The Project Gutenberg EBook of Mitos, supersticiones y supervivencias
populares de Bolivia, by Manuel Rigoberto Paredes

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Title: Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia

Author: Manuel Rigoberto Paredes

Commentator: Belisario Diaz Romero

Release Date: December 8, 2018 [EBook #58425]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MITOS, SUPERSTICIONES Y ***




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  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




                         M. RIGOBERTO PAREDES


                         MITOS, SUPERSTICIONES
                           Y SUPERVIVENCIAS
                         POPULARES DE BOLIVIA


                                PRLOGO
                     DEL DR. BELISARIO DIAZ ROMERO


                   ARNO Hermanos.--Libreros Editores
                La Paz.--Imp. Artstica.--Socabaya 22.
                                 MCMXX




_Al ilustre escritor y abnegado propagandista de estudios histricos y
geogrficos de Bolivia_

                    _Don Manuel V. Ballivin_

_Dedica esta obra_--

                                                       El Autor.




[Ilustracin]




PRLOGO


El autor de este libro, D. Manuel Rigoberto Paredes, nos ha honrado con
el encargo de preceder a su obra por un corto juicio acerca de ella.

Tan delicada comisin la realizaremos con el mejor gusto, aun cuando
reconocemos nuestra insuficiencia y escasos merecimientos en una labor
de esta naturaleza, labor que habra podido llevarla a cabo con mayores
prendas de acierto quien poseyera, es claro, una vasta preparacin en
el dominio de la sociologa boliviana. Pero si voluntad nos sobra, en
cambio, lo que seguramente ha de faltarnos ser la competencia especial
que exigira el anlisis del medio ambiente en que se desenvuelve la
psicologa de toda una raza, muy difcil de caracterizarla en sus
polcromos matices, cual es la raza aymara-khechua, objeto de las
investigaciones del minucioso observador que ha querido dejar a los
futuros estudiosos de nuestro pas, el _dossier_ o autos del proceso,
con el que se puede juzgar la psiquis nacional aborgene.

El libro que nos honramos en presentar hoy al pblico lector, no es
uno de aquellos que se escriben, como si dijramos por pasatiempo;
precisamente no, es el fruto de largos aos de exgesis atenta y
controlada en el teatro mismo de la accin, o sea de la convivencia
y contacto con el propio elemento tnico cuyo espritu se trata de
escudriar. El autor ha nacido, ha pasado su existencia casi toda, en
medio de las capas sociales cuyo _folk-lore_ ha querido desentraar,
dndose cuenta exacta del psiquismo tan enrevesado de nuestro pueblo.

Los estudios que son el objeto de esta obra, ningn autor boliviano los
haba emprendido antes que el doctor Paredes, porque dado el carcter
frvolo de nuestros compatriotas, cosa que tenemos que enrostrarnos,
dulanos cuanto sea, quin hubiera sido el zamacuco (en concepto
filisteo se entiende) que se preocupe de las _abusiones_, (bolivianismo
puro), creencias y tonteras de los _indios_? Nadie que no est tan
desocupado o pierda su tiempo en averiguar y describir asuntos insulsos
como esos. Mas, contemplando con criterio racional y no de calabaza,
el gnero de labores a que se entregara el autor, puede suponerse
por un segundo siquiera, que l ha perdido lamentablemente su tiempo?
_Nequaquam domini!_; precisamente, no ha podido emplearse mejor un
talento alimentado y bien nutrido en el espritu cientfico de nuestro
siglo, un talento observador y sagaz, patriota, diligente y concienzudo
a la vez; un talento, decimos, que posea esas bellas cualidades, no
pudo tener ms plausible dedicacin que el ser til, utilsimo a la
ciencia sociolgica en general y a la psicologa del pueblo boliviano
en particular. Es por esto--y en trminos de justicia absoluta--que
Paredes es acreedor al aplauso del mundo entero.

Hasta aqu solamente algunos hombres de ciencia europeos o
norteamericanos, haban esbozado algo de la psiquis de nuestros
aborgenes en el tpico a que nos referimos. El libro _Mitos,
supersticiones y supervivencias populares en Bolivia_, es, pues, el
primer trabajo serio en su gnero que ha salido de la pluma de un
escritor nacional. Y un trabajo muy curioso en verdad.

Recibmoslo, entonces, con simptico alborozo, lemoslo con placer y
sepamos darle el mrito que le corresponde.

El modo de ser ntimo de nuestras masas populares, de las que el indio
aymara-khechua es su representante ms genuino, es, ciertamente, casi
idntico que el que caracteriza al mestizo y aun al criollo, porque
sobre la mente del indgena mismo est moldeada la de los otros
componentes de nuestra poblacin nativa. Oh s, esas creencias y
supersticiones, harto primitivas o pueriles, forman tambin el fondo
de reserva de la economa mental boliviana, y dgase lo que se quiera
en contrario, la clase media o la parte ms considerable, aquella que
forma el bloque de nuestro pueblo, participa de la religiosidad y
moralidad del habitante originario de esta nacionalidad americana.

A veces en las clases que se reputan cultas, vemos con frecuencia
subsistir esas mismas supersticiones, que no han podido an
desarraigarse, ni con el trato de los europeos civilizados. Las
brujeras de un _callahuaya_ impresionan todava fuertemente a la
dama ms aristocrtica y pesan bastante en el nimo de la mayora de
nuestros _uerajjochas_, que visten levita y calan guantes. Cunta ms
fuerza sugestiva no deja de tener en el ignaro provinciano o en el poco
letrado _cholo_!

Al reflexionar sobre el grado de atraso intelectual en que se ha
quedado el infeliz indgena boliviano, cuyo patrimonio de ignorancia
se ha mantenido casi el mismo desde los remotos tiempos pre-incaicos,
no sabemos qu de amargo desencanto y qu de mortificante desazn
embarga nuestro sentimiento patrio! Hace sangrar el alma el percatarse
de la triste condicin en que yace la mentalidad de nuestros pobres
compatriotas indios. Y, sin embargo, al examinar con cuidado las
aptitudes mentales de los aymara-khechuas, se advierte que ellos son
capaces de un alto desarrollo intelectual, conocedores como somos de
su plasticidad cerebral adaptativa y de la elasticidad de su espritu.
En otra ocasin decamos ya: Nuestros indgenas, segn lo comprueba
la experiencia, no son refractarios al estudio, al perfeccionamiento
moral, a la meditacin y aun a exceder en condiciones iguales a las
razas europeas mejor dotadas... as es efectivamente, pero si hemos
de conservar en su actual cristalizacin psquica este infortunado
elemento tnico de Bolivia, si nada hacemos por disolver en las aguas
benficas de la civilizacin esos valores brutos, que tornaranse
inmediatamente en _solutos_ frtiles para esta tierra, digna de mejor
suerte, el indio seguir el mismo paria, salvaje, supersticioso,
estpido, feroz...

Indudablemente que la obra del doctor Paredes tiende tambin a hacer
conocer a los poderes pblicos, el estado religioso-social de la
colectividad boliviana y a ese ttulo es toda una revelacin para
los dirigentes de la cosa pblica. En ello estriba as, su utilidad
fundamental.

Como produccin literaria acaso el ltimo trabajo del autor, a quien
prologamos, no ofrezca ni las bellezas retricas que ms agradan al
gran pblico, ni los relumbrones de una afectada fraseologa, pero
en su sencillez ruda, en el desnudo candoroso con que descubre el
sr moral de la masa gruesa de nuestro pueblo, no hace otra cosa que
presentarse sincero y leal; en tal caso es como el anatmico, que
diseca el cadver de una virgen nbil y hermosa sin pararse en la
descripcin de sus morbideces y atractivos sexuales, opera con la
indiferencia y frialdad del sabio.

El surco est abierto ya para otros. Vendrn nuevos cultores que
prosigan la tarea? Quin sabe!

La Paz, agosto de 1920.

                                              _B. Daz Romero._

[Ilustracin]




[Ilustracin]




Erratas y Correcciones


  Pgina   Lnea            Dice                     Lase

   33       19      los                        de los
   41       30      morada                     mira de
   48       16      los                        mismos
    "       18      se la                      se le
   50       13      vi                        vivi
    "       19      echar la                   echarla al
   57        1      en el                      en l al
   58       26      no se han                  no se ha
    "       29      no los                     no lo
   61        9      _Yantiha_                  _Yankha_
   65        1      objeto                     es objeto
   80        4      pretticas                 pretritas
    "       23      en amenaza                 en actitud de amenaza
   90       25      en una                     una
  111      27       la cebada                  si la cebada
    "      28       si la reogen               se la recoge
  112      18       y recogidas                recogerlas
  139       3       que _Tiay huancu_          de _Tiay-huanacu_
  170      21       empea                     ase y sacude
  181      27       su cuolas                  sus cuotas
  186      21       y a medida                 a medida
  190      22       ponen                      creen
  192      24       en la                      de la
    "      25       maztizada                  masticada
  195       7       que est                   que estn
    "       8       que le                     que les
  200      30       rocson                     roncos
  207       5       e                          es
    "      16       he                         hecho
  212      27       es que                     en que
    "      14       rostso                     rostro
  261      21       permanezca en l y no      y no permanezca en l, y
  277      27       que son actos lanzados     que asemejan a saetas
                                                lanzadas




Mitos, Supersticiones y Supervivencias populares en Bolivia.




                              Captulo I

                         Factores primordiales

       I.--El alma de la raza.--La fe en objetos inanimados y en
       Santiago.--El _layka, chamacani, thaliri, kamili, jampiri
       y yatiri_.--La poca importancia de las mujeres en la
       hechicera.--II.--Instrumentos y manera cmo actan los
       brujos.--III.--Influencia de stos, sus artimaas para seducir
       a las multitudes.--IV.--Causas para la persistencia de las
       supersticiones.--Papel del sacerdote y confusin del fraile
       con el mito del _kharisiri_.--V.--Influencia de los sueos.


I

Las supersticiones son inherentes a la naturaleza humana; ellas son
mayores y ms dominantes segn el estado de civilizacin de cada pas.
En el nuestro se adquieren en la niez y nos acompaan hasta la tumba.
A medida que los individuos descienden en escala social y disminuye su
instruccin, van aumentando en nmero y hacindose imprescindibles en
el dominio de la vida. Tal sucede con los habitantes de escala inferior
de nuestras ciudades y pueblos de provincia, llmense blancos, mestizos
o indios, los cuales son orgnicamente supersticiosos. En el espritu
de estos diversos componentes tnicos apenas han podido tener cabida
algunas ideas religiosas o principios de ciencia mdica, que lejos
de amortiguar los impulsos naturales de su idiosincracia mediocre,
les han servido para disimularlos y encubrirlos. Continan creyendo
indios y mestizos, en la eficacia de los sortilegios y maleficios, y
en el poder de los que los hacen; veneran an las cuevas ttricas, los
cerros elevados, desiertos y desprovistos de vegetacin, los lagos,
ros, o figuras de barro toscamente trabajados, o piedras que tienen
venas atravesadas en cruz, o formando arabescos, que se aproximen a
figuras humanas, y a cuanta cosa encuentran con alguna particularidad
extraa, suponiendo, aunque confusamente, que tras de todo eso existe
una voluntad personal, que les da movimiento, les hace obrar, o se
manifiesta en ellos, o representa los desdobles de sus antepasados.
Sus antiguos mitos y leyendas siguen teniendo conturbada y esclavizada
su alma sencilla. En la mente de nio de aquellos, la religin y la
medicina, se confunden an con la brujera; el hechicero con el mdico
y el sacerdote, a quien con su segunda intencin, se complacen en
llamarlo _tata-cura_.[1]

       [1] _Tata Auqui_: Padre o Seor. _Tata_: El Hechicero.
       _Vocabulario de la Lengua Aymara_, compuesto por el P.
       Ludovico Bertonio. Publicado de nuevo por Julio Platzman.
       Parte segunda, pgina 339. El indio en este caso, le da
       acepcin de hechicero, al tratarse del cura.

Los prrocos tan ignorantes, como sus feligreses, son los que dan
pbulo a esas creencias, predicndoles, ensendoles a menudo, que
los males son obra del diablo, venganzas de la divinidad; bendiciendo
los objetos presentados por los indios y cholos, colocndolos despus
en los altares, junto a las efigies de los santos. As al lado de una
Virgen, se ve un trozo de piedra, junto a un crucifijo, un retazo de
madera.

La ignorancia de las causas que motivan los fenmenos naturales, en
prrocos y feligreses, han infludo, en forma decisiva, para que el
fetichismo y las supersticiones indgenas encuentren aceptacin y
aliento en las costumbres del pueblo, dando lugar para que el remedio a
cualquiera desgracia o enfermedad, se busque, no en la ciencia, sino
en la hechicera.

Entre los santos del catolicismo, al que deveras adora el indio y en
quin tiene plena fe, es en Santiago, porque lo confunde con el rayo;
lo toma por su imagen.

Como los antiguos griegos, crean que Jpiter lo lanzaba, suponen los
indios que Santiago es el que lo forja y enva a la tierra; por eso se
llaman _Apu-illapu_, o sea, seor-rayo.

El indio se extasa al contemplar al santo montado a caballo, con aire
marcial y saudo de fiero y apuesto capitn, cubierto la testa con
sombrero de plata, de ancha falda levantada, dejando al descubierto su
arrogante rostro; manteo encarnado, con flecos de oro sobre la espalda,
armada su diestra de flamgera espada, en actitud de descargar el arma
sobre infieles que se le han puesto atrevidos al paso, y a quienes los
hace triturar con los pesados cascos de su brioso corcel.

Tal es la fe que la gente del pueblo tiene en Santiago, que cuando
alguien ha podido salvar de la descarga elctrica del rayo, lo
conceptan como su hijo, favorecido con un bautismo de fuego, en seal
de haberlo elegido el santo para revelarle los arcanos de lo venidero,
prevenir los males, descubrir las cosas ocultas y ahuyentar por su
intermedio al espritu malo, al temible _auka_ escapado del centro
de la tierra, y la fractura o cicatriz producida por el rayo, la
considera, el que la tiene, como comprobante del papel sobrenatural
que debe desempear entre sus semejantes.

Asimismo, cuando un nio nace el momento en que estallan chispas en el
cielo, lo llaman hijo de Santiago. Tambin tienen igual condicin los
mellizos, o el hijo que la madre hubiese afirmado estar concebido para
el santo, cierto da que la sorprendi la tempestad en el campo, o la
cubri el sol con sus rayos ardientes hasta haberla dejado desmayada.

El lugar en que ha cado el rayo lo consideran como digno de respeto,
por haber sido visitado por el santo, _tatitun-purita_, como dicen, y
le llevan ofrendas y lo veneran, creyendo que aun se encuentra presente
all Santiago, y con objeto de despedirlo, se visten con sus mejores
trajes, se adornan de blanco y junto con sus mujeres, igualmente
ataviadas, al son de alegre msica, se dirigen al sitio, hacen reventar
cohetes y despus de sacrificar una llama blanca, y realizar otras
ceremonias, cual si realmente estuvieran despidiendo a una persona,
regresan bailando a sus casas. Desde entonces, el lugar es tenido por
sagrado, y le denominan, unas veces, _ajatha_, atravesado, y otras
_illapujatha_, o herido por el rayo.

El momento en que cae averiada o muerta una persona, a consecuencia
del rayo, es imposible que nadie la auxilie; todos los presentes
inmediatamente vuelven la vista y ninguno se atreve a mirarla
siquiera. Mantienen la idea de que vindola, se muere definitivamente,
porque al santo no le agrada ser sorprendido el momento en que
desciende a caballo sobre un individuo quien puede regresar en s
cuando no lo han visto.

_Laikas_ es el nombre genrico de los brujos; pero, cuando tratan de
diferenciar cierta categora de stos dan tal denominacin al que
se encarga de hechizar, de descubrir e inutilizar los maleficios y
de echar suertes en todas circunstancias de la vida. _Cchamacani_
(tenebroso) es una especie de nigromanta, que ejerce la magia,
aplicando sus poderes al dao y a lo malo, a quien se atribuye por
ello, estar en contacto con los espritus perversos, evocando a los
muertos, particularmente los manes de los ajusticiados y de los
malvados. El _Thaliri_ (que sacude) es el que la da principalmente de
adivino, y se distingue por ejecutar sus operaciones cubierto de un
poncho grueso, de burdo tejido, y de color negro, puesto en cuclillas,
con los ojos cerrados aparentando dormitar o hallarse realmente
dormido, o tal vez, en estado catalptico. Sus respuestas son en
voz dbil, queda, cual si alguien les inspiraba slaba por slaba,
palabra por palabra, hasta formular su pensamiento. Las tres clases se
titulan hijos de Santiago y reconocen entre ellos ciertas jerarquas y
preeminencias. Cuando el consultado o funcionante no puede absolver la
pregunta o la cree de suma gravedad, se declara impotente y recomienda
al cliente otro colega, segn l de conocimientos superiores a los que
tiene, y ste, si duda, lo manda al que lo supone de mayor jerarqua.
Ha llegado el caso de reconocer todos ellos a un solo brujo supremo,
que era quien salvaba, y en definitiva resolva, consultas difciles y
consideradas de mucha importancia. Los lugares en que habitan stos,
que probablemente han debido ser afamados desde tiempos inmemoriales, o
tal vez residencias conocidas de prestigiosos brujo, influyen para que
se les tenga como a tales.

Se singularizan los pertenecientes a cada una de esas categoras, slo
en los asuntos de trascendencia o ante ofertas lucrativas con aparatos
y solemnidades especiales; en la generalidad de los casos siguen
procedimientos comunes.

_Kamilis_ o _Jampiris_, llaman los pueblos del centro y sud de
la Repblica a los Gallahuayas, o a los que ejercen la medicina
y hechicera a la vez, a quienes se les conoce tambin con la
denominacin de _Yatiris_ o sabios. Este nombre lo emplean
con preferencia a los de _amaota_, _tocapu_, _chuymani_,
_achancara-chuymani_, _apincoya_, _musani_, _chuymkihtara_, que
significan lo mismo. El _Yatiri_ es siempre un hombre viejo, de
experiencia, de consejo y de venerable aspecto: es el mago indgena.

Los indios, al revs de lo que ocurre entre los blancos, consideran a
las mujeres incapaces de adivinar el porvenir, ni de descubrir los
secretos de alguna importancia referentes a los hombres. El aymara
tiene un profundo desprecio por la mujer y, en los nicos casos que la
toma en cuenta es cuando se trata de asuntos relacionados con el amor
sexual, o necesita de venenos, maleficios abortivos, o de remedios
que produzcan la esterilidad. La hechicera no se entiende sino con
esas consultas y cuando falla en sus previsiones, es objeto de los
malos tratos de su cliente. Las que se dedican, son comnmente, viejas
andrajosas, de aspecto repugnante y entregadas al vicio de la coca o
del alcohol. En hechicera, la importancia de la mujer queda muy atrs
a la que se da al varn; en competencia con ste, es siempre vencida
aquella. Santiago dicen, huye de la mujer y jams ha llegado el caso de
dotarla del don adivinatorio. Con semejante prejuicio su inferioridad
en la materia, queda ejecutoriada para el vulgo.


II

Los instrumentos que acostumbra poseer el brujo se reducen a pedazos
de soga de ahorcados, muelas o dientes de difuntos, calaveras, figuras
de ovejas hechas de diferentes cosas, cabellos de muertos, uas de
tigres, sapos vivos o disecados, cabezas de perros, plumas de pjaros,
lanas y _catos_ de diversos colores, muchas races, culebras, araas
y lechuzas domesticadas Segn es la consulta, el brujo da alguno de
esos objetos, hace actuar cualquiera de los animales domesticados.
Generalmente ejerce sus funciones de noche y de preferencia cuando
sta es lbrega, en una habitacin silenciosa y apartada de la casa.
La invitacin la hace para una hora en que no puede ser visto por
indiscretos o sorprendido en sus operaciones.

Alfombra la habitacin con lienzos negros, coloca en el centro una
mesa o un poyo de adobes, cubierto tambin de negro; pone encima un
mechero con tres luces o tres velas de sebo, encendidas por la parte
del asiento y colocadas cabizbajo. Algunas veces adorna las paredes
con lechuzas y lagartijas disecadas, cuando estos objetos no estn
siempre ocultos. El brujo espera al cliente en la puerta, le introduce
al interior apenas llega, cuidando de hablarle a media voz y poco,
prefiriendo entenderse por seas y visajes. El misterio en todo y para
todo, la mmica y el lenguaje de accin slo dominan all.

Coloca al interesado junto a la mesa, donde hay, adems de las luces,
montoncitos de coca, una botella de aguardiente y cigarros. Toma
su trago y derramando antes algunas gotas al suelo, con los ojos
entornados hacia arriba, musita ciertas palabras ininteligibles y
enigmticas. Convida al concurrente su brebaje, quien tambin derrama
algunas gotas antes de beber y ambos mascan la coca y fuman cigarros,
conversando sobre el motivo de la visita, averguale con maa lo
sucedido en todos sus detalles. En seguida le aconseja lo que debe
hacer. Abre una olla, sacando de all una lagartija adiestrada para
lamer la mano de su dueo, o un sapo que croa al salir, o una araa
en cuyas patas se fija, o hace graznar la lechuza, en una forma que
responda a sus intenciones. En vista de lo que han hecho estos animales
le dice que ha acertado en sus consejos. Si es _cchamacani_, invoca la
presencia del diablo y despus de haberse agachado hasta pegarse al
suelo, le dice que traiga un ratn vivo o gato y cuando tiene presente
al animal, le atraviesa en los pies con espinas para tullir a su
enemigo, o le punza en los ojos para cegarlo, o le traspasa la cabeza
para que se vuelva loco o demente. Otras veces le pide la orina de su
enemigo, o el agua en la que se haya o hayan lavado su ropa, o algn
objeto suyo, con ella hace su sortilegio y lo devuelve para que la
vierta a su puerta. Tanto _laikas_ como _cchamacanis_, emplean tambin
con el mismo objeto, coca mascada, granos de maz y distintas yerbas,
o matan un cobaya, y en sus vsceras tratan de sorprender el secreto
buscado, consultando los manes de los muertos. Los _thaliris_ examinan
las irradiaciones de los astros, las oscilaciones de las llamas en
las velas o mecheros, el vuelo de las aves, fuera de que algunos son
magnetizadores, fascinadores y an ventrlocuos.

El brujo representa con mayor solemnidad la escena en que se propone
hacer venir y actuar a Santiago en persona. Cita al cliente para la
media noche y apenas lo tiene en su poder, le hace fumar cigarros,
le da de beber aguardiente, le cuenta cosas pertinentes al hecho que
motiva su visita, y, poco a poco, va sugestionndolo, va imponindose
en su voluntad y apoderndose de su nimo, hasta que, cuando cree
haber legrado su objeto y de que ha llegado el momento oportuno de
obrar, le manda repentinamente con tono imperioso, que apague las luces
y que no resuelle siquiera. Ese instante asume el brujo un aspecto
imponente, con los ojos que le salen de las rbitas, el cuerpo que le
tiembla, y todo su ser que se estremece, cual si estuviera posedo por
un espritu diablico. En medio del silencio profundo y la soledad
que tiene algo de aterradora, siente de improviso en el recinto, un
ruido metlico, que el asistente, sugestionado como se encuentra,
cree ser producido por las ureas espuelas y jaeces del bridn del
santo que llega; no dndose cuenta que el ruido es causado por la
diestra mano del actuante que agita unos cascabeles acondicionados
en hilos invisibles. Aprovechando de la credulidad ciega y absoluta
que domina al sujeto hace, figurar a Santiago, saludndole en mal
castellano, y dirigindole palabras incoherentes en su lengua, con voz
cavernosa y tono impositivo. Ese efecto consigue el brujo acomodndose
a la boca un instrumento de cuerno, hecho a propsito para producir
sonidos extraos; y antes que su cliente se reponga, volviendo a
su voz natural, le invita respetuoso, para que haga sus preguntas
directamente al mismo Santiago. El que ha perdido sus corderos, le
interroga:

_Seor, bendito seor, perdname si te importuno: he perdido mis
ovejas, ladrones desalmados me las han robado; en vano las he buscado,
parecern? Dmelo, santo adorado; dmelo protector de hurfanos y
defensor de desgraciados, con toda mi alma en t puesta te lo pido_. Y
solloza el infeliz. El hechicero, fingiendo la voz contesta: _Bscalas
con ms inters y las encontrars, o tu vecino se las ha devorado; o
estn lejos y es imposible que puedas recogerlas._

Si la pregunta se refiere al robo de semovientes mayores, como mulas,
burros, bueyes o llamas la respuesta suele ser: _Busca, rastrea un
poco ms y los ladrones sern sorprendidos porque no estn muy lejos
de t; o ya no los hallars porque han sido vendidos y conducidos a
tierras lejanas, o devorados, si se trata de bueyes o llamas_.

Otras veces se interroga: _Hace un ao que mi mujer se encuentra
tullida, postrada en cama, y me dicen las gentes que est embrujada,
con qu podr curarla? Hay o no remedio a su mal?_ Contesta: _Hay
remedio; investiga el paradero del hechizo, que es un sapo, lagartija o
gato, que tiene los pies atravesados con espinas. Aprate en buscarlo,
sino tu mujer morir_.

De antemano, para este caso, el brujo tiene dispuesto el animal.
Despus de pasada la consulta, recibidos nuevos obsequios y otra
cantidad de dinero, descubre el objeto del hechizo y le arranca las
espinas.

Por el estilo, suelen ser las preguntas innumerables y diversas, y
las respuestas vagas, evasivas, ingeniosas o eficaces, segn las
condiciones econmicas del cliente y el conocimiento que el brujo puede
tener sobre las cosas consultadas.

Terminado el acto y antes de encender las luces hace retirarse al
santo, repitiendo el mismo ruido que al presentarlo. En la crdula
mente del indio que vino en su busca, queda la persuacin de que se ha
entrevistado con el mismo santo, por descorazonado que est, y el hijo
de Santiago bien pagado por su embuste hbilmente ejecutado.

La hechicera mestiza, al absolver las consultas que tambin la hacen,
suele combinar los procedimientos indgenas con algunas prcticas
religiosas. Por lo comn, masca primero coca, dedicada la masticacin
al hombre que debe ser embrujado; despus reza a las nimas del
purgatorio, o invoca a las condenadas en el infierno. Hace un mueco
o pinta una estampa con dos caras, una de mujer otra de hombre, le
enciende tres velas, y les reza tres padre-nuestros y tres ave-maras
a las almas solicitadas, y envuelve la estampa con un hilo que tiene
tres nudos y en seguida conjura a las nimas, diciendo: yo os conjuro
por el da en que nacsteis, por el bautismo que recibsteis, por la
primera misa que osteis, que hagis que fulana o fulano ame y sea
esclavo o esclava de la pasin de sutano o sutana. Con lo que se cree
tener buen resultado.


III

El cholo y el indio se encuentran tan dominados por la idea de los
sortilegios y maleficios, que todo lo que no pueden explicar o es para
ellos misterioso, extraordinario, o sobrenatural, lo tienen por obra de
brujos.

Cuando el indio al navegar en frgil barquilla de totora, ocupado en la
pesca, es sorprendido por recios vientos o tempestades, que le producen
alguna desgracia, supone que es vctima del hechizo de algn enemigo
suyo, que se ha valido de los elementos para causarle perjuicio; y
cualquier dao que recibe, lo atribuye siempre a malificios, y para
evitar sus fatales consecuencias, a tiempo, busca otros brujos, que los
tiene por superiores a los que han daado y cree que por este medio,
destruir, o por lo menos, neutralizar los efectos de aquellos. En la
lucha, que para salvarlo, sostendrn los brujos, tiene seguridad, que
el suyo saldr vencedor; y si este realmente ha logrado evitar el mal
o curarlo de una enfermedad, su prestigio toma grandes proporciones.
Entonces llega a adquirir el favorecido por la suerte nuevos clientes,
el que lo traten con miedo y con respeto, le consulten en los trances
difciles de la vida, y que nadie pueda pasar en su comarca sin acudir
a l.

El favorito de la suerte, se convierte en dolo de la multitud. Todos
le colman de atenciones y le hacen obsequios. El indio que necesita de
l, le entrega gratis el cordero ms gordo de su majada, los productos
escogidos de su cosecha, y, cuando aqul le exige pernoctar en compaa
de la hija de ste, joven y bien parecida, consiente en ello sin
escrpulos ni vacilaciones.

Estos indios ladinos, insignes rebuscadores de vidas agenas y de
misterios recnditos, que desempean, a maravilla, su lucrativo y
dichoso papel de hechiceros, son fecundos en recursos para salir
airosos del paso. Cierta ocasin fu capturado en una Polica de
provincia un clebre brujo y en vista de las fechoras que haba hecho
y disturbios que haba provocado entre los indios, orden la autoridad
que, en castigo de sus faltas, se le flajelase. Sufri la dura pena
impasible y cuando volvi a su casa, lejos de manifestar algn
escarmiento, explicaba ufano a los indios que haban ido a expresarle
su pesar por lo ocurrido, de que nada haba sufrido, porque el momento
en que lo tendieron al suelo vino en su auxilio Santiago, en forma
invisible para los que presenciaban o deban ejecutar la pena, y le
cubri con su manto, impidiendo que los azotes rozaran siquiera la
parte desnuda de su cuerpo...! Y sigui ejerciendo su oficio vedado,
con ms nimo y xito que antes.

El miedo que inspira a los indios el brujo es tan grande, que cuando se
embriaga o se descuida en guardar algn objeto suyo, nadie se atreve a
tocarlo o robarle. Slo cuando abusa de su poder y se hace peligroso
e insoportable en la comarca, sus moradores se reunen sigilosamente y
acuerdan matarlo, sin darle tiempo para nada, como lo hacen en efecto,
sorprendindole en su morada y quemndolo vivo. En seguida entierran
sus huesos o sus cenizas en un pozo profundo, a fin de que no quede
huella de l.

El indio tiene la preocupacin de que cuando no se le da ese gnero
de muerte, su alma sigue causando daos a sus victimadores. Con la
incineracin de su cuerpo creen que tambin su alma ha sido reducida a
la nada.

El indio da virtud de remedio eficaz contra los hechizos a la sangre y
orina del brujo. Con ese objeto suele romperle la cabeza y dar de beber
la sangre que brota de la herida al hechizado o la orina de aqul. El
brujo, a su vez, cuida mucho que tal cosa no ocurra, por temor de que
el maleficio se torne contra l.

Alguna vez, cuando no suena muy bien su ttulo de hijo de Santiago,
lo cambia con el hijo de la Madre de Dios, o sea _Mamitan-huahuapa_,
suponiendo con esta alteracin poseer mayores facultades que bajo aquel
nombre.


IV

La persistencia de las supersticiones en el alma popular se debe,
adems de las circunstancias ya anotadas, a la influencia de los
espaoles, que aportaron las suyas a Amrica en la conquista y durante
el perodo colonial, quienes eran tan llenos de preocupaciones como
los indios. Si bien los misioneros, destruan los dolos y adoratorios
de estos, era para reemplazarlos con los que ellos acataban. Las
censuras eclesisticas tendan a extirpar las prcticas antiguas,
para sustituirlas ms fcilmente con las religiosas profesadas por
el catolicismo, que trataban de implantar en el pas, pero como no
lograron su objeto por completo, las supersticiones indgenas llegaron
a mezclarse y confundirse con las de los espaoles, sin poderse
distinguir, en muchas de ellas, su origen, ni su esfera de accin
exclusiva. Raro o casi imposible es hallar una persona que se encuentre
en lo absoluto libre de supersticiones. Las provenientes de los
naturales y las tradas por los conquistadores, han venido a converger,
por todos los lados, sobre el espritu de nuestra raza, que obra muchas
veces al impulso de aquellas, aun sin darse cuenta de ello. Cuando el
indio o mestizo practica por primera vez alguna supersticin nueva, ya
no la olvida. Esta se grava en su espritu y le domina, convirtindose
en una segunda naturaleza, de la que ya no puede prescindir. Son
fciles para adquirir supersticiones, y difciles para sacudirse de
ellas.

Los sacerdotes catlicos, enseando a la par de los brujos, que se
pueden contrariar los fenmenos y leyes naturales con rezos o hechizos,
hacen igual propaganda. La diferencia est, en que el brujo llama
en su auxilio a Santiago, cuando no al Diablo, y los sacerdotes a
sus divinidades y santos. Ambos lo que persiguen es que se tenga ms
confianza, en lo imprevisto, en lo sobrenatural, en lo maravilloso
antes que en el esfuerzo propio o en el concurso de la ciencia. Por
tales antecedentes, blancos, mestizos e indios, se han vuelto tan
crdulos y supersticiosos dentro del culto catlico, que cuando no son
entretenidos por artes diablicas, se entregan con frenes a celebrar
fiestas religiosas, abrigando la profunda conviccin de que con
cualesquiera de estos procedimientos lograrn obtener lo que desean.

La multiplicacin de fiestas religiosas, la profusin con que se erigen
templos y capillas, la excesiva sed alcohlica de las clases populares
y de las que no son, mantienen y hacen ms firmes las supersticiones.
En los santuarios de los pueblos de provincia, es comn el encontrar
al lado de una efigie catlica, objetos de hechicera, y el da de la
conmemoracin del santo, merecen tambin estos ltimos la bendicin
del clrigo que celebra la misa.

El indio por todos esos motivos, considera de la misma clase y con
iguales pretenciones, al sacerdote y al brujo de su estancia; al
menos al fraile lo tiene como a un nigromanta peligroso. Le llama
_kharisiri_, es decir degollador, y cuenta de l, que desde mediados
de julio hasta mediados de agosto de cada ao, sale de su convento y
recorre las estancias y rancheras del campo, en busca de grasa humana
para confeccionar la crisma de los bautismos, seguido a la distancia
de un lego que lleva los cajoncitos de lata en que aquella especie
ser depositada. Cree que el fraile, apenas encuentra un ser humano,
lo halaga y le da un narctico con el que le adormece, y cuando est
inerte, le hace una incisin en la barriga, hacia el lado derecho,
por donde le extrae toda la grasa que contiene su cuerpo y se retira
despus de curarlo y conseguir que de la herida no quede ms huella
que un ligero cardenal. La vctima al despertar de su letargo y volver
en s no encuentra al funesto fraile pero siente un fuerte dolor en el
vientre que le anuncia que algo ha ocurrido con l y agobiado por este
presentimiento, comienzan sus fuerzas a decaer rpidas y consumirse su
cuerpo, hasta que muere a los pocos das del hecho.

Al principio de la conquista espaola llamaban _Kharisiri_ al verdugo
que degollaba a los ajusticiados, y crean que despus de consumado
el hecho andaba en las noches vestido del hbito despojado al difunto
y an lleno de tierra y sangre, cubierta la cabeza de un capuchn,
que slo dejaba descubierto su rostro plido como la muerte y sombro
como la noche, llevando en la mano una campanilla, cuyo lgubre sonido
se escuchaba de rato en rato. Decan de l que se alimentaba de carne
humana, prefiriendo devorar la de los nios que encontraba a su paso.

Poco a poco y a medida que las ejecuciones en esa forma disminuyeron,
la imaginacin de los indios fu confundiendo al verdugo con el
fraile que acompaaba al condenado a la pena de muerte, hasta que el
primero se borr de su memoria y slo el ltimo qued con el mote de
_Kharisiri_, terminando por tenerle miedo, a causa de considerarlo
ladrn de grasa humana.

Probable es que la circunstancia de ver traginar con alguna frecuencia
a los frailes solos y por caminos silenciosos y desiertos, haya dado
tambin lugar a la formacin de esta leyenda con todos sus lgubres
contornos, o tal vez coincida, y esto es lo ms seguro, con algn mito
propio que tuvieron antes de la conquista, y al cual, por su semejanza,
han sustitudo con el fraile, dndole la terrible denominacin de
_Kharisiri_.[2]

       [2] Parece en efecto, que esta leyenda, no es sino una
       reproduccin o mejor dicho una continuacin desnaturalizada
       del mito _runap mickjuyj_ de los kechuas, del que dice el
       Obispo Villagmez. En varios Ayllos o tribus hay maestros
       a los que ahora dan nuestro nombre de Capitn y de las
       cuales cada uno tena sus propios alumnos y soldados a los que
       anunciaba y sealaba una noche cualquiera a su antojo dara
       que se reunieran en un sitio dado [porque estas reuniones se
       celebraban de noche]. En seguida, el maestro acompaado de
       uno o dos de sus discpulos, se acerca en esa noche sealada
       a una casa que ya tiene determinada de antemano y dejando a
       los discpulos en la puerta, entra el slo y desparrama en
       el suelo un polvo de huesos de muerto y de otros que no s,
       preparado de antemano para el objeto, pronunciando a la vez
       palabras cabalsticas, y de esta manera adormece a todos los
       que se hallan en la casa al extremo de que los hombres y los
       animales ni se mueven ni los sienten. Y entonces se acerca a
       la persona que quiere matar, le hace una pequea herida en la
       ua, en una parte cualquiera del cuerpo y en cuanto sale un
       poco de sangre se pone a chuparla cuanto puede. Por esto a
       estos brujos les llaman tambin chupadores de sangre. Una vez
       que han chupado la sangre se echan un poco en el hueco de la
       mano o en una vasija y la dan a probar a otros, volviendo al
       lugar de la reunin y ellos dicen que multiplica el demonio
       aquella sangre o se la convierte en carne (yo creo que las
       mezclan con otras carnes) y la cocinan en la reunin y se la
       comen; y sucede, en efecto, que la persona a quien se le ha
       chupado esa sangre se muera a los dos o tres das.

       Contina el autor: Cuando tienen esas juntas dicen
       generalmente: esta noche nos vamos a comer el alma de tal o
       cual persona. Habiendo preguntado a una persona que haba
       comido varias veces esa carne o que saba, contest con un
       gesto de asco, que era muy mala y de mal gusto, parecindose
       a la carne seca de vaca.--Villagmez.--_Carta pastoral de
       Exortacin e Instruccin contra las idolatras de los indios
       del Arzobispado de Lima, 1641._--Pgina 42.

Cuando el indio no ha visto ni se ha encontrado con este personaje de
lgubre fama y siente, sin embargo, dolor al vientre y se presenta en
la parte exterior la terrible mancha roja, cree el vampiro que se hizo
invisible para mejor y ms cmodamente extraerle la grasa, y el infeliz
dominado por tal idea desconfa de los remedios y muere por consuncin.

El fraile tambin simboliza para el indio al autor de la caresta
y hambre en los ranchos, porque supone que en las grandes alforjas
que lleva consigo, con el poder de la nigromancia que profesa recoge
cuantos vveres encuentra dejando al pobre indio que muera, por falta
de ellos, con la barriga pegada al espinazo.


V

Los sueos tienen influencia decisiva en las determinaciones de las
clases populares, las cuales creen que segn son aquellos les suceder
algo en la vida real, y con este motivo les dan interpretaciones varias.

Soarse con llamas u ovejas es para que se frustre algn negocio que se
proyecta.

Con cndor, es para que se tenga xito en lo que se propone.

Soarse con cadver es para tener dinero.

Cocinando es para que alguien muera.

Cuando alguna mujer embarazada se suea con vboras, es para tener hijo
varn; con sapos, para tener mujer; con cndor, para que el hijo que
nazca sea un gran hombre.

Recibir en sueos dinero en el templo, es para tener aviso de la muerte
de un pariente o amigo.

Arrancarse un diente, es para recibir dinero, o que se le muera un
pariente prximo.

Incendiarse en sueos la casa en que se vive, es para romper con la
persona que nos protege.

Poseer a una mujer en sueos, es para no lograrla nunca en la realidad.

Soarse con un negro o negra es para enfermarse.

Con perros que nos han mordido, para que nos roben.

Con una vbora ponzoosa que nos ha picado, para que nos envenenen.

Con fuegos, para tener penas.

Con un nio gordo, para recibir dinero.

Con conejos, para ser embrujado.

Se suea con una persona, cuando sta piensa mucho en la que la suea.

Ser arrastrado en sueos por una corriente de agua turbia es para que
muera el que ha soado.

Igual cosa le ocurrir si ha sido embarrancado por una bestia.

Por lo general, la carne en sueos denota muerte, el escremento
deshonra y los animales con astas infidelidad de la esposa, o concubina
que se tiene; y as, las interpretaciones son infinitas. Cada individuo
cuando suea con determinada persona cree que le ir bien o mal segn
el concepto que se ha formado de ella, a la que la considera su sombra
benfica o fatal. Al siguiente da de un mal sueo, quien lo ha tenido
se encuentra inquieto, temeroso y esperando momento a momento le ocurra
alguna desgracia; al contrario si fu bueno, est contento y feliz.

Semejante proceder de las clases sociales no es excepcional ni
extrao. Las supersticiones y tradiciones se trasmiten de generacin
en generacin: ellas se heredan, forman el patrimonio que recibimos
de los antepasados; se modifican, varan y an mejoran, pero no se
extinguen; son persistentes porque en la especie humana la memoria no
se borra y su existencia y desenvolvimiento se encuentra fuertemente
eslabonada al travs de las edades. Para que ellas desapareciesen,
sera necesario que en la vida de la humanidad se produjese, una
solucin de continuidad y como esto es imposible, las ideas y
sentimientos ancestrales forzosamente tienen que predominar en los
actos inconscientes. Se envanece nuestro siglo de haber dado muerte a
las supersticiones con los progresos de la ciencia, cuando nutre en sus
pechos la mayor parte de ellas y ostenta y da vida precisamente a la
supersticin de no querer ser supersticioso.




                              Captulo II

                                 Mitos

       I.--Huirakhocha y su actuacin mstica.--II.--Achachilas,
       huacas y konopas.--III.--El Huari y su
       leyenda.--IV.--Pacha-Mama y su culto actual.--V.--El Ekeko
       y su historia.--VI.--Thunnupa, Makuri y la Cruz.--VII.--El
       Huasa-Mallcu, su dominio y el homenaje que se le rinde; _la
       kuilara y el sarniri_.--VIII.--El concepto que se tiene
       del Supaya.--IX.--El Anchanchu.--X.--La Mekala.--XI.--El
       Katekate y sus derivaciones--XII.--Los Japiuus.--XIII.--El
       Takca-takca.--XIV.--El culto a la piedra--XV.--Ideas respecto
       del Cuurmi.


I

En la cspide de la mitologa de los kollas se encuentra el dios
Huirakhocha, a quien se le tiene por el hacedor de la luz, de la
tierra y de los hombres. Diversas interpretaciones se han dado a la
etimologa de ese nombre: unos creen que proviene de las palabras
kechuas _vira_, grasa y _khocha_, mar, o sea grasa del mar. Esta
interpretacin extravagante, no se confirma con el origen de la
divinidad, que es kolla, y, por consiguiente, que debe buscarse su
significado en la lengua de esta nacin. Adems, conviene no olvidar
que el nombre primitivo, como ha ocurrido con el desenvolvimiento de
las palabras en todos los idiomas, ha debido sufrir serias alteraciones
con el transcurso del tiempo y el roce con pueblos de distinta ndole
y lenguaje, hasta llegar a tener la estructura y fontica, que
actualmente conserva.

_Uira_, segn Bertonio, es el suelo[3]. Esta acepcin es la principal.
_Khocha_, parece una alteracin de _jucha_, pecado, negocio, pleito,
segn el mismo autor. Palabra que comprenda tambin al que haca
o ejecutaba alguna cosa: al hacedor por excelencia. De suerte
que _Uira-jjocha_, convertido hoy en _Huira-Khocha_, por haberse
kuichuizado la frase, podra decir _hacedor del suelo_, con ms
propiedad: _hacedor de la tierra_.

       [3] _Vocabulario Aymara._--Edicin Platzman.--Segunda
       parte.--Pgina 388.

Tambin pudo haber provenido de las palabras aymaras, _juira_,
producto y _kota_ lago, alterada despus en _khocha_ por los quechuas.
_Khocha_ y _kkasahui_ son, en el lenguaje kolla, denominaciones del
aluvin. Tal vez, nombre tan discutido, se ha formado de las palabras
aymaras: _uru_, da, _jake_ gente, _jjocha_ hacedor, o sea, _hacedor
del da y de las gentes_; convertidas por disimilaciones, mettisis
y apentsis continuados, en _Huairakhocha_. Los nombres tienen su
formacin definitiva a travs de siglos: son como las piedras, de los
ros, que para perder sus extremidades y asperezas, y ponerse lucias
y redondeadas, tienen las corrientes que arrastrarlas por enormes
distancias.

Segn la tradicin generalizada y aceptada comnmente por los indios,
con ligeros variantes, Huirakhocha surgi del Lago Titicaca, hizo el
cielo y la tierra, cre a los hombres y dndoles un seor que deba
gobernarlos regres al lago. Pero como las gentes no haban cumplido
los mandamientos que les impuso, volvi a salir del seno de las aguas
del Titicaca, acompaado de otros hombres, y se dirigi a Tiahuanacu,
en donde encolerizado por la desobediencia, redujo a piedras a los
culpables, que hasta entonces haban vivido en la oscuridad; mand
que luego saliesen el sol, luna y estrellas y se fuesen al cielo para
dar luz al mundo y as fu hecho, y dicen que cre la luna con ms
claridad que el sol, y por eso el sol envidioso al tiempo que iban a
subir al cielo, le di con un puado de ceniza en la cara y que de
all qued oscurecida de la color que ahora parece[4]. Cre en seguida
numerosas gentes y naciones, hacindolas de barro, pintando los trajes
que cada uno deba tener, y los que haban de traer, cabellos con
cabellos y los que cortado cort el cabello, y que concludo a cada
nacin di la lengua que deba hablar, los cantos que haba de cantar
y las simientes y comidas que haban de sembrar. Y acabado de pintar y
hacerlas dichas naciones y bultos de barro, di ser y nimo a cada uno
por s, as a los hombres como a las mujeres, y les mand se sumiesen
debajo de tierra, cada nacin por s; y que de all cada nacin fuese
a salir a las partes y lugares que l les mandase; y as dicen que los
unos salieron de las cuevas, los otros de cerros y otros desatinos de
esta manera, y que por haber salido y empezado a multiplicar de estos
lugares, en memoria del primero de su linaje que de all procedi, y
as cada nacin se viste y trae el traje con que a su guaca vestan.
Y dicen que el primero que de aquel lugar naci, y all se volvi a
convertir en piedras; y otros en halcones y cndores y otros animales
y aves; y as son de diferentes figuras los guacas que adoran y que
usan.[5]

       [4] _Historia Indica_ de Sarmiento de Gamboa.--Cita tomada de
       la _Coleccin de libros y documentos referentes a la Historia
       del Per_, por Horacio H. Urteaga y Carlos A. Romero.--Tomo
       I.--Pgina 7.

       [5] _Relacin de las fbulas y ritos de los Incas_, por
       Cristbal de Molina, etc.--De la coleccin citada.--Tomo
       1.--Pgina 6.

En esta tradicin se encuentra el origen de los _achachilas_ y
adoracin a las piedras, que aun persiste en las creencias de los
indios.

