas, a la ms
rica, y a la que podra poner a su disposicin capitales, ejrcito,
escuadras y un milln de hombres, dado caso de que la Francia doblara
la rodilla a su santidad. Francia sera la ms preciosa perla en la
tiara de los papas.

Dice M. de Brettes que la prueba de que Dios ha preferido a la Francia
para esas manifestaciones, es que hay enfermos que hacen el viaje a
Lourdes cinco y seis veces, y que su fe permanece. No me parece que
una cosa sea consecuencia de la otra; pero, en fin, que recuerde M. de
Brettes que la Francia es el pas de los Enciclopedistas, de Voltaire,
de Diderot; que recuerde que en Francia fusilaron a un arzobispo en los
tiempos de la Comuna, y que recuerde por fin que en Francia casi no hay
sino materialistas y catlicos fanticos. Que recuerde que en Francia
estn hoy expulsando las congregaciones, y que aunque esto no sea
completamente grave para Roma, prueba muy bien de una manera o de otra
que la Francia es un pas con quien no pueden contar abiertamente.

Por otra parte, yo creo que si Dios permite esas maravillas en Francia
no es con el objeto de proteger a Roma, sino para extinguir la
incredulidad que reina en este importante pas. M. de Brettes es un
clrigo muy discreto en lo que dice. Lo reconozco, y admiro su talento.

Ahora bien. Un milagro, segn la explicacin que da el ilustre
cannigo, es un fenmeno que se produce fuera de las reglas ordinarias,
por la intervencin directa de la Divinidad. Eso podra negarse por
los textos sagrados; pero pasemos adelante. Contina el cannigo
diciendo que las reglas ordinarias no son las reglas que rigen en el
mundo. As es como la resurreccin de un muerto (segn el cannigo), es
menos grande que la creacin de un ser humano, y la mies del campo que
se produce todos los aos es un milagro mayor que el de la divisin de
los cinco panes entre 5.000 personas.

Yo, por mi parte, creo que son tan grandes el uno como el otro,
pero reconozco que M. de Brettes es un pensador y, por lo tanto, le
preguntara lo siguiente:

Por qu Dios, en Lourdes, no puede resucitar a un muerto, siendo esto
ms fcil que hacer nacer el nmero de nios que seguramente nace all
diariamente?

Por qu Dios no puede curar ms que un diez por ciento de los enfermos
que van a Lourdes, ni reconstituir piernas amputadas, ni repartir su
bien y su bondad con la misma abundancia con que Cristo di de comer a
5.000 hombres, y con la seguridad y grandeza con que levant a Lzaro,
ya podrido, de su sepulcro, y con la certeza que Dios da la mies al
campo?

No creo que esos milagros sean hechos por Dios, y si no lo son, son
obra _de su enemigo_.

_Son obra del Genio del Mal._ De la entidad Demonio.

Y si fuera Dios quien los hiciera, no resultara un diez por ciento del
milagro, sino el milagro completo, pues segn derrama Dios la luz del
sol sobre justos e injustos, y llueve sobre buenos y malos, como dice
Jess, asimismo dara alivio y curacin a todos los que se toman el
trabajo de ir a Lourdes para ser curados por la gracia Divina.

Sin embargo, Roma, que desconfa mucho del milagro de Lourdes, quiere
valerse de l para prolongar por ms tiempo su dominio en el mundo.

El poder y el prestigio romanos estn en las ltimas, y Roma hace hoy
alianzas con todo lo que cree que puede salvarla. Esa es su poltica
presente.

Suponiendo que los milagros de Lourdes sean hechos por Dios con el
objeto de levantar la fe catlica y proteger a Roma y sus clrigos,
stos estn dando ejemplo de una inconcebible ingratitud al Ser
Supremo, no reconociendo esos milagros como artculo de fe; y si
no, dan prueba de una gran apostasa entregndose hipcritamente a
la especulacin con un hecho que no creen procedente de la Divina
Providencia.

Adems de eso, debemos observar que esa celeste religin est
recibiendo desde hace tiempo los golpes ms rudos que la poltica del
mundo puede darla. Por todas partes est perseguida. Ella cree que
tiene vida eterna, pero toma sus precauciones atesorando cuanto puede
por si vienen los malos das. Hoy no hay en ella sino especulacin.
Amor al dinero.

Esa religin querida y protegida por Dios, perdi en 1870 el poder
temporal de los papas, milagro, en mi concepto, ms grande que el
de Lourdes; perdi anteriormente a la Inglaterra y a los pases
reformados; pierde su prestigio de da en da hasta el punto que la
misma Espaa, la nacin ms catlica del mundo, quiere expulsar a sus
religiosos; y sus congregaciones no saben dnde sentar el pie, pues
su decadencia es manifiesta y conocida de todos. Eso s es obra de la
Divina Providencia.

No tiene Dios otro medio de salvarla que haciendo milagros con un diez
por ciento de verdad? Si Dios quisiera restablecer la Iglesia romana
en su anterior grandeza, otros medios tendra de hacerlo sin recurrir a
esas cosas.

Los designios de la Providencia son otros. Ms bien parece que quiere
acabar con ella. En efecto, Qu ha hecho el catolicismo romano en el
siglo XIX? Qu le deben los hombres? La ruina de Espaa. La ruina y
la anarqua de las repblicas sudamericanas. La pobreza de Italia. La
decadencia actual de la Francia. Los pases catlicos estn perdidos,
pobres, ignorantes, infelices, debiles, y Roma quiere continuar
dirigiendo el mundo habiendo sido un rbol que ha producido tan malos
frutos.

Y cree Roma que Dios no ve estas cosas?

Cree Roma que puede continuar la adoracin de huesos muertos en
los tiempos presentes, y las simonas, y el comercio de almas, y la
serie de iniquidades espantosas que insultan a Dios, y que cometen
diariamente en el nombre de un Dios todo amor, que muri en una cruz
para salvarnos?

Si yo creyera en la transmisin hereditaria de las llaves de Pedro,
dira desde luego que de dos llaves entregadas a los pontfices
romanos, ellos no han sabido usar sino una, y sta es la que ha abierto
las puertas del infierno y lo ha desencadenado como torrente espantoso
sobre el mundo, y entre los hombres. La otra llave no han sabido usarla
sino para abrirse ellos mismos las puertas de su propio cielo, que
consiste en el podero, el lujo y los deleites.

--Sabe usted, le dije, que habla como un clarn del Juicio final? Y
los milagros?

--Para comprender las cosas de procedencia espiritual hay que
estudiarlas espiritualmente.

El fenmeno de Lourdes es espiritual en el fondo. Busquemos, pues, su
explicacin en el sentido espiritual que encierra, pues en el espritu
es donde hay que buscar las causas, y las causas no pueden conocerse
estudiando los efectos; hay que proceder por el orden opuesto; buscar
la causa para conocer el efecto. El hecho material que presenciamos
en Lourdes, es un efecto, un hecho palpable, pero para encontrar su
significacin hay que buscarla en las causas que lo producen, y stas
las iremos esclareciendo poco a poco hasta que aclaremos bien lo que
tenemos delante.

Como Dios no es un ser sujeto a vanidades ni a caprichos, ni es lcito
suponer que haga lo que hace para ser mirado por los hombres, nos vemos
forzados a convenir que los milagros de Lourdes, as imperfectos como
son, han sido permitidos por Dios para que los hombres aprendamos con
ellos algo que nos interesa saber.

El estudio y la observacin en los tiempos presentes en la historia
de la humanidad, nos estn revelando que el mundo ha de cambiar de
un momento a otro; que est cambiando. El cannigo de Brettes ha
dicho, con mucha razn, que la crisis presente es demasiado fuerte.
Que estamos en una poca de agona, de angustia, y que el sr humano
implora la Verdad, cueste lo que cueste. Que es preciso que la Verdad
se presente, que aparezca. El sr humano la llama a gritos, la invoca,
la quiere. Una revolucin moral est a la vista. Esas son sus palabras.

Todos los grandes pensadores estn diciendo lo mismo. No hay quien no
lo observe, y, sin embargo, mentira parece, nadie quiere darse cuenta
de que estamos entrando en el gran da del Juicio final. Monsieur
Brettes lo presiente.

Nadie se da cuenta de esa Verdad. Todos creen que aquel gran da est a
una distancia inconmensurable de nosotros, sin advertir que lo tenemos
encima.

No me sera difcil explicar las razones en que reposa ese engao,
pero, como quiera que sea, en ese gran da hay muchas cosas que
estn condenadas a perecer, y una de ellas es la religin catlica,
apostlica, romana.

El que quiera verlo claro, que lea los captulos XVII y XVIII del
Apocalipsis y se convencer de ello; ver a esta religin tratada como
una mujer vestida de oro y pedrera, con un cliz en la mano lleno de
abominaciones y un nombre en la frente: _Misterium_, etctera.

Roma est condenada a desaparecer, y lo prueba su decadencia y su
perdido prestigio.

Una nueva religin vendr en que se adorar a Cristo en toda su gloria.

La gloria de Cristo va brillando ms y ms cada da, y el hombre
observador notar que hay una gran verdad que se abre paso en medio de
esta crisis, que aparece como envuelta en nubes, pero que cada da se
ve ms clara.

Esa es la nueva religin. La verdad cristiana en toda su pureza.

--Y el Antecristo?... me atrev a preguntar.

--Aqu es donde vamos a encontrar la solucin del misterio de Lourdes;
pero antes es necesario saber quin es el Antecristo.

El Antecristo no es un guerrero (como se ha dicho), que ha de venir del
Oriente con grandes ejrcitos cual otro Atila, a destruir la religin
catlica, apostlica, romana. Eso es un absurdo. No se necesita tanta
fuerza y aparato semejante para destruir una institucin que ya a estas
horas est agonizando.

Cuando sepamos quin es el Antecristo, hemos de verlo cara a cara tal
cual es; pero antes de desenmascararlo es conveniente que oigamos
algunas palabras de los apstoles, y especialmente de San Pablo, que lo
tiene bien apuntado con el dedo.

Oigamos a San Pablo, hablando del Juicio final:

                                   No os engae nadie en manera
                                   alguna; porque no vendr aquel da
                                   sin que venga antes la Apostasa,
                                   y se manifieste el hombre de
                                   pecado, el hijo de perdicin.

                                   El que se opone y se levanta sobre
                                   todo lo que se llama Dios o es
                                   adorado; tanto que, como Dios,
                                   se asienta en el templo de Dios,
                                   hacindose parecer Dios, No os
                                   acordis que cuando estaba con
                                   vosotros, os deca esto?

                                   Y vosotros sabis qu es lo que
                                   impide ahora para que a su tiempo
                                   se manifieste. Porque ya se
                                   obra el misterio de iniquidad:
                                   solamente que el que ahora impide,
                                   impedir hasta que sea quitado del
                                   medio.

                                   Y entonces ser manifestado aquel
                                   _inicuo_, al cual el Seor matar
                                   con el espritu de su boca, y
                                   destruir con la claridad de su
                                   venida.

                                   Aqul cuya venida ser, segn la
                                   operacin de Satans, _con toda
                                   potencia, y seales, y milagros
                                   mentirosos_.

                                   Y con todo engao de iniquidad
                                   obrando en los que perecen.

                                   (II de los Tesalonicenses. Cap.
                                   II, 3-10.)

El Antecristo es _La Muerte_.

La muerte es un ser invisible, un espritu malvado que habita en el
mundo y que no desea ni hace otra cosa que trabajar por separarnos de
la tierra. En otra Epstola de San Pablo, hablando tambin del Juicio
final, dice lo siguiente:

                                   El postrer enemigo que ser
                                   destrudo es la muerte.

                                   (1a. de Corintios XV, 25.)

Ese hombre invisible es el _hombre de pecado_, _el hijo de perdicin_
de que habla San Pablo.

Nosotros no hemos visto en la muerte sino el fenmeno natural con todos
sus horrores, pero no hemos visto la causa de ese fenmeno. Vamos a
verla.

Si los hombres no pecaran nunca, ese hombre invisible no podra entrar
en nosotros y habitar en nuestro cuerpo, pues el hombre no fu creado
por Dios para morir como se muere, sino para transformarse de otra
manera, y si furamos justos y no pecramos nunca, seramos al mismo
tiempo inteligentes, sobrios, precavidos, y ese _inicuo hijo de pecado
y perdicin_ no encontrara ocasiones de sorprendernos con su cortejo
de enfermedades sucias y dolorosas y asquerosas que prepara con astucia
en nuestro cuerpo, destruyendo nuestro organismo y arrebatndonos
antes del tiempo en que nuestra transformacin, semejante a la
crislida que se transforma en mariposa, hubiera de efectuarse. La
muerte se desencaden entre los hombres por medio de Can, primer
homicida en el mundo (la de Corintios XV, 21).

Ese hombre invisible, con la astucia que lo caracteriza, se ceba
tambin en los animales, pero no con tanto celo como en los hombres, y
por eso las enfermedades son menos frecuentes en ellos. Sabido es que
los espritus entran en los animales como entraron en los puercos que
Jess expuls del loco de los sepulcros. (Marcos V, 13.)

La muerte tiene dominada a la humanidad por el _miedo_, _el espanto_,
_el terror_.

La muerte vino al mundo por Can.

El que quiera abrir una Biblia, encontrar un pequeo dilogo entre
Can y el Eterno, que ya saba que Can haba de asesinar a Abel.

El Eterno le dice lo siguiente:

Si hicieres bien, no sers aceptado? Mas si no hicieres bien, el
pecado est a la puerta. _Y a ti estar sujeta su voluntad y t sers
su seor._ (Gnesis IV, 7.)

Quiere decir que el pecado est obligado a hacer la voluntad del _genio
homicida_. El pecado, pues, abre las puertas a la muerte.

Can fu el primer homicida que hubo entre los hombres, y su espritu
ha dominado a la humanidad entera desde entonces ac.

Jesucristo vino al mundo precisamente para deshacer la obra de la
muerte. l no padeci jams enfermedad, porque nunca pec, ni tampoco
muri de lo que llaman muerte natural, porque le mataron, y para
revelarle a los hombres _la gran mentira de la muerte_, resucit con su
cuerpo y apareci varias veces despus, delante de ms de 500 personas,
segn el Nuevo Testamento. (la. de Corintios XV, 6.)

Los cristianos de la iglesia primitiva saban estas cosas (ya
olvidadas), y por eso vemos en los crucifijos el crneo y los huesos
debajo de los pies de Jess. Es una tradicin que viene desde entonces.
El espritu de la muerte puede entrar y salir en el cuerpo del pecador
si as le conviene. Su puerta es el pecado, como le dijo el Eterno a
Can, y el pecado hace su voluntad.

Las enfermedades de los hombres son pecados funcionando en un organismo
humano. Es lo que queran decir los apstoles cuando decan que todo
_pecado engendra la muerte_. La enfermedad es la materializacin de un
pecado. Se abriga en la carne.

La lepra (enfermedad incurable hoy), la curaban los sacerdotes de Lev
con ritos y ceremonias religiosas que Jehova mismo revel a Moiss.

Jesucristo les deca a los enfermos que curaba: tus pecados te son
perdonados; y otras veces: vete y no peques ms. La enfermedad es
efecto del pecado, que se anida en la carne y la destruye.

La muerte (el hombre invisible), se burla de los doctores y sus drogas.

Los milagros operados por reliquias, huesos de muertos, tierra de
sepulcros, aguas encantadas, etctera, son milagros de _hombre
invisible_, de Can, que como dice San Pablo, se sienta en el templo de
Dios, hacindose parecer Dios.

Ah lo tenemos en Lourdes, subido en los altares y realizando milagros
mentirosos.

Cuando ese hombre invisible, a quien la enfermedad obedece, no ha
llegado todava a destruir alguno de los rganos indispensables de la
vida, la curacin se opera con slo retirarse del cuerpo enfermo, como
sucede con las enfermedades nerviosas, parlisis, reumatismo y todas
las enumeradas por M. Darieux en su entrevista con M. Naudeau. Pero
cuando se ha destrudo uno de los rganos indispensables del organismo,
el hombre invisible no puede reconstruirlo, porque al infierno no le es
dado _crear_ sino _matar_.

Esa es la razn porque en Lourdes no se pueden ver muertos resucitados,
ni piernas reconstruidas, y que las famosas aguas no pueden curar sino
un diez por ciento de los enfermos.

Algunos de los que se curan tienen apariencia de muy enfermos, pero
no lo estn en realidad. Si fuera posible hacerles una autopsia, se
encontraran sus rganos enteros todava, aunque enfermos muy graves en
apariencia.

Milagros semejantes a los de Lourdes se han visto y se ven en todas
partes del mundo, con todas las religiones; en el siglo pasado, cuando
la muerte del dicono jansenista Franois de Pars, se vieron las
mismas maravillas en el cementerio de Saint-Mdard, hasta el punto que
se tuvo que cerrar por orden del rey. Las curaciones eran idnticas.

La ciencia moderna ha dado un paso muy importante, descubriendo que
las enfermedades son ejrcitos de animales microscpicos destruyendo
un organismo humano. Muy bien. Ya se empieza a ver que en la muerte
hay un principio de vida. Lo nico que falta es descubrir al capitn
de esos minsculos ejrcitos. Ese es el hombre invisible, el genio de
destruccin que est en nosotros y que en todas partes se ha sentado en
los altares hacindose pasar por Dios. En el antiguo Egipto, bajo la
forma descarnada de Isis; en la Caldea, como un pez enorme; entre los
negros de Africa, como un cocodrilo; en China, como un dragn, etc.,
etc.

Los hombres de todos los pases y en todos tiempos, aterrados por el
espectculo de la muerte con su espantoso estado mayor de enfermedades
y terriblezas, le atribuy a la muerte poderes divinos y suprema
omnipotencia.

No pudiendo imaginarse a ese Dios sino bajo aspecto horroroso, creyeron
ver su smbolo en animales espantosos, como cocodrilos, serpientes y
otras fieras asquerosas que realizaban en ellos la idea de la potencia
destructora. De aqu viene el origen de aquellas idolatras que tan
salvajes nos parecen hoy. Pero no nos hagamos ilusiones; nosotros
mismos, los civilizados del siglo XX, somos vctimas de los mismos
errores, pues si es cierto que no adoramos serpientes ni dragones,
veneramos como dioses encarnados a aquellos de nuestros semejantes
que mejor han sabido matar hombres en grandes cantidades. La muerte
nos engaa de mil maneras para echarnos fuera del mundo. Hoy se ven
naciones que se despueblan por los vicios y la corrupcin. Esa es
su obra. Por ltimo, los milagros de Lourdes son milagros del inicuo
invisible, trados por el infierno y permitidos por Dios para que
sepamos que hay un ms all que no vemos con los ojos, pero desde donde
se dirige la mquina del mundo.

Me desped, no sin cierta inquietud.

Era ya la noche.

Un tranva elctrico pas ante mi vista. Sub y part.

[Ilustracin]




[Ilustracin: LIBRO SEGUNDO]




[Ilustracin]




I


Tres horas de mar y hme aqu en Londres. La inmensa ciudad est
lluviosa, lodosa, y una tempestad ha hecho chasquear sobre ella rayo
tras rayo. De Victoria Station al hotel me lleva el _cab_ y al _cab_
lo lleva empujando el viento. Al paso desfilan las casas obscuras
rayadas de lluvia. Lluvia que ya arrecia, ya persiste cernida, y que
me ha de aguar la visita por varios das. Mas como no tengo tiempo
que perder, encontrado un amable amigo que me espera, nos lanzamos a
la calle. Enorme, bulle el profuso amontonamiento de hombres, cinco
millones casi, en su fabuloso inmvil ocano de sombras construcciones
partido por el glauco Tmesis sobre el que flotan brumas y pesadillas.
Capital potente y misteriosa! Cuantas veces la visitis, siempre
os dominar bajo el influjo de su severa fuerza. (En dnde ests,
dulce sonrisa femenina de Pars?) Viril orgullo en las cosas mismas,
aspecto de humana dignidad en las manifestaciones monumentales, serena
majestad en la naturaleza. Es explicable en estas gentes confiadas en
s mismas, el mpetu a la dominacin, la necesidad leonina; porque no
es el leopardo, sino el len del escudo el que, sobre la isla, vuelve
la mirada a los cuatro puntos del horizonte.

Esta gente va, va. Adnde va? Adelante, ms adelante. Lo dicen en
sus divisas, en sus proloquios, cortos, porque no son verbosos como
nosotros los latinos, raza de retores. Y lo hacen. Pas de rapia, se
dice; tanto peor para los que no puedan resistirle y caigan bajo su
zarpa... Esta gente va, va.

              Gallia causidicos docuit facunda britannos;

pero no son prdigos en sus palabras ni de gestos, como el vecino de
enfrente; van a lo que consideran indicado por su deber; su deber les
dice ser vigorosos, crecer, engrandecerse ms y ms; y es el caso
que desde ese navo anclado se tiene en jaque al mundo. Sin entrar
a las pedagogas de M. Demolins, no es difcil explicarse que ese
vigor colectivo viene del ejercicio de la energa individual. Ser
hombres; ese es el oficio de los ingleses. _This was a man_ es elogio
shakespeareano. En ninguna parte se amacizan por igual cuerpo y
espritu como en la Gran Bretaa. La conciencia propia y particular ha
creado la conciencia nacional y comn. El orgullo norteamericano tiene
aqu su origen, y las recientes fanfarronadas del millonario Carnegie,
metido a periodista, deban haber comenzado por esa profesin. Pero
el yanqui, como buen advenedizo--advenedizo colosal, es cierto--,
es rastacuero y exhibicionista. El ingls es silencioso y guarda su
ntimo conocimiento y convencimiento. Su _respectability_ forma parte
de su coraza. La raz celta y la raz anglosajona nutrieron de savia
concentrada el tronco nativo; y desde la heptarqua hasta la dominacin
danesa y la conquista normanda, se fu desarrollando el rbol de
Guillermo, que fu el rbol de Isabel, que fu el rbol de Victoria. No
sabemos que exista an acero para hacer un hacha que pudiera cortarle.

El ingls, generalmente, es fuerte y grande, bien musculado, de
movimientos giles y seguros; pero no se crea que todo el mundo
es en Londres coloso. Fuera de los _policemen_ y de magnficos
ejemplares de la raza anglosajona que sobresalen, el tipo medio es de
un equilibrado desarrollo. Mas una cosa he de advertir: la inglesa
fea de las caricaturas y la elegancia que siguen los anglmanos del
extranjero, tambin un poco y hasta un mucho caricatural, son para
la exportacin. S, he visto en mis viajes de Italia, de Espaa, de
Francia, las caravanas de la agencia Cook, con muestras de la ms
exquisita fealdad; pero en Londres no he dado un paso sin encontrarme
con deliciosas figuras de mujer; de un particular atractivo y dignas de
ser incontinenti madrigalizadas y amadas. En cuanto a la _fashin_, en
lo que he advertido, se sigue a la letra por los verdaderos _gentlemen_
el principio aristocrtico de Brummel: La elegancia suprema consiste en
no hacerse notar.

El sentimiento de la dignidad personal y el respeto de s mismo, son
innatos en todo ingls. Esto obliga a la reserva. Cada ingls es isla.
En su unidad y solidaridad moral, nada tiene el pas soberbio que
envidiar al mundo. Es dueo de Shakespeare y del Ocano. Impera el oro
en la tierra; los norteamericanos hablan de sus millonarios... Bastar
nombrar a este imperial Beit, jefe de la casa Vernher, Beit and Co.,
propietario de la mitad de las minas del Africa del Sur, y, sobre todo,
las de Kimberley...

Algunos agudos espritus han credo ver en el coloso los sntomas de
una decadencia. Es el efecto de la residencia tenaz de las repblicas
africanas. W. H. Darvey, en el _Mercure de France_, y Andrew Carnegie
en la _Nineteenth Century_, han presentado razones y datos que traeran
por consecuencia la disminucin del antiguo podero, la constancia
de un desmoronamiento en la base del secular edificio. La marina,
que antes se crea invencible, estara hoy, segn datos tcnicos y
estadsticos, en condiciones que dejan mucho que desear; el comercio,
en merma; el poder militar, impotente para decidir de una vez la
cuestin boer. Durante las guerras de Napolen, dice el almirante
Seymour, con un gran genio como Nelson a la cabeza de nuestra marina,
sabis qu dificultades no tuvo para descubrir aun las idas y venidas
de sus enemigos; sabis que, a despecho de su infatigable vigilancia,
Napolen logr escaparse de Egipto despus de la destruccin de su
marina en el combate del Nilo; recordis las luchas desesperadas de
Nelson en el gobierno, a propsito de la falta de barcos y de hombres;
y todo eso con el mayor genio conocido para el mando. Creeris que
nuestra marina en esa poca era igual y aun un poco superior a la del
resto de la Europa reunida? Y a qu iguala nuestra marina actualmente?
Apenas a las Francia y Rusia combinadas! Y dnde est el Nelson,
en estas condiciones mucho ms difciles? Es un estado de cosas que
debe hacer reflexionar. Y los calculadores, alarmados de la oposicin,
claman a los imperialistas tenaces el peligro econmico. El comienzo de
la poca victoriana no fu copioso a este respecto. El tesoro ingls
padeca las consecuencias de las guerras que turbaron los albores de
la pasada centuria. Mientras en las altas regiones se verificaban los
apuros, descendan sobre el pueblo los aumentos de impuestos, que
eran recibidos con las protestas consiguientes. As la situacin al
advenimiento de la difunta reina. Por muchos esfuerzos logrados no se
mejor ese difcil estado de cosas hasta el ao 45, ms o menos. Se
realizaron economas, y la deuda pblica fu suavizada en los ltimos
aos.

Mucho tiempo--casi todo el reinado de Victoria,--la cordura vigil la
hacienda, con escasos intervalos, hasta el ao 97, en que empezaron
nuevos y extraordinarios gastos. Calculad con algunos datos sobre lo
que se ha aumentado nada ms que en el ramo de guerra y marina. El ao
de la coronacin de la reina Victoria, 1837, los gastos de guerra y
marina eran algo ms de 300.000.000 de francos. Cincuenta aos despus
han subido ya a 762.500.000 francos. Hay que advertir, naturalmente,
que las fuentes de entradas crecieron en igual relacin o algo ms.
Diez aos despus se ve aumentado el mismo presupuesto a ms de mil
millones. Despus, en este ltimo tiempo, ha llegado a 1.575.000.000.

As los impuestos se han multiplicado. Hace menos de diez aos eran
de 1.875.000.000 de francos y este ao han subido a 3.050.000.000.
Sin contar los gastos de guerra, esa suma apenas basta para llenar
el presupuesto ordinario del pas. Los prudentes se miran con temor,
pensando en que las tendencias, tanto en el Parlamento como fuera de
l, van a mayores empresas. El imperialismo pide sangre y oro, Pero
son tan fuertes estos hombres!

Entretanto, Chamberlain cuida sus orqudeas. Roberts es colocado en el
sentimiento popular entre Marlborough y Wellington, y al nuevo _Iron
Duque_ se le regala un buen por qu de libras esterlinas, juntando a
la gloria el sentido prctico. Declara Kitchener fuera de la ley a los
boers an resistentes. El _hard man_ demuestra que es el _steel lord_ y
que merece serlo. Y el rey Eduardo, que parece decir como su antecesor
Enrique IV, en el drama tan bellamente vertido por Can:

    I have long dream'd of such a kind of man
    So surfeit-swell'd, so old, and so profane;
    But being awake, loide despise my dream,

se prepara medioevalmente para su coronacin del ao entrante--lo
que no le impide seguir siendo rey de la moda y partidario del
automovilismo.

Encuentro por las calles de Londres soldados vestidos de kaki, con la
flamante medalla que acaba de colocarles en el pecho el rey Eduardo.
Parece que su majestad cuida de llevar bien la corona como el ocho
reflejos. As sea.

Interesante monarca el rey Eduardo. Se crea, antes de morir la reina
Victoria, que al pueblo britnico no sera simptico el reinado del
clebre prncipe de Gales. Una vez ste en el trono--_When thou dost
oppear I am as I have been..._--se ha visto que todo ha continuado de
la misma manera. El rey, aclamado y querido, ha enterrado al ruidoso
calavera de antao. l ha entrado en su papel, y puede decirse que es
un digno soberano de su nacin. Cada rey tiene el reino que merece.
Guillermo II es estudiante y vive casi siempre en pera wagneriana;
Alfonsito XIII acaba de presentarse por primera vez en el coso
madrileo y ha sido aclamado por la tauromaquia nacional; Inglaterra,
pas tradicionalista y prctico en que la decoracin de la vida social
yustapone armoniosamente vestigios de arte gtico a construcciones de
usina, est muy satisfecha con un rey que viste prpura, armio y
oro, se coloca en la cabeza la corona de los viejos monarcas, ante su
parlamento animado de frmulas y ceremoniales, y luego, con un habano
en la boca, se va en su automvil, en menos de una hora, de Londres
a Windsor; visita el yate que ha de disputar la copa a los yanquis,
o se interesa por sus caballos Diamond Jubilee, Ambusch o Persimmon.
Ese rey sportman es grato a su pas de sportmen, es amable para los
ciudadanos que gustan del tiro al blanco en Bisley, del remo en
Henley, de las carreras en Ascot o en Epsom. El _corpore sano_ de los
universitarios, es una de las causas de la robustez, de la salud de la
nacin. Como algunos de nuestros repblicos americanos, como algunos
de nuestros directores de pueblos, el rey se interesa por las razas
caballares, gusta de los ejercicios fsicos, pero sabe su Shakespeare
admirablemente, entiende de arte a maravilla, y puede consultar su
Homero en griego y su Horacio en latn, como os lo certificarn sus
compaeros de Oxford y de Cambridge.

No es Eduardo un prncipe guerrero. Llega ya tarde al trono y mal
sentaran aires marciales y feroces al _arbiter elegantiarum_ de los
reyes y al rey de los gentlemen. El gran pas de presa es odiado en la
tierra toda; y ese odio se ha agriado ms por los recientes sucesos
africanos; mas es casi cierto que si el rey de la Gran Bretaa se
presenta en esa misma Francia recelosa, ser, como en Italia, acogido
con la misma simpata que la poderosa anciana imperial que pasaba con
sus hinds y su burrito. La reina Alejandra, por su parte, es digna
del cario de sus sbditos y del respeto de los extraos. No es acaso
la princesita que cosa modestamente en compaa de su hermana, una
zarina futura, en das de escasa fortuna en Copenhague? No es la culta
doctora en msica de la Universidad de Irlanda? Y sobre todo, no posee
un carcter sencillo y amable desde la altura en que acompaa a su
marido y no sabe adornar de suave majestad la gracia encantadora de su
belleza? En Sandringhan como en Marlborough Palace, ha sabido ser una
ejemplar seora, y en la corte de su suegra una ejemplar princesa.




[Ilustracin]




II


Mientras Waldersee se pona en camino de Pekn a Berln, tuve ocasin
de ver en Pars y en Londres sendas pantomimas en sendos circos, en los
cuales se representaba la guerra de China. Haba chinitas preciosas y
chinos muy ridculos y feos, y bizarros y bonitos oficiales de Europa
que les quitaban las muchachas a los chinos y _ainda mais_ les daban
palos; haba batallas con msica y fuegos vivos, en que los chinos
cobardes salan corriendo y los soldados de Francia cantaban la
Marsellesa y se tomaban un fuerte; soldados ingleses con la chaquetilla
roja; marinos rusos muy grandes; oficiales americanos con sombreros
de cowboy y enorme revlver; italianos coronados con colas de gallo,
y japoneses menudos que, ni carne ni pescado, hacen el caucsico sin
dejar de ser el monglico. De todo ello resultaba que los celestes son
un pueblo brbaro e infeliz al cual hay que descuartizar en provecho de
nuestro glorioso Occidente.

De esas farsas pintorescas, pirotcnicas y filosficas me acordaba al
ir por Witechapel a ver la exposicin china que se halla abierta en la
Art Gallery del barrio de _Jack the Ripper_. Fijaos bien, lectores;
es el barrio del destripador, el barrio terrible, y voy a l, no a la
taberna a ver a los asesinos, sino a una galera de arte, en donde se
exponen objetos raros, curiosos y preciosos que ensean mucho de la
vida y del sentido artstico del imperio chino. As, pues, el barrio
que os imaginis poblado de gentes dantescas y en donde, en efecto,
se encuentran como en otros puntos, por ciertas callejuelas, pobres
diablos y diablesas ebrios, posee lugares de estudio y de cultivo
espiritual y organiza exposiciones que no podemos tener nosotros.
Por qu? Porque aqu la iniciativa particular se emplea en obras que
aprovechan a la cultura comn. Y esta exposicin, por ejemplo, que se
sostiene con lo que los visitantes quieren dejar, unos pocos cntimos,
si gustis, se realiza porque asociaciones religiosas o bancarias como
la British and Foreing Bible Society, la London Missionary Society,
la Hong-Kong and Shanghai Banking Corporation, y personas como lady
Hannen, lady Hart, sir Walter Hilier, sir William Des Voeux, sir
Claude Macdonald y otros, han enviado objetos y cuadros de que son
propietarios y que constituyen la exhibicin. La entrada no cuesta
nada, y, como he dicho, el que quiere deja algo para los gastos de
sostenimiento. All se dan lecturas que explican el significado de
muchas cosas, y, ya sea con intencin conquistadora, ya con deseo
de divulgar conocimientos, se hace ver lo que es esa inmensa nacin
asitica que, o ser comida o comer, segn lo han de ver los aos.

El local de la exposicin no es muy extenso, pero en l se contiene
notable cantidad de objetos y documentos del celeste imperio. Ya
estaris pensando que algo de todo eso habr sido comprado y mucho
perteneciente al botn de las tropas que demostraron en la tierra de
Lao-Tseu la dulzura de nuestra civilizacin. Desde luego, veo una
bandera imperial, de riqusima seda amarilla, con caracteres que
me hacen envidiar los conocimientos de madama Judith Gautier, o de
Alexandre Ular. Segn los datos del catlogo, esta bella pieza fu
tomada en 1900 en los fuertes de Shan Hai-Kuan, por sir Walter Hillier
y 18 soldados, aunque los chinos que los ocupaban eran 5.000.

