The Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D.
Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza

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Title: Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades

Author: Diego Hurtado de Mendoza

Release Date: December 26, 2019 [EBook #61022]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR ***




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                        Notas del Transcriptor

Se han respetado la grafa y la acentuacin del original, as como las
inconsistencias en stas.

Se han corregido los errores obvios de imprenta.

Las notas a pie de pgina se han renumerado y situado al final del
prrafo correspondiente mientras que la notas al margen se han
situado al principio de ste.

El texto en versalita se ha sustituido por maysculas mientras que el
texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_.

Las pginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la
versin electrnica.

                   *       *       *       *       *




              [Ilustracin: D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.]




                                GUERRA

                              DE GRANADA

                     HECHA POR EL REY D. FELIPE II

           CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES.

                         HISTORIA ESCRITA POR

                     D. Diego Hurtado de Mendoza.

                              SEGUIDA DE

                   LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES,

                     SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.

                          por el mismo autor.

                             [Ilustracin]

                              Barcelona.

                  IMPRENTA DE JUAN OLIVERES, EDITOR,

                     CALLE DE ESCUDELLERS, N. 53.

                                 1842.




                              El Editor.


BASTARIA citar la advertencia que precede  la ltima edicion de esta
obra hecha en Valencia, para acreditar que nos sirve de texto en la
reimpresion de esta historia un ejemplar de los mas cuidadosamente
impresos; pero no lo creemos necesario, cuando se deja entender
facilmente que para hacer ventajosa nuestra edicion debamos valernos
de la mejor conocida. Son sin embargo demasiado buenas para omitidas
las lneas siguientes.

Prefer por lo mismo la ltima edicion de 1776 como el texto mas
seguro y completo, si bien not que no se habia guardado la exactitud
debida al copiar los pasajes publicados por Iriarte; pues he tenido
que verificar diez correcciones, algunas harto importantes, para
restituirlos  su verdadera y genuina lectura. Tambien he observado
en ella _modernizadas_ algunas voces de la edicion primitiva, la
cual ha llegado  mis manos, cuando esta andaba ya muy adelantada
y no podia dejar de seguirse el plan adoptado desde el principio.
Aprovecho esta ocasion para manifestar francamente, que en un texto
de nuestra lengua, tan respetable por su antigedad como por su
diccion castiza, me sonarian mejor _agora_, _antigo_, _auctoridad_,
_baptizado_, _captivar_, _captivo_, _delictos_, _dubdoso_, _ducientos_,
_escriptores_, _Filipe_, _fructo_, _impeto_, _mesmo_, _perjudicial_,
_proprio_, _succeso_, _tiniendo_ y _via_, porque de este modo los
pronunciaban Mendoza y muchos de sus contemporneos. Con todo no ha
sido intil aquella adquisicion para rectificar algunos lugares de los
dos libros ltimos.

He colocado al fin los prrafos del conde de Portalegre con que se
completaba en las cuatro primeras ediciones el libro III,  fin de que
ni este trozo, que ahora ya no es necesario, se eche de menos en la
presente. He resucitado adems el prlogo de Luis Tribaldos, suprimido
en la ltima, tanto por no privarle de la gloria de ser el primero que
public la _Historia de la guerra de Granada_, como por explicarse all
los motivos de la tardanza en darla  luz y la escrupulosidad con que
se sigui un manuscrito digno de toda fe. De los sumarios marginales,
que no son parto de D. Diego de Mendoza ni aun de Tribaldos, solo he
dejado, como notas al pie de las respectivas pginas, los pocos que
sirven realmente para aclarar  ilustrar la historia.

Hubiera sido de desear que el primer editor y los que le siguieron
hubiesen tenido el cuidado de despejar algo, por medio de una buena
puntuacion, la oscuridad  que da mrgen frecuentemente el estilo
cortado y conciso de nuestro historiador. Ningun escritor (observa
con razon Capmany en el tomo III del _Teatro histrico-crtico de la
elocuencia espaola_) necesitaba de mayor exactitud en la puntuacion
ortogrfica, y cabalmente ninguno la ha merecido mas desatinada y
monstruosa de sus editores, acabando por la impresion de Valencia de
1776,  pesar del esmero que all se promete y no se cumple. Admira
como se han hallado lectores que se confiesen enamorados de las ideas y
estilo de este historiador; siendo imposible que leyendo las clusulas
desatadas  confundidas por la perversa ortografa, comprendan
claramente el sentido del escrito ni la mente del escritor. Puedo
decir con ingenuidad que he aspirado  reparar este dao; mas lejos
de lisonjearme de haberlo conseguido cual quisiera, creo imposible
lograrlo en muchos pasajes,  no alterar el texto. No debe olvidarse
que la primera edicion se hizo  vista de una copia, y no del original,
y que  bien la muerte subrecogi  Hurtado de Mendoza cuando acaba de
formar el bosquejo de su historia;  pensando dejarla indita, qued
sin aquella ltima mano, reservada  la lectura de las primeras y
segundas pruebas de la impresion, y aun falta de la lima que suele dar
el autor  sus escritos despues de concluidos. Como quiera, no nos es
permitido tocar ahora en lo mas mnimo la produccion,  el borrador,
 sean los primeros apuntes de aquel grande hombre. Descbrense en
ellos,  pesar de ciertos lunares, todas las dotes de un historiador
sesudo  imparcial, el puro y enrgico lenguaje de nuestros mayores,
y los golpes maestros que en tres  cuatro palabras describen un
hecho importante,  caracterizan con igual precision los personajes
de su historia. Al artista que contempla con asombro las formas, el
sobresalto y el expresivo dolor de las varias figuras que componen el
admirable grupo del Laocoonte, jams le ocurre pararse en la cortedad
de la pierna de uno de los muchachos; imperfeccion que siendo debida 
falta del mrmol, en nada rebaja el mrito del escultor griego. As los
que leen con ojos inteligentes esta historia, hallan sobradas bellezas
que les arrebaten el nimo, para hacer alto en lijeros descuidos, que
solo procuran abultar los que nunca sern capaces de escribir el trozo
mas dbil de tan sublime modelo.

Publicamos  continuacion de la _Guerra de Granada_ la _Vida del
Lazarillo de Tormes_ que es sin disputa trabajo de nuestro autor,
pues por tal le reconocen y han reconocido todos los literatos, si se
excepta  Fr. Jos de Sigenza, que como ver quien la vida de Mendoza
leyere, lo atribuy  un religioso gernimo. Pero es de advertir que
los frailes hacian como algunos maniticos anticuarios, que para
honrar el pas en donde estn  en que nacieron se remontan  los
siglos fabulosos, y  trueque de dar mayor antigedad  una ciudad
 suponerla tal  tal otro fundador, desmienten, niegan, critican y
zahieren  diestro y  siniestro para ganar una honrilla ilusoria.
Fraile ha habido que para dar prez  su rden habria hecho cristiano 
Virgilio, y pustole un sayal por aadidura para hacer la Eneida obra
de un fraile. Dejemos pues aparte el voto de Sigenza y no le quitemos
 Mendoza el honor de haber dado  luz el _Lazarillo_. Obra amena y de
agradable entretenimiento pertenece  otro gnero muy diferente y 
otro estilo que la _Guerra de Granada_, y esta seria ya una razon para
que la disemos en el _Tesoro_, cuando no fuese la produccion segunda
del autor en mrito y valor literario.




                       LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO

                              AL LECTOR.


SIENDO don Diego de Mendoza de los sugetos de Espaa mas conocidos en
toda Europa, fuera cosa superflua ponerme  describirle; principalmente
habindolo hecho en pocos pero elegantes renglones el seor don
Baltasar de Zuiga. Tampoco me detendr en alabar esta historia, ni
en probar que es absolutamente la mejor que se escribi en nuestra
lengua; porque ningun docto lo niega, y pudierseme preguntar lo que
Archidamo, lacedemonio,  quien le leia un elogio de Hrcules: _Et
quis vituperat?_ Solamente dir, qu causas hubo para no publicarse
antes; las que me movieron  hacerlo agora; qu ejemplar segu en esta
edicion, y qu mrgenes.

Cuanto  lo primero, es muy sabido y muy antiguo en el mundo el odio
 la verdad, y muy ordinario padecer trabajos y contradiciones los
que la dicen, y aun mas los que la escriben. Del conocimiento de
este principio nace, que todos los historiadores cuerdos y prudentes
emprenden lo sucedido antes de sus tiempos,  guardan la publicacion
de los hechos presentes para siglo en que ya no vivan los de quien
ha de tratar su narracion. Por esto nuestro don Diego determin no
publicar en su vida esta historia, y solo quiso, con la libertad que
no solo en l, mas en toda aquella ilustrsima casa de Mondejar es
natural dejar  los venideros entera noticia de lo que realmente se
obr en la guerra de Granada; y pudo bien alcanzarla, por su agudeza
y buen juicio; por tio del general que la comenz, adonde todo venia
 parar; por hallarse en el mismo reino, y aun presente  mucho de lo
que escribe: afect la verdad, y consiguila, como conocer facilmente
quien cotejare este libro con cuantos en la materia han salido. Porque
en ninguno leemos nuestras culpas  yerros tan sin rebozo; la virtud, 
razon tan bien pintada; los sucesos todos tan verismiles: marcas por
las cuales se gobiernan los lectores en el crdito de lo que no vieron.
La determinacion de don Diego me prueban unas gravsimas palabras,
escritas de su letra, al principio de un traslado de esta historia
que present  un amigo suyo, en que juntamente pronostica lo que hoy
vemos. Veniet, qui conditam, et sculi sui malignitate compressam
veritatem, dies publicet. Paucis natus est, qui populum tatis su
cogitat. Multa annorum millia, multa populorum supervenient: ad illa
respice. Etiamsi omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit,
venient, qui sine offensa, qui sine gratia judicent. Senec. Epistol.
79. Dije que no quiso sacarla: aado, que ni pudo, porque no la dej
acabada, y le falta aun la ltima mano; lo que luego se echa de ver
en repetir cosas, que bastaban una vez dichas: como la significacion
de atajar y atajadores, los daos de la milicia concejil, y otras de
este jaez; y aun mas de algunas notables omisiones que hacen bulto, y
muestran falta, cual la de la toma de Galera, y muerte de Luis Quijada,
advertida y elegantemente suplida por el gran conde de Portalegre; y
otra no menor, cuando siendo encomendado lo de la sierra de Ronda 
los dos duques de Medina Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente
el progreso de este; pero en el otro hace tan alto silencio, que
ni aun nos declara las causas de no venir  la empresa; siendo as
que para ello debi un tan gran seor tenerlas, y aun muchas, y muy
justificadas. Otras faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo.
Muerto don Diego, viviendo aun personas que l nombraba, duraba el
impedimento, que en vida: dems de que los eruditos,  quien semejantes
cuidados tocan, quieren mas ganar fama con escritos propios, que
aprovechar  la repblica con dar  luz los ajenos.

Cuanto  lo segundo, hoy que son ya pasados cerca de sesenta aos, y
no hay vivo ninguno de los que aqu se nombran, cesa ya el peligro
de la escritura, no doliendo  nadie verse all mas  menos lucido;
y aunque hay de ellos ilustrsimos descendientes,  parientes, por
haber militado en esta guerra una muy gran parte de la nobleza de
Espaa, seria demasiado melindre, y aun desconfianza, celar alguna
faltilla del difunto, que les toca, cuando ninguna de las que se
notan es mortal, ni de las que disminuyen la honra  la fama; porque
estas no las hubo, ni se cometieron, ni don Diego, siendo quien era,
se habia de olvidar tanto de sus obligaciones, que las perpetuase,
aun cuando se hubieran cometido. Porque la historia escrbese para
provecho y utilidad de los venideros, ensendolos, y honrndolos, no
corrindolos,  afrentndolos, aun cuando para escarmiento quiera tal
vez ensangrentarse la pluma. Tampoco me acordaba el quedar imperfecta;
pues si este Jpiter olmpico, estando sentado, toca con la cabeza el
techo del templo, adnde llegara con ella, si se le levantara en pie?
adnde, si le colocaran y subieran en una basis?

En esta edicion lo que principalmente procur, fue puntualidad, sin dar
lugar  ninguna conjetura, ni enmendar alguno por juicio propio: cotej
varios manuscritos, hallndolos entre s muy diferentes, hasta que me
abrac con el ltimo, y sin duda alguna el mas original, que es uno del
duque de Aveiro, en forma de cuarto, trasladado de mano del comendador
Juan Bautista Labaa, y corregido de la del conde de Portalegre, con
el cual conoc cuan en balde habia cansdome con otros. Este texto
es el que sigo, sin alterarle en nada, y es el genuino, y propio, de
quien en su introduccion habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar las
mrgenes con lugares de autores clsicos, bien imitados por el nuestro,
y no me fuera muy difcil juntarlos, mas guardndolo para la postre,
me sobrevino esta enfermedad tan larga y pesada que me imposibilit:
y porque se me da mucha priesa, los guardo para segunda edicion,
si acaso hubiere, que espero sern muy gratos  los doctos. Dbame
pesadumbre que fuese esta gran obra tan desnuda, que ni unos sumarios
llevase, hasta que se me acord de los que le en un manuscrito de
esta historia, que ha tres aos me prest aqu un caballero, que agora
est en Lisboa; adonde al amigo que atiende  la edicion, encargu
buscarlos, y ponerlos; y segun veo en los veinte pliegos que ya estn
impresos, cuando esto escribo, podrn servir en el interin; y esto es
cuanto se me ofrece decir al lector.




                               NOTICIAS

                              DE LA VIDA

                    DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.


SIENDO las vidas de los varones ilustres eficacsimos ejemplares, que
persuaden prcticamente  la imitacion de sus acciones, determin
escribir la de D. Diego Hurtado de Mendoza, excelente escritor y
discretsimo poltico; para que al mismo tiempo que de su historia de
Granada, se tenga noticia de sus estudios, aplicacion y manejo en los
negocios pblicos, que fueron los que le proporcionaron para escribir
con tanto acierto.

Naci en la ciudad de Granada  fines del ao 1503,  principios del
siguiente: su padre, uno de los mas clebres generales que sirvieron 
los Reyes Catlicos en la conquista de aquel reino, fue D. Iigo Lopez
de Mendoza, segundo conde de Tendilla, y primer marqus de Mondejar,
hijo del conde de Tendilla, que fue hermano entero del duque del
Infantado, D. Diego Hurtado de Mendoza, y ambos hijos del clebre D.
Iigo de Mendoza primer marqus de Santillana; su madre D. Francisca
Pacheco segunda mujer del marqus,  hija de D. Juan Pacheco marqus
de Villena, y primer duque de Escalona[1]. Fue el quinto entre sus
hermanos, que todos han merecido loable recomendacion en nuestra
historia: D. Luis el primognito, capitan general del reino de Granada,
y despues presidente del Consejo: D. Antonio virey en ambas Amricas:
D. Francisco obispo de Jaen; y D. Bernardino de Mendoza, general de
las galeras de Espaa: consta tambien que tuvo dos hermanas, Doa
Isabel, que cas con D. Juan Padilla, y Doa Maria, mujer de D. Antonio
Hurtado, conde de Monteagudo[2].

      [1] _D. Luis de Salazar y Castro_, Hist. gener. de la Casa
      de Lara.

      [2] _Nicol. Ant._ Bibl. Hisp. _verb._ Didac. Hurtado de Mendoza.

No hay pruebas para persuadir naciese en Toledo, como quiso D. Toms
Tamayo de Vargas, y consta que sus padres permanecieron en Granada
todos aquellos aos, por ser necesaria su presencia en ciudad recien
conquistada, inquieta y sospechosa, y que con motivo del excesivo celo
del cardenal Jimenez por la conversion de los mahometanos, se levant
al fin en el mes de diciembre de 1499, y duraron los movimientos de
aquel reino casi dos aos[3].

      [3] _Marmol_, Hist. de la Rebelion, _lib._ I, _cap._ XVI.

No es creible que por huir de aquel peligro, se retirase  Toledo la
marquesa, heroina de nimo tan varonil, que en la fuerza del alboroto
del Albaicin, luego que el marqus lleg  sosegar los sediciosos, se
qued con sus hijos pequeos, en una casa junto  la mezquita mayor, 
manera de rehenes[4].

      [4] _Marmol_, ibid.

Logr D. Diego particular instruccion en su niez, y verosimilmente la
mayor parte de ella de Pedro Mrtir de Angleria; pues habiendo este
instruido  todos los magnates de aquel tiempo, viviendo en Granada, y
estando tan obligado  los Mendozas, que el primer conde de Tendilla
le trajo  Espaa, y mantuvo estrecha comunicacion con el padre de D.
Diego[5], franquearia  este la instruccion que con menor obligacion
habia comunicado  los dems. Aprendi all gramtica, y algunas
nociones de la lengua arbiga, que cultiv toda su vida. Pas despues
 Salamanca, donde estudi las lenguas latina y griega, filosofa y
derecho civil y cannico. En aquel tiempo fue cuando parece escribi
por entretenimiento, y como descanso de mas graves estudios, _La vida
del Lazarillo de Tormes_, obra ingeniosa, de buen lenguaje, y singular
invencion: Fr. Josef de Sigenza afirma que el autor del _Lazarillo_
fue Fr. Juan de Ortega, religioso gernimo, pero generalmente se cree
que fue D. Diego de Mendoza.

      [5] _Petr. Mart. Angler._ Ep. 521 _et_ 630.

Inclinado por su genio  engolfarse en acciones de mayor estrpito y
renombre, pas  Italia, y milit muchos aos. No constan en particular
las guerras, ni batallas en que se hall, pero hablando l mismo del
mal aparejo y desrdenes que vea en la guerra de Granada, los compara
con los _numerosos ejrcitos en que yo me hall_, dice, _guiados por el
emperador D. Crlos, y otros por el rey Francisco de Francia_; de donde
se puede conjeturar se hall en el ejrcito que siti  Marsella en
1524, y en la batalla de Pava, en que afirma Sandoval se distingui la
compaa de D. Diego de Mendoza, que es favorable conjetura para creer
fuese nuestro autor; si bien eran algunos los que en aquel tiempo se
conocian con el mismo nombre y apellido, que no se puede afirmar por
cosa cierta.

Igualmente es verosmil que concurri  la guerra que se hizo contra
Lautrec sobre el ducado de Milan, y  la batalla de la Bicoca en 1522,
as como  la entrada de Crlos V en Francia el ao 1536. Lo cierto es,
que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba su
ardiente inclinacion  la literatura, y en el tiempo del invierno en
que aquellas regularmente permitian mas descanso y ociosidad, dejaba
los cuarteles y pasaba  las mas clebres universidades, como Bolonia,
Padua, Roma y otras, para aprender de los maestros de mayor mrito,
matemticas, filosofa y otras ciencias[6]. Oy entre otros  Agustin
Nifo y  Juan Montesdoca, famoso filsofo sevillano, muy aplaudido y
premiado en las universidades de Italia, y que muri en 1532[7].

      [6] _Morales_, _en la_ Dedicat. de las Antigedades.

      [7] _Nicol. Ant._, Bibliot.

Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan
recomendable  Crlos V, que formando concepto muy sublime de las
prendas de D. Diego, le apreci mucho en tiempo de su imperio, y le
confi los negocios y embajadas mas crticas de su reinado. En 1538 se
hallaba ya de embajador en Venecia. El ao antes habia hecho la liga
santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y no
correspondiendo las ventajas  los deseos de la seora, desconfiaba
ya, y temia mayores prdidas: y como las instrucciones del embajador
tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se
aliase con la Francia; luego que advirti D. Diego las zozobras de
los senadores, y que habian destinado  Constantinopla  Lorenzo
Gritti para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta
con elocuente vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la
repblica intentaba ajustar paces sin incluir  su soberano, que estaba
dispuesto  continuar la guerra, y aun asistir en la armada[8]. Pint
la incierta fe de los brbaros diferentes en costumbres, religion, en
leyes, y enemigusimos de los cristianos, el sincero objeto de los
aliados, por defender la iglesia, y oprimir  sus enemigos; que si en
la pasada campaa no se habian logrado las esperanzas que esperaron
se podian resarcir los daos en la primera ocasion, humillar al
enemigo comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian
las paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos,
pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora
que podian tener, perseverando en la alianza. Concluy que confiaba
en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para abandonar
la liga, ni preferir  esta las paces siempre peligrosas con el
turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga aos
anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general
 todos los prncipes cristianos en Constantinopla, seria muy til
su aceptacion, para que el Csar se dispusiese  las expediciones
que meditaba en Levante. Alcanz en efecto Gritti con gran trabajo
treguas por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal,
cuyo nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian  Crlos V.
Ajustaron paces despues, y para ellas influy mucho Francisco I, rey
de Francia, que por contrarestar  Crlos V estaba coligado con el
turco, y entre otros le envi dos embajadores, Csar Fragoso, genovs,
y Antonio Rincon, espaol, que muertos en el P por soldados espaoles,
y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas muchas
concernientes  Venecia, y contrarias  sus intereses[9]. Dirigilas el
marqus del Basto  D. Diego, y este las hizo presentes al senado, para
que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y cuan gran yerro
habia cometido en abandonar la liga del emperador, procurando mantener
y afianzar la amistad del rey de Francia, que como constaba en aquellas
instrucciones, no cuidaba de los intereses de la repblica.

      [8] _Diedo_, Storia di Venecia, _tom._ II, _lib._ II.

      [9] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ III.

Adems de desempear la embajada con esplendor, persever con teson en
el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar manuscritos
griegos, en hacerlos copiar  gran costa, buscarlos y traerlos de los
mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envi hasta la Tesalia
y monte Athos  Nicols Sofiano, natural de Corcira,  investigar y
copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion griega. Valise
tambien de Arnoldo Ardenio, doctsimo griego, para que le trasladase
con extraordinarios gastos muchos cdices manuscritos de varias
bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal Besarion.

Por su medio logr la Europa muchas obras que aun no habia visto,
y quizs no veria, de los mas clebres autores griegos, sagrados y
profanos, como son san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo
Alejandrino, todo Arquimedes, Heron, Apiano, y otros[10]. De su
biblioteca se publicaron las obras completas de Josefo; pero lo que
principalmente la ha hecho memorable fue el regalo que le hizo el gran
turco Soliman, por haberle enviado un cautivo, que amaba con extremo,
libre y sin rescate, aunque Don Diego lo compr  gran precio de los
que le habian hecho prisionero. El gran seor queria manifestar su
agradecimiento con dones correspondientes  su grandeza, pero D. Diego
admiti solo una recompensa propia de la nobleza de su nacimiento, y
del desinters de un ministro pblico. La seora de Venecia se hallaba
con extrema escasez de granos, y por sacarla de tan estrecho ahogo,
pidi  Soliman permitiese  los vasallos de Venecia comprar libremente
trigo en los estados turcos, y conducirlo  los de la repblica. Logr
esta splica, y otra segunda, que fue la remision de muchos manuscritos
griegos, que preferia  los mas ricos tesoros. Varian mucho los autores
sobre el nmero de ellos: Andrs Escoto no duda asegurar, que recibi
una nave cargada de manuscritos: Claudio Clemente copia las mismas
palabras en la historia de la biblioteca del Escurial: Ambrosio de
Morales y D. Nicols Antonio aseguran que fueron seis arcas llenas:
ltimamente D. Juan de Iriarte en la Biblioteca de los manuscritos
griegos de la librera real de esta corte, obra recomendable por su
mrito y por las muchas noticias que da de varios escritos apreciables
de clebres autores aun no publicados, rebaja extraordinariamente el
nmero de volmenes; y persuadido del catlogo de los manuscritos
griegos de D. Diego que copi de un cdice propio de la librera del
duque de Alba, asegura que no fueron mas que treinta y un volmenes;
cuyo catlogo inserta en dicha biblioteca.

      [10] _Morales_, Antigedades de Espaa en la _Dedicat. Alphon.
      Ciacon_, Bibliot. _verb._ Diegus: _Nicol. Ant._, Bibliot.

Esta es la noticia que nos queda de tan celebrado don, y no es difcil
resolver cual de las relaciones sea la verdadera; pues aunque de
una parte es inmenso el nmero que dan  entender Andrs Escoto y
Claudio Clemente, por otra es muy diminuto el que asigna el mencionado
catlogo; ni sabemos quien le form, ni si copi todos los que vinieron
de Constantinopla: pudo tal vez elegir los mas selectos,  aquellos
de quien tuvo noticia, sino es que creamos lo hizo cuando ya estaba
deshecha la librera de D. Diego, y solo numer los cdices que
restaban. Parece pues mas verosmil y cierta la relacion de Don Nicols
Antonio; y as creemos que ni fue tanta la copia que pondera Escoto, ni
tan pequea como expresa el catlogo, que  la verdad ni corresponde al
eco que corri y corre en toda la Europa del mencionado regalo; ni  la
grandeza de Soliman, que no sabemos fuese avaro de estas riquezas que
poseia en tanta abundancia y que tan poco le servian. Sobre todo deja
fuera de duda la verdad de la relacion de Morales, el haberla hecho
este en una dedicatoria dirigida al mismo D. Diego,  quien conocia, y
 quien trataba;  quien consultaba, y  quien habria oido muchas veces
la verdadera narracion.

De la diligencia de D. Diego en adquirir los manuscritos se convence
la extravagante y atrevida maledicencia de Schochio, que fingi que
para juntar la biblioteca que meditaba, hurt los manuscritos griegos
que dej el cardenal Besarion  la repblica de Venecia, con tal
sutileza, dice, que no se puede pensar mayor. Asegura que ya se habia
venido  Espaa cuando se advirti que en lugar de aquellos habia
puesto otros libros vulgares de igual volmen, para que de ese modo
no se descubriese tan facilmente el hurto. Pero de quin habla este
beocio? Juzga acaso este tardo aleman que D. Diego de Mendoza era
algun Glareano, algun Sciopio,  otro oscuro gramtico? Hay mucha
diferencia entre los sabios: el nacimiento y la crianza dan ideas muy
diferentes: el empleo y las riquezas de D. Diego le facilitaban la
ejecucion de sus designios. Qu particular hizo mayores gastos? Quin
tuvo valor para enviar  sus expensas  buscar manuscritos en los
mas retirados senos de la Grecia? Ni quin logr circunstancias mas
oportunas? Adems de esto se mantuvo muchos aos en Venecia, incierto
si permaneceria  no en aquella ciudad; pues cmo podria cometer tal
desacierto sin exponerse  que lo descubrieran antes de retirarse? Y
qu pruebas expone Schochio? qu autores cita para apoyar proposicion
tan atrevida? Quede pues por cierto que afirma lo que l seria capaz de
cometer, y que crey era algun Schochio el embajador de Crlos V.

Era su casa la mansion de las personas eruditas, trataba  los sabios
de Italia con la estimacion de hombre que lo era. En el senado era un
Demstenes, y un Scrates en casa. En aquel admiraban el torrente de su
elocuencia los senadores; y en esta embelesaba con su erudicion, con
sus noticias y discursos filosficos,  los cardenales, obispos, nobles
y literatos que con gran frecuencia le visitaban.

Buen testigo es Paulo Manucio, celebrrimo humanista, que en aquel
tiempo le dedic las obras filosficas de Ciceron, corregidas con
sumo esmero; si bien dice, que ya D. Diego con su continua lectura
y perspicacia habria hecho las mismas  mas enmiendas. De aquella
dedicatoria sabemos que se aplicaba principalmente  la filosofa;
que tuvo una hermana sabia, muy instruida en la lengua latina, 
igualmente valerosa, y que el dictmen de D. Diego en rden  la
enseanza de la juventud, era que gastasen el largo tiempo que dedican
 la lengua latina, en aprender las ciencias en la lengua materna, como
lo persuadi antes el cardenal Alcolti, que posaba en casa D. Diego.
Favoreci  muchos griegos que llegaban huyendo de la penosa esclavitud
del turco. Lzaro Bonamico le dirigi por este tiempo,  poco despues
una carta latina en verso herico, en que describiendo el mtodo
de vida y estudios que l disfrutaba, le persuade se entregue  su
genio, esto es, al estudio y consideracion de la naturaleza; realza su
aplicacion  la filosofa, su vigilancia en procurar los intereses del
Csar, y resistir al turco, enemigo comun, pondera su elocuencia, la
estimacion que de su persona hacian los senadores, el socorro de trigo
que por su causa evit una horrible hambre en los estados venecianos,
su generosidad en enviar  la Grecia personas que trajesen antiguos
monumentos; y ltimamente lo acepto que era  Crlos V, y como se
aprovechaba del valimiento, para que perdonase  unos, y favoreciese 
otros.

En estas ocupaciones pasaba, cuando le nombr el Csar gobernador de
la repblica de Sena, sin que dejase,  lo que parece, la embajada de
Venecia. Es Sena una ciudad de Toscana  cinco leguas de Florencia,
rica, populosa, amiga de su libertad, que conserv por muchos siglos
como repblica independiente; la discordia al fin dividi sus
habitantes, que por ltimo recurso acudieron al emperador,  quien
pidieron patrocinio para poner freno  algunos ciudadanos turbulentos.
Condescendi Crlos V y envi  D. Diego de Mendoza, que informado
de todas las disensiones, del orgen de ellas, y de los intereses
particulares que movian  los seneses, procur vencer por buenos
trminos todos los inconvenientes, y mantener los ciudadanos en
tranquilidad[11]. Sin duda manifiesta el afecto que tenia  aquella
repblica en una representacion vehemente que hizo al emperador cuando
pas por la Italia el ao de 1543, para asegurar aquellas costas del
desembarco  invasion que amenazaba el turco, movido por Francisco I
rey de Francia.

      [11] _Sandoval_, Hist. de Crlos V, _tom._ II, _lib._
      XXXI,  29.

Hallbase el Csar exhausto de dinero; tom del rey de Portugal
cuantiosas sumas, vendi  Cosme de Medicis, duque de Florencia, las
fortalezas de Florencia y Liorna en ciento y cincuenta mil ducados, y
estuvo en Bugeto con el pontfice, que vino  verle con el pretexto
de ponerle en paz con el rey de Francia, y de adelantar el concilio
tridentino; pero principalmente con el designio de comprar los
estados de Milan y Sena para su nieto Octavio de Farnese. La escasez
de dinero con que se hallaba el emperador le hacian, aunque con
alguna repugnancia, dar oidos  estas cosas, y sin duda se hubiera
efectuado la venta,  no haberle hecho D. Diego de Mendoza una
representacion[12], en que exponia al emperador el deshonor que le
resultaba de efectuar esta contrata, como lo mal que habia hecho en
lo antecedente de las fortalezas de Florencia y Liorna: extendase
despues sobre la conducta del pontfice, sobre los trabajos que
habia ocasionado al emperador, y como movi al rey de Francia, y
consiguientemente al turco. Esta representacion tuvo el efecto que
deseaba el autor de ella: desisti el emperador, pas  Alemania
dejando  D. Diego las instrucciones que debian dirigirle en la
asistencia al concilio tridentino, que  grandes distancias de la
cristiandad, y principalmente del emperador, habia convocado el papa
Paulo III en bula de 22 de mayo de 1542. Despues de muchas dilaciones,
inconvenientes y dudas sobre el lugar en que debia celebrarse, se habia
elegido  Trento, ciudad que parte los trminos de Italia y Alemania, y
sujeta  Cristbal Madrucci, obispo de ella, y poco despues cardenal.

      [12] _La trae Sandoval en la_ Hist. de Crlos V, _tom._ II,
      _lib._ XXV,  30.

Ya el emperador habia expedido sus poderes desde Barcelona en 18 de
octubre de 1542, nombrando sus embajadores al gran canciller Granvela,
su hijo el obispo de Arras, y D. Diego de Mendoza, quienes llegaron
 Trento en 8 de enero de 1543; pues aunque el marqus de Aguilar
embajador en Roma estaba tambien nombrado, no se apart de aquella
capital[13]. Daba el emperador  todos cuatro en comun, y  cada uno
en particular, poder y autoridad, para que representasen su persona,
defendiesen y promoviesen sus derechos, y mantuviesen sus prerogativas,
tanto como emperador, cuanto como rey de Espaa, y seor de sus
restantes dominios. Visitaron los embajadores  los legados, que eran
los cardenales Moron, Paris y Polo, y extraando la poca concurrencia
de padres, preguntaron si las dems naciones habian prometido su
asistencia al concilio, y en que trminos debian ejercer la autoridad
de embajadores en aquel congreso; evacuadas ambas preguntas, quiso el
gran canciller exponer en la iglesia mayor con toda solemnidad los
poderes que traa del emperador, y manifestar los motivos de no asistir
personalmente. Resistironse los legados, hubo amargas quejas; pero en
fin se convino en que fuesen recibidos al siguiente dia pblicamente
en casa del legado Paris, el mas antiguo de los tres cardenales. El
obispo de Arras expuso en una larga oracion, y ante gran concurso de
gentes, los deseos y diligencias del emperador porque se celebrase el
concilio: exhibieron sus poderes,  instaron en que se acelerase la
venida de los prelados y telogos italianos, y se estimulase  los
franceses, pues ellos estaban prontos  permanecer all,  pasar 
solicitar los obispos de Alemania. En efecto, Granvela por dar mayor
calor  la celebracion del concilio, pues vea los pocos prelados que
habian concurrido, daba  entender seria mas conveniente un concilio
nacional en Alemania; proposicion que alteraba en extremo  los
legados y  la corte romana. Al fin padre  hijo pasaron  la junta de
Norimberg, y D. Diego qued algunos meses en Trento. En este tiempo
hizo la representacion mencionada sobre la venta de Milan, y viendo que
los obispos de Espaa no concurrian tan presto, y que muchos de los
que vinieron  Trento se habian retirado, se volvi  su embajada de
Venecia con grande sentimiento de los legados y del papa, que se quej
al emperador, pero al fin se aprob su conducta, y expidi una bula,
en que exponiendo las discordias sobrevenidas entre el rey Francisco
y Crlos V, y juntamente el terror que infundia en toda la Italia el
turco con sus armas, retardaba el concilio  tiempo mas oportuno[14].

      [13] _Palavic._, Hist. Conc. Trident. _lib._ V, _cap._ IV.

      [14] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ IV, _n. 16_.

En 24 de agosto del ao 1534 dirigi un diploma  Crlos V exhortndole
 la paz, que efectuada con Francia proporcion la nueva indiccion
del concilio para 15 de mayo de 1545, aunque se prorog el principio
de l hasta 13 de diciembre. Por marzo volvi D. Diego de Venecia 
Trento; y ajustadas las ceremonias con que se le habia de tratar,
pretendi exponer en la iglesia mayor, lugar destinado  las sesiones
del concilio, las cartas que le autorizaban, pero se convino en
presentarlas en casa de los legados cardenales del Monte y Santa Cruz,
donde manifest sus poderes, y juntamente expuso en una oracion latina
las intenciones del Csar, y el sincero nimo en que se hallaba de
concurrir por su parte  dar cumplimiento  los deseos de toda la
cristiandad[15]. Hallronse presentes el cardenal Madrucci, en cuya
casa habitaban los legados y los obispos que hasta entonces habian
concurrido, que fueron Toms Copeggi de Feltre, Toms de San Flix
de la Cava, y Fr. Cornelio Muso, franciscano, obispo de Bitonto, y
el mas elocuente predicador de su tiempo.  8 de abril llegaron los
embajadores del rey de romanos; celebrse una solemne congregacion para
recibirlos; y en ella pretendi D. Diego preceder al cardenal Madrucci,
y sentarse despues de los legados, alegando que pues representaba al
emperador, debia tener asiento en el mismo lugar que ocuparia S. M.
Cesrea. Urgia el tiempo, y por no ser molesto, ni inutilizar aquella
junta, convino en colocarse de modo, que ni cedia ni tomaba precedencia
alguna.

      [15] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ VIII, _n. 9_.

Volvi en otra ocasion  instar sobre lo mismo, diciendo que si se
hallasen juntos el padre santo y el emperador, ninguno podia pretender
ponerse en medio, y que lo mismo debian observar las personas que los
representaban; aadiendo que obraba con el parecer y consejo de hombres
doctos. Respondieron los legados en trminos generales se hallaban
dispuestos  dar  cada uno su debido lugar; pero que por s mismos no
tomaban resolucion sobre sus pretensiones; y que era necesario aguardar
la respuesta de Roma sobre ellas. Convino gustoso el embajador, porque
como sabia la grande autoridad que los emperadores habian tenido
siempre en los concilios, esperaba se hallasen en los archivos romanos
documentos incontestables que autorizasen su preeminencia: aadi
estaba pronto  ceder fuera del concilio  cualquier sacerdote, pero en
l, nadie despues del papa tenia mayor autoridad y preeminencia que su
prncipe[16].

      [16] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ VII, _n. 9_;
      _Liter. Legat., 12 et 16; Martii_.

Los legados deseaban principiar el concilio; pero el corto nmero de
obispos que hasta entonces habian llegado, y otros motivos que tenia el
emperador, obligaban  D. Diego  detenerlo con sus justos y fundados
reparos.

Ocupbase entre tanto en sus estudios; buscaba el trato de las personas
sabias, y ofrecindose celebrar el nacimiento del infante de Espaa
el prncipe D. Crlos, acaecido en 8 de julio de 1545, dispuso tres
solemnes fiestas, en que oraron el obispo de San Marcos, napolitano,
sabio en latin y griego, Fr. Domingo Soto, y el elocuente fray Cornelio
Muso.

Los cuidados, la aplicacion,  la mudanza de aires alteraron su salud,
y comenz  padecer unas cuartanas, que le obligaron  retirarse
 Venecia, y le molestaron muchos meses; pero no por esto dej de
cuidar de Sena, de su embajada de Venecia, y de lo del concilio,
donde pasaba algunas veces. Al fin celebrado el congreso de Worms, le
orden el emperador asistiese en Trento, porque no se dijese quedaba
por sus ministros dar principio al concilio. En 13 de diciembre de
1545 se hizo la abertura tan deseada, con la mayor solemnidad, y se
celebr la primera sesion, y en 7 de enero de 1546 la segunda,  las
que no pudiendo asistir D. Diego por hallarse enfermo en Venecia,
envi su secretario Alonso Zorrilla, para que hiciese presente su
indisposicion[17]. La sesion tercera se tuvo en 4 de febrero del mismo
ao, y despues de la cuarta lleg  Trento D. Francisco de Toledo,
embajador de Crlos V, porque reconociendo D. Diego la terquedad de su
indisposicion, y cuan necesaria era la asistencia de los embajadores
imperiales, habia suplicado al Csar enviase otro en su lugar, como se
le concedi, con la circunstancia de que el compaero ejerciese por
s solo las funciones de la embajada,  en compaa de D. Diego, si
la salud de este lo permitiese. D. Francisco pas despues de cuatro
dias  Padua  visitar  su compaero, para que le enterase  fondo de
las instrucciones del emperador, de las de los legados, y del mtodo
que era menester seguir en un congreso tan sagrado y de tan delicadas
circunstancias[18].

      [17] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ XVII, _n. 7_.

      [18] _Palavic._, _lib._ VI, _cap._ XIII, _n. 1_.

Aun sin estar libre de sus cuartanas, que fueron tan perniciosas que
se lleg  temer de su vida, pas de Padua  Trento  instancias de
D. Francisco de Toledo, que volvi  visitarle, y del doctor Paez de
Castro, que vino en su compaa; y juzgaron los padres tan necesaria su
asistencia  la congregacion general que precedi  la sesion quinta,
que la difirieron un dia, porque en el que se habia de celebrar, era el
mismo en que sobrevendria la fiebre  D. Diego. Queriendo los legados
proceder  la decision de los dogmas, D. Diego aconsej  Don Martin
Perez de Ayala (que habia llegado  Trento en el mes de setiembre de
1546, y le habia aposentado despues de muchos ruegos en su propia
casa, tanto por el aprecio que hacia de sus virtudes y literatura,
como porque habia sido confesor de su hermano el obispo de Jaen, ya
muerto desde el ao de 43), que como tan instruido en la materia _de
justificatione_, que  la sazon querian decidir, manifestase el modo de
pensar de los herejes, y notase las decisiones que pretendian hacer los
legados por diminutas, y que no comprendian todos los errores de los
protestantes. D. Martin Perez de Ayala pidi audiencia, peror en ella
una hora, expuso la materia, y de tal modo pint sus consecuencias,
que se examin la doctrina mas de otros cuatro meses[19]. Aunque D.
Diego rara vez concurria  las congregaciones particulares  causa de
su indisposicion, quiso no obstante asistir  aquella en que fueron
recibidos los embajadores de Francia, por dar mas solemnidad al acto,
y manifestarles su buen nimo, y la armona que deseaba entablar, y
mantener con ellos[20].

      [19] Vida de D. Martin Perez de Ayala, _arzobispo de Valencia,
      escrita por el mismo_. _MS._

      [20] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ V, _n. 4_.

Por estos dias se public impresa en Venecia la Suma de los Concilios
de fray Bartolom Carranza, dominicano, famoso por su valimiento y
su caida, dedicada  D. Diego, que respondi al autor en una carta
latina aunque breve, elocuente y nerviosa. Juan Paez de Castro, clebre
doctor cronista y capellan de honor de Felipe II, habia pasado 
aquella ciudad recomendado  D. Diego por Gernimo de Zurita, exacto
historiador de Aragon, y por Gonzalo Perez, secretario de Felipe II,
conocido por la traduccion de la Odisea, y mucho mas por los excesos
de su hijo Antonio Perez. Procur D. Diego adelantarle, comunicle
sus libros, quiso llevarle  vivir consigo, animle  estudiar con
teson, y  trabajar principalmente en la inteligencia y restitucion de
los autores antiguos. Consta por las cartas de aquel sabio escritas
 Gernimo de Zurita, que habia leido la traduccion al castellano de
la mecnica de Aristteles hecha por D. Diego, quien tambien le habia
hecho glosas: Es tan bueno y tan humano, dice hablando de D. Diego,
que puede V. decir: _Nil oriturum alias, nil ortum tale fatentes_. Su
erudicion es muy varia, y extraa; es gran aristotlico y matemtico;
latino y griego, que no hay quien se le pare; al fin es un hombre muy
absoluto. Los libros que aqu ha traido son muchos, y son en tres
maneras: unos de mano griegos en gran copia; otros impresos en todas
facultades; otros de los luteranos: todos estos estn pblicos para
quien los pide, si no son los luteranos, que no se dan sino  los
hombres que tienen necesidad de los ver para el concilio. Ha sido tan
gran cosa esta, y tan grandemente dispuesta, que allende de grandes
costas que ha excusado, ha dado gran luz  todos, que ni supieran que
libros eran necesarios, ni de donde se habian de traer;  lo menos yo
no sabia que hacerme en este lugar. Tienen todos creido que medrar
mucho concluido este concilio, y que S. M. le har obispo, y su
santidad cardenal: plega  Dios que sea as, y en l estar todo bien
empleado[21]. As se explica aquel sabio aragons, testigo ocular de
las ocupaciones de D. Diego; y lo mismo aseguran cuantos eruditos le
trataron. Eran por cierto necesarios testimonios tan irrefragables para
creer que un poltico entregado  conocer, y manejar los intereses y
nimos de los soberanos, encargado de negocios gravsimos, atento 
tantas formalidades como la vanidad ha introducido en aquella carrera,
tuviese el tiempo, la aficion, y la abstraccion que se requiere para
estudios tan profundos. El mismo D. Diego dice en una carta que en su
vejez escribi  Zurita: Estoy maravillado de los muchos libros que
hallo leidos habiendo aprendido tan poco de ellos[22]. Anotaba lo que
lea, y como los viajes le imposibilitaban llevar consigo su librera,
le acaeci ilustrar tres y cuatro diferentes ejemplares manuscritos,
 impresos de un mismo autor. Agregaba la curiosidad de las monedas
antiguas, de que habia hecho un gran tesoro. Ocurria  tantos gastos
la liberalidad de Crlos V, que por este tiempo le libr 9,000 ducados
de ciertas cuentas, y le aadi una pension de 1,500 con el fin, segun
parece, de destinarle embajador  Roma.

      [21] _Dormer_, Progresos de la Hist. del reino de Aragon, _lib._
      IV, _cap._ XI; Cartas de D. Juan Paez de Castro,
      _fol._ 465.

      [22] _Ibid._, Carta de D. Diego de Mendoza, _escrita  Zurita_,
      _fol._ 593.

 este tiempo declar el emperador la guerra  los protestantes: toda
Alemania se conmovi, algunos padres del concilio meditaban ausentarse,
y aun los legados juzgaban oportuna la traslacion  interrupcion del
concilio, asustados del riesgo en que crean hallarse, por estar tan
inmediato Trento  los paises enemigos. D. Diego sinti en extremo
esta resolucion de algunos; hizo presente, que habiendo emprendido el
emperador aquella guerra  favor de la religion, y principalmente 
favor del concilio, le seria muy dolorosa la retardacion de este, y
que no era buena correspondencia que el Csar emprendiese guerra de
tanta consecuencia por mantener el concilio, y se disolviese este por
causa de la misma guerra[23]. Pas poco despues  Venecia, y antes se
despidi de los padres dia 17 de julio por la tarde, en que se celebr
junta con el motivo de la alteracion que habia ocurrido por la maana,
entre Dionisio Sanetin, obispo de Chiron, y el obispo de la Cava[24].

      [23] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ V, _n. 5_.

      [24] _Ibid._, _cap._ VI, _n. 1 et 2_.

En Venecia se quej amargamente  aquella seora de las desconfianzas
que habian tenido del emperador, y de que en fuerza de ellas hubiesen
sospechado que Crlos V intentaba sujetar toda la Alemania con pretexto
de religion; por cuya causa habia procurado la seora disuadir al
pontfice la confederacion con el Csar, y habia recibido embajadores
de las potencias enemigas. La respuesta fue excusar la seora lo que
se decia haber efectuado, y aparentar grande adhesion  los intereses
del emperador.

Regres  Trento, y volvise  tratar de la traslacion del concilio,
ya porque los legados recelaban de la inmediacion de los enemigos,
ya porque se hallaban disgustados en Trento. D. Diego,  quien habia
escrito el Csar su voluntad, expuso en una junta cuanto resista este
 la traslacion, de suerte que ninguna cosa podian proponerle mas
repugnante, que la ejecucion de tales designios: manifest con brio
y elocuencia cuantas consecuencias podian resultar[25]. Poco despues
se retir D. Diego  Venecia, y D. Francisco de Toledo  Florencia,
dejando en su lugar  los cardenales Madrucci y Pacheco, que siguieron
con teson el empeo del Csar, aunque no con mucha felicidad, pues se
celebr la sexta sesion el 13 de enero de 1547, y se public el decreto
sobre la justificacion; y aunque D. Diego facilmente podia volver 
Trento desde Venecia, se mantuvo en esta capital.

      [25] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ VIII.

El emperador crey que enviando  la corte de Roma  D. Diego, que
la conocia exactamente, aceleraria las cosas del concilio. En efecto
pas de embajador al pontfice en 1547 llevando en su compaa  D.
Martin Perez de Ayala. Pas por Venecia, Bolonia, Florencia, Capilla,
Risa, Luna, donde se detuvo el mes de febrero y marzo, muy cortejado
del duque de Pomblin, con quien tenia que tratar varios encargos del
emperador. Por pascua de resurreccion entr en Roma con el mayor
triunfo y pompa que hasta all habia entrado embajador alguno[26]:
hizo poco despues presente al pontfice en un escrito las razones del
emperador  favor del concilio, y los motivos que tenia para oponerse
 la traslacion,  suspension. El pontfice respondi apoyando la
traslacion del concilio; y entre tanto se celebr la sptima sesion
en 3 de marzo de 1548,  insistiendo los romanos en la traslacion,
se valieron de la casualidad de haber muerto dos prelados, y algunos
familiares de los legados para aparentar que habia peste. Opusironse
con ardor los espaoles, principalmente el cardenal Pacheco, pero al
fin se resolvi la traslacion  Bolonia en la octava sesion celebrada
en 11 de marzo, prevaleciendo cuarenta y cuatro votos contra doce que
se opusieron, casi todos espaoles. Estos dieron inmediato aviso al
emperador, que cuatro horas despues de sabida la noticia, envi una
posta  Roma, para que antes que el papa confirmase la traslacion, y se
estableciesen los padres en Bolonia, se volviesen  Trento. Entre tanto
habia vuelto  Roma D. Diego de Mendoza, y con su gran teson y eficacia
logr se detuviesen todas las determinaciones en Bolonia. Mand el
pontfice  los legados no declarasen por legtima la traslacion, sino
que prorogasen la sesion, como la prorogaron en la que se celebr el 21
de abril[27].

      [26] _Martin Perez de Ayala en su_ Vida.

      [27] _Palavic._, _lib._ XXIII, _cap._ XIII, _usque ad_ XX.

Empeado Crlos V en que el concilio volviese  Trento, mand al
cardenal Madrucci, que habia pasado  verle  Alemania, fuese  Roma,
y de acuerdo con D. Diego de Mendoza persuadiesen al pontfice el
restablecimiento del concilio por todos los medios que pudiesen. Dile
varias instrucciones para que las pusiese en ejecucion D. Diego, en
caso que el papa no asintiese  peticiones tan justas. En efecto todo
fue en Roma en vano, pues aunque D. Diego proponia que volverian
 la ciudad de Plasencia, que por aquellos dias habia sacudido el
yugo de los Farneses, pedia que primero se diese gusto al emperador
trasladando el concilio. El pontfice junt los cardenales, manifest
su agradecimiento al celo y buenos oficios del emperador, pero rehus
volver el concilio  Trento; y preguntndole al cardenal Madrucci, si
queria oir el dictmen de los cardenales sobre la materia, respondi
Madrucci: que D. Diego de Mendoza tenia que exponer aun  su beatitud
y al sacro colegio otras rdenes del emperador. Cinco dias despues se
present D. Diego, pidi pblica audiencia, y que asistiesen  ella
los embajadores de otros prncipes, para hacer una protesta con toda
formalidad; expuso en ella la necesidad de volver el concilio  Trento,
y los gravsimos inconvenientes que se originarian de la tardanza:
interrumpile el pontfice muchas veces, imput la culpa  los padres
de Trento, y aadi que deliberaria con los cardenales la respuesta:
retirse D. Diego, y convinieron en consultar  los padres de Bolonia,
quienes respondieron no rehusarian la traslacion  Trento; pero que era
exponer la iglesia universal  mayores perturbaciones: manifestaban la
conveniencia y facilidad de que los de Trento volviesen  Bolonia; y en
resolucion dejaban las cosas en el mismo estado, y la determinacion en
la voluntad del pontfice[28].

      [28] _Palavic._, _lib._ X, _cap._ VI, _usq. ad_ XV.

Informado por D. Diego el emperador de las intenciones de la corte
romana, orden  Francisco de Vargas y  Martin Soria Velasco, sus
procuradores, protestasen tambien en Bolonia, como lo ejecutaron con
todas las formalidades de derecho; pero no recibiendo sino respuestas
generales, se ausentaron de Bolonia al siguiente dia[29].

      [29] _Ibid._

Todas estas contestaciones fueron leves respecto de la protesta
que volvi  hacer en Roma D. Diego, luego que tuvo noticia de la
que acababan de hacer los procuradores. Pidi audiencia pblica al
pontfice, asistencia de los cardenales, el concurso de todos los
embajadores, y se present con toda ceremonia en aquel silencioso
congreso,  hincado de rodillas con la gravedad de su carcter ley en
nombre del emperador una vehementsima protesta, y acabada se volvi 
los cardenales, y les intim lo mismo, caso que el pontfice no pusiese
remedio: aadi las frmulas del derecho, puso por testigos  todos los
presentes, y pidi  todos los secretarios pusiesen en las actas su
protesta. Oyse con gran silencio el discurso, nadie le interrumpi, y
en todos hizo la impresion que se deja entender, de un emperador tan
poderoso  irritado[30].

      [30] _Palavic._, _lib._ X, _cap._ VI, _usq. ad_ XV.

El pontfice dijo  D. Diego se le daria respuesta en el inmediato
consistorio, en el que se ley una compuesta por el cardenal Polo,
en que repetia las razones generales, celo del papa, trabajo, y
peligro del concilio, y tomaba por medio en ella imputar  excesos del
embajador las proposiciones mas vehementes de la protesta; de suerte
que decia ser rrita, porque el encargo que el emperador habia hecho 
D. Diego era, no de entablar contestacion alguna con el papa, sino de
quejarse ante su beatitud como juez de los padres de Bolonia: refut
pues las razones del embajador, quien al acabar de oir la respuesta,
volvi  protestar, neg haberse excedido, y pidi que de lo actuado
no parase perjuicio  su soberano[31]. Sentido el papa, y confiado en
la liga con Francia, y en otros tratados polticos, respondi en otra
ocasion  varias instancias de D. Diego, parase mientes en que estaba
en su casa, y que no se excediese:  lo que respondi: era caballero,
y su padre lo habia sido, y como tal habia de hacer al pie de la letra,
lo que su seor le mandaba, sin temor alguno de su santidad, guardando
siempre la reverencia que se debe  un vicario de Cristo, y que siendo
ministro del emperador, su casa era donde quiera que pusiese los pies,
y all estaba seguro.

      [31] _Ibid._

En los quince dias inmediatos se proyectaron varios medios para la
reconciliacion, particularmente por los italianos, que temian mas
ruidoso rompimiento; pero mantenindose D. Diego firme, nada se
efectu. En situacion tan difcil eligi el papa suspender el concilio:
D. Diego se opuso con la mayor eficacia; intim al papa protestaria
mas fuertemente; pensronse varios medios para restablecer la paz;
todo tenia sus inconvenientes, nada se efectu, y en tan congojosa
incertidumbre muri Paulo III,  10 de noviembre de 1549. Ascendi al
pontificado en 7 de febrero del siguiente ao el cardenal Juan Maria de
Monte, que habia sido legado del concilio[32], quien tenia muy conocido
el mrito de D. Diego, y le estimaba tanto, que ya por su amistad, ya
porque esperaba llegaria por l  restablecer la buena armona con
el Csar, y  recaudar los derechos de la Santa Sede sobre Parma y
Plasencia; concedi por solas sus splicas el perdon  Ascanio Colona,
y le volvi todos los lugares y honores de que le habia despojado
muchos aos antes su antecesor[33]. Pero en lo que mas se conoci su
amistad,  su celo, fue en rendirse  las repetidas instancias que
le hizo para restablecer el concilio. Determinse  ejecutarlo as,
y acelerar la determinacion, principalmente porque D. Diego le hizo
presente que el emperador pedia pronta respuesta sobre este punto,
significando que las resoluciones que habia de tomar en la dieta de
Augusta, asignada para 24 de junio, serian adversas  favorables segun
la resolucion del papa. En efecto este expidi un diploma, para que se
diese principio al concilio en 1. de mayo de 1551, y as se ejecut,
asistiendo de embajador del Csar D. Francisco de Toledo, que lleg 
Trento en 29 de abril del mismo ao[34].

      [32] _Palavic._, _lib._ II, _cap._ V _et_ VIII.

      [33] _Palavic._, _cap._ VII.

      [34] _Ibid._, _cap._ XI.

Por este tiempo se mantenia D. Diego en Sena, cuyos habitantes de dia
en dia se precipitaban mas. Habia en la ciudad dos bandos principales,
el de Danove afecto  los espaoles; y el restante pueblo muy adverso;
y comprendiendo el gobernador por las enemistades de los particulares,
la imposibilidad de sujetarlos por la via de la moderacion y buen
trmino, como habia procurado en los principios, se arrim  los
primeros, y carg reciamente la mano sobre los contrarios para
sujetarlos. Habia edificado una fortaleza junto  la puerta Camoria,
camino de Florencia, y mand que todo el pueblo condujese all sus
armas, tratndolos con gran severidad y absoluto despotismo; pues
aquellos nimos enconados requerian remedios mas fuertes que su encono:
estaban sumamente cansados de los espaoles, y resueltos  sacudir
el yugo; buscaron el apoyo de los franceses, que le concedieron con
gran prontitud y complacencia, persuadidos les seria aquella ciudad
un seguro puerto, desde donde se extenderian  toda la Italia, como
pretendia Enrique II. Exasperados los seneses mas y mas, y llenos de
audacia con la proteccion de los franceses, hacian cuanto dao podian
 los espaoles; y un dia que D. Diego paseaba  caballo al rededor
de la fortaleza, dispararon contra l y le mataron el caballo. No se
atemoriz por esto: pas  Roma, y para conservar  Sena, y lo dems
que pudiese, pues sabia la venida de la armada turquesca contra las
costas de Italia, levant tres mil italianos, los entreg al conde
Petillano, su ntimo amigo, disimulado enemigo de los espaoles. En
conclusion Sena se levant, sitiaron la fortaleza, levantaron tropa,
recibieron socorros y capitanes de Francia, y D. Diego, luego que tuvo
la noticia, se vali de Ascanio de la Corna, nepote del pontfice,
y llevndole consigo fue  Perugi, y al castillo de la Piebe,
confinantes  Sena, para proveer de all lo que fuere conveniente; pero
considerando las muchas fuerzas de los seneses, dej all  Ascanio,
pas  Liorna, y en naves del duque de Florencia se fue  Orbitelo,
adonde juzgaba querian dirigirse los enemigos. Al fin el marqus de
Mariano, general de los imperiales, venci  Pedro Stroci, general
enemigo, siti  Sena, y  los quince meses de sitio la rindi con
condiciones muy humanas y decorosas al emperador en 22 de abril de
1555[35].

      [35] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ V.

Viendo el Csar que se necesitaba de mas continuo cuidado, nombr por
gobernador de Sena y sus dependencias al cardenal D. Francisco de
Mendoza, que como pariente de D. Diego habia contribuido mucho para
enviar socorros, y para que el duque de Florencia se resolviese 
defender el partido del emperador. D. Diego parece habia vuelto  Roma
 continuar su influjo sobre el concilio; y all ocurri que habiendo
faltado al respeto debido al emperador el barrachelo  alguacil cabeza
de los esbirros, le hizo castigar; por lo que indignado el pontfice,
di quejas al emperador, quien sabia muy bien no gustaba aquella corte
de D. Diego, porque la tenia muy comprendida; y as resolvi apartarle
de aquella embajada, y  principios del ao 1551 habia enviado por
embajador extraordinario  Roma  D. Juan Manrique de Lara, hijo de
los duques de Njera, con rden de que si no se hallaba en aquella
capital D. Diego, pasase por Sena donde estaria, y le comunicase las
instrucciones, para que como informado en los negocios, le advirtiese
y dirigiese en el manejo necesario y ejecucion de las rdenes que
llevaba. En el mismo ao volvi otra vez Manrique  Roma, y escribiendo
al Csar el pontfice, le dice entre otras cosas, que no diese oidos
 malas lenguas que no comprendian las entradas de su corazon, ni l
se las queria descubrir; que no decia esto por D. Diego de Mendoza,
 quien queria mucho por su valor  ingenio, y depositaba en l la
misma fe que S. M.; pero que donde se trataba el inters pblico, el
particular y privado podian poco con l[36]. Esto fue en el tiempo en
que se ocupaba D. Diego de Mendoza en levantar gente en la Romana,
tanto para defender las costas de Italia de los turcos, como para
enviar  las de frica amenazadas por este enemigo comun, y as remiti
mil italianos y muchos pertrechos con Antonio Doria y D. Berenguer de
Requesens.

      [36] _Sandoval_, Hist. de Crlos V, _tom._ III,
      _lib._ XXXI,  9.

Parece se volvi  Espaa por los aos 1554, donde se mantuvo en
el consejo de estado, y acompa  Felipe II en la gran jornada de
San Quintin el ao 1557, como l mismo da  entender ponderando el
nmero, provision y buen rden de aquel ejrcito. Vuelto  la corte de
Espaa se mantuvo en ella, no con la aceptacion de poltico tan sabio
como era, y de quien habia hecho tanta estima Crlos V, ya porque su
conducta en la Italia no agrad  Felipe II,  ya, porque como l mismo
decia quien decae en el valimiento, decae muchos grados.

Algun tiempo antes escribi dos clebres cartas crticas, agudas,
elocuentes, y llenas de los mas delicados primores del lenguaje
castellano sobre la Historia de la guerra de Crlos V contra los
luteranos, que public en folio en 1552 Pedro Salazar. Tom el disfraz
del bachiller Arcade: en la primera le critica abiertamente; y en la
segunda aparenta que le excusa, pero le agrava con igual acrimonia sus
yerros[37].

      [37] _Nicol. Ant._, Bibliot. _verb._ Petrus de Salazar.

Acaecile tambien, que hallndose en palacio tuvo palabras muy pesadas
con cierto caballero, de suerte que se vi en la necesidad de quitarle
un pual, y arrojarlo por un balcon. Desagrad mucho al rey D. Felipe
este hecho ruidoso; parece le mand prender, como se infiere de algunos
lugares de sus poesas, y aun sali desterrado de la corte en la edad
de 64 aos que habia gastado en importantes servicios de la corona. No
quebrant su constante nimo esta desgracia, y procur justificarse en
una carta escrita  un ilustrsimo seor que quiz seria D. Diego de
Espinosa, obispo de Sigenza y presidente de Castilla, de que hay copia
entre los manuscritos de Alvar Gomez de Castro en la Biblioteca Real.
En ella se mencionan varios lances mucho mas pesados que el suyo, sin
que se hubiese procedido contra los que los cometieron con tanto rigor,
y acaba as: Pudiera traer muchos ejemplos dems de estos de hombres
que se ha disimulado con ellos,  han sido restituidos brevemente,
y no fueron tenidos por locos; solo D. Diego de Mendoza anda por
puertas ajenas, porque de 64 aos tornando por s, ech un pual en
los corredores de palacio, sin poder excusarlo, ni exceder de lo que
bastaba. Y porque no me tengan por historiador, dejo de poner otros
muchos ejemplos, y si estos no bastaren, all ir mi mudo que hablar
por todos.

No bastaron sus disculpas para aplacar el nimo de Felipe II: se retir
despues  Granada donde vivi tranquilamente en el estudio, separado
de los negocios pblicos, aunque previendo las alteraciones que
sobrevendrian en aquel reino por causa de los moriscos, y poca armona
del capitan general y presidente de la chancillera, como se vi en el
ao de 1568, 69 y 70 que principi y dur aquella guerra, _parte de la
cual vi_ D. Diego _y parte oy de las personas que en ella pusieron
las manos y el entendimiento_: as la escribi con verdad y con tan
tiles reflexiones, que con dificultad se hallar otra en castellano
que la iguale, y ninguna que la exceda.

Mantvose en Granada todos aquellos aos entregado  sus estudios, sin
que dejase la diversion de la poesa, como se ve en la cancion que
dirigi  D. Diego de Espinosa, presidente de Castilla, celebrando
el capelo que la Santidad de Pio V le confiri en marzo de 1568: en
ella le trata como amigo  insinua en la ltima estrofa lo que padecia
desterrado. All era consultado de los sabios sobre las ciencias,
principalmente sobre las antigedades de Espaa, como consta de
Ambrosio Morales en la dedicatoria que dirigi  D. Diego, donde
confiesa su extraordinaria erudicion en la geografa, y su gran juicio
y exactitud en averiguar qu sitios y pueblos modernos corresponden
 los nombres de los lugares y ciudades antiguas, para lo cual hacia
muy til uso de las lenguas griega, hebrea y rabe, que nunca dej
de cultivar; y en este tiempo particularmente se dedic  investigar
las antigedades arbigas, convidado de los muchos monumentos que se
encontraban en Granada. Junt mas de cuatrocientos cdices rabes de
erudicion muy recndita, como lo asegur  Gernimo de Zurita con quien
tuvo particular amistad, y  quien habia servido con fineza, procurando
vencer los obstculos que los mulos de aquel historiador opusieron 
los Anales de Aragon. Comunicle tambien algunas noticias para ellos
con deseo de que insertase su nombre en aquella historia cuando ya casi
iba  cumplir setenta aos, como lo dice en carta de 9 de diciembre de
1573: de donde se infiere con certeza el tiempo de su nacimiento[38].

      [38] _Dormer_, Progresos, _lib._ IV, _cap._ XII;
      Carta de D. Diego de Mendoza, _fol. 502_.

Por este tiempo en que la avanzada edad y enfermedades le iban
postrando el nimo, busc consuelo en la comunicacion con Santa Teresa
de Jesus, que le escribi una respuesta complacindose la santa, y
otras religiosas que nuestro autor comunicaba, por la resolucion que
habia tomado de aspirar  la virtud; nota en la misma carta que era muy
conocido y estimado del padre fray Gernimo Gracian, que acompa  la
santa en el restablecimiento de su reforma, que segun se infiere del
contexto de ella, habia pedido D. Diego en dia determinado particulares
oraciones, y la santa le responde, tenian concertado comulgar todas
aquel dia por D. Diego, y ocuparlo lo mejor que pudiesen[39]. No
vivi mucho tiempo despues de esta comunicacion. Parece que Felipe II
le permiti venir  la corte,  para justificarse,  para liquidar
algunos asuntos pendientes. Encomend  Zurita le buscase vivienda
proporcionada,  inmediata  la suya: junt sus libros que ofreci al
rey[40]: se puso en camino;  pocos dias de haber llegado  Madrid le
acometi la ltima enfermedad, procedida del pasmo de una pierna, y le
acab la vida en abril de 1575, aunque Chacon en su Biblioteca afirma
muri en 1577.

      [39] Cartas de Sta. Teresa de Jesus, _tom._ I, _carta_ XI.

      [40] _Dormer_, Progresos, _lib._ IV, _cap._ XII;
      Cartas de D. Diego de Mendoza, _fol. 503_.

En 1610 public en un tomo en cuarto impreso en Madrid algunas de sus
poesas Fr. Juan Diaz Hidalgo, del hbito de San Juan, que las escogi
entre otras muchas del autor con este ttulo: _Obras del insigne
caballero D. Diego de Mendoza, embajador del emperador Crlos V en
Roma_, y le dedic  D. Iigo Lopez de Mendoza, cuarto marqus de
Mondejar. Dej de publicar otras muchas, ya por lo raro de las materias
de que tratan, ya porque no son para que vayan en manos de todos.