Despus orden Huirakhocha a sus compaeros que fuese cada cual a
lugares determinados, de donde aquellas gentes deban de salir y
les mandasen para que saliesen. As fu que a la palabra de los
comisionados fueron surgiendo de las cuevas, ros, lagunas y cerros
los llamados, poblando los sitios que se les sealaban. Mand tambin
Huirakhocha, a los dos ltimos compaeros que haban quedado con l
en Tiahuanacu, que el uno marchase hacia la parte de Condesuyo y el
otro a la de Andesuyo, y dieran voces a las gentes que deban salir
de esas regiones. En seguida l, en persona, se dirigi hacia el
Kusco, llamando por el camino a los indios que vivan en cuevas y
sierras. Cerca a Cacha, sus moradores salieron armados y desconociendo
a Huirakhocha, trataron de matarlo, lo que di lugar a que hiciera
descender fuego del cielo, el que iba quemando y azolando los sitios
ocupados por los indios rebeldes. Visto lo cual por estos, arrojaron
amedrentados las armas y postrndose a los pies de Huirakhocha, le
imploraron perdn por su atrevimiento. Vindolos ste humillados y
arrepentidos, tom una vara y encaminndose hacia el fuego, con dos y
tres golpes que le di, hizo que se apagase. Los indios en seal de
reconocimiento le erigieron all un famoso templo, donde colocaron su
estatua labrada de piedra y le ofrecan en ofrenda mucho oro y plata.

Sigui su camino Huirakhocha, y en el Tambo de Urcus se subi a una
altura y de all llam a los indios que deban poblar aquella tierra.
En esta cumbre y altura hicieron los indios otra muy rica huaca, donde
sobre un escao de oro colocaron la imagen de Huirakhocha. De ah se
dirigi al Kusco, donde cre un seor que gobernase a las gentes del
lugar, nombrado Alcahuisa. De all se fu hasta Puerto Viejo, donde
juntndose con los suyos, que haban ido a esperarlo, se meti con
ellos mar adentro, caminando sobre las aguas, como si estuvieran sobre
la tierra y desapareci de la vista de los que lo contemplaron irse.

Tal es la relacin que hicieron los indios a los cronistas de su
divinidad suprema. Por eso cuando vieron por primera vez surgir a los
espaoles de la mar, creyeron que regresaban a la tierra Huirakhocha
y sus compaeros y los recibieron con veneracin, dndoles el nombre
de su dios, nunca supieron, que estos les trajeran la esclavitud y
la muerte, en vez de la vida y bienestar que el anterior les haba
prodigado.

Este dios tan popular y venerado en la antigedad va desapareciendo de
la imaginacin de los indios actuales; pocos son los que al presente
lo mencionan. Los ms lo confunden con Jesucristo o el Padre Eterno
y, por ltimo, otros terminan por decir que no se acuerdan de l:
que Huirakhocha es el blanco, que pudo ms que aqul, destruyendo
sus efigies y reduciendo a sus hijos a la ms dura servidumbre. El
Huirakhocha, pero terrible y desalmado huirakhocha, es para el indio,
el blanco o el mestizo que ocupa su rango.

Los templos principales dedicados a esta clebre divinidad estaban
situados en la isla o _Huatta_ del Titicaca, sobre cuyas runas
edificaron despus los kechuas su templo al Sol; otro, el ms
famoso, en Tiahuanacu y otro en Cacha. Estos fueron los ms clebres
adoratarios de la antigedad y de los que al presente no quedan sino
runas.


II

Mayor vitalidad ha tenido en la mitologa indgena y sigue teniendo an
la creencia en los _Achachilas_, o sea la de considerar a las montaas,
cerros, cuevas, ros y peas como puntos de donde se originaron los
antecesores de cada pueblo, y que por este motivo nunca descuidan
aquellos de velar por el bien de su prole.

Entre los _Ackachilas_, a unos los tienen como a principales troncos
de grandes pueblos, tales eran el lago Titicaca, el Illampu, el
Illimani, el Caca-hake o Huayna-Potos y el Potos; otros eran de menor
importancia y cepa de tribus insignificantes. El Achachila de los
urus, decan que era el fango, de donde estos haban brotado y que por
eso eran despreciables, de poco entendimiento, speros y zahereos;
que vivan en balsas de _totora_, contemplando constantemente desde
la superficie de las aguas a su progenitor, el limo del lago.[6] Los
_lupi-hakes_ o lupakas, los _umasuyus_ y _pacajjas_, se suponan de
prosapia superior, nacidos de los amores del Illampu con el lago
Titicaca. Al Potos se le tena como antecesor de los _chayantas_, y
al Tata-Sabaya, los _kara-cankas_ o carangas. El Sajama, y el Tunari,
el ro Cachimayu, el Pilcomayo, etc. etc., se les consideraba como
Achachilas de los pueblos prximos a esas montaas o ros.

       [6] A los uros les llaman tambin _chancumankkeris_,
       (comedores de ciertas plantas acuticas de los gneros
       _Myriophyllum, Potomogeton, Clanophora, Elodea y Chara_). La
       tradicin cuenta de ellos que fueron trasladados, en tiempos
       remotos, en calidad de esclavos de las costas del Pacfico,
       por el gran conquistador kolla Tacuilla, y distribuidos en
       las riberas de los lagos del altiplano, donde se les dedic
       exclusivamente a la pesca. De aqu proviene que se nombre
       _chancus_, a los que aun quedan por aquellas regiones.

Sin perjuicio de adorar el indio a su propio Achachila, cuando,
al trasmontar una altura o doblar una ladera, ve por primera vez
cualquiera de esas montaas, cerros o ros, inmediatamente se pone
de rodillas, se destoca el sombrero y se encomienda a ese Achachila,
aunque no sea el suyo y en seal de reverencia, le ofrenda con la coca
mascada que tiene en la boca, arrojndola al suelo, y dirigindose a
aqul.

Cuando en 1898, Sir Martn Conway, trat de realizar su ascensin al
Illampu, los indios quisieron sublevarse y atacarlo, porque teman que
el extranjero profanase a su deidad y esta les enviar castigos, por lo
que Conway slo pudo efectuar a medias su intento, y en ausencia de los
indios.

Denominaban _Huacas_ a las deidades particulares adoradas por un ayllu
o pueblo, comnmente formadas de piedra, algunas sin figura ninguna.
Otras, dice el P. Oliva: tienen diversas figuras de hombres, o mujeres
de otras huacas; otras tienen figuras de animales y todas tienen sus
nombres particulares, con que las invocan y est tan establecida
esta adoracin, que no hay muchacho en algunos pueblos o en algunas
provincias, que en sabiendo hablar no sepa el nombre de la huaca de su
ayllu, por cuanto cada parcialidad tiene su huaca principal y otras
menos principales, y de ellas suelen tomar el nombre de aquel ayllu;
algunas de estas las tienen como a guardas y patrones de sus pueblos,
porque sobre el nombre propio, llaman Marca-aparac o Marcachara.[7]

       [7] Historia del Per y varones insignes, etc., pag. 133.

Las _Konopas y Khanapas_[8], como pronunciaban los Kollas, eran
dioses tutelares destinados a proteger las familias. Los fabricaban
indistintamente de metal, de barro o de piedra, o solamente era alguna
piedra preciosa u objeto raro. Tenan las ms el aspecto de figuritas
cuyos brazos y manos formaban sobre el pecho un ngulo recto, segn la
geometra mstica y sacerdotal. Algunas eran de forma flica, otras
representaban pescados. El cronista citado dice: Herdanse estas
Konopas de padres a hijos y estn siempre en el mayorazgo de la casa
como vnculo principal de ella a cuyo cargo est guardar los vestidos
de las Huacas que nunca entran en divisin entre los hermanos, porque
son cosas dedicadas al culto. Entre estos Konopas solan tener algunas
piedras vezares que los indios llamaban _quicu_ y el P. Pablo Joseph
certifica en su tratado que en algunas de las misiones que hizo se
hallaron no pocas de ellas manchadas con la sangre de los sacrificios
que les haban hecho.[9]

       [8] Esta palabra quiere decir: su luz de l o su
       demostracin de l. Se compone de dos voces, _khana_, que
       significa--claridad, luz, da y tambin verdad y demostracin
       de ella. La otra es la partcula _pa_, que es un sub-fijo
       positivo de la lengua aymara que significa suyo, suya, su.
       De manera que khanapa es la luz de l o su demostracin. De
       quin? Del fenmeno producido o de su autor; del hecho moral o
       material que simboliza la figura representante y del cual es
       su demostracin.

       De este modo el pueblo aymara ha logrado trasmitir la memoria
       de los hechos de una manera constante y eterna, si se quiere,
       porque ese modo de ser social del Kolla hace parte integrante
       de sus propios hbitos y costumbres.

       [9] Historia del Per citada, pag. 135.

_Konopas_ an conservan las familias indgenas en sus casas con mucha
veneracin.


III

_Huari_, llamaban los antiguos kollas a un cuadrpedo semejante a la
llama, probablemente el _Macrauchenia_ ya extinguido, y lo tenan por
su dios totmico, representante del vigor y de la fuerza de la raza. Le
erigieron templos en diversas partes y su imagen esculpida en piedra
era objeto de culto muy solemne.

Al Huari lo consideraban como coetneo del dios Huirakhocha, viviendo
en la poca en que las divinidades habitaban la tierra junto con los
primeros hombres, a quienes se les llamaba _huari-hakes_ gentes del
_huari_, o sea descendientes de ste.

Los adoratorios del Huari se conocan con la denominacin de
_Huari-uillcas_ y dos hubieron muy celebrados; una en la ribera del
lago Titicaca, en el lugar que hoy ocupa el pueblo de Huarina y otro
cerca al lago Poop, donde despus se fund el pueblo Real de Huari.
Las huacas que en ambos parajes existan, como en otros muchos sitios
del altiplano, fueron destrudas por los misioneros quedando como
recuerdo nicamente el nombre de la divinidad aplicado al lugar.

Se ha dado en confundir el _huari_ con la _huikcua_, la que es
distinta de aquel. La huikcua se la ha conocido siempre con este
nombre y, adems, con los de _sayrakha_ y _saalla_. El de huari parece
que se le di posteriormente.

Tambin acostumbran llamarlo _Huari-uillca_, sin tener en cuenta
que la palabra _uillca_ tiene distintas acepciones. Antiguamente
llamaban _uillca_ al sol y a los adoratorios que se le dedicaban, o se
dedicaban a otros dolos como el huari. Despus se denomin _uillca_ al
sacerdote. En este sentido se expresa el annimo autor de la _Relacin
de las costumbres de los naturales del Per_, denominando _uillcas_ y
_yanauillcas_ a los prelados y sacerdotes[10]. Existe adems una yerba
dedicada al sol que se llama _uillca_. Los brujos la emplean como
purgante, con objeto despus del efecto, de que la persona o que ha
sufrido algn robo se duerma y en sueos descubra al ladrn, o este
se presente por su propia voluntad, durante ese acto, a restituir lo
robado. Dicen los naturales que este dn di a la yerba el sol.

       [10] _Tres relaciones de antigedades peruanas_, publicadas
       por Marcos Jimnez de la Espada. Pag. 103.


IV

El mito de _Pacha-Mama_, por los vestigios que aun quedan, debi
referirse primitivamente al tiempo, tal vez vinculado en alguna forma
con la tierra; al tiempo que cura los mayores dolores, como extingue
las alegras ms intensas; al tiempo que distribuye las estaciones,
fecundiza la tierra, su compaera; da y absorve la vida de los seres
en el universo. _Pacha_ significa originariamente _tiempo_ en lenguaje
kolla; slo con el transcurso de los aos y adulteraciones de la lengua
y predominio de otras razas, ha podido confundirse con la _tierra_ y
hacerse que a sta y no aqul se rinda preferente culto. El Saturno
indgena no lleg, pues, a conservarse como personalidad independiente
en la imaginacin de sus proslitos; al identificarse con la Dmater
india, desapareci de la mitologa aborigen.

Los indios antes de su contacto con los espaoles llamaban en el
_Kolla-suyu_, _Pacha Achachi_ a esta deidad; despus se sustituy
el _Achachi_, que quiere decir viejo y tambin cepa de una casa o
familia, con la palabra _mama_, que significa grande, inmenso, cuando
se refiere a los animales o cosas, y superior, cuando a las personas.
En este caso, tiene aplicacin la palabra, nicamente con las del sexo
femenino. Los trminos _mamatay_ y _mamay_, con los que en aymara y
kechua, respectivamente, se designa al presente a la madre, es de
introduccin posterior a la conquista espaola; parece que proviene
del _mam_ castellano. Probable es que algn misionero la introdujo en
el habla indgena, por no encontrar otra palabra ms expresiva para
el vulgo, con que nombrar a la Virgen Mara, a quien la plebe, llama
siempre con uncin y ternura, _mama_. _Matay_ era el nombre que daba el
indio a la madre o seora principal, aunque prefera y era de uso ms
comn el llamarla _tayca_, como se escucha actualmente. De manera que
_Pacha-Mama_, segn el concepto que tiene entre los indios, se podra
traducir en sentido de _tierra grande, directora y sustentadora de la
vida_.

La fiesta de Pacha, la celebran los naturales en un da determinado
del ao, que despus ha venido a concuasar con la del Espritu Santo.
Consiste ella al presente, en sacar la vspera del Espritu, en la
noche, las joyas de los habitantes de una casa, el dinero que han
ganado ese ao, y exponerlos en una mesa colocada en medio patio al
aire libre; invocar la proteccin de la Pacha-Mama, derramando en su
homenaje aguardiente en el suelo y antes de probar ellos siquiera una
gota. Al contorno de la mesa colocan braseros encendidos, sobre los
cuales, ponen el momento preciso, ramas de _kkoa_ o pleo silvestre
(_Mentha pulegium_), con pedazos de feto seco de llama, cordero o vaca,
porque dicen que los animales son puros en este estado; agregan a esas
especies, tallos y hojas de cardo santo, _millu_, confites, mixtura,
y cuando comienza a arder todo esto, desocupan los presentes la casa,
a fin de no recibir el humo; porque mantienen la creencia de que
reducindose los males en humo, debe evaporarse y perderse para siempre
en el espacio, sin allegarse a una persona, a cuyo cuerpo penetrara en
caso contrario, haciendo que adquiera alguna enfermedad, o sea vctima
de constantes desgracias. Despus de que las brasas se han consumido
y extingudose el fuego, vuelven a la casa, y en seal de contento
derraman en el suelo confites y flores.

Esta ceremonia conocida con el nombre de _kkoaa_, es muy popular
y la celebran las familias, adems de la fecha expresada, toda vez
que tienen que trasladarse de una casa a otra, aunque no con las
solemnidades anteriores, concretndose a sahumar, con hojas del arbusto
mencionado y trozos de feto las habitaciones que se han de ocupar, con
lo que tienen por expulsados a los malos espritus y los males que
pudieran haber dejado los anteriores ocupantes.

El martes de Carnaval, tambin en homenaje a la Pacha-Mama, acostumbran
derramar en todas las habitaciones de la casa, flores, confites y
mixtura; pidindole conserve con salud a sus dueos y la propiedad
permanezca en poder de estos.

Por lo regular las ofrendas no deben levantarse del suelo y
aprovecharse de ellas, porque, quien tal hace, atrae sobre s el enojo
de la deidad honrada, que puede mandarle en castigo de su desacato,
la muerte, o una enfermedad, o alguna desgracia. Lo ofrecido a la
Pacha-Mama debe destruirse y consumirse por la accin del tiempo.

Los pastores acostumbran a su vez degollar cada ao, uno o dos
corderos tiernos, con objeto de que su sangre sea ofrecida a esta
deidad, empapando con ella el suelo en su honor y esparcindola antes
en direcciones distintas. Este acto llamado _huilara_, lo tienen por
obligatorio y a l le dan suma importancia para la conservacin y
aumento del ganado.

_Samiri_, descansadero, es el sitio sealado como morada, originaria
de los antepasados, sea de los hombres o animales y que por esta
circunstancia ha quedado localizado en el lugar, una extraa fuerza
vital, que toda vez, que el descendiente va all recibe un soplo
vivificador y regresa alentado. En ese sitio ha sido reservada
semejante virtud por la Pacha-Mama, que no quiso dar a sus moradores de
entonces todo lo que dar poda, con la morada que a sus hijos, mientras
durase la vida, mientras existiese el mundo, no les faltare algn
remedio a sus desalientos, o al desgaste de sus fuerzas. Ese sitio es
una madre que reanima al ser viviente, que le implora ayuda. A estos
lugares, tenidos por sagrados, los veneran y les ofrecen sacrificios.

Mi _samiri_, dice el indio, y muestra una prominencia, cerrito, campo
o cueva. El _samiri_ de mi ganado es aquel otro paraje, e indica otros
lugares parecidos, por ms que a ellos jams haya ido.


V

El _Ekako_, popularizado con el nombre alterado de _Ekeko_, era el
dios de la prosperidad de los antiguos kollas. Algn cronista lo ha
confundido con Huirakhocha: Bertonio lo llamaba tambin Thunnupa, en
la creencia de corresponder ambas denominaciones a una sola persona,
cuando fueron distintas, con leyendas diferentes, como se ver en su
lugar.

Al Ekako se renda culto constantemente; se le invocaba a menudo
y cuando alguna desgracia turbaba la alegra del hogar. Su imagen
fabricada de oro, plata, estao y aun de barro, se encontraba en todas
las casas, en lugar preferente o colgado del cuello. Se le daba la
forma de un hombrecito panzudo, con un casquete en la cabeza unas
veces y otras con un adorno de plumas terminadas en forma de abanicos,
o bien cubierta por un _chucu_ punteagudo; con los brazos abiertos
y doblados hacia arriba, las palmas extendidas y el cuerpo desnudo y
bien conformado. Los rasgos de su fisonoma denotaban serena bondad y
completa dicha. Este idolillo, encargado de traer al hogar la fortuna y
alegra y de ahuyentar las desgracias, era el mimado de las familias:
el inseparable compaero de la casa. No haba choza de indio, donde
no se le viera cargado con los frutos menudos de la cosecha o retazos
de telas y lanas de colores, siempre risueo, siempre con los brazos
abiertos. Lo hacan de distintos tamaos, pero el ms grande no pasaba
de una tercia de largo. Los pequeitos eran ensartados en collares y
los llevan las jvenes al cuello, para que les sirviese de amuletos
contra las desdichas.

El P. Bertonio en su notable Vocabulario aymara, dice: _Ecaco_ I
Thunnupa nombre de quien los indios cuentan muchas fbulas; y muchos
en estos tiempos las tienen por verdaderas: y as sera bien procurar
deshacer esta persuacin que tienen, por embuste del demonio. En otra
parte llaman _Ecaco_ al hombre ingenioso que tiene muchas trazas.

Esas fbulas, a las que se refiere Bertonio, son los milagros y
recompensas que los indios contaban haberlos recibido del _Ekako_, y la
ciega confianza que tenan en l, la cual no pudieron desvanecer los
misioneros con sus prdicas ni persuaciones.

La fiesta consagrada al _Ekako_, se celebraba durante varios das, en
el solsticio de verano. Le ofrecan los agricultores algunos frutos
extraos de sus cosechas, los industriales objetos de arte, tales como
utensilios de cermica, tejidos primorosos, y pequeas figuras de
barro, estao o plomo. El que nada poda dar de lo suyo adquira esos
objetos con piedrecitas, que recoga del campo y que se distinguan
por alguna extraa particularidad. Nadie poda negarse a recibirlas
en cambio de sus objetos, sino quera incurrir en el enojo del dios,
a quien se conmemoraba; por cuyo motivo se hizo de uso corriente tal
sistema de compra-ventas.

Durante el perodo colonial, continuaron los _Ekakos_ imperando en las
creencias populares y siendo objetos de veneracin, sin embargo de los
esfuerzos que hacan los misioneros para ridiculizarlos y arrancarlos
de las costumbres. El Ekako sali victorioso de la dura prueba; se
impuso a pesar de todo, y su fiesta sigui celebrndose.

Don Sebastin Segurola, Gobernador Intendente de La Paz, que haba
salvado a la ciudad del terrible asedio de indios de 1781, despus de
debelada la sublevacin y firmado su triunfo, en accin de gracias a
la Virgen de La Paz, cuyo devoto era y a quien atribua la victoria,
estableci la fiesta del 24 de enero, en su honor, ordenando que el
mercado de miniaturas y dijes que se haca en distintas ocasiones del
ao, se realizase nicamente esos das.

La fiesta se inaugur el 24 de enero de 1783, y para que ella tuviese
toda la solemnidad posible, se mand a los indios de los contornos
de la poblacin, trajesen los objetos pequeos, que en otras
circunstancias acostumbraban ofrecerlos por monedas de piedras. Los
indios ms listos que el Gobernador, se aprovecharon de la licencia
para tornar la fiesta de la Virgen en homenaje de su legendario Ekako,
cuya imagen comenzaron a distribuir recibiendo en cambio piedras.

La fiesta comenz a celebrarse con delirante entusiasmo de todas las
clases sociales. En la noche, cuando las familias se encontraban
en la plaza principal, espectando las luminarias y escuchando la
msica de bailarines, entraron por los cuatro ngulos, que eran, de
_chaulla-khatu_, el _colegio_, el _cabildo_ y _la casa del judo_,
comparsas de jvenes decentes disfrazados, golpeando cajas, piedras,
tocando instrumentos msicos, llevando cada cual alguna chuchera, que
la ofrecan en venta, con las palabras aymaras: _alacita_, _alacita_,
es decir, cmprame, cmprame.

El estruendo y alboroto que estos disfrazados hicieron, era tal, que
muchas jvenes fueron arrancadas en medio de la confusin, de la
compaa de sus familias y slo regresaron al siguiente da...

Las indias y cholas sentadas al margen de las aceras de la plaza y
calles contiguas, acostumbraron, desde entonces, a encender en fila
sus mecheros y velas en homenaje a la Virgen, cuando en su interior,
tal vez le consagraban a su predilecto Ekako, cuya imagen modelada de
yeso y pintada de colores vivos, ofrecan en profusin los escultores
indgenas en venta o permuta a los asistentes a la fiesta.

Algunos idolillos los hicieron sentados, con gorro triangular o cnico
sobre la cabeza y vestido de una tnica hasta las rodillas, otros
parados en la misma forma que los de Tiahuanacu, la cual persiste hasta
hoy. Ambos tienen el aspecto risueo, de hombres satisfechos de la
vida, gordos y bien comidos.

En los aos sucesivos fueron modificndose las costumbres de adquirir
objetos con piedras, a las que se daba valor slo en esa fiesta, con
botones amarillos de bronce, lucios y brillantes, y, por ltimo, los
botones fueron substitudos con moneda corriente, desde algunos aos
atrs.

La prctica consentida y generalmente celebrada, de permitir a los
muchachos arrebatar a sus dueos las especies sobrantes de la venta del
da, apenas tocaba la oracin y comenzaban las sombras de la noche a
cubrir la plaza, tambin ha desaparecido. Si antes en honor del Ekako,
nadie deba regresar a su casa, lo que haba destinado para vender o
permutar ese da, los policas impiden al presente que tal merodeo se
repita.

Lo que al principio tuvo un aspecto netamente religioso y pagano, se
ha convertido poco a poco en feria industrial de miniaturas, y lo que
es ms singular, en una oportunidad para adquirir al legendario Ekako,
que se encargue del cuidado de la casa del adquirente. El idolillo, que
en tiempos pasados era objeto de veneracin nicamente de los indios,
hoy es acatado por todas las clases sociales. Rara ser la familia que
no tenga acomodado en sitio visible de sus habitaciones, un Ekako,
cubierto de dijes y pequeos instrumentos y objetos de arte diminutos,
y en quien confan los moradores de la casa que atraer la buena suerte
al hogar, y evitar que les sobrevengan infortunios. El diosecillo de
la fortuna, es la nica divinidad que ha triunfado de las persecuciones
de los misioneros y del fanatismo catlico.

A este dolo que siempre se le represent solo, se le ha dado una
compaera por los mestizos, que, como toda creacin artificial, no
tiene importancia ni el prestigio de aqul. A la mujer del dolo, se la
mira con desprecio y nadie se esfuerza por adquirirla, ni se la presta
acatamiento. Falta para ella la fe de la multitud y cuando media este
antecedente, una creacin religiosa no tiene razn de ser.


VI

Entre las leyendas msticas de los kollas existe la de un misterioso
personaje, a quien no le consideran un dios, pero le conceden la
facultad de hacer milagros. Le llaman _Thunnupa_, y dicen que vino
del norte acompaado de cinco discpulos, trayendo sobre sus hombros
una cruz grande de madera y que se present en el pueblo de Carabuco,
entonces residencia del clebre _Makuri_, el ms famoso de sus
conquistadores y hroes legendarios, que ha sobrevivido en la memoria
colectiva de los pueblos, junto con otro igualmente notable, aunque
de tiempos relativamente posteriores, llamado _Tacuilla_. Estos dos
nombres son los nicos recitados en sus cantares y aun mencionados por
los indios viejos, ellos los tienden a desaparecer, porque los ms de
los indgenas ya no se dan cuenta.

Thunnupa, a quien se la dan tambin los nombres de _Tonapa_, _Tunapa_,
_Taapac_, segn los padres agustinos que escribieron sobre l, era un
hombre venerable en su presencia, zarco, brbaro, destocado y vestido
de cuxma, sobrio, enemigo de la chicha y de la poligamia. Reconvino a
Makuri por las devastaciones que haca en los pueblos enemigos, por su
sed de conquistas y su crueldad con los vencidos, pero ste no hizo
aprecio de sus palabras, y lo ms que pudo fu permitirle residir en
sus vastos dominios sin molestarlo. Makuri era demasiado poderoso y
soberbio para darle importancia. La presencia de Thunnupa, parece que
a los nicos que tena preocupados era a los sacerdotes y brujos de su
imperio, quienes le hicieron guerra encarnizada sin perder ocasin para
denigrarle.

Thunnupa se dirigi el pueblo de los _sucasucas_, hoy Sicasica, donde
les predic sus doctrinas. Los indios alarmados de sus enseanzas,
comenzaron a hostilizarle y, por ltimo, prendieron fuego a la paja
en la que dorma; logrando salvar del incendio regres a Carabuco.
Aqu las circunstancias haban variado durante su ausencia, debido
a uno de sus discpulos, llamado _Kolke huynaka_, que enamorado
de _Khana-huara_, hija de _Makuri_, logr persuadirla para que se
convirtiese a las doctrinas de su maestro y cuando ste regres hizo
que la bautizara. Sabedor el padre de lo que haba ocurrido con su
hija, orden que Thunnupa y sus discpulos fuesen apresados. A los
discpulos los hizo martirizar y como Thunnupa, les reprochase de esa
crueldad, lo atormentaron hasta dejarlo exnime, echaron el cuerpo
bendito en una balsa de junco o totora, dice el P. Calancha, y lo
arrojaron en la gran laguna dicha [el Titicaca] y sirvindole las aguas
mansas de remeros y los blandos vientos de piloto, naveg con tan gran
velocidad que dej con admiracin espantada a los mismos que lo mataron
sin piedad; y creciles el espanto, porque no tiene casi corriente
la laguna y entonces ninguna... Lleg la balsa con el rico tesoro
en la playa de Cachamarca, donde agora es el Desaguadero. Y es muy
asentada en la tradicin de los Indios, que la misma balsa rompiendo
la tierra, abri el Desaguadero, porque antes nunca le tuvo y desde
entonces corre, y sobre las aguas que por all encamin se fu el santo
cuerpo hasta el pueblo de Aullagas muchas leguas distante de Chucuito y
Titicaca hacia a la costa de Arica.[11] A este mismo personaje, vuelto
en s, se le hace peregrinar en las tradiciones indgenas por Carangas,
donde vi junto a un cerro que lleva su nombre, entre los Calchaquies,
Chuquisaca y Paraguay.

       [11] _Crnica Moralizada_, volumen I, pgina 337 y 388.

La cruz que haba trado consigo, dicen que trataron de destruirla, sin
poder lograr su objeto, ni con la accin de los golpes; que entonces
quisieron echar la agua y como no se sumergiese al fondo, la enterraron
en un pozo, de donde la extrajeron en 1569.[12]

       [12] Este descubrimiento cuenta el P. Ramos de la manera
       siguiente: En un da del Corpus (Christi) los Urinsayas
       que estaban de guerra con los Anansayas, se retaron unos a
       otros, los Anansayas dijeron a los Urinsayas, que estos eran
       inmorales (viciosos); brujos y que sus antepasados haban
       lapidado un santo, intentando quemar una cruz que consigo
       cargaba, y que ellos la guardaron la cruz en lugar secreto, no
       queriendo mostrarla. Habindose traslucido esto por algunos
       muchachos, se lo comunicaron al padre Sarmiento que era el
       cura. Este descubri la cruz en tres pedazos y una plancha
       de cobre (una hoja) con la cual la cruz estaba forrada
       (ceida), con la cruz se encontraron solamente dos clavos.
       El seor don Alfonso Ramrez de Vergara, Obispo de Charcas,
       mand hacer nuevas excavaciones y encontrse el tercer clavo
       que lo tom, y a su muerte el Licenciado Adolfo Maldonado,
       Presidente de la Audiencia (de la Plata o Charcas) lo tuvo
       en herencia y llevselo a Espaa. Cuando se hizo la divisin
       de los obispados, stos (asmismo) se partieren la cruz,
       aserrndola en dos partes, haciendo dos de ella, una de las
       cuales qued en Carabuco y la otra est en la catedral de la
       Plata (Sucre). _Historia del clebre y milagroso Santuario
       de la insigne imagen de Nuestra Seora de Copacabana_--Lima,
       1621.--Cita tomada del importante trabajo de Adolfo F.
       Bandelier, titulado: _La Cruz de Carabuco en Bolivia_,
       traducido al castellano por don Manuel V. Ballivin.

A Thunnupa se le ha confundido con Huirakhocha, y aun con Pacha
Achachi, sin embargo de ser tan distintas las leyendas que rodean a
cada uno de estos personajes, y de ser completamente diferentes los
mitos que representan, o la esfera de accin en que se desenvuelven.
Uniforme, con ligeras variantes en los detalles, es la tradicin que
hace surgir a Huirakhocha del lago Titicaca y marchar hacia el Norte,
hasta desaparecer en Puerto Viejo; en cambio, a Thunnupa se le hace
descender del norte hacia el pueblo de Carabuco, que est en la ribera
oriental del Titicaca, y, despus, caminar hacia el sud y al oeste.

Es un afn manifiesto en varios cronistas, el acumular en una sola
creacin mtica, todos los nombres de la variada teogona indgena;
particularmente con Huirakhocha se ha hecho esa aglomeracin, en una
forma en que, si a ello se diera entero asentimiento, resultara que
los primitivos pueblos de esta parte del continente americano, no
tuvieron sino una divinidad, que fu Huirakhocha; puesto que a l
tambin se le llama _Kon_, _Tisi_, _Ekako_, _Thunnupa_, _Pachacamak_,
_Pachayachachic_, _Pacchacan_, _etc._, _etc._

Rastreando con algn cuidado los restos de tradiciones que an quedan,
y comparndolos con los relatos de los cronistas, se comprende que
la conquista espaola sobrevino, cuando los incas hacan un esfuerzo
de identificacin y fusin de los dioses de los pueblos conquistados
con los suyos propios, y que los espaoles, lejos de separarlos los
confundieron ms, guiados por los prejuicios religiosos de encontrar
la concepcin del misterio de la Trinidad en los nombres de Con, Tisi,
Huirakhocha, y la obra del diablo en otros; llegando as a convertir
el politesmo indgena, en imitacin borrosa de la religin catlica,
y a embarullar y confundir en la mente de los indios sus divinidades
con las cristianas. Huirakhocha, Ekako y Thunnupa son los que ms han
sufrido las consecuencias de este sistema, el cual se ha tratado de
evitar en lo posible en los presentes estudios.


VII

El indio cree que los campos desiertos y silenciosos, constituyen
el dominio de una poderosa deidad, a quien llama _Huasa-Mallcu_, o
simplemente _Huasa_. Tambin las mujeres que desean tener hijos, dan
el nombre de _Huasa_ a una piedrecilla larga, que cogen del suelo, la
envuelven en telas y cindola con hilos de lana, la colocan junto a
un peasco solitario, donde le piden con veneracin y ofrendas, les
conceda descendencia.

Dicen que _Huasa Mallcu_ es un gigante vestido de blanco, de carcter
ingenuo y primitivo, de fisonoma austera y porte imponente, que en
veces toma la forma de un inmenso cndor, que vive eternamente clibe,
con intachable moralidad, reinando satisfecho en plena naturaleza y
en medio de la paz de ese medio ambiente callado. Todos los animales
salvajes de aquellos desiertos, llamados en aymara _Huasa-jaras_, o
sea campamentos del _Huasa_, le pertenecen y se prestan sumisos y
diligentes a las ocupaciones que les seala. Las _huikcuas_ le sirven
de bestias de carga, para transportar de una parte a otra, y donde
l crea conveniente, sus inmensos tesoros; la zorra para velar por
su persona y lanzar el grito de alarma a la presencia de individuos
extraos; las aves estn obligadas a entonar cantos melodiosos cuando
l despierta en las maanas, o pasa junto a sus nidos; los vientos
deben cesar cuando l se presenta; la atmsfera tranquilizarse y
suavizarse a su presencia; las flores desprender sus aromas y cubrir
con sus hojas el camino que ha de seguir.

Al _Huasa-Mallcu_, lo describen benigno y compasivo con los
desgraciados; duro o severo con los perversos. Contiene a los ladrones,
formando alrededor de la casa de sus protegidos un muro impenetrable,
el cual desaparece apenas cesa el peligro; hace invisibles a sus
animales favoritos cuando los persigue el cazador, quin slo logra
su intento cuando aquellos se han extraviado de sus dominios; evita
crmenes y robos en los caminos y despoblados.

Cuentan que un pobre hombre, honrado y cargado de hijos, que iba
en busca de alimento para su familia, se encontr una vez con el
Huasa-Mallcu en su camino y le pidi tuviera compasin de l. Conmovido
con el ruego, descarg de sus _huikcuas_ cierta cantidad de oro, y se
la entreg para que aliviara sus miserias.

Lo contrario del _Anchanchu_, el Huasa-Mallcu no hace dao a nadie, y
ms bien favorece al que le invoca su amparo.

Nunca dejan los indios de ofrecerle alguna ofrenda en cualquiera
circunstancia. Si degellan un cordero, llama o buey, rocan
precisamente con la sangre, el frontn o remate triangular de la pared
principal de su casa, en homenaje del Mallcu, quien al notar que no
se han olvidado de l, enva un rayo de felicidad a ese hogar en
correspondencia a la ofrenda.

En las fiestas, cuando los indios se encuentran libres de las miradas
de extraos, colocan en el extremo superior de un palo un mueco muy
adornado, y enhiesto al centro del sitio de reunin, bailan en contorno
con grandes muestras de alegra y entonndole algunos cantares, en los
que manifiesta su profundo respeto, le hacen reverencia en cada vuelta
que dan, y cuando algn desconocido se aproxima, ocultan el mueco y
dicen que estn bailando para el santo cuya fiesta celebran.

Los viejos de la comarca y los hechiceros suelen pedir a los indios de
la circunscripcin chaquiras, coca, _cuys_ y otras cosas para ofrendar
al Mallcu el da sealado a su conmemoracin. Ese da, el brujo
acompaado de su ayudante, antes de comenzar el baile, se aproxima al
dolo con muchas reverencias, y a vista de los asistentes conmovidos
les dirige, sollozando la siguiente oracin:

_Huasa-Mallcu bondadoso: padre del hurfano y protector de infelices,
yenos; un momento no te hemos olvidado y ahora venimos a tus pies
a agradecerte de tus favores, trayndote estas cosas que te ofrecen
tus pobres hijos, tus miserables criaturas, vctimas de la crueldad
de los blancos; recbelas, no te enojes; slo confiamos en tu corazn
misericordioso, que nos compadezca y atene nuestras desgracias. En la
tierra misma que nos vi nacer y que recibir nuestro ltimo aliento,
no merecemos ms que un trato inhumano. Envanos, pues, alivio y una
existencia menos triste y miserable; concede este ao salud y contento
a nuestros hogares, que produzcan abundantes nuestras cosechas y que
slo haya dolor, lgrimas e infortunios en las casas de nuestros
enemigos..._ Calla el brujo, las lgrimas corren abundantes por las
mejillas de las concurrentes, y en seguida derrama la chicha delante
de la efigie y, a veces sobre ella; con la sangre de los conejos, que
degella ese momento, le unta la cara y el cuerpo, la coca le pone
en los labios y con las chaquiras le adorna, quemando lo restante y
aventando las cenizas a los cuatro vientos. Durante la ceremonia y
mientras se disipa por completo el humo y polvo de la ceniza, permanece
toda la concurrencia contrita, de rodillas y con la mano izquierda
levantada hacia arriba. Despus de pasada ella, se entregan satisfechos
al baile y a las bebidas, cuidando de que la efigie de su Mallcu no sea
vista por ningn extrao, hasta que a hora determinada, el brujo la
recoge y guarda en lugar reservado, para volverla a sacar slo cuando
haya motivos de rendirle nuevo culto.

Esta efigie suele ser, unas veces, un mueco adornado, otras, de piedra
labrada, y algunas veces una figura modelada de yeso, o slo un palo
envuelto con telas de colores, al que suponen los indios se anima de
una vida carnal y palpitante, apenas se quiere adorar en el Huasa
Mallcu.


VIII

En presencia del hambre, de las enfermedades, de las guerras y
desgracias imprevistas, ha debido reflexionar el hombre primitivo
del altiplano y pensar sobre la existencia de un ente malo, que,
contrariando los designios de los dioses buenos, desencadena todas
esas calamidades, apenas se descuida en evitarlas, por satisfacer
sus instintos de destruccin y causar daos. A ese genio malfico le
llamaron, antiguamente _Hahuari_, que equivale a fantasma malo, y
despus, _Supaya_, que es el nombre con el que actualmente se le conoce.

Mas, el indio lleg a perturbarse en sus dogmas, cuando los misioneros
cristianos sealaban como a _Supaya_ a sus mismos dolos, y como a sus
intermediarios, a sus propios sacerdotes o _huillcas_; su confusin
aument cuando de los nuevos dioses y de sus adoradores no reciban
sino sufrimientos. Poco a poco, y a medida que era vctima de las
crueldades de los espaoles y mestizos, con las prdicas insistentes de
los misioneros y sacerdotes, de ser culto diablico su antiguo culto,
el _Supaya_ fu hacindose simptico en su sencillo espritu y comenz
a fiarse ms en l. En vano se amenazaba a los indios con las penas
del Infierno; en vano se pintaba cuadros espeluznantes que se les
ponan de manifiesto; continu la duda turbando su mente. El Supaya
fu creciendo en su imaginacin y ocupando el lugar de sus antiguas
divinidades. De ah que el indio le tema, pero que no le repulse, y
cuantas veces puede invocar sus favores lo hace sin escrpulos. Busca
a los _Cchamacanis_, porque supone que estn en relacin con l y les
paga cualquiera cosa para que al Supaya le hagan propicio a sus deseos.

El aymara concepta al Supaya menos malo de lo que dicen, y para
explicar el origen de sus desventuras y sealar a sus causantes, ha
inventado otros espritus malignos, como el _Anchanchu_, la _Mekala_ y
los _Jappiuus_. Sin embargo, cree que aqul, entregado a sus propios
instintos, hace siempre dao; cuando se le implora, cede y se torna
bueno, en tanto que a los ltimos los tiene como orgnicamente malos.
Con estos no valen ruegos ni ofrendas; slo la intervencin del Ekako,
de la Pacha-Mama, del Huasa Mallcu y de otras deidades benficas, puede
evitarse que hagan dao.

El aymara tiene muy poca fe en las divinidades del cristianismo, ms
confa en sus dolos; an no se han dado cuenta de lo que llaman
_Gloria_ los catlicos; la idea de los goces eternos junto a Dios,
no los ambiciona, porque no los comprende. Lo que le agrada en el
culto catlico son las fiestas, porque le presentan ocasiones de
embriagarse, divertirse y entregarse a los placeres sin freno ni medida.

Por mana, y a causa de que se describe al Supaya con dimensiones
extraordinarias que impresionan su imaginacin, ha dado en calificar
con esta denominacin a todo hombre perverso, a toda mujer mala; pero
no lo hace porque siente realmente horror por este personaje, puesto
que, en determinadas circunstancias, le busca y demanda sus favores.
Al aymara no le asusta el Supaya, deseara verlo personalmente, para
pedirle que lo vengara de sus enemigos, y despus de ver satisfechos
sus odios, entregarle, si posible es, su alma; ya que le predican sus
opresores que eso exige el demonio. Sufre tanto, la existencia se le ha
hecho tan amarga, que al indio no le importa lo que le puede suceder
en el otro mundo, con tal de ser aliviado en ste del peso de los
sufrimientos que gravitan sobre l.

Esa es en sntesis, la idea que en su mente encierra respecto al famoso
Supaya o Diablo indgena.


IX

Al _Anchanchu_, lo pintan como un viejecito enano, barrign, calvo,
de cabeza grande y desproporcionada al cuerpo; con rostro socarrn, y
dotado de una sonrisa fascinadora. Dicen que viste telas recamadas de
oro y que lleva en la cabeza un sombrero de plata de copa baja y ancha
falda; que mora en las cuevas, en el fondo de los ros y en edificios
ruinosos y abandonados; all donde las gentes no aproximan sino rara
vez, o residen solo por cortas temporadas.

El _Anchanchu_ atrae a sus vctimas con sus salameras, y las recibe
regocijado y ansioso; y cuando adormecido se halla el huesped con tanto
halago, castiga su incauta confianza dndole muerte, o inoculndole en
el cuerpo una grave enfermedad. Lo suponen, cuando se hace visible,
tan amable y meloso, que engaa al hombre ms avisado y mundano con su
astucia y sagacidad. Personifican en l la deslealtad, la perfidia, la
refinada perversidad y la lgubre irona. El _Anchanchu_ es una deidad
siniestra, que sonre siempre y sonriendo prepara y causa los mayores
daos; lleva la desolacin a los hogares y destruye los edificios y
campos sembrados. Huid de l, aconsejan, porque la dicha que brinda
no es cierta, porque su trato corts y afable, es la red con la que
apresar a su vctima.

Cuando transita por los caminos, produce huracanes y remolinos de
viento, por eso el indio asustado ante estos fenmenos atmosfricos, se
para y exclama: pasa, pasa Anchanchu; no me hagas ningn mal, porque
el Mallcu me ampara.

La hacienda, casa, o cualquier otro fundo donde mueren los propietarios
con alguna frecuencia, la suponen habitada por el Anchanchu, que en la
noche, durante el sueo, les ha chupado la sangre o introducido alguna
enfermedad, a cuya consecuencia se deben esas muertes.

El indio rara vez se atreve a pernoctar cerca a los ros o en casas
deshabitadas, por temor a esta terrible deidad, cuyo nombre excusa
an pronunciarlo y se limita a decir: _Yankhanihua_, tiene maligno, o
_Sajjranihua_, que significa lo mismo. Con las denominaciones _Yantiha_
y _Sajjra_, designan indistintamente a los espritus malficos.

Cuando un terreno se derrumba o sufre frecuentes denudaciones, lo
atribuyen al Anchanchu, que posesionndose de su interior, produce
aquellos desperfectos telricos.


X

La _Mekala_, es otra deidad malfica que preocupa a los campesinos.
Segn stos, es una mujer alta, flaca, de color lvido, carnes lacias,
cabellera desgreada y suelta al aire, pocos y afilados dientes, ojos
pequeos y fosforescentes chata, con las fosas nasales demasiado
abiertas y boca grande, labios descarnados, con la barriga que
desciende hasta las rodillas y una cola de fuego, semejante a la de
un cometa. Dicen que anda a saltos, vestida de una larga tnica roja,
cubierta de pequeos bolsillos en toda su extensin. Cuando salta a
una sementera, se apodera de los mejores frutos y los introduce en
todos sus bolsillos, imposibles de ser rellenados, porque, a medida
que reciben las especies, van ensanchndose indefinidamente por virtud
diablica.

Su paso se seala por las devastaciones que deja tras s.

Si la _Mekala_, penetra a un aprisco chupa la sangre de los corderitos
tiernos, cual voraz vampiro, hasta causarles la muerte. Si sorprende
dormida a una criatura, le extrae los sesos y le arranca el alma,
llevndosela aprisionada en los bolsillitos de su terrible tnica.

Para impedir que la _Mekala_ lleve a cabo los daos a que le impulsan
sus malos instintos, invocaban los indios la intervencin de sus
Konapas o sean dioses penates, y colocaban en el centro de sus chacras
la imagen de una _Mama-Sara_, y en las habitaciones la de alguna deidad
benfica.

Los misioneros catlicos exhortaban y aconsejaban a los indios a no
buscar el amparo de sus dolos contra la _Mekala_, sino contener
su osada con cruces que ponan en las sementeras y tras la puerta
de las majadas, con agua bendita que rociaban en todos los lugares
sospechosos; tambin empleaban con el mismo objeto, la sal y hojas de
romero.

El _mito de la Mekala_ encierra el simbolismo de los desastres que
causan las sequas, heladas y epidemias.


XI

El _Katekate_, conceptan que es la cabeza desprendida de un cadver
humano, que saltando de su sepultura, va rodando en busca del enemigo
que en vida le caus males y lanzando a su paso gritos inarticulados y
muy guturales, que en el silencio de la noche hacen un ruido extrao y
espeluznante. Cuentan que, cuando encuentra al individuo perseguido,
le liga las manos y los pies con el cabello crecido en su sepulcro, el
cual es duro y resistente; le derriba al suelo y se coloca sobre el
pecho del enemigo; le hinca los descarnados y afilados dientes y le
chupa la sangre, mientras sus miradas de fuego estn fijas, siempre
fijas, en el rostro del perseguido. La cabeza, conforme succiona, toma
mayores proporciones y con su volumen, que no cesa de crecer y aumentar
de peso, ahoga paulatinamente a su vctima, hacindole antes sufrir una
agona dolorosa, y cuando ha conseguido darle muerte vuelve, rebotando
de contento por el suelo, hasta el lugar de su eterno descanso, la
cabeza vengativa.

Sugestionadas con la idea de este mito macabro, suelen las mujeres
que odian a sus esposos, aprovecharse del estado de embriaguez en
que se encuentran, para cortarles la cabeza, y despus, cuando la
justicia las persigue, disculparse del crimen con que eran aqullos,
brujos, y que en momentos de hechicera, por haber errado en algn
accidente o frmula, la cabeza desprendida del cuerpo, se fu como una
ave fugitiva, huyendo por los aires, sirvindole de alas los cabellos
esparcidos y que est voltijeando ya, de _Katekate_; la prueba de
lo dicho, aseguran tenerla, en que vuelve a la casa en las noches
lbregas, rebota al techo, espa con ojos de fuego por la abertura
estrecha de la chimenea, alumbrando su interior con sus miradas
fosforescentes; lamntase con gemidos tristes y lastimeros, en momentos
el que el viento silba y la lechuza grazna por ah cerca. Si entonces
no salieron a su encuentro, fu por temor de que la temible cabeza
diera el sculo de cario al miembro de su familia, a quien quiso
mucho en vida, causndole la muerte con ese beso, segn ellas, fro y
penetrante como la hoja acerada de un pual.