Paso ante maniques vestidos de truculentos guerreros, ante la Puerta
de los Espritus, y cuadros y fotografas que representan escenas de la
vida china, y un gran mapa de Asia, en el cual est bien sealada la
regin celeste, como un plato que habr que dividir, tocando la mejor
parte, a no dudarlo, a estos terribles importadores de misioneros y de
opio... Hay rollos decorativos con representaciones religiosas y un
par de paraguas de diez mil nombres, paraguas de honor. Esto merece
su explicacin. Cuando en China se quiere honrar notablemente a una
persona, se le regala un gran paraguas de seda, en el cual van bordados
o escritos los nombres de los donantes. Cuando muere el personaje
a quien se ha regalado tan extrao presente, ste se lleva en el
entierro. El paraguas de honor! Cedo el dato gustosamente al lpiz de
Mayol. Veo un dormitorio, en el cual una cama construda y ataraceada
en Ningpo. Es una cama de lujo con cobertores de finas telas, y que me
ensea cmo los ricos chinos no usan colchones, sino mullidas colchas.
De todos modos, no debe ser muy cmodo dormir en cama semejante. Una
mesita hay cerca, para jugar al ajedrez, y dos sillas, todo incrustado
con habilidad y gusto completamente orientales.

Hay muestras interesantes del arte pictrico chino; sus faltas
de perspectiva, la manera singular de ver los objetos, en planos
contradictorios, choca desde luego; pero no hay que olvidar, que como
dice una conocedora, Mrs. Little, antes de que Giotto naciera, los
chinos pintaban la figura humana como no pueden hoy hacerlo. Y cuenta
esta misma seora que en la ciudad de Chung-King, ha conocido un
pintor de flores maravilloso, que vende sus pinturas... por centmetro
cuadrado, por decirlo as.

Las lacas son variadas y valiosas, y hay ejemplares de la rara laca
roja de Soa-Chow, cuyo secreto de fabricacin se perdi cuando el
incendio de aquella ciudad, devastada en la rebelin Tai-Ping de hace
cincuenta aos. Incomparable de riqueza los bordados que hay en ropas
femeninas,--muy parecidas por otra parte a las masculinas. Y los
rollos suceden a los rollos, y las banderas amarillas a las banderas
amarillas. Luego vienen fotografas de los templos, confucistas,
taoistas y budistas. A los taoistas se debe principalmente el extremo
culto a los antepasados, que los chinos tanto conservan y defienden. Ya
recordaris la amenaza de las potencias, en tiempo de la ltima guerra,
de hacer desenterrar los huesos de las antiguas tumbas imperiales.

Veo fotografas de bonzos y objetos pertenecientes al culto, y
reproducciones de dolos e dolos legtimos. All est el dios del
Fuego, el dios del Mundo Inferior, el dios de la Msica y el feo dios
de la Guerra. Sabido es que los chinos miran con gran desdn la carrera
de las armas, as como reverencian altamente la de las letras. Quiera
Dios que continen con tales ideas, pues ya os imaginaris qu pasara
con el inmenso pueblo bien armado, jingosta e imperialista, y con
muchos Rud-Yard-Ki-Pling, cantando la conquista y el exterminio de los
brbaros de Occidente.

Buda, en bronce y madera, entrecruza sus piernas como un sastre y
expresa el xtasis; la virgen Kwan-Yin est, madona amarilla, cercada
de raros candeleros y aun ms raros incensarios. Junto a un vaso de
bronce _cloisonn_, vse una antigua pintura que representa a Buda
y que proviene de un convento de lamas tibetanos. Figuras mil en
papel de arroz; y vestidos de la clase pobre; pinturas al leo hechas
hace ms de cincuenta aos--, los japoneses han credo innovar al
presentar las suyas en la pasada exposicin. Luego, maniques de cera
vestidos de seda, figurando actores y juglares; y modelos de juncos
con sus velas cuadradas. Es de notarse la coleccin de acuarelas de
asuntos chinos, paisajes, vistas urbanas, edificios que presenta
miss Gordon-Cumming. Maravillas de habilidad se confunden, hechas de
plato o marfil, cucharas, pimenteros, junquitos, cajas, pipas; y al
lado tejas amarillas de la tumba de los emperadores Ming; incensarios
de bronce labrados finamente, y que representan monstruos como el
Ki-lin. Un magnfico vaso de cristal de roca parece extrado de un
palacio miliunanochesco. De tiempos anteriores a Cristo son los vasos
sagrados que figuran cabezas de dragones y varios monstruos, y hay un
precioso vaso de sacrificio, de oro y plata, de la ms extraa y bella
orfebrera. Y bronces, y ms bronces, de pagodas, de palacios, de
monasterios. Es tambin de raro valor la coleccin de jades labrados.

No es muy curiosa la de monedas modernas, como el papel moneda antiguo.
Los chinos, como sabis, lo usan desde hace muchos siglos. Marco Polo
comienza uno de los captulos de sus viajes, al hablar de un lugar
que visit: Los habitantes de esta ciudad son idlatras y usan papel
moneda.

La parte relativa a la imprenta es de inters, sobre todo para un
hombre de letras. Hay muchos libros viejos impresos en planchas, y hay
impresiones modernas hechas con caracteres movibles. Llama la atencin
el sello imperial, un sello enorme, con grandes caracteres, que deben
significar las virtudes y potencias del Hijo del Cielo. Y tres nmeros
del decano de los diarios del universo: la _Gaceta de Pekn_. Al lado
vnse carteles, invitaciones en enormes tarjetas o en trozos de rica
seda, y un libro de caja de lo ms extrao.

Hay instrumentos de msica. Conocis la ancdota del embajador chino,
que crey lo mejor de la pera el momento en que la orquesta templaba
sus violines. Y de m dir que los msicos chinos que he odo en los
teatros celestes de la Habana y otros lugares, no me han entusiasmado.
Pero eso debe ser cuestin de costumbre y de iniciacin... Porque si
no, no podra haberle pasado lo que le pas a Confucio. Este filsofo
se conmovi una vez tanto con un trozo musical de su pas, que no prob
un bocado de carne por tres das seguidos. Y eso que la escala china
se compone solamente de cinco notas; los instrumentos pueden ir en
tonos desacordes; sus melodas van siempre al unsono, y otras tantas
condiciones que a nuestros gustos no sientan bien. Aqu veo violines
bicordes; la especie de rgano llamado _cheng_, un lad de diez
cuerdas; cmbalos que acompaan en los templos las plegarias.

Y ms perfiles y ms jades, con decoraciones de leyenda y de pesadilla.
Aqu est en jade el Ki-lin, cuerpo de ciervo, cola de zorro y cabeza
de unicornio. Saludo la tumba de Confucio representada en miniatura,
y admiro al pasar las porcelanas, ya antiqusimas, ya de fabricacin
no tan lejana en el tiempo. Se recuerdan versos de Gautier y de Hugo,
y al emperador Houng-Li, bajo cuyo poder se descubri el arte de
esta exquisita alfarera, y al emperador Wac-Li, bajo cuyo poder se
escribieron unos versos que deben ser muy hermosos, y en los cuales se
nombra por primera vez la porcelana. Se miran piezas de todas formas
y de varios colores, sobre todo un vaso de la dinasta Ming, cuya
arquitectura y adornos son de la ms extica elegancia y gracia. Hay
representados varios caballeros y emblemas budistas como el parasol,
que significa el honor; dos peces, que significan la abundancia; el
loto, que est dedicado a Buda, y otras tantas cosas ms. Y una tacita
preciosa, con los ms brillantes colores; y varios pequeos vasos, con
mariposas, con pjaros, con flores, de la ms delicada pasta y del ms
admirable tono.

No acabara en muchas pginas, si me detuviera a admirar tantas
cosas que revelan en aquellas almas extraas una comprensin y una
observacin de la vida y de la naturaleza, que no es propiamente
para tratarlas de salvajes e irles a incendiar sus palacios y casas
y a robarles sus tesoros y asesinarles sus nios. Sus nios! He
visto retratos, fotografas encantadoras de chinos chicos y de
chinas adolescentes, bellas, bellsimas en su gracia singular de
seres como venidos de otro astro, de seres misteriosos que tienen
otras sensaciones y otro concepto de la vida que el que con nuestra
civilizacin nos hemos hecho nosotros.

Ts y plantas odorferas, sedas, ceras, esmaltes, metales, ricos
trabajos por artistas de manos giles y como areas lneas que han
trazado esos dedos sutiles y visto ojos como de pjaros; arquitecturas
de cuento, paramentos de cuento, casas, cosas, ideas, manifestaciones
de gentes de fbula, almas antiguas como el mundo, no es ms bien
un lugar de paz y ensueo, esa China noble y potica que se ha ido a
despertar a caonazos?




[Ilustracin]




III


Part rpido a Dunkerque. De Brujas, toda paz, toda quietud, espiritual
y natural, a Dunkerque, en donde se colgaban todos sus escabeles los
actores de la comedia patritica, en una danza de naves, con msica
de caones y Mariana reciba con su ms amable sonrisa y haca su
mejor reverencia al dueo del Oso. Decir las durezas de mi viaje, las
apreturas en las estaciones de ferrocarril, la falta de correspondencia
de trenes, los roces horribles de las aglomeraciones, las difciles
comidas en los restaurants, la cama por ochenta francos en cuartos
compartidos, lo fabuloso del tupe cocheril y otras cosas que deseo
echar en olvido, sera historia amarga y larga, sin contar con la
demanda de papeles por la polica a cada instante, y la imposibilidad
de poder acercarse a mirar la faz de los autcratas cuando stos
pasaron por la ciudad de Jean Bart, veloces, como por un tubo de
acero, empujados por un soplo. Un soplo de miedo?...

Miedo... Mientras Francia se pona de gala para saludar al emperador
aliado; mientras se preparaba Compigne, antiguo nido de guilas,
para recibir a la bicfala de las Rusias; mientras Nicols y su linda
mujer se alistaban con el mejor humor posible a escuchar marsellesas
y a entrar de fiesta en donde han de sonreir a _Libert_, dar la mano
a _Egalit_ e ir del brazo de _Fraternit_; mientras se disponen las
trompetas de los saludos y los violines de los bailes, y todo el mundo
est muy contento, en espera de un regio y regalado divertimiento...
_quelqu'un, troubla la fte_, all lejos, en los Estados Unidos,
_quelqu'un_ que quita la vida al jefe de la inmensa repblica
imperialista que estaba por tender un tentculo a la Amrica del Sur;
y _quelqu'un_ hijo de un pas que se llama Polonia... Nicols se puso
plido; pues no es cmodo ya el oficio de Rey, habindose llegado a
fuerza de civilizacin a tener en perpetua realidad la prueba simblica
de Dionisio de Siracusa.

Mas la cita estaba dada, y deba cumplirse con el pequeo prlogo
suavizado de Dantzig, suavizador para Guillermo, _amado primo_, que
busca a las claras el _flirt_.

Cuando llegu a Dunkerque, la ciudad herva de gozo municipal y
forastero; mas en verdad, fuera de las manifestaciones de gremios
aislados y de la pompa y engalamiento oficiales, no encontr que
hubiese all un foco de entusiasmo, una de esas fiebres que ponen a
los pueblos en delirio en ocasiones semejantes. No encontr, por
ejemplo, el estremecimiento ciudadano de Pars cuando la llegada de
Krger, o cuando la primera venida de este mismo zar. Quiz seran las
precauciones, absolutamente rusas, tomadas para evitar un atentado,
las cuales llegaron a impedir casi por completo que los dunkerqueses
contemplasen la figura de las imperiales personas; o, quiz tambin,
una disminucin del ardor con que se tom al principio la alianza,
cuando no estaba tan menguante la inquina con el alemn; o quiz,
porque no deja de estar en buen sentido del _populo_ la filosofa que
o hacer a un quidam, frente al arco de triunfo, elevado ante los
_bassins_ del puerto:--Mirad!--deca, y en voz alta, de modo que no
s cmo no fu arrestado--; mirad! tanta bandera y tanto _lampion_
por un hombre que viene a quitarnos dinero!

La ciudad presentaba un aspecto florido, toda ceida de estandartes,
pabellones, banderas y banderolas. La noche anterior a la llegada del
zar, las iluminaciones hacan de toda la poblacin un inmenso ramo
de fuegos de colores; y, por el lado del mar improvisaban el da, un
da blanco y deslumbrante en el vago tapiz de la sombra, los focos y
reflectores de la escuadra. Imposibles los hoteles, los cafs rebosando
de gentes, las calles con arcos de linternas, estofas vistosas y bombas
japonesas; la catedral empavesada como una colosal nave; las msicas
resonando a lo lejos; los grupos circulando por todas partes; todo el
mundo en espera del acontecimiento del siguiente da, la entrevista,
ms que la revista. Aunque no se ocultaba en las conversaciones el
despecho del pueblo: Somos acaso unos parias para que se nos prohiba
que le miremos? Mas este despecho se aminoraba por la causa: el
Gobierno quera prevenir cualquier atentado; nadie podra acercarse al
squito; la lnea misma del ferrocarril por donde habra de pasar el
tren, estara como en Rusia, guardada por doble fila de soldados.

A las siete de la maana del da 18, M. Emile Loubet se embarcaba en el
_Casini_, para ir al encuentro del _Standart_, yate imperial. Las olas
hacan bailar los barcos, y los caones daban un continuo trueno. Nadie
ms que las gentes oficiales pudo llegar al punto de desembarco. La
revista: vasta cuadrilla y tempestuoso caoneo. El zar, por fin, lleg
a tierra, y con l la zarina: l de uniforme, ella de negro, dicen los
que los percibieron. Yo no vi con el anteojo, desde lejos, ms que
muequitos, al son de los clarines y de las bocas de fuego. Llegaba en
los aires el severo himno ruso y la siempre impetuosa Marsellesa; y
los aires deben haberse encontrado perplejos al presentarse cosas tan
contradictorias: _Dios salve al zar!_... _y_: _contra nosotros se
ha levantado el estandarte sangriento de la tirana!_...

Loubet, cuya buena madre aldeana, quiz, dara en ese instante de comer
a sus gallinas en la casa de campo de Montelimar, iba del brazo de la
zarina Alix; Alix, la zarina de Rusia, que aparece all, en la pompa
de su corte semiasitica, semejante a una emperatriz bizantina, dolo
autocrtico de un colosal imperio cuasi brbaro. En la galera que une
el desembarcadero con la Cmara de Comercio, un grupo de pescadoras, de
ropas obscuras y blancas cofias, ofrece a Alix un pez de plata sobre
un cojn de seda. El squito se detiene en la Cmara de Comercio. En
Dunkerque, el zar Nicols, el Pacificador, es saludado por la Guerra y
hospedado por el Dinero. Y son luego los cortesanos, los protocolares,
las presentaciones y los _salamalecs_. Y el gape, en que han de oirse
nuevas protestas de amistad y liga, y los brindis que llegan y repiten
en esa manera oficial, que cree decirlo todo y no dice nada, palabras
que parecen simpticas y fraternas, pero de las cuales los siglos
sonren.

Luego el tren parti con los porfirognitos huspedes, hacia Compigne.
El recuerdo de Luis el Piadoso sera propicio al emperador, y el de
Juana de Arco a la emperatriz, y a ambos los de Napolen y Mara Luisa,
en cuyas alcobas iban a dormir.

       *       *       *       *       *

Cuando el _maire_ de Compigne ofreci a la emperatriz un ramo de
brezos, su flor preferida, M. Jos Mara de Heredia haba ya lanzado
el suyo por las columnas de su diario. No era un soneto. Eran versos
serios, acadmicos y mediocres, como si hubiesen sido de encargo.
Versos a la emperatriz a la cual trataba de _vous_... _Car le pote
seul peut tutoyer les rois._ Rostand, por su parte, encargado oficial
esta vez, haba escrito una oda, en la cual dice a su majestad cosas
como sta:

    En revenant de Danemark,
    Vous avez, pour gagner ce parc
    Pass devant chez Jeanne D'Arc.

Ante los malos versos aristocrticos, prefiramos los buenos versos
anarquistas. En la presente ocasin, las musas de la Cpula no han
ayudado al ilustre autor de los _Trofeos_, y el autor de _Cyrano_.

Pars no saba si ira a recibir la visita de los soberanos amigos.
Tras el _bouquet_ de brezos y el cumplimiento, se durmi en el castillo
de Compigne, donde debe vagar algunas noches una sombra cesrea que
extraara mucho ver al amo de los cosacos en ntima unin con la
Repblica francesa. Se consolara observando que el Bsforo no es ruso
todava.

La revista de Dunkerque, como las grandes maniobras del Este, eran el
principal objeto de la venida de los autcratas; al da siguiente,
pues, el 19, se dirigieron al campo de operaciones. El zar mont a
caballo, galop a su placer, se hizo explicar caones, almorz tarde y
precipitado, examin el nuevo freno hidrulico en la artillera, medit
ante el nuevo can de 75 milmetros, vi desfilar los batallones,
las corazas, los penachos, las espadas desnudas, las lanzas, los
uniformes vistosos, oro, hierro, acero, escarlata, oy las bandas y el
ensordecedor trompetero; bebi el vino del soldado bajo la tienda de
campaa, y sum en su interior la fuerza de la aliada repblica con la
fuerza de sus dominios inmensos; y despus de esto, recordando quiz
el pasado Congreso de la Haya celebrado junto a la gracia sonrosada y
joven de la ltima flor de la rama de Orange, habr repetido el verso
del lrico italiano:

                   Io vo gridando pace, pace, pace!

Y he pensado en que aquel pobre y grande Castelar, que vivi y muri
tachado de poeta, tuvo una palabra proftica al escribir, a la orilla
de la muerte, esta sensacin del porvenir: El descontento del gobierno
italiano, producido recientemente a consecuencia de sus fracasos
diplomticos en la cuestin de China; las dificultades suscitadas
entre Francia e Inglaterra por el Sudn y el Nilo; el aumento de la
escuadra inglesa, que ha necesitado una suspensin de la amortizacin
y un dficit de importancia; el cambio de Amrica, que ha modificado
su temperamento industrial y trabajador para marchar a la guerra
y a la conquista; el reparto de la China, deseado por universales
ambiciones; los progresos del ferrocarril ruso en la Mongolia; los
conflictos del Transvaal entre la presidencia de Krger y la dictadura
del desequilibrio del Napolen del Cabo; las amenazas contra Portugal y
sus colonias; los temores y los espantos, tan fundados como legtimos,
de nuestra desgraciada Espaa; la rivalidad de Turqua y de Grecia, de
Francia y de Prusia, de Rusia e Inglaterra; los motines de Austria; el
movimiento interior que reclama y pide una Alemania ms considerable, y
numerosa que la Alemania actual; los grmenes de desacuerdo entre las
primeras potencias por consecuencia de las extensiones territoriales
de sus colonias. Todas estas cosas dicen que despus de la exposicin
de 1900 no tendremos una hora de paz, y que los elementos de guerra
estarn diseminados y extendidos por todas partes. Mas como el zar
Nicols ha sido el coronado mensajero de pacificacin universal, ante
el cual hombres como el bravo periodista Stead han credo ver un ser
casi elegido por la Providencia, pronuncia despus de la revista frases
que no cuentan con la codicia de las naciones y con las trampas de los
polticos, esta gran manifestacin de guerra, como la revista naval de
Dunkerque, seran, oh, paradoja! el mejor sostn de la paz en el mundo.

Y tras la revista, el sacrocesreo ortodoxo visita la baslica de
Reims, en que han sido consagrados los reyes de Francia; all el
representante de la paz, esto es, de Cristo, le recibe en su pompa
ritual, rojo entre negras sotanas. All, bajo el rosetn que corona
la doble entrada, ante la estatua de la Virgen, entre las estatuas de
santos que decoran la vieja arquitectura, el cardenal arzobispo saluda
al jefe de la iglesia rusa, que penetra en la catedral catlica. Y
la catedral dice en su inscripcin de entrada: _Deo Optimo Maximo_.
Prudente sera su eminencia para no rozar la religin rusogreca ni
hablar con untuosa diplomacia pontificia, ya que de uniones se trata,
de la unin de las cristianas iglesias. En el _Diario de Pedro el
Grande_, al referirse a la visita que aquel duro emperador hiciera a
Pars en 1717, se lee: El 3 de Junio su majestad se present en la
Academia, donde los doctores de la Sorbona trataron ante su majestad
de la unin en la fe, diciendo que sera fcil establecerla. A lo que
su majestad se dign responderles que este asunto era grave y que era
imposible arreglarlo en un breve trmino; que por lo dems, su majestad
se ocupaba principalmente de asuntos militares. Pero que si lo deseaban
en realidad, no tenan ms que escribir a los obispos rusos, pues
este era un asunto importante, que exiga una asamblea eclesistica;
al mismo tiempo se dign prometer a los doctores que si escriban a
los obispos rusos, ordenara a stos contestar segn la autoridad
que Dios les haba dado. Como vis, aquel espeso autcrata tena la
malicia fina. No se trat ahora en Reims con doctores de la Sorbona,
sino con un purpurado de la repblica, bajo el pontificado de Len el
Diplomtico.

Despus fu el da de real holgorio en Compigne: paseos en el parque
lleno de encantos, el bello parque poblado de arboledas magnficas,
de estatuas que saben secretos eclgicos y aguas tranquilas realzadas
de cisnes; y por la noche, en el teatro del mismo castillo, la fiesta
de gala, con declamacin, danzas preciosas y divertimientos lindos y
delicados como conviene a los reyes. Y la emperatriz con su diadema
imperial, y el zar, pequeo y apretado en su uniforme y en su orgullo,
formando un contraste curioso con el bueno, honesto y sonriente
Loubet, la excelente presidenta y el coro de ministresas burguesas
que han tenido que estudiar con profesor de baile la reverencia, y
que lo que menos pudieran tener sera al taburete en la corte de
Francia, la almohada en la corte de Espaa. Y Millerand por all, al
antiguo atacador de este mismo zar; elementos que se rozan con el
socialismo, contemporizando con elementos autocrticos; la repblica
de los Derechos del Hombre, el pas que se precia de ir adelante en
la historia con la bandera de la libertad, festejando al jefe de un
imperio en que reina el despotismo ms absoluto, en donde Tolsti bajo
Nicols, sufre por sus ideas ms que Soloviov bajo Alejandro; el
pas que predica la soberana de la prensa, unido al pas en donde el
_caviar_ tradicional empuerca y mutila peridicos y libros; la tierra
en donde por todas partes se encuentran las letras L. E. F., hecha una
con la tierra en donde el Knut existe y la Siberia contina siendo
lugar de deportacin y de castigo, y en donde los estudiantes acaban de
ser apaleados y heridos y muertos. Es cosa verdaderamente singular. Los
versos de Rostand resuenan en el teatrito:

      En revenant de Danemark
    Vous avez, pour gagner ce parc
    Pass devant chez Jeanne D'Arc...

La tierra de Juana de Arco, con la tierra que se ha tragado a la
desventurada Polonia. El grande anciano de la lesnaia-Polonia lo acaba
de aclamar a los cuatro vientos de la justicia y de la verdad: la unin
entre Francia y Rusia es un enorme absurdo y una mentira colosal.

       *       *       *       *       *

Pedro el grande, que era inculto, hasta limpiarse los dedos en los
trajes de sus vecinas de mesa, vino aqu a observar civilizacin: la
observ, junto con la cara de la hbil viuda Scarrn. El abuelo del
actual zar, Alejandro I, vino tambin, pero con otro objeto, despus
de Austerlitz, despus de Friedland, despus de Eylau y despus de
la paz de Tilsit; vino en compaa de los Borbones, y entonces no se
le cantaron marsellesas. Alejandro II vino o estrechar amistades con
Napolen III, lo que no obst para que en el 70 la Francia estuviera
sola. Alejandro III no vino, pero dice que dijo estas palabras: La
Francia debe ser grande, para que la Rusia se desarrolle. La Rusia debe
ser fuerte y armada hasta los dientes, para que la Francia viva en
paz. No creerais oir en el cuento de Perrault el toc, toc, toc, del
lobo en la puerta de la cabaa? Nicols ha venido porque ama a Francia,
dicen unos; otros, porque quiera saber cmo est de armas el aliado;
otros, por un emprstito. Este joven zar aseguran que, siendo nio,
al ver un lbum con vistas de Pars, exclam: _oh comme je voudrais
la visiter!_ Quiz sea Pars su fascinacin, y como el gran rey crea
que bien vale una misa. Pars le ha correspondido. Ni en sus Lividias,
Petersburgos y Vladivostocks; ni cuando siendo zarewich recorri medio
mundo, encontr nunca acogida tan formidablemente satisfactoria cual
la que le brind Pars en su primer viaje. Por todas partes va regando
frases que halagan el amor propio francs. Y cuando el metropolita de
San Petersburgo, Paladius, le cas con la princesa Alix, la mujer que
tomaba era, segn se cuenta, una adoradora de Francia. Cuando la visita
a esta capital, Nuestra Seora de Pars recibi como corresponda a
los devotos de Nuestra Seora de Kazan. Hasta se ha encontrado una
descendencia francesa a Alix de Hesse. Una hija de Santa Isabel de
Hungra se cas en el siglo XIII con Enrique el Magnnimo, duque de
Brabante y prncipe de la casa de Lorena. Hijo de ellos fu Enrique
el Nio, quien abandon el ducado y fu a Hungra, donde fund una
rama nueva que fu despus la casa de Hesse. La genealoga tiene ms
utilidad y oportunidad de lo que aparenta. Es una dulce y bella mujer
la zarina de Rusia que est al lado de su esposo como un escudo de
marfil. Desgraciadamente, no era hecha de marfil y rosas fragantes
y de espirituales perlas, aquella infeliz Elisabeth de Austria que
encontr en Ginebra, en su soledad errante, el pual que va derecho y
no distingue?

Terrible vida la de un Csar como el zar eslavo! Aparte de las
vctimas que el anarquismo ha hecho y sigue haciendo por todos los
lugares de la tierra, tiene en su propio pas la misteriosa sombra
del nihilismo, que duerme, pero no ha muerto; y el recuerdo de su
padre, el coloso Alejandro, despedazado por las bombas, debe venir a
cada instante a su mente, aun en los momentos del hogar y del amor.
Porque est visto que cuando llega la hora sealada por lo desconocido,
el prncipe de las Mil y una Noches, encerrado en su torre, muere
violentamente, y el monarca encuentra su asesino en su centinela o en
su ayuda de cmara. Parece que mientras mayor potencia opresora se
aglomerase arriba, por ley de presin, asciende la fuerza de abajo.

No vino esta vez a Pars el zar, claramente se mira, no porque no
tuviese deseos, o porque tan slo hiciera su visita a la marina y
al ejrcito, como lo di a entender en el brindis de Bhteny el
presidente; no vino porque la polica rusa no lo quiso consentir de
ninguna manera, porque hay muchos rusos vigilados en Pars, y porque
de donde menos se pensara poda brotar la certera locura de cualquier
libertario.

Porque: es bella y triunfante una coronacin cuasi divina bajo el
amparo del Santo Snodo, en ceremoniales que recuerdan la prestigiosa
Bizancio que Jean Lombard ha evocado de tan magnfico modo; es bello y
grandioso el dominar el imperio ms potente del globo, y ser an, en el
siglo XX, las dos divinas mitades de que habla Hugo, papa y emperador;
son soberbias las excursiones a Livadia, y la mirada omnipotente
sobre el mar Negro, y la caza del oso con parientes de real sangre;
es dulce e imperial tener por esposa una animada y rubia figura de
icono, ser que parece que anda en las nubes, ser nefelibato; tener
como guardias dorados gigantes, rudos y pomposos heiducos; comer a la
mesa ms exquisita del mundo; poder lanzar hordas de cosacos como los
hunos de Atila, cabalgar con los hsares de Grodno o con los soldados
del Preobrajensky; poseer el Kremlin en Mosc, el Palacio de Invierno,
el Anichkoff y el Ermitaje en Petersburgo; y el Tsarkeio-Selo, y el
de Peterhof, Versalles ruso; ser saludado padrecito por el mujick,
cuando se va en el chato drosky o en la rpida troika; reunirse con
la familia de coronas y diademas en la mesa del suegro de Europa,
all en Fredensborg; tener por antepasados a los majestuosos Romanoff,
autcratas de hierro; reposar en la Casa de Pesca en Finlandia, a la
orilla del ro lleno de peces como de oro y plata; recibir de ms de
120 millones de hombres, en lenguas distintas, el respeto y la casi
adoracin como _Imperatorkij Goubernator_ y como cabeza de la iglesia;
y todo eso para estar en el continuo cuidado de un condenado a muerte
que no sabe si lograr el indulto... estas cosas son la sonrisa de la
Boca de Sombra.

En el 98, por orden del emperador Nicols, deca el _Messager Oficiel_,
de Saint-Petersburgo, que el mantenimiento de la paz general y una
reduccin posible de los armamentos excesivos que pesan sobre todas las
naciones, se presentan en la situacin actual del mundo entero, como
el ideal a que deberan tender los esfuerzos de todos los gobiernos.
Los deseos humanitarios y magnnimos de su majestad el emperador, mi
augusto amo, estn all enteramente dirigidos. En la conviccin que
ese elevado fin responde a los intereses ms esenciales y a los votos
legtimos de todas las potencias, el gobierno imperial cree que el
momento presente sera ms favorable a la rebusca, en la va de la
discusin internacional, de los medios ms eficaces para asegurar
a todos los pueblos los beneficios de una paz real y durable, y a
poner ante todo un trmino al desarrollo progresivo de los armamentos
actuales. Penetrado de ese sentimiento, su majestad se ha dignado
ordenarme proponer a todos los gobiernos cuyos representantes estn
acreditados cerca de la corte imperial, la reunin de una conferencia
que habra de ocuparse en ese grave problema.

Esta conferencia sera, con la ayuda de Dios, de un feliz presagio
para el siglo que va a empezar; ella juntara en su haz poderoso
los esfuerzos de todos los Estados que buscan sinceramente hacer
triunfar la gran concepcin de la paz universal, sobre los elementos
de perturbacin y de discordia. Ella cimentara al propio tiempo sus
acuerdos por una consagracin solidaria de los principios de equidad y
de derecho sobre los cuales reposan la seguridad de los Estados y el
bienestar de los pueblos. De all el Congreso de la Haya. Qu sali
de esa conferencia en la capital de la fresca Guillermina? Inglaterra
salt sobre el Africa del Sur; Alemania agarr ms fuertemente la
Alsacia y la Lorena; Francia apur sus fbricas del Creusot; la China
fu castigada por la pacfica y civilizadora Europa; y hoy Nicols,
cuyo ferrocarril transiberiano conduce las ms sanas intenciones, viene
en visita de paz, a admirar marinos y soldados, nuevos armamentos y
nuevas invenciones para matar mejor. Los perros de la destruccin y de
la muerte estn mejor amaestrados que nunca: _Death and destruction
dog_... dice Shakespeare. El sueo de la paz universal queda reducido
a espuma en esa revista de Reims, tierra florida de dulce vino de
champaa. All en las largas estepas, en las chozas de los pobres,
la figura del zar es colocada al lado de la milagrosa panagia, y San
Flix Faure est a su lado. Rusia, Francia, Alemania, Inglaterra, los
amenazantes yanquis, el entero mundo civil est listo para la matanza y
para la rapia. Los reyes, por ms que busquen la paz, son siempre, en
la inmensa fauna humana, guilas, las guilas son pjaros de presa, son
carnvoras. Mas en lo hondo de la montaa misteriosa, en lo profundo de
los valles del porvenir, se oyen de cuando en cuando sones de cuernos,
ladridos, tropeles. Se mira en el Oriente como una alba terrible. Los
pueblos presienten algo: el presente est en cinta: y quin sabe si de
repente el hombre a tientas encontrar el camino que desde el principio
de los tiempos le tiene sealado la voluntad infinita, el Dios de todas
las razas y de todas las almas.

Entonces ser tal vez el advenimiento de la Justicia y de la Paz!

[Ilustracin]




[Ilustracin]




IV


Una noticia llega: el prncipe consorte de los Pases Bajos, le ha
pegado a su mujer... Sensacin. Indignacin... Sonrisa... Cmo! Ese
muchachn teutn, educado a la prusiana, ha podido levantar la mano
contra una reinita que Pars ha visto, saludado y aplaudido, entre el
ruido y alegra de los bulevares?

...La reina habra dicho a su marido algunas palabras, en la mesa, que
provocaron despus la clera del Mecklemburgo... Cmo! Las majestades
y las altezas se tiran los platos y se tratan exactamente como el
vecino del entresuelo, o del primero, o del segundo?

La Prensa comenta el hecho, comenta y aumenta, e inventa... Los salones
de Europa tienen por muchos das un asombroso y pimentado tema que
gustar... Guillermina, que es, con Nicols, la soberana de la paz...
Buena est la paz! Los caballeros franceses que quedan, censuran
speramente a ese caballero de ultra Rhin que olvida el precepto
oriental: ni con una rosa... Exigen al prncipe de Holanda que se est
bien quieto, dentro de su queso.--Los detalles llegan. El prncipe es
un hombre poco galante, muy seco, muy militar, muy _soudard_. Desde los
primeros das del matrimonio, se le ha visto alejarse ms y ms de la
reina, demostrarle diferencia y desvo, l que no tiene ms oficio que
ser el marido de su mujer... Los detalles aumentan. El prncipe debe
y bebe... Los acreedores pasan sus cuentas y la reina no quiere saber
nada de eso, de las cuentas enormes del prncipe Enrique... En cuanto
a su aficin bquica, se complica de pasin cinegtica y el prncipe
prefiere irse al campo, con sus amigos a permanecer junto a su esposa.
Adems, se dice que el consorte no tiene simpatas por Holanda, y
los holandeses le pagan en la misma moneda... La reina se disgusta,
se enferma... Salen a su defensa oficiales de su real casa, que son
heridos en duelo por el marido espadachn. El castillo de Loo est en
conmocin.