Pero lo que mas crdito le ha dado entre los sabios es la Historia de
la guerra de Granada, de la cual, si se hubiese de hacer una analsis
exacta, era menester dilatarse mucho; con todo no podemos dejar de
notar que nuestro autor refiere en ella, no solo las acciones, sino
que copia con viveza los nimos, caractres,  intenciones de los
personajes; descubre las causas de las resoluciones,  diferentes,
 encontradas; nota las competencias ftiles  intempestivas y los
intereses particulares;  internndose en los corazones, los delinea
con tanta exactitud, que en vista de los sucesos convence no podian
pensar de otra manera. Pinta los enemigos como fueron, pero confiesa
nuestro descuido y prdidas, reconoce sus yerros, pero manifiesta los
excesos de nuestras tropas: alaba  los moros cuando lo merecen, y
vitupera los defectos en que alguna vez incurri su mismo hermano. En
fin yo no encuentro quien haya imitado con mas acierto  Salustio y
 Tcito,  quienes imita en las sentencias y estilo: la proposicion
es imitacion de la historia de Tcito, la oracion del Zaguer es
elocuentsima, concisa, muy nerviosa, cortada al aire de Demstenes.
Las digresiones, aunque son en gran nmero, ganan la atencion por
su novedad, y porque toca en ellas muchos usos de nuestra antigua
milicia. El lenguaje y estilo son  juicio de D. Juan de Palafox
lo mejor que tenemos en castellano, y D. Nicols Antonio coloca su
elocuencia inmediata  la verbosidad de fray Luis de Granada. Verdad
es que algunos le notan de que se vale de trminos muy latinizados, 
muy oscuros; pero esto puede ser porque as se usasen en su tiempo, 
porque los crea mas puros mientras menos apartados de su orgen.

Por los hechos y escritos referidos, se puede hacer juicio de su nimo
y carcter; tuvo religion sin mezcla de supersticiones; fue tenaz y
constante en los empeos que emprendia; resuelto  incapaz de miedo
en la ejecucion de ellos, zeloso del bien pblico que defendia, aun
exponiendo su persona; diestro en el manejo de los negocios, perspicaz
en el conocimiento de las personas, de las que se valia el tiempo
que le aprovechaban. Esto como ministro pblico. Como particular era
afable, humano, amigo y protector de los sabios, inclinado  honestas
diversiones,  la conversacion de hombres doctos, los que trat como
amigos. Declinaba tal vez en algunas chanzas y agudezas satricas, como
lo manifiestan muchas de sus poesas inditas, y algunas impresas. Aun
hablando del gravsimo empleo de embajador, se burla delicadamente, y
escribe as  D. Luis de Ziga:

  _O embajadores puros majaderos!
  Que si los reyes quieren engaar,
  Comienzan por nosotros los primeros._

La gloria inmortal con que este grande hombre corri la carrera
militar, poltica y literaria, merece sin duda un elogio histrico
mas bien acabado que el que le hemos dado; mas por ahora solo puede
satisfacerse  los curiosos con este leve diseo: tal vez otro pincel
mas diestro nos dar con el tiempo retrato mas vivo de las prendas que
adornaron  este excelente escritor y discretsimo poltico.




                               LIBRO I.


Mi propsito es escribir la guerra que el rey catlico de Espaa
D. Felipe el II., hijo del nunca vencido emperador D. Crlos, tuvo
en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos:
parte de la cual yo vi, y parte entend de personas que en ella
pusieron las manos y el entendimiento. Bien s que muchas cosas
de las que escribiere parecern  algunos livianas y menudas para
historia, comparadas  las grandes que de Espaa se hallan escritas:
guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de ciudades
populosas; reyes vencidos y presos; discordias entre padres  hijos,
hermanos y hermanas, suegros y yernos; desposeidos, restituidos, y
otra vez desposeidos, muertos  hierro; acabados linajes; mudadas
sucesiones de reinos: libre y extendido campo, y ancha salida para los
escritores. Yo escog camino mas estrecho, trabajoso, estril, y sin
gloria; pero provechoso, y de fruto para los que adelante vinieren:
comienzos bajos, rebelion de salteadores, junta de esclavos, tumulto de
villanos, competencias, odios, ambiciones, y pretensiones; dilacion de
provisiones, falta de dinero, inconvenientes  no creidos,  tenidos
en poco; remision y flojedad en nimos acostumbrados  entender,
proveer, y disimular mayores cosas: y as no ser cuidado perdido
considerar de cuan livianos principios y causas particulares se viene
 colmo de grandes trabajos, dificultades y daos pblicos, y cuasi
fuera de remedio. Verse una guerra, al parecer tenida en poco, y
liviana dentro en casa, mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en
cuanto dur tuvo atentos, y no sin esperanza, los nimos de prncipes
amigos y enemigos, lejos y cerca: primero cubierta y sobresanada, y
al fin descubierta, parte con el miedo y la industria, y parte criada
con el arte y ambicion. La gente que dije, pocos  pocos junta,
representada en forma de ejrcitos; necesitada Espaa  mover sus
fuerzas, para atajar el fuego; el rey salir de su reposo, y acercarse
 ella; encomendar la empresa  D. Juan de Austria su hermano, hijo
del emperador D. Crlos,  quien la obligacion de las victorias del
padre moviese  dar la cuenta de s, que nos muestra el suceso. En
fin pelearse cada dia con enemigos; frio, calor, hambre; falta de
municiones, de aparejos en todas partes; daos nuevos, muertes  la
continua: hasta que vimos  los enemigos, nacion belicosa, entera,
armada, y confiada en el sitio, en el favor de los brbaros y turcos,
vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeida de sus casas y
bienes; presos y atados hombres y mujeres; nios cautivos vendidos en
almoneda,  llevados  habitar  tierras lejos de la suya: cautiverio
y transmigracion no menor, que las que de otras gentes se leen por
las historias. Victoria dudosa, y de sucesos tan peligrosos, que
alguna vez se tuvo duda si ramos nosotros,  los enemigos, los 
quien Dios queria castigar: hasta que el fin de ella descubri, que
nosotros ramos los amenazados, y ellos los castigados. Agradezcan y
acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas las cosas de odio 
de amor, los que quisieren tomar ejemplo,  escarmiento; que esto solo
pretendo por remuneracion de mi trabajo, sin que de mi nombre quede
otra memoria. Y porque mejor se entienda lo adelante, dir algo de la
fundacion de Granada, qu gentes la poblaron al principio, como se
mezclaron, como hubo este nombre, en quien comenz el reino de ella;
puesto que no sea conforme  la opinion de muchos; pero ser lo que
hall en los libros arbigos de la tierra, y los de Muley Hacn rey de
Tnez, y lo que hasta hoy queda en la memoria de los hombres, haciendo
 los autores cargo de la verdad.

[Nota al margen: 724.]

[Nota al margen: 1014.]

La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion de los de Damasco,
que vinieron con Tarif su capitan, y diez aos despues que los
alrabes echaron  los godos del seoro de Espaa, la escogieron
por habitacion; porque en el suelo y aire parecia mas  su tierra.
Primero asentaron en Libira, que antiguamente llamaban Illiberis, y
nosotros Elvira, puesta en el monte contrario de donde ahora est la
ciudad, lugar falto de agua, de poco aprovechamiento, dicho el cerro
de los Infantes; porque en l tuvieron su campo los infantes D. Pedro
y D. Juan, cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael.
Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en l la gente que
dej Tarif Abentiet despues de haberla tomado por luengo cerco; pero
poca, pobre, y de varias naciones, como sobras del lugar destruido. No
tuvieron rey hasta Habz Aben Habz, que junt los moradores de uno y
otro lugar, fundando ciudad  la torre de San Jos, que llamaban de
los Judos, en el alcazava; y su morada en la casa del Gallo,  San
Cristval en el Albaicin. Puso en el alto su estatua  caballo con
lanza y adarga, que  manera de veleta se revuelve  todas partes, y
letras que dicen: _Dijo Habz Aben Habz el sabio, que as se debe
defender el Andaluca_. Dicen, que del nombre de Naath su mujer, y por
mirar al poniente (que en su lengua llaman garb) la llam Garbnaath,
como Naath la del poniente. Los alrabes y asianos hablan de los
sitios, como escriben; al contrario y revs que las gentes de Europa.
Otros, que de una cueva  la puerta de Bibataubin, morada de la Cava,
hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre propio,
se llam Garnata, la cueva de Nata. Porque el de la Cava todas las
historias arbigas afirman, que le fue puesto por haber entregado su
voluntad al rey de Espaa D. Rodrigo; y en la lengua de los alrabes
cava quiere decir mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este
nombre por algunas partes; y la memoria en el soto y torre de Roma,
donde los moros afirman haber morado; no embargante que los que tratan
de la destruccion de Espaa ponen que padre  hija murieron en Ceuta. Y
los edificios que se muestran de lejos  la mar sobre el monte, entre
las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro de la
Cava cristiana, cierto es haber sido un templo de la ciudad de Cesarea
hoy destruida, y en otros tiempos cabeza de la Mauritania,  quien di
el nombre de cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra
que hizo  ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un cuero de
buey cercenado el sitio donde ahora est la ciudad, los mismos moros
lo tienen por fabuloso. Pero lo que se tiene por mas verdadero entre
ellos y se halla en la antigedad de sus escrituras, es haber tomado el
nombre de una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta
la aldea que llaman Alfacar, que en mi niez yo vi abierta, y tenida
por lugar religioso, donde los ancianos de aquella nacion curaban
personas tocadas de la enfermedad que dicen demonio. Esto cuanto al
nombre que tuvo en la edad de los moros; tanta variedad hay en las
historias arbigas, aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En
la nuestra conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana,
la decimos Granada, por ser abundante. Habz Aben Habz deshizo el
reino de Crdoba, y puso  Idriz en el seoro del Andaluca. Con esto,
con el desasosiego de las ciudades comarcanas, con las guerras que los
reyes de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los dos
pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada vino  mucha
grandeza. Desde entonces no faltaron reyes en ella hasta Abenhut, que
ech de Espaa los almoades,  hizo  Almera cabeza del reino. Muerto
Abenhut  manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo D.
Fernando el III, tomaron los de Granada por rey  Mahamet Alhamar, que
era seor de Arjona, y volvi la silla del reino de Granada, la cual
fue en tanto crecimiento, que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba
en mayor prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros; y
en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso cuidado  los reyes de
Castilla. Hay fama que Bulhaxix hall el alquimia, y con el dinero de
ella cerc el Albaicin: dividile de la ciudad; y edific el Alhambra
con la torre que llaman de Comares (porque cupo  los de Comares
fundalla); aposento real y nombrado, segun su manera de edificio, que
despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se
ven en una sala; alguno de ellos conocido en nuestro tiempo por los
ancianos de la tierra.

[Nota al margen: 1492.]

Ganaron  Granada los reyes llamados Catlicos Fernando  Isabel,
despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado y echado los moros de
Espaa en guerra continua de setecientos setenta y cuatro aos, y
cuarenta y cuatro reyes; acabada en tiempo, que vimos al rey ltimo
Boabdel (con grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de
su reino y ciudad y tornado  su primera patria allende la mar.
Recibieron las llaves de la ciudad en nombre de seoro, como es
costumbre de Espaa: entraron al Alhambra, donde pusieron por alcaide
y capitan general  D. Iigo Lopez de Mendoza conde de Tendilla,
hombre de prudencia en negocios graves, de nimo firme, asegurado
con luenga experiencia de reencuentros y batallas ganadas, lugares
defendidos contra moros en la misma guerra; y por prelado pusieron 
fray Fernando de Talavera, religioso de la rden de san Hiernimo,
cuyo ejemplo de vida y santidad Espaa celebra, y de los que viven,
algunos hay testigos de sus milagros. Dironles compaa calificada y
conveniente para fundar repblica nueva; que habia de ser cabeza de
reino, escudo y defension contra los moros de frica, que en otros
tiempos fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones
aunque juntas, para que los moros (cuyos nimos eran desasosegados y
ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo ser echados de
la ley, como del estado: porque los reyes, queriendo que en todo el
reino fuesen cristianos, enviaron  fray Francisco Jimenez, que fue
arzobispo de Toledo y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos,
gente dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron rehacios.
Tomse concierto, que los renegados,  hijos de renegados tornasen
 nuestra fe, y los dems quedasen en su ley por entonces. Tampoco
esto se observaba, hasta que subi al Albaicin un alguacil, llamado
Barrionuevo,  prender dos hermanos renegados en casa de la madre.
Alborotse el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil, y
barrearon las calles que bajan  la ciudad; eligieron cuarenta hombres
autores del motin para que los gobernasen, como acontece en las cosas
de justicia escrupulosamente fuera de ocasion ejecutadas. Subi el
conde de Tendilla al Albaicin, y despues de habrsele hecho alguna
resistencia apedrendole el adarga (que es entre ellos respuesta de
rompimiento), se la torn  enviar: al fin la recibieron, y pusironse
en manos de los reyes, con dejar sus haciendas  los que quisiesen
quedar cristianos en la tierra, conservar su hbito y lengua, no entrar
la inquisicion hasta ciertos aos, pagar fardas y las guardas; diles
el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto salieron
huyendo los cuarenta electos, y levantaron  Guejar, Lanjaron, Andarax;
y ltimamente Sierra Bermeja, nombrada por la muerte de D. Alonso de
Aguilar, uno de los mas celebrados capitanes de Espaa, grande en
estado y linaje. Soseg el conde de Tendilla y concert el motin de
Albaicin; tom  Guejar, parte por fuerza, parte rendida sin condicion,
pasando  cuchillo los moradores y defensores. En la cual empresa,
dicen que por no ir  Sierra Bermeja, debajo de D. Alonso de Aguilar su
hermano, con quien tuvo emulacion, se hall  servir, y fue el primero
que por fuerza entr en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez de
Crdoba, que vivia  la sazon en Loja desdeado de los Reyes Catlicos,
abriendo ya el camino para el ttulo de gran capitan, que  solas dos
personas fue concedido en tantos siglos: una entre los griegos caido
el imperio en tiempo de los emperadores Comnenos como  restaurador y
defensor del Andrnico Contestephano llamndole _megaduca_, vocablo
brbaramente compuesto de griego y latino, como acontece con los
estados perderse la elegancia de las lenguas: otra  Gonzalo Fernandez
entre los espaoles y latinos, por la gloria de tantas victorias
suyas, como viven y vivirn en la memoria del mundo. Hallronse all
entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio de Leiva, mozo
teniente de la compaa de Juan de Leiva su padre, y despues sucesor
en Lombarda de muchos capitanes generales sealados, y  ninguno de
ellos inferior en victorias. La presencia del Rey Catlico di fin con
mayor autoridad  esta guerra; mas guardse el rincon de Sierra Bermeja
para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que ganada la sierra, y rotos
los moros fue necesitado  quedar en ella con la oscuridad de la noche,
y con ella misma le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia.
Muri D. Alonso peleando, y salvse su hijo D. Pedro entre los muertos:
sali el conde de Urea, aunque dando ocasion  los cantares y libertad
espaola; pero como buen caballero.

Sosegada esta rebelion tambien por concierto, dironse los Reyes
Catlicos  restaurar y mejorar  Granada en religion, gobierno y
edificios: establecieron el cabildo, bautizaron los moros, trujeron la
chancillera, y dende  algunos aos vino la inquisicion. Gobernbase
la ciudad y reino como entre pobladores y compaeros con una forma
de justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones
encaminadas en comun al bien pblico: esto se acab con la vida de
los viejos. Entraron los celos; la division sobre causas livianas
entre los ministros de justicia y de guerra, las concordias en
escrito confirmadas por cdulas; traido el entendimiento de ellas
por cada una de las partes  su opinion; la ambicion de querer la
una no sufrir igual, y la otra conservar la superioridad, tratada
con mas disimulacion que modestia. Duraron estos principios de
discordia disimulada y manera de conformidad sospechosa el tiempo
de D. Luis Hurtado de Mendoza[41], hijo de D. Iigo, hombre de gran
sufrimiento y templanza; mas sucediendo otros, aunque de conversacion
blanda y humana, de condicion escrupulosa y propia; fuese apartando
este oficio del arbitrio militar, fundndose en la legalidad y
derechos, y subindose hasta el peligro de la autoridad, cuanto 
las preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan, son
aborrecidas de los menores y sospechosas  los iguales. Vnose  causas
y pasiones particulares, hasta pedir jueces de trminos; no para
divisiones  suertes de tierras, como los romanos y nuestros pasados;
sino con voz de restituir al rey  al pblico lo que le tenian ocupado,
y intento de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de los
principios en la destruccion de Granada comun  muchas naciones;
porque los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida
y mostrada  servir, vean condenarse y quitar  partir las haciendas
que habian poseido, comprado,  heredado de sus abuelos, sin ser oidos.
Juntronse con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor
importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos de mas alto.

      [41] Este D. Luis fue el segundo marqus de Mondejar y
      presidente de Castilla.

Pusieron los Reyes Catlicos el gobierno de la justicia y cosas
pblicas en manos de letrados, gente media entre los grandes y
pequeos, sin ofensa de los unos ni de los otros: cuya profesion
eran letras legales, comedimiento, secreto, verdad, vida llana y sin
corrupcion de costumbres; no visitar, no recibir dones, no profesar
estrecheza de amistades; no vestir, ni gastar suntuosamente, blandura
y humanidad en su trato, juntarse  horas sealadas para oir causas,
 para determinallas, y tratar del bien pblico.  su cabeza llaman
presidente, mas porque preside  lo que se trata, y ordena lo que se
ha de tratar, y prohibe cualquier desrden, que porque los manda.
Esta manera de gobierno, establecida entonces con menos diligencia,
se ha ido extendiendo por toda la cristiandad, y est hoy en el colmo
de poder y autoridad: tal es su profesion de vida en comun, aunque
en particular haya algunos que se desvien.  la suprema congregacion
llaman consejo real, y  las dems chancilleras, diversos nombres
en Espaa, segun la diversidad de las provincias.  los que tratan
en Castilla lo civil llaman oidores; y  los que tratan lo criminal
alcaldes (que en cierta manera son sujetos  los oidores): los unos y
los otros por la mayor parte ambiciosos de oficios ajenos y profesion
que no es suya, especialmente la militar; persuadidos del ser de su
facultad, que (segun dicen) es noticia de cosas divinas y humanas, y
ciencia de lo que es justo  injusto; y por esto amigos en particular
de traer por todo, como superiores, su autoridad, y apuralla  veces
hasta grandes inconvenientes, y raices de los que agora se han visto.
Porque en la profesion de la guerra se ofrecen casos que  los que no
tienen pltica de ella parecen negligencias; y si los procuran emendar,
cese en imposibilidades y lazos, que no se pueden desenvolver; aunque
en ausencia se juzgan diferentemente. Estiraba el capitan general su
cargo sin equidad, y procuraban los ministros de justicia emendallo.
Esta competencia fue causa que menudeasen quejas y captulos al rey;
con que cansados los consejeros, y l con ellos, las provisiones
saliesen varias,  ningunas, perdiendo con la oportunidad el crdito;
y se proveyesen algunas cosas de pura justicia, que atenta la calidad
de los tiempos, manera de las gentes, diversidad de ocasiones requerian
templanza  dilacion. Todo lo de hasta aqu se ha dicho por ejemplo,
y como muestra de mayores casos; con fin que se vea de cuan livianos
principios se viene  ocasiones de grande importancia, guerras,
hambres, mortandades, ruinas de estados, y  veces de los seores de
ellos. Tan atenta es la providencia divina  gobernar el mundo y sus
partes, por rden de principios, y causas livianas que van creciendo
por edades, si los hombres las quisiesen buscar con atencion.

Habia en el reino de Granada costumbre antigua, como la hay en otras
partes, que los autores de delitos se salvasen, y estuviesen seguros en
lugares de seoro; cosa que mirada en comun, y por la haz, se juzgaba
que daba causa  mas delitos, favor  los malhechores, impedimento 
la justicia, y desautoridad  los ministros de ella. Pareci por estos
inconvenientes, y por ejemplo de otros estados, mandar que los seores
no acogiesen gentes de esta calidad en sus tierras, confiados que
bastaba solo el nombre de justicia para castigallos donde quiera que
anduviesen. Mantenase esta gente con sus oficios en aquellos lugares,
casbanse, labraban la tierra, dbanse  vida sosegada. Tambien les
prohibieron la inmunidad de las iglesias arriba de tres dias; mas
despues que les quitaron los refugios, perdieron la esperanza de
seguridad, y dironse  vivir por las montaas, hacer fuerzas, saltear
caminos, robar y matar. Entr luego la duda tras el inconveniente,
sobre  que tribunal tocaba el castigo, nacida de competencia de
jurisdicciones; y no obstante que los generales acostumbrasen hacer
estos castigos, como parte del oficio de la guerra; cargaron  color
de ser negocio criminal, la relacion apasionada  libre de la ciudad,
y la autoridad de la audiencia, y psose en manos de los alcaldes, no
excluyendo en parte al capitan general. Diseles facultad para tomar 
sueldo cierto nmero de gente repartida pocos  pocos,  que usurpando
el nombre llamaban cuadrillas; ni bastantes para asegurar, ni fuertes
para resistir. Del desden, de la flaqueza de provision, de la poca
experiencia de los ministros en cargo que participaba de guerra, naci
el descuido,  fuese negligencia  voluntad de cada uno que no acertase
su mulo. En fin fue causa de crecer estos salteadores (monfes los
llamaban en lengua morisca), en tanto nmero, que para oprimillos 
para reprimillos no bastaban las unas ni las otras fuerzas. Este fue el
cimiento sobre que fundaron sus esperanzas los nimos escandalizados
y ofendidos; y estos hombres fueron el instrumento principal de la
guerra. Todo esto parecia al comun cosa escandalosa; pero la razon de
los hombres,  la providencia divina (que es lo mas cierto), mostr
con el suceso, que fue cosa guiada para que el mal no fuese adelante,
y estos reinos quedasen asegurados mientras fuese su voluntad.
Siguironse luego ofensas en su ley, en las haciendas, y en el uso de
la vida, as cuanto  la necesidad, como cuanto al regalo,  que es
demasiadamente dada esta nacion; porque la inquisicion los comenz 
apretar mas de lo ordinario. El rey les mand dejar la habla morisca,
y con ella el comercio y comunicacion entre s; quitseles el servicio
de los esclavos negros  quienes criaban con esperanzas de hijos,
el hbito morisco en que tenian empleado gran caudal: obligronlos
 vestir castellano con mucha costa, que las mujeres trujesen los
rostros descubiertos, que las casas acostumbradas  estar cerradas
estuviesen abiertas: lo uno y lo otro tan grave de sufrir entre
gente zelosa. Hubo fama que les mandaban tomar los hijos, y pasallos
 Castilla: vedronles el uso de los baos, que eran su limpieza y
entretenimiento; primero les habian prohibido la msica, cantares,
fiestas, bodas conforme  su costumbre, y cualesquier juntas de
pasatiempo. Sali todo esto junto, sin guardia ni provision de gente;
sin reforzar presidios viejos,  firmar otros nuevos. Y aunque los
moriscos estuviesen prevenidos de lo que habia de ser, les hizo tanta
impresion, que antes pensaron en la venganza que en el remedio. Aos
habia que trataban de entregar el reino  los prncipes de Berbera,
 al turco; mas la grandeza del negocio, el poco aparejo de armas,
vituallas, navos, lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder grande
del emperador, y del rey Felipe su hijo, enfrenaba las esperanzas, 
imposibilitaba las resoluciones, especialmente estando en pie nuestras
plazas mantenidas en la costa de frica, las fuerzas del turco tan
lejos, las de los cosarios de Argel mas ocupadas en presas y provecho
particular, que en empresas difciles de tierra. Furonseles con estas
dificultades dilatando los designios, apartndose ellos de los del
reino de Valencia, gente menos ofendida, y mas armada. En fin creciendo
igualmente nuestro espacio por una parte, y por otra los excesos de los
enemigos tantos en nmero, que ni podian ser castigados por manos de
justicia, ni por tan poca gente como la del capitan general; eran ya
sospechosas sus fuerzas para encubiertas, aunque flacas para puestas en
ejecucion. El pueblo de cristianos viejos adivinaba la verdad, cesaba
el comercio y paso de Granada  los lugares de la costa: todo era
confusion, sospecha, temor; sin resolver, proveer, ni ejecutar. Vista
por ellos esta manera en nosotros, y temiendo que con mayor aparejo les
contravinisemos, determinaron algunos de los principales de juntarse
en Cadiar, lugar entre Granada, y la mar, y el rio de Almera,  la
entrada de la Alpujarra. Tratse del cuando y como se debian descubrir
unos  otros, de la manera del tratado y ejecucion: acordaron que
fuese en la fuerza del invierno; porque las noches largas les diesen
tiempo para salir de la montaa y llegar  Granada, y  una necesidad
tornarse  recoger y poner en salvo, cuando nuestras galeras reposaban
repartidas por los invernaderos y desarmadas; la noche de navidad, que
la gente de todos los pueblos est en las iglesias, solas las casas, y
las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados,
desarmados, torpes con el frio, suspensos con la devocion, facilmente
podian ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta, y acostumbrada
 saltos semejantes. Que se juntasen  un tiempo cuatro mil hombres
de la Alpujarra, con los del Albaicin, y acometiesen la ciudad, y el
Alhambra, parte por la puerta, parte con escalas; plaza guardada mas
con la autoridad que con la fuerza: y por que sabian que el Alhambra,
no podia dejar de aprovecharse de la artillera, acordaron que los
moriscos de la vega tuviesen por contrasea las primeras dos piezas
que se disparasen, para que en un tiempo acudiesen  las puertas de
la ciudad, las forzasen, entrasen por ellas y por los portillos;
corriesen las calles, y con el fuego y con el hierro no perdonasen 
persona, ni  edificio. Descubrir el tratado sin ser sentidos y entre
muchos, era dificultoso: pareci que los casados lo descubriesen  los
casados, los viudos  los viudos, los mancebos  los mancebos; pero 
tiento, probando las voluntades y el secreto de cada uno. Habian ya
muchos aos antes enviado  solicitar con personas ciertas no solamente
 los prncipes de Berbera, mas al emperador de los turcos dentro
en Constantinopla, que los socorriese, y sacase de servidumbre, y
postreramente al rey de Argel pedido armada de levante y poniente en
su favor; porque faltos de capitanes, de cabezas, de plazas fuertes,
de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos para tomar, y
proseguir  solas tan gran empresa. Dems de esto resolvieron proveerse
de vitualla, elegir lugar en la montaa donde guardalla, fabricar
armas, reparar las que de mucho tiempo tenian escondidas, comprar
nuevas, y avisar de nuevo  los reyes de Argel, Fez, seor de Tituan,
de esta resolucion y preparaciones. Con tal acuerdo partieron aquella
habla; gente  quien el regalo, el vicio, la riqueza, la abundancia de
las cosas necesarias, el vivir luengamente en gobierno de justicia 
igualdad desasosegaba, y traa en continuo pensamiento.

Dende  pocos dias se juntaron otra vez con los principales del
Albaicin en Churriana fuera de Granada,  tratar del mismo negocio.
Habanles prohibido, como arriba se dijo, todas las juntas en que
concurria nmero de gente; pero teniendo el rey y el prelado mas
respeto  Dios que al peligro, se les habia concedido que hiciesen
un hospital y cofrada de cristianos nuevos, que llamaron de la
Resurreccion. (Dicen en espaol cofrada una junta de personas, que
prometen hermandad en oficios divinos y religiosos con obras.) En
dias sealados concurrian en el hospital  tratar de su rebelion
con esta cubierta; y para tener certinidad de sus fuerzas, enviaron
personas plticas de la tierra por todos los lugares del reino, que
con ocasion de pedir limosna reconociesen las partes de l  propsito
para acogerse, para recibir los enemigos, para traellos por caminos
mas breves, mas secretos, mas seguros, con mas aparejo de vituallas; y
estos echasen un pedido  manera de limosna, que los de veinte y cuatro
aos hasta cuarenta y cinco contribuyesen diferentemente de los viejos,
mujeres, nios, y impedidos: con tal astucia reconocieron el nmero de
la gente til para tomar armas, y la que habia armada en el reino.

[Nota al margen: 1568.]

Estos y otros indicios, y los delitos de los monfes mas pblicos,
graves y  menudo que solian, dieron ocasion al marqus de
Mondejar[42], al conde Tendilla su hijo,  cuyo cargo estaba la
guerra,  D. Pedro de Deza, presidente de la chancillera, caballero
que habia pasado por todos los oficios de su profesion, y dado buena
cuenta de ellos, al arzobispo,  los jueces de inquisicion, de poner
nuevo cuidado y diligencia en descubrir los motivos de estos hombres,
y asegurarse parte con lo que podian, y parte con acudir al rey y
pedir mayores fuerzas cada uno segun su oficio, para hacer justicia,
y reprimir la insolencia; que este nombre le ponian, como  cosa
incierta, hasta que estando el marqus de Mondejar en Madrid, fue
avisado el rey mas particularmente. Parti el marqus en diligencia, y
llev comision para crecer en la guardia del reino alguna poca gente,
pero la que pareci que bastaba en aquella ocasion, y en las que se
ofreciesen por mar contra los moros berberes. Mas las personas  cuyo
cargo era la provision, aunque se creyeron los avisos;  importunados
con el menudear de ellos,  juzgando  los autores por mas ambiciosos
que diligentes, hicieron provision tan pequea, que bast para mover
las causas de la enfermedad, y no para remedialla; como suelen
medicinas flojas en cuerpos llenos. Por lo cual, vistas por los monfes
y principales de la conjuracion las diligencias que se hacian de parte
de los ministros para apurar la verdad del tratado; el temor de ser
prevenidos, y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas, los acuci 
resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar  Berbera del trmino
en que las cosas se hallaban, y solicitar gente y armas con la armada,
dando por contraseo que entre los navos que viniesen de Argel y
Tituan trajesen las capitanas una vela colorada, y que los navos de
Tituan acudiesen  la costa de Marbella para dar calor  la sierra
de Ronda y tierra de Mlaga; y los de Argel  cabo de Gata, que los
romanos llamaban promontorio de Caridemo, para socorrer  la Alpujarra
y rios de Almera y Almazora, y mover con la vecindad los nimos de la
gente sosegada en el reino de Valencia. Mas estos estuvieron siempre
firmes:  que en la memoria de los viejos quedase el mal suceso de la
sierra de Espadan en tiempo del emperador Crlos;  que teniendo por
liviandad el tratado, y dificultosa la empresa, esperasen  ver como
se movia la generalidad, con que fuerzas, fundamento, y certeza de
esperanzas en Berbera. Enviaron  Argel al Partal que vivia en Narila,
lugar del partido de Cadiar, hombre rico, diligente y tan cuerdo, que
la segunda vez que fue  Berbera, llev su hacienda y dos hermanos,
y se qued en Argel. Este y el Jeniz, que despues vendi y mat al
Abenab su seor,  quien ellos levantaron por segundo rey, estaban en
aquella congregacion como diputados en nombre de toda la Alpujarra;
y por tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos, mas que
por sujetarse  otras sino  las que el rey de Argel los nombrase,
resolvieron en veinte y siete de setiembre hacer rey[43], persuadidos
con la razon de D. Fernando de Valor, el zaguer, que en su lengua
quiere decir el menor,  quien por otro nombre llamaban Aben Jauhar,
hombre de gran autoridad y de consejo maduro, entendido en las cosas
del reino y de su ley. Este viendo que la grandeza del hecho traa
miedo, dilacion, diversidad de casos; mudanzas de pareceres, los junt
en casa de Zinzan en el Albaicin, y les habl:

      [42] El tercer marqus de Mondejar es el que de aqu adelante
      siempre se nombra: llamse don Iigo y fue virey de Valencia y
      Npoles, y sobrino del autor.

      [43] Algo difiere Marmol, _lib._ IV, cap. 7, vase.

Ponindoles delante la opresion en que estaban, sujetos  hombres
pblicos y particulares, no menos esclavos que si lo fuesen.
Mujeres, hijos, haciendas, y sus propias personas en poder y
arbitrio de enemigos, sin esperanza en muchos siglos de verse fuera
de tal servidumbre: sufriendo tantos tiranos como vecinos, nuevas
imposiciones, nuevos tributos, y privados del refugio de los lugares
de seoro, donde los culpados, puesto que por accidentes  por
venganzas (esta es la causa entre ellos mas justificada), se aseguran:
echados de la inmunidad y franqueza de las iglesias, donde por otra
parte los mandaban asistir  los oficios divinos con penas de dinero;
hechos sujetos de enriquecer clrigos; no tener acogida  Dios ni
 los hombres; tratados y tenidos como moros entre los cristianos
para ser menospreciados, y como cristianos entre los moros para no
ser creidos ni ayudados. Excluidos de la vida y conversacion de
personas, mndannos que no hablemos nuestra lengua; y no entendemos
la castellana: en qu lengua habemos de comunicar los conceptos, y
pedir  dar las cosas, sin que no puede estar el trato de los hombres?
Aun  los animales no se vedan las voces humanas. Quin quita que
el hombre de lengua castellana no pueda tener la ley del Profeta, y
el de la lengua morisca la ley de Jesus? Llaman  nuestros hijos 
sus congregaciones y casas de letras: ensanles artes que nuestros
mayores prohibieron aprenderse, porque no se confundiese la puridad,
y se hiciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos amenazan
quitarlos de los brazos de sus madres, y de la crianza de sus padres,
y pasarlos  tierras ajenas, donde olviden nuestra manera de vida, y
aprendan  ser enemigos de los padres que los engendramos, y de las
madres que los parieron. Mndannos dejar nuestro hbito, y vestir
el castellano. Vstense entre ellos los tudescos de una manera, los
franceses de otra, los griegos de otra, los frailes de otra, los mozos
de otra, y de otra los viejos: cada nacion, cada profesion y cada
estado usa su manera de vestido, y todos son cristianos; y nosotros
moros, porque vestimos  la morisca, como si trujsemos la ley en
el vestido, y no en el corazon. Las haciendas no son bastantes para
comprar vestidos para dueos y familias; del hbito que traamos no
podemos disponer, porque nadie compra lo que no ha de traer; para
traello es prohibido, para vendello es intil. Cuando en una casa se
prohibiere el antiguo, y comprare el nuevo del caudal que tenamos
para sustentarnos, de qu viviremos? Si queremos mendigar nadie nos
socorrer como  pobres, porque somos pelados como ricos: nadie nos
ayudar, porque los moriscos padecemos esta miseria y pobreza, que los
cristianos no nos tienen por prjimos. Nuestros pasados quedaron tan
pobres en la tierra de las guerras contra Castilla, que casando su hija
el alcaide de Loja, grande y sealado capitan que llamaban Alatar,
deudo de algunos de los que aqu nos hallamos, hubo de buscar vestidos
prestados para la boda. Con qu haciendas, con qu trato, con qu
servicio  industria, en qu tiempo adquiriremos riqueza para perder
unos hbitos y comprar otros? Qutannos el servicio de los esclavos
negros; los blancos no nos eran permitidos por ser de nuestra nacion:
habamoslos comprado, criado, mantenido: esta prdida sobre las otras?
Qu harn los que no tuvieren hijos que los sirvan, ni hacienda con
que mantener criados si enferman, si se inhabilitan, si envejecen,
sino prevenir la muerte? Van nuestras mujeres, nuestras hijas, tapadas
las caras, ellas mismas  servirse y proveerse de lo necesario  sus
casas; mndanles descubrir los rostros: si son vistas, sern codiciadas
y aun requeridas; y verse quien son las que dieron la avilanteza al
atrevimiento de mozos y viejos. Mndannos tener abiertas las puertas
que nuestros pasados con tanta religion y cuidado tuvieron cerradas,
no las puertas, sino las ventanas y resquicios de casa. Hemos de ser
sujetos de ladrones, de malhechores, de atrevidos y desvergonzados
adlteros, y que estos tengan dias determinados y horas ciertas, cuando
sepan que pueden hurtar nuestras haciendas, ofender nuestras personas,
violar nuestras honras? No solamente nos quitan la seguridad, la
hacienda, la honra, el servicio, sino tambien los entretenimientos; as
los que se introdujeron por la autoridad, reputacion y demostraciones
de alegra en las bodas, zambras, bailes, msicas, comidas; como los
que son necesarios para la limpieza, convenientes para la salud.
Vivirn nuestras mujeres sin baos, introduccion tan antigua?
Vernlas en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenian la
limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad? Representles
el estado de la cristiandad; las divisiones entre herejes y catlicos
en Francia; la rebelion de Flandes; Inglaterra sospechosa; y los
flamencos huidos solicitando en Alemania  los prncipes de ella.
El rey falto de dineros y gente pltica, mal armadas las galeras,
proveidas  remiendos, la chusma libre; los capitanes y hombres de cabo
descontentos, como forzados. Si previniesen no solamente el reino de
Granada, pero parte del Andaluca que tuvieron sus pasados, y agora
poseen sus enemigos, pueden ocupar con el primer mpetu;  mantenerse
en su tierra, cuando se contenten con ella sin pasar adelante. Montaa
spera, valles al abismo, sierras al cielo, caminos estrechos,
barrancos y derrumbaderos sin salida: ellos gente suelta, pltica
en el campo, mostrada  sufrir calor, frio, sed, hambre; igualmente
diligentes y animosos al acometer, prestos  desparcirse y juntarse:
espaoles contra espaoles, muchos en nmero, proveidos de vitualla,
no tan faltos de armas que para los principios no les basten; y en
lugar de las que no tienen, las piedras delante de los pies, que contra
gente desarmada son armas bastantes. Y cuanto  los que se hallaban
presentes, que en vano se habian juntado, si cualquiera de ellos no
tuviera confianza del otro que era suficiente para dar cobro  tan gran
hecho, y si, como siendo sentidos habian de ser compaeros en la culpa
y el castigo, no fuesen despues parte en las esperanzas y frutos de
ellas, llevndolas al cabo. Cuanto mas que ni las ofensas podian ser
vengadas, ni deshechos los agravios, ni sus vidas y casas mantenidas,
y ellos fuera de servidumbre; sino por medio del hierro, de la union y
concordia, y una determinada resolucion con todas sus fuerzas juntas.
Para lo cual era necesario elegir cabeza de ellos mismos,  fuese
con nombre de jeque,  de capitan,  de alcaide,  de rey, si les
pluguiese, que los tuviese juntos en justicia y seguridad.

Jeque llaman ellos el mas honrado de una generacion, quiere decir, el
mas anciano:  estos dan el gobierno con autoridad de vida y muerte. Y
porque esta nacion se vence tanto mas de la vanidad de la astrologa y
adivinanzas, cuanto mas vecinos estuvieron sus pasados de Caldea, donde
la ciencia tuvo principio, no dej de acordalles  este propsito,
cuantos aos atrs por boca de grandes sabios en movimiento y lumbre de
estrellas, y profetas en su ley, estaba declarado, que se levantarian 
tornar por s; cobrarian la tierra y reinos que sus pasados perdieron,
hasta sealar el mismo ao despues que Mahoma les di la ley (hegira
le llaman ellos en su cuenta, que quiere decir el destierro, porque
la di siendo desterrado de Meca), y venia justo con esta rebelion.
Representles prodigios y apariencias extraordinarias de gente armada
en el aire  las faldas de Sierra Nevada, aves de desusada manera
dentro en Granada, partos monstruosos de animales en tierra de Baza,
y trabajos del sol con el eclipse de los aos pasados, que mostraban
adversidad  los cristianos,  quien ellos atribuyen el favor, 
disfavor de este planeta; como  s el de la luna.

Tal fue la habla que D. Fernando el zaguer les hizo; con que quedaron
animados, indignados y resueltos en general de rebelarse presto, y en
particular de elegir rey de su nacion; pero no quedaron determinados en
el cuando precisamente, ni  quien. Una cosa muy de notar califica los
principios de esta rebelion, que gente de mediana condicion mostrada 
guardar poco secreto y hablar juntos, callasen tanto tiempo, y tantos
hombres, en tierra donde hay alcaldes de corte y inquisidores, cuya
profesion es descubrir delitos. Habia entre ellos un mancebo llamado
D. Fernando de Valor, sobrino de D. Fernando el zaguer, cuyos abuelos
se llamaron Hernandos y de Valor, porque vivian en Valor, el alto,
lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre de la montaa: era
descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma,
hijos de su hija, que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Crdoba
y el Andaluca; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo padre estaba
preso por delitos en las crceles de Granada. En este pusieron los
ojos; as porque les movi la hacienda, el linaje, la autoridad del
tio; como porque habia vengado la ofensa del padre matando secretamente
uno de los acusadores, y parte de los testigos. De esta resolucion,
aunque no tan en particular, hubo noticia, y fue el rey avisado; pero
estaba el negocio cierto y el tiempo en duda: y, como suele acontecer
 las provisiones en que se junta la dificultad con el temor, cada
uno de los consejeros era en que se atajase con mayor poder; pero
juntos juzgaban ser el remedio fcil, y las fuerzas de los ministros
bastantes, el dinero poco necesario, porque habia de salir del mismo
negocio; y menospreciaban esto, encareciendo el remedio de mayores
cosas: porque los estados de Flandes desasosegados por el prncipe de
Orange eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que
las fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo
de la disciplina del emperador, testigo y parte en sus victorias,
bastasen para mayores empresas; todava lo que se temia de parte
de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas
sospechas de prncipes de Alemania, y designios de Italia, daban
cuidado; y tanto mayor por ser la rebelion de Flandes por causas de
religion comunes con los franceses, ingleses, y alemanes; y por quejas
de tributos, y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque
sean livianas y ellos bien tratados. Esto di  los enemigos mayor
avilanteza, y  nosotros causa de dilacion. Comenzaron  juntar mas al
descubierto gente de todas maneras: si hombre ocioso habia perdido su
hacienda, malbaratndola por redimir delitos; si homicida, salteador
 condenado en juicio,  que temiese por culpas que lo seria; los
que se mantenian de perjurios, robos, muertes; los que la maldad, la
pobreza, los delitos traan desasosegados, fueron autores  ministros
de esta rebelion. Si algun bueno habia y fuera de semejantes vicios,
con el ejemplo y conversacion de los malos brevemente se tornaba como
ellos; porque cuando el vnculo de la vergenza se rompe entre los
buenos, mas desenfrenados son en las maldades que los peores. En fin
el temor de que eran descubiertos, y seria prevenida su determinacion
con el castigo, movi  los que gobernaban el negocio, y entre ellos
 D. Fernando el zaguer,  pensar en algun caso con que obligasen y
necesitasen al pueblo  salir de tibieza, y tomar las armas. Juntronse
tercera vez las cabezas de la conjuracion y otras, con veinte y seis
personas del Alpujarra  San Miguel en casa del Hardon, hombre sealado
entre ellos,  quien mand el duque de Arcos despues justiciar. Posaba
en la casa del Carc, yerno suyo: eligieron  D. Fernando de Valor
por rey con esta solemnidad: los viudos  un cabo, los por casar 
otro, los casados  otro, y las mujeres  otra parte. Ley uno de sus
sacerdotes, que llaman faques, cierta profeca hecha en el ao de los
rabes de... y comprobada por la autoridad de su ley, consideraciones
de cursos y puntos de estrellas en el cielo, que trataba de su libertad
por mano de un mozo de linaje real, que habia de ser bautizado y hereje
de su ley, porque en lo pblico profesaria la de los cristianos.
Dijo que esto concurria en D. Fernando, y concertaba con el tiempo.
Vistironle de prpura, y pusironle  torno del cuello y espaldas una
insignia colorada  manera de faja. Tendieron cuatro banderas en el
suelo,  las cuatro partes del mundo, y l hizo su oracion inclinndose
sobre las banderas, el rostro al oriente (zal la llaman ellos), y
juramento de morir en su ley y en el reino; defendindola  ella, y 
l, y  sus vasallos. En esto levant el pie; y en seal de general
obediencia postrse Aben Farax en nombre de todos, y bes la tierra
donde el nuevo rey tenia la planta.  este hizo su justicia mayor:
llevronle en hombros, levantronle en alto diciendo: _Dios ensalce 
Mahomet Aben Humeya rey de Granada y de Crdoba_. Tal era la antigua
ceremonia con que elegian los reyes de la Andaluca, y despues los de
Granada. Escribieron cartas los capitanes de la gente  los compaeros
en la conjuracion; sealaron dia y hora para ejecutalla; fueron los que
tenian cargos  sus partidos. Nombr Aben Humeya por capitan general 
su tio Aben Jauhar, que parti luego para Cadiar, donde tenia casa y
hacienda.

Pasaba el capitan Herrera  la sazon de Granada para Abra con cuarenta
caballos, y vino  hacer la noche en Cadiar. Mas Aben Jauhar el
zaguer, vista la ocasion tan  su propsito, habl con los vecinos
persuadindoles que cada uno matase  su husped. No fueron perezosos;
porque pasada la media noche no hubo dificultad en matar muchos 
pocos, armados  desarmados, prevenidos  seguros y torpes con el
sueo, con el cansancio, con el vino: pasaron al capitan y  los
soldados por la espada. Venida la maana juntronse, y tomaron lo
spero de la sierra, como gente levantada; donde ni hubo tiempo ni
aparejo para castigallos. Este fue el primer exceso y mas descubierto
con que los enemigos,  por fuerza  por voluntad fueron necesitados
 tomar las armas sin otra respuesta de Berbera mas de esperanzas,
y esas generales. Era entonces Selim el II, emperador de los turcos
recien heredado, victorioso por la toma de Zigueto, plaza fuerte
y proveida en Hungra: habia hecho nueva tregua con el emperador
Maximiliano el II, concertndose con el sof por la parte de Armenia, y
por la de Suria con los jeques alrabes que le trabajaban sus confines,
y con los genzaros, infantera que se suele desasosegar con la entrada
de nuevo seor. Tenia en el nimo las empresas que descubri contra
venecianos en Cipro, contra el rey de Tnez en Berbera; y que como no
le convenia repartir sus fuerzas en muchas partes, as le convenia que
las del rey catlico estuviesen repartidas y ocupadas. Dcese, que en
este tiempo vino del rey de Argel respuesta  los moriscos animndolos
 perseverar en la prosecucion del tratado, pero excusndose de enviar
el armada, con que esperaba rden de Constantinopla. El rey de Fez,
como religioso en su ley, y del linaje de los Jarifes, tenidos entre
los moros por santos, les prometi mas resuelto socorro. Todava
vinieron por medio de personas fiadas  tratar ambos reyes de la
calidad del caso, de la posibilidad de los moriscos; y midiendo sus
fuerzas de mar y tierra con las del rey de Espaa, hallaron no ser
bastantes para contrastalle: y aunque se confederaron, solo fue para
que el rey de Argel hiciese la empresa de Tnez y Biserta, en tanto
que el rey D. Felipe estaba ocupado en allanar la rebelion de Granada;
y juntamente permitir que de sus tierras fuese alguna gente  sueldo
en especial de moros andaluces, que se habian pasado  Berbera; y
mercaderes pudiesen cargar armas, municiones, vitualla, con que los
moriscos fuesen por sus dineros socorridos.

Alpujarra llaman toda la montaa sujeta  Granada, como corre de
levante  poniente prolongndose entre tierra de Granada y la mar, diez
y siete leguas en largo, y once en lo mas ancho, poco mas  menos:
estril y spera de suyo, sino donde hay vegas; pero con la industria
de los moriscos (que ningun espacio de tierra dejan perder), tratable y
cultivada, abundante de frutos y ganados y cria de sedas. Esta montaa
como era principal en la rebelion, as la escogieron por sitio en
que mantener la guerra, por tener la mar donde esperaba socorro, por
la dificultad de los pasos y calidad de la tierra, por la gente que
entre ellos es tenida por brava. Habian ya pensado rebelarse otras dos
veces antes, una jueves santo, otra por setiembre de este ao: tenian
prevenido  Aluch Al con el armada de Argel; mas l entendiendo que el
conde de Tendilla estaba avisado y aguardndole en el campo, volvi,
dejndose de la empresa, con el armada  Berbera. En fin  los veinte
y tres de diciembre, luego que sucedi el caso de Cadiar, la misma
gente con las armas mojadas en la sangre de aquellos pocos, salieron en
pblico; movieron los lugares comarcanos y los dems de la Alpujarra,
y rio de Almera, con quien tenian comun el tratado, enviando por
corredores, y para descubrir los nimos y motivo de la gente de Granada
y la Vega,  Farax Aben Farax con hasta ciento y cincuenta hombres,
gente suelta y desmandada, escogida entre los que mayor obligacion y
mas esfuerzo tenian. Ellos recogiendo la que se les llegaba, tomaron
resolucion de acometer  Granada, y caminaron para ella con hasta
seis mil hombres mal armados, pero juntos y con buena rden, segun su
costumbre.

En Espaa no habia galeras: el poder del rey ocupado en regiones
apartadas, y el reino fuera de tal cuidado, todo seguro, todo sosegado:
que tal estado era el que  ellos parecia mas  su propsito. Los
ministros y gente en Granada mas sospechosa, que proveida; como pasa
donde hay miedo y confusion. Pero fue acontecimiento hacer aquella
noche tan mal tiempo, y caer tanta nieve en la sierra que llaman
Nevada y antiguamente Soloria, y los moros Solaira; que ceg los pasos
y veredas cuanto bastaba, para que tanto nmero de gente no pudiese
llegar. Mas Farax con los ciento y cincuenta hombres poco antes del
amanecer entr por la puerta alta de Guadix, donde junta con Granada el
camino de la sierra, con instrumentos y gaitas, como es su costumbre.
Llegaron al Albaicin, corrieron las calles, procuraron levantar el
pueblo haciendo promesas, pregonando sueldo de parte de los reyes de
Fez y Argel, y afirmando que con gruesas armadas eran llegados  la
costa del reino de Granada: cosa que escandaliz y atemoriz los nimos
presentes; y  los ausentes di tanto mas en que pensar, cuanto mas
lejos se hallaban: porque semejantes acaecimientos, cuanto mas se van
apartando de su principio, tanto parecen mayores, y se juzgan con mayor
encarecimiento. Y qu en un reino pacfico, lleno de armas, prudencia,
justicia, riquezas; gobernado por el rey que pocos aos antes habia
hecho en persona el mayor principio que nunca hizo rey en Espaa;
vencido en un ao dos batallas; ocupado por fuerza tres plazas al poder
de Francia; compuesto negocio tan desconfiado como la restitucion del
duque de Saboya; hecho por sus capitanes otras empresas; atravesado
sus banderas de Italia  Flandes (viaje al parecer imposible), por
tierras y gentes, que despues de las armas romanas nunca vieron otras
en su comarca; pacificado sus estados con victorias, con sangre, con
castigos; dentro, en el reposo, en la seguridad de su reino, en ciudad
poblada por la mayor parte de cristianos, tanto mar en medio, tantas
galeras nuestras; entrase gente armada con espadas de tantos hombres
por medio de la ciudad, apellidando nombres de reyes infieles enemigos!
Estado poco seguro es el de quien se descuida, creyendo que por sola su
autoridad nadie se puede atrever  ofendelle. Los moriscos, hombres mas
prevenidos que diestros, esperaban por horas la gente de la Alpujarra:
salian el Tagari y Monfarrix, dos capitanes, todas las noches al
cerro de Santa Helena por reconocer; y salieron la noche antes con
cincuenta hombres escogidos, y diez y siete escalas grandes, para
juntndose con Farax entrar en el Alhambra; mas visto que no venian al
tiempo, escondiendo las escalas en una cueva se volvieron, sin salir
la siguiente noche, parecindoles, como poco plticos de semejantes
casos, que la tempestad estorbaria  venir tanta gente junta, con que
pudiesen ellos y sus compaeros poner en ejecucion el tratado del
Alhambra; debindose esperar semejante noche para escalarla. Mas los
del Albaicin estuvieron sosegados en las casas, cerradas las puertas,
como ignorantes del tratado, oyendo el pregon; porque aunque se hubiese
comunicado con ellos, no con todos en general ni particularmente; ni
estaban todos ciertos del dia (aunque se dilat poco la venida), ni
del nmero de la gente, ni de la rden con que entraban, ni de la
que en lo por venir temian. Djose, que uno de los viejos abriendo
la ventana, pregunt: _cuantos eran_, y respondindole: _seis mil_,
cerr, y dijo: _pocos sois, y venis presto_, dando  entender que
habian primero de comenzar por el Alhambra, y despues venir por el
Albaicin, y con las fuerzas del rey de Argel. Tampoco se movieron los
de la Vega, que seguian  los del Albaicin; especialmente no oyendo
la artillera del Alhambra que tenian por contraseo. Habia entre los
que gobernaban la ciudad emulacion y voluntades diferentes; pero no
por esto as ellos como la gente principal y pueblo, dejaron de hacer
la parte que tocaba  cada uno. Estvose la noche en armas; tuvo el
conde de Tendilla el Alhambra  punto, escandalizado de la msica
morisca, cosa en aquel tiempo ya desusada; pero avisado de lo que era,
con mejor guardia. El marqus, aunque no tenia noticia del contraseo
que los moros habian dado  la gente de la Vega, y l le tenia dado
 la gente de la ciudad, que en la ocasion habia de disparar tres
piezas; temiendo que si se hacia pensasen los moros que estaba en
aprieto, y acometiesen el Alhambra, en que habia poca guardia, mand
que ningun movimiento se hiciese, ni se pidiese gente  la ciudad; que
fue la salvacion del peligro, aunque proveido  otro propsito; porque
acudiendo los moriscos de la Vega al contraseo, necesitaban  los
del Albaicin  declararse y juntarse con ellos, y como descubiertos
combatir la ciudad. Baj el conde  la plaza nueva y puso la gente en
rden: acudieron muchos de los forasteros y de la ciudad, personas
principales, al presidente D. Pedro de Deza por su oficio, por el
cuidado que le habian visto poner en descubrir y atajar el tratado,
por su afabilidad, buena manera generalmente con todos, y algunos por
la diferencia de voluntades que conocian entre l y el marqus de
Mondejar. Este, con solos cuatro de  caballo y el corregidor, subi
al Albaicin, mas por reconocer lo pasado, que suspender el dao que se
esperaba,  asosegar los nimos que ya tenia por perdidos, contento
con alargar algun dia el peligro; mostrando confianza, y gozar del
tiempo que fuese comun  ellos, para ver como procedian sus valedores;
y  l para armarse y proveerse de lo necesario, y resistir  los
unos y  los otros. Hablles: encareci su lealtad y firmeza, su
prudencia en no dar crdito  la liviandad de pocos y perdidos, sin
prendas, livianos; hombres que con las culpas ajenas pensaban redimir
sus delitos  adelantarse. Tal confianza se habia hecho siempre, y
en casos tan calificados de la voluntad que tenian al servicio del
rey, poniendo personas, haciendas y vidas con tanta obediencia 
los ministros; ofrecindose de ser testigo, y representador de su
fe y servicios, intercediendo con el rey para que fuesen conocidos,
estimados y remunerados. Pero ellos respondiendo pocas palabras, y
esas mas con semblante de culpados y arrepentidos que de determinados,
ofrecieron la obra y perseverancia que habian mostrado en todas las
ocasiones; y parecindole al marqus bastar aquello sin quitalles el
miedo que tenian del pueblo, se baj  la ciudad. Habia ya enviado 
reconocer los enemigos; porque ni del propsito, ni del nmero, ni de
la calidad de ellos, ni de las espaldas con que habian entrado se tenia
certeza, ni del camino que hacian. Refirieron que habiendo parado en
la casa de las Gallinas, atravesaban el Genil la vuelta de la sierra;
puso recaudo en los lugares que convenia; encomend al corregidor la
guardia de la ciudad; dej en el Alhambra donde habia pocos soldados
mal pagados, y estos de  caballo, el recaudo que bastaba, juntando 
este los criados y allegados del conde de Tendilla, personas de crdito
y amistades en la ciudad. l con la caballera que se hall, sigui
 los enemigos llevando consigo  su yerno y hijos[44]: siguironle,
parte por servir al rey, parte por amistad,  por probar sus personas,
por curiosidad de ver toda la gente desocupada y principal que se
hallaba en la ciudad. Sali con la gente de su casa el conde de Miranda
D. Pedro de Ziga[45], que  la sazon residia en pleitos, grande,
igual en estado y linaje: eran todos pocos, pero calificados. Mas los
enemigos, visto que los vecinos del Albaicin estaban quedos, y los de
la Vega no acudian; con haber muerto un soldado, herido otro, saqueado
una tienda y otra como en seal de que habian entrado, tomaron el
camino que habian traido, y por las espaldas de la Alhambra prolongando
la muralla, llegaron  la casa que por estar sobre el rio llamaban los
moros Dar-al-huet, y nosotros de las Gallinas, segun los atajadores
habian referido. Pararon  almorzar, y estuvieron hasta las ocho de la
maana; todo guiado por Farax para mostrar que habia cumplido con la
comision, y acusar  los del Albaicin  su miedo  su desconfianza,
y aun con esperanza que llegada la gente de la Alpujarra harian mas
movimiento. Pero despues que ni lo uno ni lo otro le sucedi, acogise
al camino de Nigueles arrimndose  la falda de la montaa, y puesto en
lo spero, camin haciendo muestra que esperaba. Pocos de la compaa
del marqus alcanzaron  mostrarse, y ninguno lleg  las manos por la
aspereza del sitio; aunque le siguieron por el paso del rio de Monachil
hasta atravesar el barranco, y de all al paraje de Dilar, por donde
entraron sin dao en lo mas spero.

      [44] Era este yerno D. Alonso de Crdenas, que despues por muerte
      de su padre fue conde de la Puebla.

      [45] Fue este D. Pedro conde de Miranda, hermano y suegro del que
      en nuestros dias fue presidente de Italia y de Castilla.

Dur este seguimiento hasta el anochecer, que pareci al marqus poco
necesario quedar all, y mucho proveer  la guarda y seguridad de la
ciudad; temeroso que juntndose los moriscos del Albaicin con los de la
Vega, la acometerian sola de gente y desarmada. Torn una hora antes de
media noche; y sin perder tiempo comenz  prevenir y llamar la gente
que pudo, sin dineros, y que estaba mas cerca; los que por servir al
rey, los que por su seguridad, por amistad del marqus, memoria del
padre y abuelo, cuya fama era grande en aquel reino, por esperanza de
ganar, por el ruido  vanidad de la guerra, quisieron juntarse. Hizo
llamamientos generales pidiendo gente  las ciudades y seores de la
Andaluca,  cada uno conforme  la obligacion antigua y usanza de los
concejos, que era venir la gente  su costa el tiempo que duraba la
comida que podia traer  los hombros (talegas las llamaban los pasados,
y nosotros ahora mochilas). Contbase para una semana; mas acabada
servian tres meses pagados por sus pueblos enteramente, y seis meses
adelante pagaban los pueblos la mitad, y otra mitad el rey: tornaban
estos  sus casas, venian otros; manera de levantarse gente daosa
para la guerra y para ella, porque siempre era nueva. Esta obligacion
tenian como pobladores por razon del sueldo que el rey les repartia por
heredades, cuando se ganaba algun lugar de los enemigos. Llam tambien
 soldados particulares aunque ocupados en otras partes;  los que
vivian al sueldo del rey,  los que olvidadas  colgadas las esperanzas
y armas reposaban en sus casas. Provey de armas y de vituallas; envi
espas por todas partes  calar el motivo de los enemigos; avis y
pidi dinero al rey, para resistillos y asegurar la ciudad. Mas en ella
era el miedo mayor que la causa: cualquier sospecha daba desasosiego,
y ponia los vecinos en arma; discurrir  diversas partes, de ah
volver  casa; medir el peligro cada uno con su temor, trocados de
continua paz en continua alteracion, tristeza, turbacion, y priesa;
no fiar de persona ni de lugar; las mujeres  unas y  otras partes
preguntar, visitar templos: muchas de las principales se acogieron 
la Alhambra, otras con sus familias salieron por mayor seguridad 
lugares de la comarca. Estaban las casas yermas y las tiendas cerradas;
suspenso el trato; mudadas las horas de oficios divinos y humanos;
atentos los religiosos y ocupados en oraciones y plegarias, como se
suele en tiempo y punto de grandes peligros. Lleg en las primeras la
gente de las villas sujetas  Granada, la de Alcal y Loja: envi el
marqus una compaa que sacase los cristianos viejos que estaban en
Restaval, cierto que el primer acometimiento seria contra ellos: en
Durcal puso dos compaas, porque los enemigos no pasasen  Granada sin
quedar guarnicion de gente  las espaldas; y  D. Diego de Quesada con
una compaa de infantera y otra de caballos en guarda de la puente
de Tablate, paso derecho de la Alpujarra  Granada. El presidente
aliviado ya del peligro presente, comenz  pensar con mas libertad en
el servicio del rey,  en la emulacion contra el marqus de Mondejar:
escribi  D. Luis Fajardo, marqus de Velez, que era adelantado del
reino de Murcia y capitan general en la provincia de Cartagena (ciudad
nombrada mas por la seguridad del puerto y por la destruicion que en
ella hizo Scipion el Africano, que por la grandeza  suntuosidad del
edificio), animndole  juntar gente de aquellas provincias y de sus
deudos y amigos, y entrar en el rio de Almera; donde haria servicio al
rey, socorreria aquella ciudad que de mar y tierra estaba en peligro,
y aprovecharia  la gente con las riquezas de los enemigos. Era el
marqus tenido por diligente y animoso; y entre l y el marqus de
Mondejar hubo siempre diferencias y alongamiento de voluntad, traido
dende los padres y abuelos. El de Velez sirvi al emperador en las
empresas de Tnez y Provenza, el de Mondejar en la de Argel; ambos
tenian noticia de la tierra donde cada uno de ellos servia. Comenz
el de Velez  ponerse en rden,  juntar gente, parte  sueldo de su
hacienda, parte de amigos.

Entre tanto el nuevo electo rey de Granada, en cuanto le dur la
esperanza que el Albaicin y la Vega habian de hacer movimiento, estuvo
quedo; mas como vi tan sosegada la gente, y las voluntades con tan
poca demostracion, sali solo camino de la Alpujarra: encontrronle
 la salida de Lanjaron,  pie, el caballo del diestro; pero siendo
avisado que no pasase adelante, porque la tierra estaba alborotada,
subi en su caballo, y con mas priesa tom el camino de Valor. Habian
los moriscos levantados hecho de s dos partes; una llev el camino de
Orgiba, lugar del duque de Sesa (que fue de su abuelo el Gran Capitan)
entre Granada y la entrada de la Alpujarra, al levante tierra de
Almera, al poniente la de Salobrea y Almuecar, al norte la misma
Granada, al mediodia la mar con muchas calas donde se podian acoger
navos grandes. Sobre esta villa como mas importante se pusieron
dos mil hombres repartidos en veinte banderas: las cabezas eran el
alcaide de Mecina y el corcen de Motril. Fueron los cristianos viejos
avisados, que serian como ciento y sesenta personas, hombres, mujeres
y nios: recogilos en la torre de Gaspar de Saravia, que estaba por
el duque. Mas los moros comenzaron  combatirla; pusieron arcabucera
en la torre de la iglesia, que los cristianos saltando fuera echaron
de ella: llegronse  picar la muralla con una manta, la cual les
desbarataron echando piedras y quemndola con aceite y fuego; quisieron
quemar las puertas, pero hallronlas ciegas con tierra y piedra.
Amonestbalos  menudo un almuedano desde la iglesia con gran voz, que
se rindiesen  su rey Aben Humeya. (Dicen almuedano al hombre que 
voces los convoca  oracion; porque en su ley se les prohibe el uso
de las campanas.) Llamaron  un vicario de Poqueira, hombre entre
unos y los otros de autoridad y crdito, para que los persuadiese 
entregarse; certificndoles que Granada y el Alhambra estaban ya en
poder de los moros: prometian la vida y libertad al que se rindiese,
y al que se tornase moro la hacienda y otros bienes para l y sus
sucesores: tales eran los sermones que les hacian. La otra banda de
gente camin derecho  Granada  hacer espaldas  Farax Aben Farax y
 los que enviaron, y  recibir al que ellos llamaban rey,  quien
encontraron cerca de Lanjaron, y pasaron con l adelante hasta Durcal.
Pero entendiendo que el marqus habia dejado puesta guarnicion en l,
volvieron  Valor el alto, y de all  un barrio que llaman Laujar
en el medio de la Alpujarra; adonde con la misma solemnidad que en
Granada, le alzaron en hombros y le eligieron por su rey. All acab
de repartir los oficios, alcaidas, alguacilazgos por comarcas ( que
ellos llaman en su lengua tahas), y por valles, y declar por capitan
general  su tio Aben Jauhar que llamaban D. Fernando el zaguer, y por
su alguacil mayor  Farax Aben Farax: (alguacil dicen ellos al primer
oficio despues de la persona del rey, que tiene libre poder en la vida
y muerte de los hombres sin consultarlo). Vistironle de prpura;
pusironle casa como  los reyes de Granada, segun que lo oyeron 
sus pasados. Tom tres mujeres; una con quien l tenia conversacion
y la trujo consigo, otra del rio de Almanzora, y otra de Tavernas;
porque con el deudo tuviese aquella provincia mas obligada, sin otra
con quien l primero fue casado, hija de uno que llamaban Rojas. Mas
dende  pocos dias mand matar al suegro y dos cuados, porque no
quisieron tomar su ley: dej la mujer, perdon la suegra, porque la
habia parido, y quiso gracias por ello como piadoso. Comenzaron por el
Alpujarra, rio de Almera, Bolodui, y otras partes  perseguir  los
cristianos viejos, profanar y quemar las iglesias con el sacramento,
martirizar religiosos y cristianos, que,  por ser contrarios  su
ley,  por haberlos dotrinado en la nuestra,  por haberlos ofendido,
les eran odiosos. En Guecija, lugar del rio de Almera, quemaron por
voto un convento de frailes agustinos, que se recogieron  la torre,
echndoles por un horado de lo alto aceite hirviendo: sirvindose de la
abundancia que Dios les di en aquella tierra, para ahogar sus frailes.
Inventaban nuevos gneros de tormentos: al cura de Mairena hincheron
de plvora y pusironle fuego; al vicario enterraron vivo hasta la
cinta, y jugronle  las saetadas;  otros lo mismo, dejndolos morir
de hambre. Cortaron  otros miembros, y entregronlos  las mujeres,
que con agujas los matasen:  quien apedrearon,  quien acaaverearon,
desollaron, despearon; y  los hijos de Arze, alcaide de la Peza,
uno degollaron, y otro crucificaron, azotndole, y hirindole en el
costado primero que muriese. Sufrilo el mozo, y mostr contentarse
de la muerte conforme  la de nuestro Redentor, aunque en la vida fue
todo al contrario; y muri confortando al hermano que descabezaron.
Estas crueldades hicieron los ofendidos por vengarse; los monfes por
costumbre convertida en naturaleza. Las cabezas,  las persuadian, 
las consentian: los justificados las miraban y loaban, por tener al
pueblo mas culpado, mas obligado, mas desconfiado, y sin esperanzas
de perdon: permitalo el nuevo rey, y  veces lo mandaba. Fue gran
testimonio de nuestra fe, y de compararse con la del tiempo de los
apstoles, que en tanto nmero de gente como muri  manos de infieles,
ninguno hubo (aunque todos  los mas fuesen requiridos y persuadidos
con seguridad, autoridad y riquezas, y amenazados y puestas las
amenazas en obra) que quisiese renegar; antes con humildad y paciencia
cristiana las madres confortaban  los hijos, los nios  las madres,
los sacerdotes al pueblo, y los mas distraidos se ofrecian con mas
voluntad al martirio. Dur esta persecucion cuanto el calor de la
rebelion y la furia de las venganzas; resistiendo Aben Jauhar y otros
tan blandamente, que encendian mas lo uno y lo otro. Mas el rey, porque
no pareciese que tantas crueldades se hacian con su autoridad, mand
pregonar que ninguno matase nio de diez aos abajo, ni mujer ni hombre
sin causa. En cuanto esto pasaba envi  Berbera  su hermano (que ya
llamaban Abdal) con presente de cautivos y la nueva de su eleccion
al rey de Argel, la obediencia al seor de los turcos: dile comision
que pidiese ayuda para mantener el reino. Tras l envi  Hernando el
Habaqui  tomar turcos  sueldo, de quien adelante se har memoria. Mas
este dejando concertados soldados, trajo consigo un turco llamado Dali,
capitan, con armas y mercaderes, en una fusta. Recibi el rey de Argel
 Abdal como  hermano del rey: regalle y vistile de paos de seda;
envile  Constantinopla, mas por entretener al hermano con esperanzas,
que por dalle socorro. En este mismo tiempo se acabaron de rebelar los
dems lugares del rio de Almera.