Cuando un individuo se acuesta con sed, tambin creen que, mientras
duerme, se desprende su cabeza y va a la fuente prxima a beber agua.

El antiguo gato de fuego, que sola presentarse de tiempo en tiempo,
a media noche, sobre el techo de la casa, en la que habitaban uno o
varios individuos perversos, y que lo tenan por el alma de stos, que
tomaba tal forma por voluntad de sus divinidades, se ha convertido,
desde la venida de los espaoles, en gallo de fuego, que representa al
dueo que se encuentra condenado en vida a las penas del Infierno.

La cabeza humana, particularmente en estado de calavera, objeto
de varias aplicaciones supersticiosas. Los brujos y los que no lo
son, entre la gente del pueblo, la emplean para averiguar los robos,
introduciendo dentro de su armazn huesosa uno o dos reales, y
pidindola con lgrimas en los ojos y fe en el corazn, que les haga
devolver lo sustrado. La calavera, suponen que conmovida con el caso,
ir a saltos a deshoras de la noche, a la casa del ladrn y le causar
pesadillas en sus sueos, o lo tendr constantemente inquieto, hasta
hacerle restituir lo ageno, o causarle la muerte por consuncin si no
lo hace.

Otras veces, en iguales casos y con el mismo objeto, hacen arder velas
a una calavera, durante tres das martes y tres das viernes, en las
noches, haciendo que, en esta nica ocasin, se consuman por completo
las velas.


XII

Los _Jappiuus_, cuya denominacin proviene de las palabras _jappi_,
asir, coger, y _uu_ la teta de la mujer, eran duendes en forma de
mujer, con largas tetas colgantes, los cuales volaban por los aires en
las noches difanas y a horas silenciosas, cogan a las gentes con sus
tetas y se las llevaban.

Toda vez que el indio siente volar en el aire a deshoras de la noche
alguna ave nocturna, no cree que es ave sino supone que es algn
_Jappiuu_, que lo est acechando para arrebatarlo y huye apresurado
al interior de su casa, o se acurruca junto a un pedrn para que lo
proteja. Si ha desaparecido un individuo en la noche, por algn motivo
inexplicable, como por ejemplo un crimen o una huida intencionada,
atribuyen a sus parientes cuando no han podido tener noticias de l,
que el jappiuu, se lo ha llevado.

Sin embargo, este mito va perdiendo mucho de su importancia en la
imaginacin popular y no ser extrao que desaparezca a la larga.


XIII

Los indios _charcas_ invocan a su divinidad Tangatanga, cuando se ven
acosados por truenos y rayos y creen que esta tiene suficiente poder
para impedir que les hagan dao. Esta deidad, a semejanza del _Huasa
Mallcu_, es protector de los hombres y su misin es contrarrestar los
efectos del rayo.


XIV

El culto a la piedra es general entre los indios que la tienen como la
base del mundo y el principio eficiente de los fenmenos de la vida.
Sus _huacas_ ms notables son de piedra, y de piedra son sus grandes
dolos y konopas ms queridos.

A las piedras esquinadas y aisladas, las veneraban, porque decan que
al estallar la guerra y durante los combates, se tornaban en guerreros
y despus de haber luchado por la tribu hasta vencer a los enemigos, se
volvan a sus inmutables asientos.

Sienten an gran predileccin por los peascos o ciertas piedras que
tienen la figura de gente o animal. Cerca a la ciudad de Oruro, exista
un pedrejn en forma de sapo, el que era considerado por el pueblo como
una huaca milagrosa y, en consecuencia, se la reverenciaba cubrindola
constantemente de flores, mixtura y derramando encima de ella chicha,
vino y aguardiente. La piedra contena en su base un hueco, por donde
pasaban arrastrndose las personas que deseaban saber sobre el trmino
de su vida. La que se atracaba y no poda franquear el paso supona que
iba a morir pronto, o por lo menos, no ser larga la existencia que le
quedaba; la que salvaba sin dificultad alguna, crea que vivira mucho,
y que su muerte estaba muy distante. Un militar despreocupado y torpe,
redujo a pedazos la piedra sagrada con un tiro de dinamita, causando el
hecho, general y profundo sentimiento en el pueblo, que se vi privado
de su preciada huaca.

En los suburbios de la ciudad de La Paz, haba antiguamente una gran
piedra, cuya forma se ignora, a la que los indios rendan culto, y les
imitaban los primeros pobladores de la ciudad. Alarmados los frailes
y misioneros, dieron en predicar contra la piedra y derramar basura
encima, hasta convertir el paraje en muladar. Los indios y vecinos al
ver tanto desacato que no era castigado por ella, la apellidaron la
_piedra de la paciencia_. Destruda por fin, qued el lugar con el
nombre hasta ha poco, de _cenizal de la paciencia_.

De tal modo confiaban todos en las piedras, que solan poner y adorar
una en cada _tupu_ o campo, y otro en cada acequia. Aun a las que
servan de lindes, bien para las heredades o bien para los pueblos,
consagraban fiestas y holocaustos. No estimaban menos los meteoritos y
las piedras que hubiera partido el rayo.

Las piedras preciosas eran a los ojos de los indios, y siguen siendo,
otros tantos fetiches. Cuando alguien se encuentra una, la conserva con
gran afecto y la reverencia tenindola, desde entonces, como penate de
la familia.

Del especial culto a las piedras hablan todos los autores, incluso
Cieza, dice Pi y Margall. Segn Cieza alcanz a los mismos Incas.
Afirmaban, dice, que haba Hacedor de todas las cosas y al Sol tenan
por dios soberano, al cual hicieron grandes templos; y, engaados del
demonio adoraban en rboles y piedras como los gentiles. Describe el
mismo autor en otro lugar a los antiguos pobladores de Huamachuco, y
escribe que adoraban piedras grandes como huevos y en otras mayores de
diversas tintas que haban puesto en los templos o huacas de los altos
y sierras de nieve.

Ese culto debi ser antiqusimo. Lo infiero de que en Tiahuanacu hay
largas filas de piedras muy parecidas a los _menhirs_ de los celtas.
Lo deduce Girard de Rialle de la leyenda peruana de los tres o cuatro
hermanos que salieron de Pacarec Tampu, y es posible que acierte.
Algo significa que el mayor de los hermanos derribase los cerros con
las piedras que disparaba su honda, y en piedras quedaren al fin
convertidos por lo menos dos de tan misteriosos personajes.[13]

       [13] _Historia de la Amrica Antecolombiana_ por don Francisco
       Pi y Margall.--Tomo I.--Pag. 1,392.


XV

El arco-iris o _cuhurmi_, es considerado de buen o mal agero, segn
los casos; prohiben a los nios que lo miren de frente, por temor de
que se mueran; y los mismos jvenes o viejos no osan hacerlo, cuando
lo miran cierran la boca, a fin de no descubrir los dientes que se
gastaran o carearan a su presencia, y es imposible que le sealen con
el dedo. A las partes que caen los pies del arco las tienen por parajes
peligrosos, tal vez asientos de huaca, dignos de temor y acatamiento.

A pesar de sus prejuicios, los indios reverencian al arco-iris y no
faltan quienes lo tengan como a su Achachila.




                             Captulo III

     Supersticiones relacionadas con plantas, animales y objetos.

       I.--Empleo de la coca y de la vela; suposiciones sobre la
       Misa y algo de psicologa indgena.--II.--Preocupaciones
       al edificar las casas.--III.--Referencias al cndor,
       al puma, jaguar, zorrino, zorro, araas, feto de
       llama, chinchol, reptiles, gato, perro, gallinas y
       ruiseor.--IV.--_Huakanquis_, _mullus_, _illas_ y la
       piedra bezoar.--V.--Forma y figuras para causar daos,
       animales domsticos que lo evitan.--Empleo del hunto y sus
       diferentes aplicaciones.--Resultado del consumo de las
       carnes de vizcacha, cndor, gato, de la sangre de toro y de
       las comidas saladas.--El buho, la lechuza y las mariposas
       nocturnas.--VI.--Empleo del tabaco y del cigarro.


I

Las hojas de la coca (_Erythroxilon peruvianum_), son las que sirven a
los hechiceros para efectuar gran parte de sus sortilegios y augures,
desempeando entre los indios el mismo papel que los naipes entre los
blancos, en casos semejantes. Por medio de la coca que arrojan sobre
un tendido preparado para el objeto, descubren los robos y las cosas
reservadas.

El hombre que desea saber las infidencias las acciones ignoradas y
aun las intenciones de su esposa o concubina, o estas las de aqul,
ocurren al hechicero, quien despus de muchos ruegos y ddivas, les
da un atado de coca preparado de antemano, para que de cualquier modo
pongan en contacto con el cuerpo de la persona, cuyos secretos tratan
de sorprender. Realizada la instruccin, devuelven el atado al brujo
quien en presencia del interesado o interesados hace ciertas ceremonias
y bruscamente sacude el atado, desparramando las hojas de coca por
el suelo, y por la situacin en que se han colocado ellas, hace sus
conjeturas, o da sus respuestas.

Para tener noticias de un ausente, de su salud, o del estado en que se
hallan sus negocios, derrama la coca sobre sus vestidos o especies que
ha usado, extendidos en el suelo. El requisito exigido por el brujo es
que la accin de la coca se efecte sobre alguna cosa que pertenezca
o haya recibido el calor continuo del cuerpo de la persona, materia
del brujero; por cuyo motivo prefieren para ese objeto su ropa vieja,
no lavada; porque, creen que encierra muchos secretos y posee la
cualidad atribuda de trasmitir al que la ha envejecido, cual conductor
elctrico, y hacerle soportar cunto bueno y malo se hace en ella,
o descubrir al que investiga lo que desea saber. En la ropa, dicen,
que se aparta y queda algo del espritu de quien se la ha puesto, que
permanece en comunicacin mental y directa con ste, de lo que no se da
cuenta el individuo. La vida, segn la creencia indgena, se reduce al
constante desgaste del ente que anima el cuerpo que va abandonndolo,
ya en una u otra forma, ya rpida o lenta, hasta que llega la muerte,
que para el indio no es sino el desprendimiento del ltimo resto del
ser de una persona, que va a reunirse con las dems partes esparcidas
en el espacio, que nunca dejaron de estar en relacin, ni desvinculadas
las unas de las otras, para volver a reintegrarse en el mismo todo
incorpreo y compacto. A este ser, se llama _ajayu_, que equivale a la
idea del alma.

La coca mascada sirve de amuleto para determinados brujeros y tambin
se emplea para ofrendarla a los dolos y huacas. Asimismo, la usan en
los viajes como preservativo contra el hambre, la sed y el cansancio;
para respirar sin fatiga al subir las cuestas y en las cumbres, de
enrarecida atmsfera.

Echando el zumo de la coca con saliva en la palma de la mano, tendiendo
los dedos mayores de ella, conforme cae por ellos, predicen y juzgan el
suceso que se consulta, si ser malo o bueno.

La coca se pone amarga en la boca, cuando tiene que acaecer una
desgracia a quien la mastica, a su familia, o salir mal en la comisin
que se le encomienda.

Encontrar en un montoncito de coca o entre varios, una hoja doble, es
para tener dinero.

Probablemente legada por los espaoles, es la costumbre de hacer
presagios por la forma de arder de la vela que se enciende, ya sea a
la imagen de un santo o para alumbrarse en la noche. Cuando la llama
flamea mucho y el pbilo se encorva, sin hacer ceniza y su cebo se
chorrea, es seal de mal augurio, y de bueno si arde recta y apacible,
cubrindose el pbilo de ceniza blanca. En ambos casos aconsejan no
permitir que se consuma toda la vela, sin quedar un pedazo de cabo en
el asiento, a fin de que no se reagrave la desgracia en el primer caso
y en el segundo, se produzca un efecto contrario al deseado.

Tambin acomodan en un pequeo plato cubierto de sebo tres mechas y
hacen sus presagios por el movimiento de las luces o combinando el
flameo de stas.

La luz de la vela o mecha que est ardiendo se oscurece de un momento
a otro sin causal ostensible que la motive, cuando el alma de alguna
persona de la casa, que debe morir, se coloca entre la luz y la vista
de los espectadores.

La llama flamea a saltos cuando alguno de los presentes tiene que
viajar.

No debe permitirse que ardan tres velas, a la vez, en una habitacin,
porque es de mal agero. En todo, el nmero tres es antiptico al indio.

El que quiere causar dao, enciende la vela por la parte del asiento y
la coloca volcada de abajo para arriba, dedicndosela y haciendo votos
porque se verifique en alguien lo que persigue.

Es caracterstico en el indio la idea de que cualquiera cosa usada en
sentido contrario al habitual, se convierte en maleficio o amuleto,
segn las circunstancias. Es as cmo suponen que se puede daar an
con la misma Misa, a lo que llaman _misjayaa_, en sentido de aniquilar
con la Misa, celebrando con el misal acomodado cabizbajo en un atril
y sirvindose el clrigo el vino en el hueco que tiene el cliz en su
asiento y con los ornamentos puestos al revs.

Su espritu suspicaz y profundamente pesimista, de todo duda y en todo
supone ms posible el mal que el bien. Parece que los ojos del indio
no tuvieran vista sino para percibir el lado obscuro de las cosas, y
su corazn sensibilidad, slo para sentir las penas. Comprende ms
presto los proyectos siniestros que los alegres o benficos. Camina en
el mundo lleno de decepciones y posedo de un terrible miedo. En cada
paso que da teme encontrarse con un enemigo que le dae, o con alguien
que gratuitamente le perjudique en sus intereses, y en cada acto que
ejecuta por propia voluntad espera siempre un resultado desfavorable.
La duda y el miedo entraban su libre albedrio, de tal manera que,
imposibilitan a que se desenvuelva su ser en toda su plenitud; la duda
y el miedo han carcomido las races de su voluntad. Debido a ello es
que tenga mayor confianza en los consejos del brujo, que en su impulso
propio. La fe en lo maravilloso es signo de la debilidad y atraso
intelectual de una raza. Se busca al hechicero cuando no se comprende
lo que se ha de hacer, ni se cuenta con el valor del esfuerzo propio.
Tal sucede en esta raza infeliz. La tristeza de la pobre existencia de
sus componentes, se refleja an en la mustia fisonoma de ellos, en la
miserable condicin en la que viven, y en su candidez para acatar los
sortilegios o hechizos, para dejarse conducir sumisos por quienes se
creen dispensadores de lo sobrenatural.


II

Para colocar los cimientos de un edificio los indgenas acostumbran
derramar chicha en el hueco abierto con ese fin, enterrando en una
esquina un conejo blanco y algunas monedas. Si el que construye
es rico, se da el lujo de sepultar una llama tierna. Esta ofrenda
denominada _cuchu_, es el tributo que se paga a la Pacha-Mama, para que
tenga duracin la casa que se edifica, para que se muestre propicia con
los que la habiten, y no se enoje por el atrevimiento que han tenido en
cavar la superficie del suelo para los cimientos. Dicen los indios que
la capa terrestre es la vestidura de aquella deidad, y el que la rasga,
la ofende y lastima con esa herida.

Cuando los muros se encuentran terminados, se fija el da en que se ha
de techar la casa, y como este acto lo consideran de suma importancia,
se proveen los dueos, con la anticipacin debida, de chicha,
aguardiente y otros licores, los cuales deben ser abundantes, para que
abastezcan a todos los asistentes durante la fiesta proyectada. Llegado
el da, concurren los parientes y amigos del propietario, llevando
consigo botellas de bebidas alcohlicas. Desde los primeros momentos
comienza el consumo de las bebidas, en copas que no cesan de circular
de mano en mano; lo que no obsta para que las mujeres se impongan la
tarea de formar manojos de paja, que los hombres entusiastas arrojan
al techo. A esta ocupacin, realizada con grande algazara y gritos, se
creen obligados todos los asistentes, causando resentimientos su excusa
inmotivada.

Concluda la techa, que debe ser siempre el mismo da en que se di
comienzo, se presentan los compadres del propietario, al son de los
golpes de un tambor y de las agudas notas de una flauta, trayendo
cruces, botellas de licores y viandas. Las cruces deben estar adornadas
con figuras de vboras, colocadas diagonalmente, con objeto de que
sirven para proteger la nueva casa de las descargas del rayo. Estos
reptiles son tenidos por los indios como dioses tutelares y sus
antepasados, los de Tiahuanacu, adoraban una culebra enroscada.

Los indios compadres traen, adems, legumbres, _cuys_ y flores, que
obsequian a los dueos, a quienes les adornan los sombreros con
flores. En seguida, colocan las cruces en la cumbre del nuevo techo,
sahumando el interior de la casa con aj, para purificar el aire nocivo
y ahuyentar el espritu malo. Despus se entregan a un juego brbaro,
llamado _achokalla_, el que consiste en hacer corretear a una persona,
azotndola con los retazos de cordel de paja o _cchahuara_, que han
sobrado. Este sobrante enovillado, lo arrojan a la tijera ms firme,
teniendo una punta en la mano y con la otra amarran al dueo y lo
suspenden y azotan. Otro tanto hacen con varias personas. Algunos se
van con estos cordeles atados al pescuezo, aparentando bailar.

Finalizados tales actos se entregan al jolgorio. Estando embriagados
y hartos de comidas, comienzan a bailar, haciendo grandes ruedas en
el patio, hasta que terminan por salir a la plaza en rigle, jaleando
y zapateando ruidosamente. Esta costumbre de salir a ostentar en
pblico su alegra, la conceptan indispensable y de buen tono, y
cuando la han omitido creen haber verificado la techa de manera triste
y desapercibida.

Al da siguiente los que trajeron cruces, van de casa en casa, al rayar
el da, con manojos de paja encendida, al son de msica y estallidos
de cohetes, en busca de los principales concurrentes del da anterior,
los hacen levantar de cama y los llevan a la nueva casa, de donde se
dirigen al aposento de los dueos, los azotan y hacen que se vistan y
les sirven tazas de ponche y continua la borrachera. Los propietarios y
asistentes se complacen en recibir los azotes, porque suponen, que en
razn de los dolores, estar la duracin de la casa. A medio da tiran
a la taba haciendo que los perdidos costeen las bebidas. Semejantes
diversiones suelen durar muchos das e importar demasiado a los
interesados.

La casa nueva se come al propietario si ste se olvida de ofrendar a
la Pacha-Mama antes de habitarla. No debe alquilarse una casa por diez
aos, porque la propiedad ya no vuelve a poder de su dueo.


III

El cndor, el puma, el jaguar y la llama, eran los _totems_ de los
antiguos kollas. Al presente slo prestan mltiples reverencias a los
tres primeros, siendo imposible que los cazen; invocndoles, por el
contrario, proteccin en sus empresas cuando los ven. La llama, ya
no es tomada en cuenta por los indios; si bien, en pocas pretticas
adoraban una llama blanca, hoy el animal de este color, slo lo emplean
para ofrecerlo en sacrificio al rayo.

El zorrino (_Mephitis suffocans_) que es un pariente de la comadreja
y que se le conoce con el nombre de _aathuya_, es tenido por animal
completamente de mal agero, y el que siente el olor ftido que exhala
el lquido que expele por sus glndulas situadas cerca del ano, espera,
con seguridad que le sobrevendr alguna desgracia y coincidencias no
faltan. Al individuo perseguido por contnuos infortunios y que sale
mal en todo, lo suponen orinado por aquel nefasto animal.

El zorro indgena o _kamake_ (Canis Azarae), es considerado comnmente,
como animal funesto, y cuando el indio o mestizo lo ven de improviso,
o momento en que estn formando algn plan, o al comienzo de algn
negocio, escupen rabiosos al suelo, lanzan una dura interjeccin, le
muestran los puos cerrados en amenaza, pero despus, se apodera de
ellos el desaliento; la desconfianza principia a dominarlos.

La influencia del zorro en las determinaciones de aquellos componentes
tnicos es de gran peso, y slo vuelve la esperanza a sus corazones
cuando han logrado matarle, entonces se reaniman, dicen que la
felicidad les sonre, porque la mala suerte se ha cumplido en quien
la presagiaba. El historiador Santivez refiere, el caso siguiente:
Cuntase que pocos das antes de la victoria de Ingavi, un zorro
que haba penetrado en la torre de la iglesia de Calamarca, royendo
la correa atada al badajo de una de las campanas, produjo un repique
extrao. Alarmado el sacristn con esta novedad, acudi al campanario
para averiguar la causa y se encontr con el animal que le haba
remplazado en su oficio. Sali inmediatamente de la torre dejando
cerrada la puerta, y di aviso a los vecinos, que acudieron armados de
palos y mataron al intruso campanero. Terminada la ejecucin, uno de
los concurrentes que la daba de augur, pues nunca falta augures en las
aldeas, tom la palabra y dijo: Este zorro representa a Gamarra y su
muerte anuncia que este caudillo ha de perecer en el campo de batalla.

Adese que los indios que andaban un tanto desalentados con la
superioridad del enemigo, cobraron aliento con este augurio y se
dirigieron en tropel al cuartel general, a participar del botn de la
prxima victoria.[14]

       [14] _Vida del General Jos Ballivin_, por el doctor Jos
       Mara Santivez.--New York.--1891.--Pag. 353.

Efectivamente el general Gamarra fu derrotado y muri en el campo de
batalla.

Al zorro lo tienen tambin por muy astuto y antojadizo. Cuentan de l,
que una vez, se enamor de la Luna y con objeto de verla de cerca,
logr subir al cielo y la abraz y bes tanto, que dej estampadas las
manchas que hasta ahora se notan en su brillante faz.

Cuando el zorro se para y fija mucho en una persona, es para que a esta
le ocurra una desgracia.

Los que pretenden ser listos y hbiles ladrones, toman la sangre del
zorro. Tambin comen su carne, para ganar de las pulmonas.

Por los muchos daos que ese animal causa a los pastores, devorando
las cras de corderos, llamas y aun de vacas, lo buscan con ahinco,
no excusando medio alguno para capturarlo y darle muerte. Antes
acostumbraban sorprenderlo en su madriguera y por medio del humo
hacerlo salir afuera y matarlo a palos, o asfixiarlo all mismo.
Como tiene mucha pachorra para andar, suelen enredarle los pies con
_lihuias_ y matarlo. Otras veces cazan zorros envenenando las carnes
para que se las coman y mueran.

Pero tienen mucho cuidado en no perseguir de noche al zorro, porque
dicen que este animal es muy querido por el Huasa-Mallcu, quien le
hace servir de su perro, y que suele favorecerlo en casos de peligro
convirtiendo a todas las piedras y prominencias de terreno en zorros,
que rodean a sus perseguidores y los enloquecen.

La mina en la que se cra un zorro ir mal en su explotacin.

El zorro es centro de un ciclo de narraciones indgenas, en las que el
ingenio y la inventiva de los indios campean a sus anchas. En todas
ellas, el zorro sale siempre airoso, merced a la astuta malicia con
que procede y a los mltiples recursos que, inagotables, brotan de
su solapado y artero ingenio. Ya engaa a la mujer casada durante la
ausencia del marido, dndose modos para representar a ste; ya seduce
a la oveja ms gorda y de velln coposo y blanco que hay en la majada,
y la conduce por riscosos lugares para devorarla a su gusto, y despus
cuenta a sus compaeras que aquella habita en praderas matizadas de
verde y jugoso pasto y duerme en mullido y abrigado lecho; ya engaa a
los perros que vigilan el aprisco, con promesas que nunca las cumple.
Veces hay en que celebra sus esponsales con la cuidadora del rebao y
cuando ha satisfecho su voracidad la deja burlada. El zorro es temido
por el indio, a la vez que en sus veladas es objeto de alusiones
divertidas y picantes.

La araa o _cusicusi_, representa la alegra y cuando la encuentran
casualmente, al menos si es blanca, la tienen como buen presagio. Desde
los tiempos remotos a la araa se ha empleado como instrumento para las
brujeras. Tambin usan para las suertes de unas araas grandes, dice
Polo de Ondegardo, que las tienen tapadas con unas ollas, y les dan
all de comer, y cuando viene alguno a saber el suceso de lo que ha de
hacer, efecta primero un sacrificio el hechicero y luego destapa la
olla y si la araa tiene algn pie encogido ha de ser el suceso malo,
y si tiene todos extendidos el suceso ser bueno.[15]

       [15] _Informacin acerca de la Religin y Gobierno de los
       Incas_, por el licenciado Polo de Ondegardo.--Edicin de
       Horacio H. Urteaga.--Tomo III.--Pag. 32.

Dbese a esta preocupacin que los indios en la actualidad, apenas
notan una araa, lo primero en que se fijan es en los pies para de la
situacin en que se encuentran deducir sus presagios.

El armadillo o _quirquincho_, lo emplean para ejercitar sus venganzas,
derramando sobre su escamosa concha azufre molido, combinando con los
cabellos, o suciedad pertenecientes al individuo que tratan de hacer
dao; cuyo rostro y cuerpo, dicen que, desde ese momento, se cubren de
granos y aun de escoriaciones.

_Poner cara_, llaman el volver un lado del rostro de una persona, de
blanca o rubia, en color negro, por medio de sapos, que cran con ese
objeto y a causa de haber traicionado aqul a sus compromisos de amor.

La bestia se inquieta y se espanta, cuando se aproxima a ella un
ladrn, o una persona que tiene que morir pronto, o cuando algn
fantasma o espritu malfico la persigue, o cuando las piedras, pastos
y arbustos se han tornado ante su vista en otros animales.

Al ginete, cuya bestia tropieza o se cae al franquear la puerta de su
casa, o en presencia de su rival o enemigo, le ir mal en los negocios
que proyecta, o en sus asuntos con aquel.

Los que se ponen en los ojos las legaas del perro, ven almas en las
noches oscuras.

El feto del gato atrae la mala suerte en la casa donde se entierra, o
produce la enfermedad del dueo de ella.

El feto de la llama, al revs de lo que ocurre con el de gato, atrae
riquezas y es mayor su bondad si lo entierran inmediatamente despus de
sacarlo del vientre de la madre.

El chinchol o _pfichitanca_ (_Zonotrichia pileata_) pa constante en
la cumbre del techo de una casa cuando alguien tiene que llegar; mas,
si el momento en que se est formando mentalmente algn proyecto, o se
est conviniendo algn negocio, silba o canta estridente, es presagio
de que fracasar lo que se piensa o proyecta.

Sorprender peleando dos animales es para tener disgusto o reyerta,
particularmente si son canes.

El ser cruzado en el trayecto que se atraviesa por una vbora o
culebra, o algn otro reptil, presagia desgracia.

Cuando las golondrinas vuelan junto a la tierra o al agua, rozando
con las alas la superficie del agua o del suelo, anuncian fuertes
ventarrones.

Cuando los patos se estiran y atesan las plumas con el pico denotan
vientos; si se ponen contentos y aletean con frecuencia indican
lluvias. Tambin es seal de un prximo aguacero el sentir punzadas en
los callos del pie.

Cuando los gallinazos graznan presagian huracanes.

Cuando el gato corretea, anuncia lluvia, si maulla constantemente en el
techo, sin querer descender, o tiene frecuentes luchas con otros gatos,
es para que fallezca alguien de la casa.

El canto de la gallina es de psimo augurio, atrae y arraiga la _mala
suerte_. De aqu dimana el conocido dicho desgraciada la casa en la
que canta la gallina, refirindose a la familia, en la que domina la
mujer al hombre y asume la direccin de ella.

El perro ladra delante de un individuo y quiere embestirle, cuando ste
tiene costumbre de robar; siendo imposible que permanezca quieto y
callado delante de un ladrn.

El silbido del _cuy_ anuncia la muerte de algn individuo de la casa.

Cuando el ruiseor o gilguero cantan de noche, presagian que habr ria
al siguiente da.


IV

Se llaman _huakanqui_, _mullo_ e _illa_ a los fetiches, talismanes y
amuletos empleados por los brujos y hechiceros, para hacer aficionar y
rendir mujeres y hombres a la voluntad de enamorados corazones; para
tener fortuna, para evitar o causar daos, entre los cuales, los ms
apreciados son los de procedencia callahuaya.

Hay _huakanquis_, como el conocido con la denominacin de
_huarmi-munachi_, o mejor dicho, _huarmimpi-munayasia_, que son tan
populares que pocos ignoran su aplicacin. Este famoso talismn lo
venden los Callahuayas y tienen la figura de un hombre y una mujer en
acto carnal o abrazados, o la forma de un falo. Los huakanquis los
fabrican de huesos, metal o de alabastro blanco, del cual decan que
haba cado del cielo con el rayo, que era quien engendraba o traa esa
piedra a la tierra.

Tambin tienen la calidad de _huakanquis_ las uas del tigre, los
huayrurus, pequeos puos cerrados de hueso, y otros objetos modelados
en formas caprichosas, a los cuales les atribuyen la virtud de hacer
afortunado a quien los posee.

_Mullu_, es la piedra o hueso colorado con que hacen gargantillas. Les
dan la propiedad de amuletos y tambin de talismanes. Estos fetiches se
confunden con los huakanquis.

_Illa_, segn Bertonio, es cualquier cosa que uno guarda para provisin
de su casa, como chuo, maz, plata, ropa, y aun joyas. Al presente se
da este nombre a las monedas antiguas o retiradas de la circulacin,
que se conservan en las bolsas y monetarios, con objeto de que atraigan
dinero y no permitan que esos tiles, estn desprovistos de plata.

Con la misma palabra _illa_, se designa en aymara la piedra bezoar que
se encuentra en los intestinos de la taruka [_cervus antisiensis_] y
aun de las vicuas y que en kechua se llama _kiku_, a la que atribua
muchas virtudes, tales como evitar algunas desdichas al que lo llevaba
y la de curar ciertas enfermedades. Hablando de las vicuas, dice el
Obispo de La Paz, doctor Antonio de Castro y Castillo: se estiman por
la lana y por las piedras bezoares, que sacan del estmago de ellas
donde las cran y muchas veces las despiden ellas mismas, cuando llegan
a estar grandes y tienen tal instinto, que sienten el despedirlas y
cavando la tierra las entierran y es de notar que cuando las hallan
los indios, ya despedidas, enterrndolas en el mismo estircol, con
el calor crecen, se ponen de ms maduro y perfecto color, aunque en
largo tiempo, y en las partes que hay salitre, no las cran de ninguna
manera, porque el salitre las deshace.[16] A las piedras bezoar las
conservaban algunos como amuletos y otros los reverenciaban como a
Konopas.

       [16] _Boletn Eclesistico de la Dicesis de Nuestra Seora de
       La Paz._--Tomo I.--No. 10.--Pginas 113 y 114.--Ao 1909.

El uso de talismanes data desde pocas anteriores a la conquista,
y no se ha podido impedir su continuacin con las prdicas de los
religiosos, ni con el avance de una cultura adelantada. Polo de
Ondegardo da los siguientes detalles al respecto: Es cosa usada
en todas partes tener, o traer consigo una manera de hechizos, o
nminas de Demonio, que llaman (Huacanqui) para efecto de alcanzar
mujeres, o aficionarlas, o ellas a los varones. Son estos huacanquis
hechos de plumas de pjaros, o de otras cosas diferentes, conforme a
la invencin de cada provincia. Tambin suelen poner en la cama del
cmplice, o de la persona que quieren atraer o en ropa, o en otra parte
donde les parezca que pueden hacer efecto, estos huacanquis y otros
hechizos semejantes hechos de yerbas, de conchas de la mar, o de maz
o de otras cosas diferentes. Tambin las mujeres suelen quebrar sus
topos, o espinas con que hacen las mantas o llicllas, creyendo que
por esto el varn no tendr fuerza para juntarse con ellas, o la que
tiene se la quitar luego: y hacen otras cosas diferentes para este
mismo fin. Tambin los varones y las mujeres hacen otras diferentes
supersticiones, o de yerbas o de otras cosas, creyendo que por all
habr efecto en la generacin, o en la esterilidad si la pretenden.[17]

       [17] _Informacin acerca de la Religin y Gobierno de los
       Incas_, etc.--Pag. 196.

Pertenecen al mismo orden de huakanquis las figuritas talladas, que
representan llamitas, zorros o aves, y tienen por objeto desenvolver
en los que las llevan consigo, las cualidades que distinguen a esos
animales, cuando no preservarles de la desgracia o hacer que vengan
riquezas.

Aunque nunca matan propiamente con hechizos, suelen algunos brujos
aprovecharse de alguna enfermedad que aqueja a su cliente, como la
tisis, para decir que est hechizado, que de noche, durante su sueo,
la hechicera, de la que se han valido sus enemigos, tomando la forma de
un horrible vampiro, le chupa la sangre del cuerpo; y as cuando muere
atribuyen la causa a ese hecho. El remedio que aconsejan para librarse
de la brujera, es sobornar al que la realiza o buscar otros brujos de
mayor poder, o sino se puede conseguir la sanidad por medio de esos
recursos quemar vivo al brujo o hechicera, que han motivado y continan
reagravando el mal.


V

Suponen que formando la imagen de un enemigo de papas o maz en seguida
atravesndola de cierto modo, en alguna parte del cuerpo, con espinas,
o deformndola, y conservndola as, se obtiene que el hechizo le
atraiga desgracias, o que el miembro sealado en la efigie, sufra una
visible alteracin, ya resultando en una pantorrilla gruesa y la otra
delgada, o ya un brazo gordo y el otro descarnado, o un ojo grande y
el otro pequeo, o una oreja larga y la otra encogida, o un rgano
corriente y el otro entorpecido, daado o debilitado en sus funciones
normales.

Para que un individuo adquiera el vicio alcohlico, modelan tambin un
mueco de brea, que se le parezca y ponindole en una mano una capita
de estao y en la otra una botellita, y envolvindolo con retazos
de hilos de colores, lo arrojan fuera de la poblacin, en paraje
silencioso y poco frecuentado.

Un matrimonio o concubinato se disuelve, ocultando en la puerta de
calle de la casa donde viven los perseguidos, dos pajarillos ahorcados
con hilos retorcidos y colocados con los picos en direcciones opuestas.

Con el mismo objeto, o con el de producir el odio y la separacin entre
dos personas que se quieren, amarran juntas dos figuras semejantes con
cerdas de gato y las entierran con un sapo vivo al lado.

Otras veces atraviesan algn miembro del cuerpo de un sapo o lagarto
vivo, y envueltos con los cabellos o lienzo, pertenecientes a la
persona que desean causarle mal, lo entierran, de tal suerte, que muera
despus de haber sufrido por algn tiempo. Con esta brujera creen que
la persona aludida tiene que sentir alguna dolencia, en la misma parte
del cuerpo, en que el sapo o lagarto est padeciendo y que es segura su
muerte, si no se arranca la espina del animal y se le pone en libertad.

Tambin fabrican figuras de barro, yeso o cera, parecidas a la persona
enemiga, o pintan la cara de un ratn o gato a su semejanza, y en
seguida vistindoles con las ropas o gneros de su uso, las cuelgan,
para escupirlas, insultarlas y maltratarlas, hasta destruirlas, si son
objetos inanimados, o matarlos si son animales. Esta supersticin data
de una poca muy antigua. El P. Cobo la consigna en su obra. Para que
viniese a mal o muriese el que aborrecan, dice: vestan con su ropa
y vestidos alguna estatua que hacan en nombre de aquella persona, y
la maldecan colgndola de alto y escupindola; y as mismo hacan
estatuas pequeas de cera o de barro o de masa y las ponan en el
fuego, para que all se derritiese la cera, o se endureciere el barro
o masa, o hiciese otros efectos que ellos pretendan, creyendo que por
este modo quedaban vengados y haca mal a sus enemigos.[18]

       [18] _Historia del Nuevo Mundo_, por el P. Bernab Cobo.--Tomo
       IV, pag. 151.

En los casos de robo acostumbran arrojar cuatro reales de plata en una
olla que contenga tinta negra, acompaando el acto con una maldicin al
culpable, a fin de que pague su delito, con el ennegrecimiento de su
rostro.

El _hunto_ o cebo de llama, alpaca o vicua, lo usan como agente
principal y de gran eficacia en los brujeros, ya quemando delante de
las huacas y konopas, y segn las direcciones y densidades del humo
que se ha producido, hacer los vaticinios, ya tambin, y esto es lo
ms ordinario, formando del cebo, un mueco que tenga las apariencias
de la persona a la que se desea hacer dao, al cual, lo queman, con la
mira de que el alma, inteligencia o voluntad de aquella, se reduzca,
segn los casos a la nada, o se amenge por completo, tornndose en
amente, en ablico, o en individuo sin talento ni sentimientos. Cuando
la figura representa un individuo, suelen mezclar el cebo con harina de
maz; si es a un blanco con la de trigo.

Con esta grasa, que acomodan junto a los tallos de la paja, ceida con
hilos de colores hacen encantamientos con los caminos, para que, quien
haya ido por ellos ya no regrese.

Adems, creen que pasando con una ligera capa de hunto a los
_huakanquis y mullus_ de hueso, piedra o metal, estos conservan sus
virtudes, en las mismas condiciones que al salir de manos del brujo.

Es muy comn criar animales domsticos con el objeto principal de
que las brujeras hechas por los enemigos, recaigan sobre ellos, sin
herir a sus dueos. Proviene de aqu, que toda vez que un animal muere
repentinamente, o se encuentra aquejado de una enfermedad desconocida,
atribuyan al hechicero que ha fallado en su ataque, haciendo una
vctima distinta a la perseguida, merced a la probable intervencin de
la Pacha-Mama, de algn otro dolo, o del santo de su devocin, que
desvi el terrible efecto del maleficio.

El uso de la carne de viscacha creen que envejece muy pronto, a la
persona que la consume; la de cndor, que da longividad, por lo que la
apetecen los indios, sin embargo de su mal gusto. Del gato dicen que
tiene siete vidas y con objeto de que esa resistencia vital atribuda,
les sea trasmitida, las personas aprensivas, no pierden ocasin de
comer su carne. La sangre del toro la beben an tibia, inmediatamente
de degollarlo, con preferencia, la que fluye del pecho, porque estn
convencidos, de que con ella tendrn el vigor y la fuerza del buey.

A las comidas saladas atribuyen la propiedad de envejecer rpidamente;
a las con escasa sal o sin ella la de dilatar la juventud.

El buho y la lechuza son tenidos como pjaros de mal agero, y segn
se manifiestan hacen sus presagios. Cuando el estridente canto de
cualquiera de los dos, se escucha en la noche, dicen que llama el alma
de quien habita por donde pasa. Si alguna de estas aves fatdicas se
cierne con sus alas obscuras y suavemente se posa en el techo, por una
vez, que sobrevendr desgracias a sus moradores, o que morir uno de
estos si lo frecuenta o hace por ah su nido; si cae o tropieza con una
persona, que afligir muy pronto una epidemia a la comarca.

Como se dijo en otra parte, los brujos las domestican o disecan, para
hacerlas servir en sus operaciones.

Las mariposas nocturnas son consideradas igualmente de mal agero por
los dueos en cuya morada se presentan. Las llaman _alma kkepis_, o sea
cargadores de almas, y tienden siempre a matarlas, cuando las ven, a
fin de que la suerte reservada a las personas sufran estos insectos.

Las bestias domsticas, anuncian la muerte de alguno de sus dueos,
espantndose ante su presencia.

A la gallina comedora de huevos se cura de su defecto introduciendo su
pico en el fuego o atravesando con una pluma la nariz.

La casa en la que procrean mucho las palomas, domina la mala suerte.


VI

El tabaco ha sido desde la antigedad, planta muy apreciada por los
brujos. Usaban sus hojas en inhalaciones y zahumerios, aspirando el
humo por las fosas nasales y la boca y cuando caan en un estado de
xtasis y arrobamiento, hacan sus predicciones o se adormecan, y
despus de volver en s, contaban cuanto suponan haber visto en ese
estado.

Al presente, usan los _laykas_, al principio de sus operaciones, y los
_thaliris_, para simular su estado catalptico.

El tabaco convertido en cigarro se emplea, con objeto de preparar al
cliente, o como amuleto, fumando los viernes y martes en la noche. El
humo del cigarro en tales noches, destruye o enerva los efectos de
cualquier brujero.

Al _supaya_ conceptan los laykas gran vicioso a la coca y al cigarro,
por cuyo motivo, en sus operaciones piden siempre esas dos cosas al que
va a consultarles, para ofrecer a aqul.

El cigarro que se apaga en medio uso, lo tienen de mal agero y repiten
la siguiente estrofa:

    Cigarro que se apag,
    no lo vuelvas a encender.
    Mujer que te olvid,
    No la vuelvas a querer.

La insistencia en estos casos, creen que trae ms males que bienes.
Insistir en el vicio, cuando el destino se opone, dicen, es buscar
su ruina.




                              Captulo IV

                 En las faenas agrcolas y otros actos

       I.--Lo que se hace en los barbechos.--Das aciagos, fases
       de la luna y estaciones.--II.--Ceremonias para sembrar.
       Prcticas para evitar las heladas y sequas.--Los eclipses
       y presagios malos.--III.--Formalidades para recoger las
       cosechas.--La cosecha y desgrane del maz.--IV.--Ceremonias en
       la delimitacin y toma de posesin de los terrenos.--V.--La
       _cchalla_.--VI.--Efectos del cambio de traje en el indio.


I

El terreno destinado para el cultivo del ao, llamado _yapu_, motiva
en el agricultor indgena una constante preocupacin, al menos, si
nunca o rara vez ha sido sembrado, en cuyo caso lo denomina _puruma_ y
_khallpa_ cuando no ha descansado. De la _puruma_ se encaria tanto,
que la visita con frecuencia, contemplndola con ansias de enamorado y
cifrando en los dones de su fertilidad acumulada todas sus esperanzas
y anhelos. Muestra el sitio a sus allegados y posedo de amor filial
intenso a su sembrado, les dice, que all, en su seno privilegiado
duermen papas del tamao de cabezas humanas. Cuando celebra alguna
fiesta lo primero que hace es ir al terrazgo querido, ir a su _yapu_,
rociarlo con aguardiente antes de haberse servido, y dirigindose a la
Pacha-Mama, exclama: _Oh tierra! mi verdadera madre! Tu hijo soy y
como a tal, concdeme buenos y abundantes frutos: has que tu ubrrimo
seno sea prdigo esta vez ms, y recompensa los trabajos y desvelos de
quin slo fa en tu inagotable fecundidad._

Cuando est cercano el da de la siembra recoge todas las yerbas que
crecen en el labranto, las amontona y espera que sequen y apenas se
hallan en estado, les prende fuego, invocando al hacerlo, puesto de
rodillas, la proteccin de la Pacha-Mama. Segn la direccin que da el
aire al humo predice sobre el resultado de la prxima cosecha.

El momento en que por primera vez ha de penetrar el arado en el suelo,
el indio que debe efectuarlo, se destoca el sombrero, levanta la vista
al cielo, pide el favor de sus deidades, y despus hinca la reja y
rasga la corteza terrestre.

Antes de comenzar las faenas agrcolas, consulta en el almanaque, si
el da no est marcado de aciago. En caso de que lo est, suspende el
trabajo hasta mejores das; pero si lo lleva a cabo a pesar de ello,
est siempre temeroso de que ser mala su cosecha.

En los calendarios de los primeros tiempos de la Repblica, se lean
los siguientes prrafos, de los que se guiaban los agricultores y los
que no lo eran:

_Memoria de los das crimaterios y malos que tiene el ao, con los
cuatro Lunes._

Juicio hecho por un grande Astrlogo de Pars, que dice que el ao
tiene treinta y dos das malos, y tanto que las personas, que en tales
das cayeron enfermas, tarde o nunca se levantarn; y si se levantasen
sern y vivirn con dolores; si en tales das se casan, la mujer no
ser leal, ni se querrn bien, y siempre vivirn inquietos y pobres.
Si en tales das se ausentaran, no volvern con honra, ni negociarn
a lo que fueron, y vivirn en grandes peligros de sus personas. En
tales das no compren ni vendan, ni hagan tratos y contratos, que
as lo prueba su juicio, porque no son buenos para conseguir. Siendo
estos treinta y dos das tan malos, hay entre ellos, tres que son
adverssimos sobre manera para todos, y en particular para sangras,
heridas y cadas. Tienen peligro de muerte, si en tales das sucede
cualquiera de estas cosas, y son el 15 de Marzo, 18 de Agosto y 18
de Septiembre; los lunes son los cuatro siguientes ms peligrosos,
para tener actos carnales con las mujeres, por la mala generacin que
en ellos se consigue. El primer lunes de Abril, en el cual se abraz
Sodoma y Gomorra. El primero de Agosto en el cual naci Can que mat
a su hermano Abel. El primero de Septiembre en el cual naci Judas
Iscariote, que vendi a _Nuestro Seor Jesucristo_ y el cuarto de
Septiembre, en el cual naci Herodes, que mat a los inocentes.

  Enero 1, 2, 3, 4, 5, 6, 11, 15 y 20.
  Febrero 1, 7 y 8.
  Marzo 15, 16 y 20.
  Abril 7 y 15.
  Mayo 7, 17 y 15.
  Junio 6.
  Julio 13 y 15.
  Agosto 1, 18 y 20.
  Septiembre 15 y 18.
  Octubre 6.
  Noviembre 15 y 17.
  Diciembre 6 y 7.[19]

       [19] _Almanake del Departamento para el Ao 36, despus del
       bisiesto de 1856. Imprenta Pacea administrada por Eugenio
       Alarcn._ Pequeo folleto que contiene, adems, algunas otras
       noticias y curiosidades. En los almanaques anteriores y en
       algunos posteriores, se registra tambin esa clebre Memoria.

En los almanaques que circulaban en las provincias en una sola hoja,
estaban marcados esos das con una raya negra y con una cruz griega los
que eran de doble aciago. Las personas que no los tenan, se prestaban
de las poseedoras, para sacar copias. As ha podido trasmitirse
hasta hoy, una vez que los actuales almanaques no contienen ya esas
anotaciones.

Tambin siguen en las labranzas las fases de la luna, a la que dan
doble nombre, llamndola _Pfajjsi_, cuando la consideran como satlite
de la Tierra y _Ati_, cuando la tienen como a divinidad. _Jayri_,
es la palabra que emplean para designar la conjuncin. _Khanauri_ o
_huahua-pfajjsi_, la luna nueva; _Alantiri_ o _hayppu sunaka_, la
creciente. A la luna llena denominan _Urtta pfajjsi_. A la menguante
en general _Khantati sunaka_; a la de un da, _Huahua iqui misturi
pfajjsi_; a la de dos o tres das _Jaccha jake iqui misturi pfajjsi_;
y segn las horas de la noche dicen, _Chica_, a la de media noche,
_Jakoquipata_ volteada, _Jila huallpa aru_ del primer canto del gallo;
_Khantati pfajjsi_, luna que sale antes del amanecer; _Intimpi misturi
pfajjsi_, que sale con el sol.