Por otra parte, trae el telgrafo nuevas que desmienten todo eso... No,
no ha pasado nada en el castillo de Loo, y los _racontars_ no tienen
fundamento ninguno... El prncipe Enrique no debe nada a nadie y sus
relaciones con la reina estn en perfecto estado. La corte est apenada
por todas esas invenciones, obra de malintencionados socialistas...
La indisposicin de su graciosa majestad ha tenido otras causas que
las que las que se murmuran y van por las gacetas, por la _Gazzette
de Hollande_... La reinita del cuento azul, o de poemita en prosa de
Gaspard de la Nuit, la favorita de la paz, vive en paz con su marido,
quien no tiene inconveniente en apartarse de los negocios del Estado
por consagrarse por entero a las funciones para que ha sido elegido.
Cuando deja la grata compaa de Guillermina, es para dedicarse a la
agricultura... Hay en ello siempre el idilio.

       *       *       *       *       *

_Hlas!_ como se dice por aqu. Y cun cotidiana es la vida, segn el
verso del admirable montevideano Jules Laforje, un para los que viven
en palacios reales, y han nacido porfirognitos! Verdad: no se necesita
de anarquistas amenazadores para que se tenga por poco envidiable, una
cantidad de derecho divino y una figuracin en el almanaque de Gotha.

Hablaba el ministro argentino una vez, en Bruselas, con una de las
princesas, mujer cuerda y de inteligencia, y a propsito de algo,
concluy una de sus frases: ...para las que tienen la dicha, o la
desgracia, de ser princesa... _Le malheur, monsieur le ministre, le
malheur!..._, contest en seguida su alteza real. _Le malheur..._
Ciertamente, no es una historia de dichas la de las testas coronadas, y
circunscribindonos al caso de la reina de Holanda, el hogar y el trono
no pueden caber, sino con raras excepciones, en el mismo sitio... Las
Jantipas coronadas han sido muchas, y reyes que puedan sealarse como
modelos de virtud conyugal son tan escasos.... El prudente Ulises queda
para Homero con la reina Penlope, que saba tejer, y la princesa
Nansicaa, que saba lavar su ropa.

En nuestro tiempo, con dirigir la vista alrededor de Europa, hay para
estarse quieto, en la apacible mediana horaciana, en la descansada
vida de fray Luis o en la modesta burguesa que tiene su ideal supremo
en un automvil.

Mirad all en Rusia, en donde hoy, segn se ve, reina la ms envidiable
paz domstica bajo las techumbres de los palacios imperiales, no puede
borrarse el no muy lejano recuerdo de un matrimonio como el del zar
Pedro III, el marido de la gran Catalina... Ser el marido de la gran
Catalina... Morir como muri ese pobre zar Pedro...! No, en verdad, no
era ese un hogar modelo, ni de varios grandes duques, cuyas aventuras
y desventuras suenan por ah. En Austria, la tragedia... Vagar
por mucho tiempo, en Mayerling, la sombra de aquel pobre prncipe
heredero, muerto de tan romntica muerte con la Vetsera... Para que
su buena esposa despus se case con un elegido de su corazn; y luego
se hable del divorcio de la condesa de Lonyay... Agregad las varias
_mssalliances_ cuajadas de ancdotas, ya cmicas o dramticas...

En Italia, todo muy bien... Solamente, un gran rey de grandes bigotes,
es apellidado el _Galantuomo_. Y luego, en el reinado siguiente, en la
paz de la corte, una bicicleta francesa va por all, dando vueltas,
causando perturbaciones... en la familia.

En Alemania, perfectamente, en las altas regiones; pero escndalo
sonoro y granducal, en el pas de Hesse y de Aquel...

En Espaa como es de razn, por el sol y por la sangre. Hay libros,
memorias, cuentos, ancdotas, chascarrillos. Isabel II, Don Francisco
de Ass... Alfonso XII, el rey Barbin... La reina Mercedes que pasa
malos ratos, la reina Cristina, que quiere irse a casa de su familia...
el Papa que Interviene. Y los matrimonios que vienen. La infanta
Eulalia y su divorcio ruidoso... Un pueblo entero queriendo impedir que
se case una joven infanta con un joven Caserta... Es delicioso el goce
del hogar, en el esplendor de la corte de Espaa!

En Servia... Este era un rey que se llamaba Milano... Por Espaa
anda la viuda, que fu tan hermosa, la reina Natalia... Se ha hecho
catlica, reza mucho... El hijo se cas con una seora que es hoy la
reina Draga... Y en su palacio pasan cosas, cosas tan tristes... Y tan
ridculas... Fu un matrimonio por amor, el del hijo del rey Milano y
de la reina Natalia!

En Rumania, la reina contina haciendo literatura y la seorita
Vacaresco tambin, aqu en Pars... Esta pobre seorita Vacaresco, que
pensaba posibles los cuentos azules, que crea llegar a ser reina,
o cuando menos, esposa morgantica, segn se cuenta... Para venir a
parar aqu, soltera, siempre, haciendo versos, coronada poetisa por la
Academia francesa, y recitando en casa del ministro Hait...

En Portugal...

Los prncipes de antes eran ms felices que los de ahora?... Hay quien
achaca la culpa de las desventuras de los actuales al periodismo,
al reporterismo. Antao la maledicencia cortesana no transcenda
como hoy, a las hojas de los peridicos; los decires iban de boca en
boca, tan solamente circulaban en las cortes, en el plano superior...
Ahora, todo va a todos. Y las debilidades de los afortunados son el
regocijo de los de abajo... El pueblo siente un verdadero placer en
la demostracin prctica de que todos los seres privilegiados que
tienen una corona o una autoridad, estn sujetos a las mismas pequeas
miserias que el ms humilde de los hombres. Y como el periodismo
no deja noticia sin publicar y detalle sin aprovechar, las alcobas
imperiales y reales son exhibidas a la mirada de un pblico lleno de
odios y malignidades.

Volviendo, pues, al caso tan comentado de la reina de Holanda, hay que
convenir en que la posicin del prncipe no es de las ms envidiables.
Del rey de Dinamarca se ha dicho que es el suegro de Europa. Es
una inestimable ventaja. En el prncipe Enrique de Mecklemburgo,
la situacin es desventajossima: la nacin es su suegra. En todo
otro Estado, el papel de prncipe consorte habra sido lleno de
inconvenientes y de molestias; pero en Holanda, en donde la reina es el
dolo del pueblo, en donde todo el mundo est con los ojos fijos para
velar por su completa tranquilidad y por su dicha, el puesto es de todo
punto incmodo. De aqu han venido los recientes ruidos, con base real
o ficticia, pero que tienen por un momento la atencin y curiosidad de
Europa dirigidas al castillo de Loo.

La verdad, segn personas bien informadas, es que el matrimonio es muy
dichoso, la reina y el rey se quieren mucho, y todo lo que se ha dicho
ha sido producto de muchas imaginaciones. La ms enamorada pareja est
sujeta a pequeas nubes estivales. Algn instante hay en que el mejor
amor interrumpe su constante faz por un ligero choque, que suele tener
siempre exquisitas consecuencias y aumentos de afecto, si es posible.
Uno de esos instantes ha sido sorprendido por alguien, que ha aumentado
el hecho, y la bola de nieve ha llegado al alud periodstico. La reina
Guillermina, por su belleza, por su juventud, por sus bellos gestos
como el de tender la mano al errante y lamentable viejo Krger, por las
cualidades de su espritu, de su carcter, de su corazn es adorada
de sus sbditos. Al prncipe le tienen en perpetua observacin, como
a quien se ha confiado una joya incomparable o la existencia de un
hijo. Y los celos pblicos son terribles. Por algo se ha silbado en
los music-halls holandeses el retrato del prncipe Enrique, despus
de saludar con aclamaciones y aplausos el de la reina... El prncipe
hace lo que puede, para pasar inadvertido, para dejar que la reina sea
nica y exclusivamente saludada, para apartar su persona de las miradas
del pueblo. Y cuando va con su graciosa mujer, ya en la Haya, o en
la linda poblacin de Apeeldorn, en donde se ha elevado un monumento
conmemorativo de las regias nupcias, l hace como que no escucha, y
apenas si saluda, ante las manifestaciones de la muchedumbre. Sabe
bien que l es nadie--el esposo de su majestad;--y parte, desde que lo
puede, a la campaa, a interesarse por cuestiones agrcolas y a cazar.

Es muy conocido el cuento del rey que andaba en busca de la camisa del
hombre feliz, y que nunca la encontr, pues el hombre ms feliz que
haba en todos sus Estados no tena camisa... No es muy probable que
esa prenda se encontrase hoy en ninguna de las cortes de Europa.

Quiz, como nos hace pensar cierta filosofa, la camisa del hombre
feliz existe, y es la que a uno le ponen cuando va a dormir el ltimo
sueo...! Si se la ponen.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




V


Los franceses suelen mirar con cierto menosprecio a los belgas.
Cuando digo los franceses, digo sobre todo los parisienses. Es una
injusticia, y Vctor Hugo no pensaba de la misma manera. Baudelaire fu
cruel, en su corazn puesto al desnudo. Hugo vivi aqu desterrado,
Baudelaire tambin: Hugo por la poltica, Baudelaire, por la vida.
No s si Baudelaire se arrepinti; pero los intelectuales belgas de
hoy han olvidado la amargura del hombre del estremecimiento nuevo.
Intelectuales y en su parte latina, Blgica est unida a Francia y ha
dado a la literatura francesa contempornea buena parte de sus mejores
espritus. _Eh, Eh! Bruselles! Vous n'avez qu'a vous bien tenir
vous autres ici. Bruxelles, oui, je n'en dis pas plus!_ Es Villiers
de l'Isle Adam el que habla y es Mallarm el que lo cuenta. Aqu
vino Hugo, aqu sufri Verlaine, aqu sufri Baudelaire; y Mallarm
aqu reg satisfecho en su campo propicio, mucho de la simiente de
sus sembrados mgicos. Los Verhaeren, los Maeterlinck, los Rodenbach,
como poco antes y ahora los Huysmans, acrecen la comn heredad del
pensamiento de lengua francesa, siendo en Francia entre los nativos los
primeros. Bruselas, se dice, es un Pars chico. Mas si Bruselas imita
a Pars; Blgica no sigue a Francia. Aparte est su gran movimiento
industrial; sus ciudades de trabajo, flamencas y walonas representan
las propias energas, conservadas de la activa vitalidad de antao. Son
los hombres sanos y fuertes, pesadamente alegres, ruda flotacin de
pueblo. La flamenca canta, por boca de uno de sus ms bravos poetas:

    Mon homme est fort.
    Dans tout le port
    On sait les fardeaux qu'il souleve;
    Il a le coeur au bon endroit.
    Il marehe vite et marche droit...
    Son sang monte comme la sve...
    Je suis heureuse de mon sort.
        Mon homme est fort.

    Mon homme est fort.
    Le froid du nord
    Le soleil pas plus que la grle
    N'usera son cuir de flamand:
    C'es en vain qu'en leur tournoiemet
    La neige et le vent ple-mle
    Le cernent. Intact il en sort
        Mon homme est fort.

Las mujeres tambin, fuerte son, hermosas de carnes, frescas de
colores; y el primer da, al llegar, pude contar: uno, dos, tres, diez,
muchas Rubens y Jordaens. Bruselas peripuesta a la moderna, tiene,
verdad, en pequeo, mucho del Pars bulevardero, con poco de aquella
sensualidad ambiente que lo cantaridiza todo. La ciudad trepida al paso
de los tranvas elctricos; los carruajes circulan, y deja su mal olor
o bufa cuando menos lo pensis, el odioso automvil; y las bicicletas
pasan a cada instante por las avenidas y desfilan por el bosque de la
Cambre. Hay cafs con terrazas, en las vitrinas se ven retratos de
bellas parisienses, sobre todo el de la seorita Cleo de Merode; en
las libreras se venden con profusin libros de franceses; las damas
se visten con Doucet o Paqun, o cualquiera de esos seores; se lucha
por Wagner; Sarah y Coquelin vienen a trabajar en estos teatros; los
diarios tienen algunos redactores franceses. Me diris que todo eso
pasa en Buenos Aires tambin. Perfectamente. No argumento, sino que
certifico.

Al que est acostumbrado al francs de Pars, el de aqu parece duro
y amarsellado. Otra cosa que extraa es el cambio de carcter en la
poblacin. Tienen fama de insolentes los cocheros belgas. Jams
podrn igualar a los parisienses! El servilismo del _larbn_ no se
encuentra tampoco aqu. Aqu no os estrujan a genuflexiones y a _s.
v. p._ La obra social ha adelantado mucho. El obrero conserva an el
orgullo de los gremios antiguos. En cuanto a la burguesa no hay que
olvidar que es en su fondo la misma que ennoblecieron los pintores de
siglos gloriosos. El mejor _maire_ tiene algo de vulgar; en el ltimo
burgomaestre se cree hallar algo de dignidad atvica...

Una de las ocurrencias biliosas e injustas de Baudelaire fu sta. Los
belgas piensan en banda. El pensamiento belga est, por el contrario,
compuesto de individualidades. Bastara con sealar actualmente a
Rodenbach, a Lemonnier, a Maeterlinck, a Felicien Rops, y a ese
potente Wiertz, cuyo atrevimiento y libertad anteceden a tentativas
revolucionarias artsticas que han triunfado en el mundo, y al cual
sera una injusticia no considerar como un precursor. Aqu laboran
silenciosos sabios y artistas, trabajadores de la transformacin
social, aqu viven tranquilos; aqu he visto la persona venerable del
viejo Reclus pasar bajo la sombra fresca de la avenida Luisa, cuyos
rboles, ahora plidos de otoo, son hospitalarios y acogen pensativos.

En el bosque de la Cambre, paisajes y lugares a que la naturaleza y el
hombre contribuyen, entretienen la mirada, brindan su regalo de salud y
de belleza. No os libraris del restaurant a la moda en que se retienen
mesas y os asesinan alma y paciencia los violines de los tziganos, ni
tampoco de la amenaza vandlica del _chauffeur_. Mas hallaris amables
umbras, dulces rincones en que vagar y meditar, y en donde lo que
menos pensis es en que aqu reina el rey Leopoldo, ese seor _bien_
que tiene una estancia negra que se llama el Congo.

_Kiekenfretter_ quiere decir en flamenco comepollos. Jordaens y sus
reyes glotones y obesos me han trado a hablaros del apetito brabanzn,
y en cadenas de ideas, de la comida bruselesa. Aqu se come mucho, y
juro que muy bien; as los refinados encuentran la _bonne chre_ que
suean, los cultivadores del estmago la sana y bondadosa cocina local,
cuyas carbonadas y gallinas asadas con compotas de fruta, llaman el
acompaamiento del lambic. Hallaris buenos vinos; pero las cervezas
os brindan su reino; los reyes de Jordaens todos son parientes de
Gambrinus. Y comiendo bien y bebiendo bien, el pueblo es francamente
alegre---; lejos las plidas faces de los ajenjistas de Pars, la
inmensa bruma verde que envuelve tantos espritus en aquella alegra
nerviosa y torturada; aqu, por la tarde o al anochecer, he solido
encontrar grupos de muchachos y muchachas que van por las calles
cogidos de los brazos como en las rondas de las kermeses, y lanzando
sus cantos en coro, muchachos robustos, muchachas con carrillos como
manzanas, de estos mismos que en el florecimiento de su pubertad dejan
ver, bajo la corta falda, las ms firmes y torneadas piernas.

Como en todas partes, gusto ms de la parte vieja de la ciudad
que de la nueva. La ciudad, en sus signos monumentales, habla de
grandes cosas pasadas; y tan solamente en San Marcos de Venecia he
sentido el respetuoso placer de la contemplacin, de la evocacin de
siglos difuntos, que en la Grand Place, a la cual Hugo, con alguna
exageracin, llamara la primera del mundo. Nada ms hermoso que este
conjunto de nobles arquitecturas en que la Maison du Roy es cincelada
joya, las casas de las corporaciones, bellas pginas de piedra, y el
Hotel de Ville, osado y soberbio, la ms admirable catedral cvica que
haya labrado la legendaria masonera gtica. La imaginativa de los
antiguos escultores se revela en simples detalles de una concepcin
definitiva, que forman en el vasto libro arquitectnico, lecciones
estupendas en la interpretacin de la faz humana y en el simbolismo
zoolgico. Al entrar, nada ms, podis adivinar ciertas pginas de
Huysmans y ciertos gestos de Henri de Groux, en un simple murcilago
lapidario o un rostro humano decorativo.

Las casas histricas con su estilo, sus dorados, su aristocracia de
monumentos, parece que aguardan la presencia de cortejos reales o
procesiones de dignatarios. Y mientras miro y admiro, me solicita una
muchacha que vende flores, ofrecindome pompsimas rosas, y pasa una
lechera flamenca con su carrito tirado por tres magnficos y pacientes
perros.

Un pensamiento que no dejar de despertarse en vuestra mente es el
del perdido podero espaol... An vaga por aqu la sombra del duque
de sangre, y las estatuas fraternales de los condes de Egmont y
de Hornes, en el square del Petit Salln, fijan en bronce el duro
recuerdo. Se perdi Flandes; se perdi la Amrica continental, se
perdi Cuba...; el general Weyler no tendr a mal que se le compare con
don Fernando Alvarez de Toledo...

Santa Gudula es hermana de Notre-Dame de Pars, de la familia de tantas
otras iglesias venerables en que las dos torres gticas se alzan,
enormes centinelas del tabernculo, trabajadas por la virtud de siglos
de fe; urnas vastas en que se guardaba la esperanza cristiana y cuyas
anchas ojivales puertas se abren hacia las bullentes ciudades, como con
sed de almas.

Tan descriptos estn los monumentos, que no caben de ellos ya ms que
las impresiones. Dirase que el _tourisme_ ha profanado todos los
santuarios de la tierra en que la religin y el arte conservan sus
reliquias y elevan sus plegarias. La agencia Cook borra todas las
huellas sagradas e interrumpe las meditaciones de los fervorosos que
an quedan. Es un complemento del experimentalismo... Mientras admiro
en el severo templo los vitraux de Van Oreley y de Frans Flors, hay
unas cuantas personas que rezan en el ms profundo y piadoso silencio;
mas de pronto una tropa (tropilla?) de viajeros con cornacq hace su
irrupcin y se percibe que la gente que ora sufre con la entrada de
la caravana. La voz del gua pronuncia en ingls con mediano tono de
discurso: Aqu tenis el cenotafio de Juan II, duque de Brabante y de
Margarita de York, 1312 a 1318; y enfrente el del archiduque Ernesto,
gobernador general de los Pases Bajos, etc...

La vista del palacio de Justicia da idea de un aplastamiento; es un
edificio de Babilonia; lo rechoncho en lo enorme; la gran corona que
remata el monumento semeja la tapa de una colosal pieza de postre en
una mesa de Brobdignac. Polaert, el arquitecto, pensaba poner en lo
alto una pirmide hind; sus planes no se pudieron llevar a la prctica
por imposibilidad material, y se construy un domo con estatuas. Se
alaba mucho esta gigantesca ensalada de estilos: hay griego, egipcio,
asirio, romano, romntico, renacimiento. A mi entender, es una creacin
semiyanqui que asombra por su tamao, y que queda bien entre las cosas
_greatest in the world_.

Prefiero ir a admirar el Mercado, esa obra maestra de la ferreteria
moderna, que encontr un cantor magnfico y _frreo_ en Huysmans, y
en donde el metal domado une la solidez a la gracia y a la elegancia;
trabajo ciclpeo y artstico que no se cita ni se recomienda en las
guas.

Cmo no hablaros de la gloria municipal de Bruselas, el muequito de
bronce que ha llegado a ser un smbolo, y que, en ejercicio de una
de las ms prosaicas funciones fisiolgicas, ha adquirido el cario
popular, renombre y honores, todo como un hombre? Como habr muchos de
mis lectores que no sepan lo que es el Manneken-Pis, tratar de decirlo
en pocas palabras. Cuntase que un noble ciudadano de Bruselas tena
un nio a quien quera entraablemente, el cual nio desapareci un
da sin que su padre, que lo hizo buscar por todas partes, diese con
su paradero. Por fin, fu encontrado en la calle, y en una posicin
difcil de explicar si se guardan las conveniencias. Haca... lo que un
personaje de Rabelais para apagar incendios; no tanto como Sancho en
una de las ms bravas aventuras de Don Quijote...; lo que se dice en
un usual latn despus de _Domine labia_... Si con tantas indicaciones
hay quien no haya comprendido, que haga el viaje a la capital
brabanzona y vea lo que est haciendo Manneken-Pis.

En conmemoracin del hallazgo, el padre del nio hizo elevar la
estatua, que se atribuye a Duquesnoy. Despus, sta tuvo tanta fama
como la de Pasquino en Roma. Fu robada dos veces y encontrada. Luis
XV le concedi la orden del Espritu Santo; en ciertas pocas la
han vestido de guardia cvico; se la mezcla en poltica; una vieja
solterona la dej mil francos de herencia, como a un simple gato o
perro, y la municipalidad paga a un _valet de chambre_, para que la
cuide, 200 francos anuales.

No es demasiado. En todas partes hay hombres que en la poltica,
las letras, las ciencias y dems disciplinas hacen cosas peores que
Manneken-Pis, y tienen buenas posiciones y ganan pinges rentas.

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VI


La sola palabra Triann evoca el espritu y la vida de toda una
poca. Se acerca, en el tiempo, como un perfume antiguo; se oye
un son de viola de amor, un minu en el clavicordio de la abuela;
se mira, con los ojos entrecerrados de la memoria melanclica, un
conjunto de suntuosidades y elegancias. Los arriesgados ejercicios
de la coquetera, las declaraciones de los caballeros y las sutiles
conversaciones de los abates; horas de encaje y seda; embarques
para Citeres; idilios rsticos entre pastores gongorinos y pastoras
preciosas. Collar de horas que fu como una guirnalda de rosas que
cubriese de pronto una ola de prpura. Tiempo encantador, ciertamente,
que tiene su parangn en los libros de cuentos de hadas y que adoraban
los Goncourt. Hoy, ese tiempo florido hace escribir algunos buenos
libros; inspira a ciertos poetas musicales deleitosas poesas;
interesa a los compradores de cuadros y a los modistos y peluqueros,
con ocasin de los bailes de trajes o cabezas empolvadas. Buen baile
de cabezas di fin a la perenne fiesta en que la reina Mara Antonieta
imperaba de todas guisas!

Los lugares que sirvieron de teatro a tantas maravillas, tienen hoy en
su severa soledad una dulce tristeza que no querra ser perturbada.
Versalles y sus rincones de amor y de recuerdo, parece que no deberan
profanarse con ruidos modernos, con vulgares paradas contemporneas.
Djense las umbras de los nobles bosques, las gloriosas y abandonadas
arquitecturas, a los soadores, a los enamorados, a los solitarios.
Esas lindas gracias del siglo XVIII que quedan en memorias que parecen
leyendas, y se admiran en cuadros y retratos que semejan sitios y
figuras de encanto, gocen de la quietud que les di su trgico final.

Eso han pensado algunos parisienses con motivo de un acontecimiento
mundano que ha ocupado grandemente la atencin en estos das. Cierto
grupo de damas de la alta sociedad ha querido resucitar por unas
cuantas horas aquel hermoso vivir. Mas ha habido grandes dificultades.
La vieja y restringida aristocracia, no ve con buenos ojos algunas
iniciativas que vienen de la nobleza adventicia. Una verdadera condesa,
con verdaderos cuarteles, protesta ante la intromisin en asuntos de
su sola incumbencia, de tal o cual marquesa o condesa de ultramar,
coronada de perlas herldicas en virtud de los millones de pap. Cierto
es que entre las iniciadoras haba nobles de autnticos pergaminos,
como una La Rochefoucauld y una Folingnac; pero la persistente
imposicin de tal miss Gould, por ejemplo, devenida condesa de
Castellane, arruga muchas frentes. En el _hameau_ de la reina, observa
alguien, antes las grandes damas hacan papel de _fermires_; hoy las
_fermires_ intentan hacer de grandes damas. Otro dice: He soado
mucho con las bellas figuras que animaron tan admirables escenarios
para arriesgarme a ir a padecer con la desilusin de personas
actuales desprovistas de toda poesa. Pasada la reunin, un cronista
anota, junto a una Clermont-Tonnerre, noblezas del Ural y de las
Cordilleras. El poeta Montesquiou-Fezensac se asusta encontrando all
cabezas que rehusara seguramente la guillotina; y el Jean Lorrain,
desventrado cien veces por Laurent Tailhade, agrega en verso:

_La pique en les voyant recule epouvante._ Con todo, la celebracin
histrica ha sido variada, alegre y hermosa. Las princesas de hoy,
aburguesadas de gustos y aficiones, cuentan, sin embargo, con
preciosos ejemplares; y con dinero, todo se dora y se imita. En los
salones actuales, los abates de antao estn sustitudos por ciertos
sacerdotes distinguidos que el autor del _Journal d'un dfroqu_ ha
sabido retratar, y los Cope, Lematre y Barrs, reemplazan el espritu
del buen tono de la vieja Francia. No han faltado pavanas y minuetos
bailados por bailarinas; y la taimada madame de Thbes ha hecho de
Cagliostro, diciendo la buena ventura y vendiendo amuletos _para
ganar dinero y para ser amado_. Hay que confesar que los segundos se
vendieron ms que los primeros.

La resurreccin de una poca no se hace nicamente con trajes costosos
y comparsas teatrales. Ciertos juegos necesitan sealado estado moral
y cultivo espiritual. Cuando lo griego y lo romano estuvo de moda, en
poca distinta de la Francia, flotaba por las salas como un ambiente
de academias. Las damas se ilustraban y, petulantes o marisabidillas,
representaban con perfeccin sus papeles. Los salones oan con
frecuencia las palabras de los sabios, los discursos de los poetas, las
agudezas de los hombres de ingenio. Madama Recamier invitaba. Ahora,
los nobles legtimos y los advenedizos, con notadas excepciones, al
decir de los bien informados, no se han ocupado en la cita de elegancia
que se dieron ms que de la carrera de automviles Pars-Berln, y
otros asuntos de igual transcendencia esttica. Las berquinadas tienen
otro nombre. Lancret, Fragonard, Watteau, nada tienen que ver ante
Woth, Paqun o Redfern. Un Morgan cualquiera se lleva a Chicago o a
Nueva York tesoros del ms puro arte francs; el seor de Iturri,
tucumano segn me dicen, y amigo ntimo de Montesquiou-Fezensac,
descubre en un convento de Versalles la tina en que se baaban la
Montespan y el rey juntos y la instala en Neully.

Ah, el alma fina del siglo de las frgiles y pomposas elegancias y de
las gracias sutiles, del siglo de Florian y de Boucher, no pertenece,
como otras tantas cosas, a los ricos de hoy! Es la herencia de los
artistas, de los Verlaine, los Samain, de los Helleu. Los pobres
prncipes de belleza y de armona tienen este desquite.

Cuentan que el ya muy nombrado poeta de los olores suaves, uno de
los pocos portalira de que la nobleza puede hoy glorificarse, di una
fiesta en Versalles en honor del _Pauvre Lelian_, a la cual fiesta
concurri buen golpe de bellas marquesitas, duquesitas, princesitas y
baronesitas de su parentela y amistad.

No s qu cara pondra el viejo fauno delante de ellas, como no sea la
mscara satiraca que sola expresar la alegra pnica y bquica. Mas
entre todas, qu impresin hara la presencia del triste y terrible
poeta, triste de amor, terrible de dolor! Ninguna, supongo, fuera de la
malsana curiosidad, o el superficial snobismo.

La nobleza femenina, en todas partes, se dedica hoy con preferencia al
sport, se interesa mucho por el cuerpo, descuida bastante el espritu.
Este rumbo siguen las jvenes bien de nuestras democracias y la
adinerada burguesa universal.

La bicicleta ha juntado al prncipe con el hortera, la Mors une
el chocolate con la flor de lis. Y entre todos los sports hay uno,
nivelador tambin, en el divertimiento y en el flirt: la caridad...
La fiesta de Triann, como la del Bazar memorable, era una fiesta de
caridad.

He querido, principalmente, en estas lneas hacer notar la cuestin del
conflicto de las noblezas, la antigua y tradicional y la adquirida. El
papel en que se coloca a las americanas ricas casadas con ttulos, es
poco envidiable.

Un alto desdn, justificado hasta cierto punto, e irremisible, se
cierne sobre las cabezas recin ilustradas con la corona nobiliaria.

No borrar toda la catarata del Nigara pactolizada, la mancha nativa
de Porcpolis, o de Oil City. En todas partes existe, en el gran cuerpo
de la aristocracia, una aristocracia chica y cerrada, que no transige
ni admite mescolanzas ni componendas. D'Hozier frunce el entrecejo ante
los reyes del acero y los barones del dollar. Hay nobles arruinados que
se ponen a precio, y nobles de manga ancha que contemporizan con las
plutocracias exticas; pero las tres docenas de familias que vienen de
muy lejos en la historia, y que miran sobre el hombre a los titulados
de Luis XIII ac son impenetrables en su mayora. La _messaliance_ es
cosa rarsima. Para eso se fu a las cruzadas.

       *       *       *       *       *

Reflexionen las nias que en nuestras Amricas incuben la lejana
esperanza de entrocar en el rbol genealgico de uno de estos viejos
nombres europeos. Es bonito, viste mucho, como dicen en Espaa, eso
de oirse llamar Madame la Comtesse, Madame la Marquise, Madame la
Princesse; pero desde el momento en que se sabe que ese tratamiento es
para una galera especial, que el verdadero ncleo a que se aspira
rechaza la solidaridad y se seala a cada momento la liga; que su
paso levantar siempre un equvoco murmullo y provocar ms de una
afilada sonrisa; que la coburguisacin, digamos as, o la adquisicin
de un marido, por lo general de escaso intelecto, de costumbres poco
ejemplares y de salud casi siempre averiada, no valen la pena de
sacrificar una juventud y una vida a la vanidad ms improductiva,
creo que no habr una sola que prefiera a un dorado ridculo y a un
flordelisado martirio, ser cabeza de ratn entre los suyos, en su casa,
en su tierra, en su sociedad, en su patria.

Ahora, la nobleza del dinero, lo que hace resonar el globo con su metal
desparramado, los principados del cheque, las baronas del casino, el
armonial de hierro y caucho, los marquesados del jeckey, los cuarteles
del yate eso es otra cosa.

Yo s de un filsofo a quien admiro.

Guarda ovejas en la pampa.

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[Ilustracin]




VII


Pars, ardiente me ha soplado con boca de horno empujndome a la orilla
del mar, a Dieppe, frente a Inglaterra, en el Canal de la Mancha. Es lo
que est ms cerca de Pars, para pasar el tiempo de verano al amparo
del frescor marino, sin ir a los deliciosos y peligrosos parasos de
la Costa de Azur, de la Grande Bleue. He llegado en das gratos y
de espectculos pintorescos. Buena cosecha, o si queris, pesca de
impresiones.

Anidado, cerca del agua, comienzo por dar un buen vistazo a la ciudad.
La cual se divide en dos partes: la elegante y muy moderna, ceida de
villas y chalets, que se extiende por la calle Aguado hasta el viejo
castillo y el morisco edificio del Casino, y la que contiene el bario
de Pollet, en donde est el puerto. Calles interiores estrechas, casas
sin carcter, ms no exentas de uno que otro golpe pintoresco. Por las
cuadradas ventanas que se decoran de tiestos floridos como en Espaa
o Italia, suele aparecer la faz graciosa de una muchacha, o la vieja
coronada de apretado trapo blanco, muy semejante a un gorro de dormir.

Por la Grande Rue, un comercio y un vivir de ciudad de pocos ruidos. No
encuentro mucho de original, como no sean los escaparates de labores
en marfil que un tiempo tuvieron tanta boga y renombre. Al paso, en
una plaza, la Nacional, veo a Duquesne en bronce, gran dieppense aquel
marino; crespa y larga cabellera, bravo talante, firme en sus botas,
bocina en mano. Cerca una vieja iglesia, con su torre que recuerda
la de Saint Jacques, de Pars, y que lleva el mismo nombre, afirma
la nobleza severa del arte antiguo que la levant y la fuerza de la
olvidada piedad.

Una callejuela me hace caer de pronto en pleno mercado de cosas
marinas, la Poissonnerie. En un instante pasan por mi mente figuras de
Thwlow; versos de Richepin. Un olor salado flota en el aire. De las
barcas que atracan al muelle sacan los cestos de mariscos; los azulados
bonitos, anchas y sonrosadas rayas, plomizas anguilas, aranques como
puales, y el cardenal de los mares todava sin su prpura, y enormes
cangrejos y erizadas centollas. Como salidos de un bao de rosas se
miran los salmonetes, de rosas y madreperlas; lcteos, azulados y
semitransparentes, los calamares; como pasados por laminador, los
lenguados grises; y los gordos peces mayores, dejando entrever la flor
escarlata de las agallas. Aqu de Simn Pedro, aqu de Tobas, aqu
de las Mil Noches y una Noche y de Brillat Savarn. Y los admirables
tipos de gentes de mar! No hace falta sino saber dibujar, _eroquer_,
tanta cara singular, tanto aspecto lleno de carcter: la anciana
revendedora que asiste al remate, fuera del recinto propio del mercado;
la joven ms fresca que el pez recin sacado, y perfumada de mar
tambin, atrayente con su rostro encendido, sus copiosos cabellos, su
sonrisa; los viejos y duros pescadores, cabezas de pipa como hechos
en madera; narices rojas, barbas en barboqueio o herradura; el bigote
afeitado, las anchas manazas, las firmes patazas; quien con el arete
de oro a la oreja, o la cachimba entre los dientes, y en la mirada una
profundidad inmensa, esa profundidad serena e inmensa que comunica la
frecuencia del Ocano, el azul de los golfos, lo vasto del cielo, a
los hombres que viven y trabajan sobre las olas, acostumbrados as a
los cantos del alba, a la dulzura de las saladas brisas, como a las
injurias de la espuma y las bofetadas de la tempestad.