Estaba entonces en Dalias Diego de la Gasca, capitan de Adra,
que habiendo entendido el motin vspera de Navidad (dia sealado
generalmente para rebelarse todo el reino), iba por reconocer 
Ujijar; mas hallndola levantada, fue seguido de los enemigos hasta
encerralle en Adra, lugar guardado  la marina, asentado cuasi donde
los antiguos llamaban Abdera; que Pedro Verdugo, proveedor de Mlaga,
con barcos basteci de gente y vituallas, luego que entendi la
muerte del capitan Herrera en Cadiar. Pasaron adelante visto el poco
efecto que hacian en Adra, y juntando con su misma gente hasta mil y
cuatrocientos hombres con un moro que llamaban el Ram, ocuparon el
Chitre (Chutre le dicen otros), sitio fuerte junto  Almera, creyendo
que los moriscos vecinos de la ciudad tomarian las armas contra los
cristianos viejos: escribieron y enviaron personas ciertas  solicitar
entre otros  D. Alonso de Vanegas, hombre noble de gran autoridad, que
con la carta cerrada se fue al ayuntamiento de los regidores; y leida,
pensando un poco cay desmayado, mas tornndole los otros regidores y
reprendindole, respondi: _recia tentacion es la del reino_; y diles
la carta en que parecia como le ofrecian tomalle por rey de Almera.
Vivi doliente dende entonces, pero leal y ocupado en el servicio del
rey. Estaba D. Garca de Villarroel, yerno de D. Juan, el que muri
dende  poco en las Guajaras, por capitan ordinario en Almera, y
tomando la gente de la ciudad y la suya, di sobre los enemigos otro
dia al amanecer, pensando ellos que venia gente en su ayuda: rompilos,
y mat al Ram con algunos. Los que de all escaparon, juntndose
con otra banda del Cehel, y llevando  Hocaid de Motril por capitan,
tomaron  Castil de Ferro, tenencia del duque de Sesa por tratado,
matando la gente, sino  Machin el tuerto que se la vendi. De ah
pasaron  Motril, juntaron una parte del pueblo, y llevaron casas
de moriscos volviendo sobre Adra; de donde sali Gasca con cuarenta
caballos y noventa arcabuceros  reconocellos, y apartndose llam un
trompeta, cuyo nombre era Santiago, para enviar  mandar la gente;
mas fue tan alta la voz, que pudieron oilla los soldados, y creyendo
que dijese Santiago, como es costumbre de Espaa para acometer los
enemigos, arremetieron sin mas rden. Juntse Diego de la Gasca con
ellos, y fueron cuasi rotos los moros, retirndose con prdida de cien
hombres  la sierra. Iban estas nuevas cada dia creciendo; menudeaban
los avisos del aprieto en que estaban los de la torre en Orgiba; que
los moros de Berbera habian prometido gran socorro; que amenazaban 
Almera y otros lugares aunque guardados en la marina, proveidos con
poca gente. Temia el marqus si grueso nmero se acercase  Granada,
que desasosegarian el Albaicin, levantarian las aldeas de la Vega, y
tanto mayores fuerzas cobrarian, cuanto se tardase mas la resistencia:
darase nimo  los turcos de Berbera de pasar  socorrellos con
mayor priesa, confianza y esperanza; fortificarian plazas en que
recogerse, y no les faltarian personas plticas de esto y de la guerra
entre otras naciones que les ayudasen, y firmarian el nombre de reino;
puesto que vano y sin fundamento, perjudicial y odioso  los oidos del
seor natural, por grande y poderoso que sea; darase avilanteza  los
descontentos, para pensar novedades.

Estando las cosas en estos trminos vino Aben Humeya con la gente
que tenia sobre Tablate, y trabando con don Diego de Quesada una
escaramuza gruesa, carg tanta gente de enemigos, que le necesit 
dejar la puente, y retirarse  Durcal. Estas razones y el caso de D.
Diego fueron parte para que el marqus, con la gente que se hallaba,
saliese de Granada  resistillos, hasta que viniese mas nmero con que
acometellos  la iguala; dejando proveido  la guarda y seguridad de
la ciudad y Alhambra  su hijo el conde de Tendilla por su teniente;
al corregidor el sosiego, el gobierno, la provision de vituallas, la
correspondencia de avisar al uno y al otro, con el presidente, de
cuya autoridad se valiesen en las ocasiones. Sali de Granada  los
tres de hebrero con propsito de socorrer  Orgiba: vino  Alhendin,
y de all al Padul. La gente que sac fueron ochocientos infantes y
doscientos caballos; dems de estos, los hombres principales, que 
con edad,  con enfermedad  con ocupaciones pblicas no se excusaron,
seguanle, mirbanle como  salvador de la tierra, olvidada por
entonces  disimulada la pasion. Par en el Padul pensando esperar
all la gente de la Andaluca sin dinero, sin vitualla, sin bagajes:
con tan poca gente tom la empresa; pero la misma noche  la segunda
guardia oyndose golpes de arcabuz en Durcal, creyendo todos que los
enemigos habian acometido la guardia que all estaba, parti con la
caballera: hall que sintiendo su venida por el ruido de los caballos
en el cascajo del rio, se habian retirado con la escuridad de la noche,
dejando el lugar y llevando herida alguna gente; y el marqus para
no darles avilanteza, tornando al Padul, acord hacer en Durcal la
masa. En tiempo de tres dias llegaron cuatro banderas de Baeza, con
que crecia el marqus  mil y ochocientos infantes, y una compaa de
noventa caballos; y teniendo aviso del trabajo en que estaban los de
Orgiba, y que Aben Humeya juntaba gente para estorballe el paso de
Tablate, sali de Durcal.

Entre tanto el conde de Tendilla recibia y alojaba la gente de las
ciudades y seores en el Albaicin; y porque no bastaba para asegurarse
de los moriscos de la ciudad y la tierra, y proveer  su padre de
gente, nombr diez y siete capitanes, parte hijos de seores, parte
caballeros de la ciudad, parte soldados, pero todos personas de
crdito: aposentlos, y mantvolos sin pagas con alojamientos y
contribuciones. El marqus, dejando guardia en Durcal, par aquella
noche en Elchite, de donde parti en rden camino de la puente; y
habiendo enviado una compaa de caballos con alguna arcabucera 
recoger la gente que habia quedado atrs, para que asegurasen los
bagajes y embarazos, y mandado volver  Granada los desarmados que
vinieron de la Andaluca; tuvo aviso que los enemigos le esperaban,
parte en la ladera, parte en la salida de la misma puente, y la estaban
rompiendo. Eran todos cuasi tres mil y quinientos hombres, los mas de
ellos armados de arcabuces y ballestas, los otros con hondas y armas
enhastadas: comenzse una escaramuza trabada; mas el marqus, visto
que remolinaban algunas picas de su escuadron, arremeti adelante con
la gente particular de manera, que apret los enemigos hasta forzarlos
 dejar la puente, y pas una banda de arcabucera por lo que de ella
quedaba entero. Con esta carga fueron rotos del todo, retrayndose en
poca rden  lo alto de la montaa. Algunos arcabuceros llegaron 
Lanjaron, y entraron en el castillo que estaba desamparado: reparse
la puente con puertas, con rama, con madera que se trajo del lugar de
Tablate, por donde pas la caballera: el resto del campo se aposent
en l sin seguir los enemigos, por ser ya tarde y haberse ellos acogido
 lo fuerte, donde los caballos no les podian daar. El dia siguiente,
dejando en la puente al capitan Valdivia con su compaa para seguridad
de las escoltas que iban de Granada  la Alpujarra, por ser paso de
importancia, tom el camino de Orgiba donde los enemigos le esperaban
al paso en la cuesta de Lanjaron; y habiendo sacado una banda de
arcabucera con algunos caballos, mand  don Francisco su hijo[46],
que con ellos se mejorase en lo alto de la montaa, yendo l su camino
derecho sin estorbo; porque Aben Humeya, con miedo que le tomasen los
nuestros las cumbres que tenia para su acogida, dej libre el paso;
aunque la noche antes habia tenido su campo enfrente del nuestro con
muchas lumbres y msica en su manera, amenazando nuestra gente y
apercibindola para otro dia  la batalla. Llegado el marqus  Orgiba
socorri la torre, en trmino que si tardara, era necesario perderse
por falta de agua y vitualla, cansados de velar y resistir. He querido
hacer tan particular memoria del caso de Orgiba, porque en l hubo
todos los accidentes que en un cerco de grande importancia; sitiados y
combatidos, quitadas las defensas, salidas de los de dentro contra los
cercadores,  falta de artillera picados los muros, al fin hambreados,
socorridos con la diligencia que ciudades  plazas importantes; hasta
juntarse dos campos tales cuales entonces los habia, uno  estorbar,
otro  socorrer, darse batalla donde intervino persona y nombre de
rey. Socorrida y proveida Orgiba de vitualla, municion y gente, la
que bastaba para asegurar las espaldas al campo, mandando volver 
Granada  rden del conde su hijo cuatro compaas de caballera, y una
de infantera para guarda de la ciudad, parti contra Poqueira donde
tuvo aviso que Aben Humeya habia parado resuelto de combatir: junt
con su gente dos compaas, una de infantera y otra de caballos, que
le vino de Crdoba. Cerca del rio que divide el camino entre Orgiba y
Poqueira, descubri los enemigos en el paso que llaman Alfajarali. Eran
cuatro mil hombres los principales que gobernaban apeados: hicieron
una ala delgada en medio,  los costados espesa de gente como es su
costumbre ordenar el escuadron;  la mano derecha, cubiertos con un
cerro, habia emboscados quinientos arcabuceros y ballesteros; dems
de esto otra emboscada en lo hondo del barranco, luego pasado el rio,
de mucho mayor nmero de gente. La que el marqus llevaba serian
dos mil infantes y trescientos caballos en un escuadron prolongado
guarnecido de arcabucera y mangas, segun la dificultad del camino. La
caballera, parte en la retaguardia, parte  un lado, donde la tierra
era tal que podian mandarse los caballos; pero guarnecida asimismo
de alguna infantera: porque en aquella tierra, aunque los caballos
sirvan mas para atemorizar que para ofender, todava son provechosos.
Apart del escuadron dos bandas de arcabucera y cien caballos, con
que su hijo D. Francisco fuese  tomar las cumbres de la montaa:
en esta rden bajando al rio, comenz  subir escaramuzando con los
enemigos; mas ellos, cuando pensaron que nuestra gente iba cansada,
acometieron por la frente, por el costado, y por la retaguardia, todo
 un tiempo; de manera que cuasi una hora se pele con ellos  todas
partes y  las espaldas, no sin igualdad y peligro; porque la una
banda de arcabucera estuvo en trminos de desrden, y la caballera
lo mismo; pero socorri el marqus con su persona los caballos, y
enviando socorro  los infantes. Viendo los enemigos que les tomaba
los altos nuestra arcabucera, ya rotos se recogieron  ellos con
tiempo, desamparando el paso. Siguise el alcance mas de media legua
hasta un lugar que dicen Lubien: la noche y el cansancio estorb que
no se pasase adelante; murieron de ellos en este rencuentro cuasi
seiscientos, de los nuestros siete; hubo muchos heridos de arcabuces
y ballestas. Don Francisco de Mendoza, hijo del marqus, y D. Alonso
Portocarrero, fueron aquel dia buenos caballeros, entre otros que all
se hallaron: D. Francisco cercado y fuera de la silla, se defendi con
dao de los enemigos rompiendo por medio. D. Alonso, herido de dos
saetadas con yerba, pele hasta caer trabado del veneno usado dende
los tiempos antiguos entre cazadores. Mas porque se va perdiendo el
uso de ella con el de los arcabuces, como se olvidan muchas cosas con
la novedad de otras, dir algo de su naturaleza. Hay dos maneras, una
que se hace en Castilla en las montaas de Bejar y Guadarrama ( este
monte llamaban los antiguos Orospeda, y al otro Idubeda), cociendo el
zumo de vedegambre  que en lengua romana y griega dicen elboro negro
hasta que hace correa, y curndolo al sol, lo espesan y dan fuerza[47];
su olor agudo no sin suavidad, su color escuro, que tira  rubio. Otra
se hace en las montaas nevadas de Granada de la misma manera, pero de
la yerba que los moros dicen rejalgar, nosotros yerba, los romanos y
griegos acnito, y porque mata los lobos, lycoctnos; color negro, olor
grave, prende mas presto, daa mucha carne: los accidentes en ambas los
mismos, frio, torpeza, privacion de vista, revolvimiento de estmago,
arcadas, espumajos, desflaquecimiento de fuerzas hasta caer. Envulvese
la ponzoa con la sangre donde quier que la halla, y aunque toque la
yerba  la que corre fuera de la herida, se retira con ella, y la lleva
consigo por las venas al corazon, donde ya no tiene remedio; mas antes
que llegue hay todos los generales: chpanla para tirarla  fuera,
aunque con peligro; psyllos llamaban en lengua de Egipto  los hombres
que tenian este oficio[48]. El particular remedio es zumo de membrillo,
fruta tan enemiga de esta yerba, que donde quier que la alcanza el
olor, le quita la fuerza; zumo de retama, cuyas hojas machacadas he yo
visto lanzar de suyo por la herida cuanto pueden buscando el veneno
hasta topallo, y tiralle fuera: tal es la manera de esta ponzoa, con
cuyo zumo untan las saetas envueltas en lino porque se detenga. La
simplicidad de nuestros pasados, que no conocieron manera de matar
personas sino  hierro, puso  todo gnero de veneno nombre de yerbas:
usse en tiempos antiguos en las montaas de Abruzzo, en las de Candia,
en las de Persia: en los nuestros en los Alpes que llaman Monsenis hay
cierta yerba poco diferente, dicha tora, con que matan la caza, y otra
que dicen antora,  manera de dictamno, que la cura.

      [46] Este D. Francisco es el almirante de Aragon, que despues
      de varios casos y fortunas se orden de clrigo y fue obispo
      de Sigenza.

      [47] Algo difiere de lo que dice Laguna sobre Dioscrides, lib.
      IV, cap. 79 y cap. 153.

      [48] Plin. lib. VII, cap. 2, y lib. VIII, cap. 25.

Entrse Poqueira, lugar tan fuerte, que con poca resistencia se
defendiera contra mucho mayores fuerzas. Los moros confindose del
sitio le habian escogido por depsito de sus riquezas, de sus mujeres,
hijos, y vitualla: todo se di  saco; los soldados ganaron cantidad
de oro, ropa, esclavos, la vitualla se aprovech cuanto pudo; mas la
priesa de caminar en seguimiento de los enemigos, porque en ninguna
parte se firmasen, y la falta de bagajes en que la cargar y gente con
que aseguraba, fue causa de quemar la mayor parte, porque ellos no se
aprovechasen. Parti el marqus el dia siguiente de Poqueira, y vino
 Pitres, donde se detuvo curando los heridos, dando cobro  muchos
cautivos cristianos que libert, ordenando las escoltas, y tomando
lengua. Alcanzronle en este lugar dos compaas de caballos de Crdoba
y una de infantera: en l tuvo nueva como Aben Humeya con mayor nmero
de gente le esperaba en el puerto que llaman de Jubiles, lugar  su
parecer de ellos donde era imposible pasar sin prdida. Mas queriendo
los enemigos tentar primero la fortuna de la guerra, saltearon nuestro
alojamiento con cinco banderas, en que habia ochocientos hombres: el
dia siguiente  mediodia, aprovechndose de la niebla y de la hora
del comer, acometieron por tres partes, y porfiaron de manera hasta
que llegaron  los cuerpos de guardia peleando, pero en ellos fueron
resistidos con prdida de gente y dos banderas: hubo algunos heridos
de los nuestros. Sosegada y refrescada la gente, dejando los heridos
y embarazos con buena guardia, parti el marqus ahorrado contra Aben
Humeya; y por descuidarle escogi el camino spero de Trevelez por
la cumbre de la sierra de Poqueira, donde algunos moros desmandados
desasosegaron nuestra retaguardia sin dao. Passe aquella noche fuera
de Trevelez sobre la nieve, con poco aparejo y frio demasiado. Habia
venido  Pitres un mensajero de Zaguer que decian Aben Jauhar, tio y
general de Aben Humeya,  pedir apuntamientos de paz; pero llevndole
el marqus consigo le respondi; _Que brevemente pensaba dalle la
respuesta, como convenia al servicio de Dios y del rey_. Dcese que ya
el zaguer andaba recatado de que Aben Humeya le buscase la muerte; y
continuando su camino para Jubiles con una compaa mas de infantera
y otra de caballos de cija, cuyo capitan era Tello de Aguilar, lleg
 vista de Jubiles donde sali un cristiano viejo con tres moros 
entregalle el castillo. Habia dentro mujeres y hijos de los moros que
estaban en campo con Aben Humeya, gente intil y de estorbo para quien
no tiene cuenta con las mujeres y nios, y algunos moros de paz viejos;
mas porque era necesario ocupar mucha gente para guardallos, y si
quedaran sin guarda se huyeran  los enemigos, mand que los llevasen
 Jubiles. Acaeci, que un soldado de los atrevidos lleg  tentar una
mujer si traa dineros, y alguno de los moriscos ( fuese marido 
pariente)  defendella, de que se trab tal ruido, que de los moriscos
cuasi ninguno qued vivo; de las moriscas hubo muchas muertas, de los
nuestros algunos heridos, que con la escuridad de la noche se hacian
dao unos  otros. Dcese que hubo gente de los enemigos mezclada
para ver si con esta ocasion pudieran desordenar el campo, y que
arrepentidos de la entrega que el zaguer hizo, los padres, hermanos y
maridos de las moras quisieron procurar su libertad: la escuridad de la
noche y la confusion fue tanta, que ni capitanes ni oficiales pudieron
estorbar el dao.




                               LIBRO II.


En tanto que las cosas de la Alpujarra pasaban como tenemos dicho,
se juntaron hasta quinientos moros con dos capitanes, Giron de las
Albuuelas y Nacoz de Niguels,  tentar la guardia, que el marqus
habia dejado en la puente de Tablate; teniendo por cierto que si
de all la pudiesen apartar, se quitaria el paso y el aparejo 
las escoltas, y nuestro campo con falta de vituallas se desharia.
Vinieron sobre la puente hallndola falta de gente, y la que habia
desapercibida: acometieron con tanto denuedo, que la hicieron retirar;
parte no par hasta Granada, muchos de ellos murieron sin pelear en el
alcance, parte se encerraron en una iglesia donde acabaron quemados,
con que la puente qued por los enemigos. Mas el conde de Tendilla,
sabida la nueva, envi  llamar con diligencia  D. lvaro Manrique,
capitan del marqus de Pliego, que con trescientos infantes y ochenta
caballos de su cargo estaba alojado dos leguas de Granada. Lleg
 la puente de Genil al amanecer, donde el conde le esperaba con
ochocientos infantes y ciento y veinte caballos: avisado del nmero de
los enemigos entregles la gente, y dile rden que peleando con ellos,
desembarazado el paso le dejase guardado, y l con el resto de ella
pasase  buscar al marqus. Cumpli D. lvaro con su comision hallando
la puente libre, y los moros idos.

En Jubiles lleg el capitan D. Diego de Mendoza enviado por el rey,
para que llevase relacion de la guerra, manera de como se gobernaba el
marqus, del estado en que las cosas se hallaban; porque los avisos
eran tan diferentes, que causaban confusion en las provisiones; como
no faltan personas que por pretensiones  por pasion  opinion  buen
celo, culpan  excusan las obras de los ministros. Parti el marqus
de Jubiles, vino  Cadiar donde fue la muerte del capitan Herrera;
de all  Ujijar: en el camino mand combatir una cueva, en que se
defendian encerrados cantidad de moros con sus mujeres y hijos, hasta
que con fuego y humo fueron tomados. Estando en Ujijar fue avisado
que Aben Humeya juntas todas sus fuerzas le esperaba en el paso de
Paterna tres leguas de Ujijar, y sin detenerse parti. Caminando le
vinieron dos moros de parte de Aben Humeya con nuevos partidos de
paz, mas el marqus sin respuesta los llev consigo hasta dar con su
vanguardia en la de los enemigos; y en una quebrada junto  Iiza
pelearon con harta pertinencia, por ser mas de cinco mil hombres y
mejor armados que en Jubiles: pero fueron rotos del todo tomndoles el
alto, y acometindolos con la caballera D. Alonso de Crdenas, conde
de la Puebla: no se sigui el alcance por ser noche. Envi el marqus
doscientos caballos, que le siguieron hasta la nieve y aspereza de la
sierra, matando y cautivando; y l  dos horas de noche par en Iiza:
otro dia vino  Paterna; dila  saco; no hallaron los soldados en
ella menos riqueza que en Poqueira. El rencuentro de Paterna fue la
postrera jornada en que Aben Humeya tuvo gente junta contra el marqus;
el cual parti sin detenerse para Andarax en seguimiento de las sobras
de los enemigos, habiendo enviado delante infantera y caballera 
buscallos en el llano, y en la sierra que dicen el Cehel cerca de la
mar: montaa buena para ganados, caza y pesca; aunque en algunas partes
falta de agua. Dicen los moros, que fue patrimonio del conde Julian el
traidor, y aun duran en ella y cerca memorias de su nombre; la torre,
la rambla Juliana, y Castil de Ferro. Llegado  Andarax envi  su
hijo D. Francisco con cuatro compaas de infantera y cien caballos 
Ohaez, donde entendi que se recogian enemigos; mas por avisos ciertos
del capitan de Adra supo que en l no habia cuarenta personas, y por
alguna falta de vituallas le mand tornar. Recogi y envi  Granada
gran cantidad de cautivos cristianos,  quien habia dado libertad en
todos los pueblos que gan y se le rindieron: recibi los lugares que
sin condicion se le entregaron. Estaba Diego de la Gasca sospechoso en
Adra, que los vecinos de Turon, lugar de los rendidos en Cehel, acogian
moros enemigos, y queriendo l por s saber la verdad para dar aviso
al marqus, fue con su gente; mas no hallando moros entr de vuelta 
buscar cierta casa, de donde sali uno de ellos que le di cierta carta
de aviso fingida, y al abrirla le meti un pual por el vientre: hiri
tambien dos soldados antes que le matasen. Muri Gasca de las heridas,
y mand en su testamento que las ganancias que habia hecho en la guerra
se repartiesen entre soldados pobres, hurfanos, viudas, mujeres y
hijas de soldados: era sobrino hijo de hermano de Gasca, obispo de
Sigenza, que venci en una batalla  los Pizarros y pacific el reino
del Per.

En el mismo tiempo, D. Luis Fajardo marqus de Velez, gran seor en el
reino de Murcia, solicitado, como dijimos, por cartas del presidente
de Granada, habia salido con sus amigos, deudos y allegados,  entrar
en el reino de Almera: era la gente que llevaba nmero de dos mil
infantes y trescientos caballos, la mayor parte escogidos. La primera
jornada fue combatir una gruesa banda de moros, que atravesaban
desmandados en Illar: de all fue sobre Filix: tomla, y saquela
enriqueciendo la gente; pelese con harto riesgo y porfa; murieron
de los enemigos muchos, pero mas mujeres que hombres, entre ellos su
capitan, llamado Futei, natural de Zenette. Hecho esto, por falta de
vituallas se recogi  los lugares del rio de Almera; donde para
mantener la gente y su persona vino  Cosar de Canjayar, barranco
de la Hambre le llaman por otro nombre en su lengua, porque en l
se recogieron los moros, cuando el Rey Catlico D. Fernando hizo la
empresa de Andarax en el primer levantamiento, donde pasaron tanta
hambre que cuasi todos murieron.

La toma de Poqueira, Jubiles y Paterna puso temor  los enemigos,
porque tenian reputacion de fuertes, y indignacion por la prdida
que en ellos hicieron de todas sus fortunas: comenzaron  recogerse
en lugares speros, ocupar las cumbres y riscos de las montaas
fortificando  su parecer lo que bastaba; pero no como gente pltica,
antes ponian todas sus esperanzas y seguridad en esparcir, y dejando
la frente al enemigo pasar  las espaldas, mas con apariencia de
descabullirse, que de acometer. Pareci al marqus con estos sucesos
quedar llana toda la Alpujarra; y dando la vuelta por Andarax y Cadiar,
torn  Orgiba, por estar mas en comarca de la mar, rio de Almera,
Granada, y la misma Alpujarra. Entre tanto, aunque la rebelion parecia
estar en el Alpujarra en trminos de sosegada, ech raices por diversas
partes:  la parte de poniente por las Guajaras, tres lugares pequeos
juntos que parten la tierra de Almuecar de la de Val de Leclin,
puestos en el valle que desciende al puerto de la Herradura; desdichado
por la prdida de veinte y tres galeras anegadas con su capitan general
D. Juan de Mendoza, hombre de no menos industria y nimo que su padre
D. Bernardino y otros de sus pasados, que en diversos tiempos valieron
en aquel ejercicio. El seor de uno de aquellos lugares,  con nimo
de tenellos pacficos,  de roballos y cautivar la gente, juntando
consigo hasta doscientos soldados desmandados de la costa, forz  los
vecinos que le alojasen y contribuyesen extraordinariamente. Vista
por ellos la violencia dilatndolo hasta la noche, le acometieron de
improviso, y necesitaron  retraerse en la iglesia donde quemaron  l
y  los que entraron en su compaa. No di tiempo  los malhechores la
presteza del caso para pensar en otro partido mas llano, que juntarse
llegando  s de la gente de lugares vecinos tres mil personas de todas
edades, en que habia mil y quinientos hombres de provecho, armados
de arcabuces, ballestas, lanzas y gorguzes y parte hondas, como la
ira y la posibilidad les daba; y sin tomar capitan, de comun parecer
ocuparon dos peones, uno alto de subida spera y difcil, otro menor
y mas llano. Aqu pusieron su guardia, y se repararon sin traveses,
parte con piedra seca, parte con mantas y jalmas como rumbadas, 
falta de rama y tierra. Estos dos sitios escogieron para su seguridad,
juntando despues consigo algunos salteadores, Giron, Marcos el Zamar
capitanes, y otros hombres  quien convidaba la fortaleza del sitio,
el aparejo de la comarca, y la ocasion de las presas. Fue el marqus
avisado, que andaba visitando algunos lugares de la tierra como seguro
de tal novedad; y visto que el fuego se comenzaba por parte peligrosa
de lugares importantes guardados  la costa con poca gente, recelando
que saltase  la sierra de Bentomiz   la hoya y jarquia de Mlaga,
deliber partir con cuasi dos mil infantes y doscientos caballos,
avisando al conde que de Granada le reforzase con mas gente de pie y
de caballo. Eran los mas aventureros  concejiles: tom el camino de
las Guajaras dejando  sus espaldas lugares, como Ohaez y Valor el
alto, sospechosos y sobresaltados, aunque solos de gente segun los
avisos. Algunos le juzgaban, diciendo, que pudiera enviar otra persona
  su hijo el conde en su lugar; pero l escogi para s la empresa
con este peligro:  porque el rey vista la importancia del caso no le
proveyese de compaero,  por entretener la gente en la ganancia. Tanto
puede la ambicion en los hombres puesto que sea loable, que aun de los
hijos se recatan. Sacar al conde de Granada, que le aseguraba la ciudad
 las espaldas y le provea de gente y de vitualla, parecia consejo
peligroso; y partir la empresa con otro, despojarse de las cabezas;
que si muchas en nmero y calidad de personas, en experiencia eran
pocas. Estas dudas sane con la presteza, porque antes que los enemigos
pensasen que partia, les puso las armas delante. Hallronse en toda la
jornada muchas personas principales, as del reino de Granada como de
la Andaluca, que en las ocasiones sern nombrados. Parti el marqus
de Andarax, y sin perder tiempo vino de Cadiar  Orgiba; y tomando
vitualla  Velez de Benabdal, pas el rio de Motril, la infantera 
las ancas de los caballos, y lleg  las Guajaras que estn en medio.
Vino D. Alonso Portocarrero con mil soldados, ya sano de sus heridas,
y otras dos bandas de infantera, ciento y cincuenta caballos, gente
hecha en Granada, que enviaba el conde de Tendilla, el conde de
Santistvan con muchos deudos y amigos de su casa y vasallos suyos.
Mas los enemigos, como de improviso descubrieron el campo, comenzaron
 tomar el camino de los Peones y vanse subir por la montaa con
mujeres y hijos. Viendo el marqus que se recogian  sus fuertes, envi
una compaa de arcabuceros  reconocerlos, y daarlos si pudiesen;
pero dende  poco le trajo un soldado mandado del capitan, que por
ser los enemigos muchos y su gente poca, ni se atrevia  seguillos,
porque no le cargasen; ni  retirarse, porque no le rompiesen: pedia
para lo uno y lo otro mil hombres. Envile alguna arcabucera, y l con
la gente que pudo llegar ordenada, le sigui hasta las Guajaras altas
por hacerle espaldas, donde aloj aquella noche con mal aparejo; pero
los unos y los otros sin temor, los nuestros por la confianza de la
victoria, los enemigos de la defensa.

Entre los que all vinieron  servir, fue uno D. Juan de Villarroel,
hijo de D. Garca de Villarroel, adelantado que fue de Cazorla, y
sobrino (segun fama) de fray Francisco Jimenez, cardenal y arzobispo
de Toledo, gobernador de Espaa entre la muerte del Rey Catlico
D. Fernando, y el reinado del emperador D. Crlos. Era  la sazon
capitan de Almera, y servia de comisario general en el campo:
hombre de aos, probado en empresas contra moros, pero de consejos
sutiles y peligrosos, que habia ganado gracia con hallar culpas en
capitanes generales, siendo  veces escuchado y al fin remunerado.
Este, por abrirse camino para algun nombre en aquella ocasion,
gast la noche sin sueo en persuadir al marqus que le mandase con
cincuenta soldados  reconocer el fuerte de los enemigos; diciendo
que del alojamiento no se descubria el paso del peon alto. Concurri
el marqus, mostrando hacerlo mas por permision y licencia que
mandamiento, pero amonestndole que no pasase del cerro pequeo que
estaba entre su alojamiento y la cuesta; y que no llevase consigo
mas de cincuenta arcabuceros: blandura que suele poner  veces  los
que gobiernan en grandes y presentes peligros. Mas D. Juan pasando
el cerro comenz  subir la cuesta sin parar, aunque fue llamado del
marqus; y  seguillo mucha gente principal y otros desmandados, 
por acreditar sus personas,  por codicia del robo. Pasaban ya los
que subian de ochocientos, sin poderlo el marqus estorbar; porque D.
Juan vindose acrecentado con nmero de gente, y concibiendo en s
mayores esperanzas, tenindose por seor de la jornada, sin guardar
la rden que se le di ni la que se daba en hechos semejantes,
desmandada la gente no con mas acierto que el que daba su voluntad 
cada uno; comenz la subida con el mpetu y priesa que suele quien va
ignorante de lo que puede acontecer; mas dende  poco con flojedad y
cansancio. Vista por los enemigos la desrden, hicieron muestra de
encubrirse con el peon bajo dando apariencia de escapar: pensaron
los nuestros que huan, y apresuraron el paso; creci el cansancio,
oanse tiros perdidos de arcabucera, voces de hombres desordenados,
vanse arremeter, parar, cruzar, mandar; movimientos segun el aliento
 apetito de cada uno: en ochocientas personas mostrarse mas capitanes
que hombres, antes cada cual lo era de s mismo: el hbito del capitan
un capote, una montera, una caa en la mano. No se estaba  media
cuesta, cuando la gente comenz  pedir municion de mano en mano:
oyeron los enemigos la voz, peligrosa en semejantes ocasiones; y viendo
la desrden, saltaron fuera con el Zamar hasta cuarenta hombres; esos
con pocas armas y menos muestra de acometer: pero convidados del
aparejo, y ayudados de piedras que los del peon echaban por la cuesta
y de alguna gente mas, dieron  los nuestros una carga harto retenida,
aunque bastante para que todos volviesen las espaldas con mas priesa
que habian subido, sin que hombre hiciese muestra de resistir, ni la
gente particular fuese parte para ello; antes los seguian, mostrando
querellos detener: fueron los moros creciendo, ejecutando, y matando
hasta cerca del arroyo. Muri D. Juan de Villarroel desalentado, con
la espada en la cinta, cuchilladas en la cabeza y las manos, segun se
reparaba: D. Luis Ponce de Leon, nieto de D. Luis Ponce, que herido de
muerte, y caido le despe un su criado por salvalle, y Juan Ronquillo,
veedor de las compaas de Granada, y un hijo solo del maestre de
campo Hernando de Orua, vindole su padre y todos peleando. Fueron
los muertos muchos mas que los que los seguian, y algunos ahogados
con el cansancio; los dems se salvaron, y entre ellos D. Gernimo
de Padilla, hijo de Gutierre Lopez de Padilla, que herido y peleando
hasta que cay, le sac arrastrando por los pies un esclavo  quien
l di libertad. El marqus, vista la desrden, y que los enemigos
crecian y venian mejorados, y prolongndose por la loma de la montaa
 tomarle las espaldas, encaminados  un cerro que le estaba encima,
envi  D. Alonso de Crdenas con pocos arcabuceros que pudo recoger;
hombre suelto y de campo; el cual previno y asegur el alto. Estaba
el marqus apeado con la caballera, las lanzas tendidas, guarnecido
de alguna arcabucera esperando los enemigos, y recogiendo la gente
que venia rota: pudo esta demostracion y su autoridad refrenar la
furia de los unos, detener y asegurar los otros, aunque con peligro y
trabajo. Otro dia al amanecer lleg la retaguardia: serian por todos
cinco mil y quinientos infantes, y cuatrocientos caballos; compaa
bastante para mayor empresa, si se hubiera de tener cuenta con solo el
nmero. Orden solo un escuadron por el temor de la gente que el dia de
antes habia recibido desgracia, guarnecido  los costados con mangas
prolongadas de arcabucera. Era el peon por dos partes sin camino, mas
por la que se continuaba con la montaa habia salida menos spera: aqu
mand estar caballera y arcabucera apartada, pero cubierta; porque
vistos no estorbasen la huida. Son los moros cuando se ven encerrados
impetuosos y animosos para abrirse paso, mas abierto procuran salvarse
sin tornar el pecho al enemigo, y por esto si  alguna nacion se ha de
abrir lugar por donde se vayan, es  ellos. Acometilos con esta rden,
y dur el combatir con pertinacia hasta la escuridad de la noche, los
unos animados, los otros indignados del suceso pasado: mand tocar 
recoger, y aloj pegado con el fuerte, encomendando la guardia  los
que llegaron holgados. Puso la noche  los enemigos delante de los
ojos el peligro, el robo, la cautividad, la muerte; trjoles el miedo,
confusion y discordia, como en nimos apretados que tienen tiempo
para discurrir: unos querian defenderse, otros rendirse, otros huir;
al fin sali la mayor parte de la gente forastera y monfes con los
capitanes Giron y el Zamar, sacando las mujeres y nios que pudieron,
y qued todava nmero de gente de los naturales; y aunque flacamente
reparada, si tuvieran esfuerzo y cabezas, con el favor de lo pasado y
el aparejo del sitio solas mujeres bastaban  defenderse. Hicieron al
principio resistencia,  que el desdeo de verse desamparados,  la ira
los encendiese; pero apretados enflaquecieron, y dando lugar fueron
entrados por fuerza: no se perdon con rden del marqus  persona ni 
edad: el robo fue grande, y mayor la muerte, especialmente de mujeres;
no falt ambicion que se ofreciese  solicitalla, como cargo de mayor
importancia. Escap Giron; fue preso y herido de un arcabucero por el
muslo el Zamar por salvar una hija suya doncella que no podia con el
trabajo del camino; y llevado  Granada le mand atenazar el conde de
Tendilla, que hizo calificada la victoria.

Tomado el fuerte de las Guajaras envi el marqus el campo con el conde
de Santistvan, que le esperase en Velez de Benabdal; y fue  visitar
 Almuecar, Salobrea, Motril, lugares  la marina guardados contra
los cosarios de Berbera, y qued por entonces asegurada aquella tierra
hasta Ronda. Puso en el oficio de D. Juan de Villarroel  D. Francisco
de Mendoza su hijo; nombr veedores y otros oficiales de hacienda,
sin que el gobierno del campo no podia pasar. Pero no dejaron perder
sus mulos aquella ocasion de calumniarle, diciendo: ser l mismo
quien provea, libraba, pagaba, repartia las contribuciones, presas, y
depsitos; pues sus hijos y criados lo hacian: cosa que los capitanes
generales suelen y deben huir. Pero la necesidad y la salida del
negocio mostr haber sido mas provechoso consejo para la hacienda del
rey en lo poco que se gast con mucha gente y en mucho tiempo. Llegado
 Velez torn  Orgiba, dise  recibir gentes y pueblos que se venian
 rendir: entregaban las armas los que habitaban por toda la Alpujarra
y rio de Almera, y los que en las montaas andaban alzados rendanse
 merced del rey sin condicion: traan mujeres, hijos, y haciendas;
comenzaban  poblar sus casas, ofrecanse  ir con ellas  morar, como
y donde los enviasen; y si en la tierra los quisiesen dejar, mantener
guardia para defension y seguridad de ella, solamente que se les diesen
las vidas y libertad; pero aun estas dos condiciones no les admiti.
No por eso dejaban de venirse; dbales salvaguardia con que vivian
pacficos, aunque no del todo asegurados; y hallando el campo lleno
de esclavos y cristianos libertados que comian la vitualla, deposit
quinientas moriscas en poder de sus padres, hermanos y maridos, y
sobre sus palabras las recibieron en Ujijar: y dende  poco envi
con alguaciles por ellas para volvellas  sus dueos, que sin faltar
personas las tornaron: cosa no vista en otro tiempo  fuese el miedo
y la obediencia,  fuese que restituan las mujeres de que hallan
abundancia en toda parte, y por esto son estimadas como alhaja; y los
hijos donde se los criasen; descargndose de bocas intiles y embarazo
cojijoso; y aqu hizo particulares justicias de muchos culpados.

Discurrian los soldados de veinte en veinte sin dao; dbanse 
descubrir personas y ropa escondida por la montaa; combatian cuevas
donde habia moriscos alzados: todo era esclavos, despojos, riquezas.
No eran por entonces tantas las desrdenes que los moriscos no las
pudiesen sufrir, ni tantos los autores que no pudiesen ser castigados;
pero furonse los unos con la ganancia, vinieron otros nuevos
codiciosos que mudaban el estado de paz en desasosiego, y de obediencia
en desconfianza. Vise un tiempo en el cual los enemigos ( estuviesen
rendidos,  sobresanados) pudieran con facilidad y poca costa ser
oprimidos, y venirse al trmino que despues se vino de castigo, de
opresion,  de destierro;  sacndolos  morar en Castilla, poblar la
tierra de nuevos habitadores, sin prdida de tanto tiempo, gente, y
dineros, sin hambre, sin enfermedad, sin violencia de vasallos. No son
los hombres jueces de los pensamientos y motivos de los reyes; pero
mucho puede en el nimo de un prncipe ofendido por caso de rebelion
 desacato, la relacion aunque interesada  apasionada que le inclina
 rigor y venganza; porque cualquier tiempo que se dilata, aunque sea
para mayor oportunidad, le parece estorbo.

En esto la gente de Granada, libre del miedo y de la necesidad, torn
 la pasion acostumbrada: enviaban al rey personas de su ayuntamiento;
pedian nuevo general; nombraban al marqus de Velez, engrandeciendo
su valor, consejo, paciencia de trabajos, reputacion: partes que
aunque concurriesen en l, la mudanza de voluntades, y los mismos
oficios hechos en su perjuicio, dende  pocos dias que entonces en
su favor, mostraban no haberse movido los autores con fin de loallas
porque fuesen tales. Calumniaban al de Mondejar que permitia mucho
 sus oficiales; que no se guardaban las vituallas; que los ganados
pudiendo seguir el campo se llevaban  Granada; que no se ponia cobro
en los quintos y hacienda del rey; que teniendo presidente cabeza
en los negocios de justicia, tantas personas graves y de consejo en
la chancillera, un ayuntamiento de ciudad, un corregidor solcito,
tantos hombres prudentes; no solamente no les comunicaba las ocasiones
en general, pero de los sucesos no les daba parte por escrito, ni
de palabra; antes indignado por competencias de jurisdicciones,
preeminencias de asientos  manera de mandar, sabian de otros antes
la causa porque se les mandaba, que recibiesen el mandamiento. Loaban
la diligencia del presidente en descubrir los tratados, los consejos,
los pensamientos de los enemigos; entretener la gente de la ciudad;
exhortar  los seores del reino que tomasen las armas, en particular
al marqus de Velez, y otras demostraciones que atribuidas al servicio
del rey eran juzgadas por honestas, y  su particular por tolerables:
empresas de reputacion y autoridad, no desdeando, ni ofendindola; y
que en fin como quiera eran de suyo provechosas al beneficio pblico:
que la guerra no estaba acabada, pues los enemigos aun quedaban en pie;
que las armas entregadas eran intiles y viejas: mostrbanse indignados
y rebeldes, resueltos  no mandarse por el marqus. Los alcaldes
(oficio usado  seguir el rigor de la justicia y aun el de la venganza,
porque cualquiera dilacion  estorbo tienen por desacato) culpaban
la tibieza en el castigar; recibir  merced y amparar gente traidora
 Dios y al rey; las armas en la mano de padre y hijo; oprimida la
justicia y el gobierno; llena Granada de moros, mal defendida de
cristianos; muchos soldados y pocos hombres; peligros de enemigos y
defensores, deshaciendo por un cabo la guerra y crindola por otro.
Por el contrario los amigos y allegados del marqus y su casa decian:
que la guerra era libre, los oficiales y soldados concejiles, y esos
sin sueldo, movidos de su casa por la ganancia; los ganados habidos
de los enemigos; que por todo se hallaria que la carne y el trigo y
cebada se aprovechaba de dia en dia; que mal se podian fundar presidios
para guarda de vitualla con tan poca gente, ni asegurar las espaldas
sino andando tan pegados con los enemigos, que les mostrasen cada
hora las cuerdas de los arcabuces y los hierros de las picas; que los
quintos tenian oficiales del rey en quien se depositaban, y pasaban por
almonedas; que los oficios eran tan apartados, y los consejos de la
guerra requerian tanto secreto, que fuera de ella no se acostumbraba
comunicarlos con personas de otra profesion, aunque mas autoridad
tuviesen; porque como pltica extraa de sus oficios, no sabian en que
lugar se debia poner el secreto; que tras el publicar venia el yerro, y
tras el yerro el castigo; y que como el presidente y oidores  alcaldes
no le comunicaban los secretos de su acuerdo, as l no comunicaba con
ellos los de la guerra, ni se vian, ni habia causas porque hubiese
esta desigualdad,  fuese autoridad  superioridad. De lo que tocaba
al corregidor y la ciudad burlaban, como cosa de concejo y mezcla de
hombres desigual. Que los que eran para entender la guerra andaban
en ella y servian ellos  sus hijos al rey, y obedecian al marqus
sin pasion. Que los cumplimientos eran parte de buena crianza; y cada
uno si queria ser mal quisto, podia ser mal criado. Que trayendo tan
 la continua la lanza en la mano, mal podia desembarazalla para la
pluma. Que la guerra era acabada, segun las muestras, y el castigo
se guardaria para la voluntad del rey, y entonces tenian su lugar la
mano y la indignacion de las justicias; y si decian que sobresanada
porque estaban los enemigos en pie y armados, lo sobresanado  acabado,
lo armado y desarmado es todo uno, cuando los enemigos,  se rinden,
 estn de manera que pueden ser oprimidos sin resistencia, como lo
estaban  la sazon los del reino y la ciudad de Granada. Que de aquello
servia la gente en el Albaicin y la Vega, la cual como entretenida con
alojamientos y sin pagas, no podia sino dar pesadumbre y desordenarse;
ni como poco pltica saber la guerra tan de molde que no se les
pareciese que eran nuevos. Pero la carga de lo uno y de lo otro estaba
sobre los enemigos,  quien ellos decian que se habia de dar riguroso
castigo: lo cual aunque se diferia, no se olvidaba; que espantallos
sin tiempo era perder el fin y las comodidades que se podian sacar de
ellos; que las personas cuando eran tales siempre serian provechosas,
especialmente las que sirviesen  su costa, como la del marqus de
Velez, probada para cualquier gran cargo que estuviese sin dueo.

Mas el marqus, hombre de estrecha y rigurosa disciplina, criado al
favor de su abuelo y padre en gran oficio, sin igual ni contradictor,
impaciente de tomar compaa; comunicaba sus consejos consigo mismo, y
algunos con las personas que tenia cabe s plticas en la guerra, que
eran pocas: de las apariencias, aunque eran comunes  todos,  ninguno
daba parte; antes ocasion  algunos (especialmente  mozos y vanos),
de mostrarse quejosos. Tom la empresa sin dineros, sin municion, sin
vitualla, con poca gente y esa concejil, mal pagada y por esto no bien
disciplinada; mantenida del robo, y  trueco de alcanzar  conservar
este, mucha libertad, poca vergenza, y menos honra; excepto los
particulares que  su costa venian de toda Espaa  servir al rey, y
eran los primeros  poner las manos en los enemigos. Tuvo siempre por
principal fin pegarse con ellos; no dejar que se afirmasen en lugar ni
juntasen cuerpo; acometellos, apretallos, seguillos; no dalles ocasion
 que le siguiesen, ni mostrarles las espaldas aunque fuese para su
provecho; recibir los que de ellos viniesen  rendirse; disminuillos y
desarmallos, y  la fin oprimillos; para que ponindoles guarniciones
con un pequeo ejrcito, pudiese el rey castigar los culpados,
desterrar los sospechosos, deshabitar el reino, si le pluguiese pasar
los moradores  otra parte: todo con seguridad y sin costa, antes  la
de ellos mismos. Hizo muchas veces al rey cierto del trmino en que las
cosas se hallaban: y aunque guiando ejrcitos no hubiese venido otras
veces  las manos con los enemigos, todava con la pltica que tenia de
la manera del guerrear de estos, aprendida de padres y abuelos y otros
de su linaje que tuvieron continuas guerras con los moros, los trajo 
tal estado y en tan breve tiempo, como el de un mes; no embargante que
muchas veces se le escribiese, que procediese con ellos atentamente.
Puesta la guerra en estos trminos, tvola por acabada facilitando lo
que estaba por hacer; con que se hizo mas odioso, pareciendo  hombres
ausentes cuerdos y de experiencia, que habia de retoecer con mayor
fuerza como el tiempo diese lugar, y las esperanzas de Berbera se
calentasen, y los castigos y reformaciones comenzasen  ejecutarse: y
tuvieron por largo el negocio, por ser de montaa contra gente suelta y
pltica de ella, y otras causas, que por nuestra parte se les habian de
dar.

En este mismo tiempo comenz  descubrirse la guerra en el rio de
Almera, con la ida del marqus de Mondejar  las Guajaras y tierra de
Almuecar. Ohaez es un lugar puesto entre dos rios en los confines
de la Alpujarra, marquesado de Zenette, y tierra de Almera: aqu
se recogieron moros que andaban huidos en la montaa (sobras de
los rencuentros pasados), convidados de la fortaleza del sitio, y
persuadidos por el Tahal,  quien tomaron por capitan. Pusieron mil
hombres  la guardia del lugar donde habian encerrado sus hijos,
mujeres y haciendas; sin otro mayor nmero que defendian la tierra,
todos determinados  pelear.

Estaba el marqus de Velez en el rio de Almera entretenido con parte
de la gente del reino de Murcia; y la dems era vuelta, como es
costumbre, rica de la ganancia: esperaba rden del rey si tornaria 
la tierra de Cartagena, que confina con el reino de Granada por el rio
de Mojacar, que los antiguos llamaban Murgis; ampararia la tierra del
rey, y la suya vecina  la mar; defenderia que los moros del reino de
Granada no pasasen por aquella parte  desasosegar los del reino de
Valencia; recelado y cuasi cierto peligro en la primera ocasion de
prdida nuestra importante: y convenia (ocupado el marqus de Mondejar
en las Guajaras) atajar el fuego de las espaldas. No habia en pie armas
tan cerca como estas, solicitadas por el presidente de Granada, mas
despues con aprobacion del rey.

Los que igualmente juzgaban lo bueno que lo malo, atribuan 
pasion esta diligencia, por excluir  dar compaero al marqus de
Mondejar; pero las personas libres,  buena provision y en conveniente
conyuntura. Movise el marqus de Velez con tres mil infantes y
trescientos caballos contra los enemigos, que le esperaban  la subida
de la montaa en un paso spero y dificultoso: combatilos y rompilos
no sin dificultad; donde se mostr por su persona buen caballero. Mas
los enemigos recogindose  Ohaez estuvieron  la defensa. Acometilos
con pocas armas, y rompilos segunda vez; murieron cuasi doscientos
hombres con Tahal su capitan, y en la entrada muchas mujeres; de los
nuestros algunos: salvronse de los moros por las espaldas del lugar
la mayor parte que estaba  la defensa sin ser seguidos; y pudieran,
si algun capitan pltico los gobernara, hacer dao  los nuestros
embebecidos y cargados con el saco. Fue grande la importancia del hecho
por la ocasion.  las gradas de la iglesia hall el marqus cortadas
veinte cabezas de doncellas, los cabellos tendidos, puestas por rden,
que los de aquella tierra cuando el rio de Almera se rebel, en una
junta que tuvieron en Guecija, prometieron sacrificar juntamente con
veinte sacerdotes adoradores de los dolos (que tal nombre dan  las
imgenes); porque Dios y su profeta Mahoma los ayudase. Poco antes
que el marqus entrase habian degollado las doncellas: los sacerdotes
hicieron mayor defensa; mas con quemar veinte frailes ahogados en
aceite hirviendo, pagaron el voto en la misma Guecija. Cruel y
abominable religion, aplacar  Dios con vida y sangre inocente; pero
usada dende los tiempos antiguos en frica, traida de Tiro, introducida
en la ciudad de Cartago por Dido su fundadora: tan guardada hasta
nuestros tiempos entre los moradores de aquella region, que es fama
que en la gran empresa que el emperador D. Crlos, vencedor de muchas
gentes, hizo contra Barbarroja, tirano de Tnez, sacrificaron los moros
del cabo de Cartago cinco nios cristianos al tiempo que descubrieron
nuestra armada,  reverencia de cinco lugares que tienen en el alcoran,
donde se inclinan porque Dios los ampare y defienda en los peligros! El
marqus, habido este suceso en su favor, se recogi con la gente que
con l quiso quedar en Terque, lugar del rio de Almera, corriendo por
la tierra.

Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo dicho. El rey habia
enviado  D. Antonio de Luna, hijo de D. lvaro de Luna, y  D. Juan
de Mendoza, hombres de gran linaje, plticos en la guerra, que habian
tenido cargos, y dado buena cuenta de ellos, para que asistiesen con el
conde de Tendilla como consejeros, estando  la rden que l les diese
en ausencia del marqus su padre; avisando al conde de la provision
con palabras blandas y comedidas; para que con ellos pudiese descargar
parte del trabajo. Puso el conde  D. Juan dentro en la ciudad con la
infantera cuyas armas habia profesado; y  D. Antonio  la guarda de
la Vega con doscientos caballos y parte tambien de la infantera.

Llegado el marqus de Mondejar  Orgiba continuando su propsito,
ocupse en recibir pueblos y gente, que sin condicion venian 
rendirse con las armas; y en perseguir las sobras del campo de Aben
Humeya, su persona, parientes y allegados, que eran muchos, y con
l andaban huidos por las montaas. Estaba aun Valor, el alto, por
rendirse, pero sosegado; adonde tuvo aviso que Aben Humeya se recogia
con treinta hombres en las casas de su padre, y en Mecina su tio
Aben Jauhar. Envi dos compaas de infantera que no los hallando
se tornaron con haber saqueado  Valor y Mecina, mas  los de Mecina
que estaban con salvaguardia, mand volver la ropa y cautivos dende
 poco. Fue tambien avisado que en el mismo lugar se escondia Aben
Humeya con ocho personas, y envi dos escuadras con sendos adalides
plticos de la tierra con rden que vivo  muerto le hubiesen  las
manos. Llaman adalides en lengua castellana  las guias y cabezas de
gente del campo, que entran  correr tierra de enemigos; y  la gente
llamaban almogvares: antiguamente fue calificado el cargo de adalides;
eleganlos sus almogvares; saludbanlos por su nombre levantndolos
en alto de pies en un escudo: por el rastro conocen las pisadas de
cualquiera fiera  persona, y con tanta presteza que no se detienen
 conjeturar; resolviendo por seales,  juicio de quien las mira
livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que
buscan, parece maravilla  envahimiento. No hallaron en Valor, el alto,
rastro de Aben Humeya, pero en el bajo oyeron chasquido de jugar  la
ballesta, msicas, canto y regocijo de tanta gente, que no la osando
acometer se tornaron  dar aviso. Envi dos capitanes, Antonio de
vila y lvaro de Flores, con trescientos arcabuceros escogidos entre
la gente que  la sazon habia quedado, que era poca, porque con la
ganancia de los Guajaras, y con tener por acabada la guerra se habian
ido  sus casas, hombres levantados sin pagas, sin el son de la caja,
concejiles; que tienen el robo por sueldo, y la codicia por superior.
Fueron con estos trescientos, otros mas de quinientos aventureros y
mochileros  hurto, sin que guarda  diligencia pudiese estorballo.
Llevaron los capitanes rden de palabra, que tomasen y atajasen los
caminos, cercasen el lugar, y sin que la gente entrase dentro, llamasen
los regidores y principales; requirisenlos que entregasen Aben Humeya
que se llamaba rey; y en caso que se excusasen, con personas deputadas
por ellos mismos y por los capitanes, le buscasen por las casas; y no
pareciendo trajesen los regidores presos ante el marqus, sin hacer
otro dao en el lugar. Partiendo con esta resolucion, y antes que
llegasen  Valor, donde se descubre la punta de Castil de Ferro, los
alcanz Ampuero, capitan de campaa, y les di la misma rden por
escrito; aadiendo que si gente de salvaguardia  de Valor, el alto,
la hallasen en el bajo, la dejasen estar. Mas Antonio de vila, que ya
traa consigo la mala fortuna, dicen que respondi: _que si en algo se
excediese de la rden, todo seria dar culpa  los soldados_. Llegando 
Valor tomaron los caminos; cercaron el lugar: salieron los principales
 ofrecer favor, diligencia, vituallas; mas los que vinieron al cuartel
de Antonio de vila fueron muertos sin ser oidos. Alterse el lugar;
entraron los soldados matando y saqueando; juntronseles los de lvaro
Flores, que para esto eran todos en uno; murieron algunos moriscos, que
no pudieron defenderse ni huir; fue robada la tierra, y los soldados
recogieron el robo en la iglesia diciendo los capitanes: que su rden
era llevar los moriscos presos, y no podian de otra manera cumplir con
ella. Mas los moriscos visto el dao, hicieron ahumadas  los suyos
que andaban por la montaa, y  los que cerca estaban escondidos: los
nuestros al nacer del dia partiendo la presa, en que habia ochocientos
cautivos y mucha ropa, las bestias y ellos cargados, tomaron el camino
de Orgiba, los embarazos y presas en medio. Partida la vanguardia,
mostrse  la retaguardia Abenzaba, capitan de Aben Humeya en aquel
partido, con trescientos hombres como de paz: requeralos con la
salvaguardia; que dejando las personas cautivas llevasen el resto; mas
viendo cuan poco les aprovechaba comenzaron  picallos y desordenallos,
hasta que  la cubierta de un viso dieron en la emboscada de doscientos
hombres, y volvindose  las mujeres les dijeron: _Damas, no vais con
tan ruin gente_. Juntamente con estas palabras el Partal, hombre cuerdo
y valiente, uno de cinco hermanos todos de este nombre que vivian en
Narila, acometi la retaguardia por el costado; mas los soldados por no
desamparar la presa hicieron poca resistencia: la vanguardia caminaba
cuanto podia sin hacer alto ni descargarse de la presa, y todos iban
ya ahilados; los delanteros por llegar  Orgiba; los postreros por
juntarse con los delanteros: en fin del todo puestos en rota sin
osar defenderse ni huir, muertos los capitanes y oficiales, rendidos
los soldados y degollados: con la presa  cuestas  en los brazos,
salvronse entre todos como cuarenta; los dems fueron muertos sin
recibir  prision; ni perder los enemigos hombre, de quinientos que se
juntaron. Como sucedi el caso, enviaron  excusarse con el marqus,
cargando la culpa  los capitanes, y ofreciendo estar  justicia. Mas
l entendida la desgracia puso en Orgiba mayor guardia, reparti los
cuarteles  la caballera como quien esperaba los enemigos: lleg
el mismo dia el aviso  Granada; y el conde Tendilla despach  D.
Antonio de Luna con mil infantes y cien caballos, y rden que llegado 
Lanjaron hasta donde era el peligro, dejando la gente en lugar seguro
y el gobierno al sarjento mayor, tornase  Granada. Llegaron  Orgiba
dentro el tercero dia que el caso aconteci; reforz las guardias en el
Alhambra, en la ciudad y la Vega; porque los moriscos favorecidos con
este suceso no intentasen novedad.

Habia escrito el rey al marqus, que temporizase con los enemigos no se
poniendo en ocasion de peligro; temeroso de nuestra gente por ser toda
nmero, excepto los particulares. Representbansele los inconvenientes
que en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar el reino,
venir los de Berbera en ocasion que las armas del gran turco se
comenzaban  mostrar en Levante; incierto donde pararia tan gran
armada, aunque se vea que amenazase  Cipro. Parecanle las fuerzas
del marqus pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada;
tenia lo pasado mas por correras, escaramuzas y progresos de gente
desarmada, que por guerra cumplida. El general calumniado en la ciudad,
que le tenia de hacer espaldas; de donde habia de salir el nervio de
la guerra; la voluntad de algunas ciudades y seores en Andaluca no
muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y no faltaban
pretensiones de personas que andaban cerca de los prncipes,   las
orejas de quien anda cerca de ellos. Pareci por entonces consejo de
necesidad suspender las armas, y tanto mas cuando lleg la nueva de
la desgracia acontecida en Valor. Escribise al marqus resolutamente
que no hiciese movimiento; y porque la autoridad que tenia en aquella
tierra era grande, y la costumbre de mandar muy arraigada de padre y
abuelo, y parecia que en reino extendido y tierra doblada no podia dar
cobro  tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando
en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo  las Guajaras, Obaez;
acord dividir la empresa dando al marqus de Velez cargo de los rios
de Almera y Almanzora, tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el
resto del reino de Granada; enviar  ella por superior de todo  su
hermano D. Juan de Austria; por ventura resoluto  descomponer al uno
y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se tenia por agraviado:
pues con la autoridad y nombre de su hermano cesaban todos los oficios;
los pueblos se mandarian con mayor facilidad; contribuirian todos mas
contentos; servirian mas listos teniendo cerca del rey  su hermano
por testigo; los soldados un general que los gratificase y adelantase;
la eleccion daria mayor sonido entre naciones apartadas, suspenderia
los nimos de los brbaros, quitarales la avilanteza de armar,
imposibilitaralos de hacer el socorro formado como empresa difcil y
sin efecto; ocuparia  D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en
los de mar; harale pltico en lo uno y en lo otro: mozo despierto,
deseoso de emplear y acreditar su persona,  quien despertaba la gloria
del padre y la virtud del hermano. Decase tambien que en esta empresa
el rey deseaba ver el nimo del marqus de Mondejar inclinado  mayores
demostraciones de rigor, por la venganza del desacato divino y humano,
por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian esta
opinion relaciones y pareceres de personas, que cualquiera cosa donde
no ponen las manos les parece fcil, sin medir tiempo ni posibilidad,
presente  porvenir, y de otras apasionadas; no sin artificio y
entendimiento de unas con otras. Mas los prncipes toman lo que les
conviene de las relaciones, dejando la pasion para su dueo.

Estando las cosas en tales trminos, con el suceso de Valor tomaron
los enemigos nimo para descubrirse, y Aben Humeya entr con mayor
autoridad y diligencia en el gobierno; no como cabeza de pueblos
rogados  gente esparcida sin rden, sino como rey y seor. Sigui
nuestra rden de guerra; reparti la gente por escuadras, juntla en
compaas; nombr capitanes; mand que aquellos y no otros arbolasen
banderas; psolos debajo de coroneles, y cada partido que estuviese al
gobierno de uno que dicen alcaide (tahas llaman ellos  los partidos
de tahar, que en su lengua quiere decir sujetarse): este mandaba lo de
la guerra; nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto
por nosotros  los que tienen fortalezas en guarda. Para seguridad
de su persona pag arcabucera de guardia, que fue creciendo hasta
cuatrocientos hombres; levant un estandarte bermejo, que mostraba el
lugar de la persona del rey  manera de guion.

Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada, olvidada por
haber pasado el reino  los de Castilla, diremos ahora. Muerto Abenhut
que tenia  Almera por cabeza del reino, tomaron (como dijimos) por
rey en Granada  Mahamet Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando
el Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallse con mucha
caballera este Mahamet  servir en aquella empresa, por haberle
ayudado el rey D. Fernando  tomar el reino: parecile autoridad el
uso de guion, agradecimiento y honra poner en l la color y banda, que
traen los reyes de Castilla. Armle caballero el rey el dia que entr
en Sevilla; dile el estandarte por armas para l y los que fuesen
reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo con dos cabezas de
sierpes  los cabos, segun la traen en su guion los reyes de Castilla;
aadi l las letras azules que dicen: _no hay otro vencedor sino
Dios_: por timbre tom dos leones coronados que sobre las cabezas
sostienen el escudo; traen el timbre debajo de las armas, como nosotros
encima; porque as escriben y muestran los sitios, y cuentan las partes
del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas las armas antiguas
de los reyes de la Andaluca eran una llave azul en campo de plata;
fundndose en ciertas palabras del alcoran, y dando  entender que con
la destreza y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta  la conquista
de poniente; y de all llaman  Gibraltar por otro nombre, el monte
de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta de la Alhambra estas
armas con letras, que declaran la causa y el autor del castillo.

Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los lugares de Valor
y Poqueira, y en los que estn en lo spero de la Alpujarra; comiendo
la vitualla que tenian encerrada y la que hallaban sin dueo, con
mayor abundancia y  mas bajos precios que nosotros. Las rentas que
para mantenimiento del reino le sealaron fueron el diezmo de los
frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tirnicamente quitaba
 sus sbditos. De esta manera se detuvieron, el marqus de Mondejar
rehacindose de gente en Orgiba, incierto en que pararia la suspension
del rey; y Aben Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando
el socorro de Berbera para mantener la guerra,  navos en que pasarse
y desamparar la tierra.

Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no cesase en
alguna parte, sucedi en Granada un caso aunque liviano, que por
ser en ocasion y no pensado escandaliz. Habia en la crcel de la
chancillera hasta ciento y cincuenta moriscos presos; parte por
seguridad (que eran escandalosos), parte por delitos  sospecha de
ellos; todos como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, as de
los mas inhbiles para las armas; gente dada  trato y regalo. Contra
estos se levant voz  media noche estando los hombres en sosiego, que
procuraban quebrantar las prisiones, matar las guardias, salir de las
crceles, y juntos con los moros de la Vega y Alpujarra levantar el
Albaicin, degollar los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse
de Granada; empresa difcil para sueltos y muchos y experimentados,
aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no dej de tener este
movimiento algunas causas; porque hubo informacion que lo trataban;
y deposiciones de testigos, que en nimos sospechosos lo imposible
hacen parecer fcil. Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque
de esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla, que el
conde hall en cierta cueva al cerro de Santa Elena; pertrecho que
los moros guardaban para entrar en el Alhambra la noche que vinieron
al Albaicin, como est dicho. Alborotado el pueblo, corri  las
crceles con autoridad de justicia, acriminando los ministros el caso y
acrecentando la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos,
puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban  mano,
como piedras, vasos, madera, poniendo tiempo entre la ira del pueblo
y su muerte. Habia en ellos culpados en plticas y demostraciones, y
todos en deseo; gente flaca, liviana, inhbil para todo, sino para dar
ocasion  su desventura.

No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun lugar de nombre
en la costa para dar reputacion  su empresa, y acoger armada de
Berbera; pero su principal intento se encaminaba  tomar  Almera,
ciudad asentada en sitio mas  propsito que Mlaga, y despues de ella
la mas importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca de
los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne, pan, aceite,
frutas; puesta  la entrada de muchos valles que unos llevan  la parte
del maestral  Granada, y otros  la del griego al rio de Almanzora y
tierra de Baza; al levante la de Cartagena, y al poniente Almuecar y
Velez Mlaga. En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de
provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino, despues que
fueron echados de Crdoba. Poblronla los de Tiro que vinieron  Cdiz,
poco apartada de la mar; los moros por la comodidad del agua pasaron
la poblacion adonde ahora est. Destruyla el emperador de Espaa D.
Alonso el VII, trayendo  sueldo el conde de Barcelona, con sesenta
galeras y ciento y sesenta y tres navos de genoveses con Balduino y
Ansaldo de Oria, generales de la armada;  quien el rey di por cuenta
de sus sueldos el vaso verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser
esmeralda: y pudese creer sin maravilla, vista la grandeza de los que
comienzan  venir del Nuevo Mundo, y la que refieren algunos antiguos
escritores. Esto tratan nuestras historias; aunque las de genoveses
refieren haberle tomado en la conquista de Cesarea en Asia, siendo
su capitan Guillelmo que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de
esto al arbitrio de los que leen. Torn  restaurar la ciudad Abenhut.
Cerca del nombre, aprend de los moros naturales, que por la fbrica
de espejos de que habia gran trato, la llamaron Almera; tierra de
espejos quiere decir, porque al espejo llaman meri. Dicen los moros
valencianos, que por espejo del reino le pusieron este nombre. Las
historias arbigas, que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo
mas alto habia un espejo semejante al que se finge de la Corua, en
que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos antes de los
moros es, que habia atalaya,  que los latinos llamaban _specula_, como
en la misma Corua, para encaminar y mostrar los navos que venian 
la costa, y de all le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y
entre los arbigos tiene mas crdito, dice que cuando los moros ganada
Espaa se quisieron volver  sus casas, para detenellos, les dieron
 poblar  cada uno la tierra que mas parecia  la suya; y  estas
provincias llamaron Coras, que quiere decir tanto, como la redondez
de la tierra que descubre la vista: horizonte la podrian llamar los
curiosos de vocablos. Los de Almera[49], ciudad populosa en la
provincia de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron  Virgi
por habitacion; porque les pareci semejante  su ciudad, y le dieron
su nombre, como dijimos que los de Damasco dieron el suyo  Granada.
Fue Almera la de Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo
de Mauha IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los moros
insistian tanto en la empresa de Almera, y si la ocupasen seria tener
la puerta del reino, y fundar en ella nombre y cabeza segun la tuvieron
en otros tiempos; aunque por D. Garca de Villarroel se guardase con
bastante diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mand que por
entonces tuviese el cargo con mayor nmero de gente D. Francisco de
Crdoba que vivia retirado en su casa: hombre pltico en la guerra
contra los moros, y que habia seguido al emperador en algunas; criado
debajo del amaestramiento de dos grandes capitanes, uno D. Martin de
Crdoba, su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino de Mendoza
su tio. Estando en Almera D. Francisco, lleg Gil de Andrada con las
galeras de su cargo y otras con que guardaba la costa; y teniendo ambos
aviso que en la sierra de Gador se recogia gran nmero de moros con
sus mujeres y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de
Mondejar y Velez), acompaados de treinta turcos, temiendo que juntos
con otros le desasosegasen  Almera; junt gente de la tierra, de
la guardia de ella, y de las galeras hasta setecientos arcabuceros y
cuarenta caballos; fue sobre ellos, que estaban fuertes, y  su pesar
defendidos con algun reparo de manos y aspereza del lugar:  la tierra
llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almera. Estuvo
detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo en fin de enero),
al pie de la montaa, y cuasi desconfiado de la empresa: resolvise 
combatillos por dos partes, aunque era difcil la subida; hicieron la
defensa que pudieron con piedras y gorguces, porque en tanto nmero
como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros y
ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y con mas pertinacia que
los de otras partes; porque hasta las mujeres meneaban las armas: hubo
cautivos cuasi dos mil personas; salironse los moros y entre ellos
el capitan llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos
de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los ojos, con
un cencerro al cuello, entregado  los muchachos, por los daos que
siendo cosario habia hecho en aquella costa. Torn D. Francisco la
gente  Almera rica y contenta: dividi la presa entre los soldados;
provey de esclavos las galeras; mas dende  pocos dias entendiendo
como el marqus de Velez venia por general de toda aquella provincia,
y parecindole que bastaba para la ciudad un solo defensor, pidi
licencia y habida del rey torn  su casa.

      [49] Amoro la llama en su geografa Ptolomeo, lib. V, c. 2.

Crecia la libertad por todo y la permision de los ministros, unos
mostrando contentarse, otros no castigando: hombres  quien las
desrdenes de nuestros soldados parecian venganzas, otros  quien
no pesaba que creciesen estas, y se diese ocasion  que el resto de
los moriscos que estaba pacfico tomase las armas. Juntbanseles los
ministros de justicia, pertinaces de su opinion, impacientes de esperar
tiempo para el castigo, poco plticos de temporizar hasta la ocasion;
el inters de los que desean acrecentar los inconvenientes, la avaricia
de los soldados, y por ventura la indignacion del prncipe, la voz del
pueblo, y quien sabe si la de Dios, para que el castigo fuese general,
como habia sido la ofensa.

Estaba por rebelar la Vega de Granada, de donde y de la tierra  la
redonda cada dia se pasaba gente y lugares enteros  los enemigos,
excusndose con que no podian sufrir los robos de personas y haciendas,
las fuerzas de hijas y mujeres, los cautiverios, las muertes. Estaba
sosegada la serrana y el habaral de Bonda, la hoya y jarquia de
Mlaga, la sierra de Bentomiz, el rio de Bolodui, la hoya y tierra de
Baza, Guescar, el rio de Almanzora, la sierra de Filabres, el Albaicin
y barrios de Granada poblados de moriscos. Habia levantados algunos
lugares en tierra de Almuecar, el Val de Leclin, el Alpujarra, tierra
de Guadix, marquesado de Zenette, rio de Almera, que en esto se
encierra todo el reino de Granada poblado de moriscos. Mas Aben Humeya
no perdia ocasion de solicitallos por medio de personas, que tenian
entre ellos autoridad,  deudos de las mujeres con quien se habian
casado: usaba de blandura general; queria ser tenido por cabeza, y
no por rey: la crueldad, la codicia cubierta enga  muchos en los
principios; pero no  su tio Aben Jauhar, que dejando parte del dinero
y riquezas en poder del sobrino, llevando lo mejor consigo, resoluto de
huir  Berbera, mostr ir  solicitar el levantamiento de la sierra de
Bentomiz: vino  Portugos, donde muri de dolor de la hijada, viejo,
descontento y arrepentido. Mostr Aben Humeya descontentamiento, mas
por haberle la enfermedad quitado el cuchillo de las manos, que por la
falta del tio: tomle los dineros y hacienda con ocasion de entregarse
de mucha, que habia entrado en su poder de diezmos y quintos. Tal fue
la fin de don Fernando el zaguer Aben Jauhar, cabeza del levantamiento
en la Alpujarra, inventor del nombre de rey entre los moros de Granada;
poderoso para hacer seor  quien le quit la hacienda y fue causa de
su muerte: tal el desagradecimiento de Aben Humeya contra su sangre,
que le habia dado seoro y ttulo de rey, pudindolo tomar para s.
Mas as  los prncipes verdaderos como  los tiranos son agradables
los servicios, en cuanto parece que se pueden pagar; pero cuando pasan
muy adelante, dase aborrecimiento en lugar de merced.

Acab de resolverse el rey en la venida de su hermano  Granada, para
emplealle en empresa que puesto que de suyo fuese menuda, era de
muchos cabos peligrosa, por la vecindad de Berbera; y querindose
llevar por violencia, larga: por ser guerra de montaa, en ocasion
que el rey de Argel estaba armado, y la armada del gran turco junta
contra venecianos. Hizo dos provisiones; una en D. Luis de Requesens
que estaba por embajador en Roma, teniente de D. Juan de Austria en
la mar, para que con las galeras de su cargo que habia en Italia, y
trayendo las banderas del reino de que D. Pedro de Padilla era maestro
de campo, viniese  hacer espaldas  la empresa, poniendo la gente en
tierra, donde  D. Juan pareciese que podia aprovechar; y juntando
con sus galeras las de Espaa, cuyo capitan era D. Sancho de Leiva,
hijo de Sancho Martinez de Leiva, estorbase el socorro que podia venir
de Berbera  los enemigos; proveyese de vitualla y municiones las
plazas del reino de Granada que estn  la costa, y al ejrcito cuando
estuviese en parte  propsito. Otra provision (resoluto de hacer la
guerra con mayores fuerzas) fue mandar al marqus de Mondejar que
estaba en Orgiba para salir en campo, que dejando en su lugar  D.
Antonio de Luna   D. Juan de Mendoza, cual de ellos le pareciese, con
expresa rden que no innovasen ni hiciesen la guerra, viniese  Granada
para recibir  D. Juan y asistir con l en consejo, juntamente con los
que hubiesen de tratar los negocios de paz y guerra, no dejando el uso
de su oficio, como capitan general de la gente ordinaria del reino de
Granada:  si mejor le pareciese, quedase en Orgiba  hacer la guerra,
guardando en todo la rden que D. Juan de Austria su hermano le diese,
 quien enviaba por cabeza y seor de la empresa. Pareci al marqus
escoger la asistencia en consejo;  porque con la pltica de la guerra
pasada, con el conocimiento de la tierra y gente, y con el ejercicio
de aquella manera de milicia en que se habia criado (aunque en todo
diferente de la ordinaria), esperaba que el crdito y el gobierno
pararia en su parecer, y la ejecucion en su mano;  temiendo quedar
debajo de mano ajena, y ser mal proveido, mandado y  veces calumniado
 reprendido como ausente, dej  D. Juan de Mendoza contento, regalado
y honrado en Orgiba; por ser hombre pltico, mas desocupado, de su
nombre, y con cuyos deudos tenia antigua amistad (aunque algunos creen
que en ello no hizo su provecho); y vino  Granada. Salido de Orgiba,
estuvo aquella frontera sosegada, sin hacer ni recibir dao de los
enemigos; discurriendo ellos  una y otra parte con libertad.

Lleg D. Juan de Austria trayendo consigo  Luis Quijada (pltico en
gobernar infantera, cuyo cargo habia tenido en tiempo del emperador),
hombre de gran autoridad, por voluntad del rey, que le remiti la suma
de todo lo que tocaba al gobierno de la persona y consejo del hermano;
y por la crianza que habia hecho en l por mandado del emperador. Fue
recibido D. Juan con grandes demostraciones y confianza, sin dejar
ninguna manera de ceremonia excepto las ordinarias que se suelen hacer
 los reyes; y aun la lisonja (que su verdad est en las palabras) se
extendi  llamarle alteza, no embargante que hubiese rden expresa
del rey, para que sus ministros y consejeros le llamasen excelencia,
y l no se consintiese llamar de sus criados otro ttulo. Pos en las
casas de la audiencia por estar en medio de la ciudad; casas de mala
ventura las llamaban en su tiempo los moros, y as de ellas sali su
perdicion. Lleg dende  pocos dias Gonzalo Hernandez de Crdoba,
duque de Sesa, nieto del Gran Capitan, que despues de haber dejado el
gobierno del estado de Milan, conformando mas su voluntad con la de sus
mulos que con la del rey, vivia en su casa libre de negocios aunque
no de pretensiones: fue llamado para consejo, y uno de los ministros
de esta empresa, como quien habia dado buena cuenta de las que en
Lombarda tuvo  su cargo. Lo primero que se trat fue procurar que se
asegurase Granada contra el peligro de los enemigos declarados fuera, y
sospechosos dentro; visitar la gente que estaba alojada en el Albaicin
y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en frontera contra los
enemigos; repartir y mudar las guardias al parecer con mas curiosidad
que necesidad de los muros adentro; y aun qued muchos meses de parte
del realejo sin guardia  discrecion de pocos enemigos. En el campo
andaban solas dos cuadrillas, ningunos atajadores por la tierra; que
daba avilanteza  los contrarios de inquietar la ciudad, y  nosotros
causa de correr las calles  un cabo y  otro, y algunas veces salir
desalumbrados, inciertos del camino que llevaban. Atajadores llaman
entre gente del campo hombres de  pie y de  caballo, diputados 
rodear la tierra, para ver si han entrado enemigos en ella  salido.
Era excusable esta manera de defensa por ser aventurera la gente,
muchas banderas de poco nmero, mantenidas sin pagas con solos
alojamientos; la ciudad grande, continuada con la montaa; los pasos
como pocos y ciertos en tiempo de nieve, as muchos y inciertos estando
desnevada la sierra; un ejrcito en Orgiba, que los moros habian de
dejar  las espaldas viniendo  Granada, aunque lejos.

El propsito requiere tratar brevemente del asiento de Granada por
clareza de lo que se escribe. Es puesta parte en monte, y parte en
llano: el llano se extiende por un cabo y otro de un pequeo rio que
llaman Darro, que la divide por medio; nace en la sierra Nevada poco
lejos de las fuentes de Genil, pero no en lo nevado; de aire y agua
tan saludable, que los enfermos salen  repararse, y los moros venian
de Berbera  tomar salud en su ribera, donde se coge oro; y entre los
viejos hay fama, que el rey de Espaa D. Rodrigo tenia riqusimas minas
debajo de un cerro, que dicen del sol. Est lo spero de la ciudad en
cuatro montes: el Alhambra  levante, edificio de muchos reyes, con la
casa real; y San Francisco, sepultura del marqus D. Iigo de Mendoza,
primer alcaide y general, humilde edificio, mas nombrado por esto;
fuerza hecha para sojuzgar la parte de la ciudad que no descubre la
Alhambra, con el arrabal de la Churra y calle de los Gomeres que todo
se contina con la sierra de Guejar. El Antequeruela, y las torres
Bermejas, que llaman Mauror,  mediodia. El Albaicin, que mira al norte
con el Hajariz; y como vuelve por la calle de Elvira la ladera que
dicen Zenette por ser spera. El Alcazava cuasi fuera de la ciudad 
mano derecha de la puerta de Elvira que mira al poniente. Con estos
dos montes Albaicin y Alcazava se contina la sierra de Cogollos, y la
que decimos del Puntal. En torno de estos montes y la falda de ellos,
se extienden los edificios por lo llano hasta llegar al rio Genil que
pasa por defuera. Al principio de la ciudad, la plaza Nueva sobre una
puente; y cuasi al fin, la de Bibarrambla, grande, cuadrada, que toma
nombre de la puerta; ambas plazas juntadas con la calle de Zacatin:
antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso despues del Vaticano de
San Pedro, la capilla en que estn enterrados los reyes D. Fernando
y D. Isabel, conquistadores de Granada, con sus hijos y yernos. El
Alcaicera, que hasta ahora guarda el nombre romano de Csar ( quien
los rabes en su lengua llaman Caizar), como casa de Csar. Dicen las
historias arbigas y algunas griegas, que por encerrarse y marcarse
dentro la seda que se vende y compra en todo el reino la llaman de
esa manera, dende que el emperador Justino concedi por privilegio
 los rabes scenitas, que solos pudiesen crialla y beneficialla:
mas extendiendo debajo de Mahoma y sus sucesores su poder por el
mundo, llevaron consigo el uso de ella, y pusieron aquel nombre  las
casas donde se contrataba; en que despues se recogieron otras muchas
mercaderas, que pagaban derechos  los emperadores, y perdido el
imperio  los reyes. Fuera de la ciudad el hospital real fabricado de
los reyes D. Fernando y D. Isabel, San Hiernimo, suntuoso sepulcro
del gran capitan Gonzalo Hernandez, y memoria de sus victorias: el rio
Genil, que cuasi toca los edificios, dicho de los antiguos Singilia,
que nace en la sierra Nevada,  quien llamaban Solaria y los moros
Solaira, de dos lagunas que estn en el monte cuasi mas alto, de
donde se descubre la mar, y algunos presumen ver de all la tierra de
Berbera. En ellas no se halla suelo ni otra salida sino la del rio;
cuyas fuentes tienen los moradores por religion, diciendo que horadan
el monte por milagro de un santo que est sepultado en otro monte
contrario dicho Sant Alcazaren. Va primero al norte, y pequeo; mas
en poco camino, grande con las nieves cuando se deshacen y arroyos
que se le juntan.  una y otra parte moraban pueblos, que ahora aun
el nombre de ellos no queda; iliberitanos  liberinos en tiempo de
los antiguos espaoles, lo que decimos Elvira, en cuyo lugar entr
Granada; ilurconeses, pequeos cortijos; la torrecilla, y la torre de
Roma, recreacion de la Cava romana, hija del conde Julian el traidor:
todo poblaciones de los soldados que acompaaron  Baco en la empresa
de Espaa; segun muestran los nombres y muchos letreros y imgenes, en
que se ven esculpidas procesiones y personajes que representan juegos
y ceremonias del mismo Baco  quien tuvieron por dios; todo esto en la
Vega. Despues Loja, Antequera, dicha Singilia del nombre del mismo rio,
cija dicha Astigis, colonias de romanos antiguamente, hoy ciudades
populosas en el Andaluca por donde pasa; hasta que haciendo mayor 
Guadalquivir, deja en l aguas y nombre.

Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de justicia, con
la presencia de D. Juan. Su comision fue sin limitacion ninguna; mas
su libertad tan atada, que de cosa grande ni pequea podia disponer
sin comunicacion y parecer de los consejeros, y mandado del rey;
salvo deshacer  estorbar, que para esto la voluntad es comision:
mozo afable, modesto, amigo de complacer, atento  los oficios de
guerra, animoso, deseoso de emplear su persona. Acrecentaba estas
partes la gloria del padre, la grandeza del hermano, las victorias
del uno y del otro. Lo primero en que se ocup fue en reformar los
excesos de capitanes y soldados en alojamientos contribuciones,
aprovechamientos de pagas; estrechando la costa, aunque no atajando
las causas de la desrden. En aquellos principios D. Juan era poco
ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio y habilidad. Luis
Quijada, spero, riguroso, atado  la letra, que tuvo la primera rden
de guerra en la postrera empresa del emperador contra el rey Henrico
II de Francia, siempre mandado. l y el duque de Sesa acostumbrados 
tratar gente pltica, con menos licencia, mas proveida, mayores pagas y
mas ordinarias en Flandes, en Lombarda, lejos cada uno de su tierra;
do convenia esperar pagas, contentarse con los alojamientos, antes
que tornar  Espaa, la mar en medio: todo aqu por el contrario. El
marqus de Mondejar tambien capitan general antes que soldado, criado 
las rdenes de su abuelo y padre, al poco sueldo,  las limitaciones de
la milicia castellana; no guiar ejrcitos, poca gente, menos ejercicio
de guerra abierta. El presidente sin pltica de lo uno y de lo otro: la
aspereza de unos, la blandura de otros, la limitacion de todos, causaba
irresolucion de provisiones y otros inconvenientes; no faltaron algunos
de la opinion del marqus de Mondejar, que daban la guerra por acabada.
Habia pocos oficiales de pluma, perdian los soldados el respeto,
hacase costumbre del vicio, envilecase el buen nombre y reputacion de
la milicia: apocse tanto la gente, que fue necesario tratar de nuevo
con las ciudades no solo del Andaluca y Estremadura, mas con las mas
apartadas de Castilla que enviasen suplemento de ella; y vinieron las
de mas cerca, con que parecia remediarse la falta.

Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban  l: torn  solicitar
con personas ciertas los prncipes de Berbera, segun parecia por
las respuestas que fueron tomadas: envi dineros, ropa, cautivos;
acercse  nuestros presidios, especialmente  Orgiba, donde entendi
que faltaba vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente
disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza de l,
mand D. Juan que fuese del Padul proveido, y llevase la escolta  su
cargo Juan de Chaves de Orellana, uno de los capitanes que trujeron la
gente de Trujillo. Mas l por estar enfermo envi su alfrez llamado
Moriz con la compaa; hidalgo, pero poco proveido y muy libre: camin
con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si tuvieran cabeza.
Entendieron los moros la salida de la escolta por sus atalayas;
juntronse trescientos arcabuceros y ballesteros mandados por el Macox,
hombre diestro y pltico de la tierra;  quien despues prendi D.
Fernando de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mand justiciar el
duque de Arcos en Granada. Embosc parte en la cuesta de Talera y un
arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas casas; y dejndolos
pasar la primera emboscada, acometi  un tiempo  los que iban en la
rezaga y los delanteros. Pelese en una y otra parte, pero fueron rotos
los nuestros, y murieron todos; con ellos el alfrez por no reconocer;
y aun dicen que borracho, mas de confianza que de vino: perdironse
bagajes, bagajeros, y la vitualla, sin escapar mas de dos personas: hoy
se ven blanquear los huesos, no lejos del camino. Tvose de este caso
tanto secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque muchos
moriscos de paz, especialmente de las Albuuelas, se hallaron con el
Macox, y porque los vecinos de aquel lugar acogian y daban vitualla 
los moros, y con ellos tenian continua pltica; pareci que debian ser
castigados y el lugar destruido, as por ejemplo de otros, como por
entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba ociosa y
descontenta. Es las Albuuelas lugar asentado en la falda de la montaa
 la entrada de Val de Lecrin, depsito de todos los frutos y riquezas
del mismo valle, cinco leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado
de otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la sierra,
tenidos los hombres por valientes y que pudieron resistir las armas
del Rey Catlico D. Fernando hasta concertarse con ventaja. Mandse
 D. Antonio de Luna, capitan de la Vega, que con cinco banderas de
infantera y doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase
los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase, quemase,
asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre cuidadoso y diligente,  que
no midiese el tiempo,  que la gente caminase con pereza, lleg cuando
los vecinos parte eran huidos  la montaa, parte estaban prevenidos
en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan, llamado
Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente tan tibia, que de
los enemigos murieron pocos, y de esos los mas viejos, perezosos y
enfermos; y de los nuestros algunos: cautivronse nios y mujeres, los
que no pudieron escapar  lo alto; fue saqueado el uno de los tres
barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que saliendo por
una parte nuestra gente, entraba la suya por otra: habitaron las casas,
segaron sus panes aquel ao, y sembraron sin estorbo para el siguiente.

Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo desasosiego
que daban los moros en la ciudad: gobernbalos en la parte que cae el
valle y la Vega un capitan llamado Nacoz (que en su lengua quiere decir
campana), mostrndose  todas horas y en todos lugares. Ya se habian
encontrado l y D. Antonio de Luna con nmero cuasi igual de gente de
 pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballera que llevaba: se
partieron con igualdad, cuasi sin poner manos  las armas; ponindose
el Nacoz en salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra
caballera. Dicen que de all atraves la sierra de la Almijara, y por
Almuecar con su hacienda y familia pas  Berbera.

Visto por D. Juan que los enemigos crecian en nmero y experiencia;
que eran avisados por los moriscos de Granada, ayudados con vitualla,
reforzados con parte de la gente moza de la ciudad y la Vega; que no
cesaban las plticas y tratados; el concierto de poner en ejecucion el
primero aun estaba en pie; que tenian seado el dia y hora cierta para
acometer la ciudad; nmero de gente determinado; capitanes nombrados
Giron, Nacoz, uno de los Partales, Farax, Chacon, Rendati, moriscos;
Caracax y Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido
por mandado del rey de Argel; di aviso de todo encareciendo el peligro
por parte de los enemigos, si se juntaban con los de Granada y la Vega,
y de los nuestros por la flaqueza que sentian en la gente comun, por la
corrupcion de costumbres y rden de guerra.

Mand el rey que todos los moriscos habitantes en Granada saliesen
 vivir repartidos por lugares de Castilla y el Andaluca; porque
morando en la ciudad no podian dejar de mantenerse vivas las plticas
y esperanzas, dentro y fuera. Habia entre los nuestros sospechas,
desasosiego, poca seguridad: parecia  los que no tenian experiencia
de mantener pueblos oprimiendo  engaando  los enemigos de dentro
y resistiendo  los de fuera, estar en manifiesto peligro. Con tal
resolucion orden D. Juan  los veinte y tres de junio, que encerrasen
todos los moriscos en las iglesias de sus parroquias: ya era llegada
gente de las ciudades  sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad.
Puso la ciudad en arma; la caballera y la infantera repartida por
sus cuarteles: orden al marqus de Mondejar que subiendo al Albaicin
se mostrase  los moriscos, y con su autoridad los persuadiese 
encerrarse llanamente. Recogidos que fueron de esta manera, mandronlos
ir al hospital real fuera Granada un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan
por las calles con guardas de  caballo y guion; vilos recoger
inciertos de lo que habia de ser de ellos; mostraban una manera de
obediencia forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza que
arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna seal; que uno de
ellos hiri al que hall cerca de s: dcese que con acometimiento
contra D. Juan, pero lo cierto no se pudo averiguar porque fue luego
hecho pedazos: yo que me hall presente diria, que fue movimiento de
ira contra el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres
en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros con que
seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas las manos, puestos en
la cuerda, con guarda de infantera y caballera por una y otra parte,
encomendados  personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares
ciertos de Andaluca, y guardallos; tanto porque no huyesen, como
porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos mercaderes y oficiales,
para el servicio y trato de la ciudad: algunos  contemplacion y por
intereses de amigos. Muchos de los mancebos que adivinaron la mala
ventura huyeron  la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron
por todos tres mil y quinientos; el nmero de mujeres mucho mayor. Fue
salida de harta compasion para quien los vi acomodados y regalados en
sus casas: muchos murieron por los caminos de trabajo, de cansancio, de
pesar, de hambre,  hierro, por mano de los mismos que los habian de
guardar, robados, vendidos por cautivos.

Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta con su hacienda,
porque antes no las habia, como en negocio de que presto se vernia
al fin; contador, pagador, veedor general y particulares; dentro
en consejo al licenciado Muatones que habia servido de alcalde de
corte al emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo
y limpio, y en diversos tiempos de prspera y contraria fortuna.
Como los moriscos salieron de Granada, perdise la comodidad de
los soldados; cesaron los alojamientos, camas, fuego, vasos: cosas
que se dan en hospedaje, sin que la gente no puede vivir ni cmoda
ni suficientemente. Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha
provision de vitualla, pero entraron  mantener la gente con socorros,
mudando trmino y propsito. Fue mayor el aprovechamiento de los
capitanes y oficiales de guerra con los socorros y raciones, cuanto
mas  menudo se tomaban las nuestras: entraban  ellas en lugar de
soldados vecinos del pueblo; sucedieron  cumplir la hacienda del rey,
en lugar de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: por
todo se robaba  amigos, como  enemigos;  cristianos, como  moros;
padecian los soldados, adolecian, banse, crecieron las desrdenes y
compasiones por la Vega. Naci una opinion entre los ministros, la cual
como provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; as errada,
donde no hay pueblo contrario, y fue que no se debian tomar muestras,
porque los enemigos no entendiesen cuan pocos eran los soldados, y que
se debia permitir la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni
huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; los moriscos
fuera, los soldados no tan pocos, que no fuesen superiores (juntos con
el pueblo)  los enemigos; guarda de  pie y de  caballo en la Vega;
armado en Orgiba D. Juan de Mendoza: qu temor  recatamiento podia
estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de poner en
peligro la empresa, y de que los moros de la Vega no pudiendo sufrir
tanto maltratamiento, yndose  la sierra acrecentasen el nmero de los
enemigos? Dur tantos meses esta manera de gobierno, que di causa 
intenciones libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas
 quien contentase, que creciendo los inconvenientes, fuese mayor la
necesidad.

Declar el rey, como estaba acordado, que el marqus de Velez tuviese
cargo de los partidos de Almera, Guadix, Baza, rio de Almanzora,
sierra de Filabres; y queriendo salir contra los enemigos, parecile
asegurar el puerto que dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para
tierra de Guadix y Granada: mand que con cuatrocientos hombres
enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, pltico en las
escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, y se hiciese fuerte
hasta tener rden suya. Comenz  subir la montaa sin reconocer; mas
los moros que estaban cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino,
dejando subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que
acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, hasta
ponellos en desrden; y cargndolos en rota, muri la mayor parte
huyendo: perdironse las armas, municion y vitualla que llevaban;
poca gente torn  Guadix con el capitan. D. Juan, temeroso que los
enemigos cargasen  la parte de Guadix, provey para guardia de ella 
Francisco de Molina, que sirvi de capitan al emperador en las guerras
de Alemania.

Con el suceso de la Ravaha se levant la sierra de Bentomiz, y
tierra de Velez Mlaga: no hicieron los excesos que en el Alpujarra,
antes contentndose con recoger la ropa  lugares fuertes sin hacer
daos, echaron bando que ninguno matase  cautivase cristianos,
quemase iglesia, tomase bienes de cristianos  de moros que no se
quisiesen recoger con ellos: fortificaron para refugio y seguridad
de sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja,  diferencia
de la nueva cerca de l, deshabitado de muchos tiempos: los antiguos
espaoles y romanos le llamaron Saxifirmum. Estuvieron de esta manera
tanto mas sospechosos  Velez, cuanto procedian mas justificadamente,
sin comunicacion  comercio en el Alpujarra. Mas Arvalo de Suazo,
corregidor de Mlaga y Velez, avisado primero por cartas de D.
Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para levantarse y
ocupar  Velez, movido por la razon de que se podia continuar aquel
levantamiento por la hoya y jarquia de Mlaga, hasta tierra de Ronda,
si con tiempo no se atajase, y con alguna esperanza de pacificar los
moros por via de concierto; parti de Mlaga con cuatrocientos infantes
y cincuenta caballos, lleg  Velez y hizo salir del fuerte la gente
del pueblo que habia desamparado lo llano: puso el lugar en defensa:
socorri el castillo de Caniles, lugar del marqus de Comares, que
estaba en aprieto, echando los moros de la tierra, los cuales y los de
Sedella se fueron  juntar con los de toda la sierra, y  un tiempo
descubrieron el levantamiento que tengo dicho. Volvi  Velez Suazo
juntando mil y quinientos infantes con la caballera que se hallaba,
y entendiendo que se recogian y fortificaban en la sierra, quiso ir 
reconocellos y en ocasion combatillos. Halllos en Frejiliana la vieja
fortificados: el general de ellos era Gomel, y tenia consigo otros
capitanes; todos se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en
la subida de la montaa creyendo que bastaria mostralles las armas,
trab la gente desmandada una escaramuza, y siguironla dos banderas de
infantera sin rden, y sin podellos Arvalo de Suazo retirar; harto
ocupado en estorbar que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros,
que habian hecho rostro  la escaramuza, viendo la gente que cargaba
de nuevo y conociendo la desrden, comenzronse  retirar hasta sus
reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apretaron
nuestra gente cuasi puesta en rota ejecutndola hasta lo llano. Arvalo
de Suazo, parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente,
volvi con ella (algunos muertos y pocos heridos)  Velez, donde estuvo
 la guarda del lugar y la tierra; y los moros volvieron  continuar su
fuerte. D. Juan visto el caso, y parecindole dar dueo  la empresa
que la hiciese  menos costa y con mas autoridad, aunque en Arvalo
de Suazo no hubiese como no hubo falta, ofreci aquella jornada por
mandado del rey  D. Diego de Crdoba marqus de Comares, gran seor en
el Andaluca, y fuera de ella de mayores esperanzas, que tenia parte de
su estado en aquella montaa pacfico y guardado; pero fue la oferta de
manera, que justificadamente pudo excusarse.

En este tiempo se declararon los preparamientos del rey de Argel ser
contra el de Tnez Mulei Hamida; y el rey de Fez se quiet. Parti
el de Argel con siete mil infantes turcos y andaluces y doce mil
caballos, parte de su sueldo y parte alrabes que labraban la tierra:
juntronse  una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Tnez; mas
el rey de Tnez fue roto, y salvse con doscientos caballos hcia
la tierra que dicen de los dtiles. Perdi  Beja y Tnez que ahora
est en poder de turcos, y  Biserta que comenzaron  fortificar,
lugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener;
Hippon Diarritos le llamaron los griegos,  diferencia de Bona: psole
el nombre Agatcles, tirano de Sicilia en la gran empresa que tuvo
contra los cartagineses. Mas por quitar duda y oscuridad, dir lo que
entiendo de estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo
guerra contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus historias.
Despues de varias mudanzas, edific la ciudad Idriz, del linaje de
Al, que conquist  Berbera y en memoria tienen su alfanje colgado
en el templo principal con gran veneracion. Dile el nombre del rio
que pasa por medio, llamado entonces Fez. Junt los edificios Juseph
Miramarazohir Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que fue
vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por la comodidad
de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo de nuevo cabeza del reino
poseido al presente por los hijos de Jarife; hombre que de predicador y
tenido por santo y del linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con
la religion, al seoro de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos
de su secta en frica, comenzando de Mahoma hasta los almoravides,
los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, y jarifes que hoy
son; todos religiosos y armados, y que por este medio vinieron  la
alteza del reino. El de Tnez tuvo mayor antigedad por fundarse en las
sobras de la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta 
restaurar primero por los cnsules romanos y por Tiberio Graco, despues
mudado el sitio  lo llano por Csar Augusto, y habitada de romanos,
poseida de los emperadores, ganada por los vndalos, y recuperada por
Belisario, capitan del emperador Justiniano; siempre tenida por la
tercia parte del imperio griego hasta el tiempo de los alrabes; que
fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauha, sojuzgada, venciendo y
matando al conde Gregorio, lugarteniente del emperador Constantino,
hijo de Constante, con setenta mil caballeros cristianos en la gran
batalla junto  frica, que los moros llaman Mehedia (del nombre de
un su prncipe dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar
destruido por el ejrcito del emperador D. Crlos. Las armas con que
se hall el conde Gregorio,  quien los alrabes llaman Groguir, dicen
que fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y hermosas; l en
una litera de hombros con piedras preciosas cubierta de pao de oro,
y dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le quitaban el
polvo. Mauha ocup  Cartago por entrega de Mara, hija del conde
Gregorio, con pacto que casase con ella, mas descontento del casamiento
la dej: deshabit  Cartago; pas la poblacion donde ahora es Tnez,
que entonces era pequeo lugar y siempre del mismo nombre. Quedaron
repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy son de labradores moros
en el cabo que llaman de Cartago, donde fue la ciudad competidora de
Roma; el nombre de ella dura en un pequeo pueblo, y ese sin gente:
tantas mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los estados.
Gobernse Tnez en forma de repblica hasta los tiempos de Miramamolin
Juseph, que envi  Abdeluahhed su capitan, natural de Sevilla, que los
gobern y sujet con ocasion de defendellos contra los alrabes; cuyo
hijo qued por seor y fue el primero rey de Tnez hasta Muztancoz que
ennobleci la ciudad, y dende l  Hamida, que hoy reina sin perderse
la sucesion, segun la verdad de sus historias, cegando  matando los
padres  los hijos,  los hijos  los padres, como hizo Hamida que
ceg  Mulei Hacen su padre, y le quit el reino, en que el emperador
D. Crlos, vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando 
Barbarroja tirano de l, puesto por mano del gran seor de los turcos.

Menores fueron los principios del seoro de Argel, que hoy est en
mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair por una isla que
tenia delante; nosotros le llamamos Argel; antiguamente se pobl de
los moradores de Cesarea, que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en
el seoro de los reyes godos de Espaa hasta que vinieron los moros,
y en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por jeques. Mas
despues el rey D. Fernando el Catlico hizo tributario al seor, y
edific el Peon. Muerto el rey, el cardenal Fr. Francisco Jimenez,
Gobernador de Espaa en los principios del reinado del emperador D.
Crlos, tom  Buga (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha
por esto de su nombre, segun los alrabes), y quiso crecer el tributo
moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos los moros, reprendido
y arrepentido el seor, se retir. El cardenal, hombre de su condicion
armgero, y aun desasosegado, arm contra l haciendo capitanes  Diego
de Vera y Juan del Rio: juntse esta armada  manera de arrendamiento;
que todos los que tenian oficios menores, si los querian pasar en sus
hijos por una vida, fuesen  servir,  llevasen  diesen en su lugar
tantos hombres, segun la importancia del oficio. Perdise la armada
por mal tiempo, confusion y poca pltica de los que gobernaban, y
esta fue la primera prdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque,
temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la guerra, trajo por
husped y soldado  Barbarroja, hermano del que fue tirano de Tnez,
que entonces era su lugarteniente y secretario; venidos  la grandeza
que tuvieron, de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja
Horux (que as se llamaba el mayor) la empresa de Buga; perdido el
tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogdose con cuarenta turcos
 un pequeo castillo, de donde el jeque otra vez le trajo al sueldo;
mas l, juntndose con los principales, mat al jeque llamado Selin
Etenri estando comiendo en un bao: hzose seor y llamse rey. Dende
 poco sali para la empresa de Tremecen, y ocupado aquel reino qued
por seor; y su hermano Harradin por gobernador en Argel; mas echado
despues de Tremecen por los capitanes del alcaide de los donceles,
abuelo de este marqus de Comares, que era entonces general de Oran; y
muerto huyendo, qued el reino de Argel en poder del hermano. Habia D.
Hugo de Moncada hecho tributarios los gelves despues de algunos aos de
la prdida del conde Pedro Navarro, y muerte de D. Garca de Toledo,
hijo del duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando que hoy
gobierna los estados de Flandes: y tornando con el armada por mandado
del emperador sobre Argel, con intento de destruilla y asegurar la
marina de Espaa, tent desdichadamente la venganza de Diego de Vera y
Juan del Rio; porque con tormenta perdi mucha parte de la armada, y
echando gente en tierra para defender los que se iban  ella con miedo
de la mar, perdi tambien lo uno y lo otro. Crecieron las fuerzas de
Barbarroja; extendise por la tierra adentro su poder; deshizo el Peon
que era isla; continula con la tierra firme; ocup los lugares de la
mar Sarjel, Guijan, Brica, y el reino de Tnez aunque pequeo. Vino 
noticia del seor de los turcos, que pretendia por seguridad y paz de
sus hijos ocupar  frica y poner en Tnez  Bayaceto que se mat  s
mismo: adelant  Barbarroja en fuerzas y autoridad por conseguir este
fin y poner al emperador en estrecho y necesidad. Dile mayor armada
con que ocupase y afirmase el reino de Tnez, de donde echado por el
emperador pas  Constantinopla: qued general de la armada del turco,
y despues favorecido y honrado hasta que muri; tenido en mas por
haberle vencido el emperador; porque los vencedores honrados honran 
los vencidos. Qued el reino de Argel en poder de gobernadores enviados
por el turco; mas el emperador, temiendo la poca seguridad que tenia
en sus estados con la grandeza de los turcos en Argel, y hallndose en
Alemania al tiempo que el gran turco venia sobre ella, mal proveido
de dineros para resistille, no quiso obligarse  la empresa. Quedar
sin salir  ella en Alemania, era poca reputacion; tom por expediente
la de Argel, donde fue roto de la tormenta: retirse por tierra 
Buga, perdiendo mucha parte de la armada, pero salv el ejrcito y la
reputacion, con gloria de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De
all crecieron sin resistencia las fuerzas de los seores de Argel;
tomaron  Tremecen,  Buga; y por su rden los cosarios  Jayona,
de los moros;  Tripol, de la rden de San Juan: rompieron diversas
armadas de galeras sin otra adversidad mas que la prdida que hicieron
de su armada en la batalla que D. Bernardino de Mendoza gan  Al
Hamete y Cara Mami, sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este
camino vino el reino de Argel  la grandeza que ahora tiene.




                              LIBRO III.


Entretenia el gran turco los moros del reino de Granada con esperanzas,
por medio del rey de Argel, para ocupar, como dijimos, las fuerzas del
rey D. Felipe en tanto que las suyas estaban puestas contra venecianos;
con quien (dando  entender que las despreciaba) ninguna ocasion de
su provecho, aunque pequea, dejaba pasar. Entre tanto el comendador
mayor D. Luis de Requesens sac del reino y embarc la infantera
espaola en las galeras de Italia, dejando rden  D. lvaro de Bazan,
que con las catorce de Npoles, que eran  su cargo, y tres banderas
de infantera espaola, corriese las islas y asegurase aquellos mares
contra los cosarios turcos. Vino  Civitavieja; de all  puerto
Santo Stfano, donde juntando consigo nueve galeras y una galeota del
duque de Florencia, estorbado de los tiempos entr en Marsella. Dende
 poco pareciendo bonanza, continu su viaje; mas entrando la noche
comenz el narbons  refrescar, viento que levanta grandes tormentas
en aquel golfo, y travesia para la costa de Berbera, aunque lejos:
tres dias corri la armada tan deshecha fortuna, que se perdieron unas
galeras de otras; rompieron remos, velas, rboles, timones: y en fin
la capitana sola pudo tomar  Menorca, y dende all  Palams: donde
los turcos forzados confindose en la flaqueza de los nuestros por
el no dormir y continuo trabajo, tentaron levantarse con la galera;
pero sentidos, hizo el comendador mayor justicia de treinta. Nueve
galeras de las otras siguieron la derrota de la capitana; cuatro se
perdieron con la gente y chusma; la una que era de Estfano de Mari,
gentil hombre genovs, en presencia de todas en el golfo embisti por
el costado  otra, y fue la embestida salva, y  fondo la que embisti:
acaecimiento visto pocas veces en la mar; las dems dieron al travs
en Crcega y Cerdea,  aportaron en otras partes con prdida de la
ropa, vitualla, municiones y aparejos; aunque sin dao de la gente.
Luego que pas la tormenta lleg D. lvaro de Bazan  Cerdea con las
galeras de Npoles: puso en rden cinco de las que habian quedado para
navegar: en ellas y en las suyas embarc los soldados que pudo; lleg 
Palams, y juntndose con el comendador mayor, navegaron la costa del
reino de Granada,  tiempo que poco habia fuera el suceso de Bentomiz y
otras ocasiones, mas en favor de los moros que nuestro. Llev consigo
de Cartagena las galeras de Espaa que traa D. Sancho de Leiva; y
tornando D. lvaro  guardar la costa de Italia, l parti con veinte y
cinco galeras para Mlaga. Mas al pasar, avisado por Arvalo de Suazo
de lo sucedido en Bentomiz, envi con D. Miguel de Moncada  continuar
con D. Juan su intento, y el peligro en que estaba toda aquella tierra,
si no se ponia remedio con brevedad, sin esperar consulta del rey.
Puso entre tanto sus galeras en rden; arm y rehizo la infantera que
serian en diez banderas mil soldados viejos, y quinientos de galera;
junt y arm de Mlaga, Velez y Antequera, por medio de Arvalo de
Suazo y Pedro Verdugo, tres mil infantes. Volvi D. Miguel con la
comision de D. Juan, y parti el comendador mayor  combatir los
enemigos. Llegado  Torrox, envi  D. Martin de Padilla, hijo del
adelantado de Castilla, con alguna infantera suelta para reconocer el
fuerte de Frejiliana, y volvi trayendo consigo algun ganado. Psose al
pie de la montaa; y despues de haber reconocido de mas cerca, di la
frente  D. Pedro de Padilla con parte de sus banderas y otras hasta
mil infantes, y mandle subir derecho.  D. Juan de Crdenas[50], hijo
del conde de Miranda, mand subir con cuatrocientos aventureros y otra
gente pltica de las banderas de Italia por la parte de la mar, y por
la otra  D. Martin de Padilla con trescientos soldados de galera y
algunos de Mlaga y Velez: los dems que acometiesen por las espaldas
del fuerte, donde parece que la subida estaba mas spera, y por esto
menos guardada, y estos mand que llevase Arvalo de Suazo con alguna
caballera por guarda de la ladera y del agua. Mas D. Pedro, aunque
de su niez criado  las armas y modestia del emperador, soldado suyo
en las guerras de Flandes, despreciando con palabras la rden del
comendador mayor, la cual era que los unos esperasen  los otros hasta
estar igualados (porque parte de ellos iban por rodeos), y entonces
arremetiesen  un tiempo; arremeti sin l y lleg primero por el
camino derecho.

      [50] Este D. Juan de Crdenas fue despues conde de Miranda,
      virey de Npoles, presidente de Italia y Castilla.

Los enemigos estuvieron  la defensa como gente pltica, y juntos
resistieron con mas dao de los nuestros que suyo; pero al fin, dado
lugar  que nuestros armados se pegasen con el fuerte, y comenzasen
con las picas  desviarlos y  derribar las piedras de l, y los
arcabuceros  quitar traveses, estuvieron firmes hasta que sali un
turco de galera enviado por el comendador mayor  reconocer dentro,
con promesa de la libertad. Este di aviso de la dificultad que habia
por la parte que eran acometidos, y cuanto mas fcil seria la entrada
al lado y espaldas. Parti la gente, y combatilos por donde el turco
decia: lo mismo hicieron los enemigos para resistir, pero con mucho
dao de los nuestros, que eran heridos y muertos de su arcabucera,
al prolongarse por el reparo. Todava partidas las fuerzas con esto,
aflojaron los que estaban  la frente; y D. Juan de Crdenas tuvo
tiempo de llegar, lo mismo la gente de Mlaga y Velez, que iba por
las espaldas. Mas los moros, vindose por una y otra parte apretados,
salieron por la del maestral que estaba mas spera y desocupada como
dos mil personas, y entre ellos mil hombres los mas sueltos y plticos
de la tierra: fue porfiado por ambas partes el combate hasta venir 
las espadas, de que los moros se aprovechan menos que nosotros, por
tener las suyas un filo, y no herir ellos de punta. Con la salida
de estos y sus capitanes tuvieron los nuestros menos resistencia:
entraron por fuerza por la parte mas difcil y no tan guardada que
toc  Arvalo de Suazo, donde l fue buen caballero, y buena la
gente de Mlaga y Velez; pero no entraron con tanta furia, que no
diesen lugar  los que combatian de D. Pedro de Padilla y  los dems,
para que tambien entrasen al mismo tiempo. Murieron de los enemigos
dentro del fuerte quinientos hombres, la mayor parte viejos: mujeres
y nios cuasi mil y trescientos con el mpetu y enojo de la entrada y
despues de salidos en el alcance; y heridos otros cerca de quinientos.
Cautivronse cuasi dos mil personas: los capitanes Garral, y el Melil,
general de todos, con la gente que sali, vinieron destrozados  Valor,
donde Aben Humeya los recogi, y mand dende  pocos dias tornar al
mismo Frejiliana. Mas el Melil, rico y de nimo, hizo ahorcar  Chacon
que trataba con los cristianos, por una carta de su mujer que le
hallaron, en que le persuadia  dejar la guerra y concertarse. Dcese
que en el fuerte los viejos de concierto se ofrecieron  la muerte,
porque los mozos se saliesen en el entre tanto; al revs de lo que
suele acontecer y de la rden que guarda naturaleza, como quier que
los mozos sean animosos para ejecutar y defender  los que mandan; y
los viejos para mandar, y naturalmente mas flacos de nimo que cuando
eran mozos. De los nuestros fueron heridos mas de seiscientos, y entre
ellos de saeta D. Juan de Crdenas, que fue aquel dia buen caballero.
Entre otros murieron peleando D. Pedro de Sandoval, sobrino del
obispo de Osma, y pasados de trescientos soldados, parte aquel dia,
y parte de heridas en Mlaga, donde los mand el comendador mayor, y
vender y repartir la presa entre todos,  cada uno segun le tocaba,
repartindoles tambien el quinto del rey.

Es el vender las presas y dar las partes costumbre de Espaa; y el
quinto derecho antiguo de los reyes dende el primer rey D. Pelayo,
cuando eran pocas las facultades para su mantenimiento; ahora porque
son grandes, llvanlo por reconocimiento y seoro: mas el hacer los
reyes merced de l en comun y por seal de premio  los que pelean, es
causa de mayor nimo; como por el contrario  cada uno lo que ganare
y  todos el quinto generalmente cuando vienen  la guerra, ocasion
para que todos vengan  servir en las empresas con mayor voluntad. Pero
esta se trueca en codicia, y cada uno tiene por tan propio lo que gana,
que deja por guardallo, el oficio de soldado, de que nacen grandes
inconvenientes en nimos bajos y poco plticos; que unos huyen con la
presa, otros se dejan matar sobre ella de los enemigos, impedidos y
enflaquecidos, otros desamparadas las banderas, vuelven  sus tierras
con la ganancia. Vinense por este camino  deshacer los ejrcitos
hechos de gente natural, que campean dentro en casa: el ejemplo se ve
en Italia entre los naturales, como se ha visto en esta guerra dentro
en Espaa.

El buen suceso de Frejiliana soseg la tierra de Mlaga y la de Ronda
por entonces: el comendador mayor se di  guardar la costa,  proveer
con las galeras los lugares de la marina; mas en tierra de Granada,
el mal tratamiento que los soldados y vecinos hacian  los moriscos
de la Vega, la carga de alojamientos, contribuciones y composiciones,
la resolucion que se tom de destruir las Albuuelas flacamente
ejecutada; di ocasion  que muchos pueblos que estaban sobresanados,
se declarasen, y subiesen  la sierra con sus familias y ropa. Entre
estos fue el rio de Bolodui  la parte de Guadix, y  la de Granada
Guejar, que en su calidad no di poco desasosiego. La gente de ella
recogiendo su ropa y dineros, llevando la vitualla, y dejando escondida
la que no pudieron, con los que quisieron seguillos, se alzaron en la
montaa, cuasi sin habitacion por la aspereza, nieve y frio. Quiso D.
Juan reconocer el sitio del lugar llevando  Luis Quijada y al duque de
Sesa; tratse si lo debia mantener,  dejar; no pareci por entonces
necesario para la seguridad de Granada mantenerle y fortificarle como
flaco y de poca importancia; pero la necesidad mostr lo contrario, y
en fin se dej;  porque no bastase la gente que en la ciudad habia
de sueldo  asegurar  Granada todo  un tiempo, y socorrer en una
necesidad  Guejar como la razon lo requeria;  que no cayesen en que
los enemigos se atreverian  fundar guarnicion en ella tan cerca de
nosotros, , como dice el pueblo (que escudria las intenciones sin
perdonar sospecha, con razon  sin ella), por criar la guerra entre las
manos; celosos del favor en que estaba el marqus de Velez, y hartos
de la ociosidad propia, y ambiciosos de ocuparse, aunque con gasto
de gente y hacienda: decase que fuera necesario sacar un presidio
razonable  Guejar, como despues se hizo lejos de Granada para mantener
los lugares de en medio: cada uno sin examinar causas ni posibilidad,
se hacia juez de sus superiores.

Mas el rey, viendo que su hermano estaba ocupado en defender  Granada
y su tierra, y que teniendo la masa de todo el gobierno, era necesario
un capitan que fuese dueo de la ejecucion, nombr por general de toda
la empresa al marqus de Velez, que entonces estaba en gran favor,
por haber salido  servir  su costa. Sucedile dichosamente tener 
su cargo ya la mitad del reino, calor de amigos y deudos; cosas que
cuando caen sobre fundamento, inclinan mucho los reyes.  esto se junt
haberse ofrecido por sus cartas  echar  Aben Humeya el tirano, que
as se llamaba; y acabar la guerra del reino de Granada con cinco mil
hombres y trescientos caballos pagados y mantenidos; que fue la causa
mas principal de encomendalle el negocio.  muchos cuerdos parece,
que ninguno debe de cargar sobre s obligacion determinada, que el
cumplilla,  el estorbo de ella est en mano de otro. Fue la eleccion
del marqus ( lo que el pueblo de Granada juzgaba, y algunos colegian
de las palabras y continente) harto contra voluntad de los que estaban
cerca de D. Juan, parecindoles que quitaba el rey  cada uno de las
manos la honra de esta empresa.

Habian crecido las fuerzas de Aben Humeya, y vendole nmero de turcos
y capitanes plticos segun su manera de guerra; moros berberes, armas
parte traidas, parte tomadas  los nuestros, vituallas en abundancia,
la gente mas, y mas pltica de la guerra. Estaba el rey con cuidado de
que la gente y las provisiones se hacian de espacio; y parecindole
que llegarse l mas al reino de Granada, seria gran parte para que las
ciudades y seores de Espaa se moviesen con mayor calor, y ayudasen
con mas gente y mas presto, y que con el nombre y autoridad de su
venida los prncipes de Berbera andarian retenidos en dar socorro,
ciertos que la guerra se habia de tomar con mayores fuerzas; acabada,
con todas ellas cargar sobre sus estados, mand llamar cortes en
Crdoba para dia sealado, adonde se comenzaron  juntar procuradores
de las ciudades, y hacer los aposentos.

Sali el marqus de Velez de Terque por estorbar el socorro que los
moros de Berbera continuamente traan de gente, armas y vitualla, y
los de la Alpujarra recebian por la parte de Almera. Vino  Berja
(que antiguamente tenia el mismo nombre), donde quiso esperar la
gente pagada y la que daban los lugares de la Andaluca. Mas Aben
Humeya, entendiendo que estaba el marqus con poca gente y descuidado,
resolvi combatille antes que juntase el campo. Dicen los moros haber
tenido pltica con algunos esclavos, que escondiesen los frenos de los
caballos; pero esto no se entendi entre nosotros: y porque los moros
como gente de pie y sin picas recelaban la caballera, quiso combatille
dentro del lugar antes del dia. Llam la gente del rio de Almera,
la del Bolodui, la de la Alpujarra, los que quisieron venir del rio
de Almanzora, cuatrocientos turcos y berberes: eran por todos cuasi
tres mil arcabuceros y ballesteros, y dos mil con armas enhastadas.
Ech delante un capitan que le servia de secretario, llamado Mojajar,
que con trescientos arcabuceros entrase derecho  las casas donde el
marqus posaba, diese en la centinela (lo que ahora llamamos centinela,
amigos de vocablos extranjeros, llamaban nuestros espaoles en la
noche, escucha, en el dia, atalaya; nombres harto mas propios para su
oficio), llegando con ella  un tiempo el arma y ellos, en el cuerpo
de guardia: siguile otra gente, y l qued en la retaguardia sobre
un macho, y vestido de grana[51]. Mas el marqus, que estaba avisado
por una lengua que los nuestros le trujeron, atraves algunas calles
que daban en la plaza; puso la arcabucera  las puertas y ventanas;
tom las salidas, dejando libres las entradas por donde entendi que
los enemigos vendrian; y mand estar apercebida la caballera y con
ella su hijo D. Diego Fajardo: abri camino para salir fuera, y con
esta rden esper  los enemigos. Entr Mojajar por la calle que va
derecha  dar  la plaza, al principio con furia; despues espantado
y recatado de hallar la villa sin guardia, oli humo de cuerdas; y
antes que se recatase, sinti de una y otra parte jugar y hacerle dao
la arcabucera. Mas queriendo resistir la gente con alguna otra que
le habia seguido, no pudo; salise con pocos y desordenadamente al
campo. El marqus, con la caballera y alguna arcabucera,  un tiempo
salt fuera con D. Diego su hijo, D. Juan su hermano, D. Bernardino
de Mendoza, hijo del conde de Corua, D. Diego de Leiva, hijo natural
del seor Antonio de Leiva, y otros caballeros; di en los que se
retiraban y en la gente que estaba para hacelles espaldas; rompilos
otra vez; pero aunque la tierra fuese llana, impedida la caballera de
las matas y de la arcabucera de los turcos y moros que se retiraban
con rden, no pudo acabar de deshacer los enemigos. Murieron de
ellos cuasi seiscientos hombres; Aben Humeya torn la gente rota 
la sierra, y el marqus  Berja. Al rey di noticia, pero  D. Juan
poca y tarde; hombre preciado de las manos mas que de la escritura; 
que queria darlo  entender, siendo enseado en letras y estudioso.
Comenz D. Juan con rden del rey  reforzar el campo del marqus;
antes  formarlo de nuevo: puso con dos mil hombres  D. Rodrigo de
Benavides en la guarda de Guadix;  Francisco de Molina envi con cinco
banderas  la de Orgiba; mand pasar  D. Juan de Mendoza con cuasi
cuatro mil infantes y ciento y cincuenta caballos adonde el marqus
estaba; y al comendador mayor, que tomando las banderas de D. Pedro
de Padilla (rehechas ya del dao que recibieron en Frejiliana), las
pusiese en Adra, donde el marqus vino de Berja  hacer la masa. Lleg
D. Sancho de Leiva  un mismo tiempo con mil y quinientos catalanes
de los que llaman delados, que por las montaas andan huidos de las
justicias, condenados y haciendo delitos, que por ser perdonados
vinieron los mas de ellos  servir en esta guerra: era su cabeza Antic
Sarriera, caballero catalan; las armas sendos arcabuces largos, y dos
pistoletes de que se saben aprovechar. Lleg Lorenzo Tellez de Silva,
marqus de la Favara, caballero portugus, con setecientos soldados, la
mayor parte hechos en Granada y  su costa: atraves sin dao por el
Alpujarra entre las fuerzas de los enemigos; y por tenerlos ocupados
en el entretanto que se juntaba el ejrcito, y las guarniciones de
Tablate, Durcal y el Padul seguras ( quien amenazaban los moros del
valle, y los que habian tornado  las Albuuelas); por impedir asimismo
que estos no se juntasen con los que estaban en la sierra de Guejar
y con otros de la Alpujarra; por estorbar tambien el desasosiego en
que ponian  Granada con correras de poca gente, y por quitalles la
cogida de los panes del valle; mand D. Juan que D. Antonio de Luna
con mil infantes y doscientos caballos fuese  hacer este efecto,
quemando y destruyendo  Restaval, Pinillos, Belejij, Concha, y, como
dije, el valle hasta las Albuuelas. Parti con la misma rden y  la
misma hora, que cuando fue  quemallas la vez pasada, pero con desigual
fortuna; porque llegando tarde, hall los moros levantados por el
campo, y en sus labores con las armas en la mano: tuvieron tiempo para
alzar sus mujeres, hijos, y ganados, y ellos juntarse, llevando por
capitanes  Rendati, hombre sealado, y  Lope, el de las Albuuelas,
ayudados con el sitio de la tiera barrancosa. Acometieron la gente de
D. Antonio, ocupada en quemar y robar; que pudo con dificultad, aunque
con poca prdida, resistir y recogerse, siguindole y combatindole
por el valle abajo malo para la caballera. Mas D. Antonio, ayudndole
D. Garca Manrique, hijo del marqus de Aguilar, y Lzaro de Heredia,
capitan de infantera, haciendo  veces de la vanguardia retaguardia,
 veces por el contrario tomando algunos pasos con la arcabucera,
se fue retirando hasta salir  lo raso, que los enemigos con temor
de la caballera le dejaron. Muri en esta refriega apartado de D.
Antonio el capitan Cspedes  manos de Rendati con veinte soldados
de su compaa peleando, sesenta huyendo; los dems se salvaron 
Tablate donde estaba de guardia. No fue socorrido por estar ocupada la
infantera quemando y robando sin podellos mandar D. Antonio. Tampoco
lleg D. Garca ( quien envi con cuarenta caballos), por ser lejos
y spera la montaa, los enemigos muchos. Pero el vulgo ignorante, y
mostrado  juzgar  tiento, no dejaba de culpar al uno y al otro; que
con mostrar D. Antonio la caballera de lo alto en las eras del lugar,
los enemigos fueran retenidos  se retiraran; que D. Garca pudiera
llegar mas  tiempo y Cspedes recogerse  ciertos edificios viejos,
que tenia cerca; que D. Antonio le tenia mala voluntad dende antes, y
que entonces habia salido sin rden suya de Tablate, habindole mandado
que no saliese.  m que s la tierra, parceme imposible ser socorrido
con tiempo, aunque los soldados quisieran mandarse, ni hubiera enemigos
en medio y  las espaldas. Tal fue la muerte de Cspedes, caballero
natural de Ciudad Real, que habia traido la gente  su costa, cuyas
fuerzas fueron excesivas y nombradas por toda Espaa; acopalas hasta
la fin con nimo, estatura, voz y armas descomunales. Volvi D. Antonio
con haber quemado alguna vitualla, trayendo presa de ganado  Granada,
donde menudeaban los rebatos; las cabezas de la milicia corrian  una
y otra parte, mas armados que ciertos donde hallar los enemigos; los
cuales dando armas por un cabo, llevaban de otro los ganados. Habia
D. Juan ya proveido que D. Luis de Crdoba con doscientos caballos y
alguna infantera recogiese  Granada y  la Vega los de la tierra:
comision de poco mas fruto, que de aprovechar  los que los hurtaron;
porque no se pudiendo mantener, fue necesario volvellos  sus lugares
faltos de la mitad, donde fueron comunes  nosotros y  los enemigos.

      [51] Con mayor moderacion y verisimilitud escribe esta victoria
      nuestro autor que otros.

Hallbase entretanto el marqus de Velez en Adra (lugar antiguamente
edificado cerca de donde ahora es, que llamaban Abdera), con cuasi
dos mil infantes y setecientos caballos: gente armada, pltica, y que
ninguna empresa rehusara por difcil, extendida su reputacion por
Espaa con el suceso de Berja, su persona subida en mayor crdito.
Venian muchos particulares  buscar la guerra, acrecentando el nmero y
calidad del ejrcito; pero la esterilidad del ao, la falta de dinero,
la pobreza de los que en Mlaga fabricaban bizcocho, y la poca gana
de fabricarlo por las continuas y escrupulosas reformaciones antes de
la guerra, la falta de recuas por la caresta, la de vivanderos que
suelen entretener los ejrcitos con refrescos, y con esto las resacas
de la mar que en Mlaga estorban  veces el cargar, y las mesmas el
descargar en Adra, fue causa que las galeras no proveyesen de tanto
bastimento y tan  la continua. Era algunas veces mantenido el campo
de solo pescado, que en aquella costa suele ser ordinario; cesaban las
ganancias de los soldados con la ociosidad; faltaban las esperanzas 
los que venian cebados de ellas; detenanse las pagas: comenz la gente
de descontentarse  tomar libertad y hablar como suelen en sus cabezas.
El general, hombre entrado en edad y por esto mas en clera, mostrado 
ser respetado y aun temido; cualquiera cosa le ofendia: dise  olvidar
 unos, tener poca cuenta con otros, tratar  otros con aspereza; oa
palabras sin respeto, y oanlas de l. Un campo grueso, armado, lleno
de gente particular, que bastaba  la empresa de Berbera, comenz
 entorpecerse nadando y comiendo pescados frescos; no seguir los
enemigos habindolos rompido; no conocer el favor de la victoria;
dejarlos engrosar, afirmar, romper los pasos, armarse, proveerse, criar
guerra en las puertas de Espaa. Fue el marqus juntamente avisado y
requerido de personas que vean el dao, y temian el inconveniente,
que con la vitualla bastante para ocho dias saliese en busca de Aben
Humeya. Por estos trminos comenz  ser mal quisto del comun, y de
all  pegarse la mala voluntad en los principales, aborrecerse l de
todos y de todo, y todos de l.

Al contrario de lo que al marqus de Mondejar aconteci; que de los
principales vino  pegarse en el pueblo; pero con mas paciencia y
modestia suya, dicen que con igual arrogancia. Yo no vi el proceder
del uno ni del otro; pero  mi opinion ambos fueron culpados, sin
haber hecho errores en su oficio, y fuera de l, con poca causa y esa
comun en algunos otros generales de mayores ejrcitos. Y tornando  lo
presente, nunca el marqus de Velez se hall tan proveido de vitualla,
que le sobrase en el comer ordinario de cada dia para llevar consigo
cuantidad, que pudiese gastar  la larga; pero vista la falta de ella,
la poca seguridad que se tenia de la mar; parecindole que de Granada
y el Andaluca, Guadix, y marquesado de Zenette, y de all por los
puertos de la Ravaha y Loh que atraviesan la sierra hasta la Alpujarra,
podia ser proveido; escribi  D. Juan (aunque lo solia hacer pocas
veces), que le mandase tener hecha la provision en la Calahorra; porque
con ella y la que viniese por mar, se pudiese mantener el ejrcito en
la Alpujarra y echar de ella los enemigos.

El comendador mayor, segun el poco aparejo, ninguna diligencia posible
dejaba de hacer aunque fuese con peligro, hasta que tuvo en Adra puesta
vitualla de respeto por tanto tiempo, que ayudado el marqus con alguna
de otra parte (aunque fuese habida de los enemigos), podia guerrear
sin hambre, y esperar la de Guadix: mas viendo que el marqus incierto
de la provision que hallaria en la Calahorra se detenia, dbale priesa
en pblico, y requerale en consejo que saliese contra los enemigos.
Mas dando el marqus razones por donde no convenia salir tan presto,
dicen que pas tan adelante, que en presencia de personas graves y en
un consejo, le dijo: _Que no lo haciendo, tomaria l la gente y saldria
con ella en campo_.