Los agricultores prefieren efectuar sus siembras cuando la luna est en
cuarto menguante; en la creciente dicen que las plantas se van en ramas
y hojas y dan poco fruto.

Las cosechas las hacen en luna nueva o llena, con la idea de que
entonces se obtienen frutos grandes y pesados.

Los brujos, tampoco actan cuando la luna brilla en el firmamento con
majestuoso resplendor: esperan que ella se esconda y la obscuridad
cubra la tierra, para entregarse a sus operaciones ocultistas.

Para el indio no hay propiamente sino tres estaciones: _Jallu-pacha_,
tiempo lluvioso en que germinan las plantas; _Juipfi-pacha_, o
_thaya-pacha_, tiempo de heladas y fros, en el que cosechan y hacen
chuo, y _lupi-pacha_, el esto. A esta ltima estacin le dan tambin
el nombre de _Auti-pacha_, tiempo seco, dividindola en dos perodos:
_Jaccha-auti_, que es por Corpus Christi, hasta dos meses despus, y en
_jiskca auti_ que comprende los meses de Septiembre y Octubre. Dan la
misma denominacin de _auti-pacha_, al tiempo de hambre. Al equinoccio,
llama _arumampi urumpi chicasiri pacha_, es decir, tiempo de igual
duracin en la noche y en el da.

Cuando la luna nueva se presenta con los cuernos encendidos, color
fuego, dicen que el mes ser seco y caluroso, si plidos y planteados,
que ser lluvioso.

No debe lavarse la ropa sucia en menguante porque se deshila, agujerea
o envejece prematuramente.

Los cabellos crecen cuando se lava la cabeza en cuarto creciente.

La madera de los rboles cortados en la creciente se apolilla pronto.

Para que no falte dinero en el bolsillo, hay que mostrar medio real a
la luna nueva, apenas sale y se la ve, dicindole: _luna hermosa llena
mi bolsa_, y conservarlo a todo trance y no gastarlo en el mayor apuro.


II

Escogen para la siembra, lo mismo que hicieron para roturar el terreno,
una fecha que no sea sealada como aciaga, porque de estarlo supnese
que la semilla ser destruda por los gusanos que ese da, segn los
campesinos, se hallan en movimiento.

Los das de la siembra se presenta a los toros adornadas las espaldas
de enjalmas que contienen monedas antiguas de plata y pequeos espejos,
y de frenteras vistosas. En el yugo que une la pareja de aradores,
ponen dos banderitas en los extremos y una en el centro. Mientras abren
surcos en el terreno arde un montn de boiga seca, para que con su
humo ahuyente los espritus malos.

Al dar comienzo a la faena claman a sus _huacas_ para que proteja la
sementera y aleje la sequa y heladas; vierten chicha en el surco
humeante, recin abierto y despus arrojan en l, coca mascada. Las
jvenes suelen entonar sus cantares o _jayllitas_, dicindolas unas
y respondiendo otras, al seguir al labrador que conduce la yunta,
derramando a la vez en el surco abono y semilla. Si ese momento cruza
por el aire un cndor o una guila, prorrumpen los concurrentes en un
grito de alegra y presagian que la cosecha ser buena.

Todo el tiempo de la siembra no dejan de invocar a sus huacas, para que
les mande abundantes y sazonados frutos y que las lluvias no escaseen,
ni hayan heladas. Los blancos suelen recitar oraciones a los santos con
igual objeto.

Terminada la siembra, si la parte labrada es de maz, colocan en el
centro una piedra larga, que se asemeja a una mazorca y que es la
_Mama Sara_, encargada de impedir la presencia de la _Mekala_ y dar
una copiosa cosecha; si es de papas u otras races, ponen otra piedra
empinada con el nombre de _kompa_, que tiene la misma misin y la de
evitar ladrones. El agricultor rara vez o casi nunca se olvida ejecutar
tales ceremonias.[20]

       [20] El P. Oliva, refirindose a esta costumbre inmemorial,
       que an subsiste, dice: Ponen por guardas de las chacras
       unas piedras largas, o de color porque entienden que estas
       conservan la humedad de la tierra y para asegurarlas de los
       ladrones ponen por guardas conchas de tortuga que llaman
       quirquincho que causan tan grande temor a los que pasan y
       las miran, que ninguno de ellos se atrevera entrar en la
       chacra donde ellas estn porque entienden. Se han de enchir
       de lepra. _Libro primero del manuscrito original del R. P.
       Anello Oliva. S. J. etc., pag. 113._

Durante el tiempo en que germinan los frutos, el indio vive inquieto y
temeroso de que sobrevenga algn mal temporal. En las maanas contempla
la forma en que se posan las nubes en los picos de la cordillera
andina; si tienen la de un sombrero, augura que caer una granizada en
la tarde, como en efecto sucede. En las noches se halla examinando el
cielo y cuando se convence de que habrn heladas y se suspendern las
lluvias, tal vez cuando ms necesiten sus sementeras, se apodera de
l un profundo abatimiento. Apela, cuanto antes, a las brujeras: si
el mal tiempo es causado por las heladas, adora las estrellas, prende
fogatas en las alturas, lleva las plantas averiadas al templo y hace
celebrar misas, a la vez, que no cesa de implorar a la Pacha Mama y
a sus huacas; si lo motiva, la sequa, rinde fervoroso culto a las
lagunas, ros y represas de agua. Va a las balsas que se forman en las
cumbres de los montes, las adora y despus trae el agua de all para
rociar alguna parte de sus sembrados, suponiendo que con este acto
volvern las lluvias.

En esos das, en que las heladas y el calor abrasan sus sementeras,
matan los grmenes y sepultan en fro sueo, tal vez definitivo las
semillas, su atribulado espritu se entrega por completo a la direccin
de los brujos, y cuando stos, no alcanzan a remediar el mal, duda
de que procedan con sinceridad y les atribuye connivencias con sus
enemigos; haber sido sobornado por stos, y en trance tan difcil y
desesperado como l se encuentra termina por ejecutar, por su cuenta,
actos de hechicera. Toda la comarca se presenta entonces como habitada
por una poblacin de alucinados, en espera de algo maravilloso que
deba suceder, y en la tensin de nimo que domina a sus moradores, lo
ms insignificante que ocurre, les parece seales favorables de sus
divinidades o augurios fatales, que empeorarn su aflictiva situacin.

En aquellos das viven los desgraciados indgenas, tristes, en
constantes sobresaltos, sin apartar la vista de sus sembrados,
derramando lgrimas sobre la tierra que ayer humedecieron con su sudor,
y que hoy, a medida que aumentan los calores van covirtindose en
desolados campos. Los _yatiris, laykas y thaliris_ son consultados a
menudo, no cesando stos a su vez de investigar el porvenir, en la coca
y en el vientre de los animales que con ese objeto matan, los cuales
sean perros, corderos, cuys, o gallinas, deben ser siempre de color
negro. Cogen a los sapos y los exponen en rocas ridas, o los encierran
en ollas para que vindose en esa dura situacin clamen al cielo por
agua; revuelven los hormigueros y obligan a cuanto animal vive bajo de
la tierra a que salga fuera. Tambin acostumbran hacer que los nios
completamente desnudos suban a los cerros y alturas, llevando velas
encendidas y cruces, gritando en coro: _Misericordia Seor... Agua por
amor de Dios..._

Si el mal tiempo persiste y pierden las esperanzas de recoger sus
cosechas, los ms cierran las puertas de sus casas y tapiandolas con
adobes, emigran a las ciudades en busca de trabajo y alimentos; si,
por el contrario, mejora el tiempo, la alegra es general: las jvenes
cubren sus sombreros con las primeras flores y entonan cantos; los
indios jvenes tocar, sus _kenas y pinquillos_, mientras los viejos
rodean y agasajan respetuosos al brujo, que ha acertado para que, segn
ellos, se produzca aquel cambio feliz.

Por lo comn mantienen la idea, desde el principio de la cosecha,
de que cuando caen aguaceros a principios del mes de agosto, el ao
agrcola ser lluvioso y abundante en productos; cuando no, que ser
seco y escaso. Adems, bajo el nombre de _cabauelas_, acostumbran
calcular los agricultores la mayor o menor humedad de los meses
posteriores a agosto, levantado indistintamente una piedra del campo,
durante los primeros siete das de este mes. Si la piedra levantada el
primer da tiene humedad, dicen que en septiembre llover, si no, que
ser seco. Al siguiente da que corresponde a octubre hacen el mismo
pronstico, continuando en los das restantes, adjudicados a los meses
sucesivos, en igual forma.

Los eclipses son siempre considerados por los indios como presagios
de grandes calamidades que, sin duda alguna, tienen que sobrevenir,
ms o menos tarde sobre el pas. Por esta creencia, tan arraigada en
ellos, un eclipse los apena tanto, que para conjurar el peligro que
les amenaza, ocurren a la intervencin de sus hechiceros. El momento
en que se realiza el eclipse, sacan al patio platos y utensilios de
plata, llenos de agua, levantan el grito al cielo, cual si alguien los
maltratara; castigan a los muchachos y a los perros, para que con sus
chillidos y ladridos espanten el espritu malo que trata de devorar
a la luna y privarles de ese benfico astro de la noche. Suponen los
indios que sin ese bullicio estrepitoso, la luna no despertara de su
letargo y sera vctima cmoda de aqul.

Las mujeres dan a luz mellizos, cuando el ao ser estril y, para
conjurar el mal, suelen matar, en secreto una de las criaturas, o
enterrarla viva. Este es uno de los pocos casos en que el indio se
desprende de un nio, sea su hijo o ageno. En esta raza son muy
raras las acusaciones de filicidio, porque las mujeres se muestran
incapaces de dar muerte a un hijo suyo, sea que ste provenga de un
comercio ilcito o de legtima unin. La razn es obvia: los hijos
no constituyen desventaja, en ninguna forma, en las casas indgenas,
por las mltiples ocupaciones pastoriles y agrcolas que los hacen
necesarios. A los cuatro o cinco aos el hijo es, por lo general, el
pastor del pequeo rebao que provee a la familia de la carne para
vender o sustentarse, de la lana que ha de servir para su vestido
y de la leche para formar quesos. Desde la adolescencia, hasta que
llega a la mayoridad, ayuda a sus padres o a los que lo criaron, en
la labranza del campo. Un miembro ms que sobreviene en la familia
indgena, no es una carga para sta, sino una esperanza de alivio.

No permiten que las mujeres preadas o que estn menstruando pasen
por las sementeras, porque temen que al ejecutarlo, absorvan con sus
rganos genitales predispuestos para la fecundacin o ya fecundados, la
virtud productiva de la tierra y que, a causa de ello, resulten escasos
y dbiles los frutos que se recojan en la cosecha prxima.

Cuando caen rayos, hay que hacer una cruz en el suelo y poner en el
centro un huevo para que cesen aquellos.

Para que la granizada se suspenda, se deben aprisionar los granizos y
maltratarlos, y cesa la tempestad.

Soplando el humo del incienso a la tempestad, se suspende sta.

Las polillas corretean en las paredes agitando sus alas para que llueva.

El agua corriente se entibia, para que llueva.

La alegra de los puercos anuncia lluvia.

Los sapos se retiran del ro, cuando est prxima a estallar la
tempestad, temiendo que la avenida que entre los arrastre lejos.


III

Los das en que se efectan las cosechas son de fiesta y alegra para
los agricultores. Concurren al lugar, llevando consigo chicha y coca.
Al principio de la faena piden a la Pacha-Mama que la cosecha sea buena
y abundante. Derraman algunas gotas de aguardiente y tiran algunos
pedazos de coca mascada y dan comienzo a su labor. En el escarbe de
papas y otros tubrculos, acostumbran formar sobre el mismo campo,
pequeos hornos, construdos provisionalmente con terrones y cuando
se encuentran caldeados, introducen en su interior papas escogidas
y, despus de acondicionarlas con moldes de queso o trozos de carne,
derrumban el horno encima de esos objetos, para que se cuezan dentro de
l.

Despus de un rato, ms o menos largo, segn sea el clculo que se
haga para el conocimiento de aquellas especies, se las extrae y en
seguida colocndolas sobre manteles o lienzos extendidos en el suelo,
se sientan de cuclillas o se recuestan, en rueda, en su rededor y
comienzan a servirse de los productos cocidos, los cuales han sido
antes rociados con la sangre de los corderos que degollaron con ese
objeto, reinando entre los asistentes la mayor alegra. En cuatro
puntos opuestos de la rueda, se sitan indios que tocan flautas que
llevan poritos en la extremidades inferiores y a las que se llama
_pululus_. Tal ceremonia se realiza con el fin de no ahuyentar el alma
de los frutos, que debe continuar vivificando ese terreno para que al
ao prximo, se manifieste ms prdigo en sus dones.

Terminada la merienda, arrastran a los dueos sobre cueros por encima
del terreno escarbado y concludo el acto, dan vueltas bailando, y,
en cierto momento, se paran cuatro de los ms caracterizados, con la
vista fija al oriente e imprecan la proteccin del sol. Pasada esta
ceremonia, sigue la danza en rueda de los dueos de la cosecha y de sus
invitados; beben abundante chicha y licores, retirndose en la noche a
sus hogares, completamente embriagados.

En el imperio incaico los labradores tenan una danza especial
denominada _jaylli_. La realizaban llevando hombres y mujeres
instrumentos de labranza: los hombres con sus _Tactllas_, que son sus
arados--dice el P. Cobo--y las mujeres con sus _Atunas_, que son
unos instrumentos de palo a manera de azada de carpintero, con que
quebrantan los terrenos y allanan la tierra.[21]

       [21] Historia del Nuevo Mundo, etc., tomo IV; pag. 230.

En la cosecha de cebada, trigo o de quinua, extienden los cereales en
el mismo terreno del que han sido cortados o arrancados y cuando se
encuentran secos, la cebada debe servir de alimento a los animales,
si la recogen en los depsitos, y si est destinada a dar grano, lo
mismo que la quinua, la desgranan a golpes de palo, para lo que se
colocan en filas paralelas los indios necesarios, armados de largos
palos, ligeramente encorbados, los cuales caen sobre las parvas guiados
por la diestra mano de sus tenedores, quienes descargan los golpes con
regularidad, produciendo un sonido seco y acompasado. El trigo se siega
con la hoz y se trilla en la era, echando las gavillas bajo las patas
de los caballos trilladores. La seleccin del grano se obtiene lanzando
al aire paletadas de la mies desgranada, la que con el viento que hace,
al caer en el suelo queda separada del polvo y partculas de tallos y
hojas machacadas con las pisadas.

En las haciendas acostumbran cosechar el maz, apartando las mazorcas
de la caa y desnudndolas de sus envolturas y recogidas en una manta,
que llevan amarrada al pescuezo por dos de sus extremos.

Llenada la manta de mazorcas, se echan a la espalda y la derraman en un
montn, que todos los ocupados en esta tarea van formando del total que
ha producido el terreno. Las mujeres se dedican a separar las panojas
de buen grano de las que tienen menudo o podrido, haciendo otros
montones.

Terminada la recoleccin del producto, miden en costales o grandes
canastos, con capacidad para recibir varias cargas, y as se cercioran
de la cantidad que se ha cosechado.

Se cuentan cuidadosamente las mazorcas de la primera porcin que se
ha medido, y con el nombre de _muestra_, se guardan para que despus
sirvan, a su vez, de medida para recibir el producto seco y desgranado.

Entregado el maz a un cuidador, especialmente nombrado, con el ttulo
de _Camani_, lo extiende ste en un canchn apropiado, que se le
denomina _tendal_, donde permanece hasta secar por completo.

Llegando el da designado para el desgrane, se reunen en el tendal
los colonos de la hacienda, acompaados de su familia, allegados y
ayudantes; cuentan las panojas de la _muestra_, y las desgranan en
algn costal o cajn, el cual despus sirve de medida para recibir la
cosecha y ver si se halla conforme con la cantidad que se ha entregado
al _Camani_.

Cada colono, formando con los suyos un grupo independiente, coloca en
el centro un cuero seco de vaca, pone encima las mazorcas, y hace que
el ms robusto del crculo, que comnmente es algn joven, calzado
de sandalias de cuero duro o zapatos de grandes tacones, comienza a
pisotear las panojas, haciendo que con los repetidos golpes que da,
se desprenden los granos y vayan siendo arrojados a los extremos
las raspas y los marlos. Vaciados los cueros, vuelven a rellenarlos
inmediatamente dos indios giles que hacen de repartidores, sin que
el zapateo cese hasta que el montn de mazorcas se haya agotado. Las
mujeres se encargan de apartar los ltimos granos, que no hayan podido
ser separados por el contacto de los pies.

El da aquel es convertido por los indios en festivo, durante l beben
abundante chicha y comen de lo mejor que tienen en su cosecha; slo
ese da, en homenaje a la Pacha-Mama, que se ha mostrado bondadosa, se
permiten guisar sus conejos, gallinas y corderos. Ese da, realmente
gozan y se divierten los agricultores, penetra una racha de verdadera
alegra en sus corazones.

Las papas grandes, o que tienen distinta forma de las dems y que se
llaman _llallahuas_, as como las panojas de gran tamao, o compuestas
de dos o tres unidas, las tienen cual portadoras de buen agero y
las colocan en sitios de preferencia, con el nombre de _tomincos_,
prestndoles muchas reverencias, como si fueran cosas divinas.


IV

Las clases populares dan mayor importancia a la delimitacin y posesin
judiciales de sus terrenos que a los ttulos de propiedad, razn por la
que cuando se realiza alguna de esas diligencias, observan multitud de
ceremonias que les den solemnidad y sea lo actuado imperecedero en la
memoria de los asistentes.

En los casos de delimitacin, deslindes, recorrida de mojones, concurre
comnmente, numeroso pblico y los indios antes de colocar el mojn, o
en el lmite reconocido por las partes interesadas, estiran a un nio
que tenga vinculaciones con stos, y le dan de azotes en nalga pelada,
encargndole en cada latigazo, que se acuerde y grave en la memoria que
en ese punto fu castigado y en seguida ponen la seal. El indiecito,
con semejante recomendacin, nunca se olvida del lugar ni de lo
ocurrido y cuando llega a la vejez, siempre repite: este es lmite de
estos terrenos, porque aqu me azotaron, y sus afirmaciones en juicio,
son al respecto precisas, llenas de detalles y reunen las condiciones
requeridas para una plena prueba, dando a los jueces mucha luz en caso
de litigio. En la colocacin de cada seal o _Achachi_, siguen el mismo
procedimiento, hasta que, despus de concludas las diligencias se
entregan a una franca diversin.

En las posesiones ministradas personalmente por los jueces, las
solemnidades y gastos son mayores. El interesado acopia desde das
antes, abundantes provisiones de comer y bebidas; llegado el da de
la operacin, conducen al juez con muchos miramientos al lugar en que
debe verificarse el acto, y ste, a su vez, asume un aspecto tan grave
y da tanta importancia a su persona, que despierta no vivo inters
en los concurrentes. Ordena al actuario o secretario de su juzgado,
lea los obrados que sean pertinentes, la solicitud del peticionario,
el decreto que le ha cabido: pregunta si las partes y colindantes han
sido notificados con ese decreto y si no ha habido oposicin al acto;
y en seguida, tomando de la mano al interesado le da posesin del
terreno, consistiendo ella, en hacerle revolcar en el suelo, mientras
los asistentes le arrojan piedras pequeas, tierra, flores y yerbas. El
actuante, aunque algunas veces con contusiones en el cuerpo, se levanta
alegre y satisfecho, porque supone que no son los presentes los que
le han lastimado, sino el suelo, que al recibirlo como a dueo le ha
prodigado duras caricias.

El indio y el cholo, por ms que estn en posesin real y efectiva
de un terreno, sin ser molestados por nadie, nunca creen ser sus
propietarios, sino han aprehendido, o no media una posesin judicial.
Esta diligencia es de vital importancia para ellos, y la consideran
como la nica que pueda realmente dar vida a su derecho y orillar
dificultades posteriores; en una palabra, la posesin lo es todo para
ellos.

En semejante funcin, que toma las proporciones de una solemne fiesta
de familia, no se arredran ante cualquier gasto ni se detienen en
ocultar el placer y orgullo que en hacerlo experimentan.


V

No habindose conocido entre los indios, antes de la conquista, la
facultad de adquirir por compra-venta, la propiedad de cosas muebles
o inmuebles, tambin fu por lo mismo, desconocida la prctica de
agasajar al vendedor y a los que intervienen en la venta, o sea la
prctica del alboroque o robla, la que fu introducida, juntamente
con aquella en las costumbres del indio pero ste, lejos de concretar
la manifestacin a los presentes, la convirti en una ceremonia para
dar gracias a la Pacha-Mama por la adquisicin, y en seguida, recin
atender a los concurrentes.

El alboroque indgena, conocido con la denominacin aymara de _cchalla_
o _cchallaa_ [rocamiento o rociar], consiste en que el comprador de
algn objeto, terreno o casa, en momentos de posesionarse de lo que ya
es suyo, invite al vendedor, a los amigos y parientes, a beber copas
de aguardiente, festejando la compra y antes de que nadie se sirva,
derrama alguna porcin de la aguardiente de su copa en el suelo,
pidiendo a la Pacha-Mama, que la compra sea con xito, y se lo consume
en seguida el resto. Igual cosa hacen algunos asistentes caracterizados
y respetables. Antes de realizar esa invocacin y rociar el suelo con
aguardiente, es imposible que ninguno beba el contenido de la copa que
tiene en la mano.

La _cchalla_, es repetida con mayor solemnidad, cuando se refiere a la
adquisicin de fundos, el martes de carnaval, para cuyo da, hacen sus
invitaciones y preparativos en ms grande escala, debiendo efectuarse
la fiesta en el paraje adquirido. All despus de cubrir de flores,
mixturas y confites el suelo y de hacer reventar cohetes, rociarlo de
bebidas, se sirven licores, bailan y se embriagan con exceso.

Sin estos requisitos, efectuados con toda pompa y entusiasmo, suponen
que la compra no ser duradera ni feliz; que la Pacha-Mama, no se
mostrar benvola con el nuevo propietario.

Asimismo, hacen extensiva la _cchalla_ a los propietarios que estrenan
casas nuevas, quienes efectan la fiesta, para que aquellas duren o no
se rajen las paredes.


VI

El indio que abandona su traje para vestir a la moda de los blancos, se
convierte en enemigo de su raza.

El indio no cree que el acto se reduce a una simple alteracin del
indumento, sino que, en el alma de que lo ha efectuado cambian por
completo, desde ese momento, las ideas y sentimientos que abrigaba
referentes a su raza, a la vez, que abandona sus ocupaciones
habituales. El labrador, dice, desaparece con el vestido. Y, as es.
Apenas el aborigen se trajea a la moda europea, huye de las labores
agrcolas, desconoce a sus padres, reniega de su raza y se pone
frente a ella; obedece las sugestiones de los mestizos y blancos para
ultrajarla y perseguir a sus miembros, toda vez, que se le presentan
ocasiones de hacerlo. El indio trasfigurado es el peor verdugo de los
suyos.

Los padres del nio, que ha experimentado esa mudanza de traje, apenas
lo ven vestido a la manera del blanco, se conmueven hondamente an
lloran; pero despus se consuelan con la esperanza de que para l ha
concludo el porvenir de sufrimientos, de angustias y de melancola
que pesa sobre los naturales, y de que su vida gozar de garantas que
ellos no tuvieron.

El campo ya no retiene al indio; la ilusin de vivir mejor y ms
tranquilo en las ciudades influye para que huya de su casa y cambie
de ocupaciones. Los labradores disminuyen visiblemente y aumentan los
cholos, que adquieren cualquier profesin o se dedican a cualquier
labor que no sea la agricultura. El aborigen cesa de ser labrador
apenas cubre sus carnes con telas cortadas y confeccionadas a la usanza
de sus opresores, adquiere con prontitud costumbres y maneras exticas,
detestando las suyas; pero su cambio, por muchos que sean sus esfuerzos
se reduce a exterioridades, porque en el fondo permanece siempre
indgena. Acaso no vemos a diario mostrarse al indio letrado con todos
los caracteres de su raza? El hecho mismo de compartir con el mestizo
y aplaudir la destruccin de cuanta huella pudiera quedar, en las
costumbres populares que le recuerden su origen y a sus progenitores,
es propio de su ndole presuntuosa, que le hace renegar de su pasado,
por temor, slo por temor, de que lo pudiese avergonzar ante el
extranjero, cuando ste, si se preocupa de l es para estudiarlo
etnogrficamente o para explotar su ignorancia y vanidad. El vestido
hace del indio, cholo, y lo aparta del hogar paterno y del cultivo de
la tierra, que para sus mayores constituy la nica delicia apetecible
en este mundo; y de cholo a titularse caballero, no hay sino un paso,
que el indio lo salta con rapidez, cuando es industrioso, econmico y
aspirante. Muchos descendientes de estos indios metamorfoseados suelen
ocupar puestos pblicos, ya de jueces, diputados, o de funcionarios
administrativos, desempeando los cargos con acierto, brillo y
competencia. El indio posee aptitudes singulares para la abogaca e
intriga poltica, que favorecen sus aspiraciones.

Raro destino de una raza, cuya evolucin social depende, en gran
parte, de la tijera de un sastre!

El que estrena vestido, debe festejarse invitando aguardiente a sus
amigos, si quiere, que su ropa dure. Este acto se conoce con el nombre
vulgar de _remojo_ y se halla muy generalizado.

El hombre no debe abrigarse con la falda o zagalejo de la mujer, porque
se afemina.

La ropa no hay que tratar con torpeza, porque no sabe comer para que
tenga resistencia.




                              Captulo V

                        En viajes y en caminos

       I.--Cmo se formaban y funcionaban los _chasquis_ en el
       imperio incaico.--Los tambos y postas.--Abusos que existan
       en estos establecimientos.--II.--Preocupaciones de los
       postillones en los viajes.--III.--Preparativos de los indios
       para viajar; en el camino, sus entretenimientos; robos y
       manera de encontrar lo sustrado; su amor a los animales y
       a la naturaleza.--IV.--Invocaciones a los Achachilas.--La
       Apachita.--Culto de las piedras y de los ros.--V.--El
       regreso.--La fiesta del _huiskju jaraka_.--Resistencia de los
       nativos para los viajes y carreras.


I

En el imperio incaico existan peatones especiales, con el nombre de
_chasquis_, encargados de trasmitir con la mayor rapidez los mensajes
de los gobernadores al Inca, o los de ste a aquellos, y tambin de
conducir sobre sus espaldas alguna cosa que el Inca pidiese y la
necesitase de inmediato. Segn el P. Mora, los _chasquis_ constituan
una casta especial, y el primero que encontr y mand que hubiese
de estos Chasquis y Correo, fu el famoso Rey y Seor Topa Inga
Yupanqui, y puso casas y tambin aparte para los dichos Chasquis todo
el abiamiento necesario y el que no corra bien la posta y era haragn,
le quebraban las piernas, y a sus hijos les criaban solo con _panca_,
que significa maz tostado, y sin que bebiesen ms que una vez al da,
y los probaban a ver si eran ligeros y prestos, para el propsito, y
si no lo eran, les daban el mismo castigo, y as toda esta casta de
Chasquis era de indios muy prestos y ligeros y que haba entre ellos
indios que alcanzaban una _vicua_ y le corra, y aun la pasaba con
harto trecho de ventaja.[22]

       [22] _Origen e Historia de los Incas._--Obra escrita en el
       Cuzco (1,575-90) por Fray Martn de Mora, de la Orden de la
       Merced. Publicada y anotada por Manuel Gonzlez de la Rosa,
       etc. Lima 1911; pag. 128.

Las casas de los chasquis se hallaban situadas de trecho en trecho,
a la distancia de cinco millas una casa de otra, y en cada casa haba
cuatro indios, vestidos con uniformes especiales que servan durante un
mes, pasado el cual iban a descansar a las casas que haban construdo
con ese objeto, en donde se les daba de comer y y se les provea de
todo lo que necesitasen de los depsitos del Inca, siendo reemplazados
en su puesto por otros de la misma casta. Estos chasquis gozaban entre
les indios de muchos privilegios y deferencias y sus mujeres e hijos
eran atendidos por cuenta del Estado. No tenan ms ocupacin que la de
caminar en la forma enunciada, estando relevados de todo otro servicio
o faena pblica.

Adems, en toda la longitud de los caminos y a la distancia de cuarenta
a cincuenta leguas, se haban establecido posadas o _tampus_, provistas
de toda clase de recursos tomados de la hacienda del Inca, y destinadas
para alojar al soberano y a su comitiva, o a los que viajaban con
carcter oficial.

Durante el perodo colonial ambos servicios, el de _chasquis_ y
_tampus_, decayeron rpidamente, a causa de los abusos y descuido de
los conquistadores, siendo sustituidos por el de _postas_.

Este servicio, tal como ha llegado hasta nosotros, consiste en que en
los caminos principales y a la distancia de cinco leguas, ms o menos,
exista un _tambo_, servido por un _maestro de posta_ ya mestizo o
indio, que tiene a sus rdenes un determinado nmero de naturales, que
se turnan anualmente y son enviados por las comunidades, a las que se
ha impuesto tal obligacin.

Los chasquis ya no gozan de las preeminencias, retribuciones y
exenciones que tenan sus antepasados. Conocidos hoy con el nombre de
_postillones_, desempean el rudo servicio de peatones y espoliques,
mereciendo de los que los ocupan riguroso trato.

Los indios, a los que corresponde el turno, se despiden de sus
familias, cual si fueran a una muerte segura. La noche antes de
partir, hacen como Carlos V, sus funerales en vida, y al da siguiente
todos sus parientes y amigos los acompaan llorando a voces, cual si
condujeran un cadver, hasta alguna distancia del pueblo, donde les
hacen la _cacharpaya_, regresando de all a sus casas.

Al ejecutar tales ceremonias, no pueden ser tachados los actores de
exagerados. El servicio de posta, fu muy pesado para los indios. En
los primeros tiempos de la Repblica y en los posteriores, hasta hace
un cuarto de siglo, los militares que llegaban a una posta, lo primero
que hacan, apenas desmontaban de la bestia, era agarrar a sablazos,
puntapies y puetazos al indio encargado del servicio y despus pedan
lo que deseaban. El objeto era intimidarlos para obtener por ese medio
todo gratis y no pagarles de ningn consumo ni servicio. En Bolivia, el
militar ha sido hasta hace poco tiempo el opresor ms cruel e inhumano
que ha tenido el indio.

Contaba un militar envejecido en la carrera de las armas, que
una ocasin lleg a una posta, en la que enfren y ensill al
indio encargado del establecimiento, por no haberle proporcionado
inmediatamente la bestia y el postilln que necesitaba, a causa de que
otros los haban agotado y, que hubiera montado en l, a no haberse
presentado ese momento quien salvase del apuro al atribulado indio.
El abusar de la mujer del postero, el dejarlo desprovisto de todo lo
que tena, el hacerlo caminar a la carrera delante de su caballera,
el no aceptarle ninguna razn ni disculpa, y entenderse con l slo a
palos, ha sido el sistema que se ha seguido con esta desgraciada raza
en aquellas casas.


II

El postilln, en los casos extraordinarios o cuando siente flojedad en
los nervios, se pasa por los pies y pantorrillas grasa de vicua y cree
que con ese ingrediente restablecer su vigor y se har mas ligero.

El momento de partir sahuman las mujeres los pies de la bestia que ha
de hacer la carrera y encomiendan al postilln a sus dioses penates.
Este, parte tocando su bocina o _pututu_; en seguida cuelga a la
espalda el instrumento y se pone en marcha. Cuando se halla en la cima
de una altura o cerca de un poblado, descuelga el _pututu_ y vuelve a
soplarlo. Igual cosa hace cuando est prximo a la posta, en la que
debe finalizar su corto y rpido viaje. Apenas llega se tiende de
espaldas, con los pies levantados arriba y apoyadas las plantas contra
la pared, y de esta manara descansa y restablece las fuerzas gastadas
en el camino.

Los postillones que han cumplido su servicio, antes de abandonar la
posta, hacen un da de verdadera fiesta y al volver a sus hogares creen
haber salvado de una pesadilla y se entregan a nuevas borracheras.


III

Cuando el jefe de una familia tiene que emprender viaje largo, o de
importancia, consulta al brujo para que le diga, si ha de ser aquel
propicio o desgraciado; si conviene realizarlo o no, y segn su
respuesta, lo efecta, alegre o triste. A falta de brujos hace los
vaticinios con las hojas de la coca y tambin se gua por la manera
de arder de la vela que ha encendido con ese objeto al santo de su
devocin.

El da de la partida acompaan al que viaja hasta cierta distancia
del camino, hacindole beber chicha y licores en el trayecto, y
despus lo despiden vertiendo lgrimas, por lo que a este acto se
llamaba _jacharpaaa_, es decir, despedir con lloriqueos y con pena
de que se vaya; palabra que adulterada por el uso se ha convertido en
_cacharpaya_, con la que actualmente se la conoce. Llenado el cumplido,
regresa la comitiva embriagada no sin antes desear al viajero que le
vaya bien en el camino y sea protegido por sus divinidades. Algunos, el
momento de la separacin echan sobre brasas encendidas alguna resina o
queman algo en homenaje de la deidad que debe proteger al caminante.

Si el momento de la partida cruza raudo por los aires un cndor,
es signo de que el viaje ser feliz y motiva la alegra del que lo
efecta, que desde ese momento camina alborozado, no dudando ya de su
buen xito.

Si un zorro se le presenta o aparece por el lado derecho del camino,
anuncia al viajero que le sobrevendr alguna desgracia, que puede
evitarse invocando la proteccin del _Huasa-Mallcu_, y tomando las
precauciones necesarias, pero si se muestra por el lado izquierdo, lo
cree de psimo augurio, no faltando quien renuncie al viaje, temeroso
de lo que pueda ocurrir.

Ha llegado tambin a infiltrarse en las costumbres indgenas, la
preocupacin espaola de no principiar ningn negocio ni partir de su
casa el da martes. El conocido adagio: da martes, no te cases ni te
embarques, ni de tu casa te apartes, lo repite con frecuencia y es
imposible que lo infrinja; si por mucha urgencia lo ha hecho, atribuye
las desgracias que le suceden en el camino a esta circunstancia.

Constituye otro augurio funesto, que anuncia el seguro fracaso de lo
que se proyecta o del objeto de un viaje, el encontrarse al salir de
casa o en el trayecto con un tuerto. Por el contrario, si el encuentro
es con un cojo, se tiene como buen presagio. Los negociantes y viajeros
huyen siempre de la presencia del tuerto y buscan con ansia la del cojo.

Cuando el indio se ve cruzado en su camino por una vicua, sigue
tranquilo, pero si por huir tropieza con ella, es seal de que morir;
igual temor se apodera de su nimo cuando el hecho le sucede con un
venado.

Al paso tardo de las llamas o del poco ligero de las acmilas y burros,
atraviesa largas distancias, entretenido en esas horas lentas y
cansadas, en relatar historietas a sus compaeros o en escuchar las que
ignoraba, referentes a sus antepasados, o a los lugares que toca, o a
lo ocurrido en viajes anteriores, mientras con las manos, hila alguna
vez, o hace labores de punto. En los viajes descubre el indio secretos
de familia, porque se vuelve indiscreto y comunicativo, y adquiere
experiencia y conocimientos tiles.

En las noches prefiere alojarse y dormir en campo raso, al aire libre,
tanto por hbito adquirido, como porque sus bestias aprovechen del
pasto existente, sindole indiferentes los rigores del clima y de la
intemperie. Su sueo es ligero y despierta al ruido ms dbil. Antes
de acostarse se encomienda al _Huasa-Mallcu_, seor de los caminos y
desiertos, para que los ladrones no le roben. Al da siguiente, si
algn animal se le ha perdido o extraviado durante la noche, por el
rastro que dejan sus pisadas, por tnues que sean, lo encuentra con
seguridad. Rara vez falla en sus investigaciones; para que tal cosa
suceda, es necesario que el viajero sea novel y poco ejercitado en
rastrear. Al indio avezado a los viajes, le basta el ms ligero indicio
para dar con su semoviente perdido: es un rastreador insigne. Le
roban, slo cuando se ha dormido, y sto, atribuye a haber empleado el
ladrn algn brujero con l para adormecerlo y hacer que nada sienta.
A su vez, los ladrones indgenas son muy astutos, giles, listos y
ejercitados para el robo. Ellos prefieren, sustraer sin dar muerte a su
dueo, al contrario de lo que hacen el mestizo blanco, que en ms de
los casos matan para robar.

La veterinaria indgena se reduce al empleo de la orina y el alcohol,
puestos en fomento a las bestias, en los casos de hinchazn, o para
lavarles la matadura, si sta se ha abierto. Sin embargo, si el indio
pudiera emplear todos los remedios posibles para sanar a sus animales
lo hara con la mejor voluntad. En las maanas, lo primero que hace,
antes de volver a aparejarlos, es examinarles el lomo y la barriga
y cuando encuentra alguna lastimadura siente un profundo pesar y se
esmera en curarla. Es imposible que monte a su acmila por molido y
cansado que est, temeroso de maltratarla; slo cabalga a la bestia
agena. Cuando la suya se cansa, gustoso se echa a la espalda la carga,
y la lleva hasta que se encuentre en posibilidad de conducirla de
nuevo. Nunca castiga a los animales inofensivos, creyendo que quien,
por maldad lo ejecuta, caer en algunas desgracia.

Merced a ese inmenso cario, el ganado lanar acrescienta en su poder.
Apenas pare una llama u oveja, abriga a la cra, la coloca an junto
a su cuerpo para trasmitirle calor y slo la aparta, cuando la vida
del animalillo se halla salvada. Los mismos cuidados prodiga al ganado
mayor que se enferma. La muerte de un cordero le hace sufrir mucho, y
mayor es su pesar cuando se trata de un buey, o de un burro o acmila.
La desesperacin que experimenta entonces es superior a la causada por
la muerte de un hijo.

Los indios esquilan el velln de las llamas y corderos con el cuidado
ms exquisito, y cuando las llamas se encuentran en celo, realizan una
fiesta ruidosa: mezclan a los machos con las hembras y les ayudan a
introducir a stas el miembro de aquellos.

Antecedentes tales pesan de sobra para que se hallen los aborgenes
familiarizados con sus animales domsticos y an salvajes, que viven
en sus casas o en los campos. Triscan los corderillos junto a ellos,
se les apegan y les siguen obedeciendo sus mandatos; el buey se hace
manosear y uncir al yugo sin resistencia y el macho maero o indmito
les cede; el gallo canta a su lado, sin mostrarse urao; las mismas
viscachas tan ariscas para personas extraas, cuando ellos andan cerca
a sus madrigueras, no se espantan. Pero nada ama tanto el indio, en
su simplicidad, como la naturaleza varia y libre, que le rodea. Lejos
de las ciudades, albergado en casuchas miserables, ante montaas
elevadas y erizadas de peascos o cubiertas de nieves eternas, ante
vastas y silenciosas llanuras y hondos valles, supone estar en su
verdadero centro y vive contento. A la vista de las primeras flores,
que en cada primavera, brotan en el campo y en sus sembrados, siente
transportes y raptos vivos y profundos: su espritu parece renacer
con las plantas y vincularse ms a la tierra, as como se entristece,
cuando el invierno la amortaja y las heladas destruyen el tallo, hojas
y botones de los vegetales. En los actos religiosos, el momento ms
solemne, se arrodilla, inclina la cara hasta pegar al suelo y lo besa
con reverencia difcil de pintar, cual si para l no existiese otra
deidad que la tierra. En los caminos, sigue su ruta contento; su alma
se expansiona y gozoso da rienda suelta a los efluvios del inmenso amor
que siente por todo lo que le rodea.

El indio idolatra la naturaleza, a la que considera como la divinidad
suprema, porque cree que la Pacha-Mama encierra en su seno las
fuerzas creadoras de vida, que las prodiga a quienes confan en ella.
Aprovechado de las condescendencias y avidez precuniaria de los
clrigos, la rinde culto haciendo celebrar Misas a los cerros, campos,
terrazgos, frutos, casas, lagunas, ros y al ganado, y oyndolas con
profunda devocin, en el concepto, de que en esos objetos visibles la
est adorando.


IV

En sus viajes es imposible que el indio deje de encomendarse a su
_Achachila_ favorito, pidindole su proteccin. Cuando en el camino
encuentra un peasco o pedruzco, se aproxima a l y se destoca el
sombrero, le saluda y reverencia, ofrendndole coca mascada que arroja
sobre l y en seguida descansa a sus pies.

Cosa muy usada era antiguamente, dice Arriaga, ahora no lo es menos,
cuando suben algunas cuestas o cerros, o se cansan en el camino
llegando a alguna piedra grande, que tienen ya sealada para este
efecto, escupir sobre ella (y por esto llaman a esta piedra y a esta
ceremonia Tocanca) coca o maz mascado, otras veces dejan all las
ojotas, o calzado viejo, o la Huarakca o unas soguillas, o manojillos
de _jichhus_ o paja, o ponen otras piedras pequeas encima, y con esto
dicen, que se les quita el cansancio.[23]

       [23] Extirpacin de la idolatra en el Per por Pablo Joseph
       de Arriaga, pag. 64. Edicin Urteaga.

Esta costumbre con ligeras modificaciones, subsiste an. El indio
al llegar a la cumbre de alguna montaa, cerro o altura, casi
involuntariamente repite la palabra sagrada de _apachita_ y se
aproxima al montn de piedras que siempre existe all, formado por los
pasajeros, y que constituye el altar eregido a la piedra del lugar,
e inclinndose respetuoso, agrega al montn otro guijarro, diciendo:
_yo te ofrendo para que me des fuerzas, alejes el cansancio de mi
cuerpo y me evites de infortunios_. Despus hace en el mochadero
algunas combinaciones con piedrecillas, figurando ser casas o majadas,
con nimo de que su peticin, as materializada, sea atendida o
adorna alguna piedra con lanas o hilos de colores, manifestando ser
industrias, a las que se dedica el ofrendante, y que pide vayan en
auge. A continuacin ofrece su sacrificio en este altar, sacando de
su boca coca mascada, o de su alforja maz tostado y arrojando con
reverencia, al montn, o se descalza una sandalia y la pone encima,
o hace una banderita con algn pedazo de tela de su vestido y la
coloca all, o pone entre las piedras alguna pluma de ave. Se hinca
de rodillas y pide a las piedras con toda su alma que le deje pasar
con salud; que aparte de su camino las desgracias o _chhijis_, y le d
vigor para seguir su viaje. Se para, arranca un pelo de sus pestaas
o cejas y se las ofrece, soplando al aire sobre la palma de la mano y
despus descansa en el lugar.

Al llegar a la ribera de un ro, lo primero que hace el indio en
metiendo el pie dentro, es saludar a las aguas, y bebiendo en el hueco
de la mano dos o tres buchadas de ellas, aun cuando el lquido est
turbio, pedirle que le deje pasar sin causarle ningn dao y despus de
ofrecerle un poco de coca o maz mascado, arrojando a la superficie,
atravesarlo ya sin temor ninguno.

Las lluvias torrenciales se suspenden cuando los ros se llevan algunas
personas. El agua aplaca su voracidad con ese tributo humano, como los
individuos sedientos, se calman bebiendo tan preciado lquido.

No constituye para el indio una gran desgracia el morir de esa manera,
soportable y aun de desear le parece recibir el abrazo de la deidad
acutica que lo ha elegido para llevrselo lejos tal vez a una mansin
de delicias. Por ltimo, piensa que alguien debe sacrificarse para que
las tormentas no causen ms desgracias.

Tambin cesan los aguaceros cuando el rayo mata a una persona.

Las _pascanas_ son los sitios de descanso o de alojamiento, los tiene
por sagrados y al llegar a ellos los reverencian, bajndose el sombrero.

Las cuestas cansan demasiado cuando el subsuelo encierra substancias
metalferas.

En el camino se vuelven ms supersticiosos de lo que realmente son y
cualquier cosa extraa, grito o sonido particular, los alarma y lo
tienen por avisos de sus divinidades para no hacerse sorprender por
algn accidente improvisto.


V

El probable da en que el viajero debe llegar a su casa, es calculado
por su familia, que va a su encuentro a la distancia de media legua,
llevndole comida, chicha y aguardiente. Suele regirse para esto del
anuncio de los sueos o del piar del chincol o _pfichitanca_.

El golpearse el codo involuntariamente es para ver a una persona
querida despus de mucho tiempo de separacin.

El da de la llegada es siempre de alegra y embriaguez.

Concurren los parientes del viajero a darle la bienvenida y con este
motivo se realiza una fiesta, llamada _huiskju-jaraka_ o sea desate de
sandalia[24], la que suele durar varios das.

       [24] El _huiskju_ es propiamente la sandalia, pues consta de
       unas suelas de cuero atadas con correas al empeine hasta la
       garganta del pie. Se prefiere que la suela sea de la piel del
       pescuezo de llama. La ojota, que tambin usan los indios, se
       llama _ppollko_, y se compone de un pedazo de cuero, levantado
       en los bordes, fruncido y asegurado por correas, sobre el
       empeine. El pie se halla protegido por todos los lados, a
       diferencia del _huiskju_, que los deja al descubierto. El
       _ppollko_ se asemeja mucho a la alpargata.

La esposa del recin llegado manda de obsequio a las familias de los
amigos y parientes de su esposo y de ella, un poco de las especies de
comer o beber que aquel ha trado, rogndoles que le hagan el favor de
aceptar ese pequeo regalo. Los favorecidos tienen en mucha cuenta esta
atencin y cuando llega el caso de corresponder lo hacen de la misma
manera.

El indio y el mestizo no sienten hasto ni se enferman con los largos
viajes; apenas cesan los festejos de su llegada, vuelve a sus tareas
ordinarias como si no hubiesen experimentado ninguna fatiga; son
andariegos insignes, y los viajes ms penosos los consideran como
caminatas y se ren de los sufrimientos de los blancos que para
realizarlos dificultan tanto y tantos preparativos hacen.

En las carreras de resistencia, el indio es invencible: cruza enormes
distancias en pocas horas y llega a la meta sin estar rendido por
el cansancio ni la sed.[25] Ms de uno se hace acreedor, a que se
le dirija el histrico dicho del Inca: que _Tiay huanacu_, sintate
huanaco, frase con la fu recibido, dice, en caso anlogo, el mensajero
que partiendo del Cuzco, lleg a la famosa y clebre capital de los
kollas, en un tiempo relativamente corto, dando lugar a que el nombre
del pueblo se cambie de _Chucahara_, en Tiahuanacu.

       [25] Es comn en estos casos ver al indio caminar 50
       kilmetros en tres horas.




                              Captulo VI

                   Desdoblamiento de la vida social

       I.--Supersticiones referentes al embarazo, nacimiento y
       crianza de los nios.--II.--En la enfermedad y muerte de
       stos.--III.--Relativas al amor sexual: la prctica de
       _musurar_.--IV.--Amores y matrimonios indgenas.--V.--Ideas
       predominantes en los concubinatos y matrimonios de la chola y
       de la india.