El lugar de la venta del pescado no es muy extenso. Es una slida
galera de hierro, con puestos laterales, en donde las pescadoras
exponen sus artculos Es una obsesin, o es la asendereada ley del
medio?

Parece que todas estas mujeres, las de edad como las mozas, tuviesen
en su rostro algo de pescado; los ojos y las bocas, sobre todo, casi
ictiomorfos... Una pescaderita de quince aos, que re con finos
dientes y tiene en su cabellera reflejos de algas, se me antoja que
tiene algo de sirena. _Guardo_ y paso.

Ante sus langostas, me detiene con su figura una robusta anciana, como
sacada de no s qu olvidado cuadro. Bajo el cucurucho blanco del
gorro dos macizas arracadas de oro puro descienden hasta los hombros;
un corpio obscuro aprisiona autnticos y generosos testimonios de
maternidad; una falda corta acampanada, deja ver las columnas de las
piernas cubiertas por medias de lana; sobre los duros zuecos, dos bien
construdas carabelas en que un Coln de Liliput podra ir a descubrir
en Noche Buena no importa cul Amrica de nacimiento.

La venta es buena. Al da siguiente han de comenzar las fiestas. As,
pasan a mi lado haciendo sus compras varios burgueses de Dieppe; y,
nota parisiense entre la concurrencia, blanca toda, fina, bella, una
seorita que ha bajado de su carruaje, llega, acompaada del groom,
compra un buen paquete de langostinos y se va, rpida como un pjaro.

El apetito, ms que despierto, me hace dirigirme a un restaurant
vecino, cerca de las arcadas del Caf Suizo--aqu, como en todas partes
del universo, hay un caf Suizo.--Comida barata sabrosa, marisco
fresco, ausencia de vino y presencia de sidra, rica sidra de mbar o
de topacio, pues en Normanda, como en el paraso terrenal, triunfa la
manzana. Mientras almuerzo, oigo de lejos cantar la draga en el canal,
como un gran grillo de hierro.

El da comienza a ponerse opaco. Se hace recordar la vecindad de
Inglaterra. Mientras en Pars se derriten los sesos de las gentes,
aqu se siente un grato frescor. Despus del caf, me dirijo a la
playa. Llega al desembarcadero un vapor de Newhaven. La niebla aumenta
poco a poco. Casi ha invadido todo el mar, toda la costa. La tarde
naciente se ahuma. Empieza a vocear, triste, insistente, la campana
de la bruma, all en el faro. La campana, en tiempo de niebla, hace
las veces de la luz; es el faro del odo. Las olas llegan a la arena
en actividad y encrespamiento que hacen resbalarse a la continua los
guijarros; mas no es la soberbia acompasada que enarca las gruesas
marejadas cuando se enoja el viento. El agua no carnerea, hierve, en la
enorme extensin, sin rasgarse. De cuando en cuando una vela fantasma,
una sombra de barca, se percibe en el tupido vapor flotante; a travs
del aire espeso llegan lejanos ruidos de sirenas y de esquilas. La
humedad se insina en la piel, barba y cabellos. Se gusta la sal del
ambiente.

El sol, que se asemejaba a luna una, o a un astro de pesadilla, no
logra hacerse paso entre las espesas nubazones. As se desliza el
tiempo hasta la noche, en que se aclara un tanto el espacio. Las luces
de los faros rielan sobre las aguas. Las aguas, ms tranquilas, dan
campo a la mirada que puede ya lanzarse al horizonte. Quietud.

       *       *       *       *       *

Volva yo de recorrer el bulevar martimo, a eso de las diez, cuando
una aglomeracin de muchedumbre, un son de trompetas y un brillo de
antorchas en la sombra de una calle me hicieron detener. Qu capitulo
de viejo libro estaba viendo? Ante el pueblo reunido, haba dos
heraldos, de armas y un regidor, montados en sendos caballos un pelotn
de arcabuceros y otro de arqueros. Uno de los heraldos desenroll un
largo papel, y con una gran voz, dijo:


  Or, tost, accourez tous, faictes bonne silence et oyez.

  Es nom des schevins et tout ayant t par eux arrest avec trs
  honorable sire Charles des Marets, capitaine du Chastel et de la
  ville de Dieppe, pour Notre Roy et soubverain segneur Charles le
  septime.


    Faisons assavoir:

  Que le jour de demain, dimanche, septime de Juillet, se doibvent
  tenir en ceste cit des festes soulennelles et espciales pour le
  resjouissement et grand proffit de tous.

  Adonc, en celluy jour de demain, sus le midy ou environ, si haura
  par les voies et carrefours de ceste ville, une belle y avenante
  monstre numreuse a la vrit dir, jusques a passer cinq censt
  parsonnes, et figurant, sommairement et comme par abrg, avec
  personnages les mieux en point que puet estre, les faicts les plus
  illustres en l'histoire de Dieppe  travers les ages et les plus
  dignes de ramentevance.

  Et maintenant, cecy dit, de vostre part, bourgeoys, manans et
  vilains, faut j vous retirer. Et sitf que s'oyra covre feu soner,
  bien nous vos advison que tout bruyt se doibt cesser, que toute
  chandoille de sieu ou resine doibt estre esteinte.

  Et bien vous prparez, par un bon somme,  estre frais et dispoz
  pour clbrer dignement et algrement la grant journe de demain.

                    NOEL! NOEL! VIVE LA FRANCE!


Como el grupo era pintoresco, la msica alegre y la noche fresca, segu
a los heraldos de Charles des Marets capitaine du Chastel et de la
ville de Dieppe, entre el regocijo de crecido nmero de pescadores
y pescadoras que iban en la procesin, y as escuch varias veces el
pregn. Y siguiendo despus el consejo de prepararme con un buen sueo,
para estar _frais et dispoz_ para la fiesta prxima, me encamin a
mi hospedaje, en donde, al amor del mar, dorm gratamente, hasta que
la animacin de la aurora entr por los cristales de mi ventana y la
armoniosa lengua de las olas me di los buenos das.

Bueno era ese, de sol claro, de cielo lavado y bruido. La ciudad,
llena de banderas, se agita en su fiesta. Gente del lugar y forastera
circula por las calles principales e invade la playa. Se oyen a lo
lejos gritos, cantos y petardos. _Camelots_ de Pars venden sonoros
mirlitones. En la Grande Rue se extiende un mercado improvisado, un
mercado de aves, de manteca y quesos, de verduras, de productos de la
campaa; y en la plaza Nacional se instala un bazar de cuanto os podis
imaginar de cosas viejas y nuevas, con el aditamento de muy baratas.
Hay desde frenos hasta calzoncillos, y mientras un zapatero remendn
elogia las botas claveteadas que ha rejuvenecido, un vistoso charlatn
canta su ditirambo delante de una cabellera fenmeno que debe su famosa
riqueza a una botella de agua milagrosa.

Llegan los trenes de Pars y Rouen repletos de gente. Los vecinos
de Treport, Puy, Varengeville, aumentan la suma de visitantes. Se
advierten tipos de la capital, mujercitas del bulevar, y no faltan
cabezas del Barrio Latino y de Montmartre. No son los que menos se
notan los ingleses. Hay bastantes bicicletas, y, bufando, se han hecho
presentes dos o tres automviles. Los marinos y pescadores no ponen
buena cara al hipgrifo de caucho.

El cortejo, el gran cortejo histrico Dieppe a travs de los siglos,
comenzar a desfilar dentro de poco.

El cortejo. Era primero el siglo XV, y vena a la cabeza dando al
aire sus sones la fanfarra de la milicia burguesa. Son los tiempos
en que los dieppenses, fatigados de la lucha con el ingls, acaban
de volver a su independencia, por obra y empuje de Desmarest. All
viene Desmarest tras el preboste de los comerciantes, los ballesteros
casqueados y forrados en sus tnicas rojas, los regidores de negro,
los trompeteros violeta, azul y encarnado, y los heraldos de armas
con dalmticas y cota. Es el bravo Desmarest o Des Mares, caudillo
desde la adolescencia, y que luego, brazo poderoso, fu creciendo en
empuje hasta sus acciones en Dieppe y Bures, y a quien despus de rudo
batallar y vencer, no pudo la muerte arrancar del mundo sino cuando en
el descanso de su ancianidad, haba llegado a ciento quince aos.

Viene despus Dieppe en el siglo siguiente en la poca de su mayor
auge. Este tiempo opulento se anuncia desde luego con oros y colores.
Un grupo de nios llega con palmas doradas en las manos y sombreros de
airosas plumas sobre las rosadas cabezas. Preceden a Descellier, el
gegrafo que antes de Gerardo Mercator publicaba su planisferio que
mejoraba los trazados ptolomicos. Viene Descellier en el carro de
la hidrografa enseando a sus discpulos, pues, segn las palabras
de Asseline, a propsito de las cartas marinas, le sieur Pierre des
Cheliers, preste a Arques, a eu la gloire de'avoir t le premier
qui en a fait en France. Aussi estoit-il un si habile gographe et
astronme qu'il fit une sphre plate, au milleu de laquelle en voioit
un globe qui reprsentait toutes les parties du monde. Vestido de
negro pasa en su carro, que imita una bella _boiserie_ que existe en
el castillo de Gailln; y tras l la msica de los arcabuceros, negro
y azul, jvenes pajes, a la manera florentina, y precedidos de sus
capitanes, el armador magnfico y fuerte Jean Ang, aqul que solo y
con flota propia, declar la guerra al rey de Portugal, sin que nada
tuviese que ver en la empresa el gran rey Francisco. Ang es la figura
ms brillante de Dieppe. Por l la ciudad, antes de que las luchas
de religin contribuyesen a su ruina, se levant a una situacin de
riqueza y de podero. Ang heredaba de su padre el espritu. Como l,
Ang se lanz a empresas coloniales en la India y en Amrica. De all
vinironle riquezas en sus navos, y con ellas llev vida de prncipe,
opulento, lujoso, y al mismo tiempo de pensar maduro y juicioso. Hizo
aqu construir un palacio admirable. La fachada, de madera de encina,
haba sido esculpida por los ms hbiles artistas y representaba
escenas de navegacin, combates entre ingleses y normandos. Los cuadros
y las estatuas de los ms grandes maestros ornaban ese palacio, y le
daban un aire de magnificencia incomparable. Desde sus ventanas Jean
Ang tenda sus miradas sobre el puerto, sobre el mar y sobre el valle
de Arques. Francisco I le visit, y la ciudad permiti al magnate que
las fiestas fuesen pagadas con su peculio. El rey qued maravillado de
la fastuosidad de su anfitrin. Hubo lujo de vajilla italiana, en plata
labrada, viandas exquisitas y vinos incomparables, arcos de triunfo,
y, para paseo por el mar, barcas doradas que corrieron las aguas con
buen tiempo y cielo propicio. Ang muri en la pobreza, y he recordado
su grandeza de un tiempo ante la piedra tumbal que cubre sus viejos
huesos, en la iglesia de Saint-Jacques.

Redoble de tambores. Acorazados de cuero y en la cabeza el casco, pasan
los soldados de la milicia burguesa; los oficiales de a caballo van
casqueados tambin, y brillan sus coseletes de hierro. Los gremios
desfilan en seguida, los de la industria del hierro que llevan jubn
azul; los de la cerveza, violeta, y los del marfil, en cuero de gamuza.
Amarilla y negra la banda de la guardia real, lanza su msica, y
oro y negro y a la espalda un manto, los heraldos del rey. Sigue el
gobernador Aymar de Charles, con su uniforme de caballero de Malta; el
capitn de Vardes luce su jubn gris, y luego seis pajes azules en
grandes caballos, antes del gran escudero que porta el real estandarte,
anunciador del rey soberbio, cuya magnfica armadura relampaguea al
sol. All va luego el padre de la agricultura, el buen Sully, de
negro, al que hacen fondo los suizos vestidos de verde. Es el tiempo en
que Enrique IV ha venido a Dieppe antes de la batalla de Arques y de
Ivry, en que hubo de salir triunfante del duque de Mayenne.

Tras el tiempo caballeresco y heroico, el siglo pomposo. Semejantes
a otros tanto Aramises y Portos, los mosqueteros a caballo, gran
chambergo emplumado, coraza y larga capa negra de terciopelo, desfilan
seguidos del gobernador Montigny. El rey Sol es an nio, y en una
carroza de gala va en compaa de Ana de Austria, la de las bellas
manos. La reina est representada por una graciosa moza que saluda
linda y realmente. A caballo sigue el rojo Mazarino, y un grupo de
cortesanos le acompaa. Llegan gentes de mar. Son los hombres de
Duquesne. All, sobre una reduccin de la _Sainte Andr_, el gran
marino, el orgulloso calvinista que desecha por su fe el bastn de
mariscal, est de pie. Ang era el fuerte armador del comercio;
Duquesne es el hombre de la guerra. Es el combatiente de Suecia como
vicealmirante de Cristina; es el reorganizador de la armada francesa
y el jefe de la expedicin de Npoles; es el luchador feliz contra
espaoles, ingleses y holandeses; es el generoso vencedor de Ruyter, el
bloqueador de Chio y el temor del Dux veneciano. Cuando Duquesne muri,
el rey le neg una sepultura...

Tambores. A comps marchando van ocho tamborcitos, luego una banda
militar y el pabelln. Dos ujieres de la ciudad se adelantan al _maire_
y al cuerpo comunal; en todos los negros trajes lucen tan slo las
hebillas de plata de los zapatos. Y luego Balidar. Quin es Balidar?
Es el desconocido turbulento y terrible, el que impuso su nombre como
una bandera de amenaza en la Mancha, el corsario de quien John Bull
supo mucho, y que en Roscoff, cansado de pelear bajo el poder de
Napolen, puso a su casa balcn de plata maciza, y _frea_ monedas de
plata y oro para arrojrselas al populacho bien calientes. Cuando la
independencia americana, Balidar fu a pedir carta de corsario, y no se
supo ms de l que su paso por las costas mejicanas. Ese fu Balidar.
As, pasa orgulloso entre sus hombres de mar; sguele un grupo de
marinos veteranos; luego, la guardia consular y los trompetas vestidos
de amaranto o blancos brandeburgos. En su caballo blanco cierra la
marcha Napolen, el Napolen de largos cabellos del tiempo consular.
Unos cuantos oficiales le acompaan; los hsares, de azules dormanes
van tras l. Tal ve Dieppe pasar su pasado. Un pasado casi legendario,
de empresas bravas y singulares conquistas, con princesas bellas,
reyes gallardos, bizarros capitanes, corsarios temerarios, magnficos
marinos. Y as inaugura el Dieppe de hoy su bulevar martimo, que pone
hacia las olas que vieron tantas proezas, un balcn extenso para los
veraneantes que no, es por cierto, de plata, como el de Balidar.

Al principio no haba nada. El mar cubra la mitad de la playa y la
marea llegaba hasta el valle del Arques. Luego hubo un lento retiro,
de siglos. Un da se cre la _pelouse_ donde hoy se alzan los grandes
hoteles de la calle Aguado. Creci all hierba y pastaron rebaos. La
ciudad prosperaba, comerciaba y entonces los ingleses, como siempre,
aparecieron. Los _chevins_ alzaron entonces fortificaciones, y tres
grandes torres para polvorines. Luego vino la iniciacin de los
baos de mar en Dieppe. La sociedad parisiense comenz a venir en
largas diligencias, y la moda se hizo. A comienzos de este siglo
ya vena mucha gente cuando la duquesa de Berry afirm la boga. Se
construy un teatro, se alz un casino para los grandes seores de la
Restauracin. En 1836, el Estado vendi los terrenos en que antes haba
fortalezas. Se levantaron casas y se cre la calle Aguado, cuyo nombre
tiene a causa del banquero espaol que intent dotar a Dieppe de un
ferrocarril, intent, pero no lo realiz. La calle, sin embargo, lleva
su nombre. Napolen III quiso pasar su luna de miel en Dieppe. Eugenia
qued encantada del lugar. Gracias a ella se embelleci y prosper en
poco tiempo. Veinticinco aos despus la ciudad hizo fuertes gastos
para el establecimiento de sus primeros casinos. Los terrenos de la
playa centuplicaron su valor, y el Estado, interviniendo entonces,
vendi a la ciudad la playa en 451.000 francos. En 1895 el alumbrado
elctrico fu introducido. As continu hermosendose, hasta que
se observ el dao que causaban a la plaza las invasiones del mar.
La municipalidad dieppense resolvi la construccin del bulevar,
una slida muralla, flanqueada de rotondas provista de un parapeto
con un ancho _trottoir carrel_ alumbrado con numerosos postes de
luz elctrica. Entre este bulevar y la calle Aguado se extiende la
espaciosa plaza llena de csped. El bulevar tiene cerca de un kilmetro
de largo, es un paseo excelente y fu construdo por el ingeniero
Herzog.

[Ilustracin]




[Ilustracin: LIBRO TERCERO]




[Ilustracin]




I


He recibido un libro importante y curioso, de M. Henri d'Almras,
_Avant la Gloire_. El autor ha tenido la amabilidad de enviarme un
ejemplar antes de que aparezca en las libreras. Es un volumen que
trata, en un estilo sin penachos, sencillo, a veces malicioso y casi
siempre espiritual, de los comienzos de muchos grandes nombres de las
letras francesas contemporneas. Grandes nombres es mucho decir. Hay
en la obra mezcla de grandes y medianos. Lo mismo que gloria habra
quedado mejor sustituda por celebridad. El autor ha averiguado con
paciencia e inters los detalles de los comienzos y primeros pasos
de los escritores que figuran en su obra, desde que, completamente
desconocidos, hicieron los iniciales esfuerzos para lograr renombre.
Los escritores son de diferentes tamaos. Los hay enormes, como Zola, y
chatos, como Ohnet. El libro es ameno y logra que el lector se interese
por ms de un precioso dato.

Los comienzos! Es decir, los sueos, las esperanzas, el entusiasmo.
Esos principios son ms bellos muchas veces que las ms triunfantes
victorias. Siquiera porque toda esperanza es hermosa, y todo logro
quita el placer de esperar y da el cansancio humano de lo conseguido.
La posesin de la gloria es lo mismo que la posesin de la mujer.

El libro de M. D'Almras est lleno de ancdotas, que son la sonrisa de
tantas luchas. l ha buscado documentarse en conversaciones, lecturas
y recuerdos. Comienza con Alejandro Dumas, hijo, de cuyo nacimiento
habla su padre en sus Memorias con estas palabras: El 29 de Julio de
1824, mientras el duque de Montpensier vena al mundo, a m me naca
un duque de Chartres, plaza de los Italianos, nmero 1. Cuenta sus
primeros aos de colegio, sus versos, porque hizo versos. Su entrada en
el mundo, muy joven, y estos paternales consejos, muy del viejo Dumas:
Ya eres hombre! Escucha mis instrucciones. Cuando se tiene el honor
de llamarse Alejandro Dumas, no se debe vivir como un mercachifle o
como un hortera. Se come en el Caf de Pars. Se tiene lindas mujeres
y se les paga regiamente. No se priva uno de nada. Anda, hijo mo, y
cuenta conmigo. En tres o cuatro aos, si quieres casarte--porque al
fin se llega a eso--te dar trescientos mil francos para comenzar.
Dems decir que Dumas, hijo, sigui con todo empeo el consejo de su
padre, y en muy poco tiempo lleg a tener cincuenta mil francos de
deudas. Cuando le pidi al autor del _Montecristo_ para pagar, aqul le
contest: Cmo diablos te voy a poder dar cincuenta mil francos para
pagar, yo que debo seiscientos mil? Con todo, el hijo, que se vi en
la necesidad de pedir prestado a muchos amigos, hasta en verso, muri
rico y avaro.

De los Goncourt hay noticias que ya conocemos en algunas pginas
autobiogrficas, como las referentes a la publicacin de _En 18_... No
son de los que menos han sufrido en su iniciacin, los dos hermanos
Zemgano de la escritura artstica. Solicitudes, fracasos, desdenes
de editores, incomprensin, amarguras de toda especie acompaaron su
entrada a la literatura. En cuanto a Alfonso Daudet, M. D'Almras se
ha encontrado el trabajo hecho, en el encantador _Petit Chose_. Mas
hay otros puntos nuevos y pginas bien narradas sobre la juventud
del padre de Tartarn. El joven escritor, dice en su prrafo, haba
escapado, gracias a una casualidad feliz--la proteccin de un hombre de
_esprit_--a la negra miseria de los comienzos, de que no se avergonz
jams. Ya no estaba expuesto a comer con un apetito de diez y ocho
aos, por toda comida, un pedazo de pan y un trozo de salchichn.
No corra ya el riesgo de verse echado, por un brbaro propietario,
por algunas mensualidades atrasadas, y pasar la noche--felizmente
en verano--en un banco del Luxemburgo. Y la ancdota del paso de
_Fromont jeune et de Risler an_. Son las primeras ganancias serias
que aseguran la vida. Esa novela, de una observacin tan penetrante y
tan conmovedora, haba sido compuesta en medio del Pars industrial, en
un cuadro material y moral que le convena, a maravilla. Mi gabinete,
escriba el autor, aos ms tarde, daba sobre los verdores y los
negros enrejados de un jardn. Pero ms all de esta zona de frescor
y de trinos de pjaro, haba la vida obrera de los barrios, la recta
humareda de las usinas, el rodar de los carretones, y an oigo sobre el
pavimento de un corraln vecino el ruido de una carretilla de comercio
que en la poca de los regalos iba llena de tambores para nios. La
vuelta, la salida de los talleres, las campanas de las fbricas pasaban
sobre mis pginas a hora fija. Ni el menor esfuerzo para conseguir el
color, la atmsfera ambiente; estaba lleno de ello. _Fromont jeune
et Risler an_--que la Academia deba coronar en su sesin de 15 de
Noviembre de 1875--tuvo un gran xito de Prensa y lleg muy pronto
a ese nmero de ediciones que asegura--a veces injustamente--a un
escritor el mrito de su obra. En el mes que sigui a la puesta en
venta, Alfonso Daudet haba sido invitado a almorzar en casa de su
editor Charpentier. Este, cuando se levantaron de la mesa, le dijo en
voz baja: No os olvidis, ante todo, antes de iros, de pasar a la
caja. Cuando l se present, un poco conmovido, ante la ventanilla,
el cajero le entreg en luises de oro, en monedas de a cinco francos y
en moneda menuda, segn dese manifestado, una suma muy respetable--los
primeros beneficios del libro--. Daudet sali como un loco, tom un
coche para llegar ms pronto a su casa, subi la escalera rapidsimo,
entr sofocado, encantado, en la pieza en que se encontraba su mujer, y
despus de haber arrojado a manos llenas sobre la alfombra, sin tener
fuerzas para decir una palabra, el dinero que acababa de drsele,
bail lo que despus se llam entre los suyos el paso de _Fromont
jeune et de Risler an_. Y con ese paso de _ballet_ fu como entr en
la gloria.

De Maupassant hace notar la rapidez en la reputacin, desde sus
primeros trabajos. De paso habla de sus versos. De stos se dijo
que revelaban un excelente prosista. Sin entrar en esas sutiles
distinciones, es el caso que en Maupassant haba un verdadero poeta
ahogado despus en necesidades de produccin y de oficio. _Voil le
mort d'amour avec savandire!_ Veamos algunas lneas de M. D'Almras:
Saba sacar partido maravilloso de su literatura, fabricada
concienzudamente y con mtodo. Se le pagaba lo que vala, lo cual es
muy raro en el mundo de las letras. Evitaba las colaboraciones a la
ventura y las casas cuya prosperidad no le pareca bastante cierta. Su
reputacin aumentaba cada da. _Bel Ami_ le coloc en primer rango
entre los novelistas, nuevos y viejos, y le di gloria. As, en cuatro
aos de vida literaria lleg a la cima; pero ya se desarrollaba en
l, como una enfermedad incurable, ese doloroso estado de alma que
deba emponzoar todas sus alegras. El medio de los literatos, de
los artistas, en que estaba obligado a vivir, le repugnaba ms y ms,
y a los treinta aos experimentaba el cansancio y los disgustos de
un escritor envejecido y fatigado. El periodismo, con su necesidad
banal y montona, no le interesaba ya: No tengo sino un deseo en mi
vida--escriba a un director de revista--; y es el de no escribir
jams una sola lnea en ningn diario del mundo; y agregaba esta
otra confesin, que muestra hasta qu punto estaba desencantado:
Tengo una imperiosa necesidad de no oir hablar ms de literatura, de
no hacerla ms, de no vivir en eso y de ir a respirar lejos un aire
menos artstico que el nuestro. Todo esto, en verdad, es excesivo,
pero se explica. A travs de lo justo de esos desencantos prematuros
se transparenta la inquietud mental del enfermo, que deba acabar por
perderse en la locura y en la violenta muerte.

De Verlaine hay poco que no se sepa en su accidentada vida. Por
otra parte, l ha dejado mucha confesin, recuerdos y pginas de
autobiografa. Saint-Paul-Roux descubri en el campo a un labrador,
to del pobre Lelin. Poco nuevo hay en este libro que pueda interesar
a los verlainistas. Por lo que toca a Catulle Mends, s hay noticias
escasamente sabidas. Desde luego, estos versos escritos en la infancia,
y que son inditos:

    Le pole brlant, rouge, accroupi dans son angle
    Comme un ne poussif par sa corde trangl.
    Rlait sous une bande en cuivre roux, qui sangle
    Son gros ventre d'argile aux feux tout caill.

Aunque apoyado largamente al principio por su padre, Mends no dej
de pasar horas muy duras, despus de haber fundado varias revistas
y alzado y derribado muchos castillos en el aire. Casi clebre ya,
aqul, a quien se llamaba el Clodin de la pequea literatura, gastaba
mucho y ganaba poco. All por 1868, la recomendacin de la princesa
Matilde le hizo obtener una plaza de expedicionario--90 francos al mes
sin contar gratificaciones--en no s qu ministerio que dependa del
mariscal Vaillant. La primera vez que Catulle Mends se present en
su oficina, un ujier vino a buscarlo de parte del mariscal Vaillant.
Persuadido, con ese tocante candor de la juventud que la mayor edad no
corrige casi, de que se le va a ofrecer un puesto digno de l, entra,
lleno de confianza y buscando frmulas de gratitud, en una gran pieza
en que se encontraba un hombre gordo en mangas de camisa. El hombre
gordo se vuelve apenas, y con una voz brusca:

--Es usted el que ha escrito esto?--le dijo mostrndole un ejemplar
del _Romn d'une nuit_, con las pginas sin cortar.

--S, seor--respondi Mends; pero, a una sea de las personas que
estaban presentes, corrigi:--S, mariscal.

--No lo he ledo, pero me parece que es inconveniente. Yo no quiero en
mis oficinas empleados que escriban inconveniencias. Lrguese!

As termin la carrera burocrtica de Catulle Mends. La princesa
Matilde, resentida de que se hubiese echado tan poco atentamente a
su protegido, el yerno de su viejo amigo Gautier, le estableci una
pensin. Poco tiempo despus, la gloria y el provecho llegaron.

Mucho se sabe de la leyenda de Jean Richepin. En su vida, la leyenda
y la realidad se confunden. Naci en Argel; su padre fu un mdico
militar, y fu bautizado por un sacerdote que haba sido zuavo.

Veinte aos ms tarde comienzan sus esfuerzos para proclamarse turanio,
bohemio y por _pater_ a las gentes. Fu periodista, profesor, gimnasta
y pas mil necesidades. Fu soldado. Us un gran sombrero que fu
clebre.

--Qu es ese sombrern?--murmuraban las gentes ya conquistadas.

--Es Jean Richepin, joven poeta de porvenir. Se habla muy bien de las
obras que va a escribir.

Luego fu la gran campanada de la _Chanson des Gueux_, por el cual
libro de versos fu llevado a la prisin de Sainte-Pelagie.

Despus dej Pars. Otro quiz habra quedado aplastado,
definitivamente vencido por la persistencia de su mala suerte; pero el
vigor fsico, en Richepin, vena en ayuda del vigor moral. Despus de
haber cantando a los _gueux_, no vacil en serlo l mismo, y el rudo
oficio de cargador en los muelles de Burdeos permiti al poeta esperar
das mejores. Vuelto a Pars, pudo entrar en el _Gil Blas_ y encontr
una colaboracin seria. Eso no era an la gloria, pero s la vida
asegurada. Despus fu cmico, con Sarah Bernhardt, en _Nana Sahib_, y
luego fu clebre.

En las pginas sobre Sardou son de sealar las que tratan de su
espiritismo. Sardou se apasion de esos estudios desde la llegada del
medium Homc. Conocidos son sus dibujos y sus escritos de ese gnero; ya
se sabe que todava persevera en sus creencias y en sus experimentos.
En cuanto a su estreno teatral, fu con la _Taverne des tudiants_, y
la historia de esa comedia es de lo ms interesante y sugerente.

A Jules Lematre, hoy perdido en los laberintos obscuros de la
poltica, la suerte le vino por el lado del normalismo. En la
Escuela Normal se inici en las letras, y hasta escribi versos, no
completamente catlicos.

    Qui ne la connaissait, hlas!
    Aux bons endroits du Boule-Miche?
    Mon Dieu! comme elle parlait gras
    Et buvait sec la pauvre biche!
            O Nini,
            N, i, ni,
            C'est fini.
        Elle n'avait jamais un sou
        Elle tait franche et facile,
        On l'appelait Nini Voyou.
        Encore une toile qui file.

Ya vis que cuesta mucho creer que eso sea del actual sostenedor
del nacionalismo en unin de Coppe. Vinieron despus los trabajos
crticos, la seriedad, la celebridad, las ganancias. Un artculo duro
contra George Ohnet hizo ruido. D'Almras tiene a este propsito una
frase deliciosa: Attaquer le talent de George Ohnet, c'tait dire du
mal d'un absent.

Y Scholl? Aqu estn tambin los comienzos de este famoso periodista,
hoy muy viejo, a quien algunos creen muerto. Son tambin interesantes y
ayudan a conocer esa personalidad ya casi desaparecida, pero que tuvo
el imperio de la crnica.

    C'est le mousquetaire Aurlien Scholl,
    Au Palais-Royal, le soir, quand il passe,
    Les arbres, courbant leur front avec grce,
    Lui disent: Bonjour, Monsieur Rivarol.

En las pginas sobre Claretie encontramos cmo fu que el actual
administrador de la Comedie Franaise aprendi espaol: llevando
los libros y la correspondencia de un comisionista en mercaderias.
Hay un detalle asimismo muy curioso. Quin conoce la primer novela
de Claretie, _Les secrets d'Exili_? Esta obra no se ha publicado en
francs. Vase cmo. El autor haba guardado su manuscrito en un
colegio, y un chileno lo descubri y lo mand a la Amrica del Sur. He
aqu por qu esa obra apareci en un diario de Chile, en espaol. Cul
fu ese diario? Quin fu ese chileno? Quin sabe en Chile detalles
sobre ese asunto?

Y as sobre el perilustre Montepin, sobre Zola, sobre Anatole France
y otros autores menos altos. M. d'Amras ha compuesto su libro y le
ha hecho amable a la lectura, con el halago que presentan las cosas
inditas, las confidencias, los lados ocultos o poco sabidos de la
existencia de los hombres notables.

La moral de la obra est en que no hay que desesperar si la suerte
se presenta poco favorable al principio. Casi todos los dueos de la
gloria y de la fortuna han tenido que luchar, que sufrir, que pasar
horas muy amargas, muy terribles. Con fe y con voluntad han triunfado.
Despus ha venido la fama, y con ella el dinero, precipitado actual de
la celebridad, ya que no de la verdadera y soberana Gloria.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




II


No se sabra ignorar que Pars ha atrado y atrae a la intelectualidad
de todos los lugares del mundo. Numerosos artistas y escritores
extranjeros hacen de Pars su residencia preferida. No se encuentra
en ninguna parte este ambiente espiritual y esta contagiosa vibracin
de vida. Si la inmigracin a este respecto no es mayor, dbese a que
Pars no consiente el triunfo constante de un extranjero. Un escritor,
un sabio o un artista, ser alabado en este centro en tanto que su
nombre llegue de lejos. Cuando ese artista, ese escritor o ese sabio,
instalado en Pars, se convierte en un rival, cuando su produccin
llega a hacer competencia a la produccin propia, se le atacar, se le
demoler o se le desdear.

Strindberg, entre cien, pag cara su carta de vecindad parisiense;
D'Annunzio no ha vuelto a pensar en escribir en francs, y Sienkiewicz,
aun all en Varsovia, por sus multiplicadas ediciones, es apellidado
ya _le juif polonnais_. Viven, pues, aqu muchos hombres de letras,
extranjeros, que escriben para sus respectivos pases, o como Max
Nordau, para pblicos de distintas naciones.

La literatura hispanoamericana es, como lo he dicho en otra ocasin,
completamente desconocida. Apenas el _Mercure de France_ abri por
algn tiempo en sus pginas una seccin, que ha desaparecido. Por otra
parte, todo lo hispanoamericano se confunde con lo netamente espaol.
Y es digno de notar que gran parte de la _lite_ de las letras de
nuestras repblicas vive hoy en Pars.

En pocas pasadas, Pars alberg a notables personalidades de
la intelectualidad de nuestro continente. La figura ms alta,
indiscutiblemente, fu la de Alberdi. El chileno Bilbao fu aqu donde
recibi las lecciones directas de sus maestros Lamennais y Quinet.
El colombiano Torres Galcedo, diplomtico y escritor de muy buenas
intenciones, logr hacerse una personalidad un tanto parisiense, y
Jules Janin le escribi un prlogo para un libro de versos. Hctor
Varela, de bulliciosa memoria, hizo por un instante volver la vista
hacia sus fuegos artificiales. Numa Pompilio Llona, el respetable poeta
ecuatoriano, tuvo muy buenas amistades en la corte de Hugo.