En Granada ninguna diligencia se hizo para proveer al marqus; porque,
pues no replicaba, tuvieron creido que no tenia necesidad, y que estaba
proveido bastantemente en Adra, de donde era el camino mas cauto
y seguro: tenian por dificultoso el de la Calahorra; los enemigos
muchos, las recuas pocas, la tierra muy spera, de la cual decian que
el marqus era poco pltico. Mas el pueblo, acostumbrado ya  hacerse
juez, culpbale de mal sufrido en palabras y obras igualmente, con la
gente particular y comun;  sus oficiales de liberales en distribuir
lo voluntario, y en lo necesario estrechos; detenerse en Adra buscando
causas para criar la guerra, tenido en otras cosas por diligente:
escribanse cartas, que no faltaba adonde cayesen  tiempo; disminuase
por horas la gracia de los sucesos pasados: decian que de ello no
pesaba  D. Juan, ni  los que le estaban cerca: era su parcial solo
el presidente, pero ese algunas veces  no era llamado,  le excluan
de los consejos  horas y lugares, aunque tenia pltica de las cosas
del reino y alteraciones pasadas. Pas este apuntamiento hasta ser
avisado el consejo por cartas de personas y ministros importantes
(segun el pueblo decia), y aun reprendido, que parecia desautoridad y
poca confianza, no llamar un hombre grave de experiencia y dignidad.
Pero no era de maravillar que el vulgo hiciese semejantes juicios; pues
por otra parte se atrevia  escudriar lo intrnseco de las cosas, y
examinar las intenciones del consejo.

Decian que el duque de Sesa y el marqus de Velez eran amigos, mas por
voluntad suya que del duque: no embargante que fuesen tio y sobrino.
El marqus de Mondejar y el duque mulos de padres y abuelos sobre la
vivienda de Granada, aunque en pblico profesasen amistad: antigua
la enemistad entre los marqueses y sus padres, renovada por causas y
preeminencias de cargos y jurisdicciones; lo mismo el de Mondejar y
el presidente, hasta ser maldicientes en procesos el uno contra el
otro: Luis Quijada envidioso del de Velez, ofendido del de Mondejar;
porque siendo conde de Tendilla, no quiso consentir al marqus su
padre que le diese por mujer una hija que le pidi con instancia;
amigo intrnseco de Eraso, y de otros enemigos de la casa del marqus.
El duque de Feria[52], enemigo atrevido de lengua y por escrito del
marqus de Mondejar; ambos dende el tiempo de D. Bernardino de Mendoza,
cuya autoridad despues de muerto los ofendia. El duque de Sesa y
Luis Quijada  veces tan conformes, cuanto bastaba para excluir los
marqueses, y  veces sobresanados por la pretension de las empresas:
hablabnse bien, pero huraos y recatados, y todos sospechosos  la
redonda. Entretenase Muatones mostrado  sufrir y disimular, culpando
las faltas de proveedores y aprovechamientos de capitanes, lo uno y lo
otro sin remedio. D. Juan como no era suyo, contentbale cualquiera
sombra de libertad: atado  sus comisiones, sin nombramiento de
oficiales, sin distribucion de dinero, armas y municiones y vituallas,
si las libranzas no venian pasadas de Luis Quijada; que en esto y en
otras cosas no dejaba (con algunas muestras de arrogancia) de dar 
entender lo que podia, aunque fuese con quiebra de la autoridad de D.
Juan; que entendia todos estos movimientos, pero sufralos con mas
paciencia que disimulacion: solamente le parecia desautoridad que el
marqus de Mondejar  el conde su hijo usasen sus oficios, aunque no
estaban excluidos ni suspendidos por el rey. Tampoco dejaron de sonarse
cosquillas de mozos y otros, que las acrecentaban entre el conde y
ellos: tal era la apariencia del gobierno. Pero no por eso se dejaba de
pensar y poner en ejecucion lo que parecia mejor al beneficio pblico y
servicio del rey: porque los ministros y consejeros no entran con las
enemistades y descontentamientos al lugar donde se juntan, y aunque
tengan diferencia de pareceres, cada uno encamina el suyo  lo que
conviene; pero los escritores como no deben aprobar semejantes juicios,
tampoco los deben callar cuando escriben con fin de fundar en la
historia ejemplos, por donde los hombres huyan lo malo y sigan lo bueno.

      [52] Solo esto del duque de Feria no entiendo bien, si bien por
      concordar todos los manuscritos, no me atrev  quitarlo.

[Nota al margen: 1569.]

Dende los diez de junio  los veinte y siete de julio estuvo el
marqus de Velez en Adra sin hacer efecto; hasta que entendiendo que
Aben Humeya se rehacia, parti con diez mil infantes y setecientos
caballos, gente, como dije, ejercitada y armada, pero ya descontenta:
llev vitualla para ocho dias; el principio de su salida fue con alguna
desrden. Mand repartir la vanguardia, retaguardia y batalla por
tercios; que la vanguardia llevase el primer dia D. Juan de Mendoza, el
segundo D. Pedro de Padilla; y habiendo ordenado el nmero de bagajes
que debia llevar cada tercio, fue informado que D. Juan llevaba mas
nmero de ellos; y puesto que fuesen de los soldados particulares,
ganados y mantenidos para su comodidad, y aunque iban para no volver 
Adra; mand tornar D. Juan al alojamiento con la vanguardia, pudindole
enviar  contar los embarazos y reformarlos; cosa no acontecida en
la guerra sin grande y peligrosa ocasion; con que di  los enemigos
ganado tiempo de dos dias, y  nosotros perdido. Sali el dia siguiente
con haber hallado poco  ningun yerro que reformar; llev la misma
rden, aadiendo, que la batalla fuese tan pegada con la vanguardia, y
la retaguardia con la batalla, que donde la una levantase los pies, los
pusiese la otra, guardando el lugar  los impedimentos; la caballera
 un lado y  otro; su persona en la batalla, porque los enemigos no
tuviesen espacio de entrar. Vino  Berja, y de all fue por el llano
que dicen de Lucainena, donde al cabo de l vieron algunos enemigos
con quien se escaramuz sin dao de las partes; mostrando Aben Humeya
su vanguardia en que habia tres mil arcabuceros, pocos ballesteros;
pero encontinente subi  la sierra: la nuestra aloj en el llano,
y el marqus en Ujijar donde se detuvo un dia, y mas el que camin:
dilacion contra opinion de los plticos, y que di espacio  los
enemigos de alzar sus mujeres, hijos y ropa, esconder y quemar la
vitualla, todo  vista y media legua de nuestro campo. El dia siguiente
sali del alojamiento: los enemigos mostrndose en ala, como es su
costumbre, y dando grita acometieron  D. Pedro de Padilla ( quien
aquel dia tocaba la vanguardia), con determinacion,  lo que se vea,
de dar batalla. Eran seis mil hombres entre arcabuceros y ballesteros,
algunos con armas enhastadas; vase andar entre ellos cruzando Aben
Humeya bien conocido, vestido de colorado, con su estandarte delante;
traa consigo los alcaides, y capitanes moriscos y turcos que eran de
nombre. Sali  ellos D. Pedro con sus banderas y con los aventureros
que llevaba el marqus de la Favara, y resistiendo su mpetu, los hizo
retirar cuasi todos: pero fueron poco seguidos; porque al marqus
de Velez pareci que bastaba resistillos, ganalles el alojamiento,
y esparcillos. Retirronse  lo spero de la montaa con prdida de
solos quince hombres: fue aquel dia buen caballero el marqus de la
Favara, que apartado con algunos particulares que le siguieron, se
adelant, pele, y sigui los enemigos; lo mismo hizo D. Diego Fajardo
con otros. Aben Humeya apretado huy con ocho caballos  la montaa,
y dejarretndolos, se salv  pie; el resto de su gente se reparti
sin mas pelear por toda ella: hombres de paso, resolutos  tentar y
no hacer jornada; cebados con esperanzas de ser por horas socorridos
 de gente para resistir,  de navos para pasar en Berbera; y esta
flaqueza los trujo  perdicion. Contentse el marqus con rompellos,
ganalles el alojamiento, y esparcillos; teniendo que bastaba, sin
seguir el alcance, para sacallos de la Alpujarra;  que esperase mayor
desrden,  que le pareciese que se aventuraba en dar la batalla el
reino de Granada, y que para el nombre bastaba lo hecho: hallse tan
cerca del camino, que con doscientos caballos acord pasar aquella
noche  reconocer la vitualla  la Calahorra, donde no hallando que
comer, volvi otro dia al campo, que estaba alojado en Valor el alto y
bajo. Detvose en estos dos lugares diez dias, comiendo la vitualla que
trajo y alguna que se hall de los enemigos sin hacer efecto, esperando
la provision que de Granada se habia de enviar  la Calahorra, y
teniendo por incierta y poca la de Adra; y aunque los ministros 
quien tocaba afirmasen que las galeras habian traido en abundancia,
resolvi mudarse  la Calahorra, fortaleza y casa de los marqueses de
Zenette, patrimonio del conde Julian en tiempo de godos, que en el
de moros tuvieron los Zenettes venidos de Berbera, una de las cinco
generaciones descendientes de los alrabes que poblaron y conquistaron
 frica. Tuvo el marqus por mejor consejo dejar  los enemigos la mar
y la montaa, que seguillos por tierra spera y sin vitualla, con gente
cansada, descontenta y hambrienta; y asegurar tierra de Guadix, Baza,
rio de Almanzora, Filabres, que andaba por levantarse, y allanar el rio
de Bolodui que ya estaba levantado, comer la vitualla de Guadix y el
marquesado.

Mas la gente con la ociosidad, hambre y descomodidad de aposentos,
comenz  adolecer y morir. Ningun animal hay mas delicado que un campo
junto, aunque cada hombre por s sea recio y sufridor de trabajo;
cualquier mudanza de aires, de aguas, de mantenimientos, de vinos;
cualquier frio, lluvia, falta de limpieza, de sueo, de camas, le
adolece y deshace; y al fin todas las enfermedades le son contagiosas.
Andaban corrillos, quejas, libertad, derramamientos de soldados por
unas y otras partes, que escogian por mejor venir en manos de los
enemigos: banse cuasi por compaas sin rden ni respeto de capitanes.
Como el paradero de estos descontentamientos,  es amotinarse,  un
desarrancarse pocos  pocos, vino  suceder as hasta quedar las
banderas sin hombres; y tan adelante pas la desrden, que se juntaron
cuatrocientos arcabuceros, y con las mechas en las serpentinas
salieron  vista del campo: fue D. Diego Fajardo hijo del marqus por
detenerlos,  quien dieron por respuesta un arcabuzazo en la mano y el
costado, de que peligr, y qued manco. La mayor parte de la gente que
el marqus envi con l, se junt con ellos y fueron de compaa; tanto
en tan breve tiempo habia crecido el odio y desacato.

En fin llegado y alojado en el lugar, temiendo de su persona pas 
posar en la fortaleza: la gente se aposent en el campo comiendo 
libra escasa de pan por soldado sin otra vianda; pero dende  pocos
dias dos libras por dia, y una de carne de cabra por semana; los dias
de pescado algun ajo y una cebolla por hombre, que esto tenian por
abundancia: sufrieron mucho las banderas de Npoles con el nombre de
soldados viejos, y la gente particular; quedaron en pie cuasi solas
estas compaas y doscientos caballos. Tal fue el suceso de aquella
jornada en que los enemigos vencidos quedaron con la mar y tierra,
mayores fuerzas y reputacion; y los vencedores sin ella, faltos de lo
uno y de lo otro.

En el mismo tiempo los vecinos del Padul,  tres leguas de Granada, se
quejaban que habian tenido y mantenido mucho tiempo gruesa guarnicion,
que no podian sufrir el trabajo, ni mantener los hombres y caballos.
Pidieron que  se mudase la guardia  se disminuyese,  los llevasen
 ellos  vivir en otro lugar. Vnose en esto; y salidos ellos, la
siguiente noche juntndose con los moros de la sierra, dieron en la
guarnicion, mataron treinta soldados, y hirieron muchos acogindose 
lo spero: cuando el socorro de Granada lleg, hall hecho el dao y 
ellos en salvo.

La desrden del campo del marqus puso cuidado  D. Juan de proveer
en lo que tocaba  tierra de Baza; porque la ciudad estaba sin mas
guardia, que la de los vecinos. Envi  D. Antonio de Luna con mil
infantes y doscientos caballos, que estuvo dende medio agosto hasta
medio noviembre sin acontecer novedad  cosa sealada, mas del
aprovechamiento de los soldados, mostrados  hacer presas contra amigos
y enemigos. Puso en su lugar  D. Garca Manrique  la guardia de la
Vega, sin nombre  ttulo de oficio. Vise una vez con los enemigos,
matndoles alguna gente sin dao de la suya.

Entre tanto no cesaban las envidias y plticas contra los marqueses,
especialmente las antiguas contra el de Mondejar; porque aunque
sus compaeros en la suficiencia fuesen iguales, vise que en el
conocimiento de la tierra y de la gente donde y con quien habia hecho
la vida, y en las provisiones por el luengo uso de proveer armadas, era
su parecer mas aprobado que apacible; pero siempre seguido, hasta que
el marqus de Velez subi en favor y vino  ser seor de las armas.
Entonces dejaron al de Mondejar, y tornaron  deshacer las cosas bien
hechas del de Velez. Mas cuando este comenz  faltar de la gracia
particular y general, tornaron sobre el de Mondejar; y temiendo que
las armas de que estaba despojado tornasen  sus manos, claramente le
excluan de los consejos, calumniaban sus pareceres, publicaban por
una parte las resoluciones y por otra hacanle autor del poco secreto;
parecales que en algun tiempo habia de seguirse su opinion cuanto al
recibir los moriscos y despues oprimillos, que cesarian las armas y por
esto la necesidad de las personas por quien eran tratadas.

Estaban nuestras compaas tan llenas de moros aljamiados, que donde
quiera se mantenian espas: las mujeres, los nios esclavos, los
mismos cristianos viejos daban avisos, vendian sus armas y municion,
calzado, pao, y vituallas  los moros. El rey por una parte informado
de la dificultad de la empresa, por otra dando crdito  los que
la facilitaban, vistos los gastos que se hacian, y parecindole
que el marqus de Mondejar, mulo del de Velez y de otros, aunque
no daba ocasion  quejas, daba avilanteza  que se descargasen de
culpas, diciendo que por tener l mano en los negocios eran ellos
mal proveidos, y que la ciudad descontenta de l, y persuadida por
el corregidor Juan Rodriguez de Villafuerte que era interesado, y
del presidente que le hacia espaldas, de mejor gana contribuiria con
dinero, gente y vitualla hallndose ausente que presente, que de
ninguno podia informarse mas clara y particularmente; envile  mandar
que con diligencia viniese  Madrid: algunos dicen que en conformidad
de sus compaeros. El suceso mostr, que la intencion del rey era
apartalle de los negocios. Mas porque se vea como los prncipes
pudiendo resolutamente mandar, quieren justificar sus voluntades con
alguna honesta razon, he puesto las palabras de la carta.

Marqus de Mondejar, primo, nuestro capitan general del reino de
Granada. Porque queremos tener relacion del estado en que al presente
estn las cosas de ese reino, y lo que convern proveer para el remedio
de ellas, os encargamos que en recibiendo esta os pongais en camino,
y vengais luego  esta nuestra corte para informarnos de lo que est
dicho, como persona que tiene tanta noticia de ellas: que en ello, y en
que lo hagais con toda la brevedad, nos ternemos por muy servidos. Dada
en Madrid  3 de setiembre de 1569.

Lleg el marqus, y fue bien recebido del rey, y algunas veces le
inform  solas: de los ministros fue tratado con mas demonstracion de
cortesa que contentamiento: nunca fue llamado en consejo; mostrando
estar informados  la larga por otra via. Muatones, pltico de
semejantes llamamientos, y falto de un ojo, dijo como le mostraron la
carta: _que le sacasen el otro, si el marqus tornaba de all durante
la guerra_. Anduvo muchos dias como suspendido y agraviado, cierto que
siempre habia seguido la voluntad del rey y de solo ella hecho caudal.
Mas entre los reyes y sus ministros, la parte de los reyes es la mas
flaca; no embargante la informacion que el marqus di, eran tantas y
tan contrarias unas de otras las que se enviaban, que pareci juntar
con ellas la de D. Enrique Manrique, alcaide que fue del castillo de
Milan, y habindolo l dejado, estaba descansando en su casa. Pas por
Granada entendiendo lo de all; vino  do el marqus de Velez estaba;
y parti sin otra cosa de nuevo mas de errores en la guerra, cargos
de unos ministros  otros dados por via de justificacion, necesidad
de cargar con mayores fuerzas, crecidas las de los enemigos con la
disminucion de las nuestras.

Pareci  los ministros la gente con que el marqus habia ofrecido
echar los enemigos de la tierra, poca, y la oferta menos pensada; pues
con doblado nmero no se hizo mayor efecto: y no dejaron de deshacelle
el buen suceso, con decir que los moros muertos habian sido menos de lo
que se escribi. Pero el rey tomando la parte del marqus respondi:
_que habia sido importante desbaratar y partir los enemigos, aunque
no con tanto dao de ellos como se dijo_; y esto mas por reprimir
alguna intencion que se descubria contra el marqus, que por alaballe,
como se vi dende  poco. Decia el marqus que la falta de vitualla
habia sido causa de haberse deshecho su campo; cargaba  D. Juan, al
consejo de Granada; qued la suma de todo su campo en pocos mas de mil
y quinientos infantes y doscientos caballos: en fin fue necesitado 
recogerse dentro en el lugar, atrincherarse, y aun derribar casas por
parecerle el sitio grande. Mas dende  pocos dias enviaron de Granada
tanta provision, que no habiendo  quien repartilla, ni buena rden,
valian cien libras de pan un real.

No estaba Granada por esto mas proveida de vitualla, ni se hacian los
partidos de ella con mayor recatamiento, aunque el presidente remediaba
parte del dao con industria; ni en lo que tocaba  la gente y pagas se
guardaban las rdenes de D. Juan,  quien tampoco perdonaba el pueblo
de Granada; libre y atrevido en el hablar, pero en presencia de los
superiores siervo y apocado; movido  creer y afirmar facilmente sin
diferencia lo verdadero y lo falso; publicar nuevas  perjudiciales 
favorables, seguillas con pertinacia: ciudad nueva, cuerpo compuesto de
pobladores de diversas partes, que fueron pobres y desacomodados en sus
tierras,  movidos  venir  esta por la ganancia; sobras de los que no
quisieron quedar en sus casas, cuando los Reyes catlicos la mandaron
poblar; como es en los lugares, que se habitan de nuevo. No se dice
esto porque en Granada no haya tambien nobleza escogida por los mesmos
reyes cuando la repblica se fund, venida de personas excelentes en
letras,  quien su profesion hizo ricos, y los descendientes de unos
y otros nobles de linaje  de nimo y virtud, como en esta guerra lo
mostraron no solamente ellos, pero el comun; mas porque tales son
las ciudades nuevas, hasta que envejecindose la virtud y riqueza,
la nobleza se funda. Discurrian las intenciones libres por todos sin
perdonar  ninguno, y las lenguas por los que osaban, y no sin causa;
porque en guerra de mucha gente, de largo tiempo, varia de sucesos,
nunca faltan casos que loar  condenar. Las compaas de Granada eran
tan faltas y mal disciplinadas, que ni con ellas se podia estar dentro,
ni salir fuera; pero la mayor desrden fue que habiendo mandado el rey
castigar con rigor los soldados que se venian del marqus de Velez, y
procurando D. Juan que se pusiese en ejecucion; cansados los ministros
de ejecutar y D. Juan de mandar, visto lo poco que aprovechaba, se tom
expediente de callar; y por no quedar del todo sin gente, consentir
que las compaas se hinchiesen de la que desamparaba las banderas
del marqus, no sin alguna sombra de negligencia  voluntad; la cual
fue causa de que viniese el campo  quedar deshecho, y los enemigos
seores de mar y tierra, campeando Aben Humeya con siete mil hombres,
quinientos turcos y berberes, sesenta caballos; mas para autoridad que
necesidad.

Ya Jergal en el rio de Almera, lugar del conde de la Puebla, se
habia levantado  instancia de Portocarrero mayordomo suyo:  por la
habilidad  por el barato ocup la fortaleza con poca artillera y
armas, y echando de ella al alcaide puso gente dentro; mas l dende
 poco di en las manos del conde de Tendilla, y fue atenazado en
Granada. Estaba tambien levantado el valle y rio de Bolodui, paso
entre tierra de Guadix, Baza y la mar confinante con el Alpujarra. El
marqus por tener ocupada la gente, darle alguna ganancia, mantener la
reputacion de la guerra, determin ir en persona sobre l, habindolo
consultado con el rey, que le remiti la ida   all,   tierra de
Baza en caso que la gente no fuese tan poca, que no llegase  nmero
de los cinco mil hombres. Llevando pues  D. Juan de Mendoza sin
gente, con la de D. Pedro de Padilla, y parte de la que D. Rodrigo
de Benavides tenia en Guadix, alguna otra de amigos y allegados que
seguian la guerra, doscientos y cincuenta caballos, parti  deshacer
una masa de gente que entendi juntarse en Bolodui, temiendo que
daase tierra de Baza, y pusiesen  D. Antonio de Luna en necesidad,
y juntndose con ellos Aben Humeya, pasase el dao adelante. Parti
de la Calahorra, vino  Fiana, llevando la vanguardia D. Pedro de
Padilla con las banderas de Npoles. Habia nueve leguas de Fiana al
lugar donde los enemigos se recogian; mas no pudiendo caminar  pie los
soldados tan gran trecho, fueron necesitados  quedar la noche cansados
y mojados (porque el rio se pasa muchas veces),  dos leguas de los
enemigos; inconveniente que acontece  los que no miden el tiempo
con la tierra, con la calidad y posibilidad de la gente. Los moros,
apercebidos de la venida de los nuestros, dieron avisos con fuegos
por toda la tierra, alzaron la ropa y personas que pudieron. Habase
adelantado con la caballera el marqus tomando consigo cuatrocientos
arcabuceros  las ancas de los caballos y bagajes; mas cansados unos
y otros dejaron la mayor parte. Los enemigos aguardando ora  un paso
del rio, ora  otro, segun vian que nuestra caballera se movia, ora
haciendo alguna resistencia, se acogieron  la sierra. Dejaban muchos
bagajes, mujeres y nios, en que los soldados se ocupasen; y vindolos
embarazados con el robo, sin espaldas de arcabucera, hicieron vuelta,
cargando de manera, que los nuestros fueron necesitados  retirarse
con prdida, no sin alguna desrden, aunque todava con mucho de la
presa. Parte de la caballera se acogi fuera de tiempo, disculpndose
que no se les hubiese dado la rden, ni esperado la arcabucera que
dejaban atrs. Pero el marqus viendo que la retirada era por conservar
el robo (causa que puede con la gente mas que otra), envi persona con
veinte caballos y algunos arcabuceros, que con autoridad de justicia
quitase  la caballera la presa, para que despues se repartiese
igualmente, llamando  la parte los soldados de D. Pedro de Padilla
que quedaron atrs. El comisario, hallando alguna contradiccion,
compr tres esclavas: una de las cuales se ofreci  descubrille gran
cantidad de ropa y dineros; mas ella vindose en la parte que deseaba
hizo seas,  que se juntaron muchos moros: mataron algunos caballos
y todos los arcabuceros; salvse el comisario  la parte contraria
del marqus, corriendo hasta Almera diez leguas de donde comenz 
salvarse, y todas por tierras de enemigos: quedaron los caballos con
la presa, pero tan ocupados, que fueron de poco provecho, y el marqus
por esto torn retirndose con rden (aunque cargndole los enemigos)
hasta juntar consigo la gente de D. Pedro. Dende all vino  Fiana con
mucha parte de la cabalgada, y con igual dao de muertos y heridos.
Mas entendiendo que los moros de la sierra de Baza y rio de Almanzor
andaban en cuadrillas, y desasosegaban la tierra, temiendo que llevasen
tras s los lugares de aquella provincia, y Filabres, donde tenia su
estado, gruesos y fuertes, y que las fuerzas de D. Antonio de Luna no
serian bastantes  resistillos; parti en principio de invierno, con
mil infantes y doscientos y cincuenta caballos que tenia, para Baza.
Pero D. Antonio, hombre prevenido (dicen que con rden de D. Juan),
dej la gente antes que llegase el marqus, y volvi  servir su cargo
en Granada;  por haber oido que no se entendia blandamente con las
cabezas de la gente;  porque tuvo por mas  propsito de su autoridad
ser mandado de D. Juan, que entonces gastaba su tiempo en mantener 
Granada  manera de sitiado, contra las correras de los enemigos:
descontento y ocioso igualmente, mas deseando y procurando comision del
rey para emplear su persona en cosa de mayor momento. Las cabezas de su
gente con cualquier liviana ocasion no dejaban de mostrarse en todas
partes de la ciudad, corriendo las calles armados (puesto que vaca de
enemigos) inciertos  que parte fuese el peligro, siguiendo esos pocos
por las mismas pisadas que salian, sin haber atajado la tierra, hasta
dejallos en salvo y recogidos  la montaa. Llaman atajar la tierra en
lengua de hombres del campo, rodealla al anochecer y venir de dia para
ver por los rastros, que gente de enemigos y por que parte ha entrado
 salido. Esta diligencia hacen todos los dias personas ciertas de pie
y de caballo, puestos en postas que cercan  la redonda la comarca, y
llmanlos atajadores, oficio de por s y apartado del de los soldados;
porque no se hacia esta diligencia en tierra escura y doblada, y en
lugar que aunque grande, no era el circuito extendido, y eran los pasos
ciertos, no pude entender la causa.

Aben Humeya, vindose libre del marqus de Velez, con los siete mil
hombres que tenia se puso sobre Adra con nimo de tomar el lugar, que
pensaba estar desamparado; mas viendo que perdia el tiempo, pas 
Berja, y qusola batir con dos piezas; pero levantse de all: corri y
estrag la tierra del marqus de Velez, el lugar de las Cuevas; quem
los jardines, da los estanques, todo guardado con curiosidad de mucho
tiempo para recreacion; acometiendo llegar  los Velez en sierra de
Filabres, torn  Andarax, donde como asegurado de la fortuna vivia ya
con estado de rey; pero con arbitrio de tirano, seor de las haciendas
y personas, tenido por manso engaaba con palabras blandas; mas para
quien recatadamente le miraba, oscuras y suspensas, de mayor autoridad
que crdito: codicia en lo hondo del pecho, rigor nunca descubierto
sino cuando habia ofendido, y entonces sosegado como si hubiera hecho
beneficio, queria gracias de ello. Contaba el dinero y los dias  quien
mas familiar trataba con l, y algunos de estos  que pensaba ofender
escogia por compaeros de sus consejos y conversacion. Tal era Aben
Humeya; y puesto que entre nosotros fuese tenido por inocente y llamado
D. Hernandillo de Valor, el oficio descubri cual es el hombre. Con
todo esto dur algunos dias que le hacian entender que era bien quisto,
y l lo crea, ignorante de su condicion; hasta que el vulgo comenz 
tratar de su manera, de su vida, de su gobierno, todo con libertad y
desprecio, como riguroso y tenido en poco. Apartronse de su servicio
descontentas algunas cabezas, que tomaron avilanteza; en tierra
de Granada, el Nacoz; en la de Beza, Maleque; en la de Almuecar,
Giron; en la de Velez, Garral; en el rio de Almera, Mojajar; en el
de Almanzora, Aben Mequenun, que decian Portocarrero, hijo del que
levant  Jergal; y al fin Farax, uno de los principales que fueron en
hacelle rey. Cargbanle culpas, escarnecanle; burlaban de su condicion
sus mismos consejeros: seales que por la mayor parte preceden  la
destruicion del tirano. Quejbanse los turcos, entre otros muchos, que
habiendo dejado su tierra por venir  serville, no los ocupaba donde
ganasen: descontentos y entretenidos con sueldos ordinarios. Mas l,
espacioso, irresoluto hasta su dao, tanto dilat la respuesta que se
enemist con ellos, habindolos traido para su seguridad; y despues
provey fuera de tiempo. Traa en el nimo quemar y destruir  Motril,
lugar guardado con alguna ventaja de como solia; pero grande, abierto,
llano, y  la marina. Mas por descuidar los nuestros, acord enviar
fingidamente los turcos (para mandallos tornar)  las Albuuelas,
frontera de Granada, mostrando querer que fuesen regalados y mantenidos
en el vicio y abundancia del valle de Lecrin, el uno de tres barrios
fuertes, las espaldas  la sierra. Entre los amigos de quien mas fiaba,
era uno Abdal Abenab de Mecina de Bombaron, primo suyo, y tambien de
la sangre de Aben Humeya, alcaide de los alcaides, tenido por cuerdo
y animoso, de buena palabra, comunmente respetado, usado al campo, y
entretenido mas en criar ganados que en el vicio del lugar.  este
mand ir por comisario general para que los alojase y mandase, y los
capitanes estuviesen  su obediencia; dile rden que donde le tomase
otro mandado suyo tornase con ellos y la mas gente que pudiese juntar,
trayendo vitualla para seis dias; que l avisaria del lugar donde debia
ir. Partieron seiscientos hombres, cuatrocientos turcos y doscientos
berberes en el mismo hbito, todos arcabuceros; eran sus capitanes 
la sazon Hhusceni y Carabaji. Apenas llegaron  Cadiar, cuando Aben
Humeya despach un correo dando gran priesa que volviesen aquella
noche  Ferreira. De aqu se tram su muerte. Tratar de mas lejos la
verdadera causa de ella, por haberse publicado diferentemente.

El principio fue descontentamiento de los turcos, mostrados  mandar
su rey en Berbera; temor que de l tenian sus amigos; poca seguridad
de las personas y haciendas; sospechas que se entendia con nosotros. Y
el tratado fue tal luego que le eligieron, que ninguno en su compaa
tuviese morisca por amiga, sino por legtima mujer; y guardbase
esto generalmente. Mas habia entre las mujeres una viuda, mujer que
fuera de Vicente de Rojas, pariente de Rojas, suegro de Aben Humeya:
mujer igualmente hermosa y de linaje, buena gracia, buena razon en
cualquier propsito, ataviada con mas elegancia que honestidad;
diestra en tocar un laud, cantar, bailar  su manera y  la nuestra,
amiga de recoger voluntades y conservallas.  esta se lleg un primo
suyo, como es costumbre entre parientes, despues de muerto el marido
en la guerra, de quien Aben Humeya se fiaba, llamado Diego Alguacil;
vivian juntos, comunicbanse mas que familiarmente: trataba l con
Aben Humeya loando sus buenas partes y conversacion, tanto que 
desearla ver le inclin; y contento de ella, por no ofender al amigo,
disimulbalo; ausentbale con comisiones: pudo en fin mas el apetito
que el respeto; y mand al primo que no embargante que fuese casado
con otra, la tomase por mujer; rehusndolo, trjola el rey como en
depsito  su casa, y us de ella por amiga. Avis de ello la viuda 
su primo mostrando descontentamiento, ofendida entre tantas mujeres
de no ser tenida por una de ellas; estar forzada, y holgar de verse
fuera de sujecion, habiendo aparejo; que Aben Humeya, celoso de l y
sospechoso de venganza, buscaba ocasion para matalle. Huy Alguacil,
y juntndose con una cuadrilla de mozos ofendidos por otras causas,
andaba recatado sin entrar en Valor. Mas dende  pocos dias supo de
la misma como Aben Humeya enviaba los turcos  cierta empresa, yendo
 juntarse con ellos por la ganancia; trjole  las manos el caso al
mensajero, y sabiendo de l como iba  llamar los turcos, le mat; y
tomndole las cartas us de semejante ardid, que el conde Julian con
los capitanes del rey D. Rodrigo en Ceuta. No sabia escribir Aben
Humeya, y firmar mal en arbigo; pero servale de secretario y firmaba
algunas veces por l un sobrino del Alguacil, que  la sazon se hall
con su tio; l tambien agraviado. En lugar de la carta escribieron
otra para Abenab en que le mandaba que tornando aquella noche con los
turcos  Mecina, y juntndose con la gente de la tierra y cien hombres
que llevaria consigo Diego Alguacil, los degollase con sus capitanes
durmiendo y cansados; lo mismo hiciese de Alguacil, despues de haberse
valido de l. Envi con esta carta un hombre de confianza, midiendo el
tiempo de manera que llegasen l y el mensajero  Cadiar, cuasi  una
misma hora. Di el hombre la carta poco antes, y lleg Diego Alguacil,
hallando confuso y maravillado  Abenab: djole como traa la gente
consigo; mas que no pensaba hallarse en tal crueldad, por ser personas
que habian venido  favorecer su casta fiados de l, y ellos puesto la
vida por sus haciendas, por su libertad y por sus vidas: cansados ya
de servir  un hombre voluntario, ingrato, cruel, qu podian esperar
sino lo mismo? Bueno de palabras, mas de nimo malo y perverso; que no
habia mujeres, no haciendas, no vidas con que hartar el apetito, la
sed de dinero y sangre. Pas Hhusceni, capitan de los turcos (persona
de crdito entre ellos, tenido por cuerdo, valiente y amigo del rey),
antes que Abenab le respondiese; qusole hablar alterado, y Abenab, 
porque el otro no le previniese,  con temor que le matasen los turcos,
 con ambicion y cebo del reino, mostr la carta  Caravaji y Hhusceni,
en que hacia compaero suyo en la traicion  Diego Alguacil, y de los
turcos en la muerte; dicen que todo  un tiempo: sac el mesmo Alguacil
una conficion que suelen usar para salir de s cuando han de pelear
y  veces para emborracharse, hecha con apio y simiente de camo,
fuerte para dormir sueo pesado; esta, dijo, que habian de dar  los
capitanes y cabezas en la cena con el beber, sedientos y cansados del
camino,  manera de la que llaman los alrabes alhajij. Entendiendo
el hecho, resolvieron entre s de descomponer y matar  Aben Humeya,
parte por asegurarse, parte por roballe, persuadindose que tenia gran
tesoro, y hacer  Abenab cabeza. Juntaron consigo la gente de Diego
Alguacil, y con silencio caminaron hasta Andarax, donde Aben Humeya
estaba: aseguraron la centinela como personas conocidas, y que se sabia
habellos enviado  llamar. Pasaron el cuerpo de guardia, entraron en
la casa que era en el barrio llamado Laujar, quebraron las puertas
del aposento: hallronle desnudo, medio dormido, y vilmente entre el
miedo y el sueo, y dos mujeres, embarazado de ellas, especialmente
de la viuda amiga de Diego Alguacil que se abraz con l, fue preso
en presencia de los que l trataba familiarmente: hombres bajos (que
 tales tenia mayor inclinacion, y daba crdito), criados suyos,
el Mejuar, Barzana, Deliar, Juan Corts de Pliego y su escribano
que era del Deire; teniendo veinte y cuatro hombres dentro en casa,
cuatrocientos de guardia, mil y seiscientos alojados en el lugar, no
hizo resistencia: ninguno hubo que tomase las armas, ni volviese de
palabra por l. Mas como solo el que es rey puede mostrar  ser rey
un hombre; as solo el que es hombre puede mostrar  ser hombre un
rey. Falt maestro  Aben Humeya para lo uno y lo otro; porque ni supo
proveer y mandar como rey, ni resistir como hombre. Atronle las manos
con un almaizar, juntronse Abenab, los capitanes, y Diego Alguacil
delante de la mujer  tratar del delito y la pena, en su presencia
leyronle y mostrronle la carta, que l como inocente y maravillado
neg: conoci la letra del pariente de Diego Alguacil; dijo que era su
enemigo, que los turcos no tenian autoridad para juzgalle; protestles
de parte de Mahoma, del emperador de los turcos, y del rey de Argel,
que le tuviesen preso dando noticia de ello y admitiendo sus defensas.
Mas la razon tuvo poca fuerza con hombres culpados y prendados en
un mismo delito, y codiciosos de sus bienes: saqueronle la casa,
repartironse las mujeres, dineros, ropa, desarmaron y robaron la
guardia; juntronse con los capitanes y soldados, y otro dia de maana
determinaron su muerte. Eligieron  Abenab por cabeza en pblico,
segun lo habian acordado en secreto, aunque mostr sentimiento y
rehusallo, todo en presencia de Aben Humeya, el cual dijo, que nunca
su intencion habia sido ser moro; mas que habia aceptado el reino por
vengarse de las injurias, que  l y  su padre habian hecho los jueces
del rey D. Felipe, especialmente quitndole un pual y tratndole
como  un villano, siendo caballero de tan gran casta; pero que l
estaba vengado y satisfecho, lo mismo de sus enemigos, de los amigos y
parientes de ellos, de los que le habian acusado y atestiguado contra
l y su padre, ahorcndolos, cortndoles las cabezas, quitndoles las
mujeres y haciendas: que pues habia cumplido su voluntad, cumpliesen
ellos la suya. Cuanto  la eleccion de Abenab, que iba contento;
porque sabia que haria presto el mismo fin: que moria en la ley de los
cristianos, en que habia tenido intencion de vivir, si la muerte no le
previniera. Ahogronle dos hombres: uno tirndole de una parte y otro
de otra de la cuerda, que le cruzaron en la garganta; l mismo se di
la vuelta como le hiciesen menos mal; concert la ropa, cubrise el
rostro.

Tal fin hizo Aben Humeya, en quien despues de tantos aos revivi
la memoria de aquel linaje, que fue uno de los en cuya mano estuvo
la mayor parte de lo que entonces se sabia en el mundo. La ocasion
convida  considerar, que como todo lo que en l vemos se mantenga
por partes, que juntas le dan el ser, y una de ellas sea las castas
 linajes de los hombres; estas como en unos tiempos parece estar
acabadas hasta venir  pobres labradores, as en otros salen y suben
hasta venir  grandes reyes. Pero muchas veces el Hacedor de todo no
hallando sujeto aparejado, produce cosas diminuidas semejantes  las
grandes, como fruto en tierra cansada  olvidada;  como queriendo
hacer hombre hace enano, por falta de sujeto, de tiempo, de lugar. No
habia en el pueblo de Granada moriscos, fuerzas, ocasion, ni aparejo,
para crear y mantener rey: sali de un comun consentimiento de muchas
voluntades juntas (hombres que se tenian por agraviados y ofendidos),
hecho un tirano con sombra y nombre de rey; y este descendiente de
casta olvidada, mas que tanto tiempo habia seoreado. Dicen que de una
sola hija que tuvo Mahoma llamada Ftima, y de Hali Abenseib vinieron
dos linajes; uno de Aben Humeya[53], otro de Abenhabet, cuya cabeza fue
Abdal Abenhabet Miramamolin, seor de Espaa, que ech los berberes
del reino de ella, y el postrero Juseph Hali Atan,  quien ech del
reino Abdurrabi Menhadali, cabeza del linaje de Aben Humeya, hasta el
ltimo Hiscen que rein en discordia, que habindole los de Crdoba
echado del reino con ayuda de Habz, rey de Granada, uno del mismo
linaje escogi ser electo rey por un solo dia, con condicion que le
matasen pasadas las veinte y cuatro horas: eligironle, y matronle, y
acabaron juntos el linaje de Aben Humeya, y el reino de Crdoba. Los
que descendian de este rey de un dia vinieron  poblar las montaas
de Granada; y los moros establecieron por ley, que ninguno del linaje
de Aben Humeya pudiese reinar en Crdoba. Porque si despues reinaron
en el Andaluca los almoravides, y almohades, y el linaje de Abenhut,
ya no tuvieron  Crdoba por cabeza del reino, hasta que vino  poder
del santo rey D. Fernando el Tercero. Esto se ha dicho por muestra, y
acordar que no hay reino perpetuo, pues vino  desvanecerse un reino
tan poderoso, como fue el de Crdoba.

      [53] Antigedad y orgen de Aben Humeya, si bien contada con gran
      diferencia de lo que dicen Garibai, Mrmol, y otros.

Tomado por cabeza Abdal Abenab, dironle mando sobre todo por tres
meses, hasta que viniese confirmacion del rey de Argel y ttulo de rey;
envi con Ben Daud, morisco tintorero en Granada, inventor y tramador
del levantamiento,  dar nueva de su eleccion al rey de Argel: dile
dineros y oro para presentar; dironle los capitanes cada uno por su
parte ayuda con que fuese, y qued all; y envi la aprobacion mucho
antes del tiempo. Hicieron con Abenab la ceremonia, pusironle en
la mano izquierda un estandarte y en la derecha una espada desnuda;
vistironle de colorado, levantronle en alto, y mostrronle al pueblo,
diciendo: _Dios ensalce al rey de la Andaluca y Granada Abdal
Abenab_: dironle generalmente la obediencia los pueblos de moriscos
que no la habian dado  Mahomet Aben Humeya, y los capitanes, exceptos
Aben Mequenun que llamaban Portocarrero, hijo del que levant  Jergal
con cuatrocientos hombres en el rio de Almanzora, que tambien el
duque de Arcos mand justiciar en Granada; y en tierra de Almuecar y
Almijara, Giron el Archidoni, que muri reducido y perdonado en Jayena.
Hizo repartimiento de las alcaidas y gobierno en hombres naturales
de las mismas tahas: escogi para su consejo seis personas dems de
los capitanes turcos Caracax, y D. Dali capitan; porque Caravaji,
luego como se hizo la eleccion, parti  Berbera con ocasion de traer
gente. Eligi por capitan general para los rios de Almera, Bolodui,
y Almanzora, sierras de Baza y Filabres, tierra del marquesado de
Zenette y Guadix, al que llamaban el Habaqui[54], por cuyo parecer se
gobernaba en todo: otro de Sierra Nevada, tierra de Velez, el valle,
el Alpujarra, y Granada,  quien decian Joaibi de Guejar:  estos
obedecian los otros capitanes de tahas; por alguacil, que despues del
rey es el supremo magistrado,  su hermano Muhamet Abenab. Envi 
Hoscein con otro presente de cautivos al rey de Argel, pidindole gente
y armas: junt un ejrcito ordinario de cuatro mil arcabuceros, que
alojase la cuarta parte cerca de su persona; la guardia de doscientos
arcabuceros; fuera del lugar las centinelas apartadas y perdidas, que
ni se acogen al cuerpo de guardia, sino  lo alto  lejos, ni se les
da otro nombre mas de un contraseo de los caminos, que es dejar pasar
solamente al que viniere por parte sealada, y  los que vinieren
por otra parte detenellos  dar arma; dende all avisan por donde
vienen los enemigos. Tienen siempre atalayas de noche y de dia por las
cumbres; llaman al sarjento mayor alguacil de la guardia, que reparte
y requiere las centinelas, ordena la gente, aljala, hace justicia en
el cuerpo de guardia: dentro en la casa residen veinte arcabuceros, 
que dicen porteros. Fue poco  poco comprando y proveyndose de armas
traidas de Berbera,  habidas de las presas en gran cuantitad, que
reparti  bajos precios entre la gente: lleg de esta manera  tener
ocho mil arcabuceros; el sueldo de los turcos eran ocho ducados al mes,
el de los moriscos la comida. Con estos principios de gobierno, con la
necesidad de cabeza, con la reputacion de valiente y hombre del campo,
con la afabilidad, gravedad, autoridad de la presencia, con haber
padecido en la persona por tormentos siendo esclavo, fue bien quisto,
respetado, obedecido, tenido como rey generalmente de todos.

      [54] Hiernimo el Melech dice Mrmol porque el Habaqui fue
      embajador  Berbera.

Mand en este tiempo D. Juan que Pedro de Mendoza fuese  visitar
el presidio de Orgiba con rden que sirviese en lugar de Francisco
de Molina, porque entendia estar indispuesto, sabiendo que Abenab
nuevo rey juntaba gente para venir sobre la plaza. Mas sucedi una
novedad trasordinaria siendo siete leguas de Granada, como las que
suelen acontecer en las Indias  tres mil de Espaa; que de cinco
banderas, sola una con su capitan D. Garca de Montalvo qued libre sin
amotinarse; y acusando  Francisco de Molina  una voz de estar loco,
y pedian por cabeza  Pedro de Mendoza. Las seales que daban de su
locura; que los apretaba con rigor  las guardias, que estando enfermo
los requeria, que no dormia de noche, hombre rico y recatado, que falto
de gente particular ayudaba con dineros  los que enviaba con licencia
por cobrar crdito, para que viniesen otros; repartia la vitualla
por tasa como quien sospechaba cerco. Pero visto que se encaminaba 
motin, quiso prender los capitanes; y sosegndolos, procur que Pedro
de Mendoza saliese de Orgiba: mas por satisfacer la gente que estaba
ociosa y descontenta, y proveerse de vitualla, envi la compaa
de Antonio Moreno con su alfrez Vilches  correr en el Cehel; que
atajados por los moros en el barranco de Tarascon, fueron todos muertos
sin escapar mas de tres soldados.

Abenab con esta ocasion provey  Castil de Ferro de armas, artillera
y vitualla, puso dentro cincuenta turcos con su capitan llamado Leandro
para que pudiese recibir el socorro que traeria Caravaji con el armada
de Argel, y en persona vino sobre Orgiba, movido por quejas de los
pueblos comarcanos, y daos que continuamente recibian de la guarnicion
que en ella residia. Eran los capitanes moros, Berbuz, Rendati,
Macox; y turcos, Dali capitan  quien dej cabeza de la empresa y de
la gente. Apretaron el lugar, mostraron quererle hambrear; furonse
con trincheas llegando hasta las casas; vnoles gente, y entraron
en ellas: seoreronlas de manera, que descubrian la plaza, y los
nuestros no atravesaban ni estaban  los reparos sin ser enclavados:
tomaban por dias el agua peleando; era la hambre y la sed mayor que
el temor de los enemigos. Di Francisco de Molina aviso, y pareci
 D. Juan que el duque de Sesa la socorriese, por la experiencia,
por la gracia y autoridad con la gente, ser del consejo, y el lugar
suyo; detvose algunos dias esperando la vitualla con harta dilacion:
parti con seis mil infantes y trescientos caballos, mas nmero de
gente que de hombres, la mayor parte concejil: pero en Acequia le tom
la gota, enfermedad ordinaria suya, y tan recia que le inhabilitaba
la persona, aunque dejndole libre el entendimiento. Trat D. Juan
de enviar  Luis Quijada en su lugar, no sin ambicion; pero el duque
mejor, y en principio de noviembre envi dende Acequia  Vilches, que
por otro nombre llamaban Pie de palo, buen hombre de campo, pltico
de la tierra, que con cuatro compaas de infantera en que habia
ochocientos hombres, dejando  la mano derecha  Lanjaron, hiciese el
camino por lo spero de la montaa, desusado muchos aos, pero posible
para caballera; y que reconociendo el barranco que atraviesa el camino
de Orgiba, tomase lo alto de la montaa y estuviese quedo, adonde el
camino de Lanjaron hace la vuelta cerca de Orgiba, de all diese aviso
 Francisco de Molina: y por asegurar  Vilches envi  sus espaldas
otros ochocientos hombres, siguiendo l con el resto de la gente y
caballera, sospechoso que los unos y los otros habrian menester
socorro.

Mas los moros, que tenian no solamente aviso de la salida de Acequia,
pero atalayas por todo, que con seas contaban  los nuestros los
pasos, dndolas de una en otra hasta Orgiba, hicieron de s dos partes:
una qued sobre Orgiba, y otra de la dems gente sali con sus banderas
 esperar al duque. Estos fueron Hhusceni y Dali, encubrindose parte
de la gente. Comenz Dali capitan  mostrarse tarde, y entretenerle
escaramuzando. Entre tanto apartaron seiscientos hombres, cuatrocientos
con Rendati que se embosc  las espaldas de Vilches, y Macox adelante
al entrar de lo llano tomando el camino de Acequia de las tres peas
(llaman los moros  aquel lugar Calat el Hhajar en su lengua), cosa
pocas veces vista, y de hombres muy plticos en la tierra, apartarse
tanta gente escaramuzando, y emboscarse sin ser sentida, ni de los
que estaban en la frente, ni de los que venian  las espaldas. Cay
la tarde, y carg Dali capitan reforzando la escaramuza  la parte
del barranco cerca de la agua; de manera que  los nuestros pareci
retirarse adonde entendian que venia el duque, pero con rden.
Descubrise la primera emboscada, y fueron cargados tan recio que
hallndose lejos del socorro y que apuntaba la noche, cuasi rotos se
recogieron  un alto cerca del barranco, con propsito de esperar,
hechos fuertes; donde pudieran estar seguros, aunque con algun dao, si
el capitan Perea tuviera sufrimiento; pero viendo el socorro, echse
por el barranco y la gente tras l; donde seguido de los moros fue
muerto peleando con parte de los que iban con l, y pasando adelante
cargaron hasta llegar  dar en el duque ya de noche, que los socorri
y retir: pero dando en la segunda emboscada de Macox, apretado por
una parte de los enemigos, por otra incierto del camino y de la tierra
con la escuridad, y confuso con el miedo que la gente llevaba, que le
iban faltando, fue necesitado  hacer frente  los enemigos por su
persona: quedaron con l D. Gabriel su tio, D. Luis de Crdoba, D. Luis
de Cardona, D. Juan de Mendoza, y otros caballeros y gente particular;
muchos de ellos apeados con la infantera dando cargas y siendo
seguidos hasta cerca del alojamiento; dicen que si los moros cargaran
como al principio, estuviera en peligro la jornada. Pero el dao estuvo
en que Pie de palo partiese  hora, que el dia no le bast al duque
para llegar  Orgiba con sol, ni para socorrerle. Engaa el tiempo en
el reino de Granada  muchos hombres que no le miden por la aspereza
de la tierra, hondura de los barrancos, y estrecheza de los caminos.
Murieron de los nuestros cuatrocientos hombres, y perdieron muchas
armas, segun los moros, gente vana que acrecienta sus prosperidades;
mas segun nosotros (que en esta guerra nos mostramos  disimular, y
encubrir las prdidas) solos sesenta; lo uno  lo otro con dao de los
enemigos, y reputacion del duque. De noche sospechoso de la gente,
apretado de los enemigos, impedido de la persona, tuvo libertad para
poner en ejecucion lo que se ofrecia proveer  toda parte, resolucion
para apartar los enemigos, y autoridad para detener los nuestros que
habian comenzado  huir, recogindose  Acequia cuasi  media noche:
larga y trabajosa retirada de tres grandes leguas, dos siendo cargada
su gente.

Y considerando yo las causas, porque nacion tan animosa, tan aparejada
 sufrir trabajos, tan puesta en el punto de lealtad, tan vana de
sus honras (que no es en la guerra la parte de menos importancia),
obrase en esta al contrario de su valenta y valor, truje  la memoria
numerosos ejrcitos disciplinados y reputados en que yo me hall,
guiados por el emperador D. Crlos, uno de los mayores capitanes que
hubo en muchos siglos; otros por el rey Francisco de Francia su mulo,
y hombre de no menos nimo y experiencia. Ninguno mas armado, mas
disciplinado, mas cumplido en todas sus partes, mas pltico, abundado
de dinero, de vitualla, de artillera, de municion, de soldados
particulares, de gente aventurera de corte, de cabezas, capitanes
y oficiales, me parece haber visto ni oido decir, que el ejrcito
que D. Felipe II rey de Espaa, su hijo, tuvo contra Enrique II de
Francia, hijo de Francisco, sobre Durlan, en defension de los estados
de Flandes, cuando hizo la paz tan nombrada por el mundo, de que sali
la restitucion del duque Filiberto de Saboya, negocio tan desconfiado.
Como por el contrario, ninguno he visto hecho tan  remiendos, tan
desordenado, tan cortamente proveido, y con tanto disperdiciamiento y
prdida de tiempo y dinero; los soldados iguales en miedo, en codicia,
en poca perseverancia y ninguna disciplina. Las causas pienso haber
sido, comenzarse la guerra en tiempo del marqus de Mondejar con gente
concejil aventurera,  quien la codicia, el robo, la flaqueza y las
pocas armas que se persuadieron de los enemigos al principio, convid
 salir de sus casas cuasi sin rden de cabezas  banderas: tenian sus
lugares cerca, con cualquier presa tornaban  ellos; salian nuevos  la
guerra, estaban nuevos, volvian nuevos. Mas el tiempo que el marqus
de Mondejar, hombre de nimo y diligencia, que conocia las condiciones
de los amigos y enemigos, anduvo pegado con ellos,  las manos, en
toda hora, en todo lugar, por medio de los hombres particulares que
le seguian, estuvieron estas faltas encubiertas. Pero despues que los
enemigos se repartieron, acontecieron desgracias por donde quedaron
desarmados los nuestros y armados ellos; comunicbase el miedo de unos
en otros; que como sea el vicio mas perjudicial en la guerra, as es
el mas contagioso: no se repartian las presas en comun, era de cada
uno lo que tomaba, como tal lo guardaba, huan con ello sin union, sin
respondencia; dejbanse matar abrazados  cargados con el robo, y donde
no le esperaban,  no salian,  en saliendo, tornaban  casa; guerra de
montaa, poca provision, menos aparejo para ella, dormir en tierra, no
beber vino, las pagas en vitualla, tocar poco dinero  ninguno: cesando
la codicia del interese, cesaba el sufrir trabajo: pobres, hambrientos,
impacientes, adolecian, morian,  huyndose los mataban; cualquier
partido de estos escogian por mas ventajoso que durar en la guerra,
cuando no traan la ganancia entre las manos. De los capitanes, algunos
cansados ya de mandar, reprender, castigar, sufrir sus soldados, se
daban  las mismas costumbres de la gente, y tales eran los campos que
de ella se juntaban. Pero tambien hubo algunos hombres entre los que
vinieron enviados por las ciudades,  quien la vergenza y la hidalgua
era freno. Tambien la gente enviada por los seores, escogida, igual,
disciplinada, y la que particularmente venia  servir con sus manos,
movidos por obligacion de virtud y deseo de acreditar sus personas,
animosa, obediente, presente  cualquiera peligro: tantos capitanes 
soldados, como personas; y en fin autores y ministros de la vitoria.
Los soldados y personas de Granada todos aprobaron para ser loados. No
parecer filosofa sin provecho para lo porvenir esta mi consideracion
verdadera, aunque experimentada con dao y costa nuestra.

Envi el duque  dar noticia de lo que pasaba  Francisco de Molina,
mandndole, que en caso que no se pudiese detener, desamparase la
plaza y se retirase por el camino de Motril; porque el de Lanjaron
tenian ocupado los enemigos, y no le podia socorrer. Mas ellos no
curaron de tornar sobre Orgiba, as porque en ella y en la refriega
que tuvieron, habian perdido gente y muchos heridos, como porque
les pareci que bastaba tener  Francisco de Molina corto con poca
gente, y ellos hacer rostro  la del duque, estorbar el dao que podia
hacer en los lugares del valle, que tenian como propios. Francisco de
Molina, con la rden del duque conforme  la que l tenia de D. Juan,
teniendo por cierto que si volvieran sobre l, se perderia sin agua,
ni vitualla, enclav y enterr algunas piezas que no pudo llevar,
recogi los enfermos y embarazos en medio, tom el camino de Motril
libre de los enemigos; donde lleg con toda la gente que sali, y con
poca prdida en el fuerte: dando harto contraria muestra del suceso en
el cerco y retirada, de lo que la desvergenza de los soldados habia
publicado; desamparse por ser corta la provision de vituallas, lugar
que habia costado muchas, mucho tiempo, mucha gente y trabajo mantener
y socorrer; fue el primero y solo que los enemigos tomaron por cerco;
deshicieron las trincheas, quemaron y destruyeron la tierra, llevaron
dos piezas aunque enclavadas. Tomronse dos moros con cartas que los
capitanes escribian  la gente de las Albuuelas, y el valle, y otras
partes, certificndoles la venida del duque  socorrer  Orgiba, y
animndolos que siguiesen su retaguardia; porque ellos con la gente que
tenian se les mostrarian  la frente, como le estorbasen el socorro 
les combatiesen con ventaja. No estuvieron ociosos el tiempo que l se
detuvo en Acequia; porque bajaron por Guejar y el Puntal  la Vega,
llevaron ganados, quemaron  Mairena hasta media legua de Granada,
acogindose sin prdida y con la presa, por divertir,  porque la
guerra pareciese con igualdad. Esper en Acequia por entender el motivo
de los enemigos y entretenellos que no diesen estorbo  la retirada de
Francisco de Molina, y por su indisposicion, con falta de vitualla, y
descontentamiento de la gente: por esto y la ociosidad, y por ser ya
el mes de noviembre y la sementera en la mano, se comenz  deshacer
el campo. Mas llamado por D. Juan, sali por las Albuuelas con poca
gente, y esa temerosa por lo sucedido (trataban los turcos de ponerse
de guarnicion en aquel lugar), y caminando el dia, los enemigos al
costado, lleg temprano sin acercarse los unos  los otros, dando culpa
 las guias: quem el un barrio, y despues de haber enviado  D. Luis
de Crdoba  quemar  Restaval, Belejij, Concha, y otros lugares del
valle que D. Antonio de Luna dej enteros, y dejado  Pedro de Mendoza
con seiscientos hombres alojado en el otro barrio, torn  Granada,
donde hall  D. Juan ocupado en la reformacion de la infantera,
provisiones de vitualla y otras cosas, por medio y industria de
Francisco Gutierrez de Cuellar, del consejo,  quien el rey envi
particularmente  mirar por su hacienda; caballero prudente, pltico en
la administracion de ella, bueno para todo.

Habian las desrdenes pasado tan adelante, que fue necesario para
remediallas hacer demostracion no vista ni leida en los tiempos pasados
en la guerra; suspender treinta y dos capitanes de cuarenta y uno que
habia, con nombre de reformacion: pero no se remedi por eso; que el
gobierno de las compaas qued  sus mismos alfreces, de quien suele
salir el dao. Porque como se nombran capitanes sin crdito de gente 
dineros, encomiendan sus banderas  los alfreces, y oficiales que les
ayudan  hacer las compaas gastando dinero con los soldados, de quien
no pueden desquitarse tomndoselo de las pagas, porque se les desharian
las compaas, y procuran hacello engaando en el nmero. Pero los
capitanes y oficiales cuasi todos engaan en las pagas; aunque unos
las ponen en calificar soldados y entretenellos con pagar ventajas, 
darles de comer; y estos son tolerables: otros son perniciosos y aun
tenidos como traidores, porque engaan  su seor en cosa que le hacen
perder la honra, el estado y la vida, findose de ellos, y estos son
los que para s hacen ganancia con las compaas, teniendo menos gente,
 robando los huspedes,  componindolos: la misma reformacion se
hizo en los comisarios, partidos, y distribucion de vituallas, armas y
municiones.

En el tiempo que el duque de Sesa parti para el socorro de Orgiba, y
D. Juan entendia en reformar las desrdenes, se alz Galera, una legua
de Guescar en tierra de Baza; lugar fuerte para ofender y desasosegar
la comarca en el paso de Cartagena al reino de Granada, y no lejos
del de Valencia. Mas los de Guescar, entendiendo el levantamiento,
fueron sobre el lugar con mil y doscientos hombres y alguna caballera;
estuvieron hasta tercero dia; y sin hacer mas de salvar cuarenta
cristianos viejos que estaban retirados en la iglesia, se tornaron.
Habian entrado en Galera por mandado de Abenab cien arcabuceros
turcos y berberes con el Maleh, alcaide del partido, y era capitan de
ellos Caravajal, turco, que salt fuera cargando en la retaguardia,
y ponindolos en desrden les quit la presa de ganados y mat pocos
hombres, de que los de Guescar indignados mataron algunos moriscos
por la ciudad, y en la casa del gobernador donde se habian recogido:
quemaron parte de ella, saquearon y quemaron otras en Guescar, ciudad
de los confines del reino de Murcia y Granada, patrimonio que fue del
rey catlico D. Fernando, y dada en satisfaccion de servicios al duque
de Alba D. Fadrique de Toledo; pueblo rico, gente spera y  veces mal
mandada, descontenta de ser sujeta  otro sino al rey; y desasosegada
con este estado que tiene, procura trocalle con otros, que  veces
desasosiegan mas.

Levantse de ah  pocos dias Orce, una legua de Galera, que los
antiguos llamaron Urci; y estando los de Guescar preparndose para ir
 allanarla  destruirla, los vecinos cristianos nuevos que habian
quedado, indignados metieron de noche sin ser sentidos al Maleh con
trescientos hombres en sus casas, que dej emboscados en los lavaderos
hasta dos mil, y en ellos trescientos turcos y berberes, que se habian
juntado para el efecto: mas los de la ciudad que tuvieron noticia,
vueltas contra ellos las armas, peleando los echaron fuera con dao
y rotos; y dando con el mesmo mpetu en la emboscada, la rompieron
matando seiscientos hombres. Fuera la vitoria del todo, si los turcos y
berberes no resistieran reparando la gente, y haciendo retirar parte
de ella con alguna rden. Ya Abenab habia hecho declarar todo el rio
de Almanzora (que en arbigo quiere decir de la vitoria) con Purchena
(en otro tiempo llamada de los antiguos Illipula grande,  diferencia
de otra menor, ribera de Guadalquivir), la sierra de Filabres y los
lugares de tierra de Baza. Quedaban Seron, y Tijola del duque de
Escalona: Tijola inexpugnable, pero falta de agua. Envi sobre Seron,
y salindose la guardia, prendi el alcaide (algunos dicen que por
su voluntad); tom armas, municion, vitualla, doce piezas de bronce.
Tijola sigui  Seron: de esta manera quedaron levantados todos los
moriscos del reino, sino los de la hoya de Mlaga y serrana de Ronda.

Estos motivos, y la priesa que el rey daba  reforzar el campo del
marqus de Velez que estaba en Baza, enviando caballeros principales de
su casa por las ciudades  solicitar gente, que saliese antes que los
enemigos tomasen fuerzas, apresur al marqus con la gente que trajo de
la Peza, y la que D. Antonio de Luna dej en Baza, y la que se junt de
Guescar y otras partes, por todos cuatro mil infantes, y trescientos
y cincuenta caballos,  ponerse sobre Galera: el Maleh y su hijo
desampararon el lugar, desconfiados que se pudiese mantener. Caravajal,
turco, dende  dos dias que el marqus lleg, junt el pueblo;
persuadilos que salvasen la gente, la ropa, y  s mismos, pues
tenian aparejo y la sierra cerca; y dicindole que dentro en sus casas
querian morir, les respondi: que aun no era llegado el tiempo, ni
era su oficio morir; que se salvasen y dejasen aquello para otros que
venian brevemente  morir por ellos. Mas visto que estaban pertinaces,
con ciento y treinta turcos y berberes dando una arma de noche  los
nuestros, se sali con su gente y dinero, sin recibir dao; y vino por
mandado de Abenab  residir en Guejar con los otros capitanes.

Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, fundado frontera,
atajado con una trinchea de piedra seca de monte  monte el trecho,
que llaman la Silla; mantenanse contra Granada, hacian presas,
solicitando pueblos que se levantasen, recogiendo y regalando los
que se alzaban.  veces estaban en ella cuatro mil,  veces menos, y
de ordinario seiscientos hombres segun las ocasiones; eran capitanes
Joaibi, natural del lugar, por otro nombre llamado Pedro de Mendoza
(que este apellido tomaban muchos por la naturaleza que tenia en la
tierra la casta del marqus D. Iigo Lopez de Mendoza, primer capitan
general), Hocein, Caracajal, turco, Chocon (que en su lengua quiere
decir degollador), Macox, Mojajar, y otros. Crecia el desasosiego de
la ciudad, y parecia estarse con menos seguridad, pero en nada se via
acrecentada la manera de la defensa, descubierta la parte de la ciudad
que llaman Realejo frontera  los enemigos, el barrio de Antequeruela
no sin peligro muchos meses, muy  menudo los apercebimientos, que se
hacian de persona en persona y con secreto, mostrando que los enemigos
vernian cada noche  dar en la ciudad, las mas veces por esta parte.
Al fin se achic la puerta que dicen de los molinos, y se puso una
compaa de guardia en Antequeruela, pero no que se atajasen los
caminos de Facar, Veas, el Puntal; maravillndose los que no tienen
noticia de las causas,  licencia de escudriallas, como se encarecian
tanto las fuerzas de los enemigos y el peligro, y se estaba con tan
flaca guardia: en fin se puso una concejil en la puerta de los Molinos;
reforzse la de Antequeruela; psose guardia en los Mrtires, y en
Pinillos, y Cenes (presidios todos contra Guejar), y  don Gernimo
de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una compaa de caballos
para asegurar el llano de Loja, dems de la guardia de la Vega. Psose
caballera en Iznalloz, pero todo no estorbaba que hasta las puertas de
Granada se hiciesen  la continua presas.

Estando en estos trminos, comenz el marqus de Velez  batir  Galera
con seis piezas de bronce, y dos bombardas de hierro, de espacio y
con poco fruto. Saltaban fuera los moros  menudo, haciendo dao sin
recebillo.

[Nota al margen: 1569.]

Carg D. Juan la mano con el rey, como agraviado que le hubiese mandado
venir  Granada en tiempo que todos estaban ocupados, por tenelle
ocioso, siendo el que menos convenia holgar; mostrbale deseo de
emplear su persona; hijo y hermano de tan grandes prncipes, en cuya
casa habian entrado tantas vitorias; mozo, no conocido de la gente; el
espacio con que se trataba la guerra en Almanzora, el atrevimiento de
los enemigos, la Alpujarrra sin guarniciones, la mar desproveida, los
moros en Guejar, lo que convenia tomar el negocio con mayores fuerzas y
calor. Pareci al rey apretar los enemigos, acometindolos  un tiempo
con dos campos; uno por el rio de Almanzora  cargo de D. Juan, con
quien asistiesen el marqus de Velez, el comendador mayor de Castilla,
y Luis Quijada; otro por el Alpujarra con el duque de Sesa; y por no
dejar embarazo tan importante como enemigos  las espaldas, mand que
antes de su partida viniese sobre Guescar. El nombre de la salida fue
(porque el de Velez no se hubiese por ofendido) dar rden en lo que
tocaba  Guadix y Baza, como habia sido con el marqus de Mondejar,
darla en lo de Granada. Estando Guejar y Galera por los enemigos,
cualquier otra empresa parecia difcil, y el peligro cierto: en Guejar,
por dejarlos  las espaldas; en Galera, porque podia saltar la rebelion
en el reino de Valencia, y con la tardanza conservarse los moros en sus
plazas, Purchena, Seron, Tijola, Jergal, Cantoria, Castil de Ferro, y
otras. Parti el comendador mayor de Cartagena por rden de D. Juan
con ocho piezas de campo, trescientos carros de vitualla, municion,
y armas. El marqus, aunque entendiendo la ida de D. Juan, mostraba
algun sentimiento, no dej de verse con el comendador mayor, que
proveyndole de vitualla y municion, pas  esperar D. Juan en Baza.
Dicen, y confiesalo el comendador mayor, que escribi al rey, como el
marqus no le parecia  propsito para dar cobro  la empresa del reino
de Granada, y que las cartas vinieron  las manos del marqus primero
que  las del rey; mas leylas, y disimullas;  fuese pensando que la
necesidad habia de traelle tiempo  las manos, en que diese  conocer
lo contrario;  cansado y ofendido, dando  entender que la peor parte
seria de quien no le emplease. Eran ya los quince de diciembre, y no
parecia seal ni esperanza de que se hiciese efecto contra Galera. Mas
el rey solicitaba con diligencia los seores de la Andaluca, y las
ciudades de Espaa; pidiendo nueva gente para la empresa y salida de D.
Juan, y enviando personas calificadas de su casa  procurallo.