I

Desde el momento en que la mujer siente haber concebido (a cuyo acto
llama _hacutatha_, si es en matrimonio, _hacutaracatha_, si fuera de
l, o tambin _hapitatha_ y _hapihuarkhatatha_, respectivamente) evita
comer garbanzos, por temor de que su hijo nazca cabezn. Igual cosa
presume que le suceder si no anda mucho y lleva vida sedentaria.

La mujer preada o _hapi_[26] no debe ver un cadver, ni manejar
animales muertos, ni consentirlos prximos a ella, sino quiere dar a
luz un hijo aquejado de raquitismo o sea _larphata_.

       [26] Esta es la palabra con que en aymara se designa
       propiamente la preez de la mujer. _Huallkke_, corresponde a
       la hembra de los animales.

El parto no reviste entre los indios aquel solemne significado que
tiene para las mujeres de razas superiores y civilizadas. Apenas la
india siente los dolores, se retira a su casa, si el tiempo le alcanza,
y all realiza el alumbramiento, cuando no lo verifica al aire libre,
por haber sido sorprendida en el campo, y llevando en brazos al recin
nacido se recoge al hogar. En los ms de los casos, pare sin recibir
auxilios de ninguna persona extraa. A los dos o tres das del hecho,
alguna vez, al da siguiente, se la ve trabajando cual si no hubiera
estado de parto; de la nica regin del cuerpo que cuida es de las
plantas de los pies, que las abriga para no resfriarse.

Durante el alumbramiento se acostumbra poner bajo la almohada de la
enferma y sin que sta sepa, una tijera abierta en cruz y se clava en
la puerta un cuchillo, con objeto de que no hagan dao al recin nacido
los malos espritus. Tambin se pone un cuchillo o tijera junto a la
criatura para dejarle sola en una habitacin.

La placenta deber enterrarse bien lavada y cubierta de flores, en
paraje donde no llegue el sol, para evitar irritaciones en la matriz
de la madre o enfermedades al prvulo. Aaden cuando ha sido varn el
recin nacido, tiles de labranza o albailera, pedazos de papel o de
madera para que sea un buen agricultor o albail, o un pequeo libro
para que sea doctor o cura. Si es nia, dedal, aguja, o tijera de papel
y figuras de enseres de cocina, para que sea una mujer hacendosa y
buena madre de familia. Tienen por cosa cierta que la Pacha-Mama al
recibir en su seno aquel objeto con tales agregados, concede lo que le
piden.

El nacimiento de mellizos, _pachahuahuas_ o _pachachahatahuahuas_ lo
tienen de mal agero, como se dijo en otra parte. Al primero de los
nios que sale a luz, llaman _uisa_, al segundo _caka_. Si son mujeres,
a la primera, _ahualla_, a la segunda _hispalla_.

El que se entretiene en contar las estrellas tendr numerosa prole.

Los esposos que no tienen descendencia y cran y miman un perro, apenas
notan que les nacer un hijo, matan el perro para que este no pida a
San Roque la muerte del recin nacido, a fin de no verse privado del
cario que le profesaban sus amos.

La criatura que nace muy desarrollada est destinada a morir pronto.

Un nio se enferma de los ojos, cuando alguna persona le ha dirigido
miradas de odio o con nimo de daarle. Esta enfermedad llaman _miqui_.

El prvulo que llora y grita el momento que se le bautiza, vivir hasta
la vejez; si se orina durante la ceremonia, es seal de que morir
antes del ao, as como cuando no llora en ese acto. Si tiene los
piesecitos siempre fros, tambin denota que no vivir muchos meses;
igual resultado anuncia la costumbre de morder el pezn del pecho de su
madre al lactar, o la de comer tierra.

Para que un nio viva hay que criarlo con camisa de mujer.

No debe comer frijoles la que hace lactar, porque se le secar la leche
en los pechos.

La abundancia de liendres en la cabeza de un nio es seal de que ser
hurfano.

Si a la madre que se encuentra fuera de su casa, le sale leche de sus
pechos, es porque su nio est llorando y la reclama.

Cuando una criatura se atora la madre debe darle tres palmadas en el
pecho e inmediatamente cesa el accidente.

La criatura que se besa las extremidades de los pies tardar en andar.

A la madre le duelen los pechos para que el hijo que hace lactar se
enferme.

No debe rascarse la planta de los pies a los nios porque les da
gusanera en el estmago.

Las criaturas lloran mucho en la noche cuando han sido agitados o
llevados por el viento sus paales en el da.

El nio que se chupa los dedos hace caer el cabello de su madre. Sucede
lo mismo cuando ha fallecido, durante el perodo en que entran en
putrefaccin sus manecitas.

La madre que desea tener abundante leche debe hacer hervir chuo y
tomar su caldo con frecuencia.


II

Se dice que un nio est _catjata_, es decir, _agarrado_, cuando se
enferma a consecuencia de una cada, de haber llorado en el campo, o
de haberse asustado, accidentes en los que creen que parte de su alma
se ha desprendido con la conmocin del cuerpecito y quedndose a vagar
en esos puntos, pugnan por reunirse a la otra, que sufre por ello. El
tratamiento que siguen en estos casos, para curarlo, consiste en darle
de comer un poco de tierra levantada del paraje donde ha ocurrido el
hecho, y si esto no es bastante y sigue llorando, llaman al brujo o
hechicera para que lo cure, quien, desde el primer momento manifiesta
que su _nima_ se ha quedado en el lugar donde ha cado, llorado o
asustdose, y que para su sanidad conviene recogerla. Con ste objeto
hacen de los paales o vestidos del nio enfermo un envoltorio, que
tiene la forma de una criatura arropada, el que es conducido en brazos
por aqul, quien, adems, lleva consigo, confites, mixtura, figuritas
de estao y se dirige al sitio en que tuvo lugar el accidente,
acompaado de algunas personas. All el brujo o hechicero azota el
envoltorio, reconvinindole, cual si hablara con un ser viviente,
porque ha permitido que su anima lo abandone, y llama en seguida a
sta, con las palabras: _Anima de mi nio querido vente; nima adorada
de mi nio vulvete; nima idolatrada de mi nio vmonos a casa. Tu
cuna est dispuesta, tus paales calientes, te espera el tierno regazo
de tu pobre madre que llora por verte a su lado, que se desespera por
estrecharte contra su pecho y que no sufras ms el hambre y fro que
reinan en estos desiertos y tristes lugares..._

En seguida entierran en el sitio las especies que trajeron,
ofrecindolas a la Pacha-Mama y regresan a la carrera, haciendo acostar
el envoltorio inmediatamente que llegan, junto al nio enfermo, con la
seguridad de que este sanar debido a todo lo que se ha realizado en
obsequio a l.

El nio pone el odo al suelo, en actitud de escuchar, cuando su madre
est nuevamente embarazada y aquel siente que el feto llora y le llama.

Cuando la mujer se embaraza de una criatura de sexo contrario al que
hace lactar, morir ste; pero si ambos son del mismo sexo el hecho no
le causar efecto mortal.

La cabecera de la cama debe ponerse hacia el norte para que un nio
duerma tranquilo.

Al nio que acostumbra orinarse en la cama, en las noches, debe
hacrsele mear sobre brasas, o sobre un pedazo de adobe caliente y que
el vapor que se desprende, llegue a sus partes genitales y queda curado.

El hipo en los nios es seal de crecimiento; en los jvenes y viejos,
augurio de embriaguez.

Cuando un nio tiene que ser trasladado, de una casa a otra, hacen que
el momento de conducirlo definitivamente, golpee la persona que lo
lleva, con dos piedrecitas, llamando el nima de aquel y rogndole que
se venga ntegramente, porque sin ese procedimiento pueda quedar alguna
fraccin de ella y motivarle una enfermedad.

El nio que llora en su cumpleaos, anuncia que ser de carcter
cobarde cuando crezca.

El cabello con el que han nacido, debe cortarse a los nios para que no
se cren soberbios.

El primer diente que bota un nio, debe colocarse en el agujero de un
ratn para que tenga una buena dentadura.

Para hacer olvidar el cario de un nio hay que lavar alguna especie
sucia de la persona a quien quiere y hacerle beber esa agua.

Al nio que se amartela, hay que sacarlo de la casa, llevando consigo
excremento de llama o cordero y algunas piedrecitas, y conducirlo a la
vera de un ro y obligar al paciente a que tire al agua una a una las
piedrecitas y excrementos y la corriente se llevar la dolencia lejos.

El nio que corretea llevando las manos atrs, est destinado a morir,
porque prepara sus alas para volar al cielo.

El que se frota mucho la nariz, manifiesta que adolece de gusanera.

El prvulo que nace muerto debe ser arrojado al ro o quemado, para que
su alma no vaya al limbo a sufrir.

La que hace lactar una nia, se niega a dar su pecho a un varn, porque
supone que esto causar la muerte de aquella.

En ciertos casos, atribuyen la enfermedad del nio a un espritu
maligno, llamado _Larilari_[27] que ha logrado apoderarse de su cuerpo,
y para ahuyentarlo y hacer que sane, queman _kkoa_ con ail en la
habitacin del enfermo, suponiendo que con el fuerte humo que debe
producirse abandonar a su vctima. Dicen que el Larilari se hace
visible en forma de un gato de pelaje colorado, que trepa a los rboles
y de all silba a los incautos, y los atrae. Apenas los ve prximos al
rbol, baja rpido, y al escapar va a rozarse precisamente con ellos,
inoculndoles el momento de pasar una enfermedad, cuyos sntomas son:
ojos inyectados en sangre; cuerpo amorotado y decaimiento completo del
organismo.

       [27] Larilari: Gente de la puna que no reconoce casi que,
       cimarrones. _Vocabulario del padre Ludovico Bertonio Edicin
       Platzmann_ pag. 191. Probablemente se le ha aplicado este
       nombre por considerar un espritu vagabundo y rebelde, el que
       daa a los nios.

Las equmosis y manchas de sangre que resultan en el cadver del nio,
ya sea a causa de haberse producido una congestin pulmonar, o por otro
motivo explicable, le culpan al _larilari_, quien aprovechando del
descuido de la madre o de las encargadas de atender al enfermo, dicen,
que maltrat y azot su cuerpecito, hasta ocasionarle la muerte, segn
lo manifiestan esas seales.

El nio que duerme con los ojos abiertos morir en temprana edad.

El que no se halla bautizado, se encuentra propenso a que le caiga el
rayo.

La criatura moribunda sufre mucho y su agona se dilata, mientras la
madre est presente o la tiene en su regazo. Para morir tranquila y
pronto, necesita no ver a su madre.

Tambin el nio tiene una larga agona, cuando espa las faltas de
sus padres. Muere apacible si no las tienen y recibe oportunamente la
bendicin de su padrino.

Cuando dos nios que son parientes o pertenecen a personas amigas,
que viven en una misma casa, mueren simultneamente, dicen que se han
puesto de acuerdo para marcharse juntos al otro mundo.

Los ojos del cadver de un prvulo, permanecen abiertos, cuando debe
seguirle su hermano o algn nio de su edad, en quien fij la vista el
momento de espirar.

La mortaja no debe ser adquirida ni puesta al pequeo cadver por la
misma madre, sino por la madrina o terceras personas. A quien infrinje
esta costumbre le suceder algo malo.

Los retazos que sobran de la mortaja de un prvulo, deben encerrarse
en su ataud o enterrarse en su sepultura, porque, cuando algn pedazo
queda en la casa, atrae desgracias.

Personas extraas acostumbran aadir a la mortaja como adorno, una
cinta o cordn, con objeto de que el alma del pequeuelo que se
convierte en ngel, les arroje desde lo alto un extremo de aquel
cordn, para asirse de l y subir al cielo, cuando ellas mueran y
llegue la ocasin de querer ascender all.

Las especies sucias pertenecientes al finado, no deben lavarse mientras
est presente el cadver, sino despus de los tres das de su entierro,
a fin de que su alma no pene, por la suciedad que ha dejado, y se
presente con frecuencia a sus padres, en sueos.

Cuando muere un nio no debe llorarse porque se obstaculiza la rpida
subida de su alma al cielo. El llanto de la madre conmueve al mismo
Dios, quien ordena al alma de la criatura vuelva al mundo a consolarla
y a secar sus lgrimas. En ese sentido, en vez de ascender al cielo
baja y vaga en la tierra, clamando porque su madre tenga hijos que
ocupen su lugar y la consuelen. Por eso la madre que llora mucho por un
hijo muerto, tiene a la larga una numerosa prole.

Al nio que sana de una enfermedad no debe cortrsele las uas
inmediatamente despus de su convalescencia, porque vuelve el mal.

Para que sane por completo hay que darle de beber, en leche, la ceniza
de un mechn de sus cabellos.

El nio tiene hambre voraz e insaciable cuando tiene que morir uno de
sus padres, con cuyo fallecimiento se le calmar.

Sobre la cabeza del nio no debe ponerse plato, fuente ni objetos
cncavos, porque se entorpece su crecimiento y se hace de pequea
estatura.


III

En la poca del celo, dicen que el lagarto lleva atravesada en la
boca un pedazo de paja, y sigue as a la hembra. El amante desdeado
deber apropiarse de esa paja y envolver con ella un cabello de la
mujer deseada y lograr que sta cambie inmediatamente de sentimientos
hacia l, haciendo que su aversin se trueque en ardiente amor y se le
entregue por completo.

La mujer que no quiere ser abandonada por su amante le da en alguna
bebida la sangre de su menstruacin.

Para que la pasin se torne en odio, ingieren en alguna bebida,
partculas del excremento de la persona que se quiere hacerla aborrecer
y la dan a la que deba experimentar el cambio.

El cario de una mujer tambin se obtiene poniendo bajo su cama ciertos
amuletos, formados de plumas, conchas o piedras de color que se
envuelven, en alguna especie suya.

La mujer que se halla acosada por un hombre, puede librarse de ser
poseda por ste, con slo partir o doblar el topo o prendedor con el
que se asegura el manto, o tenerlo en la mano envuelto en un extremo de
l; con esto har que los bros de su perseguidor desfallezcan y se
muestre repentinamente impotente para abusar de ella.

No debe contraerse matrimonio el da domingo, para que no abunden las
desgracias en el nuevo hogar.

Cuando el momento, o despus de la ceremonia del desposorio, se cae
al suelo el anillo de compromiso, a uno de los novios, augura que
morir ste muy pronto. Si durante ella, o en el festn que celebran
los novios, se rompe algn objeto destinado para el uso particular de
stos, denota que no habr armona entre ellos y que se separarn ms o
menos tarde.

Para triunfar en el corazn de un esposo o amante y poseerlo por
completo, hay que azotar la nalga pelada de la rival, con uno de los
zapatos que se usa. Se debe a esta supersticin que la mujer del
pueblo, haga esfuerzos en una ria, para derribar a su contraria al
suelo y levantndole la falda y los refajos, sacarse un zapato de los
pies y descargarle en nalga desnuda uno o dos golpes.

Los jvenes que desean saber la clase de mujer que les corresponder
por esposa, consultan al brujo, quien escarba un sitio particular, si
en l encuentra cabellos blancos, dice que se casarn con vieja, si
negros con moza y si castaos con muchacha.

Para descubrir el cario de la persona de quien se halla uno enamorado,
acostumbran sacar de la calavera de los _cuys_, un par de huecesitos
con forma de animalillos, que llaman zorros, y echarlos en un vaso
de chicha, si despus de beber el lquido encuentran los huecesitos
unidos, dicen que ambos se quieren, o bien que los sentimientos de
aquella persona son fingidos. Este acto llaman _simpasia_.

Tambin hacen iguales consultas los jvenes, con cordeles que revuelven
en los dedos.

El amante que se retira vuelve a la casa de la mujer, de quien trata de
apartarse, cuando sta ha clavado tras de la puerta de su dormitorio,
el calzado viejo perteneciente al pie derecho de aqul. Creen que con
este acto ha quedado apresada una parte de su ser, que lo atraer
forzosamente al hogar desdeado.

Los enamorados indgenas acostumbran pellizcar a sus parejas, si estas
soportan el dolor que les causa el acto, y les responden con iguales
pellizcos, suponen que estn correspondidos.

El indio nunca besa a su enamorada; el beso, como manifestacin de amor
es desconocido en esta raza. Lo que hace, en los momentos de cariosa
intimidad, es agarrarla de las sienes con la palma de sus manos y
frotarla con su barbilla la frente, causndole con este alago, llamado
_musuraa_, una placentera sensacin de voluptuosidad. La joven, cuanto
ms quiere a su galn ms a menudo le presenta su frente para recibir
tal caricia.


IV

El amor sexual es, entre los indios, libre, instintivo y desligado de
trabas que lo coarten y de educacin que lo dignifique.

El hombre posee a la joven soltera, casi siempre por la violencia; la
fuerza y no la voluntad es la que prima en esos actos, sin motivar
escndalo, ni atraer la clera de los padres de la ofendida. Ninguna
importancia dan a la virginidad de la mujer; por el contrario, la
virginidad conservada por mucho tiempo, la consideran deprimente, como
signo de haber sido despreciada por los hombres. _Morirs doncella_,
dice la casada a la joven a quin trata de injuriar. La idea de llegar
a la vejez y morir virgen, horroriza a la india: cree sta que si tal
cosa sucediera, su existencia resultara, sin objeto e intil. _El
amor, repiten, dignifica a la hembra, porque la hace cumplir su misin
en la tierra, que es la de tener hijos y perpetuar la especie..._

Semejante criterio proviene de la condicin excepcional en la que est
colocada la mujer en la economa domstica, que le hace ver claro
su destino. Desde muy nias se cran en agreste libertad, dedicadas
al pastoreo del ganado en campos apartados o desiertos, junto a
varones que se ocupan de las mismas tareas, con quienes se establecen
relaciones estrechas de compaerismo, que dan lugar a que, presenciando
juntos el frecuente ayuntamiento de los ganados, sientan despertarse
precozmente en su naturaleza los instintos sexuales, y excitados
por la ociosidad y el trato familiar y libre, se vean impulsadas a
satisfacerlos, estando an en la adolescencia.

Adems, nunca han considerado las mujeres, desde los tiempos
precolombianos, que fuera reprensible el dedicarse a carnales
entretenimientos, cuando estn solteras y no tienen amantes que las
cohiban hacerlo. Tambin sorprende, dice Lorente, su manera de
pensar [la del indio] sobre la castidad de las mujeres. Tenan en
poco la de las solteras y sola ser estimada en ms la que haba
sido ms licenciosa. Tal vez procedan as porque en las mujeres
de trato libre, y estimadas por eso de la muchedumbre, crean ver
mujeres hacendosas que les ayudaran en sus faenas. Lo cierto es que
concediendo tanta libertad a las solteras, condenaban a muerte a la
casada que era convencida de adulterio.[28] Andan vestidos de ropa de
lana ellos y sus mujeres--dice por su parte Cieza de Len--las cuales
dicen que, puesto que antes que se casen pueden andar sueltamente,
si despus de entregada al marido, le hace traicin, usando de su
cuerpo con otro varn, la mataban[29]. Igual opinin tiene Garcilaso
de la Vega, que dice: Dems de esta burlera, consentan en muchas
provincias del Collao, una gran infamia; y era, que las mujeres antes
de casarse podan ser cuan malas quisiesen de sus personas, y las ms
disolutas se casaban ms aina, como que fuese mayor calidad haber sido
malsimas.[30]

       [28] _Historia antigua del Per_, por Sebastin Lorente. Lima,
       1860, pag. 77

       [29] _Historiadores primitivos de Indias._--Coleccin dirigida
       e ilustrada por don Enrique de Vedia.--Tomo II.--Madrid 1900,
       pag. 443.

       [30] _Los Comentarios reales de los Incas._--Libro II. Cap.
       XIX.

Debido a esa manera de pensar tradicional, la india casada o
_aynoni_, es muy fiel a su esposo o _ayno_; en tanto que la soltera o
_huarmikkala_ es liviana, sin que ello sea un obstculo para que se
case. Con la chola ocurre lo mismo; se matrimonia despus de haber
tenido contacto con varios hombres. La diferencia est, en que la
chola, si bien no tiene el concepto de la india sobre la virginidad,
la cual, su prdida la trasluce y la tiene a honra, cuando an
no es concubina o _sipasi_ de alguien, tampoco es en aquella un
inconveniente, para que no pueda contraer matrimonio[31].

       [31] A semejanza de los mestizos que llaman a la esposa
       _mi mujer_, los indios casi no usan las palabras _ayno_ y
       _aynoni_ sino que las han reemplazado con el de _chachaja_,
       que quiere decir literalmente _mi hombre_, refirindose al
       esposo y _huarmija_, _mi mujer_, tratndose de la esposa. A
       la concubina se dice _tahuakoja_, mi moza, o _utathaja_, mi
       conocida, y al amante _huaynaja_, mi joven. La dulce palabra
       _sipasi_ est en desuso, y tanto sta como las de _ayno_ o
       _aynoni_ las emplean slo en sus cantares, o en comarcas
       apartadas que mantienen escaso trato social con pueblos de
       otra ndole.

Dividan las jvenes o _tahuakos_, en cuatro categoras. A las hermosas
llamaban _paco-hakhllas_; a las de mayor belleza, _hanko-hakhllas_; a
las medianas _huayrurus_ y al comn de mozas, _hahua-tahuakos_.

El indio joven o _huayna_, que se ha enamorado de una joven y es
correspondido por sta a cuyo estado psicolgico llaman _huayllusia_,
es decir, amarse tiernamente, para diferenciar del _munasia_ que
significa quererse, pero en un sentido general, busca la ocasin
para tener precisamente comercio ilcito con ella antes de casarse.
Entre los indios el concubinato precede siempre al matrimonio. Y el
concubinato lo inicia el varn obligando a la mujer a seguirle, con
objeto de recobrar alguna prenda de vestir que le ha arrebatado al
final de una entrevista. Es de uso entre ellos que la mujer vaya en
pos de su enamorado slo en este caso, siendo imposible que lo haga,
sino ha ocurrido tal cosa, aunque est ardiendo en deseos de hacerlo y
nadie la coharte en su libertad. Conocedor el indio de esta costumbre,
apenas nota que su enamorada cede a sus insinuaciones, le quita
violentamente el sombrero o el manto y se aparta apresurado. La joven
entre risuea y aparentando enfado va siguindole hasta donde aqul
cree conveniente pararse y esperarla, que es en un sitio regularmente
solitario y cubierto a las miradas indiscretas.

Cuando se disgustan, la mujer le echa en cara ese acto, dicindole: _yo
no te quise, tu abusaste de mi persona por la fuerza, y me hiciste tuya
contra mi voluntad..._

Los padres del indio que trata de contraer matrimonio se dirigen a la
casa de la novia, llevando consigo aguardiente y un atadito de coca.
Despus de manifestar a los padres de sta sus pretensiones, les
invitan el aguardiente que han trado, quienes si aceptan la invitacin
y beben el aguardiente, lo que efectan tras de muchos ruegos, se
suponen que asienten a la peticin; si por el contrario, se niegan a
beber, es seal de que la rechazan, retirndose en seguida en este
caso. A continuacin de las copas de aguardiente viene el atadito de
coca que los peticionarios alcanzan a los dueos de casa; si lo reciben
y abren, est resuelta favorablemente la peticin; entonces, el padre
de la novia toma algunas hojas de la sagrada planta y les alcanza a los
padres del novio, expresndoles que sea en buena hora el matrimonio,
que haya armona entre los futuros contrayentes, y que lleguen a
tener bienes y sea el hombre el que domine su comarca. Reparte a los
asistentes algunas hojas ms y despus el resto se lo guarda para
devolver la manta o _tari_, al da siguiente vaca y atada de un modo
especial. En el inesperado caso de retractacin, el envoltorio es
devuelto tal como fu recibido.

La ceremonia de la peticin, conocida con la palabra _sartasia_, es
comn entre los indios y mestizos, con la diferencia de que estos
ltimos no hacen uso de la coca. Generalmente suele degenerar el acto,
cuando avienen las partes, en una orga desenfrenada, en la que los
concurrentes no se percatan de embriagarse por completo ni de cometer
acciones las ms licenciosas.

En el nombramiento de padrinos cuidan mucho de que estos sean de
moralidad reconocida, trabajadores y buenos esposos, porque suponen que
sus ahijados seguirn sus pasos. Los padrinos, dicen, son como la luz
que alumbra y gua a aquellos en el sendero de la vida y si esa luz es
mala, forzosamente andarn mal. Aseguran que entre padrinos y ahijados
hay una correlacin mental, que no debe olvidarse. Los ltimos imitan
siempre a los primeros, o disculpan sus faltas con los de estos.

Hasta hace poco tiempo, acostumbraban los indios mandar a la casa del
cura a las indiecitas que deban contraer matrimonio prximamente,
con objeto de que se las instruyera en el rezo con algunas
prcticas religiosas, las cuales, conocidas con la denominacin
de _depositadas_, lejos de aprender nociones de moralidad, eran
corrompidas por el cura, que abusando de la candidez y sencillo
espritu de estas, las hacan vctimas de sus lbricos instintos,
cuando no las abrumaban con fuertes trabajos, por lo que, en buena
hora, lleg a suprimirse tal prctica.

Verificado el matrimonio, se distribuyen entre los padres de los
novios, stos y los padrinos los das en que cada cual har su estival.
Regularmente comienzan los novios, siendo este da el celebrado con
mayor solemnidad. A medioda vienen todos los parientes de aquellos,
entre quienes, los tos y cuados con el nombre comn de _laris_, y los
parientes de la mujer de _tollkas_[32], son los que se distinguen en
traer consigo para obsequiar a los recin desposados, una o dos cargas
de algn producto del pas, o un cordero y aun un torito; obsequios
que en su caso estn obligados a devolver a sus favorecedores. Despus
concurren los _aynis_, comprendindose en esta palabra a los obligados
a corresponder a los contrayentes con algn objeto o dinero, lo que
en otra ocasin lo recibieron uno de ellos o de ambos. Conducen
los _aynis_, dinero con el nombre de _arcos_, que vara entre diez,
quince, veinticinco y treinta pesos fuertes, acondicionados en alguna
fruta o charola bien adornada. Fuera de estos hay otros, que sin estar
obligados traen sus _arcos_, con objeto de que les devuelvan los novios
en su oportunidad, cuando tengan alguna fiesta, quienes se convierten,
respecto a estos, en _aynis_. La deuda contrada en esta forma la
consideran sagrada y es imposible que dejen de satisfacerla.

       [32] Con la denominacin de _tollkas_, se comprende tambin
       a las personas que se distinguen por sus obsequios y
       familiaridad con los novios o _alfereces_. _Laris y tollkas_,
       son las categoras de importancia que actan en todas las
       fiestas indgenas.

La finalidad perseguida con este sistema de entrega de especies y
valores, sujetos a una devolucin tarda, es dar a los recin casados,
un corto capital, para que puedan subvenir a las mltiples necesidades
del hogar que establecen. Los conductores traen sus especies al son de
un tambor y _pitu_, o flauta indgena, cuyos agudos y alegres aires
tienen por objeto principal llamar la atencin del pblico.

Los novios permanecen en el da sin apartarse el uno del otro, ya sea
que se encuentren sentados, hagan atenciones o se levanten a recibir
los obsequios. Cuando uno de ellos siente alguna necesidad corporal,
participa a su consorte; ambos acompaados de los padrinos salen fuera
y despus de llenar su objeto, regresan siempre juntos. La preocupacin
es que no deben separarse ni un solo instante para que as vivan en
su nuevo estado y que la infidelidad no turbe con sus speros y
disolventes sinsabores la paz y armona del hogar que se forma bajo tan
felices auspicios.

La fiesta que se desarrolla durante el da es bulliciosa y de excesiva
embriaguez. Los ms cuando llega la noche se encuentran en estado de
no poderse tener ya en pie. El momento en que deben recogerse a dormir
los novios, la madre del esposo conduce a su nuera o _yojjccha_, hasta
el dintel de la puerta del dormitorio, desde donde se hace cargo la
madrina. Al novio lo acompaan hasta el mismo linde, el suegro, y lo
entrega al padrino, todos juntos, con un par de velas encendidas en la
mano, penetran a la habitacin, dan una vuelta el lecho nupcial, apagan
las luces y mientras dura la oscuridad, dice el padrino, dirigindose
a sus ahijados: _Hijos mos, as como se han apagado estas velas,
ha terminado vuestra vida libre de solteros, ahora otra luz, la luz
sagrada del himeneo alumbrar vuestra existencia futura, si vosotros
la alimentis siempre con vuestro recproco cario, con el trabajo y
la mutua proteccin que os prestis, ella nunca se oscurecer y seris
felices, sino Dios os compadezca._

En seguida prenden nuevamente las velas, se despiden los padres y dems
acompaantes, quedando los padrinos solos con sus ahijados. El padrino
desviste al novio y lo acuesta; la madrina hace lo mismo con la novia,
despus, recomendndoles que sean esposos ejemplares y tengan numerosa
prole, se retiran cerrando la puerta por fuera. Junto a ella, los
concurrentes a la boda hacen reventar cohetes y comienzan los hombres a
gritar que el nuevo vstago que nazca sea varn, y las mujeres que sea
del sexo femenino.

La fiesta se realiza al da siguiente en la casa de los padres y el
tercer da en la de los padrinos. Prcticas son estas de las que no
pueden prescindir, sin causar murmuraciones en la comarca.

Correspondiendo a los padrinos de sus afanes y gastos, los recin
casados, cuando aquellos invisten alguna funcin pblica, estn
obligados a visitarlos a medio ao, al son de tambor y flauta,
llevndoles algunos obsequios y hacindoles beber ese da. Llaman este
cumplido _chicancha_.

Las vinculaciones que se forman con motivo de los padrinazgos y
compadrazgos, son fuertes en las clases populares, estando comnmente
obligados los ahijados a seguir las opiniones polticas de sus padrinos
o compadres, o siquiera ayudarlos y servirlos cuantas veces estos se
les exijan.

En las discordias matrimoniales, son los padrinos, los que intervienen
para zanjar las diferencias que se suscitan y devolver la tranquilidad
y armona en el hogar de los ahijados, con sus amonestaciones
autorizadas; si a pesar de los consejos se desquicia el matrimonio,
los padrinos se enojan con el culpable y no vuelven a dirigirle la
palabra y se constituyen en protectores de la inocente.


V

Desde el momento que la mujer del pueblo o india se compromete a ser
concubina o se matrimonia con un hombre, cree que ste no slo dispone
de su persona sino tambin de su existencia. La chola y la india son
por lo regular sobrias, laboriosas y econmicas; se absorven en los
quehaceres de la casa y cuando el hombre descuida el sostenimiento de
la familia, ellas se arbitran recursos y con su diligencia, evitan
que sus hijos perezcan de hambre; no se abaten en los trances ms
difciles; miden las dificultades y las vencen mediante los esfuerzos
de su poderosa voluntad. Sabia y previsora se muestra la Providencia
al haber dado por compaera a un ser tan defectuoso como el cholo, una
criatura abnegada y hacendosa como la chola, sin cuya cooperacin sera
imposible la subsistencia de la familia en esta clase.

Admirable es la resignacin de la mujer plebeya para soportar las
privaciones, causadas por la conducta disipada de su hombre, y las
violencias y malos tratos que la prodiga, y cuanto ms vicioso y
violento es, mayor apego manifiesta por l. La chola prefiere siempre
al peor entre los que se presentan a ser sus concubinarios; est en su
naturaleza decidirse por quien no merece la pena de sacrificarse. Ella
se compromete gustosa, con el mal entretenido, con el petardista, con
el matn, y el soldado, por lo menos si produce en su nimo la ilusin
de la fuerza, del abuso y del mayor encanto masculino, antes que con
el hombre de bien; prefiere una vida desordenada a las ventajas de un
hogar normal. Es partidaria convencida de la unin libre, y cuando
alguien le pregunta, por que no se casa, responde risuea: _porque es
mejor estar unida al hombre que se quiere por su propia voluntad y no
por haberlo dispuesto el cura..._ De cien cholas, son casadas cuando
ms cuarenta, y de estas viven separadas de sus esposos la mitad. No
dan gran importancia al matrimonio ni las atrae. El concubinato tiene
entre las cholas mayor fuerza de vinculacin, porque les representa
la poesa de la vida, el triunfo del amor, causndoles por lo mismo,
ms respeto que el contrato establecido con arreglo a los ritos
eclesisticos o leyes civiles. Los casados se separan fcilmente,
porque pronto se hastan con la rigidez moral, con el montono
cumplimiento de sus deberes y el prosasmo de este estado, pero los
amancebados con mucha dificultad. Estn convencidas de que sus hombres
tienen derecho de pegarlas, de darles malos tratos y de que las puadas
y puntapies, hacen parte de las caricias del amor. Despus de una
pelea, exclaman conformes: _soy su chola: tiene mi amante derecho de
pegarme, porque me quiere me pega_, y condensan esa conducta brutal, en
el conocido adagio: _donde no hay makacu_, _no hay munacu_, es decir:
_donde no hay palos, no hay amor._ Lo raro en la chola y en la india
es que las palizas producen el efecto de infundir en ellas un profundo
cario al esposo o al amante que las prodiga y hacerlas preferir
cualquier sufrimiento antes que la separacin.

Nacida la chola de la promiscuidad del blanco con la india, en esos
momentos libres en que la fuerza de transformacin tnica de la
especie, hace olvidar toda distincin y miramientos impuestos por la
cultura y triunfar los instintos animales, se distingue en sus ideas
por la ausencia de concepciones morales, en sus sentimientos por el
apasionamiento, en sus juicios por la parcialidad y en sus caprichos
por el ardimiento con que los hacen triunfar a todo trance.

Ha heredado de la india su fortaleza y del blanco su audacia. Desempea
en la casa y fuera de ella, cuantas ocupaciones se le ofrezcan, sin
arredrarse ante ninguna labor ardua, con tal de aliviar sus necesidades
o las de su prole y ganar dinero. Ella es vivandera, mercachifle,
tejedora, cocinera, lavandera, etc., etc., parece llevar sobre sus
espaldas la carga de todo un pueblo, como dice un escritor chileno. Es
por lo comn de facciones toscas, aunque no faltan bonitas. Estos tipos
agraciados suelen resultar de un feliz cruzamiento.

Visten ordinariamente una falda roja, azul, verde o caf, superpuesta
sobre otras muchas que le hacen verse como si llevara bajo su ropa una
crinolina. Estas faldas son cortas, llegan poco ms abajo de la rodilla
y dejan ver las piernas bien torneadas cubiertas por botas de caa muy
larga y pretenciosa. El pie es breve, gordo, de empeine eminente. Sobre
la cabeza llevan un minsculo sombrero de pita, muy blanco y revestido
de cierta materia que lo hace brillante. Dos trenzas descienden bajo
de l, hasta las espaldas. Toda chola luce hermosos pendientes, joyas
antiguas y rudas, en las cuales, viejas perlas albean con raros
orientes. Sobre sus hombros ostentan chales multicolores, los unos
rojos, o azules, los otros verdes o amarillos, los ms de simple dibujo
escocs, semejantes a los rebozos de nuestras mujeres del pueblo...

En los das de fiesta su tocado es muy primoroso. Para entonces los
chales de seda bordados de color celeste, lila o azul, las joyas
macizas, las botas de seda rosa, las enaguas con encajes prolijos
y costosos, y el jubn de felpa... Ella cree que el summum de la
elegancia es vestir faldas abultadas, de colores fuertes y tan cortas
que dejan ver la caa entera de las botas caladas y an un poco de la
media rosada o celeste.[33]

       [33] Prrafos tomados del artculo La Chola por Carlos
       Varas.--[Mont Calm].

En su traje, que es una transicin entre el vestido de la blanca y el
de la india, descubre la chola su gracia decorativa, su amor a atavos
polcromos, que hagan ms atrayentes las exuberancias de sus carnes
sensuales y llenas de vida. Es coqueta por inclinacin natural y frgil
por temperamento; gusta agradar y ser cortejada, y cuando alguna vez
ama de veras es de pasiones ardientes. Nada le importa atropellar con
tal de poseer y vivir con el bien amado de su corazn. A sus hijos
consagra los carios ms vehementes, y ninguna fatiga ahorra para
criarlos y darles educacin, por que despus no se avergencen de su
origen.

Las cholas sobresalen, adems, por su decir sin trabas ni pelos en
la lengua. En las rias tienen particular gracia para insultar a su
contrincante en lenguaje pintoresco, recargado de figuras retricas e
ingeniosas que mueven ms a risa que a disgusto cuando se las escucha.

La mujer en la familia india, sin embargo de que trabaja a la par
de su marido, ocupa un lugar secundario, sin derecho para observar
los contratos, o lo que hace ste. Supone que la intervencin de la
mujer hace que cualquier negocio salga mal. En una hacienda, cuando
muere el propietario y queda el fundo a cargo de su viuda, los colonos
comienzan a desalentarse y todos piensan, que se harn bajo ese dominio
afeminados y cobardes. A la mujer no le conceden capacidad para dar
un buen consejo, ni realizar con acierto ninguna cosa, y cuando notan
que merced a ella han salido bien en un asunto, se desentienden y es
imposible que el indio reconozca esa verdad. Ms que compaera, sirve a
su marido, como esclava; cultiva sus campos, mientras l pasa la vida
entregado a indolente ociosidad o se alquila como jornalero; le prepara
la comida y cra a los hijos. Cuando viaja, ella es quien va a pie,
tras de su marido, caballero en el asno. Al incesante trabajo con que
abruma a su mujer, se agrega el trato brutal que le da pegndola cada
vez y con mayor rigor cuando est borracho, en cuyo estado la empea
de los cabellos, la golpea de la cara y cuerpo con mucha rudeza. Esta
falta de benevolencia, lejos de entibiar el afecto de la mujer hacia
su hombre, la hace encariarse ms de l, como se ha dicho, porque
supone que los maltratos son manifestaciones del profundo amor que le
profesa. El que no es celoso y no pega no tiene cario, por su mujer,
dicen, y temen ms la indiferencia, que la consideran precursora del
desapego y olvido que las zurras cuando alguien la favorece el momento
que la est pegando su marido o concubinario, se molesta contra ste y
generalmente le reprocha por su intervencin.

El indio es implacable en sus celos y castiga duramente a su mujer
cuando sospecha de ella. Tienen sobre este punto, supersticiones
singulares, dice Haenke. Cuando van de viaje, curiosos de saber
las ofensas que su mujer les hace, dejan en un paraje extraviado un
montoncito de piedras, las que a la vuelta buscan con cuidado en el
sitio que marcaron, cuentan las piedras y, si les faltan algunas, eso
les indica otras tantas culpas en la consorte. Otros ponen, en algn
agujero de pared o piedra un poco de coca mascada o trapo liado con
ella, y si cuando vuelven hallan el trapillo fuera de su agujero y
desatado es seal que les ha ofendido su mujer, y llueven palos y
golpes sobre la desdichada.[34]

       [34] _Descripcin del Per_, pag. 101.--Esta obra se atribuye
       a Tadeo Haenke y bajo este concepto se la ha publicado en
       Lima. Groussac demuestra que no pertenece a Haenke, sino a
       Felipe Bauz, uno de los oficiales que con Malaspina, realiz
       el viaje alrededor del mundo.

El indio es comnmente mongamo, cuando tiene una mujer distinta de la
propia, abandona a sta o la mata, y vive con aquella. Los archivos
judiciales registran frecuentes casos en este orden. Nunca cohabita con
dos mujeres a la vez, ni sus facultades econmicas le alcanzan para
ello. Adems, el indio que tal hace, es malmirado y an repudiado por
los de su clase.

El padre o jefe de la casa ejerce la patria potestad en una forma
absoluta sobre los hijos, sin que la mujer tenga derecho para
contrariar sus determinaciones. Los indios son tan apegados a su prole,
que slo se desprenden de ella, cuando no tienen con qu alimentarla,
y mientras pasen los momentos de crisis, para despus recogerla de
cualquier modo. El hijo representa en la familia indgena un factor
econmico, ayudando a sus padres, desde tierna edad, en las faenas
agrcolas y en apacentar el ganado, como en otra parte se dijo. Las
viudas y solteras con hijos, se casan ms pronto que las que no los
tienen. Las mujeres que no conciben, son profundamente despreciadas por
los hombres. La esterilidad constituye una verdadera desgracia en la
india.

Entre las preocupaciones dominantes en los matrimonios indgenas,
llama la atencin la que tienen los recin casados, de no querer
prestar dinero a intereses por ms que lo tengan, bajo el pretexto de
que siendo reciente su unin, apenas cuentan lo necesario para vivir.
Mantienen la idea de que, dando ese capital a otros, lo que deban
ganar los prestamistas en su nuevo estado, se los lleva un extrao. Al
principio debe trabajarse, dicen, y slo lo que se ha ganado debe darse
a crdito.

Desgraciado del que quebranta este precepto: el marido se har flojo y
la fortuna se disipar sin saberse cmo.

A un hombre le duele la muela sin estar picada, cuando su esposa o
concubina le es infiel.

El lquido proveniente de haberse hecho hervir un casco de mula, o que
contiene raspaduras de este objeto, esteriliza a la mujer que lo bebe.

La mujer que acostumbra sentarse en las puertas hace mucho hablar mal
de su persona.

No se debe prestar dinero, cobrar ni pagar deudas de noche, porque la
fortuna huye del que lo hace.

Al hombre soltero que mantiene relaciones ilcitas con mujer casada
o viceversa, les sale mal todo, porque se vuelven aciagos, o sea
_kchenchas_.

La mujer que se amanceba con un sacerdote se convierte, en la otra
vida, en mula, y en esta, cuando su alma se desprende del cuerpo, toma
siempre la forma de mula, y la de sus hijos de candeleros, de los
cuales el diablo se sirve para darse luz en sus fechoras.

El que causa un grave dao, es empujado por los espritus vengadores,
al encuentro del castigo en un momento denominado _hora de burro_, en
que su entendimiento se ciega y obra en forma inexplicable para s y
para los que se interiorizan del hecho. La _hora de burro_ persigue a
los malafes.




                             Captulo VII

                        A travs de las fiestas

       I.--Los alferazgos y sus excesos; prestes y la prctica
       de _curar el cuerpo_.--II.--Particularidades del
       carnaval.--III.--_La khespa._--IV.--La chicha y su fiesta
       en Cochabamba; educacin de la mujer cochabambina. La
       chicha, licor nacional.--V.--Lo que fu la fiesta de la Cruz
       en La Paz. _Phuma-cancha_ y el _sihuay-sahua_.--VI.--Los
       altares del Corpus.--VII.--La vspera y el da de San
       Juan Bautista.--VIII.--Los compadrazgos.--IX.--_El
       taripacu._--X.--Varias supersticiones complementarias y lo que
       se entiende por _arujaa_.


I

La persona que quiere conmemorar el da del santo titular o patrono de
la capilla o pueblo de donde es domiciliario, o que con ese objeto es
nombrado por su prroco, por haberle llegado el turno, se inviste del
cargo el mismo da del santo, o despus que su antecesor ha finalizado
con las obligaciones que se impuso el ao anterior. Al recin designado
que toma, desde luego, el ttulo de _alferez_ le corresponde celebrar
la fiesta al ao entrante. El nmero de estos _alfereces_, vara en
razn de la mayor o menor popularidad que rodea al santo por sus
milagros. Hay ocasiones, cuando la efigie tiene prestigio de milagrosa,
que se reciben hasta quince personas, otras, no pasan de uno, y ste se
compromete, slo porque la costumbre no desaparezca del lugar.

El nombrado, apenas lo aclaman el prroco y los asistentes, se
dirige a su casa, conduciendo el guin de la iglesia, acompaado de
su familia, compadres y amigos, y all es felicitado y motivo de
ceremoniosas atenciones, pasadas las cuales se disuelve el grupo. Desde
entonces aqul no tiene otra preocupacin que pasar bien su fiesta:
trabaja noche y da, acopia vveres, hace sus viajes, se fatiga y
suda incesante, todo por tener dinero y por que llegada su fiesta,
se realice ella con pompa inusitada, de tal suerte, que digan en el
pueblo que fu la ms solemne y la mejor de cuantas se sucedieron en la
comarca.

Prximo el esperado da, el alferez visita al cura, trayndole regalos
y sus derechos que suelen ser de diez a cuarenta bolivianos, que se
los paga en el acto. La vspera obsequia ceras al templo y alguna
especie al santo, lo que llama _obra_. Estos objetos son conducidos
con gran ostentacin, por individuos que se ponen en fila, llevando
cada acompaante, colgada de la mano una cera adornada o en el regazo
flores. El prroco los recibe en el templo, mostrndose muy ceremonioso
y presumido; arreglan en seguida el altar del santo y visten a este con
sus mejores ropas. Ms tarde hace el clrigo las vsperas y despus,
en el atrio del templo o en la casa del alfarez, comienzan a beber
licores, aunque sin excederse mucho.

Al siguiente da, desde la maana, empiezan a servirse tazas de bebidas
calientes mezcladas con abundante aguardiente, de tal manera que cuando
llega el momento de asistir a la misa el alferez se halla achispado,
pero no al extremo de no poder asistir a esa ceremonia religiosa, lo
cual a suceder, habra causado gran escndalo en el pueblo. Asiste a
la misa vestido de su mejor traje, y seguido de su comitiva. El cura
lo coloca en lugar preferente y le presta durante su estada en el
templo las deferencias prescritas por el ritual. Si hay procesin
lleva el guin y terminadas las solemnidades de iglesia, vuelve a su
casa en medio de acompaantes, entre quienes nunca faltan el cura, el
corregidor y dems funcionarios de la localidad.

Constitudos en la morada del alferez, se reanuda la borrachera
interrumpida. Las copas de bebidas alcohlicas son vaciadas a menudo;
el brevaje o ponche desprendiendo acre vapor de aguardiente, va siendo
renovado en las tazas con frecuencia. Los _aynis_, se presentan a
medida que pasan las horas, con _arcos_ y obsequios de vveres. Con
mayores o menores presentes, concurren tambin los tos o _laris_ y
los _tollkas_ o parientes y compadres y los que hacen su cumplido por
primera vez. Al atardecer, el alferez con su cortejo de borrachos,
sale en pandilla, a recorrer la plaza y mostrarse al pblico, haciendo
rueda en las esquinas y constante rebullicio en todas partes. De
regreso a la casa y durante las primeras horas de la noche se entregan
los concurrentes a un furioso baile y a beber, en cada descanso o
intermedio, tazas de bebida caliente, vasos de chicha, alcoholizndose
al extremo de que, cuando llega la hora de dormir, todos, hombres y
mujeres, se encuentran completamente embriagados, no faltando quienes
se hallan roncando en sus mismos asientos.