Ms recientemente, otro ecuatoriano genial muy poco conocido en la
Amrica de este lado de los Andes, Juan Montalvo, pas los ltimos aos
de su vida, duros y penosos, bajo este cielo. Dems decir que en cuanto
muri se le levant una estatua en Quito o Guayaquil.

Actualmente residen en Pars, establecidos desde hace tiempo, el
clebre fillogo colombiano J. Rufino Cuervo y el crtico cubano
Enrique Pieiro. El seor Cuervo es un prodigioso trabajador de
infinitas pequeeces transcendentalmente lexicogrficas. Es el autor
asombroso del _Diccionario de regmenes_! Es, indudablemente, un
lingista sabio, y la Academia espaola se inclina ante su inmensa
labor, que ocupar, concluda, varios estantes. El seor Pieiro
public hace muchos aos en Nueva York un libro sobre poetas modernos,
que puede considerarse como una de las ms serias y elevadas obras de
crtica intentadas en la Amrica latina. El seor Cuervo contina en
su tarea lexicolgica fabulosa, que ha hecho que en Colombia se le
compare, con ventaja, a Littr.

Entre los diplomticos hay algunos nombres. El ministro de Guatemala,
D. Fernando Cruz, ha, en sus tiempos floridos, pulsado la lira, y
Clori y Filis le agradecieron ms de un _bouquet_ galante, all en
tierra guatemalteca. Su secretario, Domingo Estrada, ha publicado
prosas y versos muy estimables, entre estos ltimos la traduccin
de _Las Campanas_, de Poe. Recientemente ha merecido tener xito su
librito bien sentido sobre Jos Mart.

El marqus de Peralta, ministro de Costa Rica, parece que no tiene su
conciencia bien tranquila respecto a asuntos del Parnaso, y, ahondando
en sus recuerdos, se encontrara ms de una ligera confabulacin en las
musas. Fernndez Guardia, secretario de la Legacin, autor de un muy
bonito volumen de cuentos, es de los ms notables escritores de los
pases centroamericanos.

A este respecto se lleva la palma de poeta el secretario de la Legacin
argentina, Garca Mansilla, cuyos versos, de una elegancia discreta,
y escritos en francs, no quieren traspasar los lmites del saln, en
donde se tratan confidencialmente con las flores de Magdalena Lemaire y
las msicas de Benberg.

El marqus de Rojas es un escritor de slido saber, y cuya autoridad en
asuntos econmicos es por todos acatada.

El ministro de Chile, Seor Blest Gana, es autor de varias novelas que
tuvieron en su poca gran acogida. Si Miguel de Unamuno las lee, ir
Martn Rivas junto con Nastasio a la Universidad de Salamanca. El ex
presidente de Honduras, Marco Aurelio Soto, uno de los dos miembros
honorarios de la Real Academia Espaola, y que hizo el Luis XIV
bastante bien hecho, en Tegucigalpa, hace aos que no tiene nada que
ver con la literatura, lo propio que el seor Gustavo Baz, encargado
de Negocios de Mjico. Hay otros literatos residentes en Pars, los
activos, algunos de ellos no desconocidos en Buenos Aires.

       *       *       *       *       *

Luis Bonafoux, corresponsal del _Heraldo de Madrid_ y el director del
_Heraldo de Pars_, es un crtico temido y de autoridad en Espaa. Es
nacido en Puerto Rico, pero se le considera como espaol. El seor
Bonafoux, satrico violento, elegante y sutil cuando sujeta sus mpetus
flagelantes, y de una aspereza que en Francia tan solamente podra
compararse con las justicias e injusticias de Bloy o de Tailhade, casi
siempre tiene razn cuando ataca. Como cuentista ha publicado, entre
otras cosas, un reciente pequeo volumen de narraciones y _nouvelles_,
en donde hay verdaderos hallazgos de invencin y bellas gracias de
estilo.

Miguel Eduardo Pardo, autor de una buena novela venezolana, _Todo un
pueblo_, es un temperamento de luchador y acompaa en el _Heraldo de
Madrid_ al seor Bonafoux. Escribe all generalmente sobre asuntos
polticos sudamericanos, y en especial sobre los sucesos de su patria,
Venezuela, en donde, dado su carcter, no ser difcil verle ocupar un
puesto pblico.

Otro venezolano reside en Pars, cuyo nombre entre los intelectuales
argentinos es saludado con simpata y respeto: ha nombrado a Manuel
Daz Rodrguez. Es ste un espritu de excepcin, de los pocos que
forman la naciente y limitada aristocracia mental de nuestra Amrica.
Es un entendimiento serio y reflexivo, aislado de las bulliciosas
tentativas de un arte de moda, como de las filas de momias que duermen
entre sus _bandelettes_ tradicionales. Desde su primer libro, la
nobleza de su pensamiento y la distincin de su estilo le colocaron
en un lugar aparte en nuestra literatura. _Confidencias de Psiquis_,
_De mis romeras_, _Cuentos de color_ nos pusieron en comunin con
una de las ms fervientes almas de arte que hayan aparecido en tierra
americana. Dentro de poco se publicar una novela, obra de mdula y
aliento, muy americana en su psicologa, y muy europea en la forma
arquitectural del libro, que revela desde luego en el autor la
seguridad y la fuerza de un maestro. Y el seor Daz Rodrguez es an
muy joven, apenas roza la treintena. Yo quisiera que todos los nuevos
talentos de Amrica cultivasen la propia personalidad con la firmeza
y discreta gallarda de este generoso trabajador. La publicacin
de _dolos rotos_, si no se pudiera llamar con el usado clis, un
acontecimiento literario, causar innegable agrado. Y levantar los ms
justos y sinceros aplausos en los grupos pensantes de las repblicas
de lengua espaola. Esta es de las novelas que, traducidas, pueden
incorporar una literatura hasta hoy ignorada, como la hispanoamericana,
al movimiento cosmopolita. La idea de Max Nordau no anda muy lejos de
la verdad, al ver en lo porvenir una rica primavera para el pensamiento
americano. Si Europa llega a poner su curiosidad en nuestros productos
intelectuales, habr de comenzar por obras como las del seor Daz
Rodrguez.

Amado Nervo, el poeta mejicano, se ha establecido tambin en esta
capital de las capitales. Buen artista, buen monje de la belleza,
buen muchacho, lleva su nombre con toda seguridad; se le conoce, y
al llamrsele, no se miente. Sensitivo, verleniano, virtuoso en la
ejecucin del verso, y, sobre todo, sincero y de conciencia, que en
esto, como en todo, es lo principal, tiene su triunfo seguro. He dicho
que es mejicano, y, naturalmente, es en Mjico donde se le ataca. El
ambiente de Pars ha dado nuevas vibraciones a los nervios de Nervo,
y hecho el indispensable y complementario viaje a Italia, el fiel
laborioso prepara nuevas obras que han de superar desde luego a
_Perlas negras_ y a _Msticas_, en donde un cuidado de _mtier_ y una
preocupacin de tcnica y de _dcor_, apartaban la fuente oculta de la
ntima poesa de verdad y de vitalidad que empieza a aparecer en _Savia
enferma_. Hay en el fondo de este poeta mucha savia sana, y es la que
hemos de ver pronto en poemas de energa y de gozo, en una epifana
espiritual, en una exaltacin de las propias fuerzas, sobre la simple
literatura, y que llevar en s una virtud comunicativa de anhelos de
bien, de esparcimientos de puro y caritativo arte. Gloria sea dada en
la tierra y en el cielo a los artistas de buena voluntad!

Vargas Vilas es un escritor genial, novelista y poeta. Su vida es
tambin un poema, de luchas y de triunfos en la poltica agitada de
nuestras repblicas hispanoamericanas. Su obra, incorrecta como un
torbellino, sonora como un mar, es una obra de bien. Vargas Vilas no es
ni de su tiempo ni de su pas. Su poca habra sido la de la Italia del
Renacimiento, y su pas, esa misma Italia que l ama y en la cual su
espritu se ha aparecido y ha creado pginas de amor, dolor y belleza.

Rufino Blanco Fombona es un artista delicado y raro, al propio tiempo
que un espritu osado y violento; hay en sus versos trino y aletazo,
suave pluma y garra de bronce. Sus cuentos son pginas de emocin y
de pasin. La juventud, con todos sus dones primaverales y todas sus
exuberancias irreflexivas, se abre paso en toda la produccin, ya
considerable, de este autor brillante y elegante. Ha viajado mucho y ha
gozado mucho. Conoce el color de todas las cabelleras amorosas, y le
han dicho yo te amo en todas las lenguas conocidas. Maana ser la
madurez y el peso del pensamiento y la accin provechosa que su patria
espera. Hoy, en la copa de oro, es justo y natural ver deshojar rosa y
rosa o disolverse una perla.

Un folleto publicado en Nueva York hace algn tiempo, _El continente
enfermo_, caus bastante ruido en algunas repblicas hispanoamericanas.
Su autor, un venezolano, Csar Zumeta, expona con valiente franqueza
las dolencias y vicios continentales, los peligros de nuestras
democracias, la constitucin daada del social organismo, las
consecuencias fatales de las malas polticas y lo inevitable de la
amenaza yanqui. Este folleto ocasion la publicacin de un libro de
alto mrito del seor Francisco Bulnes, mejicano. Como hombre de
letras, el seor Zumeta merece un renombre superior al que ha logrado
por su labor sociolgica. Un libro suyo, de calidad exquisita, pero
abrumado por un ttulo que recuerda los cuadernos de escuela primaria:
_Escrituras y lecturas_, conocido por un escaso nmero de lectores
y apreciado en su justo valor por limitadsimo grupo intelectual,
bastara para dar a su autor la autoridad y consideracin respetuosa.
Es un sincero adorador de belleza. Produce poco y muy de tiempo en
tiempo. En Pars sostiene precariamente una revista de intereses
americanos, que, a pesar del talento de su director, no es sino una de
tantas, por culpa esencialmente criolla.

El _Mercure de France_ tena como redactor de su seccin de letras
hispanoamericanas, a Pedro Emilio Coll, tambin, como el seor Zumeta,
de Venezuela. Espritu fino y delicado, Coll ha publicado escasamente;
pero lo poco suyo conocido nos revela una fuerza mental sobre la
mentalidad provisional de nuestra Amrica. Como todo lo poco que pesa
y se impone en las repblicas de lengua espaola. Estas repblicas
de Sud Amrica son en todo tan provisionales! exclamaba con su sabia
irona monsieur Rmy de Gourmont, en uno de sus ltimos _Epilogues_.

  POLONIO.--Qu leis, monseor?

  HAMLET.--Palabras, palabras, palabras.

  POLONIO.--Pero de qu se trata?

  HAMLET.--Entre quines?

  POLONIO.--Quiero decir de qu asunto trata el libro que leis?

  HAMLET.--Calumnias! El perverso satrico afirma que los viejos
  tienen la barba gris, el rostro lleno de arrugas, que sus ojos
  vierten mbar y goma, y que unen a la falta de entendimiento una
  gran debilidad de piernas; lo cual creo plenamente, y, sin embargo,
  no me parece honesto hallarlo consignado en tales trminos, pues
  vos mismo, seor, serais de mi misma edad, si os fuera posible
  andar hacia atrs como el cangrejo.

  POLONIO, _in pctore_.--Aunque todo lo que habla son locuras, no
  deja de tener en el fondo cierto mtodo.

Esta cita de Shakespeare sirve de prlogo al primer libro de
Coll, _Palabras_, unida a estas exclamaciones de _Hamlet_, en las
maravillosas _Moralits Legendaires_: Ah, qu solo estoy! Y en
verdad, la poca no es culpable de ello. Tengo cinco sentidos que me
atan a la vida; pero, este sexto sentido este sentido de lo infinito...
Soy joven todava, y en tanto goce de mi excelente salud, todo ir
bien. Pero la Libertad! La Libertad! S, me marchar de aqu y vivir
annimo entre gentes honradas y me casar para siempre, la cual ser
la ms hamltica de mis ideas. Pero hoy es preciso obrar, es necesario
objetivarse. Adelante por sobre las tumbas, como la Naturaleza!

Estas preferencias inducen al conocimiento de un temperamento. Como
crtico, el seor Coll ha dado a conocer, siempre con amable optimismo,
en sus revistas del _Mercure_, la produccin intelectual de la Amrica
espaola en estos ltimos aos. Es una lstima que su partida a
Venezuela haya puesto fin a tan plausible tarea.

Otro venezolano an, Pedro Csar Dominici, una de las ms activas y
abiertas inteligencias de su pas, public el ao pasado una novela,
_La tristeza voluptuosa_, de innegable valor psicolgico, aunque
torturada de descuidos de forma; que no tendran en absoluto excusa por
ser voluntarios.

Bolivia tiene un representante en el joven poeta Franz Tamayo, autor
de un libro de _Odas_ muy meritorias que se diran calcadas en Hugo.
Este culto talento, cuyo solo contrapeso est en la difcil digestin
de unas cuantas filosofas y variedad de erudiciones, honrar, si su
voluntad persevera, al pensamiento de su patria, ya glorioso en el
mundo de la nueva poesa, con el solo nombre de Ricardo Jaimes Freyre.

Argentino es el seor Soto y Calvo, autor de picantes pginas de
viajes, y que por su mentado _Nastasio_ ha juntado a lo que la
naturaleza le di lo que Salamanca le presta. Los mritos poticos del
seor Soto y Calvo han sido revelados a nuestro pblico por el sabio
rector de la Universidad salmantina, mozo jinetazo ahijuna! que no
halla inconveniente es estudiar a un tiempo la patrologa griega y ser
el escoliasta de Martn Fierro o Anastasio el Pollo.

Argentino asimismo es Manuel Ugarte, joven cuyo talento ponderado y
buscador ha logrado la realizacin de ms de una bella joya de arte.
Su sobriedad le ha impedido los pasos en falso, las cadas icarias.
No tiende sino hasta donde sus fuerzas le alcanzan y el pegaso, en
los vuelos precisos, jams se ha dislocado un solo hueso. Su vaso es
pequeo; pero cuando lo necesita, se fabrica otro ms grande, y bebe
as en sus dos vasos. Sabe lo que se propone, y el cielo de Pars le ha
alentado en sus deseos. Sus versos son siempre gratos; bellos algunas
veces. Busca la originalidad y se aparta de la extravagancia. En prosa
es claro y pictrico cuando describe. Es socialista, y aun creo que en
el fondo de sus voliciones, anarquista:

Y argentino Angel Estrada, cuyo libro _El color y la piedra_ tanta
agitacin caus con su aparecimiento en Buenos Aires. Como el Dr.
Can, no pocos hemos sido los que hemos visto como un signo de vida
nueva en la juventud argentina--yo digo en la juventud americana--el
hermoso aparecer de este joven talento, cuyo libro primigenio tiene
todo el color y la gracia del primer fruto de un rbol sano y gozoso
de savia. Generoso temperamento ante la naturaleza, espritu religioso
y al propio tiempo dueo de la libertad del arte, ha viajado mucho, y
en todos lugares, los paisajes de la tierra, las luces del cielo, las
armonas de las cosas le han hecho vibrar como un instrumento acordado,
y el don de Dios ha hecho fluir la digna idea en noble ritmo, en la
msica de la palabra. Ya conocido en nuestro mundo intelectual por su
poema especular, en que el alma de Rodenbach se romantiza en la emocin
lrica de una juventud coronada de sueos, su obra en prosa vino a
asentar la fuerza de su pasin artstica, la discrecin aristocrtica
de su buen gusto. Nuevas poesas han brotado al influjo de climas
diversos, y nuevas pginas de impresiones y de recuerdos, mentales y
sentimentales.

Las prosas cantan en su msica interna de ideas y evocaciones ms
sutilmente an que en sus cuerdas de palabras; son las hermanas de los
versos, educados ambos por la misma voluntad paternal, en un cuidado
de armona y en un anhelo de ascensin que se dira tienen las mismas
voces y las mismas alas. Mayor sobriedad, el desdn de la preocupacin
puramente artstica, y que asoma con ms frecuencia, apareciendo
entre la riqueza del _dcor_, el alma sincera y fresca del poeta,
que sabe la inmensidad de su virtud ntima y tiene el orgullo de su
tesoro--, orgullo que no se muestra ms que benvolo en el don de su
primavera.

Todos estos escritores y poetas que he rpidamente nombrado, y yo el
ltimo, vivimos en Pars; pero Pars no nos conoce en absoluto, como ya
lo he dicho otras veces. Algunos tenemos amigos entre las gentes de
letras; pero ninguno de estos seores entiende el espaol. El _Mercure_
abri la _rubrique_ de letras hispanoamericanas, hoy desaparecida
por un extremado cosmopolitismo, y M. Finot, director de la _Revue
et Revue des Revues_, al encargarme un estudio sobre el movimiento
intelectual argentino, fu franco en no ocultarme que tomaba el asunto
casi como perteneciente al folk-lore. As, de la literatura malaya
se pasa a la literatura dominicana o a la poesa de las islas Fidji.
Desgraciadamente todo es cuestin de moda. Hace algunos aos todo lo
ruso privaba y luego lo escandinavo. Se hizo una estacin en Italia
con D'Annunzio y la Serao, y hoy se grita _Vive la Pologne Monsieur!_
a causa del fatigante y asenderado _Quo Vadis_? A nosotros no nos ha
tocado an el momento; y mucho es que el poeta Daz Romero encuentre
su prosa traducida en revista como el _Mercure_, a propsito de Albert
Saman. Cuando uno piensa que hace ms de dos meses que Bjorsterne
Bjornson se encuentra en Pars y que si no fuera un grupo de naturistas
y otros entusiastas que han pensado en hacer representar una obra suya,
nadie sabra que el pobre grande hombre est en la enorme capital...

[Ilustracin]




[Ilustracin]




III


El acontecimiento del da es la entrada a la Academia del marqus de
Vog, su discurso y la respuesta de Jos Mara de Heredia. El preux
y el conquistador. Se ha visto ms que nunca que la Academia es, ante
todo, un oficial saln aristocrtico. La fiesta ha sido un triunfo del
mundanismo y de la nobleza. All haba Gotha, d'Hozier y el _Almanach
des chteaux_. La pompa solemne era sacada de una pgina de historia.
El acadmico entrante y el que le reciba tienen una buena parentela de
armaduras. Heredia lleva en su blasn, si mal no recuerdo, una ciudad
de plata bajo una palmera de oro, o viceversa; Vog, un gallo de oro
sobre campo azul.

Como es natural, Vog hace el elogio de su antecesor, el duque de
Broglie. Habla de su vivaz inteligencia, de su espritu penetrante
e incisivo y del fondo vigoroso de su alma. Y no calla sus lados
opuestos y defectuosos, como su timidez. Quin dira que el fuerte
duque de Broglie fuera un tmido? Este hombre, cuyo coraje cvico y
valenta moral no se desmintieron nunca, era un tmido que el contacto
de sus semejantes embarazaba, a quien un acto de autoridad costaba
un penoso esfuerzo. Su naturaleza, un poco dura, sujeta a extraas
distracciones, no responda siempre a los impulsos de su corazn o a
las intenciones de su perfecta cortesa. Cuestin de raza. Tanto
en un discurso como en otro, a cada momento se habla de raza. Largos
prrafos van desenvolvindose, evocando rasgos histricos, presentando
tipos vigorosos de mariscales, de estadistas o de obispos. Aguarda
uno el momento en que, por fin, llegue la parte de las letras, objeto
principal, al parecer, de la Academia. Y llega sin gran brillo, aunque
respetable, la cita de la obra intelectual del duque de Broglie. Algn
sentimental lamentara que no aparezca en todo el discurso una sola vez
citado el nombre del pobre Doudan, el ulico preceptor, el filsofo
domstico, el fiel cronista de los Broglie. Cierto es que no era sino
un criado para el cerebro.

El discurso de Vog es una obra maestra de ese estilo correcto,
distinguido, eminente, que conviene a los escritores de su laya,
temerosos o desdeosos de la metfora; literatura de buen tono. En un
prrafo, creerase oir una repeticin de la escena de los retratos
en _Hernani_... Francisco Mara de Broglie, el primero que sirviera
a Francia y que se hizo matar a los cincuenta y seis aos por su
patria adoptiva--Vctor Mauricio, que fu el primer mariscal de su
nombre--; Francisco Mara, el lugarteniente preferido de Villars, que
fu el ltimo en dejar el campo de batalla de Malplaquet y entr el
primero en la de Denain, y que a su vez mariscal de Francia, peleaba
an en Bohemia a los setenta aos, Vctor Francisco, tercer mariscal,
el vencedor de Bergen y de Sondershausen; su hermano, el discreto y
valiente depositario del _secreto del rey_; su hijo Mauricio, obispo
de Gante, quien resisti a Napolen y prepar la emancipacin de la
Blgica. Otros an, cuyos servicios, no por ser menos brillantes
fueron menos abnegados. Los prrafos y las frases van en el discurso
guardando su categora; sin precipitaciones ni violencias. La
admiracin misma se manifiesta con pulcritud. Aun en los pasajes en que
se trata de poltica, nada revela que se altere la noble limitacin
de la pieza acadmica. Apenas en un punto, a propsito de la actitud
de Broglie con Chateaubriand, expresa: Una voz solamente sali del
crculo habitual de sus trabajos y de su moderacin habitual, Las
_Memorias de ultratumba_ acaban de aparecer; esta confesin pstuma
del genio, que descubra sin prudencia las ms secretas llagas de un
alma desgarrada, y mostraba, sin velos, todo lo que la irremediable
flaqueza humana puede mezclar de pequeeces y de egosmo a las
sublimes aspiraciones del patriotismo. El joven crtico se indign.
Verti su indignacin en rasgos de un raro vigor y viril elocuencia
en que flagelaba con mano implacable las tristes confidencias de un
viejo lgubre, las injustas recriminaciones del poltico desengaado,
levantando la piedra de su tumba para verter la calumnia, en la
seguridad y la irresponsabilidad de la muerte. Confesaris que, aun
lo de viejo lgubre, aplicado nada menos que a Chateaubriand en tal
recinto, guarda siempre ciertas conveniencias.

La produccin intelectual de Broglie aparece, ya que no grandiosa,
respetable. Como historiador, su _Historia de la Iglesia y del
Imperio Romano en el siglo IV_, le da una buena base. Es una obra
de estudio, de reflexin y de labor, pero hecha con un criterio
parcial en cuanto a ideas religiosas, y muy lejos de un procedimiento
estrictamente cientfico. En dos revistas, la _Revue des Deux Mondes_
y el _Correspondant_, dej gran parte de sus lucubraciones el autor
blasonado que, a los cuarenta aos, era acogido por la Academia,
bendecido por Po IX y defendido por Lacordaire.

M. de Heredia, para responder a la aristocrtica arenga, se puso todos
sus hierros espaoles; sac la vieja espadona del abuelo de Cartagena,
y tuvo gestos de adelantado que ni el mismo Pedrarias Dvila o Pedro
de Mendoza. Sabido es que Heredia tiene la nobleza homrica de los
fundadores de ciudades, y guarda en su saln, como una joya herldica,
una evocacin de L'Anctre por Claudius Popelin.

Su discurso fu otro desfile de figuras nobiliarias y de hechos
heroicos, iluminados esta vez por el resplandor meridional de su verbo
de poeta, y en la msica de un idioma sonoro y metlico. Hay all una
gran cantidad de sonetos perdidos.

El severo y magnfico D. Jos Mara ha demostrado una ocasin ms
que el _deus_ no abandona a los favorecidos de las Gracias en ninguna
ocasin, as sea en la ardua de contestar el discurso acadmico de un
Vog. Galeras conquistadoras, choques de armas, vuelos de gerifaltes,
todos los trofeos aparecen en el animado fondo de esa prosa elegante y
soberbia. No dejar l de dirigir sus prrafos genealgicos a propsito
de los Vog, como al cubrirse por vez primera un grande de Espaa.
En el ao de 1084 Bertrand de Vog funda el monasterio de San Martn
de Villadieu. Raymond de Vog estuvo en la tercera cruzada, si he
de creer a una escritura fechada en 1191 en el campo cristiano, bajo
los muros de Ptolemais sitiada, por la cual el buen caballero recibe
prestados de algn judo o lombardo ochenta y cinco marcos de plata.
Paso, en el curso de los siglos, ms de un Raymond, Jorges, Pedros,
Geoffroys y Audebertos. De todos esos barones, caballeros o donceles,
los mayores guerreaban, se casaban con herederas y vivan noblemente,
acreciendo su dominio y su descendencia. Grandes bailos de espada
del alto y bajo Vivarais, caballeros de la Orden, se asentaban en
los estados de la nobleza de Languedoc. Los menores eran obispos o
cannigos de Viviers y de Trois-Chteaux, o entraban en la Orden de
San Juan de Jerusaln, mientras que las hijas no casadas se hacan
religiosas o abadesas de Saint-Bernard d'Alais y de Saint-Benot
d'Aubenas. Con toda la dignidad del caso, el hidalgo enumera todas las
glorias familiares de ese antiguo y frondoso rbol de Vog, en que
han florecido muchos reyes magos; conviene a saber, varios Gaspares,
Baltasares y Melchores, uno de los cuales ocupaba ya un silln de la
Academia Francesa y es uno de los escritores ms eruditos, discretos
y sabrosos de estas letras contemporneas. M. de Heredia quiere
disculparse, en un pasaje de su persistencia, en tratar esos asuntos
personales, y da por excusa que en la Academia, l'homme, quel qu'il
soit, n'est estim qu' sa valeur personnell. Haciendo el elogio de
toda la ilustre parentela, halaga al recin venido y de paso a la
Corporacin que, como la otra que sabis, pretende o aparenta fijar,
limpiar y dar esplendor a la lengua de Flaubert y de Baudelaire--, dos
que no pertenecieron al senado inmortal.

La prosa de M. de Heredia tiene mucho de marcialidad; cosa no extraa
en el traductor de _Bernal Daz_, y compulsador de tanta crnica
y pgina de viejos soldados escritores. El pico penacho de crin
aparece de cuando en cuando. Y la gallarda, la _superbia_ lrica, no
abandonar en todo el tiempo al adorador de Musagetes. Por esto no
puedo menos que imaginarme una vaga sonrisa en ciertos colegas suyos
que se sientan en el ilustre Instituto nica y exclusivamente por su
valor personal. Poeta, pensarn, poeta! mientras los pensamientos
heroicos y las clusulas sonantes se van por el aire de la inmortalidad

           Comme un vol de gerfaults hors de charniers nata.

Los mritos del marqus de Vog son, por otra parte, positivos,
y su entrada a la Academia estaba prevista desde haca tiempo.
Adems, era ya miembro del Instituto en su seccin de Inscripciones
y Bellas Letras. Los trabajos de ese noble son muchos y enormes.
M de Heredia saluda admirado esas _Iglesias de la Tierra Santa_,
_Templo de Jerusaln_, _Siria Central_, _Inscripciones semticas_,
que han colocado a su autor en un honorable puesto entre los modernos
arquelogos: Vos habis fijado las reglas sobre la paleografa fenicia
y aramea, aclarado ms de un punto de historia por las inscripciones
y la numismtica, establecido el carcter del arte fenicio, revelado
el arte chipriota, explicado la representacin religiosa y comercial
de los hebreos y de los arameos en Siria, y arrojado una luz nueva
sobre los palmirianos y los nabateos, esos dos pueblos que el comercio
del Oriente hizo tan prsperos y que han desaparecido dejando dos
maravillas: las ruinas de Thadmor y las de Petra. Cuando en 1868 fuiste
elegido miembro libre de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras,
ya estbais considerado desde haca largo tiempo como uno de los
maestros de la arqueologa oriental. Ya veis, pues, que en este caso
las brillantes armas de Heredia rinden bien los honores, y esos honores
son justos, puesto que se hacen a un aristcrata del estudio y de la
sabidura, antes, o al mismo tiempo que al descendiente de una docena
de mariscales y una veintena de duros y ferrados barones, matizados
de amatistas con varias abadesas y dignatarios episcopales.

La Academia une, despus de todo, a los hombres de genio que alberga
como a los mediocres de espritu resplandecientes de apellidos, en una
misma tarea, vaga y eterna: hacer el diccionario. Un diccionario que
se est haciendo desde hace muchsimo tiempo y que, probablemente, no
se acabar nunca. Sospecho que ese es el secreto de la inmortalidad.
Si algn poeta est en su puesto en tan misteriosa y dilatada tarea, es
M. de Heredia, que tard los aos que se sabe en dar a luz sus famosos
sonetos.

Ya hay, pues, dos de Vog en el ilustre recinto bajo la Cpula,
como se dice por aqu. El vizconde Melchor guarda silencio desde hace
algn tiempo. No hay que olvidar que se le deben libros resonantes y
meritorios, y que es un gran admirador y celebrador del espritu y
de la solidaridad latinos. l fu quien, oficialmente, digamos as,
present la obra de Gabriel D'Annunzio a los franceses.

El marqus, una vez en posesin de su silla, podr hacer notar a su
pariente que falta otro Vog todava en el Instituto, para que quede
completo el nmero de los reyes magos tradicionales.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




IV


Por fin Enrique Heine tendr su estatua en Pars, verdadera patria
suya. Sabido es que su patria original, la tierra de su nacimiento,
Alemania, no ha consentido en que se levante el menor monumento.

Razones ha tenido Alemania para no tratar con excesivo cario al
portalira de la sardnica musa, que le dijo y cant tantas verdades.
Amor con amor se paga. Mas lo cierto es que los profetas y las
patrias no han hecho nunca buenas migas. Un profeta molesta mucho al
vecindario, perturba al cura, inquieta al alcalde; vale ms que vaya a
otra parte a hacer sus profecas. Si no se va, se le crucifica, se le
apalea o se le desdea. Pero entonces, s, inmediatamente que muere,
se le dedica una calle o se le inaugura un simulacro de mrmol o de
bronce. Heine am grandemente a Francia; am, sobre todo, a Pars,
respir este ambiente, sufri aqu la terrible enfermedad que tanto le
hizo padecer, y reposa en un rincn del cementerio de Montmartre. All
estn los despojos de aquel que dijo: Yo soy un ruiseor alemn que
vino a hacer su nido en la peluca de Voltaire.

Un ruiseor alemn... Cant divinamente aquel ruiseor. Cant divina y
dolorosamente; as Dios, segn dicen, saca los ojos a sus pjaros de
poesa para que canten mejor.

Muchas gracias. Valdr ms, entonces, no cantar ni bien ni mal. Por
qu la desventura ha de ser condicin del genio, y, sobre todo, de los
maestros de la armona, desde Homero, rey de los ciegos y de los cisnes?

Heine, dulce y spero, risueo y sollozante a veces, padeci muchsimo,
espiritual y corporalmente. Por eso se construy su fina armadura de
irona, su escudo de desdn, su espada de amargura. Y de esa manera,
alejado de los olimpos de un Goethe, o de la serena meditacin de
un Novalis, rompe con todos los dioses y desconfa de todos los
hombres. Apenas algo antecesor en esto de Nietzsche, dedica una parte
de su admiracin a los grandes conquistadores, a los acaparadores
de la gloria que, como el emperador francs, dominan en los siglos.
Francia le atrajo con el irresistible encanto de sus seducciones.
Alemania, gran madre, sin embargo, _Germania mater_, no ha llenado
los sueos y aspiraciones de ms de uno de sus ilustres hijos. Fuera
de sus cazadores de absoluto, Fichte, Schelling, Hegel, estn los
que protestan y se erizan. Previendo mi muerte, dice Schopenhauer,
declaro: que desprecio la patria alemana, a causa de su estupidez, y
que me avergenzo de pertenecer a ella. Y Heine: El pueblo prusiano,
es siempre el mismo pueblo de muecos pedantes; siempre el mismo ngulo
recto a cada movimiento, y, en el rostro, la misma suficiencia helada
e estereotipada. Se apretaban, siempre tan tiesos, tan estirados, tan
estrechos como antes, y derechos como una I. Dirase que se han tragado
la vara de cabo con que antes les zurraban. Es el pas chato de
Europa, escribe de su Alemania el flagelante Nietzsche: _Das Flachlan
Europas_.

Pero la verdad es que aquel judo melodioso ha entrado a la eterna
Walhalla de la gloria, si no a la consideracin oficial del imperio de
Guillermo II. Si en su _Alemania_, si en su _Atta Troll_, si en muchas
partes de su obra admirable, zahiere la patria que no le fu maternal
ni simptica, extrajo de ella misma una inmensa riqueza potica. En la
luz de sus claros de luna cristaliz ms de un collar de perlas del ms
mgico oriente; hay versos suyos eternamente hmedos de roco de sus
florestas y campos; el ensueo alemn flota, con su legendaria bruma,
en el canto musical y entristecido del prusiano rhenano.

De su permanencia en Pars, Gautier nos ha dejado algunas pginas muy
bellas. Cuando sufra el ruiseor alemn, ya herido por su dolencia,
no en la peluca de M. de Voltaire, sino en la silla de enfermo de la
que no poda levantarse, le pinta un escritor, habitando rue de la
Chataigneraie en Montmorency: Viva solo, pobre, orgulloso, cuidado
por su mujer, que era muy bella, un poco vulgar. La amaba mucho y le
toleraba, sin embargo, un compaero bastante desagradable: un loro
hablador. Era una gran condescendencia de su parte, pues el menor ruido
le irritaba. No poda ni resistir el tic-tac de un reloj en el bolsillo
de un visitante; su sensibilidad exacerbada transform la mitad de su
existencia en spera agona. Pas sus das como un desollado vivo.

Suplicio prometeano, suplicio dantesco. Hay en l entonces algo de un
Job irnico. No cabe en su delicadeza de imaginativo y de sensitivo la
dura blasfemia, el desahogo brutal. Las abejas de su jardn zumban,
melanclicamente, y extraen su miel herclea de los ms amargos ajenjos
y gencianas.