Lleg la rden para que D. Juan hiciese la jornada de Guejar, primero
que partiese para Guadix y Baza: habase enviado muchas veces 
reconocer el lugar con personas plticas; lo que referian era, que
dentro estaban siete mil arcabuceros y ballesteros resolutos  venir
una noche sobre Granada (nmero que si de mujeres y hombres ellos lo
tuvieran, y no les faltaran cabezas y experiencia, era bastante para
forzar la ciudad); que estaban fortificados y empantanaban la Vega; que
allanaban el camino que va por la sierra  la Alpujarra para recebir
gente. Tanto mas puede el recelo que la verdad, aunque cargue sobre
personas sin sobresalto. Todava no fueron del todo creidos los que
daban el aviso; pero reforzronse las guardias con mas diligencia,
y difirise la ida de D. Juan hasta que mas gente de las ciudades y
seores fuese llegada. Por hacer la jornada con mas seguridad envi 
D. Garca Manrique y Tello de Aguilar, que reconociesen el lugar de
noche, y la maana hasta el dia: lo que trujeron fue, que dentro habia
mas de cuatro mil infantes; no haber visto fuego  las trincheas ni
en el cuerpo de guardia: no humo aun para encender las cuerdas en el
corazon del invierno (tierra frigidsima y  la falda de la nieve);
no trocar las guardias, no cruzar  la maana gente de las casas 
la trinchea  de la trinchea  las casas, no acudir con el arma  la
trinchea: atribuase todo  seales de gran recatamiento; pero  juicio
de algunas personas plticas, de lugar desamparado. Notaban que en
tanto tiempo, tan cerca, lugar abierto y pequeo, se sospechase y no se
supiese cierto el nmero de la gente, pudindose contar por cabezas 
por la comida, y que todos afirmasen pasar de seis mil hombres, y los
reconocedores de cuatro mil, llegando tan cerca, y trayendo seales de
poca gente  ninguna. Pareci que seria conveniente servirse de los
capitanes que habian sido suspendidos, porque la gente se gobernaria
mejor por ellos, y los mas eran personas de experiencia. Mandronles
tomar sus compaas, y todos lo quisieron hacer, pudiendo emplear sus
personas, sin volver  los cargos de que una vez fueron echados.

[Nota al margen: 1569.]

Habia costumbre en el Alhambra de salir los capitanes generales y
alcaides cuando se ofrecia necesidad, dejando en la guardia de ella
personas de su linaje y suficientes. Mostraba el conde de Tendilla
ttulos suyos, de su padre, abuelo, y bisabuelo, de capitanes generales
de la ciudad sin el cargo del reino, y pretendia salir con la gente
de ella. Pero Juan Rodriguez de Villafuerte, que entonces era tenido
por enemigo suyo declarado, pretendia que como corregidor le tocase:
traa ejemplo de Mlaga donde el corregidor tenia cargo de la gente,
no obstante que el alcaide tuviese ttulo de capitan de la ciudad; mas
 fuese mandamiento expreso,  inclinacion  otros,  desabrimiento
particular con la casa  persona del conde, no obstante las cdulas, y
que la profesion de Juan Rodriguez fuese otra que armas, hizo D. Juan
una manera de pleito de la pretension del conde, y remiti el negocio
al consejo del rey; quitndole el uso de su oficio, y dndole  Juan
Rodriguez, que aquel dia llev cargo de la gente de la ciudad y le tuvo
otros muchos. Parti  los veinte y tres de diciembre con nueve mil
infantes, seiscientos caballos, ocho piezas de campo. Habia dos caminos
de Granada  Guejar; uno por la mano izquierda y los altos, y este
llev l con cinco mil infantes y cuatrocientos caballos: llevaba Luis
Quijada la vanguardia con dos mil, donde iba su persona;  D. Garca
Manrique encomend la caballera; y la retaguardia con la artillera,
municion y vitualla (donde iba su guion) al licenciado Pedro Lopez de
Mesa y  D. Francisco de Solis, ambos caballeros cuerdos, pero sin
ejercicio de guerra: lo cual di ocasion  pensar, que la empresa
fuese fingida, y D. Juan cierto que el lugar estaba desamparado; pues
encomendaba  personas pacficas lugar adonde podia haber peligro y
era menester experiencia; dando al duque el camino del rio mas breve
con cuatro mil infantes y trescientos caballos, en que iba la gente de
la ciudad. Aquella noche se aposent en Veas, dos leguas de Granada,
y otras tantas de Guejar, con rden que juntos por diversas partes
llegasen  un tiempo, y combatiesen los enemigos, para que los que del
uno escapasen diesen en el otro; pero quedles abierto el camino de la
sierra. D. Diego de Quesada,  quien tenia por pltico de la tierra,
iba por guia del campo de D. Juan, aunque otros hubiese en la compaa
tan soldados, criados en aquella tierra, y mas plticos en ella, segun
lo mostr el suceso. Estaban  la guardia del lugar ciento y veinte
turcos y berberes con Caravajal que estuvo en Galera, cuatrocientos
y treinta de la tierra, todos arcabuceros; la cabeza era Joaibi, los
capitanes Cholon, Macox, y Rendati, y el Partal por sarjento mayor;
venidos, segun se entendi, solo por la ganancia de las presas, con
la seguridad de la montaa, y mudbanse por meses; muchas mujeres,
muchachos y viejos de los lugares vecinos, que no querian apartarse
de sus casas, proveidos de pan y carne en abundancia; y dicen ellos,
que nunca hubo mas gente ordinaria. Entendieron dias antes la ida de
D. Juan, y tuvieron tiempo de salvar lo mejor de su ropa, sus personas
y ganados. El dia antes que D. Garca y Tello de Aguilar fueron 
reconocer avisando la gente, partieron los turcos  la Alpujarra; y de
los moros, el dia antes que D. Juan llegase, salieron cuatrocientos
hombres con Partal, y el Macox, y Rendati  la Vega en ocasion de
correr nuestras espaldas, y hicieron dao el mismo dia que lleg D.
Juan: quedaron en Guejar ochenta hombres con Joaibi para retirar el
removiente de la gente intil, y ropa. Partieron  un tiempo de Granada
el duque, y D. Juan de Veas al amanecer: hay pocos hombres del campo
que sepan caminar bien de noche la tierra que han visto de dia; esta
era toda de un color igual aunque doblada, que di causa  la guia de
engaarse cuasi en la salida del lugar, y  D. Juan de gastar tiempo.
Con todo se detuvo, esperando el dia, incierto del camino que haria el
duque, y avisando las atalayas de los moros con fuegos  los suyos de
lo que ambos hacian. Mas el duque camin por derecho: envi delante 
D. Juan de Mendoza, que hall la trinchea desamparada sino de diez 
doce viejos, que de pesados escogieron quedar  morir en ella, estos
fueron acometidos y degollados. Entrado y saqueado el lugar por la
gente que D. Juan de Mendoza llevaba de vanguardia, vieron subir por
la sierra mujeres y nios, bagajes cargados, con espaldas de sesenta
arcabuceros y ballesteros, que haciendo vuelta sobre los nuestros
en defensa de su ropa, se salvaron de espacio, aunque seguidos poco
trecho y detenidamente; pero lo que se pudo, y con mas dao nuestro
que suyo: murieron entre hombres y mujeres sesenta personas, y fueron
cautivas otras tantas; la dems gente por la sierra fueron  parar en
Valor y Poqueira y otros lugares de la Alpujarra: hbose mucho trigo
y ganado mayor; de nuestra gente murieron cuarenta soldados, porque
los moros en lo spero de la tierra y entre las matas cubiertos con
las tocas de las mujeres, esperaban  nuestros soldados que pensando
ser mujeres llegasen  cautivallas, y los arcabuceasen. Entre ellos
muri el capitan Quijada siguiendo el alcance, desatinado de una
pedrada que una mujer le di en la cabeza. D. Juan apartndose del
lugar dos leguas, ora acercndose  menos de un cuarto por camino que
todo se podia correr, se hall pasado mediodia sobre Guejar, dentro
de la trinchea de los enemigos en el cerro que llaman la Silla: llev
la gente ordenada; y  los que nos hallamos en las empresas del
emperador, parecia ver en el hijo una imgen del nimo y provision del
padre, y un deseo de hallarse presente en todo, en especial con los
enemigos. Descubri de lo alto  la gente del duque delante del lugar
en escuadron, y tan de improviso que Luis Quijada envi con D. Gomez
de Guzman de mano en mano  pedir artillera, pensando que fuesen
enemigos,  dando  entender que lo pensaba. Esta voz se continu con
mucha priesa; y caminando con dos pezezuelas, lleg D. Luis de Crdoba
de parte del duque con el aviso, que los enemigos iban rotos y los
nuestros estaban dentro en el lugar. Quedamos espantados como Luis
Quijada no conoci nuestras banderas y rden de escuadron dende tan
cerca, hombre pltico en la guerra, y de buena vista; y como el duque
enviaba  decir que los enemigos iban rotos, no habiendo enemigos.
Mostr D. Juan contentamiento del buen suceso, y queja del agravio de
que le hubiesen guiado por tanto rodeo que no alcanzase  ver enemigos.
Pero D. Diego de Quesada se excusaba, con que en consejo se le mand
que guiase por parte segura; y Luis Quijada le dijo, que por donde
no peligrase la persona de D. Juan; que l no sabia como cumplir su
comision mas  la letra que guiando siempre cubierto y dos leguas de
los enemigos. Tuvo la toma de Guejar mas nombre lejos, que cerca; mas
congratulaciones, que enemigos. Volvieron la misma noche  Granada D.
Juan y el duque de Sesa; mand quedar  D. Juan de Mendoza en Guejar
con gruesa guardia por algunos dias, y despues  D. Juan de Alarcon con
las banderas de su cargo; dende  pocos dias  D. Francisco de Mendoza,
reparado y trincheado un fuerte, pero con poca gente. Decian que si
cuando los moros desampararon el lugar y D. Juan fue  reconocelle, se
hubiera hecho el fuerte (que podia en una noche) y puesto en l una
pequea guardia, como se hizo en Tablate, se salvaran pasadas de tres
mil personas, que murieron  manos de los enemigos, mucha prdida de
ganado, reputacion y tiempo, el nombre de guerra, desasosiego de noche
y dia; todo hecho por mano de poca gente.

Dende este dia parece que D. Juan alumbrado comenz  pensar en las
gracias de vitoria tan fcil, y buscadas las causas para conseguilla,
hacer y proveer por su persona lo que se ofrecia, con mayor beneficio
y mas breve despacho. Extendise por Espaa la fama de su ida sobre
Galera, y movise la nobleza de ella con tanto calor, que fue necesario
dar el rey  entender que no era con su voluntad ir caballeros sin
licencia  servir en aquella empresa. Enviaron las ciudades nueva
gente de  pie y de caballo: crecieron algunas (que no tenian propios)
los precios  las vituallas, para gastos de la guerra; otras entre
cinco vecinos mantenian un soldado. Entraron el tiempo que dur la
masa pasadas de ciento y veinte banderas con capitanes naturales de
sus pueblos, personas calificadas, sin la gente que vino al sueldo
pagado por el rey, que fue la tercia parte: tanta reputacion pudo dar
 los enemigos la voluntad de venganza. Mand D. Juan (que ya era
seor de s mismo, y de todo) que una parte de la masa se hiciese en
el mismo campo del marqus de Velez, pasando la gente por Guadix; y
otra, pasando por Granada en las Albuuelas, donde estuviese D. Juan
de Mendoza  recogella, y hacer provision de vitualla. Orden que el
duque de Sesa quedase su lugarteniente en Granada, pasase  posar en el
mismo aposento que l tenia en la chancillera; y que formado su campo,
partiese por Orgiba contra el Alpujarra,  un mismo tiempo que l para
Galera, por divertir las fuerzas de los enemigos.

Mas Abdal Abenab, indignado del suceso de Guejar, quiso recompensar
la fortuna y la reputacion, procurando ocupar algun lugar de nombre
en la costa. Escogi tres mil hombres, y en un tiempo con escalas y
como pudo acometieron de noche  Almuecar, que los antiguos llamaban
Manoba, y  Salobrea, que llamaban Selambina: pero el capitan de
Almuecar resisti retenidamente por ser de noche, y con algun dao
de los enemigos, que dejando las escalas se acogieron  la sierra,
donde corrian de continuo la comarca; lo mismo hicieron los que iban
 Salobrea, que rebotados por D. Diego Ramirez, alcaide de ella, con
dificultad, por aguardarse con menos gente, se retiraron juntndose
con la compaa. Visto Abenab que sus empresas le salian inciertas,
y que las fuerzas de Espaa se juntaban contra l, envi de nuevo al
alcaide Hoceni  Argel solicitando gente para mantener,  navos para
desamparar la tierra y pasarse; y juntamente con l un moro suyo 
Constantinopla. Dicen que llegados  Argel hallaron rden del seor de
los turcos, para que fuese socorrido.

En el mismo tiempo batia el marqus  Galera con poco efecto,
defendanse los vecinos, y reparaban el dao facilmente; saltaban
algunas veces fuera; y entre ellas, trabando una gruesa escaramuza,
cargaron nuestra gente de manera, que matando al capitan Leon y veinte
soldados, cuasi pusieron en rota el cuartel; pero retirronse cargados
sin dao: colgaron de la muralla la cabeza del capitan y otras, y el
marqus parti  Guescar un dia por rehacerse de gente; volviendo
trajo consigo pocos soldados. Mas D. Juan parti de Granada con tres
mil infantes y cuatrocientos caballos  juntarse con el marqus; vino
 Guadix, que los antiguos llamaban Acci, pueblo en Espaa grande, y
cabeza de provincia como agora lo es: adoraban los moradores al sol en
forma de piedra redonda y negra; aun hoy en dia se hallan por la tierra
algunas de ellas con rayos en torno. La nobleza y gente de la ciudad
han mantenido el lugar, vindose  menudo con los moros, y partindose
de ellos con ventaja. De Guadix vino de espacio  Baza, que llamaban
los antiguos como los moros Basta, cabeza de una gran partida de la
Andaluca, que del nombre de la ciudad decian Bastetania, en que habia
muchas provincias. Y de all  Guescar, donde el marqus estaba con
su gente, la cual junta con la de la ciudad y tierra hicieron gran
recibimiento y salva, mostrando mucha alegra con la venida de D.
Juan. Solo el marqus sali descontento  recibirle, por ver que habia
de obedecer, siendo poco antes obedecido y temido. Mas D. Juan le
recibi con alegre y blando acogimiento, y aunque sinti su disgusto,
le salud y abraz con mucha serenidad, dicindole: Marqus ilustre,
vuestra fama con mucha razon os engrandece, y atribuyo  buena suerte
haberse ofrecido ocasion de conoceros. Estad cierto, que mi autoridad
no acortar la vuestra; pues quiero que os entretengais conmigo, y
que seais obedecido de toda mi gente, hacindolo yo asimismo como
hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y amparndome en todas
ocasiones de vuestros consejos.  estas ofertas respondi el marqus
por los trminos extraos que siempre us, aunque medido con su
grandeza, diciendo: Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey un
tal hermano, y quien mas ganara de ser soldado de tan alto prncipe;
mas si respondo  lo que siempre profes, irme quiero  mi casa, pues
no conviene  mi edad anciana haber de ser cabo de escuadra. Fue la
respuesta muy notada, as de sentenciosa y grave, cuanto aguda, y
as el marqus fue breve en su jornada, porque tarde  nunca mud de
consejo. Entr D. Juan en consejo sobre lo de Galera, y despues de
haberla reconocido, se determin de ir sobre ella y ponerle cerco.




                               LIBRO IV.


Luego que D. Juan sali de Granada, fue  posar el duque en casa del
presidente, conforme  la rden que tenia de D. Juan. Comenzse 
entender en la provision de vitualla en Guadix, Baza y Cartagena,
lugares de Andaluca, y la comarca, para proveer el campo de D.
Juan; y en Granada y su tierra el del duque: pero de espacio, y con
alguna confusion, por la poca pltica, y desrdenes de comisarios
y tenedores, inclinados todos  hacer ganancias, y extorsiones con
el rey y particulares: y aunque Francisco Gutierrez fue parte para
atajar la corrupcion, no lo era l ni otro para remedialla del todo.
Sali el duque de Granada  21 de hebrero de 1570, quedando por cabeza
y gobierno de paz y guerra el presidente; y por ser eclesistico,
qued D. Gabriel de Crdoba para el de guerra, y ejecutar lo que el
presidente mandase, que daba el nombre; y hacia el oficio de general un
consejo formado de tres oidores, auditor general, Francisco Gutierrez
de Cuellar, el corregidor de Granada; quedaron  la guarda de la ciudad
cuatro mil infantes: hacase con la misma diligencia con el Albaicin
despoblado, Guejar en presidio nuestro, guardada la Vega, con las
mismas centinelas, las postas, los cuerpos de guarda, los presidios en
Cenes y Pinillos, que cuando la Vega estaba sospechosa, el Albaicin
lleno de enemigos, Guejar en su poder: y dur esta costa y recato hasta
la vuelta de D. Juan,  fuese por olvido,  por otras causas el guardar
contra los de dentro y los de fuera. Qu cosa para los curiosos que
vieron al Sr. Antonio de Leiva teniendo sobre s el campo de la liga,
cuarenta mil infantes, nueve mil caballos, y la ciudad enemiga; l con
solos siete mil infantes enfrenalla, resistir los enemigos, sitiar
el castillo, y al fin tomallo, echar y seguir los enemigos, fuertes,
armados, unidos, la flor de Italia soldados y capitanes! Vino al Padul
el mismo dia que salia de Granada, donde en Acequia se detuvo muchos
dias esperando gente y vituallas; y haciendo reducto en Acequia y
las Albuuelas para asegurarse las espaldas, y asegurar  Granada
en un caso contrario  furia de enemigos, y el paso  las escoltas
que partiesen de la ciudad  su campo: otro fuerte en las Guajaras,
para asegurar aquella tierra y los peones, donde otra vez los ech
el marqus de Mondejar; y por dar tiempo  Don Juan para que juntos
entrasen en el rio de Almanzora y Alpujarra. All le fue  visitar el
presidente, y dar priesa  su salida: tom el camino de Orgiba con ocho
mil infantes y trescientos y cincuenta caballos. Iban con l muchos
caballeros de la Andaluca, muchos de Granada, parte con cargos, y
parte por voluntad. Lleg sin que los enemigos le diesen estorbo,
aunque se mostraron pocos y desordenados al paso de Lanjaron y de Caar.

Mientras el duque se ocupaba en esto, sali D. Juan de Austria de Baza
con su campo para Galera, adonde puso su cerco enviando  reconocella;
y considerando primero el dao que de un castillo que estaba en la
parte alta les podia venir, se trat de minalla, y habiendo hecho
algunas minas, les pusieron fuego, con que cay un gran pedazo del
muro con muerte de algunos de los moros cercados. Algunos soldados de
los nuestros, de nimos alboratados, arremetieron luego por medio del
humo y confusion sin aguardar tiempo ni rden conveniente,  los cuales
siguieron otros muchos y al fin gran parte del ejrcito, procurando
embestir la fortaleza por el destrozo que las minas habian hecho, todo
sin hacer efecto, por estar un peon delante. Los enemigos estaban
puestos en arma, y haciendo  su salvo mucho dao en los cristianos con
muchas rociadas de arcabuces y flechas, sin ser necesaria la puntera,
porque no echaban arma que diese en vaco, sin que esto fuese parte
para hacer retirar los nimos obstinados de los soldados, ni ninguna
prevencion ni diligencia de oficiales y capitanes. Tanto que necesit
 D. Juan de Austria  ponerse con su persona al remedio del dao, y
no con poco peligro de la vida; porque andando con suma diligencia y
valor persuadiendo  los soldados que se retirasen sin olvidarse de
las armas, fue herido en el peto con un balazo, que aunque no hizo
dao en su persona, escandaliz mucho  todo el campo, particularmente
 su ayo Luis Quijada que nunca le desamparaba, cuyas persuasiones
obligaron  D. Juan  retirarse por el inconveniente que se sigue en
un ejrcito del peligro de su general. Mas orden al capitan D. Pedro
de Rios y Sotomayor que con diligencia hiciese retirar la gente porque
no se recibiese mas dao; el cual entr por medio de los nuestros con
una espada y rodela,  tiempo que se conocia alguna mejora de nuestra
parte, diciendo: _Afuera, soldados, retirarse afuera, que as lo manda
nuestro prncipe_. Habia ya cesado algun tanto el alarido y voces, de
suerte que se oan claro las cajas  recoger, y todo junto fue parte
para que tuviese fin este asalto tan inadvertido. Aqu se mostr buen
caballero D. Gaspar de Smano y Quiones; porque habiendo con grande
esfuerzo y valenta subido de los primeros en el lugar mas alto del
muro, y sustentado con la mano el cuerpo para hacer un salto dentro,
le fueron cortados los dedos por un turco que se hall cerca de l,
sin que esto le perturbase nada de su valor ech la otra mano y porfi
 salir con su intento, y saltar del muro adentro, mas no dndole
lugar los enemigos, le fue resistido de manera que dieron con l del
muro abajo. No fue parte este dao para que  los nuestros les faltase
voluntad de continuarle segunda vez otro dia, y as lo pidieron  D.
Juan: el cual parecindole no ser bien poner su gente en mas riesgo
con tan poco fruto, y tratdose en consejo mand que hiciesen un par
de minas para que en este tiempo se entretuviesen y descansasen los
soldados. Los enemigos considerando su peligro cercano y la tardanza
de socorro, despacharon  Abenab pidindole favor,  lo cual Abenab
cumpli con solas esperanzas, porque la diligencia del duque en lo del
Alpujarra le traa sobre aviso, temeroso y puesto en armas. Acabadas
las minas mand D. Juan que se encendiesen la una una hora antes que
la otra. Hzose, y la primera rompi catorce brazas de muralla, aunque
con poco dao de los cercados, por estar prevenidos en el hecho; y
as seguros de mas ofensa se opusieron  la defensa de lo que estaba
abierto, unos trayendo tierra, madera y fagina para remediarlo, y otros
procurando ofender con mucha priesa de tiros continuos: y estando en
esto sucedi luego la otra mina que derribando todo lo de aquella parte
hizo gran estrago en los enemigos, y tras esto cargando la artillera
de nuestra parte se comenz el asalto muy riguroso; porque no teniendo
los moros defensa que los encubriese y amparase, eran forzados  dejar
el muro con prdida de muchas vidas: adonde se mostr buen caballero
por su persona D. Sancho de Avellaneda herido del dia antes, haciendo
muchas muestras de gran valor entre los enemigos, hasta que de un
flechazo y una bala todo junto muri. Siguise la victoria por nuestra
parte hasta que del todo se rindi Galera, sin dejar en ella cosa
que la contrastase que todo no lo pasasen  cuchillo. Repartise el
despojo y presa que en ella habia, y psose el lugar  fuego, y as por
no dejar nido para rebelados, como porque de los cuerpos muertos no
resultase alguna corrupcion: lo cual todo acabado orden D. Juan que el
ejrcito marchase para Baza adonde fue recibido con mucho regocijo.

Hallbase Abenab en Andarax resoluto de dejar al duque el paso de
la Alpujarra, combatille los alojamientos, atajarle las escoltas,
cierto que la gente cansada, hambrienta, sin ganancia, le dejaria.
Este dicen que fue parecer de los turcos,  que le tuviesen por mas
seguro,  que hubiesen comenzado  tratar con D. Juan de su tornada 
Berbera, como lo hicieron, y no quisiesen despertar ocasiones con que
se rompiese el tratado. Pero  quien considera la manera que en esta
guerra se tuvo de proceder por su parte desde el principio hasta el
fin, parecernle hombres que procuraban detenerse, sin hacer jornada,
por falta de cabezas y gente diestra,  con esperanza de ser socorridos
para conservarse en la tierra,  de armada para irse  Berbera con
sus mujeres, hijos, y haciendas: y as teniendo muchas ocasiones, las
dejaron perder como irresolutos y poco plticos. Parti de Orgiba
el duque, despues de haberse detenido en fortificarla y esperar la
entrada de D. Juan treinta dias, la vuelta de Poqueira: mas Abenab,
teniendo aviso que el duque partia, y que de Granada pasara una gruesa
escolta al cargo del capitan Andrs de Mesa, con cuatrocientos soldados
de guarda y algunos caballos, psose delante en el camino que va 
Jubiles por donde el duque habia de pasar, haciendo muestra de mucha
gente, y tener ocupadas las cumbres: trab una gruesa escaramuza con la
arcabucera del duque, haciendo espaldas con cuasi seis mil hombres en
cuatro batallas. Reforz el duque la escaramuza apartando los enemigos
con la artillera; y tom el camino de Poqueira por el rodeo: los
enemigos creyendo que el duque les tomaba las espaldas, desampararon
el sitio: mas en el tiempo que dur la escaramuza acometieron  la
escolta de Andrs de Mesa, en la cuesta de Lanjaron, Dali capitan turco
y el Macox con mil hombres, y rompironla sin matar  cautivar mas de
quince: solo se ocuparon en derramar vituallas, matar bagajes, escoger
y llevar otros cargados: pelearon al principio, pero poco; mataron
el caballo  D. Pedro de Velasco, que aquel dia fue buen caballero
y salvse  las ancas de otro. Envibale el rey  dar priesa en la
salida del duque, y llevar relacion del campo, y mandar lo que se
habia de hacer. Spose de un moro  quien cautivaron tres soldados que
solo siguieron el campo de Abenab, como su intento solo habia sido
entretener al duque: pero l luego que entendi el caso de Andrs de
Mesa, mas por sospechas que por aviso, envi caballera que le hiciese
espaldas, y llegaron  tiempo que hicieron provecho en salvar la gente
ya rota, y parte de la escolta. Hecho esto se sigui el camino de los
aljibes entre Ferreira y rio de Cadiar por el de Jubiles, y aquella
noche tarde hizo alojamiento en ellos. Tenia la guardia Joaibi con
quinientos arcabuceros, que viendo alojar los nuestros tarde y con
cansancio y por esto con alguna desrden, di en el campo, y tvole
en arma gran parte de la noche, llegando hcia el cuerpo de guardia,
y matando alguna gente desmandada, pero fue resistido sin seguillo,
por no dar ocasion  la gente que se desordenase de noche. Dicen que
si los enemigos aquella noche cargaran, que se corria peligro; porque
la confusion fue grande, y la palabra entre la gente comun, viles,
que mostraba miedo: mas vali el nimo y la resolucion de la gente
particular, y la provision del duque enderezada  deshacer los enemigos
sin aventurar un dia de jornada: en que parecian conformarse Abenab y
l; porque cada uno pensaba deshacer al otro y rompelle con el tiempo
y falta de vitualla, y salieron ambos con su pretension. Envi Abenab
 retirar al Joaibi, siguiendo el parecer de los turcos, y despues
por bando pblico mand, que sin rden suya no se escaramuzase, ni
desasosegasen nuestro campo. Vino el duque  Jubiles por el camino de
Ferreira, adonde hall el castillo desamparado, y comenzado  reparar,
envi  D. Luis de Crdoba, y  D. Luis de Cardona, con cada mil
infantes, y ciento y cincuenta caballos, que corriesen la tierra  una
y otra parte, pero no hallaron sino algunas mujeres y nios: y lleg 
Ujijar, sin dejar los moros de mostrarse  la retaguardia, y de all
sin estorbo  Valor, donde se alojaron.

Sali D. Juan de Baza la vuelta de Seron con intento de combatilla,
y llegando con su campo  vista de Caniles, recibi cartas del duque
pidindole con grande instancia la brevedad de su venida, proponindole
ser toda la importancia para que hubiese fin la guerra del Alpujarra,
dando por ltimo remedio que se juntasen los dos campos, y cogiesen
en medio  Abenab. Parecindole  D. Juan este buen medio, sin mas
detenerse camin la vuelta del campo del duque, y marchando el suyo
llegaron  vista de Seron, donde algunos pocos soldados desmandados
viendo los moros tan puestos en defensa, no lo pudiendo sufrir, se
movieron  quererlos combatir (contra el presupuesto de D. Juan)
diciendo en alta voz: nuestro prncipe piensa vanamente, si pretende
pasar de aqu sin castigar esta desvergenza, y diciendo: Cierra,
cierra, Santiago y  ellos, los siguieron otros muchos incitados de
su ejemplo, y tras ellos toda la dems gente sin que valiese ninguna
resistencia; y sin mas autoridad ni rden embistieron el lugar con tan
grande mpetu, que aunque salieron los moros de Tijola, no fue parte
para que dejasen de allanar el lugar del primer asalto, y le metiesen
 sacomano: aunque no les sali  algunos tan barata esta jornada, la
cual lo poco que dur fue bien reida, y adonde entre otros fue herido
Luis Quijada de un peligroso balazo que le quit la vida con grande
sentimiento de D. Juan conforme al mucho amor que le tenia. No tuvo
aun casi lugar D. Juan de atender  este sentimiento, provocado de mil
moros que se metieron en Seron, y le dieron ocasion de mas batalla; y
no la rehusando, volvi sobre ellos con deseo de acabar esta ocasion
por acudir  las cosas del Alpujarra, lo cual hizo despues de algunas
dificultades livianas con un asalto que fue el remate de esta vitoria.
Este dia se seal D. Lope de Acua, mostrando bien el gran ser de que
siempre estuvo acompaado en muchas ocasiones.

Abenab, visto que el duque de Sesa estaba en el corazon de la
Alpujarra, reparti su campo y la gente de vecinos que traa consigo;
puso ochocientos hombres entre el duque y Orgiba, para estorbar las
escoltas de Granada; envi mil con Mojajar  la sierra de Gador, y 
lo de Andarax, Adra, y tierra de Almera: seiscientos con Garral  la
sierra de Bentomiz, de donde habia salido D. Antonio de Luna, dejando
proveido el fuerte de Competa, para correr tierra de Velez; envi
parte de su gente  la sierra Nevada y el Puntal, que corriesen lo
de Granada: qued l con cuatro mil arcabuceros y ballesteros, y de
estos traa los dos mil sobre el campo del duque, que con la prdida
de la escolta estaba en necesidad de mantenimientos: pero entretvose
con fruta seca, pescado y aceite, y algun refresco que Pedro Verdugo
le enviaba de Mlaga, hasta que viendo por todas partes ocupados los
pasos: mand al marqus de la Favara, que con mil hombres y cien
caballos, y gran nmero de bagajes atravesase el puerto de la Ravaha,
y cargase de vitualla en la Calahorra: porque fuese dos veces nombrada
con hambre y hierro en dao nuestro; adonde habia hecha provision, y
tan poco camino que en un dia se podia ir y venir. Dicen que el marqus
rehus la gente que se le daba, por ser la que vino de Sevilla, pero
no la jornada; y siendo asegurado que fuese cual convenia, parti
antes de amanecer con las compaas de Sevilla, y sesenta caballos
de retaguardia: y l con trescientos infantes y cuarenta caballos de
vanguardia; los embarazos de bagajes, y bagajeros, enfermos, esclavos
en medio; la escolta guarnecida de una y otra parte con arcabucera.
Mas porque parece que en la gente de Sevilla se pone mcula, siendo de
las mas calificadas ciudades que hay en el mundo, hase de entender, que
en ella como en todas las otras se juntan tres suertes de personas:
unas naturales, y estos cuasi as la nobleza como el pueblo son
discretos, animosos, ricos, atienden  vivir con sus haciendas  de
sus manos; pocos salen  buscar su vida fuera, por estar en casa bien
acomodados: hay tambien extranjeros,  quien el trato de las Indias, la
grandeza de la ciudad, la ocasion de ganancia ha hecho naturales, bien
ocupados en sus negocios, sin salir  otros; mas los hombres forasteros
que de otras partes se juntan al nombre de las armadas, al concurso de
las riquezas, gente ociosa, corrillera, pendenciera, tahura, hacen de
las mujeres pblicas ganancia particular, movida por el humo de las
viandas; estos como se mueven por el dinero que se da de mano  mano,
por el sonido de las cajas, listas de las banderas; as facilmente las
desamparan, con el temor de ellas en cualquier necesidad apretada, y 
veces por voluntad: tal era la gente que sali en guardia de aquella
escolta. El marqus, sin noticia de los enemigos ni de la tierra, sin
ocupar lugares ventajosos, y confiado que la retaguardia haria lo
mismo, como quien llevaba en el nimo la necesidad en que dejaba el
campo, y no que la diligencia fuera de tiempo es por la mayor parte
daosa comenz  caminar aprisa con la vanguardia: pero los ltimos
que aun sin impedimento suelen de suyo detenerse y hacer cola, porque
el delantero no espera, y estorba  los que le siguen, y el postrero
es estorbado, y espera; abrieron mucho espacio entre s, y la escolta
hizo lo mismo entre s y la vanguardia. Mas Abenab, incierto por donde
caminaria tanto nmero de gente, mand al alcaide Alarabi,  cuyo cargo
estaba la tierra del Zenette, que siguiese con quinientos hombres
(Zenette llaman aquella provincia,  por ser spera,  por haber sido
poblada de los Zenettes; uno de cinco linajes alrabes que conquistaron
 frica y pasaron en Espaa, que es lo mas cierto). Parti el Alarabi
su gente en tres partes, l con cien hombres quiso dar en la escolta:
al Piceni de Guejar con doscientos orden que acometiese la retaguardia
por la frente: y al Martel del Zenette con otros doscientos la rezaga
de la vanguardia, entrando entre la escolta y ella, al tiempo que
l diese en la escolta; y en caso que no le viesen cargar con toda
la gente, que estuviesen quedos y emboscados, dejndola pasar. Los
nuestros parndose  robar pocas vacas y mujeres, que por ventura
los enemigos habian soltado para dividirlos y desordenarlos, fueron
acometidos del Alarabi con solos cuatro arcabuceros por la escolta,
cargados de otros treinta que les hacian espaldas, y puestos en
confusion: tras esto carg el resto de la gente del Alarabi, que
rompi del todo la escolta, sin hacer resistencia los que iban  la
defensa. Di el Piceni en la caballera, que era de retaguardia, la
cual rompi, y ella la infantera; lo mismo hizo Martel con los ltimos
de la vanguardia del marqus al arroyo de Vayarzal, lo uno y lo otro
tan callando, que no se sinti voz ni palabra. Iba el Piceni ejecutando
la retaguardia de manera, que parecia  los nuestros que lo vian ir
ejecutando al Martel. Siguieron este alcance sin volver la caballera,
ni rehacerse la infantera hasta cerca de la Calahorra, todos  una,
matando el Alarabi enfermos y bagajeros, y desviando bagajes; lleg el
arma con el silencio y miedo de los nuestros al marqus tan tarde, que
no pudo remediar el inconveniente, aunque con veinte caballos y algunos
arcabuceros procur llegar: murieron muchos enfermos que iban en la
escolta, muchos de los moros y bagajeros; entre estos y soldados cuasi
mil personas: quitaron setenta moriscas cautivas, y llevronse mas de
trescientas bestias sin las que mataron; cautivaron quince hombres,
no perdieron uno, aconteci esta desgracia en 16 de abril. Llev el
marqus las sobras de la gente rota y lo dems de lo que pudo salvar 
la Calahorra, y reformndose de gente en Guadix, sali adonde estaba D.
Juan. Los enemigos, habiendo puesto la presa en cobro, quedaron seis
dias en el paso y por la sierra.

Mas el duque entendiendo la desgracia, y el poco aparejo de proveerse
por la parte de Guadix, fiando poco de la gente, quiso acercarse mas
 la mar por haber vitualla de Mlaga; y por ser el abril entrado, y
dar el gasto  los panes, quitar  los enemigos el paso para Berbera,
vino  Verja ya despues de haber talado la cogida en el Alpujarra:
y hizo lo mismo en el campo de Dalias, donde tenian las esperanzas
de cebada y grano. Al alojar en Verja hubo una pequea escaramuza,
en que murieron de los nuestros algunos; de los moros segun ellos
cuarenta. Mas la hambre y poca ganancia, y el trabajo de la guerra,
y la costumbre de servir  su voluntad y no  la de quien los manda,
pudo con los soldados tanto, que sin respeto de que hubiesen sido bien
tratados de palabra, y ayudados de obra, con dinero, con vitualla,
quitando lo uno y lo otro  la gente de su casa, y  veces  su
persona, se desranchaban como habian hecho con el marqus de Velez:
pero acostumbrado  ver y sufrir semejantes vueltas en los soldados,
vino de Verja  Adra, donde tuvo mas vitualla, aunque no mas sosiego
con la gente: parecales desacato culparle, y volvianse contra D. Juan
de Mendoza, y decian palabras sin causa; acriminbanle la muerte de
un soldado de quien hizo justicia como juez, porque debia ser loado;
amenazaban, protestaban de no quedar  su gobierno; excusbanse de D.
Juan que ya andaba entre ellos recatado: no dejaban de poner bolatines
(llaman ellos bolatines, las cdulas que de noche esparcen con las
quejas contra sus cabezas cuando andan en celo para amotinarse, en que
declaran su nimo, y mueven los no determinados con quejas y causas
de sus cabezas); salironse de Adra trescientos arcabuceros,  fuese,
segun ellos publicaban, haciendo escolta  un correo: y dando en los
enemigos fueron los doscientos y treinta muertos por el alcaide Alarabi
y el Mojajar, y cautivos setenta: no se supo mas de lo que los moros
refieren, y que entendiendo de uno de los cautivos como nuestro campo
habia desalojado de Ujijar con prdida y desrden, y dejado municiones
escondidas, sacaron de un aljibe cantidad de plomo, municiones y
embarazos. En el mismo tiempo mataron los moros, que Abenab enviaba
la vuelta de Bentomiz, gente de sus casas que iban  Salobrea, y
entre ellos mercaderes italianos y espaoles, tomndoles el dinero:
y los que envi hcia Granada cautivaron peleando con muchas heridas
 D. Diego Osorio, que venia con despachos del rey para D. Juan y el
duque, en que se trataba la resolucion de la guerra, y concierto que se
habia platicado con los moros y turcos por mano del Habaqui; matronle
veinte arcabuceros de escolta, y l tuvo manera como soltarse; y aunque
herido, vino sin las cartas  Adra.

Ya D. Juan trataba con calor la reduccion de los moros, y la ida de los
turcos  Berbera: mas algunos de los ministros ( que les pareciese
hacer su parte, y prevenir las gracias  D. Juan,  que mas facilmente
se podia acabar, cuanto por mas partes se tratase con ellos) metironse
 platicar de conciertos (dicen que algunos sobresanadamente) y dejaban
de condenar la manera del trato que D. Juan traa, holgando que se
publicasen por concedidas las condiciones que los enemigos pedian,
aunque exorbitantes. Por otra parte en Granada cuanto  la guerra se
procedia con toda seguridad en el gobierno del presidente; pero cuanto
 la paz con licencia, en el tratamiento que se hacia  los moriscos
reducidos, y que venian  reducirse, y poniendo algunos impedimentos,
y mostrando celos de D. Alonso Menegas, enviaban moriscos  toda
Castilla: sacaban los ministros muchos para galeras, denostaban  los
que se iban  rendir, y por livianas causas los daban por cautivos, su
ropa perdida; trataban del encierro como perjudicial, ayudbanse por
vias indirectas del cabildo de la ciudad que estaba oprimido y sujeto
 la voluntad de pocos, todo en ocasion de estorbo: no dando cuenta
particular  D. Juan para que l la diese al rey, haciendo cabeza de
s mismos, escribiendo primero por su parte con palabras sobresanadas,
tocaban  veces en su autoridad,  fuese (segun el pueblo) para que
las armas no les saliesen de las manos,  ambiciones de su opinion,
por excluir toda manera de medios, que no fuese sangre, ofendidos que
pasase algo sin darles cuenta particular. Los efectos manifiestos
daban licencia para que fuesen juzgados diversamente, y todos en dao
del negocio; y aun aadian que estando el rey en Crdoba, no faltaba
atrevimiento para escribir trocadamente, y hacer negociacion del
estorbo, sospechando l alguna cosa: atrevimiento que suele acontecer 
los que andan por las Indias, con los que desde Espaa los gobiernan;
por donde hay mas que maravillar de la disimulacion que los reyes
tienen cuando siguen sus pretensiones, que pasan por los estorbos sin
dar  entender que son ofendidos.

Tenia el duque avisos ans por espas como por cartas tomadas, que los
turcos se armaban para socorrer  Abenab, por la parte de Castil de
Ferro, aunque pequeo,  propsito para desembarcar gente, y por el
aparejo de la Rambla juntarse seguramente con los enemigos. Parecale
que si esto se hacia, deshacindose por horas de su gente, podia ser
ofendido,   lo menos encerrado con poca reputacion nuestra, y mucha
de ellos. Acord combatir aquella plaza y los enemigos, si viniesen 
socorrerla; y trujo por mar de Almera piezas de batir, psose sobre
ella, reparti los cuarteles, vinieron las galeras en ayuda y para
impedir el socorro de Argel, encomend la batera al marqus de la
Favara, que puso diligencia en asentarla. Llegse y combati por mar
con las galeras, y por tierra con tanta priesa, que abri portillo
para batalla. Murieron dentro algunos con la artillera, y entre
los principales Leandro;  cuyo cargo estaba el castillo, sin otro
dao nuestro mas del poco que sus piezas hicieron en una galera. Los
soldados turcos y moros que estaban  la defensa, que eran cincuenta y
dos, desconfiados del socorro de Berbera, sus armas en las manos y una
mujer consigo, salieron por la batera y nuestras centinelas, con la
escuridad de la noche y confusion de la arma, guindolos Mevaebal, su
capitan, que dos dias antes habia entrado. Es fama (que de los nuestros
procedi) que de ellos murieron doce, pero no se vieron en nuestro
campo, y refieren los moros que todos llegaron al de Abenab, algunos
de ellos heridos. Desamparado Castil de Ferro envi por la maana  D.
Juan de Mendoza y al marqus de la Favara y otros, que se apoderasen de
l. Hallaron dentro algunos viejos, y berberes, y turcos mercaderes,
hasta veinte hombres, y diez y siete mujeres de moriscos que las
tenian para embarcar, alguna ropa, veinte quintales de bizcocho, y la
artillera que antes estaba en el castillo poca y ruin. Entendise por
uno de estos moros que estndole batiendo llegaron catorce galeras de
turcos con socorro, y se tornaron oyendo el ruido de la artillera.
Son la toma de Castil de Ferro, tanto por el aparejo y la importancia
del sitio, por haber sido perdido y recuperado, por ser en ocasion que
los enemigos venian  darle socorro, cuanto por la calidad del hecho.

En el mismo tiempo envi D. Juan  D. Antonio de Luna con mil y
quinientos infantes de la tierra, las compaas del duque de Sesa y
Alcal, y la caballera de los duques de Medina Sidonia y Arcos, para
que asegurase la tierra de Velez Mlaga contra los que en Frijiliana
se habian recogido. Sali de Antequera con esta gente, mas con poco
trabajo, escaramuzando  veces, unas con ventaja suya, otras de los
moros, comenz un fuerte en Competa, legua y media de Frijiliana, lugar
que fue donde antiguamente se juntaban de la comarca en una feria, y
por esto le llamaban los romanos _Compita_, agora piedras y cimientos
viejos, como quedaron muchos en el reino de Granada: otro hizo en el
Saliar; y con haber enviado mil hombres  correr el rio de Chillar, y
tornado con poca presa y prdida igual, dejando en los fuertes cada dos
compaas, volvi la gente  Antequera, y l  su casa con licencia.
Recogise el duque con su campo en Adra esperando en que pararia la
pltica que se traa con el Habaqui, donde fue proveido de Mlaga por
Pedro Verdugo bastantemente, y con algun regalo. Pasaban seguras las
escoltas de su campo al de Don Juan; pero los soldados, gente libre y
disoluta,  quien por entonces la falta de pagas y vitualla habia dado
mas licencia, y quitado  los ministros el aparejo de castigarlos,
estaban con igual descontentamiento en la abundancia que en la hambre;
huan como, y por donde, y siempre que podian; de tantas compaas
quedaron solos mil y quinientos hombres, los mas de ellos particulares
y caballeros que seguian al duque por amistad; con ellos mantenia y
aseguraba mar y tierra. Torn el rey  Crdoba por Jaen y por Ubeda y
Baeza, remitiendo la conclusion de las cortes para Madrid donde lleg.

No era negocio de menos importancia y peligro lo de la sierra de Ronda,
porque estaba cubierto, y los nimos de los moriscos con la misma
indignacion que los de la Alpujarra y rio de Almera y Almanzora:
montaa spera y difcil, de pasos estrechos, rotos en muchas partes,
 atajados con piedras mal puestas, y rboles cortados y atravesados;
aparejos de gente prevenida. El consejo mas seguro pareci al rey,
antes que se acabasen de declarar, asegurarse, sacndolos fuera de la
tierra con sus familias como  los dems. Para esto mand  D. Juan
que enviase  Don Antonio de Luna con la gente que le pareciese, y que
por halagos y con palabras blandas, sin hacerles fuerza ni agravio, 
darles ocasion de tomar las armas, los pusiese en tierra de Castilla
adentro, enviando con ellos guarda bastante. Recibida la rden de D.
Juan parti D. Antonio de Antequera  20 de mayo, llevando consigo dos
mil y quinientos infantes de guarda de aquella ciudad, y cincuenta
caballos. Era toda la gente que D. Antonio sac de Ronda cuatro mil
y quinientos infantes, y ciento y diez caballos. El dia que parti,
envi  Pedro Bermudez,  quien el rey habia enviado  la guardia de
aquella ciudad, para que con quinientos infantes en Jubrique, pueblo
de importancia y lugar  propsito, estuviese haciendo espaldas  los
que habian de sacar los moriscos: juntamente reparti las compaas
por otros lugares de la tierra; dndoles rden que en una hora todos 
un tiempo comenzasen  sacar los moros de sus casas. Partieron el sol
levantado  las ocho horas de la maana. Mas los moros, que estaban
sospechosos y recatados, como descubrieron nuestra gente, subironse
con sus armas  la montaa, desamparando casas, mujeres, hijos y
ganados: comenzaron  robar los soldados (como es costumbre), cargarse
de ropa, hacer esclavos toda manera de gente, hiriendo, matando sin
diferencia  quien daba alguna manera de estorbo. Vista por los
moros la desrden, bajaban por la sierra, mataban los soldados, que
codiciosos y embebidos con el robo desampararon la defensa de s mismos
y de sus banderas: iba esta desrden creciendo con la escuridad de la
noche: mas Pedro Bermudez, hombre usado en la guerra, dejando alguna
gente en la iglesia de Jubrique  la guarda de las mujeres, nios y
viejos, que all tenia recogidos, escogi fuera del lugar sitio fuerte
donde se recogiese: entraron los moros en el lugar, y combatiendo la
iglesia sacaron los que en ella estaban encerrados, quemndola con los
soldados sin que pudiesen ser socorridos: luego acometieron  Pedro
Bermudez, que perdi cuarenta hombres en el combate, y hubo algunos
heridos de una y otra parte, y con tanto se acogieron los enemigos  la
sierra.

Vista por D. Antonio la desrden, y lo poco se habia hecho, retir
las banderas con hasta mil y doscientas personas; pero con muchos
esclavos y esclavas, ropa y ganado en poder de los soldados, sin ser
parte para estorbarlo: recogise  Ronda, donde, y en la comarca la
gente pblicamente vendia la presa, como si fuera ganada de enemigos.
Deshzose todo aquel pequeo campo, como suelen los hombres que han
hecho ganancia, y temen por ello castigo; pues enviando la gente
que sac de Antequera  sus aposentos, y cuasi las mil y doscientas
personas  Castilla sin hacer mas efecto, parti para Sevilla  dar
al rey cuenta del suceso. Cargaban  D. Antonio los de Ronda y los
moros juntamente: los de Ronda, que habiendo de amanecer sobre los
lugares, habia sacado la gente  las ocho del dia, y que la habia
dividido en muchas partes; que habia dado confusa la rden dejando
libertad  los capitanes: los moros, que les habian quebrantado la
seguridad y palabra del rey que tenian como por religion  vnculo
inviolable; que estando resueltos de obedecer  los mandamientos de su
seor natural, les habian por este acatamiento y sacrificio que hacian
de sus casas, mujeres y hijos, y de s mismos, robado y dejado por
hacienda y libertad, las armas que tenian en las manos, y la aspereza
y esterilidad de la montaa, donde por salvar las vidas se habian
acogido, aparejados  dejarlo todo, si les restituan las mujeres y
hijos, y viejos cautivos, y ropa que con mediana diligencia pudiese
cobrarse. Habia tantos interesados, que por solo esto fueron tenidos
por enemigos; no embargante que se hallase haberse movido provocados y
en defension de sus vidas. Excusbase D. Antonio con haber repartido la
gente como convenia por tierra spera y no conocida; poderse caminar
mal de noche; que partida la gente,  ciegas, deshilada, facilmente
pudiera ser salteada y oprimida de enemigos avisados, plticos en los
pasos, y cubiertos con la escuridad de la noche; la gente libre, mal
mandada, peor disciplinada, que no conoce capitanes ni oficiales,
que aun el sonido de la caja no entendian; sin rden, sin seal de
guerra, solamente atentos al regalo de sus casas, y al robo de las
ajenas: fueron admitidas las razones de D. Antonio por ser caballero de
verdad y de crdito, y dada toda la culpa  la desrden de la gente,
confirmada ya con muchos sucesos en dao suyo.

Ido D. Antonio, sali la gente de la comarca, cristianos viejos, 
robar por los lugares, mujeres, nios, ganados; sobras de la de D.
Antonio que fue como he dicho creido, por tenerse buen crdito de
su persona, y por no tenerse bueno por entonces de los soldados en
comun. Mas los enemigos persuadidos de los que habian huido de la
Alpujarra, y libres de todos los embarazos, despojados de lo que
se suele querer bien y dar cuidado, comenzaron  hacer la guerra
descubiertamente, recoger las mujeres, hijos y vitualla que les habia
quedado; fortificarse en sierra Bermeja y sierra de Istan; tomar la
mar  las espaldas para recibir socorro de Berbera, y bajar hasta las
puertas de Ronda; desasosegar la tierra, robar ganados, cautivar, matar
labradores, no como salteadores, sino como enemigos declarados. Estaba
como tengo dicho  la sazon el rey D. Felipe en Sevilla, suplicado por
la ciudad, que viniese  recibir en ella servicio.

Sevilla es en nuestro tiempo de las clebres, ricas y populosas
ciudades del mundo: concurren  ella mercaderes de todo poniente,
especialmente del nuevo mundo que llamamos Indias, con oro, plata,
piedras, esmeraldas, poco menores que las que maravillaba la antigedad
en tiempo de los reyes de Egipto: pero en gran abundancia, cueros y
azcar, y la yerba que sucede en lugar de prpura,  (por usar del
vocablo arbigo y comun) carmes; cochinilla la llaman los indios,
donde ella se cria. Fue Sevilla la segunda escala que pobladores
de Espaa hicieron, cuando con el gran rey y capitan Baco ( quien
llamaban Libero por otro nombre) vinieron  conquistar el mundo. La
ocasion nos convida tratando de tan gran ciudad  declarar nuestra
opinion, como en cosa tan dudosa por su antigedad, acerca de la
fundacion de ella, y del nombre de toda Espaa. Dese la autoridad 
los escritores, y el crdito  las conjeturas. Marco Varron, autor
gravsimo, y diligente en buscar los principios de los pueblos, dice
(segun Plinio refiere) que en Espaa vinieron los persas, iberos y
fenices, todas naciones de oriente, con Baco. Por este se entiende
tambien haber sido hecha la empresa de la India, segun los escritos
de Nono, poeta griego, que compuso de los hechos de Baco, y llam
Dionysiaca, porque se llamaba, dems del nombre de Baco, y Libero,
Dionysio. Dice tambien Salustio en sus historias haber l mismo pasado
en Berbera, y dado principio  muchas naciones: con este Baco vinieron
capitanes hombres sealados, y mujeres que celebraban su nombre, uno
de los cuales se llam Luso; y una de las mujeres Lyssa, que dice el
mismo Marco Varron haber dado el nombre  la parte de Portugal, que
antiguamente llamaban Lusitania. Tuvo Baco un lugarteniente que dijeron
Pan, hombre spero y rstico,  quien la antigedad honr por Dios de
los pastores,  quiz eran conformes en el nombre; pero por intervenir
en las procesiones  fiestas de Baco el Pan, se puede creer ser el
mismo: este Pan, dice Varron que di nombre  toda Espaa, y lo mismo
Appiano Alejandrino en sus historias, en el libro que llaman Espaol,
y en griego Iberice. _Panios_ quiere decir cosa de Pan; y el _hi_, que
tiene delante, dice el artculo, que juntado con el _panios_, dir
la tierra  provincia de Pan[55]: qued  los espaoles el vocablo
griego, ni mas ni menos que los griegos lo pronuncian, ambiciosos de
dar nombre en su lengua  las naciones hispnicas; y pronuncimoslo
nosotros Espaa: de aqu vino  decirse que Hispan,  el Pan que los
griegos llaman lugarteniente, fue sobrino de Hrcules, y que di el
nombre  Espaa. Lo cierto es que Baco dej por aquella comarca lugares
del nombre de los que le seguian; y que dos veces vino el que llamaron
Hrcules,  fuesen dos Hrcules en aquella parte de Espaa. El nombre
pudo venir  Sevilla de haber sido poblada, cuando la segunda vez
Hrcules,  fuese Baco,  fuese Hrcules tebano vino en Espaa; y si
as fue, presupuesto que en la lengua griega _palin_ quiere decir otra
vez, y _hi_, la, el nombre de Hispalis querr decir la de otra vez,
porque los griegos son fciles en acabar en la letra _s_. Dems del
concurso de mercaderes y extranjeros, moran en Sevilla tantos seores
y caballeros principales, como suele haber en un gran reino; entre
ellos hay dos casas ambas venidas del reino de Leon, ambas de grande
autoridad y grande nobleza, y en que unos,  otros tiempos no faltaron
grandes capitanes: una la casa de Guzman duques de Medina Sidonia, que
en tiempo antiguo fue poblacion de los de Tiro, poco despues de poblada
Cdiz, destruida por los griegos y gente de la tierra, restaurada por
los moros segun el nombre lo muestra; porque en su lengua _medina_
quiere decir lo que en la nuestra puebla; como si dijsemos la puebla
de Sidonia: este linaje mor gran tiempo en las montaas de Leon, y
vinieron con el rey D. Alonso el VI  la conquista de Toledo, y de all
con el rey D. Fernando el III  la de Sevilla, dejando un lugar de su
nombre, de donde tomaron el nombre con otros treinta y ocho lugares
de que entonces eran ya seores. El fundador de la casa fue el que,
guardando  Tarifa, ech el cuchillo con que degollaron  su hijo que
tenia por hostaje, por no rendir l la tierra  los moros. La otra
casa es de los Ponces de Leon, descendientes del conde Hernan Ponce
que muri en el portillo de Leon, cuando Almanzor, rey de Crdoba,
la tom; dicen traer su orgen de los romanos que poblaron  Leon, y
su nombre de la misma ciudad; duques en otro tiempo de Cdiz hasta
el que escal  Alhama, y di principio  la guerra de Granada, y
despues que sus nietos fueron en tutoras despojados del estado por
los reyes D. Fernando y D. Isabel, se llamaron duques de Arcos, que
los antiguos espaoles decian Arcobrica, poblacion de las primeras de
Espaa, antes que viniesen los de Tiro  poblar Cdiz. Los seores
de aquestas dos casas siempre fueron mulos de aquella ciudad, y aun
cabezas  quien se arrimaban otras muchas de la Andaluca: de la de
Medina era seor D. Alonso de Guzman, mozo de grandes esperanzas; de
la de Arcos D. Luis Ponce de Leon, hombre que en la empresa de Durlan
habia seguido sin sueldo las banderas del rey D. Felipe, inclinado y
atento  la arte de la guerra:  estos dos grandes encomend el rey
el sosiego y pacificacion de la sierra de Ronda, por tener  ella
vecinos sus estados. Grandes llaman en Espaa los seores  quien el
rey manda cubrir la cabeza, sentar en actos y lugares pblicos, y la
reina se levanta del estrado  recibir  ellos y  sus mujeres, y
les manda dar por honra cojin en que se sienten, ceremonias que van
y vienen con los tiempos y voluntades de los prncipes; pero firmes
en Espaa en solas doce casas[56], entre las cuales estas dos son y
fueron de grande autoridad. Despues que creci el favor y la riqueza,
por merced de los reyes han acrecentdose muchas. Di poder el rey 
estos dos prncipes, para que en su nombre concertasen y recogiesen
los moriscos, y les volviesen las mujeres, hijos y muebles, y los
enviasen por Espaa la tierra adentro; pues no habian sido partcipes
en la rebelion, y lo sucedido habia sido mas por culpa de ministros
que por la suya. Tenia el duque de Arcos una parte de su estado en la
serrana de Ronda, que hubo su casa por desigual recompensa de Cdiz,
en tiempo de tutoras; parecile por aprovechar llegarse  Casares,
lugar suyo, y dende mas cerca tratar con los moros: envi una lengua
que fue y volvi no sin peligro; lo que trajo es, que  ellos les
pesaba de lo acontecido; que por personas suyas vendrian  tratar con
el duque, donde y como l mandase, y se reducirian y harian lo que
se les ordenase con ciertas condiciones. Esto afirmaron en nombre de
todos el Alarabique y el Ataifar, hombres de gran autoridad y por quien
ellos se gobernaban; baj el Alarabique y el Ataifar  una hermita
fuera de Casares, y con ellos una persona en nombre de cada pueblo
de los levantados. Mas el duque, por escandalizarlos menos y mostrar
confianza, vino con pocos: osada de que suelen suceder inconvenientes
 las personas de tanta calidad. Hablles, persuadiles con eficacia,
y ellos respondieron lo mismo, dando firmados sus captulos; y con
decir que daria aviso al rey, se parti de ellos; mas antes que la
respuesta del rey volviese, le vino mandamiento, que juntando la gente
de las ciudades de la Andaluca vecinas  Ronda, estuviese  punto para
hacer la guerra, en caso que los moros no se quisiesen reducir: mand
apercibir la gente de Andaluca y de los seores de ella, de  pie y de
 caballo, con vitualla para quince dias, que era lo que parecia que
bastase para dar fin  esta guerra: en el entretanto que la gente se
juntaba, le vino voluntad de ver y reconocer el fuerte de Calalui en
sierra Bermeja[57], que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos
pasados se perdieron D. Alonso de Aguilar y el conde de Urea; D.
Alonso sealado capitan, y ambos grandes prncipes entre los andaluces:
el de Urea abuelo suyo de parte de su madre; y D. Alonso bisabuelo de
su mujer. Sali de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la
montaa; provision necesaria por la poca seguridad en acontecimientos
de guerra, y poca certeza de la fortuna. Comenzaron  subir la sierra,
donde se decia que los cuerpos habian quedado sin sepultura: triste
y aborrecible vista y memoria: habia entre los que miraban nietos y
descendientes de los muertos,  personas que por oidas conocian ya
los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte donde par la
vanguardia con su capitan por la escuridad de la noche, lugar harto
extendido y sin mas fortificacion que la natural, entre el pie de la
montaa y el alojamiento de los moros; blanqueaban calaveras de hombres
y huesos de caballos amontonados, desparcidos, segun, como, y donde
habian parado; pedazos de armas, frenos, despojos de jaeces: vieron mas
adelante el fuerte de los enemigos, cuyas seales parecian pocas, y
bajas, y aportilladas: iban sealando los plticos de la tierra donde
habian caido oficiales, capitanes, y gente particular: referian como
y donde se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde de
Urea y D. Pedro de Aguilar, hijo mayor de D. Alonso: en que lugar y
donde se retrajo D. Alonso y se defendia entre dos peas; la herida
que el Fer, cabeza de los moros le di primero en la cabeza y despues
en el pecho, con que cay; las palabras que le dijo andando  brazos:
_yo soy D. Alonso_; las que el Fer le respondi cuando le heria: _t
eres D. Alonso, mas yo soy el Fer de Benastepar_, y que no fueron
tan desdichadas las heridas que di D. Alonso, como las que recibi.
Llorronle amigos y enemigos, y en aquel punto renovaron los soldados
el sentimiento; gente desagradecida, sino en las lgrimas. Mand el
general hacer memoria por los muertos, y rogaron los soldados que
estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban por deudos
 por extraos; y esto les acrecent la ira y el deseo de hallar gente
contra quien tomar venganza.

      [55] Sus dudas les quedan  los peritos en el griego, mas no es
      este el lugar de disputarlas.

      [56] Ojal nombrara los doce grandes de Espaa firmes como nombr
      solos estos dos, porque han crecido ya tanto los que dice haberse
      acrecentado con el favor y la riqueza, que apenas los distinguimos
      de aquellos originarios.

      [57] Calaluz le llama Zurita, p. 5, lib. IV, cap. XXXII.

Vista la importancia del lugar, si los enemigos le ocupasen, envi
dende  poco el duque una bandera de infantera, que entrase en
el fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolucion del rey
que concedia  los moros cuasi todo lo que le pedian que tocaba al
provecho de ellos, y comenzaron algunos  reducirse; pero con pocas
armas, diciendo, que los que en su campo quedaban no se las dejaban
traer. Habia entre los moros uno llamado el Melqui, hombre atrevido
y escandaloso, imputado de hereja, y suelto de las crceles de la
inquisicion ido y vuelto  Tituan: este,  que le parecia que perdia el
crdito de hasta entonces,  que fuese obligado al prncipe de Tituan,
junt el pueblo, que ya estaba resoluto  reducirse, disuadindole, y
afirmando lo que con ellos trataba el Alarabique ser engao y falsedad,
haber recibido del duque nueve mil ducados, vendido por precio su
tierra, su costa, y los hijos, mujeres y personas de su ley: venidas
las galeras  Gibraltar, la gente levantada, las cuerdas en las manos
 punto, con que los principales habian de ser ahorcados: y el pueblo
atado y puesto perpetuamente al remo, para sufrir hambre, frio y
azotes, y seguir forzados la voluntad de sus enemigos, sin esperanza
de otra libertad sino la muerte. Tuvieron estas palabras y la persona
tanta fuerza, que se persuadi el pueblo ignorante, y tomando las armas
hicieron pedazos al Alarabique, y  otro compaero suyo berber, que
era de la misma opinion: con esto mudaron de propsito, y quedaron mas
rebeldes que estaban: algunos que quisieran reducirse, estorbados por
el Melqui con guardas, y espantados con amenazas, dejaron de hacello:
los de Benahabiz, lugar de importancia en aquella montaa, enviaron por
el perdon del rey con propsito de reducirse; llevlo un moro llamado
el Barcoqu, juntamente con carta del duque para Marbella, y los que
guardaban el fuerte de Montemayor, que tuviesen cuenta con l y sus
compaeros, acompandolos hasta dejarlos en lugar seguro: mas la gente
 por codicia de algo (si lo llevaban)  por estorbar la reduccion,
con que cesaria la guerra, hicironlo tan al contrario, que mataron al
Barcoqu: esta desrden mud  los de Benahabiz, y confirm la razon
del Melqui de manera, que no fue parte el castigo que el duque hizo
de ahorcar y echar en galeras los culpados, para estorbar el motin
general. Apercebida la gente, vino el duque  Ronda, donde hizo su
masa, y sali con cuatro mil infantes y ciento cincuenta caballos, 
ponerse algo mas camino que dos leguas de la sierra de Istan, donde los
enemigos le esperaban fortificados; lugar aspersimo y dificultoso de
subir, las espaldas  la mar; dejando en Ronda  Lope Zapata, hijo de
D. Luis Ponce, para que en su nombre recogiese y encaminase los moros
que viniesen  reducirse: vinieron pocos  ningunos escandalizados del
caso del Barcoqu, y espantados, porque en Ronda y Marbella el pueblo
habia rompido la salvaguardia del duque y fe del rey, matando cuasi
cien moros al salir de los lugares. No le pareci al duque detenerse 
hacer el castigo; pero envi por juez al rey, que castig los culpados
como convenia; y l camin  la Fuenfria, donde se encendi fuego en
el campo, que puso en cuidado,  fuese echado por los enemigos,  por
descuido de alguno: el autor y el fuego ces por industria y diligencia
del duque.