Apagadas las luces, comienzan, los que holgar an pueden, por
apoderarse y poseer a las primeras mujeres que se les vienen a las
manos y que las encuentran tan acaloradas y dispuestas como ellos
lo estn. Esto, que se conoce con la grfica palabra de _gateo_,
consideran las clases populares tan natural que nadie extraa ni se da
por ofendido de ello. Ninguna idea de profanacin al santo, cuyo da se
solemniza, cruza por la mente de los actores y contiene su ejecucin
en esas bacanales litrgicas. La fuerza de la costumbre, sostenida
por una devocin sensual y desenfrenada, hace que esos actos sean de
uso corriente y tengan el carcter de sabroso complemento a la fiesta
religiosa. Al otro da, todos despiertan en sus propias camas, como si
nada hubiera ocurrido durante la noche; repiten la diversin con ms
entusiasmo y mayores apetitos alcohlicos que el da anterior; y as
siguen das consecutivos, hasta agotar provisiones, resistencia, salud
y no poder ya ms.

En la importante y extensa provincia de Chayanta, como en toda
poblacin de aborgenes, cada indio que valer quiere, est obligado
a pasar la fiesta llamada de _tabla_, porque entre los naturales,
quien no se encarga de esa celebracin, siquiera por una vez, en el
curso de su existencia, es despreciado por los dems y mirado como
ser inferior a sus congneres. Los curas han conseguido inculcar esta
idea en el cerebro indgena con sus constantes prdicas y amigables
exhortaciones. _Perro es y no gente_, repiten con frecuencia y en
cualquier circunstancia o acto pblico, _quien no festeja al patrono de
su pueblo_. Los que han llenado tan onerosa funcin les apoyan, por
egosmo y deseo de no ser los nicos arruinados por la fiesta.

Finalizados los preparativos, como se tiene dicho, visitan al cura la
vspera, llevndole sus derechos que son quince bolivianos, adems
obsequios de papas, pan, cebollas, trigo pelado y cordero desollado.
El cura les da la propina o _ttinka_, consistente en una botella de
alcohol y entrega al alferez el guin de la iglesia. Los indios se
retiran borrachos de la casa cural, haciendo algazara y gritando por la
plaza y calles, _cer, cer_ con lo que dan a entender que se refieren
al cerro de Potos. Este cerro lo tienen como a su _Achachila_, aunque
terrible para ellos y generoso para los blancos. Los recuerdos del
perodo colonial, no se han borrado de la memoria de los indios.

Despus de haberse llevado a cabo la procesin acostumbrada del santo,
el cura presta su caballo al alferez, el que montado sobre l recorre
por dos veces la plaza, vestido de general o coronel, con el guin
en la mano y entre los relinchos y aclamaciones de los curiosos,
msica de los bailarines y el toque de campanas. Es necesario que
caiga de su cabalgadura una o dos veces, para que con los golpes que
recibe enardezca ms y ms el entusiasmo de la concurrencia, que,
para mejor hacerlo, comisiona a uno de los suyos para que espante
al rocin sacerdotal, con un pollo vivo que le entrega. De trecho en
trecho, cuando el ginete no cae, desmonta de su cabalgadura y con los
acompaantes se ponen a beber aguardiente y a bailar alrededor del
guin. Terminado el paseo ecuestre, se retira borracho y magullado a
su estancia, acompaado de sus cofrades. Las mujeres se encuentran
obligadas a conducirlo cargado sobre sus espaldas, desde la salida del
pueblo hasta su casa, alternndose las cargadoras, momento a momento y
a medida que se cansan. Es el nico gaje que goza el alferez, en pago
de las muchas molestias y gastos que le han proporcionado.

Se denomina _preste_ al individuo que ha manifestado su voluntad para
celebrar el aniversario de alguna fiesta religiosa. Para el efecto el
interesado, que comnmente es una mujer obrera o chola, comienza por
enviar uno o dos meses antes de la fiesta, tarjetas de _recuerdo_ a las
personas que se han comprometido a prestarle su ayuda o cooperacin
pecuniarias, segn la lista formada en su oportunidad. Entre estas,
las hay de diversas condiciones; las llamadas de _foco_, son las que
se han encargado de costear cierto nmero de focos de luz elctrica,
lmparas o ceras, quienes al recibo de la tarjeta, envan la cantidad
respectiva de dinero; otras que han anunciado que pagarn la banda de
msica, ya sea para la vspera o misa, tambin mandan su cuota las que
deben abonar las vsperas, igualmente remiten la suya, la del sermn,
el precio que ha de costar, y as cada cual cumple su oferta. Las que
mayores sumas erogan entre estas colaboradoras, son las que se han
obligado a cancelar al prroco la novena, trecena o quincena que har
rezar a los fieles, ya sea en la maana o en la noche, por lo que son
siempre dos las que se encargan. Estas convienen directamente con el
clrigo y avisan a la _preste_ para que asista al acto. En la maana y
durante la misa, se entrega a la _preste_ una cera ardiendo, lo que la
llena de satisfaccin y orgullo, porque todas las miradas se dirigen a
ella y para ella son todas las atenciones.

A las encargadas de esta parte del festival, as como a la que aspira
a recibirse de _preste_ y lo ha manifestado, les envan de visita la
efigie de un Nio Jess, en bulto, muy ataviado, con sombrerito y
calzados relucientes de plata, traje de raso, adornado con bordado y
alamares de oro, bastoncito de este metal, quien permanece en cada una
de ellas dos o tres das, pasados los cuales es recogido con igual
solemnidad con que se le trajo, habiendo quedado, con su presencia,
cerrado el compromiso, con el sello de una imposible retractacin.

El da antes de la fiesta se reparten invitaciones para que concurran
tanto a las vsperas como a la misa solemne que ha de celebrarse
en la maana siguiente, acompandolas, para determinadas mujeres,
consideradas meritorias y de respeto, bracerillos de plata, vulgarmente
calificados de sahumerios, con la mira de que los traigan con carbones
encendidos y alimentados con materias aromticas, a fin de que el humo
que hagan, perfume a la santa imagen, en su trayecto, de la casa al
templo y en su regreso.

La vspera en la noche, acomdase la _preste_ con su comitiva en el
atrio del templo y all les hace beber ponches y tazas de t con
abundante alcohol mientras la msica entona aires nacionales, truenan a
menudo los cohetes y estallan fuegos artificiales.

A la misa concurre aqulla bien trajeada y adornada de joyas de oro,
ocupando en el templo el lugar de preferencia. Terminada la ceremonia,
se presenta al pblico llevando en las manos al Nio Jess y sigue su
camino a la cabeza de su comitiva en medio del humo aromtico, que
desprenden los bracerillos.

La _preste_ apenas llega a la casa, es objeto de calurosas
felicitaciones y enhorabuenas de costumbre. A continuacin se destapan
botellas y comienza el servicio no interrumpido de copas de licores
alcohlicos. A las dos de la tarde, achispados y alegres, pasan a
ocupar su asiento, junto a la larga mesa enmantelada limpiamente y
cubierta de carnes friambradas, panes, tortas, pasteles, biscochuelos,
galletas, pastillas de chocolate, confites y abundantes botellas de
vino, pisco, cerveza, y toman las once o _lunch_, como se estila
calificar tan copiosa alimentacin. Al final del agazajo, nombran, por
votacin, a la persona que debe celebrar la fiesta al ao entrante, e
inmediatamente le colocan delante al Nio Jess la aclaman y echan con
mixtura y le ponen una banda tricolor. En caso de excusa o resistencia
para aceptar el nombramiento se busca otra persona. Y, cuando nadie
quiere aceptar, suelen traer una gran torta cortada en tajadas,
habiendo introducido ocultamente en una de ellas el bastn del Nio
y las distribuyen a los asistentes. Quien descubre en su rebanada el
bastn, es elegida, ya no, segn ellos, por acto humano, sino por el
mismo Dios, lo que la hace aceptar el nombramiento sin titubeos, con
cierta docilidad, que pone en claro, que el mandato concuerda con su
voluntad y gusto. A raz del hecho y sin dar tregua al entusiasmo y
nerviosa agitacin que despertara l, se forma la lista de las personas
que se prestan a ayudar a la nueva preste con alguno de los gastos o
funciones ya enunciadas, lista que se la entregan despus de revisada y
cuidadosamente enmendada.

Satisfechos los nimos con la designacin de la sucesora, y los
estmagos con abundantes alimentos, regocijada la sangre en las venas
con las bebidas, abandonan los asistentes la mesa y principia el
ruidoso baile, el cual slo se interrumpe para volver a ocupar de nuevo
la mesa a la hora del yantar y ahitos de comidas y licores, regresan
despus a la sala del baile a continuar con la danza y el bureo hasta
horas avanzadas de la noche.

Al da siguiente se presentan nuevamente los invitados del da
anterior, ansiosos de comentar los incidentes que hubiesen sucedido
en la noche y de repetir el jolgorio a pretexto de _curar el cuerpo_.
Esta frase inventada y religiosamente practicada por los alcohlicos
se ha convertido en la memoria popular en artculo de fe, que sirve de
disculpa a los que se embriagan das consecutivos. _La mordedura del
perro se cura con la lana del mismo animal_, dicen estos y continan
desgastando sus fuerzas y sus organismos con tantas libaciones y
placeres.

La noche del segundo o tercer da, acompaan a su casa a la nueva
preste, llevando siempre al Nio Jess, que es el encargado de
presidir, en todos estos correteos bquicos, donde se reproduce el
consumo de licores. De esta manera, en una y otra parte, siguen las
gentes del pueblo derrochando su salud y dinero, hasta enfermarse de
veras, y slo entonces se pone punto final al pasado regocijo.

De prestes pasan tambin los indios, con la diferencia de que los
gastos son menores a los realizados por el cholo, o a los que realizan
en los alferazgos. La principal fiesta que demanda enormes gastos,
es la de la Virgen de Copacabana, y, a quien desempea la funcin de
preste en aquella, se le tiene en mucha cuenta.

El inters de ser recompensado en alguna forma por la imagen religiosa
festejada y la de darse importancia, influyen grandemente en los
cholos, ms que la devocin o algn ideal mstico, el que ocupa lugar
muy secundario en su nimo y miras, para que no se arredren en aceptar
y desempear tan honrosos cargos, as como impulsan al indio para ello,
el deseo de divertirse, embriagarse a sus anchas, y el de satisfacer
su pedantesca vanidad. _Soy gente_, pregona y repite en toda ocasin,
el indio que fu alferez o preste, y desde que pasa su fiesta, anda
orgulloso y orondo.


II

Ninguna fiesta ha llegado a adaptarse tanto al carcter de la raza,
hasta tomar un aspecto indgena en sus manifestaciones, como el
carnaval. Las clases populares, sin exclusin de sexos y edades, la
esperan con ansias, se ejercitan con anticipacin en las danzas;
acopian de antemano provisiones de boca y licores para celebrarla con
el mayor entusiasmo posible.

Llegado el domingo de Carnaval, el deseo de gozar se apodera de todos
los corazones; una corriente de alegra comienza a hormiguear en los
espritus, aumentando de intensidad, y a medida que avanzan las horas,
que se consumen bebidas y se propaga el entusiasmo y la zambra.

En la mayor parte de las ciudades y pueblos, se usa harina de maz o
trigo acondicionada en pequeos cartuchos para arrojarse y empolvarse
unos a otros, el rostro, la cabeza y todo el cuerpo. Los indios se
echan con flores y confites, con la denominacin de _chayahua_, y se
golpean las espaldas con el fruto del membrillo o la lucma, embutidos
en unos aparatos colgantes, tejidos de hilos de lana de colores
diversos y pintorescos, llamados _huichi-huichi_.

El domingo, trajeados con sus mejores vestidos entran a bailar sus
_khachuas_ a la plaza del pueblo, seguidos de sus mujeres y despus de
haberse regocijado bastante, se retiran a sus estancias a continuar
la diversin los siguientes das del carnaval, quedando en el pueblo,
alguna que otra pandilla de indios moradores de las proximidades, que
penetran a bailar a la plaza, de tarde en tarde.

En la ciudad de Oruro se singulariza la entrada de carnaval, ingresando
a la poblacin el domingo, cada tropa de bailarines, acompaada de un
cargamento de camas, y petacas, aseguradas en mulas, cubiertas las
cargas de vajilla de plata y enseres nuevos de cocina, y colocado en
la cima, un nio, perro y mono. Los organizadores o jefes de cada
comparsa, comprometidos a fomentar la borrachera, vienen en traje de
camino detrs de las cargas, caballeros sobre bestias bien enjaezadas
y en monturas chapeadas con plata, espuelas del mismo metal, cual
si vinieran de larga distancia, acompaados de sus mujeres que
tambin visten de viaje. Se dirigen a la plaza, seguidos de comparsas
de pintorescos bailarines; de aqu continan al templo, donde el
sacerdote que los espera, recibe algunas ofrendas y les da su
bendicin. Cumplida esta ceremonia en la que se mezclan ntimamente,
lo pagano con lo religioso, se retiran a sus casas a entregarse a la
diversin ms desenfrenada.

Con todo eso, quieren significar, que durante el ao se han fatigado,
han trabajado mucho para adquirir aquellos objetos, y que ahora llegan
cansados para gozar del fruto de sus esfuerzos; que son portadores de
la alegra: viajeros que hacen su parada en la vida para divertirse y,
despus de agotados sus dineros, volver a la dura labor del trabajo
cotidiano.

El domingo de tentacin, acostumbraban salir en el da al campo las
familias que deseaban rematar la fiesta, y regresaban en la noche
formando pandillas de bailarines, al son de bandas de msica, cada
mujer cubierta con alguna prenda de vestir del varn, de cuyo bracero
vena agarrada, y este con las enaguas de su pareja, puestas al cuello,
llevando su sombrero en la cabeza. Ambos entraban entonando alegres
cantares que finalizaban con el estribillo: _a pesar de todo--hoy y
maana--viva la nacin boliviana!_

La mujer casada slo poda entregar sus enaguas y sombrero a su esposo
y la soltera a quien tena compromisos de amor con ella o era su
amante, no eran arbitrarias y sin sentido prcticas semejantes.

Algunas veces, durante el da, no faltaba alguien en el campo que, para
amenizar la fiesta haca de cura y comenzaba a casar a las solteras con
los solteros, a las viudas con los viudos, en medio de estrepitosos
aplausos, risas y alusiones picantes. Los novios carnavalescos, apenas
reciban la zurda bendicin del falso clrigo, se hacan deferencias,
terminando algunos por cortejar deveras a su supuesta esposa y tratarla
con ms soltura y confianza. Estos matrimonios en broma, solan
convertirse en verdaderos o ser comienzos de concubinatos.

En los pueblos de provincia, los funcionarios indios acostumbran
visitar a sus autoridades el martes de carnaval, llevndoles muchos
obsequios y en seguida vestir al sub-prefecto y a su esposa, si la
tuviera, o alguna otra mujer que le den por pareja, o al corregidor y
a su compaera, con trajes indgenas y sacarlos a la plaza a bailar
con ellos, en correspondencia a las atenciones y servicios que le han
prestado durante el ao.

En muchos pueblos se llevan a cabo carreras de caballos el mircoles de
ceniza, en las que arrancan sortijas y concluyen la diversin colocando
un gallo vivo en reemplazo de la sortija, el que es disputado por los
ms diestros ginetes, colmndose de aplausos al que a toda carrera de
su caballera se lleva consigo el bpedo, y despus finalizan el da
guerrendose entusiastas con peras y duraznos.

En la generalidad de los pueblos se despide el carnaval la tarde del
domingo de tentacin, haciendo que un grupo de personas disfrazadas
de viejos, encorbados y con inmensas jibas conduzcan guitarras e
instrumentos msicos destemplados, botellas vacas y vasijas rotas
y se dirigen a las afueras de la poblacin, en medio de un bullicio
ensordecedor, gritos, vociferaciones de muchachos y personas alegres, o
que exteriorizan su contento a voces y all, en el sitio de costumbre,
descarguen los objetos, templen las guitarras y acompandolas con los
otros instrumentos, hagan or aires nacionales, y dancen contentos,
interrumpindose slo cuando tienen que servirse copas de algn licor
embriagador, lo que se repite a menudo. Momentos despus resuenan
carcajadas frenticas, crece el clamoreo, los bailes se suceden unos
a otros y en el auge de la fiesta asalta a alguno la idea de que este
carnaval ser tal vez el ltimo que pase, porque presiente su muerte.
La idea se propaga. Los nimos se ponen sombros porque todos se ponen
en el mismo trance: la risa se paraliza en los labios de muchos; se
acuerdan de sus sufrimientos; pugnan por salir las lgrimas de los ojos
y terminan algunos por llorar.

En las mayores diversiones del indio, del cholo y del mestizo, apenas
se marean, nunca faltan los ayes de pesar, arrancados por el recuerdo
de su vida miserable o de sus desgracias. En su naturaleza est ese
algo tierno, triste, intensamente agriado y lastimado por los hombres
y las cosas, que de sbito rompe con el olvido y se abre camino y
nublando sus horas de regocijo estalla en sollozos. El Momo indgena es
llorn. La mueca del dolor, condensacin de honda amargura de siglos de
sufrimiento, no desaparece por completo de su rostro risueo por grande
que sea su alegra.


III

La noche del viernes santo, es costumbre hurtar alguna especie o
llevarse a la joven con quien se tiene compromisos de amor. Este acto
llamado _khuespicha_, que quiere decir despojo o liberacin, es una
prctica que los indios la han tenido desde una poca inmemorial, y
que la han seguido ejecutando despus de la conquista espaola, con la
circunstancia de haber buscado para efectuarla la noche del viernes
santo, en que suponen muerto a Cristo. Esta combinacin de la fiesta
pagana del indio con la celebrada por la iglesia a la muerte del
Salvador, ha debido ser obra de algn indio hbil que supo encubrir sus
verdaderos alcances con preocupaciones cristianas.

El indio cuando algo pierde en aquella noche, ni se molesta ni lo
busca, se conforma con lo sucedido: _me han khespiado_, repite y culpa
a su falta de pericia y cuidado el haber sido vctima de otro ms
listo que l.

Esa noche, sabe ya que deben sustraerle y de antemano se halla en vela,
no desprendiendo la vista de sus cosas ni de sus hijas, si las tiene
crecidas. Es una lucha entre el propietario y padre con el que intenta
arrebatarle furtivamente algo. En esta contienda, vence el ms avisado
y astuto y pierden los tontos. Al siguiente da, cuando nada le ha
sucedido, el indio se alegra y cree haber triunfado de las asechanzas
de quienes trataron de hacerle dao entre broma y broma y se re del
_khespiador_ que marr el golpe.


IV

_La chicha es el maz divinizado_, dicen hiperblicamente los
partidarios de este Soma indgena, y a ella le atribuyen el don de
atraer la dicha, dar plenitud y vigor a la vida, ahuyentando los
pesares. La chicha constituye una ambrosa apetecida y de uso habitual
para las clases populares. La ofrecen a sus dioses, hacen parte de su
culto, escancian en sus fiestas y sin ella no comprenden cmo se pueda
existir en la tierra.

Este licor proviene en la harina de maz maztizada o amazada y
secada al sol, que con el nombre de _Mukcu_, es elaborada en
fbricas especiales denominadas _Chacas_[35], en las que a fuerza
de conocimiento se hace el _arrope_, que es diludo en depsitos
apropiados que contienen de antemano agua tibia y en los que se deja
bien tapados para su fermentacin.

       [35] La _chakha_ es una cocina que tiene un techo piramidal,
       formado de barro. El piso de su interior es hmedo; en el
       centro hay un perol o _fondo_, como lo llaman los fabricantes,
       que antes era de cobre y que ahora es de fierro por imposicin
       de las municipalidades. En los extremos, cerca de la pared
       se ven dos o tres cntaros u ollas de barro en los que se
       disuelve el caldo del _mukcu_ y despus se le somete a
       cocimiento, hasta que obtenga cierta temperatura. La parte
       espesa de esta sustancia se precipita, es decir, en el perol
       se trabaja la extraccin de la parte azucarada que tiene el
       _mukcu_ o mejor dicho, el maz, y esa solucin cuando ya ha
       tomado _punto_, como se dice vulgarmente, se disuelve en el
       caldo, para que una vez producida la fermentacin en los
       depsitos o tinas se obtenga la chicha.

       Las municipalidades por ese prurrito que distingue al mestizo
       de sacudirse de todo lo nacional, para dar preferencia a lo
       extico, han gravado estas _chakhas_, que no deben valer
       con todos sus utensilios, ms de trescientos bolivianos con
       el impuesto gradual de cien, ciento cincuenta y doscientos
       bolivianos al ao, cuando lo que ganan no alcanza muchas veces
       a esa suma, porque lo que cobran por la fabricacin de cada
       fanega de mukcu, que se llama _viaje_, es cinco, seis, hasta
       ocho bolivianos. El objeto que se persigue es ir, poco a poco,
       extinguiendo la elaboracin de la chicha, y reemplazarla con
       alcohol y otras bebidas destiladas.

Alguna vez cuando se desea que la chicha tenga bastante fuerza
alcohlica y sea agradable al paladar, se la cierra en cntaros,
introduciendo adentro gallinas y palomas peladas, cabezas de corderos
y de vaca desolladas, y despus de taparlos bien, se entierran los
cntaros en el suelo, donde con la fermentacin llegan a deshacerse
todas esas especies y la chicha a ser tan fuerte que un vaso de ella
embriaga. Tal bebida especial se la distingue con el nombre de _itila_.

Si en estado de fermentacin la chicha se enturbia y no puede
clarificarse, o como dicen las del oficio, _rebota_ la borra a la
superficie, es seal de que morir la duea o alguien de su familia.

Cuando el licor se halla en sazn, para consumirlo pretextan los dueos
que harn celebrar una misa de _salud_, o a la Virgen o algn santo de
su devocin, bajo cuyos auspicios piensan dar comienzo al consumo. Es
imposible que levanten las tapas de los cntaros sin ejecutar antes
alguna otra ceremonia religiosa, a falta de misa, ni se sirvan las
primeras copas sin ponerles una cruz y exclamar: _que se comience en
buena hora..._

El da de la misa se agregan los que elaboraron la chicha al cortejo
de los invitados y en squito concurren al templo. La duea del
ureo lquido, suele ser una chola robusta de anchas caderas, pechos
abultados y rostro simptico, la que se pone a la cabeza de los suyos
y risuea los conduce a la iglesia, alguna vez seguida de una pequea
banda de msicos, que tocan alegres aires nacionales y de una partida
de muchachos que hacen reventar cohetes. Presiden la comitiva dos
cholas jvenes, elegante y pintorescamente trajeadas, que llevan en las
manos, acondicionada en paos limpios, bien almidonados y planchados el
busto o cuadro de la Virgen o santo, bajo cuyo patrocinio consumirn la
chicha.

Al llegar a la puerta del templo se arrodillan, aparentando un fervor
religioso que est muy lejos de sentir sus corazones turbados por
las alegras que le esperan; recitan ligeramente una breve oracin y
persignndose varias veces franquean el umbral del santo recinto. Las
conductoras de la efigie, la colocan sobre el altar y haciendo varias
genuflexiones se retiran. Empieza la misa, acompaada con la msica
trada o con la del rgano del templo, infundiendo en los asistentes
cierto pesar que se manifiesta en sus rostros contritos y melanclicos.
A la conclusin de la misa, el sacerdote se desprende del altar, pone
el manpulo sobre la cabeza de los que le han hecho celebrar y despus
de expresar algunas breves palabras les da su bendicin.

Regresa el squito a la casa de la patrona de la fiesta, con el
mismo bullicio de muchachos, cohetes y msica. La propietaria saca
un vaso de chicha de la primera tinaja que se abre, y se la presenta
arrodillndose a la Virgen o santo, cuya proteccin invoca, y que tiene
su altar improvisado con ramos de flores, cintas de diversos colores
y velas encendidas, despus de humedecer los labios de la imagen con
gotas del lquido, invita a los concurrentes a beberlo ya sin temor
ninguno, porque los requisitos que la preocupacin popular le exiga
han sido cumplidos religiosamente.

Desde ese momento se enarbola en la puerta el pendn, consistente en
una banderita de color o un mueco colgado, que sirve de anuncio para
la venta de la chicha. Circulan los vasos llenos del rubio licor; se
compran unos, e invitan otros; mientras la msica sigue tocando sus
aires.

A cierta hora la duea convida a los asistentes varios platos de
picantes, que comnmente son de _cuys_, gallinas, o asados con
bastante aj molido. Esto no lo hace con el objeto de que les sirva
principalmente de alimento, sino que les incite a beber ms chicha. El
aj es considerado como poderoso excitante.

Todo el que pasa por la puerta es llamado a participar de la fiesta.
Se encuentran al servicio del establecimiento, por lo comn, algunas
jvenes majas, encargadas de atraer varones, enlabiarlos, dndoles
esperanzas de que cedern a sus insinuaciones y galanteos, a fin de que
estos paguen los gastos del consumo de la chicha, para corresponderlas.

La chola cochabambina nace, por lo regular, en la chichera, crece,
desarrolla y vive para la chichera; sus horas plcidas o tristes
se desenvuelven all y all, despus de una existencia borrascosa
entrega su ltimo aliento. Ella es lanzada al mundo en condiciones de
completa indefensin e impreparacin para la lucha de la vida, dice un
escritor nacional y contina: No exige ninguna escuela profesional.
Ningn rol til es abierto por la accin fiscal o municipal para hacer
actuar las aptitudes de las mujeres de las clases trabajadoras sobre
un plano de independencia, de produccin y de dignidad. Las escuelas
reciben a las muchachas en su infancia, las ensean a leer, a rezar, a
cantar y a vestirse de encajes y llevar flores para el da de exmenes.
En seguida las echan a la calle. Despus de ese florido parntesis de
la escuela, la muchacha del hogar obrero, entra de lleno en las rudezas
de la vida ordinaria. Aprende a soportar las palizas del padre, toda
vez que este se emborracha. Cuando ella misma no hace chicha y sirve
de atraccin a los parroquianos que al atardecer se recogen en las
tabernas, va a buscar chicha en el barrio para que su madre y su padre
se embriaguen. La vida es penosa, agria... Solamente las borracheras
y el fandango sirven para amenizarla. Llegan los das de fiesta, los
carnavales, los das de los santos. Detrs de las caras esculidas
de todos los santos del calendario, la gente adora a Baco, rollizo e
inyectado. Baco es dios absoluto y esencial. El Baco nacional difiere
mucho del sonriente Dionisio griego, fresco como un efebo, coronado de
yedra y con los ojos verdes, brillantes de vida y seduccin. Nuestro
Baco no ha nacido como el dios griego del racimo de uvas, entre las
alegras de la vendimia y del aire libre. Surge de la taberna, a
puerta cerrada, bajo el aire infecto y denso, entre los picantes y
fermentos de la chicha. De este modo, el Baco cochabambino, es sucio
e hirsuto. Su caballera es grasienta y su nariz colorada y velluda. Y
as, en vez de las aladas mnades y bacantes, que rodeaban a Dionisio,
nuestro culto a Baco, que es el culto nacional por excelencia, pide
el sacrificio de la inocencia, de la limpieza, de la juventud, de la
hacendosidad y de todas las virtudes femeninas[36].

       [36] La Patria Oruro, 31 de julio de 1919, No. 121.

Pero ah! ese culto al dios nacional, ha de ser difcil de arrancar
por completo de las costumbres del cholo y del indio. El uso y abuso
de la chicha est arraigado fuertemente en los hbitos populares. El
procedente de la raza khechua, sobre todo, desespera por esa bebida,
y en Cochabamba, rara ser la persona que pase el da sin consumir
siquiera un vaso de tan preciado lquido. Cuando mucho se les censura,
lo hacen ocultamente.

Los moralistas, desde aquel clebre Gobernador Viedma, que apellidaba
a la chicha _asqueroso brevaje_, no cesan de reprobar su consumo; sin
embargo, a despecho de sus apasionadas crticas, sigue aumentando su
fabricacin y expendio de da en da. A qu se debe esto? Ser que
en la naturaleza humana existe una propensin invencible a buscar el
agregado del licor, para enervar las penas o acrecentar las alegras?
Pueda ser que as sea; pero, de lo que no cabe duda es que cada nacin,
cuando tiene costumbres definidas, posee su licor propio: el alemn
la cerveza, el francs el vino y el ingls el whisky. La chicha es el
licor nacional de Bolivia, el nico llamado a contrarrestar el consumo
del alcohol y dems licores destilados, una vez que la elaboracin,
internacin y expendio de estos se encuentra permitido, y de impedir
por lo mismo, que el pas se sumerja en un mar de alcohol, como teme el
citado periodista.


V

La fiesta de la Invencin de la Santa Cruz fu en tiempos pasados
una de las ms ruidosamente celebradas. Duraba tres das, siendo la
noche del tres de mayo grande el entusiasmo y mayor el desenfreno de
la muchedumbre. En la ciudad de La Paz, se desenvolva ella en la
regin denominada antiguamente _Cusisiapata_, altura para alegrarse,
y despus en _Caja del Agua_, con cuya denominacin se conoce hoy, a
donde afluan en las noches, las pandillas de disfrazados, bailando al
son de orquestas entusiastas, posedas de loca alegra, seguidas de un
pblico que no lo estaba menos.

A media noche, en aquel sitio, todos los asistentes parecan atacados
de locura colectiva y se entregaban a los excesos de la lubricidad,
acicatados por el alcohol, la chicha y al amparo de extraos disfraces,
donde femeninas enaguas ocultaban a un apuesto galn y la pdica
doncella cubra con elegante frac o levita, la blancura impoluta de
su cuerpo; donde frailes o clrigos aparentado el papel de robustas
hembras hacan danzar a sus barraganas vestidas de hombres.

Era una fiesta dionisiaca realizada en homenaje a la Cruz. Caballeros,
religiosos y plebeyos, en franca promiscuidad, dominados por la misma
fiebre de divertirse, embriagarse y satisfacer sus apetitos sensuales,
se sentan hermanos en aquellos fugaces momentos y beban licores,
danzaban frenticos y se entregan a cuantos placeres les brindaba la
ocasin propicia.

No era raro que la blanca y pudorosa nia, perteneciente a una casa
de abolengo sonoro, se estremeciese amorosa entre los brazos de algn
pobre, pero robusto gaan de su servidumbre y que el jefe de ella
ofreciese rendido su corazn a su sirvienta, si bien tosca en sus
maneras, de carnes frescas y turgentes.

Cuando las stiles palideces del alba aproximaban por las plateadas
cumbres del Illimani las parejas acopladas por la casualidad se
separaban y las pandillas cansadas y en medio de las extridentes risas
de las mujeres de los roncos gritos de los hombres, volvan a sus
casas.[37]

       [37] Vase al respecto la descripcin que se hace en el
       folleto titulado "Maldicin y supersticin". Leyenda boliviana
       del siglo XVIII, por Jos Rosendo Gutirrez. Paz de Ayacucho,
       ao 1857, pginas 27 y 28, que se halla conforme con la que
       hemos hecho.

En la ciudad de Potos se realizaba otra fiesta semejante a la
anterior en el fondo, aunque reducido a una clase social y distinta
en la forma, denominada _Phuna Cancha_, tambin nocturna y consagrada
a Baco y a Venus indgenas. Las criadas y doncellas de labor--dice
Brocha Gorda--se escapan atraidas por el imn de lo misterioso y lo
desconocido, por el incentivo del peligro a que los induca el demonio,
desplegando a su vista todo un panorama de concupiscencia.

All iban cuantas muchachas lograban tomar la puerta y se perdan
generalmente en sus orgas las preciosas flores que hicieron decir a un
poeta:

      Es de vidrio la mujer
    y conviene averiguar,
    si se puede o no poner
    en peligro de romper
    lo que no se ha de soldar[38]

       [38] "La Villa Imperial de Potos".--Su historia
       anecdtica.--Sus tradiciones y leyendas fantsticas etc. por
       Brocha Gorda (Julio Lucas Jaimes) 1905, pag. 139 y 140.

Igual vrtigo de lujuria y embriaguez que en la fiesta anterior
se apoderaba de los concurrentes a esta ltima, cesando su furor
nicamente con la claridad del nuevo da.

Con la misma o mayor libertad desenfrenada se festejaba la Cruz en
las dems poblaciones. Hoy la fiesta ha decado por completo y de
ella no se conserva en algunos pueblos sino la costumbre de dirigirse
recprocamente esa noche frases injuriosas, con el aditamento de
_Sihuay-sahua_. Uno al encontrarse con otro le llama _ladrn_ y en
seguida repite, _Sihuay-sahua_, y todo queda remediado: es una especie
de carnaval en que se insultan impunemente.

Esta costumbre de reir con semejante aadidura, que atene y disculpe
la ofensa debe ser rezago de tiempos inmemoriales.


VI

En aos no muy alejados del tiempo presente el _Corpus Christi_, se
celebraba en todos los pueblos de la Repblica con solemnidades y
prcticas singulares. Seis das antes de la fiesta comenzaban los
nombrados el ao anterior a levantar altares, armndolos en los lugares
de costumbre, debiendo ser colocado cada palo con gran algazara de la
concurrencia que acuda a prestar su colaboracin a los interesados.
El _altarero_ desde ese da estaba obligado a proporcionar abundante
chicha y licores para el consumo de los operarios e invitados que
honraban el acto con su presencia.

Terminada la armazn del altar, el que tena que ser lo ms elevado
posible, la forraban interiormente con sbanas y gneros de colores,
adornndola en seguida con espejos, plata labrada, flores y cintas,
colocando en el centro el sitial donde deba descansar el Santsimo, el
da de la procesin.

En la base del altar exista un hueco, donde dorman en las noches los
cuidadores y beban ponches los invitados o compadres del propietario.
Era costumbre que durante el tiempo que permaneciese el altar, los
dueos deban convidar en las maanas, mazamorras de harina de maz que
las servan humeantes y haciendo burbujas en los platos, a consecuencia
de pequeas piedras planas y caldeadas que soltaban en ellos, el
momento de invitarlas a los visitantes. Este plato de lagrado de los
concurrentes, se llama _kalapari_. Tras l se servan tazas de t y
ponches.

El da de Corpus, los altareros y acompaantes, casi siempre se
encontraban achispados, y en ese estado asistan a la procesin del
Santsimo. Pasada ella, invitaban aquellos fruta, man, caas dulces,
pastas con el nombre de _tagua-taguas_, aloja, chicha y aguardiente.
Este da era de comer fruta. Las personas amigas se preguntaban en las
visitas o en la calle: Est usted invitado a tomar fruta?--No.--En
ese caso la esperamos en casa.

La fiesta duraba hasta la octava, da en que, apenas pasaba la nueva
procesin del Santsimo, se desataban los altares con igual bullicio y
gritos con que se haban formado y despus de efectuada la operacin,
cada concurrente conduca en hombros y bailando a la casa del altarero,
algn objeto perteneciente al altar.

En la casa del altarero segua la fiesta con ms entusiasmo das
consecutivos, hasta cuando las provisiones se encontrasen prximas
a ser consumidas; entonces salan los asistentes con el dueo de la
casa, cada cual con un atado a la espalda, en actitud de viajar y se
dirigan en alegres pandillas, seguidos por una banda de msicos, fuera
de la poblacin a despedir el Corpus, y despus de haberse divertido en
el campo, regresaban en la noche a sus casas. Slo desde ese momento
cesaba la fiesta.

Los altares los hacan muy elevados con la preocupacin de que ellos,
cuando muriesen, les serviran de escalas en la otra vida, para subir
con ms presteza al cielo.

Otra particularidad de la fiesta era la presencia de un personaje
llamado la _dama de Corpus_ que era un hombre disfrazado de mujer,
que visitaba las casas y andaba por las calles haciendo contorsiones
y ridiculizando a las del sexo femenino, provocando la risa y la
hilaridad de los presentes. La mayor injuria, que en aquellos
tiempos, se poda dirigir a una mujer melindrosa, o de muchos humos y
pretensiones, era llamarla _dama de Corpus_.


VII

San Juan Bautista, suponen que es el santo bajo cuyo amparo se
descubren los secretos del porvenir y se obtiene el acrecentamiento
de los bienes. Se conmemora su fiesta, encendiendo la vspera en la
noche grandes fogatas delante de las casas en honor del santo, para que
este no se olvide de sus moradores y haga que su hacienda progrese y
sus ganados, si los tienen, se conserven exentos de enfermedades y se
multipliquen con profusin.

Los indios queman, a su vez, en el campo, la paja y los arbustos secos
de los cerros, produciendo incendios enormes, que suelen abarcar
grandes extensiones de terreno. Conceptan que el fuego, en esta noche,
lejos de destruir definitivamente la vegetacin y esterilizar el suelo,
posee la virtud, concedida por el Santo, de hacerla rebrotar con ms
lozana y exuberancia y que los pastos nuevos tengan mayor vigor y
fuerza nutritiva. Mantienen la conviccin de que el fuego de San Juan,
limpia la tierra para que al poco tiempo, se cubra de verde csped y se
engalane de fraganciosas flores.

Esa noche, se ilumina el suelo de una luz rojiza y por doquiera se ven
levantarse en el campo inmensas columnas de fuego, que hacen pesada la
atmsfera por el mucho humo y calor de que se halla impregnada.

Desde la vspera hasta las doce del siguiente da acostumbran las
gente echarse indistintamente con agua y baarse sin reparo alguno. El
fuego y el agua son los dos elementos que se ponen en accin durante
la fiesta. El agua de San Juan, por ms helada que sea y por mucho que
haga fro esa noche, no resfra ni produce ninguna enfermedad en el
cuerpo del que ha sido empapado.

Rara ser la persona del pueblo que ese da no se lave la cabeza y asee
su cuerpo con abundante agua. Tambin acostumbran cortarse los cabellos
porque dicen, que vuelven a crecer ms abundantes, lustrosos y bellos.

La vspera y el da de San Juan, no hay casa donde no se consulte
un orculo o se haga preguntas al destino, derramando en una vasija
de agua, estao (_chaantaca_) o plomo (_malla_) derretidos y segn
la forma en que se enfran las partculas, preven el porvenir de la
persona a la que va dedicado el acto. Si el metal vaciado adquiere la
forma de monedas, dicen que tendr fortuna, si de una espada, que ser
militar, si de un libro que ser abogado o escritor; si en forma de
hoyo que morir; si de un pual, que ser asesinado, si de flores que
tendr dichas, si de dos seres humanos unidos, que se casar, si de
hilos enredados, que tendr pleitos.

Ponen tambin papelitos escritos y doblados en un cajn o sombrero, con
inscripciones afirmativas y negativas de lo que deseen saber, e invocan
en seguida la intervencin del Santo, despus de agitarlos, sacan o
dejan uno, que es el que decide la suerte. Asimismo, baten la clara de
un huevo y segn la espuma que hace presagian sobre lo que debe suceder.

En cualquier forma que se haga, la creencia general, es que esa noche
se descubren siempre los arcanos del destino; se sorprenden siempre los
verdaderos sentimientos ocultos en el corazn humano. El enamorado, el
esposo engaado, el que busca fortuna, el negociante, el agricultor, la
joven soltera que desea saber su porvenir, todos los que aquella noche
y da han hecho su pregunta a la suerte, sorprenden el camino por donde
los guiar el destino o la verdad de lo que ansiaban conocer.

Con agua y fuego celebran a San Juan y ste les corresponde, levantando
por un momento el velo que cubre los misterios de lo desconocido.


VIII

En los ltimos jueves anteriores al carnaval y que se llaman _jueves de
compadres_ y de _comadres_, visitaban los tales a sus protectores en
la maana, llevndoles muchos obsequios, con el nombre de _taripacu_,
cubran de flores los pisos de las habitaciones del compadre, de los
corredores y pasillos, coronndoles a l y su esposa de guirnaldas de
frescas y olorosas flores. Estos en correspondencia les hacan beber
licores y los agazajaban durante el da.

Generalmente el _taripacu_, sola efectuarse a las cinco de la maana,
hora en que los compadres se presentaban en la casa del individuo al
que trataban de cumplimentarlo, acompaados de msicos y haciendo
tronar cohetes.

Esta costumbre, como muchas otras, va camino a la decadencia; pocas
veces se ven ya _taripacus_.

Adems de los compadrazgos religiosos, existen otros emanados de las
preocupaciones sociales, en los que no intervienen los curas, pero que
crean vnculos entre los contrayentes y dan origen a que stos intimen
sus relaciones y se tomen muchas confianzas. Por lo comn, este gnero
de compadrazgos, se forman entre jvenes solteros de ambos sexos, que
deseosos de estrecharse ms, se valen de ese pretexto, que disimule sus
amores ante las miradas de extraos.

En la fiesta de Todos los Santos, acostumbran realizarlos, enviando
con la sirvienta, a la nia de su predileccin un muequito de rostro
infantil, y de muy coloradas mejillas, bien ataviado, o a la casa de
un pariente de aquella para que se lo bautice. La persona que pone el
nombre es el compadre de la duea del muequillo. Tambin ocurre lo
contrario que el galn haga bautizar con la seora de sus pensamientos
el mueco: entonces sta es la comadre.

En las clases populares se sigue la prctica de que cuando llega el
natalicio de un nio o nia, los padres eligen una persona, que la
vspera del cumpleaos o el mismo da, le ponga al interesado un
rosario en el cuello y al siguiente le lleve a misa y despus de hacer
que el cura le d su bendicin, de regreso a la casa, le saca el
rosario con muchas ceremonias, recomendndole que sea un buen ahijado;
le regala algn dinero o especie y desde ese momento lo tienen los
padres del nio como a su compadre, y el ahijado lo respeta, ms que a
su padrino de bautismo, llamndole _jarakasiri auqui_, o sea padrino de
desate.

El primer recorte que se hace a un nio del cabello con que ha nacido,
acto que se llama _rutu-chico_, tambin crea compadrazgos. El da
sealado visten decentemente al nio, lo peinan y distribuyen su
cabellera en multitud de trenzas y llegado el momento de la fiesta,
cada invitado toma una trenza y la recorta y despus deposita una suma
de dinero en el plato que se halla junto al nio. Pelada la cabeza de
ste, invitan los padres licores y manjares a los concurrentes, y se
baila a continuacin con gran entusiasmo.

Antiguamente exista otra costumbre que ha desaparecido, denominada
_sucullu_, la que consista en sacar un nio en su cuna o paales a
la plaza y ponerle all. Puesto all--dice Bertonio--venan los mozos
de la casa que traan la sangre de las vicuas, metida en la panza
de stas, con que el to o _lari_ untaba la cara del nio cruzndole
la nariz de un carrillo a otro, y despus reparta la carne de las
vicuas a las madres que haban trado all su nios, para esta
ceremonia, porque de ordinario juntaban para esto todos los nios que
haban nacido aquel ao y sola hacer esto en acabando de coger sus
papas, cuando los cristianos celebramos la fiesta de _Corpus christi_.
Aadan a todo esto el vestir a los nios una camiseta negra, que tena
entretejidos tres hilos colorados, una en el medio y dos a los lados de
alto a bajo, y por delante y de atrs. Lo mismo hacan con las nias de
aquel ao, solamente se diferenciaban en el nombre porque se llamaban
_huampaa_: y en los hilos colorados que eran muchos y entretejidos no
de alto a bajo, sino al derredor, y caan en medio de su urquesillo o
bayeta, un poco ms abajo de donde se faja las mujeres grandes; aunque
las nias de aquella edad no usan de faja o _huakca_ que llaman.[39]
En este acto se haca ofrecimiento del nio o nia a la _huakca_
preferida. Esta era una fiesta de familia que creaba vinculaciones.

       [39] Vocabulario de la lengua Aimara por Ludovico Bertonio,
       edicin Platzmann. Parte segunda, pag. 323.


IX

Otro gnero de _taripacus_, lo realizan los indios en das anteriores
y posteriores a la Navidad, hasta el Ao Nuevo, en que se cambian los
funcionarios indgenas, llevando de regalo a sus compadres blancos, al
son de msica, corderos, hasta un novillo joven, cubierto el cuerpo de
monedas y de cintas, y varios productos del pas. El agazajado recibe
los obsequios y les hace beber abundante aguardiente.

Tambin hacen _taripacus_ a las iglesias introduciendo largas pilas de
ceras o espermas, adornadas con cintas de diversos colores, seguidos
los del obsequio por una banda de msica y haciendo reventar petardos y
bombas criollas. El sacerdote los recibe en la puerta del templo, pone
en la cabeza del principal y de su familia el manpulo, los hace rociar
con agua bendita y despus de darles su bendicin, manda que todo se
entregue al sacristn.

Los indios que deben celebrar la fiesta de Navidad, llamados
_huaranis_, por entregrseles la vara de la autoridad para este objeto,
conducen la vspera en la noche, al templo o capilla un arco de madera
adornado con cintas multicolores, banderillas, plata labrada y espejos;
arco que es colocado delante del altar mayor y al alojamiento o casa
del alferez, a la danza, usando instrumentos de cuerda y viento. Cada
alferez tiene un grupo o comparsa de bailarines.

Pasada la hora de las doce el da de la Navidad, se reunen las
comparsas con objeto de proceder a la lucha a honda. Esta lucha es
presidida por el alcalde o _jilakata_, de quin solicitan permiso los
duelistas, que ejecutan el acto al son de msica. Slo pueden tomar
parte en la lucha los jvenes casados.

Se colocan dos indios, guardando una distancia de ocho metros entre
s; uno de ellos le da la espalda al otro y este comienza a propinarle
una serie de hondazos, que despiden peras. La misma operacin repite
a su vez el otro. La destreza consiste en que las peras hagan blanco
en el occipital del contrario, y la mayor parte de ellos son diestros
hondeadores; de manera que las seis peras que a cada uno le corresponde
arrojar a su antagonista, dan en el blanco, cayendo la pera con el
choque en menudos pedazos.

El veintisiete concluye la fiesta con la acostumbrada despedida o
_cacharpaya_.

La vspera de Navidad acostumbran fabricar los hijos de los indios y
mestizos dedicados a la agricultura, figuras de barro, que representan
corderos, toritos, llamas y cerdos, llevndolas al templo, y
colocndolas en el altar del nio Jess. Al siguiente da, despus
de pasada la misa, es que han recibido aquellas figuras la bendicin
del prroco, las recogen y acomodan sobre las puertas, en el espacio
formado por los aleros con objeto de que el ganado que poseen se
conserve inclume o que se acreciente; y si no lo tienen que les
conceda Dios el adquirirlos. Suponen que tales figuras tienen la virtud
de favorecer las intenciones de sus obreros y en ese sentido no omiten
adornarlos de flores en la fiesta que les dedican.


X

Cuando a la persona que est dormida, se le pone sobre el pecho el
zapato correspondiente al pie izquierdo del que ejecuta el acto, revela
los secretos que tiene contra ste.

Las personas que se lavan de una misma agua, se aborrecen.

La mano izquierda escuece para recibir dinero y la derecha para pagar.

No hay que consentir que nos rasquen la palma de la mano, porque atraen
y se llevan el dinero que debamos ganar o recibir.

No deben quemarse las prendas de vestir cubiertas de piojos, porque
el fuego tiene la particularidad de hacer que aquellos parsitos, se
propaguen rpidamente en el cuerpo de la persona a la que pertenecen
las especies quemadas.