       *       *       *       *       *

Es interesante, vivamente interesante el culto, el cario admirativo
de la pobre y trgica emperatriz de Austria, Isabel la mrtir, por la
memoria y la obra del lrico alemn.

La tontera ultrapatritica rechaz a ste de Berln; la torpeza
antisemita le neg la ciudadana de Viena. No quisieron en la capital
austriaca su estatua porque era israelita. No queran el azor ni
los ejemplos buenos, por nacer en vil nio y por los decir judo
como reza el verso de Rabbi Sem Tob. La princesa atrida, entonces,
en su villa de Corf le levant su monumento. Muerta la emperatriz y
puesto a la venta el Achilleion, un millonario italiano ha querido
ser generoso tambin con el poeta, y ha dado la estatua para que sea
colocada en la tumba del cementerio de Montmartre. No ha de faltar
el da de la inauguracin el cumplido homenaje de Pars. El primero
de los satricos modernos, segn el sentir de Menndez Pelayo; pero
sobre todo, el poeta, el melodioso y triste poeta, tendr flores en su
sepulcro y se celebrar su gloria como en lugar propio.

S; Heine el volteriano es ciudadano de Pars, Heine, el admirador de
Napolen, tiene ganada su carta de ciudadana francesa.

Recordis la balada? Dos granaderos, prisioneros en Rusia, volvan
a Francia. Y al entrar en pas alemn, inclinaron la frente. All
escucharon ambos esta triste noticia, la Francia perdida, el gran
ejrcito vencido y mutilado y el emperador, el emperador prisionero.
Entonces, los dos granaderos se pusieron a llorar juntos, al saber
tan tristes nuevas. El uno dijo: Cunto dolor siento! Cmo me arde
mi vieja herida! El otro dijo: La cancin ha concludo; yo tambin
quisiera morir; tengo, sin embargo, mujer e hijo en la casa que, sin
m, pereceran. Qu me importa mi mujer, qu me importa el hijo: tengo
ms alto un deseo mejor. Que mendiguen cuando tengan hambre. Mi
emperador, mi emperador prisionero!

Hermano, concdeme lo que te ruego: si muriere ahora, lleva mi cadver
a Francia, entirrame en la tierra de Francia. La cruz de honor con la
cinta roja me la colocars sobre el pecho; me pondrs el fusil en la
mano y me ceirs mi espada.

Quedar acostado as, el odo atento, como un centinela en la tumba,
hasta que escuche al fin los aullidos del can y el sonar de cascos de
los caballos relinchantes.

Mi emperador entonces, tal vez pasar sobre mi tumba, mil espadas
se chocarn y brillarn. As, saldr todo armado de la tumba, para
proteger al emperador, al emperador!...

Pocas liras francesas han celebrado con ms bello sonar la grandeza del
Cabito, del _Petit Caporal_.

M. George d'Esparbes debe hacerse presente en la fiesta de Heine, su
antecesor, en el culto de la leyenda del Aguila.

Tanto peor para las patrias que desconocen a sus hijos ilustres;
tanto peor para las patrias cuando los hijos gloriosos las dicen
con justicia: No tendrs mis huesos. Alemania har construir cien
monumentos ms a sus mariscales, polticos y Csares.

Heine descansa contento en Pars.

       *       *       *       *       *

Tiempo despus de escritas las anteriores lneas he asistido a la
inauguracin del monumento, un modestsimo monumento. No hubo, pues,
regalo de millonario. Tanto mejor.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




V


Dos artistas--uno argentino, el seor Irurtia, otro mejicano, el seor
Ramos Martnez--, me haban invitado para ir con ellos esta maana al
campo, a respirar el fresco aire y ver los hermosos paisajes que ellos
trasladan a la tela. Haba que levantarse temprano. Yo fu muy matinal
y me dirig a buscarlos a la rue Campagne Premire. Nos encaminamos
luego a la Avenue du Maine en donde debamos sacar a otro compaero.
Seran las seis, ms o menos. El cielo estaba tranquilo y claro.
Caminbamos conversando alegremente de proyectos, de luchas, de obras
por hacer, de sueos por realizar. De repente, al llegar a la avenida,
uno de mis amigos llama la atencin:

--Eh, miren all, en el cielo. Santos Dumont, seguramente. Un globo,
no lejos, estaba a nuestra vista. Se diriga como hacia el lado de Mont
Rouge.

Yo hice notar que Santos Dumont, segn los diarios, haba llegado haca
dos o tres das, de los Estados Unidos, bastante enfermo. Seguimos
mirando el aerostato, que se acercaba ms, cuando no pudimos menos de
lanzar un grito: Se quema! Del globo sali una luz, una llama, y se
produjo una detonacin, un corto trueno, y luego un humo que nos llen
de espanto a todos, a nosotros y a unos cuantos transeuntes que se
haban detenido a ver... No; es algo tan horrible que no encuentro cmo
escribirlo. La impresin penosa me dura, y el recuerdo me durar por
toda la vida. El globo reventado descendi en un momento, arrastrado
por el pesado aparato que serva de barquilla. Fu tan rpido eso, que
no nos dimos cuenta exacta del tiempo; unos pocos segundos. Omos el
ruido del choque, horroroso choque, como a unos doscientos metros...
El espanto pareca que haba paralizado a todo el mundo. Mis amigos
y yo no nos hablbamos una sola palabra hasta momentos despus, que
pasaron varios automviles que venan en socorro de los aeronautas. A
lo largo de la avenida, cerca de la rue de la Gat, estaban los restos
del globo, y bajo ellos, los despedazados restos de dos bravos hombres:
el pobre seor Severo, diputado brasileo, mulo de Santos Dumont, y
su mecnico, M. Sachet. A poco llegaban las camillas y se recogan
los cuerpos... Yo no quise ver... sacos sangrientos de carne y huesos
deshechos... Luego supimos que all, en el parque de Vaugirard, la
pobre mujer del aeronauta y su hijito mayor, haban presenciado, locos
de terror, la cada...

Ya no pensamos ms en paseo ni en paisajes... Nos volvimos, rudamente
conmovidos, enfermos, a nuestras casas. No, no olvidar esto nunca,
nunca...

       *       *       *       *       *

Este pobre seor Severo, brasileo como Santos Dumont, haba venido a
Pars con el objeto de encontrar gloria, gloria y provecho, superando
a su ya famoso compatriota. An no vieron algunos con buenos ojos el
aparecer de este competidor, en los das mismos en que aquel joven
aeronauta lograba sus mejores triunfos. Se apart toda idea de envidia
y mala intencin, cuando se supo que fu a iniciativa de Severo, que
el Congreso del Brasil acord un premio valioso a Santos Dumont. Pero
es el caso que l tambin estaba posedo por el demonio del invento, y
una a su carcter tesonero un valor singular. Lo que le faltaba, segn
dicen los entendidos, eran conocimientos prcticos en la navegacin
area, pues no haba subido en globo a pesar de sus estudios tericos,
sino dos o tres veces, lo cual hace ms temeraria la tentativa que le
ocasion la muerte. Un hombre ms en la larga lista de los devorados
por la ciencia, de los rechazados y destrudos por la fuerza secreta de
la naturaleza, que no quiere dejarse conocer y vencer. Muchos designios
desconocidos se oponen a la conquista del universo, al _humani generis
potentiam et imperium in rerum_, de Bacn. Despus de que muchos
han cado, despus de que la muerte y la desgracia han deshecho mil
constancias y paciencias, un da llega en que alguien logra dar un
paso adelante, entrar un poco en el campo ambicionado. Enorme es el
martirologio de la ciencia, y su nmero acrecer hasta lo infinito. Es
constante el que un abanderado caiga y otro recoja la bandera. Y el
ejrcito silencioso sufre mermas y claros que se reponen luego. Caen
las construcciones, explotan los laboratorios, muelen las mquinas,
envenenan los gases, fulminan las fuerzas elctricas, emponzoan los
microbios, y los consagrados a hacer adelantar la felicidad y el
progreso humanos siguen en su labor ardua y paciente.

En la lucha con los elementos, el aire resiste, misterioso y traidor.
Muchsimos son ya los que han corrido la suerte del antiguo Icaro;
muchos los imprudentes y osados.

Recuerdo haber visto en el museo Borbnico un vaso pintado en que
representa a Ddalo ponindose las alas, ayudado por Minerva. Juzgo
que esta pintura deba estar en el escudo de cada aeronauta, pues la
cordura debe presidir a cada tentativa, so pena de exponerse a la
irremediable catstrofe. Al echar a volar de la prisin cretense en que
los tena aprisionados el rey Minos, llevaban alas iguales Ddalo y su
hijo Icaro; pero ste no escuch los consejos prudentes de su padre
y fu precipitado en el Egeo. As, los Icaros modernos deben tener
siempre fijo el significado del mito griego.

El desgraciado Severo, como el hijo de Ddalo, fu vctima del fuego;
al uno los rayos del sol derritieron la cera de sus alas, y al otro
el encendido motor hizo explotar el hidrgeno de su globo. La trgica
prosa de estos infelices estrellados en pleno Pars, convertidos en
una sangrienta masa, supera en su horror al potico descenso del
personaje legendario a las aguas de un mar armonioso. Severo era
fatalista. Si he de morir hoy, dijo, morir. Y muri. Era tambin
bastante meridional. Gustaba de las hermosas frases, y llevaba en su
barquilla papeles impresos en que El Brasil saludaba a Francia desde
el Pax. Su entusiasmo era superior a su reflexin, cosa que no ocurre
en los verdaderos sabios... Su mpetu potico le fu fatal, y su noble
impaciencia de victoria. Pensaba construir despus de su primer triunfo
un gran globo que se llamara Jess, y con el cual atravesara el
Ocano. Soaba en la paz humana, en la conquista de tranquilidad del
mundo por la ciencia y por la virtud cristiana. La casualidad, que es
misteriosa pariente de la irona, hizo que el globo llamado Pax cayese
con su creador Severo en la calle de la Gat, y que el globo Jess
quedase en proyecto en el despedazado cerebro del lamentable brasileo.

No se arredran los que tienen la fiebre del descubrimiento. No les
atemoriza la terrible leccin de un antecesor que fracasa en un drama
espantoso. Todos saben que hay escollos y dificultades, y lo que es
peor, la probable muerte. No importa. La fe va de gua; la fe, que es
ciega. As el desventurado Severo. As tantos otros. Pilatre de Rieres
no aleccion a Zambeccari, ni Zambeccari a Giffard, ni Giffard, entre
muchos, a Woelfert, ni Woelfert a Jagels, ni Jagels a los Tissanddier,
a Renard y Krebs, a Santos Dumont y al soador del Pax y del Jess.

Los chinos y los japoneses tienen dioses horribles de los elementos.
Los dioses del aire, de la tierra, del fuego, son seres a quienes
hay que hacer sacrificios y no ofender en sus distintos reinos. La
iglesia catlica reconoce en cada elemento una potencia que obedece
a sus conjuros, y a los cuales el sacerdote bendice en da sealado,
conforme al ritual. Mas el esfuerzo humano va conquistando a cada paso
el dominio del mundo, en continua lucha con lo desconocido. Y dioses
nuevos se descubren: el dios de la electricidad, el dios del vapor
asientan ms y ms su potencia sobre la faz de la tierra. Mas para
alcanzar esas victorias, cuntas vctimas, cunta sangre, cunta vida!

Pleno cielo! cantaba Hugo. Ninguna conquista ms atrayente, ms
grande, ms transcendental que la del espacio. La locomocin area
dirigida y voluntaria, es el cambio de la existencia actual; el
advenimiento de una nueva era, la revolucin ms decisiva en el estado
actual de las sociedades humanas. La guerra no desaparecera de entre
los hombres; pero s mil leyes, convenciones y modos de ser. Hay en
ello mucho en que soar, y la sonrisa del lpiz ha trazado ya ms de
una graciosa imaginacin con ese tema.

Se explica el entusiasmo de un inventor, al creer ya en su poder las
riendas del huracn, el imperio del cielo azul. Ser como el guila o el
cndor, sobre la pequeez de las fronteras y de las aduanas, y realizar
una vez ms la grandeza del mito, siendo sencillamente y con fuerza
simplemente humanas, una voluntad casi divina. Es, en verdad, demasiado
hermoso. Mas la esfinge, no se deja vencer fcilmente. La energa de lo
oculto se manifiesta contra el hombre invasor que se atreve a rasgar
el velo de lo misterioso.

    Et les bchers flambaient, multiplis, dans l'air
    Ftide, consumant la pense et la chair
    De ceux qui, de l'antique Isis levant les voiles
    Emportaient l'me humaine au del des toiles.

As dice el poeta, y as se cumple. Y as se ha ido en el penoso y
largo camino desde el hombre lacustre hasta los Pasteur y los Edisson,
desde Tubalcan hasta Eiffel, desde el fabuloso hasta los modernos
Icaros.

--Qu har usted ahora?--han preguntado a Santos Dumont despus del
trgico suceso de la Avenue du Maine.

--Recomenzar--contest.

Y comenzar de nuevo. Y quiz l tambin vaya a aumentar la lista de
los sacrificados, por la noble tenacidad que hace a los hroes y a los
sabios. Creer l tambin en la fatalidad?

El elemento que pasa por la naturaleza entera y al cual llamamos
vulgarmente fatalidad, toma un aspecto brutal y brbaro, dice Emerson.
Y Chaucer: El destino, ministro general que ejecuta todo aqu abajo--la
cosa prevista por Dios--, es tan fuerte, que, as el mundo entero
hubiese jurado lo contrario, por s o por no, un acontecimiento que no
llega en mil aos, llegara en un da dado; pues, ciertamente, nuestros
deseos o apetitos, guerreros o pacficos, de odio o de amor, estn aqu
gobernados por una presidencia superior.

Y si el luchador ha de triunfar, triunfar, pues la fatalidad del bien
es igual a la fatalidad del mal, y en donde el acorazado que sabe
adonde se dirige, se hunde, la carabela de Coln, pasa guiada por el
destino hacia en donde ha de aparecer la deseada Amrica.

Icaro ha de ser, por fin, dueo del elemento con que ha tanto tiempo
brega. De las legendarias alas a la aviacin actual, los trofeos
ganados son muchos. La raza es generosa y potente. Eupalamo, que
invent los barcos, y cuyo laberinto, que se crea invencin de la
fantasa, acaban de encontrar felices arquelogos fu un ser de carne
y hueso y el maravilloso arquitecto fu el abuelo de Icaro. Hoy surge
un hijo de la tierra americana, que representa la antigua estirpe y que
quiz sea el sealado por la suerte para el logro definitivo.

Es de notarse que es el nuevo continente quien da hoy esos nombres a la
gloria. Y Severo muerto, y Santos Dumont en la obra que le posee, son
lustre y orgullo, no solamente del Brasil, sino tambin de la Amrica
toda. O para decir mejor, de la humanidad.

[Ilustracin]




[Ilustracin: LIBRO CUARTO]




[Ilustracin]




I


Una sensacin de bosque. Los rboles llenos de hojas forman cpulas
de frescura de donde se escapa suave rumor y una incesante polmica
de pjaros. La fuente de Mdicis evoca la gracia italiana que trajo
aquella magnfica Mara, flor florentina. Las estatuas se duplican
en el agua especular. A lo largo de las alamedas juegan los nios de
piernas desnudas. Ms all, frescas muchachas se divierten con el
_lawntenis_. Bandadas de gorriones saltan familiares sobre el terreno
cubierto de hierba menuda y fina. Vuelan palabras, gritos, risas. La
fuente central, frente al palacio, lanza su chorro verticalmente, que
el aire transforma en una larga pluma cristalina y espumosa. En los
bancos, al amor del delicioso ambiente, las gentes leen sus peridicos
o sus libros. Varias mujeres hacen su labor. Uno que otro pintor
copia rincones pintorescos. Abro mi diario y recorro sus columnas: la
nueva ley sobre el servicio militar; una endemoniada en un convento;
detalles sobre la catstrofe de la Martinica; todava los Humbert...
Llegan a mis odos los acentos de una msica militar. Por una almeada
un sacerdote despacioso se adelanta; frente a l vienen dos estudiantes
que discuten. Oigo la palabra _laico_... He ah las dos fuerzas que
hoy en Francia luchan con encarnizamiento... Y recuerdo la pregunta de
Zola: Adnde vis, jvenes; adnde vis, estudiantes, que recorris
las calles manifestando, arrojando en medio de nuestras discordias la
bravura y la esperanza de vuestros veinte aos?--Vamos a la humanidad,
a la verdad, a la justicia. La Francia de maana, los hombres de lo
porvenir, no todos siguen el mismo rumbo. Hay la juventud atada a las
tradiciones y prejuicios, y la juventud violenta de deseo, llena de
ansias de futuro, dispuesta a la conquista de la felicidad humana.
Hay la juventud grrula, los hijos de pap, los trasnochadores de la
taberna del Pantheon y otros d'Harcourts, y los laboriosos que siguen
una carrera y la coronan, y no cesan de estudiar y bregar noche y da,
dando lecciones, viviendo del propio esfuerzo, en tarea y en dignidad.
Hay los ciegos o vendados por la influencia de la educacin sectaria,
voluntariamente intiles, o posedos de su idea parcial, y los que con
los ojos bien abiertos buscan la va segura, confan en la fuerza del
pensamiento y se abrevan de ciencia vestidos de constancia y acorazados
de voluntad. No creo mucho en las exageraciones de cierta juventud
laica, que confinan con la filosofa de la crueldad y del absoluto
egosmo so pretexto de librar el alma de todo yugo dogmtico. Ser
laico, dice Lavisse, no es limitar al horizonte visible el pensamiento
humano, ni prohibir al hombre el ensueo, y la perpetua rebusca de
Dios; es reinvindicar para la vida presente el esfuerzo del deber. No
es querer violentar, no es despreciar las conciencias an detenidas
en el encanto de las viejas creencias; es rehusar a las religiones
que pasan, el derecho de gobernar a la humanidad que dura. No es
odiar tal o cual iglesia o todas las iglesias juntas; es combatir el
espritu de odio que sopla de las religiones, y que ha sido causa de
tantas violencias, carniceras y ruinas. Ser laico no es consentir
en la sumisin de la razn al dogma inmutable, ni la abdicacin del
espritu humano delante de lo incomprensible; es no afiliarse a ninguna
ignorancia. Es creer que la vida vale la pena de ser vivida, rechazar
la definicin de la tierra valle de lgrimas, no admitir que las
lgrimas sean necesarias y bienhechoras, ni que el sufrimiento sea
providencial; es no tomar partido por ninguna miseria. Es no esperar en
un juez que est sentado ms all de la vida, que ha de dar de comer
al hambriento, de beber al sediento, de reparar las injusticias y de
consolar a los que lloran; es librar batalla contra el mal en nombre de
la justicia. Ser laico es tener tres virtudes: la caridad, es decir, el
amor a los hombres; la esperanza, es decir, el sentimiento bienhechor
de que un da vendr, en la posteridad lejana, en que se realizarn los
ensueos de justicia, de paz y de felicidad que, mirando al cielo,
acariciaban los lejanos antepasados; la fe, es decir, la voluntad de
creer en la victoriosa utilidad del esfuerzo perpetuo. Estas palabras,
escuchadas del labio del sabio maestro, me parecen simplemente una
interpretacin moderna de la antigua idea cristiana. Y no encuentro la
razn de ser del anticristianismo que en estos momentos se manifiesta
en una parte del joven pensamiento francs. Un ideal de verdad, de
justicia y de paz universal no est en contradiccin con la doctrina
del Nazareno, como la fe, la esperanza y la caridad. El da est en
el estrecho clericalismo. La juventud idealista francesa oye desde
hace tiempo el anuncio de un alba nueva, de una aurora de redencin,
y lo que ve surgir de cuando en cuando, en una noche cada vez ms
obscura, son manifestaciones medioevales, apariciones de retroceso,
odios sectarios, nacionalismo odioso, antisemitismo ferozmente arcaico,
el elogio de las matanzas de religin, el despertamiento de las
Dragonadas, la dormida Montagne Pele de los ancestrales rencores que
hace erupcin cuando menos se piensa, poniendo en peligro la ciudad
de libertad, de igualdad, de fraternidad que se va construyendo poco
a poco. Una parte de la juventud se esfuerza en evitar el mal. Las
otras partes la han amenazado, la han burlado, se le han opuesto. Los
descendientes de la Revolucin no han dejado, no dejan de proseguir
su campaa, alentados por unos cuantos maestros. Ellos buscan que la
educacin poltica se emprenda sobre bases slidas para que luego
mantenga el edificio de la nacin. Nuestro objeto, dicen, es hacer la
educacin republicana de las jvenes generaciones de nuestro pas.
Su profesin de fe filosfica, poltica, social y artstica, est
concentrada en este verso de Fernand Gregh:

             Aimer le vrai, rver le beau, dire le juste.

Ponen frente al viejo ensueo semita del Evangelio, la unin de la
cordura antigua y de la ciencia moderna. Luchan entre la anarqua
moral por un ideal moderado, en nombre de la Verdad contra los Dogmas,
en nombre del Derecho contra la Fuerza, en nombre de la Justicia contra
todas las iniquidades sociales. Otros van ms lejos y traspasan los
muros de la ciudad utpica de la comunidad humana, mientras se mueren
en su ingrato oficio los Trublions de Anatole France. El ejrcito se
mira combatido por los que, como el marqus de Rochefort, abanderado
del Estado Mayor, atacan de todas guisas la idea del militarismo. Ah,
voil assez longtemps qu'on nous embte avec l'honneur militaire!
grita ese furioso viejo _gamin_. Drumont predica el patriotismo, al
propio tiempo que llama al Ministerio de la Guerra una caverna, un
lugar de perpetuos escndalos, una cloaca que no podra compararse a
los establos de Augas. El coronel Villebois-Mareuil, en una carta
resonante, confiesa que ciertamente, los galones no valen la pena. El
diputado nacionalista Alfonso Humbert, llama al pabelln smbolo de la
patria, una loque tricolore. El mismo Rochefort escribe que nuestros
vencedores no son ms crueles respecto de nosotros que lo que nosotros
hemos sido feroces con nuestros vencidos, y que il faut absolument en
finir avec le rgne des soudards. Cassagnac deja constancia de que,
bajo la repblica, se prefiere siempre a un imbcil o a un canalla,
y que el Estado Mayor est compuesto de imbciles, de vanidosos y de
ganapanes. Edmond Lepelletier demuestra que los jefes del ejrcito
comienzan ya a ser escogidos entre los antiguos alumnos de las casas
religiosas. Se citan versos de Coppe:

    Vous portez, mon bel officier
    Avec une grce parfaite,
    Votre sabre a garde d'acier;
    Mais je songe  notre dfaite.

    Cette pelisse de drap fin
    Dessine  ravir votre taille;
    Vous tes charmant, mais enfin
    Nous avons perdu la bataille,

    On lit votre intrpidit
    Dans vos yeux noirs aux sourcils minces
    Aucun mal d'tre bien gant!
    Mais on nous a pris deux provinces.

    Vos soldats sont-ils vos enfants?
    Etes-vous leur chef et leur pre?
    Je veux le croire et me dfends
    D'un doute qui me dsespre.

Lematre declara que las promociones se hacen en el ejrcito entre los
flexibles, los intrigantes y los imprudentes, Charles de Freycinet,
senador y tres veces ministro de la Guerra, afirma que hoy la vida del
soldado ms bien merma que aumenta su valor moral. M. Jules Delafosse,
diputado conservador, asegura que con el servicio militar obligatorio
y universal, no podran rivalizar en obra de mal, ni las epidemias
mortferas, como la peste o el clera, ni las convulsiones del mundo
fsico, como los terremotos y los ciclones, ni las catstrofes
devastadoras, como los incendios y las inundaciones. Y esto lo
escuchan los jvenes espritus que han cantado la Marsellesa y que
piensan en futuros ataques a la integridad de la patria. Otros piensan
en otra patria mayor, en los intereses universales, en la solidaridad
de los hombres. No admiten la divisa romana en el concepto romano de la
patria: _Tu regere imperio populos, Romane, Memento_, y oyen palabras
que, como la de Paul Bert, les dicen: Queremos que se respete la
patria, porque all vemos una expresin, una de las manifestaciones
ms elevadas de la libertad humana. La patria no se define por los
lmites naturales; no se define por la lengua, por la raza; no tiene
que ver casi con la geografa, la lingstica, la etnografa. La
patria se constituye por el libre y mutuo consentimiento de hombres
que quieren vivir bajo un rgimen poltico y social que han libremente
creado o adoptado. Se cimenta por el recuerdo de las luchas sostenidas
para conquistar ese estado social, por la fraternidad de los campos de
batalla, de la sangre vertida y tambin por las aspiraciones comunes
y por los intereses comunes. El peligro est, indudablemente, bien
sealado, y contra l van los franceses de buena voluntad, jvenes y
viejos. Los sueos libertarios por bellos que sean, no dejan de estar
muy lejanos. Los hombres de lo pasado, los representantes de las viejas
ideas, se dira que son los nicos que tienen valor, energa, voluntad.

Ellos defienden bravamente su terreno conquistado desde tantos siglos,
y no se dejarn destruir, armados como estn de todas armas, y con un
vigor que no demuestran los contrarios.

A un paso se alza la cpula del Pantheon. A un paso est el Museo.
Reinan un ambiente de gloria y un soplo de arte. El arte, la ciencia,
la investigacin del misterio humano, la liberacin de todos los
espritus por medio de la Verdad y de la Belleza, he ah la verdadera
salvacin de la Francia, de la tierra, de la humanidad entera. Los
grandes creadores de luz son los verdaderos bienhechores, son los
nicos que se opondrn al torrente de odios, de injusticias y de
iniquidades. He ah la gran aristocracia de las ideas, la sola, la
verdadera que desciende al pueblo la impregna de su aliento, le
comunica su potencia y su virtud, le transfigura y le ensea la bondad
de la vida. Y es el camino hacia lo desconocido, en busca del secreto
de nuestro ser. Mientras en la calle se entrechocan las antipatas y
las hostilidades, mientras los portavoces de las pasiones violentas
y malignas agotan sus terribles diccionarios, mientras se gastan en
campaas miserables, i en trabajos de destruccin y de rencor fuerzas
que podran ser empleadas en bien de la comunidad, en provecho de
la repblica, unos cuantos sabios prosiguen en sus laboratorios sus
investigaciones; unos cuantos pensadores se afanan en la solucin de
ms de un problema benfico; unos cuantos artistas se aislan en su obra
diaria, en la metdica labor que crea poco a poco la obra durable. Y
hay por eso que confiar, que no desesperar. A la consecucin de altos
fines tiende el impulso vehemente de las almas nuevas. No sabemos si
ese plido joven de larga cabellera que acaba de pasar con un libro
debajo del brazo es uno de los salvadores de maana. Lo que s sabemos
es que los salvadores de maana no estn entre los danzantes de Bullier
y donjuanes de la terraza. Felizmente, la juventud estudiosa americana
que viene a Pars, buena parte encara los grandes problemas y consagra
a la observacin y a los libros sus mejores horas. No toda viene a
bailar y beber.

He de ocuparme en los estudiantes americanos. He de escribir de su
vida y de sus esfuerzos. He de visitarlos en los hospitales, en los
laboratorios, en los talleres. Y he de contar la existencia del
artista, pensionado o no, que pasa sus horas en la esperanza de su
visin, en la fe en su arte, en el amor de su propsito. Estos no van a
gritar a los monomios, ni buscan recomendaciones. Aprenden las maneras
de la juventud libre y sana. No desdean reir, a pesar de la arruga
que el pensamiento les cincela en la frente. Piensan en engrandecer
la patria lejana, con todo y la indiferencia de los gobiernos y
las sociales miserias, cegueras e injusticias. Miran, observan las
agitaciones de las naciones europeas, los progresos, las tentativas,
los fracasos y las victorias. Meditan en sus pensiones, en sus cuartos,
en sus estudios ms o menos pobres. Sonren a uno que otro amor
pasajero. Y, a la hora de los poetas, suelen venir a respirar olor de
bosque bajo los rboles del jardn prximo, como estos verdes y frescos
del Luxemburgo.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




II


M. Jean Finot, al hablar de la Inglaterra enferma, no deja de hacer
notar la vitalidad creciente de los Estados Unidos. No poco le ha
servido para sus estudios y comparaciones la obra de M. Stead sobre
la americanizacin del mundo, la cual tiene como epgrafe una frase
de Cobden, en 1835: We fervently believe that our only chance of
national prosperity lies in the timely remodelling of our system, so
as to put it as nearly as possible upon an equality with the improved
management of the Americans. M. Stead considera con razn como el ms
grande fenmeno poltico, social y comercial, la ascensin de la gran
repblica al primer puesto entre las potencias del mundo.

El valiente periodista ha dicho claramente a sus connacionales: Si no
renunciamos a un ficticio orgullo y no imitamos los procedimientos
de los americanos, y no trabajamos para la concordia y unin del
_english-speaking world_, vamos a quedar reducidos a la posicin
mediocre de Holanda o de Blgica.

Los norteamericanos se esfuerzan con inaudito despliegue de energa
en rehacer el mundo a su imagen y semejanza. Y la americanizacin
universal ha comenzado. Inglaterra est invadida. Irlanda es ms
americana que inglesa. Un irlands preferir siempre, y estar
orgulloso de ser ciudadano americano, a ser sbdito de la Gran Bretaa.
La mayora de los irlandeses miran con hostilidad al imperio britnico.
El partido revolucionario irlands es en Amrica donde tiene su base,
sus banqueros, sus comits. Cada da Irlanda est ms americanizada,
ms y ms asimilada a las ideas de la democracia del Oeste.

Lo que Amrica ha dado a los irlandeses es mucho ms valioso que
dollars. Es nicamente en las ciudades de la Unin Americana donde los
irlandeses han tenido oportunidad de desplegar aquellas facultades
polticas, cuyo ejercicio se les niega en su tierra natal. M. Stead es
un escritor franco, que no disfraza nunca su pensamiento y que habla
claro.

Las Antillas estn llamadas a la anexin a los Estados Unidos; y es muy
significativa una caricatura yanqui en que van, en forma de pollitos,
a caer bajo el sombrero-trampa del To Sam. En cuanto al Canad,
juzga M. Stead que ser la primera entre todas las antiguas colonias
inglesas que se separe del Imperio para echarse en brazos de la forma
republicana, aunque no para una anexin a los Estados Unidos.

Sin embargo, hay muchos partidarios de ella, sobre todo entre los
canadienses de origen francs.

Australia est influenciada por los principios de la repblica
americana. En la organizacin del Australian Commonwealth se ha tenido
la mira puesta en los Estados Unidos. El nuevo parlamento no tiene
un ao, pero ya ha formulado una peticin de grandes alcances para la
adopcin de una doctrina de Monroe para el Pacfico. Por lo que toca
a la vida y costumbres, los australianos son mucho ms americanos que
ingleses, como lo han hecho notar algunos escritores y viajeros, entre
ellos Henry George.

De paso, notemos una de las principales bases de la fuerza
norteamericana en la inmigracin. Son enormes aumentos de aspiraciones
y energas las que han ido a acrecer la potencia propia. La
emigracin, que a menudo es mirada por los americanos como un elemento
de peligro, ha probablemente contribudo ms que nada, excepto el
puritanismo en la educacin de la Nueva Inglaterra, a la formacin de
la repblica. El profesor Starr ha asombrado recientemente con su
afirmacin de que, si no fuese el continuo influjo de la emigracin
extranjera con sus prolficas familias, el tipo genuno americano se
aproximara al piel roja, y, como el piel roja, estara llamado a
desaparecer. El pas ha sido un crisol de naciones.

La americanizacin de Europa va en una rpida progresin, aunque a
ella se opongan unos cuantos espritus defensores y previsores,
cuyo principal representante y director es el emperador de Alemania.
M. Stead tiene una frase muy feliz a su respecto: es Canuto, dice,
enfrente del mar. La ola no deja de avanzar poco a poco a pesar de
todas las protestas y de todos los esfuerzos. Y el viaje reciente del
prncipe Enrique ha podido convencer al magnate viajero de la verdadera
fuerza yanqui en su centro y origen, y el kaiser, una vez ms, habr
sido bien informado. A esta oposicin del kaiser obedecen las nuevas
disposiciones y las nuevas tendencias de encauce de la emigracin de
que he hablado en una de mis correspondencias anteriores. Pero oigamos:
No hay ciudades ms americanizadas en Europa que Hamburgo y Berln.
Son americanas en la rapidez de su progreso, americanas en su nerviosa
energa, americanas en su pronta apropiacin de las facilidades para
el rpido transporte. El americano se encuentra mucho ms en su casa,
a pesar de la diferencia de idioma, en la concentrada y febril energa
de la vida de Hamburgo y de Berln, que en las ms estacionarias y
conservadoras ciudades de Liverpool y Londres. El manufacturero alemn,
el armador alemn, el ingeniero alemn, estn prontos a emplear las
ms recientes mquinas americanas. La mquina de escribir americana
impera tanto en Alemania como en la Gran Bretaa; y, lo que es mucho
ms importante, el estanciero americano contina proveyendo de pan y
tocino, en cantidades cada vez mayores, la mesa alemana. Hay adems la
transfusin de ideas polticas, que ha preocupado mucho al emperador,
con justo motivo.

La influencia norteamericana en el imperio otomano se ha entrevisto
recientemente, a propsito de la captura de miss Stone. El misionero
yanqui ha fundado colegios y centros que, al propio tiempo, son de
propaganda evanglica y de provecho para los Estados Unidos. En
Bulgaria, la mujer mas influyente era una discpula de la famosa miss
Stone; la seora W. B. Kossuroth. Si el gobierno americano hubiese
querido tomar la cosa a pechos, cuando el secuestro sonoro, las
Estrellas y Listas hubieran flameado pronto sobre las aguas del mar
de Mrmara, y el trueno de los caones americanos hubiera sonado la
agona de la dinasta otomana. Ningn poder sobre la tierra hubiera
podido detener el avance de los barcos americanos, y ninguna potencia
de Europa, por supuesto, se habra atrevido a intentarlo.