El dia siguiente con mil infantes y alguna caballera reconoci el
fuerte de los enemigos desde la sierra de Arboto puesta en frente de
l, juntamente con el alojamiento y el lugar de la agua: y aunque
se mostraron los enemigos algo mas abajo fuera de su fuerte, no
fueron acometidos; ans por ser cerca de la noche, como por esperar 
Arvalo de Suazo con la gente de Mlaga. Entretanto puso su guardia
en la sierra de Arboto con harta contradiccion de los enemigos;
porque juntamente acometieron el alojamiento del duque, y trabaron
una escaramuza tan larga que dur tres horas, no muy apriesa, pero
bien extendida: eran ochocientos hombres arcabuceros y ballesteros,
y algunos con armas enhastadas: mas visto que con dos banderas de
arcabuceros les tomarian la cumbre, se retiraron  su fuerte con poco
dao de los nuestros, y alguno de los suyos. Reforzse la guardia de
aquel sitio, por ser de importancia, con otras dos banderas; y era
ya llegado Arvalo de Suazo con dos mil infantes de Mlaga y cien
caballos, con que se tom resolucion de combatir los enemigos en su
fuerte al otro dia:  la parte del norte que la subida era mas difcil,
envi el duque  Pedro Bermudez con ciento y cincuenta infantes,
que tomase las dos cumbres, que suben al fuerte con dos banderas de
arcabuceros, hacindoles espaldas con el rostro  la mano derecha Pedro
de Mendoza con otra tanta gente y la mesma rden, dejando entre s y
Pedro Bermudez una parte de la montaa que los moros habian quemado,
porque las piedras que desde arriba se tirasen corriesen por mas
descubierto, y con menos estorbo: Arvalo de Suazo con la gente de su
cargo se seguia  la mano derecha, y con dos banderas de arcabucera
delante: mas  mano derecha de Arvalo de Suazo, Luis Ponce de Leon
con seiscientos arcabuceros por un pinar, camino menos embarazado que
los otros. El duque escogi para s con el artillera y caballera y
mil y quinientos infantes, el lugar entre Pedro de Mendoza y Arvalo
de Suazo, como mas desembarazado, as mas descubierto: mand  Pedro
de Mendoza con mil infantes y algun nmero de gastadores, que fuese
adelante aderezando los pasos para la caballera, y que todos al pasar
se cubriesen con la falda de la montaa y quebrada hcia el arroyo,
que  un tiempo comenzasen  subir igualmente y  pequeo paso,
guardando el aliento para su tiempo; quedaba con esta rden la montaa
cercada, sino por la parte de Istan, que no podia con la aspereza
recibir gente. Vanse unos  otros, y todos se podian cuasi dar las
manos: qued resoluto combatir los enemigos otro dia  la maana. Mas
los moros viendo que Pedro de Mendoza estaba mas desviado, y en parte
donde no podia con tanta diligencia ser socorrido, acometironle al
caer de la tarde con poca gente y desmandada, trabando una escaramuza
de tiros perdidos. Pedro de Mendoza, confiado de s mismo, soldado
de mucho tiempo y no tanta experiencia, pudiendo guardar la rden y
contentarse con estar quedo y sin peligro, salt  la escaramuza con
demasiado calor. Deshzose la gente por la montaa arriba sin rden,
sin guardar unos  otros: y los moros unas veces retirndose, otras
reparndose, parecian ir cerrando  los nuestros: visto el peligro y no
pudindolo ya estorbar Pedro de Mendoza ( fuese recelo  desconfianza
de su poca autoridad con la gente, aunque la habia tenido para meterla
delante), envi  avisar al duque, pero  tiempo que puesto que hubiese
enviado  retirarla tres capitanes, fue necesitado  tomar lo alto
para reconocer el lugar: el duque con los que con l se hallaban y
los que pudo retirar, atraves donde estaban los que subian, y vali
tanto su autoridad, que la gente desmandada se detuvo, y los moros que
ya habian comenzado  desemboscarse y se mostraban  los enemigos,
vista la determinacion del duque se recogieron  su fuerte, en ocasion
de que estaba cerca la noche, y la gente de Pedro de Mendoza cansada
y desordenada, y se temian de algun desastre, especialmente los que
traan  la memoria el acontecimiento de D. Alonso de Aguilar por los
mismos trminos.

Hallse el duque tan adelante, que vistas las celadas descubiertas, y
los moros puestos en rden de cargar  la gente que subia, y que era
imposible retirallos todos, quiso aprovecharse de la desrden; y con
la gente que traa consigo y la que habia recogido, todo  un tiempo
acometi  los enemigos, y pegse con el fuerte de manera, que fue de
los primeros al entrar. Mas los moros, que no osaron esperar el mpetu
de los nuestros, se descolgaron por lugares de la montaa, que era
luenga y continuada; y de all se repartieron, unos  Rioverde, otros
 la vuelta de Istan, otros  la de Monda, y otros  la de sierra
Blanquilla; dejando de sus mujeres y hijos como cuatrocientas personas:
embarazo de guerra, y gente intil que les comian los bastimentos,
quedando mas ahorrados para hacer la guerra por aquellas montaas:
todava envi  seguir el alcance con poco fruto, por ser la noche
y tierra tan cerrada; l pas en el fuerte de los enemigos sin ropa
ni vitualla; y visto que todos se habian esparcido, y que la montaa
quedaba desamparada, dej el fuerte; y dando licencia  la gente de
Mlaga con rden de correr la tierra  una y otra parte, pas con la
resta de su campo  Istan, y envi cuatro compaas sin banderas: el
efecto que hicieron las tres, fue quemar dos barcas grandes que tenian
fabricadas para pasar  Tituan: la cuarta con su capitan Morillo, 
quien el duque mand que corriese Rioverde, no guardando la rden,
di en los enemigos no lejos de Monda, en un cerro que los de la
tierra llaman Alborno,  vista de Istan; y seguido, y rota la gente se
retir: era el lugar tan cerca del campo, que se oyeron los golpes de
arcabuces, y con sospecha de lo que podia ser, se orden al capitan
Pedro de Mendoza socorriese y recogiese la gente. Mas llegando  vista
de los enemigos contentse con solo recoger algunos que huan, y
estuvo sin pasar adelante,  fuese temiendo alguna emboscada (aunque
el lugar era gran trecho descubierto),  arrepentido de la demasiada
diligencia del dia antes en la sierra de Istan: muri la mayor parte de
la compaa y su capitan peleando. El mismo dia, los moros que andaban
repartidos encontraron con el alcaide de Ronda, y capitan Ascanio,
que con ciento y cincuenta soldados y otra gente habia salido sin
rden y sabidura del duque, como hombres que no estaban  su cargo;
matronlos con la mayor parte de la compaa: el mismo acometimiento
hicieron contra un correo, que parti del campo para Granada con
escolta de cien soldados, aunque con prdida de algunos se recogi en
Monda. Entendiendo pues el duque que por la sierra andaba cuantidad
de moros, envi rden  Arvalo de Suazo que con la gente de Mlaga
tornase  Monda; y  D. Sancho de Leiva, general de las galeras de
Espaa, que enviase ochocientos infantes de la gente que andaba  su
cargo; y  Pedro Bermudez que viniese con la de Ronda, y l con la que
habia quedado se vino  esperarlos  Monda: de donde junta la gente
parti ahorrado sin estorbos la vuelta de Hojen, y all le encontr
D. Alonso de Leiva, hijo de D. Sancho, con ochocientos soldados de
Galera. Entendase que los moros esperaban  una legua, y con este
presupuesto orden el duque  Pedro Bermudez, que con mil arcabuceros
de los de su cargo tomase la mano izquierda, y  D. Alonso con la
gente que habia tenido fuese derecho  Hojen por un monte que dicen
el Negral; l con lo dems del campo sigui derecho el Corvachin,
tierra de grande aspereza: con esta rden se lleg  un tiempo al lugar
donde los enemigos habian estado, y de all bajando hasta llegar 
vista de la Fuengirola, sin hallar otra cosa sino rastro de gente, y
sobras de comida (porque los moros recelndose que serian descubiertos
se habian esparcido como es su costumbre, y extendido por todas las
montaas) di el duque licencia  D. Alonso que tornase  embarcarse;
y  Arvalo de Suazo  Mlaga, corriendo primero la tierra: l volvi
 Monda y de all  Marbella. Este lugar es el que los antiguos llaman
Barbesola: mas el que agora llamamos Monda, pienso que fue poblado de
los habitadores de Monda la vieja, tres leguas mas ac, donde parecen
seas y muestras mas claras de haber sido la antigua Monda, siguiendo
los moros que conquistaron  Espaa su antigua costumbre, de pasar los
moradores de unos lugares  otros con el nombre del lugar que dejaban:
en Ronda y otras partes se ven estatuas y letreros traidos de Monda la
vieja; y en torno de ella, la campaa, atolladeros, y pantanos en el
arroyo de que Hirtio hace memoria en sus historias.

Habia ya cumplido la gente de las ciudades y seores el tiempo que eran
obligados  servir por el llamamiento, y las aguas hartado la tierra
para sembrar: faltaba el provecho de la guerra, por la diligencia que
los moros ponian en las guardas por todo, en alzar y esconder la ropa,
mujeres y nios, en esparcirse pocos  pocos en las montaas, y gran
parte de ellos pasar  Berbera, donde con cualquier aparejo tenian
la traviesa corta y mas segura, no podian ser seguidos con ejrcito
formado, y el que habia se iba poco  poco deshaciendo: pareci
consejo de necesidad enviar la gente  sus casas, y el duque volver 
Ronda, guarnecer los lugares de donde con mayor facilidad los enemigos
pudiesen ser perseguidos y echados de la tierra, y andar tras de ellos
en cuadrillas, sin dejarlos reformar en alguna parte; mas detuvo la
gente de su estado ya diestros y ejercitados, que servian  su costa,
sin sueldo, ni raciones, dej gente en Hojen, Istan, Monda, Tollox,
Guaro, Cartagima, Jubrique, y en Ronda, cabeza de toda la sierra. Habia
ya el rey avisado al duque como se determinaba  un tiempo sacar los
moros de Granada  poblar Castilla, y que estuviese apercebido para
cuando le llegase la rden de D. Juan de Austria. Cuando esto pasaba,
llegaron las cartas de D. Juan en que decia como la salida de los moros
de todo el reino seria el postrero dia de octubre; encomendbale el
secreto hasta el dia que el bando se publicase, apercebale para la
ejecucion en tierra de Ronda; envibale la patente en blanco para que
el duque hinchiese la persona que le pareciese mas  propsito.

Echando el bando, mand recoger en el castillo de Ronda los moros de
paces con su ropa, hijos, y mujeres, y en la patente hinchi el nombre
de Flores de Benavides, corregidor de Gibraltar, ordenndole con
seiscientos hombres de guarda llevar cuasi mil y doscientas personas
que serian los reducidos, hasta dejallos en Illora; para que juntos
fuesen  Castilla con otros de la Vega de Granada. Era ya entrado el
mes de noviembre, con el frio y las aguas en mayor cuantidad; los
enemigos creyendo que por ir los rios mayores, y las avenidas en las
montaas dificultar mas los pasos, ellos podian extenderse por la
tierra, y nuestra gente ocupada en labrar la suya, se juntaban con
dificultad: en todas partes y  todas horas desasosegaban la tierra de
Ronda y Marbella, cautivando labradores, llevando ganados, y salteando
caminos hasta cuasi las puertas de Ronda: acoganse en las vertientes
de Rioverde,  quien los antiguos llamaban Barbesola, del nombre de la
ciudad que agora llamamos Marbella, y de all en las cumbres y contorno
de sierra Blanquilla. El duque por el menudear de los avisos, y por
excusar los daos, que aunque no fuesen sealados eran continuos, por
castigar los enemigos que habian en Rioverde y en la sierra del Alborno
muerto nuestra gente: porque de la Alpujarra por una parte, y por otra
con la vecindad de Berbera no se criase en aquella montaa nido;
determin rematar la empresa, combatir los enemigos, y desarraigallos
 acaballos del todo; sali de Ronda con mil y quinientos arcabuceros
de la guardia de ella, y gente de seores, y mil de sus vasallos,
y con la caballera que pudo juntar improvisamente: mas antes que
llegase, entendi por avisos de espas, y algunos que se pasaron de
los enemigos, que el nmero poco mas  menos era de tres mil; los
dos mil de ellos arcabuceros gobernados por el Melqui, hombre entre
ellos diligente, animoso, y ofendido, ido y venido  Tituan; que
tenian atajados los pasos con grandes piedras, rboles atravesados;
que estaban resolutos de morir defendiendo la sierra: orden  Pedro
de Mendoza que con seiscientos arcabuceros caminase derecho  la boca
del Rioverde, por el pie de la sierra; y  Lope Zapata, con otros
seiscientos  Gaimon,  la parte de las vias de Monda: iban estos dos
capitanes el uno del otro media legua, y entre ambos iba el duque con
el resto de la infantera y caballera; orden  Pedro Bermudez, y 
Crlos de Villegas que estaba  la guarda de Istan y Hojen, con dos
compaas y cincuenta caballos, que se saliesen  un mismo tiempo y con
doscientos arcabuceros tomasen lo alto de la sierra, y las espaldas
de los enemigos; que Arvalo de Suazo partiese de Mlaga, y con mil y
doscientos soldados y cincuenta caballos acudiese  la parte de Monda.
Todos  un tiempo partieron  la noche para hallarse  la maana con
los enemigos; mas ellos avisados por un golpe de arcabuz que habian
oido entre la gente de Setenil, mudronse del lugar, mejorndose  la
parte de Pedro de Mendoza que era el postrero, por tener la salida mas
abierta comenz  subir el duque, y Pedro de Mendoza que estaba mas
cerca  pelear con igualdad, y ellos  mejorarse. El duque, aunque
algo apartado, oyendo los golpes de arcabuz, y visto que se peleaba
por aquella parte de Pedro de Mendoza se mejor; y por la ladera
descubriendo la escaramuza, con la caballera y con lo que pudo de
arcabucera, acometi los enemigos; llevando cerca de s  su hijo,
mozo cuasi de trece aos, D. Luis Ponce de Leon, cosa usada en otra
edad en aquella casa de los Ponces de Leon, criarse los muchachos
peleando con los moros y tener  sus padres por maestros: porfiaron
algun tanto los enemigos; mas no pudiendo resistir, tomaron lo alto de
la sierra, y de all se repartieron  unas y otras partes. Murieron
mas de cien hombres y entre ellos el Melqui su capitan; y si Pedro
Bermudez y Villegas salieran  la hora que se les orden, hicirase
mayor efecto. Habido este buen suceso, reparti el duque la gente que
pudo por cuadrillas para seguir el alcance; cautivaron  las mujeres, y
nios, y ropa que les habia quedado; mataron en este seguimiento otros
ochenta. Quedaron los moros tan escarmentados, que ni por engao ni por
fuerza los pudieron hallar juntos en parte de la montaa, y buscaron
tambien la sierra que llaman de Daidin, y el mismo duque reparti el
campo en cuadrillas, pero tampoco se hallaron personas juntas: con
esto, l se torn  Ronda, y aquella guerra qued acabada, la tierra
libre de los enemigos, parte muertos, y parte esparcidos,  idos 
Berbera.

He querido tratar tan particularmente de esta guerra de Ronda; lo uno
porque fue varia en su manera, y hecha con gran sufrimiento del capitan
general, y con gente concejil, sin la que los seores enviaron, y la
mayor parte del mismo duque de Arcos: y aunque en ella no hubo grandes
rencuentros, ni pueblos tomados por fuerza, no se trat con menos
cuidado y determinacion, que las de otras partes de este reino; ni
hubo menos desrdenes que corregir cuando el duque la tom  su cargo:
guerra comenzada, y suspendida por falta de gente, de dineros, de
vitualla, tornada  restaurar sin lo uno y sin lo otro: pero sola ella
acabada del todo, y fuera de pretensiones, emulaciones,  envidias. Lo
otro por haberse en tiempos antiguos recogido en aquellas partes las
fuerzas del mundo, y competido Csar, y los hijos de Pompeyo, cabezas
de l, sobre cual quedaria con el seoro de todo, hasta que la fortuna
determin por Csar, dos leguas de donde est agora Ronda, y tres de
la que llamamos Monda, en la gran batalla cerca de Monda la vieja,
donde hoy dia, como tengo dicho, se ven impresas seales de despojos,
de armas y caballos; y ven los moradores encontrarse por el aire
escuadrones; yense voces como de personas que acometen: estantiguas
llama el vulgo espaol  semejantes apariencias  fantasmas, que
el vaho de la tierra cuando el sol sale  se pone forma en el aire
bajo, como se ven en el alto las nubes formadas en varias figuras y
semejanzas.

Estaba D. Juan en Granada con el duque[58] y el comendador mayor,
acudiendo  lo que se ofrecia, y por dar remate  cosas, y fin de los
enemigos que quedaban, orden que el comendador mayor con la gente que
se pudo juntar, parte de la propia ciudad, y parte de los que se habian
venido de su campo, y del campo del duque, que por todos serian siete
mil personas, llevasen delante, y ante todas las cosas bastimento y
municion que bastase para dos meses, y que esto se guardase en Orgiba;
y con esta prevencion parti el campo la vuelta de la Alpujarra.
Llegados  Lanjaron, por mandado del general se di un rebato falso,
porque la gente no estuviese descuidada; otro dia llegaron  Orgiba,
y en ella repos el campo tres dias, tomando la rden que se habia
de tener para hallar los enemigos, porque andaban esparcidos por la
tierra. El cuarto dia sali la gente hechas dos mangas de  mil hombres
cada una, con rden que la una, de la otra fuese desviada cuatro
leguas, guiando la una  la mano derecha y la otra  la siniestra, y
el resto del campo por medio: de esta suerte corrieron la tierra hasta
llegar  Pitres de Ferreira, y dejando all presidio de quinientos
hombres, pasaron adelante hasta Portugos, y all dejaron cien hombres,
y en Cadiar trescientos con el capitan Berro. Aqu tuvo nuevas el
comendador mayor que los moros se habian retirado al Cehel, costa de la
mar, por ser tierra spera y de muchos jarales: mand  D. Miguel de
Moncada que con mil y doscientos hombres corriese aquella tierra; hall
parte de ellos, y matando siete moros, cautiv doscientas personas
entre moras y muchachos, y ropa y despojos: perdi solo un soldado que
engaado de una mora le hizo entender que en una choza tenia mucha
riqueza, y al entrar en ella le di con una almarada por debajo del
brazo, y lo mat. Volvi D. Miguel con la cabalgada  Cadiar donde
qued el campo; de aqu envi el comendador mayor mil hombres  Ujijar
de la Alpujarra, para que en ella hiciesen presidio, y dejando en l
trescientos soldados fuesen  Donduron, y dejasen all una compaa
de cien hombres con su capitan, y en Ayator otros ciento, y en Berja
otros ciento, con rden que todos corriesen la tierra cada dia, dejando
guarda en los presidios. Mand  D. Lope de Figueroa, que con mil y
quinientos infantes y algunos caballos corriese el rio de Almera y
toda aquella sierra, con el Bolodui y tierra de Gueneja, y que juntando
consigo la gente que salia de Almera: corriese la tierra de Jerez
 Fiana, y rio de Almanzora: volvi  Granada, dejando presidio en
las Guajaras altas y bajas, y en Velez de Benaudalla, y en todos los
presidios bastimento y municion para algunos dias.

      [58] Este duque es necesariamente el de Sesa, porque el de Arcos
      no se vi con D. Juan.

Luego que lleg  Granada, provey D. Juan otros capitanes de
cuadrillas, que fueron Juan Carrillo Paniagua, Camacho, Reinaldos,
y otros; y hecho esto, D. Juan con el duque y el comendador mayor
se parti  Madrid; y de all  la armada de la liga, dejando  D.
Pedro de Deza, presidente de Granada, con ttulo de capitan general,
y en Almera por general de la infantera  D. Francisco de Crdoba,
descendiente de aquella cama de Leones del conde D. Martin. Corrian
la tierra  menudo las cuadrillas, metian en Granada moros y moras, y
no habia semana que no hubiese cabalgada. Al entrar en la puerta de
las Manos, hacian salva subiendo por el Zacatin arriba, hasta llegar
 la chancillera; daban noticia al presidente para que viese lo que
traan, y entregaban los moros en la crcel, y de cada uno les daban
veinte ducados, como est dicho: atenazaban y ahorcaban los capitanes y
moros sealados, y los dems llevaban  galeras, que sirviesen al remo
esclavos del rey.

Entre estos trujeron un moro natural de Granada llamado Farax: este
como supiese la voluntad de Gonzalo el Jeniz, alcaide sobre los
alcaides, y de sus sobrinos Alonso y Andrs el Jeniz, y otros muchos,
que era de entregarse y reducirse, si se les concediese perdon, llam 
Francisco Barredo, dndole parte de la voluntad y propsito que muchos
moros tenian, y aun de matar  su rey si no se quisiese reducir con
ellos; para lo cual convenia que procurase verse con Gonzalo el Jeniz,
que era uno de los que mas lo deseaban: sabido esto, Francisco Barredo
se fue  las Alpujarras, y en llegando al presidio de Cadiar[59], sac
de una bveda del castillo un moro que tenian preso, y le di una carta
para Gonzalo el Jeniz, en que le hacia saber la causa de su venida; que
viese la rden que habia de tener para verse con l: recibida la carta
respondi, que otro dia al amanecer, se viniese  un cerro media legua
de Cadiar, y que adonde viese una cruz en lo alto le aguardase soltando
la escopeta tres veces por contrasea: fue, y hecha la sea lleg el
Jeniz, sus sobrinos, y otros moros, mostrando mucha alegra de velle:
lo que trataron fue, que si le traa perdon del rey para l, y los
que se quisiesen reducir, que les entregaria  Abenab su rey muerto
 vivo: con esto se despidi, prometindoles de hacello y ponello por
obra, y avisallos de la voluntad del rey: vino  Granada Francisco
Barredo, di cuenta al presidente de lo que habia pasado con Gonzalo
el Jeniz, y lo que le habia prometido: di el presidente aviso al rey;
que visto lo que prometia el Jeniz le concedi perdon  l, y  todos
los que con l viniesen: vino la cdula real al presidente, que visto
que no habia quien con veras lo pudiese hacer, hizo llamar  Barredo,
y entregndole la cdula le pidi con las veras y recato que en tal
negocio convenia lo hiciese.

      [59] Zatabarile llama Mrmol.

Recibida la cdula, se parti, y lleg  Cadiar con el moro que antes
habia llevado la carta: avisle como tenia lo que pedia, que se viese
con l en el sitio y lugar que antes se habian visto: llegado el Jeniz,
y vista la cdula y perdon la bes, y puso sobre su cabeza: lo mismo
hicieron los que con l venian: y despidindose de l, fueron  poner
en ejecucion lo concertado. Francisco Barredo se volvi al castillo
de Verchul, porque all le dijo el Jeniz que le aguardase; Gonzalo el
Jeniz y los dems acordaron para hacello  su salvo, que seria bien
que uno de ellos fuese  Abdal Abenab, y de su parte le dijese que
la noche siguiente se viese con l en las cuevas de Verchul, porque
tenia que platicar con l cosas que convenian  todos. Sabido por
Abenab, vino aquella noche  las cuevas solo con un moro de quien se
fiaba mas que de ninguno; y antes que llegase  las cuevas despidi
veinte tiradores que de ordinario le acompaaban, todo  fin de que no
supiesen adonde tenia la noche: saludle Gonzalo el Jeniz dicindole:
_Abdal Abenab, lo que te quiero decir es, que mires estas cuevas;
que estn llenas de gente desventurada, as de enfermos, como de
viudas y hurfanos; y ser las cosas llegadas  tales trminos, que si
todos no se daban  merced del rey, serian muertos y destruidos; y
hacindolo, quedarian libres de tan gran miseria._ Cuando Abenab oy
las palabras del Jeniz, di un grito que pareci se le habia arrancado
el alma, y echando fuego por los ojos le dijo: _Cmo, Jeniz! para
esto me llamabas? Tal traicion me tenias guardada en tu pecho? No me
hables mas, ni te vea yo_; y diciendo esto, se fue para la boca de la
cueva: mas un moro que se decia Cubayas, le asi los brazos por detrs,
y uno de los sobrinos del Jeniz le di con el mocho de la escopeta en
la cabeza, y le aturdi; y el Jeniz le di con una losa y le acab de
matar: tomaron el cuerpo, y envuelto en unos zarzos de caas le echaron
la cueva abajo, y esa noche le llevaron sobre un macho  Verchul,
adonde hallaron  Francisco Barredo y  su hermano Andrs Barredo: all
le abrieron y sacaron las tripas, hinchiendo el cuerpo de paja. Hecho
esto, Francisco Barredo requiri  los soldados del presidio y  su
capitan, que le diese ayuda y favor para llevarle  Granada: visto el
requerimiento le acompaaron; y en el camino encontraron con doscientos
y cincuenta moros de paz, que sabida la muerte de Abenab, y el nuevo
perdon que el rey daba, llegaron  reducirse. Vinieron  Armilla, lugar
de la Vega, y all le pusieron caballero en un macho de albarda, y una
tabla en las espaldas, que sustentaba el cuerpo, que todos le viesen;
los moros de paz iban delante, y los soldados y Francisco Barredo
detrs. Llegados  Granada, al entrar de la plaza de Bibarrambla,
hicieron salva; lo propio en llegando  la chancillera; all 
vista del presidente le cortaron la cabeza, y el cuerpo entregaron 
los muchachos, que despues de habello arrastrado por la ciudad, lo
quemaron: la cabeza pusieron encima de la puerta de la ciudad, la que
dicen puerta del Rastro, colgada de una escarpia  la parte de dentro,
y encima una jaula de palo, y un ttulo en ella que decia:

  ESTA ES LA CABEZA DEL
  TRAIDOR DE ABENAB.
  NADIE LA QUITE
  SO PENA DE MUERTE.

Tal fin hizo este moro,  quien ellos tuvieron por rey despues de Aben
Humeya: los moros que quedaban, unos se dieron de paz, y otros se
pasaron  Berbera; y  los dems las cuadrillas, y la frialdad de la
sierra, y mal pasar los acab; y feneci la guerra y levantamiento.

Qued la tierra despoblada y destruida: vino gente de toda Espaa 
poblarla, y dbanles las haciendas de los moriscos con un pequeo
tributo que pagan cada un ao:  Francisco Barredo le hizo el rey
merced de seis mil ducados, y que estos se los diesen en bienes raices
de los moriscos, y una casa en la calle de la guila, que era de un
mudejar echado del reino: despues pas en Berbera algunas veces 
rescatar cautivos, y en un convite le mataron.


                     FIN DE LA GUERRA DE GRANADA.




                               DISCURSO

                       DEL CONDE DE PORTALEGRE,

  con que supli lo que faltaba en las primeras ediciones al fin del
                    libro tercero de esta historia.


Hemos llegado  un peligroso paso, donde D. Diego deja la historia
rota por desgracia, si no fue de industria, para ganar honra con la
comparacion del que la pretendiese continuar. Porque sea quien fuere,
lo aadido seria de estofa mucho menos fina: y aunque se hallarn
(cuando esto se escribe) testigos vivos y de vista, por cuya relacion
se pudiera proseguir cumplidamente lo que falta, ser lo mas seguro
hacer sumario de esta quiebra, y no suplemento; imitando antes  Floro
con Livio, que  Hirtio con Csar: pues no le bast ser tan docto, tan
curioso, testigo de sus empresas, y camarada (como dicen los soldados),
para que no se vea muy clara la ventaja que hace el estilo de los
Comentarios al suyo. En el trozo que se corta se contiene la segunda
salida del seor D. Juan en campaa, el sitio peligroso y porfiado de
la villa de Galera, la expugnacion de aquella plaza, la muerte de Luis
Quijada desgraciada y lastimosa, el suceso de Seron y de Tijola; cosas
todas de gran consecuencia y consideracion, si D. Diego las escribiera,
haciendo  su modo anatoma de los afectos de los ministros, y de las
obras de los soldados. Mas pues no se puede restaurar lo que se perdi
(si algun dia no se descubre) contentmonos con saber que:

De Baza fue el seor D. Juan  Guescar; de donde sali el marqus de
los Velez  encontrarle, y torn acompandole con muestras de mucha
cortesa y satisfaccion, hasta ponerle  la puerta de la posada donde
habia de alojar. De all tom licencia sin apearse, admirndose los
presentes; y con un trompeta delante y cinco  seis gentiles hombres,
se retir (sin detenerse)  su casa; de donde no sali despues; porque,
segun se decia, no se quiso acomodar  servir con cargo que no fuese
supremo.

De Guescar fue D. Juan  reconocer  Galera con Luis Quijada y el
comendador mayor: reconocida, hizo venir el ejrcito, sitila por
todas partes, y alojse en el puesto de donde el marqus se habia
levantado. El sitio de aquella villa la hace muy fuerte; porque est
en una eminencia sin padrastros, y estrechndose va bajando hasta el
rio, acabando en punta con la figura de una proa de galera, de que
toma el nombre, dejando en lo alto la popa. Estn las casas arrimadas
 la montaa, y esta es su fortaleza, y la razon porque puede excusar
la muralla; porque siendo casamuro, la bala que pasa las casas sale y
mtese en la montaa, y as viene  ser lo mismo batir aquella tierra,
que batir un monte. No se habia esto experimentado con la batera del
marqus, porque no tenia sino cuatro lombardas antiguas del tiempo del
rey D. Fernando (como se dijo atrs) que con balas de piedra blanda, no
hacian efecto ninguno. Por lo cual hizo D. Juan venir algunas piezas
gruesas de bronce de Cartagena, Sabiote y Cazorla. Atrincherse con
gran cuantidad de sacas de lana; porque faltaba tierra, y sobraba lana
de los lavaderos, que tenian en Guescar los ginoveses que la compran
para llevar  Italia; no poniendo las sacas por costado sino de punta,
por hacer mas ancha la trinchea: sucedi con todo alguna vez penetrar
una bala de escopeta turquesa la saca, y matar al soldado que estaba
detrs, con seguridad  su parecer. Batise Galera con poco efecto,
porque teniendo la muralla delgada, no hacian las balas ruina, sino
agujeros, pasando de claro, los cuales servian despues  los enemigos
de troneras. Disele el asalto por dos partes, y fueron rebotados los
nuestros con notable dao en la superior, por no se haber hecho buena
batera; y en la mas baja, por la eminencia de los terrados, de donde
los ofendian los moros con gran ventaja, como tambien lo hicieron en
algunas salidas, que costaron mucha sangre nuestra y suya; y en una
degollaron cuasi entera la compaa de catalanes que traa D. Juan
Buil. Con estos sucesos pareci que no se podia ganar la plaza por
batera, y comenzse  minar secretamente; pero no se les pudo esconder
 los enemigos la mina; la cual reconocieron, y la publicaban  voces
de la muralla; visto esto, se orden que se hiciese juntamente, por
consejo (segun dicen) del capitan Juan Despuche, con intento de hacer
demostracion que se arremetia, movindose los escuadrones hasta ciertas
seales que estaban puestas, para que volando la primera, se engaasen
los moros, creyendo que era pasado el peligro, y saliesen  la defensa.
Sucedi ni mas ni menos, y dise fuego  la segunda; la cual hizo tanta
obra, que los vol hasta la plaza de armas, sin dejar hombre vivo
de cuantos estaban  la frente: subieron los nuestros con trabajo,
pero sin peligro, y plantaron las banderas en lo mas alto, que fue
la ocasion de desconfiarlos del todo, y de rendirse sin resistencia:
degollronlos, sin excepcion de sexo ni edad, por espacio de dos horas.
Cansse el seor D. Juan y mand envainar la furia de los soldados,
y que cesase la sangre. Murieron sobre esta fuerza veinte y cuatro
capitanes, cosa no vista hasta entonces; despues dicen los de Flandes,
que compraron al mismo precio las villas de Harlen y Mastrich, con que
se confirma la opinion de los antiguos, que llaman  nuestra nacion
prdiga de la vida, y anticipadora de la muerte.

De Galera camin el campo  Caniles la vuelta de Serona. Pas Luis
Quijada con la vanguardia  reconocerle, y hallndole desamparado,
porque la gente se subi  la montaa, se desmandaron algunos de
los nuestros, y entraron sin rden  saquear la tierra; los moros
los vieron, y bajaron de lo alto, dieron sobre ellos, y pusironles
en huida, tomndolos de sobresalto ocupados en el saco. Lleg Luis
Quijada  recogerlos, y amparndolos, y metindolos en escuadron,
fue herido desde arriba de un arcabuzazo en el hombro, de que muri
en pocos dias. Era hijo de Gutierre Quijada, seor de Villa Garca,
famoso justador al modo castellano antiguo; sirvi al emperador de
paje, subiendo por todos los grados de la casa de Borgoa hasta ser su
mayordomo, y coronel de la infantera espaola, que gan  Teruana,
plaza muy nombrada en Picarda; y solo este caballero escogi, cuando
dej sus reinos, para que le sirviese y acompaase en el monasterio
de Yuste, haciendo el oficio de mayordomo mayor de pequea casa y de
gran prncipe. Dejle encargado secretamente  D. Juan de Austria
su hijo natural; crile sin decirle que lo era, hasta el tiempo en
que quiso el rey su hermano que le descubriese, siendo entonces Luis
Quijada caballerizo mayor del prncipe D. Crlos, y despues del consejo
de estado, y presidente de las Indias. La desgracia subi de punto
por no dejar hijos. Sinti y llor su muerte el seor D. Juan, como
de persona que le habia criado, y  quien tanto debia. Detvose en
aquel alojamiento algunos dias con muchas necesidades; los moros se
recogieron en Tijola y Purchena, y representronse en este tiempo 
nuestro campo tres  cuatro veces con cuatro mil peones y cuarenta
 cincuenta caballos, extendiendo las mangas hasta tiro de escopeta
de los nuestros. Ordense, que so pena de la vida ninguno trabase
escaramuza con ellos, y as tornaron siempre sin hacer, ni recibir
dao; y el campo se movi para ir sobre Tijola, y ellos se retiraron
 Purchena, dejando  Tijola bien guarnecida de gente, y municionada.
Sitise  la redonda; mas la tierra es tan spera, que hubo gran
dificultad en subir la artillera donde pudiese hacer efecto: en fin se
subi con grande industria, y se les quitaron las defensas con ella;
habase de batir mas de propsito el dia siguiente, pero los moros no
lo esperaron, y salironse  las diez de aquella noche por diversas
partes, habiendo hurtado el nombre al ejrcito (cosa muy rara), y
dndole todos  las primeras postas  un mismo tiempo, rompieron
por los cuerpos de guardia, y salieron  la campaa. Perdironse
tantos en esta salida, que los menos se salvaron. Por la maana se
sigui el alcance  los desmandados hasta Purchena, que se rindi sin
resistencia, porque la gente estaba ya fuera, y no habia sino mujeres,
pocos hombres, y alguna ropa. Algunos de los nuestros quedaron dentro,
los mas pasaron siguiendo  los enemigos hasta el rio de Macael. D.
Juan pas de Tijola  Purchena, y guarnecila; de all fue dejando
presidios en Cantoria, Tavernas, Frejiliana y Almera, y lleg 
Andarax: donde se juntaron el duque de Sesa y el comendador mayor.
Venia el duque de hacer su jornada, que concurri con la misma de
Galera que se ha referido en este sumario; tornando  atar el hilo de
la historia de D. Diego en el libro siguiente.




                                LA VIDA

                                  DEL

                         LAZARILLO DE TORMES,

                     SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.

                                  POR

                     D. Diego Hurtado de Mendoza.




                               PRLOGO.


Yo por bien tengo que cosas tan sealadas y por ventura nunca oidas ni
vistas vengan  noticia de muchos, y no se entierren en la sepultura
del olvido; pues podria ser que alguno que las lea, halle algo que le
agrade, y  los que no ahondaren tanto, los deleite. Y  este propsito
dice Plinio: que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna
cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno
no come, otro se pierde por ello; y as vemos cosas tenidas en poco de
algunos, que de otros no lo son. Y por esto ninguna cosa se deberia
romper ni echar  mal (si muy detestable no fuese), sino que  todos
se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio, y pudiendo sacar de
ella algun fruto. Porque si as no fuese, muy pocos escribirian para
uno solo, pues no se hace sin trabajo; y quieren, ya que lo pasan, ser
recompensados, no con dineros, mas con que lean y vean sus obras, y si
hay de que, se las alaben. Y  este propsito dice Tulio: _la honra
cria las artes_. Quin piensa que el soldado que es primero en la
escala, tiene mas aborrecido el vivir? no por cierto; mas el deseo de
la alabanza le hace ponerse al peligro; y as en las artes y letras
es lo mismo. Predica muy bien el presentado, y es hombre que desea
mucho el provecho de las nimas; mas pregunten  su merced, si le pesa
cuando le dicen:  qu maravillosamente lo ha hecho V. R.! Just muy
ruinmente el Sr. D. Fulano, y di el sayete de armas al truhan, porque
le loaba de haber llevado muy buenas lanzas: qu hiciera si fuera
verdad? Y todo va de esta manera: que confesando yo no ser mas santo
que mis vecinos, de esta nonada que en este grosero estilo escribo,
no me pesar que hayan parte y se huelguen con ello todos los que
en ella algun gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas
fortunas, peligros y adversidades. Suplico  vuestra merced reciba el
pobre servicio de mano de quien le hiciera mas rico, si su poder y
deseo se conformaran. Y pues vuestra merced escribe se le escriba y
relate el caso muy por extenso, parecime no tomarle del medio, sino
del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y tambien
porque consideren los que heredaron nobles estados, cuan poco se les
debe, pues fortuna fue con ellos parcial; y cuanto mas hicieron los
que, sindoles contraria, con fuerza y maa remando salieron  buen
puerto.




                                LA VIDA

                                  DEL

                         LAZARILLO DE TORMES,

                     SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.




              Cuenta Lzaro su vida y quien era su padre.


Pues sepa vuestra merced ante todas cosas, que  mi llaman Lzaro de
Tormes, hijo de Tom Gonzalez y de Antonia Perez, naturales de Tejares,
aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del rio Tormes, por la
cual causa tom el sobrenombre, y fue de esta manera. Mi padre (que
Dios perdone) tenia cargo de proveer una molienda de una acea que est
ribera de aquel rio, en la cual fue molinero mas de quince aos: y
estando mi madre una noche en la acea preada de mi, tomla el parto y
parime all, de manera que con verdad me puedo decir nacido en el rio.
Pues siendo yo nio de ocho aos, achacaron  mi padre ciertas sangras
mal hechas en los costales de los que all  moler venian, por lo
cual fue preso, confes y no neg, y padeci persecucion de justicia.
Espero en Dios que est en gloria, pues el evangelio los llama
bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra los moros,
entre los cuales fue mi padre, que  la sazon estaba desterrado por el
desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que all fue,
y con su seor, como leal criado, feneci su vida. Mi viuda madre, como
sin marido y sin abrigo se viese, determin arrimarse  los buenos por
ser uno de ellos, y vnose  vivir  la ciudad, y alquil una casilla,
y metase  guisar de comer  ciertos estudiantes, y limpiaba la ropa
 ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena, de manera
que frecuentando las caballerizas, ella y un hombre moreno de aquellos
que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces
se venia  nuestra casa, y se iba  la maana. Otras veces de dia
llegaba  la puerta en achaque de comprar huevos, y entrbase en la
casa. Yo al principio de su entrada pesbame de ella, y hacame miedo,
viendo el color y mal gesto que tenia; mas de que vi que con su venida
mejoraba el comer, fule queriendo bien; porque siempre traa pan,
pedazos de carne, y en el invierno lea con que nos calentbamos;
de manera que continuando la posada y conversacion, mi madre vnose
 darme un negrito, el cual yo brincaba y ayudaba  calentar. Y
acurdome que estando el negro de mi padrastro trabajando con el
mozuelo, como el nio vea  mi madre y  mi blancos, y  l no, hua
de l con miedo para mi madre, y sealando con el dedo decia: madre,
coco; respondiendo l riendo, hideputa. Yo, aunque muy muchacho, not
aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mi: cuantos debe haber
en el mundo que huyen de otros, porque no se ven  s mismos. Quiso
nuestra fortuna que la conversacion del Zayde (que as se llamaba)
lleg  oidos del mayordomo; y hecha pesquisa, hallse que la mitad por
medio de la cebada que para las bestias le daban, hurtaba; y salvados,
lea, almohazas, mandiles, y las mantas y sbanas de los caballos
hacia perdidas: y cuando otra cosa no tenia, las bestias desherraba;
y con todo esto acudia  mi madre para criar  mi hermanico. No nos
maravillamos de un clrigo ni de un fraile, porque el uno hurta de
los pobres y el otro de su casa para sus devotas y para ayuda de otro
tanto, cuando  un pobre esclavo el amor le animaba  esto. Y probsele
cuanto digo y aun mas; porque  mi con amenazas me preguntaban, y
como nio respondia y descubria cuanto sabia con miedo, hasta ciertas
herraduras que por mandado de mi madre  un herrero vend. Al triste
de mi padrastro azotaron y pringaron, y  mi madre pusieron pena por
justicia sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho
comendador no entrase, ni al lastimado Zayde en la suya acogiese. Por
no echar la soga tras el caldero, la triste se esforz y cumpli la
sentencia; y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fue 
servir  los que al presente vivian en el meson de la Solana, y all
padeciendo mil importunidades acab de criar  mi hermanico hasta que
supo andar: y  mi hasta ser buen mozuelo, que iba  los huspedes por
vino, candelas y por lo dems que me mandaban.

En este tiempo vino  posar al meson un ciego, el cual parecindole que
yo seria para adestrarle, me pidi  mi madre, y ella me encomend 
l, dicindole como era hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar
la fe, habia muerto en la batalla de los Gelves; y que ella confiaba
en Dios que no saldria peor hombre que mi padre, y que le rogaba me
tratase bien y mirase por mi, pues era hurfano. l respondi que
as lo haria y que me recibia, no por mozo, sino por hijo; y as le
comenc  servir y adestrar  mi nuevo y viejo amo. Como estuvimos en
Salamanca algunos dias, parecindole  mi amo que no era la ganancia 
su contento, determin irse de all. Y cuando nos hubimos de partir,
yo fu  ver  mi madre, y ambos llorando, me di su bendicion y dijo:
hijo, ya s que no te ver mas; procura ser bueno, y Dios te guie.
Criado te he, y con buen amo te he puesto, vlete por ti. Y as me fu
para mi amo, que esperndome estaba.

Salimos de Salamanca, y llegando  la puente, est  la entrada de ella
un animal de piedra que casi tiene forma de toro; y el ciego mandme
que llegase cerca del animal, y all puesto dijo: Lzaro, llega el oido
de este toro, y oirs gran ruido dentro de l. Yo simplemente llegu,
creyendo ser as; y como sinti que tenia la cabeza  par de la piedra,
afirm recio la mano y dime una gran calabazada en el diablo del toro,
que mas de tres dias me dur el dolor de la cornada; y djome: necio,
aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber mas que el diablo, y
ri mucho de la burla.

Parecime que en aquel instante dispert de la simpleza en que, como
nio, dormido estaba, y dije entre mi: verdad dice este, que me cumple
avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar como me sepa valer.
Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos dias me mostr jerigonza.
Y como me viese de buen ingenio, holgbase mucho y decia: yo oro ni
plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir, muchos te mostrar. Y
fue as, que despues de Dios este me di la vida, y siendo ciego, me
alumbr y adestr en la carrera de vivir. Huelgo de contar  vuestra
merced estas nieras, para mostrar, cuanta virtud sea saber los
hombres subir siendo bajos; y dejarse bajar, siendo altos, cuanto vicio.

Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, vuestra merced
sepa que desde que Dios cri el mundo, ninguno form mas astuto ni
sagaz. En su oficio era un guila. Ciento y tantas oraciones sabia
de coro, un tono bajo, reposado y muy sonable, que hacia resonar la
iglesia donde rezaba; un rostro humilde y devoto, que con muy buen
continente ponia cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni
ojos, como otros suelen hacer. Allende de esto tenia otras mil formas
y maneras para sacar el dinero. Decia saber oraciones para muchos y
diversos efectos; para mujeres que no parian; para las que estaban de
parto; para las que eran mal casadas, que sus maridos las quisiesen
bien. Echaba pronsticos  las preadas, si traan hijo  hija; pues
en caso de medicina decia que Galeno no supo la mitad que l; para
muelas, desmayos, males de comadre. Finalmente nadie le decia padecer
alguna pasion, que luego no le decia: haced esto, hareis estotro, coced
tal yerba, tomad tal raiz. Con esto andbase todo el mundo tras l,
especialmente mujeres, que, cuanto les decia, crean. De estas sacaba
l grandes provechos con las artes que digo, y ganaba mas en un mes
que cien ciegos en un ao. Mas tambien quiero que sepa vuestra merced,
que con todo lo que adquiria y tenia, jams tan avariento ni mezquino
hombre no vi; tanto que me mataba  mi de hambre, y as no me remediaba
de lo necesario. Digo verdad: si con mi sutileza y buenas maas no me
supiera remediar, muchas veces me finara de hambre. Mas con todo su
saber y aviso le contraminaba de tal suerte, que siempre  las mas
veces me cabia lo mas y mejor. Para esto le hacia burlas endiabladas,
de las cuales contar algunas, aunque no todas  mi favor. l traa el
pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo, que por la boca se
cerraba con una argolla de hierro y su candado y llave; y el meter de
las cosas y sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero,
que no bastara todo el mundo  hacerle menos una migaja. Mas yo tomaba
aquella laceria que el me daba, la cual en menos de dos bocados era
despachada: y despues que cerraba el candado y se descuidaba, pensando
que yo estaba entendiendo en otras cosas; por un poco de costura que
muchas veces de un lado del fardel descosia y tornaba  coser, sangraba
el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos,
torreznos y longanizas. Y as buscaba conveniente tiempo para rehacer,
no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba.
Todo lo que podia sisar y hurtar, traa en medias blancas; y cuando le
mandaban rezar y le daban blancas, como l carecia de vista, no habia
el que se la daba amagado con ella, cuando yo la tenia lanzada en la
boca y la media aparejada, que por presto que l echaba la mano, ya iba
de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio. Quejbaseme el
mal ciego, porque al tiento luego conocia y sentia, que no era blanca
entera, y decia: qu diablo es esto, que despues que conmigo estais,
no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maraved
hartas veces me pagaban? en ti debe de estar esta desdicha.

Tambien l abreviaba el rezar y la mitad de la oracion no acababa,
porque me tenia mandado, que en yndose el que le mandaba rezar, le
tirase por el cabo del capuz. Yo as lo hacia, y luego l tornaba  dar
voces, diciendo mandan rezar tal y tal oracion, como suelen decir.

Usaba poner cabe s un jarrillo de vino cuando comamos; yo muy de
presto le asia y daba un par de besos callados, y tornbale  su lugar;
mas durme poco, que en los tragos conocia la falta: y por reservar
su vino  salvo, nunca despues desamparaba el jarro; antes le tenia
por el asa asido. Mas no habia piedra iman, que as trajese a s como
yo con una paja de centeno que para aquel menester tenia hecha; la
cual metindola en la boca del jarro, chupando el vino, le dejaba 
buenas noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me
sinti; y dende en adelante mud de propsito, y asentaba su jarro
entre las piernas y tapbale con la mano, y as bebia seguro. Yo como
estaba hecho al vino, moria por l; y viendo que aquel remedio de la
paja no me aprovechaba ni valia, acord en el suelo del jarro hacerle
una fuentecilla y agujero sutil, y delicadamente con una muy delgada
tortilla de cera taparle.

Al tiempo de comer, fingiendo haber frio, entrbame entre las piernas
del triste ciego  calentarme en la pobrecilla lumbre que tenamos; y
al calor de ella, luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba
la fuentecilla  destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponia,
que maldita la gota que se perdia. Cuando el pobrete iba  beber, no
hallaba nada: espantbase, maldecase, daba al diablo el jarro y el
vino, no sabiendo que podia ser. No direis tio, que os lo bebo yo,
decia, pues no le quitais de la mano. Tantas vueltas y tientos di al
jarro, que se hall la fuente y cay en la burla; mas as lo disimul
como si no lo hubiera sentido; y luego otro dia, teniendo yo rezumando
mi jarro como solia, no pensando el dao que me estaba aparejado, ni
que el mal ciego me sentia, sentme como solia, estando recibiendo
aquellos dulces tragos, mi cara puesta hcia el cielo, un poco cerrados
los ojos, por mejor gustar el sabroso licor. Sinti el desesperado
ciego que ahora tenia tiempo de tomar de m venganza, y con toda su
fuerza alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dej caer
sobre mi boca, ayudndose, como digo, con todo su poder; de manera que
el pobre Lzaro, que  nada de esto se aguardaba, antes si, como otras
veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente le pareci, que el
cielo con todo lo que en l hay, le habia caido encima. Fue tal el
golpecillo, que me desatin y sac de sentido, y el jarrazo tan grande,
que los pedazos de l se me metieron por la cara, rompindomela por
muchas partes, y me quebr los dientes, sin los cuales hasta hoy dia me
qued. Desde aquella hora quise mal al mal ciego: y aunque me queria y
regalaba y me curaba, bien vi que se habia holgado del cruel castigo.
Lavme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me habia
hecho, y sonrindose decia: que te parece, Lzaro, lo que te enferm,
te sana y da salud, y otros donaires que  mi gusto no lo eran. Ya que
estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que 
pocos golpes tales el cruel ciego ahorraria de mi, quise yo ahorrar de
l: mas no lo hice tan presto, por hacerlo mas  mi salvo y provecho.

Aunque yo quisiera asentar mi corazon y perdonarle el jarrazo, no daba
lugar el mal tratamiento que el mal ciego desde all adelante me hacia;
que sin causa ni razon me heria, dndome coscorrones y repelndome. Y
si alguno le decia, por qu me trataba tan mal, luego contaba el cuento
del jarro, diciendo: pensais que este mi mozo es algun inocente?
pues oid si el demonio ensayara otra tal hazaa. Santigundose los
que le oan, decian: mira, quien pensara de un muchacho tan pequeo
tal ruindad, y se rean mucho del artificio, y decanle: castigadle,
castigadle, que de Dios lo habreis. Y l con aquello nunca otra cosa
hacia: y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y
adrede por hacerle mal y dao. Si habia piedras, por ellas; si lodo,
por lo mas alto: que aunque yo no iba por lo mas enjuto, holgbame
de quebrarme un ojo, por quebrar dos al que ninguno tenia. Con esto
siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el colodrillo, el cual
siempre traa lleno de tolondrones y pelado de sus manos. Y aunque yo
juraba no hacerlo con malicia, sino por no hallar mejor camino, no
me aprovechaba, ni me crea; mas tal era el sentido y el grandsimo
entendimiento del traidor.

Y porque vea vuestra merced  cuanto se extendia el ingenio de este
astuto ciego, contar un caso de muchos que con l me acaecieron, en el
cual me parece di bien  entender su grande astucia. Cuando salimos de
Salamanca, su motivo fue venir  tierra de Toledo, porque decia ser la
gente mas rica, aunque no muy limosnera. Arrimbase  este refran: _mas
da el duro que el desnudo_. Y vinimos  este camino por los mejores
lugares. Donde hallaba buena acogida y ganancia, detenamonos; donde
no, al tercero dia hacamos San Juan. Acaeci que llegando  un lugar
que llaman _Almorox_, al tiempo que cogian las uvas, un vendimiador
le di un racimo de ellas en limosna; y como suelen ir los cestos
maltratados, y tambien porque la uva en aquel tiempo est muy madura,
desgranbasele el racimo en la mano. Al echarle en el fardel, tornbase
mosto; y de lo que  l se llegaba, acord de hacer un banquete, as
por no poder llevarlo, como por contentarme; en aquel dia me habia
dado muchos rodillazos y golpes. Sentmonos en un valladar, y dijo:
ahora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos
este racimo de uvas, y que hayas de l tanta parte como yo. Partir lo
hemos de esta manera: tu picars una vez, y yo otra, con tal que me
prometas no tomar cada vez mas que una, y yo har lo mismo hasta que
le acabemos, y de esta suerte no habr engao. Hecho as el concierto
comenzamos, mas luego al segundo lance el traidor mud propsito, y
comenz  tomar de dos en dos, considerando que yo deberia hacer lo
mismo. Como vi que l quebraba la postura, no me content con ir  la
par con l, mas aun pasaba adelante, dos  dos y tres  tres, y como
podia las comia. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en
la mano, y meneando la cabeza, dijo: Lzaro, engaado me has: jurar yo
 Dios que has tu comido las uvas tres  tres. No com, dije yo: mas
porqu sospechais eso? Respondi el sagacsimo ciego, sabes en qu veo
que las comiste tres  tres? en que comia yo dos  dos, y callabas.
Reme entre m, y aunque muchacho, not la discreta consideracion
del ciego. Mas por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas as
graciosas como de notar, que con este mi primer amo me acaecieron; y
quiero decir el despidiente, y con l acabar. Estbamos en Escalona,
villa del duque della, y dime un pedazo de longaniza que le asase.
Ya que la longaniza habia pringado, y comdose las pringadas, sac un
maraved de la bolsa, y mandme que fuese por vino  la taberna. Psome
el demonio el aparejo delante los ojos, el cual (como suelen decir)
hace el ladron: y fue que habia cabe el fuego un nabo pequeo larguillo
y ruinoso, y tal que por no ser para la olla, debi de ser echado
all. Y como al presente nadie estuviese sino l y yo solos, como me
vi con apetito goloso, habindome puesto dentro el sabroso olor de la
longaniza, del cual solamente sabia que habia de gozar, no mirando que
me podria suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en
tanto que l sacaba de la bolsa el dinero, saqu la longaniza, y muy
presto met el sobredicho nabo en el asador: el cual mi amo, dndome el
dinero para el vino, tom y comenz  dar vueltas al fuego, queriendo
asar al que de ser cocido por sus demritos habia escapado. Yo fu por
el vino, con el cual no tard en despachar la longaniza: y cuando vine,
hall al pecador del ciego que tenia entre dos rebanadas apretado el
nabo, el cual aun no habia conocido, por no haber tentado con la mano.
Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas, pensando tambien llevar
parte de la longaniza, hallse frio con el frio nabo, alterse y dijo:
qu es esto, Lazarillo? Lazaredo de mi, dije yo, si quereis  mi echar
algo no vengo yo de traer el vino? alguno estaba ah, y por burlarse
haria esto. No, no, dijo l, que yo no he dejado el asador de la mano;
no es posible. Yo torn  jurar y perjurar que estaba libre de aquel
trueco y cambio; mas poco me aprovech, pues  las astucias del maldito
ciego nada se le escondia. Levantse y asime por la cabeza y llegse 
olerme, y como debi sentir el huelgo  uso de buen podenco, por mejor
satisfacerse de la verdad, y con la gran agona que llevaba, asindome
con las manos, abrime la boca mas de su derecho, y desatentadamente
metia la nariz, la cual l tenia luenga y afilada, que en aquella sazon
con el enojo se habia aumentado un palmo, con el pico de la cual me
lleg  la gulilla. Con esto y con el gran miedo que tenia, y con la
brevedad del tiempo, la negra longaniza aun no habia hecho asiento en
el estmago; y lo mas principal, con el destiendo de la cumplidsima
nariz, medio casi ahogado me tuvo: todas estas cosas se juntaron y
fueron causa que el hecho y golosina se manifestase, y lo suyo fuese
vuelto  su dueo: de manera que antes que el mal ciego sacase de mi
boca su trompa, tal alteracion sinti mi estmago, que le di con el
hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra mal mascada longaniza
 un tiempo salieron de mi boca. O gran Dios, quin estuviera 
aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del
perverso ciego, que si al ruido no acudieran, pienso no me dejara con
la vida.

Sacronme dentre sus manos, dejndoselas llenas de aquellos pocos
cabellos que tenia, araada la cara y rascuado el pescuezo y la
garganta: y esto bien lo merecia, pues por su maldad me venian tantas
persecuciones. Contaba el mal ciego  todos cuantos all se allegaban
mis desastres, y dbales cuenta una y otra vez, as de la del jarro,
como de la del racimo, y ahora de lo presente. Era la risa de todos tan
grande, que toda la gente, que por la calle pasaba, entraba  ver la
fiesta. Mas con tanta gracia y donaire contaba el ciego mis hazaas,
que aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecia que hacia
sin justicia en no se las reir. Y en cuanto esto pasaba,  la memoria
me vino una cobarda y flojedad que hice porque me maldecia, y fue no
dejarle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para ello, que la mitad
del camino estaba andado, que con solo apretar los dientes, se me
quedaran en casa, y con ser de aquel malvado por ventura lo retuviera
mejor mi estmago, que retuvo la longaniza, y no pareciendo ellas,
pudiera negar la demanda. Pluguiera  Dios que lo hubiera hecho, que
esto fuera as que as. Hicironnos amigos la mesonera y los que all
estaban, y con el vino que para beber le habia traido, lavronme la
cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires,
diciendo: por verdad, mas vino me gasta este mozo en lavatorios al
cabo del ao, que yo no bebo en dos. Y luego contaba cuantas veces me
habia descalabrado y harpado la cara, y con vino luego sanaba. Yo te
digo, dijo, que si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con
vino, que sers tu; y rean mucho los que me lavaban con esto, aunque
yo renegaba. Mas el pronstico del ciego no sali mentiroso, y despues
ac muchas veces me acuerdo de aquel hombre que sin duda debia tener
espritu de profeca; y me pesa de los sinsabores que le hice, aunque
bien se lo pagu, considerando, lo que aquel dia me dijo, salirme tan
verdadero como adelante vuestra merced oir.

Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mi, determin de
todo en todo dejarle, como lo traa pensado y lo tenia en voluntad:
con este postrer juego que me hizo afirmlo mas. Y fue as, que luego
otro dia salimos por la villa  pedir limosna, y habia llovido mucho
la noche antes, y el dia tambien llovia; y andaba rezando debajo de
unos portales que en aquel pueblo habia, donde no nos mojbamos. Mas
como la noche se venia y el llover no cesaba, djome el ciego: Lzaro,
esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche mas cierra, mas recia:
acojmonos  la posada con tiempo. Para ir  all habamos de pasar
un arroyo que con la mucha agua iba grande, yo le dije: tio el arroyo
va muy ancho; mas si quereis, yo veo por donde travesemos mas aina
sin mojarnos, porque se estrecha all mucho, y saltando pasaremos 
pie enjuto. Parecile buen consejo, y dijo: discreto eres, por esto
te quiero bien: llvame  ese lugar donde el arroyo se angosta, que
ahora es invierno y sabe mal el agua, y mas llevar los pies mojados.
Yo que vi el aparejo  mi deseo, saqule debajo los portales y llevle
derecho de un pilar  poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el
cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y djele: tio,
este es el paso mas angosto que en el arroyo hay. Como llovia recio y
el triste se mojaba, y con la priesa que llevbamos de salir del agua
que encima nos caa, y lo mas principal porque Dios le ceg aquella
hora el entendimiento, fue por darme de l venganza. Creyse de mi, y
dijo, ponme bien derecho, y salta tu el arroyo. Yo le puse bien derecho
en frente del pilar, y doy un salto y pngome detrs del poste, como
quien espera tope de toro, y djele: sus, saltad todo lo que podais,
porque deis de este cabo del agua. Aun apenas lo habia acabado de
decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabron, de toda su fuerza
arremete, tomando un paso atrs de la corrida para hacer mayor salto;
y da con la cabeza en el poste que son tan recio como si diera con
una gran calabaza, y cay luego para atrs medio muerto y hendida la
cabeza. Cmo oliste la longaniza, y no el poste? pues oledle, dije yo.
Y dejle en poder de mucha gente que le habia ido  socorrer, y tom
la puerta de la villa en los pies de un trote; y antes que la noche
viniese, di conmigo en Torrijo. No supe mas lo que Dios de l hizo, ni
cur de saberlo.




                 Como Lzaro se asent con un clrigo,
                    y de las cosas que con l pas.


Otro dia no parecindome estar all seguro, fume  un lugar que llaman
Maqueda, adonde me toparon mis pecados con un clrigo, que llegando
 pedir limosna, me pregunt si sabia ayudar  misa. Yo dije que s,
como era verdad; que aunque maltratado, mil cosas buenas me mostr el
pecador del ciego, y una de ellas fue esta. Finalmente, el clrigo me
recibi por suyo.

Escap del trueno y di en el relmpago, porque era el ciego para con
este un Alejandro Magno, con ser la misma avaricia, como he contado.
No digo mas, sino que toda la laceria del mundo estada encerrada en
este. No s si de su cosecha era,  lo habia aejado con el hbito
de clereca. l tenia una arca vieja cerrada con su llave, la cual
traa atada con una agujeta del paletoque: y en viniendo el bodigo de
la iglesia, por su mano era luego all lanzado, y tornaba  cerrar
el arca. En toda la casa no habia ninguna cosa de comer, como suele
estar en otras algun tocino colgado al humero, algun queso puesto en
alguna tabla  en el armario, algun canastillo con algunos pedazos de
pan que de la mesa sobran, que me parece  mi, que aunque de ello no
me aprovechara, con la vista de ello me consolara. Solamente habia
una horca de cebollas y debajo llave en una cmara en lo alto de la
casa. De estas tenia yo de racion una para cada cuatro dias; y cuando
le pedia la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba
mano al falsopeto, y con gran continencia la desataba y me la daba,
diciendo: toma, y vulvela luego, no hagas sino golosinar, como si
debajo de ella estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber
en la dicha cmara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas
colgadas de un clavo, las cuales l tenia tan bien por cuenta, que
si por mal de mis pecados me desmandara  mas de mi tasa, me costara
caro. Finalmente yo me finaba de hambre, pues ya que conmigo tenia poca
caridad, consigo usaba mas. Cinco blancas de carne era su ordinario
para comer y cenar; verdad es que partia conmigo del caldo: que de
la carne, como la hay en el ojo, sino un poco de pan: y pluguiera 
Dios que me demediara. Los sbados cmense en esta tierra cabezas de
carnero, y envibame por una que costaba tres maraveds. Aquella la
cocia, y comia los ojos y la lengua, y el corazon y sesos, y la carne
que en las quijadas tenia: dbame todos los huesos roidos, y dbamelos
en el plato, diciendo: toma, come, triunfa, que para ti es el mundo:
mejor vida tienes que el papa. Tal te la d Dios, decia yo paso entre
mi.

Al cabo de tres semanas que estuve con l, vine  tanta flaqueza que
no me podia tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente ya en
la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran. Para usar de mis
maas no tenia aparejo, por no tener en que darle asalto: y aunque
algo hubiera, no pudiera cegarle, como hacia al que Dios perdone, si
de aquella calabazada feneci: que todava aunque astuto, con faltarle
aquel preciado sentido, no me sentia. Mas estotro, ninguno hay que tan
aguda vista tuviese, como l tenia. Cuando al ofertorio estbamos,
ninguna blanca en la concha caa, que no era de l registrada. El un
ojo tenia en la gente, y el otro en mis manos. Bailbanme los ojos en
el cajo, como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecian, tenia por
cuenta. Acabado el ofrecer, luego me quitaba la concheta, y la ponia
sobre el altar. No fu yo seor de asirle una blanca, todo el tiempo
que con l viv,  por mejor decir, mor. De la taberna nunca le traje
una blanca de vino, mas aquel poco que de la ofrenda habia metido en
su arca, compasaba de tal forma que le duraba toda la semana. Y por
ocultar su gran mezquindad, decame: mira mozo, los sacerdotes han
de ser muy templados en su comer y beber; por esto yo no me desmando
como otros. Mas el lacerado mentia falsamente, porque en cofradas y
mortuorios que rezbamos  costa ajena, comia como lobo, y bebia mas
que un saludador. Y porque dije mortuorios, Dios me perdone, que jams
fu enemigo de la naturaleza humana sino entonces: y esto era, porque
comamos bien y me hartaba. Deseaba y aun rogaba  Dios que cada dia
matase el suyo. Cuando dbamos sacramento  los enfermos, especialmente
la extremauncion, como manda el clrigo rezar  los que estn all,
yo cierto no era el postrero de la oracion; y con todo mi corazon y
buena voluntad rogaba al Seor, no que le echase  la parte que mas
servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de este mundo. Y
cuando alguno de estos escapaba, (Dios me lo perdone) mil veces le daba
al diablo, y el que se moria, otras tantas bendiciones llevaba de mi
dichas.

En todo el tiempo que all estuve, que serian cuasi seis meses, solas
veinte personas fallecieron, y estas bien creo que las mat yo,  por
mejor decir, murieron  mi recuesta: porque viendo el Seor mi rabiosa
y continua muerte, pienso que se holgaba de matarlos por darme  mi
vida. Mas de lo que al presente padecia, remedio no hallaba, que si
el dia que enterrbamos, yo vivia, los dias que no habia muerto, por
quedar bien vezado de la hartura, tornando  mi cotidiana hambre, mas
lo sentia; de manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte,
que yo tambien para mi como para ellos otros deseaba algunas veces. Mas
no la vea, aunque estaba siempre en mi.

Pens muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas por dos cosas lo
dejaba. La primera por no atraverme  mis piernas, por temor de la
flaqueza que de pura hambre me tenia; y la otra, consideraba y decia:
yo he tenido dos amos; el primero traame muerto de hambre, y dejndole
top con estotro que me tiene ya con ella en la sepultura; pues si de
este desisto y doy en otro mas bajo, qu ser sino fenecer! Con esto
no me osaba menear, porque tenia por fe que todos los grados habia de
hallar mas ruines, y  bajar otro punto, no soara Lzaro ni se oyera
en el mundo.

Pues estando en tal afliccion, que le plegue al Seor librar de ella
 todo fiel cristiano; y sin saber darme consejo, vindome ir de mal
en peor; un dia que el cuitado, ruin y lacerado de mi amo habia ido
fuera del lugar, lleg acaso  mi puerta un calderero, el cual yo creo
que fue ngel enviado  mi por la mano de Dios en aquel hbito, y
preguntme si tenia algo que adobar.

En mi tenias bien que hacer; y no harais poco, si me remediseis,
dije paso que no me oy. Mas como no era tiempo de gastarlo en decir
gracias, alumbrado por el Espritu santo, le dije, tio una llave de
esta arca he perdido, y temo mi seor me azote: por vuestra vida veais,
si en estas que traeis, alguna hay que le haga, que yo os lo pagar.
Comenz  probar el anglico calderero una y otra de un gran sartal que
de ellas traa, y yo  ayudarle con mis flacas oraciones: cuando no me
cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del
arca: y abierta, djele: yo no tengo dinero que daros por la llave, mas
tomad de ah el pago. El tom un bodigo de aquellos, el que mejor le
pareci; y dejndome mi llave, se fue muy contento, dejndome mas  m.
Mas no toqu en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida;
y aun porque me vi de tanto bien seor, parecime que la hambre no se
me osaba llegar.