Las patatas no pueden cocerse en la comida cuando la cocinera ha
resuelto retirarse de la casa.

No hay que agitar en la noche tizones encendidos, haciendo crculos en
el aire, porque se atrae a los ladrones.

Los que han nacido en el invierno, pueden detener o desvanecer las
nubes cargadas de lluvia, con slo soplarlas desde la tierra con
fuerza.

Cuando el perrito faldero se alegra, es para que haya dinero en la casa.

Si al salir fuera de la casa se atraca en el empedrado el bastn, debe
regresarse porque algo malo le ocurrir a quien insista en continuar su
camino.

Tropezar con un remolino de viento, es para tener pelea con alguien.

Cae de la boca lo que tratamos de comer cuando alguien se acuerda de
nosotros.

Se siente zumbido en el odo derecho para tener noticias malas y calor
en las orejas, cuando hablan mal de nosotros.

El bostezo dado inadvertidamente es sea de aburrimiento con el que se
est.

No debe pegarse con escoba sino se quiere hacer desgraciada a la
persona que sufre los golpes.

El que recoge cosas viejas de los basureros nunca tendr fortuna.

No se debe barrer la casa tarde o en la noche, porque se ahuyenta la
buena suerte.

El que tiene costumbre de defecar en su dormitorio ser siempre
desgraciado.

El equivocarse en una oracin que se saba bien de memoria es de mal
augurio.

La avaricia hace crecer verrugas en las nalgas.

El que toma el sobrante de un lquido, que queda en el vaso, sabe los
secretos de quien la ha dejado.

Cuando el hombre sirve platos de comida en la mesa, siguen con hambre
los concurrentes. Para que queden satisfechos, es necesario que les
distribuya la mujer.

No se debe sealar con el dedo en cuerpo propio el lugar en que recibi
otro una herida causada por alguna arma blanca o de fuego, porque puede
repetirse en el mismo sitio el hecho.

No hay que mirarse de noche en el espejo porque suele mostrarse el
diablo.

Cuando se golpea el rostro, tampoco debe mirarse inmediatamente en el
espejo, porque sale el cardenal con mayor fuerza.

El viudo o viuda, son los nicos que pueden limpiar el holln de las
cocinas, porque cuando lo hace un soltero o soltera, se augura que en
el matrimonio que realice, nunca conservar con vida a su consorte.

Los cabellos de la mujer comienzan a caer cuando los manosea el hombre.

La mosca penetra en la copa de licor, cuando el que deba servirse tiene
que embriagarse.

Quien pasa por debajo de una escalera tendr algn disgusto domstico.

Para evitar los brujeros, aconsejan ponerse las enaguas al revs los
das martes y viernes.

La persona que encuentra nueve granos de arvejas en una sola vaina,
tendr buena suerte en lo que se propone hacer.

En el comienzo de una faena o en el estreno de algn objeto, nunca se
debe desconfiar de su buen xito, o decir que durar poco o traer
inconvenientes el objeto estrenado, porque se predice y se atrae el
mal sin pensarlo, a lo que llaman _arjaa_. Al menos rechazan y motiva
un disgusto, el pronosticar mal de una persona. Temen que por haberse
dicho en _mala hora_ se cumpla el vaticinio. Suponen que en el curso
del tiempo hay momentos buenos y malos, que influyen decisivamente
sobre el resultado de lo que se desea, dice o hace.




                             Captulo VIII

                        Ideas mdicas indgenas

       I.--Carcter general de la medicina
       indgena.--II.--Conocimientos mdicos de los empricos
       dedicados a curaciones; empleo de drogas; sus aptitudes
       para la anatoma y ciruga.--Un caso referido por el P.
       Cobo. Cmo se forman actualmente los cirujanos.--III.--Los
       _callahuayas_; sus curaciones y hechizos; sus costumbres y
       estado actual.--IV.--Explicacin de las palabras _jampi_ y
       _jampiri_. Relacin de otro caso.--V.--Mtodos curativos:
       _thalantaa_, _milluchaa_, _trucaka_, _pichaka_ y
       _llumpaka_.--VI.--Empleo de animales muertos y varias otras
       preocupaciones.--VII.--Sanidad del indio y la influencia de la
       coca.


I

La teraputica indgena se compone de raros y curiosos remedios,
algunos de ellos eficaces, pero aplicados siempre con la ayuda de
procedimientos supersticiosos; porque el indio y el cholo personifican
las enfermedades e infecciones y suponen que son atraidas a su hogar
por medio de maleficios y hechizos empleados por sus enemigos, y cuando
la enfermedad no es susceptible de ser personificada, la tienen como
resultado infalible de algn embrujamiento, y con objeto de conseguir,
en el primer caso, que se vaya la enfermedad y recobrar la salud, o
deshacerse del hechizo, en el segundo, y sanar los enfermos acuden
prestos a los auxilios e intervencin de curanderos que, a la vez,
deben ser precisamente brujos, sin cuyo requisito indispensable,
nada de provecho podran hacer en favor de sus clientes, ni tendran
influencia sobre stos y su familia.

El arte de curar de los indios se reduce, en consecuencia, a que
abandone la casa la persona de la enfermedad, y en seguida, en
desembrujar al enfermo, o en obtener nicamente este ltimo resultado,
inutilizando las armas y recursos de hechicera, que contra l se han
puesto en ejecucin, mediante el empleo de otros ms poderosos. La
conviccin que al respecto tienen aqullos, es tan arraigada que no
admiten rplica en contrario, y slo les merece fe y dan importancia a
quien acompaa sus curaciones con prcticas supersticiosas. Muchos de
esos curanderos-brujos o _kolla-camanas_, son herbolarios entendidos
y diestros cirujanos, que proceden con entera conciencia de lo que
hacen y de la eficacia de sus recetas, pero los ms son embusteros
e ignorantes de su oficio. No faltan quienes manifiesten en sus
curaciones medios derivados del espiritismo o hipnotismo. Mas, en lo
que se parecen todos ellos, es en darlas de zahories y en fanfarronear
de que nada hay desconocido o difcil para su saber, en materias
relativas a su profesin.

Indios y cholos, con el prejuicio de no provenir las enfermedades de
sus excesos o de contagios e infecciones, sino de los manejos aviesos
de sus enemigos, que los han hecho embrujar, o de la accin de seres
malignos, atrados por los mismos, dificultan a que la medicina
prospere en forma cientfica en estas clases, sacudindose de la
hechicera, y de que al mdico se exija que sea a la vez brujo.


II

En el imperio incaico los curanderos hacan dimanar sus conocimientos
mdicos del estudio de las yerbas y del carcter esencial de los
fenmenos mrbidos. Despojando a la medicina de aquellos tiempos, y
que es la que aun practican los indios, de las preocupaciones que
la rodean, se nota que contiene principios y descubrimientos de
suma importancia. Los _amauttas_ khechuas y los _yatiris_ kollas,
conocan el mtodo homeoptico, fundado en la fuerza reactiva de
los semejantes, y en la disminucin de las dosis y la eficacia
del remedio nico; estaban familiarizados con el empleo de drogas,
como la quinina, la ipecacuana, la copaiba, el azufre y los tnicos
amargos y aromticos, como agentes teraputicos de primer orden. El
gran especfico contra las fiebres paldicas y malignas fu conocido
en Europa por la revelacin que aqullos hicieron de las propiedades
de la quina. Razn tuvo un escritor argentino, para decir que la
antigedad no ha posedo ms que dos escuelas esencialmente clsicas;
la de Hipcrates y la de los khechuas[40], o ms propiamente de los
_kollanas_.

       [40] Vicente Fidel Lpez, _Les races Aryennes du Prou; leur
       langue, leur religion, leur histore._ Pars, 1871.

En cuanto a la anatoma y ciruga, tampoco se puede negar, que las
posean, siquiera en sus generalidades. Dedcese esto de la casi
perfecta preparacin de las momias; circunstancia que induce, de paso,
a suponer el conocimiento de otra rama completamente moderna en la
medicina europea, llamada de los mtodos de asepsia y antisepsia.

La preparacin de las momias implica que se daban perfecta cuenta de
las tres cavidades conocidas del organismo humano y de su consiguiente
sometimiento al mtodo antisptico, que tanto entre los egipcios como
entre los kollas y khechuas, ha quedado en secreto inescrutable. Los
plidos vestigios que aun quedan de la ciencia mdica de los _yatiris
y los amauttas_, siguen revistiendo en sus sucesores imperfectos, los
_callahuayas_, caracteres de culto sacerdotal, desde su iniciacin;
especie de ciencia oculta, la de curar, se trasmite ella, de padre a
hijo, o entre miembros de la misma familia y tribu, con la desventaja
de que cada generacin recibe mermada la herencia del saber de sus
antepasados y no ser extrao que terminen por ignorarlo todo con el
trascurso del tiempo.

El _callahuaya_, tiene entre los indios la misma importancia del mago
entre los egipcios, y apenas l se presente en la casa de un enfermo,
desaloja a los dems curanderos que le atendan, quienes reconociendo
la superioridad de aqul, se retiran voluntariamente y acatan sin
observacin sus procedimientos teraputicos o supersticiosos.

Los crneos excavados de las antiguas sepulturas comprueban que los
_yatiris_ y _amauttas_ empleaban tambin con rara correccin el sistema
de las trepanaciones craneanas en sus curaciones, sin embargo de los
instrumentos imperfectos y deficientes que debieron poseer para ese
objeto. Rezago de tal sistema puede ser el que actualmente aplican los
indios del altiplano, para los corderos atacados de la enfermedad del
_torneo_, trepanndoles el crneo y extrayndoles con mucho cuidado
del interior ciertas materias extraas que las creen causantes del mal.

La innegable competencia de los mdicos indgenas de aquellos tiempos,
se encuentra corroborada por el P. Cobo, que dice: En lo que
comnmente acertaban, era en curar heridas, para las cuales conocan
yerbas extraordinarias y de muy gran virtud; y para que ms claro
sea esto, contar aqu una cura que hizo un indio en la ciudad de
Chuquiabo, como lo refiere un caballero que hubo en aquella ciudad,
llamado D. Diego de Avalos, en ciertos papeles suyos que llegaron a
mis manos, y es as: De una gran cada que di un muchacho indio, hijo
de D. Alonso Quisimayta (de la generacin de los Incas), cacique de
la encomienda y repartimiento del dicho D. Diego, se le quebr una
pierna por medio de la espinilla, de manera que el hueso de ella rompi
la carne y se hinc en el suelo, donde se derram mucha parte de la
mdula, lo cual prometa varios accidentes y dificultad en la cura;
y por ser hijo del cacique principal y de real sangre, hizo el dicho
caballero llamar a los cirujanos para que le curasen con todo cuidado;
los cuales, viendo el dao que haba recibido el pariente en la pierna
se determinaron de cortarla y de aventurar por este camino, porque, de
no hacerlo, tenan por cierta su muerte. Mas, como de tal remedio rara
vez se haya visto buen suceso en este reino, hubo diversos pareceres en
los circunstantes; y su padre del muchacho fu del contrario, el cual
mand llamar a un individuo viejo, cuyo oficio era curar entre ellos
y le pregunt qu cura se le ofreca para su hijo. El viejo se apart
un poco del camino (estaban fuera del pueblo) y cogi cierta yerba que
luego quebrant en las piedras, a fin de que no pudiese ser conocida,
como no lo fu; y llegando donde el enfermo estaba, la esprimi, y
con el zumo de ella moj el hilo de lana y con l le at el hueso
que sala de la carne y a raz de ella, prometiendo cierta salud al
enfermo, y otro da estando presente el sobredicho D. Diego de Avalos,
con otras personas, volvi el indio a curar al enfermo, y vieron todos
los circunstantes, con no poca admiracin suya, cmo el hilo de lana
con el sumo de la yerba, con su fortaleza haba cortado el hueso sin
dolor alguno, segn el enfermo dijo; y aplicndole el viejo herbolario
la misma yerba mezclada con otras, en breve fu sano, quedando por
seal un pequeo hoyo en la espinilla, por donde el hueso haba salido;
pero tan sano y gil el mozo, como si semejante desastre no le hubiera
sucedido.

Qued tan deseoso de conocer aquella yerba el dicho D. Diego, que
prometindole buena paga al indio, con halagos y caricias le pidi la
mostrase; y aunque l prometi hacerlo, nunca lo cumpli, sino que le
fu entreteniendo con varias excusas, hasta que el hielo del invierno
quem los prados, lo cual tuvo el indio por bastante causa para no
cumplir la promesa.[41]

       [41] _Historia del Nuevo Mundo_ por el P. Bernab Cobo, etc.
       Tomo IV. Sevilla, 1893, pag. 200 y 201.

Semejantes curaciones no son extraas al presente entre los indios.
Como no existen en las poblaciones rurales mdicos ni boticas, son los
curanderos indgenas los que hacen las reducciones, en los casos de
luxaciones y fracturas, con singular maestra y despus ponen emplastos
de yerbas en las partes enfermas hasta que sane el enfermo. En lo que
fallan por completo es en el tratamiento y curacin de las enfermedades
importadas por los espaoles y en las que posteriormente han aparecido,
a las que el organismo indgena no est habituado y que por esta causa
y por faltar medios para curarlas hacen estragos entre los indios,
quienes sucumben sin el menor auxilio mdico. En presencia de tales
dolencias, para las que se declara impotente su primitiva farmacopea,
slo tienen el recurso de las brujeras.

De dos maneras aprende a curar el cirujano indgena o _Sircamana_, por
trasmisin de conocimientos, en la forma ya indicada, o por observacin
directa en su persona, cuando ha sufrido una fractura o luxacin y
consigue sanar por propio esfuerzo. En ambos casos, estos empricos
suelen hacerse tan hbiles en su profesin, que realizan curaciones
sorprendentes.


III

El _yatiri_ o sabio por excelencia, que a sus conocimientos mdicos une
los prestigios de un aventajado brujo, constituye entre los indios,
el _Callahuaya_. En el interior de la repblica le llaman _Kamili_;
le temen y buscan. El nombre propio de estos famosos curanderos,
herbolarios y hechiceros, fu el de _Kolla-huayus_ o sea portadores de
medicinas, que con la corrupcin fontica y disimilacin producidas
en las palabras con el uso y el tiempo, lleg a convertirse en el
que tienen. Es un error suponer que llevan ese nombre por haber sido
provenientes sus antepasados de los valles de Carabaya. No existe entre
ellos la tradicin ms remota de tal procedencia; por el contrario, se
notan completas desemejanzas con los habitantes de aquellas regiones y
stos.

Los callahuayas formaban una casta aparte en la antigedad; se les
consideraba como nicos depositarios de la ciencia mdica de los
_Kollanas_, sus sabios antepasados. Sus costumbres eran y siguen siendo
especiales y diferentes de las que tienen los indios que habitan en
la misma regin. Su principal obligacin consista en recorrer todos
los pueblos, llevando consigo remedios variados y curando a cuantos
enfermos demandaban su asistencia, o les pedan auxilios contra los
embrujamientos, o amuletos para evitarlos. Tampoco rehusaban ejercer la
hechicera, cuando les exigan, ya sea para causar un dao al prjimo o
vaticinar el porvenir.

Durante el rgimen colonial siguieron desempeando el mismo papel,
y son ellos los que hicieron conocer casi todas las plantas que hoy
se usan en la farmacopea indgena, con la circunstancia, de que las
propiedades que les sealaron, han sido admitidas por la ciencia y
justificadas as sus perspicaces observaciones.

En la actualidad, estos notables y clebres herbolarios y brujos,
habitan ciertas circunscripciones de los cantones de Charazani y
Curva del Departamento de La Paz, y han perdido mucho de su antiguo
prestigio, ya porque han descuidado las observaciones y mtodos de
curacin de sus antepasados, ya porque la enseanza mdica se encuentra
adelantada en nuestro pas y los mdicos abundan relativamente a
la poca colonial, en la que stos, por sus escasos y deficientes
conocimientos, eran inferiores a los empricos.

El Callahuaya no se contenta con ser un brujo y curandero, confundido
en el comn de los que siguen estos oficios, sino que trata siempre
de sobresalir en su porte y relaciones con los dems; la vanidad y el
orgullo, son pasiones que le dominan demasiado. En las festividades
que celebran sus pueblos, se les ve bien y singularmente trajeados: la
cabeza envuelta con un elegante pauelo de seda y encima un sombrero
de paja de Guayaquil, pantaln de casimir fino, sujetado a la cintura
por una chirip o cinturn adornado con monedas de plata extranjeras.
Los callahuayas de Curva se presentan montados en caballos, ensillados
con aperos chapeados de plata, estribos del mismo metal, riendas y
cabezada, formadas algunas de cadenas de plata. Su afn es imitar a los
gauchos de las pampas argentinas, por lo que cargan pual en el cinto y
pronuncian el castellano con acento gauchesco.

Las mujeres son feas y muy sucias; sujetan su manto con tres grandes
_tupus_ o prendedores de plata, que forman sobre el pecho un tringulo;
la frente la cruzan con una faja de hilos de varios colores, y encima
se ponen un sombrero de paja. El corte de su falda lo usan hasta la
rodilla, haciendo que las pantorrillas queden al descubierto.

Los callahuayas hablan aymara, khechua, puquina y castellano. Son tan
suspicaces que cuando tratan con los indios, se entienden entre ellos
en el lenguaje que ignoran los que se hallan presentes.

La vida que llevan es misteriosa. Los de Curva, regresan de sus
viajes arreando cada cual una tropa, ms o menos numerosa, de mulas
argentinas, y los de Charazani, trayendo mercaderas valiosas y
raras. Los vecinos mestizos de ambos pueblos, particularmente los
que desempean alguna funcin pblica, los exaccionan mucho; si no
les arrebatan a viva fuerza lo que traen, les compran por precios
nfimos; a tal punto que han establecido la costumbre de permutar una
buena mula con una caja de alcohol. Las mismas autoridades superiores
de la provincia, no se excusan de explotar, en igual forma, a estos
desgraciados, ya directamente o ya por intermedio de los corregidores;
por lo menos estos ltimos funcionarios llegan en sus abusos a extremos
inconcebibles.

No se han podido averiguar an los medios de que se valen los
callahuayas para conseguir bestias y objetos valiosos en sus viajes; lo
probable es que explotando el espritu supersticioso de los campesinos,
se hacen de dinero, con el que compran todas esas especies, o reciben
directamente stas, en pago de sus curaciones y pronsticos.

De conocimientos botnicos, les quedan los suficientes para darse
cuenta de las propiedades de algunas plantas, y hacen uso de ellas
en sus recetas, que unidas stas en su aplicacin al conjunto de
supersticiones que emplean en cada caso, logran su objeto de conseguir
la sanidad del enfermo, o la tranquilidad de quien se cree vctima
de maleficios. Cuentan, que los callahuayas en sus viajes, van
averiguando de los indios, que en el trnsito se hallan enfermos y
cuando de ello se convencen y de que es rico el paciente, entierran
cerca de la casa de ste, un sapo u otro animal apropiado, con el
cuerpo maltratado o entorpecido en el libre ejercicio de alguno de sus
miembros, con ligaduras o alfileres, y al siguiente da se presentan,
cual si aportaran por casualidad e ignorando en lo absoluto lo que
ocurre en la casa.

El enfermo y su familia, reciben la visita de ste, como presagio
de buen augurio, e inmediatamente acuden a su saber. El callahuaya,
despus de muchos ruegos y halagos, accede en hacerse cargo del
enfermo. Es entonces que da principio a sus operaciones, revistindose
de toda la solemne majestad de un agorero. Se provee de una cantidad
de coca, que coloca sobre el pecho de su cliente; en seguida le hace
varias preguntas relacionadas con sus costumbres y enemigos que puede
tener; a continuacin, extiende en el suelo un pao negro, y sobre
l derrama la coca, examina la forma en que han cado las hojas;
sale afuera, mira el cielo y despus de pronunciar algunas frases
ininteligibles, manifiesta que el enfermo est embrujado en un animal y
que l descubrir el lugar en que el hechizo se encuentra. En efecto,
despus de nuevas manipulaciones y trebejeos, se dirige, acompaado de
los de la casa, al lugar en que enterr el animal expresado, lo saca
fuera, le desliga o arranca el alfiler, le cura la herida y predice la
pronta sanidad de aqul, a quien le da de beber para mayor xito, algn
mate o yerba en infusin o le pone ciertos parches, con cuyos remedios
y la impresin que ha recibido con el encuentro del sortilegio, queda
sano el enfermo, y el callahuaya despus de recibir su salario y muchos
obsequios, se marcha satisfecho.

Antes de emprender sus largos viajes, penetran estos curanderos a los
valles de Camata, de donde se proveen de yerbas y races, y hasta
que llega el da de la partida, se entretienen en pintar de colores
diferentes a varias de las ltimas, y labrar de huesos manecillas y
otros dijes extraos, que despus venden a los crdulos, dndoles
virtudes sobrenaturales. Aseguran, cuando ningn funcionario o persona
ilustrada les ve, de que son talismanes para hacer amar u olvidar a
quienes les soliciten su compra. Se jactan de poseer el secreto para
tener fortuna y ser dichoso en la vida. La vez que son sorprendidos
por la presencia de alguna persona sospechosa, cambian de conversacin
y al momento contestan a la pregunta de ste: _el secreto para ser
amado por la mujer est en tener dinero. La plata es el verdadero
huarmi-munachi..._

Otros aforismos que respecto al dinero tienen, son: El creador de una
fortuna es siempre un hbil y audaz estafador.

Las riquezas, casi en la totalidad de los casos, son en su origen,
productos no del trabajo honrado, sino de la estafa.

El rico es un vencedor de los prejuicios sociales; el pobre un paria
sujeto a ellos.

Los jueces, slo castigan al estafador que se ha portado como un asno:
al listo le lisonjean y aun se prestan a formar parte del squito de
sus aduladores.

Cuatro das antes del Carnaval hacen una magnfica cabalgata, en la
que campean las mejores mulas y caballos enjaezados con todo lujo.
Las chapas de plata estn esparcidas con profusin en las cabezadas,
riendas, arretrancas y estribos de sus monturas. La espuela roncadora
de plata, el poncho largo de rico pao y el sombrero del campesino de
las pampas de Salta y Tucumn hacen del callahuaya un gaucho completo,
pero gaucho de lujo.

Presididos por el Corregidor, a quien le calzan con espuelas de plata,
salen a la campaa a recibir la porcin de tierras que la autoridad
reparte para su cultivo en ese ao. Antes de emprender esta tarea
llevan a su casa al ms sabio de sus brujos. Los aislan en un cuarto,
en el que colocan una mesa con tapete negro; sobre los cuatro ngulos
de este mueble arden cuatro velas y en el centro hay una botella de
aguardiente sobre un montn de coca. Hecho esto, el brujo empieza
con sus exorcismos y conjuros en su dialecto _callahuaya_, que es
muy diferente del khechua, que es su lenguaje comn. Los ministros
le presentan en seguida un costal de conejos vivos, colectados de
diferentes casas. De entre stos escoge cuatro para enterrarlos vivos
en los puntos cardinales del terreno que se ha de cultivar, procurando
ocultar este acto en las altas horas de una noche oscura. Despus de
embriagar completamente al Corregidor, lo vuelven del campo con mucha
algazara y principian entre ellos las danzas y verbenas hasta despus
de la _ceniza_.

Los indios en pago de esa molestia, abonan al Corregidor una
contribucin con el nombre de _chajjra-koco_, que asciende, ms o
menos, a trescientos bolivianos. Adems, le hacen varios obsequios de
frutos del pas y objetos raros que han trado de sus viajes.

Cuando tratan de tomar por esposa a una joven, comienzan por darles
pellizcos en los brazos, entre halagos y obsequios que las prodigan,
hasta que le quitan su anillo o alguna prenda de vestir a viva fuerza;
dueos de alguno de esos objetos, se creen con derecho sobre la mujer
y esperan una fiesta en la que las hacen embriagar y despus se las
llevan muchas veces cargadas sobre sus hombros, a guisa de fardos,
acompaados de sus amigos. Por lo regular, la tienen a su lado el
tiempo, llamado de prueba. Si la novia demuestra poseer cualidades
ventajosas, el amante se casa con ella, y si no la devuelve a sus
padres, previa indemnizacin pecuniaria, por su honor y pago de
servicios, llegando ambas familias a convertirse en enemigas. Con
ligeras variaciones estas costumbres son comunes en los indios.[42]

       [42] En Curva ha llegado a arraigarse en los ltimos tiempos,
       el abuso de pagar diez bolivianos al Corregidor, el joven
       que quiere contraer matrimonio. El Corregidor enva algunos
       comisionados para que conduzcan a la mujer por la fuerza, y
       sin escuchar reclamos, la entrega a su pretendiente.

Desde que termina la ceremonia religiosa del matrimonio, los parientes
del novio llevan obsequios a la casa de la novia: lea, chuo, chicha
y botellas de licor, artculos que son igualmente regalados por
los parientes de la novia al novio. La tercera noche se celebra la
ceremonia nupcial en casa de los padrinos del matrimonio. El varn al
saludar a sus ahijados, les dirige en tono magistral estas palabras:
_Como esposos consagrados por la iglesia, debis comprender que vuestra
misin en la vida conyugal, es ejercer la suprema autoridad sobre
vuestra mujer y sobre vuestros hijos. Sin ella serais como el humo que
se disipa al soplo del viento, y con ella seris el padre de vuestros
hijos y el marido de vuestra mujer. Para ejercer el poder que se os ha
dado, recibid este ltigo, que es el smbolo de la fuerza, de la razn
y de la justicia, que lo usaris cuando lo exijan las circunstancias.
Y vos mujer, nacida para el dolor y el sufrimiento, inclinad vuestra
frente en seal de sumisin y respeto al que es vuestro marido y armos
de la resignacin que el deber os impone. Vais a recibir la leccin
del poder de vuestro marido, de ese poder que le dan el derecho y el
amor._ Entonces el marido armado ya del ltigo fatal, lo descarga
sobre la infeliz, que gime, llora y grita en medio de un crculo de
espectadores, hasta que el padrino levanta la mano para que cese la
flajelacin. Terminada esta ceremonia brbara y cruel, el llanto se
cambia en risa y el dolor en placer al sonido de las guitarras que
amenizan las danzas del festn.[43]

       [43] Este prrafo, as como el anterior, que est entre
       comillas, hemos tomado, por considerarlos verdicos, de un
       artculo que se public annimo en un peridico extranjero,
       con el ttulo de _El Callahuaya_.

El regalo de preferencia que se acostumbra ofrecer en las bodas que
realizan los de la raza indgena, es de un gallo para la esposa y de
una gallina para el novio. Representan estas aves para los indios,
los smbolos de la potencia generatriz y de la fecundidad, que deben
predominar en la sociedad conyugal que se establece.

Pasados algunos meses emprende el recin casado un viaje sin rumbo fijo
ni destino sealado con antelacin. Antes de hacerlo, se despide de
los suyos embriagndose con ellos y encargando a sus augures y brujos
que le vaticinen buen xito. Parte a media noche y la mujer lo acompaa
hasta dos leguas de distancia, de donde, llorando se despide y regresa.

El vestido de viaje del callahuaya se compone de un pantaln de pao
azul, viejo, rado y con flecos en las extremidades inferiores; de
un poncho largo y angosto, listado horizontalmente, por lo comn, de
blanco y colorado; sombrero de paja y sobre su espalda o bajo su brazo
derecho, asegurada a uno de los hombros, una bolsa cuadrada, grande
y de vistosos colores, de la que nunca se separa, porque constituye
la divisa de su profesin de curandero. Ella est repleta de yerbas,
races, cscaras, semillas, etc., que son reemplazadas a medida que
se venden y utilizan, estando todo ello en su interior revuelto y en
desordenado maremagnum. Fuera de esto, conduce, algunas veces, dos o
ms burros cargados de provisiones y especies relacionadas con sus
ocupaciones de herbolario y hechicero. Mientras dura su ausencia, que
por lo regular es de tres, cinco, hasta diez aos, la mujer acostumbra
no lavarse ni peinarse, ni ataviarse con nuevos trajes; vive dedicada
a sus labores agrcolas y quehaceres de su casa, guardando estricta
fidelidad a su esposo ausente y excusndose en lo absoluto de asistir
a diversiones y fiestas. Para el callahuaya tiene la fuerza de una
conviccin indiscutible, la idea de que la mujer siempre se asea y
atava slo para parecer bien y agradar a los hombres, con objeto de
atraerlos. _La mujer casada, dicen, cuida mucho de su persona, en
ausencia del esposo, cuando siente la necesidad de un amante..._

Tienen un profundo conocimiento del corazn humano.

El regreso del viajero, que siempre debe coincidir con la fiesta de
la pascua, es anunciado con anticipacin. La mujer va a su encuentro
hasta el ro, situado a legua y media del pueblo de Curva, llevndole
chicha y abundante comida. Si aqul acepta esos obsequios, es seal de
que se encuentra satisfecho de la conducta que su consorte ha observado
durante su ausencia; pero si se muestra serio y la rechaza, es prueba
de que se halla disgustado con ella, por haber sabido alguna falta
suya. Entonces la afligida esposa, le llora, le ruega, se arrastra a
sus pies de rodillas implorando su perdn; si no lo obtiene y contina
el callahuaya implacable, no le queda a la infeliz ms recurso que
volver al pueblo y arrojarse de una altura, que se encuentra a dos
cuadras de la plaza y que se llama _Karka_ y morir embarrancada.

Los callahuayas son celosos, crueles y llevados de augurios. Las
mujeres asesinan frecuentemente a sus esposos por celos; viven en
habitaciones mal construdas, desmanteladas, fras y pobres. A los
vecinos mestizos los aborrecen, porque los exaccionan despiadadamente;
les ocultan sus mercaderas, y slo las sacan y ofrecen al extrao. El
lujo para ellos consiste en hacer llegar ntegra la tropa de mulas o
mercaderas que adquirieron en sus viajes, y ostentar a las miradas de
sus relacionados y paisanos. No son capaces de vender una sola cabeza
en el camino, aunque les ofrezcan precios subidos.

Con el prestigio que gozan los callahuayas, de poseer facultades
extraordinarias para descubrir el porvenir o las cosas ocultas, y de
ser mdicos acertados, son temidos por los indios, quienes les brindan
todo gnero de distinciones, les alojan bien, les obsequian y jams
se atreven a sustraer nada de las abultadas y misteriosas bolsas que
llevan consigo.

El baile usado por esta raza, es el que en otro trabajo hemos descrito
con la denominacin de _cinta-kcaniris_, o sea trenzadores de cinta.

En cuanto a las prcticas religiosas, son muy desidiosos y sus actos
no estn conformes con las exigencias del culto catlico, del cual,
no aprecian sino la parte que les permite divertirse y embriagarse.
El cristianismo no ha penetrado en el alma indgena por falta de una
enseanza seria y de sanos ejemplos que les debieron ofrecer los
encargados de su propagacin. El callahuaya ni concurre a misa, fuera
de las que l o sus relaciones hacen especialmente celebrar, ni se
confiesa ni comulga. Muere como ha vivido, auxiliado por sus brujos.

Cuando alguien se enferma, creen que el alma del paciente pugna por
dejar su cuerpo atrado por la persona de la dolencia y para impedirlo
se reunen a media noche sus amigos, y colocados en fila, a la entrada
de su casa, ruegan a la enfermedad que se vaya, pero que no se lleve
el espritu del enfermo y si lo ha seducido, que desista de su empeo.
Le piden con ruegos los ms cariosos, ofreciendo tratarle bien: darle
pan, dulce, viandas y licores para su viaje de regreso.

Son estos indios poco hospitalarios y no consienten que un extrao
permanezca muchos das en su comarca.

No obstante de que los callahuayas viajan por pases remotos y
civilizados y aun varios de ellos reciben instruccin en escuelas
extranjeras, no han adelantado ni en su manera de ser individual, ni
en sus costumbres sociales; lo que fueron sus antepasados, continan
siendo ellos hoy: con las mismas preocupaciones e iguales resistencias
para amoldarse a la vida civilizada. En los viajes, lo nico que
aprenden es hablar un poco el castellano y mostrar cierto despejo
en sus relaciones con personas extraas; maneras que desaparecen en
presencia del Corregidor o vecino principal de su pueblo, ante quienes
se muestran cohibidos y acortados; porque stos lejos de cooperar a
las tendencias de adelanto que traen aquellos de afuera, no pierden
ripio para humillarlos y deprimirlos de la manera ms brutal, fuera
de robarles con descaro los objetos que traen. El cholo de provincia,
particularmente el de aquellos pueblos, ostenta con el indio, que las
ms de las veces vale ms que l, una vanidad ridcula y feroz, que se
hace de todo punto imprescindible el reprimirla. Una ocasin regres
al pueblo de Curva un callahuaya joven que habiendo permanecido en
Buenos Aires algunos aos, pudo ilustrarse y adquirir maneras cultas,
muy superiores a los de los vecinos principales del lugar. Mortificado
el Corregidor con aquel porte correcto del indio y herido en su amor
propio con la manera decente de vestir, lo asesin sin que mediara
provocacin por parte de aqul, en la primera fiesta que celebraba el
pueblo, y sin que hasta hoy el delincuente hubiera sufrido ninguna
sancin.

Quizs esas causas influyen para que los callahuayas se entreguen a
la embriaguez y se pongan furiosos en ese estado, e indiferentes y
melanclicos, cuando no se hallan dominados por el alcohol.

Ms felices somos en tierras extraas que en el suelo donde nacimos.
Esa es la verdad; amarguras y desengaos solamente les esperan en
sus pueblos. En vano se fatigan con largos viajes; los frutos de
sus mprobos trabajos slo sirven para enriquecer a sus famlicos
opresores, cual si una maldita ley evolutiva los hubiera condenado a
desaparecer, torturados en las ltimas etapas de su decadencia tnica.

Tales son estos famosos herbolarios y hechiceros de la raza indgena.


IV

El _Jampiri_, llamado ms propiamente _jampicamana_, _kollacamana_,
palabras con las que se designa al mdico en aymara, y con las de
_kolla_, _hampi_, la medicina, y con las de _kollana_, _hampia_, el
acto de curar, no es sino el mismo callahuaya que toma ese nombre,
o se lo dan las clases populares, segn su costumbre y el prestigio
que goza entre ellas. A sus imitadores o discpulos, por lo regular a
todo individuo dedicado a curar, les dan tambin tales denominaciones,
particularmente si acompaan a sus procedimientos las prcticas
supersticiosas de los callahuayas, aunque sin la pericia y variadas
formalidades de stos.

La curacin hecha por un _jampiri_, con todo el aparato que en
semejantes casos emplea, la describe un escritor como sigue:

A poca distancia del sendero que seguan las cabalgaduras, haba un
grupo de gente (indios), que vociferaban y accionaban ruidosamente. En
medio de todos una mujer cubierta de harapos, esculida y repugnante,
se retorca y gema dolorosamente. Atrados por la curiosidad, y con
impulsos de turismo, nos acercamos al grupo, con ciertas precauciones
de defensa. La mujer protestaba, en medio de estridentes alaridos, que
le haban quitado su hija y la haban embrujado por una venganza.

El indio que en el grupo pareca tener mayor autoridad, era un
hechicero de la regin, y haba sido trado para curar y desembrujar a
la histrica [que no era otra cosa en mi opinin].

Mientras segua el tumulto y los preparativos de la ceremonia, el
arriero nos dijo: El brujo es el mdico de los indios y le llaman
_jampiri_ (curandero). Esta bolsa que tiene a la espalda est llena de
hojas, flores secas, races machacadas, polvos y mil cosas, minerales y
vegetales que son los remedios que administra. Tambin tiene grasa de
animales, pedazos de cuero, huesos de conejo y ratn etc. etc.

En este momento empez la operacin de desembrujar. Los indgenas
formaron un gran crculo, dejando en medio a la _posesa_ y al
_brujo_, que se arrodill junto a ella y empez a proferir palabras
ininteligibles, haciendo pases semejantes a los que ejecutan los
hipnotizadores. La mujer abra y cerraba los ojos precipitadamente,
crispando las manos y dejando escapar leves aullidos. Los espectadores
conservaban un silencio religioso.

Despus de un momento pasado as, el brujo sirvi medio calabacn de
aguardiente y, derramando un poco en el suelo, mientras continuaba su
misteriosa guturacin, hizo asperges sobre el rostro de la mujer y
obligola a beber, bebiendo l tambin. Entonces todos los espectadores
lanzaron gritos extraos, y los hombres con los sombreros alones y
las mujeres con un extremo del vestido se cubrieron el rostro. El
brujo, en eso, sac un poco de hojas de coca y las esparci sobre
la paciente embrujada, que permaneca quieta y callada, luego tom
una gran calabaza llena de chicha y virti el lquido en direcciones
distintas, extrajo de su bolsa un par de muequillos de hueso amarrolos
fuertemente uno con otro, ocultndolos en el seno de la mujer. En
seguida psose en pie, y dejando a un lado sombrero y bolsa, cinturn
y sandalias [hojotas] bati con fuerza el poncho sobre la posesa,
aventando las hojas de coca, que volaron en distintas direcciones. Por
tres veces repiti el brujo esta operacin, que segn la referencia del
arriero era la expulsin de los "malos genios" que se haban apoderado
de esa mujer.

Pasado esto, todos inclusive el brujo, se retiraron silenciosos,
comentando la habilidad y maestra del _jampiri_.

Estos brujos, contina, son muy inteligentes como mdicos, conocen
todas las plantas y curan de cualquiera enfermedad. Llevan en la
lliglla, oculta bajo el poncho, gran cantidad de remedios, como grasa
de serpiente, pelo de gato, huesos molidos, pedazos de madera, carne
seca, yeso, mollejas de gallina y tierras de todos colores; y con eso
hacen mil operaciones entre estos indios de Chichas y Lipez; pero ms
al Norte ya no se les encuentra con ese cargamento, sino con yerbal
completo, y ah curan de otra manera; ya parecen mdicos de ciudad y no
hablan de brujera, porque los mataran, como pas ahora muchos aos en
el Ro Chico, que a una bruja la chancaron sin perdn.[44]

       [44] _Un viaje al Sud de Bolivia. El jampiri_, por Franz
       Pinochet, inserto en el _Boletn de la Sociedad Geogrfica
       de La Paz_, N 47, correspondiente al mes de julio de 1918,
       pginas 176, 177 y 178.

V

Entre los pocos mtodos curativos indgenas que an quedan y que estn
en boga, distnguese aquel que la medicina europea inicia recin con
el nombre de _kienesiterapia_ y que es conocida por los indios con
la denominacin de _thalantaa_ o _chuyma kakoa_, el cual consiste
en sacudir suavemente de los brazos al enfermo, mover con cuidado
su cuerpo a uno y otro lado, ceirle el pecho con una faja, logrando
as calmar las agitaciones nerviosas del corazn por medio de la
accin refleja del masaje. Esta operacin la emplean comnmente en las
personas que se enferman a consecuencia de golpes o cadas y en todas
las dislocaciones viscerales.

En los casos de fiebres y calenturas, comienza el curandero por frotar
el cuerpo del paciente, con millu o sea sulfato de almina en costra,
con preferencia por los sobacos y pecho; despus le ponen el _millu_
cerca a la boca para que el enfermo sople con todo su aliento, por
tres veces consecutivas, a fin de que el remedio que se lleva el
mal de la superficie arranque tambin el del interior. En seguida
le pasa por el cuerpo con un lienzo empapado en orina caliente, y
antes de que se entibie ella, arroja en el lquido el millu, el que
produce espuma, y segn sta se presenta, interpreta las causas que
motivaron la enfermedad y sobre si esta es grave o leve. Terminados los
pronsticos envuelve con trapos la vasija que contiene la orina y el
millu, empleados en la curacin y la lleva a la carrera hasta un lugar
apartado, que debe estar desierto y all en el silencio de la noche,
se oye la dbil voz del curandero, que ruega a la enfermedad para que
se retire lejos, reconvinindole por su venida y preguntndole el
nombre de la persona que la ha llamado y atrado, y cuando cree haber
descubierto al autor del mal, y obtenido la promesa de que se ir,
torna corriendo, sin volver la vista atrs, a la casa del paciente.
Esta manera de medicinar llamada _milluchaa_, suele efectuarse con
algunos variantes, denominndose entonces _trucaka_: ambos mtodos los
tienen por muy eficaces.

Tambin suelen pasar por el cuerpo de los enfermos, yerbas, maz,
_cuys_ y junto con la ropa que le sacan, hacer un atado, llevarlo al
camino prximo y abandonarlo all, para que el mal siga su terrible
y lgubre viaje, empujado por el viento o conducido por los incautos
viajeros que se apropian del atado. A este procedimiento llaman
_pichaka_.

Cuando se presenta una epidemia, los indios de la circunscripcin
afligida por ella, tratan de hacer que el mal los abandone por medio
de la prctica llamada _llumpaka_, que quiere decir purificar, porque
suponen que con este procedimiento supersticioso, la enfermedad se
marchar y quedar la comarca libre de sus perniciosos efectos.
Reunidos el _yatiri_ y sus ayudantes en casa de un enfermo o persona
que ha fallecido y despus de los _acullicos_ (masticacin de la
coca) y libaciones, llevadas a efecto, en medio de invocaciones a
sus divinidades y splicas a la enfermedad, friccionan el cuerpo del
enfermo con fetos de oveja o chancho y algunas medicinas caseras.
Luego envuelven todo esto en _taris_ nuevos o sean pequeos lienzos
en forma de servilletas, agregando a los atados _catos_ y lanas de
colores, coca y otros objetos semejantes en los que incluyen la ropa
del enfermo, varias prendas nuevas, algunos comestibles, como carne de
cordero, panes, tostado, pastillas, confites, huevos dorados con pan
de oro y plata, colocndolos por orden de colores y en filas apiadas.
Acompaan tambin a los bultos dinero, particularmente monedas
antiguas, que ponen en parte visible pendientes de hilos y junto a
banderillas de colores vistosos y de botellitas de licor o bolsitas. El
cargamento acondicionado y distribuido en varios bultos, constituye el
equipaje de la enfermedad, a la que no cesan de rogarle que se vaya,
y a fin de que se retire contenta, van conduciendo todo aquello hasta
el lindero prximo, donde descargan y le imploran que no vuelva ms,
invocando la intervencin del _Huasa-Mallcu_, para que la obligue a
irse. Sobre la carga ponen un rtulo en aymara, respecto a la direccin
que debe seguir. Los mandones de la comarca vecina estn obligados a
hacer pasar el cargamento, con iguales formalidades hasta el lindero
opuesto, para que siga su viaje y pare donde le plazca hacerlo, so pena
de ser castigado, por la epidemia, si as no lo hacen. Vuelven los
conductores corriendo despus de descargar el cargamento y de implorar
por ltima vez a la epidemia, que no aflija ms a la estancia y se
contente con las vctimas que ha causado, y al siguiente da, hacen una
fiesta suponiendo que la epidemia se ha ausentado para siempre.

Otras veces, un miembro de la familia, o el brujo, recoge las cosas
del finado o slo las prendas de vestir con las que ha enfermado y las
coloca amontonadas sobre el camino, cubiertas de un lienzo colorado o
azul, en cuyas cuatro extremidades ponen banderitas de papel vistosas
o lanas de color, y debajo un conejo muerto. Generalmente el conejo
es dedicado al enemigo, y por ese medio suponen enviarle el mal. Esta
_llumpaka_ individual no tiene la resonancia de la anterior, ni se
realiza con las solemnidades y aparatos empleados en aquella, pero
suponen que sus efectos son los mismos, aunque en escala reducida.

Las _tercianas_ y _cuartanas_, cuando se presentan, imaginan que toman
siempre la forma de mujeres esculidas, reducidas a piel y huesos, con
las rsticas cabelleras desgreadas, de colores lvidos transparentes,
que andan chapoteando en los charcos de los lugares clidos y en las
riberas de los ros, que corren en los valles profundos y ardientes,
donde causando espanto a las personas ante quienes se hacen visibles,
desaparecen introducindose en los cuerpos de estas durante la emocin
del susto. Creen curar la dolencia dando al paciente una fuerte
sorpresa que le causa tal efecto de terror, que aquella abandona su
organismo con el miedo. No faltan personas que acostumbran insultar a
la enfermedad, para que esta molestada con el mal trato se vaya fuera,
avergonzada y resentida.

De las dems fiebres tienen iguales opiniones. De las pulmonas y
tisis, dicen que son seres flacos, largos, helados y de voracidad
insaciable, que viven chupando la sangre de sus vctimas, royndoles
su vitalidad, y a quienes tratan de arrojarlos por parecidos
procedimientos. La idea de que las enfermedades se deben en parte a
la introduccin de cuerpos extraos y vivos en el organismo, est muy
generalizada entre los naturales.


VI

Adems los curanderos indgenas emplean con algn acierto el sistema
denominado medicina simptica, que constituye algo as como una
_zooterapia_ indgena, consistente en la comunicacin de ciertas
propiedades orgnicas del reino animal, que parece que tienen analogas
patolgicas con el ser humano. Tal es la que aplican en los casos
de fiebre tifoidea, abriendo las entraas de una gallina de plumaje
negro y colocndola sobre el vientre del enfermo, o introduciendo sus
pies en la barriga de un perro recin muerto, o ponindole sobre el
estmago conejos negros, inmediatamente despus de ser desollados, para
que los cadveres de la animales empleados en esa forma arranquen a
la enfermedad, por lo que stos quedan materialmente descompuestos
y en putrefaccin a los pocos momentos, lo que les hace suponer que
el remedio ha absorvido en su tegumento los grmenes patgenos del
enfermo. Anlogas a este sistema son las curaciones por medio de
lagartijas vivas o muertas, segn los casos, ya sea emplendolas en
parches para soldar fracturas, curar luxaciones, o comindolas crudas
o remojadas en vino. La carne de este reptil posee mucha fuerza
alimenticia y cuando se la usa con frecuencia fortifica notablemente el
organismo.

La erisipela acostumbran curar, rosando una y otra vez, con la barriga
de los sapos las placas erisipelatosas; con cuyo procedimiento, quedan
contagiados estos batracios y mueren a las pocas horas y dejan, en
cambio, sano al enfermo.

La atrepsia infantil, llamada por los indios y mestizos _larpha_,
curan de varias maneras: pero lo ms comn es cubrir al enfermo con
las hojas del arbusto llamado _uumaya_ (Solanum pacense), bien
calentadas, casi quemantes y hacerlo sudar dentro copiosamente; o bien
envolvindolo en el interior de la panza de un toro recin degollado.
Segn los partidarios de este mtodo, el secreto est en que despus no
se resfre el medicinado. Otras veces hacen tomar al nio cocimiento
de huesos de perro. No faltan curanderos que aconsejan como remedio
eficaz, para esta dolencia, el baar frecuentemente al enfermo con agua
de la yerba _rokke_. La plebe atribuye, como ya dijimos, la _larpha_,
al haber contemplado la madre, en estado de embarazo, un cadver.

Para que sane de la ictericia hacen beber al nio enfermo agua de chuo.