En el resto de Europa la americanizacin ha tomado otras vas. La
invasin es sentida por todos y en la conciencia de todos parece
incontenible.

En Asia, los Estados Unidos, despus de la guerra con Espaa, han
llegado a ser un poder activo con la toma de las islas Filipinas. El
influjo del capital americano en China y en el Japn ha ido en aumento
desde hace tiempo.

Por lo que entraan y lo que dejan grficamente significado, las
caricaturas son muy valiosas lecciones, y en este caso hay innumerables
obras de dibujantes ingleses y americanos.

En una est el Colonel Jonathan J. Bull, o lo que llegar a ser
John Bull. En un fondo londinense, pero lleno de casas a lo yanqui,
est plantado John Bull, la personificacin simblica de Inglaterra.
Pero viste un traje que participa del traje propio conocido y del del
to Sam. A su lado est el guila americana, pero con cabeza de len,
del len britnico. Esa hbrida mezcla quiere decir demasiado para
detenerse a explicarla. El dibujo es del _Punck_.

Ya he hecho referencia al sombrero-trampa que coge los pollitos de las
Antillas. En otra caricatura, a propsito de la tarifa Wal, se alude a
la anexin de Cuba. La nica salvacin est, ante el muro levantado,
en un santos-dumont que se llama _Annexation_ y que va montado por un
cubano. Ambas caricaturas son de origen yanqui.

Hay otra del _Punck_ de Nueva York, en que, ante las naciones de
Europa, gallos enjaulados en la jaula de la doctrina de Monroe, se
pasea, gallo enorme entre los pollos de las naciones latinas de
Amrica, el Uncle Sam. En otra el mapa de la Amrica del Sur forma
una cabeza cuyo sombrero es el del mismo To. En otra, con motivo
de la terminacin del tratado Clayton Bulwer, John Bull se inclina
descubierto al abrir una puerta por la que entra orgulloso, armado de
pico y pala, a abrir el canal de Nicaragua, el To consabido. En otra,
un monstruo, una extraordinaria serpiente marina formada de arados,
locomotoras, vagones, bolsas de trigo, mquinas agrcolas, barricas
y algodn, avanza hacia el continente europeo, y a su vista salen
corriendo, espantados, los tipos representativos de las naciones de
Europa, John Bull el primero. Y en otras, ya es John Bull que sale a
pasear por su propio pas, y se encuentra con que todas las propiedades
que ve estn compradas por capitalistas norteamericanos; ya es el
mismo John Bull que trabaja en una oficina en donde todo es made
in U. S., o en una calle no encuentra tranva en que subir que no
sea de Compaa americana. Aqu va Jonathan llevndose un talego que
representa el comercio del mundo, y a su paso atropella a las naciones
del viejo mundo; ms all se demuestran las victorias seguidas de los
Estados Unidos en materia de sport. O se ve a John Bull vctima de una
pesadilla, viendo por todas partes tos Samueles que le estorban el
paso, que le prenden, que le juzgan, que le pegan en el box, que le
dejan sentarse, que le vencen a la carrera o que se ganan todos los
aplausos en los teatros. Por un lado, un retrato _charge_ de Pierpont
Morgan, cubierto con un sombrero que simboliza los _truts_ y vestido de
un chaleco de dollars. En otra parte, l mismo, como Atlas, lleva el
mundo al hombro; y en otras tiene los tentculos de un pulpo, o va en
una bicicleta cuyas dos ruedas son los dos hemisferios del planeta.

Cules son los medios con que la dominadora Amrica americaniza? Tiene
la religin, por medio de sus innumerables ejrcitos de misioneros y
asociaciones de todos los cultos e iglesias americanas.

Hasta el espiritismo ha sido un til medio en sus manos. Luego, la obra
del Christian Endeavour movement, se ha extendido en toda tierra de
habla inglesa.

Su influencia en el mundo intelectual y en el periodstico es grande.
Desde el almanaque del Poor Richard hasta los ensayos de Emerson y
la obra sociolgica de Henry George. En el siglo pasado ha dado dos
poetas de una originalidad y vuelo que se han impuesto al Universo:
Poe y Whitman. Sus humoristas han contagiado a todas las literaturas
de la tierra, a punto de hacer pesado en ms de un autor gai francs
el tradicional y ligero espritu de la risa gala. Novelistas como
Bellamy han logrado fama en un momento. Sus diarios son los colosos del
diarismo mundial, y sus magazines son insuperables. En arte tienen un
movimiento enorme que comienza a conocer el mundo; y la pintura saluda
a Vhistler como la escultura a St. Gaudens, entre los grandes maestros.
Su ciencia ha conseguido varias victorias. Su teatro ha invadido
plenamente a Inglaterra. Su sociedad se ha ennoblecido por alianzas,
gracias a su riqueza. Yanquis son la virreina de la India, lady Curzon,
como la duquesa de Marlborough, y como muchas tituladas de todas las
cortes de Europa. En el mundo del sport son reyes los yanquis. Y
el _Truts_ tiene carta de ciudadana americana. Son los directores
actuales de la Fuerza en la Humanidad.

[Ilustracin]




[Ilustracin]




II


La vieja cuestin del canal interocenico se renueva de tiempo en
tiempo. En estos momentos, se agita en los Estados Unidos y tiene
naturalmente gran repercusin en Francia. Se realizar el canal por
fin? Cul de los canales? El de Nicaragua? El de Panam? Los dos?
Colombia, Nicaragua, Costa Rica estn a la espera de las resoluciones
definitivas. El proyecto de Nicaragua parece ganar terreno; el cadver
de Panam se dira conmovido elctricamente como la rana de Galvani.
M. Buno-Barilla lanz aqu hace algunos meses un llamamiento a los
panamistas, en el buen sentido de la palabra, para interesarlos en
favor de una empresa que podra resarcir las antiguas prdidas;
nadie hizo caso. M. Hutin hizo un viaje a los Estados Unidos para
tratar de ofrecer al yanqui los restos de Panam, a un buen precio.
Las influencias y los ofrecimientos usuales en los medios polticos
americanos, no han escaseado. Nada se ha resuelto todava. Entretanto,
los norteamericanos se posesionan poco a poco de Nicaragua, en donde
el gobierno ha comenzado por hacer concesiones que han sido aminoradas
por declaracin del presidente Zelaya, pero que, por parte de los
Estados Unidos, han sido mantenidas, segn las primeros versiones que
la Prensa hizo conocer; es decir, cesiones territoriales a un lado y
otro del futuro canal, con derecho de establecer guarniciones militares
y tribunales de justicia. No se podr alegar, pues, en tal caso, la
soberana de la repblica centroamericana, aunque hay que confiar en
el reconocido patriotismo y tacto poltico del general Zelaya.

El seor Crisanto Medina, antiguo ministro de varias repblicas
de Centro Amrica en Europa, persona de consejo y habilidad, que
conoce perfectamente la cuestin del canal, como que ha sido actor
en muchos preliminares de ella, ha ido recientemente a Nicaragua,
y no es de dudar que sus indicaciones hayan sido escuchadas en el
gobierno. Ha escrito con oportunidad una interesante historia del
canal interocenico, que reviste la mayor actualidad. No es el seor
Medina de los dudosos, l cree probable que llegar, tarde o temprano,
la necesidad, para el comercio del mundo, de los dos canales, el de
Panam y el de Nicaragua. Por de pronto, y por ms que se asegure que
los entusiasmos norteamericanos por el istmo nicaragense son aparentes
y tan slo manifestados para encontrar ms fciles las ofertas del
Panam, abandonado por la mano francesa, parece extraordinario que
se pueda suponer inters en continuar la ruta fracasada de Lesseps.
Me ha tocado visitar en compaa de ingenieros desolados ante el
espectculo ciertamente conmovedor, aquel inmenso cementerio de
construcciones, aquel colosal osario de mquinas, entre las ruinas, en
el lugar fatdico en que la imprudencia por un lado y el delito por
otro, enterraron un sinnmero de vidas y un sinnmero de ahorros de
pobres gentes... Proseguir, animar de nuevo las viejas dragas llenas de
herrumbre, volver a turbar con nuevos ruidos el silencio que dej all
la ms formidable de las dbacles, una especie de Sedn econmico de
Francia, sera una locura que no cabe, sobre todo, en cerebros yanquis.
Pero, todo puede ser.

Los das pasados, en casa del seor Medina, recorra yo las lneas
que ha dedicado a la obra stmica. l hace primero, y antes de entrar
en recuerdos y apreciaciones personales, una resea ligera de las
tentativas que, a travs de los siglos, se han iniciado para unir los
dos ocanos. Tiene el buen gusto de no citar la previsin de Sneca:
aqu est la vasta puerta de dos mares demasiado mellada por el uso
que de ella han hecho cuantos han tenido que ocuparse en el asunto.
Habla de los ingenieros del Renacimiento, que fueron a buscar oro de
Cipango, y que sealaron varias rutas factibles. Refirindose a ellos,
cuenta que M. de Lesseps le dijo un da: _Ils n'taient pas fixs!_ l
tampoco, el pobre grande hombre _n'tait pas fix!_...

--Vea V., me dice el seor Medina--mientras la madera crepita en la
chimenea de su bureau de diplomtico, en la rue Boccador--; vea
V. lo curioso que es ese proyecto de un antiguo espaol, Diego de
Mercado, cuya relacin se ha encontrado hace poco en los archivos
de Sevilla: Diego de Mercado no era un ingeniero; tampoco era un
gegrafo. l mismo dice modestamente a su soberano, Felipe III, que
es fabricante de plvora, y antiguo soldado, a la sazn vecino desta
ciudad de Santiago, de la provincia de Goathemala. No obstante,
sus descripciones son de una precisin admirable, y sus proyectos
no carecen de buen sentido prctico. Principia Diego de Mercado por
disear un cuadro muy completo de los puertos de San Juan al Norte y
San Juan al Sur de Nicaragua; y explica en seguida la conformacin
del ro San Juan y las muchas, pero no insuperables, dificultades que
ofrece para la navegacin a causa de sus arenas, sobre todo de sus
raudales. Luego indica el trabajo que sera necesario hacer en l.
Hace en seguida comparaciones entre los puertos de Panam, Coln, San
Juan del Norte y San Juan del Sur, y despus de algunas descripciones
prolijas y entusiastas, en las cuales el buen Diego de Mercado revela
su alma de flamenco, hablando con ms entusiasmo de los cereales que
de las selvas vrgenes; despus de un largo examen de las riquezas
conocidas del suelo costarricense y de las riquezas y misterios y
de la costa de Mosquitia, cuyo nombre primitivo de _Sierra del Oro_
(Saguzgalpa), hace germinar en su imaginacin ensueos de fortuna y
de conquista, llega a su proyecto de canal y lo expone con sencillez
y claridad en pginas que muestran su gran deseo de ser til a
la humanidad y al rey. Diego de Mercado fu un hombre estudioso y
perspicaz, de buena voluntad y de fe entera, que comprendi desde
luego las grandes ventajas que la canalizacin de Nicaragua ofreca a
la navegacin universal en cambio de un ligero sacrificio. El rey Don
Felipe III, no obstante, debe de haber dado muy poco crdito a sus
palabras, puesto que aun teniendo seguridad de que, segn sus propias
palabras, los trabajadores llevaran la obra a cabo sin necesidad de
pagarles salario alguno, dej sin respuesta definitiva la proposicin
de su leal vasallo.

Antes haban ya hecho propuestas semejantes al emperador Carlos V,
Hernn Corts y Angel de Saavedra; el primero sealaba como utilizable
el curso del Darien y crea hacedero el canal por Panam, basado en los
estudios hechos por Vasco Nez de Balboa en 1513; Corts optaba por
Tehuantepec, y encarg de hacer los estudios a Gonzalo de Sandoval.
Carlos V se encogi de hombros. Tena otras cosas que intentar. Luego,
un aventurero portugus, llamado Antonio Galvao, encontr hacedero
el canal por cuatro vas diferentes: Nicaragua, el istmo de Mjico,
Panam, entre el golfo de Uraba y el golfo de San Miguel. Felipe II
recibi los pedidos de Lpez de Gomara para que llevase a la prctica
la obra del canal. Mucho tiempo pas sin que ningn paso importante se
diese. El fundador del Banco de Inglaterra, William Patterson, hizo
que su rey aprobase un plan de colonizacin del Darien y de un canal
por ese punto; aunque la expedicin se organiz, no pudo efectuarse.
Despus tenemos la iniciativa de Bolvar, que, naturalmente, encontraba
muy factible la obra por el istmo panameo; el Libertador se ocup en
el asunto antes y despus de la realizacin de sus sueos polticos.

La primera expedicin cientfica fu en tiempo y por orden de Carlos
III. Dos ingenieros eminentes, dice el seor Medina, uno francs y
otro espaol, Martn de la Bastide y Manuel Galistro, fueron a Panam
y a Nicaragua; examinaron el terreno, hicieron minuciosos sondajes
y volvieron a Europa con un proyecto favorable a Nicaragua (y no a
Panam, como dicen algunos historiadores), segn consta del _Abanico
Geogrfico_ que Martn de la Bastide deposit en la Biblioteca Nacional
de Pars en 1805, es decir, en el mismo ao del nacimiento de Ferdinand
de Lesseps.

No pudo tener buena acogida el plan de esos dos ingenieros; el tiempo
y el medio no estaban de su parte. Es el tiempo y el medio pintados
y evocados magistralmente en ese _Enfant d'Austerlitz_ que acaba de
producir el genial poder de Paul Adam. Todo lo envolva el soplo
agitado de la Revolucin, y luego el estruendo y la tempestad de las
guerras imperiales. En cambio, a comienzos del siglo pasado, fueron
legin los proyectos y tentativas. Los grandes pases, hace notar el
seor Medina, enviaban entonces comisiones tras comisiones, y los
sabios iban personalmente a Amrica. Es la poca del barn de Humboldt,
panamista, tambin en el buen sentido, _avant la lettre_. Por parte de
Nicaragua estaban Crosman, Baily, Flix Belly, Childs, Tay y otros;
y Tehuantepec tena a varios, sobre todo norteamericanos, por inters
de vecindad y, por tanto, de absorcin. El historiador D. Alejandro
Marure refiere que un hijo de Nicaragua, el seor Manuel Antonio de
la Cerda, jefe que fu despus de aquel Estado, tuvo la gloria de
ser el primer centro americano que promoviese (en Julio de 1823) el
asunto del canal, y explica los motivos que le impidieron llegar a un
resultado. El seor Caas, ministro de Centro Amrica en Wshington,
en un oficio dirigido al departamento de Estado, en 1825, propuso la
cooperacin de Centro Amrica con los Estados Unidos para abrir el
canal por la provincia de Nicaragua. Como consecuencia, el famoso Clay,
entonces secretario de Estado, comunic sus instrucciones a Williams,
ministro de la Unin en Centro Amrica, para hacer las investigaciones
necesarias y an se celebr un contrato para la construccin del canal,
que adoleca de defectos consiguientes a la ignorancia en que por falta
de estudios exactos, se estaba todava sobre el costo y las necesidades
de la obra. Entonces fu cuando el gobierno centro-americano recurri
a Holanda. La poltica europea ech abajo las buenas intenciones de la
compaa holandesa que se organiz. Centro Amrica intent de nuevo,
esta vez con los Estados Unidos, en tiempo del presidente Jackson.
Hace tiempo que se solicita la boca del lobo... Las negociaciones
siguieron su curso hasta que, en 1853, el Senado adopt una resolucin
excitando al presidente a abrir negociaciones al efecto de proteger
por tratados a cualesquiera compaa o individuos que acometiesen la
construccin del canal, para los Estados Unidos lo mismo que para las
dems naciones. En 1849, los Estados Unidos dieron dos buenos pasos
a ambos lados del istmo: obtuvieron una concesin del ferrocarril de
Panam, y firmaron un tratado con Nicaragua para la apertura del canal.
Inglaterra par la oreja; y a propsito de los indios de la Mosquitia,
celebr el famoso tratado de Clayton-Bulwer, tan llevado y trado en
estos ltimos tiempos.

En 1880, siendo presidente de Nicaragua el general Zavala, se firm
el contrato Crdenas-Menocal, que qued en nada. En 1884 firm en
Wshington el ministro Zavala un tratado, en virtud del cual los
Estados Unidos se comprometan a construir el canal con acompaamiento
de ferrocarriles y telgrafo, concediendo Nicaragua no slo el
territorio al efecto, sino una faja de dos y media millas inglesas de
ancho en toda la longitud de la obra. La empresa sera virtualmente
administrada por el gobierno americano quien entregara al de Nicaragua
una tercera parte de los productos netos. Este tratado no obtuvo la
ratificacin del Senado americano; Cleveland lo retir. Luego hubo
otros arreglos y contratos que caducaron sin resultado ninguno.

Respecto a la tristemente clebre Compaa Universal del Canal de
Panam, el seor Medina es ms explcito. Tendr que tratarla,
dice, con ms detalles, por haber sido testigo presencial de los
acontecimientos desde su origen hasta el fracaso definitivo. As,
recuerda el primer Congreso cientfico que haya tratado del canal, en
Amberes, el ao de 1871, de donde sali muy recomendado el proyecto
por el Darien, entre los ros Tuyra y Atrato, presentado por M. de
Gogorza. En 1875 la cuestin fu tratada en el Congreso de Geografa
de Pars. Se trat de la reunin de un Congreso internacional que
decidira. Ya Lesseps aparece; y luego el Sindicato que l apoyara y
que tuvo por presidente al general Trr. Conseguidos los capitales,
la Comisin de estudio que deba dictaminar fu enviada. La Comisin
parti para Amrica en Noviembre del 76. Iba a bordo del vapor
_Lafayette_, y entre sus miembros se contaban el ingeniero Reclus, el
oficial italiano Bixio, Vctor Celler y seis ingenieros ms, bajo las
rdenes de Luciano Napolen Bonaparte Wyse. Tocle al seor Medina ir
en ese vapor en tal ocasin. Varios de los miembros de la Comisin eran
amigos personales suyos y hace memoria de sus impresiones.

Sabido es que en ese tratado se estipula que las partes contratantes
se comprometen a no ejercer un contrato exclusivo sobre el canal, a
no alzar fortificaciones en l, a no ejercer dominio alguno sobre
Nicaragua, Costa Rica, la costa Mosquitia ni parte alguna de la Amrica
Central, ni directamente, ni por medio de alianzas o protectorados. Ya
se sabe cmo es la poltica de los pases anglosajones, y cmo saben
interpretar, segn el caso, sus tratados y sus doctrinas. El canal no
pudo tampoco hacerse entonces. Luego fu la invasin filibustera de
Walker. Si Walker triunfa, el canal estara hace tiempo abierto. En el
63 los Estados Unidos, que ya tenan plantado el jaln del ferrocarril
en Panam, propusieron a Colombia la construccin del canal; tales
condiciones ponan, que Colombia no acept. Se dice--agrega el seor
Medina--que el prncipe Luis Napolen estuvo en San Juan del Sur, y
fu uno de los ms entusiastas partidarios del canal por Nicaragua,
aunque ms tarde, dueo ya de un imperio, no hizo nada para llevar a la
prctica la realizacin de sus ensueos juveniles. En efecto, Napolen
III public un estudio sobre el canal de Nicaragua, muy meditado e
importante, y del cual, ya en tiempos en que era emperador, se ocup
el Instituto de Francia. Pero la cosa no pas a ms. El seor Medina
habra podido investigar y darnos a conocer algo de las relaciones
estrechas que ligaron al monarca francs y al ministro nicaragense
Castelln.

En nuestras largas conversaciones--cuenta el diplomtico
centro-americano--, los ingenieros y, especialmente, Bonaparte Wyse
y Bixio, me hicieron ver la importancia decisiva de la misin que
ellos llevaban, asegurndome que, una vez sus estudios terminados, la
obra se ejecutara sin demora, gracias al podero y a la influencia
de Lesseps, en quien la Europa toda haba depositado una confianza
ilimitada despus de Suez. Yo lo crea tambin as, y, naturalmente,
no dej pasar una sola de las ocasiones que se me presentaron para
influir en sus nimos, hacindoles ver las mil ventajas que Nicaragua
ofreca a la empresa; indicndoles la clemencia relativa del clima, la
densidad de la poblacin, superior a la de Panam, la abundancia de
maderas y vveres, etctera. Tan pronto como terminaran sus estudios
en el istmo y firmaran un contrato con el gobierno colombiano, tenan
la idea de pasar a Nicaragua con igual objeto. As pensaban regresar
a Europa con todos los elementos necesarios para que la resolucin del
Congreso pudiera darse con entera imparcialidad y perfecto conocimiento
del asunto. Pero cuando Bonaparte Wyse regres de Colombia y Nicaragua,
result que slo con el primero haba celebrado contrato para la
construccin del canal de Panam. Esta era la situacin cuando se
reuni el Congreso internacional que deba resolver definitivamente el
punto. Aqu los recuerdos personales del seor Medina se precisan.
Reunise el Congreso en Pars, y celebr sus sesiones en el hotel de
la Sociedad de Geografa, en los das 15 a 29 de Mayo del ao de 1879.
El elemento extranjero en dicho Congreso se compona de 62 delegados,
representantes de Alemania, Austria, Blgica, China, Espaa, Estados
Unidos, Colombia, Gran Bretaa, Hawai, Holanda, Mjico, Noruega,
Per, Portugal, Rusia, Suecia y Suiza. En cuento a las Repblicas
de Centro Amrica, slo estaban all representadas: el Salvador,
por el ilustrado publicista colombiano D. Jos Mara Torres Caicedo
(con quien el seor Medina tuvo un duelo clebre); Costa Rica, por
don Manuel M. Peralta. Yo representaba entonces a Guatemala. Adems
de estos delegados extranjeros, haba en el Congreso ms de ochenta
representantes franceses, en su mayor parte ingenieros distinguidos
y casi todos hombres de verdadero talento y de real sabidura;
pero que, habiendo sido hbilmente escogidos por M. de Lesseps,
estaban dispuestos a apoyar sus planes y a formar siempre la mayora
necesaria al triunfo de su inquebrantable voluntad. Para llevar a
cabo metdicamente sus labores cientficas, dividise el Congreso en
cinco Comisiones especiales, y a m me toc en suerte, a pesar de mis
escasos mritos, ser el vicepresidente de la primera de ellas y de
dirigir sus debates durante las ausencias del ilustre sabio francs
M. Levasseur. Tratbase, ante todo, en el seno de esta Comisin de
establecer, gracias a datos y clculos estadsticos, los rendimientos
probables del canal, para poder, desde luego, estar seguros de la
equitativa relacin que deba existir entre el capital empleado y los
dividendos futuros. En este sentido trat siempre de inclinar los
nimos en favor de Nicaragua, basndome en cifras exactas, pues todos
o casi todos los proyectos de apertura de la va interocanica por el
Lago y el San Juan, marcaban la necesidad de un capital menor al que
era indispensable para llevar a cabo la obra en el Darien, y, por lo
mismo, ofrecan ms probabilidades de ganancias para los accionistas.
Esta cuestin era, en el fondo, una de las ms importantes, y si mis
ideas hubiesen prevalecido entonces, no hay duda de que la opinin
pblica hubiera ejercido una presin contra Panam; pero el pblico no
prest gran inters a ese punto de detalle y dej obrar a los hombres
que, estando encargados de hacer los clculos estadsticos, con una
libertad hasta cierto punto fantstica, deban decidir, en ltima
instancia. Dispuesto M. de Lesseps a no aceptar a Nicaragua sino en
ltimo caso, pidi que los datos fueran calculados con toda la posible
largueza, basndolos en el trfico probable del porvenir, teniendo en
cuenta el aumento gradual que habra obtenido el comercio cosmopolita
cuando el canal empezase a funcionar; es decir, estableciendo los
clculos segn lo que ese aumento estaba llamado a producir en 1866.
El tonelaje previsto fu de 7.250.000. A pesar de la elevacin en tal
cifra fu necesario subir el precio primitivamente fijado como derechos
de trnsito del canal; y, aun con todo eso, apenas se llegaba a obtener
los rendimientos indispensables para pagar los intereses del capital
que se necesitaba invertir en la obra. No as adoptando el proyecto
Menocal por Nicaragua, que revelaba una economa de 500.000.000,
comparado con el presupuesto hecho para Panam, por el ingeniero
Ribourt.

Las revelaciones del seor Medina son muchas y muy interesantes. Sera
de desear que extendiese sus Memorias, que aumentase los detalles
y diese a luz un verdadero libro que, de seguro, contendra datos
curiosos, previsiones cumplidas y rasgos pintorescos. Recuerda el
informe de Levasseur y los estudios de la cuarta Comisin del Congreso,
compuesta de los ms sabios ingenieros del universo, y que tena que
ocuparse de la parte tcnica de los proyectos, que fueron muchos. Me
llama grandemente la atencin lo que rememora de una carta de M. Lucien
Puydt y que ley en una sesin el secretario de la Comisin. Era un eco
anticipado de la catstrofe que deba venir, un anuncio del formidable
Panam que deba minar la base de la gloria del Gran Francs. En
esa carta se deca que M. de Lesseps se ocupa exclusivamente del
xito y del porvenir de la compaa civil, y que la cuestin de la
apertura del canal, desde el punto de vista del inters universal,
queda regalada a un plan secundario, y su solucin subordinada a la
aceptacin del proyecto de su protegido.

Ms, mucho ms contienen las apuntaciones y la riqusima Memoria del
seor Medina, respecto a los entretelones de la cuestin del canal,
de asuntos tcnicos y pasos diplomticos, tanto en Europa como en los
Estados Unidos. No dejar de citar sus impresiones en las ltimas
sesiones de ese Congreso con M. de Lesseps. La opinin extranjera,
dice el seor Medina, se haba pronunciado casi con unanimidad en
favor de Nicaragua. Viendo esa presin desinteresada, M. de Lesseps se
dirigi confidencialmente a m y me dijo textualmente lo que sigue:
El sentimiento de la mayora del Congreso parece pronunciarse en
favor de Nicaragua; yo no tengo ningn inters personal en que se
favorezca tal o cual va, tanto ms, cuanto que los gastos hechos por
el Sindicato de exploracin Trr y Wyse pueden ser reembolsados por la
compaa que se forme; pero sera necesario formalizar algunas bases de
arreglo con el gobierno de Nicaragua, porque si el Congreso opta por
el canal de Nicaragua y enviamos despus un comisionado a tratar con
aquel gobierno, sin arreglo previo de ningn gnero, las pretensiones
sern tales que no habr modo de hacer un contrato realizable. Hay
alguien aqu autorizado para hacer cualquier ofrecimiento en nombre
de Nicaragua? Yo saba desgraciadamente que no, y me limit a
asegurar a M. de Lesseps, como amigo de Centro Amrica, que Nicaragua
comprendera demasiado sus intereses para demostrar la intransigencia
que l tema, y le inst para que dejara que el Congreso se pronunciase
libremente; pero mis instancias, como las de otros, se estrellaron
contra los temores de M. de Lesseps y contra la presin del Sindicato
colombiano que trabajaba por que la decisin fuera enteramente
favorable a sus proyectos. Lesseps se decidi firmemente por Panam.
En la votacin general la mayora de los representantes extranjeros
se abstuvo. Entonces resultaron 87 votos por Panam, y slo 8 por
Nicaragua. El Gran Francs haba triunfado...

Ahora es en los Estados Unidos. Se ver, por fin, cul ser la va
elegida por los yanquis, pues ellos son los que han de hacer prctico
tanto proyecto. Por Panam, o por Nicaragua o por ambas partes, ellos
buscan que Amrica sea para los americanos. O para la humanidad... que
habla ingls.

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[Ilustracin]




IV


Un almirante de la marina de Francia se quejaba los das pasados, en
el Congreso, de las disposiciones del gobierno que suprimen a bordo de
los barcos de la armada toda manifestacin religiosa, desde luego la
bandera con la cruz, que se izaba durante el sacrificio de la misa,
y despus, la misma misa... No s qu mal puede hacer a la marina
francesa, deca el almirante, el signo y el nombre de Cristo, cuando en
Francia casi todos son cristianos, y en una enorme mayora, catlicos.
Una vez puesta la atencin en estos asuntos, la verdad que encontraris
es que el espritu que anima a este pas no es el de un pueblo ateo.
Un espiritualismo histrico impregna la mdula de la raza, y no es
por cierto una seca filosofa lo que subsiste junto con la claridad
tradicional al influjo lejano del ensueo celta. Aun en la locura
diluviar de la Revolucin, la idea de la divinidad queda flotante. Si
no existiese Dios, dice un demoledor, sera preciso inventarlo. Los
hombres de la Enciclopedia, aun los osados como D'Alember, confinan con
la tolerancia. Toda la literatura clsica converge a una concepcin
desta.

_Dieu laissa-t-il jamais ses enfants au besoin?_, es la voz de Racine
en _Atalia_; mientras Corneille deja el drama cristiano encarnado en
toda su intensidad en su admirable _Poliuto_... A veces una explosin
revela los ardientes elementos contenidos en el seno de la nacin, las
exasperaciones del fanatismo, el fermento de una creencia demasiado
recelosa; segn los tiempos, la complicacin de causas se caracteriza,
y as es el movimiento de las Cruzadas, la revocacin del edicto de
Nantes, la noche de San Bartolom, y en nuestros lamentables tiempos el
antisemitismo reforzado del veneno de polticas caseras. Mas un soplo
religioso agita todas las florestas, pasa por todas las ciudades, y no
est echada en el olvido la antigua divisa _Gesta Dei per Francos_; la
corona de los emperadores de Occidente fu colocada en la frente del
gran Carlomagno por las manos de un Papa, y la ampolla de San Remy an
guarda en Reims el recuerdo de Juana de Arco... Son cosas que tiene en
entredicho la repblica francmasona o pseudosocialista... No pertenece
al reino de lo imposible que las palabras a Clovis sean repetidas ms
tarde a tantos fieros sicambros... No est destruda, ni con mucho,
en esta Francia generosa, la savia de la conciencia religiosa. Hay
unas frases de Tolsto, que as dicen: No ignoro que, siguiendo una
opinin extendida en nuestro tiempo, la religin es un prejuicio del
que la humanidad est ya libre, y resultar de esto que no existe en
nuestro tiempo conciencia religiosa comn a todos los hombres... S
tambin que esta opinin pasa por ser la de las clases ms ilustradas
de nuestra sociedad. Los hombres que no quieren reconocer el verdadero
sentido del cristianismo, inventando toda suerte de doctrinas
filosficas y estticas para ocultar a sus propios ojos la sinrazn
de su vida, esos hombres no pueden ser de otra opinin. Sinceramente
o no, confunden la idea de un culto religioso, y rechazando el culto,
se imaginan rechazar con el mismo golpe a la conciencia religiosa.
Pero todos esos ataques contra la religin, todas esas tentativas
de establecer una filosofa contraria a la conciencia religiosa de
nuestro tiempo, todo eso prueba bastante claramente la existencia de
aquella conciencia, y que ella reprueba la vida de los hombres que la
atacan y la contradicen. Si se determina en la humanidad un progreso,
es decir, un paso hacia adelante, preciso es necesariamente que algo
designe a los hombres la direccin que deben seguir en la marcha. Pues
tal ha sido siempre el papel de las religiones. Toda la historia nos
demuestra que el progreso de la humanidad se ha verificado siempre
bajo la gua de una religin. Y como el progreso no se detiene, como
su marcha ha de continuar durante mucho tiempo, mucho tiempo necesita
tambin una religin propia. Es lo que acontece en todas partes y en
Francia en particular, revelado por signos que un da son las grullas
de M. de Vog; otro, las tendencias artsticas y literarias de una
_lite_; otro, la palabra de tal o cual representante del espritu
universitario, como M. Brunetiere. A una inclinacin exagerada,
responden un enderazamiento y un impulso en ngulo igual. Veremos,
quiz pronto, la contraparte de la ley de las Congregaciones. Tmese
como ejemplo la ley Falloux, de cuya abrogacin se trata en estos
momentos.

En 1850, el ministro Falloux propuso la ley que lleva su nombre y que
fu aceptada, en favor de la enseanza primaria de las Congregaciones
religiosas. En 1886, la ley de 30 de Octubre quit los privilegios.
Actualmente, el maestro de primaria religioso tiene los mismos grados
que el institutor laico. Y la resultante es que, si en 1849, segn la
declaracin del hermano Philippe ante la Comisin extraparlamentaria,
los Hermanos de la Doctrina Cristiana, solamente, enseaban unos
200.000 nios, y las Hermanas de la Caridad, cerca de 120.000 nias,
hoy las Congregaciones sostienen, segn los mejores datos estadsticos,
por lo menos 1.600.000 nios.

       *       *       *       *       *

Acaba de ser juzgado en consejo de guerra el soldado Grasselin, del
batalln de artillera, despus del soldado Delsol--dos especies de
doukhobors,--influencia de Tolsto en el medio del pioupiou. No he
de presentaros sino un fragmento del interrogatorio:

  --El 19 de Noviembre se os ha dado la misma orden; os habis
  negado a ejecutarla. Pasan das y segus con la misma actitud
  de oposicin. Se os ha ledo el Cdigo penal cinco veces.
  Ruegos, amenazas, reprensiones, nada ha logrado vencer vuestra
  obstinacin. Por qu obris as?

  --Jesucristo ha dicho: _No matars_. Amaos los unos a los otros.
  Yo no he querido ser daoso para nadie.

  --Abrir una culata no es daar a nadie.

  --Ms tarde se me habra dado un fusil; un fusil sirve para matar,
  como el hierro del arado sirve para cultivar la tierra.

  --En fin, no tenais que discutir; se os daba una orden.

  --Sobre mis superiores, que son hombres, est el Cristo.

  --Por ltimo, no queris ir a la guerra?

  --No.

  --Aceptis, al menos, someteros a la ley?

  --No para matar. Que se me ordene hacer otra cosa.

  --Harais lo que se os mand, abrir las culatas, ahora?

  --Querra prometer, pero no cumplira. No podra cumplir. Esto no
  es insubordinacin, es sumisin a mi conciencia.