Vino el msero de mi amo, y quiso Dios no mir en la oblada que el
ngel habia llevado; y otro dia saliendo de casa, abro mi paraiso
panal y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le
hice invisible, no olvidndoseme el arca abierta: y comienzo  barrer
la casa con mucha alegra, parecindome con aquel remedio remediar de
all en adelante la triste vida, y as estuve con ello aquel dia y otro
gozoso. Mas no estaba en mi dicha que me durase mucho aquel descanso,
porque luego al tercero dia me vino la terciana derecha, y fue que
veo  deshora al que mataba de hambre sobre nuestra arca, volviendo y
revolviendo y tornando contar los panes. Yo disimulaba, y en mi secreta
oracion, devociones y plegarias decia san Juan y cigale.

Despues que estuvo un gran rato echando la cuenta, por dias y dedos
contando, dijo: si no tuviera  tan buen recaudo esta arca, yo dijera
que me habian tomado de ella panes; pero de hoy mas, solo por cerrar
puerta  la sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos, nueve quedan
y un pedazo. Nuevas malas te d Dios, dije entre m; parecime con
lo que dijo, pasarme el corazon con saeta de montero, y comenzme el
estmago  escarbar de hambre, vindose puesto en la dieta pasada. Fue
fuera de casa, y yo por consolarme abro el arca, y como vi el pan,
comencle  adorar (no osando recibirle), contlos, si  dicha el
lacerado se errara; y hall su cuenta mas verdadera que yo quisiera. Lo
mas que yo pude hacer, fue dar en ellos mil besos: y lo mas delicado
que yo pude, del partido part un poco al pelo que l estaba, y con
aquel pas aquel dia, no tan alegre como el pasado.

Mas como la hambre creciese, mayormente que tenia el estmago hecho
 mas pan aquellos dos  tres dias ya dichos, moria de mala muerte;
tanto que otra cosa no hacia en vindome solo, sino abrir y cerrar el
arca y contemplar en aquella cara de Dios, que as dicen los nios. Mas
el mismo Dios que socorre  los afligidos, vindome en tal estrecho,
trajo  mi memoria un pequeo remedio, que considerando entre mi,
dije: este arcon es viejo, grande y roto por algunas partes; aunque
con pequeos agujeros, pudese pensar que ratones entrando en l hacen
dao  este pan. Sacarlo enteramente, no es cosa conveniente, porque
ver la falta el que en tanta me hace vivir. Esto bien se sufre. Y
comienzo  desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles que
all estaban, tomo uno y dejo otro: de manera que en cada cual de tres
 cuatro desmigajo su poco, y despues como quien toma grajea, lo com
y algo me consol. Mas l como viniese  comer y abriese el arca, vi
el mal pesar, y sin duda crey ser ratones los que el dao habian
hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos le suelen
hacer. Mir toda el arca de un cabo  otro, y vila ciertos agujeros
por do sospechaba habian entrado, llamme diciendo: Lzaro, mira que
persecucion ha venido aquesta noche por nuestro pan. Yo hceme muy
maravillado, preguntndole qu seria. Qu ha de ser? dijo l; ratones
que no dejan cosa  vida. Pusmonos  comer, y quiso Dios que aun en
esto me fue bien; que me cupo mas pan que la laceria que me solia dar,
porque ray con un cuchillo todo lo que pens ser ratonado, diciendo:
cmete eso, que el raton cosa limpia es. Y as aquel dia aadiendo
la racion del trabajo de mis manos  de mis uas, por mejor decir,
acabamos de comer, aunque yo nunca empezaba. Y luego me vino otro
sobresalto, que fue verle andar solcito, quitando clavos de paredes
y buscando tablillas, con las cuales clav y cerr todos los agujeros
de la vieja arca. O seor mio? dije yo entonces;  cunta miseria,
fortuna y desastres estamos expuestos los nacidos! y cun poco duran
los placeres de esta nuestra trabajosa vida! Heme aqu, que pensaba,
con este pobre y triste remedio remediar y pasar mi laceria, y estaba
ya cuanto que alegre y de buena aventura. Mas no quiso mi desdicha,
despertando  este lazaredo de mi amo, y ponindole mas diligencia de
la que l de suyo se tenia (pues los mseros por la mayor parte nunca
de aquella carecen), ahora cerrando los agujeros del arca, cerrase la
puerta  mi consuelo y la abriese  mis trabajos.

As lamentaba yo en tanto que mi solcito carpintero con muchos clavos
y tablillas di fin  sus obras, diciendo: ahora, dueos traidores
ratones, os conviene mudar propsito que en esta casa mala medra teneis.

De que sali de su casa, voy  ver la obra, y hall que no dej en
la triste y vieja arca agujero ni aun por donde pudiese entrar un
mosquito. Abro con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar
provecho; y vi los dos  tres panes comenzados, los que mi amo crey
ser ratonados; y de ellos todava saqu alguna laceria, tocndolos muy
lijeramente  uso de esgrimidor diestro.

Como la necesidad sea tan gran maestra, vindome con tanta hambre,
noche y dia estaba pensando la manera que tenia para sustentar el
vivir: y pienso para hallar estos negros remedios que me era luz la
hambre, pues dicen que el ingenio con ella se avisa, y al contrario
con la hartura; y as era por cierto en mi. Pues estando una noche
desvelado en este pensamiento, pensando como me podria valer y
aprovechar del arca, sent que mi amo dormia, porque lo mostraba con
roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba durmiendo.
Levantme muy quedito, y habiendo en el dia pensado lo que habia de
hacer, y dejado un cuchillo viejo que por all andaba en parte do le
hallase, voyme  la triste arca, y por do habia mirado tener menos
defensa, la acomet con el cuchillo, que  manera de barreno de l us:
y como la antiqusima arca, por ser de tantos aos, la hallase sin
fuerza y corazon, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindi, y
consinti en su costado por mi remedio un buen agujero. Esto hecho,
abro muy paso la llagada arca, y al tiento de pan que hall partido,
hice segun de suso est escrito. Y con aquello algun tanto consolado,
tornando  cerrar me volv  mis pajas, en las cuales repos y dorm un
poco, lo cual yo hacia mal, y echbalo al no comer: y as seria, porque
cierto en aquel tiempo no me debian de quitar el sueo los cuidados del
rey de Francia.

Otro dia fue por el seor mi amo visto el dao, as del pan como del
agujero que yo habia hecho, y comenz  dar al diablo los ratones y
decir: qu diremos  esto? nunca haber sentido ratones en esta casa
sino ahora. Y sin duda debia de decir verdad, porque si casa habia de
haber en el reino justamente de ellos privilegiada, aquella de razon
habia de ser, porque no suelen morar donde no hay que comer. Torna 
buscar clavos por la casa y por las paredes, y tablillas para taparlos.
Venida la noche y su reposo, luego era puesto en pie con mi aparejo, y
cuantos l tapaba de dia, destapaba yo de noche.

En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin duda por esto se
debi de decir: donde una puerta se cierra, otra se abre. Finalmente
parecamos tener  destajo la tela de Penlope, pues cuanto l tejia
de dia, rompia yo la noche. Y en pocos dias y noches pusimos la pobre
dispensa de tal forma, que quien quisiera propiamente de ella hablar,
mas coraza vieja de otro tiempo que no arca la llamara, segun la
clavazon y tachuelas que sobre s tenia. De que vi no aprovecharle
nada su remedio, dijo: esta arca est tan maltratada, y es de madera
tan vieja y flaca, que no habr raton de quien se defienda, y va ya tal
que si andamos mas con ella, nos dejar sin guarda; y aun lo peor es,
que aunque hace poca, todava har falta faltando, y me pondr en costa
de otros tres  cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues el de
hasta aqu no aprovecha, es armar por dentro  estos ratones malditos.
Luego busc prestada una ratonera, y con cortezas de queso que  los
vecinos pedia, continuo el gato estaba armado dentro del arca: lo
cual era para mi singular ausilio, porque puesto el caso que yo no
habia menester muchas salsas para comer, todava me holgaba con las
cortezas de queso que de la ratonera sacaba, y sin esto no perdonaba
el ratonar del bodigo. Como hallase el pan ratonado y el queso comido,
y no cayese el raton que lo comia, dbase al diablo y preguntaba  los
vecinos que podria ser, comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no
caer ni quedar dentro el raton, y hallar caida la trampilla del gato.
Acordaron los vecinos no ser el raton el que este dao hacia, porque no
podria menos de haber caido alguna vez. Djole un vecino: en nuestra
casa yo me acuerdo que solia andar una culebra, y esta debe de ser
sin duda; y lleva razon, que como es larga, tiene lugar de tomar el
cebo; y aunque la coja la trampilla encima, como no entre toda dentro,
trnase  salir. Cuadr  todos lo que aquel dijo, y alter mucho  mi
amo; y de all en adelante no dormia tan  sueo suelto, que cualquier
gusano de la madera que de noche sonase, pensaba ser la culebra que
le roia el arca. Luego era puesto en pie, y con un garrote que  la
cabecera (desde que aquello le dijeron) ponia, daba en la pecadora del
arca grandes garrotazos, pensando espantar la culebra.  los vecinos
despertaba con el estruendo que hacia, y  mi no dejaba dormir. base 
mis pajas y trastornbalas y  mi con ellas, pensando que se iba para
mi, y se envolvia en mis pajas  en mi sayo, porque le decian que de
noche acaecia  estos animales buscando calor irse  las cunas donde
estn criaturas, y aun morderlas y hacerlas peligrar. Yo las mas veces
hacia del dormido, y en la maana decame l: esta noche, mozo, no
sentiste nada? pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir
para ti  la cama, que son muy frias y buscan calor. Plegue  Dios que
no me muerda, decia yo, que harto miedo la tengo. De esta manera andaba
tan elevado y levantado del sueo, que la culebra,  el culebro por
mejor decir, no osaba roer de noche ni levantarse al arca: mas de dia
mientras estaba en la iglesia  por el lugar, hacia mis saltos.

Los cuales daos viendo l, y el poco remedio que les podia poner,
andaba de noche, como digo, hecho trasgo. Yo hube miedo que con
aquellas diligencias no me topase con la llave que debajo de las pajas
tenia, y parecime lo mas seguro meterla de noche en la boca, porque ya
desde que viv con el ciego, la tenia tan hecha bolsa, que me acaeci
tener en ella doce  quince maraveds todo en medias blancas, sin que
me estorbase el comer; porque de otra manera no era seor de una blanca
que el maldito ciego no cayese con ella, no dejando costura ni remedio
que no me buscaba muy  menudo. Pues as como digo, metia cada noche la
llave en la boca, y dormia sin recelo que el brujo de mi amo cayese con
ella.

Quisieron mis hados,  por mejor decir, mis pecados, que una noche
que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta
debia tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que ya
durmiendo echaba, salia por lo hueco de la llave que de cauto era,
y silbaba (segun mi desastre quiso) muy recio: de tal manera que el
sobresaltado de mi amo lo oy, y crey sin duda ser el silbo de la
culebra; y cierto lo debia parecer. Levantse muy paso con su garrote
en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se lleg  mi con mucha
quietud, por no ser sentido de la culebra; y como cerca se vi, pens
que all en las pajas do yo estaba echado, al calor mio se habia
venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo, y darle tal
garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descarga en la cabeza
tan gran golpe, que sin ningun sentido y muy mal descalabrado me dej.
Como sinti que me habia dado, segun yo debia hacer gran sentimiento
con el fiero golpe; contaba l que se habia llegado  mi, y dndome
grandes voces y llamndome procur recordarme. Mas como me tocase con
las manos, tent la mucha sangre que se me iba, y conoci el dao que
me habia hecho; y con mucha priesa fue  buscar lumbre; y llegando con
ella, hallme quejando, todava con mi llave en la boca, que nunca la
desampar, la mitad fuera, bien que de aquella manera que debia estar
al tiempo que silbaba con ella. Espantado el matador de culebras que
podria ser aquella llave, mirla sacndomela del todo de la boca, y
vi lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba.
Fue luego  probarla, y con ella prob el maleficio. Debi de decir el
cruel cazador: el raton y culebra que me daban guerra y me comian mi
hacienda, he hallado.

De lo que sucedi en aquellos tres dias siguientes ninguna sea dar,
porque los tuve en el vientre de la ballena; mas esto que he contado,
o (despues que en mi torn) decir  mi amo, el cual  cuantos all
venian, lo contaba por extenso. Al cabo de tres dias, yo torn en mi
sentido, y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada, y llena
de aceites y ungentos, y espantado dije: qu es esto? Respondime el
cruel sacerdote:  fe que los ratones y culebras que me destruan, ya
los he cazado. Y mir por mi, y vime tan maltratado que luego sospech
mi mal.  esta hora entr una vieja que ensalmaba y los vecinos, y
cominzanme  quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo; y como
me hallaron vuelto en mi sentido, holgronse mucho, y dijeron: pues
ha tornado en su acuerdo, placer  Dios no ser nada. Tornaron de
nuevo  contar mis cuitas y  reirlas, y yo pecador  llorarlas. Con
todo esto dironme de comer que estaba transido de hambre, y apenas me
pudieron remediar: y as de poco en poco  los quince dias me levant y
estuve sin peligro, mas no sin hambre y medio sano. Luego otro dia que
fu levantado, el seor mi amo me tom por la mano y sacme la puerta
fuera, y puesto en la calle djome: Lzaro, de hoy mas eres tuyo y no
mio; busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compaa tan
diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego,
y santigundose de mi, como si yo estuviera endemoniado, se volvi 
meter en casa y cerrar su puerta.




                Como Lzaro se asent con un escudero,
                    y de lo que le acaeci con l.


De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco  poco
con ayuda de las buenas gentes di conmigo en esta insigne ciudad de
Toledo, en donde, con la merced de Dios de all  quince dias se me
cerr la herida.

Mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas despues que
estuve sano, todos me decian: tu bellaco y gallofero eres; busca, busca
un amo  quien sirvas. Y adnde se hallar ese, decia yo entre mi, si
Dios ahora de nuevo, como cri el mundo, no le criase?

Andando as discurriendo de puerta en puerta con harto poco remedio
(porque ya la caridad se subi al cielo), top con un escudero que iba
por la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y comps en
rden. Mirme, y yo  l, y djome: muchacho, buscas amo? yo le dije:
si seor. Pues vente tras mi, me respondi, que Dios te ha hecho merced
en topar conmigo: alguna buena oracion rezaste hoy. Yo segule dando
gracias  Dios por lo que o, y tambien que me parecia segun su hbito
y continente ser el que yo habia menester. Era de maana cuando este mi
tercero amo top, y llevme tras s gran parte de la ciudad. Pasamos
por las plazas do se vendian pan y otras provisiones, y yo pensaba y
aun deseaba que all me cargase de lo que se vendia, porque esta era
propia hora cuando se suele proveer de lo necesario: mas muy  tendido
paso pasaba por estas cosas. Por ventura no lo ve aqu  su contento,
decia yo, y querr que lo compremos en otro cabo.

De esta manera anduvimos, hasta que dieron las once: entonces se entr
en la Iglesia mayor y yo tras l, y muy devotamente le vi oir misa
y los otros oficios divinos, hasta que todo fue acabado; y la gente
ida, entonces salimos de la iglesia, y  buen paso tendido comenzamos
 ir por una calle abajo. Yo iba el mas alegre del mundo en ver que
no nos habamos ocupado en buscar de comer: bien consider que debia
ser hombre mi nuevo amo que se provea en junto, y que ya la comida
estaria  punto, y tal como deseaba y aun la habia menester. En este
tiempo di el reloj la una despues del mediodia, y llegamos  una casa
ante la cual mi amo se par y yo con l; y derribando el cabo de la
capa sobre el lado izquierdo, sac una llave de la manga y abri su
puerta. Entramos en casa, la cual tenia la entrada obscura y lbrega,
de tal manera que parecia que ponia temor  los que en ella entraban,
aunque dentro de ella estaba un patio pequeo y razonables cmaras. De
que fumos entrados, quita de sobre s su capa, y preguntando si tenia
las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente soplando
un poyo que all estaba, la puso en l. Hecho esto, sentse cabo de
ella, preguntndome muy por extenso de donde era, y como habia venido
 aquella ciudad: y yo le di mas larga cuenta que quisiera, porque me
parecia mas conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la
olla, que de lo que me pedia. Esto hecho, estuvo as un poco, y yo
luego vi mala seal, por ser ya casi las dos, y no verle mas aliento de
comer que  un muerto. Despues de esto consideraba aquel tener cerrada
la puerta con llave, ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona
por la casa. Todo lo que habia visto eran paredes, sin ver en ella
silleta ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arca como el de marras.
Finalmente ella parecia casa encantada.

Estando as djome: t mozo has comido? No seor, dije yo, que aun no
eran dadas las ocho, cuando con vuestra merced encontr.

Pues aunque de maana, dijo l, yo habia almorzado, y cuando as como
algo, hgote saber que hasta la noche me estoy as: por eso psate como
pudieres, que despues cenaremos.

Vuestra merced crea, cuando esto le o, que estuve en poco de caer
de mi estado, no tanto de hambre, como por conocer de todo en todo
la fortuna serme adversa. All se me representaron de nuevo mis
fatigas, y torn  llorar mis trabajos. All se me vino  la memoria
la consideracion que hacia cuando me pensaba ir del clrigo, diciendo
que aunque aquel era desventurado y msero, por ventura toparia con
otro peor. Finalmente all llor mi trabajosa vida pasada, y mi cercana
muerte venidera; y con todo, disimulando lo mejor que pude, le dije:
seor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso
me podr yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y as
fu yo loado de ella hasta hoy dia de los amos que yo he tenido. Virtud
es esa, dijo l; y por eso te querr yo mas, porque el hartarse es de
los puercos, y el comer regaladamente es de los hombres de bien. Bien
te he entendido, dije yo entre mi: maldita tanta medicina y bondad como
aquestos mis amos que yo hallo, hallan en la hambre.

Psome  un cabo del portal, y saqu unos pedazos de pan del seno, que
me habian quedado de los de por Dios. l, que vi esto, djome, ven
ac, mozo, qu comes? Yo llegume  l, y mostrle el pan. Tomme l
un pedazo de tres que eran, el mejor y mas grande, y djome por mi vida
que parece este buen pan. Y como ahora, dije yo, seor, es bueno! S
 fe, dijo l: adnde le hubiste? si es amasado de manos limpias. No
s yo eso, le dije, mas  mi no me pone asco el sabor de ello. As
plegue  Dios, dijo el pobre de mi amo; y llevndole  la boca, comenz
 dar en l tan fieros bocados, como yo en el otro. Sabrossimo pan
est, dijo, por Dios. Y como le sent de que pie cojeaba, dime priesa,
porque le vi en disposicion que si acababa antes que yo, se comediria 
ayudarme  lo que me quedase; y con esto acabamos casi  una. Comenz 
sacudir con las manos unas pocas de migajas y bien menudas, que en los
pechos se le habian quedado, y entr en una camareta que all estaba,
y sac un jarro desbocado y no muy nuevo; y despues que hubo bebido,
convidme con l. Yo por hacer del continente, dije: seor, no bebo
vino. Agua es, me respondi, bien puedes beber. Entonces tom el jarro
y beb no mucho, porque de sed no era mi congoja.

As estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, 
las cuales yo le respond lo mejor que supe. En este tiempo metime en
la cmara donde estaba el jarro de que bebimos, y djome: mozo, prate
all, y vers como hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aqu
adelante. Pseme de un cabo y l del otro,  hicimos la negra cama, en
la cual no habia mucho que hacer; porque ella tenia sobre unos bancos
un caizo, sobre el cual estaba tendida la ropa, que por no estar
muy continuada  lavar, no parecia colchon, aunque servia de l con
harta menos lana que era menester. Aquel tendimos haciendo cuenta de
ablandarle, lo cual era imposible, porque de lo duro mal se puede hacer
blando. El diablo del enjalma maldita la cosa tenia dentro de s, que
puesto sobre el caizo, todas las caas se sealaban y parecian  lo
propio entrecuesto de flaqusimo puerco. Sobre aquel hambriento colchon
pusimos un cobertor del mismo jaez, del cual el color yo no pude
alcanzar.

Hecha la cama y la noche venida, djome: Lzaro, ya es tarde, de aqu
 la plaza hay un gran trecho: tambien en esta ciudad andan muchos
ladrones, que siendo de noche capean, pasemos como podamos, y maana
viniendo el dia, Dios har merced; porque yo por estar solo no estoy
proveido, antes he comido estos dias por all fuera; mas ahora hacerlo
hemos de otra manera. Seor, de mi, dije yo, ninguna pena tenga vuestra
merced, que bien s pasar una noche y aun mas, si es menester, sin
comer. Vivirs mas sano, me respondi; porque, como decamos hoy, no
hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Si por esa
via es, dije entre mi, nunca yo morir, que siempre he guardado esa
regla por fuerza, y aun espero en mi desdicha tenerla toda mi vida.

Acostse en la cama, poniendo por cabezera las calzas y el jubon, y
mandme echar  sus pies; lo cual yo hice; mas maldito el sueo que yo
dorm, porque las caas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron
de risar y encenderse, que con mis trabajos, males y hambre, pienso
que en mi cuerpo no habia libra de carne: y tambien como aquel dia no
habia comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueo no
tenia amistad. Maldjeme mil veces (Dios me lo perdone) y  mi ruin
fortuna all lo mas de la noche; y lo peor, no osndome revolver por no
despertarle, pedia  Dios muchas veces la muerte.

La maana venida levantmonos, y comienza  limpiar y sacudir sus
calzas y jubon, sayo y capa, y yo que le servia de pelillo, y vsteseme
muy  su placer despacio, echle aguamanos. Peinse, y psose su espada
en el talabarte, y al tiempo que la ponia, djome,  si supieses,
mozo, que pieza es esta! no hay marco de oro en el mundo por el que yo
la diese: mas as ninguna de cuantas Antonio hizo, no acert  ponerle
los aceros tan prestos como esta los tiene: y sacla de la vaina, y
tentla con los dedos, diciendo, vesla aqu, yo me obligo con ella 
cercenar un copo de lana. Y yo, dije entre m, con mis dientes, aunque
no son de acero, un pan de cuatro libras.

Tornla  meter y cisela, y un sartal de cuentas gruesas del
talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con l
y con la cabeza gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el
hombro y  veces so el brazo, y poniendo la mano derecha en el costado,
sali por la puerta, diciendo: Lzaro, mira por la casa en tanto que
voy  oir misa, y haz la cama, y v por la vasija de agua al rio que
aqu bajo est, y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y
ponla aqu al quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar.
Y sbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente,
que quien no le conociera, pensara ser muy cercano pariente al Conde
de Arcos,   lo menos camarero que le daba de vestir.  quin no
engaara aquella buena disposicion y razonable capa y sayo? y quin
pensar que aquel gentil hombre se pas ayer todo el dia con aquel
mendrugo de pan, que su criado Lzaro trajo un dia y noche en el arca
de su seno, do no se le podia pegar mucha limpieza? y hoy lavndose
las manos y cara,  falta de pao de manos, se hacia servir de la
halda del sayo? nadie por cierto lo sospechara. O seor, y cuntos de
aquestos debeis vos tener por el mundo derramados, que padecen por la
negra que llaman honra lo que por vos no sufririan!

As estaba yo  la puerta, mirando y considerando estas cosas, hasta
que el seor mi amo traspuso la larga y angosta calle. Tornme  entrar
en casa, y en un _credo_ la anduve toda alto y bajo sin hacer represa
ni hallar en qu.

Hago la negra y dura cama, y tomo el jarro y doy conmigo en el rio,
donde en una huerta vi  mi amo en gran requesta con dos rebozadas
mujeres, al parecer de las que en aquel lugar no hacen falta; antes
muchas tienen por estilo de irse  las maanicas del verano  refrescar
y almorzar, sin llevar qu, por aquellas frescas riberas, con confianza
que no ha de faltar quien se lo d, segun las tienen puestas en esta
costumbre aquellos hidalgos de lugar. Y como digo, l estaba entre
ellas hecho un Macas, dicindoles mas dulzuras que Ovidio escribi.
Pero como sintieron de l que estaba bien enternecido, no se les
hizo de vergenza pedirle de almorzar con el acostumbrado pago. l,
sintindose tan frio de bolsa cuanto caliente del estmago, tomle
tal calofro que le rob la color del gesto, y comenz  turbarse en
la pltica, y  poner excusas no vlidas. Ellas que debian ser bien
instituidas, como le sintieron la enfermedad, dejronle para el que
era. Yo que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales
me desayun con mucha diligencia como mozo nuevo, sin ser visto de mi
amo, torn  casa, de la cual pens barrer alguna parte que bien era
menester, mas no hall con qu.

Pseme  pensar que haria, y parecime esperar  mi amo hasta que el
dia demediase, y si viniese y por ventura trajese algo que comisemos;
mas en vano fue mi esperanza. Desde que vi ser las dos y no venia, y
la hambre me aquejaba, cierro la puerta y pongo la llave do mand y
trnome  mi menester con baja y enferma voz;  inclinadas mis manos en
los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre, comienzo
 pedir pan por las puertas y casas mas grandes que me parecia. Mas
como yo este oficio le hubiese mamado en leche, quiero decir que con el
gran maestro el ciego le aprend, tan suficiente discpulo sal, que
aunque en este pueblo no habia caridad, ni el ao fuese muy abundante,
tan buena maa me di, que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo
tenia otras tantas libras de pan enfiladas en el cuerpo, y mas de
otras dos en las mangas y senos. Volvme  la posada, y al pasar por
la tripera, ped  una de aquellas mujeres, y dime un pedazo de ua
de vaca con otras pocas de tripas cocidas. Cuando llegu  casa, ya el
bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo,
y l pasendose por el patio. Como entr, vnose para mi, y pens que
me queria reir la tardanza; mas mejor lo hizo Dios. Preguntme de
do venia; yo le dije: seor, hasta que dieron las dos, estuve aqu;
y desde que vi que vuestra merced no venia, fume por esa ciudad 
encomendarme  las buenas gentes, y hanme dado esto que veis. Mostrle
el pan y las tripas que en un cabo de la halda traa.  lo cual l
mostr buen semblante, y dijo: pues esperado te he  comer, y desde que
vi que no veniste, com, mas tu haces como hombre de bien en eso, que
mas vale pedirlo por Dios que no hurtarlo, y as l me ayude como ello
me parece bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives conmigo,
por lo que toca  mi honra; aunque bien creo que ser secreto, segun
lo poco que en este pueblo soy conocido; nunca  l yo hubiera de
venir. De eso pierda, seor, cuidado, le dije yo; que maldito aquel
que ninguno tiene que pedirme esa cuenta, ni yo de darla. Ahora pues,
come pecador, dijo l, que si  Dios place, presto nos veremos sin
necesidad, aunque te digo que despues que en esta casa entr, nunca
bien me ha ido, debe de ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y
de mal pie, que  los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe
de ser sin duda de ellas; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede
en ella, aunque me la den por mia.

Sentme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por gloton, call
la merienda, y comienzo  cenar y morder en mis tripas y pan.
Disimuladamente miraba al desventurado seor mio, que no partia sus
ojos de mis faldas, que  aquella sazon servian de plato. Tanta lstima
haya Dios de mi, como yo habia de l, porque sent lo que sentia, y
muchas veces habia por ello pasado, y pasaba cada dia. Pensaba si
seria bien convidarle, mas por haberme dicho que habia comido, temame
no acetaria el convite. Finalmente yo deseaba que el pecador ayudase
 su trabajo del mio y se desayunase, como el dia antes hizo; pues
habia mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso
Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque como comenc 
comer, l se andaba paseando. Llegse  m, y djome, dgote, Lzaro
que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi  hombre, y que
nadie te lo ve hacer, que no le pongas gana, aunque no la tenga. La muy
buena que tu tienes (dije yo entre mi) te hace parecer la mia hermosa.
Con todo parecime ayudarle, pues se ayudaba y me abria camino para
ello, y djele; seor, el buen aparejo hace buen artfice. Este pan
est sabrossimo, y esta ua de vaca est tan bien cocida y sazonada,
que no habr  quien no convide con su sabor. Ua de vaca es? pregunt
l. Si seor, le dije yo. Dgote, dijo l, que es el mejor bocado del
mundo, y que no hay faisan que as me sepa. Pues pruebe, seor, dije
yo, y ver que tal est. Pngole en las uas la otra y tres  cuatro
raciones de pan de lo mas blanco. Asentseme al lado, y comienza 
comer, como aquel que lo habia ganado, royendo cada huesecillo de
aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera.

Con almodrote, decia, es este singular manjar. Con mejor salsa lo comes
tu, respond yo paso. Por Dios, dijo l, que me ha sabido, como si no
hubiera hoy comido bocado. As me vengan los buenos aos como es ello,
dije yo entre mi. Pidime el jarro del agua, y dselo como lo habia
traido. Es seal, que pues no le faltaba el agua, que le habia  mi amo
sobrado la comida. Bebimos, y muy contentos nos fumos  dormir, como
la noche pasada. Y por evitar prolijidad, de esta manera estuvimos ocho
 diez dias, yndose el pecador en la maana con aquel contento y paso
contado  papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lzaro una
cabeza de lobo.

Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que escapando de los amos
ruines que habia tenido, y buscando mejora, viniese  topar con quien
no solo no me mantuviese, mas  quien yo habia de mantener.

Con todo le queria bien, con ver que no tenia ni podia mas, y antes le
habia lstima que enemistad: y muchas veces, por llevar  la posada con
que l lo pasase, yo lo pasaba mal: porque una maana levantndose el
triste en camisa, subi  lo alto de la casa  hacer sus menesteres,
y en tanto yo por salir de sospecha desenvolvle el jupo y las calzas
que  la cabecera dej, y hall una bolsilla de terciopelo raso,
hecha cien dobleces, y sin maldita la blanca ni seal que la hubiese
tenido mucho tiempo. Este, decia yo, es pobre, y nadie da lo que no
tiene: mas el avariento ciego y el malaventurado mezquino clrigo, que
con drselo Dios  ambos, al uno de mano besada, y al otro de lengua
suelta, me mataban de hambre. Aquellos es justo desamar, y aqueste es
de haber mancilla. Dios me es testigo, que hoy dia cuando topo con
alguno de su hbito con aquel paso y pompa, le he lstima, con pensar
si padece lo que  aquel le vi sufrir, al cual con toda su pobreza
holgaria de servir mas que  los otros, por lo que he dicho. Solo tenia
de l un poco de descontento; que quisiera yo que no tuviera tanta
presuncion, mas que abajara un poco su fantasa con lo mucho que subia
su necesidad. Mas segun me parece, es regla ya entre ellos usada y
guardada, que aunque no haya cornado de trueco, ha de andar el birrete
en su lugar: el Seor lo remedie, que ya con este mal han de morir.

Pues estando yo en tal estado pasando la vida que digo, quiso mi mala
fortuna que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada
y vergonzosa vivienda no durase. Y fue, como aquel ao esta tierra
fuese estril de pan, acord el Ayuntamiento, que todos los pobres
extranjeros se fuesen de la ciudad; con pregon, que el que de all
adelante topasen, fuese punido con azotes. Y as ejecutando la ley,
desde  cuatro dias que el pregon se di, vi llevar una procesion
de pobres azotando por las cuatro calles: lo cual me puso tan gran
espanto, que nunca os desmandarme  demandar. Aqu viera, quien verlo
pudiera, la abstinencia de mi casa, la tristeza y silencio de los
moradores de ella; tanto que nos acaeci estar dos  tres dias sin
comer bocado ni hablar palabra.  mi dironme la vida unas mujercillas
hilanderas de algodon, que hacian botones y vivian  par de nosotros,
con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento; que la laceria que les
traan, me daban alguna cosilla, con la cual muy pasado me pasaba.

Y no tenia tanta lstima de mi como del lastimado de mi amo, que en
ocho dias maldito el bocado que comi;  lo menos en casa bien los
estuvimos sin comer: no s yo como  donde andaba, y que comia; y verle
venir  mediodia la calle abajo, con estirado cuerpo mas largo que
galgo de buena casta; y por lo que tocaba  su negra que dicen honra,
tomaba una paja de las que aun asaz no habia en casa, y salia  la
puerta escarbando los que nada entre s tenian, quejndose todava de
aquel mal solar, diciendo: malo est de ver, que la desdicha de esta
vivienda lo hace. Como ves, es lbrega, triste y obscura, mientras aqu
estuviremos, hemos de padecer; ya deseo se acabe este mes por salir de
ella.

Pues estando en esta afligida y hambrienta persecucion, un dia, no s
por cual dicha  ventura, en el poder de mi amo entr un real, con el
cual vino  casa tan ufano, como si tuviera el tesoro de Venecia, y
con gesto muy alegre y risueo me lo di diciendo; toma, Lzaro, que
Dios ya va abriendo su mano: v  la plaza, y merca pan, vino y carne;
quebremos el ojo al diablo. Y mas te hago saber, porque te huelgues,
que he alquilado otra casa, y en esta desastrada no hemos de estar mas
en cumpliendo el mes. Maldita sea ella y el que en ella puso la primera
teja, que con mal en ella entr. Por nuestro Seor, cuanto ha que en
ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, ni he habido
descanso ninguno, mas tal vista tiene, y tal obscuridad y tristeza. V
y ven presto, y comamos hoy como condes. Tomo mi real y jarro, y  los
pies dndoles priesa, comienzo  subir mi calle, encaminando mis pasos
para la plaza muy contento y alegre. Mas qu me aprovecha, si est
constituido en mi triste fortuna, que ningun gozo me venga sin zozobra?
Y as fue este, porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo
que le emplearia que fuese mejor y mas provechosamente gastado, dando
infinitas gracias  Dios que  mi amo habia hecho con dinero,  deshora
me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo muchos clrigos,
y gente en unas andas traan. Arrimme  la pared por darles lugar, y
as que el cuerpo pas, venia luego  par del fretro una que debia ser
la mujer del difunto, cargada de luto y con ella otras muchas mujeres;
la cual iba llorando  grandes voces, y diciendo: marido y seor mio,
adnde me os llevan!  la casa triste y desdichada,  la casa lbrega
y obscura,  la casa donde nunca comen ni beben! Yo que aquello o,
juntseme el cielo con la tierra, y dije:  desdichado de mi! para mi
casa llevan este muerto.

Dejo el camino que llevaba, y hend por medio de la gente, y vuelvo por
la calle abajo  todo el mas correr que pude para mi casa; y entrando
en ella, cierro  grande priesa, invocando el ausilio y favor de mi
amo, abrazndome de l, que me venga  ayudar y  defender la entrada.
El cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo: qu es
eso, mozo? qu voces das? qu has, porqu cierras la puerta con tal
furia? O seor, dije yo, acuda aqu, que nos traen ac un muerto. Cmo
as, respondi l? Aqu arriba le encontr, dije yo, y venia diciendo
su mujer: marido y seor mio, adnde os llevan!  la casa lbrega y
obscura,  la casa triste y desdichada,  la casa donde nunca comen ni
beben! ac, seor, nos le traen. Y ciertamente cuando mi amo esto oy,
aunque no tenia porque estar muy risueo, ri tanto, que muy gran rato
estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenia ya yo echada el aldaba 
la puerta, y puesto el hombro en ella por mas defensa. Pas la gente
con su muerto, y yo todava me recelaba que nos le habian de meter en
casa. Y luego que fue ya mas harto de reir que de comer, el bueno de mi
amo djome: verdad es, Lzaro, segun la viuda iba diciendo, tu tuviste
razon de pensar lo que pensaste; mas pues Dios lo ha hecho mejor y
pasan adelante, abre, abre, y ve por de comer.

Dejadlos, seor, acaben de pasar la calle, dije yo. Al fin vino mi amo
 la puerta de la calle, y brela esforzndome; que bien era menester
segun el miedo y alteracion, y me torn  encaminar.

Mas aunque comimos bien aquel dia, maldito el gusto yo tomaba en ello,
ni en aquellos tres dias torn en mi color; y mi amo muy risueo todas
las veces que se acordaba de aquella mi consideracion.

De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fue este
escudero, algunos dias, y en todos deseando saber la intencion de su
venida y estada en esta tierra, porque desde el primer dia que con l
asent, le conoc ser extranjero por el poco conocimiento y trato que
con los naturales de ella tenia. Al cabo se cumpli mi deseo y supe
lo que deseaba; porque un dia que habamos comido razonablemente y
estaba algo contento, contme su historia, y djome ser de Castilla la
Vieja, que habia dejado su tierra no mas de por no quitar el bonete 
un caballero, vecino suyo. Seor, dije yo, si l era lo que decis y
tenia mas que vos, no errbais en quitrselo primero, pues decis que
l tambien os lo quitaba. Si es, y si tiene, y tambien me le quitaba
l  m; mas de cuantas veces yo se le quitaba primero, no fuera malo
comedirse l alguna y ganarme por la mano. Parceme, seor, le dije
yo, que en eso no mirara, mayormente con mis mayores que yo, y que
tienen mas. Eres muchacho, me respondi, y no sientes las cosas de
la honra, en que el dia de hoy est todo el caudal de los hombres de
bien. Pues hgote saber, que yo soy, como ves, un escudero; mas vtote
 Dios, si al conde topo en la calle, y no me quita muy bien quitado
del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una
casa, fingiendo yo en ella algun negocio,  atravesar otra calle, si
la hay antes que llegue  mi, por no quitrsele: que un hidalgo no
debe  otro que  Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de
bien, se descuide de un punto de tener en mucho su persona. Acurdome
que un dia deshonr en mi tierra  un oficial, y quise poner en l las
manos, porque cada vez que le topaba, me decia: mantenga Dios  vuestra
merced. Vos, D. Villano Ruin, le dije yo, porqu no sois bien criado?
mantngaos Dios, me habeis de decir, como si fuese quien quiera. De
all adelante de aqu acull me quitaba el bonete, y hablaba como
debia. Y no es buena manera de saludar un hombre  otro, dije yo,
decirle que le mantenga Dios? Mira, mozo, dijo l,  los hombres de
poca arte dicen eso, mas  los mas altos como yo, no les han de hablar
menos de: beso las manos de vuestra merced:  por lo menos, bsoos,
seor las manos, si el que me habla es caballero. Y as de aquel de mi
tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca mas le quise sufrir,
ni sufriria  hombre del mundo del rey abajo, que mantngaos Dios,
me diga. Pecador de mi, dije yo, por eso tiene tan poco cuidado de
mantenerte, pues no sufre que nadie se lo ruegue. Mayormente, dijo, que
no soy tan pobre que no tenga en mi tierra un solar de casas, que 
estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis leguas de donde nac,
en aquella costanilla de Valladolid, valdrian mas de doscientos mil
maraveds, segun se podrian hacer grandes y buenas. Y tengo un palomar
que  no estar derribado, como est, daria cada ao mas de doscientos
palominos; y otras cosas que me callo, que dej por lo que tocaba  mi
honra: y vine  esta ciudad, pensando que hallaria un buen asiento, mas
no me ha sucedido como pens. Cannigos y seores de la iglesia muchos
hallo, mas es gente tan limitada, que no les sacar de su paso todo el
mundo. Caballeros de media talla tambien me ruegan, mas servir  estos
es gran trabajo, porque de hombre os habeis de convertir en malilla,
y sino anda con Dios, os dicen: y las mas veces son los pagamentos 
largos plazos, y las mas ciertas comido por servido. Ya cuando quieren
reformar conciencia, y satisfaceros vuestros sudores, sois librado
en la recmara en un sudado jubon,  raida capa  sayo. Ya cuando
asienta hombre con un seor de ttulo, todava pasa su laceria; pues
por ventura no hay en mi habilidad para servir y contentar  estos?
Por Dios si con l topase, muy gran privado suyo pienso que fuese, y
que mil servicios le hiciese, porque yo sabria mentirle tan bien como
otro, y agradarle  las mil maravillas; reirle mucho sus donaires y
costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo: nunca decirle cosa
que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente en su
persona en dicho y hecho; no matarme por no hacer bien las cosas que
l no habia de ver, y ponerme  reir, donde l lo viese, con la gente
de su servicio, porque pareciese tener gran cuidado de lo que  l
tocaba; si riese con alguno su criado, dar unos puntillos agudos para
encenderle la ira, y que pareciesen en favor del culpado; decirle bien
de lo que bien le estuviese, y por el contrario ser malicioso mofador;
hablar mal de los de casa y de los de fuera; pesquisar y procurar saber
vidas ajenas, para contrselas, y otras muchas galas de esta calidad,
que hoy dia se usan en palacio, y  los seores de l parecen bien, y
no quieren ver en sus casas hombres virtuosos; antes los aborrecen y
tienen en poco, y llaman necios, y que no son personas de negocios, ni
con quien el seor se puede descuidar. Y con estos los astutos usan,
como digo, el dia de hoy de lo que yo usaria; mas no quiere mi ventura
que le halle.

De esta manera lamentaba tambien su adversa fortuna mi amo, dndome
relacion de su persona valerosa. Pues estando en esto, entr por la
puerta un hombre y una vieja; el hombre le pide el alquiler de la casa,
y la vieja el de la cama. Hacen cuenta, y de dos meses le alcanzaron lo
que l en un ao no alcanzara: pienso que fueron doce  trece reales.
Y l les di muy buena respuesta, que saldria  la plaza  trocar una
pieza de  dos, y que  la tarde volviesen. Mas su salida fue sin
vuelta; por manera que  la tarde ellos volvieron, mas fue tarde: yo
les dije, que aun no era venido.

Venida la maana, los acreedores vuelven y preguntan por el vecino;
mas  estotra puerta. Las mujeres les responden: veis aqu su mozo,
y la llave de la puerta. Ellos me preguntaron por l, y djeles que
no sabia adonde estaba, y que tampoco habia vuelto  casa, desde que
sali  trocar la pieza, y que pensaba que de mi y de ellos se habia
ido con el trueco. Luego que esto me oyeron, van por un alguacil y
un escribano, y he aqu que los dos vuelven luego con ellos, y toman
la llave y llmanme, y llaman testigos y abren la puerta, y entran
 embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda.
Anduvieron toda la casa, y hallronla desembarazada como he contado, y
dcenme: qu es de la hacienda de tu amo? sus arcas y paos de pared,
y alhajas de casa? No s yo eso, les respond. Sin duda, dicen ellos,
esta noche lo deben de haber alzado y llevado  alguna parte. Seor
alguacil, prended  este mozo, que l sabe donde est. En esto vino el
alguacil, y echme mano por el collar del jubon, dicindome; muchacho,
tu eres preso, si no descubres los bienes de este amo tuyo. Yo como
en otra tal no me hubiese visto, porque asido del collar, s, habia
sido muchas veces, mas era mansamente de l trabado, para que mostrase
el camino al que no vea; yo tuve mucho miedo, y llorando prometle
decir lo que me preguntaban. Bien est, dicen ellos: pues d lo que
sabes y no hayas temor. Sentse el escribano en un poyo para escribir
el inventario, preguntndome que tenia. Seores, dije yo, lo que este
amo mio tiene, segun l me dijo, es un muy buen solar de casas, y un
palomar derribado. Bien est, dicen ellos. Por poco que eso valga,
hay para reintegrarnos de la deuda: Y  qu parte de la ciudad tiene
eso, me preguntaron? En su tierra, les respond. Por Dios que est
bueno el negocio, dijeron ellos, y  dnde es su tierra? De Castilla
la Vieja me dijo que l era, les dije. Rironse mucho el alguacil y
el escribano, diciendo: bastante relacion es esta para cobrar vuestra
deuda, aunque mejor fuese. Las vecinas que estaban presentes dijeron:
seores, este es un nio inocente, y ha pocos dias que est con ese
escudero, y no sabe de l mas que vuestras mercedes, sino cuanto el
pecadorcico se llega aqu  nuestra casa, y le damos de comer lo que
podemos por amor de Dios, y  la noche se va  dormir con l.

Vista mi inocencia, dejronme dndome por libre: y el alguacil y el
escribano piden al hombre y  la mujer sus derechos, sobre lo cual
tuvieron gran contienda y ruido; porque ellos alegaron no ser obligados
 pagar, pues no habia de qu, ni se hacia el embargo. Los otros
decian, que habian dejado de ir  otro negocio que les importaba mas
por venir  aquel. Finalmente despues de dadas muchas voces, al cabo
carga un porqueron con el viejo alfamar de la vieja, y aunque no iba
muy cargado, all iban todos cinco dando voces: no s en que par. Creo
yo que el pecador alfamar pagara por todos; y bien se empleaba, pues
al tiempo que habia de reposar y descansar de los trabajos pasados, se
andaba alquilando.

As como he contado, me dej mi pobre tercero amo, do acab de conocer
mi ruin dicha: pues sealndose todo lo que podia contra mi, hacia
mis negocios tan al revs, que los amos que suelen ser dejados de los
mozos, en m no fuese as, mas que mi amo me dejase y huyese de mi.




           Como Lzaro se asent con un fraile de la Merced,
                    y de lo que le acaeci con l.


Hube de buscar el cuarto, y este fue un fraile de la Merced, adonde las
mujercillas que digo me encaminaron, al cual ellas llamaban pariente:
gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar
fuera, amicsimo de negocios seglares y visitas; tanto que pienso que
rompia l mas zapatos que todo el convento. Este me di los primeros
zapatos que romp en mi vida, mas no me duraron ocho dias, ni yo pude
con su trote durar mas. Y por esto y por otras cosillas que no digo,
sal de l.




                 Como Lzaro se asienta con un bulero,
                    y de las cosas que con l pas.


En el quinto por mi ventura di, que fue un bulero, el mas desenvuelto,
y desvergonzado, y el mayor echador de ellas que jams yo vi ni ver
espero, ni pienso, ni nadie vi: porque tenia y buscaba modos y
maneras, y muy sutiles invenciones. En entrando en los lugares do
habian de presentar la bula, primero presentaba  los clrigos  curas
algunas cosillas no de mucho valor ni substancia. Una lechuga murciana,
si era por el tiempo; un par de limas  naranjas, un melocoton, un par
de duraznos,   cada uno sus sendas peras verdiales. As procuraba
tenerlos propicios, porque favoreciesen su negocio y llamasen  sus
feligreses  tomar la bula, ofrecindole  l las gracias. Informbase
de la suficiencia de ellos: si decian que entendian no hablaba palabra
en latin, por no dar tropezon: mas aprovechbase de un gentil y bien
cortado romance y desenvueltsima lengua. Y si sabia que los dichos
clrigos eran de los reverendos, digo, que mas con dineros que con
letras y con reverendas se ordenan, hacase entre ellos un Santo Toms,
y hablaba dos horas en latin,  lo menos que lo parecia, aunque no lo
era. Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba como por mal se
las tomasen, y para aquello hacia molestias al pueblo, y otras veces
con maosos artificios. Y porque todos los que vea hacer, seria largo
de contar, dir uno muy sutil y donoso, con el cual probar bien su
suficiencia. En un lugar de la Sagra de Toledo habia predicado dos
 tres dias, haciendo sus acostumbradas diligencias, y no le habian
tomado bula, ni  mi ver tenian intencion de tomrsela; y l estaba
dado al diablo con aquello. Y pensando que hacer se acord de convidar
al pueblo  otro dia de maana para despedir la bula. Y esa noche
despues de cenar pusironse  jugar la colacion l y el alguacil, y
sobre el juego vinieron  reir y  haber palabras. Sobre esto el seor
comisario, mi seor, tom un lanzon que en el portal do jugaban estaba.
El alguacil puso mano  su espada, que en la cinta tenia. Al ruido y
voces que todos dimos, acuden los huspedes y vecinos, y mtense en
medio; y ellos muy enojados, procurndose desembarazar de los que en
medio estaban, para matarse. Mas como la gente al gran ruido cargase,
y la casa estuviese llena de ella, viendo que no podian afrentarse con
las armas, decanse palabras injuriosas, entre las cuales el alguacil
dijo  mi amo, que era falsario, y las bulas que predicaba eran falsas.
Finalmente los del pueblo viendo que no bastaban para ponerlos en paz,
acordaron de llevar al alguacil de la posada  otra parte; y as qued
mi amo muy enojado. Y despues que los huspedes y vecinos le hubieron
rogado que perdiese el enojo y se fuese  dormir, as nos echamos todos.

La maana venida mi amo se fue  la iglesia, y mand taer  misa y
al sermon para despedir la bula: y el pueblo se junt, el cual andaba
murmurando de las bulas, diciendo como eran falsas, y que el mismo
alguacil riendo lo habia descubierto: de manera que tras que tenian
mala gana de tomarla, con aquello del todo la aborrecieron. El seor
comisario se subi al plpito, y comienza su sermon, y  animar la
gente  que no quedasen sin tanto bien  indulgencia como la santa bula
traa. Estando en lo mejor del sermon entr por la parte de la iglesia
el alguacil; y luego que hizo oracion, levantse, y con voz alta y
pausada cuerdamente comenz  decir:

Buenos hombres, oidme una palabra, que despues oireis  quien
quisireis. Yo vine aqu con este echacuervos que os predica, el cual
me enga y dijo que le favoreciese en este negocio, y que partiramos
la ganancia. Y ahora visto el dao que haria  mi conciencia y 
vuestras haciendas, arrepentido de lo hecho os declaro claramente que
las bulas que predica son falsas, y que no le creais ni las tomeis,
y que yo _direct_ ni _indirect_ no soy parte en ellas, y que desde
ahora dejo la vara y doy con ella en el suelo: y si en algun tiempo
este fuese castigado por la falsedad, que vosotros me seais testigos
como yo no soy con l, ni le doy  ello ayuda, antes os desengao y
declaro su maldad, y acab su razonamiento.

Algunos hombres honrados que all estaban, se quisieron levantar, y
echar al alguacil fuera de la iglesia por evitar escndalo, mas mi amo
les fue  la mano, y mand  todos que so pena de excomunion no le
estorbasen, mas que le dejasen decir todo lo que quisiese; y as l
tambien tuvo silencio, mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho.

Como call, mi amo le pregunt si queria decir mas, que lo dijese. El
alguacil dijo: harto mas hay que decir de vos y de vuestra falsedad,
mas por ahora basta.

El seor comisario se hinc de rodillas en el plpito, y puestas las
manos y mirando al cielo dijo as: Seor Dios,  quien ninguna cosa
es escondida, antes todas manifiestas, y  quien nada es imposible,
antes todo posible; tu sabes la verdad, y cuan injustamente yo soy
afrentado. En lo que  mi toca, yo le perdono, porque tu, Seor, me
perdones. No mires aquel, que no sabe lo que hace ni dice: mas la
injuria  ti hecha, te suplico y por justicia te pido, no disimules,
porque alguno que est aqu, que por ventura pens tomar aquesta santa
bula, dando crdito  las falsas palabras de aquel hombre, lo dejar
de hacer. Y pues es con tanto perjuicio del prjimo, te suplico yo,
Seor, no le desimules, mas luego muestra aqu milagro, y sea de esta
manera, que si es verdad lo que aquel dice y que yo traigo maldad y
falsedad, este plpito se hunda conmigo y meta siete estados debajo de
tierra, do l ni yo jams parezcamos. Y si es verdad lo que yo digo, y
aquel persuadido por el demonio (por quitar y privar  los que estn
presentes de tan gran bien) dice maldad, tambien sea castigado, y de
todos conocida su malicia.

Apenas habia acabado su oracion el devoto seor mio, cuando el negro
alguacil cae de su estado, y da tal golpe en el suelo, que la iglesia
toda hizo resonar; y comenz  bramar y echar espumarajos por la boca
y torcerla, y hacer visajes con el gesto, dando de pie y de mano,
revolvindose por aquellos suelos  una parte y  otra. El estruendo y
voces de la gente era tan grande, que no se oan unos  otros. Algunos
estaban espantados y temerosos. Unos dicen: el Seor le socorra y
valga; otros: bien se le emplea, pues levantaba tan falso testimonio.

Finalmente algunos que all estaban, y  mi parecer no sin harto temor,
se llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes
puadas  los que cerca de l estaban. Otros le tiraban por las piernas
y tenian reciamente, porque no habia mula falsa en el mundo que tan
recias coces tirase: y as le tuvieron un gran rato; porque mas de
quince hombres estaban sobre l, y  todos daba las manos llenas, y si
se descuidaban, en los hocicos.

 todo esto el seor mi amo estaba en el plpito de rodillas, las manos
y los ojos puestos en el cielo, transportado en la divina esencia, que
el planto y ruido y voces que en la iglesia habia, no eran parte para
apartarle de su divina contemplacion. Aquellos buenos hombres llegaron
 l, y dando voces le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer 
aquel pobre que estaba muriendo, y que no mirase  las cosas pasadas
ni  sus dichos malos, pues ya de ellos tenia el pago; mas si en algo
podia aprovechar para librarle del peligro y pasion que padecia, por
amor de Dios lo hiciese, pues ellos vean clara la culpa del culpado
y la verdad y bondad suya, pues  su peticion y venganza el Seor no
alarg el castigo.

El seor comisario, como quien despierta de un dulce sueo, los mir,
y mir al delincuente y  todos los que al rededor estaban, y muy
pausadamente les dijo: buenos hombres, vosotros nunca habais de
rogar por un hombre en quien Dios tan sealadamente se ha sealado.
Mas pues l nos manda, que no volvamos mal por mal y perdonemos las
injurias, con confianza podremos suplicar, que le cumpla lo que nos
manda, y su Magestad perdone  este que le ofendi, poniendo en su
santa fe obstculo. Vamos todos  suplicarle. Y as baj del plpito y
encomendles, que muy devotamente suplicasen  nuestro Seor tuviese
por bien de perdonar  aquel pecador, y volverle en su salud y sano
juicio, y lanzar de l el demonio, si su Magestad habia permitido que
por su gran pecado en l entrase. Todos se hincaron de rodillas, y
delante del altar con los clrigos comenzaban  cantar con voz baja una
letana, y viniendo l con la cruz y agua bendita, despues de haber
sobre l cantado, el seor mi amo, puestas las manos al cielo y los
ojos, que casi nada se le parecia sino un poco de blanco, comienza una
oracion no menos larga que devota, con la cual hizo llorar  toda la
gente, como suelen hacer en los sermones de la pasion de predicador y
auditorio devoto; suplicando  nuestro Seor, pues no queria la muerte
del pecador, sino su vida y arrepentimiento, que  aquel encaminado por
el demonio y persuadido de la muerte y pecado, le quisiese perdonar y
dar vida y salud, para que se arrepintiese y confesase sus pecados.
Y esto hecho, mand traer la bula y puso en la cabeza, y luego el
pecador del alguacil comenz poco  poco  estar mejor y tornar en
s. Y luego que fue bien vuelto en su acuerdo, echse  los pies del
seor comisario, y demandle perdon, confes haber dicho aquello por
la boca y mandamiento del demonio, lo uno por hacer el dao y vengarse
del enojo, lo otro y mas principal, porque el demonio recibia mucha
pena del bien que all se hiciera en tomar la bula. El seor mi amo le
perdon, y fueron hechas las amistades; y  tomar la bula hubo tanta
priesa, que casi nima viviente en el lugar no qued sin ella; marido y
mujer, hijos  hijas, mozos y mozas.

Divulgse la nueva de lo acaecido por los lugares comarcanos: y cuando
 ellos llegbamos, no era menester sermon ni ir  la iglesia; que 
la posada la venian  tomar, como si fueran peras que se dieran de
balde: de manera que en diez  doce lugares de aquellos alrededores
donde fumos, ech el Seor mi amo otras tantas mil bulas sin predicar
sermon. Cuando hizo el ensayo, confieso mi pecado que tambien fu de
ello espantado, y cre que as era como otros muchos. Mas con ver
despues la risa y burla que mi amo y el alguacil llevaban y hacian
del negocio, conoc como habia sido industriado por el industrioso 
inventivo de mi amo; y aunque muchacho, cayme mucho en gracia, y dije
entre mi: cuntas de estas deben de hacer estos burladores entre la
inocente gente?

Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los
cuales pas tambien hartas fatigas.




                Como Lzaro se asent con un capellan,
                         y lo que con l pas.


Despues de esto asent con un maestro de pintar panderos, para molerle
los colores; y tambien sufr mil males.

Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un dia en la Iglesia
mayor, un capellan de ella me recibi por suyo, y psome en poder un
buen asno y cuatro cntaros y un azote, y comenc  echar agua por la
ciudad.

Este fue el primer escalon que yo sub para venir  alcanzar buena
vida, porque mi boca era medida. Daba cada dia  mi amo treinta
maraveds ganados, y los sbados ganaba por mi, y todo lo dems entre
semana de treinta maraveds. Fueme tan bien en el oficio, que al cabo
de cuatro aos que le us, con poner en la ganancia buen recaudo,
ahorr para vestirme muy honradamente de la ropa vieja, de la cual
compr un jubon de fustan viejo, y un sayo raido de manga tranzada y
puerta, y una capa que habia sido frisada, y una espada de las viejas
primeras de Cuellar. Luego que me vi en hbito de hombre de bien, dije
 mi amo se tomase su asno que no queria mas seguir aquel oficio.




                 Como Lzaro asienta con un alguacil,
                    y de lo que le acaeci con l.


Despedido del capellan, asent por hombre de justicia con un alguacil,
mas muy poco viv con l, por parecerme oficio peligroso, mayormente
que una noche nos corrieron  mi y  mi amo  pedradas y  palos
unos retraidos; y  mi amo que esper, trataron mal, mas  mi no me
alcanzaron.

Con esto renegu del trato. Y pensando en qu modo de vivir haria mi
asiento por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios
alumbrarme, y ponerme en camino y manera provechosa; y con favor que
tuve de amigos y seores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces
pasados fueron pagados con alcanzar lo que procur, que fue un oficio
real, viendo que no hay nadie que medre, sino los que le tienen: en el
cual el dia de hoy yo vivo y resido  servicio de Dios y de vuestra
merced. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad
se venden, y en almonedas y cosas perdidas; acompaar  los que padecen
persecuciones por justicia, y declarar  voces sus delitos: pregonero,
hablando en buen romance. Hame sucedido tan bien y yo le he usado tan
facilmente, que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi
mano; tanto que en toda la ciudad el que ha de echar vino  vender 
algo, si Lzaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no sacar
provecho.

En este tiempo viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de
mi persona el seor arcipreste de San Salvador, mi seor, y servidor
y amigo de vuestra merced, porque le pregonaba sus vinos, procur
casarme con una criada suya. Y visto por mi que de tal persona no podia
venir sino bien y favor, acord de hacerlo, y as me cas con ella;
y hasta ahora no estoy arrepentido, porque fuera de ser buena hija,
diligente y servicial, tengo en mi seor Arcipreste todo favor y ayuda:
y siempre en el ao le da en veces al pie de una carga de trigo, por
las pascuas su carne, y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas
que deja,  hzonos alquilar una casilla  par de la suya. Los domingos
y fiestas casi todas las comamos en su casa: mas malas lenguas que
nunca faltaron, no nos dejan vivir, diciendo no s qu: que ven  mi
mujer irle  hacer la cama y guisarle de comer. Y mejor les ayude Dios
que ellos dicen la verdad, porque adems de no ser ella mujer que se
pague de estas burlas, mi seor me ha prometido lo que pienso cumplir,
que el me habl un dia muy largo delante de ella, y me dijo: Lzaro de
Tormes, quien ha de mirar  dichos de malas lenguas, nunca medrar.
Digo esto, porque no me maravillaria, alguno viendo entrar en mi casa
tu mujer y salir de ella. Ella entra muy  tu honra y suya, y esto te
lo prometo. Por tanto no mires  lo que pueden decir, sino  lo que te
toca, digo,  tu provecho. Seor le dije, yo determin de arrimarme
 los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo
de eso, y aun por mas de tres veces me han certificado, que antes
que conmigo casase habia parido tres veces, hablando con reverencia
de vuestra merced, porque est ella delante. Entonces mi mujer ech
juramentos sobre s, que yo pens la casa se hundiera con nosotros: y
despues tornse  llorar y  echar mil maldiciones sobre quien conmigo
la habia casado: en tal manera que quisiera ser muerto, antes que se
me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi
seor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, que ces su llanto, con
juramento que le hice de nunca mas en mi vida mentarle nada de aquello,
y que yo holgaba y habia por bien de que ella entrase y saliese de
noche y de dia, pues estaba bien seguro de su bondad. Y as quedamos
todos tres bien conformes. Hasta el dia de hoy nunca nadie nos oy
sobre el caso; antes cuando alguno siento que quiere decir algo de
ella, le atajo y le digo: mira, si sois mi amigo, no me digais cosa que
me pese, que no tengo por mi amigo al que me hace pesar, mayormente si
me quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo mas
quiero, y la amo mas que  mi, y me hace Dios con ella mil mercedes y
mas bien que yo merezco, que yo jurar sobre la hostia consagrada, que
es tan buena mujer como vive dentro de las puertas de Toledo, y quien
otra cosa me dijere, me matar con l. De esta manera no me dicen nada,
y yo tengo paz en mi casa.

Esto fue el mismo ao que nuestro victorioso emperador en esta insigne
ciudad de Toledo entr y tuvo en ella cortes, y se hicieron grandes
regocijos y fiestas, como vuestra merced habr oido.




           Da cuenta Lzaro de la amistad que tuvo en Toledo
             con unos tudescos, y lo que con ellos pasaba.


En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena
fortuna: y como yo siempre anduviese acompaado de una buena galleta,
de unos buenos frutos que en esta tierra se crian para muestra de
lo que pregonaba, cobr tantos amigos y seores as naturales como
extranjeros, que do quiera que llegaba, no habia para mi puerta
cerrada, y en tanta manera me vi favorecido, que me parece si entonces
matara  un hombre,  me acaeciera algun caso recio, hallara todo
el mundo de mi bando y tuviera en aquellos mis seores todo favor
y socorro. Mas yo nunca los dejaba boquisecos, querindolos llevar
conmigo  lo mejor que yo habia echado en la ciudad, en donde hacamos
la buena y esplndida vida. All nos aconteci muchas veces entrar en
nuestros pies y salir en ajenos: y lo mejor de esto es que todo este
tiempo maldita la blanca Lzaro de Tormes gast ni se la consentian
gastar. Antes si alguna vez yo de industria echaba mano  la bolsa
fingiendo quererlo pagar tombanlo por afrenta, y mirbanme con alguna
ira, y decian: _nite_, _nite_, _asticot_, _lanz_; reprendindome y
diciendo: que donde ellos estaban, nadie habia de pagar blanca. Yo con
aquello morame de amores de tal gente, porque no solo esto, mas de
perniles de tocino, pedazos de piernas de carnero, cocidas en aquellos
cordiales vinos, con mucha de la fina especie, y de sobras de cecinas
y de pan me henchian la falda y los senos cada vez que nos juntbamos,
que tenia en mi casa de comer yo y mi mujer hasta hartar una semana
entera. Acordbame en estas harturas de mis hambres pasadas, y alababa
al Seor y dbale gracias, que as andan las cosas y tiempos.

Mas como dice el refran: _quien bien te har,  se te ir,  se
morir_. As me acaeci, que se mud la gran corte como hacer suele,
y al partir fu muy requerido de aquellos mis grandes amigos me
fuese con ellos, y que me harian y acontecerian. Mas acordndome del
proverbio que dice: _mas vale el mal conocido que el bien por conocer_,
agradecindoles su buena voluntad, con muchos abrazos y tristeza me
desped de ellos. Y cierto, si casado no fuera, no dejara su compaa,
por ser gente hecha muy  mi gusto y condicion: y es vida graciosa la
que viven, no fantsticos ni presuntuosos, sin escrpulo ni asco de
entrarse en cualquier bodegon la gorra quitada, si el vino lo merece:
gente llana y honrada, y tal y tan bien proveida, que no me la d Dios
peor, cuando buena sed tuviere. Mas el amor de la mujer y de la patria,
que ya por mia tengo, pues como dicen; _de d eres, hombre?_ tiraron
por mi. Y as me qued en esta ciudad, aunque muy conocido de los
moradores de ella, con mucha soledad de los amigos y vida cortesana.

Estuve muy  mi placer, con acrecentamiento de alegra y linaje por el
nacimiento de una hermosa nia, que en estos medios mi mujer pari,
y que aunque yo tenia alguna sospecha, ella me jur que era mia:
hasta que  la fortuna le pareci haberme mucho olvidado, y ser justo
tornarme  mostrar su airado y severo gesto cruel, y aguarme estos
pocos aos de sabrosa y descansada vida con otros tantos de trabajos
y amarga muerte. O gran Dios! y quin podr escribir un infortunio
tan desastrado, y acaecimiento tan sin dicha, que no deje holgar el
tintero, poniendo la pluma  sus ojos!


                     FIN DEL LAZARILLO DE TORMES.




                                NDICE.


                                                                  _Pg._

  EL EDITOR.                                                           I

  LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO AL LECTOR.                                  V

  NOTICIAS DE LA VIDA DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.                 IX

  Libro I.                                                             1

  Libro II.                                                           43

  Libro III.                                                          88

  Libro IV.                                                          141

  DISCURSO DEL CONDE DE PORTALEGRE.                                  178


  LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES.

  PRLOGO DEL AUTOR.                                                 185

  Cuenta Lzaro su vida y quien era su padre.                        187

  Como Lzaro se asent con un clrigo, y de las cosas que con l
  pas.                                                              198

  Como Lzaro se asent con un escudero, y de lo que le acaeci
  con l.                                                            209

  Como Lzaro se asent con un fraile de la Merced, y de lo que le
  acaeci con l.                                                    225

  Como Lzaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con l
  pas.                                                              226

  Como Lzaro se asent con un capellan, y lo que con l pas.       231

  Como Lzaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeci
  con l.                                                            232

  Da cuenta Lzaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos
  tudescos y lo que con ellos pasaba.                                234


                            FIN DEL NDICE.





End of the Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D.
Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza

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