Para que sea poco afectuoso y an ingrato con alguno de sus padres, le
dan al nio agua en la que se ha lavado la ropa sucia de aqul.

A la mujer que tiene quebradura o descenso de la matriz se le hace
poner el pie por el que cojea sobre la corteza de higuera y cortndola
conforme a su planta, se coloca esta forma en la chimenea. A medida que
va secando la corteza ir sanando la persona enferma.

La mordedura del perro la curan hiriendo al can, que di la dentellada,
en la misma parte en que est la herida de la persona mordida, con
objeto de que lamindose el animal la sangre que fluya por la suya,
vaya curando, por simpata, la que ha causado. En seguida cortan su
lana la queman y con la ceniza espolvorean la herida del enfermo,
despus de lavarla con orina podrida. De este tratamiento, que lo
tienen por eficaz esperan su sanidad, con la circunstancia de suponer
que ella seguir el mismo curso del perro, por lo que es imposible
que a ste lo maten, temerosos de que el paciente tenga igual muerte.
Las lesiones de ambos, segn la creencia indgena, debern correr las
mismas contingencias en su curacin, empeoramiento o desenlace mortal.
Al hincar el can sus dientes en la carne del ser humano y corresponder
este hirindole se establecen una identidad de sufrimientos, una
correlacin de sus destinos, que slo desaparecen con la cicatrizacin
de las heridas.

El cuerno de ciervo goza de mucha fama como remedio para los
desvanecimientos pasndole por las sienes al que los sufre.

El humo producido por la quemazn de las plumas de la Abubilla ahuyenta
las moscas de una habitacin.

La flictena motivada por una quemadura, sana si se aplica sobre ella
algodn escarmenado.

Para arrancar una muela sin dolor, se toma una lagartija viva, se la
introduce en una olla y despus de taparla bien se la pone en un horno
ardiente y se la tiene hasta que la lagartija se reduzca a ceniza y con
estos polvos que se aplican a la enca, aseguran que sale la muela o
diente con facilidad.

El aguardiente recetan para el catarro y los constipados, repitiendo a
menudo la siguiente frmula: _El catarro se cura con el jarro; si la
enfermedad no se quita, con la copita; si a pesar de eso sigue ella,
con la botella, y si viene con tos, con dos._

Para neutralizar los efectos de un hechizo, debe baarse el cuerpo
los martes y viernes, en la noche, con agua de retama y derramar esta
ya sucia en la puerta de la persona de quin se teme el dao, y no
transitar por all despus, hasta que pase algn tiempo; en seguida,
empaquetar en saquitos de gnero, precisamente colorado hojas de retama
o solimn y llevar cosido al vestido o a guisa de escapulario. Tambin
acostumbran, con el mismo fin, regar la habitacin con licores o
chicha, sahumando despus con kkoa.

Despus de comer una mazorca de maz, se debe partir en dos el marlo
para que de l no se valgan los enemigos para embrujar al que lo ha
comido. El marlo partido ya no sirve para el caso.

Cuando una persona se enferma a consecuencia en un embrujamiento, debe
buscarse el objeto de que le ha hecho el mal y encontrado l, pasarle
por el cuerpo y botarlo empapado en aceite. Entonces se aliviar el
enfermo y los efectos del hechizo se tornan contra su autor.

El aullido del perro preocupa tanto al indio, cuando lo oye a media
noche, que se enferma si est sano y se empeora si est postrado en
cama.

La mosca o el moscardn hacen mucho ruido en una habitacin, sin
querer salir de ella, cuando alguno de sus moradores tiene que
enfermarse.

Los parches o vendas que se desprenden de las heridas y tumores, nunca
deben arrojarse en parajes donde cae el sol, porque hacen que se
calienten aquellos y se agrave el mal. Deben botarse siempre al agua,
o mejor en un ro para que su corriente se los lleve lejos incluso, la
enfermedad.

El que seala en su rostro el sitio en que otro tiene sarna, se
contagia de la enfermedad, haciendo que sta se reproduzca en el mismo
lugar.

Las dolencias morales tienen para los indios remedios tan eficaces como
las fsicas. Las pretenden curar contemplando la cada de un arroyo
cristalino a cuyas aguas aconsejan confiar los motivos que las causan y
con fe absoluta pedirlas que laven el corazn apenado.

Se vuelve a un individuo demente con slo darle _ochequeccheque_,
ingerindolo con alguna bebida o molido en algn lquido.

Curan el vicio alcohlico dando de beber al enviciado, aguardiente en
el que se han remojado y diludo ratones tiernos, o bien introducen
en una botella de aquel licor pescados vivos y la tienen bien tapada,
hasta que por la accin alcohlica se deshagan y ese brevaje le sirven
por copitas.

La cresta del gallo, inmediatamente despus de ser recortada, recetan
para hacer brotar los dientes a los nios que se han atrasado en la
denticin, pasndoles por las encas, una y otra vez, y haciendo que
penetre su sangre en las partes precisas.

En los casos de locura dan de comer al atacado, sesos de perro, o hacen
hervir la cabeza de de este animal y le sirven en caldo.

Para que los nios tengan un estmago sano les nutren con leche de
perra.

La pulmona se cura poniendo sobre el pulmn enfermo el cuero de un
gato negro, inmediatamente despus de desollarlo.

No hay que escupir al sapo porque salen granos en el cuerpo. A este
hecho llaman la _re-salivacin_ de ese bicho.

No se debe dar muerte a las moscas o hurgar las cras de ratones porque
salen paperas [_cchupus_].

En los desvanecimientos producidos por las corrientes de aire,
aconsejan hacer abrir el pico del pato y obligarle a que absorba el mal
aire.

La orina humana fresca se emplea para curar los sabaones, baando
con ella, antes de acostarse, las manos o pies afectados del mal; la
guardada y corrompida, para lavar las heridas y la cabeza de los que
adolecen de caspa o granos. La orina ocupa lugar preferente en la
farmacopea indgena, por las virtudes medicinales, poderosas y seguras,
que se la atribuye, y, en consecuencia, por las mltiples y variadas
aplicaciones que se la da.


VII

Los indios son por lo comn sanos y robustos; no conocen muchas
dolencias que tanto afligen a los blancos, tales como la tisis y el
reumatismo. Las enfermedades que contraen con facilidad y suelen hacer
estragos entre ellos, son las tifoideas, disenteras y clicos. Entre
los nios causan una mortalidad crecida la viruela y la coqueluche.

Esta relativa sanidad, es tanto ms notable, si se tiene en cuenta, el
que indio no practica ningn principio higinico; raras veces se lava
la cara y nunca se da baos de cuerpo entero; sus habitaciones carecen
de ventilacin y su lecho esta formado de andrajos. La salud robusta de
que goza el indio, no se puede atribuir sino a sus costumbres frugales
y a su alimentacin completamente vegetariana.

El se acuesta temprano y se levanta al amanecer; trabaja con mtodo,
sin rendirse ni hartarse con alimentos de tarda digestin. Es slo
alcohlico ocasional y cuando se embriaga por completo, adquiere
siempre alguna enfermedad que lo postra en cama. Tiene mucha
resistencia para soportar las mayores fatigas y combatir las dolencias
ms graves. Los que no son aficionados a bebidas alcohlicas, viven
muchos aos y slo fallecen a edad avanzada.

La coca desempea entre los indios el papel de un tnico poderoso y
mientras continen masticndola sern poco propensos a contagiarse de
muchas enfermedades, segn ellos creen. La extraordinaria resistencia
para el trabajo, con que se distinguen, proviene del consumo que hacen
de esa yerba. Cargados de pesos enormes, recorren distancias largas y
por caminos escabrosos, sin ms alimento que la coca.

La cocana contenida en la coca, da lugar a una anestesia en el sistema
muscular, que se traduce en la menor fatigabilidad de los msculos y
en la anestesia del estmago, de manera que pueden pasar algn tiempo
sin comer, es decir, sin hambre. Apenas el indio advierte un cambio
de sabor en la papilla y que en su cuerpo se produce una sensacin
de fatiga, renueva la provisin de coca y muerde un pedacito de la
_llujtta_ que llevan y se restablecen inmediatamente sus fuerzas
decadas.

La coca es la panacea del indio.




                              Captulo IX

                         Prcticas funerarias

       I.--Idea que tienen los indios y cholos del alma y de
       la muerte; ciertas creencias referentes a los difuntos,
       a los que han sido victimados y el culto de los
       muertos.--II.--Deferencias al moribundo; velorio, entierro,
       los ltimos gastos y los ocho das.--III.--Deberes que
       se tiene con los muertos. La fiesta de los difuntos.
       Los columpios de Cochabamba; sinceridad de estos
       regocijos.--IV.--Motivos por los que se festejan a los que
       dejaron de ser.--V.--Algunos dichos supersticiosos.


I

La muerte entre los indios, ya lo hemos dicho, es la separacin del
ltimo resto, sin duda resto de suma importancia, del ser que anim
la materia que va reunirse con las otras partes que se le adelantaron;
porque el alma indgena o _ajayu_, tal como la concibe el aborigen,
es un ente plstico, susceptible de dilatarse, esparcirse en todo lo
que se desprende o ha usado el organismo humano al que pertenece, para
despus de la descomposicin de ste, contraerse y condensarse en un
conjunto invisible, misterioso y sutil, que vuelve cuantas veces lo
requieren las circunstancias, al cuerpo de donde se deslig, dndole
nuevamente movimiento y existencia, aunque transitoria y visible slo
para quienes debe serlo. A este aparecido le atribuyen que discurre,
come, bebe, habla, llora, canta, re, visita a los suyos, se lleva al
otro mundo a los que concepta necesario arrebatarlos de la tierra;
frecuenta los sitios a que sola asistir habitualmente en su vida
mortal; vela por sus parientes y por su comunidad, ahuyentando las
desgracias que pueden sobrevenirles, conjurando los males que les
amenazan y oponindose en toda ocasin a la nefasta obra de los
espritus adversos a sus protegidos. A eso se debe que antiguamente
acostumbrasen embalsamar los cadveres con esmero, arropndolos con
vendas y envolturas tejidas de paja y acomodarlos sentados en tmulos
de fcil acceso, con sus tiles, alimentos y bebidas, para cuando el
_ajayu_ regresase a su cuerpo no sufriera la falta de nada, ni nada
dificultase sus andadas y acciones pstumas.

Alguna vez, cuando el indio cree sentir el eco dbil de un suspiro,
gemido, llanto en el silencio de la noche, supone que proviene del
muerto o muertos que se lamentan por los infortunios que sufren sus
parientes o su ayllu; si es de risa, que se alegran de sus dichas. Se
halla convencido de que los muertos nunca abandonan a los vivos, ni
les hacen faltar su sombra protectora o sus castigos si los merecen; y
de que aquellos son los verdaderos vengadores de las injusticias que
cometen con los suyos.

En concepto de que el alma se halla siempre alerta, la persona que
habla mal de un finado dice en seguida, por va de satisfaccin: _que
no la ofenda mis palabras ni le proporcione disgustos que la hagan
penar_.

Si a continuacin o a poco tiempo del fallecimiento de una persona,
muere algn caballo suyo, dicen que necesitaba de esa bestia para
atravesar rpido el fnebre camino que conduce a la otra vida y volver
en l, cual negro y sombro centauro, cuantas veces lo quiera; si es
animal de carga, para trasportar sus cosas; si un buey, llama o cordero
para dar banquete de llegada a sus amigos que le antecedieron y salen a
su encuentro.

El _ajayu_, cree, que puede separarse del cuerpo aun en vida del
individuo, mientras ste duerme o se halle distraido. As cuando ste
atraviesa a prisa y sin fatigarse una larga distancia, supone que
su alma viaj antes por ese camino, allanando de antemano cualquier
obstculo o dificultad que pudiere quebrantar sus fuerzas o debilitar
la actividad de sus msculos.

La leche se corta, cuando el alma de la cocinera la enturbia o
descompone.

El indio abriga la idea de que en la _conmemoracin de los difuntos_
vienen las almas del otro mundo a ocupar transitoriamente sus cuerpos y
contemplar, una vez ms, con sus ojos a los suyos. Si el da llovizna
o se presenta con fuerte aguacero, dice, que vienen llorando; si
hace buen tiempo, bastante sol y la atmsfera se encuentra difana
y el cielo azul, que estn alegres y contentas. Entonces los vivos
participan con gusto de la alegra de los muertos y sus ofrendas se las
dedican satisfechos.

El alma del que ha sido victimado por alguien, suponen que persigue
siempre a su matador: lo empuja hacia sus vengadores; lo atrae al lugar
del teatro del crimen, si se ha alejado. El criminal est condenado a
expiar su delito donde lo ha cometido. El cuerpo permanece inerte pero
el _ajayu_ es imposible que en ese caso quede tranquilo, cuando fu
expulsado violentamente de l y clama venganza. El indio y el cholo,
que han perpetrado un crimen, creen ver a cada momento y en cualquier
incidente casual el ttrico espectro de su vctima, lo que suele
tenerlos tan desazonados y violentos, que terminan por suicidarse;
enviciarse al alcohol o repetir otros crmenes o entregarse a la
justicia. La creencia popular mantiene la conviccin de que el _ajayu_
de la vctima no abandona a su matador y condensa esta idea en la frase
_alma huatan_, o sea agarrando o apresado por el alma del occiso.

El indio que quita la vida a un semejante suyo, para librarse de
esos inconvenientes, hace todo lo posible por extraer la grasa de la
barriga del cadver, untarse con ella las manos y llevar consigo un
pedazo, creyendo que con eso evitar que el alma de su vctima venga
a inquietar su sueo y a turbar su conciencia, fuera de que mientras
permanezca el ingrediente en su poder nunca caer en manos de la
justicia. A la grasa humana le concede la virtud de resguardar al
delincuente contra todo peligro. Otras veces, cuando la muerte que se
ha dado a la vctima ha sido muy rpida, le cortan la cabeza, para que
el alma aletargada, que no ha tenido tiempo para apartarse del cuerpo,
permanezca en l y no condenndose se convierta el difunto en aparecido
que persiguiera a su victamador por siempre. El indio entiende por
condenarse el vagar furiosa y sin descanso por la tierra hasta
conseguir su venganza. El condenado, tal como lo concibe un catlico no
tiene cabida en su imaginacin. El alma para l, permanece en el mundo
y no en el infierno.

El cuerpo del individuo destinado a fallecer pronto desprende olores
en la habitacin donde tiene su morada: desagradables si es de avanzada
edad; soportables si es joven y aromticos si es nio.

Siente percibir olor a sangre humana el individuo que est prximo a
perpetrar algn homicidio o asesinato.

Para que muera una persona reunen sus cabellos con incienso y copal y
ponindolos sobre brasas los ofrecen al rayo.

El alma del que muere ahogado en algn ro, lago o corriente de agua,
sigue vagando indefinidamente por sus orillas y sitios prximos, o
hasta que la deidad acutica compadecida se la lleva lejos.

Si del alma mantenan y siguen abrigando tales preocupaciones, el
cuerpo del muerto era entre los antiguos indios, objeto de profunda
veneracin y en su homenaje se estableci un culto solemne, rendido
constantemente por sus deudos, un verdadero y ceremonioso culto de
familia. No tenan miedo ni deseo de alejarse de los cadveres de sus
antepasados; vivan junto con ellos, les llevaban en sus fiestas,
viandas y chicha. En las vasijas y utensilios, con los que se haban
inhumado se renovaban las provisiones y, en la piedra, que en forma de
asiento se les haba erigido, se hacan sacrificios propiciatorios. Los
muertos se convertan en dioses lares de su familia.

A medida que avanzaba el tiempo, constituan esos restos reliquias
sagradas; se les llamaba _malquis_ y se les tena como encargados
de velar por el bienestar de su descendencia y por el progreso y
acrecentamiento de su ayllu. Cuando por la accin de los aos, se
reducan en polvo y desaparecan, terminaban por adorar el cerro o
sitio en el que haban acostumbrado acatarlos, creyendo que se haban
transformado en ese cerro, piedra o ro, los cuales se tornaban en
_Achachilas_. Tienen estos _Malquis_, dice Oliva, sus particulares
sacerdotes y ministros y les ofrecen los mismos sacrificios y hacen
las mismas fiestas que a a las _Huacas_ y suelen tener con ellos los
instrumentos de que ellos usaban en vida, las mujeres, usos y mazorcas
de algodn hilado y los hombres, las tacllas o lampas con que labraban
el campo, o las armas con que peleaban. En estos Malquis y Huacas hay
su vajilla para darles de comer y beber que son mates y vasos; unos de
barro, otros de madera y algunas veces de plata, pero para los yncas
eran siempre de este metal y de oro[45].

       [45] Obra citada, pag. 134

El indio tena en vida una constante preocupacin para que su eterna
morada fuese construda de la mejor manera posible y recomendaba a sus
parientes que pudieran sobrevenirle que nada faltase en ella despus de
su muerte.

Los conquistadores fueron los que trastornaron esas ideas y prcticas
funerarias con su pronunciado temor a los cadveres y su afn de
enterrarlos lo ms presto, en sepulturas abiertas en cementerios
destinados a ese objeto. Sin embargo, al establecer la iglesia la
_conmemoracin de los santos difuntos_ y rogar por las _almas del
purgatorio_, ha contribuido para que el indio crea que se trata
del culto de sus venerados muertos y por ello, sin omitir ningn
sacrificio, manifiesta en todas esas fiestas o ceremonias, fervor
y fanatismo por celebrarlas. Rogar por las almas del purgatorio y
conmemorar a los muertos importan para el indio el restablecimiento,
aunque de extrao modo, del culto a sus _malquis_.


II

El momento en que el enfermo se pone mal, los brujos y curanderos
menean tristemente la cabeza y se declaran impotentes para salvarlo.
La enfermedad--dicen--ha penetrado hasta la mdula de los huesos y es
ya imposible arrancarla. Las mujeres principian a llorar en silencio,
los hombres quedan estupefactos y callados, y todos cuando andan lo
hacen con la punta de los pies, cuidando de no producir ruido. Desde
ese instante una tensin dolorosa se apodera del espritu de los
concurrentes, quienes ponen las caras compungidas, las miradas vagas y
no cesan de repetir; qu desgracia, qu fatalidad, tan bueno l...

Cada uno comunica que la noche anterior hubo ruido en su casa, lo
que quiere decir que el alma o _ajayu_ del enfermo cumpli con la
obligacin de despedirse personalmente de los suyos, antes de apartarse
de la compaa de los vivos para habitar con los muertos. Ya nadie
confa, entonces, en que pueda vivir un da ms.

Comienza la agona, que para el indio significa la postrer lucha que
el alma vencida por la enfermedad sostiene con el cuerpo, que trata
de retenerla y correr con ella la misma suerte que le espera. El
estertor del moribundo es el ruego ronco, triste y sollozante que le
hace para que no le abandone a merced de la victoriosa, que libre de
cortapisas y poseda de satnica alegra, le dejar en su ausencia la
maldita simiente de gusanos que se propaguen en sus carnes inertes,
con la pasmosa fecundidad que poseen y las destruyen. Ms antes,
cuando la agona se prolongaba mucho, ahorcaban al paciente, con
objeto de salvar el alma y que no se descomponga con el cuerpo, ni
sufra mancilla ni desmedro, poniendo trmino a esa supuesta lucha, con
la estrangulacin. Este procedimiento considerado necesario y eficaz
llamaban _despenar_ al enfermo. Para expulsar la simiente de los muy
prolficos, y horribles gusanos y evitar que el cadver se deshaga
por completo lo embalsamaban y lo colocaban en actitud de descansar
y ponerse en accin cualquier momento, con la mira de que estando as
neutralizados los efectos pstumos de la dolencia, volvera su _ajayu_
a ocuparlo cuantas veces quiera sacudir su inercia y darle movimiento.
Ambas operaciones, fuertemente combatidas por los sacerdotes catlicos
y autoridades civiles, han cado en desuso. Al presente, los indios
inhuman sus muertos, confiados en que la _Pacha Mama_, los recibir en
su seno generoso, para devolverlos al mundo, las ocasiones en que las
almas tengan necesidad de cubrirse con su antigua envoltura.

Acaecida la muerte, rodean el cadver los deudos y amigos, llorando
de voz en grito y relatando en medio de lgrimas sus buenas acciones,
para que su _ajayu_ que se halla presente les oiga. Las mujeres se
cubren inmediatamente la cabeza con mantos negros, los hombres se ponen
_ponchos_ del mismo color y tapan el cadver con un lienzo ceido en la
parte del cuello.

Es imposible que el mismo da lo entierren, por ms que haya ocurrido
el fallecimiento en la maana y la enfermedad que ha causado el hecho
sea contagiosa. El cadver deber permanecer expuesto en la noche,
rodeado de ceras ardientes, de su familia, amigos y personas pobres que
acuden al recinto fnebre con nimo de _rezar_ por el difunto en cambio
de alguna retribucin. Los _veladores_ como se llama a los asistentes,
beben tazas de t con abundante alcohol y mastican coca durante las
pesadas horas de aquella fnebre noche, llegando muchos a embriagarse
y hacerse impertinentes, exigiendo ms de lo necesario, a pretexto de
que es el _ltimo gasto_ que se hace por el extinto. Con la palabra de
ltimo gasto, repetida a menudo, son capaces de consumir con todos
los bienes dejados por el muerto.

A la media noche, cuando ni un leve soplo del viento interrumpe
el sosiego y serenidad del ambiente, los _veladores_ salen de la
habitacin mortuoria, encabezados por el brujo y se dirigen callados,
con paso suave y sin hacer el ms ligero ruido, fuera de la casa, a
un lugar desierto, para escuchar el tenue y dbil acento o sonido
que desprenden las almas de quienes vienen a visitar el cadver,
comprometerse con su alma, que ronda alrededor de sus restos, mientras
estos se entierren, para abandonar pronto la sociedad de los vivos, e
irse con ella. El brujo impone absoluto silencio y aguzando el odo
un momento, dice despacio, he escuchado la voz de fulano o el llanto
de zutano o el suspiro de mengano, y recomienda que a estos no se les
deje ponerse de acuerdo con el alma del difunto, a fin de impedir que
se vayan prestos a hacerle compaa en la eternidad. Los presentes,
sugestionados por aqul, creen tambin escuchar el mismo eco y predicen
el tiempo de la muerte del aludido, segn la distancia en que la
sienten producirse el ruido: pronto si se ha escuchado cerca, tarde
si es distante. Para evitar esa sombra charla y que sellen el fnebre
pacto, se arman de hondas y descargndolas, exclaman: _a que vienes
alma de tal o cual persona?; ndate, vuelve a tu casa: tienes mujer,
tienes hijos que vestir y mantenerlos_. Si los tiene. En caso de ser
soltero y vivir con sus padres, agregan: _Tus padres han de llorar, tu
hogar quedar desierto, tu has venido al mundo para trabajar y tener
descendencia y no puedes abandonarlo sin cumplir tu misin_ y, siguen
los hondazos, las splicas y las imprecaciones o el llanto de las
mujeres. Cuando ya nada se supone percibir, vuelven junto al cadver y
el dueo de la casa les sirve una comida condimentada con bastante aj,
por lo que llaman el acto _huaykca urasa_, o sea la hora del aj.

Terminada la comida y cuando ya nadie debe salir fuera, ni pasar por
la puerta, esparcen ceniza en el suelo, a la entrada de la habitacin
mortuoria y continan los veladores con la vigilancia del cadver,
compungidos, cuchichendose y consumiendo siempre tazas de agua
caliente alcoholizada. No falta alguno que rompe el silencio con
la narracin de las virtudes y buenas acciones del muerto, o llora
increpndole por su fallecimiento. _Por qu nos dejas en la orfandad?_
pregunta y contina lamentndose: _mientras t tranquilo descansas,
flojo, nosotros quedamos a sufrir. La carga de tus obligaciones que
has abandonado en el camino de la vida, tenemos slo nosotros que
continuar llevndola. Con tu muerte has puesto trmino a tus cotidianos
empeos y ha cesado todo padecimiento para t; en tanto que tu casa
quedar sin quien la vele y proteja como t lo hacas y a tu viuda y a
tus hijos ya no habr quin les de sustento. Ingrato, cruel, no debas
haberte muerto..._

Unos escuchan esos acentos de amargura y desolacin con los ojos
enturbiados por el alcohol, otros dormitan con los rostros abotagados,
los cuerpos temblorosos y los belfos cados. Cuando algn borracho
quiere perturbar la solemnidad de aquellas horas sombras, lo sacan
afuera a rastras, arreglando despus la ceniza esparcida y lo echan al
granero, para que duerma.

Al da siguiente del velorio y antes de que ninguna persona transite,
examinan la ceniza colocada la noche anterior, para observar las
huellas de las pisadas que pudieran encontrarse; la edad y el sexo a
que pertenecen, y, por ellas, predicen quienes morirn tras del finado.
Suponen que, sin embargo de los ruegos y de los incidentes de la noche
anterior, han logrado entrevistarse algunas almas de individuos vivos
con el difunto y de seguro que se han comprometido a seguirle. Los
investigadores hacen una mueca de desagrado y quedan conformes con la
suerte que espera a los sindicados.

El cortejo fnebre es encabezado por la viuda que marcha desolada
por detrs de los conductores del cadver del que fu su esposo,
lamentndose, entre sollozos de su suerte y del abandono en que la
deja. Cuando ella no asiste personalmente al entierro, dicen, que el
cadver se hace pesado y se resiste a ser conducido al cementerio.

Al franquear la puerta de la morada de los que dejaron de ser, nadie
quiere atravesar primero el umbral, porque temen que aquel ser el que
le siga. Para evitar los malos presagios, entran todos de golpe o por
lo menos los que conducen la carga fnebre.

Antes de hacer descender a la sepultura, la viuda coloca junto al
cadver un atadito de coca y un pedacito del lujta, y despus, cuando
se halla en el fondo, le arroja unos puados de tierra y en seguida lo
cubren los sepultureros.

De vuelta al hogar continan las velas ardiendo sobre la cama vaca del
finado, no debiendo apagarse ellas durante los ocho das siguientes, ni
en ese tiempo descubrirse la cabeza la viuda e hijas de aqul. Comen
y beben ese da en la casa de la doliente los del cortejo fnebre y
varios de ellos acompaan a velar a la viuda en las noches, porque no
debe enfriarse el calor de la habitacin en esos das.

La vspera del octavo da, los parientes compadres y amigos, van al
ro a lavar la ropa y camas del difunto. De regreso y en la noche,
se reunen a velar en la habitacin en la que falleci aquel. A la
media noche, salen a las afueras del pueblo, regularmente al paraje
por donde corre algn riachuelo, que por este motivo suele llamarse
_ijmaj ahuira_ o sea ro de la viuda. En este sitio cambian el vestido
de la viuda o viudo, la entregan al oreo del viento; azotan su cuerpo
con ramas de ortiga, para que las aflicciones huyan con el castigo:
mastica cada uno tres hojas de coca, lo que llaman _qquihinto_; beben
aguardiente y chicha, que llevan en pequeos cantaritos, arrojndolos
lejos cuando ya estn vacos. Despus los hombres se ponen los ponchos
al revs y las mujeres hacen lo mismo con sus sayas, y apoderndose
dos jvenes solteros del viudo o dos solteras, si es viuda, parten a
la carrera, sin mirar atrs, seguidos de los presentes. En la puerta
de la casa arde una fogata por encima de la cual deben saltar para
introducirse a su interior. Este acto tiene por objeto quemar las
desgracias que pudieran haberse prendido en los vestidos.

En la habitacin invita el doliente, asado, con panecillos de harina
de quinua, conocidos, con el nombre de _aquispia_, y chuo cocido.
Traen la sartn con manteca tibia para que cada concurrente, se pase
con ella la palma de la mano, a fin de que las penas sean ahuyentadas.
Permanecen hasta el amanecer, teniendo los compadres la obligacin de
doblar las campanas en la noche.

Al da siguiente a la hora sealada asisten al templo a or la misa de
requiem, celebrada en sufragio de la alma del extinto, y de vuelta de
ella, convida a los que le acompaaron la noche anterior a celebrar los
_ocho das_, siendo prctica establecida de comenzar la fiesta, tomando
cada cual tres hojas de coca del montoncito que ponen en el centro del
cuarto.

En medio festn, cuando los nimos exaltados por las bebidas
alcohlicas han desterrado la pesadez del duelo y se ha hecho imposible
la gravedad, de improviso cesan los lloros, y las fisonomas se tornan
de tristes y serias en risueas, apenas uno de los asistentes, que hace
de faraute, toma un instrumento msico, que en esas circunstancias
suele estar siempre a la mano, y exclama con autoridad: _el finado era
alegre y hay que recordarlo ahora, como a l le gustara si estuviera
vivo_ y comienza a tocar y cantar, invitando a los presentes a que
bailen. Desde este momento la danza y los cantares reemplazan al llanto
de la viuda y de los hijos, cuyos ayes slo se escuchan de cuando en
cuando y en los instantes de silencio, pero proferidos ms por frmula
que por verdadero dolor. En estas gentes la muerte no les impresiona
y la conformidad muy pronto ahuyenta el pesar que pudieran sentir.
Acaso--dicen--los que quedamos no hemos de seguir el mismo camino?
Por qu suicidarse con lloros si se puede aprovechar de la ocasin
para hacer grata, siquiera un momento, la amarga vida? El que muere
descansa, mientras que el vivo se queda a sufrir y es l verdadero
digno de compasin...

Dbese a que profesan esta filosofa que no cause extraeza a nadie
tal proceder y que sea, por el contrario, aplaudida la conducta de
los dolientes, por haber fomentado esa fiesta, que para los clases
populares significa comenzar a ejecutar bien los deberes con el
difunto, empleando los dineros correspondientes al fondo llamado _de
los ltimos gastos_, que muchas veces suele consumir la herencia de los
vivos, quienes se conforman del resultado con repetir el dicho vulgar,
de que _la plata se hizo para gastarla_...


III

La familia en cuyo seno ha fallecido alguno de los suyos, que por sus
mritos y edad mereca respeto y consideraciones y que se la designa
con el calificativo de _junttu amayani_, o sea con cadver caliente,
est obligada a erogar los _ltimos gastos_ a su memoria durante tres
aos el da de la conmemoracin de los difuntos; sobre todo, el primer
ao debe ser el ms solemne y costoso. Esta costumbre llamada de
_hacer rezar_, constituye una obligacin rigurosa, de la que nadie
puede prescindir, sin dar lugar a las acervas censuras y aversin de
cuantos se encuentran al cabo del asunto.

Desde meses antes al dos de noviembre se preparan los dolientes para
celebrar dignamente su fiesta fnebre. Acopian vveres, se proveen de
licores y mandan a trabajar panecillos de maz y trigo, que tienen
figura de aves, animales y nios, dando preferencia a todo aquello que
era del agrado del finado, para que su alma est contenta al ver que se
le hace rezar con lo que le gustaba en vida. Compran abundante fruta y
llegado el da esperado, se dirigen al cementerio llevando gran parte
de las provisiones. Colocan cerca a la tumba de su difunto una mesa
cubierta con un lienzo negro, encima unas cuantas ceras que arden, un
crucifijo, y llaman a cuantos pasan, para que recen por su finado,
alcanzndoles antes en un platillo, algunos panecillos con una copa
de vino al centro, o slo fruta; como son tantos los invitados apenas
tienen estos tiempo para beberse el vino y vaciar en sus bolsillos los
objetos servidos, y despus de mascujar rpidamente alguna oracin,
siguen su camino, a fin de dar campo a otros. Iguales ceremonias se
efectan en la multitud de mesas esparcidas en toda la superficie
del cementerio, de tal suerte, que el murmullo de los rezadores, se
asemeja al ruido de un avispero, en el cual, los responsos cantados por
los sacerdotes, son las nicas voces que sobresalen en aquel bullicio.

Los indios practican la conmemoracin de de sus difuntos en dos
ocasiones; la primera en octubre, presidida por un prroco. La fiesta
es costeada por los indios destinados al efecto, que son los _amaya
huaraninakas_, es decir, que tienen la vara de autoridad para festejar
a los muertos. Estos se encargan pagar las misas dedicadas a los
difuntos, en general, y antes de que se celebren ellas se constituyen a
primera hora del da sealado, en el lugar del cementerio donde est la
fosa comn y extraen de ella una media docena de crneos, que son luego
adornados, con pan de oro o plata, o con papeles dorados y puestos en
la capilla en lugar adecuado y preferente. Terminada la misa en la
que las calaveras reciben especiales atenciones del oficiante, son
conducidas en andas y paseados en procesin. Pasadas estas ceremonias
religiosas y la tanda de responsos los crneos son colocados en la casa
del _huarani_ principal y festejados en medio de una gran borrachera,
y al da siguiente restituidos al lugar que ocupaban en el cementerio.
Vueltos de aqu, se entregan al baile durante el da y el siguiente
lo convierten en una desenfrenada orga. Este da que es el tercero
de la fiesta, despiden a las almas, que han venido a presenciar
los homenajes que les tributan y alentar a los vivos para que se
reproduzcan y hagan que la raza no se extinga, como dicen los indios,
terminando ella con una excursin al campo a distancia de la capilla,
donde cometen mayores excesos que en los anteriores.

La segunda vez festejan a los muertos el dos de noviembre, fecha en la
que se reunen en el cementerio, los que tienen algn pariente muerto
en el ao trascurrido y ofrecen panes, granos, fruta, comida y dems
ofrendas en cambio de una oracin para su difunto. Al da siguiente,
que es el ms solemne, se repiten all las ofertas, las oraciones y
responsos en grande escala.

Del cementerio regresan los que fueron a hacer _rezar_, y los rezadores
embriagados a continuar en sus casas la fiesta fnebre con ms calor
y entusiasmo. En las noches, los mestizos formando pandillas de
bailarines salen a divertirse en la plaza y calles. Al siguiente da de
la conmemoracin de los difuntos se dirigen a las afueras del pueblo a
repetir en pleno campo el baile y holgar de la mejor manera posible.
Una alegra frescosa, viva, natural e intensa se apodera de los
corazones al traer a la memoria a los que dejaron de ser.

En los pueblos de Cochabamba, las comparsas que se constituyen en el
campo, arman adems un columpio o _huay llunkca_, cada una, asegurada
a las ramas de rboles altos y firmes, al que suban las mujeres
por turno, con preferencia las jvenes, a mecerse veloces y a gran
elevacin. Con el raudo movimiento y gozo que experimentan con el
areo ejercicio aparecen atacadas de inspiracin potica-epigramtica,
pues, con rara facilidad e ingenio dan por describir en verso el
traje, la traza, el porte, o mencionar las acciones ntimas de los
concurrentes, espectadores o se dirigen a las que se encuentran en
iguales situaciones en columpios prximos, con quienes se entablan un
cambio de alusiones satricas y de color subido, causando la hilaridad
de los oyentes. Estas improvisaciones las hacen cantando y terminando
cada dicho con la palabra expresiva y tonadeada de _huipaylalita_.
Despus de una actuacin de cuarto de hora, ms o menos, bajan a tomar
chicha, bailar y recibir las felicitaciones de sus compaeras, si se
han portado con lucidez, y suben otras a reemplazarlas, renovndose
a menudo las columpiadoras. A la que no quiere improvisar coplas ni
cantarlas la agitan con tanta violencia, que la obligan sin remedio
a llenar su cometido de amenizar la diversin con tales actos. En la
noche regresan en pandilla los grupos, al son de animadas orquestas,
entonando siempre, cantares alusivos, que son actos lanzados
rpidamente, contra los dueos o personas que viven en las casas por
donde pasan bailando. Regocijos son estos, que los realizan en obsequio
de las almas, con nimo de despedirlas o de hacerles _cacharpaya_ a
fin de que se retiren satisfechas a la mansin eterna, y que suelen
durar cinco o seis das, y an ms tiempo despus del da de finados.

En la mayor parte de los pueblos de provincia de la Repblica, la
fiesta dedicada a los muertos es ms celebrada y de mayor excitacin
que la del carnaval. De semejante costumbre no se excluye ninguna
clase social provinciana, porque ella se encuentra muy generalizada
entre blancos, mestizos e indgenas, aun de las ciudades. Estos
factores tnicos, cuando se codean con los muertos; cuando junto a
las sepulturas se alegran parecen hallarse en un centro conforme con
su carcter sombro y sus pensamientos, encaminados hacia lo ttrico
y a las extraas expansiones que guarden consonancia con su ndole
pesimista.


IV

El segundo ao, la fiesta es menos solemne y el tercero dbil y
poco entusiasta. Terminados los tres aos quedan satisfechos los
celebrantes, descansando con la conciencia tranquila de haber cumplido,
sin omitir ningn sacrificio, las obligaciones que tenan con su
difunto.

En la mente popular, no tiene cabida la idea de que con esos actos, se
profana la memoria de los muertos. Estos, dicen, siguieron en vida la
misma costumbre con sus antepasados gozaron y bailaron al recordarlos.
A su vez, los antecesores de aquellos, practicaron lo mismo, con los
que les precedieron, y as ha sido y contina siendo la humanidad.
Hipcritas son, repiten, los que no aceptan esa herencia ancestral y
se escandalizan porque los vivos hagan fiesta a nombre de los muertos,
estando el alma de estos presente en su conmemoracin!...

La creencia en la supervivencia del alma y de que la vida vuelve
a circular en esa ocasin bajo las mortajas de los muertos que se
recuerdan, influye para que prosperen tales ideas. El cadver nunca
causa miedo ni es motivo de repulsin para el indio, quin sera capaz
de dormir junto a l o encima de la fosa donde se halla sepultado sin
temor alguno. Le tiene, s, respeto y lo venera a su modo el da en
que supone que ha vuelto su alma. Se alegra, porque, confa en que
viene a visitarlo, a ver lo que hace y en qu condiciones de fortuna y
bienestar se encuentra. Cmo, exclama, recibirlo con lgrimas, cara
triste y estpida? Contrariamente a la religin catlica, que conmemora
a los muertos con misas vigiladas, con ttricos responsos, que adorna
las tumbas con figuras de bhos, lechuzas y esqueletos, los indios
proclaman en esas circunstancias el placer de vivir y, mustranse
contentos de que las almas de los suyos aporten a sus hogares.

Tal vez tengan razn. Si el _ajayu_ del muerto, sigue viviendo en el
eterno cosmos y volviendo, de cuando en cuando, como supone el indio,
a ocupar la envoltura que abandon en la tierra, a qu desesperar y
cubrir la cabeza de luto y el rostro de negra melancola, la vez que
viene y se le tiene presente? Las clases populares, particularmente
las mujeres, concurren al cementerio ataviadas con sus mejores prendas
de vestir y cubiertas de valiosas joyas, no para ostentar a los vivos,
sino para que las almas de sus muertos, las vean y se convenzan de que
la miseria no ha invadido los hogares que dejaron, y de que la dicha
contina teniendo sitio en sus corazones. La tristeza, piensan, apena
ms al que viene ese da que al que la sufre. Embriagadas, lloran no
porque sienten de los difuntos, sino porque les viene a la mente las
buenas acciones de estos en contraoposicin a sus padecimientos y
desgracias actuales, y entonces, les hacen cargos directos, diciendo:
_Desde que me falta tu presencia, querida, desde que no veo ya tu
rostro inolvidable, ni siento tus pasos acostumbrados padezco sin
consuelo las mayores amarguras. La vida contigo era feliz, sin t slo
es de pesares..._ Dirigen reproches a los muertos, les hablan les
ruegan, con palabras dulces y cariosas, cual si realmente estuvieran
presentes: es el aparente coloquio de los vivos con las almas sugerido
por las costumbres y exteriorizado por la influencia alcohlica.

Es a cuanto se reduce la manera de pensar indgena sobre cuestiones de
ultratumba.


V

El titilar de los prpados se produce cuando algn pariente tiene que
morir.

Amenaza por mana con viajes lejanos y mudar de domicilio, quien est
prximo a morir.

El morderse involuntariamente la lengua anuncia la muerte de un
pariente.

A una persona le invaden los piojos cuando est prxima su muerte, o la
de alguno de sus padres o de uno de sus hijos.

Cuando inadvertidamente se reunen en algn acto social trece personas,
denota que durante ese ao morir una de ellas.

El perro alla en las noches, cuando se le presenta el alma de alguna
persona cuya muerte se halla prxima.

El gallo canta en las primeras horas de la noche cuando alguno de la
casa tiene que dejar de existir.

El perro desconoce y ladra a su dueo, cuando su muerte esta cercana.

Los _cuys_ procrean con exceso cuando tiene que morir el dueo de la
casa.

Hace ruido en una casa, cuando el que la habita debe morir o cuando hay
en ella un tesoro oculto y el alma del dueo se encuentra vagando en
torno de l, produciendo los ruidos que se sienten.

Cuatro velas encendidas sobre un lienzo negro y apagadas una a una,
despus de un credo rezado de cierta manera, producen la muerte del
individuo que se quiere que muera.

Se rompe el tenedor o cuchara el momento de servir la comida para que
muera una persona de la casa.

Oruro, diciembre de 1918.




[Ilustracin]




                                ndice


                                                                Pginas

  Dedicatoria                                                         I

  Prlogo                                                            II

  Captulo I.--_Factores primordiales_--I. El alma de la
  raza.--La fe en los objetos inanimados y en Santiago.--El
  _layka_, _chamacani_, _thaliri_, _kamili_, _jampiri_
  y _yatiri_.--La poca importancia de las mujeres en la
  hechicera.--II. Instrumentos y manera como actan los
  brujos.--III. Influencia de stos, sus artimaas para seducir
  a las multitudes.--IV. Causas para la persistencia de las
  supersticiones.--Papel del sacerdote y confusin del fraile con
  el mito del _kharisiri_.--V. Influencia de los sueos.              1

  Captulo II.--_Mitos._--I. Huirakhocha y su actuacin
  mtica.--II. Achachilas, Huacas y Konapas.--III. El Huari y
  su leyenda.--IV. Pacha-Mama y su culto actual.--V. El Ekeko
  y su historia.--VI. Thunnupa, Makuri y la Cruz.--VII. El
  Huasa-Mallcu, su dominio y el homenaje que se le rinde.--La
  _huilara_ y el _samiri_.--VIII. El concepto que se tiene
  del Supaya.--IX. El Anchanchu.--X. La Mekala.--XI. El
  Tanca-tanca.--XII. Los Japiuus.--XIII. El culto de la
  piedra.--XIV. Ideas respecto del Cuurmi.                           26

  Captulo III.--_Supersticiones relacionadas con plantas,
  animales y objetos._--I. Empleo de la coca y de la vela;
  suposiciones sobre la Misa y algo de psicologa indgena.--II.
  Preocupaciones al edificar las casas.--III. Preferencias
  al cndor, al puma, jaguar, zorrino, zorro, araas, feto
  de llama, chinchol, reptiles, gato, perro, gallinas y
  ruiseor.--IV. _Huakanquis_, _Mullus_, _Illas_ y la piedra
  bezoar.--V. Forma y figuras para causar daos; animales
  domsticos que lo evitan.--Empleo del hunto y sus diferentes
  aplicaciones.--Resultado del consumo de las carnes de
  vizcacha, cndor, gato; de la sangre de toro y de las comidas
  saladas.--El buho, la lechuza y las mariposas nocturnas.--VI.
  Empleo del tabaco y del cigarro.                                   71

  Captulo IV.--_En las faenas agrcolas y otros actos._--I.
  Lo que se hace en los barbechos.--Das aciagos, fases de la
  luna y estaciones.--II. Ceremonias para sembrar.--Prcticas
  para evitar las heladas sequas.--Los eclipses y presagios
  malos.--III. Formalidades para recoger las cosechas.--La
  cosecha y desgrane del maz.--IV. Ceremonias en la delimitacin
  y toma de posesin de los terrenos.--V. La _cchalla_.--VI.
  Efectos del cambio de traje en el indio.                           97

  Captulo V.--_En viajes y caminos._--I. Cmo se formaban
  y funcionaban los _chasquis_ en el imperio incaico.--Los
  tambos y postas.--Abusos que se cometan en estos
  establecimientos.--II. Preocupaciones de los postillones en
  los viajes.--III. Preparativos de los indios para viajar; en
  el camino, sus entretenimientos; robos y manera de encontrar
  lo sustrado; su amor a los animales y a la naturaleza.--IV.
  Invocaciones a los Achachilas.--La Apacheta.--Culto de las
  piedras y de los ros.--V. El regreso.--La fiesta del _huskju
  jaraka_.--Resistencia de los nativos para los viajes y
  carreras.                                                         123

  Captulo VI.--_Desdoblamiento de la vida social._--I.
  Supersticiones referentes al embarazo, nacimiento y crianza
  de los nios.--II. En la enfermedad y muerte de stos.--III.
  Relativos al amor sexual: la prctica de _musurar_. IV.
  Amores y matrimonios indgenas.--V. Ideas predominantes en los
  concubinatos y matrimonios de la chola y de la india.             141

  Captulo VII.--_A travs de las fiestas._--I. Los alforazgos
  y sus excesos; prestes y prctica de _curar el cuerpo_.--II.
  Particularidades del carnaval.--III. La _khespa_.--IV. La
  chicha y su fiesta en Cochabamba; educacin de la mujer
  cochabambina.--La chicha, licor nacional.--V. Lo que fu
  la fiesta de la Cruz en La Paz.--_Phuna cancha_ y el
  _sihuay-sahua_.--VI. Los altares del Corpus.--VII. La vspera y
  el da de San Juan Bautista.--VIII. Los compadrazgos.--IX. El
  _Taripacu_.--X. Varias supersticiones complementarias y lo que
  se entiende por _arujaa_.                                        175

  Captulo VIII.--_Ideas mdicas indgenas._--I. Carcter
  general de la medicina indgena.--II. Conocimientos mdicos de
  los empricos dedicados a curaciones: empleo de drogas; sus
  aptitudes para la anatoma y ciruga.--Un caso referido por
  el P. Cobo.--Cmo se forman actualmente los cirujanos.--III.
  Los Callahuayas; sus curaciones y hechizos; sus costumbres
  y estado actual.--IV. Explicacin de las palabras _jampi_ y
  _jampiri_.--Relacin de otro caso.--V. Mtodos curativos:
  _thalantaa_, _milluchaa_, _trucaka_, _pichaka_ y
  _llumpaka_.--VI. Empleo de animales muertos y varias otras
  preocupaciones.--VII. Sanidad del indio y la influencia de la
  coca.                                                             217

  Captulo IX.--_Prcticas funerarias._--I. Idea que tienen los
  indios y cholos del alma y de la muerte; ciertas creencias
  referentes a los difuntos, a los que han sido victimados y el
  culto de los muertos.--II. Deferencias al moribundo; velorio,
  entierro, los ltimos gastos y los ocho das.--III. Deberes
  que se tiene con los muertos.--La fiesta de los difuntos.--Los
  columpios de Cochabamba; sinceridad de estos regocijos.--IV.
  Motivos por los que se festeja a los que dejaron de ser.--V.
  Algunos dichos supersticiosos.                                    257





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populares de Bolivia, by Manuel Rigoberto Paredes

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