Esto no est tomado del acta de ningn mrtir, no est en la Leyenda
Dorada ni en los Bollandistas: est en los peridicos. Todo el mundo
ha podido leerlo. Muchos se han encogido de hombros, y han credo
que esos dos casos son simplemente casos clnicos. Esos dos soldados
que toman al pie de la letra los mandamientos de Jesucristo no son
irresponsables, puesto que han sido condenados... y son ciertamente
significativos.

La aristocracia francesa y la alta burguesa no son anticristianos.
Es la repblica la que--y esto no siempre--ha sido hostil a las
creencias nacionales. Y aun en la repblica no ha habido gobiernos
antirreligiosos, sino ministerios antirreligiosos. La Revolucin ha
sido, segn el P. Delaporte, este acto de felona de la Francia
oficial para con el Hombre-Dios.

Este activo sacerdote lleva a un plan decisivo su concepcin de la
salud de la patria. Dos perspectivas se ofrecen a nosotros: una,
la de la vuelta de las naciones a la aceptacin de la soberana de
Dios; otra, la de la potencia que se disfraza con nombres diversos:
revolucin, ciencia, estado laico, soberana del sufragio universal. Lo
que hay que hacer es restablecer el orden verdadero. El orden verdadero
es la preeminencia de la sociedad religiosa, la sola absolutamente
esencial.

Es el lenguaje de un bravo sectario. Leed, releed el
Evangelio!--dicen otros.--El Evangelio est descuidado an en los
colegios de enseanza religiosa, en los seminarios; hay que volver
a l y dejarse guiar por l. As lo ha hecho M. Franois Coppe; y
el otro da le he visto, por el jardn del Luxemburgo, muy contento
y rejuvenecido... Antes, uno de los personajes de su drama _Pour la
couronne_, certifica el bien de tales fuentes:

    --Qui t'a rendu si bon?
            Ma mre et l'Evangile.

El evangelismo no est ausente en la literatura contempornea ms
en boga. Quin dira que un tan fino inmoralista como Paul Bourget
lo predica discretamente? Cristo ha sido y contina siendo una
preocupacin de los intelectuales y de los socialistas, as se le
considere como un simple cartel, como dice _Severini_ con demasiado
oratorio irrespeto: El tribuno plido, clavado, como el primer
_affiche_ socialista, sobre el madero del Glgota. Jules Guesde
declaraba en una sesin del Congreso, la del 19 de Febrero de 1794:
Estamos obligados a dejar constancia de que hay en esta asamblea, al
menos un miembro, el abate Lemire, que representa el Evangelio del
Cristo, ante el cual se inclinan hoy los socialistas. Los anarquistas
mismos, si cuentan con elegantes blasfemos como M. Tailhad, tienen
poetas que no desdean nombrar al Divino Libertario en versos como
stos:

    Puisque le Christ, le sang, les pleurs
    Tyrans! no'ont pu former vos coeurs
    Aux sentiments de la Colombe:
            Gare la bombe!

Cuando llega la Cuaresma, los diarios suelen presentar muestras de
literatura fervorosa, a propsito de los oradores sagrados. Los
conferencistas como monsieur Brunetiere, son casi considerados como
apstoles; y lo cierto es que muchas de sus conferencias tienen el arte
y el tono de los mejores sermones y homilias. Y con Brunetiere, otros
cuantos severos y respetables varones. Para m todo eso no vale en
piedad, y fe verdaderas una plegaria del Verlaine de _Sagesse_.

A travs de los ltimos salones se ha visto tambin el arte preocupado
de religiosidad. Despus de las grandes machines de Munckassy,
nada ha causado tanto ruido como las reconstituciones de Tissot. Las
profanaciones de Juan Beraud no dejan de ser tambin seal de una idea
en marcha. Hasta los pintores mundanos se han sentido infludos, y M.
Carolus Duran tiene su Calvario, como el museo de cera Grevin tiene su
pasin en tiempos de Semana Santa.

Al dar cuenta del Saln del Champ de Mars, en 1894, haca notar M.
Turquet: Llama la atencin el nmero de cuadros religiosos. Los
unos son puramente religiosos y representan escenas de la historia
cristiana; los otros, inspirados por un profundo sentimiento religioso,
reproducen escenas de la vida moderna.

Los que piensan, se preguntarn lo que quiere decir ese movimiento en
el mundo de los artistas, y ese renuevo en un arte que los escpticos
se felicitaban de ver desaparecer. Eso no es sin motivo; y corresponde
evidentemente a un nuevo estado de alma en la nacin. No solamente
los cuadros religiosos y los que estn impregnados de sentimiento
religioso son numerosos, sino que atraen a los visitantes. He querido
darme cuenta de la impresin producida, y he escuchado a menudo las
observaciones hechas. Rara vez he odo reir; raramente he visto
burlarse. Es un signo del tiempo, que deben tomar en cuenta los que
quieren gobernar el pas. Hay que apartar del movimiento religioso las
comedias del diletantismo, las misas wagnerianas y el preciossimo
decorativo de un misticismo literario completamente superficial. Mas
los casos de recogimiento, las victorias morales como la de Huysmans,
son, s, de atraer al observador. La Samaritana de M. Rostand frecuenta
demasiado la calle de la Paix, como la Mara Magdalena de M. Massenet;
pero los frescos de Besnard dicen demasiado, y en tales monasterios de
Pars, un ncleo de creyentes artistas oye an el verdadero canto de la
msica antigua que dice cosas de Dios, y se oyen flautas anglicas como
en los versos de Schiller:

    Sie floeten so ss,
    Wie Stimmen der Engel im Paradies...

La provincia est llena de religiosidad, desde la clara Provenza hasta
la negra Bretaa. Las pinturas realistas hechas con el talento que
distingue al conde Austin de Croze, no son completamente imparciales.
M. de Croze es un enemigo declarado del clericalismo. Mas tanto en
la provincia como en el centro, la verdadero levadura religiosa no
debe ser confundida con la obra de una poltica que tiene muy poco de
evanglica. La Francia cristiansima, lo es, a pesar de los errores
comprometedores de los sectarios y de las campaas ruidosas de un clero
harto combatido.

Suelo penetrar en los templos--Saint Severin, Notre Dame, Saint
Eustache--lejos de la devocin elegante y ostentosa--, y all veo,
siempre, muchas buenas almas francesas, con humildad, en silencio,
haciendo una cosa muy sencilla e inmensa, que se creera que ya no se
hace, y menos en Pars,--orando.




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V


He recibido de M. Jacques Morland la comunicacin siguiente: En un
discurso reciente, el emperador Guillermo II ha proclamado de nuevo la
pretensin del espritu germnico a una supremaca mundial.

Parece, no obstante, que una reaccin se produce contra la influencia
intelectual alemana que fu tan fuerte en maestros como Renn y aun
Taine en Francia, y en la mayor parte de los espritus de la segunda
mitad del siglo XIX.

Las victorias de 1870 han valido a Alemania un ascendiente universal.
Los franceses, vencidos, estuvieron por reconocer esa preponderancia y
creyeron deben instruirse en el pas de sus vencedores.

De vuelta de ultra-Rhin, los jvenes franceses se interrogan, se
felicitan de algunos fecundos procedimientos de trabajo adquiridos en
las universidades alemanas, pero muchos confiesan una decepcin.

Numerosos sntomas indican un descenso de esa autoridad que se haba
acordado a la cultura germnica.

Hace dos aos, el clebre crtico dinamarqus, Georg Brandes, al
dar una serie de conferencias en Hungra sobre las diferentes
civilizaciones europeas, preconiz el genio francs, con gran enojo de
los diarios de Berln, de Leipzig y de Hamburgo.

Hoy las estadsticas demuestran que los estudiantes ingleses comienzan
a desertar de las universidades alemanas para venir a instruirse a
Pars.

En fin, en Alemania misma, Nietzsche, despus de Goethe y Schopenhauer,
ha hablado de sus compatriotas con desdn.

Se cree interesante hacer una enqute entre algunos sabios,
filsofos, literatos y artistas franceses y extranjeros, con el objeto
de obtener testimonios competentes que no podran ser suplidos por un
examen personal. El _Mercure de France_ emprende esta enqute, sin
parti pris, solamente para aclarar la opinin y tambin el juicio de
los alemanes, si es posible, respecto a su propio valor.

Qu piensa usted sobre la influencia alemana desde el punto de vista
general intelectual, y ms especialmente desde el punto de vista
filosfico y moral en la Amrica del Sur?

Esta influencia existe an y se justifica por sus resultados?

Siendo muy nio, all en mi pas natal, recuerdo haber tenido, por
primera vez, la sensacin de la influencia alemana, gracias a un famoso
asunto Eisenstuck: el pequeo puerto de Corinto amenazado por las
bocas de fuego de los buques de guerra alemanes. Fu mucho despus que
le la _Crtica de la razn pura_...

Despus de recorrer casi toda la Amrica espaola y de haber residido
por algn tiempo en varias de las Repblicas, creo poder afirmar que
las ideas alemanas no han encontrado ni pueden encontrar buen terreno
en nuestro continente. A medida que la civilizacin ha avanzado,
el pensamiento naciente ha buscado diversos rumbos en los tanteos
de un comienzo deseoso y entusiasta. Filosfica y moralmente se ha
seguido hasta hace algunos aos por el antiguo cauce espaol. Pero
una tendencia continua al progreso ha hecho que cada movimiento de
ideas europeo haya tenido all repercusin. Las ideas abuelas, como
las llama M. Paul Adam, han fructificado sobre todo; la mental savia
latina se ha mantenido inclume, a pesar del poderoso y vecino elemento
brbaro. Toda gran voz humana se ha hecho oir all por el rgano de la
Francia. La Amrica latina, despus de la Revolucin, en el orden de
las ideas, mira en Francia su verdadera madre patria. Cuando en Espaa
caus una especie de revolucin filosfica un mediocre profesor alemn
poco admirado en su pas--he nombrado a Krause--, el contagio no pas
el Atlntico, y la Amrica espaola estuvo libre de l. En cambio,
Comte encontr all largas simpatas y el positivismo discpulos y
seguidores. Si hoy Nietzsche ha obrado en algunas intelectualidades, ha
sido despus de pasar por Francia.

Ciertamente, alguna parte de la juventud hispanoamericana se ha educado
en Alemania y ha logrado grandes progresos desde el punto de vista
profesional. No nos falta el mdico que guarda en su cara el recuerdo
de los estpidos duelos universitarios y la dilatacin de estmago de
los an ms estpidos trasegamientos obligatorios de cerveza. Pero
no se tiene, en el grupo pensante, puesta la mirada y el ensueo en
Berln ni en Bonn, sino en Pars. Aun algunos de nuestros mejores
intelectuales que por sangre y cultura tienen ms de un punto de
contacto con los alemanes, como el argentino doctor Bunge, autor del
notable libro sobre la _Educacin_, el centro-americano Ramn Salazar
y el colombiano Prez Triana, son a su manera lgicos y a su estilo
claros, infludos voluntariamente o no, por los pensadores y escritores
franceses. Chile es quiz el nico pas de la Amrica hispana en donde
el espritu alemn haya logrado alguna conquista. De Ventura Marn a
Valentn Letelier, los estudios filosficos dan un paso enorme del aula
hispanocatlica a la enseanza universitaria alemana. Con todo, despus
de las doctrinas de un Lastarria, no creo que las ideas del seor
Letelier, representante el ms conspicuo de las tendencias germnicas
en Chile, influyan mayormente sobre sus compatriotas.

Las victorias alemanas sobre Francia han producido, naturalmente, en
aquellos pases nuevos un acrecentamiento del militarismo. La divisa
chilena cierto es que parece pensada por Bismarck: _Por la razn
o la fuerza_. En cada pequea Repblica no ha faltado un pequeo
conquistador que quiera hacer de su pas una pequea Prusia. El
progreso ha llegado a la importacin del casco de punta y del paso
gimnstico marcial. En ciertos gobiernos una moral a uso de tiranos
se ha implantado. Pero esos gobiernos han cado, caen o presto caern,
al impulso del pensamiento nuevo, de la mayor cultura, de la dignidad
humana. Los sudamericanos que meditan en la verdadera grandeza de los
pueblos, los hombres de buena voluntad y de juicio noble, no se hacen
ilusiones sobre la virtud y alteza del alma alemana.

Se conocen los versos clebres de Arndt:

    Deutsche Freiheit, deutscher Gott,
    Deutscher Glauber ohne Spott,
    Deutsches Herz und deutscher Stahl
    Sind vier Helden allzumal.

Y sabemos que la libertad de los alemanes es tanta, que casi no hay da
en que no haya un proceso de lesa majestad; que el dios de los alemanes
no es otro que el bblico dios de los ejrcitos, que les ayud en
Sedn; que la buena fe sin burla la conoci muy bien Jules Favre por
el canciller de hierro, y Pars sitiado nada menos que por Wagner,
y que el acero de los alemanes cuesta muy caro a las pobres naciones
militarizadas de la Amrica espaola, en donde hay la desgracia de
tener un agente de la casa Krupp.

       *       *       *       *       *

No, no puede ser simptico para nuestro espritu abierto y generoso,
para nuestro sentir cosmopolita, ese pas pesado, duro, ingenuamente
opresor, patria de csares de hierro y de enemigos netos de la gloria y
de la tradicin latina.

Los eruditos de la ltima gaceta os dirn que han aprendido que no
hay raza latina, y que en Europa misma los elementos componentes de
la nacionalidad espaola o francesa son todo menos latinos en su
mayor parte. La nacionalidad latina, responder Paul Adam, es toda
de ideas, no de sangre. Nosotros somos latinos por las ideas, por la
lengua, por el soplo ancestral que viene de muy lejos. En la Amrica
del Sur, ha escrito M. Hanotaux, ramas vigorosas han florecido sobre
el viejo tronco latino y le preparan el ms brillante porvenir. En
pases como los nuestros, en que, ante todo, se busca hoy un ideal
comercial, han podido deslumbrar, junto con la victoria de las armas,
las conquistas de la industria y del comercio alemanes hasta hace poco
preponderantes. Pero ese ideal, absolutamente cartagins, no podra
ser durable. Tenemos a la vista el ejemplo de los Estados Unidos. El
pas de Caliban busca tambin las alas de Ariel. Y volviendo a la
Alemania, un escritor francs que la conoce mucho y que ha sido el
introductor de Nietzsche en Francia, acaba de expresar: Los Heine,
los Boerne, los Herwegh--para no nombrar sino poetas--, han encontrado
entre nosotros una segunda patria y la libertad de escribir. Sin
duda, los tiempos han cambiado, y la Alemania de los Hohenzollern ha
reemplazado gloriosamente el caos de las Germanias de antes. La holgura
ha venido, la prosperidad material, pero tambin la arrogancia y la
hinchazn. Se trabaja, se gana dinero, pero ya no se tiene tiempo de
tener espritu. No se impide a Hegel profesar, pero es tal vez porque
no hay otro Hegel. Se tiene el orgullo de las libertades polticas,
pero se admite acaso la libertad moral? Hace algunas semanas ha
circulado una protesta entre los escritores alemanes. En ella se peda
la abrogacin del prrafo 166 del Cdigo penal del imperio, que se
refiere a los ultrajes a las instituciones religiosas. Y a propsito
de qu? A propsito de una traduccin alemana de un volumen de Tolsto,
titulado _El sentido de la vida_, y que contena, entre otras cosas, la
_Respuesta al Snodo_, volumen confiscado en Leipzig--y no en Rusia--.
El escritor polaco Estanislao Przybyzewski, que publicaba sus obras en
lengua alemana, tuvo que dejar Berln hace algunos aos. Escribe ahora
libremente en Varsovia. Lejos de mejorar las condiciones intelectuales
de Alemania, no se agravan ms?

La tirana de la opinin pblica iguala a la severidad policial y la
estrechez de espritu no fu quiz nunca como hoy. Hace cincuenta
aos, Max Stirner, hizo aparecer _Lo nico y su propiedad_, sin
ser inquietado. Hoy, los calabozos de Weichselmnde, le ensearan
a reflexionar. Hace cien aos, los poetas romnticos se mostraban
por todas partes con sus queridas... y Goethe sonrea. Es que,
acaso, musicalmente, nos habr conquistado el espritu alemn? No
me parece que el wagnerismo mecnico de la moda haya obrado muy
transcendentalmente en nuestros talentos musicales.

Por ms que se diga, somos, ms que otra cosa, hijos mentales de
Francia, de la civilizacin latina. Un impulso latino mantiene nuestro
anhelo de libertad y de belleza. Los mismos defectos son heredados y
tradicionales cuando no reflejados o impuestos por una ley simptica.

Y hay atrevidos descendientes del ruiseor alemn que hizo su nido en
la Peluca de Voltaire, que dicen y cantan la verdad a la orgullosa
patria. As Oscar Panizza, el autor de _Parisiana_, que vive aqu, como
Heine, y que ha sido tan atacado y perseguido por sus versos valientes
y speros, y que habiendo reconocido en Francia una madre intelectual,
la celebra y anuncia sus futuras victorias, a despecho de la patria
original.

Las patrias madrastras deben cuidarse de los hijos que desconocen y
ofenden.

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VI


M. A. Viallate acaba de publicar en una de las revistas ms
importantes, _La Revue de Pars_, un estudio en que, con motivo del
Congreso panamericano de Mjico, trata de las relaciones de la gran
repblica norteamericana con sus hermanas menores del Sur, y de las
varias tentativas hechas para extender la influencia yanqui por todo
el continente. Comienza por hacer notar que durante la guerra de la
independencia, los Estados Unidos no prestaron ayuda oficial alguna a
los pueblos hispano-americanos que luchaban por su libertad; pero, que
no obstante, los ciudadanos norteamericanos demostraron sus simpatas.
Por otra parte, los Estados Unidos fueron quienes primeramente
reconocieron su rango de naciones a las antiguas colonias de Espaa.
Desde entonces aparece el pensamiento de las ventajas futuras que el
pas anglosajn entrev, y es el clebre Henry Clay, representante de
Kentucky, el que expresa en el Congreso estas palabras en 1818: La
Amrica espaola, una vez independiente, cualquiera que sea la forma de
gobierno que sus habitantes elijan, estar necesariamente animada por
un sentimiento americano y guiada por una poltica americana.

Y en 1820, la Amrica del Sur, dice, a la hora actual tiene 18.000.000
de habitantes.

La poblacin de esos pases se desenvolver con una rapidez igual
a la nuestra. En veinticinco aos se puede prever que ser de
36.000.000; en cincuenta aos de 72.000.000. Los Estados Unidos
tienen ahora 10.000.000 de habitantes. Gracias al carcter de nuestra
poblacin, nuestra nacin ser siempre la primera de este continente
desde el punto de vista industrial y comercial. Imaginad cul ser
la potencialidad de ambos pases y la importancia de sus relaciones
comerciales cuando nosotros tengamos 40.000.000 de habitantes, y la
Amrica del Sur 70.000.000. Aunque los clculos de Clay no hayan
salido exactos, puesto que hoy los Estados Unidos cuentan 66.000.000 y
la Amrica espaola 55.000.000, la idea del orador no ha desaparecido,
afianzada despus por la doctrina de Monroe. A pesar de las
declaraciones de Mac Kinley y de Roosevelt, los Estados Unidos buscan
no solamente influencia, sino tambin dominacin. Han demostrado ya
prcticamente buen apetito.

Habla M. Viallate de las varias tentativas de unin hispanoamericana,
que, desde Bolvar, se han hecho. El libertador no envi invitacin a
los Estados Unidos para la conferencia de Panam en 1824. Pero el ao
siguiente los gobiernos de Colombia y Mjico pidieron al de la Unin
que enviase sus representantes. Era secretario de Estado el mismo Henry
Clay, y, aunque el entonces presidente Quincy Adams, no estaba muy
bien dispuesto a entrar a esas vas, Clay lo convenci, viendo en ese
Congreso, segn sus palabras, el principio de una era nueva en los
asuntos humanos. Vea un inmenso triunfo para la democracia universal,
y la demostracin ms clara, a los pueblos europeos dominados por la
monarqua, del valor y grandeza de las instituciones republicanas.
Clay, dice M. Viallate, tema tambin una unin de la Amrica latina,
de la cual estuviesen completamente excludos los Estados Unidos. Dos
grupos de origen, de lengua, de aspiraciones diferentes se encontraran
creados en el continente americano. La decisin de Adams para enviar
representantes a Panam, tuvo gran oposicin en el Senado. El Congreso
se verific, y con ningn xito, en 1826. No hubo ms delegados que los
de Colombia, Centro Amrica, Mjico y Per.

Desde 1825 a 1845, los Estados Unidos no se preocupan de la Amrica
latina. Tanto rehusaron intervenir en la cuestin de las islas
Falkland, entre la Argentina e Inglaterra en 1831 como el ao de 1840,
cuando dejaron a Francia e Inglaterra tomar parte en la cuestin de
la Argentina con el Uruguay. En 1835 y en 1848, no se dieron por
entendidos de la ocupacin inglesa en Nicaragua--como tampoco en el
no lejano desembarco en el puerto nicaragense de Corinto.--Atacaron
a Mjico y se anexionaron Tejas en 1835, y en 1848 Nuevo Mjico y
California. Buchanan proyectaba el establecimiento de un protectorado
sobre las provincias mejicanas septentrionales, y peda al Congreso
el derecho de entrar, en caso necesario, en territorios de Mjico,
Nicaragua y Nueva Granada, para defender las personas y los bienes de
los ciudadanos americanos. Si el Congreso hubiera cedido, el presidente
de los Estados Unidos hubiera sido pronto el dictador de la Amrica
Central. Las tentativas del filibustero Walker en Nicaragua no fueron
sino vistas con gran simpata en los Estados Unidos.

La intervencin europea en Mjico, en tiempo de Maximiliano, hizo que
la repblica anglosajona tomase su papel de defensora de Sud-Amrica,
por el temor del establecimiento de una monarqua en el vecindario;
pero las cuestiones peruano-chileno-espaolas, que trajeron como
consecuencia actos como el bombardeo de Valparaiso, los dejaron
tranquilos: y como dice M. Viallate, los Estados Unidos se proponan
impedir a Europa instalarse de fijo, aunque fuese disimuladamente, en
la Amrica del Sur, pero no queran defender a las repblicas latinas
contra las consecuencias naturales de sus faltas polticas. Esto se
acaba de ver confirmado una vez ms con la actitud que tomaron con
motivo de las amenazas de Alemania en Venezuela.

La causa? El mal uso que de su independencia y autonoma han hecho
las naciones de la Amrica espaola, mantenindose desde su separacin
de la madre patria en revolucin continua, retardando su progreso y
dando al mundo todo el espectculo ms desconsolador y lamentable. Las
cuestiones territoriales fueron causa continua de desavenencias, y las
varias tentativas de un arreglo por el arbitraje no tuvieron ningn
resultado en las varias conferencias de Lima. La conferencia de Panam
iniciada por Colombia en 1880, no pudo realizarse a causa de la guerra
del Per y Chile. Luego fu la iniciativa de los Estados Unidos bajo
la presidencia de Garfield. En ese momento, la situacin poltica en
la Amrica latina estaba muy perturbada. Chile, vencedor del Per,
amenazaba imponer a ste condiciones de paz que le habran casi
anulado, mientras que Mjico se preparaba a posesionarse de Guatemala.
Blaine vi el peligro que haba para los Estados Unidos en dejar libre
carrera a esas ambiciones. Ellos no tenan inters en ver desarrollarse
indefinidamente la potencia de un pequeo nmero de Estados en el
hemisferio Sur; por otra parte, esas guerras presentaban siempre el
peligro de una intervencin europea que podra solicitar, as fuese
pagando con una parte de su independencia la potencia ms dbil. Blaine
estaba convencido de la necesidad para los Estados Unidos de hacerse
los rbitros de las querellas entre las naciones sudamericanas. Era
preciso hacer aceptar por esas potencias el principio del arbitraje.
Ese deba de ser el objeto de un Congreso panamericano cuya idea hizo
aceptar al presidente. La muerte de Garfield, asesinado meses despus
de la inauguracin, llev al vicepresidente Arthur a la presidencia.
ste resolvi continuar la poltica de su predecesor, y el 29 de
Noviembre de 1881, Blaine diriga a las naciones independientes
de la Amrica invitaciones a un Congreso que se verificara en
Wshington al ao siguiente, con el objeto de estudiar y discutir los
medios de impedir en lo futuro los horrores de las luchas crueles y
sangrientas entre pases casi siempre de la misma sangre y lengua, o
las calamidades mayores an de la guerra civil. Las ideas de Blaine
fueron ms claras despus. No hemos llevado nuestras relaciones con la
Amrica espaola tan cuerdamente y tan firmemente como pudimos hacerlo.
Durante ms de una generacin nada hemos hecho para atraernos las
simpatas de esos pases. Deberamos hacer todos los esfuerzos posibles
para ganarnos su amistad. Mientras que las grandes potencias europeas
aumentan constantemente su podero territorial en Africa y en Asia,
lo que nosotros debemos hacer es acrecentar nuestro comercio con las
naciones americanas. Ningn campo nos ofrece una cosecha tan abundante,
ninguno ha sido tan poco cultivado. Nuestra poltica extranjera debera
ser una poltica americana en el sentido ms amplio; una poltica de
paz, de amistad y de desenvolvimiento comercial. La conferencia no se
realiz porque el Congreso no vot los crditos necesarios, a la salida
de Blaine, en 1881.

En 1884 el Congreso cre una Comisin para estudiar los mejores medios
de asegurar las relaciones internacionales y comerciales ms ntimas
entre los Estados Unidos y los pases de Centro y Sud-Amrica. Se
vi que el comercio norteamericano haba perdido mucho, y despus de
varios tanteos, se encontraron bien dispuestas todas las repblicas,
con excepcin de Chile, a celebrar tratados de reciprocidad comercial
con los Estados Unidos. En 1888, la ley de 24 de Mayo autoriz al
presidente a invitar a las naciones independientes de Amrica a una
conferencia en Wshington, con el objeto de discutir un plan de
arbitraje para el arreglo de las diferencias susceptibles de nacer
entre ellos en lo futuro, y estudiar las cuestiones relativas al
mejoramiento de las relaciones comerciales, al establecimiento de
las comunicaciones directas entre esos pases y al desarrollo del
comercio recproco, capaz de asegurar a sus productos mercados ms
extensos. La conferencia se reuni, como es sabido, en Wshington.
Blaine presidi, y en su saludo de bienvenida habl de confianza
sincera y ayuda mutua; pero los diarios hablaban con demasiada
claridad de las intenciones ogrescas. Queremos, deca el _Sun_, de
Baltimore, monopolizar, si es posible, el comercio de la Amrica
central y meridional, no por la baratura y buena calidad de nuestros
productos, sino encerrando a esos pases en nuestra tarifa protectora.
Queremos poder entrar en los puertos de esos pases, mientras que la
entrada en ellos ser prohibida a nuestros competidores europeos. Era
un lazo tendido a todos los mercados latinoamericanos. Poco se habl
en el Congreso de arbitraje; todo fu casi alrededor del comercio, y a
cada paso sala a relucir la palabra de Monroe. Entonces fu cuando el
representante argentino contest con su clebre frase: La Amrica para
la humanidad.

El escritor francs demuestra cmo la obra econmica del Congreso de
Wshington fu casi tan vana como su obra poltica. Luego se ocupa de
ese intil _Bureau de las repblicas americanas_, que an se mantiene
en la capital anglosajona. En realidad, el mundo comercial ignora su
existencia y no se cuida casi de l.

Se refiere luego a las repetidas tentativas norteamericanas para
lograr el dominio de los mercados de las dems repblicas. Ya son los
trabajos en la Exposicin de Chicago, ya la fundacin del _Philadelphia
Commercial Museum_, la reciente Exposicin de Buffalo y el Congreso de
Mjico. Citar a este respecto las palabras de M. Viallate: Con menos
prisa que hace diez aos, las repblicas sudamericanas han aceptado
la invitacin de Mjico. Algunas de ellas no parecan esperar que el
Congreso pudiese llegar a un resultado serio. Adems, la situacin
poltica no se ha modificado en el hemisferio meridional. Los peligros
de revolucin y de guerra son siempre grandes; los diferentes gobiernos
no han adquirido una estabilidad interior bien slida; apenas si se
puede fiar en la calma que ofrecen desde hace algunos aos un pequeo
nmero de entre ellas. La situacin internacional no es mejor, y esos
pueblos de la misma lengua y de la misma raza continan ofreciendo el
triste espectculo de hermanos enemigos, siempre listos a despedazarse.
Poco tiempo antes de la apertura del Congreso, un conflicto que dura
todava estall entre Venezuela y Colombia. El odio entre Chile y el
Per, consecuencia de la guerra de 1880, no est cerca de calmarse, y
existe, desde hace muchos aos un estado de antagonismo latente entre
Chile y la Repblica Argentina, que ha estado por traer la guerra
al mismo tiempo en que sus plenipotenciarios discutan en Mjico
los medios de hacerla imposible. En fin, los triunfos recientes de
los Estados Unidos, sus conquistas nuevas, sus xitos industriales
mismos, no son para no causar a las naciones de la Amrica latina
naturales cuidados. Ellas vacilan en unir demasiado estrechamente su
porvenir poltico al de tamaa potencia: tener en ella un protector
interesado que tiene demasiados medios de transformarse un da en dueo
autoritario. Respecto al Congreso, la obra poltica, concluye, en lo
que concierne a las ambiciones de los Estados Unidos, ha fracasado. Su
obra econmica no podra tener resultado mejor. Los Estados Unidos,
segn el articulista, tienen infinitos obstculos que vencer en la
Amrica del Sur, aunque hayan logrado la supremaca en el Golfo
de Mjico. No cree, como algunos estadistas, que est muy prxima
la hegemona de los Estados Unidos sobre el continente todo, con
perjuicio de los intereses de Europa. El peligro existe, pero puede
ser evitado. Y concluye: La orgullosa afirmacin de mister Olney,
cuando la querella de los Estados Unidos e Inglaterra, a propsito
de territorios de Venezuela, de que los Estados Unidos son hoy
prcticamente soberanos sobre el continente americano, no est de
ningn modo de acuerdo con la realidad de los hechos. Ellos aspiran a
serlo, es verdad, y el colosal desarrollo de sus riquezas, la profunda
confianza que tienen en s mismos, les hacen creer en la fcil
realizacin de esos ambiciosos deseos; pero estn lejos de haberlo
logrado. Puede esperarse que la construccin del canal interocenico
traiga el establecimiento de un protectorado ms o menos disfrazado de
los Estados Unidos sobre los pequeos Estados de la Amrica Central;
se puede prever que las Antillas escapen poco a poco a la dominacin
europea para caer en las de ellos. Quiz, tambin, si anda falto de
cordura y prudencia, Mjico, a pesar de su importancia, concluya por
ser asimismo un satlite de los Estados Unidos. Les ser preciso a
stos mucho ms largo tiempo y muchsimos ms grandes esfuerzos para
extender su hegemona sobre las naciones sudamericanas, suponiendo que
puedan llegar a ello. Sin duda, los Estados Unidos vern aumentarse
sus relaciones comerciales con esos pases y participarn de los
efectos de crecimiento y prosperidad que parecen estarles reservados.
El desarrollo de su potencia industrial, la reconstruccin de su
marina mercante, les ayudar mucho; pero, por muchos aos an la gran
corriente comercial de la Amrica del Sur continuar dirigindose hacia
Europa, cualesquiera que sean los medios que empleen los Estados Unidos
para desviarla. _Y si el Brasil, la Argentina y Chile, abandonando
sus querellas intestinas y sus rivalidades, hallasen la estabilidad
poltica y se consagrasen a cultivar las riquezas maravillosas de
su suelo, se podra ver, en un cuarto de siglo, o en medio siglo,
constituirse en esa regin naciones potentes, capaces de contrapesar a
la Amrica anglosajona, y de hacer en lo de adelante vano el sueo de
hegemona panamericana acariciado por los Estados Unidos._

Subrayo las palabras finales, porque ellas son la expresin del juicio
que la Europa sensata y previsora tiene de nuestras repblicas, ante la
amenaza del imperialismo yanqui. Es de desear que nuestros hombres de
Estado se fijen en estas manifestaciones. El estudio que he extractado,
encierra la opinin del criterio serio europeo, y ojal los pensadores
nuestros tomen en cuenta estas altas vistas[1].

       [1] Recomiendo a quienes interese, en este sentido, un
       reciente artculo del _Times_ sobre el imperialismo americano.
       El canal de Nicaragua, en el _Kolnische Zeistung_. Y La
       lucha por la preponderancia en la Amrica del Sur, en el
       _Frankfurter Zeitung_.

[Ilustracin]




[Ilustracin:

                                ACABSE
                              DE IMPRIMIR
                             ESTE LIBRO EN
                     MADRID, EN EL ESTABLECIMIENTO
                              TIPOGRFICO
                            DE JOS YAGES
                          SANZ, EL DA XXVII
                           DE JUNIO DEL AO
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especialmente dedicada a biblifilos, la cual llevar adems, si as lo
desea el interesado, su nombre o iniciales en la tapa de encuadernacin
sin ningn otro adorno; pero si el suscriptor desea que la tapa vaya
decorada a mano por el Sr. Ochoa, habr de aumentar otras =10= pesetas
por este trabajo. Cada tomo llevar distinta decoracin.

Para suscripciones y pedidos de ejemplares, dirigirse a la casa
administradora de esta edicin,


                        Editorial MUNDO LATINO

                 Barbieri, 1 duplicado.--Apartado 502.

Las libreras de Espaa y Amrica debern dirigir sus pedidos a la

  SOCIEDAD GENERAL ESPAOLA DE LIBRERA,
          DIARIOS, REVISTAS Y PUBLICACIONES (S. A.)

  _Ferraz, 21._ .......... _Madrid._

EN EL PRXIMO VOLUMEN SE PUBLICARAN LOS NOMBRES DE LOS SUSCRIPTORES





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